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Etiqueta: Bitcoin

Pagar con Bitcoin, en efectivo o con tarjeta

Saifedean Ammous, en Patrón Bitcoin, habla de los pagos en efectivo como aquellos que se llevan a cabo entre dos partes, inmediatos y finales, que no requieren un tercero para verificar la transacción a favor de alguna de las partes (Ammous 2018, 169). Bitcoin ha sido el primer sistema de pagos en hacer estos pagos de manera digital, sin que ambas personas estén presentes en ningún momento y sin un tercero para verificar, sino una prueba trabajo que los usuarios realizan a cambio de bitcoins. Consiguiendo que los pagos finales al mundo digital, Bitcoin ha creado el sistema de pagos finales más rápido del mundo (Ammous 2018, 207).

No obstante, aunque el Bitcoin pueda y vaya a mover muchas transacciones al mundo digital, no creo que vayan a ser todas. Estimo el surgimiento de un nuevo tipo de transacciones: pago en efectivo respaldado por Bitcoin. Desconozco si este mecanismo ya está puesto en marcha, pero me atrevería a decir que no tiene sentido que así sea hasta que el Bitcoin esté considerado dinero y este o los satoshis sean unidad de cuenta—es decir, el bien en el que los productores quieren que se les pague por sus bienes—. Algo similar a lo que propongo, se intentó con dispositivos con chips, similares a las tarjetas, para actuar como billetes con denominación en X Bitcoin (Benoliel 2018). Actualmente la empresa no produce esas tarjetas y tampoco sé si las ha llegado a producir. Pero esto, aunque un paso más hacia el aumento de dinerabilidad de Bitcoin, tampoco sería a lo que me refiero con pagar en efectivo respaldado por este.

El efectivo físico tiene ciertas ventajas sobre métodos de pago en efectivo digital, como los realizados típicamente por Bitcoin. En 2017, la Reserva Federal tuvo que enviar un jet lleno de efectivo porque el huracán María había destrozado los cajeros, dejado a muchos sin electricidad y también la imposibilidad de pagar con sus tarjetas de crédito (Levin 2017). Citando a Ryan McMaken (2017): “en un mundo sin efectivo, más nos vale rezar para no quedarnos nunca sin electricidad”. Este es un ejemplo de los problemas del dinero completamente digital. Como dice Dowd (2019):

“El dinero en efectivo es una forma muy eficaz de gestionar pequeñas transacciones. No tiene coste y es fácil de usar. Las transacciones en efectivo son inmediatas y flexibles. El efectivo es anónimo y, tradicionalmente, el anonimato que proporciona el efectivo se consideraba uno de sus mayores beneficios. El efectivo no necesita contraseña y, a diferencia de una cuenta bancaria, no se puede piratear. […] La utilidad del efectivo no depende de la tecnología que pueda fallar: la mayoría de nosotros hemos experimentado situaciones en las que tuvimos que recurrir al efectivo para pagar una factura en un restaurante después de una falla del sistema por parte de nuestro proveedor de tarjeta. Estos son los principales beneficios que se perderían si se aboliera el efectivo.”

El efectivo es muy útil y no tendría por qué desaparecer, aunque su valor se asentase en la redimibilidad con un activo digital como el Bitcoin. Podríamos perfectamente ver un sistema en el que el efectivo circulase junto a los pagos digitales, como es el caso actual, pero en vez de tener un dinero fiat no redimible por nada y respaldado principalmente por la tarjeta de “quedas libre de la cárcel por ahora” que proporciona, podría cambiarse por Bitcoin al intercambiarlo en un exchange. Al ir al cajero, podrías sacar billetes denominados en bitcoins o satoshis, los cuales se restarían de tu cartera y pasarían a la reserva del exchange, la cual los transferiría ante otro cliente que deposite el billete en su banco.

Además de los beneficios anteriormente mencionados, también supondría un respaldo para las posibles víctimas de la hiperbitcoinización: escenario en el cual el Bitcoin se vuelve dinero y algunos individuos que no se hubiesen hecho con él con anterioridad tendrían dificultades de hacerlo por problemas relacionados con el valor de este o accesibilidad tecnológica como el elevado coste de minar, por ejemplo.

