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Burócratas y Ryanair

Lo suyo es meterse con los curas, Aznar y Bush; en definitiva, chistes fáciles de y para izquierdistas contra quienes no van a hacer nada contra ellos. Habrá quien se alegre, por tanto, de que un juez les haya puesto freno. Yo no. Primero porque tengo principios que incluyen la defensa de la libertad de expresión, y segundo porque, si nos ponemos en plan utilitarista, esto ha dado nuevos bríos a una publicación que poco a poco iba declinando.

Y es que el secuestro el viernes pasado de esta revista, que llega a los quioscos los miércoles, ha puesto de manifiesto lo absurdas y contraproducentes que resultan algunas leyes con todo lo que han avanzado las telecomunicaciones y el uso que hacemos de ellas. En cuanto se supo que se había ordenado retirar todos los ejemplares de El Jueves, la gente se enteró por medio de la radio o Internet, lo contó a sus amigos con el móvil o el SMS y cuando llegaron los policías a los quioscos se encontraron con que, en muchos casos, ya no había nada que llevarse. La revista había sido "secuestrada" por la gente.

Poco después, empezaban a ofrecerse en eBay ejemplares a precios de entre 10 y 100 euros los que planean venderlos y hasta 2.500 los que terminarán quedándose con él. La portada era reproducida en decenas de blogs, incluyendo alguno que otro en inglés, lo que permitió que el caso saltara a la blogosfera internacional. La prensa de todo el mundo, incluyendo la de nuestras antípodas, dio cuenta del secuestro y, por tanto, de la causa que lo originó. Es decir, que de una revista cuya difusión según OJD supera por no mucho los 70.000 ejemplares hemos pasado a que prácticamente todo el mundo occidental haya sabido de la viñetita de marras.

Parece que ni Del Olmo ni Conde Pumpido saben en qué mundo vivimos, el salto que ha dado la comunicación y, sobre todo, las consecuencias en el modo que tenemos de relacionarnos entre nosotros. Claro que tampoco se han enterado de los cambios en la tecnología, sin más. Porque anda que no resultó ridícula la exigencia de Del Olmo de los moldes con que se imprimió la revista, cuando, como bien resaltó el dibujante de la viñeta ya famosa, hace ya lustros que eso no se usa. Claro que el juez no hacía sino obedecer el artículo 816 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que a estas alturas resulta ya bastante anticuado.

No me entiendan mal. La ley está para cumplirla y aplicarla, que es precisamente la razón por la que es abominable vivir en un país con tantas normas, que nunca sabes si estás cumpliendo o no porque no las conoces. La ley que castiga los daños al prestigio de la Corona está también, por tanto, para hacerla cumplir. Ahora, parece claro que, en un mundo como el actual en que las consecuencias de intentar aplicar una ley son muchísimo más dañinas para el bien jurídico que dice defender ésta que mirar para otro lado, está claro que ha llegado el momento de derogarla.

Lo cierto es que conservo aún una duda. La incapacidad del juez Del Olmo ya ha quedado patente tras sus años con el sumario del 11-M. Pero si hay algo que no es Conde Pumpido es tonto, ni torpe. Me extraña mucho que hiciera esta petición sin que supiera lo que iba a ocurrir inmediatamente después.

Secuestrar una revista en el siglo XXI

Por primera vez en la historia, la Comisión ha vetado la fusión de aerolíneas justo cuando quien intenta hacerlo es la empresa más competitiva del sector. Según el monopolio encargado de luchar contra los monopolios y velar por la competencia en Europa, la opa de Ryanair sobre Aer Lingus habría ocasionado un grave perjuicio para los consumidores. De acuerdo con la comisaria de Competencia, Neelie Kroes, esta paradójica acusación se fundamenta en que la fusión tendría como resultado el probable aumento de los precios para más de 14 millones de pasajeros. Sí, vamos, que al reducirse el número de operadores bajaría la calidad y subirían los precios, como explicaría un mal manual de competencia que no se fijara en el proceso dinámico competitivo sino en el número y tamaño de los agentes. De modo que, siguiendo este patético argumento, los pobres comisionados no tenían otra opción que retorcerle el pescuezo a la gallina de los huevos de oro.

