Ir al contenido principal

Etiqueta: Capital

El concepto de capital en los ‘Principios de economía’ de Carl Menger

El punto de partida típico del análisis del concepto de capital de Carl Menger en Principios de Economía (1871) es que el concepto de capital de Menger es la combinación de bienes de capital al servicio del hombre economizador con el fin de llevar a cabo un proceso de transformación de bienes de orden superior en bienes de orden inferior. Esta concepción llevó a la conclusión de que, para Carl Menger, el capital significaba bienes físicos (Braun-Lewin-Cachanovsky 2016). Sin embargo, en 1888, en un crítico artículo sobre la teoría de Eugen von Böhm-Bawerk, Menger cambió su concepto de capital y esta vez argumentó que el capital es, ante todo, sumas de dinero dedicadas a la adquisición de ingresos (Braun 2020). En este ensayo, sostengo que esta descripción es una imagen unilateral del concepto de capital de Menger en Principios de Economía.

El punto de partida de Menger para formular su visión de lo que podría considerarse capital fue el concepto de Adam Smith. El capital es un bien económico escaso que puede utilizarse para satisfacer necesidades humanas al servicio de la persona que desea utilizarlo y que produce ingresos (1871, p. 157). Sin embargo, Menger distinguía entre la concepción del capital desde un punto de vista “técnico” y desde un punto de vista “económico”.

Bien de capital desde los puntos de vista ‘técnico’ y ‘económico’

Desde el punto de vista técnico, todos los bienes económicos que se emplean para producir ingresos pueden tratarse como capital. No obstante, según Carl Menger, hay que distinguir entre un bien, como un terreno o un edificio, que se presta o se alquila para producir una renta permanente y fija, y un bien que se utiliza en un proceso de producción para producir un nuevo bien de orden inferior. Este último caso es lo que él denomina capital desde punto de visto económico. Así, el capital, en este sentido, es la cantidad de bienes económicos que se dispone en la actualidad para unos periodos de tiempos futuros.

La productividad del uso del capital es el concepto fundamental para el punto de vista económico del capital (1871, pp. 303-05). La productividad del capital significa que el uso del capital está asociado al éxito o fracaso de los esfuerzos empresariales por descubrir la oportunidad de empleo del capital para producir un bien económico de orden inferior con la esperanza de alcanzar el valor prospectivo estimado mediante la satisfacción de las necesidades humanas (1871, pp. 157-159).

Capital en forma de dinero

Carl Menger sostuvo que el capital monetario es una forma especial y cómoda de capital que está disponible para adquirir bienes de capital dedicados. Esta forma de capital es singularmente adecuada a las situaciones de alta evolución comercial (1871, pp. 303-4). Así, desde un estricto punto de vista económico, el capital consiste en dinero o en factores de producción a disposición del capitalista-empresario, con el propósito de producir un nuevo bien económico con perspectivas de venta con ganancias en el mercado. Esta inversión también podría acarrear pérdidas.

Es importante destacar que Menger, ya en Principios de Economía, dejó claro que el concepto de capital incluye aquellas sumas de dinero que se destinan a adquirir bienes de capital dedicados necesarios a la producción de un bien en particular. Menger sostenía que los bienes de capital solo producen ingresos en combinación con otros bienes económicos, como el trabajo y la actividad empresarial. La rentabilidad del capital, en sentido económico, depende del cálculo empresarial; de las perspectivas de éxito y del precio del producto final. 

El papel de la productividad

Sin embargo, Menger se concentró en el proceso de producción para descubrir los vínculos de causa y efecto de la acción económica en el mercado. Así, al hacer especial énfasis en la producción, parece que solo los bienes de capital físico son los componentes del capital al servicio del hombre economizador y que el dinero es un factor ausente. No obstante, el concepto de productividad, que él consideraba factor clave en la diferenciación entre capital en sentido técnico y económico, ya señalaba que para Carl Menger el concepto del capital, en el sentido económico, es el valor de la riqueza expresada en dinero que debe ser invertido para obtener ganancias (véase Hayek 1935).

Como ya hemos analizado, el concepto de capital de Carl Menger también tiene un alcance más amplio si incluimos su concepto de capital en sentido técnico. En este sentido, el término capital se refiere a todos los activos que producen rentas. Menger subrayó que los bienes duraderos, como la tierra o los edificios, son aquellos activos que pueden utilizarse para generar rentas o interés.

