Ir al contenido principal

Etiqueta: Bitcoin

Bitcoin frente a los bienes inmuebles como vehículo de ahorro

Para garantizar nuestro poder adquisitivo en periodos largos de tiempo tendemos a buscar vehículos de ahorro que tengan una serie de cualidades concretas: que tengan una inflación baja, que sea costoso de crear o descubrir, que tenga poco deterioro, que sea transportable, fungibles, con bajos costes de custodia y mantenimiento, difícil de manipular y con riesgos regulatorios bajos.

El oro ha cumplido muy bien a lo largo de la historia este papel. Las acciones y la deuda pública también han servido a este propósito, al igual que el arte y otros coleccionables, pero en países como España el vehículo de ahorro principal son los bienes inmuebles. El 83 % de los españoles es propietario de una vivienda, y esto puede ser problemático dado el contexto actual. Voy a tratar de explicar, sin tratar de detallar todo, por qué Bitcoin es superior cualitativamente a los bienes inmuebles como vehículo de ahorro.

Tal y como trato de explicar en La filosofía de Bitcoin, está diseñado específicamente para preservar valor en periodos largos de tiempo, superiores a 3-4 años, y durante su corta vida ha mostrado ser superior al resto de sus alternativas para este fin, gracias a sus propiedades objetivas, no meramente a un carácter especulativo o de consenso.

¿Cuáles son estas propiedades? Bitcoin es un activo real —un bien presente—, y por ello sin riesgo de contrapartida. Es escaso, con una oferta fija conocida de antemano, y no dependiente de terceros. Es muy divisible, con una liquidez espacial muy elevada —un mercado 24/7, 365 días al año y universal—, fácil de almacenar, barato de custodiar, sin apenas costes de mantenimiento, con riesgos regulatorios bajos. También es fungible, casi imposible de manipular, fácil de verificar, no se deteriora con el tiempo (los bitcoins no envejecen —ventajas del ciberesparcio—) y resistente a la censura. Si se realizan los procedimientos adecuados, permite mantener niveles altos de privacidad. Asimismo, es fácil de transportar, sin riesgo de redenominación, difícil de confiscar, con costes de envío bajos y, algo muy importante vista la guerra de Ucrania, te permite salir por patas con tu patrimonio en tu cabeza en caso de conflicto.

Seguro que me dejo unas cuantas, pero ya podemos empezar a ver que tiene una serie de cualidades únicas, y no replicables, que convierten a Bitcoin en una alternativa al resto de opciones que hemos tenido históricamente como reserva de valor en periodos largos de tiempo.

Si comparamos los bienes inmuebles con estas propiedades de Bitcoin, nos encontramos con un activo cuya oferta y demanda dependen principalmente de las condiciones de financiación, lo que es uno de los problemas que abordaré más adelante. No es un bien divisible, por lo que en caso de que necesites recurrir a tus ahorros tendrás que liquidar el bien íntegro, no puedes acceder a una fracción de tus ahorros. Su liquidez deja bastante que desear, especialmente fuera de las ciudades globales, y tiene unos trámites burocráticos elevados. Tiene unos costes significativos de mantenimiento —reparaciones y reformas—, de custodia y vigilancia, y cotidianos —comunidad, recogida de basuras, etc.—. Además, tiene unos costes de transmisión enormes: ITP, IVA de obra nueva, notaría, plusvalía municipal, plusvalía fiscal, más lo que se le ocurra a los políticos de turno. Por si fuera poco, se encuentra en registros públicos, por lo que la privacidad es nula y su resistencia a la censura igual. Su seguridad jurídica deja mucho que desear viendo los problemas de okupas e inquilinos morosos. Al tenerlo un gran número de ciudadanos y ser inmóvil es el blanco perfecto para ser objeto de mayores impuestos. Por ser un bien fijo no se puede transportar y en caso de tener que huir de tu país ya puedes despedirte.

He pretendido analizar algunas de sus cualidades como vehículo de ahorro sin tener en cuenta el contexto actual del sector, pero si reflexionamos sobre él, caeremos rápido en la cuenta de que los bienes inmuebles pueden sufrir una caída de precios muy significativa, especialmente las viviendas fuera de las ciudades globales.

El precio de cualquier bien económico viene determinado por su oferta y por su demanda. En el contexto actual de inflación tan elevada, los ciudadanos cada vez van a tener más problemas para llegar a final de mes, por lo que tendrán que recurrir a sus ahorros para hacer frente a los gastos, y el ahorro principal de los españoles es la vivienda y otros bienes inmuebles. Por ello, cabe imaginar que la oferta crecerá significativamente, pero ¿y su demanda? Como comentaba anteriormente, la demanda de bienes inmuebles está muy relacionada con la facilidad de acceso a financiación, por lo que en el contexto de los últimos años los que tenían intención y capacidad de compra lo han hecho por unas condiciones extraordinarias para ello. Así que, por un lado, tenemos que gran parte de los potenciales compradores de vivienda ya lo han hecho. Por otro lado, ante la inevitable subida de tipos de interés, vamos a ver un endurecimiento de las condiciones de financiación, en un contexto de recesión económica e inflación —stagflation—, lo que sumado a la escasez de jóvenes por la demografía española, la precariedad laboral y las subidas de impuestos que se están preparando, crea un contexto realmente preocupante sobre la expectativa de los precios de los bienes inmuebles fuera de las ciudades globales.

Un incremento significativo de la oferta con una caída fuerte de la demanda lleva inevitablemente a una caída de los precios, de tal modo que cuando los españoles quieran acudir a sus ahorros los verán muy mermados. Y es en este contexto donde igual puede ser interesante saltar del barco antes de que se hunda y pasarse al bote salvavidas de Bitcoin.

Bitcoin y las cartas en cadena

A lo largo de la existencia de Bitcoin muchos economistas han elaborado distintas analogías para explicar su funcionamiento y encuadrarla de la mejor manera posible dentro de las clases de activos o bienes económicos existentes hasta la fecha. Las analogías suelen tener siempre algún problema, pero no dejan de ser útiles para ayudar a entender conceptos complejos a los que no estén familiarizados con el asunto, pues lógicamente nadie es experto en todo.

En el comentario de hoy nos vamos a detener en la analogía entre Bitcoin y las cartas en cadena que realiza el economista especializado en teoría monetaria JP Koning.  Podremos estar de acuerdo o no con el análisis de Koning pero se nota que le ha dedicado tiempo e investigación a esta cuestión. Recomiendo leer un breve artículo suyo donde hace un resumen de esta analogía, partiendo de la premisa de que una carta en cadena es un mecanismo descentralizado, sin coacción.

En mi opinión la analogía que hace Koning no funciona nada bien porque necesita matizar las diferencias de tal manera que en su propia exposición queda claro que se están asimilando cosas que tienen naturalezas demasiado distintas como para ser análogas. La más importante es que una carta en cadena es un acuerdo voluntario para cuyo cumplimiento es necesario el comportamiento honesto de todos los participantes, y por tanto los incentivos no están correctamente alineados, es decir, el incentivo del beneficio individual no es compatible con el del resto de participantes.

En una carta en cadena el número total de posiciones en la lista no son realmente posiciones genéricas como son las unidades de Bitcoin, sino que realmente son identidades de personas. Cada posición en la lista de la carta debe corresponderse con una sola persona, es decir, de alguna manera es necesario algún mecanismo para asegurar que no hay identidades falsas de manera que una misma persona no reciba múltiples pagos a través de identidades inventadas.  Este carácter nominativo de las posiciones es prueba de su naturaleza de acuerdo o contrato.

Por otro lado, Koning explica que en una carta en cadena no es lo mismo estar en las primeras posiciones que en las últimas. Por tanto las posiciones no son fungibles y no es posible que se desarrolle un mercado secundario donde poder comprar y vender dichas posiciones.

Por último, Koning resalta que la carta en cadena es un juego de suma cero. En la práctica no hay duda de que esto es así porque debido a los problemas expuestos anteriormente las cartas en cadena son siempre estafas. Pero tomando un poco más de perspectiva, si el invento no tuviera los problemas que tiene, sí que podría resolver un importantísimo problema de coordinación.  Este es el enfoque de Nick Rowe cuando equipara Bitcoin o las cartas en cadena al activo de Samuelson en su paper de 1958, que por no extenderme mucho se trata de un activo que permite ayudar a resolver, nada más y nada menos, que el problema de las pensiones.

Si las cartas en cadena o Bitcoin fueran capaces de ayudar a resolver este problema, entonces en absoluto serían ningún juego de suma cero, pues ayudarían a resolver un dificilísimo problema de coordinación intergeneracional. Todo aquello que resuelve problemas aunque sea parcialmente, tiene valor. No hay más que ver lo complejo que resulta resolver la problemática de las pensiones en nuestro país, o en cualquier otro país del mundo. 

Es verdad que los primeros que llegaron a Bitcoin pueden haber ganado muchísimo dinero, igual que los que están los primeros de la lista en una carta en cadena, pero esto es una visión muy parcial que contempla solo la fase en la que Bitcoin se está descubriendo como un nuevo instrumento que, junto con otros como los bonos, las acciones, los inmuebles, ayude a solucionar este problema. Esto no sería así si la demanda de Bitcoin se estableciera como una alternativa más de inversión. 

