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Etiqueta: Ahorro

La ruptura generacional y el nuevo contrato social (II)

“Por lo que a nosotros concierne, estamos totalmente convencidos de que un día se establecerán asociaciones para reclamar la libertad de gobierno como han sido establecidas para reclamar la libertad de comercio”

La producción de seguridad, Gustave de Molinari

En la primera parte analicé la ruptura generacional y la necesidad de un nuevo contrato social, en esta segunda parte haré una conjetura sobre por dónde podría desarrollarse.

A medida que el poder de negociación entre las distintas generaciones se va modulando en esta transición hacia una nueva era —la era de la información—, a la par que la vieja política es incapaz de cumplir sus promesas y las generaciones que han cumplido su parte del contrato social exigen el pago del Estado de sus pensiones, se planteará nuevamente un escenario similar al de la Transición, donde nos debatiremos entre la Continuidad de los boomers y pensionistas, la Reforma de los trabajadores y la Ruptura de los más jóvenes.

En la elaboración de todo contrato es esencial el poder de negociación de las partes: qué quiere cada una, qué puede aportar y en qué puede ceder. En este caso, las partes serán los tres sectores generacionales que ya identificamos, a grandes rasgos: boomers y pensionistas (>58 años), trabajadores (30-58 años) y jóvenes (<30 años). Será importante, por tanto, estudiar de qué dispone cada uno y qué quieren para este nuevo contrato social.

Boomers y pensionistas quieren mantener el statu quo, la continuidad del sistema actual que tantos beneficios les reporta; esencialmente, sus pensiones. Por ejemplo, las nuevas pensiones de jubilación son un 23,3 % más altas que el sueldo más habitual en España. Estos ingresos en su mayoría son renta disponible, puesto que ya tienen sus viviendas pagadas y apenas tienen otros gastos. Disponen de ahorros, bienes inmuebles y un poder de negociación significativo por el elevado número de votantes que son. No obstante, tienen muy poco poder social, puesto que ellos son los que menos movilidad tienen y los que más necesitan al resto de la sociedad, dado que ni producen bienes ni prestan servicios.

Trabajadores. El mundo cambia a una velocidad de vértigo y ya no tienen tan seguro mantener un buen puesto de trabajo por las necesidades de actualizarse y la situación macroeconómica. Aunque su horizonte empieza a tener nubes negras, todavía aspiran a llevar una jubilación tranquila como la de sus padres y que el temporal que se avecina no sea más que una breve tormenta de verano. Sin embargo, la demografía es testaruda, y para que puedan llevar a cabo su retiro, el Gobierno planea retrasar la edad de jubilación y abrir las puertas a 10 millones de inmigrantes. Su poder de negociación es el menor de todos, puesto que están atados a las expectativas de futuro vinculadas al Estado, pero también a sus impuestos. Son los que más tienen que perder, las principales víctimas de la ruptura del contrato social. Disponen de las herencias futuras y de los frutos de su trabajo presente al menos de lo que no se coman la inflación y los impuestos. No obstante, a pesar de ser los que menor poder de negociación tienen, detentan el poder actual y tienen en sus manos las riendas para elegir el camino: la Continuidad, la Reforma o la Ruptura.

Los jóvenes con el statu quo actual no tienen nada que ganar, y por la precariedad tampoco nada que perder, y tienen todo el futuro por delante. Con el fork en los medios de comunicación van a tener voces mediáticas que les representen, y pueden hacer su patrimonio portátil y difícilmente confiscable gracias a Bitcoin. Así, con la facilidad para emigrar llegado el caso, su poder de negociación social irá creciendo significativamente a medida que pase el tiempo. Sin embargo, no tendrán gran poder de negociación político, pues por demografía ni siquiera atraen el interés de los partidos. Tanto la Continuidad como la Reforma les necesita como agua de mayo, ¿quién va a mantener si no el sistema? ¿20 millones de inmigrantes? El sistema necesita a los jóvenes, pero ellos lo único que quieren es un trabajo digno, formar una familia, acceder a una vivienda y poder vivir sin que les asfixien con regulación e impuestos, por lo que su facilidad para hacer un opt-out —optar por salir del sistema— incrementará exponencialmente su poder de negociación. Además, tienen competencias esenciales para el mundo que viene, si no les integran en las estructuras de poder, la fragilidad y vulnerabilidad será enorme, sirva como ejemplo cuando un periodista se coló en una reunión secreta de Defensa de la Unión Europea.

