El ‘Economist’ y el Estado
Demostró que sin Estado sí puede haber educación básica barata y de calidad.
Demostró que sin Estado sí puede haber educación básica barata y de calidad.
Demos gracias, pues, al mercado y a la libertad, en estos días tan significativos. El capitalismo moderno, abierto y competitivo, como se ha dicho, es una prodigiosa máquina de hacer pan. Para los que lo tienen, claro.
A lo que debemos tender es a un mercado libre, competitivo y sin prebendas estatales: un mercado donde las pequeñas empresas que sean buenas puedan hacerse grandes y las grandes empresas que sean malas terminen cayendo y desapareciendo.
Resultan llamativas las críticas contra las empresas que consiguen romper los precios de oligopolios o mercados muy maduros en los que ningún analista preveía innovación alguna.
La liberalización comercial manejada más o menos en secreto por políticos y burócratas es cualquier cosa menos el ideal
A los colegios públicos de EEUU les cuesta 15.000 millones de dólares anuales enseñar inglés. A Duolingo, que llega a más población, 3 millones con un servicio gratuito.
Lo que hizo España en América fue muy similar a lo que había hecho Roma en la vieja Hispania milenio y medio antes
La soberanía del consumidor es un constructo de la cataláctica, propia de un entorno de intercambios libres en un mercado monetario. Pero ¿esto es lo habitual?
A pesar de las limitaciones e inconsistencias, el Índice de la Libertad Humana o el World Justice Project nos dan cuenta sobre el estado de la libertad y la Justicia en el mundo.
Hoy se reconocen el derecho y el deber de proteger a las víctimas. Cerrarles la puerta es una vileza. Es la hora de la compasión.