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Murray Rothbard, propiedad intelectual y “fronteras electrónicas”

La propiedad intelectual ha sido uno de los temas más debatidos en la era digital, especialmente con la aparición de Internet y la distribución masiva de contenido. Esta cuestión plantea tensiones entre el control sobre las creaciones y la libre circulación de ideas, un dilema que ya había sido explorado por pensadores como Murray Rothbard. Aunque Rothbard no presenció el auge de la era digital, sus ideas sobre contratos, derechos de autor y patentes, pero, sobre todo, sus estudios sobre libre mercado y anarquía ofrecen buenas bases para comprender la red. En paralelo, figuras como John Perry Barlow, con su manifiesto “Vender vino sin botellas”, reinterpretaron estas tensiones en el contexto de Internet.

Los planteamientos de Murray N. Rothbard se basan en los principios de la libertad individual y el libre mercado, por lo que cuestionaba la necesidad de la intervención gubernamental en cualquier materia, incluyendo los monopolios gubernamentales que suponen las leyes de patentes, a las que ofrece una alternativa que es mediante los acuerdos en las compraventas.

Murray N. Rothbard murió el 7 de enero de 1995, sólo cuatro años después de la propuesta formal de Berners-Lee sobre la World Wide Web. Pero su influencia ha hecho que la evolución de Internet sea más anárquica que lo que se podría esperar de su origen militar.

Contratos de distribución

En su obra La ética de la libertad, Murray Rothbard plantea una crítica fundamental a la idea de la propiedad intelectual tal como la conocemos. Para él, los derechos de autor y las patentes no son propiedades en el sentido tradicional porque no cumplen con el principio de escasez física. Argumenta que las ideas, al no ser bienes tangibles, no pueden ser apropiadas ni monopolizadas sin recurrir a la coacción estatal.

Pero Rothbard argumentaba que las restricciones a la copia podían ser legítimas si se basaban en acuerdos contractuales voluntarios entre las partes. Defendía la idea de que un autor o inventor podía establecer condiciones contractuales que prohibieran la reproducción o venta de su obra sin permiso  «cuando han sido obtenidos de alguien a título de propiedad condicional, no de propiedad absoluta», es decir, si el contrato de compraventa estipula que hay restricciones de uso. Y lo ilustra con este ejemplo:

Supongamos que Rojo permite la entrada en su casa a Moreno y le enseña un invento que hasta ahora ha mantenido en el más estricto secreto, pero con la condición de que no comente con nadie esta noticia. En este caso, Rojo no concede a Moreno la propiedad absoluta del conocimiento de su invento, sino una propiedad condicional, puesto que se reserva el derecho de la difusión. Y si Moreno lo comenta con otros, viola la propiedad que se ha reservado Rojo y se convierte, en este sentido, en ladrón.

Tenemos un caso parecido de quebrantamiento de contrato (y de robo de propiedad) en la violación de los derechos de autor o de las patentes de invención. Supongamos que Rojo fabrica ratoneras de excelente calidad y que vende muchas unidades, que llevan estampado el «copyright Sr. Rojo». Lo que está haciendo, al proceder así, es advertir que no vende todos los derechos de propiedad de cada ratonera, sino sólo el derecho a hacer con ella lo que se quiera, excepto venderla o fabricar —y vender— copias enteramente iguales. Rojo se reserva a perpetuidad el derecho de venta de estas ratoneras. Por tanto, si Moreno compra una de ellas y fabrica y vende modelos idénticos, viola los términos del contrato y el derecho de propiedad de Rojo y se le puede demandar ante los tribunales por robo. Nuestra teoría de los derechos de propiedad ampara también la inviolabilidad del copyright contractual.

Idea que también desarrolla en Hombre, economía y estado:

Una persona escribe un li­bro o compone una obra musical. Al publicar el libro o la partitura, hace imprimir en la primera página la expresión “copyright”. Esta in­dica que cualquier persona adquirente del producto presta también su acuerdo, como formando parte de la operación de intercambio, a no copiar ni reproducir la obra para que sea vendida. Ya que el com­prador no adquiere la propiedad total, sino sujeta a la condición mencionada, toda violación del contrato por su parte, o por la de un ulterior adquirente, constituye robo implícito y será tratada en el mer­cado libre como corresponde. El derecho de autor es, pues, dentro del mercado libre, un derivado lógico del derecho de propiedad.

El problema de las patentes

Continúa en Hombre, economía y estado:

Parte de la protección que hoy acuerdan las patentes a un inventor podría obtenerse en el mercado libre mediante una especie de protección del derecho de autor. Ahora, los inventores tienen que marcar sus máquinas, indicando que se encuentran patentadas. La marca pone a los compradores sobre aviso de que el invento está patentado y de que no pueden vender ese artículo. Pero lo mismo podría hacerse ampliando el sistema de derecho de autor, y sin patente. En el mercado completamente libre, el inventor podría marcar como “copyright” su máquina, y en ese caso, todo adquirente de la máquina la comprará con la condición de que no habrá de reproducirla ni venderla para obtener ganancias.