Esto también dificultaría a posibles reguladores que forzasen la transparencia de la cartera de sus clientes a exchanges para poder solicitar el pago de impuestos por estos bienes. Los exchanges podrían ser quienes tuviesen gran parte del Bitcoin mientras que el resto circula en forma de efectivo. Esto sería la antítesis de posibles monedas digitales de los bancos centrales (CBDC por sus siglas en inglés).

Una posible crítica sería que los exchanges no aceptarían los billetes de otros exchanges por lo que nadie aceptaría billetes emitidos por exchanges que no fuesen el suyo y esto reduciría la liquidez intratemporal del Bitcoin. No obstante, esta crítica también se le hace a la banca libre por la emisión privada de moneda. Lo que vemos es que los bancos tienen incentivos a pactar entre ellos para aceptarse los billetes y así que cada banco aumente la liquidez de sus activos financieros (White 1999, 14–16). Pongamos que hay cuatro exchanges. Si Ex1 no aceptase el efectivo emitido por Ex2, pero este último se comprometiese con Ex3 y Ex4 a aceptar los suyos, la liquidez intratemporal de los billetes emitidos por estos tres aumentaría en contraposición con la de Ex1, clientes del cual solo podrían intercambiar billetes por bienes a la par con otros clientes de Ex1. Es decir, existirían los incentivos adecuados para esperar que, como ha sido el caso en todos los periodos de banca libre, los bancos—o exchanges en este caso—aceptasen los billetes de otros y se formasen cámaras de compensación interbancaria para saldar pagos entre ellos.

Bajo un patrón Bitcoin el efectivo aún podría jugar un papel relevante y espero que el uso de efectivo digital no suponga el fin del efectivo físico como algunos vaticinan, el cual sigue teniendo ventajas ante el primero.

Referencias

Ammous, Saifedean. 2018. Bitcoin Standard: The Decentralized Alternative to Central Banking. Hoboken, Estados Unidos: Wiley.

Benoliel, Micha. 2018. “These Smart Banknotes Could Bring Crypto To The Masses.” Hackernoon, enero 24, 2018.

Dowd, Kevin. 2019. “The War on Cash Is About Much More than Cash.” Economic Affairs 39: 391–99.

Levin, Jonathan. 2017. “New York Fed President Sent Puerto Rico a Jet Filled with Cash.” Bloomberg, octubre 9, 2017.

McMaken, Ryan. 2017. “In a Cashless World, You’d Better Pray the Power Never Goes Out.” Mises Wire, octubre 10, 2017.

White, Lawrence H. 1999. The Theory of Monetary Institutions. Maiden, Estados Unidos: Blackwell Publishers.

El problema de bitcoin

Recientemente se está criticando mucho a Bitcoin por su gran consumo de energía y, por ende, por su aportación a la emisión de CO2 y al calentamiento global. Esta crítica puede ser correcta pero no por los motivos ecológicos que habitualmente se achacan. En este articulo expongo y resumo un punto de vista del que no me había dado cuenta y que proviene del conocido Nassim Nicholas Taleb.

Bitcoin, mediante la unión de tres tecnologías (función hash, árbol de Merkle y la prueba de trabajo) consigue eliminar el problema de la ausencia de custodios y la falta de confianza entre los participantes en el mantenimiento de un libro de contabilidad público compartido permanentemente. Mediante este sistema, se consigue lograr la colaboración de diferentes agentes llamados “mineros” cuya función es la de validar las transacciones antes de añadirlas al libro de contabilidad a través del esfuerzo, gasto computacional y energético requerido por la prueba de trabajo para su validación. Este método requiere cantidades mayores de energía para su funcionamiento.

Los anteriores mineros obtienen su remuneración tanto de la recompensa que obtienen al minar un bloque nuevo (señoreaje) como de las comisiones de las transacciones. En el futuro, como la cantidad de bitcoins está prefijada desde el nacimiento de la criptomoneda, las únicas recompensas que recibirán los mineros por su trabajo serán únicamente las recibidas por las comisiones de las transacciones. Todo esto hace completamente dependiente a Bitcoin de los mineros de manera indefinida. Esto es un problema.

