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Etiqueta: Colapso

Algunas cuestiones disputadas del anarcocapitalismo (LXXXVI): ¿puede colapsar el capitalismo? (II)

La cuestión del posible colapso del capitalismo nos lleva necesariamente a tratar de comprender a la inversa las razones históricas de su éxito y a analizar las condiciones en las que este puede operar. Como señalamos en el artículo anterior, el capitalismo solo puede desaparecer si desaparece de la mente humana la forma en que este funciona. Y mientras subsista en la mente de algún humano, este puede persistir.

Socialismo a pequeña escala, capitalismo a gran escala

Aquí se plantea la primera cuestión, la de si el capitalismo precisa de una escala mínima para poder subsitir. Esto es, aplicando al capitalismo una de las preguntas clásicas del marxismo, si puede existir el capitalismo en un sólo país o precisa de operar a nivel global. El socialismo funciona mejor cuanto más reducida es su escala, pues tiene necesariamente que operar con la disciplina de los precios de mercado mundiales a la hora de asignar los suyos. Y necesariamente tendría que aplicarlos a su comercio exterior. En contraste, el capitalismo funciona mejor cuanto más amplios son los mercados y los espacios que operan bajo este sistema.

Y nada mejor para que la escala ecónomica en el capitalismo opere correctamente que la escala política sea a su vez lo más pequeña posible. Si hacemos caso a Jean Baecheler, el capitalismo habría nacido en la anarquía medieval con decenas o centenares de unidades políticas operando en el pequeño espacio geográfico europeo. La escala propia del capitalismo es la del mundo, mientras que la del socialismo es la de la pequeña escala. Y cuanto más pequeña, mejor. Pues el imperativo del cálculo económico se reduce.

La extensión del capitalismo

Un comuna, monasterio o una familia pueden aplicar el socialismo mejor que un estado mundial que quiera planificar a gran escala. En este caso, quedaría sumido en el caos por falta de precios, o ni siquiera referencias de producción de otros países. Aún así, el capitalismo puede funcionar a escala muy reducida, incluyendo al individuo. Nos lo muestra el ejemplo de Robinson creando sus propias herramientas en una isla aislada, aplicando nada más que el ahorro y el cálculo más o menos intuitivo de la duración de los procesos productivos. Es ejemplo que Eugen Bohm-Bawerk desarrolla muy bien en su excelente (y poco valorado) tratado La teoría positiva del capital.

La historia nos muestra que, en sus orígenes, el capitalismo estaba circunscrito a unas pocas regiones europeas. Especilamente en Falndes, o algunas comarcas inglesas. Desde ahí, básicamente por imitación, fue más o menos rápidamente se extendió a otras partes del mundo. No a todas, pues, como comentamos en el artículo anterior, aún existen vastas regiones del orbe que aún no han adoptado de forma significativa esta forma de entender los procesos económicos. Puede ser porque conservan aún formas económicas precapitalistas, o porque aún mantienen gobiernos con ideologías socialistas o estatistas.

Desde luego que la adopción del capitalismo no debe ser obligatoria ni mucho menos planificada. Pero quien no lo adopte de forma consciente debe asumir las consecuencias. Y de hecho es esta la razón de que haya sido adoptado con rapidez en los países vecinos a los que primero lo adoptaron. Quedarse atrás tenía consecuencias no sólo económicas sino también militares (sus ejércitos quedaban rápidamente desfasados). También sociales, al desatarse migraciones masivas de la fuerza de trabajo atraída por las mejores condiciones laborales y sueldos que traía consigo el nuevo sistema económico.

Capitalismo e imperialismo

Soy consciente de que algunos de los países que adoptaron el capitalismo en primer lugar, como el Reino Unido, desarrollaron políticas imperialistas hacia el exterior y llegaron a dominar vastas extensiones de territorio por todo el mundo. Hoppe señaló en alguno de sus escritos que esto pudo ser una consecuencia no intencionada del capitalismo. Los estados basado en territorios en los que el capitalismo tomó forma fueron más ricos que los que los estados en los que este desarrolló no se dio.