La principal diferencia entre los elementos de riqueza alquilados para producir renta o interés y los bienes de capital en el sentido económico es que la naturaleza de los rendimientos producidos es diferente (1871, p.304). Los elementos de riqueza que se alquilan en el mercado para obtener ingresos suelen producir un rendimiento más estable en forma de renta y el interés en el caso del dinero prestado como crédito. Por otro lado, Adam Smith consideraba la renta o tipo de interés como un rendimiento algo inferior a la tasa natural de ganancia. Esta última incluye la compensación de los esfuerzos de gestión y el riesgo.

Los servicios laborales como capital

Philip Wicksteed (1906), que estudió economía en Viena y estuvo muy influido por Menger y Eugen von Böhm-Bawerk, sostenía que el nivel relativamente estable del tipo de interés es el principal punto de referencia para evaluar la rentabilidad de un negocio arriesgado de producción de bienes para un mercado incierto.

En este sentido técnico más amplio, el concepto de capital puede ampliarse para incluir las prestaciones de trabajo o servicios laborales. Menger se refirió en Principios de Economía a una lista de distinguidos economistas alemanes de su época que incluían los servicios laborales en sus conceptos de capital. El propio Menger sostenía también que la categoría de bienes económicos incluye no solo los bienes materiales, sino también los inmateriales. Entre los bienes intangibles, los servicios laborales era la categoría más importante (1871, p. 55).

Así pues, los servicios laborales pueden clasificarse como capital humano cuya prestación tiene un valor y, en consecuencia, un precio en el mercado que produce rendimientos. De hecho, Adam Smith (1776) ya trataba la destreza y la habilidad de los trabajadores como capital y la literatura económica moderna discute ampliamente la importancia del capital humano (Becker, 1964)

Carl Menger trató la actividad empresarial como una forma especial de servicio laboral (1871, p. 172). Sostuvo que la actividad empresarial es un factor de producción tan necesario como los bienes de capital o los servicios laborales (1871, p. 161).

El papel del empresario

Así, en el concepto de capital de Menger se pueden distinguir dos tipos principales de capital: capital desde el punto de vista económico y capital desde el punto de vista técnico.

  1. El capital desde el punto de vista económico consiste en los bienes de orden superior o en el dinero al servicio de un emprendedor para producir un bien económico de orden inferior. La rentabilidad del capital en sentido económico depende del cálculo empresarial, de las perspectivas de éxito y del precio del producto final.
  2. El capital desde el punto de vista técnico tiene tres subcategorías:
    • Bienes económicos, incluido el dinero, utilizados para producir un rendimiento relativamente estable en forma de renta o interés.
    • El capital humano, que incluye la destreza en el trabajo, las habilidades y la competencia que pueden adquirirse invirtiendo en las capacidades humanas mediante el aprendizaje y la adquisición de nuevas habilidades. Parte de este proceso de «inversión» es el buen desempeño laboral que crea prestigio social y conexiones en el mundo del trabajo (Tóth 2017).
    • Actividad empresarial o rasgos empresariales, que son versiones especiales del capital humano.

Una sociedad que aspire a alcanzar el máximo nivel de riqueza y que quiera garantizar la mejor satisfacción posible de las necesidades humanas debería preocuparse por disponer de todas las formas de capital, ya que la falta de cualquiera de ellas es perjudicial para el bienestar económico.

Es importante señalar que la necesidad de alcanzar un nivel adecuado de bienes de capital y de capital humano bien formado es una premisa aceptada por todos. Sin embargo, a pesar de esta opinión generalizada, la actividad empresarial es vista por muchos como una actividad sospechosa. Es esencial entender que la actividad empresarial es una forma de capital humano y que una sociedad necesita ese tipo de capital para garantizar la productividad del capital físico.

Bibliografía

Becker, Gery. 1964. Human Capital : A Theoretical and Empirical Analysis, with Special Reference to Education. The University of Chicago Press.

Braun, Eduard. 2020. “Carl Menger: Contribution to the Theory of Capital (1888).” Journal of Institutional Economics 16 (4): 557–68. https://doi.org/10.1017/S1744137420000132.

Braun, Eduard, Peter Lewin, and Nicolas Cachanosky. 2016. “Ludwig Von Mises’s Approach to Capital as a Bridge between Austrian and Institutional Economics.” SSRN Electronic Journal. https://doi.org/10.2139/ssrn.2748937.

Hayek, Friedrich A. von. 1935. “Introduction.” In Menger, Carl: Principles of Economics, 2007th ed., 11–37. Auburn (Alabama): Mises Institute.

