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Etiqueta: Capitalismo

El mito del Gran Enriquecimiento

Recientemente he tenido oportunidad de leer un par de libros en que se habla de un concepto con él que no me había tropezado anteriormente. Me refiero al llamado Gran Enriquecimiento (“Great Enrichment”), que parece deberse a Deirdre McCloskey, coautor de una de las obras[1], y bastante citado en la otra[2].

Este Gran Enriquecimiento es el término usado para describir la multiplicación de la renta per cápita en los últimos 200 años, en el que habría pasado de ser 3 USD diarios a unos 130 USD. Como se puede apreciar, el periodo histórico viene a ser el transcurrido desde lo que la gente conoce como Revolución Industrial hasta la actualidad. O sea, sería algo iniciado en los países del norte de Europa, principalmente Holanda e Inglaterra. ¿Y por qué aquí de entre todos los países? Pues porque habría sido aquí donde surgió una nueva actitud respecto a cómo progresar o mejorar en la vida, gracias sobre todo al espíritu de la Reforma protestante. Vamos, que el Gran Enriquecimiento se produjo en estos países precisamente por la actitud ante la vida del protestantismo y el calvinismo, en comparación con la de los católicos.

Lo primero que llama la atención, y fue por lo que me puse a dar vueltas al tema, es el reconocimiento de una singularidad de este calado por un autor como Ridley. En efecto, uno de los temas dominantes en su maravillosa obra citada es que el proceso de innovación no es algo puntual, basado en genialidades de determinados individuos (aunque pueda haber alguna), sino que es continúo siendo normalmente difícil identificar dónde empieza una aportación y comienza otra. De hecho, los grandes inventores que conocemos son muchas veces aquellos que obtuvieron la patente del invento (con independencia de que fueran sus verdaderos inventores o no). En suma, que estos nombres afloran únicamente como consecuencia de un hecho singular, la concesión de la patente, que es algo meramente administrativo. En lugares sin sistemas de patentes resulta prácticamente imposible identificar inventores. ¿Es quizá por esto que la mayor parte de los inventores son anglosajones, no fueron ellos los primeros en tener un sistema de patentes?

Si aceptamos que la innovación es un proceso más o menos continuo, y puesto que la innovación es la principal, si no la única, forma en que se puede generar riqueza[3], ¿cómo es posible que surja una singularidad en el proceso económico de enriquecimiento? ¿Puede algo gradual dar lugar a algo singular? El sentido común te dice que no.

Cosa distinta es que se definan umbrales más o menos arbitrarios en ese proceso continuo, como pueda ser la concesión de una patente, o que se supere el umbral de que se genera una riqueza suficiente para el ahorro. Por ejemplo, se podría decir que hay un antes y un después una vez de alcanza un ritmo de generación de riqueza tal que la riqueza generada per cápita es superior a las necesidades mínimas per cápita, para todas las personas del mundo. Quizá fue este el umbral que se superó con el Gran Enriquecimiento. Pero en ningún caso se podría atribuir a singularidades de determinados países, pues ese umbral se iba a superar tarde o temprano dada la naturaleza continua del proceso de acumulación de riqueza que comenzó hace muchos milenios, cuando a alguien se le ocurrió llevar a cabo un intercambio directo con otra persona.

Ello nos lleva a otro punto importante: la cualificación de las innovaciones. No voy a negar la importancia de las que se produjeron en Inglaterra u Holanda durante la Revolución Industrial. Sin embargo, ¿son acaso más importantes que la invención del intercambio directo, del dinero o de la agricultura, por poner algunos ejemplos? Y eso por no hablar del ámbito institucional: ¿qué pasa con el invento de la propiedad privada?

Debate que podríamos trasladar fácilmente a la actualidad, donde acumulamos revoluciones a diario, la última la de los datos. ¿Alguien puede defender seriamente que todos los inventos de Internet han generado más riqueza que la creación del dinero? Si el inventor de dinero hubiera podido cobrar royalties por su invención, ¿cuánto se estaría llevando del negocio de Amazon? Sí, ya sé que es absurdo, pero no soy yo el que se empeña en ver las invenciones del momento como las más revolucionarias de la historia.