Los estados con una base social capitalista pueden extraer más rentas de sus sociedades al ser estas más ricas y pueden, por tanto, disponer de más recursos y medios tecnológicos para poder conquistar otros territorios. Y esto a pesar de que el capitalismo no sólo no necesita de los imperios sino que estos no dejan de ser un lastre para la correcta evolución del mismo. Como decía el viejo Schumpeter en su genial y olvidada Sociología del imperialismo, el impulso de dominación que caracteriza al imperialismo sería un impulso atávico en el ser humano. Y, de momento, el único sistema económico que ha conseguido suavizarlo sustancialmente es el propio del capitalismo de libre mercado.

Imperialismo y extensión de las ideas

No sólo ha mitigado tal impulso, sino que ha conseguido demostrar que se puede funcionar muy bien en una economía de este tipo, sin poseer ningún tipo de colonia o espacio dominado. Funciona aún mejor sin ellas. Pero dejando este argumento, podría decirse que el imperialismo llevó consigo el sistema capitalista a los pueblos dominados por la fuerza. Como apuntamos en el artículo anterior, el capitalismo es más una tecnología mental que un artefacto material. Y, como toda idea, puede expandirse de muchas formas. Una de ellas es el imperio.

No soy partidario del imperalismo, pero este fue un hecho del pasado y sus consecuencias, la mayoría de ellas negativas, no se pueden borrar de la experiencia humana. El imperialismo también llevo consigo el método científico, los idiomas imperiales y las formas de registrar al pueblo colonizado. También pesos y medidas y muchos otos hábitos y costumbres propios de la metrópoli.

El capitalismo sobrevive en las ideas

El capitalismo, al menos tal y como nosotros lo entendemos, fue uno más de otros hábitos mentales, peor que en determinados pueblos de la tierra, como en algunos territorios del sudeste asiático, fue rápidamente adoptado, quizás porque contaban entre sus hábitos culturales formas semejantes, quizás menos desarrolladas. Que haya sido llevado a la fuerza no lo invalida, como no lo hace con otras formas y prácticas culturales, aunque no sea la mejor forma de llevarlo a cabo.

Esta disgresión viene a cuento porque, sea de una forma pacífica o violenta, las técnicas del capitalismo están ahora presenten en la mayor parte de los países de la tierra. Y, salvo que se eliminen de una forma total, algo muy difícil por cierto, seguirán existiendo. Y tendrán capacidad de transmitirse, aunque sean en una única región o en un único país. El que las conserve, aún en un mundo poblado por ideas socialistas o pre o postcapitalistas, contará sin duda con una gran ventaja. Salvo, claro está, que se invente alguna fórmula económica mejor, que de momento no hay indicios de que haya sido ni siquiera teorizada.

Capitalismo con pocos recursos

Queda expuesto que el el capitalismo no necesita desarrollarse a nivel mundial para poder existir, no lo necesitó en el paso ni lo necesitaría en el futuro. Ahora cabe discutir lo que acontecería en el caso de una grave crisis económica o de disponibilidad de recursos económicos necesarios, como apuntan algunos colapsistas. Lo que acontecería entonces sería bien una situación de escasez de capital o bien de los insumos necesarios. Esto conllevaría una menor producción de bienes y servicios. Pero bajo ningún concepto una crisis del capitalismo como idea.

El capitalismo puede funcionar en escalas inferiores a la del mundo entero, así fue y en buen medida sigue siendo. Del mismo modo, el capitalismo puede funcionar perfectamente con menos capital y menos recursos. Simplemente, el nivel de vida sería más bajo y habría que recomenzar, como ocurre despues de una guerra o una catástrofe, a un nivel más bajo que el de antes. Se sufrirán penalidades hasta lograr alcanzar el nivel de vida anterior.

Sin electricidad ni petróleo

En los comienzos del capitalismo la cantidad de capital disponible era raquítica, pues no se había dado aún el proceso de acumulación que nos permite mantener nuestro actual nivel de vida. Tampoco había, ni mucho menos, la cantidad de recursos de los que disponemos hoy. Estos fueron descubriéndose a medida que avanzaba el proceso capitalista. Los primeros capitalistas solo disponía de madera, carbón y algo de viento y agua para los molinos.