Bitcoin necesita que exista a perpetuidad una gran cantidad de mineros para que se puedan seguir realizando transferencias a través de su blockchain, pero estos mineros en el futuro lejano puede que no sigan interesados en participar dado que dejarían de recibir Bitcoins. Es decir, si el mantenimiento de la red no les genera beneficios en Bitcoin perderán el incentivo a mantener una red en donde se hacen transferencias en una moneda que no poseen. Por tanto, en el momento que los mineros se extingan, el valor de Bitcoin valdrá cero. Si al menos este activo produjese dividendos recurrentes, su valor futuro al menos seria el de la suma de los descuentos de esos dividendos traídos al presente.

No podemos esperar que una anotación en un libro de contabilidad que requiere un mantenimiento activo por parte de personas interesadas e incentivadas mantenga su presencia física, una condición para su valor monetario, durante un periodo de tiempo tan largo.

Por el contrario, los metales preciosos no necesitan mantenimiento continuo. Una joya de oro no se va a pudrir, ni desgastar ni apenas oxidar. Esa joya producida hoy será la misma dentro de 1.000 años. Su mantenimiento es mínimo si no nulo. Incluso en el peor de los casos en el que el precio de los metales preciosos disminuya enormemente, esa joya ha servido de complemento durante años.

Por el momento, el interés en la red por parte de los mineros depende más de la revalorización de la criptomoneda que de el volumen de las transacciones subyacentes. Eso deberá cambiar en algún momento futuro si queremos que esta moneda sobreviva por mucho tiempo.

Bitcoin jamás debería ser moneda de curso forzoso

Ayer miércoles día 9 de Junio la asamblea legislativa de El Salvador aprobó una ley que declara Bitcoin como moneda de curso legal en el país.  Esto implica que todo ciudadano de El Salvador está obligado a aceptar Bitcoin como pago de cualquier deuda. También que el gobierno tiene la obligación de aceptar Bitcoin para el pago de cualquier tasa o impuesto.

En mi opinión, fuera de la relevancia o publicidad mediática que esto pueda tener, creo que desde un punto de vista estrictamente económico no es demasiado relevante. Como ya he explicado anteriormente, ser medio de pago no es lo que confiere valor a un activo. No es condición necesaria ni tampoco suficiente.   

Para que un activo como Bitcoin tenga valor, y teniendo en cuenta que no es una cosa que se pueda consumir, sino que se posee con el único propósito de intercambiarlo más adelante, la gente tiene que querer atesorarlo.  ¿Y por qué alguien querría atesorar Bitcoin?  Pues porque volatilidad aparte, pueda considerar que es un activo seguro en el concepto más amplio posible.  Es decir, te da seguridad en el sentido de que tu parte del pastel no se va a diluir porque la oferta total es fija, te da seguridad ante impago porque no tiene riesgo de contrapartida (no es una deuda), te da seguridad ante que un tercero pretenda confiscártelos o impedir que los atesores o los transmitas cuando lo consideres oportuno, etc.

Por tanto, que un gobierno obligue a sus ciudadanos a aceptar Bitcoin como medio de pago sirve de bien poco o incluso es contraproducente si quien tiene que aceptarlo no quiere o no necesita atesorarlo, pues lo que va a hacer según lo acepte es venderlo inmediatamente por dólares o por otra cosa.   Con lo cual, se está obligando por la fuerza a incurrir en unos costes de transacción que son innecesarios.

Por otro lado, la calificación de Bitcoin como moneda de curso legal por parte de un Estado sí podría tener implicaciones contables en otros países y en los distintos sistemas bancarios, pues al pasar a ser una divisa oficial, aunque sea extranjera, el tratamiento contable y regulatorio podría ser distinto y es posible que permitiera una mayor flexibilidad en la gestión de saldos de Bitcoin por parte de los departamentos de tesorería de las empresas y las entidades financieras.  En cualquier caso, aún es pronto para valorar estas implicaciones. Habrá que dejar a los especialistas en estas cuestiones que lo digieran para saber hasta qué punto es relevante para los demás países el hecho de que Bitcoin pueda tener el mismo tratamiento que cualquier otra divisa extranjera.

