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Etiqueta: anarcocapitalismo

Sobre el anarcocapitalismo (VI): ¿para qué sirve el anarcocapitalismo?

Una pregunta que muchas veces se hace es si sirven para algo nuestras teorías, más allá del conocimiento o del mero disfrute intelectual. No es una ideología pensada para ayudar al gobernante a tomar decisiones u orientar sus políticas (ya he señalado anteriormente que es muy difícil afrontar este programa desde el propio estado); por lo tanto, son conocimientos difícilmente aplicables en trabajos gubernamentales, aunque me consta que muchos trabajadores públicos comparten estas visiones.

Tampoco es un saber práctico, como la medicina, la ingeniería o muchas ramas del derecho que permitan obtener ingresos en el mercado. ¿Sería entonces solo una teoría, muy bien explicada, pero sin relación alguna con la realidad? Esto es, consistiría en una suerte de utopía, eso sí, argumentada desde la teoría económica austríaca y la filosofía política del anarquismo. Algo de esto, sin duda, hay, pero creo que tiene bastante más utilidad de lo que a simple vista parece.

A estas doctrinas se acostumbra a llegar desde una aplicación a todos los ámbitos de la vida social de los principios económicos liberales, en especial los de la escuela austríaca, aunque algunos, muchos menos, lleguen desde la teoría política. Esto implica una crítica al intervencionismo en todos los ámbitos, sin excluir ninguno, a diferencia de los liberales clásicos que reservaban al estado algunos espacios.

Conocer las ideas del anarcocapitalismo implica, por lo tanto, tener nociones básicas de economía austríaca, algo que sí es de mucha utilidad a personas de otros oficios e incluso a empresarios e inversores, además de a muchos economistas graduados, cansados de la falta de realismo de los modelos formales que dominan los currícula académicos en nuestra universidad. También implica, causado por los numerosos debates que tenemos con los defensores de otros idearios, sean estos lejanos o próximos a los nuestros, un conocimiento de la lógica de funcionamiento de los estados modernos.

Se trata de entender la política sin romanticismos, sin edulcorar, y también sus inconsistencias, de tal forma que también sirve de advertencia a quienes confíen en las promesas del gobierno. Por ejemplo, un inversor que quiera planificar una cartera aprendería mucho sobre cómo los estados llevan a cabo sus políticas impositivas, incumpliendo promesas o haciendo lo contrario de lo prometido. También pueden detectar ciclos económicos o procesos inflacionarios, sabiendo que estos son deliberadamente causados, aun en sus inicios, permitiéndoles tomar posiciones y defenderse de sus efectos.

Incluso podrá aprender su doble lenguaje y aprenderá a predecir sus consecuencias, pues en muchas ocasiones la realidad es todo lo contrario de lo que dicen. Véase, por buscar ejemplos cercanos, cuando niegan una crisis económica en ciernes, cuando minimizan las posibles consecuencias de una pandemia, diciendo que van a ser unos pocos casos, o explicando cuáles son las verdaderas causas de un apagón. Estudiar los principios de la razón de estado nos llevará a aprender que la salvación del estado es la ley suprema y que engañar al pueblo por el bien de la república no solo es legítimo, sino conveniente.

Esto no es algo nuevo, sino algo conocido desde hace siglos por todos aquellos que estudian la teoría del estado desde una perspectiva no normativa. Recomiendo un viejo libro, durante siglos oculto: Oráculo Manual, de Baltasar Gracián o su traducción moderna, Las 48 leyes del poder de Robert Greene. La concreción práctica es que cualquier delito u ofensa, penado si el que lo comete es un individuo privado, si es cometido por el estado se transforma casi inmediatamente en un acto virtuoso.

Otro debate podría ser el de si es útil para ayudar a los gobernantes en la toma de decisiones políticas. Primero hay que resaltar que la influencia de los economistas en la determinación de la política económica es relativamente menor de lo que se acostumbra a pensar, porque el proceso de toma de decisión política no sigue el orden comúnmente aceptado sino el inverso. Esto es, el orden lógico sería estudiar y analizar un problema económico, luego comparar y valorar las posibles soluciones alternativas al mismo y finalmente, tras el estudio y el análisis, aconsejar al político la que entienden como mejor. El buen político, según el pensamiento dominante, se dejará aconsejar y adoptará esa medida en aras del bien común.

Muchas veces la realidad no se ajusta a ese modelo. Lo más frecuente es que el actor político tome una decisión, muchas veces en tiempo real y sin análisis previo, y luego encargue a algún economista de su círculo de asesores que la justifique y argumente de cara a la opinión pública. Una vez establecido este principio no podemos negar el papel que juegan las ideas, incluso en la formación de intereses del propio político. Este es normalmente una persona que trae consigo alguna cosmovisión y lo normal es que la aplique; lo mismo acontece con los actores económicos relevantes en el país. Y estas ideas son habitualmente las dominantes en su propia época.

Lo que sí es probable es que el decisor político encuentre funcional alguna teoría que le pueda servir para justificar sus decisiones y se abra así un proceso de cambio en el mundo de las ideas. Fue lo que aconteció con el keynesianismo. Las propuestas de Keynes ya habían sido ensayadas por Hoover, antes de ser formuladas de forma elaborada por el economista inglés, y este encontró en ellas una legitimación científica a lo que él entendía como una necesidad de hacer algo ante la Gran Depresión de 1929.

Lo extraño es el caso del presidente argentino, Javier Milei, quizá por la relativamente escasa presencia de economistas o científicos sociales entre los puestos políticos de primer nivel, en el que un profesor de economía con ideas claras decide llevar a cabo un programa fuertemente influido por ideas anarcocapitalistas y elaborar políticas influidas por ese ideario. Es más frecuente que algún gobernante convencional encuentre en las ideas del liberalismo económico argumentos para poder movilizar al electorado y justificar un cambio con las políticas fracasadas del pasado, aunque después esos cambios se sustenten en bien poco. Ya hemos visto a numerosos políticos que se presentaron con plataformas liberales —en España tenemos experiencia en eso— y, una vez conseguido el triunfo, abandonarlas a la primera dificultad que se encontraron, y no solo eso, dejar a sus países con un nivel de impuestos y regulaciones mayor que el que habían recibido en herencia.

El liberalismo moderado puede ser más razonable y menos utópico que las propuestas libertarias, pero me gustaría saber cuáles han sido sus logros con tanta sensatez y buen tino. En España o Francia, con el supuestamente liberal Macron, no dejan de subirse los impuestos, incrementarse las regulaciones o alterar los mercados laborales, sin que encuentren contestación seria por parte de las fuerzas que dicen representar estas sensibilidades.

No solo eso, colaboran entusiastas con las regulaciones impuestas desde la Unión Europea, con todas sus agendas y sus proyectos centralizadores, en la línea de instaurar un estado europeo, cada vez más autoritario y antidemocrático, con todo lo que esto implicaría para la posibilidad de instaurar reformas verdaderamente liberales, que por definición solo pueden ensayarse a pequeña escala, y solo después ser imitadas si procediese. No sé quién es más utópico al final, pues los reformistas liberales no solo no han conseguido revertir el estatismo sino que parecen haberlo acentuado, y por cierto con medidas nuevas, como el decrecimiento, o las regulaciones energéticas o ambientales promovidas por la UE.

Los idearios anarcocapitalistas, en cambio, pueden paradójicamente servir para conseguir reformas liberalizadoras, de lograr que estas se difundiesen entre sectores significativos de la sociedad. Muchos historiadores económicos afirman que las reformas de corte socialdemócrata que se llevaron a cabo en muchos países occidentales durante el siglo XX respondían al temor de sus gobiernos a que triunfasen programas comunistas en sus países.

De la misma forma, la existencia de propuestas ancap podrían hacer que los gobiernos acepten reformas tibias, pero en una dirección liberalizadora ante el temor de que triunfen programas en esa línea. Además, si las propuestas son de máximos, como en el caso argentino de Milei, la negociación se haría sobre términos mucho más concretos, quedando el punto medio más escorado hacia propuestas libertarias que si se partiese desde el centro liberal.

Además, habría que recordar que algunos desarrollos tecnológicos actuales parten de las ideas ancap. Por ejemplo, buena parte del desarrollo de la criptografía en internet se debe a la oposición de muchos programadores a la interferencia del estado en el mundo digital. Steven Levy, en su libro ya clásico Cripto: cómo los informáticos libertarios vencieron al gobierno y salvaguardaron la intimidad en la era digital, relata cómo los libertarios de los 90 se opusieron a la pretensión de Al Gore de permitir al gobierno federal acceder sin trabas a las comunicaciones de internet.

Fruto de ello fue el desarrollo de técnicas criptográficas adecuadas para proteger la intimidad de las comunicaciones. En esta línea, la aparición del blockchain y la moneda basada en esta tecnología, el bitcoin, también puede ser explicada como una reacción frente al poder estatal, en este caso el que se deriva de su monopolio de la creación de moneda. Cansados de la continua manipulación del dinero por parte de los gobiernos, uno o varios programadores (aún no está claro quién es Satoshi Nakamoto) pensaron una plataforma digital que permitiese crear una moneda independiente de cualquier poder político, y de ahí surgieron el bitcoin y otras criptomonedas.

No nacieron como activo de especulación o como inversión, sino como herramienta para limitar y reducir el poder estatal. Y no tengo duda de que desde el anarcocapitalismo no dejarán de aparecer nuevas propuestas en esta línea, haciendo buena la idea de que para la práctica no hay nada mejor que una buena teoría.