Esto es, la revolución capitalista comenzó y se desarrolló sin electricidad ni combustibles derivados del petróleo. Estas fuentes ólo pudieron tener uso industrial casi cien años después desde que comenzó el proceso de capitalización. En aquellos momentos, la cantidad disponible era de cero unidades. No se sabía ni como extraerlo, ni cómo transportarlo, ni mucho menos cómo transformarlo en un combustible útil. Fue el proceso de capitalización el que con el tiempo descubrió como hacer uso de los recursos y los convirtió en baratos y abundantes auxiliares de la industrialización.

La permanencia de la tecnología

Se nos puede afirmar que un futuro capitalista no podría contar con ellos, al estar estos agotados. Y que esa carencia sea una de posibles causas del colapso del capitalismo. Cabría contraargumentar que no está para nada probado el agotamiento de los recursos que hoy en día consumimos. Pero aún siendo así el capitalismo podría perfectamente funcionar como en el siglo XIX. Con un nivel más bajo de producción, pero con toda la tecnología y conocimiento acumulada durante siglos. Ello nos permitiría descubrir nuevos recursos o explotar formas conocidas, pero hoy no usadas, de obtener energías.

Porque ningún escrito colapsista dice que las tecnologías que sustentan el capitalismo tendrían que desaparecer con él, en caso de este implosionase. Es cierto que algunos pueblos o tribus de pequeñas dimensiones perdieron tecnologías por desaparición física de los expertos. Y por la carencia de registros escritos o electrónicos, como le aconteció a los esquimales con la fabricación de algunos aperos de pesca. Pero nada indica que nuestras bibliotecas o archivos tuviesen que colapsar también. Se podría recuperar el saber acumulado. Es más, el colapsismo hace un buen servicio, al advertir de estos peligros para poder tenerlos en cuenta. Favorecería la descentralización de la acumulación de técnicas y conocimientos. Su papel es también impagable a la hora de pensar y analizar el proceso capitalista, por lo que espero que sigan produciendo buenos textos y haciendo preguntas pertinentes.

Ver también

¿Puede colapsar el capitalismo? (I). (Miguel Anxo Bastos).

Marx y el fin del capitalismo. (Raquél Merino).

Los nuevos Moai. (Fernando Herrera)

Necedades contra el capitalismo. (Francisco Capella).

Algunas cuestiones disputadas del anarcocapitalismo (LXXXV): ¿Puede colapsar el capitalismo? (I)

Desde la aparición del Colapso de Jared Diamond se han publicado numerosos estudios sobre la posibilidad de un colapso del capitalismo por varios factores. Entre ellos destacarían las consecuencias derivadas de un cambio climático extremo o las de rebasar (usando la metáfora de Catton en su libro Rebasados) los límites ambientales y materiales del planeta. Son, en última instancia, los que sustentan el funcionamiento de todo la gigantesca maquinaria de producción que sería el capitalismo. También se alegan factores de tipo político, como guerras o conflictos que bloqueen el comercio. O hay factores biológicos, como una pandemia mucho más virulenta que la del COVID, que podrían lograr efectos análogos.

Las profecías del colapso del capitalismo no son nuevas, pues están plenamente integradas en el pensamiento marxista. Pero no sólo en él, como bien documenta Boldizzoni en su libro Imaginando la muerte del capitalismo. Pretendemos en este breve escrito discutir la posibilidad de un colapso del capitalismo, al estilo del descrito por Ugo Bardi en varios de sus libros. Esto es, de una forma rápida, inesperada y definitiva. A Bardi le gusta mucho citar a Séneca cuando este afirma que las civilizaciones tardan siglos en consolidarse, pero desaparecen en muy poco tiempo. De ahí que denomine efecto Séneca a su propia visión del colapso del capitalismo.

Colapso o extinción

Convendría de todos modos distinguir el colapso de la extinción. La última implica la desaparición de la especie humana de la faz de la tierra en compañía o no de toda forma de vida. El colapso implica el fin de una forma de vida. Si bien afecta a la forma y la calidad de vida de la población, no implica su desaparición. Así nos referimos normalmente a un colapso cuando es una civilización la que se extingue por no poder sostener su nivel de vida y extinción a la desaparición de especies. Ésta puede ser masiva, como las cinco grandes extinciones en la historia de la tierra narradas por Elizabeth Kolbert en La sexta extinción (la sexta sería la que nos amenaza en la actualidad).