Lo indignante es que la Comisión no se suele meter con quienes han ostentado una elevada cuota de mercado gracias a privilegios administrativos y, sin embargo, trata de impedir la expansión de la empresa que gana cuota de mercado gracias a reducir las tarifas más que ninguna otra compañía. No me cabe la menor duda de que a Ryanair se le ataca precisamente por ser tan competitiva como para poner en entredicho el modelo de negocio de algunos dinosaurios del espacio aéreo apoyados desde diversas instancias gubernamentales en contra de los intereses de los pasajeros. Y si no que se lo pregunten a la propia señora Kroes, quien no se sonroja al afirmar entre los argumentos para vetar la fusión que la compañía resultante tendría aún más margen para aplicar bajadas de precios selectivas.

Las autoridades europeas de la competencia se han convertido en una banda de enemigos de la libre competencia y del consumidor. Hace ya tiempo que emana olor a podrido de los organismos de defensa de la competencia. Hasta ahora parecía que sólo era debido al uso de teorías falaces o simplemente absurdas sobre la "competencia perfecta", pero la utilización de las instituciones para detener a quienes tratan de competir mientras se protege a los ineficientes amigos del poder está produciendo un tufo todavía más insoportable.

¿Es exportable la democracia?

Estados Unidos lleva varios años luchando en una particular cruzada, empujar a los países de cultura y tradición musulmana hacia regímenes democráticos. Tras el 11 de septiembre, que desembocó en el derrocamiento del régimen talibán de Afganistán, y la ocupación de Irak, el Gobierno estadounidense cree haber añadido estos dos países a la lista, pero esto no deja de ser una quimera. Si bien en los dos casos la guerra fue ganada con aparente facilidad, la ocupación está siendo otro asunto muy distinto y dando por sentado los esfuerzos de Irán y las organizaciones terroristas para desestabilizar la zona, cabe preguntarse si sus habitantes son capaces de aceptar una democracia al estilo  occidental.

No me estoy refiriendo a un sistema electivo donde los iraquíes, afganos, palestinos, jordanos o cualquier otro país vote a unos cuantos partidos con más o menos poder y representatividad, sino a un sistema donde haya división de poderes, donde todos los ciudadanos, sin importar el sexo, la religión o su procedencia, tengan los mismos derechos fundamentales, donde se proteja la propiedad y la libertad. Cabe preguntarse si la democracia liberal es exportable a aquellos países donde la cultura y la tradición han transcurrido alejadas de aquellos conceptos filosóficos, jurídicos y económicos que desembocaron en la democracia liberal.

Un breve repaso a la historia del último siglo concluiría que el éxito de Estados Unidos y de Occidente es limitado. Así, después de la Primera Guerra Mundial el Programa de los Catorce Puntos de Woodrow Wilson derivó en un fraccionamiento de los imperios europeos que propició un aumento del totalitarismo y un retroceso del liberalismo y del libre mercado que había favorecido el Imperio Británico. Su corolario, la Segunda Guerra Mundial, dejó medio mundo en manos del totalitarismo comunista y buena parte del resto bajo ese socialismo ligero que es el Estado del bienestar. Si bien Estados Unidos tuvo éxito en la defensa de la democracia en Europa occidental y en Japón, que es uno de los baluartes de la democracia en Asia, durante la Guerra Fría, podemos hablar de un éxito a medias en Corea y un rotundo fracaso en el sudeste asiático. África, durante el proceso de descolonización, fue un excelente caldo de cultivo para el avance del totalitarismo, en especial el comunista, pese a que muchos de los países habían heredado instituciones democráticas e incluso liberales, sobre todo en los que habían sido colonizados por los británicos. Incluso cabe llamar la atención sobre el hecho de que algunos de los aliados de Estados Unidos y de Europa en la estas zonas son regímenes totalitarios.

El siguiente paso es preguntarse por la idoneidad del propio proceso. Así, que Estados Unidos o cualquier otro país ocupen una región, por las razones que sea, y pretendan cambiar de arriba abajo el sistema social y político existente no deja de ser un programa de ingeniería social, una imposición. Que haya sido un éxito en algunas ocasiones no lo supone necesariamente en otras y cabe preguntarse sobre la ética de la acción. La posguerra europea tuvo éxito precisamente porque los países poseían una cultura adecuada, no sólo para la implantación de un sistema democrático, sino para que éste fuera de inspiración más o menos liberal. Más extraño es el caso japonés, cuya sociedad provenía de un militarismo genocida.