De nuevo nos tropezamos con que el proceso de enriquecimiento de la humanidad tiene las suficientes componentes de continuidad como para hacernos dudar de posibles singularidades ocurridas en un sitio u otro, y debidas a un cambio cultural traído por una religión.

Y ya que hablamos de historia, resulta un poco sorprendente que un autor como McCloskey pase de largo sobre uno de los eventos de emprendimiento más épicos de la historia de la humanidad. Me refiero, no puedo evitarlo siendo español, al descubrimiento y conquista de América. ¿O es que no considera emprendedores a los cristianos católicos que mayormente llevaron el peso de estas empresas? Nadie ha medido qué multiplicación de la renta se produjo en el mundo como consecuencia de que, de repente, se pudiera comerciar con un tercio de la Tierra hasta ahora desconocida. Quizá, si lo hiciéramos, nos llevaríamos la sorpresa de que ahí fue dónde ocurrió el verdadero Gran Enriquecimiento. A lo mejor la renta per cápita se multiplicó por mil en vez de por 40. Y cómo vemos, llevado a cabo por gente que no tenía ideales de “mejora” (según McCloskey, claro) pues eso solo pudo ocurrir tras el protestantismo.

Como no quiero incurrir en el chauvinismo de McCloskey y Mingardi, me apresuraré a reconocer que la expansión de la República romana pudo tener un efecto similar en su momento, o más atrás el imperio persa de Ciro. O tantos otros innovadores anónimos que sea por la vía tecnológica o institucional posibilitaron la generación de riqueza como nunca se había visto hasta ese momento.

El último punto que quiero resaltar es el de la acumulación de capital producida durante toda la historia de la humanidad desde el momento en que algunos de los individuos fueron capaces de ahorrar parte de su renta porque no precisaban su consumo para sobrevivir. Como es bien sabido, el capital acumulado tiende a incrementar la productividad, con cuyo incremento se acelera la acumulación de capital y así sucesivamente. Esto quiere decir que no es lo mismo partir de 0 que de 100, y que es mucho más fácil crear riqueza y multiplicarla cuando partes de mayor capital acumulado que si lo haces de menos. Que se lo digan a Robinson Crusoe cuando llega a la isla desierta: lo que sufre hasta conseguir la primera vara. Sin embargo, una vez la consigue, el exceso de producción de frutas del bosque que tal vara permite le posibilitará abordar proyectos inviables antes, como por ejemplo una choza. Esta choza parecerán aporta más riqueza que la vara, pero solo si se mide la creación de riqueza en términos absolutos en vez de relativos al capital previamente disponible, que es lo relevante a estos efectos.

En resumen, podemos constatar qué también en el ámbito de la economía austriaca existe la mitología. Espero que las líneas anteriores hayan contribuido a poner en duda este mito del Gran Enriquecimiento, cuya autoría, casualmente, se puede trazar al mismo origen que la leyenda negra española[4].


[1] McCloskey D. y Mingardi A. (2020). The Myth of the Entrepreneurial State.

[2] Ridley M. (2020). How innovation works.

[3] Puesto que la riqueza únicamente se crea mediante transacciones voluntarias y cada una de éstas en un acto de emprendimiento o de innovación.

[4] Véase, por ejemplo, Roca Barea M.E (2016). Imperiofobia y Leyenda Negra

El capitalismo salvaje de Corea del Norte

Si a un economista le pidieran que diseñara un experimento social para comprobar cuál de dos sistemas económicos da mejores resultados, creo que difícilmente podría definir mejores condiciones de las que se han dado durante más de 75 años en la península de Corea.

En efecto, partamos de una sociedad con una gran homogeneidad cultural, producto de más de 500 años bajo el mandato de la dinastía Joseon, posiblemente la más longeva de la historia de la humanidad. Pues bien, coja usted el territorio en que se desarrolla dicha sociedad y divídalo en dos partes aproximadamente iguales, algo de lo que se encargaron en 1945 los EEUU y la antigua URSS, usando a tal fin el paralelo 38. A continuación, aplique a uno de los territorios resultantes un régimen comunista y al otro un régimen democrático de libre mercado. Finalmente, observe la evolución en ambos territorios con el paso del tiempo. Ah, si se produce una guerra entre ambos territorios, impida que se mueva mucho la frontera pactada y vuelva a empezar el experimento.