La patente es incompatible con el mercado libre, precisamente en cuanto va más allá de un derecho de autor. La persona que no ha comprado una máquina, y que llega al mismo invento en forma independiente, en el mercado libre, podrá perfectamente proceder a utilizar su invención. Las patentes impiden que una persona haga uso de su propio invento, aun cuando sea suyo todo derecho de propiedad al respecto y no haya robado la idea, ni explícita ni implícitamente, al primer inventor. Por eso, las patentes constituyen privilegios de monopolio exclusivo, otorgados por parte del estado, que invaden los derechos de propiedad dentro del mercado. La distinción fundamental entre patente y derecho de autor no obedece, pues, a que una sea mecánica y el otro literario. El hecho de que se hayan aplicado en esa forma es un accidente histórico y no revela la diferencia básica que existe entre ambas instituciones. Tal diferencia fundamental está en que el derecho de autor es atributo lógico del derecho de propiedad, dentro del mercado libre, en tanto que la patente es una invasión sobre tal derecho.

Rothbard, la New Left y Woodstock ’69

En la década de 1960, Rothbard comenzó a cuestionar la alianza entre los libertarios y los conservadores, especialmente debido a sus diferencias sobre la Guerra de Vietnam y otros temas de política exterior. Rothbard concluyó que el libertarismo tenía sus raíces en la izquierda política y que los libertarios del Old Right estarían mejor alineados con el creciente anti-autoritarismo de la New Left. Esta alianza se basaba en una oposición común al militarismo, el corporativismo y la intervención estatal en la vida privada de los ciudadanos.

Rothbard colaboró con figuras prominentes de la New Left y participó en la fundación de la revista “Left and Right: A Journal of Libertarian Thought” en 1965. Esta publicación buscaba trascender las categorías políticas tradicionales y promover una visión coherente de la libertad que incluía elementos tanto de la izquierda como de la derecha contemporáneas.

El movimiento hippie de los años 60, con su énfasis en la paz, el amor y la libertad personal, compartía varios valores con el libertarismo de Rothbard. El festival de Woodstock, celebrado en agosto de 1969, se convirtió en un símbolo de esta contracultura. Aunque Rothbard no estuvo directamente involucrado en el festival, su filosofía libertaria resonaba con muchos de los ideales del movimiento hippie.

Woodstock no solo representó un festival de música, sino también una expresión de rechazo a las estructuras tradicionales de poder. Este espíritu anárquico se alineó con la visión de un mercado libre y no intervenido, una de las bases del pensamiento de Rothbard. Aunque las conexiones no sean evidentes, el contexto cultural de la época preparó el terreno para que ideas libertarias influyeran indirectamente en la forma en que comunidades y redes emergentes abordaron temas como la propiedad y la creatividad.

Aunque Rothbard y el movimiento hippie compartían una visión crítica del estado y una defensa de la libertad individual, también había diferencias significativas. Rothbard era un académico y teórico, mientras que el movimiento hippie era más práctico y cultural. Además, mientras que Rothbard defendía un mercado libre sin intervención estatal, muchos hippies eran críticos del capitalismo y buscaban formas alternativas de organización económica.

A pesar de estas diferencias, la interacción entre el libertarismo de Rothbard y la contracultura de los años 60 muestra cómo diferentes movimientos pueden encontrar puntos en común, especialmente cuando se comparten enemigos. Un ejemplo de esta conjunción es John Perry Barlow.

John Perry Barlow, de letrista de Grateful Dead, a vender vino sin botellas

John Perry Barlow es una figura que ha dejado una huella indeleble en múltiples campos, desde la música hasta la ciberseguridad. Conocido principalmente como letrista de la legendaria banda de rock Grateful Dead, Barlow también fue un pionero en la defensa de los derechos digitales y la libertad en Internet.

Nacido en 1947 en Wyoming, Barlow creció en un entorno rural y asistió a la Universidad de Wesleyan, donde se graduó en 1969. Su conexión con The Grateful Dead comenzó en 1971, cuando empezó a colaborar con Bob Weir, uno de los miembros fundadores de la banda. Juntos, escribieron algunas de las canciones más emblemáticas del grupo, como “Cassidy” y “Mexicali Blues”. La colaboración de Barlow con Grateful Dead continuó hasta la disolución de la banda en 1995.

A mediados de los años 90, Barlow se adentró en el mundo de la tecnología y la ciberseguridad. En 1990, cofundó la Electronic Frontier Foundation (EFF), una organización dedicada a defender la libertad de expresión y la privacidad en el ámbito digital. Su interés por la economía digital lo llevó a escribir el influyente ensayo “Selling Wine Without Bottles: The Economy of Mind on the Global Net” en 1994. En este ensayo, Barlow exploraba cómo la economía de la información y las ideas difería de la economía de los bienes físicos, utilizando la metáfora de vender vino sin botellas para ilustrar cómo las ideas podían ser compartidas y distribuidas sin las restricciones físicas tradicionales:

La legislación de propiedad intelectual no se puede remendar, adaptar o expandir para que contenga los gases de la expresión digitalizada, de la misma manera que tampoco se puede revisar la ley de bienes inmuebles para que cubra la asignación del espectro de la radiodifusión. (Lo que, de hecho, se parece mucho a lo que se intenta hacer aquí.) Tendremos que desarrollar un conjunto completamente nuevo de métodos acorde con este conjunto enteramente nuevo de circunstancias.

