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Etiqueta: China

Liberalismo de mercado con características chinas

Por Samuel Gregg. El artículo Liberalismo de mercado con características chinas fue publicado originalmente en Law & Liberty.

No es exagerado decir que Estados Unidos está inmerso en uno de sus debates de política económica más encarnizados desde hace tiempo. Pero la disputa actual entre nacionalistas económicos y librecambistas va más allá de la política nacional. Ya sea a través de artículos de largo aliento o de debates en X (antes Twitter) entre senadores dirigistas y sus detractores del libre mercado, China ocupa un lugar destacado en el tira y afloja.

La muy debatida relación entre comercio y seguridad nacional forma parte de ese debate. Pero también lo hacen las discusiones sobre si los responsables políticos estadounidenses de finales de los noventa confiaron demasiado en los mercados para que China avanzara hacia una mayor libertad política y, más en general, hasta qué punto puede esperarse un cambio político de la expansión de la libertad económica.

En estas disputas falta una apreciación del lugar que ocupaba el liberalismo económico en el pensamiento chino moderno antes de 1978. La atención prestada a este período ilustra las insuficiencias de las afirmaciones que presentan los limitados avances de China hacia los mercados entre 1978 y 2012 como una anomalía.

El nuevo libro de Evan W. Osborne, catedrático de Economía de la Wright State University, trata de corregir esta imagen. Este libro estudia el papel del liberalismo económico en China, especialmente tras el Tratado chino-británico de Bogue de 1843. Dicho tratado concedió el estatus de nación más favorecida a Gran Bretaña y amplió el acceso occidental a los mercados chinos. En Mercados con características chinas: Economic Liberalism in Modern China (también disponible en pdf gratuito), Osborne sostiene que también aceleró la entrada de las ideas liberales de mercado en el pensamiento y la práctica económicos chinos.

Osborne analiza el papel del liberalismo económico en China a lo largo del siglo XIX. Detalla el eclipse de esa influencia en la década de 1920 y muestra cómo las ideas liberales de mercado fueron desterradas del ámbito político entre 1949 y 1978. Concluye trazando la influencia creciente y menguante del liberalismo de mercado en la política económica china desde entonces. Entre otras cosas, el ameno texto de Osborne llena muchas lagunas en la historia del liberalismo económico en China. Para ello recurre a fuentes originales, algunas de las cuales han sido traducidas por el propio Osborne. El resultado final es lo que Osborne llama acertadamente una “historia compleja y volátil” del liberalismo de mercado en China. Una historia que está lejos de haber terminado.

Adam Smith en China

Se ha escrito mucho sobre la influencia del liberalismo político y social en China. Pero Osborne subraya que el impacto del liberalismo económico como conjunto de ideas ha recibido mucha menos cobertura. Los esfuerzos de su libro por corregir esta situación comienzan mucho antes de lo que los historiadores chinos llaman “el siglo de la humillación” o “el siglo de la vergüenza nacional”. Se trata del periodo de cien años comprendido entre 1843, cuando China se convirtió en juguete de las potencias occidentales (lo que incluyó el otorgamiento por parte de China de concesiones territoriales a Estados europeos) y 1945, cuando la China de la posguerra emergió como vencedora sobre Japón y con un puesto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Las ideas que nosotros reconoceríamos como económicamente liberales están dispersas, según Osborne, por toda la erudición china que se remonta a casi tres milenios. Ciertamente, escribe Osborne, “los intelectuales chinos más respetados por las generaciones posteriores escribieron principalmente sobre ética, metafísica e historia”. No obstante, añade, los pensadores chinos “se anticiparon durante siglos a algunos principios económicamente liberales, aunque no los consideraran centrales, o unidos”.

Un ejemplo es el Guanzi, libro que lleva el nombre de un funcionario estatal llamado Guanzhong (c. 720 a.C.-645 a.C.). No es un tratado económico. Pero el Guanzi contiene ideas sobre temas como el papel de los beneficios en la transmisión de información a comerciantes y consumidores. Otro ejemplo son las Actas del Gran Historiador, escritas principalmente por el historiador imperial Sima Qian (c.145 a.C-87 a.C). En él se articula lo que Osborne denomina una visión smithiana del papel del interés propio en la vida económica, y de cómo los mercaderes suelen buscar privilegios de los gobiernos a costa de todos los demás.

A pesar de estos precedentes, Osborne especifica que “no había ninguna doctrina económica liberal, ni de hecho ninguna doctrina económica” en la China anterior a 1843. En el pensamiento chino brillaba por su ausencia la apreciación del papel de la competencia económica como motor del crecimiento. Hubo que esperar al choque del siglo XIX entre China y las potencias occidentales que querían entrar más fácilmente en la economía china. Esto produjo una fascinación por la tecnología occidental (especialmente de naturaleza militar) por parte de los académicos y funcionarios chinos. Con el tiempo, sin embargo, las ideas liberales de mercado atrajeron la atención del mismo público.

Muchos chinos en posiciones de autoridad, como el diplomático Xue Fucheng (1838-94), pero también forasteros como el escritor Cheng Kuan-Ying (1842-c.1922), comprendieron pronto, muestra Osborne, que el comercio dinámico era fundamental para el poder británico. Esto es importante porque el punto de partida de gran parte de la reflexión china sobre estas cuestiones fue lo que había hecho fuertes a las naciones occidentales, no la preocupación por la libertad.

Como en la mayoría de los gobiernos poscoloniales del siglo XX, señala Osborne, muchos funcionarios chinos del siglo XIX veían la ingeniería gubernamental de arriba abajo como el camino hacia la modernización. Otros chinos, sin embargo, llegaron a la conclusión de que el “autofortalecimiento” debía ser un proceso ascendente. Como relata Osborne, creían que “el fin de la supervisión gubernamental del comercio” permitiría que el dinamismo que caracterizaba a las economías occidentales impulsadas por el mercado se extendiera y creciera en China.

Los textos económicos a los que recurrieron estos reformadores chinos encarnaban el predominio en Occidente de lo que Osborne denomina “liberalismo económico ortodoxo británico”. Muchos de estos libros se tradujeron para las instituciones de enseñanza superior chinas en las que aparecieron cursos de economía después de 1867.

Uno de esos traductores (incluido el de La riqueza de las naciones de Adam Smith) fue el militar y escritor Yan Fu (1854-1921). Se empeñó en relacionar el liberalismo económico con conceptos clave del liberalismo político. Osborne afirma que existe cierta controversia sobre si la concepción de ideas de Yan, como los derechos individuales, reflejaban fielmente el pensamiento liberal occidental. También hay dudas sobre la idoneidad de las traducciones de Yan. Lo que no cabe duda es que Yan fue un eficaz evangelizador de las ideas del libre mercado. Muchos pensadores y políticos chinos encontraron persuasivas.

Mercados dinámicos y dirigismo resurgente

Aunque las ideas liberales de mercado circularon por toda la China del siglo XIX, otros factores también contribuyeron a impulsar la liberalización económica. Las potencias europeas, muestra Osborne, establecieron normalmente mercados libres y protocolos legales acordes en todas sus concesiones territoriales. Algunos puertos de tratados europeos se convirtieron, afirma Osborne, en “una aproximación al liberalismo económico puro”. Se corrió la voz de la prosperidad resultante. En consecuencia, muchos chinos se acercaron a las fronteras de las concesiones europeas para beneficiarse de estas circunstancias.

“La historia convencional”, afirma Osborne, considera que las concesiones territoriales occidentales simbolizan el siglo de la humillación. Osborne no niega la gravedad de la pérdida de soberanía de China sobre estos territorios. Pero se basa en varios conjuntos de datos para mostrar cómo la liberalización económica en las concesiones generó una considerable riqueza para millones de chinos en estas zonas que gradualmente se extendió a otras partes de China continental.

La misma prosperidad creó grandes reservas de capital financiero de propiedad china y una mayor movilidad económica. Pero también contribuyó a crear una clase media china culta capaz de asumir muchas responsabilidades que las antiguas élites políticas se mostraron incapaces de asumir tras la destitución de la dinastía Qing en 1912. La nueva élite comercial, muestra Osborne, produjo formas de gobierno ascendentes que proporcionaron “orden burgués en medio del caos político”.

Junto a estos cambios surgió un creciente mercado de ideas. Muchas de ellas fueron importadas a China por chinos y chinas que habían estudiado en universidades estadounidenses y europeas. La agitación subsiguiente reconfiguró múltiples esferas de la vida china, desde el comercio y el derecho hasta la literatura y la medicina.

Sin embargo, algunas de las nuevas ideas no eran favorables a los mercados ni al liberalismo en general. Esto incluía, según Osborne, medidas dirigistas como las políticas de sustitución de importaciones, pero también ideologías etnonacionalistas y socialistas, ambas antagónicas a la sociedad comercial. El primer presidente de la República China, Sun Yat-Sen (1866-1925), no era un anticapitalista de línea dura. Pero, según Osborne, desconfiaba profundamente de las grandes empresas. Y buscaba la intervención del Estado para reducir la desigualdad económica y aumentar la dirección gubernamental de la economía.

A medida que el partido nacionalista de Sun Yat-Sen -el Kuomintang (KMT)- se consolidaba en el poder durante la década de 1920, las ideas y prácticas económicas liberales fueron cayendo en desgracia. Un proceso que se reflejó especialmente en los códigos legales chinos. En estas condiciones, el nacionalismo y las ideas contrarias al mercado se convirtieron en sinónimos. El Partido Comunista Chino (PCC) y el Kuomintang se habían distanciado a mediados de los años veinte. Pero Osborne subraya su hostilidad común al capitalismo de libre mercado. Así pues, la teoría y las políticas económicas liberales sufrieron un eclipse entre 1927 y 1937. Esto se manifestó en la nacionalización de muchas industrias y en la metástasis de la búsqueda generalizada de rentas en toda China. Estos cambios prefiguraron lo que seguiría en la China de posguerra: la experiencia cercana a la muerte del liberalismo económico.