Sí que me atrevo a valorar como netamente positivo que El Salvador haya eliminado los impuestos de ganancias patrimoniales para Bitcoin.  También que el país se obligue a sí mismo a aceptar el pago en Bitcoin para abonar cualquier tasa o impuesto.

Pero creo que sobra totalmente el artículo 7 donde se obliga a los demás, a los ciudadanos, a aceptar Bitcoin. Si el gobierno quiere obligarse a sí mismo y dar ejemplo, estupendo, pero no veo por qué tiene que obligar a nada a los demás. Me parece un ataque inaceptable a la libertad de las personas, y además, la propuesta de Bitcoin es totalmente contraria a este tipo de cosas, pues su funcionamiento se basa en la voluntariedad de las partes, y en funcionar al margen de que nadie pretenda prohibir u obligar a usarlo.

“No creo que volvamos a tener un buen dinero hasta que se lo quitemos al Gobierno de las manos, es decir, no podemos quitárselo violentamente, todo lo que podemos hacer es introducirlo astutamente de tal forma que no lo puedan parar.”

F.A. Hayek, 1984

‘Govcoins’: hacia una nacionalización total del dinero

A lo largo de la historia, el dinero utilizado por los seres humanos ha vivido un continuo proceso de cambio: desde el uso de conchas, ganado, grano o sal, pasando por metales preciosos como el oro o la plata, y llegando al papel moneda inconvertible de los actuales bancos centrales.

Sin embargo, es probable que pronto nuestros actuales billetes y monedas también sean cosa del pasado. Los principales bancos centrales llevan varios años trabajando en el desarrollo de una nueva forma de dinero: se trata de las denominadas monedas digitales de los bancos centrales (CBDC, por sus siglas en inglés), también conocidas como ‘govcoins’.

China es quien ha tomado la delantera: está en pleno proyecto piloto, en el que medio millón de ciudadanos han probado a utilizar yuanes digitales, directamente emitidos por el banco central a sus teléfonos móviles, para realizar intercambios permitidos por el Gobierno.

El gigante asiático tiene decidido implementar el e-yuan de manera generalizada antes de los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín, en febrero de 2022.

Por su lado, los bancos centrales de Estados Unidos, la Eurozona, Japón, Reino Unido, Canadá, Suiza y Suecia, en conjunto con el Banco de Pagos Internacionales, publicaron hace unos meses un documento enunciando los principios fundacionales sobre los que cada uno debía desarrollar sus monedas digitales. La Reserva Federal de EEUU y el Banco de Inglaterra ya han confirmado que tienen equipos trabajando en ello.

El Banco Central Europeo, por su parte, ha anunciado que tiene como objetivo tener su euro digital en pleno funcionamiento para 2025.

Pero, ¿qué son exactamente estas ‘govcoins’? En realidad, la idea es muy sencilla: se trata de hacer que todos los ciudadanos tengan sus depósitos en el banco central y realicen sus pagos transfiriéndose esos pasivos estatales mediante una aplicación del teléfono móvil. En un principio se irían introduciendo poco a poco, de forma que las divisas digitales convivan con el actual dinero físico y con el sistema de pagos bancario. Pero a la larga la idea es terminar reemplazándolos.

La evolución que ha ido experimentando la institución del dinero a lo largo de la historia no siempre ha sido a mejor. Durante el último siglo se ha tendido hacia un sistema monetario de cada vez menor soberanía del individuo en favor de un mayor poder para el Estado.

El reemplazo del sistema de pagos actual por un sistema de moneda digital estatal sería un paso de gigante en esa misma dirección equivocada: constituiría una enorme amenaza para la prosperidad y la libertad de los individuos. Y esto es así por tres grandes motivos.

En primer lugar, pasar a un sistema de monedas digitales de bancos centrales supondría en la práctica la nacionalización del sistema bancario. En la actualidad, la inmensa mayoría de los pagos no se realizan con monedas y billetes, sino mediante el sistema de pagos y cobros que proporcionan los bancos comerciales. Al prestar este servicio, los bancos adquieren la capacidad de canalizar los depósitos de este sistema de pagos para proporcionar financiación a familias y empresas, compitiendo entre ellos en seleccionar los mejores proyectos posibles para generar beneficios y evitar tener pérdidas.