Una vez visto el poder de negociación de cada parte, de qué disponen y qué quieren, hay que conjeturar acerca de cómo se llega a este escenario, puesto que el actual contrato social se está resquebrajando a marchas forzadas. Veamos un ejemplo paralelo: la Superliga.

Florentino Pérez plantea hacerla porque ve que el fútbol, tal y como está, es insostenible, en el medio-largo plazo puede morir. Como tuvieron un monopolio de la emisión, subieron mucho los precios, y los que siempre habían sido aficionados siguieron consumiéndolo. Pero una capa de la sociedad, los jóvenes, quedaron excluidos justo en el momento en el que aparecía una alternativa —Youtube—, así que se bajaron del tren para subir a uno nuevo. Y no sólo esto, es que también disuadieron a muchos padres de seguir viéndolo. Los jóvenes ya solo ven los grandes partidos, pero no son fanáticos del fútbol. En el día a día no siguen todos los encuentros, ven a creadores de contenido. Es difícil encontrar un partido de Primera División que no sea del Real Madrid, Barcelona o Atlético, que supere un directo de Ibai. Si se proyecta esto 10 años, el fútbol va a tener muy pocos espectadores el día de mañana, a excepción de los grandes partidos. La solución propuesta a este escenario era la Ruptura.

La Superliga suponía romper con el statu quo, haciendo partidos solo con los equipos de primer nivel europeo, retransmitidos por plataformas globales y con los creadores de contenido como comentaristas. La solución era buena ante un escenario de crisis del fútbol, pero no incluyó los intereses de las instituciones establecidas. El error, además de hacer la presentación en El Chiringuito, fue no negociar con todas las partes. Pero la consecuencia de que no se negociase entre todas las partes ante un escenario de crisis, supone que el fútbol ya va a tener prácticamente imposible recuperarse y mantenerse hegemónico las próximas décadas. El escenario era, “el fútbol, de seguir así, muere, ¿qué vamos a hacer para salvar esto?”. Se enfrentaron los intereses acumulados de las instituciones futbolísticas y los intereses de los equipos que tienen mayores ingresos, y no buscaron la negociación por el bien común, sino sus intereses particulares; y por ello el fútbol muere.

Pues bien, España está como el fútbol. Si seguimos así, en 10 años estaremos como Argentina. Al igual que el fútbol va a morir por perseguir cada uno sus intereses particulares, si no hay una negociación que tenga en cuenta los intereses de todas las partes, lo que vamos a perder es el futuro de España.

Los pilares esenciales de esta hipotética negociación, a mi juicio, serán: 1/ pensiones, 2/ sector público e impuestos, 3/ deuda pública, 4/ inmigración y 5/ jurisdicciones privadas.

1/ Pensiones. Lo bueno de tener un sistema de reparto es que las pensiones no “quiebran”, simplemente se reparte lo que hay, sea mucho o poco. Lo que es prácticamente imposible es que se sostengan tal y como están ahora y se sigan actualizando al IPC, especialmente con la inflación que tenemos —y que apenas ha comenzado—. Dado el elevado número de votantes que son y que su interés primordial son las pensiones, será difícil ver recortes en ellas. No obstante, dentro de la negociación, parece razonable buscar un acuerdo por el que haya pensiones para todos ellos, pero adaptándolas en función de un criterio de renta disponible por pensionista. Además, habrá que retrasar la edad de jubilación —siguiendo criterios por sectores— puesto que la esperanza y calidad de vida se han incrementado muy significativamente. No parece razonable que el nuevo contrato social acuerde pagar rentas por encima de la media del sector productivo, cuando además los pensionistas no suelen tener los gastos corrientes de alquiler de los trabajadores y jóvenes. Sin embargo, todavía estamos lejos de empezar la negociación, y acaban de anunciar que el Gobierno eliminará el tope de las pensiones máximas, parece que busca acelerar la caída del Estado.