Tengamos en cuenta que Bitcoin partió de cero, y el crecimiento de 0 a 1 es porcentualmente descomunal, se podría decir que infinito, pero el crecimiento de 10.000 a 10.001 ya es tan solo del 0,01%. A medida que la demanda se estabiliza en un nivel más alto, por mucho que la volatilidad siga alta, de ninguna manera se podrán pegar los pelotazos que potencialmente se pudieron pegar en un principio. Bitcoin no será siempre un billete de lotería como a menudo suele decir Koning.  Y la verdad, si Bitcoin ayudase a resolver este problema de coordinación tan complejo, los primeros que fueron capaces de verlo e invirtieron en él, bien merecen ese premio, pues sin ellos Bitcoin nunca habría pasado del cajón de la mesa de Nakamoto.

La naturaleza de Bitcoin es ser una simple cosa inerte, que por sus cualidades (fungible, sin riesgo de inflación o contraparte, fácil de atesorar, transportable, etc) pareciera ser apropiada para funcionar como medio de intercambio a largo plazo. La coordinación alrededor de Bitcoin se lleva a cabo por la mera observación de las características de la cosa y de ahí valorar el posible comportamiento del mercado al respecto de esas características objetivas de la cosa, igual que con el trigo o con el oro. Es posible valorar si la cosa tiene las cualidades para prestar este servicio de intermediar intercambios a largo plazo, de la misma manera que podemos valorar por nosotros mismos que otros llegaran a la conclusión de que el trigo es comestible. 

Por el contrario, una carta en cadena es tan solo una expectativa de comportamiento que no se concreta alrededor de ninguna cosa y además al no ser exigible ni fungible no se puede “cosificar” como si es posible hacerlo con un activo financiero.  Sería un acuerdo o contrato en abstracto, o casi ni eso, porque para que un acuerdo cuyo cumplimiento no es exigible pueda calificarse como acuerdo, al menos tendría que tener visos razonables de cumplirse, y este no es el caso porque necesita que los demás no miren exclusivamente por su propio interés. El incumplimiento del acuerdo no tendría tampoco consecuencias, ni siquiera de reputación. Su funcionamiento estaría basado en conceptos del tipo “acuerdo social” o “contrato social”, que son insostenibles en un contexto descentralizado donde no exista coacción para cumplir ni consecuencia por incumplimiento, pues la necesaria alineación de incentivos y disuasivos es inexistente. 

Bitcoin y la crisis de autoridad del Estado (II): Las dos fracturas principales y el camino a las micrópolis

Si en el artículo anterior planteaba la cuestión y comentaba las tres primeras fracturas de la Autoridad del Estado, en este comentaré las otras dos fracturas y cómo se empieza a abrir el camino hacia las Micrópolis.

4/ La sangre del Leviatán. La capacidad de obtener recursos del Estado depende principalmente de dos vías, del cobro de impuestos y de la posibilidad de financiarse en el mercado colocando su deuda pública (cuyos intereses pagará mediante el cobro de impuestos precisamente). En un escenario como el actual, con una inflación elevada, y unos Estados hiperendeudados, podemos estar ante un escenario de crisis de la deuda pública:

«La conclusión no puede ser más clara. Los bancos centrales se han metido en un verdadero callejón sin salida. Si huyen hacia adelante e impulsan aún más su política de expansión monetaria y monetización de un déficit público que no deja de aumentar, corren el riesgo de generar una grave crisis de deuda pública e inflación. Pero si, ante el miedo de pasar del escenario de “japonización” previo a la pandemia a un escenario próximo a la “venezuelización” con posterioridad a ella, detienen su política monetaria ultralaxa, entonces de inmediato se hará evidente la sobrevalorización de los mercados de deuda pública y se generará una importante crisis financiera y recesión económica, tan dolorosa como saludable a medio y largo plazo. Y es en este contexto en el que la única recomendación sensata que se puede dar a los inversores es que vendan todas sus posiciones en renta fija cuanto antes, pues no se sabe por cuánto tiempo más los bancos centrales seguirán manteniendo de forma artificial un precio de la misma tan desorbitado como jamás se ha visto en la historia de la humanidad». (Los efectos económicos de la pandemia, Huerta de Soto)

El dinero fiat, en principio, es un pasivo del banco central, cuestión que suscita interesantes debates. Esto se ve mucho más claro si se tiene presente que hasta hace no tanto era convertible en oro, es decir, que se podían canjear los billetes por su equivalente en oro, de tal modo que el banco debía tener en su activo tanto oro como en su pasivo billetes convertibles en este, al menos en la proporción establecida legalmente. Desde que Nixon acabó con el Patrón oro en 1971 no hay esta convertibilidad, sin embargo el dinero fiat se ha seguido contabilizando como un pasivo de los bancos centrales, que tenía como contrapartida principalmente deuda pública.

A raíz de la pandemia los bancos centrales han incrementado sustancialmente la oferta monetaria, lo cual incide significativamente en la inflación tan elevada que estamos viviendo actualmente. La cuestión es que para volver a meter a la inflación en cintura los bancos centrales tendrán que subir los tipos de interés y/o retirar dinero de circulación vendiendo deuda pública al mercado mientras los Estados suben impuestos.

Las cuestiones aquí son varias:

a) Si se inunda el mercado de deuda pública, con una inflación significativa, ¿quién la comprará?

b) A largo plazo, con un activo inconfiscable como Bitcoin, ¿qué garantías hay de que los Estados puedan cobrar los impuestos necesarios para pagarla? Si los suben significativamente le harán una publicidad tan impagable como la que le ha hecho el Gobierno de Canadá con el embargo de cuentas. La única garantía es que incrementen su coerción sobre los ciudadanos —un parche que terminaría volviéndoseles en contra más pronto que tarde—, profundizando aún más en la pérdida de libertades. Si esto sucede, será más publicidad para Bitcoin y más incentivos para que otras jurisdicciones ofrezcan mejores condiciones a aquellos que busquen preservar su patrimonio y libertades.

c) Si además Bitcoin es un activo para preservar valor en periodos largos de tiempo y por ello un perfecto competidor de la deuda pública en el medio y largo plazo, tendrán que subir aún más los tipos de interés para que la deuda pública resulte atractiva para los inversores, especialmente de aquellos Estados en los que se dude de su solvencia.

d) De la deuda pública principalmente se pagan los intereses y se refinancia el principal al tipo de interés del vencimiento, pero si tienen que subir los tipos y se tiene que refinanciar ahí, los intereses que tendremos que pagar se disparan, y si no hay capacidad para el pago de los intereses las dudas sobre la solvencia provocarán que los acreedores, ante la incertidumbre de cobro en un posible momento de necesidad de liquidez, eviten la refinanciación y se exija el pago del principal, además de exigir mayores rentabilidades futuras por el riesgo esperado.

e) Si los Estados y los Bancos centrales se empeñan en no cambiar nada deteriorarán la solvencia de sus países y de sus empresas de forma muy significativa, probablemente ellos mismos tengan que llegar a atesorar Bitcoin para poder hacer frente a sus obligaciones, ¿tardaremos mucho en ver cómo los Bancos y los Estados empiezan a adoptarlo como reserva de valor? ¿Qué pasará con el euro ante un escenario de inflación significativa donde unos países tendrán problemas más que considerables con su deuda pública y otros no?

Por todo esto, y las consecuencias que se derivan de ello, a corto y medio plazo, en el escenario optimista, sólo habrá una subida significativa de impuestos —que ya rozan niveles de expolio— y una reducción significativa del gasto público, con su consecuente contracción de la economía. El pesimista prefiero no mentarlo.

Si la decisión a tomar por los bancos centrales se debate entre expoliar a los ciudadanos o dejar de financiar a los gobiernos, creo que tienen alineados los incentivos para lo primero. No está de más protegerse tanto de la inflación como del expolio fiscal con un activo inconfiscable que se puede comprar sin identificar.

5/ El fork del acceso a la información. Históricamente, el poder político ha estado sancionado por una Autoridad, lo cual ha influido significativamente en la forma política del momento. Asimismo, la forma que tenemos de acceder a la información ha determinado en gran medida a quién reconocemos como Autoridad, como saber socialmente reconocido. Desde el Oráculo de Delfos, a los juristas romanos, o la Iglesia católica, la Autoridad ha estado separada de la Potestad, y de esta manera había una separación clara. Como comentaba en la primera parte del artículo, la idea de soberanía fusiona ambas, por lo que es el Poder político el que detenta también el saber socialmente reconocido, especialmente sancionado a través de su cuarto poder: los medios de comunicación. Así, vemos la vinculación de cómo el acceso a la información influye en la forma política. Veamos un ejemplo de lo que sucede hoy: hay una serie de canales de televisión, que se corresponden aproximadamente con los partidos políticos, y allí donde hay un canal de televisión regional con una visión política concreta también está un partido regional con ella. Pero ahora lo que estamos viendo es cómo ese oligopolio de la sanción del poder político y de acceso a la información está sufriendo un fork: los creadores de contenido, youtubers, streamers, influencers, etc.