La mayoría de la gente que crea software -programadores, hackers y navegantes de la Red- ya lo sabe. Por desgracia, ni las compañías para las que trabajan ni los abogados que estas compañías contratan tienen la suficiente experiencia directa con bienes inmateriales como para entender por qué son tan problemáticos. Actúan como si se pudiera lograr que las viejas leyes funcionasen, bien mediante una grotesca expansión o por la fuerza. Se equivocan.

La fuente de este acertijo es tan simple como compleja su resolución. La tecnología digital está separando la información del plano físico, donde la ley de propiedad de todo tipo siempre se ha definido con nitidez.

A lo largo de la historia del copyright y las patentes, los pensadores han reivindicado la propiedad no de sus ideas sino de la expresión de las mismas. Las ideas, así como los hechos relativos a los fenómenos del mundo, se consideraban propiedad colectiva de la humanidad. En el caso del copyright se podía reivindicar la franquicia del giro exacto de una frase para transmitir una idea concreta o del orden de exposición de los hechos.

La franquicia se imponía en el preciso momento en que «la palabra se hacía carne» al abandonar la mente de su creador y penetrar en algún objeto físico, ya fuera un libro o cualquier artilugio. La posterior llegada de otros medios de comunicación comerciales distintos del libro no alteró la importancia legal de ese momento. La ley protegía la expresión y con pocas (y recientes) excepciones, expresar equivalía a convertir algo en un hecho.

Proteger la expresión física tenía a su favor la fuerza de la comodidad. El copyright funcionaba bien porque, a pesar de Gutemberg, era difícil hacer un libro. Es más, los libros dejaban a sus contenidos en una condición estática cuya alteración suponía un desafío tan grande como su reproducción. Falsificar o distribuir volúmenes falsificados eran actividades obvias y visibles, era muy fácil pillar a alguien. Por último, a diferencia de palabras o imágenes sin encuadernar, los libros tenían superficies materiales donde se podían incluir avisos de copyright, marcas de editor y etiquetas con el precio.

Aún era más apremiante patentar la conversión de lo mental a lo físico. Hasta hace poco, una patente era o bien una descripción de la forma que había que dar a los materiales para cumplir un determinado propósito, o una descripción de cómo se llevaba a cabo este proceso. En cualquiera de los dos casos, el quid conceptual de la patente era el resultado material. Si alguna limitación material impedía obtener un objeto con sentido, la patente se rechazaba. No se podía patentar una botella Klein ni una pala hecha de seda. Tenía que ser una cosa y la cosa tenía que funcionar.

De este modo, los derechos de la invención y de la autoría se vinculaban a actividades del mundo físico. No se pagaban las ideas, sino la capacidad de volcarlas en la realidad. A efectos prácticos, el valor estaba en la transmisión y no en el pensamiento transmitido.

En otras palabras, se protegía la botella y no el vino.

Barlow fue un visionario que entendió el potencial transformador de Internet mucho antes de que se convirtiera en una parte integral de nuestras vidas. Su trabajo con la EFF y sus escritos sobre la economía digital han influido en la forma en que entendemos y protegemos nuestros derechos en el ciberespacio.

John Perry Barlow falleció en 2018, pero su legado musical con Grateful Dead sigue vivo, inspirando a nuevas generaciones de músicos y fans, al igual que sus planteamientos sobre el ciberespacio.

La visión de Rothbard y de John Perry Barlow sobre la propiedad intelectual

Aunque ambos compartían una visión crítica sobre la intervención gubernamental, sus enfoques y argumentos sobre la propiedad intelectual difieren significativamente.

Como hemos visto, según Rothbard, un autor o inventor podía establecer condiciones contractuales que prohibieran la reproducción o venta de su obra sin permiso, y estos acuerdos serían una extensión natural de los derechos de propiedad y la libertad contractual y que la verdadera protección de la propiedad intelectual debía surgir de acuerdos privados y no de la coerción estatal.

Pero Rothbard no llegó a ver el potencial de Internet. Falleció en la fase incipiente de la red. No conoció Napster, creado en 1999, ni vio como millones de personas cooperan voluntariamente  compartiendo su conocimiento en Wikipedia, lanzada en 2001 o en GitHub, lanzado en 2008.

Tampoco pudo conocer “La declaración de independencia del ciberespacio” que presentó John Perry Barlow en Davos como respuesta a la Telecommunications Act, pero seguro que firmaría sus principales propuestas:

Gobiernos del Mundo Industrial,  […] no sois bienvenidos entre nosotros. No ejercéis ninguna soberanía sobre el lugar donde nos reunimos. No hemos elegido ningún gobierno, ni pretendemos tenerlo, así que me dirijo a vosotros sin más autoridad que aquélla con la que la libertad siempre habla. […] Proclamáis que hay problemas entre nosotros que necesitáis resolver. Usáis esto como una excusa para invadir nuestros límites. Muchos de estos problemas no existen. Donde haya verdaderos conflictos, donde haya errores, los identificaremos y resolveremos por nuestros propios medios.