Si el sistema de pagos actual lo reemplazara un monopolio del banco central, no solo se estaría traspasando al Estado dicho sistema de pagos y cobros, sino que también pasaría a centralizar la función de financiación de la economía productiva.

Como en cualquier sistema de planificación central, el Estado no podría realizar esta función de manera correcta porque no tendría los incentivos económicos adecuados ni la información necesaria que solo emerge en un sistema privado descentralizado y en competencia. El Estado decidiría quién obtiene crédito y quién no en base a criterios puramente políticos.

En segundo lugar, supondría la caída del último obstáculo que impide al banco central imponer tipos negativos altos para elevar la inflación. En la actualidad, si se intentan trasladar tipos negativos a las cuentas corrientes de los ciudadanos, estos tenderán a protegerse cambiando a un banco que no se los traslade, o sacando su dinero para guardarlo bajo el colchón.

Sin embargo, en un mundo en el que el propio dinero son los depósitos en el banco central y ha desaparecido el dinero físico, las autoridades monetarias podrían imponer que los depósitos pierdan valor de forma progresiva y no habría forma de escapar del sistema. Los ciudadanos se habrían convertido en rehenes de los banqueros centrales.

Y en tercer lugar, el Estado pasaría a tener un control absoluto sobre las cuentas corrientes de los ciudadanos. Tendría todo su registro de pagos y cobros, y tendría la capacidad de autorizar qué pagos se pueden realizar y cuáles no.

En China ya se ha probado a cobrar multas instantáneas sobre los saldos de tesorería digitales cuando el Estado considera que el individuo lo merece. También se ha probado a inyectar dinero que solo se puede utilizar para compras aprobadas por el gobierno o que desaparece si no se gasta en un tiempo determinado.

Los ahorros de los ciudadanos pasarían a estar directamente en los bolsillos del Estado, y las libertades quedarían supeditadas, aún más, a los caprichos del político de turno.

A menudo se nos venden las monedas digitales de los bancos centrales como una especie de Bitcoin emitida por el Estado. Sin embargo, las características de las govcoins son justo las opuestas a las de criptomonedas como Bitcoin: en lugar de ser una moneda de cantidad limitada, descentralizada, anónima e independiente de los antojos de los bancos centrales, sería una moneda de cantidad ilimitada y absolutamente centralizada, vigilada y controlada por las autoridades políticas. Podría decirse que las ‘govcoins’ son la antítesis de la soberanía individual que representa el Bitcoin.

Las monedas digitales de los bancos centrales representarían la culminación del proceso de nacionalización total del dinero. Los políticos pasarían a ser los custodios de los ahorros monetarios de los ciudadanos, y estos quedarían totalmente a merced de los caprichos de los políticos.

Quedarían eliminadas todas las barreras para que el Estado utilizara los saldos de tesorería de los ciudadanos en su beneficio financiero particular y como herramienta de generación de obediencia.

En definitiva, las ‘govcoins’ serían las cadenas definitivas que terminarían de atar a los ciudadanos a la servidumbre del Estado: generarían todos los incentivos perversos para acabar de arrastrarnos a una era con menor libertad y mayor pobreza individual, a mayor gloria de un Estado omnipotente. En nuestra mano está tratar de poner freno a esta distopía monetaria cuando aún estamos a tiempo.

¿Es Bitcoin el MySpace de las criptomonedas?

MySpace fue una red social creada por Microsoft en 2003 y que fue eclipsada por Facebook, que se lanzó un año después. Algunos críticos de Bitcoin como Peter Schiff argumentan que es muy posible que Bitcoin sea el MySpace de las criptomonedas. Afirman que es muy probable que Bitcoin sea superado por otro competidor con tecnología superior.

Según estos críticos, Bitcoin es una tecnología mejorable principalmente por las siguientes razones: Procesa muy pocas transacciones por segundo, consume mucha energía, y no tiene ningún respaldo ni uso no monetario.  

