Ir al contenido principal

Etiqueta: Claudia Goldin

Claudia Goldin, un Nobel en honor a la Historia Económica

Recuerdo con gran cariño a mi profesora preferida de la carrera, Victoria Bateman, quien fuera mi profesora de Historia Económica y a quien saludé con mucho afecto el día de mi graduación, ya que, gracias a ella, mi pasión por la intersección entre la historiografía y la ciencia económica creció aún más durante mis años de carrera. El lunes, al leer la noticia de que el Premio Nobel de Economía 2023 había sido otorgado a Claudia Goldin me acordé mucho de ella. Me imaginé a la Profesora Bateman celebrando que le hubieran otorgado un galardón de semejante calibre a la punta de lanza de su área de investigación y, sinceramente, me alegré mucho por una persona como ella, que vive y transmite la Historia Económica con tal pasión.

El gran cambio de la mujer en el trabajo

El trabajo de Goldin ha resultado clave para explicar las causas detrás de que, a lo largo de los últimos 100 años, la proporción de mujeres empleadas se haya más que triplicado en la mayoría de los países desarrollados. Es el mayor cambio en dinámicas del mercado laboral en mucho tiempo. Precisamente, las innovaciones en fuentes de datos históricos y metodologías de análisis de los mismos han permitido a Claudia Goldin establecer una serie de factores que han influenciado históricamente la oferta y demanda del segmento femenino del mercado laboral.

Entre ellos, los más importantes que destaca Goldin son las cambiantes posibilidades para las mujeres de combinar el trabajo remunerado y el cuidado familiar, una mentalidad más enfocada a la educación profesional y menos hacia la exclusividad del cuidado familiar, multitud de innovaciones técnicas y cambios institucionales que han generado modificaciones estructurales del sistema económico durante el último siglo.

Gráfico en forma de U

Una de las conclusiones principales del trabajo de Claudia Goldin que rompe con gran parte de la historiografía previa, es el hecho de que, en la mayor parte de países del mundo, no cabe establecer una relación de causalidad directa entre el crecimiento económico desde la Revolución Industrial y la mayor participación de las mujeres en el mercado laboral. Goldin ha demostrado en múltiples ocasiones que, aunque el rol de las mujeres en el sistema económico se transformó enormemente con el paso de la sociedad agraria a la sociedad industrial, las conclusiones que hasta el momento se habían extraído sobre ello eran en su mayoría incorrectas, debido a errores metodológicos a la hora de calcular la proporción de mujeres participantes en el mercado laboral en los siglos XIX y principios del XX.

Tras reunir una base de datos de 200 años mucho más precisa, Claudia Goldin resumió que la participación de la mujer en el mercado laboral desde el inicio de la Revolución Industrial hasta finales del siglo XX se puede plasmar en un gráfico en forma de U (ver debajo). Dicho gráfico muestra como a finales del siglo XVIII cerca del 60% de las mujeres participaban (informalmente) en el mercado laboral, consistiendo este principalmente de empleos agrícolas, reduciéndose a un 10% a principios del siglo XX y volviendo a incrementarse a un 55% a finales de dicho siglo, tras el intenso proceso de terciarización de la economía en el periodo.

La artesanía en casa

Con dicha investigación, Goldin descubrió que previamente a la Revolución Industrial, las mujeres tenían mayores probabilidades de formar parte de la fuerza laboral, aunque previamente, al no existir registros formales, resultaba mucho más complicado de cuantificar. La principal razón que Claudia Goldin aduce a que la participación de la mujer en el mercado laboral se redujera con la industrialización es el hecho de que mover los centros de producción de las casas (artesanía) a las fábricas dificultaba que las mujeres coordinaran el trabajo con la crianza de sus hijos, la cual en esa época estaba exclusivamente destinada a ellas. La diferencia más relevante se halla en que entre las mujeres jóvenes no casadas, cerca del 40% trabajaban en fábricas, duplicando la media nacional del género femenino.