Serie ‘Sobre el anarcocapitalismo’

Viviendo en Ancapia

Este pequeño ensayo, trata de aclarar de forma resumida como una sociedad anarcocapitalista ofrecería los servicios que actualmente monopoliza el Estado.

Primero, se va a tratar de hacer una revisión rápida sobre qué es el anarcocapitalismo. El anarcocapitalismo es un sistema de organización social que se basa en la propiedad privada y el principio de no agresión. Dicha utopía no trata de evitar los problemas como el robo o la violencia, que por desgracia son algo intrínseco al ser humano, sino que busca formas de lidiar con ello en ausencia del Estado.

Como su propio nombre indica, anarcocapitalismo, es la ausencia de un Estado como ente regulador de la vida en sociedad. Al basarse en la propiedad privada, cada individuo es libre de hacer lo que quiera con su vida y con su cuerpo, siempre que dichas acciones que el individuo quiera realizar no atenten contra la propiedad privada de otros individuos.

Parece apropiado en este momento, decir que dentro de la propiedad privada se encuentra la propiedad del cuerpo de cada uno. Por lo que agredir a una persona físicamente significa agredir su propiedad, o, forzarla mediante la fuerza y la coacción a hacer algo que no desea también atenta contra su propiedad privada. Sin embargo, surge la pregunta de ¿Quién prestaría los servicios que actualmente presta el Estado?

El Estado no puede controlar la vida de las personas

Primero se realizará un inciso para explicar por qué el Estado no puede controlar la vida de las personas que viven en un territorio.

El principal argumento contra esto, lo da el premio Nobel de economía F.A. Hayek, con lo que se conoce como el problema de la información. Hayek, sostenía que ningún individuo o grupo de individuos posee toda la información económica necesaria para planificar centralmente un sistema económico (o potencialmente cualquier sistema social). Asumir esta pretensión de conocimientos, cometer la fatal arrogancia del constructivismo racionalista. Para funcionar de forma eficiente, los sistemas requieren de descentralización, en términos económicos, esto significa que los individuos tomen decisiones por si mimos y por su propio interés, intercambiando entre si productos y servicios para obtener un beneficio mutuo, en palabras de Adam Smith:

No es de la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero de quien esperamos nuestra cena, sino porque atienden a su propio interés. Nos dirigimos, no a su humanidad, sino al amor de sí mismos, y nunca les hablamos de nuestra necesidad, sino de sus ganancias.

Y dicho intercambio da lugar a los precios de mercado, que son una de las cosas que permiten el cálculo económico.

¿Servicios propios o exclusivos del Estado?

Bien, dichos servicios serían prestados por empresas privadas o particulares. Y se contratarían mediante la firma de contratos, contratos que se tendrían que firmar de manera voluntaria en ausencia de fuerza y coacción. Pues como se ha indicado previamente, el uso de la fuerza y la coacción van en contra de la propiedad privada y el principio de no agresión.

Ahora, se procederá a mostrar algunos ejemplos de cómo el libre mercado, mediante empresarios que utilizan su función empresarial creativa, podrían sustituir al Estado en la prestación de los servicios públicos.

Los servicios por los que se piensa que el Estado es imprescindible, y que no puede ser sustituido por el mercado son los siguientes: Seguridad, defensa del país, sanidad, justicia e infraestructuras.

Seguridad…

Vamos con el servicio de seguridad, con seguridad, se hace referencia a la policía. Actualmente, este servicio lo proporciona el Estado, y lo proporciona mediante las rentas que obtiene de los impuestos. Sin embargo, la seguridad que proporciona el Estado es arbitraria y deficiente. Para demostrar esto, véase el ejemplo que da Rothbard [Extraído de los capítulos 11 y 12 de For A New Liberty]:

Parte de la respuesta se hace evidente si consideramos un mundo en el que la propiedad de la tierra y de las calles es totalmente privada. Pensemos en la zona de Times Square, en Nueva York, una zona con mucha delincuencia en la que la protección policial de las autoridades municipales es escasa. Todo neoyorquino sabe que vive y camina por las calles, y no solo por Times Square, casi en un estado de «anarquía», dependiendo de la normalidad pacífica y la buena voluntad de sus conciudadanos. La protección policial en Nueva York es mínima, un hecho dramáticamente revelado en una reciente huelga policial de una semana cuando, ¡he aquí!, la delincuencia no aumentó en absoluto con respecto a su estado normal cuando la policía está supuestamente alerta y trabajando.

… privada

Ahora veamos que solución privada nos plantea Rothbard [Extraído de los capítulos 11 y 12 de For A New Liberty]:

Los comerciantes sabrían muy bien, por supuesto, que, si la delincuencia fuera galopante en su zona, si abundaran los atracos y los asaltos, entonces sus clientes se desvanecerían y frecuentarían zonas y barrios de la competencia. Por lo tanto, a la asociación de comerciantes le interesaría económicamente ofrecer una protección policial eficaz y abundante, para que los clientes se sientan atraídos por su barrio, en lugar de ser repelidos. Los negocios privados, después de todo, siempre intentan atraer y mantener a sus clientes.

Como vemos, el propio interés de los comerciantes o de las personas que viven en una zona es que dicha zona sea segura, para así poder desarrollar su vida con normalidad. Obviamente, surge la pregunta de quién proporcionaría este servicio. La respuesta a la pregunta es simple, una empresa de seguridad privada contratada por la asociación de vendedores, en el ejemplo de Rothbard, o los habitantes de una zona en concreto.

Con esto podemos concluir el apartado dedicado al servicio de seguridad.

Defensa nacional

El siguiente servicio que monopoliza el Estado y suele pensarse que no se podría suministrar de forma privada es la defensa del país. Actualmente la defensa del país está en manos del Estado. Estos servicios los proporciona, al igual que todos, gracias a las rentas que extrae a los ciudadanos mediante los impuestos. El tema de la defensa nacional es algo que se nos plantea desde el Estado como algo fundamental. Pero como todos los servicios que proporciona el Estado puede ser sustituido y suministrado por el mercado. Además, como dice el profesor Bastos, la defensa es un bien subjetivo. Es decir, para algunos puede haber mucha provisión de defensa y para otras personas hay muy poca. Por lo que en cuanto a la cantidad no es un bien público.

Por otra parte, no es un bien público en el sentido de que no todos los ciudadanos están igual de defendidos. Esto se debe a que la defensa es un bien geográfico. Por ejemplo, una persona que viva en primera línea del frente está peor defendida que una que viva más alejada del frente. Cuando se habla de frente, se habla de las zonas fronterizas del país.

De qué vale que el Estado provea defensa si hay sujetos que no están satisfechos con la cantidad de defensa que reciben. El mercado podría suministrar este servicio mediante mercenarios, que si hay conflicto bélico con un país que no es anarcocapitalista podría servir para la defensa del territorio anarcocapitalista.

Invadir un territorio anarquista

Sin embargo, conquistar militarmente un territorio anarquista es imposible, véase el ejemplo de Polonia en el siglo XVII (Tibor Machan, “anarchism minarchism”), cuando se encontraba en anarquía. Los suecos invadieron Polonia, cuando había aquella especie de anarquía, y no tuvieron nada que conquistar, simplemente vagaban por el país, nadie se les enfrentaba.

Un ejército entero no puede ocupar un país, lo que puede hacer es derrotar una cabeza. Por ejemplo, los nazis conquistaron Francia, conquistaron la cabeza y ellos se pusieron a la cabeza y ya dominan el país. Porque los Estados tienen una estructura muy jerárquica, por lo que basta con poner la cabeza, conservar a los funcionarios. Porque los funcionarios rápidamente cambian de bando. Solo depuran la cabeza y, policía, jueces, etc. Se mantienen los mismos.

Pero qué pasó en Polonia, que no pudieron conquistarla, daban vueltas por el país porque no había nada que conquistar. Y los civiles armados en guerrillas los iba hostigando.

Cuando se trata de conquistar un territorio anarquista por parte de un Estado, éste tiene que ir uno por uno, por lo que la conquista es larga y muy agonizante, en cambio cuando un Estado conquista a otro solo tiene que quitarle la cabeza y sustituirla por una nueva, la del invasor.

Como se ha mostrado, la defensa nacional de un territorio anarquista puede ser hecha por entidades privadas, ya sea mediante el contrato de mercenarios o por medio de la organización de guerrillas. Además, se ha dejado claro, que no se puede conquistar un territorio anarquista de otra manera que no sea yendo uno por uno, pues no hay nada que conquistar, no hay ningún poder que se robar u obtener.

Sanidad

El servicio de sanidad, generalmente se encuentra monopolizado por el Estado hoy en día. Y en los casos en los que no lo está, está muy regulado y controlado por el Estado. Al igual que todos los demás servicios esté es financiado mediante impuestos. Como todos los servicios públicos, se prestan de forma desigual y arbitraria, normalmente coincidiendo con los intereses de políticos o de lobbies que ejercen presión sobre los políticos para obtener ciertos privilegios, esto es lo que se conoce como captura de rentas.

Estos servicios podrían ser prestado por entidades privadas perfectamente, es más, sería prestado de una forma más eficiente y se adaptaría a las demandas subjetivas de los individuos. En un mundo sin Estado, este servicio se obtendría mediante la contratación de seguros de salud privados, en los cuales, el individuo contratante elegiría la póliza que más se adapte a sus necesidades y valoraciones subjetiva.

¿Y quienes no pueden pagarlo?

Pero ahora es cuando surge la pregunta; ¿Y qué pasa con las personas que no pueden permitírselo?