Como planteaba John Perry Barlow, la red ha resuelto de forma espontánea las nuevas demandas que se han ido generando. Y, como planteaba Rothbard, la solución son los contratos o las licencias de uso. Como en el Software Libre, máximo exponente actual de la anarquía y libre mercado, donde la GPL le da un marco contractual a la cooperación entre las partes implicadas.

Ver también

Cuatro siglos de propiedad intelectual. (Antonio José Chinchetru).

Marcas, reputación y fraude. (Albert Esplugas).

Por un mercado libre de ideas. (Albert Esplugas).

El secreto de la Coca-Cola, Google e Inditex. (Manuel Llamas).

Copiar no es robar. (Albert Esplugas).

Legado y vigencia de Friedrich A. Hayek a los 50 años del Nobel

A lo largo de los años, una y otra vez les he preguntado a otros adeptos de una sociedad libre cómo lograron escapar del contagio de su ambiente intelectual colectivista. Ningún otro nombre ha sido más mencionado como fuente de inspiración que Friedrich Hayek.

Milton Friedman

Ante todo, y por respeto a los lectores que tal vez desconozcan quién fue Friedrich August von Hayek, haremos una breve y concisa reseña biográfica del mismo. Hayek fue uno de los grandes exponentes de la Escuela Austriaca de economía, junto con su gran mentor Ludwig von Mises, nació en la localidad de Viena, 8 de mayo de 1899, en aquel entonces capital del antiguo Imperio Austro Húngaro, y murió en la ciudad Friburgo de Brisgovia en Alemania el 23 de marzo de 1992, a los 92 años.  Fue un economista, jurista y filósofo austriaco, que recibió el premio Novel de Economía en el año 1974, junto con Gunnar Myrdal, “por su trabajo pionero en la teoría del dinero y las fluctuaciones económicas”, y los análisis de la interdependencia de la economía, la sociedad y las instituciones.

Valdría la pena hacer mención a algunos aspectos de lo que fue la vida temprana de Hayek y su entorno familiar y formación intelectual, pues muchas de estas experiencias al igual que otros pensadores de alcance universal, vieron influidos sus planteamientos, tanto por su entorno familiar, intelectual e histórico coyuntural, en menor o mayor grado.  Algo que el brillante y reconocido profesor inglés, Quentin Skinner de la “Escuela de historia de Cambridge” con su enfoque metodológico llamado el contextualismo, ha utilizado como herramienta de análisis en el estudio de la historia de las ideas, la filosofía política y la teoría social, haciendo hincapié en la importancia de entender el contexto histórico en el cual surgieron estas corrientes de pensamiento y como este influyo en el desarrollo de las mismas.  

Hayek nació en una familia de intelectuales de Viena. Participó en la Primera Guerra Mundial y, según afirmó él mismo, la experiencia de la guerra fue la que le llevó a interesarle por las ciencias sociales, y al volver a su ciudad natal, inició sus estudios de ciencias jurídicas y sociales en la Universidad de Viena. Se doctoró en los años 1921 y 1923 en leyes y en economía, respectivamente.

A lo largo de esos años, Hayek, como la gran parte de sus compañeros, se identificó con el socialismo fabiano, creía en la intervención del Estado para mejorar el orden social y no le gustaban las posiciones antisocialistas y liberales de su profesor Ludwig von Mises, destacado economista de la Escuela Austríaca.  Paradógicamente, Mises se convertiría posteriormente en su principal mentor de Hayek, después de que este leyera su libro El socialismo, lo que le llevó a ser su discípulo. Hayek trabajó durante cinco años, bajo su dirección, en la Abrechnungsamt (Oficina de Cuentas) encargada de cobrar las deudas que otros estados tenían con el gobierno de la recién nacida nación austriaca. Se convirtió en el año 1927 en el director del Instituto para el Análisis del Ciclo Económico, creado por ambos.

En el año 1931 se fue a Londres bajos los auspicios de Lionel Robbins también pupilo de Mises, donde ocupó una cátedra en la London School of Economics hasta el año 1950. Es importante resaltar este hecho, pues, como lo trataremos posteriormente con mayor nivel de detalle, fue en este marco académico, donde se produjo una fuerte rivalidad entre Hayek y Keynes.

Principales obras de Hayek y su polifacetismo

El legado de obras dejado por Hayek está conformado por 25 libros y 130 artículos, que van desde la ciencia económica hasta la filosofía, pasando por la antropología, la ciencia jurídica, la historia y la epistemología. Lo que lo convirtió tal vez en el más polifacético de los pensadores no solo económicos, sino político y filosófico del pasado siglo.

Entre sus principales obras podemos destacar publicaciones como:   La Teoría Monetaria y el Ciclo Económico (1929), Precios y Producción, (1931), La teoria Pura del Capital, (1941), Camino de Servidumbre, (1944), Derecho, Legislación y Libertad, (1978), Nuevos Estudios de Filosofía, Política, Economía e Historia de las Ideas, (1966-1978), Principios de un Orden Social Liberal (1982) y La Fatal Arrogancia, (1988), entre otras grandes obras. Este conjunto de obras que a titulo enunciativo hemos señalado son un singular ejemplo del polifacetismo distintivo de la figura de Hayek y a su alcance universal en diferentes áreas de las ciencias sociales.