Menger, Carl. 1871. Principles of Economics. 2007th ed. Auburn, Ala.: Ludwig von Mises Institute.

Smith, Adam. 1776. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations. Elecbook Classics.

Tóth, András. 2017. “Workers as Life-Entrepreneurs.” Intersections 3 (1). https://doi.org/10.17356/ieejsp.v3i1.245.

Wicksell, Knut. 1906. “The Influence of the Rate of Interest on Prices.” Economic Journal XVII:213–20.

La acumulación capitalista

La izquierda marxista ha acuñado palabras y frases que han servido a su propósito de destruir la libertad económica y promover, como única alternativa, el poder concentrado en un líder para que organice “científicamente” la producción y distribución. Como en las viejas tribus, como en el socialismo, fascismo o comunismo.

A la palabra “capitalista” los marxistas le dieron un sentido peyorativo que da la idea de que aquellos individuos que buscan ganancias dedicándose al comercio comprando barato y vendiendo caro son unos delincuentes. Peor aún: aquellos individuos, sean empresarios o comerciantes, que acumulan enormes riquezas, deben ser sacrificados. Y se deben repartir sus ganancias, para evitar que sigan nadando en albercas llenas de monedas de oro, tal como daba la idea el Rico Mac Pato de las caricaturas de Walt Disney. Tales ideas introducidas en la mentalidad de un pueblo son las que garantizan la pobreza, marginación, miseria y violencia.

Es tarea liberal dar la batalla contra esa cultura depredadora que se enseña a diario en las escuelas y universidades públicas. No es fácil, dado que llevamos más de un siglo de prédica marxista, pero hay que dar la batalla, de otra manera, no tenemos futuro.

En la tierra sin beneficios

Supongamos, sin conceder, que aceptamos como práctica indebida comprar barato y vender caro, es decir, obtener una ganancia mediante el acto de comerciar. Condenando dicha práctica armamos una ley que prohíba comprar barato y vender caro, quien rompa la Ley, le cortamos la cabeza. Solo queda la posibilidad de comprar, digamos, una bicicleta en cien euros y venderla en cien euros para no cometer delito; o comprar una botella de vino en 20 dólares y venderla en 20 dólares, allí no hay pecado.

La pregunta es: ¿Quién se atreve a obedecer dicha Ley? Supongamos, sin conceder, que hay un pueblo muy obediente y aplica esa ley de “cero ganancias”. Pensemos en ese comerciante que fue al pueblo vecino a comprar cien pares de zapatos a $300.00 y los vende en $300.00. No sacó ganancia alguna, pero gastó su tiempo, sus propios zapatos, alimentos, energía, transporte. En otras palabras, después de vender todo y ganar nada, quedó más pobre que antes. Lo mismo ocurre en cada miembro de esa sociedad, quedan cada día, más cerca de la miseria. Por tal motivo debe ser desechada una economía donde se prohíba la ganancia. En Cuba y Corea del Norte de plano prohibieron el comercio entre particulares y por eso los vemos hoy día en la miseria.

Un juego que suma más que cero

La respuesta automática es permitir la ganancia capitalista, dejar que los individuos compren barato y vendan caro. Los marxistas le llamarían “explotación al consumidor”. Llamarle así da la idea de cometer un delito de imposición, de coacción, pero no lo hay. Mientras el vendedor no use la fuerza para que el cliente compre al precio que dice el vendedor, no hay delito qué perseguir.

En el comercio libre nadie amenaza ni impone a nadie, son operaciones libres y voluntarias, las partes acuerdan un precio y hacen el Quid pro quo “yo te doy, tú me das”. Hecha la operación, se dan la vuelta y les verás una sonrisa en los labios porque llevan el sentir de que mejoraron después de la transacción. Técnicamente, se le llama ”Juego de Suma Positiva”, porque los dos ganan, por eso se van felices y nadie se siente “explotado”.

El argumento de que el comercio libre implica explotación cae por su propio peso. Luego quieren controlar el nivel de ganancia: que sí se gane, pero que no sea una ganancia exagerada para que no se vea una gran diferencia entre los que tienen mucho y los que tienen poco. Es otra idea absurda que se debe combatir y permitir que haya gente que se haga extremadamente rica, obscenamente millonaria. Veamos por qué.