La diferencia de participación laboral entre mujeres solteras y casadas se mantuvo estable de forma relevante durante la primera mitad del siglo XX en EEUU, ya que mientras la media de participación del cómputo total de mujeres era del 20%, entre aquellas casadas se encontraba tan solo en el 5%. Todo ello cambió de manera significativa tras la Segunda Guerra Mundial, puesto que, tal y como explica Goldin, el desarrollo tecnológico, la terciarización de la economía y el incremento del nivel de educación, incrementó la oferta y demanda de empleo femenino. Sin embargo, la legislación y las barreras institucionales fueron durante gran parte del siglo XX un impedimento al desarrollo de la mujer en el mercado laboral.

Barreras vinculadas al matrimonio

En este sentido, Claudia Goldin describe como las “marriage bars” americanas eran una legislación específica que en muchos casos impedía que las mujeres continuaran con su empleo tras contraer matrimonio. Por ello, a pesar de un incremento de demanda de trabajo femenino, en dicha época no se observó tanto crecimiento en la tasa de empleo de las mujeres en el mercado laboral. Un caso muy claro de ello fue, tal y como destaca Goldin, los años posteriores a la Gran Depresión de 1930, cuando dicha legislación impidió una mayor participación de las mujeres en el mercado laboral. Además, tal y como destaca la reciente Nobel de economía, estas leyes y estructura institucional afectaron negativamente a las expectativas de las mujeres sobre sus carreras profesionales, reduciendo también a través de esta vía su tasa de participación.

Una vez llegados a este punto, conviene destacar lo que Claudia Goldin llama “efecto paternidad”, que explicaría la mayor parte de la brecha de ingresos entre mujeres y hombres en países desarrollados. Goldin explica como durante los primeros años de carrera profesional, un hombre y una mujer con trasfondo educativo similar y un puesto de trabajo en igualdad de condiciones, reciben un salario muy similar.

La maternidad

Sin embargo, la brecha se genera en el momento del nacimiento del primer hijo, ya que la mujer ha de reducir su intensidad laboral y los ingresos decaen en el medio y largo plazo, sin regresar en ningún momento a la tendencia de crecimiento anterior. En este sentido, Goldin ha mostrado en repetidas ocasiones y con estudios aplicados a una variedad de países que, hoy en día, la maternidad explica prácticamente toda la brecha salarial existente, ceteris paribus, entre hombres y mujeres en los países desarrollados.

El Nobel a Claudia Goldin representa la relevancia de la Historia Económica en el estudio de las dinámicas de mercado a lo largo del tiempo y los cambios sociopolíticos relevantes para entender qué factores del pasado han conducido al estado actual. Además, Claudia Goldin ha demostrado como un trabajo minucioso con bases de datos de hace siglos permite extraer conclusiones completamente diferentes a las que en un principio se habían establecido, demostrando, una vez más, que en economía no existen las verdades absolutas y que cualquier cuestión se halla abierta a un debate fáctico y razonado.

Ver también

Los dueños del relato. (María Blanco).

Claudia Goldin: Nobel para una estudiosa de la civilización. (Peter Jackobsen).

Claudia Goldin: Nobel para una estudiosa de la civilización

Por Peter Jacobsen. Este artículo ha sido publicado originalmente en FEE.

El Premio Sveriges Riksbank 2023 de Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel (coloquialmente conocido como Premio Nobel de Economía) ha sido concedido a la economista Claudia Goldin.

Como introducción a este artículo, no creo que deba existir un premio Nobel de Economía, como ya he señalado en otras ocasiones. Mi razonamiento al respecto está en línea con el anterior premio Nobel, F.A. Hayek, que dijo: “el premio Nobel confiere a un individuo una autoridad que en economía ningún hombre debería poseer”.