La discusión sobre las posibilidades de extinción de la especie humana también ha disfrutado del interés de los académicos y existe una gran variedad de obras, desde las ya clásicas de Isaac Asimov o Martin Rees hasta las más recientes de Nouriel Roubini o Alexei Turchin. En estas obras se debaten desde las amenazas cósmicas o las biológicas hasta las amenazas creadas por un mal uso de la inventiva humana. Desde amenazas nucleares o químicas hasta perversas inteligencias artificiales que a través del control de las claves de las bombas nucleares acaben con la especie. O sofisticados robots programados para acabar con los humanos.

Ciancia ficción vs. Complejidad

La mayoría de estas posibles mega amenazas, por usar el concepto de Roubini, son aún ciencia ficción. Pero nos muestran la capacidad de inventiva de los expertos a la hora de prever posibles daños existenciales para la especie. Y, sobre todo, para poder evitarlos en caso de que se pudiesen dar. La cuestión es que la extinción afectaría, cómo no, al capitalismo. Pero también al socialismo o al mercantilismo o a cualquier otro sistema económico concebido o por concebir al quedar extinta la acción humana. De ahí que en este texto lo que se analizará será el colapso de la civilización actual. Esto es, el de la civilización capitalista occidental.

Normalmente, los estudios sobre colapsos se refieren al fin abrupto de civilizaciones muy complejas. Es esa complejidad, en opinión de Joseph Tainter estudioso de la complejidad social y sus riesgos existenciales, la misma causa de su repentina desaparición. Algo semejante propone Jared Diamond en el que quizás es el libro más célebre sobre el tema, un grueso volumen titulado como Colapso. Mantener un sistema político o social es más costoso cuanto más sofisticado es. Y, por tanto, de faltar la energía o la vitalidad económica para sostenerlo, el derrumbe es inevitable, y aparentemente muchos tipos de eventos pueden causarlo.

Popper contra Spengler

Estos eventos pueden ser una peste, como las que azotaron el imperio romano tardío, enfriamientos o calentamientos climáticos. Por ejemplo, volcanes que afecten el ciclo de las cosechas. También puede tratarse de crisis económicas o de abastecimientos. Y, por supuesto, guerras o conquistas por otros pueblos más belicosos o mejor dotados para la guerra.

Muchos han sido los autores que han indagado sobre el auge, la caída de las civilizaciones. Desde los primeros estudios de Gibbon sobre la decadencia de Roma hasta autores contemporáneos como Carroll Quiguel a Shepard Clough . Han llegado a elaborar teorías sobre los ciclos de las civilizaciones. Es el caso de Pitirim Sorokin en su Dinámica social y cultural u Oswald Spengler en La decadencia de Occidente. Pero un buen lector de Popper no se dejará llevar por el atractivo de las teorías deterministas de la historia. Y comenzará a indagar sobre las causas del éxito o fracaso de cada una de ellas.

Imperialismo vs. Capitalismo

En cualquier caso, si bien declive de una civilización puede tener también causas económicas, no son estas las únicas que explican su fracaso. Por eso conviene distinguir entre el declive de civilizaciones o imperios con base económica capitalista y el colapso del capitalismo como sistema. Se puede discutir si el declive de los imperios europeos puede considerarse o no un colapso. Yo creo que no, pues precisamente fue el capitalismo el que salvo del colapso a las potencias europeas al perder sus imperios.

Si bien perdieron poder civilizador e influencia política mundial, no vieron alterada sustancialmente su forma de vida. Es más, en los que se refiere a prosperidad y producción mejoraron con respecto a la época anterior a la caída. Capitalismo e imperialismo son conceptos que no se llevan especialmente bien, aunque nos hagan creer lo contrario. Ni una sola potencia europea de los siglos XIX y XX se derrumbó económica o socialmente tras la pérdida de sus colonias. Es más, comenzaron periodos de gran prosperidad que duran hasta hoy.