Un panadero

Pensemos en el panadero que empieza con un horno pequeño para hacer cien piezas. Se da cuenta de que todas las vende y muchos se quedan sin comprar porque la demanda es mayor que la oferta. Se le ocurre hacer un horno más grande para elaborar 500 piezas y todo lo vende más caro, así que abre otra panadería y otra más con mejores productos, mejores camionetas repartidoras, etc. La gente percibe que ese panadero se ha hecho millonario, muy diferente al resto, pero no le ha robado a nadie. Al contrario, ha hecho felices a cientos o miles de compradores. Hace que fluya la economía, se generen empleos.

Para hacer pan se compra harina, significa que los trabajadores del molino ganan para alimentar a sus familias; y los que transportan, y los que siembran trigo, y los tractoristas, etc. Gracias a la iniciativa de nuestro personaje panadero, mucha gente sale beneficiada. No hay delito qué perseguir. Y mientras más rico se hace nuestro personaje, más felices son los ciudadanos. Razón suficiente para aplaudir y felicitar a aquellos que logran una fenomenal “acumulación capitalista”.

Sin perjuicio para nadie

La buena política consiste en impulsar, para que haya más, muchos millonarios. Después de todo, ningún supermillonario puede comer sus ganancias y tampoco se las lleva al infierno al morir. Cuando estaba pobre se comía un pollito y ahora que gana millones de dólares diarios, sigue comiendo un pollito al día. En otras palabras, la curva de consumo del millonario es horizontal. ¿Qué hace con las ganancias que no consume? Normalmente, las invierte, genera nuevos negocios, contrata más personal, produce más bienes y todo eso es para bien de la sociedad.

Pero aún cuando nuestro próspero panadero se construyera un palacio en cada provincia o en cada país, no está perjudicando a nadie, da empleo a ingenieros, arquitectos, albañiles, etc. Luego, a nadie está perjudicando, está beneficiando a miles, millones de personas. Toda sociedad debería querer muchos ricos, pues estos, aún sin proponérselo, irremediablemente benefician a la sociedad.

Los principios del capitalismo

Hay quien piensa que el capitalismo es malo porque produce a pocos ricos basándose en empobrecer a miles de personas. Eso es imposible. Si algo no puede hacer el capitalismo es empobrecer a personas. Está fuera de toda lógica, porque se fundamenta en acuerdos libres y voluntarios entre dos individuos soberanos.

El capitalismo se basa en tres principios fundamentales: No debes matar a nadie; no debes robar a nadie y no debes engañar a nadie. En pocas palabras:debes respetar la propiedad privada. El individuo tiene, por tanto, la libertad de hacer cualquier cosa que se le ocurra, poner en juego la iniciativa personal, perseguir sus sueños, realizar proyectos sin que nadie tenga el derecho de obstaculizarle.

Los signos de la rapiña

Sin embargo, vemos en nuestras economías reales que hay hombres muy ricos, que nada tienen que ver con la “acumulación capitalista”. Son hombres que se han hecho millonarios robando al erario, dando permisos gubernamentales para abrir negocios a cambio de un dinero por debajo de la mesa, o adjudicando contratos estatales mediante actos corruptos. A esto le podríamos llamar “acumulación corrupta” y ésta no es defendible en absoluto: “Que les corten la cabeza”.  Por cierto, de esta acumulación corrupta poco habló Carlos Marx, quizás porque comprendía que esa acumulación abona en la destrucción del sistema capitalista, que era el gran objetivo de Marx.

En resumen: bienvenido el capitalismo y bienvenida la acumulación capitalista. Es la hora de cambiar nuestra cultura y formar a nuestros niños y jóvenes con otra visión y mejores perspectivas. “Ser rico no es malo”; lo dijo Deng Xiaoping, quien fue el líder chino que abrió a China al mundo capitalista y hoy son sorprendentemente ricos. En tal caso, hay más pecado en ser pobre, pues significa que no has satisfecho las necesidades, gustos o preferencias de nadie. Quizás por eso estás pobre, pero en un mundo capitalista todo puede cambiar: quien estaba pobre se puede convertir en millonario y al revés también es posible.

Ver también

Países pobres, países ricos y acumulación de capital. (Juan Morillo).

Adam Smith, los austríacos y el crecimiento económico. (José Carlos Rodríguez).

La economía de generación de crecimiento. (Fernando Herrera).