Pues en el caso de estas personas, podrían recurrir a sociedades de ayuda mutua. Dichas sociedades obtienen financiación de sus miembros y de donantes privados. Su función es la de ayudar económicamente a todos sus miembros en caso de necesidad. Un ejemplo sería el de dar subsidios por desempleo durante un tiempo limitado hasta que el beneficiario del subsidio encontrase trabajo, otro ejemplo podría ser el de pagar una cirugía necesaria a uno de sus miembros.

Se ha dicho que esto sería más eficiente que el servicio prestado por el Estado. Esto se debe a que al ser empresas privadas buscan su propio beneficio y para obtener dicho beneficio lo que tienen que hacer es ofrecer a los clientes un buen servicio. Además, debido a la competencia que se da en el libre mercado, los precios de los seguros y de los servicios sanitarios tenderían a bajar.

Justicia

La provisión del servicio de justica es otro de los tantos monopolios que capará el Estado. Y lo hace con la excusa de que es una justicia equitativa, pero la verdad es que hay personas que obtienen tratos de favor en los juicios, por ejemplo, los políticos y grandes empresarios. En muchos países, los políticos no son juzgados por tribunales civiles, sino que son juzgados por tribunales especiales. Lo cual ya rompe la equidad que se hablaba anteriormente. La justicia en un territorio sin Estado se aplicaría de forma privada, como ya se hizo en el mal denominado salvaje oeste. Allí se establecieron policía y jueces privados. (Para más información sobre el Oeste, véase el libro “El no tan salvaje oeste” de Anderson & Hill”).

La policía privada defiende unas leyes, detienen al delincuente y le aplican el castigo o sanción pertinente. Normalmente los castigos que se ponían era la expulsión del criminal del sitio y no permitirle la entrada en ese lugar. Actualmente, nuestra sociedad se basa en dos tipos de pena, la prisión o la multa. Pero el abanico de penas de estas sociedades es mucho más amplio.

El control por parte de la sociedad

Por ejemplo, la idea de la vergüenza, todos los escritos que hay sobre el orden en sociedades tipo favela, donde las leyes del Estado no rigen, aunque se esté dentro de un Estado. Para los delincuentes emplean la vergüenza. Por ejemplo, se empluma al delincuente y se le pasea en burro por la calle, con el objetivo de que éste sea avergonzado.

La figura del juez privado existió en muchas sociedades, en el islam, por ejemplo, tenían la figura del cadí. El cadí no es un juez que tenga el monopolio territorial como ocurre hoy en día. En estas sociedades había hombres santos, basados en leyes, que, en el caso de un conflicto entre dos partes, las partes escogían al cadí. Es decir, las dos partes escogerían de común acuerdo al juez que tenga mejor reputación. Por lo que hay un incentivo al juez a ser santo o a no ser corrupto.

Obviamente el juez puede ser corrupto, pero si el juez es corrupto, pierde fama, pierde el negocio ya que no lo quieren contratar después. Básicamente, en una sociedad sin Estado el papel de un juez sería el de arbitro, y dictaría la sentencia de acuerdo con la ley. Y la sentencia es acatada por la comunidad bajo pena de exclusión del que no cumpla con esa norma.

Infraestructuras

El primer punto que hay que platear es que la planificación central del transporte, al igual que todo tipo de planificación central, se encuentra con el problema de la información descrito al principio.

Las personas directamente responsables y afectadas por los proyectos deberían ser quienes los planificarán, no una entidad burocrática vertical y distante. Los costes de adquirir toda la información local necesaria para calcular una empresa tan complicada son insuperables. Tampoco debería permitirse que quienes invierten en el desarrollo de infraestructuras obliguen a todos los habitantes de una zona geográfica arbitraria (como Estados Unidos) a subvencionar su construcción y mantenimiento. ¿Por qué tienes que pagar por una carretera que nunca verás en San Agustín, Florida? ¿Un puerto en Galveston, Texas? Las personas que desean tal desarrollo deberían asumir el coste total de sus acciones y permitir a los consumidores apoyar o no sus planes en el punto de consumo (es decir, votar con el propio dinero).

Un ejemplo de construcción y financiación de las infraestructuras como las carreteras con inversión privada son las corporaciones de peajes que hubo en Estados Unidos. Los inversores siempre estaban dispuestos a invertir en ellas, aunque no recibiesen beneficios directos, pues recibían gran cantidad de beneficios indirectos como el aumento del valor de su propiedad.

John Majewski

Véase el siguiente ejemplo del historiador John Majewski:

Los accionistas esperaban obtener recompensas por su inversión no tanto a través de los rendimientos directos (como los dividendos y la revalorización de las acciones), sino de los beneficios indirectos (el aumento del comercio y el mayor valor de la tierra)”. Lo que es crucial señalar aquí es que la teoría moderna de los bienes públicos sugiere que sólo el Estado, en su obligación de proporcionar el “bien público” (la piedra angular de la teoría de la primera república de la que se deriva la teoría económica moderna), tiene algún motivo para construir cualquier cosa que proporcione sólo “beneficios indirectos” a una comunidad. El grueso de los economistas ignora abrumadoramente los hechos de la historia, que sugieren lo contrario.

La teoría misesiana de la razón

Sin embargo, el interés propio no era el único motivador detrás de la inversión privada en corporaciones de peajes no rentables. La gente también estaba incentivada por un interés en su comunidad. Es lo que Alexis de Tocqueville denominó “interés propio correctamente entendido”. La racionalidad económica perfecta puede exigir a los inversores que eviten suscribir corporaciones no rentables (como hicieron cada vez más los gobiernos estatales y locales, independientemente del “bien público” que proporcionaban las carreteras). Pero la visión de Mises de la racionalidad explica lo que la racionalidad neoclásica no puede. Para Mises, la “racionalidad” se refería al uso de la razón —o “raciocinio”— para decidir los medios más adecuados para un fin deseado, y el “fin deseado” no tiene por qué ser el beneficio económico.

Si el propósito de la teoría es explicar los fenómenos observables, la teoría misesiana de la racionalidad parece muy superior a la que se enseña en los cursos estándar de economía. A la pregunta de “¿Por qué la gente invirtió en empresas de peajes no rentables?” podemos deducir la respuesta que daría Mises: valoraban más los beneficios personales y comunales que proporcionaban las carreteras que los dividendos de una empresa rentable.

Conclusión

En resumen, el anarcocapitalismo propone una sociedad sin un Estado centralizado, donde la propiedad privada y el principio de no agresión son fundamentales. En esta sociedad, los servicios actualmente provistos por el Estado, como seguridad, defensa nacional, sanidad, justicia e infraestructuras, serían proporcionados por entidades privadas de manera voluntaria y competitiva en el libre mercado.

La seguridad se gestionaría mediante empresas privadas contratadas por asociaciones de individuos o comunidades. La defensa nacional podría realizarse a través de mercenarios o la organización de guerrillas, siendo más difícil conquistar un territorio anarquista. La sanidad se basaría en seguros de salud privados y sociedades de ayuda mutua para aquellos que no puedan pagarlos. La justicia sería administrada por jueces privados y las infraestructuras serían planificadas y financiadas por quienes se benefician de ellas, evitando la imposición de costos a quienes no las utilizan. En una sociedad anarcocapitalista, se buscaría la eficiencia y la adaptación a las necesidades individuales a través de la libre competencia y la cooperación voluntaria, sin la intervención coercitiva del Estado.

Ver también

Anarcocapitalismo y anarcocomunismo, las diferencias fundamentales. (Juan Navarrete).

Anarcocapitalismo, minarquismo y evolucionismo. (Francisco Capella).

Más problemas del anarcocapitalismo. (Francisco Capella).

El anarcocapitalismo de Miguel Anxo Bastos. (José Augusto Domínguez).

El anarcocapitalismo pragmático: por qué Rallo y Capella tampoco tienen razón. (Eladio García).

Algunas cuestiones disputadas del anarcocapitalismo (XC): Milei y la prefiguración

El debate de la prefiguración es un debate recurrente en el interior del mundo anarquista. Simplemente, se refiere a cómo debería primero diseñarse y luego establecerse una hipotética sociedad sin estado. Esto es, en el primer caso, si se puede o no saber de antemano como debería ser una sociedad anarquista y después si se puede establecer algún tipo de plan o estrategia para llegar a ella desde la situación actual. El segundo caso se refiere no sólo a si es lícito o no usar medios estatales para construir una sociedad anarquista sino también a determinar si es posible hacerlo. Esto es, si las personas que componen los estados no sólo van a tolerar que se le eliminen los privilegios de los que hasta ahora disfrutan, sino que van a colaborar activamente en su desaparición.

Los debates sobre la prefiguración, si bien presentes en el anarquismo desde sus comienzos, se han reabierto con la victoria electoral de Javier Milei en la Argentina, conseguida en buena parte con el uso de la etiqueta anarcocapitalista en su programa. Se plantea en nuestros círculos si Milei podrá conseguir acercarse un poco más al ideal  de una sociedad ancap usando medios políticos para su consecución.

Prefiguración: ¿A la anarquía por el Estado?

El primer debate que hay que plantear sería entonces el de si se puede o no usar de la coerción para imponer un nuevo modelo de sociedad, en este caso sin estado. En principio no debería existir problema alguno en que un estado reduzca poco a poco sus funciones hasta extinguirse, preferentemente a través de medios democráticos.

Tampoco sería incoherente con un programa libertario que redujese o eliminase privilegios de a determinados grupos, aunque los obtuvieran por medios legales. A pesar de que esos medios distorsionarían el funcionamiento de los mercados o impondrían normas de conducta que violan la propiedad o la libertad de la ciudadanía. Es este un debate muy interesante, pues muchas veces en nombre de la llamada seguridad jurídica se quieren mantener monopolios o concesiones que, si bien en el momento de establecerse siguieron los cauces legales habituales en un estado intervencionista, no por ello son menos dañinos.