2/ Sector público e impuestos. Sin un recorte significativo del sector público será muy difícil bajar impuestos, y sin bajar impuestos será prácticamente imposible mantener en España a los supercontribuidores, que son los que nutren las arcas del Estado. En el mundo que empieza a amanecer, tendrán extraordinariamente accesible el cambiarse de jurisdicción o tener su patrimonio fuera del alcance de las garras del Estado. Además, habrá que incorporar a los jóvenes en el sector público, tanto para reemplazar a los boomers que se jubilan como para introducir las competencias de las que ahora la Administración carece. Para ello se hace imprescindible una reforma significativa del funcionamiento de la Administración y de la integración y régimen de funcionarios.

3/ Deuda pública. Los intereses de la deuda pública van a asfixiar a los españoles la próxima década. Parece razonable ajustar a la realidad económica de España las pensiones y no cargar todo el peso sobre las condiciones laborales de los jóvenes, que hoy además nacen con 39.947 euros de deuda real por persona. Al fin y al cabo, no parece demasiado justo que unos sean los que se endeuden en nombre de otros que no disfrutan de los beneficios y que pagan la fiesta.

4/ Inmigración. España necesita inmigrantes, millones de ellos. No es suficiente con incrementar la natalidad, porque esos resultados llegarían dentro de tres décadas, y necesitamos trabajadores hoy. Pero, ¿qué inmigración? Una de las virtudes de España es su posición geográfica y su clima, con una regulación atractiva, bajos impuestos, y acabando con el principio de neutralidad del Estado, se pueden atraer millones de inmigrantes que vengan a aportar y empresas productivas a nuestro territorio. En caso de que no optemos por esta vía, recibiremos principalmente inmigración del norte de África, poco cualificada, y nos convertiremos en el lugar de mano de obra barata para la Unión Europea devaluando los salarios de nuestros jóvenes, precarizando más el trabajo e incrementando la inseguridad. Del diseño de esta política de inmigración depende en gran medida lo que será España este siglo.

5/ Jurisdicciones privadas. Las Micrópolis (libro en el que estoy trabajando junto a Adolfo) son zonas jurídicas y económicas especiales, que en alguna medida recogen la tradición española de los fueros, y que permitirían adaptar las normas sociales a grupos y comunidades con intereses afines. Con los problemas de la España vacía sería una propuesta muy interesante para, en lugar de tener que resignarnos a una decadencia constante, poder atraer personas y empresas de todo el mundo que simplemente vayan buscando un lugar seguro donde asentarse y prosperar —o simplemente no tener que emigrar de España.

Pensemos en jurisdicciones diseñadas específicamente para pensionistas, con un tejido sanitario espectacular; en Micrópolis donde sectores empresariales se asienten para tener una regulación concreta y conectar sinergias, como puedan ser farmacéuticas o el sector del automóvil europeo; ciudades privadas con legislaciones educativas propias, o con mayores o menores restricciones de inmigración.

Matandrinos es una aldea abandonada de Segovia que se puede comprar por 100.000 euros, ¿por qué no permitir a unos jóvenes que se instalen allí y se organicen jurídica y socialmente como consideren? Al fin y al cabo, con un ciberdinero y un mercado de 580 millones de hispanohablantes se pueden prestar servicios desde cualquier parte del mundo, por lo que estas opciones serán más que viables.

Y todo esto podría convivir con el “resto de España” funcionando con las mismas reglas, mientras se permite un crecimiento significativo tanto de la vida como de la riqueza, contribuyendo a sostener las enormes promesas de gasto social del Estado. Siendo una alternativa a aquello que Ortega comentaba de las sociedades cuando los jóvenes no tienen perspectivas de futuro:

“Entonces acontece la estatificación de la vida, el intervencionismo del Estado, la absorción de toda espontaneidad social por el Estado; es decir, la anulación de la espontaneidad histórica, que en definitiva sostiene, nutre y empuja los destinos humanos. Cuando la masa siente alguna desventura, o simplemente algún fuerte apetito, es una gran tentación para ella, esa permanente y segura posibilidad de conseguirlo todo —sin esfuerzo, lucha, duda ni riesgo— sin más que tocar el resorte y hacer funcionar la portentosa máquina. La masa se dice: “El Estado soy yo”, lo cual es un perfecto error. El resultado de esta tendencia será fatal. La espontaneidad social quedará violentada una vez y otra por la intervención del Estado; ninguna nueva simiente podrá fructificar [¿ninguna?]. La sociedad tendrá que vivir para el Estado; el hombre, para la máquina del Gobierno. Y como a la postre no es sino una máquina cuya existencia y mantenimiento dependen de la vitalidad circundante que la mantenga, el Estado, después de chupar el tuétano a la sociedad, se quedará hético, esquelético, muerto con esa muerte herrumbrosa de la máquina, mucho más cadavérica que la del organismo vivo. Esta empieza a ser esclavizada, a no poder vivir más que en servicio del Estado. La vida toda se burocratiza. ¿Qué acontece? La burocratización de la vida produce su mengua absoluta, en todos los órdenes. La riqueza disminuye, y las mujeres paren poco”.

La rebelión de las masas, Ortega y Gasset

Frente a esta situación habrá que buscar alternativas. Reformular el contrato social para aliviar tensión social y generar vida y prosperidad es una, y es ahí donde el proyecto de las Micrópolis ofrece una salida a este escenario.

Ahorro y capitalización: Los sistemas de cuentas nocionales

A lo largo de la historia, muchos autores han escrito sobre la importancia del ahorro a la hora de generar riqueza. Si bien desde el punto de vista de la escuela austriaca, ese ahorro debía ser individual. Y es que la escuela austriaca no se ha ahorrado críticas a la forma forzosa en que los gobiernos sustraen parte de la renta de los ciudadanos con el argumento de un fin superior. El economista y premio Nobel (1974) Friedrich Hayek en su libro Camino de servidumbre (1944), argumentaba que el titular del poder coercitivo (el Estado), debía limitarse a generar unas condiciones en las que el conocimiento e iniciativa individual pudieran planificarse con mayor éxito y que los “fines sociales” que vendía el estado, eran idénticos a los fines individuales y cuyos individuos estarían dispuestos a contribuir de forma voluntaria e individual. Igualmente Mises, en La acción humana (1949), defiende la libertad y la responsabilidad de cada uno con sus acciones, frente a totalitarismos, planificadores y el Estado.

Es por todo esto por lo que consideramos que la idea de los sistemas de cuentas nocionales, donde cada individuo ahorra y capitaliza su ahorro, se amoldan inmejorablemente a las ideas austriacas.

La capitalización del ahorro que mencionamos es muy ventajosa cara a aumentar la riqueza de nuestra sociedad. A más ahorro capitalizado, se dispondrá de más capital para invertir. A mayor inversión mayor productividad de los distintos agentes económicos, lo que generará mayor renta y capacidad de ahorro, entrando así en el conocido como círculo virtuoso de la prosperidad, donde más ahorro lleva a más inversión, más inversión lleva a más renta, más renta a más ahorro…

Dos de los problemas más generalizados en las distintas economías occidentales, que reducen o dificultan la capacidad de ahorro de nuestra sociedad, son las rigideces en el mercado de trabajo, que provocan altas tasas de desempleo y de temporalidad. Y la más que dudosa viabilidad en el largo plazo de los sistemas públicos de pensiones.

Si atendemos primero al problema del mercado de trabajo, y nos centramos en la Unión Europea, observamos como si bien algunas reformas como la introducción de los llamados mini jobs en Alemania o la reforma laboral del 2012 en España han reducido la rigidez de sus distintos mercados de trabajo, aún existen grandes problemas, como la existencia de múltiples tipos de contratos, o el aumento de los costes de contratación, que están dañando seriamente las distintas economías de la unión.