Destrucción de capital

Para hablar del capital se requiere tomar en cuenta tres elementos indisolubles: Un individuo, un bien y una expectativa. Al individuo lo llamaremos “capitalista” y tiene la capacidad de tomar decisiones, repetir su proceso y acumular riqueza; el bien u objeto tiene que ser propiedad del capitalista y la expectativa es la esperanza del capitalista de obtener una ganancia mediante el intercambio libre y voluntario con otro capitalista de las mismas características. Adicionalmente, podemos decir que una sociedad es capitalista si la relación fundamental entre los hombres se basa en el intercambio libre y voluntario, al que llamaremos comercio.

El capital como institución de la humanidad tiene su origen desde que el hombre se atrevió a abandonar las prácticas salvajes para conseguir algo y, en su lugar, hacer intercambio libre y voluntario. La práctica del trueque data de unos 40 siglos atrás. Pero los términos capital, capitalista y capitalismo quizás se le deben a Carlos Marx quien vivió en el siglo XIX.  Hoy día, apenas se está comprendiendo su naturaleza, esencia y dinámica. Antes, cuando solo había tribus salvajes, no había capital y aun ahora, hay países que no tienen capital, aun cuando poseen fábricas, cañones, tanques, etc. Véase el caso de Corea del Norte, donde está abolida la propiedad privada y, por ende, no puede haber capital, ni capitalistas, ni capitalismo.

Capital y propiedad privada

El capital surge como hijo de la institución más importante y revolucionaria de la humanidad: la propiedad privada. Desde el momento en que la sociedad reconoce que un bien pertenece a un individuo y no a otro, ni a la comunidad, y que ese individuo tiene el derecho de usar ese bien para intercambiarlo, regalarlo, usarlo a manera de garantía o destruirlo, sin que nadie tenga el derecho de impedírselo, allí está surgiendo la denominada propiedad privada. Aquel individuo “A” poseedor del bien empieza a soñar, a calcular y sale de su cueva para ofrecerlo a alguien “B” que le interese y que tenga un bien u objeto que satisfará el gusto, necesidad o capricho del primero.

Observe que aquel individuo propietario estará especulando. Cree que puede obtener un bien u objeto que le será más provechoso que el que ahora tiene. Se hace el intercambio porque ambos sienten que ganan, ambos son más felices después de la operación. Debido tan solo a esa expectativa es que el bien que posee cada uno se transforma en capital. Nótese que el capital está asociado a la propiedad privada, y a una expectativa de obtener beneficios. Y esto no sería posible si los individuos no disfrutaran de la libertad de hacer trueque.

Los vikingos fueron una tribu salvaje que, para conseguir tierras, caballos u otros bienes que tenían otras tribus, realizaban despojos y masacres. Y regresaban con animales, mujeres, semillas, etc. Pero nada de eso era capital, pues los hombres no tenían el derecho de comercializarlo. Lo podían poseer, pues se los repartía su líder. Pero, en esos oscuros siglos, no se desarrollaba aún el concepto de propiedad privada y menos el del capital.

Carlos Marx

Carlos Marx vivió en un mundo complejo que no pudo entender del todo. Sin embargo, observó a ciertos individuos muy especiales, diferentes al resto de los mortales. Eran individuos que encabezaban a otros individuos, los ponían a transformar materia prima en talleres para generar artículos. Luego este organizador los vendía en comunidades aledañas o los exportaba a otros países. Aún cuando tenía encerrados a decenas, cientos o miles de individuos, nadie estaba obligado. No había coacción. Quien quería dejar de trabajar simplemente dejaba de asistir y el organizador, naturalmente, dejaba de pagarle el salario del día. Era un fenómeno nuevo, desconocido dos siglos atrás.

A estos organizadores Marx les llamó “capitalistas”, pues la simple palabra capital significa cabeza y eso eran estos hombres, cabezas de gente, de grupos productivos. Ahora bien, en las viejas tribus también había cabezas u organizadores, eran los jefes de tribu, pero estos utilizaban la coacción, el castigo. De tal suerte que a la gente que no obedecía, simplemente la mataban.

Magos

Carlos Marx observaba que estos capitalistas eran como una especie de magos. Cuanto más riqueza obtenían, más industrias hacían, compraban más materia prima, contrataban más trabajadores y buscaban vender sus productos hasta el último rincón del planeta. El mundo se sentía feliz por los maravillosos productos, como las sedas que se producían gracias a los capitalistas chinos. O al atún que los empresarios finlandeses envasaban. O al vino que exportaban los capitalistas italianos, etc.

Por supuesto, estos capitalistas despertaban todo tipo de envidias de aquellos que no tenían el valor, el coraje o decisión de tomar riesgos. Algunos incursionaban en el campo productivo. Pero pocos lo lograban. El éxito de algunos terminaba en el fracaso. Es porque no se daban cuenta de que surgían competidores con mejores planes, mejores productos y a mejor precio. Es la dinámica propia del capitalismo.