En el marco legal actual deberían dar derecho a indemnización. Pero en el marco de una sociedad libertaria no es algo que esté tan claro. Cabe discutir si las inversiones o mejoras llevadas a cabo en ese marco se pueden compensar. Es un viejo debate libertario sobre el que no me quiero posicionar en este breve texto, aunque entiendo que si un gobernante libertario quisiese acabar con el estado usando medios políticos tendría por fuerza que que quebrar acuerdos y principios llevados a cabo “legalmente” y, por tanto, este estado tendría que suspender los principios legales sobre los que se funda su propia legitimidad.

La Administración Pública de la privatización

Si no lo hace habría que continuar durante mucho tiempo con el viejo esquema y si lo hace pondría en duda la base legal sobre la que lleva a cabo su política. Y aquí radica uno de los principales problemas de una estrategia libertaria fundada en procedimientos democráticos.

Siguiendo con la cuestión de la prefiguración, un gobernante que elabore leyes o decretos con el fin de acabar con el estado necesita primero el apoyo de buena parte de la clase política para aprobarlos o sancionarlos. Pero precisa también de un aparato estatal (burocracias, policías, ejércitos…) que los haga cumplir. Esto es, puede privatizar empresas o organismos públicos, pero precisa de un aparato de hacienda, contables y administradores encargados de tasar esas propiedades y redactar los contratos con este fin.

Expertos en presupuestos deberán recaudar ese dinero para decidir en que forma devolvérselo a la ciudadanía o amortizar deuda pública. Las policías deberán mantener el orden en ese intervalo de tiempo para evitar que los críticos con las reformas se opongan a ellas de forma violenta, al tiempo que jueces y magistrados velen por la integridad y legalidad de esos contratos, frente a posibles impugnaciones. Es decir, para decretar medidas para desmantelar el estado seguirá haciendo falta un aparato político, como el congreso de la nación, judicial y administrativo.

Prefiguración: la cuestión de la rebelión del poder constituído

La cuestión es que estos actores, al ver como el gobierno rompe con sus compromisos muy probablemente teman que a ellos le acontezca lo mismo y sus propios contratos se verán rescindidos. Está por ver entonces si se sienten a su vez obligados a acatarlos y simplemente no los obedecen. Esto es, el gobernante libertario que quisiese hacer uso del aparato del estado para la prefiguración de una sociedad libre, se encontraría de repente sin los colaboradores necesarios para ejecutar sus medidas. De querer seguir contando con su colaboración tendría que seguir manteniéndolos en sus puestos, pero esto implicaría que la estructura básica del estado seguiría estando operativa.

De hecho, los ejemplos que conocemos de extinción de estados (algunos narrados en Final de partida, el último libro de Peter Turchin) acostumbran a ser resultado de guerras civiles, a intervenciones militares extranjeras o a ambas. El estado se desbanda por temor a algún enemigo. Queda un intervalo de tiempo en el que no existe estado alguno hasta que lo sustituye un nuevo poder. El caso de Cuba con Batista, que se rinde sin lucha y Fidel Castro ocupa una capital ya desprovista de su clase dirigente, o el análogo de Vietnam podrían ser buenos ejemplos.

No conozco ningún caso en que se haya debido a la voluntad explícita de sus gobernantes, por lo menos en los últimos decenios. Si bien no es lógicamente imposible que sea electo un candidato antiestatista, si que es mucho más difícil que este consiga que el resto del aparato estatal se preste sin resistencia a sus designios y decida disolverse.

El problema de la prefiguración

Lo que si puede hacer un candidato de este tipo son reformas significativas en algunos ámbitos de la vida económica y social, mejoras que mejoren sustancialmente el nivel de vida o la seguridad de la población, pero sin reducir sustancilamente el alcance del poder estatal. En el mejor de los casos podrá llevar a cabo una redistribución interna de las relaciones de poder dentro del estado, por ejemplo  liberalizando la economía pero reforzando el aparato policial o militar.  Esto si es factible e intuyo que será la estrategia del nuevo presidente argentino. El poder global del estado no disminuirá pero si se reducirá la intervención en algunos ámbitos, lo que ya sería para estar contentos.

Pero otro factor por el que es muy difícil que se pueda llegar a una sociedad sin estado desde el control del mismo es como apuntábamos más arriba el de la prefiguración. Para llegar a una sociedad anárquica es necesario primero definir con cierta precisión en que consistiría y segundo desarrollar algún tipo de plan para llegar desde la actual situación a esa sociedad ideal. Ambos supuestos son imposibles, al menos si partimos de lo que nos enseña tanto la teoría austrolibertaria del estado como la teoría austríaca de la planificación económica. No se puede saber a priori como se va a concretar una sociedad anárquica. Lo más probable es que se den muchas variedades de la misma, y desde luego no consistirá en una suerte de España, o Francia o Argentina sin estado.

Una nueva configuración del mercado

La escala de asociación humana será mucho más reducida, y aunque sigan perteneciendo a un espacio cultural o linguistico de tipo nacional, la escala de prestación de servicios de todo tipo se verá muy alterada. Es decir, no habría servicios como la defensa, la seguridad, el transporte o la sanidad diseñados a escala estatal sino que seguirían lógicas de tipo local o marcadas por la dimensiones de las empresas o entidades de tipo social que se encarguen de estas actividades. Algunas actividades podrán proveerse a escala mayor que las de un estado. Es el caso de las telecomunicaciones, y otros a escala inferior como ocurriría muy probablemente con la atención a los más desfavorecidos.

Se pueden tomar ejemplos del pasado o de otras localizaciones geográficas como inspiración para la prefiguración de una sociedad anarquista, pero no es posible desde circunscripciones como las estatales diseñar el futuro de entidades sociales de escala y lógica de funcionamiento distintas de si mismas. Se daría una suerte de proceso de descubrimiento empresarial, por usar un concepto austríaco, para implantar soluciones a los problemas que hoy atienden los entes estatales. Los estados tienen lógica política no económica por lo que es de prever que muchas cosas cambiarían desde la situación actual y de  estos rasgos del futuros no se pueden hacer predicciones a día de hoy.

El ejemplo socialista

Pero aunque por un casual se pudiese prefigurar la sociedad del mañana, se abriría el problema de qué medidas habría que tomar para alcanzarla. Esto implicaría algún tipo de plan sistemático de políticas por parte del gobierno, suponiendo, claro está, que fuese capaz de determinarlas y medir sus consecuencias.

Sabemos desde hace años de la imposibilidad de planificar a gran escala por el fracaso en la construcción de una sociedad socialista que pudiese, no ya superar, sino igualar el desempeño de una sociedad capitalista desprovista de planes y mandatos. El problema de la imposibilidad del cálculo o el problema de los incentivos en una sociedad de este tipo se reveló

Insuperable para todos los planificadores socialistas, muchos de ellos muy competentes técnicamente y a veces dotados de computadores muy poderosos (el libro de Francis Spufford, Abundancia Roja lo ilustra muy bien). Pues lo mismo acontecería en el caso de querer planificar una sociedad capitalista desde un órgano centralizado de coerción.

¿Planificar la anarquía?

No existió en el pasado ningún planificador que hubiese predicho cual iba a ser la forma actual de las sociedades capitalistas. Nadie previó las instituciones o los avances técnicos que configuran nuestro presente aquí, o en los países más avanzados dentro de este sistema, porque no son fruto del diseño de un legislador sino de millones de decisiones de miríadas de personas que a lo largo del tiempo ha contribuido a desarrollarlas.

De la misma forma, una sociedad anarcocapitalista no podrá resultar sino de las decisiones que tomen las sociedades desde abajo con este fin, siempre y cuando puedan contar con al menos un pequeño espacio para poder desarrollarlas. La creación de algún espacio autónomo, término muy querido por los anarquistas, en el que se puedan experimentar estos principios y luego si funcionan ser imitados en otras partes, exactamente igual que aconteció con el desarrollo del capitalismo, es quizá a día de hoy la mejor forma conocida de implantar en el futuro una sociedad de este tipo. Desde el estado se podrán, de hacer buenas políticas, hacer algunas cosas que mejoren la libertad, pero es muy improbable que una sociedad libertaria sea una de ellas.

Ver también

Algunos problemas con el anarcocapitalismo de Hans Hermann Hoppe. (Francisco Capella).

Más problemas del anarcocapitalismo. (Francisco Capella).

El Camino hacia el Anarcocapitalismo: Posibilidades, Realidades y Ejemplos Históricos

Introducción

El anarcocapitalismo, una filosofía política que propugna la abolición del estado en favor de mercados libres y propiedades privadas, ha sido un tema de debate y análisis en diversos círculos. Este post explora la viabilidad del anarcocapitalismo, analiza en qué regiones podría funcionar pacíficamente sin un estado y revisa ejemplos históricos de enclaves que se han acercado a este modelo.

Viabilidad del Anarcocapitalismo

Para entender dónde y cómo podría implementarse el anarcocapitalismo, primero debemos examinar sus principios fundamentales. En un sistema anarcocapitalista, las funciones típicas del gobierno, como la defensa, la justicia y la seguridad, serían proporcionadas por empresas privadas o acuerdos voluntarios entre individuos. La clave está en la creencia de que el mercado libre, guiado por la oferta y la demanda, regularía estas funciones de manera más eficiente y justa que un gobierno central.