Sobre el volumen de transacciones por segundo depende desde qué perspectiva se quiera mirar. Bitcoin es muy eficiente a la hora de verificar transacciones, pues su objetivo prioritario es la seguridad. Y esta seguridad se consigue facilitando todo lo posible que cualquiera pueda verificar todas las transacciones pasadas, presentes y futuras. Esto es a lo que se suelen referir en el argot de la industria cuando hablan de descentralización.  Yo prefiero hablar de seguridad porque es más concreto. Seguridad ante inflación, impago, robo o confiscación.

Para que cualquiera pueda verificarlo todo, el protocolo de Bitcoin limita el número de transacciones que se pueden incluir en cada bloque, unas 2000 aproximadamente, y mantiene el tiempo entre bloque y bloque en una media de 10 minutos.  Esta limitación es lo que hace que el envío sea caro cuando la demanda por enviar transacciones supera esta capacidad limitada.  El coste es consecuencia de la demanda, ya que la capacidad se subasta procesando las transacciones de los usuarios que están dispuestos a pagar más.  

Por tanto, el coste de enviar transacciones nunca se va a solucionar con otros sistemas como Proof of Stake.  La única forma de hacerlo sin comprometer la seguridad es conseguir que todos podamos verificar el mayor número de transacciones posibles sin incrementar el coste de verificación.  Y en eso, Proof of Stake no aporta nada.

Otra cuestión es que ese coste implique a su vez un coste energético (Proof of Work o prueba de trabajo).  Aquí entramos en el debate sobre el consumo de electricidad.  En su momento escribí este artículo del que ahora me arrepiento. Me he dado cuenta de que es un tema que no merece ni un segundo de discusión.  ¿Los usuarios de Bitcoin pagan religiosamente por la electricidad que consumen?: Si. Pues asunto zanjado. ¿O es que ahora resulta que hay que someter a algún tribunal en qué cosas se puede consumir electricidad y cuanta?.  

En cuanto a la falta de respaldo de Bitcoin, es otra característica buscada totalmente a propósito para maximizar su seguridad.  Que su emisión y gestión no dependa de confiar en ningún tercero es precisamente para que no tenga riesgo de inflación o impago. Y en este sentido, sustituir la prueba de trabajo por la puesta en garantía de un activo (Proof of Stake), es un peligroso retroceso al juego de los riesgos financieros, comprometiendo la seguridad. 

En cuanto a la inexistencia de un uso no monetario, es una crítica que parte de la muy equivocada idea de que una herramienta que facilite el intercambio no es útil, tal y como explico con más detalle aquí

En general, la mayoría de estas críticas pierden de vista la seguridad.  La esencia de Bitcoin es ser un conjunto fijo de unidades que se pueden poseer y transmitir de forma segura. Si lo que el mercado demanda es seguridad, la tecnología estará al servicio de esa demanda, no al revés.  Si lo que el mercado demanda es velocidad, para eso ya existía Paypal.  ¿Demandará el mercado algo intermedio? Es posible, pero si ese es el caso, parece cada vez más claro que, independientemente de la criptomoneda, una solución intermedia pasaría por desarrollarse en capas superiores. Y si la solución es en una capa superior, no veo qué razón habría para no colocarla sobre la moneda más segura de todas.

Si a pesar de lo dicho al lector le sigue preocupando la tecnología, es preciso tener en cuenta que el software para gestionar una moneda alternativa segura ha de ser necesariamente de código abierto. Nadie se fiaría de una “caja negra” administrada por un tercero en el que hay que confiar, pues para eso ya tenemos las monedas tradicionales.   

Por tanto, si se inventara una tecnología que sea significativamente superior, nada impide que Bitcoin la incorpore. No habría ningún impedimento material, aunque sí podría haber impedimentos legales por la vía de las patentes aun tratándose de código abierto. Y hay que reconocer que sería muy dudoso que un software patentado fuera incorporado con éxito a Bitcoin, pues podría traer problemas muy poco deseables. Ya ha pasado con el algoritmo Schnorr, que en ningún momento siquiera se ha planteado incorporarlo hasta que expirara su patente.