Pero el hecho de que un japonés, un indio, un musulmán o más recientemente un chino se vistan como un occidental, comercien como un occidental o terminen instaurando un sistema económico similar, que no igual, al occidental no los convierten en occidentales. La democracia liberal se sustenta en una serie de principios que cimientan muchas de las instituciones que ahora vemos evidentes. La tradición y la cultura de otros países no los han generado de forma espontánea, o al menos lo han impedido a través de instituciones totalitarias, colectivistas o coactivas. La imposición, que es de alguna manera lo que hace Estados Unidos por más que lo camufle en lenguaje diplomático, puede generar a la larga descontento y el resultado puede ser peor que la situación inicial si la evolución no es lo suficientemente rápida y exitosa, desembocando en no pocas veces en un odio hacia lo novedoso.

La democracia liberal  debería surgir de manera espontánea, sin necesidad de tutelas ni de guías, sin exportarla ni por supuesto imponerla, con esfuerzo, con retrocesos y avances, pero sin tregua. Es como ha surgido en Occidente donde, a pesar de tener fuertes cimientos, también han nacido sistemas como el fascismo, nazismo o el comunismo. Incluso ahora mismo corremos peligro de volver a caer en ellos si aquellos que deben vigilar a nuestros gobernantes e instituciones, es decir todos y cada uno de nosotros, olvidamos a qué le debemos nuestra prosperidad.

La competencia de ideas, las relaciones voluntarias con otros pueblos e individuos, la defensa de nuestras propiedades y de nuestra libertad, allí donde tengamos que defenderlas y con la fuerza y medios necesarios, deben ser medios más que suficientes para conseguirlo y no absurdas utopías o planes más o menos exitosos. Soy consciente de que la realpolitik y las visiones a corto o medio plazo parecen formas de actuar más idóneas para los intereses generales, pero a la larga suelen conllevar efectos poco deseados. Es la consecuencia lógica de dar más poder del estrictamente necesario a nuestros gobernantes.

Regresión en Zimbabwe

Luego le llegarían más sorpresas, menos para quien conoce antecedentes como la Alemania de los años 30. Ha pervertido la moneda, y la inflación, del 3.700%, hace que los precios sean lo único que suba en esa economía. Para detenerlos ha impuesto una rebaja por decreto y obliga a los comerciantes a vender a pérdidas. Como se resistían, ha lanzado a sus cachorros, que New Reds hay en todos lados, a ir de comercio en comercio convenciendo a los tenderos con el argumento más antiguo del mundo de que cumplan los deseos de Mugabe.

Tras de ellos, una turba de personas vacían las tiendas, comprando a precios falsos. Los mostradores vuelven a relucir como el primer día, antes de que llegaran los primeros productos. Los más ricos, incluso en sociedades tan pobres como Zimbabwe, se las arreglan, pero la gente de a pie se encuentra con que las tiendas dejan de tener lo que más necesitan. Los productos básicos sólo se pueden ver por televisión, y eso el que tenga corriente eléctrica.

Los comercios cierran o dejan de pedir, por no vender a pérdida. Le siguen sus proveedores. Hitler solucionó este problema militarizando las fábricas. Mugabe les amenaza, si no producen, con la confiscación, que la técnica la tiene ya muy depurada.

La sociedad se organiza al margen de lo que sólo un positivista seguiría llamando legalidad. Y lo hace en el mercado negro. Milagrosamente, el pan, la carne, el aceite que han abandonado los comercios reaparecen, a un precio varias veces el oficial, en el mercado informal.

Incluso hay una regresión en la división del trabajo y la economía es cada vez más sencilla. Vuelve la tracción animal, ante la falta de combustible. Las familias se convierten en improvisados agricultores. Hay historias condenadas a repetirse.

La lucha contra el cambio climático cuesta una pasta

Ahora, a pesar de que en los últimos cinco años no se ha detectado calentamiento alguno, el Gobierno nos anuncia que pondrá en marcha toda una batería de medidas "concretas y urgentes" para lograr "un cambio de modelo social, de producción, de consumo energético y de desarrollo mucho más saludable y respetuoso con nuestro planeta".