De Mao a Deng

El análisis de Osborne sobre la China maoísta pone de relieve la seriedad con la que el PCCh se tomó las ideas marxistas. No eran una mera fachada ideológica para el régimen. Eso tuvo implicaciones para la política económica del PCCh. Desde 1949 hasta 1962, la nueva República Popular China llevó a cabo el “Gran Salto Adelante”. Esto promovió la industrialización impulsada por el Estado y la colectivización de la agricultura, aunque moldeada por desviaciones maoístas de las ortodoxias económicas marxistas convencionales.

Pero a pesar de esta extinción de los restos de las políticas económicas liberales, la teoría liberal de mercado consiguió mantenerse viva, como escribe Osborne, “en la biblioteca”. En una de las secciones más reveladoras de su libro, Osborne muestra cómo los intelectuales comunistas chinos ansiosos por contribuir a la historiografía marxista de las ideas estudiaron libros como La riqueza de las naciones de Smith, Tratado de economía política de Jean-Baptiste Say, Capital e interés de Eugen von Böhm-Bawerk y, sorprendentemente, Camino de servidumbre de F. A. Hayek. Incluso organizaron traducciones o nuevas traducciones de estos textos, aunque precedidas de advertencias como describir a Hayek como “nada más que un siervo capitalista”. Por lo tanto, aunque el liberalismo económico fue tratado como economía primitiva o inherentemente corrupta, Osborne demuestra que no fue, a diferencia de muchos conjuntos de ideas, “borrado del registro histórico” por el PCCh.

La liberalización gradual de partes de la economía china por parte del PCCh a partir de 1978 se debió en gran medida a la conciencia de destacados dirigentes del partido -sobre todo, Deng Xiaoping- de que la abyecta pobreza de China era la excepción más destacada a la regla de la creciente prosperidad que entonces empezaba a caracterizar al resto de Asia Oriental. En muchos sentidos, subraya Osborne, Deng adoptó políticas liberales de mercado desesperado por la pésima situación de la economía china. Sin embargo, Osborne también destaca las sutiles formas en que los intelectuales del PCCh empezaron a rehabilitar ideas liberales de mercado como la importancia de los incentivos.

Dicho esto, las reformas económicas chinas fueron acompañadas de una convicción muy extendida entre los dirigentes del PCCh de que el liberalismo económico no tenía por qué conducir a la liberalización política. Incluso los cambios más importantes, como la decisión de 1988 de liberalizar algunos precios al consumo, se formularon en términos técnicos. En otras palabras, los mercados se consideraban un conjunto de mecanismos económicos que no implicaban abrazar compromisos filosóficos no marxistas.

De Deng a Xi

Esto es un buen recordatorio, subraya Osborne, de que hubo una considerable oposición interna del PCCh a la liberalización económica que Deng y sus partidarios nunca lograron exorcizar. Ello, a pesar de que el PCCh adoptó el objetivo de “una economía de mercado socialista” en su XIV Congreso del Partido en 1993. Esto hace más comprensibles las crecientes restricciones de la libertad económica que comenzaron a aumentar bajo Xi Jinping tras su llegada al poder en 2012. Muchos altos dirigentes del PCCh temían desde hacía tiempo que la extensión del liberalismo económico pudiera facilitar una liberalización política que acabara con el monopolio de poder del PCCh.

Los esfuerzos del PCCh para impedir tal eventualidad se aceleraron en 2013 con los esfuerzos para purgar las menciones a los “valores universales”, la “libertad de prensa”, la “sociedad civil”, los “derechos civiles”, los “errores pasados del PCCh” y la “independencia del poder judicial” de los “medios de comunicación oficiales chinos y de la conversación en línea.” A esto siguieron cambios en la política económica que iban desde una mayor dirección estatal de importantes sectores económicos hasta la toma por parte del gobierno de participaciones mayoritarias en muchas empresas que cotizan en bolsa.

El objetivo, según Osborne, es “un compromiso utilitario con un liberalismo económico limitado porque permite al pueblo chino vivir una vida materialmente satisfactoria”, acompañado de una tolerancia cero del PCCh hacia “cualquier acontecimiento que amenace su monopolio político”. En este sentido, la propia naturaleza de la gobernanza del PCCh representa un freno duradero a cualquier retorno a la era Deng. Por no hablar de la adopción de un programa de liberalización económica más amplio.

¿Se han acabado las libertades de mercado?

La teoría económica liberal no tiene actualmente en China el papel que desempeñó a finales del siglo XIX. Sin embargo, incluso bajo Xi, comenta Osborne, la actividad económica privada se considera necesaria para “preservar y, cuando sea factible, promover un aumento del nivel general de vida de los chinos”. El resultado es una mezcla incómoda de políticas económicas liberales y antiliberales. Pekín ha acentuado su retórica contra los chinos más ricos. Pero la conclusión de Osborne es la siguiente: “Se ha corrido la voz al sector privado: gana dinero, pero no causes problemas”.

¿Puede durar un híbrido así? La respuesta es: tal vez. Mientras el PCCh conserve su voluntad de poder, los esfuerzos por extender la liberalización económica encontrarán poderosos límites. Los regímenes autoritarios que mantienen un amplio aparato de seguridad interna y no temen apretar el gatillo contra sus propios ciudadanos (como hizo el propio Deng contra los manifestantes de la plaza de Tiananmen en 1989) pueden mantenerse en el poder durante mucho tiempo.

En contra está el hecho de que muchos de los problemas económicos actuales de China se derivan directamente de su reciente giro intervencionista. Tomemos, por ejemplo, las empresas propiedad del Estado chino o en las que el gobierno ha adquirido una participación mayoritaria. Sólo son un ochenta por ciento tan productivas como las empresas chinas de propiedad privada. Según el FMI, ésta es una de las razones por las que la productividad de China ha disminuido. Esto plantea dudas sobre la capacidad del PCCh para cumplir su parte del trato no declarado con la población china. Es decir, el Partido permite que el pueblo experimente los beneficios del crecimiento económico, a cambio de lo cual el pueblo acepta el férreo control del PCCh sobre el poder político.

Ahí puede residir la mayor dificultad a la que se enfrenta el PCCh: cómo equilibrar las presiones generadas por incluso las cantidades limitadas de libertad económica que China necesita para generar un crecimiento suficiente frente a los imperativos antiliberales asociados a la permanencia en el poder. En tales circunstancias, siempre existe la posibilidad de que Pekín cometa graves errores que podrían crear nuevas posibilidades. Para quienes creen en otro imperativo, el de la libertad, éste es un motivo de esperanza.

Ver también

La nueva libertad económica ce Xi (María Blanco).

De la planificación central a la del mercado. (Ángel Martín Oro).

La innegable dominancia atlántica (demos gracias)

Aunque el título haga referencia a la dominancia atlántica, en este artículo pretendo poner el foco en su director de orquesta, EEUU, y tratar de desmentir algunos de los cantos de sirena geopolíticos que venimos escuchando en los últimos tiempos sobre la pérdida de dominio global de EEUU y su -supuestamente- inevitable remplazo por China y su esfera de poder.

Desde luego, el poder que EEUU y la Alianza Atlántica pueda ostentar hoy en día no es ni de lejos el de comienzos del milenio, pero esto no quiere decir que EEUU se haya convertido en un jugador menor en la esfera global ni que la pérdida de dominancia atlántica sea ya un fenómeno firme. Lo que sí es muy cierto, sin embargo, es que muchas cosas han cambiado, partiendo de la visión de muchos gobiernos sobre lo que es deseable en la organización de las relaciones internacionales y lo que no.

Ejemplo de ello es que a comienzos del presente milenio la mayoría de los gobiernos defendía avanzar de manera acelerada en la integración económica global a través de instituciones creadas para ello como el Banco Mundial (BM), la Organización Mundial del Comercio (OMC) o el Fondo Monetario Internacional (FMI). Sin embargo, hoy en día se es una rara avis por defender dichas posturas y muchos de esos gobiernos han virado hacia una visión incrementalmente proteccionista en la cual la globalización e integración multilateral se ve como una fuente de riesgo e inseguridad.

Cinco grupos geopolíticos

Dicho cambio de cosmovisión política lo es también económica y geográfica, ya que resulta imposible e incluso incorrecto hablar de geopolítica sin introducir la economía, las relaciones internacionales y la historia en el debate. Tal y como nos recordaba Martin Wolf hace unas semanas, actualmente el mundo se puede dividir principalmente en cinco grupos. El primero de ellos estaría compuesto por EEUU y sus aliados más cercanos, es decir, EEUU, Canadá, la Unión Europea, Japón, Australia y Nueva Zelanda. En un segundo lugar encontraríamos a aquellos países más cercanos a EEUU que al eje chino, pero que tampoco son aliados en firme del gobierno norteamericano. Entre ellos podríamos encuadrar a la India, Colombia, México, Turquía, etc., a modo de ejemplo.

Un tercer grupo, que históricamente siempre ha existido, pero que nunca han sido los mismos, sería aquel conformado por países no alineados. Hoy en día en la disputa entre EEUU y China estaría conformado por Brasil, Indonesia, Nigeria, etc. Un cuarto grupo, el de los más cercanos a China sin ser firmes aliados, estaría probablemente formado por la mayoría del continente africano, Iraq, Kazajistán o algunos países árabes, como es el caso de Arabia Saudí. Y finalmente, un grupo bien conocido por todo sería el de los aliados directos del gobierno chino, siendo, entre otros, Rusia, Irán y Pakistán.

Territorio y población

Analizando dicha clasificación -que en cierta parte puede resultar subjetiva- encontramos dos factores que delimitan claramente a los aliados directos de EEUU de todos los demás países, siendo estos el nivel de renta per cápita y su relación con la democracia y lo valores adyacentes a esta. Los demás países, en su gran mayoría, en lugar de posicionarse geopolíticamente en defensa de unos determinados valores, más bien se posicionan contra EEUU (eso sí, en diferentes grados) y los intereses del gigante norteamericano. Con esto no quiero decir que los aliados directos de EEUU no lo sean también por conveniencia, sino que existe un mayor volumen de valores y visiones compartidas entre, por ejemplo, Alemania y EEUU que entre Pakistán y China.