La teoría sobre el ciclo económico

Los aportes de Hayek con su teoría que explicó los ciclos económicos es considerado como la más relevante contribución de este al campo de la ciencia económica, su teoría sobre los ciclos económicos, que ha sido conocida como teoría austriaca del ciclo económico (TACE) fue condensada en las dos primeras obras arriba mencionadas como los son   La Teoría Monetaria y el Ciclo Económico, y Precios y Producción.

Los tres postulados claves de la (TCE)

El primer postulado: la tasa de interés natural. Hayek sostiene que existe una tasa de interés que podría denominarse «natural», y que es la que permitiría igualar la oferta y la demanda de ahorro.

El segundo postulado es el referente a la expansión del crédito. Hayek argumentó que la manipulación artificial de los tipos de interés por parte de los bancos centrales introduce graves distorsiones en el comportamiento de los mercados, como consecuencia de la misma.

El tercer postulado de la (TCE) de Hayek es el referente a la estructura de producción o de capital, la cual desempeña un papel esencial en el proceso económico, de modo que los desajustes entre bienes de producción y bienes de consumo suele incidir en las etapas de crisis del ciclo económico, más cuando la misma es el producto de una fuerte intervención estatal.

Hayek no explica los ciclos económicos con su teoría, partiendo sólo a partir de causas reales, dado que según él habría que indicar por qué no se retorna al estado de equilibrio después del choque; y tampoco puede comprenderse solamente a partir de factores monetarios como una variación del nivel general de precios. Pues según este, los ciclos se deben al deficientemente funcionamiento de los precios relativos y, en este sentido, su teoría de ciclos es a la vez real y monetaria. Es real, porque según Hayek, no es equivalente alargar el proceso de producción que acortarlo, ya que existen rigideces que lo impiden; y es monetaria porque para los bancos es muy difícil ajustar, rápidamente, la tasa de interés a las variaciones de la tasa natural, produciéndose una diferencia entre las tasas de interés.

Para Hayek, el dilema se presenta cuando los bancos están en la situación de aumentar el crédito más allá del respectivo crecimiento del ahorro, lo que lleva a los bancos a otorgar capital financiero más allá del capital real disponible. En consecuencia, éstos podían ofrecer capital financiero más caro, creando inversiones en capital económicamente injustificadas, y fuentes de pérdidas futuras.

Siguiendo con este mismo orden de ideas, Hayek sostuvo que para garantizar el funcionamiento el estado debería de dejar de intervenir en la economía, lo que disminuiría (aunque no desaparecería  completamente) los efectos del ciclo. A pesar de que, en la práctica, lo que origina los desajustes en el orden cataláctico  del mercado es la mala gestión monetaria por parte de los gobiernos, según este.

Pues básicamente debido a que para la (TCE) todo gira alrededor de los mercados libres y de los precios que éstos generan. Por ende, en los precios de los productos y servicios está toda la información, con la cual los empresarios, consiguen un crecimiento equilibrado. Pues, según Hayek, las crisis sobrevienen cuando la intervención estatal distorsiona dichos precios, e información, lo que acaba generando inflación y recesión (burbujas y desempleo).

El orden espontáneo

Hayek basó su teoría sobre el orden espontáneo en Adam Smith (La riqueza de las naciones de Smith) y en los filósofos escoceses del derecho natural, los cuales sustentaban que la sociedad se desarrollaba a partir de un orden espontáneo que era el resultado de la acción humana, pero no del diseño humano.  Hayek amplió los argumentos esbozados por los escoceses, y sostuvo que la sociedad se desarrollaba, a través, de la tradición y la razón, al mismo tiempo.

No obstante, a esto, Hayek sostenía que el uso de la razón no era ilimitado, ya que estaba limitado por los prejuicios de un individuo o un grupo. Esto significaba que la sociedad era demasiado compleja para ser creada pieza por pieza de una manera estrictamente racional y lógica.

Las implicaciones políticas de la teoría del orden espontáneo fueron sorprendentemente evidentes con la caída del otrora imperio soviético. De hecho, el libro de Hayek, titulado Camino de servidumbre de 1944, prefiguró lo que ocurriría en el imperio soviético y en el fascismo. Pues ningún sistema político, según Hayek, podría asumir, como lo hizo el comunismo a la izquierda y ulteriormente el fascismo a la derecha, que los hombres eran como una pieza de engranajes que debían “encajar” en la máquina del Estado. Siendo la tiranía y la pobreza el resultado de los intentos del gobierno de planificar el funcionamiento de la vida diaria de sus respectivas sociedades.

En consecuencia, para Hayek, cualquier política estatal tendiente a regular los precios, imponer tarifas de cualquier género, o imponer normas regulatorias envía mensajes contradictorios e inexactos a los mercados, ya que los descoordina.