Qué miedo. La frase parece copiada de la famosa obra del Club de Roma Los Límites del Crecimiento, que proponía el control centralizado de toda la vida socio-económica y, especialmente, de la natalidad por no ya ni recuerdo qué cataclismos que se producirían si no deteníamos el sistema capitalista de inmediato. Hoy a nadie le importa que las profecías del esos neomalthusianos no se hayan cumplido ni por asomo. Sus autores siguen siendo reconocidos como científicos de conciencia social. Parece que las predicciones erróneas no cuentan si se dan en el campo antiliberal. Claro que en el campo de lo políticamente correcto tampoco importan las contradicciones. Uno puede decir que el nivel del mar va a subir un metro y acabar con el valor inmobiliario de primera línea de la costa y al mismo tiempo comprarse un chalecito junto al mar; si se es un presidente rojo con conciencia verde no pasa nada de nada.

A los ministros de ZP ni los últimos datos ni este fresquito de julio les enfrían la cabeza. Ellos siguen en sus trece: nada de nucleares, nada de reducciones de impuestos para las tecnologías menos emisoras y todo un reguero de impuestos y regulaciones gravosas. Ahora les ha dado con meterse con el transporte, sobre todo si es privado. Que nadie se atreva a comprarse coches grandes y seguros para la vida de los ocupantes porque les van a clavar con el nuevo impuesto de matriculaciones. Eso sí, ellos van a aprovechar el rollo ecolojeta para comprarse coches nuevos con el dinero del contribuyente. Han decidido que para el año 2012 quieren que al menos el 50% de los automóviles oficiales utilicen biocarburantes, lo que representa una fenomenal excusa para cambiar de máquina. Con la cantidad descomunal de coches oficiales que debe haber en este país en el que lo primero que hace un político electo es ver qué vehículo/s le ha/n tocado y de qué color es la gorra del chofer, no me extrañaría que esto vaya a suponer una demanda record de biocarburantes que deje atrás por sí sólo el objetivo europeo de sustituir un 10% de la gasolina y el gasóleo por biocarburantes hacia 2020.

Los efectos de esta esquizofrenia colectiva no se van a hacer esperar. Primero porque en cuanto en Bruselas comprueben el éxito arrasador de la política socialista del coche oficial, todos los burrócratas de la capital belga querrán tener su carro a cargo del presupuesto comunitario. Por otro lado la reducción de campos de cultivo de trigo en beneficio del maíz va a costar una pasta. Y nunca mejor dicho: resulta que la reducción actual de la superficie de cultivo de trigo está provocando un aumento del precio del trigo y de la pasta. El trigo lo ha hecho en los últimos meses en torno al 50% mientras que la pasta se prevé que al final del verano haya subido un 20%. Y eso antes de que los políticos españoles empiecen a cambiar de coche; así que agárrense.

Al final va a resultar que la catástrofe mundial la van a provocar estos chiflados con un encarecimiento artificial de los alimentos más básicos. Esperemos que el histerismo calenturiento de políticos y ecologistas se pase con la misma rapidez con la que lo hacen las modas más extravagantes. Si no, disfrutemos al menos de este bendito cambio climático del mes de julio.

El Jueves

Pero como la genialidad y el ingenio son huidizos y caprichosos, no todo el mundo está tocado por ellos. Y como ganas de reír no le faltan al público, lo que sí sobran son quienes recurren a la zafiedad y a la maldad para arrancar las peores sonrisas. Miren, si no, El Jueves, la revista que se secuestra los viernes, como decía el gran editorial de esta casa. La portada de la polémica es tan cutre como la de cualquier otro número. El contenido no es mejor. Si el buen gusto fuera ley, estaría prohibida.

Pero ni lo zafio, ni lo burdo, ni lo inmoral son argumentos para prohibir nada. Ni siquiera el mal gusto. Incluso la cursilería entra dentro de la ley, como demuestra el hecho de que ZP no esté cumpliendo cadena perpetua. Una sociedad libre no tiene más remedio que convivir con lo inicuo, lo indecoroso, lo inmoral. Mientras no ataques los derechos de los demás y sea con uno mismo o con otros de forma consensuada, no hay lugar para la prohibición.

