Ir al contenido principal

Etiqueta: Anarcosindicalismo

Aragón en la Guerra Civil, ¿una verdadera experiencia anarquista? (I): las colectividades

Vamos a analizar, en varios artículos, las características principales de la experiencia anarcosindicalista en la Guerra Civil en Aragón. Estudiaremos si en algún momento entró en conflicto el ideario político anarquista con las actuaciones de los propios militantes. Por supuesto, intentaremos responder a la pregunta de cómo fue posible que surgiera en Aragón una experiencia anarquista y se pusiera en práctica en un contexto bélico. También nos plantearemos si realmente podemos hablar de verdadero anarquismo o simplemente fue la antesala a una verdadera revolución. Para ello, centraremos nuestro análisis en tres pilares fundamentales: las colectividades, las columnas militares, y el Consejo de Aragón.

La estructura de la tierra

Antes de comenzar a hablar sobre el colectivismo en Aragón, es necesario detallar una serie de puntos indispensables para nuestro análisis. La primera observación está relacionada con la estructura de la propiedad de la tierra. Hemos de tener en cuenta que, pese a lo que se ha solido exponer, el campo aragonés no vivía una situación prerrevolucionaria antes del golpe de Estado.

El sindicalismo en Aragón estaba en un proceso de restructuración y la conflictividad social distaba mucho de una situación revolucionaria. Otro factor relevante es que en Aragón predominaba la pequeña y la mediana propiedad, por lo que hubo muy poca incidencia del Instituto de Reforma Agraria.

“Comuna libertaria”

En segundo lugar, el golpe de Estado de julio provocó un colapso en la administración de gran parte de las localidades aragonesas. Los ayuntamientos, regentados en su mayoría por socialistas, fueron controlados por la Guardia Civil, apoyada por caciques y propietarios locales. Todo ello provocó la paralización de la industria, el transporte y el comercio al por mayor. Un aspecto importante es si las colectivizaciones tuvieron un carácter voluntario o forzoso. El conflicto entre colectivistas y propietarios irá de la mano del poder militar y político en todo Aragón[1].

El último aspecto por señalar es terminológico, Julián Casanova expone que el término colectivismo puede llegar a ser demasiado amplio y abstracto. Por ello, defiende que es mejor referirnos al término “comuna libertaria”. Es una organización social que se caracteriza por ser un ideal económico basado en el autogobierno de las comunidades, el federalismo y, en definitiva, la supresión de la autoridad.

Destitución del “poder económico”

Tras la derrota de las tropas insurgentes, se formaron en los municipios comités de defensa o revolucionarios. El origen de estas colectividades estará estrechamente relacionado con estos comités, aunque sigue habiendo muchas dudas a su alrededor. La historiografía anarquista ha tratado de dar respuesta al origen de las colectividades. Dentro del anarquismo hay distintas perspectivas en torno a este debate. Una de las figuras más relevantes es Souchy Bauer, delegado de la AIT, en 1938 se refería a las colectividades aragonesas de la siguiente manera:

La colectivización fue una consecuencia directa de la conquista del poder político y social por la clase obrera, después del aniquilamiento de la sublevación militar. Los obreros vencedores quisieron destruir también el poder económico de aquellos que se habían aliado en la traición: los terratenientes y su séquito en las ciudades.[2]

La espontaneidad de la revolución

Defendía que Aragón era el origen de las colectivizaciones en toda España y donde la justicia social se ponía en práctica por primera vez. Solucionaba por primera vez el problema de la distribución de las tierras y campos de pasto entre los diferentes municipios[3]. En la misma línea estará el anarcosindicalista francés Gaston Leval, para él, la revolución se había dado “espontánea y naturalmente”, ya que existía una vanguardia con un ideal que continuaba a través de la historia[4].

Por otro lado, tenemos la visión del Comité Nacional de la CNT, para ellos las colectividades no fueron algo espontáneo que emergió gracias a un contexto determinado. Para el historiador y militante anarcosindicalista, las colectividades fueron un “proceso de maduración revolucionario” y que gracias a la nueva coyuntura que aparece tras el golpe de Estado tuvo la capacidad de conformarse[5].