Como hemos mencionado antes, el segundo gran problema al que tenemos que hacer frente, es la cada vez mayor dificultad para pagar las pensiones públicas lo que está haciendo que se ponga en tela de juicio su viabilidad futura. Y es que, el aumento de la esperanza de vida y por tanto de los años que se disfruta de la pensión, el aumento de la cuantía de las pensiones, la baja natalidad y con ello es escaso remplazo generacional, así como la cada vez menor proporción de trabajadores por cada pensionista, ha hecho que los sistemas públicos de pensiones se estén acercando si no lo están ya, a la quiebra.

A esta más que dudosa viabilidad de los sistemas de pensiones de reparto a largo plazo, hay que añadirle que estos impiden el ahorro y posterior capitalización de dicho ahorro, por parte de los trabajadores, para su futuro patrimonio con el que poder vivir durante su jubilación. El Estado, al extraer una parte importante de la renta de los trabajadores (entorno a un 30% en España), dificulta en gran medida que estos puedan ahorrar. Así lo diagnosticó el profesor Jesús Huerta de Soto, cuando hablaba de los problemas técnicos de estos sistemas, en su libro Ahorro y previsión en el seguro de vida (2007): “El sistema financiero de reparto, en el que se basa la financiación de la seguridad social, disminuye sustancialmente el ahorro global del país”.

Para solucionar estos problemas e impulsar el ahorro, son muchos los países los que han puesto en funcionamiento, variando sus condiciones para adaptarse a las características de la economía y su país, los novedosos sistemas de cuentas nocionales. Austria, Suecia, Chile o Italia son ejemplos de países en los que estos sistemas están funcionando en la actualidad. Sobre estos sistemas, podemos hacer una distinción entre los que están enfocados al mercado de trabajo y los que lo hacen en el sistema de pensiones.

La famosa “Mochila austriaca”, es un ejemplo del primer caso, que se ha puesto en práctica en Austria, entrando en vigor el 1 de enero del año 2003 tras un pacto social. Mediante este sistema, el empresario no tendrá que pagar una indemnización en el momento del despido, sino que tendrá la obligación de abonar cada año a cada trabajador un 1,35% (lo que serían 5-6 días) de su salario bruto, a partir del segundo mes de trabajo, a una cuenta de ahorros individual, independiente y externa al empresario. La entidad gestora de esos fondos será elegida entre el empresario y el trabajador. Esta reforma tiene muchas ventajas, como son las flexibilizar el mercado de trabajo, favorecer la contratación, además con ella desaparece la dualidad; trabajador indefinido-trabajador temporal. Incentiva la movilidad voluntaria, al poder llevarte tu mochila contigo, en vez de perder tu antigua indemnización si te cambiabas de empresa como sucedía antes. La otra gran ventaja de este modelo es que crea un fondo de capitalización por el cual los trabajadores adquieren una rentabilidad y además fomenta su ahorro. Todo esto hace que, si durante su vida laboral no han estado durante demasiado tiempo en desempleo y viviendo del dinero de la mochila, cuando llegue el final de su vida laboral, puedan contar con este dinero como complemento a su pensión, ya sea pública o privada. Atendiendo a los datos históricos y comparándolos con los datos de la UE, está reforma habría ayudado a contener el aumento del paro durante las distintas recesiones que se han vivido desde que se aplicó.

Si ahora buscamos un sistema de cuentas nocionales que afecte al sistema de pensiones, tenemos el sistema sueco, que sigue siendo en última instancia, de reparto. Pero la diferencia, es que lo que cotiza cada trabajador se contabiliza en una cuenta individual, cuyo valor se actualiza según unas distintas variables.  De esta forma, cuando el trabajador llega al final de su vida laboral, su pensión será igual a esa cuenta dividida entre la esperanza de vida que se estime en ese momento. Por lo tanto, si el pensionista falleciese antes de ese periodo estimado, el dinero restante que no habría llegado a recibir volvería al sistema, para pagar pensiones mínimas a los pensionistas que sobrepasasen esa esperanza de vida. Este sistema no cambia que los trabajadores de hoy pagan las pensiones a los pensionistas actuales, pero si cambia la forma de calcularlas. Bajo el lema <<una corona de aportación, una corona de pensión>> es más justo y transparente que los otros sistemas públicos de pensiones a los que estamos acostumbrados, ya que cada trabajador acumula sus cotizaciones y cada pensionista cobra lo aportado durante su vida laboral. Lo que acaba haciendo de este sistema, un sistema de pensiones más sostenible en el largo plazo. Estas cotizaciones, corresponden al 18, 5% del salario bruto, ya que el 16% va directamente al sistema de pensiones, y el 2,5% restante se puede invertir en planes de pensiones privados