Regiones Propicias para el Anarcocapitalismo

El anarcocapitalismo podría ser más factible en regiones con una fuerte cultura de autonomía personal, escepticismo hacia la autoridad central y un mercado ya activo y competitivo. Estas regiones podrían incluir áreas rurales con baja densidad de población o comunidades con un fuerte sentido de identidad y autosuficiencia. Además, las regiones con una historia de descentralización política y económica podrían ser más receptivas a este modelo.

Análisis Histórico de Enclaves Anarcocapitalistas

Aunque no existen ejemplos puros de sociedades anarcocapitalistas en la historia, hay casos que se han acercado a algunos de sus principios. Estos incluyen:

  1. La Islandia Medieval (930-1262): Durante este período, Islandia funcionó con un sistema de asambleas locales (thing) y un parlamento nacional (Althing), sin un rey o un estado central. La ley y el orden se mantenían a través de sistemas legales privados y el arbitraje.
  2. La Frontera Americana en el Siglo XIX: En sus primeras etapas, la frontera americana operó con un mínimo de intervención gubernamental. Las comunidades establecían sus propias normas y resolvían disputas a través de sistemas de justicia ad hoc.
  3. Zomia en el Sudeste Asiático: Zomia, una región que abarca varios países del Sudeste Asiático, ha sido históricamente un área de evasión estatal, donde sus habitantes han vivido durante siglos con sistemas de gobernanza no estatales y autónomos.

Desafíos y Consideraciones Prácticas

El principal desafío para el anarcocapitalismo es la transición de un sistema estatal a uno sin estado. Esto requeriría cambios significativos en la mentalidad social, estructuras económicas y sistemas legales. Además, existe el desafío de mantener la paz y el orden sin una autoridad central, especialmente en situaciones de conflicto o crisis.

El Rol de la Tecnología y la Innovación

La tecnología moderna, como blockchain y contratos inteligentes, podría facilitar la transición hacia un anarcocapitalismo funcional. Estas tecnologías ofrecen nuevas formas de organización y ejecución de acuerdos sin la necesidad de un ente centralizado, lo que podría ser fundamental en un sistema anarcocapitalista.

Conclusión

El camino hacia el anarcocapitalismo está lleno de complejidades teóricas y prácticas. Si bien existen ejemplos históricos que se acercan a algunos de sus principios, la implementación plena en la sociedad moderna presenta desafíos únicos. Las regiones con una fuerte cultura de independencia y autosuficiencia podrían ser más propicias para este modelo, y la tecnología moderna podría desempeñar un papel clave en su posible realización. Sin embargo, queda mucho por explorar y debatir sobre la viabilidad y las implicaciones de un mundo sin estado.

Don Miguel Anxo Bastos: Un Pilar del Anarcocapitalismo Contemporáneo

Introducción

En el ámbito del anarcocapitalismo, una filosofía política que aboga por la eliminación total del estado en favor de un mercado completamente libre, Don Miguel Anxo Bastos se destaca como una figura central. Este post se dedica a explorar su considerable contribución a esta corriente de pensamiento, destacando su influencia y aportaciones clave.

Inicios y Trayectoria Académica

Miguel Anxo Bastos es un académico español cuya carrera ha estado profundamente arraigada en el estudio de la política y la economía. Con un enfoque particular en la teoría anarcocapitalista, ha enseñado en varias instituciones prestigiosas, inspirando a innumerables estudiantes con sus ideas innovadoras y su enfoque crítico del papel del estado en la sociedad.

El Anarcocapitalismo: Una Visión de Libertad

Bastos ha contribuido significativamente a la promoción del anarcocapitalismo. Sus trabajos y conferencias han sido fundamentales para explicar cómo una sociedad sin estado podría funcionar, basándose en principios de libre mercado y propiedades privadas. Argumenta que en un entorno sin intervención estatal, las interacciones voluntarias y los contratos entre individuos serían la base de la organización social y económica.

Críticas al Estado y Defensa de la Libertad Individual

Una parte esencial del trabajo de Bastos es su crítica al estado y su defensa de la libertad individual. Argumenta que el estado, en todas sus formas, es inherentemente coercitivo y limita la libertad personal. Su visión es que la eliminación del estado conduciría a una mayor libertad, innovación y prosperidad, permitiendo a los individuos vivir en una sociedad regida por el libre acuerdo y la cooperación voluntaria.

La Teoría del Orden Espontáneo

Bastos es un firme defensor de la teoría del orden espontáneo, que sostiene que el orden en la sociedad puede surgir naturalmente sin la necesidad de una autoridad central. En sus escritos y conferencias, ha explicado cómo los sistemas de libre mercado pueden autorregularse y proporcionar soluciones más eficientes y justas que las impuestas por un gobierno central.

Impacto y Legado en el Pensamiento Anarcocapitalista

El impacto de Bastos en el pensamiento anarcocapitalista es considerable. Ha sido una voz influyente en el debate sobre el papel del estado, la economía y la sociedad. Su capacidad para combinar la teoría económica con la filosofía política ha hecho que sus ideas sean accesibles a un público amplio, extendiendo el alcance del anarcocapitalismo más allá de los círculos académicos.

El Futuro del Anarcocapitalismo

Mirando hacia el futuro, Bastos continúa siendo una figura clave en la evolución del anarcocapitalismo. Su trabajo no solo se centra en la crítica al estado, sino también en la exploración de alternativas viables y prácticas para sistemas sociales y económicos basados en principios anarcocapitalistas. Su enfoque en el análisis práctico y teórico sigue siendo esencial para el desarrollo de esta corriente de pensamiento.

Conclusión

Don Miguel Anxo Bastos ha jugado un papel crucial en la promoción y el desarrollo del anarcocapitalismo. Su enfoque en la crítica al estado y la defensa de la libertad individual, junto con su apoyo a la teoría del orden espontáneo y su impacto en la educación y el debate público, lo establecen como una figura imprescindible en este campo. Su legado y su trabajo continúan inspirando a aquellos que buscan entender y promover una sociedad basada en la libertad y la cooperación voluntaria.

Don Jesús Huerta de Soto: Un Faro de Libertad en el Pensamiento Económico

Introducción

En el mundo de la economía y el pensamiento liberal, pocas figuras brillan con tanta intensidad como Don Jesús Huerta de Soto. Este post se dedica a explorar su vasta contribución a las ideas de la libertad, destacando su pensamiento innovador y su influencia en la teoría económica y política.

Una Vida Dedicada a la Libertad Económica

Don Jesús Huerta de Soto es más que un economista; es un filósofo de la libertad. Su trayectoria académica y profesional está impregnada de un compromiso inquebrantable con las ideas del liberalismo clásico. Graduado de la Universidad Complutense de Madrid y Doctor por la Universidad Rey Juan Carlos, Huerta de Soto ha combinado la teoría con la práctica, llevando sus ideas más allá de las aulas universitarias.

El Austriacismo y la Escuela Austriaca de Economía

Una de las principales contribuciones de Huerta de Soto ha sido su firme defensa y expansión de la Escuela Austriaca de Economía. Abogando por una economía de mercado libre y una mínima intervención gubernamental, ha enriquecido el debate económico con obras fundamentales como “Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial”. Su enfoque en la importancia del empresario y la función empresarial en el mercado es un pilar en su pensamiento.

Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos

En su obra “Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos”, Huerta de Soto ofrece un análisis profundo de cómo las políticas monetarias y bancarias influyen en los ciclos económicos. Critica la expansión del crédito bancario no respaldado por ahorro real y cómo esto conduce a ciclos de auge y caída. Su análisis no solo es teórico; también ofrece soluciones prácticas para estabilizar la economía y promover un crecimiento sostenible.

Educación y Promoción de la Libertad

Además de su trabajo académico, Huerta de Soto se ha dedicado a la educación y promoción de la libertad económica. Como profesor, ha inspirado a generaciones de estudiantes a explorar y defender los principios del liberalismo. Su influencia trasciende las fronteras, siendo un conferenciante solicitado internacionalmente y un mentor para muchos jóvenes economistas.

La Libertad Más Allá de la Economía

El interés de Huerta de Soto no se limita a la economía. Ve la libertad como un principio que debe permear todos los aspectos de la sociedad. Desde la política hasta la cultura, aboga por un enfoque basado en la libertad individual, la propiedad privada, y la autonomía personal. Su visión de una sociedad libre es integral y abarca mucho más que la economía.

El Futuro de la Libertad Económica

En un mundo cada vez más globalizado y enfrentado a desafíos económicos complejos, las ideas de Huerta de Soto sobre la libertad y la economía son más relevantes que nunca. Su enfoque en la importancia de una política monetaria sólida, la necesidad de reformas bancarias y la promoción de un mercado libre son fundamentales para enfrentar los retos actuales.

Conclusión

Don Jesús Huerta de Soto es un verdadero campeón de la libertad. Su pasión por el liberalismo clásico, su defensa de la Escuela Austriaca de Economía, y su análisis profundo de la relación entre dinero, crédito y ciclos económicos lo convierten en una figura esencial en el pensamiento económico contemporáneo. Más allá de su legado académico, su compromiso con la enseñanza y la promoción de las ideas de libertad lo establece como un faro de inspiración para futuras generaciones. Su trabajo y su vida son un claro ejemplo del poder transformador de las ideas en la búsqueda de una sociedad más libre y próspera.

Javier Milei: Un baluarte de la libertad

Introducción

En el panorama contemporáneo de los defensores de la libertad, Javier Milei se erige como una figura destacada. Este post pretende explorar las contribuciones de Milei en la promoción y defensa de las ideas de libertad, destacando su pensamiento y acciones en este ámbito.