La mayoría de jóvenes no vemos la televisión —yo llevo 7 años sin hacerlo—, y bebemos de otras fuentes de información distintas a las de nuestros padres y abuelos, y con ello reconocemos otras autoridades, otras fuentes de saber socialmente reconocido, en este caso autoridades carismáticas. Esto supone el abandono de las autoridades establecidas y del interés por la actualidad, y con ello una de las crisis más importantes: la crisis de la legitimidad del poder político.

Ahora estos youtubers se tienen que ir del país, enseñan a los jóvenes lo confiscatoria y abusiva que es la Hacienda española, y señalan el camino a las generaciones venideras que, cuando crezcan y tengan intereses políticos y económicos, dispondrán de un activo inconfiscable e incensurable para llevar a cabo sus proyectos vitales. Con ello se incrementará significativamente su poder de negociación, y querrán un nuevo contrato social. Este es uno de los caminos que conduce hacia las Micrópolis:

“Por lo que a nosotros concierne, estamos totalmente convencidos de que un día se establecerán asociaciones para reclamar la libertad de gobierno como han sido establecidas para reclamar la libertad de comercio” (La producción de seguridad, Gustave de Molinari).

Ese día ya empieza a amanecer.

Bitcoin, dinero y mercancías

En el artículo de hoy voy a tomar como punto de partida el debate ¿Puede el Bitcoin llegar a ser dinero? que mantuvieron Eduardo Blasco y Paco Capella en esta casa. Yo estoy en el bando de Paco pues creo muy improbable que Bitcoin llegue a ser dinero debido a su volatilidad. Además creo que esta volatilidad es inherente debido a su estricta inelasticidad, tal y como está explicado aquí y que no podría ser corregida con sustitutos monetarios por la razón que explica Paco, y es que daría lugar a una pirámide invertida donde el valor de su base es cada vez menor en términos relativos con respecto al resto de la pirámide, volviendola insostenible a medio plazo. 

Y digo que tomo el debate como punto de partida porque lo considero poco productivo por ya superado y creo que desde un punto de vista de teoría del intercambio sería más esclarecedor centrar el debate alrededor del carácter de mercancía de Bitcoin, y no en su posibilidad de ser dinero. La narrativa del “oro digital”, en el sentido del uso actual del oro que claramente no es dinero generalmente aceptado, ha estado presente desde el comienzo de Bitcoin aunque inicialmente tuviera menor peso que la narrativa de dinero. 

La narrativa de oro digital fue cobrando mayor relevancia según transcurrieron los años, enfrentándose a la narrativa del uso como dinero hasta que en 2017 llegó el cisma insalvable entre estas dos narrativas (Bitcoin vs. Bitcoin Cash) y se sometió al juicio del mercado. Los defensores de Bitcoin proponían que si en un futuro se utilizase Bitcoin como dinero, esto debería hacerse en capas superiores, tal y como anticipó Hal Finney aunque él no pudiera predecir en aquel momento un sistema como Lightning Network.  Los defensores de Bitcoin Cash proponían que debería ser en la capa básica aumentando el tamaño de bloque. 

Pues bien, a día de hoy Bitcoin Cash a pesar de tener bloques más grandes procesa menos de una cuarta parte de transacciones de las que procesa Bitcoin. ¡Y eso sin contar las transacciones en Lighting Network de Bitcoin!. Y teniendo en cuenta que Bitcoin es un activo de bajísima velocidad, que Bitcoin Cash tenga una velocidad aún menor es un fracaso sin paliativos. Como detalle adicional, si Bitcoin Cash tuviera adopción como dinero, es decir que muchísimas personas se hubieran lanzado a demandar un saldo de tesorería, eso debería haber sostenido su valor, y sin embargo el valor de mercado de Bitcoin Cash no llega ni al 1% del valor de Bitcoin. 

Además, Bitcoin Cash no soluciona el problema de la volatilidad. Tanto los proponentes de Bitcoin Cash, como aún muchos defensores de Bitcoin como el propio Eduardo Blasco (y en cierta medida yo mismo hasta hace no demasiado tiempo), creen que la adopción resultará en una volatilidad que podría ser inferior al oro o a las actuales monedas fiat. Esto está relacionado con un comentario en el turno de preguntas sobre la “confianza transversal”, que en mi opinión es un concepto profundamente equivocado que ya refutó Menger como explico aquí. El dinero no es dinero porque se llegue a algún consenso para aceptarlo y entonces adquiere las cualidades necesarias para ser dinero (invariante de valor, etc). Es totalmente al revés, se llega a utilizar generalizadamente porque el mercado descubre que tiene buenas cualidades para serlo.

La inelasticidad de Bitcoin, y más concretamente su oferta determinista, impide que sea estable. Da exactamente lo mismo que Satoshi hubiera decidido una emisión permanente del 2%, pues al ser información cierta se descontaría en el precio actual y estaríamos en las mismas. Satoshi ya reconoció expresamente que en ese sentido Bitcoin estaba desconectado de la realidad, pues no sabía como implementar de ninguna forma que el sistema obtuviera la información sobre las variaciones de la demanda, y que por eso se decantó por una oferta fija. Yo creo que hizo bien Satoshi porque era la opción más simple, y cualquier otra habría introducido más complicaciones para no solucionar nada.

Menciona Paco Capella a JP Koning. Un economista especializado en teoría monetaria muy interesante al que sigo en twitter y en su blog, y con quien he tenido la oportunidad de intercambiar opiniones. Creo que el enfoque de Koning es innecesariamente dicotómico en dos sentidos. En un primer sentido, no veo que haga falta un armagedón económico para que Bitcoin sea útil como activo de confianza minimizada (trust minimized). El coste de la confianza ni es cero ahora ni sería infinito en un armagedón, es un gradiente. Y en un segundo sentido, como Bitcoin no es dinero para Koning ni cree que pueda serlo por su volatilidad, ni tampoco tiene valor de uso, entonces considera que solo puede ser un activo especulativo o un juego tipo lotería o concurso de belleza keynesiano. Koning no entiende o no contempla la teoría de la mercancía de Menger donde el instrumento en cuestión pueda ser una mercancía, pero no la más líquida.

Quisiera además insistir en que la idea de mercancía surge para satisfacer la necesidad de intercambiar y se caracteriza por tener valor de cambio. No hay intercambio sin mercancías ni mercancías sin intercambio. Que el concepto de mercancía se descubriera históricamente sobre el soporte del valor de uso no cambia que lo esencial de la mercancía sea su valor de cambio, y por tanto el valor de uso sea accesorio o circunstancial. El valor de uso no es condición necesaria ni mucho menos suficiente para que una mercancía sea una mercancía.  

Por tanto, Bitcoin es una mercancía que además es un activo real. No es ningún activo financiero. Los activos financieros tienen algún riesgo de contrapartida al estar su existencia y valor necesariamente vinculada al comportamiento de una entidad, persona o grupo de personas muy concreto, y este no es el caso de Bitcoin. 


Por otro lado, la oferta determinista de Bitcoin supone una desventaja enorme para que pueda ser dinero, pero podría ser una ventaja para ser una mercancía de confianza mínima. Quiero enfatizar “podría”, en condicional, porque no tengo ni idea de si el mercado a la larga va a valorar esta oferta determinista. En el caso de que  esto fuera así, Bitcoin podría actuar como punto focal, que es un concepto distinto al de efecto red y al de first mover. Esto implicaría que cualquier oferta adicional sería rechazada a la larga, venga esa oferta adicional desde dentro de Bitcoin como propuesta de modificación de su emisión, o desde fuera en forma de otros activos reales digitales al portador. Carácter “real” que por cierto casi ninguna del resto de criptomonedas tiene, y que, sorprendentemente, y salvo contadísimas excepciones prácticamente ninguna pretende tener si nos ceñimos a los hechos. 

Para ir concluyendo voy a analizar algunas cuestiones concretas que se comentaron en el debate:

“Bitcoin es un activo de confianza cero”. No creo que ningún proponente serio de Bitcoin sostenga tal cosa. En todo caso se puede decir que es un activo de confianza minimizada.  

“Bitcoin no escala”. Es cierto para la capa básica, pero no tanto para capas superiores. Independientemente de que igual no es necesario que escale demasiado, sí que puede escalar en capas superiores manteniendo razonablemente esa confianza mínima con protocolos tipo Lightning Network (LN). Para recuperar tu saldo de un canal LN no necesitas que participe el otro usuario. Otra cuestión es venderle algo y que no te pague. Pero eso no es un riesgo del instrumento en sí sino de los intercambios en general, que puede pasar exactamente igual en la capa básica de Bitcoin o al hacer un pago al contado con cash o con oro. 