Pero ¿tiene uno derecho a la buena fama? En absoluto. La opinión que los demás tengan de uno sólo le pertenece a ellos y puede ser tan buena o mala como les plazca, y por supuesto que tienen todo el derecho a expresarla libremente. El delito de difamación, uno más de la larga lista de crímenes sin víctima, fue instaurado en España por tres generales: Narváez, Primo de Rivera y Franco. Los socialistas, que odian la libertad de expresión casi más que cualquier otra, quisieron recuperarlo en plena cleptocracia felipista, pero prefirieron guardarse ese as para una ocasión más propicia. Reaparecerá.

Como todos somos desiguales ante la ley (los impuestos son Ley, le recuerdo), parece que no tenga que escandalizar que la legislación arrogue a la Corona el privilegio de poner los instrumentos del Estado a la protección de su prestigio (el Estado, siempre tan eficaz, por cierto, ha multiplicado el mal). Pero sí, es muy injusto. La Corona tiene todavía suficiente buena fama en España como para dilapidarla por arrobas, como hace nuestro Jefe de Estado. Secuestrar libelos no le ayudará a mantener su prestigio, pero sí le sería de ayuda mostrar un poco de firmeza en la defensa de lo que queda de nuestra Constitución y de nuestra democracia, hoy en peligro.

Este ataque a la libertad de expresión le ha granjeado defensores entre sus más firmes enemigos: Los mismos que callaron cuando otros fueron instrumento de su propia intolerancia, con las caricaturas de Mahoma; los mismos que miraron a otro lado, por no mostrar su satisfacción, cuando la COPE recibía el acoso más vil contra un medio de comunicación en España. Sus incondicionales seguimos siendo pocos.

El cambio

Toda idea alternativa al establishment siempre duda en cómo se llevará a la práctica el cambio del viejo sistema al nuevo. Todo tipo de pensamiento sólo puede establecer dos tipos de cambios: el progresivo y el radical.

El ejemplo más exagerado del cambio progresivo tal vez se encuentre en el fabismo, liderado por Sidney y Beatrice Webb, que abogaban por alcanzar el socialismo mediante recetas gradualistas y de cariz reformista. Aunque aparentemente los Webb llegaron a conseguir su objetivo más de 100 años después, la realidad es que los países que llegaron a ser puramente socialistas sólo alcanzaron ese objetivo mediante una revolución. No era el objetivo de los Webb instaurar el Estado del Bienestar, sino la transformación del sistema de producción capitalista por el socialista.

Una de las razones por las cuales la transición y el gradualismo gustan tanto a sus seguidores –ahora en todo el espectro ideológico– es debido a que se enmarca perfectamente en la estructura racional del hombre, el consecuencionalismo. Esta forma de pensar lineal, significa seguir la tendencia actual manteniendo la información como si fuese una constante. Esta forma de observar la realidad no comporta un carácter negativo en sí, porque lleva a acertar en algunos campos como, por ejemplo, el de los negocios. En ellos, el seguidor de tendencia suele tener más éxito que el rupturista. Es más fácil tener éxito al montar un bar que no inventar un nuevo combustible. Este sistema, sin embargo, no funciona en el mundo de las ideas. El porqué queda fuera del objetivo de este artículo.

¿Podría funcionar el método fabiano con el liberalismo? La idea es introducir poco a poco el libre mercado para que la gente vea su carácter positivo: individualidad, libertad, riqueza y bienestar. El problema, es que quién lo implementa son los políticos que no tienen interés alguno en otorgar liberad a la sociedad civil. Fijémonos en las privatizaciones de los años 90 por ejemplo. Éstas, sólo fueron una fuente de financiación rápida para el Estado que siguió manteniendo todo el control sobre el sector de las empresas privatizadas, de las propias compañías con acciones de oro, colocación de amigos en las cúpulas directivas o creación de órganos reguladores. ¿Qué nos hace pensar que si los políticos vuelven a tomar una política "liberal" la hagan correctamente? Nada. No tienen ningún interés en hacerlo. Si todo hombre sólo se mueve por maximizar su utilidad, eso no puede significar que una parte de ellos, los "escogidos", se muevan por leyes ajenas a la acción humana. El gran problema es creer que la sociedad se puede cambiar en una especie de Top–Down social. ¿Qué nos hace pensar que la gente olvidará como si nada las actuales políticas populistas, como ir regalando el dinero de los demás? Pensar así, no es más que una ilusión.