En conclusión, podríamos decir que estos distintos sistemas de cuentas nocionales podrían ayudar a incrementar la cada vez más en declive tasa de ahorro de nuestra sociedad, al ser capaz reducir el desempleo, liberalizando el mercando laboral si se aplica sobre este, o al permitir capitalizar hasta la jubilación, el ahorro existente, así como hacerlo de una forma más transparente y lo más importante, viable en el largo plazo, en caso de aplicarse sobre el sistema de pensiones.

Referencias:

La no-reforma de las pensiones

Esta semana unas declaraciones de Escrivá generaron un gran debate en los medios de comunicación en torno a la sostenibilidad del sistema de pensiones y su viabilidad futura. El Ministro declaró que la generación del baby boom “podrán elegir entre un ajuste pequeño en su pensión o podrán trabajar algo más”. Una cosa hay que reconocer a Escrivá, y es que en estas declaraciones fue mínimamente honesto sobre las consecuencias de la jubilación de los baby boomers para la sostenibilidad y capacidad del sistema público de pensiones. Eso sí, tan solo un día después de dichas declaraciones y tras posicionarse sindicatos y patronal en contra de la posición de Escrivá, este rectificó alegando haber tenido un mal día y disculpándose por no haber sabido transmitir certidumbre.

La realidad es que lo que no transmite certidumbre es la “reforma” del sistema de pensiones que el Gobierno acaba de pactar con los agentes sociales. Lo aprobado hasta el momento es únicamente la primera parte de una reforma más amplia que se ha prometido a Bruselas. El problema está en que esta primera parte es de fácil ejecución y bajísimo coste político (no así en términos de coste económico), mientras que las partes restantes quedarían para siguientes legislaturas, y, por lo tanto, se traspasaría la responsabilidad de dichas reformas futuras -más dolorosas, en términos de coste político- a otros partidos, probablemente.

La primera parte de la reforma aprobada por el Gobierno incluye la eliminación del Índice de Revalorización de las Pensiones, que, recordemos, limitaba la subida anual de la pensión al 0,25% en caso de déficit del sistema, y, asimismo, la derogación del Factor de Sostenibilidad, que adaptaba las pensiones a la esperanza de vida para así garantizar la sostenibilidad del sistema en el largo plazo. El Gobierno propone sustituir este último mecanismo por uno de equidad intergeneracional -cuyo funcionamiento aún se desconoce- a la par que se vuelven a ligar las pensiones al IPC sin tener en cuenta otros factores.

Por supuesto, esto no saldrá gratis. Un documento de Fedea estima que esta medida costará cerca de 2.400 millones de euros anuales. Para su financiación, Escrivá considera varias medidas que aumentarían los ingresos, como la subida de impuestos a aquellos ciudadanos con ingresos superiores a 49.000 euros, la ampliación de la base reguladora (esto no es seguro tras la polémica generada hace algunos meses en torno a ello) o la aproximación de la edad de jubilación efectiva a la edad legal. Esta última medida no está nada claro que ayudase a generar un mayor ahorro al sistema, ya que los coeficientes correctores aplicables sobre las pensiones de jubilación temprana son contundentes, y en muchos casos contribuyen a ahorrar más que un retraso de uno o dos años en la edad de jubilación efectiva. Cabe recordar que el Ejecutivo se ha comprometido con Bruselas a realizar un ajuste del sistema del 3% del PIB, lo que equivaldría más o menos a 30.000 millones de euros.