“Bitcoin no es inconfiscable”. En esto sí estoy de acuerdo. Se podría decir que es difícil de confiscar debido a que, entre otras cosas, funciona al margen de los contratos y las leyes tradicionales, que actualmente controla el Estado. Las reglas de Bitcoin no se fundamentan en el uso de la fuerza, son más bien como las reglas que sirven para identificar el oro puro o sumar dos más dos, es extremadamente difícil que alguien las pueda manipular en su favor por muy poderoso que sea. 

Sobre la lentitud de Bitcoin, es importante tener en cuenta que el propósito fundamental de la cadena de bloques es enviar una señal honesta de tiempo y no tanto transmitir un flujo de transacciones. Por eso Satoshi utilizó el término Timechain, nunca habló de Blockchain. Mientras alguien no invente algo mejor, los bloques han de ser necesariamente pequeños para que la señal costosa y supuestamente honesta de la prueba de trabajo sea realmente una señal. Esto es así porque los bloques grandes limitarían el alcance de la señal a sólo personas que tengan equipos y ancho de banda muy costosos. Y si tú no puedes verificar la señal por ti mismo, ya tendrías que confiar en terceros que la verifiquen por tí. Y si tienes que confiar en terceros, pues para ese viaje no hacía falta tanta alforja.

Proof of Stake no solventa el problema, pues al tratarse de una garantía financiera no se trata de un coste inherentemente irrecuperable. El validador podría cubrir su posición con instrumentos derivados de manera que hacer trampas o molestar no tenga un coste para él. Además, los validadores que ya vendieron sus monedas pueden intentar un ataque del 51% arrancando una nueva cadena desde la fecha en que eran propietarios y por tanto el intento no puede tener ningún coste para ellos. Sería un ataque rechazable porque una nueva cadena muy retroactiva sería percibida como grotesca, pero dado el nulo coste del ataque podría perturbar mucho, y durante mucho tiempo, el funcionamiento normal de la red. Que Ethereum esté retrasando durante años y años su transición al Proof of Stake no es casualidad.

Por último, creo que tiene razón Paco al decir que algunos “hodlers” se comportan como una secta y además su discurso de no vender nunca es algo incoherente con su perspectiva de hiperbitcoinización. Ahora bien, se puede ser hodler con la simple perspectiva de que Bitcoin sea una mercancía valiosa, no necesariamente la más líquida. Creo que los hodlers fanáticos de la hiperbitcoinización no se dan cuenta que el hecho de que una mercancía sea dinero o no, no es necesario para que valga más. El oro no se desplomó, ni mucho menos, cuando dejó de ser dinero. 

GoFundMe, ayudas al desarrollo y lo que sí (y lo que no) arregla Bitcoin.

El pasado 29 de enero se inició en Canadá el Freedom Convoy, una protesta que a 7 de febrero sigue activa oponiéndose a los controles de vacunación para los camioneros que volviesen a Canadá por tierra o serán obligados a permanecer dos semanas en cuarentena. Estos camioneros estaban recaudando fondos a través de GoFundMe—plataforma para demandar y ofrecer subvención para proyectos—para financiarse hasta que la plataforma retiró su campaña de micromecenazgo alegando que violan sus términos y condiciones al promover abusos y violencia al haber relacionado el movimiento con ciertos episodios de violencia en la zona. (Curioso cuando GoFundMe financió sin problemas a los grupos de antifa durante las protestas del año pasado.) Esto fue una vez la campaña había recaudado más de diez millones de dólares como apoyo a la causa. GoFundMe llegó a repartir un millón de los diez y devolvió los otros nueve a los usuarios. No sin antes crear cierta polémica. Originalmente, GoFundMe pedía que cada usuario reclamase su dinero de vuelta o este sería redirigido a otras campañas según estimase oportuno la empresa.

Como respuesta, aquellos interesados en donar a la causa han encontrado otras maneras de financiar a los camioneros mediante otras plataformas de micromecenazgo por un lado y Bitcoin por otro. Para apoyar la causa con Bitcoin, los organizadores del Freedom Convoy han creado una página de donaciones, la cual acepta donaciones on-chain de Bitcoin y mediante la Lightning Network. Todo el Bitcoin donado se mantendrá en la cartera que necesitará varias firmas para poder usar los fondos recaudados. De esta manera, la wallet elimina el punto único de fallo de plataformas centralizadas como GoFundMe. La configuración de la wallet también asegura que el grupo debe coordinar cómo se utiliza el dinero, ya que ninguna persona tiene la capacidad de transferir Bitcoin. Ahora, por ejemplo, los camioneros están debatiendo cual es la mejor manera para distribuir los fondos entre ellos. Tal como están las cosas ahora, parece que el énfasis principal estará en utilizar Bitcoin para ayudar a los camioneros a comprar combustible y alimentos mientras enfrentan el amargo invierno canadiense en su búsqueda por poner fin a las restricciones. Por ahora llevan más de 11 bitcoins recaudados.

Este episodio y la utilización de cláusulas contractuales demasiado ambiguas de GoFundMe demuestran como los mecanismos tradicionales de pago quedan obsoletos, pueden caer ante la censura y presiones políticas. Bitcoin es un sistema monetario inclusivo, libre de censura y seguro. Bitcoin está demostrando que es una tecnología disruptiva que ya está aquí para quedarse. Esta manera de efectuar pagos descentralizados puede aplicarse a otros campos. Por ejemplo, al enviar dinero al desarrollo, ahora los países podrán obviar los muchos intermediarios antes de que el dinero llegue a los interesados y así no financiar a políticos corruptos.

En los últimos 50 años, los gobiernos occidentales han donado más de 4.600.000.000.000 dólares a países en vías de desarrollo, 60% del cual provenía de gobiernos. A parte de todas las críticas que se le pueda hacer a las ayudas al desarrollo, las cuales yo comparto en su mayoría, si suponemos que hay buenas intenciones detrás de estas y no que los criminales de aquí ayuden repartiendo parte del botín con los criminales de allá a cambio de algo, los defensores de la ayuda al desarrollo deberían promover el uso de Bitcoin para causas humanitarias. Estudios muestran que entre 2013 y 2015 solo se pudo verificar que llegó correctamente un 7% de las ayudas que se enviaron desde Estados Unidos a Ghana. Con Bitcoin se puede terminar con estas redes centralizadas que se requieren para el traspaso de fiat y enviar el dinero directamente a la población objetiva. Seguramente, los mafiosos de aquí no lo hagan y busquen alguna excusa para seguir con el método clásico. Al fin y al cabo, los beneficiados son sus contrapartes y compañeros de crimen. Pero ahora tendrán que esforzarse más en dar explicaciones de por qué no utilizan medios más seguros y sin tantos puntos de fallo. Por tanto, podemos decir que Bitcoin arregla la censura política sobre medios de pago centralizados y la corrupción de las ayudas al desarrollo.

Lo que no arregla Bitcoin es la ideología de la gente. Podemos esperar que con un buen dinero la preferencia temporal de las personas decaerá, ahorrarán y planearán más hacia el futuro. Pero eso no quita que siga habiendo gente con gustos políticos y a favor de ciertas campañas y en contra de otras, por lo que seguiremos viendo, tal vez, empresas como GoFundMe que no quieran financiar ciertas campañas por su tinte ideológico. No obstante, estas tendrán más competencia que la actual porque la opción descentralizada estará ahí, cada vez con una mejor infraestructura. Por tanto, GoFundMe u otras empresas de micromecenazgo no se podrán permitir ser tan ambiguos con sus condiciones de uso o eliminar campañas activas de manera indiscriminada. Sus posibles futuros clientes necesitarán, al menos, contar con cierta certeza a la hora de operar. Además, GoFundMe necesitará buena reputación ya que esto será el distintivo con otras plataformas menos conocidas pero descentralizadas.

A la vez, resulta llamativa la noticia de que KPMG Canadá ha añadido Bitcoin a su tesorería corporativa, siendo la primera inversión de este tipo para la compañía. Bitcoin, cada vez más, parece imparable.

Bitcoin y la crisis de Autoridad del Estado (I): Introducción

Si por algo está teniendo tanto éxito La filosofía de Bitcoin es porque creo haber dado con la tecla de analizar Bitcoin como algo de dimensión muy superior a la de ser meramente un activo económico, al margen de consideraciones sobre su naturaleza económica.

Bitcoin, efectivamente, es un activo económico con unas características muy peculiares e interesantes para analizar bajo la lupa de los investigadores en esta materia, pero a mi juicio su importancia es muy superior en el ámbito político, jurídico y social. Al final, la economía no es un área cerrada, sino que siempre está atravesada por la política.

Bitcoin es una evolución superior en el ámbito de las transacciones económicas, lo cual no equivale de forma idéntica a decir que es un buen medio generalmente aceptado de pago, ni mucho menos. La mejor manera de entenderlo a mi modo de ver es comprender que es el primer activo escaso digital no dependiente de terceros.

Si atendemos a formas de intercambios económicos históricos vemos que las relaciones económicas mediadas por metales eran distintas a los intercambios monetarios. Los intercambios metálicos debían ser validados entre particulares, que debían comprobar la pureza y calidad de éstos; con el salto a la moneda se pasa a delegar esta validación en el poder político, pasando de ser una relación entre particulares a una relación mediada por el gobernante de turno. Y desde entonces no ha habido gran innovación en el ámbito monetario.