El capitalismo no puede colapsar

Son varias las razones que permiten explicar por qué el capitalismo como sistema económico no puede colapsar. La primera es que lo que se entiende como capitalismo no es más que la expresión de una idea, una tecnología mental. Igual que no podemos acabar con la ciencia, que es otra tecnología mental que consiste en observar los fenómenos naturales, usando un método, destruyendo los laboratorios, no podemos acabar con la idea de capitalismo. Es una idea que consiste en abordar los fenómenos económicos siguiendo una serie de cálculos y reinversiones sistemáticas del ahorro siguiendo principios de beneficio y pérdida, con la mera destrucción de sus instituciones.

Bastaría con que sobreviviese en alguna parte o se conservasen sus principios para que con el tiempo volviese a aparecer. Habría que destruir toda la memora humana del funcionamiento, incluidos libros y material audiovisual de este sistema, para poder erradicarlo. Y eso no sólo es prácticamente imposible, sino indeseable. Sería necesario un control totalitario de las mentes y la memoria. Sería una forma política totalitaria hasta extremos desconocidos y sobre todo a nivel mundial. Ni la URSS o la China de Mao pudieron hacerlo en su momento. Ni siquiera en su propio país, como se vió por su resurgir al suavizarse o caer el régimen comunista.

Un sistema descentralizado

Además, el capitalismo no es un sistema centralizado. Muchos anticapitalistas, quizás por aceptar su propia propaganda, piensan que el capitalismo es un sistema controlado por un pequeño grupo de banqueros y oligarcas. La idea es que gracias a su dominio de las políticas de los grandes estados imperiales pueden decidir el funcionamiento económico del mundo. Si se consiguiese de alguna forma acabar con el poder de estos plutócratas, el capitalismo se derrumbaría sólo. Aquí radica otros de los factores que hacen al capitalismo tan resiliente, el hecho de que no cuenta con una sola cabeza que colapse y derrumbe el sistema.

Un imperio o una civilización imperial, al ser entes políticos, sí que acostumbran a estar dirigidos por una pequeña élite política. De ahí que cualquier circunstancia que afecte a esta élite puede ser causa de colapso. Los conquistadores españoles de los imperios americanos los sabían bien y por eso pudieron destruir y conquistar en pocos meses gigantescas civilizaciones. No pudieron con pueblos anarquistas como mapuches o apaches.

Policentrismo vs. Centralismo

Podrían darse por circunstancias particulares un colapso capitalista en algunos territorios concretos. Pueden sucumbir por alguna guerra, catástrofe natural o por un cambio de régimen político. Pero es muy difícil que se dé en todos los territorios del mundo a la vez. Recordemos que el capitalismo no nació a nivel mundial y de forma sincrónica en todo el mundo. Se desarrolló en algunas regiones concretas de Europa occidental y luego se expandió al resto del mundo por imitación una vez constatadas sus ventajas. De hecho, no se puede decir, frente a lo que también muchos piensan, que el capitalismo abarca a día de hoy todo el planeta tierra. Existen muchos territorios a los que esta forma de entender la producción y la inversión aún no ha llegado. O, si lo ha hecho, es de muy forma aún muy incipiente.

El problema es que muchos críticos contemporáneos del capitalismo parecen pensar, o eso se deduce de sus escritos, que todo lo que no es socialismo, sea marxista o del siglo XXI, está dominado por las horribles fuerzas del capitalismo. Si el capitalismo nació y se desarrolló en sus inicios en pequeños espacios europeos, es precisamente porque este continente debido a su fragmentación política permitía este tipo de ensayos de nuevas formas económicas. Hoy día Europa está dominada por la centralista Unión Europea. Este tipo de ensayo de nuevas formas no sería posible.

Quiere decirse que el capitalismo es capaz de sobrevivir perfectamente en un sólo país y de ahí extenderse. Un colapso del capitalismo tendría que ser, como en el argumento anterior, también mundial, sin que quedase un sólo espacio para que pudiese sobrevivir y desde ahí volver a extenderse.

En la segunda parte de este ensayo abordaré otras razones de corte político y económico que explican la supervivencia del sistema capitalista frente a las recurrentes advertencias de su final inmediato.

Ver también

Marx y el fin del capitalismo. (Raquél Merino).

Los nuevos Moai. (Fernando Herrera)

Necedades contra el capitalismo. (Francisco Capella).