Una vez el tablero geopolítico ha quedado correctamente delimitado, podemos entrar a analizar el peso que cada bloque tiene en un número de áreas de elevada importancia a la hora de medir el poder geopolítico que ostentaría cada uno de los bloques. Por simplificación, dividiendo entre China y sus acólitos y EEUU y sus respectivos, hoy en día el bloque de China suma cerca del 50% de la superficie terrestre frente al 35% del bloque de EEUU, excluyendo todo el territorio correspondiente a la Antártica. En términos de población, el bloque chino alberga al 46% frente al 43% del bloque pro-norteamericano.

China, poco más de un cuarto del PIB mundial

Sin embargo, teniendo estos números en cuenta llama aún más la atención el hecho de que el bloque chino genere tan solo el 27% del PIB mundial frente al 67% del bloque de EEUU, siendo este un claro signo de la gran dominancia atlántica en el plano económico, cuya causa sería el hecho de que la gran mayoría de países de altos ingresos se situarían dentro del bloque del gigante americano. Además, cabe destacar que la tendencia a la baja del crecimiento chino y graves problemas estructurales que padecen a nivel económico ralentizarán aún más e incluso podrían anular el cierre de esta brecha, que antes veíamos como algo inminente a ocurrir en los próximos años.

Aunque esta comparativa tan directa nos sirve para tener una imagen de los equilibrios de poder económico a escala mundial, conviene realizar un análisis algo más minucioso de determinados factores. En primer lugar, ya que el principal motor de la economía china sigue siendo la industria -a pesar de la reducción de su peso proporcional en los últimos años- no es de extrañar que el bloque chino tenga más peso sobre la industria mundial que sobre el PIB, con un peso industrial del 38% frente al 55% del bloque de EEUU. No sorprendería que esta brecha se cerrase en las próximas dos décadas, a falta de introducir en la ecuación la variabilidad de la capacidad industrial de la India frente a competidores con menores costes.

Inversión Extranjera Directa (IED)

En términos de comercio global, sin embargo, China sigue siendo muy superior a EEUU en términos cuantos países son dependientes de cada uno de los dos gigantes. Por poner una cifra sobre la mesa, cabe destacar que el pasado año China mantuvo relaciones comerciales con 144 países más que EEUU. Por otra parte, en términos de flujos de capital, EEUU sigue siendo el rey mundial sin lugar a dudas.

En este sentido, en términos de Inversión Extranjera Directa (IED), el bloque de EEUU todavía representa el 84% del total de la IED por país inversor y el 87% por país receptor, debido a que las empresas que más capital mueven del mundo se encuentran en países localizados dentro del bloque de aliados de EEUU. De hecho, hay un dato que llama mucho la atención. La IED entre los bloques de EEUU y China es el triple que dentro del propio bloque de China. Países como Rusia e Irán, aliados de China, tienen una capacidad de inversión internacional extremadamente reducida y tampoco disponen de proyectos atractivos para los inversores chinos.

Reservas de divisa

Como último factor por destacar para mostrar la persistencia de la dominancia del bloque de aliados de EEUU encontramos el hecho de que las reservas mundiales de divisa se siguen manteniendo de manera aplastante en dólares y las divisas de algunos de los principales aliados de EEUU, como pueden ser el euro o el yen. Concretamente, el 87% de reservas de divisas a nivel global se encuentran hoy en día en dólares o monedas de aliados del gigante norteamericano. Ello es principalmente debido a que la mayoría de estos países copan el mercado de activos financieros líquidos a largo plazo debido a su mayor calidad crediticia y menor riesgo-país. A este respecto, China tiene poco que hacer, ya que para poder ser mínimamente competitiva en esta área requeriría abrir sus mercados financieros, incluyendo el de deuda pública china, algo a lo que el gobierno de Xi Jinping no está dispuesto.

En conclusión, tal y como hemos visto a lo largo de este artículo, por mucho que a lo largo de los últimos años se haya implantado la creencia de que China tenía ocasión de convertirse en potencia hegemónica, la realidad muestra una imagen bien distinta. Tanto a nivel geopolítico como socioeconómico, EEUU y sus aliados siguen presentando claros signos de dominancia frente al bloque de China, siendo esta una situación que no tienen visos de revertirse en los próximos años a causa de la desaceleración china y la multitud de crisis estructurales que están afectando al gigante asiático en la actualidad.

Ver también

Expansionismo: China en el nuevo orden geopolítico. (Mateo Rosales).

Mucho más que una guerra comercial. (Daniel Lacalle).

Expansionismo: China en el nuevo orden geopolítico

El crecimiento de la economía china y la reformulación de su estrategia a nivel geopolítico ha producido un cambio en el modelo de sus relaciones comerciales con otros países y también con organismos internacionales. China se incorpora en el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU) el año 1971, a partir de entonces su grado de posicionamiento en diferentes organizaciones multilaterales ha ido en aumento. En 1980 China ingresó al Fondo Monetario Internacional (FMI) y en 2001 a la Organización Mundial del Comercio (OMC). Hoy también forma parte de los principales foros económicos mundiales como el G20.

Es también en este periodo en el que China adopta iniciativas que cambian el desarrollo de su economía que, hasta la muerte de Mao Zedong, había estado marcada por la planificación y el intervencionismo. A partir de la primera década de los ochenta, su economía sufre una transformación y pasa de ser una eminentemente agrícola a que la industria sea el sector que más aporta al Producto Interno Bruto (PIB). Un proceso acompañado por la liberalización de la economía y la extensión de la propiedad privada.

Expansionismo: ahorro y apertura al mundo

Esta explosión económica en China, su economía ha estado impulsada fundamentalmente por el capital, la inversión y la productividad, que explican casi el 90% del crecimiento actual. Siguiendo esta estrategia de apertura del mercado y mejora en sus infraestructuras y del capital humano, en la década de los 90’ este rendimiento se sustentó principalmente en dos pilares: la intensa acumulación de capital, que explicó un tercio del crecimiento (alrededor de 10% anual) y la mejora de la productividad con tecnología avanzada, gracias a las inversiones extrajeras que permitían y facilitaban el intercambio de conocimiento en este campo.

Pero es a principios de los años 2000 que China consolida su crecimiento sostenido al incorporar nuevos elementos en su estrategia de expansión, como los diferentes acuerdos comerciales firmados y el fortalecimiento de sus relaciones diplomáticas en el plano internacional, lo que sustenta la teoría del expansionismo chino como nueva fórmula de posicionamiento estratégico del país asiático.

Quítate tú para ponerme yo

El crecimiento sostenido de la economía china, los logros conseguidos del país en materia de comercio internacional y su expansionismo han modificado la relación de poder existente a nivel global. Una relación caracterizada desde la segunda mitad del siglo XX por el posicionamiento como potencia mundial de Estados Unidos y su influencia en todo el mundo. Hoy China juega un papel primordial en las dinámicas de reorganización global del capitalismo y las relaciones de poder. Lo hace bajo el principio por el cual se establece que una potencia mundial tiende a expandir su marco de influencia, a costa de la disminución de poder de la potencia rival. Es la táctica fundamentada en la idea de ‘cesión de posiciones’.

Desde de que China entiende su nuevo papel en la economía mundial y su posterior crecimiento en términos de influencia, empieza a penetrar espacios de poder geopolíticos y geográficos (hoy no se entendería una Organización Mundial del Comercio sin la presencia de China), en sitios donde Estados Unidos arrastraba un cierto grado de desprestigio o de degradación de su influencia respaldado, sobre todo, por las sucesivas crisis económicas y la errática labor política a la que tendió la potencia americana en países de América Latina o Medio Oriente (recuérdese los fracasos en Libia, Irak o Afganistán)

La tela de araña de China

Sumado a ello, cabe en el análisis la valoración del retroceso de Estados Unidos y Occidente; especialmente de Europa como eje de poder al lado de Estados Unidos. Ambos retroceden como potencia mundial frente a una expansión china que tenderá al crecimiento y se acentuará las próximas décadas. Tengamos en cuenta, además, el grado de dependencia ya existente de otras económicas, por ejemplo, en América Latina o África, a la potencia asiática. Y la influencia que ejerce este país en otros mercados, como el europeo.

Entonces, China empieza a ocupar estos espacios de poder, en primer lugar para tener núcleos de abastecimiento de materias primas, indispensables para mantener su crecimiento y demanda. En segundo lugar, para establecer puntos de influencia y apoyo comercial a largo plazo con otros Estados a lo largo y ancho del mundo, y en tercer lugar, para generar dependencias de países que se ven en la necesidad de acompasar las directrices de China en el plano comercial y económico, lo que produce inevitablemente una dependencia hacia el país asiático.

A ello se añade el retroceso de potencias occidentales como las europeas y Estados Unidos en el plano internacional. Desde el punto de vista económico. Desde el de la influencia ejercida en otras instancias de orden global. Y también en relación con los mecanismos de acceso a los mercados en cuanto a la competencia o los parámetros existentes en lo que respecta al desarrollo tecnológico.

Larga decadencia de los Estados Unidos

Se puede establecer que la vocación de China en el plano internacional no descansa en una teoría sobre un expansionismo político bajo el cual se pretenda suplantar un sistema en beneficio de otro. Su iniciativa recae, en esencia, en el funcionamiento de los poderes fácticos y económicos a su disposición, en detrimento de otras potencias. Esto es, suministros a largo plazo, generación de dependencias económicas o estabilidad comercial para seguir creciendo. En cambio, Estados Unidos tradicionalmente ha tenido una política internacional –cuando estaba guiada por el expansionismo y no por el retraimiento, como ocurre actualmente– impulsada por una vocación de transmisión de sus instituciones, esto es, la democracia liberal, con los resultados hoy se conocen.