La envidia

Otros capitalistas dejaban sus grandes negocios en manos de los hijos. Muchos de estos solo se dedicaban a disfrutar las ganancias y esas empresas terminaban desapareciendo. Hasta se creó una frase lapidaria: Abuelo millonario, padre rico, nietos pordioseros. Así que el mundo capitalista está lleno de oportunidades para visionarios, pero con riesgos naturales, propios del mercado, la competencia, el cambio de gustos, preferencias y caprichos, etc.

Pocas sociedades se dieron cuenta de que esos odiosos capitalistas, dueños de grandes talleres, con cuentas supermillonarias, eran precisamente los ángeles que daban bienestar, prosperidad y felicidad a los pueblos. Surgieron las grandes envidias que empezaron a destruir un mundo promisorio. Acusaron de “explotador” al dueño del taller, pero a nadie se le ponía un rifle en la cabeza para laborar allí. El trabajador tenía el derecho de negociar su salario o abandonar el taller. Si después de una semana, quincena o mes el obrero sentía que su trabajo merecía doble o triple paga, podía acudir con el patrón y solicitar nuevo sueldo. Por supuesto que el patrón podía evaluar y llegar a la conclusión de subirle el sueldo o despedir al trabajador para que éste buscara otras opciones. Y era lo correcto.

Marxismo

Pero algunos trabajadores se contagiaron de ideas marxistas anticapitalistas. decidieron aliarse contra el patrón y amenazarlo con parar la producción si no se les pagaba mejor salario. Algunas empresas accedían, otras, mejor clausuraban el negocio. Además, por ignorancia o mala fe crearon sindicatos mafiosos para aliarse con el poder político.

Se apoyaron en el gobierno para golpear a los capitalistas mediante el derecho de huelga, los incrementos salariales obligatorios y las cuotas sindicales que terminaron enriqueciendo a los líderes de la organización obrera. Los capitalistas se sintieron agredidos y bajaron el ritmo de sus sueños o se retiraron a la vida privada con un sabor amargo en la boca.

Destrucción del capital

Ahora hay maneras sofisticadas para destruir el capital y con el consentimiento y aplauso de los pueblos. Por ejemplo, si un gobierno construye una empresa textil, una refinería, si hace un metro para la ciudad, si construye escuelas y universidades públicas, si hace hospitales públicos, si da pensiones a la tercera edad, subsidio a los estudiantes, a las madres solteras, si destina subsidios al deporte. Todo ello constituye destrucción de capital y poca gente se da cuenta. Una verdadera desgracia.

¿Quién pierde con los golpes al capital? Los capitalistas simplemente se van a otros países. Pero con su retiro ya no comprarían materia prima que elaboran miles de trabajadores, ya no abren nuevas plazas de empleo, ya no comprarían nuevas máquinas, ni producirían nuevos bienes que estaban destinados a la felicidad de mucha gente. En resumen, el golpe a los capitalistas golpea a mucha gente que no se ve, que ni se enteran por qué no hay donde emplearse, por qué los productos suben de precio y no hay variedad. Nunca comprendieron que mientras más ganaba un capitalista, mas se beneficiaba la gente.

“La maldad del capitalismo”

La propaganda marxista creó tanta animadversión contra los capitalistas, llegando al extremo de destruirlos por completo: La revolución rusa aniquiló a cinco millones de pequeños empresarios del campo (los kulaks). La revolución china de Mao Tze Tung miles de comerciantes fueron ridiculizados, torturados y linchados por masas dirigidas por el Partido Comunista de China. En Cuba, el Che Guevara decretó la eliminación de la propiedad privada para impedir que algunos se hicieran ricos, así mismo en Nicaragua con el comunista guerrillero Daniel Ortega; en Venezuela con Hugo Chávez, etc.

Previamente, en todos estos países se difundió, a través de todos los medios de comunicación, “la maldad del capitalismo”; lo acusaron de crear pobreza, desigualdad, destrucción del ambiente, etc. y difundieron la fantasía marxista del poder bienhechor del Estado: que el capitalismo era un sistema depredador, nocivo y criminal y que, por lo tanto, había que destruirlo y sustituirlo con la mano angelical del gobierno. Y de tanto repetirlo, la gente lo creyó y abrazó el ideal marxista. Así toleraron la destrucción del capital y el crecimiento del Estado.