Friedrich A. Hayek adelantó muy bien en La desnacionalización del dinero que esto no se debía nada más que a una creencia ampliamente establecida de que debía ser el poder político el que llevase a cabo esta tarea, y se encargó de abrir la imaginación monetaria por la vía teórica para devolver a esa creencia su carácter de mera idea histórica, y por histórica transitoria, no necesaria.

Bitcoin, al no depender de terceros, permite precisamente superar eso y abrir un nuevo espacio no sólo económico, también político.

Por la parte del Estado, conviene incidir en los amplios estudios históricos y teóricos de Dalmacio Negro, que sigue a Carl Schmitt, en lo referente a la peculiar naturaleza del Estado. El Estado no es sinónimo de cualquier forma política. No toda organización política es un Estado. Gran parte de los teóricos liberales y las corrientes surgidas del mismo caen precisamente en el error de equiparar el Estado con el Gobierno o con cualquier otra forma política. Llevamos las gafas del estatismo para ver a la Grecia clásica y vemos “ciudades-estado”, cuando las polis son simplemente una forma política. Lo mismo sucede al mirar Roma o a la Monarquía hispánica. Vemos el pasado, el presente y el futuro con el virus del Estado.

El Estado surge en la segunda mitad del siglo XVI, a raíz de la idea de soberanía que fusiona las ideas clásicas de Potestad (poder socialmente reconocido), que históricamente recaía en la monarquía, y Autoridad (saber socialmente reconocido), que lo detentaba la Iglesia y sus juristas. De las guerras de religión aparecen las monarquías absolutas, un fenómeno moderno, y de su proceder bajo el principio de la soberanía crearían el Leviatán, que se independizaría de ellas. Con la Revolución francesa el usufructo de la soberanía pasó de los monarcas absolutos a la Nación, ahora política, y en los últimos coleteos de este tiempo histórico es donde creo que nos encontramos. Tanto la Potestad como la Autoridad del Estado-Nación están entrando en crisis.

No sólo Bitcoin incide en esta crisis, pero sin Bitcoin no imagino una transición a otras formas políticas, y Bitcoin le arrebata al Leviatán de forma radical el báculo de la Autoridad.

Ahora nos encontramos en una situación en la que la Autoridad del Estado tiene 5 fracturas principales:

1/ La seguridad patrimonial. El Estado ha dejado de ser el garante de la seguridad patrimonial en varios ámbitos, ya no garantiza la propiedad, su uso y disfrute a capas muy amplias de la Sociedad, y nada hace pensar que vaya a corregir su rumbo. En el sector inmobiliario se protege más al okupa que al propietario. En el resto de sectores se centra más en el control y el expolio fiscal que en su crecimiento y prosperidad. Esta forma de proceder está desplazando la percepción de seguridad del Estado a otros ámbitos, por ejemplo, los maximalistas depositan su percepción de seguridad patrimonial en Bitcoin, de ahí que tenga ciertos elementos religiosos al absorber parte del aura del Estado. Recordemos que las religiones duran más que los imperios.

2/ Su papel como administrador de justicia y legislador. El Estado monopoliza en gran medida los sistemas de aplicación de justicia, sin embargo, en el Ciberespacio no tiene soberanía, lo que limita tanto su capacidad de hacer justicia como el respeto a su legislación. Bitcoin bien custodiado es inconfiscable, y por ello no se puede hacer justicia en el sentido clásico del término de lo que se mantenga en este activo. Pensemos en aquellas situaciones en las que una de las partes se ha apropiado indebidamente de unos bienes y los liquida para pasarlo a Bitcoin, ¿qué hace un juez ante esta situación si no puede embargarlos? Si alguien tiene su patrimonio en Bitcoin, ¿cómo le obliga un juez a cumplir con una obligación de dar si éste se niega? Es más, si no depende de terceros, te permite mantener la privacidad, es inconfiscable y sus transacciones incensurables, ¿pueden hacer algo los Estados contra Bitcoin? ¿Sirve de algo que lo “prohíban”?

3/ Por si todo esto fuera poco, también produce un cambio en las relaciones de poder. Bitcoin te permite secesionarte patrimonialmente a nivel individual, colectivo y político. Se puede pasar el patrimonio a Bitcoin sin KYC —el Estado no tiene manera de enterarse de esto si el procedimiento se realiza adecuadamente— ello significa que se puede mantener un patrimonio al margen de las garras del Estado, y de cualquiera. Pero esto no es sólo a nivel individual, también se puede hacer a nivel colectivo para forzar al poder político a negociar, pensemos por ejemplo en una ciudadanía que mantiene gran parte de su patrimonio en Bitcoin sin KYC. Pero no sólo se da entre individuos y colectivos respecto del Estado, también entre Estados y el orden internacional, como demuestra El Salvador frente al FMI. Bitcoin permite hacer un opt-out a todos los niveles. Esto supone una pérdida de credibilidad, de autoridad, inmensa. El todopoderoso Estado —o las organizaciones interestatales que han creado— ya no tiene poder para expoliar a sus ciudadanos si éstos se quieren proteger, pero todavía más, puede ser presionado por esos ciudadanos si se organizan para presionar a los gobernantes al excluir sus patrimonios del expolio fiscal. Los Estados más débiles ya no se tienen que plegar ante chantajes de los más poderosos para conseguir financiación. Al producir ese cambio en las relaciones de poder tiene un efecto igualador que hace perder la autoridad al Estado —y sus organismos— de ser superior, porque hasta una persona corriente puede escapar de sus garras.

Menciono de forma frecuente la idea inspirada por @mu_muloko de que en periodos largos de tiempo no hacemos por norma general aquello que consideramos bueno, sino aquello que estamos incentivados a hacer. Bitcoin cambia los incentivos, por lo que también transformará nuestro comportamiento y con ello nuestras relaciones sociales y políticas.

Las otras dos fracturas las analizaré en el próximo artículo junto a las implicaciones políticas que podrían aparecer.

Kazajistán y la minería de Bitcoin

Debido a la reciente crisis política en Kazajistán, algunos medios de comunicación se han hecho eco del posible impacto de esta crisis en la estabilidad de Bitcoin, relacionándolo con movimientos en su precio y con la dependencia de la minería. Para mi no tiene ningún interés escribir sobre el precio de Bitcoin pero sí me parece interesante hacer una reflexión sobre la dependencia de los mineros.  Voy a tratar de explicar en qué consiste su labor sin entrar en demasiados tecnicismos.  

El principio fundamental del funcionamiento de Bitcoin es muy prosaico y muy poco sofisticado, pues está basado en que sus usuarios tengan una copia completa de quien posee todas y cada una de las cantidades de Bitcoin existentes. No con nombres y apellidos, pero sí a través de registros identificados con números (claves públicas). 

La propiedad se garantiza a través de una tecnología criptográfica inventada en los años 70 llamada criptografía asimétrica que consiste en una clave pública y otra privada. Solo quien conoce la clave privada puede gastar la cantidad asociada a una clave pública.  

Como alguna vez he explicado en esta columna, Bitcoin no aporta novedad alguna en el ámbito de la criptografía. Más bien al contrario, todo el desarrollo de Bitcoin es extremadamente conservador en este aspecto y solo se utiliza criptografía ampliamente probada con el objetivo de alcanzar el mayor grado de seguridad posible. 

Para que el sistema funcione correctamente, todas las copias de Bitcoin tienen que ser exactamente iguales; es decir, cada vez que se traspasa una cantidad de Bitcoin de un propietario a otro, esta información se tiene que actualizar en todas y cada una de las copias, de manera que si Pedro posee 1 Bitcoin y se lo transfiere a Juan, todo el mundo tiene que saber que Pedro ya no posee ese Bitcoin y lógicamente no puede volver a gastarlo otra vez. 

Aquí es donde entran los famosos bloques de transacciones. El sistema permite que cada 10 minutos se publique un bloque de transacciones para que todo aquel que tenga una copia la pueda actualizar en consecuencia. Cada bloque contiene como máximo unas 2000 transacciones y solo hay uno cada 10 minutos para que cualquiera con una infraestructura muy modesta y asequible pueda ser capaz de mantener una copia. Si se procesaran muchísimas transacciones y con mucha frecuencia, solo unos pocos serían capaces de procesarlas y verificarlas, y por tanto esos pocos podrían hacer trampas sin que nos demos cuenta.

El gran problema que resolvió Satoshi Nakamoto fue controlar que Pedro no pueda gastarse dos veces el mismo Bitcoin sin tener que delegar ese control en un tercero de confianza. Para eso necesitaba poder ordenar cronológicamente las transacciones. ¿Cómo lo hizo?  Pues enlazando cada bloque de transacciones con el siguiente de manera que si Pedro gasta un Bitcoin en el bloque 1, no puede ya volver a gastarlo en el bloque 2. A estos bloques enlazados los llamó Timechain, y tiene mucha lógica porque su objetivo era ordenar las transacciones, aunque el término que se acabó popularizando fue blockchain o cadena de bloques

Pero claro, había que conseguir que los bloques contengan transacciones válidas. Para eso Satoshi introdujo un incentivo en la creación de bloques consistente en las comisiones de transacción por un lado, y en el subsidio por bloque por otro lado. Con el subsidio por bloque además mataba dos pájaros de un tiro, pues servía además para ir generando y distribuyendo las nuevas unidades de Bitcoin. 