El programa de Caspe

El primer documento de la CNT sobre las colectividades del que tenemos constancia es el informe del primer Pleno de Sindicatos de la CNT, celebrado en Caspe el 29 de agosto de 1936.  Se establecían cuatro puntos esenciales en torno a las colectividades[6]:

  • “Abolición de la propiedad privada de los medios de producción y del trabajo asalariado.”
  • “Aceptación libre de la colectividad (se excluía a los considerados facciosos, a quienes se les incautaba las tierras) por los campesinos.”
  • “Reconocimiento de la opción “individualista”, a los que únicamente se les privaría de la producción si las necesidades de la guerra así lo dictasen.”
  • “Libertad para todos los pueblos aragoneses de intercambiar o vender sus productos con las demás regiones.”

Hemos de añadir que parte de las colectivizaciones se pudieron realizar gracias a las expropiaciones de tierras pertenecientes a elementos considerados como facciosos. Es por ello por lo que la excepcionalidad de la situación bélica es esencial para entender el proceso. La CNT fue la gran impulsora de estas colectividades, gracias al amparo de las columnas de milicianos. Aunque es cierto que la UGT también constituyó sus propias colectividades: “En algunos pueblos de la comarca existen también colectividades de la UGT; pero éstas se han adherido igualmente a la Federación Comarcal de la CNT”[7].

Individualistas vs. colectivistas

Tenemos que señalar la problemática entre los individualistas y los colectivistas. Tanto el Consejo de Aragón como la CNT, al menos en teoría, respetaban la pequeña propiedad y las soluciones individuales. En agosto de 1937, la federación comarcal de Binefar-Monzón, celebró una asamblea en la que se ratificó el derecho de los campesinos que estaban insertos en las colectividades a volver a su propiedad individual, devolviéndole su parte correspondiente.

Si acudimos a la prensa de la época podemos verlo claramente, concretamente en el diario Cultura y Acción: “El individuo que trate a los individualistas de forma despectiva y violenta y quiera imponer el colectivismo de forma que no sea la libre determinación, debe correr la misma suerte”[8]. El individuo que estaba en contra de los individualistas era considerado como faccioso. Los anarquistas en Aragón no fueron partidarios de la colectivización completa debido al fuerte arraigo de la pequeña propiedad en la región.

El papel de la CNT

Por lo tanto, de este estudio preliminar podríamos destacar dos características principales del origen de las colectividades en Aragón. En primer lugar, la CNT fue el principal impulsor del surgimiento de las colectividades en la región aragonesa, aunque no tenemos que olvidar que muchas otras colectividades fueron constituidas en lugares donde ni la CNT ni ninguna otra fuerza del Frente Popular tenía presencia. Por ejemplo, Graham Kelsey relata como en la localidad oscense de Alcampel, los vecinos del pueblo se reunieron en la plaza y organizaron la colectividad.

En segundo lugar, tenemos que señalar y a la vez desmentir, que en Aragón no se implantó el comunismo libertario, podríamos hablar, como indican los propios dirigentes cenetistas, de un paso previo, que sería la colectivización[9]. Julián Floristán defendía lo siguiente: “Lo que sí sé es que, en todo el Bajo y Alto Aragón, por propia voluntad, por deseo unánime, se organiza la vida en comunidad y dentro de la mayor libertad posible. Y ello sin hablar para nada del comunismo libertario”[10].

Pese a todo, las colectividades se encontraron con gran cantidad de dificultades. Frank Mintz señala cinco principalmente. En primer lugar, el surgimiento de una especie de “neocapitalismo” en el que algunos individuos comenzaron a repartirse los beneficios de las colectividades, olvidándose de la situación bélica. Otra traba fue la falta de personal cualificado, sobre todo de contabilidad, ya que la mayoría de ellos habían marchado al frente. Mintz también señala el abandono de la autogestión por parte de la dirección de la CNT-FAI y la falta de ayuda institucional por parte del gobierno de la República y la Generalitat. Por último, el ataque y represión final a las colectividades tras mayo de 1937.

Autogestión

Como conclusión, podríamos establecer varios aspectos. A nivel económico podríamos señalar que teniendo en cuenta la difícil situación bélica en la que se encontraba España mantener la producción anterior fue un éxito. Debemos señalar también que, pese al relato militante, no se implantó el comunismo libertario o la revolución, es posible que el objetivo fuera ese, pero únicamente se llegó al paso previo[11].