Pero el problema de limitar el uso y desarrollo del software mediante patentes, es que cuando la seguridad es una cuestión absolutamente crítica, cuando hace falta que el sistema sea antifrágil, es necesario exponerlo totalmente al exterior para que sea escrutado y atacado hasta la saciedad por el mayor número de programadores y hackers posible.  Solo así se puede tener una mínima certidumbre sobre su seguridad. Frente al software limitado y restringido, el software totalmente libre y abierto ha demostrado en las últimas décadas ser la mejor estrategia para alcanzar este nivel de seguridad, tal y como explico aquí con más detalle.  Bitcoin ya utiliza esa estrategia totalmente abierta, un competidor que protegiera su software con patentes se estaría atando una soga al cuello y ni siquiera sería una protección definitiva ya que ninguna patente dura más allá de 20 años, que en este contexto no es mucho tiempo, pues Bitcoin ha cumplido ya 12 años y aún no ha alcanzado su madurez.

Quisiera hacer una breve reflexión sobre la frase “una tecnología que sea significativamente superior”. Cada transacción de Bitcoin ya es muy pequeña, y aun así si quieres verificarlas todas necesitas tener una conexión a Internet decente y también un disco duro razonablemente rápido y con buena capacidad. El cuello de botella no es el protocolo de Bitcoin, al contrario, Bitcoin se autolimita para adaptarse a la infraestructura tecnológica ya disponible para cualquier ciudadano medio. Y esto no es una cuestión de querer ser “democrático” aunque de paso se consiga.  Es una cuestión, insisto, de seguridad: No tener que depender de terceros para verificar nada.

MySpace era una aplicación concreta sobre un protocolo de comunicaciones de propósito general (Internet), Bitcoin es un protocolo de propósito general para el intercambio económico.  Creo que la analogía es poco acertada. En todo caso, y tomando las precauciones necesarias que hay que tomar con toda analogía, y si sustituimos seguridad por interconectividad, la situación podría parecerse más a las llamadas protocol wars, cuando decenas de protocolos de comunicación se postulaban como candidatos a ser el sistema neurálgico de las comunicaciones a nivel global, muy parecido a la multitud de criptomonedas existentes en la actualidad.  El protocolo tcp-ip (Internet) dejó atrás a todos los demás por ser el más interconectable, que era lo que demandaba el mercado.  Si al final lo que el mercado demanda para una criptomoneda es seguridad por encima de cualquier otra característica, entonces la que consiga ser más segura quizá sea la análoga al protocolo tcp-ip

“No creo que volvamos a tener un buen dinero hasta que se lo quitemos al Gobierno de las manos, es decir, no podemos quitárselo violentamente, todo lo que podemos hacer es introducirlo astutamente de tal forma que no lo puedan parar.”      F.A. Hayek, 1984

Bitcoin como medio de pago

En el análisis de hoy me gustaría centrarme en la función de Bitcoin como medio de pago y hasta qué punto esta función confiere valor a un activo.  Una crítica habitual hacia Bitcoin es que, después de más de diez años de existencia, no parece que se esté utilizando como medio de pago habitual online y menos aún en los supermercados o restaurantes.  Es más, alrededor del año 2015 varias empresas importantes como Dell, Microsoft o Expedia anunciaron que admitían Bitcoin como medio de pago online pero, con el paso de los años, algunas de estas empresas fueron eliminando esa posibilidad por falta de uso.

Hoy en día atesorar tu patrimonio en un activo que se negocie en un mercado financiero es algo relativamente fácil y accesible gracias a la tecnología.  Adquirir bonos, fondos de inversión, acciones, oro o Bitcoin desde tu móvil es un proceso cada vez más sencillo y barato.  Y podría ser más sencillo y barato aún si no fuera porque las regulaciones y la falta de competencia introducen multitud de trámites y costes burocráticos y fiscales que no son verdaderamente necesarios ni son parte de la naturaleza de la operación.  Por tanto, tener tu patrimonio atesorado, por ejemplo, en un fondo de inversión más o menos conservador y pasar al medio de pago habitual de tu país es una operación barata, sencilla y rápida.