Aquí es donde entran los mineros, que son las personas que proponen bloques de transacciones con el objetivo de ingresar a cambio el subsidio y las comisiones de todas esas transacciones. El sistema está diseñado para elegir el bloque que lleve una mayor prueba de trabajo asociada. La prueba de trabajo es también una función criptográfica resumen o hash que tomando el bloque anterior y un número aleatorio arroje como resultado otro número que deberá ser más bajo cuantos más mineros haya compitiendo. 

La única forma de llegar a ese número es por prueba y error, pura fuerza bruta. Cuanto más bajo tenga que ser el número, más veces hay que intentar el cálculo y por tanto es necesario más trabajo, y más trabajo en un ordenador se traduce en mayor gasto en hardware y electricidad. A la inversa, comprobar que el número resultante de todo ese cálculo es correcto tiene un coste ínfimo. De esta manera proponer transacciones es muy costoso, pero validarlas es extremadamente barato. 

Por tanto, más les vale a los mineros que sus bloques cumplan las reglas escrupulosamente, porque al ser tan fáciles de validar cualquier error o trampa sería detectada inmediatamente por cualquiera, su bloque será rechazado, y todo el coste incurrido por el minero será un gasto totalmente desperdiciado. 

Es importante tener en cuenta que el proceso de minería y la correspondiente generación de bloques es una forma muy eficaz de sincronizar todas las copias de Bitcoin el 99,99% del tiempo, pero no debemos caer en el error de pensar que la minería es absolutamente determinante, tal y como quedó demostrado cuando se detectó un error de inflación en el año 2010. Por un error de programación en el sistema alguien consiguió asignarse 184.000 millones de Bitcoin. Lógicamente, nadie estaba dispuesto a reconocer una transacción tan grotesca como válida, y como es natural ese bloque fue invalidado pese a cumplir las reglas en forma, pues claramente no las cumplía en el fondo. 

Los mineros ubicados en Kazajistán representan aproximadamente el 18% de toda la potencia de cálculo para minería a nivel mundial, y algunos medios han afirmado que si estos mineros se desconectan, la red de Bitcoin será menos segura. Esto es muy dudoso porque con toda probabilidad Bitcoin podría funcionar perfectamente con una potencia mucho menor. Prueba de ello es que otras imitaciones de Bitcoin que tienen muchísima menos potencia de cálculo asociada, no sufren problemas de seguridad relevantes. Además, si esto fuera realmente un problema, siempre es posible esperar más tiempo para dar una transacción por confirmada. Por ejemplo, si la potencia cae a la mitad, esperas el doble de tiempo o bloques para dar la transacción por confirmada, y la seguridad será aproximadamente la misma.

En conclusión, hay que leer los titulares de prensa con precaución, y en lo relativo a Bitcoin con más escepticismo si cabe para no ser víctima de las campañas de propaganda negativa a las que está sometido. Bitcoin es incómodo para los enemigos de la libertad, que lamentablemente son muchos.

El valor de Bitcoin no depende de la confianza

En el artículo de hoy retomo el asunto de un post anterior donde explicaba que la confianza no es lo que confiere valor al dinero. Confianza entendida como que otros aceptarán el dinero simplemente porque a su vez confían en que otros también lo harán. Voy a referirme a este significado como “confianza de aceptación” para distinguirlo del significado “cosa que posee las cualidades recomendables para el fin a que se destina”. Este último significado sí sería correcto, aunque es aplicable a cualquier bien, no es nada especial del dinero, ni es el significado que pretendo criticar en este artículo.

Para transmitir esta misma idea de confianza de aceptación, algunos economistas usan el término “fiduciaria”, y afirman que por definición toda moneda es fiduciaria ya que su valor depende fundamentalmente de esta confianza o esperanza de aceptación. Afirmación con la que no estoy de acuerdo porque esa esperanza no es nada especial de la moneda ni de cualquier mercancía, y por tanto es un concepto inútil como criterio de distinción.

Bitcoin, la revolucionaria y pionera criptomoneda concebida en 2008.

Para que exista valor de cambio, y el valor de cambio es siempre una expectativa futura, no es necesario que exista ninguna demanda pasada o presente por parte de terceros. Ni siquiera es necesario que esa expectativa futura se acabe por materializar. Esto es así  para cualquier mercancía, sea activo financiero o no, y tenga valor de uso o no. Para demostrarlo, tomemos Bitcoin como ejemplo de mercancía, que además se podría decir que es una mercancía “pura” (a falta de un término más adecuado), porque no tiene ningún valor de uso en el sentido de que de forma directa no te alimenta, no te abriga, adorna, etc.

Quien primero otorgó valor de cambio a Bitcoin fue Satoshi Nakamoto. Creo que podemos decir casi con total seguridad que atesoró las primeras unidades de Bitcoin porque consideró que sus cualidades eran apropiadas para ser medio de intercambio: Oferta limitada, divisible, difícil de falsificar, fungible, barata de almacenar y transmitir, etc. Para formar su expectativa del valor de cambio solo pudo basarse en dichas cualidades, pues al tratarse de un bien totalmente nuevo no existía ninguna referencia de valor de cambio, ni previa ni actual.

El mero hecho de que Satoshi atesore unidades de Bitcoin ya implica que tienen valor para él. De lo contrario ni las habría creado ni las atesoraría. Pero las atesoró y por tanto tienen valor de cambio para él aunque en ese momento sea la única persona que conoce la existencia de Bitcoin. ¿Qué habría pasado si Hal Finney y los demás early adopters hubieran ignorado a Satoshi?  Pues posiblemente pasado un tiempo Satoshi habría desistido y desechado sus unidades de Bitcoin y el proyecto al completo. Bitcoin habría dejado de tener valor de cambio y por tanto habría dejado de ser un bien económico.

Ya hemos demostrado que una mercancía “pura” puede serlo únicamente por virtud de la expectativa de un solo sujeto. Pero si el lector pensara que esto es irrelevante económicamente porque solo afecta a un individuo, y es necesaria la demanda de un tercero para que la expectativa de valor de cambio se materialice en un precio, veámoslo a la inversa: ¿La condición de que un tercero tenga que valorar un bien es exclusiva de las mercancías puras? Pues tampoco. Por ejemplo, todo el excedente de arroz que un productor no puede autoconsumir estaría en la misma situación. Que el excedente de arroz sea objetivamente nutritivo no le confiere valor, basta que no pueda venderse por la razón que sea para que su valor sea cero (que esté en una mala ubicación, que su calidad sea relativamente inferior al arroz de la competencia, etc.). Es decir, igual que con los primeros Bitcoin que atesoró Satoshi, también es imprescindible un tercero para que el valor del excedente de arroz se acabe materializando en un precio. 

Cualquier bien cuyo productor no pueda autoconsumir tiene valor de cambio y solo valor de cambio. Esto no es ni raro ni excepcional, es de hecho lo habitual en una economía especializada donde la posibilidad de consumir lo que nosotros mismos producimos tiende a ser nula. En el concepto de mercancía, es decir, todo bien cuyo propietario planea vender y no consumir, ya está implícito que como mínimo tendrá que haber otra persona más que valore sus cualidades. Si esa persona adicional la valora únicamente como mercancía fácilmente intercambiable, ya tenemos dos sujetos que pueden intercambiarla como mercancía indefinidamente.

Como para cualquier bien, para formarse una expectativa de su precio unitario hay que valorar la evolución futura de la oferta y de la demanda. Esta valoración es muy difícil, y esta dificultad no es nada especial de las mercancías puras o de la moneda. La necesidad de intercambiar en el espacio o en el tiempo es una necesidad como cualquier otra, quizá de las más importantes en una economía con altísima división del trabajo, y predecir la intensidad agregada de cualquier necesidad es siempre una labor muy compleja, no importa de qué tipo de bien estemos hablando. La enorme importancia de la necesidad de intercambiar es la que explica no solo el valor de los medios de intercambio, también el valor de los servicios de un experto en macroeconomía, de un banquero, de un buen vendedor o intermediario, los estudios de mercado, el marketing y otros servicios similares sean valiosos. 

En conclusión, no es necesario ningún razonamiento ad hoc sobre la confianza aplicada a las mercancías puras en general ni tampoco a la moneda en particular. En el caso de Bitcoin, su valoración como la de cualquier otro bien no depende de la “confianza de aceptación” sino de la valoración por parte del mercado de la aptitud de sus cualidades concretas, en competencia con sus alternativas, para satisfacer la necesidad de intercambiar en el espacio o en el tiempo.