Por último, Hayek argumenta que las instituciones dirigidas centralmente no tienen la capacidad para mantenerse al tanto de todas las condiciones económicas principales “de cualquier escenario específico” ni para entender enteramente la información que reciben de los mismos. Esto significa que los responsables de las políticas económicas no estarían en condiciones de conocer toda la información relevante para tomar decisiones o podrían fundamentar sus decisiones en datos imprecisos o antiguos, que ya no serían aplicables.  

Hayek versus Keynes

No pretendemos adentrarnos en profundidad sobre todos los aspectos sobre los cuales verso este debate, no obstante, expondremos los dos principales aspectos que a nuestro juicio lo determinaron.

Primero expondremos los postulados más importantes de lo que hasta hoy en día se conoce como el keynesianismo, según la corriente de pensamiento que lideró John Maynard Keynes, economista británico, y lo que algunos han etiquetado como el hayekismo.

No obstante, antes de adentrarnos en el referido debate, valdría la pena hacer una pequeña digresión y retomar el método contextualista antes mencionado del historiador británico Quentin Skinner, el cual nos permite comprender mejor el porqué de la aparición y vigencia de las más importantes corrientes del pensamiento político, social y económico en la historia de la humanidad. ¿O es que acaso? Estas teorías no han respondido a los cambios históricos que la humanidad ha sufrido a lo largo de su evolución.

Por ende, tener claro el contexto en el cual surgieron estas corrientes de pensamiento económico y la influencia que el contexto económico, social y político tuvieron sobre la aparición y evolución de las mismas, es de vital importancia para su entendimiento

Retomando el análisis del referido enfrentamiento entre ambos intelectuales y teóricos económicos, es importante resaltar que este fue  uno de los más famosos en la historia del pensamiento económico contemporáneo. El referido debate tuvo lugar durante la Gran Depresión de la década de 1930, y verso principalmente sobre las causas y los remedios de las caídas del ciclo económico en las economías de mercado de aquel entonces

Los comienzos de esta disputa se remontan al libro Tratado sobre el dinero (1930) escrito por Keynes, un libro, que fue reemplazado posteriormente por su obra maestra Teoría general del empleo, el interés y el dinero (1936). Como Keynes y Hayek estaban construyendo sus modelos económicos al mismo tiempo, sus debates estuvieron dominados inicialmente por definiciones terminológicas referidas a lo que se entendía por ahorro e inversión.

Sin embargo, estas diferencias iniciales de tipo termológica fueron solo de forma y no de fondo, estando la esencia de este enfrentamiento en el rol que el estado debería de tener en la economía de las naciones. Para el keynesianismo, en su perspectiva económica, sostiene que las decisiones del sector privado a veces conducen a resultados macroeconómicos ineficientes. Lo que deberían ser corregido por políticas activas por parte del sector público, incluidas las medidas de política monetaria por parte del banco central, y las intervenciones de política fiscal por parte del gobierno, con el fin de estabilizar la producción a lo largo de un ciclo económico. Enfoque diametralmente opuesto a lo que Hayek sostuvo en su teoría sobre los ciclos económicos.

Para Hayek, la causa de las crisis son el producto precisamente de la excesiva y distorsionante política monetaria y fiscal, como ya lo hemos mencionado. Sostenía que los mercados eran altamente orgánicos y que cualquier interferencia con el orden espontáneo de los mismos deformaría su eficiente desempeño. Pues este pensaba que los mercados libres, impulsados por las decisiones de la gente, tendían a ajustarse al equilibrio si se los dejaba solos y libres de la intervención gubernamental.

Otra diferencia relevante que valdría la pena mencionar es la referente a la concepción mecanicista y determinista de Keynes respecto al funcionamiento de la economía, pues para este las economías podían ser manipuladas de manera similar a una máquina para comportarse de acuerdo con los designios de los planificadores económicos estatales. Algo que Hayek siempre refutó tanto en tu teoría sobre los ciclos económicos como en sus estudios sobre el comportamiento racional del hombre.

La vigencia de Hayek en el actual escenario geoeconómico y político global

En nuestros dos anteriores consecutivos artículos, titulado el primero La escuela austriaca ante el actual escenario económico global, y el segundo La visión austríaca de los sistemas complejos y el estatismo económico global, analizamos desde la perspectiva de la Escuela Austriaca la realidad del actual escenario geoeconómico y político global que está dando nacimiento a un nuevo orden mundial. En los cuales destacamos como la visión de los sistemas complejos sustentadas por Hayek nos brindan un enfoque de análisis adecuado para entender el peligro que representa para el libre mercado mundial toda esta conflictividad de carácter geopolítico y económico, de alcance global que ha estado dando como resultado el resurgimiento de fuertes corrientes proteccionistas e intervencionistas de carácter gubernamental en la dinámica de los mercados globales.

Igualmente, la teoría de los ciclos económicos de Hayek nos brinda una herramienta válida para entender de paralelamente las actuales y futuras distorsiones a las que se han estado sometiendo los mercados mundiales, dentro del ya referido escenario.

De igual forma, es relevante mencionar como el pensamiento de Hayek siendo uno de los principales exponentes de la Escuela Austriaca de economía, ha estado jugando un rol fundamental en las políticas de reformas económicas que el presidente Javier Milei de Argentina ha estado tratando de aplicar en la nación sureña desde su llegada al poder.