La necesaria humildad

No hace falta ser un erudito en el campo de la economía. La lógica de las leyes económicas combinada con la aplicación de los detalles institucionales es un método accesible a todos. Al conceder un Nobel, el comité corre el riesgo de conferir un estatus de asesor “sacerdotal” a una profesión que debería estar llena de humildes filósofos, tomando prestada una metáfora de los profesores de Economía de George Mason Boettke, Coyne y Leeson.

Sin embargo, el hecho es que existe un premio Nobel de Economía (o un premio del Sveriges Riksbank en memoria de Nobel, para los quisquillosos). Ya que existe un premio, creo que merece la pena destacar cuando se conceden premios a economistas que, como Hayek, reflejan la humildad necesaria para que la profesión tenga éxito. Creo que Claudia Goldin es una buena elección precisamente por esta razón.

Reparadores frente a estudiantes de civilización

Al pensar en los premios Nobel de economía, creo que es útil diferenciar entre los premios otorgados a quienes están interesados en tratar de controlar el futuro de la economía y los premios otorgados a los estudiantes de cómo se han manifestado las leyes económicas a lo largo de la historia.

En mi opinión, los premios Nobel de 2019 concedidos a Duflo y Banerjee representan lo primero. El discurso publicado por Duflo ante la Asociación Americana de Economía titulado El economista como fontanero tiene el siguiente resumen:

A medida que los economistas ayudan cada vez más a los gobiernos a diseñar nuevas políticas y normativas, asumen la responsabilidad añadida de comprometerse con los detalles de la elaboración de políticas y, al hacerlo, adoptar la mentalidad de un fontanero. Los fontaneros intentan predecir lo mejor posible lo que puede funcionar en el mundo real, conscientes de que será necesario hacer retoques y ajustes, ya que nuestros modelos nos dan muy poca orientación teórica sobre qué (y cómo) importarán los detalles. Este ensayo sostiene que los economistas deberían comprometerse seriamente con la fontanería, en interés tanto de la sociedad como de nuestra disciplina.

Un desafío para los poderosos

Para Duflo, lo correcto es que los economistas retoquen y ajusten las cosas en la economía para beneficiar los intereses de la sociedad. Sin embargo, este es el camino equivocado. Como ya he escrito anteriormente,

¿Por qué los economistas no pueden ofrecer soluciones como lo hacen los fontaneros? En pocas palabras, la economía no es un sistema cerrado de tuberías. No hay tuberías definidas y, por tanto, no hay atascos, obstrucciones o fugas… ¿Por qué deberíamos creer que alguien con un título, una pizarra o un ordenador puede hacer un mejor trabajo planificando la vida de la gente que ellos mismos?

Entonces, ¿qué deben hacer los economistas? En primer lugar, el economista tiene un papel que desempeñar en el uso del razonamiento económico como “profiláctico contra las falacias populares” en la formulación de políticas. Por eso, el economista Ludwig von Mises argumenta,

La economía como tal es un desafío a la presunción de quienes detentan el poder. Un economista nunca puede ser el favorito de autócratas y demagogos. Con ellos es siempre el hacedor de fechorías, y cuanto más convencidos están interiormente de que sus objeciones están bien fundadas, más le odian.

Un estudioso de la civilización

Pero éste no es el único papel adecuado para un economista. El economista también puede ser un estudioso de la civilización y de la historia. La historia económica como campo está muy infravalorada. En un mundo que exige la predicción como medio de controlar los resultados económicos, la historia económica mira humildemente hacia atrás para ver cómo se manifestaron las reglas económicas en tiempos ya pasados. Por su naturaleza, el campo de la historia económica considera lo que realmente sucedió más que lo que puede controlarse.

Esto no quiere decir que algunos no intenten utilizar los hallazgos de la historia para predecir hechos futuros y jugar con la economía, pero el campo está menos predispuesto a este tipo de cosas.