Las colectividades han sido uno de los mayores ejemplos de autogestión en la historia, uno de los pocos ejemplos donde se ha puesto en práctica el anarcosindicalismo. Si bien es cierto, tuvieron una vida muy corta por lo que no podemos hacer un balance general en condiciones. Si hubieran continuado tras la guerra seguramente se hubieran encontrado con infinidad de problemas a nivel burocrático y administrativo. Por no mencionar los problemas de autoridad y poder, siempre presentes en cualquier comunidad humana. En definitiva, un suceso histórico breve pero intenso que todavía tiene mucho por ofrecernos.


[1] Julián, Casanova, Anarquismo y revolución en la sociedad rural aragonesa (1936-1938). Barcelona, Editorial Crítica, 2006, pp. 116-117.

[2] Ibidem, pp. 121.

[3] Agustín, Souchy Bauer, Entre los campesinos de Aragón. El comunismo libertario en las comarcas liberadas. Barcelona, Tusquets Editor, 1977, p. 73.

[4] Gaston, Leval, Colectividades libertarias en España, Madrid, Aguilera, 1977, pp. 90 y 106-107.

[5] Frank, Mintz, La autogestión de la España revolucionaria. Madrid, las Ediciones de la Piqueta, 1977, p. 115.

[6] Julián, Casanova, Anarquismo y revolución…, op. cit., pp. 123.

[7] Agustín, Souchy Bauer, Entre los campesinos de Aragón…, op. cit., p. 77.

[8] Raimundo, Soriano, “¿Socialismo federal o autoritarismo constitucional?, Cultura y Acción, (Alcañiz, 6/VIII/1937), p. 2.

[9] Julián, Casanova, Anarquismo y revolución…, op. cit., p. 217.

[10] Víctor, Lucea Ayala, “El Aragón republicano: guerra y revolución”, en Angela Cenarro (ed.), Contrarrevolución y revolución: dos proyectos políticos y sociales enfrentados, Barcelona, Diputación Provincial de Zaragoza-El periódico de Aragón, 2006, col. “La Guerra Civil en Aragón”, p. 69.

[11] Pablo, García Colmenares, “Las colectividades libertarias en la Guerra Civil (1936-1939), la necesidad de recuperar su memoria”. Académico Numérico. 89, (2018), pp. 115-128.

Anarcocapitalismo y anarco-comunismo, las diferencias fundamentales

El anarquismo, como filosofía política, es un movimiento que se remonta a la antigüedad. Las reflexiones más antiguas se pueden remontar al filósofo chino Lao Tsé. Por supuesto, esa filosofía apareció en la Antigua Grecia con pensadores como Hipias de Elis o Alcidamas de Elea. En todos los periodos históricos el anarquismo ha tenido su presencia en los círculos intelectuales y filosóficos. Pero es en la segunda mitad del S.XIX cuando podemos marcar el origen del anarquismo moderno.

Durante la celebración de la Primera Internacional Obrera en 1864 se produjo un distanciamiento entre los defensores de las tesis de Bakunin y los partidarios de Marx, las discrepancias se basaban en la concepción del Estado: la visión marxista del estatismo autoritario, de la dictadura del proletariado, frente a la inmediata destrucción del Estado que defendía Bakunin. Esto llevó a estos dos movimientos por sendas diferentes.

La mayoría de la población ve en el anarquismo un movimiento homogéneo, vinculado a manifestaciones antisistema; un pensamiento que defiende que volvamos a la “ley de la selva” y al “caos”. La primera imagen que se le pasa por la cabeza a cualquier persona cuando le mencionas la palabra anarquismo son disturbios en manifestaciones o incluso atentados. Pero nada más lejos de la realidad; el anarquismo, como filosofía política, es un movimiento con un gran recorrido histórico, distintas visiones, autores, definiciones y concepciones.

Anarcosindicalismo

Seguramente, en nuestro país, la deriva anarquista que más repercusión tuvo fue el anarcosindicalismo durante la Revolución social española de 1936, uno de los pocos momentos y lugares en la Historia donde el anarquismo fue llevado a la práctica. Aunque tenemos diversas corrientes como el anarquismo individualista de Max Stirner, el mutualismo de Pierre-Joseph Proudhon, o nuevos movimientos como el anarquismo ecologista o el anarcofeminismo, hoy nos centraremos en lo que seguramente son las dos concepciones más diferentes entre sí, se trata del anarco-comunismo y la anarquía de propiedad privada o anarcocapitalismo.

