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Nos jugamos la libertad

España da un paso más en su avance hacia un modelo autoritario, con graves consecuencias para los derechos y libertades básicas del individuo. El acuerdo alcanzado entre el PSOE y Junts para lograr la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno supone la ruptura del principio básico del liberalismo político, el del imperio de la ley (en el sentido anglosajón de rule of law), por el que se fijan los límites al ejercicio del poder político y, por tanto, por el que se delimita el arbitrario y abusivo ejercicio de dicho poder.

El perdón penal concedido por políticos hacia otros políticos sin el más mínimo consenso sociopolítico, además de constituir una aberración jurídica y moral, es una flagrante violación de la igualdad ante la ley. Ni todos somos iguales ni poseemos los mismos derechos y obligaciones. Un privilegiado grupo de políticos y afines gozará de absoluta impunidad por el puro y simple hecho de mantener en el poder al actual presidente del gobierno.

El acuerdo, además, entierra todo atisbo de separación de poderes, uno de los grandes contrapesos efectivos dentro de las democracias liberales para tratar de contener mínimamente los excesos y atropellos que se derivan del ejercicio gubernamental. El Poder Ejecutivo se impone al Judicial. El reconocimiento del concepto de lawfare, tan propio de sistemas autoritarios y dictatoriales, supone imponer por la fuerza la arbitraria voluntad del gobernante y acabar con la independencia de los jueces. Merced a este acuerdo, los políticos podrán evadir la acción de la Justicia e incluso sancionar a los jueces que contraríen su voluntad.

Siendo perfectamente legítima la defensa de los fueros y el secesionismo -entendido como libertad de asociación para conformar nuevas comunidades políticas de libre adhesión-, España, en definitiva, deja atrás la democracia liberal con este acuerdo para entrar de lleno en el autoritarismo político, donde las libertades y derechos naturales de las personas quedan al siempre peligroso y amenazante albur del estado.

El Instituto Juan de Mariana, uno de los think tanks liberales más importantes del mundo hispano, condena firmemente el ataque que el PSOE y sus socios pretenden asestar a la libertad y convivencia de todos. Seguiremos luchando, tal y como llevamos haciendo desde el año 2005, para defender con firmeza y determinación la libertad, ahora y siempre.

Carlos Alberto Montaner, 1943-2023

Ha muerto Carlos Alberto Montaner sin que haya tenido la ocasión de ver una Cuba libre. Para los cubanos, la libertad sólo se puede ejercer en el exilio. Pero hay una libertad esencial, que es la de vivir en tu país, con tu gente, en los lugares de tu familia y ancestros, que le fue arrebatada hasta su último aliento.

El último día de 1959 cayó el régimen de Batista, y una ola de simpatía por los barbudos que seguían a Fidel Castro recorrió el país, y la comunidad internacional. Carlos Alberto, que ese día tenía 16 años, apoyó el régimen desde la primera hora. Ese apoyo duró muy poco; lo que tardó Fidel Castro en mostrar la verdadera faz de su régimen. Cuando el derecho se sustituyó por el ejercicio arbitrario del poder, la libertad por el sometimiento y la democracia por la dictadura y el mercado libre por la miseria, Castro encontró en Montaner a un formidable adversario. Fidel lo encarceló en 1961. Pudo escapar a la embajada de Honduras, y finalmente exiliarse a los Estados Unidos, donde le esperaba su familia. 

Desde entonces, ha estado muy vinculado a Miami y Madrid. Su compromiso ético con la libertad le robó el tiempo que le habría dedicado a su pasión, que era la literatura. Pero ese empeño por que su bienhumorado grito contra la opresión resonase con fuerza le llevó a escribir alguno de los ensayos más lúcidos. Las raíces torcidas de América Latina, Fidel Castro y la revolución cubana, o el Manual del perfecto idiota latinoamericano, escrito junto con Plinio Apuleyo Mendoza y Álvaro Vargas Llosa son sólo tres ejemplos señeros.

Ha ejercido el periodismo, que combinó con una intensa labor política, siempre del lado de la libertad. En 1990 fundó la Unión Liberal Cubana con la esperanza de aprovechar la caída del castrismo, que consideraba inminente tras la caída del muro de Berlín y el histórico desplome del socialismo. 

Ha acabado sus días en Madrid, ciudad acogedora, en la compañía de su familia. En una escueta nota que la familia ha hecho pública, se dice: “En su nombre, su esposa Linda, sus hijos Gina y Carlos, y sus nietas Paola, Gabriela y Claudia dan las gracias a los profesionales de la sanidad pública española, a la Asociación Derecho a Morir Dignamente y a todos los familiares y amigos que le han manifestado tanto afecto en el tramo final de una prolífica vida marcada por la defensa de las libertades individuales”.

Hace unos días, Carlos Alberto Montaner escribió su último artículo, titulado Hice lo que pude. Y bien que lo hizo. Por eso, el Instituto Juan de Mariana le reconoció en 2010 con el premio a una trayectoria ejemplar en defensa de la libertad. Se ha ido uno de los nuestros. Que en paz descanse.