El dinero como tecnología y el Bitcoin como mejora (y II)

“Puede que tenga sentido comprar algunos por si [Bitcoin] se hace popular. Si suficientes personas piensan igual, se convierte en una profecía autocumplida.” Satoshi Nakamoto

En el artículo anterior, definía el dinero como una tecnología que sirve para transportar valor a lo largo del tiempo y del espacio sin riesgo de contraparte mediante. En este artículo, también defendía que lo que hace que un bien sea el dinero de una economía es que sea el medio de intercambio generalmente aceptado, siendo las funciones de depósito de valor y unidad de cuenta—las otras dos funciones típicamente asignadas al dinero—la causa y la consecuencia respectivamente de que un bien sea dinero, “no una parte esencial del concepto de dinero” (Menger 2007, 280).

El dinero en una economía surge a través de un proceso descentralizado mediante el cual aquellos que seleccionan el bien que mejor transporta el valor a lo largo del tiempo mantienen este valor y los que no, lo pierden. Se da una selección natural del dinero en el mercado. Por eso, aunque el proceso fuese aleatorio, como dinero emergerá un bien con las propiedades adecuadas para operar como un buen depósito de valor, porque solo los que puedan transportar el valor restante de su producción (o valor otorgado a estos mediante otros medios) podrán continuar operando e influyendo el mercado—no puedes intercambiar algo excepto si almacena valor. No obstante, este proceso no es necesariamente aleatorio y existen agentes más perspicaces que buscan el bien más vendible o líquido—es decir, aquel con el menor diferencial entre el precio pedido y el precio ofrecido—para reducir los costes de atesoramiento y desatesoramiento (White 2002). 

Los agentes que participan en el mercado, mediante procesos descentralizados, decide qué bien será el dinero. El dinero quiere ser uno. Mi tesis es que el Bitcoin es el bien que mejor cumple con las propiedades que según Menger (2009) aumentan la liquidez de un bien. 

En primer lugar, debido a su ratio de stock-to-flow, el Bitcoin presenta una gran liquidez intertemporal. Esta ratio mide el stock existente de un bien y lo divide por la nueva producción anual. El oro tiene una ratio stock-to-flow mayor que 1, igual que cualquier bien para poder llegar a convertirse en dinero. Por eso los cigarrillos pueden ser dinero en las prisiones, porque no puedes producir más dentro de la economía fácilmente. El valor de las cosas fáciles de producir desaparece fácilmente, por eso el dinero es uno bien difícil de producir. Bitcoin es costoso y lento de producir y la cantidad minada va decreciendo con el tiempo. El código programa la dificultad de la minería—la muestra de trabajo que tiene que haber hecho el minero mediante la resolución de ejercicios matemáticos—cada 2016 bloques (aproximadamente cada dos semanas) para que un nuevo bloque sea añadido a la cadena cada 10 minutos. El minero recibe una recompensa, la cual es actualmente de 6,25 Bitcoin. Esta recompensa se divide en dos cada 210.000 bloques, aproximadamente cada cuatro años. Este sistema fue diseñado para mantener una alta ratio de stock-to-flow y que así la nueva oferta monetaria no alterase el valor de los Bitcoin de manera significativa.

Pero ser escaso no lo es todo. Por ejemplo, la tierra también es escasa, pero no cumple con uno de los requisitos de la liquidez intratemporal: no es fácil de transportar. Bitcoin además presenta un bajo coste de almacenamiento, sino el más bajo para cualquiera con un dispositivo conectado a la red y que no necesite un desembolso adicional. Además, los costes de verificación de la red son ínfimos sino únicamente equivalentes al coste de transacción. No hay costes para verificaciones presentes, sino recompensas. Cualquiera puede verificar la red y todas las transacciones que se han dado en ella. Comparado con el oro, el Bitcoin también es un activo real, por lo que sirve como liquidación final de la deuda. Pero el Bitcoin es un libro mayor de registro verificado descentralizadamente de transacciones que existe en cualquier dispositivo conectado a la red, por lo que no requiere barcos para ser transportado o pruebas para comprobar su pureza. En estos aspectos es mejor dinero que el oro.

Que sea fácil de validar y, por tanto, difícil de falsificar son propiedades que aumentan la liquidez intratemporal de este. El Bitcoin está perfectamente estandarizado y es perfectamente divisible. Actualmente un satoshi equivale a 0.00000001 BTC, pero en caso de que se necesitase que un Bitcoin equivaliese a más satoshis, esto se podría hacer manteniendo si la mayoría de la red así lo quisiese porque en un futuro igual un Bitcoin almacena mucho valor. Además, los medios de transporte y mercados de Bitcoin son los dispositivos digitales y el Internet, los que se encuentran altamente desarrollados y solo pueden ir a más. Que las operaciones de Bitcoin se den en la red implica mayor liquidez intertemporal porque permite sobrepasar posibles restricciones al comercio de este.

El mayor problema que presenta Bitcoin como posible dinero es uno relacionado a su uso como medio de intercambio: sus costes de operación. No obstante, ya existen soluciones a este problema, principalmente la Lightning Network. Gracias a esta incorporación se pueden realizar transacciones en milisegundos sin coste, lo que aumenta significativamente la liquidez intratemporal del Bitcoin. 

A diferencia de otras criptomonedas que pueden presentar propiedades similares a las del Bitcoin, Bitcoin es única en varios aspectos. En primer lugar, fue la primera en llegar por lo que gana al resto en adopción de mercado. Si se fuese a presentar otra criptomoneda similar, se vería con la dificultad de sobrepasar a una que ya tiene mercado y cuyos usuarios han invertido trabajo en ella por lo que carecen de incentivos para moverse a otra red. Si la criptomoneda rival presenta características diferentes a Bitcoin, estas pueden ser peores o mejores. Si son peores, los agentes que apuesten por esta perderán valor con el tiempo y con cada transacción. Si aparentan ser mejores, entonces se encontrarán con otros problemas de adopción. En Bitcoin, todos los integrantes de la red son usuarios de esta, no hay administradores, sino que la red está controlada por las reglas inscritas en el código. En las otras criptomonedas sí. De hecho, estos se ven en una encrucijada: o bien los administradores las promocionan para hacerse notar entre las miles de otras criptomonedas alternativas a pesar de mostrar que son una red centralizada con gente al mando, o bien se desentienden y no consiguen compradores (Ammous 2018, 254). 

Lightning Network es solo una de las posibles mejoras que se le pueden hacer en capas secundarias a Bitcoin. En otros artículos he tratado otras opciones como las letras reales o el scrip. Esta es una de las razones por las que el Bitcoin mejora previas tecnologías de transporte de valor, es decir, anteriores dineros, por su mayor liquidez intra e intertemporal de diseño y por su capacidad para adaptarse a posibles alternativas secundarias en capas superiores. Es un bien que permite la existencia de un sistema monetario por capas, similar al oro siendo la capa principal y los billetes de banco una capa superior, solo que con mayor precisión, seguridad y opciones para los usuarios de este. 

Muchos rechazan la posibilidad de que Bitcoin llegue a ser un buen dinero por su volatilidad. Lo que no entienden es que Bitcoin todavía se encuentra en la primera de las tres fases de dinerarización—es decir, de que un bien llegue a convertirse en dinero. Primero, que el bien llegue a ser un buen depósito de valor. Segundo, que sus características le permitan funcionar como un medio de intercambio deseable. Y, tercero, que se confirme que llega a ser dinero mediante su uso como unidad de medida, es decir, que la gente fije los precios en este bien porque es el que prefieren recibir para almacenar valor.

Bitcoin todavía está afianzándose como depósito de valor. Por ahora es más bien una inversión que no mantiene bien su valor, aunque a favor de aquellos que apuestan por ella ya que presenta una clara tendencia alcista. Si, por ejemplo, la capitalización de mercado de Bitcoin alcanzase la del oro—es decir, se convirtiese en el activo refugio preferido por el mercado sustituyendo al actual—, el precio de un Bitcoin en dólares sería de 500.000 dólares según la oferta esperada de 2025. Para eso todavía queda, pero no creo que el momento sea tan improbable ni lejano. Cuando esto haya sucedido, si gracias a la mayor facilidad de intercambio que presenta el Bitcoin frente al oro y dificultad de confiscación más gente decide utilizarlo para transacciones, este empezará a convertirse además en el medio de intercambio comúnmente aceptado y entraremos en un patrón Bitcoin.

Referencias:

Ammous, Saifedean. 2018. Bitcoin Standard: The Decentralized Alternative to Central Banking. Hoboken, Estados Unidos: Wiley.

Menger, Carl. 2007 [1871]. Principles of Economics. Auburn, Estados Unidos: Ludwig von Mises Institute.

Menger, Carl. 2009 [1892]. On The Origins of Money. Auburn, Estados Unidos: Ludwig von Mises Institute.

White, Lawrence H. 2002. “Does a Superior Monetary Standard Spontaneously Emerge?” Journal Des Économistes et Des Études Humaines 12 (2).