Es evidente que este proceso continuará su curso, que tenderá a consolidarse en favor de la potencia asiática como eje de poder económico y político, con todo lo que ello implica para los desafíos del orden global y el mundo de las ideas.

Ver también

La vía china va hacia el fracaso. (Carlos Alberto Montaner).

El coste económico de ‘desvincularse’ de China. (Kerry Liu).

China desde Tiananmen: no es un sueño, sino una pesadilla. (Teng Biao).

China da marcha atrás en la planificación demográfica. (Peter Jacobsen).

¿Statu quo o nuevo paradigma en la economía global?

Tras el periodo estival conviene recapitular sobre el estado de la economía global y sus principales tendencias de cara al nuevo curso, para así disponer de una imagen más clara y fehaciente sobre cuáles serán los retos nuevos o persistentes en materia de política económica. En el entorno actual, la incertidumbre respecto a la senda que tomará la inflación, las oscilaciones de la demanda agregada o las complicaciones por el lado de la oferta en muchos mercados marcarán las decisiones de política económica que tomen los bancos centrales y los gobiernos. Es por ello por lo que, antes de analizar cualquier escenario de política económica, hemos de descifrar por donde sopla el viento en el escenario macroeconómico global.

No se han alcanzado los objetivos de inflación

Si hay algo claro tras la reunión de banqueros centrales en Jackson Hole en agosto es que la política monetaria ha de transitar de un marco diseñado para reducir explícitamente la inflación a uno para mantenerla bajo unos niveles determinados, una vez estos se alcancen -y que probablemente serán distintos al 2% de referencia de multitud de bancos centrales-.

Aún así, tal y como afirmaban con contundencia en dicha reunión Christine Lagarde y Jerome Powell, las tasas de inflación actuales aún no se sitúan en niveles que se puedan considerar adecuados para un funcionamiento correcto de la economía global o que garanticen su estabilidad social. Por ejemplo, en el caso de EE. UU. llama la atención los elevados niveles de demanda agregada que siguen registrando cada mes, lo que está contribuyendo a mantener la inflación en niveles muy altos a pesar de una política monetaria contractiva.

Además, a todo ello hay que sumar que el desempleo en el país norteamericano vuelve a situarse muy cerca de mínimos históricos, lo que está generando un efecto de crecimiento de los salarios y a su vez contribuyendo a la espiral inflacionaria. Por lo tanto, lo que preocupa en EE. UU., a diferencia de en Europa, no es una tasa de crecimiento demasiado baja, sino más bien un recalentamiento de la economía que lleve a un desanclaje de las expectativas de inflación.

Tipos de interés altos

Por otro lado, en Europa las perspectivas de crecimiento no son nada halagüeñas, pero el nivel de precios sigue creciendo -aunque a un ritmo menor- y los salarios siguen al alza, lo cual, unido a los datos de crecimiento, puede conducir a un pronóstico de estanflación que dure varios meses.

La principal conclusión que se puede extraer de todo ello no es otra que el hecho de que tanto la Fed como el BCE deberán prolongar su actual política monetaria durante algún tiempo, hasta que nos aseguremos de haber controlado los niveles de inflación. Esto no significa que se deban seguir subiendo tipos, sino que seguramente deban permanecer cercanos a los actuales elevados niveles en los que se encuentran hoy en día durante algún tiempo.

Precios y oferta

Además, en el escenario actual resulta mucho más complicado analizar o pronosticar la senda de la inflación, ya que multitud de factores de oferta -y no solo de demanda- continúan afectando a las variaciones en el nivel de precios, aportando una incertidumbre adicional al análisis de la inflación.

A pesar de ello, esto no es algo nuevo. Durante los últimos años, fenómenos como la pandemia de Coronavirus, la crisis energética o la invasión de Ucrania han hecho que las tensiones de oferta cobren mucho más peso en los análisis de inflación. Por lo tanto, es muy importante incorporar firmemente al análisis las tendencias del mercado laboral en cada país y región y la relación de estas con la variación de los salarios, ya que estas suelen estar muy correlacionadas con la tasa de inflación.

Déficit y deuda

Más allá de la evolución del nivel de precios, multitud de países muestran serios problemas de equilibrio de las cuentas públicas, que en muchos casos se han visto empeorados desde la implementación de programas de impulso fiscal a raíz de la crisis del Coronavirus. Un notorio ejemplo de ello es el caso de EEUU, que presenta a fecha de hoy un déficit público en términos absolutos que es el doble que en la misma fecha de 2022.

Esto presenta un grave problema para la Administración Biden y la sostenibilidad de la deuda pública americana, tal y como señala la Congressional Budget Office. La situación actual en EE. UU. de política fiscal expansiva acompañada de política monetaria contractiva muestra un claro viraje de timón desde los prolegómenos de la Gran Recesión. Entonces, el inicio de planes de política monetaria expansiva (QE, por ejemplo) iba acompañado de una política fiscal muy conservadora y cauta respecto a los niveles de gasto y déficit públicos. Además, la situación en Europa no es muy diferente, acrecentada por serios problemas estructuras relacionados con la demografía, el clima o el estancamiento de los niveles de productividad.

El peso de India

Por último, un factor de cambio económico que hay que destacar se sitúa en el plano geopolítico, siendo este el creciente peso de India sobre la economía global frente a la perdida de dinamismo de China. Mientras que hace una década la economía china crecía a tasas cercanas al 8% anual, hoy su crecimiento se encuentra muy resentido y superado por varias potencias emergentes, entre las cuales la de mayor peso es India.

Si bien es cierto que en términos absolutos el tamaño de la economía China es hoy en día el doble que el de India, las tasas de crecimiento cada vez divergen de mayor manera y en direcciones opuestas. De hecho, teniendo en cuenta el crecimiento poblacional de India, es muy probable que en los próximos años el peso del crecimiento económico de India sobre la media de la economía global sea mayor que la aportación de China al mismo.

Si esto es así, confirmaría uno de los mayores cambios de equilibrios de poder a nivel geopolítico del siglo, incrementando el poder de India en las negociaciones globales y mermando aún más el de los países occidentales. Además, la reducción del crecimiento económico chino hará que el crecimiento global se vea gravemente afectado, reduciéndose la media mundial al entorno del 3% anual, lo que podría perjudicar especialmente a los países emergentes más desfavorecidos.

Ver también

Inflación, crisis bancaria… ¿qué pasará con los tipos de interés? (Álvaro Martín).

Los peligros de la guerra comercial. (Álvaro Martín).

El coste económico de “desvincularse” de China

Kerry Liu. Este artículo ha sido publicado originalmente en el IEA.

La creciente desconfianza hacia China en Estados Unidos se ha asociado a los temores sobre la propiedad intelectual, a las amenazas de China a Taiwán y a su falta de transparencia respecto a Covid-19. Esto ha dado lugar a demandas de “desvinculación”. Esto ha dado lugar a demandas de “desvinculación”. Bajo Donald Trump, este debate alcanzó su punto álgido en el verano de 2020. Aunque bajo la Administración Biden el tono ha sido menos estridente, se está produciendo un proceso de desacoplamiento en el ámbito tecnológico y en las cadenas de suministro clave.

El coste de desacoplarse de China

Los economistas han argumentado que, al igual que los vínculos comerciales y de inversión con China generaron beneficios, la desvinculación tendrá un coste. Algunos analistas han construido complicados modelos econométricos para predecir las posibles consecuencias económicas basándose en el análisis de escenarios. Sin embargo, dada la complejidad de las relaciones económicas entre Estados Unidos y China, el análisis coste-beneficio es muy subjetivo. Recientemente he intentado ofrecer un enfoque alternativo para estimar el coste potencial del desacoplamiento examinando las respuestas de los mercados bursátiles.

Mi artículo en el nuevo número de Economic Affairs utiliza los resultados de búsqueda de Google Trends para medir el sentimiento de los inversores hacia la desvinculación de China. Se creó un conjunto de datos semanales de alta frecuencia de estos resultados, desde el 5 de enero de 2020 hasta el 20 de junio de 2021. A continuación, se vinculó al Dow Jones Industrial Average (compuesto por 30 empresas destacadas que cotizan en las bolsas de EE.UU.), al S&P500 (las 500 mayores empresas que cotizan en las bolsas de EE.UU.) y al NASDAQ Composite (principalmente del sector de las tecnologías de la información), empleando modelos de heteroscedasticidad condicional autorregresiva generalizada (GARCH). Dada la elevada eficiencia de los mercados bursátiles a la hora de reflejar la información disponible, sus respuestas a la desvinculación entre EE.UU. y China son importantes indicadores de las repercusiones económicas.

Google Trends

Unas palabras sobre Google Trends: se trata de un producto de Google que analiza la popularidad de las consultas de búsqueda en Google en varios países e idiomas. Sus propiedades incluyen el anonimato, la categorización por temas y la agregación. Se ha aplicado a través de cientos de estudios en diversos campos como los sistemas de información y la informática, la sanidad, las ciencias políticas y las relaciones internacionales, así como la economía, los negocios y las finanzas.

En concreto, en finanzas, está ampliamente aceptado que los datos de Google Trends pueden utilizarse para predecir la rentabilidad de las acciones. Sin embargo, la forma de interpretar los datos varía. La mayoría de estos estudios interpretan Google Trends como una medida del sentimiento de los inversores, es decir, el factor comportamiento. Otros pocos interpretaron Google Trends como una combinación de factores fundamentales y de comportamiento.

Desde el punto de vista de la comunicación, Google Trends puede interpretarse como una medida de la agenda pública, es decir, de los asuntos que el público considera más importantes.

Sentimiento inversor

Mi estudio creó un índice semanal en Estados Unidos utilizando la frase clave “decoupling China”. Este índice muestra el volumen normalizado de la narrativa sobre la desvinculación de China en EE.UU. y se utiliza como indicador para medir el sentimiento de los inversores. El término “sentimiento inversor” se interpreta principalmente como una variable fundamental -es decir, basada en los costes económicos reales- más que como un indicador de comportamiento. El índice muestra que el mayor pico en la narrativa de la desvinculación de China se produjo en agosto de 2020, cuando el entonces presidente Trump habló públicamente de una posible desvinculación total de China.