El suicidio de una nación

Para eliminar el capital se requiere eliminar la institución propiedad privada. Y lo llevaron a la práctica. Vieron que Adolfo Hitler prohibió el capitalismo y resolvió el problema del desempleo. Había dado trabajo a todas las mujeres en los hospitales, las fábricas, las escuelas. Y todos los jóvenes fueron incorporados como empleados del gobierno para servir en el ejército, en las fábricas de armas o como estudiantes de la universidad. Entonces, todos creyeron que estaban solucionando toda la problemática de la sociedad.

“En efecto”, pensaron los nazis, “no hacen falta el capital, ni los empresarios, ni los mercados”, solo se necesita un gobierno bueno, inteligente y profesional que controle toda la economía para que todo funcione de maravilla. Una creencia equivocada que la pagaron con millones de muertos, hambrunas, crímenes, violencias, atraso y destrucción de vidas y haciendas.

La lección debió ser clara para todos: Ningún gobierno puede sustituir al capital, al capitalismo, a los capitalistas. Intentarlo solo produce resultados negativos para la sociedad. Destruir el capitalismo es equivalente a darse un pistoletazo en el pie; es cometer suicidio de una nación. ¿Algún día aprenderemos la lección?

Ahorro y capitalización: Los sistemas de cuentas nocionales

A lo largo de la historia, muchos autores han escrito sobre la importancia del ahorro a la hora de generar riqueza. Si bien desde el punto de vista de la escuela austriaca, ese ahorro debía ser individual. Y es que la escuela austriaca no se ha ahorrado críticas a la forma forzosa en que los gobiernos sustraen parte de la renta de los ciudadanos con el argumento de un fin superior. El economista y premio Nobel (1974) Friedrich Hayek en su libro Camino de servidumbre (1944), argumentaba que el titular del poder coercitivo (el Estado), debía limitarse a generar unas condiciones en las que el conocimiento e iniciativa individual pudieran planificarse con mayor éxito y que los “fines sociales” que vendía el estado, eran idénticos a los fines individuales y cuyos individuos estarían dispuestos a contribuir de forma voluntaria e individual. Igualmente Mises, en La acción humana (1949), defiende la libertad y la responsabilidad de cada uno con sus acciones, frente a totalitarismos, planificadores y el Estado.

Es por todo esto por lo que consideramos que la idea de los sistemas de cuentas nocionales, donde cada individuo ahorra y capitaliza su ahorro, se amoldan inmejorablemente a las ideas austriacas.

La capitalización del ahorro que mencionamos es muy ventajosa cara a aumentar la riqueza de nuestra sociedad. A más ahorro capitalizado, se dispondrá de más capital para invertir. A mayor inversión mayor productividad de los distintos agentes económicos, lo que generará mayor renta y capacidad de ahorro, entrando así en el conocido como círculo virtuoso de la prosperidad, donde más ahorro lleva a más inversión, más inversión lleva a más renta, más renta a más ahorro…

Dos de los problemas más generalizados en las distintas economías occidentales, que reducen o dificultan la capacidad de ahorro de nuestra sociedad, son las rigideces en el mercado de trabajo, que provocan altas tasas de desempleo y de temporalidad. Y la más que dudosa viabilidad en el largo plazo de los sistemas públicos de pensiones.

Si atendemos primero al problema del mercado de trabajo, y nos centramos en la Unión Europea, observamos como si bien algunas reformas como la introducción de los llamados mini jobs en Alemania o la reforma laboral del 2012 en España han reducido la rigidez de sus distintos mercados de trabajo, aún existen grandes problemas, como la existencia de múltiples tipos de contratos, o el aumento de los costes de contratación, que están dañando seriamente las distintas economías de la unión.

Como hemos mencionado antes, el segundo gran problema al que tenemos que hacer frente, es la cada vez mayor dificultad para pagar las pensiones públicas lo que está haciendo que se ponga en tela de juicio su viabilidad futura. Y es que, el aumento de la esperanza de vida y por tanto de los años que se disfruta de la pensión, el aumento de la cuantía de las pensiones, la baja natalidad y con ello es escaso remplazo generacional, así como la cada vez menor proporción de trabajadores por cada pensionista, ha hecho que los sistemas públicos de pensiones se estén acercando si no lo están ya, a la quiebra.