Trayectoria y Compromiso con la Libertad

Javier Milei no es solo un pensador, sino un activista cuya vida ha estado dedicada a la causa de la libertad. Desde sus primeros días como estudiante, mostró un interés profundo en la filosofía de la libertad, estudiando y difundiendo las ideas de autores clásicos como John Stuart Mill y Friedrich Hayek. Su compromiso no se limitó al ámbito académico; se involucró activamente en movimientos sociales y políticos que promovían la libertad individual y el libre mercado.

Innovación y Libertad

Una de las contribuciones más significativas de Milei ha sido su enfoque en la relación entre innovación y libertad. Argumenta que la libertad es un catalizador esencial para la innovación y el progreso. En su obra “Innovar para la Libertad”, Milei explica cómo un entorno de libertad permite a los individuos explorar y desarrollar nuevas ideas, lo que a su vez conduce a avances tecnológicos y sociales.

Educación y Libertad

Otro aspecto clave en el pensamiento de Milei es el papel de la educación en la promoción de la libertad. Aboga por un sistema educativo que no solo transmita conocimientos, sino que también inculque un espíritu crítico y un aprecio por la libertad individual. Su trabajo en este campo ha incluido tanto la teoría como la práctica, colaborando con instituciones educativas para desarrollar programas que fomenten el pensamiento independiente.

Libertad y Responsabilidad Social

Milei también ha enfocado su atención en la intersección entre la libertad y la responsabilidad social. Contrario a la idea de que la libertad conduce al egoísmo, Milei sostiene que una verdadera comprensión de la libertad implica un compromiso con el bienestar de los demás. En su libro “Libertad y Comunidad”, explora cómo los individuos pueden ejercer su libertad de manera responsable, contribuyendo al bienestar colectivo.

Desafíos Contemporáneos para la Libertad

En el mundo actual, Milei identifica varios desafíos que enfrenta la libertad. Desde el autoritarismo hasta el exceso de regulaciones, argumenta que la libertad está siendo erosionada en múltiples frentes. Su labor consiste en señalar estos problemas y proponer soluciones basadas en los principios de la libertad individual y el respeto a los derechos.

Conclusión

Javier Milei se destaca como un defensor incansable de la libertad. Su enfoque holístico, que abarca desde la educación hasta la innovación, y su compromiso con la responsabilidad social, lo convierten en una voz esencial en el discurso sobre la libertad en nuestros tiempos. Su trabajo y su vida son un testimonio del poder y la importancia de la libertad en la sociedad contemporánea.

¿Pueden colisionar los derechos?

Abstract:

La tesis de este documento es que cuando los derechos de propiedad están clara y plenamente especificados, es imposible que entren en conflicto. Si parece que lo hacen, entonces uno de esos “derechos”, o tal vez ambos, es impropio. Por ejemplo, cuando se invocan los llamados “derechos positivos”. Sin embargo, hay una excepción a esta regla general: cuando se produce un comportamiento delictivo.

Palabras clave: Derechos; propiedad privada; contrato; libertad

Categoría JEL: P48

(English version here).

Normalmente, los derechos no pueden entrar en conflicto. Si parecen hacerlo, es porque al menos uno de ellos, quizá ambos, están mal especificados, no son válidos o son improcedentes. Normalmente, esas aparentes incompatibilidades entre derechos pueden conciliarse mediante la adhesión a los derechos de propiedad privada. O, dicho de otro modo, la falta de derechos de propiedad privada plenamente especificados es la causa de un número aparentemente interminable de supuestos choques de derechos.

Alarde de nazis en Skokie

Veamos algunos ejemplos. ¿Debería permitirse a los nazis desfilar en Skokie, Illinois? Es el hogar de miles de judíos, muchos de los cuales aún lucen números tatuados en el dorso de sus muñecas, cortesía del tiempo que pasaron en campos de concentración. Pero todas las personas, incluidos los nazis, tienen derecho a entrar en la vía pública; dado que es impropio que el gobierno discrimine a las personas en función de sus puntos de vista (estos nazis no son culpables de ningún delito, supongamos, arguendo), y que a otros se les permite desfilar de vez en cuando, es difícil ver por qué a ellos, de entre todos los demás que quieren desfilar, se les debería prohibir hacerlo.

La causa del problema, por supuesto, es que hay calles públicas. Si todas fueran privadas, se acabaría el problema: el propietario decidiría, y entonces sus beneficios y pérdidas dependerían de a quién complaciera o insultara. En las salas de reuniones privadas de los hoteles no se producen estos choques de derechos. Los propietarios deciden quién alquila sus locales, y ahí se acaba el asunto.

Derecho a no ser discriminado

He aquí una posible respuesta a lo anterior: Esta solución propuesta es demasiado simple y, por tanto, pasa por alto muchas cosas. Por ejemplo, consideremos la afirmación de que “en las salas de reuniones privadas de los hoteles no se producen este tipo de choques de derechos”, pero por supuesto que se producen. Por ejemplo, el derecho de propiedad privada del hotelero A queda anulado por el derecho del cliente B a no ser discriminado. Si argumentas que el hotelero A comete un delito al discriminar, entonces tu alegación está planteando la cuestión de qué es delictivo, no sólo cosas fáciles como el asesinato, sino también cosas minuciosas como elegir a tu clientela. ¿O quiere derogar la Ley de Derechos Civiles de 1964? Esa es una colina difícil en la que morir.

¿El cliente B tiene derecho a no ser discriminado? Esto viola la idea libertaria de la libre asociación. Nadie debe ser obligado a asociarse con otro en contra de la voluntad de ambos. Todas las asociaciones deben ser voluntarias.

Los homosexuales discriminan a la mitad de la raza humana en cuanto a intereses amorosos, asociaciones sexuales, etc. Los heterosexuales también son igualmente culpables de discriminar a la mitad de la raza humana en términos de intereses amorosos y parejas sexuales. Los únicos que no son culpables de tal discriminación son los bisexuales. La Ley de Derechos Civiles de 1964, si se llevara a su conclusión lógica, nos obligaría a todos a convertirnos en bisexuales.

El caro gusto por la discriminación

La respuesta obvia a esta crítica devastadora de esta malvada promulgación de 1964 es que la ley propiamente dicha sólo prohíbe la discriminación en el ámbito comercial, no en el personal. Así pues, podemos discriminar a quien queramos en términos de amistades, intereses amorosos, etc. Sólo prohibimos hacerlo en el ámbito comercial. Pero eso es algo más que una curiosidad pasajera. La violación, el asesinato, el robo van contra la ley en ambos ámbitos. ¿Por qué habría de ser diferente cuando se trata de discriminación? Si es una violación de derechos, debería ser una violación de derechos holus bolus, sin excepciones gigantescas como las que se ofrecen en este caso.

Otro argumento, filosóficamente más débil, contra la postura de la libre asociación en la que nadie tiene derecho a no ser discriminado, es el utilitarista: las personas que son víctimas de la discriminación se verán perjudicadas económicamente por ello. Se trata de una afirmación empírica y manifiestamente falsa.

¿Por qué la discriminación es impotente para perjudicar realmente a los destinatarios de esta práctica? Porque cada vez que tiene éxito, crea munición para su propia desaparición. Por ejemplo, consideremos el caso en que algunos hoteleros discriminan a los pelirrojos. Esto significa que la curva de oferta de plazas hoteleras disponibles para ellos se ha desplazado hacia la izquierda. Esto implica que tendrán que pagar más de lo que habrían pagado por ese alojamiento. De ser así, los beneficios aumentarán para los establecimientos dispuestos a atenderlos. Esto significa que los que no tengan ese “gusto por la discriminación” prosperarán y podrán expulsar del negocio a los discriminadores.

Una comunidad de propietarios

O supongamos que muchos empresarios deciden que los empleados zurdos son menos productivos de lo que realmente son. Como consecuencia, la demanda de servicios se desplaza hacia la izquierda. Sus salarios bajan. Pero su productividad no ha cambiado ni un ápice. Por lo tanto, la contratación de estos trabajadores permite obtener más beneficios de los que se obtendrían en caso contrario. Por consiguiente, las empresas que muestren este “gusto por la discriminación” saldrán perdiendo en la lucha competitiva.

He aquí otro ejemplo. El fornicador del jardín delantero practica este acto sexual cerca de la acera, pero dentro de su propiedad. Los niños de la zona se horrorizan, los caballos se asustan y los propietarios vecinos se horrorizan. ¿No tienen estos últimos derecho a exigir que se prohíba este tipo de actividad? Pero, ¿qué pasa entonces con los derechos de estos juerguistas al aire libre? La respuesta, una vez más, son los derechos de propiedad privada respaldados mediante contrato.

Creemos una comunidad de propietarios, una urbanización cerrada, un condominio o una cooperativa de varios cientos de viviendas. Sus representantes elegidos democráticamente pueden promulgar normas relativas no sólo a este tipo de actividades, sino a todas las que deseen: colores de la pintura exterior, tipos de vallas permitidas, prohibidas, incluso el tipo de cortinas o persianas venecianas que deben emplearse. Así, la gente se ordenará según sus gustos y no habrá más enfrentamientos. En el ámbito libertino, este tipo de comportamiento podría incluso exigirse… semanalmente.

Uniformes escolares

Del mismo modo, en la educación, ¿deberían permitirse o exigirse los uniformes escolares? ¿Qué pasa con el juramento a la bandera y el canto de la Star Spangled Banner? ¿Cómo abordar si la teoría crítica de la raza debe o no figurar en el plan de estudios? Todos estos conflictos pueden desterrarse con la privatización de estos institutos de aprendizaje. Entonces, de nuevo, los clientes patrocinarán a los empresarios cuya oferta se acerque más a la suya, y los beneficios los obtendrán las empresas que mejor reflejen y promuevan la satisfacción del consumidor.