Los resultados basados en modelos GARCH muestran que todos los índices compuestos respondieron negativamente al índice de desacoplamiento. Mientras que el Promedio Industrial Dow Jones solo representa a un número muy reducido de empresas estadounidenses, los índices S&P 500 y NASDAQ son más representativos de la economía estadounidense.

Mercados eficientes

La consecuencia es que es probable que el efecto negativo de la desvinculación de China en la economía estadounidense sea muy considerable. Los resultados también muestran que la desvinculación puede causar una mayor volatilidad en los índices bursátiles compuestos. En cuanto al nivel sectorial, en general se mantienen las mismas conclusiones. Las pruebas de robustez realizadas con datos diarios de Google Trends corroboran estos resultados.

Los mercados de valores son eficientes en el sentido de que casi siempre reflejan todos los datos accesibles. Aunque es posible que los modelos más complicados no tengan en cuenta todas las variables, el poder de los mercados bursátiles reside en que proporcionan un valor esperado para todos los escenarios posibles. Mi estudio ofrece un enfoque alternativo para estimar el coste potencial del desacoplamiento entre EE.UU. y China y contribuye al debate en curso en EE.UU.

Libertas omnia vincit

Para celebrar las próximas Navidades, me he atrevido a usar el latín para dar título a mi artículo; algo que no recuerdo haber hecho nunca. Además, aunque pensaba que la frase era un lema existente, no parece ser el caso: sí existe (como lema) labor omnia vincit, pero no lo mismo con libertas. O sea que es un título inventado, no copiado, como si un servidor supiera hablar latín con soltura.

Me apresuro a traducirlo: la libertad puede con todo. ¿Por qué se me ocurre ahora este pensamiento? Pues por lo que estamos viendo en China en relación con nuestro ya casi olvidado COVID. Resulta que ya entrando en 2023, más de tres años desde que allí mismo comenzara la pandemia, en aquel país están básicamente como al principio, eso sí, con la gente bastante más cabreada con su gobierno.

Recuérdese la brillante idea del gobierno chino para combatir el virus: cerrar Wuhan contra viento y marea para impedir que de allí saliera el bicho. Y mientras estaba cerrada, asistir a sus habitantes desde fuera con todas sus necesidades. Básicamente, esa ha sido la estrategia seguida cada vez que el virus ha mostrado su fea corona (que no cabeza) en alguna ciudad o región china.

Confieso que, al principio, no me parecía mala idea, habida cuenta de que el resto de China permanecía económicamente activa, contrariamente a lo que sucedía en el resto de las economías en que el cierre era total. La incomodidad me venía de la enorme restricción de libertad que suponía para la gente en el área afectada, aunque asumía que era el precio a pagar para mantener libertad económica en el resto de China.

El paso del tiempo ha venido a demostrar que nunca son buenas las restricciones en la libertad. Y no es que en Occidente la solución haya sido precisamente libertaria. Que no se nos olviden confinamientos, limitaciones a los negocios, obligaciones absurdas de mascarillas y cierres de fronteras, que no se olvide nunca de lo que es capaz el Estado cuando se ve desbordado.

Pero el caso es que esas restricciones de libertad han resultado comparativamente muy inferiores a las chinas, tanto en tiempo como en alcance. Quieras que no, incluso en España, el país inicialmente más restrictivo de todo Occidente, se podía salir a comprar tu comida en los momentos de mayor opresión gubernamental.

Parece que esas escasas libertades de movimiento nos fueron acostumbrando en cierto grado al virus, permitiendo la obtención de resiliencia, que solo se adquiere exponiéndose a la adversidad en pequeñas cantidades. Lo mismo que hacían los emperadores romanos para inmunizarse contra venenos, según dice la leyenda.

Y justo eso es lo que no les han dejado a los chinos obtener. No es de extrañar que el virus reaparezca una y otra vez con fuerza, pues se enfrenta a poblaciones vírgenes en su exposición al bicho real, por muy vacunadas que estén.

Este análisis, meramente anecdótico, se puede completar con un caso contrario, el de la Comunidad Autónoma de Madrid, donde las restricciones se relajaron considerablemente antes que en prácticamente todo el resto de los países confinados. Esa libertad de movimientos anticipada habría permitido la exposición gradual de los madrileños al virus, otorgándoles así una mejor resistencia antes de que en otras áreas se les imitara. Así pues, es la libertad (en este caso de movimientos) o su carencia, la que hace que unas sociedades ya hayan olvidado el virus, mientras que otras no vean aún luz al final del túnel.

Nada de lo dicho debe de entenderse como que la gestión madrileña ha sido una gestión basada en la libertad. Ni de lejos. Lo que ha jugado a favor del resultado comparativo entre Madrid y China es que aquí las restricciones de libertad han sido menores: es ese diferencial de libertad lo que explica el diferencial de resultados.

Cierro con dos corolarios deducibles de lo anterior, si se acepta que es cierto[1]. El primero es que, en caso de no haberse practicado restricciones a la libertad, se hubiera superado mucho antes la pandemia. El segundo me parece el más relevante: pequeños diferenciales de libertad generan cuantiosas diferencias en bienestar.

En suma, la libertad puede con todo y, por eso, cualquier magro avance que se obtenga frente a la intervención gubernamental compensará con creces los esfuerzos para conseguirlo.

Que pasen unas felices Navidades.


[1] Supongo que a los lectores de este artículo les entrarán enormes tentaciones de discutir sobre si lo importante es la resiliencia o la vacunación, o lo contrario. Yo les pediría que eviten la discusión sobre el COVID y la centren en el tema que a mí me parece relevante: el diferencial de libertad y sus efectos sobre el bienestar.

China desde Tiananmen: No es un sueño sino una pesadilla

Dr. Teng Biao. Este artículo se publicó originalmente en Law & Liberty.

Hace exactamente tres décadas ocurrieron dos cosas en China: el movimiento pacífico por la democracia y la sangrienta masacre. Al principio, todas las democracias del mundo condenaron la masacre de la plaza de Tiananmen de Pekín, censuraron a los dictadores chinos y apoyaron a los activistas de Tiananmen encarcelados o exiliados. Sin embargo, a medida que avanzaba la década de 1990, los líderes occidentales, espoleados por intereses comerciales, volvieron a dar la bienvenida a los carniceros y dictadores de la República Popular China con sus alfombras rojas, sus abrazos ansiosos y sus banquetes de Estado.

En Estados Unidos, los líderes de los dos principales partidos políticos intentaron evitar una ruptura con Pekín. Sólo 17 días después de que las protestas estudiantiles fueran sofocadas por las fuerzas gubernamentales, con un saldo de miles de muertos, [1] el presidente George H.W. Bush envió una carta secreta a Deng Xiaoping y luego despachó a un enviado secreto para reunirse con Deng más tarde.

En 1991, la primera administración Bush había suavizado o eliminado muchas de las sanciones impuestas a China en relación con Tiananmen. En 1994, bajo la presidencia de Bill Clinton, el gobierno estadounidense renovó el estatus de nación más favorecida a China, desvinculando el comercio del historial de derechos humanos del gobierno chino. En 2001, Estados Unidos amplió el estatus de relaciones comerciales normales permanentes a China, a la que en ese momento se permitió entrar en la Organización Mundial del Comercio. Posteriormente, China tuvo la oportunidad de albergar los Juegos Olímpicos (los de verano de 2008 en Pekín), la Exposición Universal, una reunión del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico y el G20.

Ni un solo país boicoteó estos juegos o eventos. China ha sido elegida en repetidas ocasiones miembro del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, a pesar de que su situación en materia de derechos humanos es una de las peores del mundo y de que el gobierno chino ha manipulado arrogantemente el Consejo y ha socavado las normas de derechos humanos de la ONU establecidas en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 [2].

China ha conmocionado al mundo al menos dos veces en los últimos 30 años. La primera vez fue el movimiento democrático de Tiananmen en 1989 y la represión subsiguiente, que hizo que el mundo fuera consciente de la crueldad del Partido Comunista Chino. La segunda vez fue el “milagro económico” de China. En 2010, con el fenomenal crecimiento de su economía, China se convirtió en la segunda mayor economía por Producto Interior Bruto nominal. En 2014, superó a Estados Unidos, alcanzando la paridad de poder adquisitivo.

De hecho, ambas cosas -la extinción del movimiento democrático y el florecimiento del milagro económico- están estrechamente relacionadas. Sin las masacres del 3 y 4 de junio de 1989, no habría milagro chino. “Lo más irónico es que las reformas económicas de privatización de las élites que China llevó a cabo después del 4 de junio fueron sin duda las más desvergonzadas y deplorables en términos morales, pero también probablemente las más eficaces y con mayores probabilidades de éxito. La masacre de Tiananmen privó por completo al pueblo de su derecho a la palabra, y la falta de participación y supervisión públicas en el proceso de privatización de China permitió a una minoría de funcionarios tratar los bienes públicos como su propiedad personal. Los funcionarios se convirtieron instantáneamente en capitalistas, y las reformas de privatización alcanzaron su objetivo en un solo paso. Además, el entorno de inversión relativamente estable creado por las políticas represivas atrajo una gran cantidad de capital extranjero” [3].

Rampantes errores judiciales

Se creía que la adopción por China de la economía de mercado y la globalización promoverían la libertad y la democratización nacionales, pero no ha sido así; al contrario, China es hoy más totalitaria que en 1989. El poder económico y la alta tecnología han reforzado enormemente el control del PCCh. China avanza rápidamente hacia el fascismo con características chinas.