Todos estos hechos son un ejemplo irrefutable de la vigencia tanto como marco de análisis como de sustento de políticas económicas del pensamiento económico de Hayek

Conclusiones

Hoy en día hay un consenso creciente en que Hayek, aunque controvertido y muchas veces cuestionado en sus múltiples planteamientos, fue uno de los economistas más influyentes y polifacéticos del siglo XX.  Pues este hizo aportes fundamentales a la economía con su   teoría de los ciclos económicos, la teoría del capital y la teoría monetaria. De igual forma, realizó grandes aportaciones intelectuales en el campo de la teoría política, la psicología y la metodología, como lo demuestran sus amplias y polifacéticas obras.

No obstante, a nuestro juicio el signo más distintivo que ha dejado Hayek ha sido su consigna según la cual, los auges y las caídas de las economías, son resultado de las malas inversiones creadas por la interferencia del gobierno en el funcionamiento del libre mercado, resultado de las mismas políticas defendidas por los socialistas y keynesianos. Y no por el mal desempeño de los agentes económicos privados y del libre mercado, tal cual como Hayek concibió que tenían que funcionar y evolucionar, como quedó demostrado con  la crisis financiera del año 2008.

Algunas cuestiones disputadas del anarcocapitalismo (XCIX): comentarios sobre las fiestas navideñas

Como este artículo será publicado en plena Navidad, no me resisto a hacer algunos comentarios desde el punto de vista ancap sobre estas fiestas. Como parece obvio yo soy muy partidario de la celebración de estas fiestas, aunque entiendo bien a quien pudiera no gustarle, dado que son festejos tradicionales, de origen religioso, poco dependientes de los estados, y que aún despiertan la ilusión de los niños y contribuyen a resguardar valores familiares. De ahí los furibundos ataques que reciben desde medios progresistas, que buscan con mil y un pretextos designificarlas, dado que de momento no han podido con ella.

Hasta los regímenes comunistas, que quisieron acabar con ella declarando laborables estos días, tuvieron que dar marcha atrás. Incluso Stalin y sus sucesores tuvieron que revivir al viejo Ded Moroz, la versión rusa del santo, eso sí, sovietizándola al asociarlo a la carrera espacial y colocando una estrella roja en su gorro. Para ser justos con el Santa Claus soviético, conviene recordar que buscaba fomentar el espíritu de trabajo entre los niños comunistas, al asociar los regalos a su laboriosidad y cumplimiento de las  tareas encomendadas.

Adaptación a los tiempos modernos

Las fiestas navideñas han sido, entre las de origen cristiano, las que mejor han sabido adaptarse a los tiempos modernos, camuflándose con el consumismo imperante, que si bien desvirtúa sus principios originarios de celebración del nacimiento del Niño Jesús, por lo menos lo mantiene vivo y presente, pues es inevitable incluso para el joven más descristianizado, el preguntarse cuál es la razón de tales festejos. Al mismo tiempo, aunque cada vez más en un lugar secundario, los referentes cristianos en forma de belenes, villancicos o felicitaciones con motivos religiosos son omnipresentes y contribuyen sutilmente a la preservación de esta herencia cultural.

Las fuerzas del mercado y la publicidad ayudan con todo su potencial a mantener un espíritu, que muy probablemente decaería de no contar con tal apoyo, y aún no siendo algo buscado, mantiene  vivo el espíritu de la cristiandad. La historia del cristianismo nos muestra que siempre ha sabido incorporar los valores imperantes en cada época y liarse con ellos. Al igual que santificó en su momento los lugares de culto paganos y les dió forma cristiana colocando santos donde antes había deidades paganas, conservando en parte los ritos y los lugares de devoción, hoy bien pudiera estar haciendo lo mismo con los valores consumistas, que por desgracia, imperan en el presente.

Felices fiestas por el solsticio de invierno

Los intentos por parte de los estados modernos de cambiarles el nombre, en forma de celebraciones del solsticio (si hacer una contraparte con el otro solsticio el de San Juan o con los equinoccios), el uso impersonal de felices fiestas o belenes y adornos de Navidad posmodernos, no han triunfado y se ven cada vez más desfasados. Es además una celebración que mantiene vivo el espíritu de la cultura occidental-cristiana, pues se celebra sin excepción en todos los países de nuestro entorno cultural, siendo incluso exportado fuera de este espacio.

En el caso español, las fiestas comienzan con la lotería de Navidad, que marca el punto de salida. En una hábil apropiación del espíritu de las fechas el estado  hábilmente usa una herramienta fiscal como son las loterías de dos formas, la primera como  una inteligente forma de recaudar, pues al ser una aportación voluntaria no se percibe como un impuesto, es más parece ser incluso un instrumento de redistribución de la renta hacia los más necesitados, cuyas desgracias son publicitadas con gran apoyo mediático así como la alegría que experimentan al que solventadas de repente por la bondadosa administración de loterías estatal.