Demandar un activo, sea dinero o no, consiste en mantener un saldo de ese activo durante un tiempo, es decir, atesorarlo.  Demandar algo para deshacerte de él inmediatamente no confiere valor al activo en cuestión.

Las monedas como el dólar o el euro no mantienen su valor por el hecho de ser medios de pago, sino porque sus emisores actúan con la suficiente diligencia para mantener su valor razonablemente estable y que por tanto sea racional mantener saldos de tesorería en esas monedas, por lo menos a corto plazo.   

La demostración clara de que ser medio de pago aporta bien poco, es que otros medios de pago que son moneda de curso legal o forzoso, como el Bolívar venezolano o el Peso argentino, no mantienen su poder adquisitivo incluso a pesar de que sus Estados fuerzan aún más si cabe su función de medio de pago mediante intervenciones agresivas como el control de capitales o incluso el control de precios.  De poco les sirve.  Más contundente aún es el hecho incontrovertible de que la práctica totalidad de las monedas que mueren por hiperinflación, lo hacen siendo medio de pago oficial.

Porque utilizar algo como medio de pago no es otra cosa que vender ese algo.  Y cuando tu vendes algo es porque tiene menos valor para tí que lo que estás comprando. Por tanto, si el que recibe un medio de pago lo hace por una mera obligación legal pero no quiere atesorarlo, intentará deshacerse de él inmediatamente. 

Carl Menger definió el dinero como aquel bien que todos queremos tener porque nos permite intercambiarlo por lo que necesitamos con la menor pérdida económica posible durante todo el proceso del intercambio, y esto incluye el tiempo de atesoramiento del medio de intercambio desde que lo adquieres hasta que lo transmites. 

En una situación normal de una economía moderna, todos “hacemos cola” para obtener dinero a cambio de nuestras mercancías o servicios, los clientes son auténticos tesoros y muchas empresas se gastan verdaderas fortunas en marketing para conseguirlos, para conseguir su dinero. Cuando sucede al revés, cuando los clientes hacen cola con medios de pago en su bolsillo para comprar pan o una nevera, entonces es que ese medio de pago ha dejado de ser dinero. Ya no es el bien más demandado o más líquido.  En este caso hasta la nevera es más demandada que el medio de pago en cuestión.

Bitcoin está en un proceso aún muy incierto.  Aunque con el paso de los años va demostrando que sus cualidades no son solo teóricas sino una realidad: Duradero, sin riesgo de crédito, sin riesgo de inflación, barato de almacenar y asegurar, difícil de confiscar, etc.

Su demanda aún está muy lejos de estabilizarse pues aun mucha gente desconoce las cualidades de Bitcoin, y otros muchos dudan que estas cualidades se vayan a mantener. Pero estas personas van cambiando de opinión. Quizá haya personas que nunca cambien de parecer y ese sería el techo de la demanda de Bitcoin, pero hasta llegar a ese punto los que se van incorporando y los que ya se incorporaron pueden ir demandando más cantidad de Bitcoin, aunque también vendiendolos asustados cuando corrige de precio.

Pero si en estos ciclos los incrementos de demanda fueran mayores que los retrocesos, a la larga la demanda seguiría su escalada al alza hasta encontrar un punto de equilibrio. Si llegáramos a ese punto, los últimos en incorporarse posiblemente no llegarán a realizar reflexiones demasiado profundas, simplemente observarán que tiende a conservar bien su poder adquisitivo, y listo.

En definitiva, lo relevante es si Bitcoin es un buen medio de atesoramiento.  Lo que los economistas suelen describir como “buen depósito de valor”. Ser medio de pago, o no, es muy poco relevante y menos aún en esta fase de descubrimiento. Primero tendrá que demostrar que sus cimientos son sólidos y solo entonces tendrá sentido plantearse construir las paredes y el tejado. 

“No creo que volvamos a tener un buen dinero hasta que se lo quitemos al Gobierno de las manos, es decir, no podemos quitárselo violentamente, todo lo que podemos hacer es introducirlo astutamente de tal forma que no lo puedan parar.”

F.A. Hayek, 1984