Hay varias explicaciones para el “milagro chino”, pero pocos entienden o admiten que la “escasa ventaja de China en materia de derechos humanos”, en palabras del conocido profesor de Tsinghua Qin Hui, es una de las principales razones de su “éxito”. Entre sus componentes se incluyen la abundante mano de obra barata, los bajos salarios, el escaso bienestar, las malas condiciones laborales, la nula protección del medio ambiente, la ausencia de negociación colectiva, de derecho de huelga, de sindicatos independientes, de prensa libre, de libertad de manifestación y reunión y de independencia judicial.

Ningún competidor de China que respete los derechos humanos, el bienestar básico y la democracia puede replicar esta ventaja. Y por eso no es de extrañar, como dijo una vez Qin Hui, que “Las mercancías fabricadas en China fluyan hacia todo el mundo, y el capital de todo el mundo fluya hacia China”. Es ridículo que el gobierno chino haya atribuido este logro al llamado “modelo China” y lo haya propagado por todo el mundo, ya que si todos los países adoptaran el “modelo China”, no habría ningún “milagro chino”, sino que el mundo se reharía a imagen y semejanza de China mediante una carrera hacia el abismo [4].

A la gente le interesa hablar del ascenso de China, pero en realidad, lo que ha sido asombrosamente rápido y violento ha sido el ascenso del PCCh desde la fundación del partido en 1921. Las personas que viven en China no tienen acceso a Google, Facebook, Twitter o YouTube; tampoco tienen derecho a proteger sus casas o sus tierras. No tienen libertad de expresión, libertad religiosa ni derecho de voto. Incluso el libro Winnie the Pooh fue prohibido.

El pueblo chino carece de acceso a aire fresco y agua limpia. Diez mil defensores de los derechos humanos, abogados, disidentes y periodistas han sido encarcelados. Presos políticos han muerto bajo custodia, entre ellos el Nobel Liu Xiaobo en 2017. Se persigue a familiares de activistas de derechos humanos. Se cierran ONG de derechos humanos. La tortura, las desapariciones forzadas, los desalojos forzosos y los errores judiciales son generalizados y van en aumento.

Desde 1999, más de 4.000 practicantes de Falun Gong han sido torturados hasta la muerte durante su detención. Y 153 tibetanos se autoinmolaron para protestar por la persecución de que son objeto. El PCCh está demoliendo iglesias, quemando Biblias, y ahora ha enviado al menos a 1,5 millones de uigures y otros musulmanes túrquicos a campos de concentración en Xinjiang. Esto no es un “milagro chino” ni un “sueño chino”, sino una pesadilla china.

El matonismo de baja tecnología del PCCh se ha transformado en lo que he llamado totalitarismo de alta tecnología. El PCCh utiliza su liderazgo en Inteligencia Artificial para hacer aún más total su control de la sociedad china. El Gran Cortafuegos de China, las redes sociales, el Big Data, el comercio electrónico y las telecomunicaciones modernas facilitan al PCCh mantener a la gente bajo una vigilancia similar al panóptico de Jeremy Bentham, en el que nadie sabe si está siendo vigilado o cuándo, pero siempre es una posibilidad. Internet ha sido utilizado por el PCCh como una herramienta eficaz para la censura, la propaganda y el lavado de cerebro. El reconocimiento facial, el reconocimiento de la huella vocal, el reconocimiento de la forma de andar, la recogida de ADN y las etiquetas biométricas han sistematizado el creciente control del PCCh.

En la provincia de Shandong, se utilizó la realidad virtual (RV) para comprobar el nivel de lealtad al PCCh de los miembros del partido. La empresa de estudios de mercado IDC predijo recientemente que la red pública de cámaras de vigilancia de China seguirá creciendo, con unos 2.760 millones de unidades instaladas para 2022. Por cada ciudadano chino habrá, pues, dos cámaras de vigilancia, sin contar las de sus dispositivos personales, que el PCCh puede requisar digitalmente en cualquier momento. Teniendo en cuenta el mantenimiento de la estabilidad en red de China, el sistema de crédito social, la policía secreta, la exacerbación del sentimiento nacionalista por parte del partido, el control ampliado de los medios de comunicación e Internet, las detenciones masivas de activistas de derechos y el culto a la personalidad en torno a Xi Jinping, lo que hemos visto es un totalitarismo de alta tecnología sin precedentes, una versión avanzada de 1984 de George Orwell.

¿Es Taiwan el nuevo Honk Kong?

Además, China se ha vuelto cada vez más agresiva en la escena internacional. Sus leyes extraterritoriales y el largo brazo de su aplicación se extienden de muchas maneras diferentes: por ejemplo, su secuestro de refugiados en el extranjero, incluidos libreros, uigures y empresarios legítimos. Sus robos, sobornos y propaganda se institucionalizan a través del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, la multimillonaria Iniciativa de la Franja y la Ruta, los Institutos Confucio, la creación de islas en el Mar de China Meridional con fines militares, los ciberataques y el espionaje internacionales y el “Programa de los Mil Talentos”.

No se puede confiar en que China cumpla sus acuerdos con otros países. Cada vez viola más la promesa de “un país, dos sistemas” para Hong Kong, lo que significa que incumple los compromisos que adquirió en la Declaración Conjunta Sino-Británica de 1984. Lamentablemente, los británicos, en su afán por hacer más negocios, no parecen preocuparse mucho por los ciudadanos de Hong Kong, que el Reino Unido gobernó desde 1841 hasta 1997. Taiwán podría convertirse en el próximo Hong Kong en cualquier momento, ya que China ha interferido en la política de Taiwán mediante la discriminación comercial, la desinformación, la infiltración en los medios de comunicación y repetidas amenazas de lanzar una invasión militar. Como represalia por la detención en diciembre de la directora financiera de Huawei, Meng Wanzhou, por parte de Canadá, las autoridades chinas detuvieron a dos ciudadanos canadienses y cambiaron repentinamente la sentencia de un canadiense condenado por tráfico de drogas de 15 años a pena de muerte.

Overseas activists and dissidents do not succeed in evading the CCP’s control. Their family members back in China are intimidated, arrested, or detained. Dozens of family members of at least six Uyghur journalists working for Radio Free Asia have been detained in China as retaliation for their reporting. In Mexico, Argentina, India, Thailand, Canada, and the United States, Tibetans, Falun Gong practitioners and Chinese dissidents have been harassed and physically attacked by people hired by the Chinese embassy.

La neozelandesa Anne-Marie Brady, estudiosa de China, tras escribir un destacado informe sobre la injerencia política de China, se encontró con el robo de su ordenador en su casa de Christchurch en febrero de 2018, y las ruedas de su coche desinfladas en noviembre. Sus colegas chinos fueron detenidos para ser interrogados. Wang Bingzhang, destacado activista prodemocrático y residente permanente en Estados Unidos, fue secuestrado en Vietnam en 2002 y posteriormente condenado a cadena perpetua en China. Gui Minhai, editor con pasaporte sueco, fue secuestrado en Tailandia por la policía secreta china el 17 de octubre de 2015. El socio de Gui, Lee Po, residente en Hong Kong y con pasaporte británico, fue secuestrado en Hong Kong el 30 de diciembre de 2015.

El PCCh ha demostrado que sólo busca su propio poder, y ahora intenta extender ese poder a escala mundial mediante el matonismo, las mentiras, los sobornos y las amenazas, hasta llegar incluso a la amenaza de una guerra nuclear.

El PCCh aprendió la lección de 1989

El mundo solía albergar esperanzas de que China estuviera mejorando. Adoptó una versión de economía de mercado, entró en la OMC, permitió a sus élites acceder a Internet a través de redes privadas virtuales y ratificó docenas de tratados internacionales sobre derechos humanos. ¿Cómo es posible, entonces, que el pueblo chino se haya encontrado en el escenario de Orwell y no en una democracia liberal?

Al hablar del estado actual de la política china, debemos tener esto en cuenta: El PCCh no representa los intereses de China ni del pueblo chino. Su principal prioridad es perpetuar su régimen de partido único y los intereses de los privilegiados.

Desde la década de 1980, el crecimiento económico de China, el mercado global, las profesiones jurídicas e Internet y las redes sociales han proporcionado espacio a los grupos activistas y han empoderado a la sociedad civil. Pero al mismo tiempo, el gobierno chino nunca ha aflojado su censura, vigilancia o dominio. Si hay una lección que el PCCh aprendió de 1989, es que debe mantener el gobierno unipartidista por todos los medios. Cuando el partido percibió que la sociedad civil había empezado a ganar cada vez más recursos e influencia, se movilizó para elevar su control. Pero en las últimas décadas, el llamado “modelo China”, que como he dicho equivale a cleptocracia más totalitarismo de alta tecnología, ha ido empujando al país hacia una crisis integral. Ha traído consigo una corrupción oficial masiva, conflictos entre funcionarios y ciudadanos, desastres ecológicos, persecución religiosa y odio y violencia étnicos en el Tíbet y en los campos de detención masiva de la región occidental de Xinjiang.

Y lo que es más importante, empieza a parecer que los dividendos económicos que China cosechó gracias a una demografía favorable, una mano de obra barata y la globalización ya no se acumulan, sino que empiezan a menguar. El crecimiento del PIB se ralentiza. La solución a la crisis política, social y económica pasa por relajar el control y construir el Estado de Derecho y la democracia, o por una represión aún mayor. El PCCh ha optado sin vacilar por lo segundo.

Y hay otra lección que el PCCh ha aprendido del movimiento democrático de Tiananmen hace 30 años: Necesita temer la influencia de la ideología occidental como una amenaza para el régimen de partido único. Por eso, además de controlar la información en China, también intenta controlar a las comunidades chinas de ultramar. Las asociaciones estudiantiles y académicas chinas, los institutos Confucio, las asociaciones ciudadanas, las cámaras de comercio y organizaciones similares están controladas o dirigidas por las embajadas y consulados chinos en todo el mundo o por el Departamento de Trabajo del Frente Unido del gobierno.