Por supuesto, si esto hubiera sido realmente un experimento social, haría tiempo que estaría desmantelado, pues los resultados de la comparación se pudieron ver en relativamente poco tiempo, y no hubiera sido necesario mantener en el sufrimiento a unos cuantos millones de coreanos en el territorio norte.

En la actualidad, la divergencia en el desarrollo de ambos países es pasmosa y supera la imaginación del experimentador más optimista. En Corea del Sur se implantó el régimen de libre mercado, y ahora resulta ser uno de los países más ricos del mundo, con empresas reconocidas globalmente como Samsung o Hyundai. Un éxito en toda regla para un país devastado por guerras en 1950 y que posiblemente era el país más pobre del mundo en ese momento.

En Corea del Norte, la República Popular Democrática de Corea (ya se sabe que cuánto más “democrático” es el nombre un país, mayor comunismo le gobierna), se implantó el régimen comunista. Corea del Norte partía con cierta ventaja, pues era más rico en recursos que Corea del Sur y además tiene frontera terrestre. Por supuesto, esta supuesta ventaja quedó en nada, y en la actualidad Corea del Norte es un país que destaca por la carencia de iluminación en las fotos nocturnas del planeta (sí, esa mancha negra entre Corea del Sur y China) o por tener hambrunas en pleno siglo XXI, a solo unos kilómetros al norte de uno de los países más ricos de la Tierra.

Como decía, si esto fuera un experimento, lo podríamos haber interrumpido ya hace unos cuantos decenios, para suerte de los norcoreanos[1]. Pero, por desgracia, no lo es, y Corea del Norte sigue vigente, ya por la tercera generación de dictadores comunistas de la familia Kim Yong-Un.

Desde el punto de vista de teoría económica, ello presenta un reto. En efecto, el teorema de la imposibilidad del socialismo postula que este sistema económico es insostenible, pues es incapaz de dirigir los recursos haya donde la población los necesita. En consecuencia, dilapida los recursos inevitablemente hasta llegar al colapso. El ejemplo paradigmático es, por supuesto, la URSS. Otros regímenes comunistas se han visto obligados a introducir reformas liberalizando los mercados para sobrevivir, siendo el caso más llamativo el de China, vecina de Corea del Norte, donde solo queda de comunista el nombre (a efectos económicos). Lo mismo, a otra escala, se puede decir de Cuba. Y de Venezuela solo cabe decir que el experimento aún no lleva mucho tiempo y hasta ahora se ha podido apoyar en el petróleo. Ya veremos cuánto dura sin volver al libre mercado.

Por eso es tan llamativo el caso del régimen de Corea del Norte, porque en este caso no consta ningún tipo de aperturismo o liberalización comercial. ¿Cómo es posible que siga en pie?

Desde el punto de vista de los ciudadanos norcoreanos, es muy recomendable el trabajo de la periodista norteamericana Bárbara Demick[2], quien nos muestra la vida en el país a partir de los testimonios de fugados del régimen. A grandes rasgos, dos son las causas de la falta de acción por parte de los individuos, una fisiológica y otra propagandística.

La primera es el hambre: los norcoreanos están en un estado perpetúo de hambre, lo que les debilita física y mentalmente. Si cada día tu máxima preocupación es qué comer, difícilmente vas a tener energías para rebelarte contra el régimen. Ello invita a pensar en algo tan terrible como una política deliberadamente dirigida a mantener a la población en dicho estado de necesidad.

La segunda es más curiosa. Los norcoreanos se habían quedado anclados en el pasado y habían extrapolado a futuro lo que conocían entonces. Y eso era básicamente que eran más ricos que China y, en particular, que Corea del Sur. Así que, sí, ellos lo estaban pasando mal; pero los vecinos lo estaban pasando aún peor, porque no vivían bajo el cuidado del “querido Líder”. Lo repito por si no queda claro: una mayoría de norcoreanos vive pensando que son afortunados y que el resto de los países del mundo está peor.