El dinero como tecnología y el Bitcoin como mejora (I)

El dinero es una tecnología que sirve para transportar valor a lo largo del tiempo y del espacio sin riesgo de contraparte. Si tras un ejercicio de alteración de factores de producción el individuo A genera un valor igual a X y en t1 este solo quiere consumir un valor igual a Y (siendo Y<X), A intercambiará el valor restante, X-Y, por bienes y servicios que me le ayudarán a satisfacer sus necesidades. Para ello, la mejor opción de A es intercambiar el valor de lo que ha producido por dinero, para así poder transportar el valor de X-Y a lo largo del tiempo. Por otro lado, si A produce y quiere intercambiar los frutos de su producción por bienes y servicios, para acceder a la mayor cantidad de bienes es vender el valor de su producción por dinero. Es decir, el dinero vuelve a ser la mejor opción para intercambiar valor, esta vez a través del espacio.

Cuando un bien puede transportar valor a lo largo del tiempo, decimos que este funciona como depósito de valor. Cuando un bien sirve para transportar valor a lo largo del espacio, se le describe como medio de intercambio generalmente aceptado. Estas dos facultades, junto con la de unidad de cuenta son las tres funciones que típicamente se emplean para describir el dinero. No obstante, yo defiendo que la característica esencial y lo que determina si algo es dinero o no es si es el medio de intercambio generalmente aceptado (Salerno 1994, 75)

Todo dinero, como describo en el primer párrafo, funciona como una tecnología para transportar el valor a lo largo del tiempo. Pero esta característica, a pesar de ser necesaria, no es suficiente. Existen bienes que funcionan como depósitos de valor, pero no como medios de intercambio. Esto se debe a que las características que hacen que un bien sea una buena tecnología para transportar valor a lo largo del tiempo no son las mismas que lo convierten en una buena tecnología para hacerlo a lo largo del espacio. Carl Menger en On The Origins of Money (2009, 30–32) enumera estas características dividiéndolas entre los condicionantes para los límites espaciales de la vendibilidad—es decir, cuan buen medio de intercambio es o su liquidez intratemporal—y los límites temporales de la vendibilidad de un bien—es decir, cuan buen depósito de valor es o su liquidez intertemporal—. 

Para Menger un bien será un buen medio de intercambio, es decir, podrá transportar el valor a través del espacio perdiendo poco o nada de este según cinco características. Las características que marcan los límites de la vendibildiad espacial—liquidez intratemporal—son cinco. Primero, el grado de la necesidad del bien pueda estar perturbado en el tiempo. Segundo, cuan fácilmente se pueden transportar los bienes y el coste de este transporte. Tercero, cuan desarrollados están los medios de transporte y comercios de este bien con respecto al resto. Cuarto, por la extensión local de mercados organizados y su conectividad mediante arbitraje del bien en un mercado al otro. Y quinto, por las diferencias en las restricciones impuestas al comercio con respecto a diferentes bienes.

Las características que marcan los límites de la vendibildiad temporal—liquidez intertemporal—son siete. Primero, si existe si la necesidad de estos se mantendrá en el futuro, es decir, si seguirán siendo bienes económicos: un bien cuyas cantidades son inferiores a las demandas de los individuos para satisfacer sus necesidades de este. Segundo, por su durabilidad, es decir, si la integridad del bien se mantendrá a lo largo del tiempo. Tercero, el coste de preservar y almacenar el bien. Cuarto, el tipo de interés. Quinto, la existencia de un mercado de este, es decir, no que empiece a ser superabundante (condición 1), sino que siga habiendo demanda de este—que los individuos sigan creyendo que este bien es útil para satisfacer alguna de sus necesidades. Sexto, que se desarrolle la especulación sobre el mismo, para poder coordinar los precios de este con su posible escasez. Y séptimo, las posibles restricciones a este bien que se imponen a través de medios políticos.

Como vemos, un bien podría cumplir una parte de las características y no otra. Todo bien, para llegar a ser el medio de intercambio generalmente aceptado, primero tiene que ser un buen depósito de valor. Todo bien, para poder transportar valor a lo largo del espacio primero tiene que hacerlo a lo largo del tiempo, porque entre cualquier intercambio siempre va a haber un periodo de tiempo que vaya a pasar entre t1 y t2. Todo bien podrá ser depósito de valor indefinidamente al menos para el depositante original del valor porque para él, al ser el valor subjetivo, este siempre puede mantenerlo. Pero por la misma naturaleza subjetiva del valor, nada garantiza a un individuo que este vaya a ser aceptado—otra manera de entender la liquidez intratemporal es la “aceptabilidad”, cuan generalmente aceptado por otros individuos es que ese bien tiene valor—por lo que un bien siempre puede ser depósito de valor para al menos una persona, pero, al requerir de la aceptación de otros para que algo sea un medio de intercambio, este no tiene por qué llegar a o continuar siéndolo.

Un ejemplo son los diamantes, que son un buen depósito de valor, pero un mal medio de intercambio. Una característica del buen dinero es que sea divisible. Diremos que un bien es perfectamente divisible cuando este no pierda porcentaje de valor equitativo al porcentaje de división de la unidad que sufre. Dos medias onzas de oro valen lo mismo que una onza, pero dos medias piezas de un diamante valen menos que una pieza entera. El oro, por esta y otras características fue un buen dinero: fácilmente maleable, divisible, muy durable, con un alto valor unitario—es decir, una unidad de onza de oro poseemucho valor, por lo que con poco movimiento transfieres mucho valor—, fácil atesorabilidad—se requiere poca seguridad y espacio para mantenerlo—, fraccionable y fácil de desatesorar—con alta demanda—.

Por tanto, defiendo la postura que la auténtica característica del dinero es que sea el medio de intercambio generalmente aceptable. Que sea un buen depósito de valor aumentará la liquidez del bien. Esto será una causa de que un bien llegue a ser dinero. El bien que emerge como dinero es aquel bien que sufra un menor decrecimiento en su utilidad marginal. La ley de utilidad marginal nos dice que un individuo valora con menor intensidad cada unidad adicional de un bien que ya posee (Huerta de Soto 1992, 50; Menger 2007, 125). El activo real—bien que no es el pasivo de otro agente—de cuya utilidad marginal mengue con menor intensidad, es decir, el que ostente una mayor liquidez intra e intertemporal, será el que mejor mantenga su valor y el que el mercado utilice como dinero (Menger 2009; Fekete 2017, 28). Por tanto, podemos definir dinero como ‘‘todo activo real que, debido a su superior estabilidad de valor, los agentes económicos emplean para intermediar entre el momento de venta y el momento de compra o entre el momento de compra y el momento de venta’’ (Rallo 2019, 108).

Que el bien con mayor liquidez opere como unidad de cuenta es la consecuencia de que este sea dinero: los individuos fijan los precios en ese bien porque quieren que se les pague en este, ya que es el bien que estiman les proporcionará mayor liquidez para transportar el valor. Esto hará que los agentes lleven su contabilidad en esta unidad. Pero esta “función” no es más que un indicador de qué es aceptado como medio de intercambio en una economía.

Volviendo al oro, este bien fue el dinero de la mayoría de las economías durante cerca de un siglo (1821-1914). Esto fue gracias a sus características entre ellas, además de las anteriormente mencionadas, su escasez natural. No obstante, el oro dejó de ser dinero, hasta nuestros días en los que nos encontramos huérfanos de un buen dinero mediante el que poder transportar valor entre nosotros y para nuestro futuro. Esto se debió principalmente a la intervención estatal. Los países que formaban parte del patrón oro clásico lo abandonaron principalmente para deshacerse la restricción que este ofrecía ante su capacidad de endeudarse y afrontar los coses de la Primera Guerra Mundial. Los estados eliminaron la convertibilidad de su moneda en oro, requisaron el oro en manos privadas y, aunque a veces intentaron volver, siempre fue con restricciones sobre las reglas clásicas. Esto, sumado a la capacidad de confiscación del oro y otras cualidades que hacen que lo alejan de lo que podríamos entender como un dinero perfecto, hacen que otros bienes, en este caso intangibles, como el Bitcoin, empiecen a ser mejores alternativas para el próximo buen dinero. 

En la segunda parte explicaré por qué el Bitcoin podría llegar a ser un bien que ostentase unas características que lo volviesen un bien más dinerable que el oro, tanto por el lado de la liquidez intratemporal, como intertemporal. Expondré cómo creo que esto podría ser posible, enumerando así algunas flaquezas que podría tener el Bitcoin que creo que están superadas y otras que creo que o se están superando o que lo harán.

Referencias

Fekete, Antal E. 2017. Critique of Austrian Economics in the Spirit of Carl Menger. Aarschot, Bélgica: Pintax cvba.

Huerta de Soto, Jesús. 1992. Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial. 5th ed. Madrid, Spain: Unión Editorial.

Menger, Carl. 2007. Principles of Economics. Auburn, United States: Ludwig von Mises Institute.

———. 2009. On The Origins of Money. Auburn, Estados Unidos: Ludwig von Mises Institute.

Rallo, Juan Ramón. 2019. Una Crítica a La Teoría Monetaria de Mises. Madrid, España: Unión Editorial.

Salerno, Joseph T. 1994. “Ludwig von Mises’s Monetary Theory in Light of Modern Monetary Thought.” The Review of Austrian Economics 8 (1): 71–115.