La política no es una causa de lo que es la sociedad, sino un efecto. La gente necesita estar preparada para los cambios, imponerlos sólo crea, primero, el rechazo y, después, la confusión. Observemos el presente otra vez. Cualquier hombre medio (socialista) no versado en el mundo de las ideas le dirá que el liberalismo está triunfando hoy día como muestran las políticas en todo occidente: las guerras, grandes empresas que mantienen el poder con el Gobierno, grupos de presión, intereses ocultos… A esto le llaman neoliberalismo, pero tal concepto sólo es la réplica del capitalismo de estado, del socialismo. Además, hemos creado el rechazo y hemos dado poder al burócrata para que maneje más aún nuestras vidas. Ese fue el error que cometieron los Ordoliberales en el siglo XX. Creían que con un liberalismo social, la libertad crecería. Las consecuencias corrieron en dirección opuesta.

La gente no actúa por buenos principios morales, sino por necesidades. No se puede esperar cambiar de un sistema del bienestar a otro más libre del día para la noche. Las ideas necesitan tiempo para luego irse deslizando muy poco a poco hacia la masa de la sociedad. Y la sociedad sólo actúa, no cuando una idea le deslumbra, sino cuando la anterior es insostenible. En ese momento las personas buscan las alternativas que hay vivas. En el siglo XX fueron los totalitarismos, y en este modelo político nos hemos quedado.

Es, como muchas cosas en la vida, un problema económico, de utilidad. Es más fácil seguir con un sistema conocido, por incómodo que nos resulte, que cambiar a otro incierto. Sólo cuando el día a día se vuelve insostenible hay un cambio rupturista, y sólo de aquí prosigue el gradualismo y el reformismo pero en el sentido inverso al régimen anterior. El gradualismo y el reformismo no son corrientes primarias, sino que las podemos calificar, como se dice en matemáticas, de ruido (tendencias dentro de otra tendencia).

Si perdemos los principios y las ideas, perderemos el fin buscado. La libertad necesita identificar a sus enemigos y derrocarlos para siempre, y estos sólo son aquellos que se creen y son de facto nuestros dueños. El Gobierno y todo lo que a su alrededor se perpetúa es el principal enemigo del hombre libre. Aliarse con él es rendirle sumisión. Si lo hacemos, será él quien nos cambie, como de hecho ya ocurre con aquellos que apoyan a partidos políticos como mal menor. Al final quien gobierna no son las ideas, sino los intereses de los políticos por medio de la fuerza.

Bloggeando en vivo

Quien les escribe fue el encargado de cubrir la primera semana de dicho Campus, en la cual se celebraron los cursos Reinventar Occidente, dirigido por el responsable del Área Internacional de FAES, Alberto Carnero; y La democracia frente al terrorismo, al frente del cual estuvo el director tanto del Área de Constitución e Instituciones de FAES como de su muy recomendable revista Cuadernos de pensamiento político, Javier Zarzalejos. Los dos cursos de la siguiente semana fueron cubiertos por las bitácoras editadas por Álvaro Vermoet y Víctor Gago.

La experiencia fue fascinante. No sólo por lo interesante de la cita que tuve que cubrir (los ponentes eran de un alto nivel y los contenidos realmente interesantes). También lo fue por el formato. Editar una bitácora en vivo para un medio de comunicación es muy diferente a escribir informaciones tradicionales o un artículo de opinión como el presente. Eso hace, entre otras cosas, que el estilo personal del autor se note mucho más que en textos de información clara, y es algo que pudo notar quien siguiera los tres blogs con los que este periódico cubrió el encuentro político-académico.

Con independencia del toque personal de cada autor, la bitácora en vivo se diferencia también de otros modos de hacer periodismo en que el autor está más apegado a la inmediatez que en otros formatos. Las cosas no se cuentan después de que sucedan, sino que se narran según tienen lugar. Al mismo tiempo, se proporciona al lector una cercanía con lo hechos y con quien los narra (esto último es algo propio de una bitácora) que no se consiguen con otros estilos informativos. Todo ello obliga a una adaptación del periodista para que su blog no se convierta en un simple soporte diferente para escribir noticias tradicionales.