Si A tiene un derecho, B tiene una obligación. En el caso de los derechos negativos, todo va bien. A tiene derecho a no ser asesinado, violado, secuestrado, robado, etc. Por tanto, B tiene la obligación de abstenerse de cometer estos delitos. En cambio, los llamados derechos positivos son una cornucopia de incompatibilidades. Si C tiene derecho a comida, ropa, cobijo, compañía, etc., entonces D tiene la obligación de proporcionar estas cosas a C. Pero, ¿qué pasa con los derechos de C a que le dejen en paz, a que no le roben, a que no le obliguen a relacionarse con gente que detesta? Choque de derechos, allá vamos. La solución, por supuesto, es prohibir todos los llamados derechos positivos. O, como mínimo, reconocer que esta fuente de derechos en conflicto son los llamados derechos positivos.

Cuándo hay colisión de derechos

Hay otro ámbito en el que los derechos chocan de verdad: la criminalidad. E secuestra al hijo de F y le pide un rescate. Si F paga a E, E tendrá más dinero para cometer sus fechorías en el futuro. Por otro lado, si F se niega a entregar el gelt, su hijo morirá. ¿Debería el gobierno prohibir el pago de rescates? Supuestamente, esto reduciría el número de secuestros en el futuro. Pero, ¿qué pasa con el derecho de F a recuperar a su hijo?

Lo mismo ocurre cuando G, el atracador, atraca a H y le exige dinero en el cajero automático local. Si H accede, da poder al delincuente G. Si H se niega, se abroga su derecho a no ser asesinado.

Sería injusto calificar de delincuentes a quienes pagan a secuestradores o atracadores. Actúan bajo coacción. Sería supererogatorio, por encima de las exigencias del deber de resistencia. Pero la ley no debe exigirnos que seamos héroes.

Así pues, realmente hay colisión de derechos, pero sólo cuando ocurre algo adverso: por ejemplo, derechos positivos y comportamiento delictivo.

Referencias

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Ver también

¿Prohibición del tabaco en los bares? Es una cuestión de derechos (de propiedad). (Juan Morillo).

Normas, propiedad y contratos. (Francisco Capella).

Un primer análisis económico del derecho desde un punto de vista austríaco. (Santiago Dussan).

Derechos y prohibiciones. (Alberto Illán Oviedo).

Can rights clash?

Abstract:

The thesis of this paper is that when property rights are clearly and fully specified, it is impossible for rights to clash. If they appear to do so, then one or perhaps both of these “rights” is improper. For example, when so-called “positive rights” are relied upon. However, there is an exception to this general rule: when criminal behavior occurs.

Key words: Rights; private property; contract; liberty

JEL Category: P48

(Versión en español aquí).

Ordinarily, rights cannot clash. If they appear to do so, it is because at least one of them, maybe both, are mis-specified, invalid, or improper. Typically, such seeming incompatibilities between rights can be reconciled by adherence to private property rights. Or, to put the matter obversely, lack of fully specified private property rights are the cause of a seeming endless numbers of supposed rights clashes.

A nazis parade in Skokie

Let us consider a few examples. Should the Nazis be allowed to march in a parade in Skokie, IL? This is the home of thousands of Jews, many of them still sporting numbers tattooed on the back of their wrists, courtesy of the time they spent in concentration camps. But all people, including Nazis, have the right to enter onto the public streets; given that it is improper for the government to discriminate against people on the basis of their viewpoints (these Nazis are guilty of no crimes, let us posit, arguendo), and that others are allowed to parade from time to time, it is difficult to see why they, out of all the others who want to march, should be forbidden from doing so.

The cause of the problem, of course, is that there are public streets. If they were all private, that would spell the end of the problem: the owner would decide, and then his profits and losses would depend upon those who he pleased or insulted. There are no such rights clashes in private meeting rooms in hotels. The owners decide upon who shall rent their premises, and that is the end of the matter.

The right not to be discriminated against

Here is a possible push back against the foregoing: This proposed solution is too simple and thus overlooks a lot. For example, consider the claim that “there are no such rights clashes in private meeting rooms in hotels” — but of course they do occur. For example, hotelier A’s private property right is obliterated by customer B’s right not to be discriminated against. If you argue that Hotelier A commits a crime by discriminating, then your submission is begging the question as to what’s criminal — not just easy things like murder, but also minute things such as choosing your clientele. Or do you want to repeal the Civil Rights Act of 1964? That’s a tough hill to die on.

Customer B has a right not to be discriminated against? This violates the libertarian insight of free association. No one should be compelled to associate with anyone else against the will of either. All associations should be voluntary.

Homosexuals discriminate against half the human race in terms of love interests, sexual partnerships, etc. Heterosexuals, too, are equally guilty of discriminating against half the human race in terms of love interests, sexual partnerships. The only people not guilty of such discrimination are bisexuals. The Civil Rights Act of 1964, if taken to its logical conclusion would compel all of us to become bisexuals.

An expensive taste for discrimination

The obvious response to this devastating critique of this evil 1964 enactment is that proper law only prohibits discrimination in the commercial, not the personal arena. So, we can discriminate against anyone we want to in terms of friendships, love interests, etc. We are only prohibiting from doing so in the realm of business. But that is more than passing curious. Rape, murder, theft are against the law in both realms. Why should matters be any different when it comes to discrimination? If it is a rights violation, it should be a rights violation holus bolus, with no gigantic exceptions such as offered in this case.

Another argument, a weaker one, philosophically, against the free association position in which no one has a right not to be discriminated against, is the utilitarian one: people who are the victims of discrimination will be hurt, economically, thereby. This is an empirical claim, and a demonstrably false one.

Why is it that discrimination is impotent to really hurt the targets of this practice? This is because every time it succeeds, it creates ammunition for its own demise. For example, consider the case in which some hoteliers discriminate against red headed people. This means that the supply curve of hotel space available to them has shifted to the left. This implies that they will have to pay more than otherwise would have been the case for such accommodation. If so, profits will rise for those establishments willing to cater to them. This means that those without this “taste for discrimination” will prosper and be able to drive out of business the discriminators.

A community of owners

Or, suppose that many employers decide that left-handed employees are less productive than they really are. The demand for the services shifts to the left as a result. Their wages fall. But their productivity has not changed by one iota. Thus, more profits than would otherwise be the case can be garnered by hiring such workers. As a result, firms that exhibit this “taste for discrimination” will lose out in the competitive struggle.

Here is yet another example. The front lawn fornicator engages in this sexual act right near the sidewalk, but entirely within his property. The local children are appalled, the horses are scared, and the neighboring homeowners are horrified. Do not the latter have the right to insist that this type of activity be banned? But what then of the rights of these outdoor lotharios? The answer, again, is private property rights supported via contract. Set up a homeowners’ association, a gated community or a condominium or cooperative development of several hundred homes.

Their democratically elected representatives can enact rules concerning not only activities of this sort, but any they wish: colors of the outside paint, what types of fences are to be allowed, prohibited, even the type of draperies or venetian blinds to be employed. Then, people will sort themselves out according to their tastes, and no more clashes will occur. In the libertine area, such behavior might even be required — on a weekly basis.

School uniforms

Similarly, in education, should school uniforms be allowed, required? What about Pledges of Allegiance and the singing of the Star Spangled Banner? How to deal with whether or not critical race theory should be on the curriculum? These conflicts can all be banished with the privatization of these institutes of learning. Then, again, customers will patronize entrepreneurs whose offerings are closest to theirs, and profits will be garnered by those firms which best reflect and promote consumer satisfaction.

If A has a right, then B has an obligation. In the case of negative rights, all is well. A has a right not to be murdered, raped, kidnapped, stolen from, etc. Thus, B has an obligation to refrain from these crimes. In sharp contrast, so-called positive rights are a cornucopia for incompatibilities. If C has a right to food, clothing, shelter, companionship, etc., then D has an obligation to provide these things for C. But what about C’s rights to be left alone, to be not stolen from, not coerced into associating with people he detests? Rights clash, here we come. The solution of course is to ban all so-called positive rights. Or, at the very least, to recognize that this source of clashing rights are these so-called positive rights.

When rights collide

There is another area where rights really do clash: criminality. E kidnaps F’s child, and demands ransom money from the latter. If F pays off E, then E will have more money with which to perpetrate his evil deeds in the future. On the other hand, if F refuses to fork over the gelt, his child dies. Should the government prohibit ransom payments? This would, presumably, reduce the future number of kidnappings. However, what of F’s right to the return of his child?

Ditto when G the mugger holds up H and demands money from him at the local ATM. If H agrees, he empowers the criminal G. If H refuses, his right not to be murdered is abrogated.

It would be unjust to label as criminal people who pay kidnappers or hold-up men. They act under duress. It would be supererogatory, over and above the requirements of duty to resist. But the law should not require us to be heroes.

Thus, there really are clashes in rights, but only when something untoward is going on: for example, positive rights and criminal behavior.

References

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El historiador militar de la Universidad Hebrea de Jerusalen Martin van Creveld es célebre en círculos libertarios, aún sin serlo él del todo, por sus muy originales escritos sobre el ascenso y caída del estado moderno y por sus obras sobre la transformación de la guerra. Sin contar sus poco políticamente correctas obras sobre el feminismo, Sexo privilegiado, o sobre la cuestión de la igualdad. No me consta que ninguna de las grandes obras de Van Creveld esté traducida al castellano excepto su libro sobre Los abastecimientos en la guerra publicado por el Ministerio de defensa.