Por supuesto, las cosas están cambiando en este último aspecto, y empezaron a hacerlo desde el mismo día en que los habitantes de la orilla sur del río Tumen (la frontera con China) constataron con sorpresa que en la orilla norte aparecían iluminación y nuevos edificios, consecuencia de la apertura económica de China. A partir de ese momento, algunos norcoreanos empezaron a darse cuenta de su situación real. Imaginen la sorpresa de estos pobres desgraciados cuando son capaces de salir de las redes del “Amado Líder” y llegan a la paupérrima Corea del Sur, donde siempre encuentran un familiar que les acoge.

Sin embargo, si bien ambos factores pueden explicar la aparente conformidad del pueblo norcoreano con el régimen y la ausencia de rebeliones, la teoría económica sigue anticipando su colapso y, si no viene desde abajo hacia arriba, tendría que venir desde arriba, como en los otros ejemplos mencionados. ¿Por qué no ocurre?

Una explicación fácil es asumir que China dota de fondos al régimen norcoreano por razones geopolíticas, y que, por tanto, es su sostén. Puede ser, no digo que no. Pero creo que hay una explicación alternativa, o, al menos, complementaria, según nos muestra un reciente documental de la BBC[3], y que es bastante más tenebrosa a la par que coherente.

Se trata de la historia de un danés que decide, por su cuenta y riesgo, infiltrarse en las organizaciones exteriores del país asiático. Lo que encuentra puede explicar, a mi modo de ver, la sostenibilidad del régimen, y, por tanto, son muy malas noticias para los habitantes de aquel país.

En efecto, el protagonista (podríamos llamarle héroe sin incurrir en exageración) de la historia se integrará en la Korean Friendship Association (KFA) presidida por un español, sí señor, en todas las salsas tenemos que estar, un tal Alejandro Cao de Benós. Lo que descubre nuestro héroe es que la tal KFA no es más que una tapadera para conseguir negocios e inversores en las más oscuras actividades económicas que uno pueda imaginar, lo que deja al señor Cao de Benós en mero conseguidor y comisionista, en la mejor tradición de la realeza, eso sí para actividades ilegales e incluso inmorales.

Y es que, como declaran expresamente en un par de ocasiones tanto Cao de Benós como algunos de los “emprendedores” norcoreanos, el factor diferencial de Corea del Norte, su ventaja competitiva, no es otra que la siguiente: en su territorio se pueden llevar a cabo todo tipo de actividades productivas prohibidas en los países occidentales (e, imagino, sin necesidad de respetar los derechos humanos de los trabajadores). Eso implica que si tu negocio es de armas o de componentes químicos prohibidos, o de otras cosas por el estilo, en Corea del Norte lo puedes implementar, y seguro que a precios muy competitivos.

Así pues, tampoco falla en Corea del Norte la teoría económica sobre la imposibilidad del socialismo. Claro que no. Tienen una ventaja competitiva diferencial con otros países: que en su territorio se pueden realizar actividades ilegales en el resto del mundo, porque en su territorio no hay leyes. Y las élites norcoreanas han desarrollado los mecanismos para promocionar y distribuir su producto, eso sí, con las dificultades que cabe esperar.

En resumen, que no falla la teoría económica. Lo que tampoco podíamos esperar es que fuera precisamente en Corea del Norte donde tuviera su manifestación el capitalismo más salvaje del mundo. Hala, ya tienen otra disculpa podemitas y socialistas para culpar al capitalismo de los males de la humanidad, sobre todo de los sufridos por los norcoreanos.


[1] Otra cosa es que la evidencia empírica que arroja este experimento haya trascendido a la sabiduría de la gente. Especialmente a la de los españoles, anomalía en Europa, donde se sigue votando a partidos procomunistas como Podemos.

[2] Querido Líder: Vida cotidiana en Corea del Norte, de Barbara Demick (En inglés, “(“Nothing to Envy“).

[3] The Mole: Infiltrating North Korea. Ver https://www.bbc.co.uk/programmes/p08tqd6q