Los estadounidenses deben saber que Pekín ha eliminado casi todos los medios de comunicación independientes en chino en Estados Unidos[5], y más aún en Europa, Asia, África y Oceanía. El gobierno chino se ha esforzado por difundir sus mensajes. Su esfuerzo por bloquear las críticas a las cuestiones de derechos humanos en los foros de las Naciones Unidas es bastante eficaz. El PCCh siempre ha hecho amigos en todo el mundo, siendo un importante y sincero defensor de todos los regímenes dictatoriales que existen. El PCCh ha estado exportando su tecnología represiva, su experiencia y su modelo de control a los autócratas de todo el mundo. Todas estas políticas sirven para que el PCCh niegue la democracia al pueblo chino.

Hacer el mundo más amable para el PCCh

El objetivo del partido es mantener su dominio dentro de China a toda costa, por lo que se propone hacer del mundo un lugar seguro para el PCCh. Así, su Estado orwelliano de alta tecnología se ha convertido en una amenaza cada vez más urgente para otros países y para los valores universales. Muchos académicos y expertos han reconocido el fracaso de las anteriores políticas de compromiso con China. El compromiso continuado en nombre del cambio de China debe verse ahora como lo que es: apaciguamiento y habilitación. Impulsados por un puro afán de lucro que ignora el equilibrio con los valores universales, las empresas y los países occidentales han consentido la expansión y la brutalidad del PCCh. Algunos ejemplos:

  • Cisco proporcionó equipos y formación para ayudar a establecer y reforzar el Gran Cortafuegos chino. Nortel Networks, Microsoft, Intel, Websense y otras empresas tecnológicas también contribuyeron a facilitar el Gran Cortafuegos.
  • A petición de la agencia de seguridad estatal china, Yahoo proporcionó información sobre sus clientes, confirmando las identidades de al menos cuatro escritores chinos, lo que se convirtió en una prueba clave para condenarlos. Esto se convirtió en una prueba clave para condenarlos.
  • Para volver a entrar en el mercado chino, Google diseñó un motor de búsqueda, llamado Proyecto Libélula, que censura todo lo que no gusta al PCCh.
  • Muchos bancos occidentales contrataron a familiares de altos funcionarios chinos como asesores a tiempo completo. Esto es sólo la punta del iceberg de los tratos corruptos de empresas occidentales con el régimen opresor.

Con la ayuda del compromiso, el dinero y la tecnología occidentales, el PCCh no sólo sobrevivió a un breve aislamiento mundial y a las sanciones tras la masacre de Tiananmen, sino que estableció un totalitarismo cada vez más poderoso y brutal que está haciendo metástasis en todo el mundo. Ahora, China exige una reescritura de las normas internacionales, intentando crear un nuevo orden internacional en el que se manipule el Estado de derecho, se rebaje la dignidad humana, se abuse de la democracia y se niegue la justicia. En este orden internacional, la atrocidad y la corrupción se ignoran, los autores son inmunes y los regímenes dictatoriales están unidos y se muestran complacientes.

Un nuevo símbolo: el hombre del tanque

Cuarenta días antes de que el Ejército Popular de Liberación entrara en acción para sofocar las protestas que se habían estado gestando en la primavera de 1989, Deng Xiaoping dijo, según se dice, que el régimen estaría dispuesto a “¡matar a 200.000 personas a cambio de 20 años de estabilidad!”. El PCCh mató a mucha gente con tanques y ametralladoras, en una masacre deliberada, que ha hecho que los chinos vivan desde entonces en lo que he llamado el “Síndrome Post-Tanques”. La ira y el miedo se convirtieron en silencio, el silencio en indiferencia y la indiferencia en cinismo. El lavado de cerebro, una economía de mercado distorsionada y una política corrupta han creado una atmósfera de consumismo y han inculcado un nacionalismo y un darwinismo social generalizados en China.

La gente admira y apoya a quienes tienen poder y dinero. Cada vez más indiferente a los valores y la moral universales, la gente olvida, margina y se burla de los luchadores por la libertad y los presos de conciencia. Aquí vemos una paradoja de la historia: Los supervivientes se han convertido en cómplices de los asesinos.

Pero también sabemos que el Hombre Tanque, una de las imágenes más influyentes del siglo XX, representa el coraje y la esperanza del pueblo chino. Cuando mataron a estudiantes y ciudadanos en 1989, yo no era entonces más que un estudiante de secundaria con el cerebro lavado; pero después de ver las imágenes de aquella época, me inspiré y acabé convirtiéndome en abogado y luchador por la libertad. Debido a mi trabajo de promoción de los derechos humanos y la democracia en China, fui inhabilitado, se me prohibió dar clases y mi universidad me despidió. Durante mi detención, la policía secreta me secuestró y torturó gravemente. Saquearon mi casa, confiscaron mi pasaporte y cerraron mi ONG. Acosaron a mi familia y les impidieron salir de China. La fuerza que me ha ayudado a superar todas estas dificultades provino en gran medida del momento en que me di cuenta de que era una superviviente de la masacre de Tiananmen.

Los esfuerzos del PCCh por hacer realidad el Estado orwelliano han encontrado y seguirán encontrando resistencia. Sin embargo, una vez completado un estado totalitario de alta tecnología, cualquier resistencia será fácilmente aniquilada. Por lo que ha sucedido desde que aquel hombre se paró en la carretera frente a una línea de tanques, Occidente debería haber aprendido que los derechos humanos no deben sacrificarse por ganancias económicas o políticas. Para quienes no quieran ver la victoria de un Estado totalitario de alta tecnología, aún hay tiempo de contraatacar, pero no queda mucho.

[1] Las estimaciones oficiales de la época oscilaban entre las 800 y las 3.000 muertes de civiles, pero un documento del Gobierno británico desclasificado en 2017 indica más de 10.000 muertes de civiles.

[2] “The Costs of International Advocacy: China’s Interference in United Nations Human Rights Mechanisms,” Human Rights Watch, September, 2017.

[3] Hu Ping, “La masacre y el milagro”, Radio Free Asia, 2 de septiembre de 2008.

[4] Teng Biao, “La sombra del ‘milagro chino'”, PoliQuads Magazine, 6 de abril de 2019.

[5] “La influencia de China y los intereses de Estados Unidos: Promoting Constructive Vigilance”, editado por Larry Diamond y Orville Schell, informe de la Hoover Institution on War, Revolution, and Peace, Palo Alto, California, 29 de noviembre de 2018.

La relación sinorrusa en la encrucijada

Con la invasión de Ucrania por parte de la Rusia de Putin han surgido multitud de nuevas dudas en torno a la relación entre el gigante asiático y Rusia. El escenario es ahora mucho más complejo a nivel diplomático para China, mientras Rusia se ha vuelto más dependiente del apoyo geopolítico de Xi Jinping.

Tal y como han revelado multitud de fuentes publicadas en diversos medios de comunicación, Vladimir Putin confiaba en que la invasión de Ucrania sería cosa de unos pocos días y, por lo tanto, las principales potencias globales no se verían altamente involucradas en el conflicto, al menos en el corto plazo. Es por ello por lo que tan solo unas semanas antes de la fatídica última semana de febrero, Putin se reunió solemnemente con Xi Jinping en Pekín, tratando de reforzar la imagen de cooperación y unidad entre ambos países.

Hasta el momento desconocemos si Xi Jinping conocía con detalle las intenciones de Putin en Ucrania o incluso si había sido informado por sus propios servicios de inteligencia sobre los posibles próximos movimientos del ejército ruso en su país vecino. Lo que está claro es que una vez comenzada la invasión rusa de Ucrania, el escenario que más interesaba a Xi Jinping era sin duda un blitzkrieg de un par de días, en el cual el ejército ruso tomara Kiev sin mayores dificultades, evitando así tener que entrar demasiado en cuitas diplomáticas con las potencias occidentales.

Una invasión rápida de Ucrania con éxito habría traído -lógicamente- severas recriminaciones y sanciones por parte de los países OTAN y aliados, pero habría situado a China en una posición mucho más sencilla y manejable que la actual, ya que el fracaso ruso en su principal objetivo ha hecho que estos solicitaran apoyo de China, colocando al gigante asiático en una posición extremadamente comprometida frente a Occidente.

En escenarios de mayor normalidad en el plano geopolítico, China comparte muchos más intereses y objetivos con Rusia que con Occidente, aún siendo mucho más dependiente de estos últimos. Rusia y China han compartido objetivos respecto al islam en el centro y sur de Asia, relativamente en su posicionamiento respecto a EEUU y la OTAN o en su defensa de la dictadura Siria. Pero China continúa sin defender plenamente a Rusia cuando esta se enroca en un conflicto como el actual. Es por ello por lo que, a lo largo de los últimos años, China siempre ha sido mucho más cauta a la hora de solidificar alianzas con Rusia. Ejemplo de ello fue la declaración conjunta de los máximos representantes de ambas potencias en el mes de febrero, cuando Xi Jinping enfatizó que no era necesario ratificar formalmente la alianza entre China y Rusia bajo el pretexto de que esta era implícita e histórica, evitando así verse comprometido en el apoyo directo a Rusia.

Las razones tras la cautela de China en su posicionamiento con respecto a Rusia son relativamente sencillas de comprender, y es que el gigante asiático tiene muy poco que ganar y mucho que perder con esta relación, principalmente en base al volumen de comercio con cada una de las partes. Mientras el volumen de comercio total entre Rusia y China asciende a $147 billion, en el caso de China con la UE y EEUU (combinados) este registra una cifra total de $1.4 trillion, situando a Rusia en una posición comercial muy inferior a la de la UE y EEUU con respecto a China y, por lo tanto, reduciendo su capacidad de negociación e influencia en el plano geopolítico.