Otra de las medidas “estrella” del ministerio de Escrivá consiste en trasladar los denominados “gastos impropios” de la Seguridad Social a los Presupuestos Generales del Estado, rompiendo parcialmente el principio de separación de fuentes (en vez de reforzarlo, como algunos han tratado de vender) y tratando, en realidad, de que el Estado, a través de los PGE financie una mayor proporción de las pensiones contributivas. La reforma trasladaría cerca de 21.000 millones de euros al año al Estado desde la Seguridad Social, lo cual equivaldría al 2% del PIB. Para este año, tal y como se hallaba ya presupuestado, se transferirán 14.000 millones, cifra que aumentará anualmente.  Esto no supondría solución alguna, ya que pasaría el problema de la sostenibilidad del sistema de unas cuentas a otras y lo trasladaría al futuro, a través de la propia dinámica del aumento de una ya elevadísima deuda pública, que supondrá una gran carga para los trabajadores futuros.

Volviendo al documento de Fedea, en el mismo se afirma que con la reforma de las pensiones del año 2013, se alcanzaría en 2050 un gasto en pensiones del 12,5% del PIB (actualmente se destina cerca del 12%), mientras que con la actual supresión del Factor de Sostenibilidad y la indexación al IPC, el gasto se elevaría hasta el 17% del PIB en 2050. Lo realmente relevante es que el déficit del sistema, tras esta reforma, se elevaría hasta el 5-7% del PIB. Esto requeriría un recorte del gasto en pensiones de entre el 3% y 5% del PIB para que el sistema de pensiones no requiriera que el Estado cubriese estos déficits.

Si hay un factor sobre todos los demás que hace innegable la insostenibilidad del sistema en un futuro cercano es el factor demográfico. En un sistema de reparto, los trabajadores actuales cubren las pensiones actuales, mientras las suyas serán cubiertas por los trabajadores del futuro. Esto es muy relevante, ya que mientras en la actualidad hay 3,4 personas en edad de trabajar por cada persona mayor de 66 años (no significa que todas las personas en edad de trabajar estén empleadas), en 2050 habría 1,8 personas en edad de trabajar por pensionista, y tan solo 1 trabajador en activo por pensionista. En este sentido, el Banco de España ha calculado que, incluso asumiendo una tasa de ocupación del 80% (en España es del 60%), las cotizaciones futuras deberían aumentarse un 35% para poder financiar la tasa de sustitución actual en 2050, algo absolutamente inviable. Todo ello mientras la natalidad se mantiene anclada en 1,2 hijos por mujer, incluso en épocas de elevado crecimiento económico.

Las propuestas realizadas por diferentes instituciones para solucionar los actuales problemas del sistema público de pensiones español son muy variadas. En primer lugar, el Fondo Monetario Internacional propone un incremento de la inmigración cercano a los 5,5 millones de personas hasta 2050, a la par que un incremento de los ingresos del sistema, una reducción de la tasa de sustitución de la pensión, incrementar la tasa de ocupación, retrasar la edad de jubilación y aumentar las fuentes de ahorro complementario. Según el FMI, solo así se garantizaría la sostenibilidad del sistema público de pensiones en España bajo las perspectivas demográficas actuales.

Por otro lado, Fedea plantea la transición hacia un sistema mixto con cuentas nocionales, al estilo sueco. En un sistema de este estilo, los trabajadores aportarían una porción de la base salarial a un sistema individual de cuentas financieras (aparte de al sistema general). Dichas cuentas financieras serían gestionadas de manera privada, mientras la parte de “reparto” podría ligar la edad de jubilación y/o la cuantía de la pensión a la esperanza de vida.

Por lo tanto, vemos que la primera fase de reformas del sistema de pensiones no son más que parches mal puestos que no solucionarán el grave problema estructural de sostenibilidad del sistema, mientras contribuye a trasladar el problema y sus costes asociados al futuro cercano, cargando con ello a los trabajadores más jóvenes y a las futuras generaciones.

REFERENCIAS:

Hernández de Cos, P. (2021), “El sistema de pensiones en España: Una actualización tras el impacto de la pandemia”, Documentos Ocasionales, Banco de España.

Conde-Ruiz, J.I. (2021), “El futuro de las pensiones en España”, Mediterráneo Económico.

FMI (2019), “Retos más allá de la sostenibilidad financiera”.