Comencemos primero por las similitudes, ambos movimientos establecen una crítica similar al Estado, están en contra de la imposición estatal porque lo consideran como un ente ilegítimo que oprime al individuo. Realmente esta es la única similitud total entre ambos movimientos, su visión del Estado, porque posteriormente tendríamos “similitudes parciales”.

Anarcocapitalismo

Es bien sabido que el anarcocapitalismo defiende el derecho del individuo por encima del colectivo, pero repasando la literatura anarcocomunista también vemos como hablan de manera continuada del derecho individual de las personas, aunque posteriormente en la práctica el individuo sea subyugado por el colectivo. Es decir, sobre el papel sería una similitud, en la práctica una diferencia radical.

Ahora vayamos con las diferencias, en primer lugar, tenemos que decir que, como es evidente, el anarcocomunismo es anticapitalista, ya que considera que el capitalismo es un elemento más del sistema que explota al individuo, creen que el Estado, el capitalismo y la autoridad de la Iglesia son los elementos centrales que oprimen al ser humano. Por supuesto, opta por la abolición de la propiedad de los medios de producción, y la colectivización de recursos y sectores estratégicos, respetando únicamente el concepto de uso, al igual que el marxismo. Por el contrario, el anarcocapitalismo ve en el libre mercado y la asociación voluntaria la solución a todos los problemas, problemas creados por la intervención estatal.

Anarcocomunismo

El anarcocomunismo no es marxista en sí, ya que rechaza el elemento principal de la teoría de Carl Marx, que es la teoría del valor trabajo. Pero ello no les lleva a abrazar la teoría subjetivista del valor, sino que tienen una tercera vía: No aceptan ningún valor numerario del precio o el salario, por lo que rechazan utilización del dinero. En España, durante la guerra civil, el dinero llegó a ser eliminado, siendo reemplazado por vales sellados por los respectivos comités.

Otro elemento fundamental es que el anarcocomunismo no es que rechace cualquier tipo de Estado, sino que rechaza, y esta es la clave de su fracaso, cualquier tipo de autoridad o jerarquía. Es por ello por lo que el matiz anticlerical es esencial, ya que ve en la Iglesia una autoridad ilegítima: “Ni Dios ni amo”, aunque ha habido ejemplos de anarquistas cristianos como Leon Tolstoi, llegando incluso a crear su propia doctrina: el movimiento tolstoiano.

Es tal el fanatismo antijerárquico del anarcocomunismo que incluso llega a defender la destrucción de la familia como sistema de autoridad. A mi juicio, esto es ir en contra ya no sólo de la naturaleza, sino de la realidad, pues las jerarquías son inevitables dentro de las relaciones humanas, y no necesariamente tienen que ser negativas si son libres y voluntarias, por no hablar de la autoridad, como explicó ya Max Weber, la autoridad puede ser de distintos tipos: tradicional, racional-legal y carismática, algunas de ellas no sólo inevitables sino, a mi parecer, deseables.

Anarquismo no revolucionario

El anarquismo individualista o de propiedad privada nunca fue, al contrario que el anarcocomunismo o el anarcosindicalismo, un movimiento de masas. Se redujo a un cómputo de ideas filosóficas y literarias encuadradas en círculos académicos muy concretos y minoritarios. Además, ambos movimientos tienen una concepción de la toma del poder, el anarcocomunismo opta por la revolución, en un sentido amplio, tomar por la fuerza el poder y destruir el Estado para eliminar la propiedad privada y todo tipo de autoridad y jerarquía preexistente, tabula rasa, cómo vemos no parece muy coherente con la idea de libertad individual.

En cambio, el anarcocapitalismo, no es revolucionario, respeta el derecho de no agresión y la propiedad privada, en palabras de Miguel Anxo Bastos: “El anarcocapitalismo llegará cuando la gente pida anarcocapitalismo”, esta concepción es pacífica y, si me permiten la expresión, casi mesiánica, pero por lo menos es coherente con las ideas que defiende.

Por lo tanto, tenemos dos movimientos anarquistas con pequeñas similitudes y enormes diferencias, uno con una larga historia detrás y otro como un movimiento relativamente reciente al que le queda mucho por explorar y teorizar. Lo realmente necesario es que se siga estudiando el anarquismo en un sentido amplio, que la población sepa de la heterogeneidad del movimiento y se deje de prejuicios y estigmatizaciones.