En memoria de Antonio Escohotado

Ha muerto, a los 80 años, Antonio Escohotado, premio Juan de Mariana 2019. Más que en otros casos, su vida es ejemplo de la libertad que defendió en su obra escrita. Escohotado fue un trabajador incansable del conocimiento. Buscó la verdad sin descanso; un empeño que le llevó a defender la libertad en un sentido muy amplio, no sólo frente a la tentación autoritaria del poder, sino frente a la pulsión censora de una parte relevante de la sociedad.

Escohotado dejó escrito en Caos y orden que “La influencia del totalitarismo ha llevado a disociar sistemáticamente libertad formal y libertad material, por más que sean cara y cruz de la misma moneda: Allí donde lo uno no está asegurado, no está asegurado lo otro”. Una vez definimos el entorno ude los derechos de la persona, que no se pueden violar, nos queda el resto del infinito terreno de la acción del hombre; y esa es la libertad formal. La libertad material, tal como la entendía Antonio Escohotado, que supone estar a la altura de los propios objetivos vitales.

Su Historia general de las drogas escribió la obra de referencia en ese campo. Se acercó a ese problema desde un punto de vista plural, utilizando la historia como la sociología, la economía como el derecho, y el resultado es millar y medio de páginas que muestran que la prohibición es ilegítima, atenta contra la libertad, y además causa males mucho más graves que los que intenta solventar.

Caos y orden es el máximo ejemplo de la capacidad de Antonio Escohotado para aunar distintas disciplinas, a las que suma la filosofía y la física, en una obra eminentemente original, y de largo alcance. El filósofo propone un camino difícil, pero no árido, que parte de conceptos de la física y concluye en una visión de la sociedad y la cultura abierta, flexible y libre.

Pero es su apabullante historia del comunismo, Los enemigos del comercio, su obra más importante. Si la concluyó fue porque no supo, cuando comenzó a trabajarla, que hacerlo bordeaba los límites de lo imposible. Un empeño sin descanso logró que Escohotado haya escrito la mejor obra sobre el comunismo, que comienza en los albores del pensamiento y llega hasta nuestros días.

Escohotado nos deja, además, una forma de estar en el mundo. Nos invita a no permanecer impasibles y a no caer en el desaliento cuanto nuestra libertad está amenazada. Nos emplaza a no ser victimistas, sino luchadores. Para serlo basta con seguir su ejemplo.

Descanse en paz.

Anthony de Jasay, un genio a contracorriente

No hubo lugar común referido al Estado o la democracia que De Jasay no desmontara.

El pasado 23 de enero murió a los 93 años Anthony de Jasay, nuestro premio Juan de Mariana 2009. Hasta ese momento estaba considerado por muchos, entre ellos por el profesor Carlos Rodríguez Braun, como el más importante pensador liberal vivo.

La vida de Anthony de Jasay no fue nada convencional, siempre alejada de escuelas y de los circuitos académicos y universitarios. Nació en Budapest en 1925. Allí estudió ciencias agrónomas y trabajó como periodista. En 1948 huyó del comunismo, primero a Austria y después a Australia, donde cursó la carrera de economía. Posteriormente se estableció en París para dedicarse a las finanzas. No le fue mal y en 1979 se pudo jubilar para entregarse únicamente a estudiar, pensar y escribir en su casa en la costa de Normandía.

Su obra, entre la que cabe destacar dos libros, El Estado: la lógica del poder político y Social contract, free ride, es un ejercicio de singularidad difícilmente superable. No hubo lugar común referido al Estado o la democracia, algunos de ellos defendidos por no pocos liberales, que no desmontara. Incluso se atrevió a cuestionar a considerados gigantes del liberalismo como John Locke, Karl Popper o James Buchanan (y en cierta medida también a Hayek debido a las contradicciones políticas en las que incurrió el austriaco).

De Jasay desenmascaró conceptos como Estado de derecho, división de poderes o constitución limitativa, tan caros al liberalismo clásico. Nada de eso puede florecer en presencia del Estado, organización monopolizadora de la violencia por definición y, por tanto, con la posibilidad de realizar en todo momento lo que estime oportuno por encima de cualquier otra consideración. «El Estado nos protege, pero nunca de él», solía decir. Y es que esa lógica del poder político tiende a generar un poder único y creciente que domina todo lo demás, con independencia de camelos como los contrapesos (siempre estatales) o la sociedad civil (siempre desarmada), que no solo resultan inservibles sino que ejercen un papel legitimador del propio Estado. En ese sentido, el pensador húngaro llegó a conclusiones anarcocapitalistas al considerar que en ausencia de poder estatal se podría garantizar la protección de la propiedad privada y el cumplimiento de los contratos, con lo que no nos veríamos abocados a un Estado de naturaleza.

Otro elemento legitimador del Estado es la provisión de bienes públicos. Y en ese punto De Jasay volvió a ser lapidario: «Se llama bien público a todo aquel bien que el Estado decida que es un bien público». Poco más cabría añadir.

También echó por tierra la vieja idea difundida por Churchill de que la democracia es el peor de los sistemas si exceptuamos todos los demás. De manera muy aguda señaló que hemos caído en la trampa de establecer la comparación entre el peor resultado de las democracias y el peor resultado del resto de sistemas, pero hemos olvidado casos históricos, como el nada democrático Imperio austrohúngaro, en los que los individuos disfrutaban de unas garantías inconcebibles en los muy democráticos Estados actuales.

Que su obra sea siempre un faro de luz. Descanse en paz.