Un largo y cuidado estudio

El trabajo de Goldin encaja con esta visión del economista como estudioso de la civilización. Veamos la explicación del Premio en la página web del Nobel. El comunicado de prensa dice,

La galardonada de este año en Ciencias Económicas, Claudia Goldin, ha proporcionado la primera descripción exhaustiva de los ingresos de las mujeres y su participación en el mercado laboral a lo largo de los siglos. Su investigación revela las causas del cambio, así como las principales fuentes de la brecha de género que aún persiste. Las mujeres están muy infrarrepresentadas en el mercado laboral mundial y, cuando trabajan, ganan menos que los hombres. Claudia Goldin ha rebuscado en los archivos y recopilado más de 200 años de datos de EE.UU., lo que le ha permitido demostrar cómo y por qué han cambiado a lo largo del tiempo las diferencias de género en los salarios y las tasas de empleo. (énfasis añadido)

Las diferencias en las remuneraciones

Fíjese en lo que se destaca en la descripción de su premio: no se trata de recomendaciones políticas. Se elogia a Goldin por su arduo trabajo de búsqueda en archivos históricos para estudiar el papel de la mujer en el mercado laboral. Esta información se utilizó después para clasificar las mejores explicaciones de la brecha salarial. He aquí un gráfico que ilustra sus conclusiones.

¿Obvio? Sí, pero…

He observado que algunos en Twitter se burlan de algunas de las conclusiones de Goldin por considerarlas obvias. Esto es un error por tres razones. En primer lugar, la gente infravalora hasta qué punto las conclusiones parecen obvias porque, sin saberlo, ya han sido alimentados con los resultados del trabajo de Goldin sin saberlo. Los resultados académicos suelen distribuirse al público de tal forma que éste no se entera de quién o de dónde proceden.

En segundo lugar, aunque esta explicación pueda parecer plausible sin pruebas que la verifiquen, hay muchas explicaciones que suenan plausibles para fenómenos sociales complejos. La cuestión es cuál de las explicaciones plausibles es la que más influye en los fenómenos del mundo real. Goldin seleccionó la mejor respuesta entre una miríada de respuestas plausibles.

Las leyes de la economía suelen ser fáciles de entender. Al ciudadano medio no le sorprende que la gente compre menos cuando sube el precio. Pero cómo se manifiestan esas leyes no siempre es obvio, y el análisis histórico puede ayudar al estudiante de civilización a descubrir cómo ha sucedido en el pasado.

Por último, aunque en el comunicado de prensa el comité del Nobel destaca su trabajo sobre la brecha salarial, Goldin es una prolífica investigadora que se ocupa de muchos temas. Este hilo profundiza en muchas de sus contribuciones.

El economista como detective

Es un error pensar que los grandes avances en la investigación económica tienen que ser grandes ejercicios de planificación política realizados para planificar una sociedad “mejor”. Los avances se producen a menudo en el trabajo minucioso de bucear en los archivos históricos para crear un conjunto de datos en el que nadie había pensado antes.

El trabajo de Goldin refleja a los economistas como buscadores de la verdad o, por usar su palabra, detectives. En su artículo El economista como detective, Goldin concluye con varios sabios consejos,

Sé el mejor detective que puedas ser. No se limite a ‘acorralar a los sospechosos habituales’; no se limite a mirar bajo la farola existente. Localice nuevos sospechosos. Encienda luces donde nunca antes han brillado. Siga la sentencia de Holmes de que ‘No hay nada como las pruebas de primera mano’, así como su admonición de que ‘Cualquier verdad es mejor que una duda indefinida’.

Aunque sostengo que deberíamos abolir el premio Nobel de Economía, no puedo evitar alegrarme de que se conceda a alguien que busca la verdad lejos de las luces habituales.

Ver también

Liberalismo y feminismo. (Ignacio Moncada).

Así prosperan las mujeres bajo el capitalismo. (Diego Sánchez de la Cruz).

La brecha salarial no existe. (José Carlos Rodríguez).