De hecho, si lo pensamos en términos del presente conflicto, conviene señalar que Ucrania es mucho más relevante para China de lo que muchos podrían llegar a pensar. En temas de equipamiento militar, Ucrania fue pieza clave en la construcción del primer portaaviones militar de China y en el rediseño de algunos aviones militares. En el plano económico, China es el primer socio comercial de Ucrania y, además, el país del Este fue uno de los primeros signatarios y participantes de la nueva Ruta de la Seda. Prueba de la importancia relativa que China otorga a Ucrania es que, mientras las tensiones entre Rusia y Ucrania venían siendo algo de largo recorrido, China nunca dejó de firmar nuevos contratos con Ucrania ni de involucrar al país del Este en sus operaciones comerciales. Mientras tanto, hace escasas semanas pudimos observar como Sinopec, el gran conglomerado público energético chino, cancelaba varias inversiones y acuerdos con Rusia, mostrando de que lado se sitúan los intereses chinos ahora mismo.

En el escenario actual de la invasión de Ucrania por parte de Rusia, llama poderosamente la atención que, desde el inicio de esta, China ha ido reposicionándose paulatinamente, alejándose cada vez más de una defensa cerrada de Rusia, tal y como muchos esperábamos allá por el mes de febrero. De hecho, algunos medios de comunicación chinos (de titularidad plenamente pública) ya han informado sin tapujos de masacres como la de Bucha. Estos detalles señalan que, desde luego, China ya no se mantiene en una posición de defensa geopolítica de Rusia a toda costa, sino que cada vez mide con mayor precisión los costes y beneficios de dicha relación y posicionamiento.

Como anécdota al respecto, debemos recordar que el pasado 17 de marzo, el Ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov vio como su avión en dirección a Pekín dio la vuelta a mitad de camino tras algunas fricciones con su homólogo chino, tratando de evitar una humillación mayor. Aunque finalmente dicha reunión se celebró el día 30 del pasado mes, Lavrov no logró ratificar el mayor apoyo chino a la invasión rusa que ansiosamente buscaba.

Pese a todo lo anterior, no debemos confundirnos. Si China cambia su posicionamiento, aun temporalmente, con respecto a Rusia no es por motivos morales ni en defensa de un determinado sistema político o de valores. Ni mucho menos. China, al igual que la mayor parte de las potencias geopolíticas y económicas globales, actúa en función de sus principales intereses económicos y políticos, basando en ellos su estrategia y posicionamiento geopolítico. Ni más ni menos. Pensar que los recientes cambios en el posicionamiento chino con respecto a Rusia han sido producidos por las atrocidades cometidas en Ucrania sería pecar de ingenuidad, y no nos lo podemos permitir.

El visionario Milton Friedman y la economía de China

En octubre de 1976 se anunció que el Premio Nobel de Economía de ese año sería otorgado al economista estadounidense Milton Friedman. Casi exactamente un mes antes de aquel anuncio, Mao Zedong había fallecido. Apenas cuatro años después de su muerte, Friedman visitó China por primera vez. A su regreso, afirmó que China tenía el potencial de replicar el rápido crecimiento económico observado después de la Segunda Guerra Mundial en países como Japón o Alemania. Por aquel entonces, Friedman era quizá el único que veía factible una evolución tan positiva del futuro económico de China.

Es importante recordar que, en 1980, el 88% de la población china todavía vivía en una situación de pobreza extrema. Apenas cuatro décadas después, esa misma tasa ha caído a menos del 1%. Nunca antes en la historia se produjo una reducción tan intensa de la pobreza en un periodo temporal tan corto. Entender cómo fue posible semejante progreso es uno de los grandes retos de nuestro tiempo y nuestra respuesta a esta trascendente pregunta depende, en gran medida, del papel del mercado y el estado en la economía china. 

En 1980, el próspero futuro que acabó exhibiendo China distaba mucho de ser evidente. Friedman se sorprendió porque, durante su visita, comprobó que las obras de Friedrich Hayek no solo habían sido traducidas al chino, sino que eran bastante populares. Por ejemplo, había muchos artículos sobre Hayek en las principales revistas de economía chinas. De igual modo, Friedman se complació al descubrir que algunos economistas chinos ya poseían copias de la edición japonesa de su libro Libertad de elegir, que había sido publicado en el país nipón unos pocos años antes. De hecho, fue conocedor de que ya se estaba preparando una traducción al chino de dicha obra. Según explica en sus memorias, es evidente que Friedman se debatía entre la gran esperanza que albergaba y el lógico escepticismo que le hacía dudar sobre la capacidad de adaptación del régimen comunista. En un informe de 1980 escribió que las reformas económicas de China avanzaban en la dirección correcta, pero añadió que “solo el tiempo nos dirá si se llevan a cabo finalmente y cuáles serán sus efectos”. En aquel momento, estaba convencido de que China experimentaría cierto progreso a corto plazo, aunque mantenía sus dudas sobre las perspectivas de la aplicación de reformas de calado en el más largo plazo.

Friedman visitó China por segunda vez en 1988, de la mano del Instituto Cato estadounidense, un centro de pensamiento de referencia en el mundo libertario que  organizó una conferencia en Shanghái. Aquel era un evento extraordinario en sí mismo. Friedman pronunció un discurso durante el encuentro y no ocultó el hecho de que la transición de la economía planificada al sistema de mercado traería muchos beneficios, pero también implicaría costos considerables. Friedman comentó que, en su opinión, los líderes chinos estaban “seriamente comprometidos con el esfuerzo de transición” y recalcó que “el pueblo chino será el principal beneficiario de su eventual éxito, aunque no el único, porque si este empeño funciona bien, todas las personas del mundo se beneficiarán”. Aquellas palabras fueron casi proféticas. Después de todo, de no ser por el rápido crecimiento de la economía china, la economía mundial no hubiera experimentado un crecimiento tan positivo en las últimas tres décadas. China es ahora el motor de crecimiento que añade más velocidad al ritmo de expansión la economía mundial, pero Friedman identificó el potencial del país asiático ya en 1988.

La postura optimista de Friedman se vio alentada por una conversación que tuvo con el entonces secretario general del Partido Comunista, Zhao Ziyang, a quien describió como un político con una “comprensión realista de lo que significa liberalizar el mercado”. En su autobiografía, Friedman escribe que su conversación de dos horas con Zhao Ziyang le causó una impresión muy positiva: “mostró una comprensión sofisticada de la situación económica y de cómo funciona el mercado. E, igualmente importante, reconoció que se necesitaban cambios importantes – y demostró estar abierto a ellos”.

Cuando visitó Shenzhen, Friedman quedó impresionado por el hecho de que esta pequeña ciudad portuaria que apenas tenía 6.000 habitantes en 1982 se convirtió en una ciudad vibrante, con 500.000 habitantes, en apenas ocho años. Shenzhen fue la primera zona económica especial de China y aplicó los principios de la economía de mercado de forma mucho más fiel que algunos países de Europa o incluso algunas normas vigentes en Estados Unidos. Cuando visité Shenzhen en 2018 y 2019, para dar una conferencia en su universidad, me impresionó enormemente ver que ya se ha convertido en una metrópoli global, con 12,5 millones de habitantes y un increíble espíritu emprendedor.

En 1993, Friedman visitó China por tercera vez. Las impresiones de Friedman fueron más escépticas en esta ocasión que en 1988. Aunque pudo volver a reunirse con el secretario general del Partido Comunista, Jiang Zemin, el intercambio de puntos de vista fue más unilateral. Friedman solo pudo hablar durante diez minutos, mientras que Jiang Zemin monopolizó la conversación y habló durante un total de 45 minutos. Friedman manifestó entonces sus dudas sobre la capacidad de China para seguir recorriendo el camino que emprendió al reconocer el derecho a la propiedad privada e introducir los principios del libre mercado.

Actualmente, en Occidente existe un evidente malentendido a la hora de evaluar qué factores han contribuido en mayor medida al enorme éxito económico cosechado por China. Mucha gente cree que China ha descubierto una ”tercera vía”, un camino entre el socialismo y el capitalismo. Algunos incluso creen que el increíble éxito chino solo ha sido posible porque el estado ha conservado una influencia fuerte sobre la economía. 

En 2018, viajé a Beijing y conocí a Zhang Weiying, un economista chino que se reconoce seguidor de Hayek y Friedman. Weiying se mostró totalmente en desacuerdo con la interpretación predominante en Occidente y enfatizó repetidamente que la única razón por la que el estado sigue desempeñando un papel tan importante en la China moderna es la historia reciente del país, puesto que bajo gobierno de Mao el control de lo público abarcaba casi el 100% de la economía. Weiying me señaló, no obstante, que el éxito económico de China durante las últimas cuatro décadas se basa enteramente en el hecho de que ese enorme peso del estado se ha reducido gradual y progresivamente.

Durante nuestra conversación, Zhang Weiying enfatizó repetidamente que “el ascenso económico de China no se debe al estado, sino que se produce pesar del estado”. Sin duda, Milton Friedman se habría mostrado de acuerdo. Podemos decir que el brillante economista fue uno de los primeros en predecir con precisión el futuro de China. Hoy, como lo confirma un documento de trabajo del Foro Económico Mundial, el sector privado ya es la fuerza impulsora de la producción económica en China: “la combinación 60/70/80/90 se utiliza con frecuencia para describir la contribución del sector privado a la economía china. Ya aporta el 60% del PIB de China, genera el 70% de la innovación, sostiene el 80% del empleo urbano y crea el 90% de los nuevos puestos de trabajo. El sector privado también es responsable del 70% de la inversión y del 90% de las exportaciones”.Friedman, por supuesto, fue crítico con el hecho de que China no introdujese libertades políticas y civiles a la altura de las nuevas libertades económicas. En Chile, vio de primera mano cómo las reformas de libre mercado ayudaron a poner fin a la dictadura militar del país. Sin duda, esperaba que la mayor libertad económica también condujera a una mayor libertad política en China. Sin embargo, a pesar de sus esperanzas, se mantuvo escéptico, y con razón, como sabemos hoy. En cualquier caso, de acuerdo con las enseñanzas de Friedman, el milagro de la economía china confirma que lograr una mayor prosperidad para la gente solo es posible expandiendo los derechos de propiedad privada y promoviendo el libre mercado.