También es fundamental la buena disposición de los organizadores del acto que se cubre. Todavía existe por parte de muchos directores de comunicación cierta desconfianza hacia las bitácoras, puesto que al tratarse de algo tan nuevo no saben como enfrentarse a ellas. Sin embargo, como ya ha ocurrido en Estados Unidos, tendrán que terminar aceptándolas. En este sentido los responsables de esta materia en FAES han demostrado una gran visión y valor, al aceptar tener a tres sucesivos bloggers "incrustados" en su Campus. Esperemos que cunda el ejemplo.

Las bitácoras en directo, sean en el marco de un periódico digital o fuera de él, no podrán sustituir a la información tradicional, pero sin duda son un perfecto e interesante complemento. Tanto los medios como quienes son objeto de la atención de estos tendrán que aceptar esta realidad.

Mire usted a Dinamarca

Allí todos los padres, independientemente de la renta que generen, reciben cheques con dinero público que sólo se puede gastar en colegios, privados y públicos. Desde que se instauró, la oferta de colegios privados es mejor y más variada y atiende de forma más cumplida los deseos de los padres. Y la educación pública ha mejorado tanto que hoy los colegios del Estado son una institución respetada.

El principio del cheque escolar es sencillo y parte de una distinción muy clara: una cosa es que el Estado pague la educación y otra que sea el propio Estado quien la gestione, e incluso elija qué educación deben recibir los niños, un derecho que corresponde en exclusiva a los padres. Para dar a esas ideas una salida práctica, Milton Friedman concibió en un artículo escrito en 1955 el cheque escolar: el Gobierno otorga a las familias unos bonos que sólo se pueden gastar en educación, y ellas deciden gastarlo en el colegio que les ofrezca mejores garantías para la formación intelectual y moral de sus hijos.

Se ha implantado en muchos sitios, y en todos con un éxito más que evidente. En Estados Unidos, donde hay un sistema educativo como el que querría Izquierda Unida para España, la lucha por la elección de centro fue un rumor creciente, pronunciado por gentes de toda raza y condición social, políticamente independiente o de los dos grandes partidos. Éstos no le hicieron caso hasta que el estruendo llegó a Estados como Milwaukee, Arizona, Nueva York y muchos otros en que se han impuesto reformas como el cheque escolar o los charter schools, con enorme éxito. En otros países, como Holanda, Dinamarca y Suecia, Canadá, Chile y Colombia, Japón, Nueva Zelanda y Gran Bretaña, la reforma adelantó a la reacción social, siempre favorable.

Los resultados son siempre los mismos. Mejoran el interés de los profesores por su trabajo y los resultados académicos de los alumnos. Los padres están más satisfechos. E incluso cuando los colegios públicos quedan fuera del cheque escolar, la competencia les obliga a mejorar.

La implantación del cheque escolar en España no es ya sólo una buena idea. Se ha convertido en una urgencia, en una necesidad irrenunciable. Nuestro sistema educativo cuenta con colegios públicos cada vez más degradados, más los privados y concertados. Estos últimos sienten la permanente presión de recibir dinero de un poder que no les es favorable en absoluto. Para ellos el cheque escolar supondría un cambio radical, una transformación liberadora, pues, aunque el dinero seguiría siendo público, dejarían de recibirlo del Estado. Las familias, los padres, serán su única preocupación. Y éstos recuperarían un poder de influencia sobre los centros que el Estado les ha usurpado con toda injusticia.

Mi propuesta es la siguiente. El Gobierno fija una cantidad única para las familias que no alcancen cierto nivel de renta. El cheque escolar se podrá utilizar en todos los colegios públicos sin excepción y en los privados que elijan mantenerse dentro del sistema. Si la cantidad no es suficiente para cubrir las tasas del colegio, la familia aportará el resto. Si lo supera, se podrá crear con el resto una cuenta ahorro-escolar en la que se acumula el dinero, que más tarde se podrá gastar, bien en colegios e institutos, bien en universidades públicas o en las privadas que acepten entrar en el sistema.

El cheque escolar se podría combinar con la libertad de gestión, recogiendo experiencia de los charter schools en Estados Unidos. Son estos colegios que llegan a un acuerdo con el Estado, en nuestro caso con la Comunidad Autónoma, por el cual quedan libres de toda regulación educativa (libertad de gestión), y a cambio se comprometen a cumplir unos objetivos de calidad. En España pasaría por superar la calidad de la enseñanza de los colegios públicos en cada Comunidad.