Martin van Creveld

La tesis principal de Martin van Creveld es que el estado nació a consecuencia de la guerra y que la transformación de la guerra lo transformará también a él hasta hacerlo desaparecer o mutar en otro tipo de forma política. Según afirma, los estados modernos están concebidos para defenderse o atacar a sus semejantes pero no están concebidos para otras formas de combate o para proteger a sus poblaciones de riesgos que no esten circunscritos a su espacio de  dominio. De la misma forma que no están bien concebidos para atender pandemias o riesgos existenciales, como el cambio climático (de serlo). tampoco se adecuarán a amenazas estas ya de corte militares que operen a otra escala o con otra forma.

Los ejemplos que ofrece el profesor Van Creveld son variados. La moderna piratería en el Índico es uno de ellos. No parece muy razonable enviar grandes buques de guerra para luchar contra piratas que se desplazan en pequeñas, pero muy veloces. El problema se solucionó en buena medida con la contratación de un par de soldados profesionales de las muchas empresas que existen al respecto, dotados de armamento automático perfectamente adaptado a este tipo de combate. Fue mucho más barato y eficaz dimensionar correctamente la fuerza defensiva a la naturaleza de la amenaza. Pero aquí se pudo comprobar la dificultad con la que los estados se enfrentan a nuevas amenazas. Y cómo tuvo que ser relevado de sus funciones por fuerzas privadas.

Las redes

Las modernas redes de terror en red sería otro excelente ejemplo de cómo evoluciona la guerra y de cómo los estados convencionales tienen dificultades para confrontarla. Redes del estilo de Al Qaeda, a pesar de que sus valores que defienden están muy anclados en el pasado, son el culmen de la modernidad organizativa en forma de guerras, como ya apuntó hace unos años John Gray en su célebre Al qaeda o lo que significa ser moderno.

Células de combatientes durmientes  en el interior del propio país, habitando en grandes ciudades ferales donde se pueden confundir con el resto de la población, coordinadas por medios telemáticos y que se activan o desactivan siguiendo instrucción de la jefatura del grupo son desafíos muy difíciles para un estado que está acostumbrado a combatir en frentes convencionales contra enemigos más o menos compactos. Los estados modernos  no pueden atacar o bombardear sus propios barrios por lo que estos activistas precisan de acciones quirúrgicas para ser neutralizados.

No sólo eso. El daño que un terrorista residente en el territorio del propio estado puede infligir es muy elevado en comparación con los costes que requieren sus atentados. Pensemos en los ataques en Francia hace unos años en los que poco más de una docena de terroristas, armados con armas ligeras de poco precio no sólo causaron más de un centenar de víctimas sino que paralizaron por unos días los transportes en todo el país, pues se cortaron autopistas y aeropuertos para poder neutralizar a los terroristas. Un atentado que costo unos miles de euros implicó costes de decenas de millones al estado y a los ciudadanos afectados.

Van Creveld: los estados no están preparados ante el terrorismo

Esto corrobora las teorías de Van Creveld según las cuales los estados modernos no están adecuados en forma y tamaño a los nuevos desafíos de seguridad. Es más, cuanto mayores son las dimensiones de un estado, en población y territorio, no sólo  el daño causado se multiplicará sino que le será más fácil a los grupos moverse y pasar desapercibidos.

Sin que pueda establecerse una ley general, el grupo atacante muy probablemente consiga más repercusión mediática y dañe más al estado atacando en Francia que en Islandia, usando iguales medios. También muy probablemente su libertad de movimiento sea mayor en el primer caso y su capacidad de detección y neutralización previa menor, pues habría que discutir donde es más fácil ocultarse si en un gran o pequeño estado y no digamos en una comunidad privada. Podrían darse pequeños estados proclives al terrorismo o incluso comunidades privadas, pero dudo que los demás tuviesen buenas relaciones con ellos o facilitasen su movimiento fuera de sus fronteras.

El atentado de Hamas

Volviendo al tema del análisis, lo cierto es que un grupo terrorista Hamas, llevó a cabo un atentado de gran crueldad y de una dimensión poco conocida en este tipo de actuaciones. No sólo el número de fallecidos es relevante sino también la forma en que se produjeron los asesinatos, que parece ser pensada para aterrorizar (fuentes de inteligencia han afirmado que los atacantes tenían instrucciones previas sobre la forma de  actuar, aunque las fuentes de Hamas lo desmienten).

Desde luego iban dotados de cámaras personales. Compartieron rápidamente el contenido de sus crímenes en las redes sociales. Se asemeja a la forma de funcionar del Daesh que guionizaba sus ejecuciones y luego las grababa haciendo alarde de grandes medios técnicos. Las llevaba a cabo usando cuchillos y con gran efusión de sangre. No buscaban aterrorizar por el número de ejecutados sino por la forma en la que lo hacían pensada para atemorizar a una población occidental que tiene aversión a la visión de sangre y a formas pretecnológicas y manuales de ejecución.

Este uso de la psicología les dió muchos réditos en cuanto a difusión de su causa. Intuyo que los terroristas de Hamas han aprendido de estas técnicas y buscaron la difusión global de sus crímenes, pensado más bien cara el exterior que hacia el interior. Recordemos que hasta hace poco este tipo de crímenes eran negados por sus autores culpando a la propaganda del enemigo y buscando confundir en cuanto al número de bajas. Recordemos el caso de Srbenica en la guerra de los Balcanes. En cambio ahora lo que se busca es exhibir la barbarie, muy probablemente como arma de guerra psicologica.

La estrategia de Hamas

A todos los efectos, como han manifestado varios especialistas en asuntos militares, se trataba de una provocación para condicionar la respuesta de Israel. Israel se involucró en una guerra de destrucción de los terroristas de Hamás en Gaza. Supongo que con la intención de romper los incipientes tratados de paz que Israel había comenzado a establcer con algunos países árabes, objetivo que los de Hamás consiguieron de momento, aunque no del todo.

Como vimos los ejércitos modernos no están bien dimensionados para el combate con estos tipos de grupos. Cuando se destruye a los terroristas, que además se camuflan en medio de la población civil, y combate en ocasiones sin uniforme y mezclándose después entre ella, tienen casi forzosamente que dañar infraestructuras civiles. También por desgracia acaban con muchos inocentes. No es ya que tengan que aguantar el dominio dictatorial de Hamas. Además, tienen que morir o resultar heridos, además de arruinados, por su culpa.

La posición de fuerza de Israel

Martin van Creveld, a pesar de son ser ni mucho menos un halcón, quiere a su pueblo. Por lo que escribe entiendo que le gustaría ver ganar la guerra a su país. Pero quiere que la gane no que se desangre en el proceso y por eso es cauto a la hora de afrontarla, pues una victoria que debilitase a su país en el proceso no sería buena para el país a medio y largo plazo.

De ahí que advierta sobre los riesgos de confrontaciones de este tipo y reclame una modulación de la respuesta. Digo victoria porque es indudable que la va a ganar. Y no sólo por la superioridad militar del ejército hebreo sobre una fuerza guerrillera, sino porque precisamente este tipo de guerra en condiciones modernas requiere del suministro constante de armamento y munición. Este suministro no puede mantenerse en una Gaza bloqueada por completo. Por lo tanto durará lo que le duren las reservas de material a los milicianos palestinos. De tener acceso a material de guerra no cabe duda de la que  el conflicto no sólo duraría mucho más sino que sería enormemente gravoso para la sociedad y la economía de Israel.

Diplomacia estadounidense

La guerra asimétrica no se trata tanto de victorias militares como de los costes en vidas y económicos que se le pueden infligir a la economía ya la moral de la población, y dado que la capacidad de sufrimiento de poblaciones occidentalizadas es mucho menor que la de sus rivales esta podría ser una de las principales causas de que las fuerzas regulares del estado israelí  no pudiera  conseguir sus objetivos últimos. De ahi que las milicias islamistas busquen abrir nuevos frentes al conflicto. Puede ser en el Líbano, en Siria, con la implicación abierta de Irán o otras ejércitos de la zona como los huthies del Yemen.

De momento parece que estas estragias no están teniendo éxito pues la diplomacia norteamericana parfece haber actuado para evitar la apertura de esos nuevos frentes y salvo que Israel cometa algún error grave de estrategia es muy improbable que se involucren de lleno en el conflicto más allá del uso de una retórica incendiaria.

El frente de la opinión pública

En el ámbito de la opinión pública tanto interna en Israel como mundial, tampoco parece que, salvo algunos países árabes y latinoamericanos que han roto relaciones, se de una internacionalización del conflicto que presione a Israel en su campaña. Recordemos que las nuevas guerras asimétricas hacen uso también de la debilidad relativa de unos de los contendientes para posicionar a la opinión pública a su favor. En este caso no se ha dado un viraje masivo, salvo repito algún error de Israel. La victoria militar de este aparece a día de hoy clara por los factores antes apuntados, pero sólo falta ver a que coste y comprobar en que medida las teorías de Van Creveld se cumplen o no.

El problema vendrá después y aunque es pronto para anticiparlo derivará con el destino futuro de la franja y de su población. Las intervenciones militares, con razón o sin ella , son intervenciones estatales y acostumbran a tener consecuencias inesperadas donde menos s elo espera. Esperemos que acabe pronto el conflicto y con la menor cantidad de sufrimiento posible.

Ver también

El día más negro de Israel. (David Goldman).

Israel, o la lucha contra la infamia. (Carlos Alberto Montaner).