Nacionalismo

La segunda tiene  que ver con el nacionalismo banal al que ya nos hemos referido en otras ocasiones. La lotería nacional se compra y comparte en todo el territorio español, y los ritos a ella asociados en el sorteo y después, forman parte del imaginario colectivo de todos los españoles, independentistas, incluidos, que incluso usando del tradicional recargo en las participaciones. Las usan para financiar sus actividades, pero cooperando sin quererlo con el estado central. La construcción simbólica de la nacionalidad española actual no podría entenderse sin este tipo de ritos comunitarios y es muy eficaz a la hora de reforzar la legitimidad estatal. Incluso yo mismo, que soy consciente de esto, no dejo de adquirir alguna participación. Lo hago a pesar de que sé de su significado y de que matemáticamente lo invertido se pierde. Tal es la fuerza de la tradición aprendida desde niño.

La figura central de la Navidad actual es Santa Claus, figura legendaria inspirada en un santo cristiano San Nicolás, al que se le atribuye un carácter bonachón y que  en principio repartía juguetes entre los niños que se habían portado bien durante el año. El intento de apropiarse políticamente de Santa Claus, aparte de la resignificación comunista que antes relatamos, se encuentra en la obra de Frank Baum, célebre experto en marketing que ya había publicado otro cuento infantil que puede leerse en clave económica (inflacionista) El mago de Oz.

Navidad y Santa Claus

Baum describe a Santa Claus como una suerte de tibio socialdemócrata, que no reparte los juguetes de acuerdo con las buenas obras, sino de acuerdo con la renta del niño. Aplicando criterios de justicia redistributiva, el Santa de Baum dará más juguetes a los niños más pobres que a los ricos, quebrando el principio de esfuerzo en aras de una mejor distribución de los regalos. Anticipa también principios de la posmodernidad, pues las hadas que lo criaron le enseñaron a ser vegetariano. Estos principios de reparto hacen al santo más un luchador por la justicia social que el ser benéfico, independiente de programas políticos, que era antes.

La potencialidad política de esta figura ha hecho que en algunos  territorios españoles se hayan recuperado  viejos personajes del folklore popular como el Olentzero vasco  o el Apalpador gallego, para construir personajes navideños con cierto ideario político detrás, para usarlos también en forma aparentemente banal al servicio de objetivos políticos, sean de corte nacional, o de corte social. También  teóricos agoristas como Sam Konkin, con su figura del Anarco-Noel, han intentado interpretar esta figura de acuerdo con principios, en este caso anarquistas, para difundir, eso sí con poco éxito, sus idearios. 

El otro gran día de las fiestas navideñas, exceptuado el día de fin de año, que es más una fiesta civil derivada del calendario moderno,  y que las cierra, es el de los Reyes Magos. En nuestro entorno, esta festividad ha tenido que afrontar intentos, si cabe más duros, que los de la propia Navidad de cambiar su significado tradicional. En nuestro entorno cultural se encargaron tradicionalmente de repartir regalos a los niños. La figura de Papa Noel se encarga sólo de repartir regalos menores.

Navidad y Reyes Magos

La lista de los Reyes Magos o una visita previa a su llegada oficial, en algún centro comercial, forman parte del imaginario de la mayor parte de los niños españoles aún a día de hoy. Primero se intentó, por parte de algunas cadenas de distribución comercial, trasladar a la Navidad el día grande de reparto de juguetes, quizás porque estaban interesados en el adelanto de las rebajas de invierno, algo que ha fracasado en buena medida, por la fuerza de la tradición y porque las épocas de rebajas han perdido buen aparte de su fuerza, adelantándolas incluso al Black Friday. Pero además, los gobiernos han tratado de aprovechar la fuerza movilizadora de cabalgatas y belenes para adaptarlos a los valores en moda.

Fueron polémicas en su momento las cabalgatas de Madrid, donde se quiso hacer de ellas una reivindicación de la diversidad de acuerdo con los principios posmodernos en boga, o los belenes inclusivos que de vez en cuando se ven en nuestras ciudades. Fracasaron. La tradición popular, sobre todo en lo que se refiere a los valores infantiles, se ha revelado como demasiado poderosa como para desafiarla y lentamente se ha vuelto a revivir el espíritu originario,  eso si adaptados a la tecnología moderna, pues cada vez es más frecuente la presencia de espectáculos electrónicos en estas fiestas o que los reyes viajen con medios modernos como helicópteros o trenes de alta velocidad.

La epifanía de Nuestro Señor

Los reyes no sólo cuentan con una tradición mucho más desarrollada y con  una literatura más elaborada que la de Santa Claus, véase por ejemplo el ensayo de Franco Cardini, Los Reyes Magos: historia y leyenda, o la deliciosa novela de un viejo católico conservador francés, Michel Tournier, Gaspar, Melchor y Baltasar, sino que representan valores muy ejemplares en su comportamiento, no sólo por ser sabios, que es como se les conoce en otros idiomas,  ni por la elección de sus regalos, oro  y perfumes, con lo que muestran su predilección por la moneda sana y no por medios fiduciarios, sino por su entrega a una causa y por su fé, por la que están dispuestos a sacrificar su poder y abandonar sus tronos.  Creo que, como modelo para servir de ejemplo a los niños, están infravalorados y creo que merecerían algo más de atención.

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