Se les otorgaría libertad por un período, digamos, de cinco años, y si sus alumnos superan en conocimientos a los de los centros públicos, se les renovaría automáticamente. Para ello, la Consejería de Educación impondría evaluaciones externas, iguales para todos los centros, y recabaría de este modo los conocimientos medios de los alumnos. Por otro lado, se reconocería a las familias su derecho natural a educar en casa.

Aunque no podamos despreciar el inmenso daño que es capaz de hacer en cuatro u ocho años, Zapatero pasará. Pero llegará otro con el mismo proyecto radical: eliminar una realidad social que no le gusta y sustituirla por la que imagina. Y para crear ese "nuevo hombre progresista" es necesario imponerse a la voluntad de los padres en la educación de nuestros hijos.

No basta con confiar en que el PP remedará en parte el daño en el sistema educativo, entre otras cosas porque no lo hará. Les falta el valor, es decir, la integridad moral, para hacerlo. Lo único que puede salvarnos del adoctrinamiento y de la ignorancia institucionalizada es recuperar, aunque sea en parte, la libertad de educar a nuestros hijos. Y el cheque escolar es un instrumento adecuado.

Libertad, derecho de propiedad y principio de no agresión

Los conceptos de libertad, derecho de propiedad y principio de no agresión son equivalentes: son formas complementarias de referirse a las mismas ideas éticas fundamentales desde puntos de vista distintos; no son nociones contradictorias, las tres son útiles y necesarias y no tiene sentido intentar separarlas.

El lenguaje natural humano dispone de sustantivos y de verbos para referirse a cosas y procesos, agentes y acciones. En algunas circunstancias se enfatizan los sustantivos, los objetos físicos, los agentes y medios de acción; en otras se resaltan los verbos, los sucesos, lo que pasa, lo que se hace. La riqueza expresiva permite a los hablantes usar el tipo de lenguaje más adecuado sin pretender que es el único posible.

En matemáticas existen operaciones de transformación (transformadas de Fourier y Laplace) que asocian funciones equivalentes (contienen la misma información expresada de formas distintas) definidas según variables complementarias (como la intensidad de una señal variable en el tiempo y su espectro de frecuencias). En algunos casos solucionar un problema es mucho más fácil en el espacio transformado que en el espacio original, y por eso se asume el coste de realizar primero la transformación, resolver el problema y luego ejecutar la transformación inversa sobre la solución.

El ser humano actúa (hace algo) utilizando medios escasos (cosas presentes en la realidad). La persona es libre si actúa según su propia voluntad sin coacción externa; el derecho de propiedad define relaciones legítimas de posesión entre dueños y bienes económicos. La libertad enfatiza la acción, y el derecho de propiedad enfatiza los medios. La acción libre precisa de medios para llevarse a cabo, y la libertad tiene límites: no puede dañar la propiedad ajena. La propiedad es el ámbito en el cual toda acción está permitida (mientras no dañe a otro), el dueño es libre de hacer lo que quiera con sus posesiones; pero cada individuo no es libre de hacer lo que quiera con la propiedad ajena.

El principio de no agresión complementa las nociones de libertad y derecho de propiedad ligándolas con la legitimidad del uso de la fuerza: el ser humano agredido no es libre; no es ético atacar a otra persona o destruir o robar su propiedad (iniciar el uso de la violencia), y sí es justo utilizar la fuerza para defenderse. La agresión impide el libre ejercicio por la víctima de su derecho de propiedad.

Desgraciadamente el concepto de libertad es distorsionado por los colectivistas y confundido con otras nociones como la riqueza, el poder, o la ausencia de influencias; también es un concepto problemático cuando se refiere al libre albedrío como algo sobrenatural, indeterminado, causa de sí mismo. El derecho de propiedad es a menudo ninguneado en los ámbitos jurídicos y constitucionales, donde se ignora que es el único derecho natural del cual derivan todos los demás; sólo se le otorga una utilidad instrumental al servicio de otros pseudoderechos políticos. El principio de no agresión queda enterrado bajo múltiples excusas que falazmente pretenden justificar la intromisión estatal.

Para construir una ética científica (precisa, rigurosa, consistente) es conveniente explicitar las relaciones entre los tres conceptos básicos (libertad, derecho de propiedad y principio de no agresión) que se refuerzan y aclaran mutuamente.