A esta más que dudosa viabilidad de los sistemas de pensiones de reparto a largo plazo, hay que añadirle que estos impiden el ahorro y posterior capitalización de dicho ahorro, por parte de los trabajadores, para su futuro patrimonio con el que poder vivir durante su jubilación. El Estado, al extraer una parte importante de la renta de los trabajadores (entorno a un 30% en España), dificulta en gran medida que estos puedan ahorrar. Así lo diagnosticó el profesor Jesús Huerta de Soto, cuando hablaba de los problemas técnicos de estos sistemas, en su libro Ahorro y previsión en el seguro de vida (2007): “El sistema financiero de reparto, en el que se basa la financiación de la seguridad social, disminuye sustancialmente el ahorro global del país”.

Para solucionar estos problemas e impulsar el ahorro, son muchos los países los que han puesto en funcionamiento, variando sus condiciones para adaptarse a las características de la economía y su país, los novedosos sistemas de cuentas nocionales. Austria, Suecia, Chile o Italia son ejemplos de países en los que estos sistemas están funcionando en la actualidad. Sobre estos sistemas, podemos hacer una distinción entre los que están enfocados al mercado de trabajo y los que lo hacen en el sistema de pensiones.

La famosa “Mochila austriaca”, es un ejemplo del primer caso, que se ha puesto en práctica en Austria, entrando en vigor el 1 de enero del año 2003 tras un pacto social. Mediante este sistema, el empresario no tendrá que pagar una indemnización en el momento del despido, sino que tendrá la obligación de abonar cada año a cada trabajador un 1,35% (lo que serían 5-6 días) de su salario bruto, a partir del segundo mes de trabajo, a una cuenta de ahorros individual, independiente y externa al empresario. La entidad gestora de esos fondos será elegida entre el empresario y el trabajador. Esta reforma tiene muchas ventajas, como son las flexibilizar el mercado de trabajo, favorecer la contratación, además con ella desaparece la dualidad; trabajador indefinido-trabajador temporal. Incentiva la movilidad voluntaria, al poder llevarte tu mochila contigo, en vez de perder tu antigua indemnización si te cambiabas de empresa como sucedía antes. La otra gran ventaja de este modelo es que crea un fondo de capitalización por el cual los trabajadores adquieren una rentabilidad y además fomenta su ahorro. Todo esto hace que, si durante su vida laboral no han estado durante demasiado tiempo en desempleo y viviendo del dinero de la mochila, cuando llegue el final de su vida laboral, puedan contar con este dinero como complemento a su pensión, ya sea pública o privada. Atendiendo a los datos históricos y comparándolos con los datos de la UE, está reforma habría ayudado a contener el aumento del paro durante las distintas recesiones que se han vivido desde que se aplicó.

Si ahora buscamos un sistema de cuentas nocionales que afecte al sistema de pensiones, tenemos el sistema sueco, que sigue siendo en última instancia, de reparto. Pero la diferencia, es que lo que cotiza cada trabajador se contabiliza en una cuenta individual, cuyo valor se actualiza según unas distintas variables.  De esta forma, cuando el trabajador llega al final de su vida laboral, su pensión será igual a esa cuenta dividida entre la esperanza de vida que se estime en ese momento. Por lo tanto, si el pensionista falleciese antes de ese periodo estimado, el dinero restante que no habría llegado a recibir volvería al sistema, para pagar pensiones mínimas a los pensionistas que sobrepasasen esa esperanza de vida. Este sistema no cambia que los trabajadores de hoy pagan las pensiones a los pensionistas actuales, pero si cambia la forma de calcularlas. Bajo el lema <<una corona de aportación, una corona de pensión>> es más justo y transparente que los otros sistemas públicos de pensiones a los que estamos acostumbrados, ya que cada trabajador acumula sus cotizaciones y cada pensionista cobra lo aportado durante su vida laboral. Lo que acaba haciendo de este sistema, un sistema de pensiones más sostenible en el largo plazo. Estas cotizaciones, corresponden al 18, 5% del salario bruto, ya que el 16% va directamente al sistema de pensiones, y el 2,5% restante se puede invertir en planes de pensiones privados

En conclusión, podríamos decir que estos distintos sistemas de cuentas nocionales podrían ayudar a incrementar la cada vez más en declive tasa de ahorro de nuestra sociedad, al ser capaz reducir el desempleo, liberalizando el mercando laboral si se aplica sobre este, o al permitir capitalizar hasta la jubilación, el ahorro existente, así como hacerlo de una forma más transparente y lo más importante, viable en el largo plazo, en caso de aplicarse sobre el sistema de pensiones.

Referencias: