Ir al contenido principal

Etiqueta: Comercio globalización y desarrollo

El tiki-taka alemán

Los detalles técnicos los dejó para más adelante. A nadie se le escapaba que precisamente esos detalles técnicos eran, como se suele decir, la madre del cordero.

El órdago Monti-Rajoy

Veinte días después, las portadas de todos los periódicos se hacían eco del triunfo del tándem Monti-Rajoy quienes, en la cumbre europea, habían conseguido que Ángela Merkel cediera y aceptara que las ayudas se concedieran directamente a la banca española, y no al gobierno español. Además la deuda con el EMS no tendría prioridad frente a las demás deudas españolas por lo que la prima de riesgo no tenía por qué deteriorarse.

Las cuestiones de procedimiento siempre son espinosas, pero cuando se trata de transferir tantos miles de euros a un país cuyo sistema bancario está quebrado, en gran parte, debido a la ineptitud y falta de coraje de sus gobernantes, el procedimiento es una cuestión vital. Por eso, a algunos se nos enarcaba una incrédula ceja al leer en titulares que Rajoy aseguraba que no habría contraprestaciones. Cierto es que la tajante afirmación de Merkel: "No hay prestación sin contraprestación" sonaba a "Te vas a enterar". Como cuando tu madre te dice "Perfecto. Si no te gustan las lentejas no las tomes". Uno se va a la cama sin cenar pero con la sensación de que ha conseguido que su madre ceda a los caprichos culinarios de uno. Sin embargo, Merkel y la madre de una son duras de pelar.

El procedimiento habitual

Lo que sabíamos todos es que la línea de crédito se concedería a la banca en una operación vigilada por un supervisor único por determinar y, que hasta que se decidiera quién iba a ocupar esa función, las ayudas llegarían a través de los mecanismos que existen. De momento, éstos son el EFSF, es decir, el fondo temporal, y el EMS, que es el mecanismo europeo de estabilidad que entrará en funcionamiento a finales de año.

Rajoy se fue a ver ganar a la selección de fútbol, los mercados nos dieron dos días de respiro y la prima de riesgo se relajó un poquito. Pero, al cabo de cuarenta y ocho horas, la tensión volvió a los titulares de los periódicos salmón y a nuestras vidas. No era explicable. El gobierno recibirá ahora fondos que serán devueltos por la banca al FROB con los fondos que, a partir de fin de año, le transferirá el EMS. ¿Por que la alteración de los mercados?¿qué estaban descontando?

El truco de Merkel: las lentejas de desayuno

Era difícil imaginar que Merkel iba a traicionar su mantra vital: solidaridad sí, pero con control. ¿Cómo conseguir controlar a los díscolos Monti y Rajoy que se negaban a pasar por el aro? Tocando la zona sensible al tercero en discordia: Francia. Hollande, que aprobó desde la distancia el plante hispano-italiano, y que sigue formando parte del eje franco-alemán, base de la zona fuerte europea, no puede tolerar que haya una autoridad exclusivamente alemana, sin que algún francés de pro participe dejando patente que la grandeur francesa es más grandeur que nunca. Y ese es el truco alemán: resulta que para que la banca española reciba fondos, Francia y Alemania han de ponerse de acuerdo respecto a quién es el supervisor único. Mientras no sea así, España ha de esperar.

La semana pasada Holanda y Finlandia amenazaron con salirse del euro si no se ponían las cosas en su sitio: el sistema monetario europeo no es un medio para que los derrochadores se paguen las juergas. Además, Alemania explicó que sintiéndolo mucho, no se darían detalles económicos de nuestro rescate porque los informes no estarán hasta finales de julio. Y esta gente no toma decisiones sin cifras fiables en la mano.

Lo que hay de fondo es un problema de liderazgo europeo. Igual que mi madre me ponía las lentejas para el desayuno, para la siguiente comida, para la cena… hasta que las comiera, Merkel ha tensado el acuerdo con Francia respecto al supervisor y mirando a Monti-Rajoy a los ojos les ha explicado que no habrá dinero para la banca española hasta el año que viene. Es como el tiki-taka futbolístico, la pelota pasa de un pie a otro hasta que el tiro está claro. Y Merkel ha metido gol.

Mientras no haya acuerdo, el dinero lo recibe el gobierno a través del FROB, y de esa forma habrá solidaridad pero con control, porque el responsable último de lo prestado al FROB es el reino de España. Rajoy no puede exponerse tanto. Va a tener que bajarse del árbol de la tibieza y tomar medidas radicales. Anunciadas están. Veremos si cumplen las expectativas o no.

¿Por qué debe permitirse abrir en festivos?

Porque el Estado carece de legitimidad para prohibir a un propietario trabajar cuándo y cómo él crea preciso. Un comercio, ya sea grande o pequeño, implica la asunción de un riesgo individual. El genuino emprendedor ni recibe ni espera ayuda de nadie más allá que de sus propios clientes, a quienes trata de servir. En el caso del comercio y la hostelería el mejor servicio que se puede ofrecer a la clientela es tener el establecimiento abierto.

No es el Estado el que arriesga su dinero, sino el emprendedor. Es absurdo y propio de países dictatoriales que los legisladores, que no han arriesgado un céntimo en su vida, se arroguen la capacidad de decidir cuándo el comerciante puede producir. De igual manera que sería impensable que el Gobierno se metiese en los horarios de una fábrica o una oficina, también debería serlo que lo haga en los de un comercio.

Porque los consumidores ganan. Los horarios de compra no deberían venir marcados por el capricho de un burócrata o por las presiones de los competidores ineficientes, sino por los propios consumidores. Son estos, y nadie más, quienes deciden cuándo acuden a hacer compras. Obligar a los comerciantes a cerrar sus tiendas es, por lo tanto un inexplicable atentado contra la libertad de comercio.

Los consumidores quieren comprar todos los días del año, y sirvan como muestra los buenos resultados de los domingos y festivos “de permiso” en comunidades como la de Madrid. La liberalización parcial no se ha traducido, como argumentan los críticos, en un “desierto comercial”, sino todo lo contrario. Madrid tiene más actividad comercial que nunca, hasta el punto de que sus tiendas y restaurantes se han convertido en uno de los principales activos económicos de la ciudad y en una fuente de riqueza ineludible para la economía local. En el otro extremo se sitúan las comunidades más restrictivas con los horarios, lugares donde domingos y festivos las calles de las ciudades devienen auténticos desiertos urbanos.

Porque favorece la actividad económica. El sector del comercio es especialmente dinámico en un país como el nuestro. No es casualidad que las ciudades más comerciales sean, a su vez, las más prósperas de España. El comercio minorista es de capital importancia en la economía de áreas turísticas y grandes ciudades. España es un país turístico con una tasa de urbanización que supera el 80%. Poner trabas al comercio es ponérselas al desarrollo económico, un lujo que, en estos momentos de zozobra, no podemos permitirnos.

Porque premia el esfuerzo y penaliza la pereza. Las leyes de limitación de horarios comerciales nacen de la presión de competidores ineficientes para castigar a los eficientes. Un país que perpetra semejante “crimen”, típico, por lo demás, de los regímenes totalitarios de corte comunista, va directo al abismo. Es el empresario y no el burócrata quien asigna los factores para hacer rentable un negocio y, con ello, beneficiar a toda la sociedad.

Así, para muchos empresarios dedicados al comercio minorista uno de los factores de diferenciación fundamentales es la disponibilidad, de la misma manera que para otros será el inventario, la especialización o la atención personal. Es el dueño del comercio quien debería decidir qué tipo de negocio quiere regentar en función de la demanda, y no de las arbitrarias decisiones de un político o, peor aún, de un competidor incapaz pero con capacidad de presión para imponer su voluntad.

Al borde del colapso por los errores de Rajoy

El principal responsable de esta situación es Mariano Rajoy, quien en lugar de cambiar el rumbo de la política económica tras su llegada a Moncloa hace seis meses, ha agravado la situación manteniendo una línea continuista y cometiendo enormes errores en la consecución del equilibrio presupuestario, las medidas para reactivar el crecimiento y la reestructuración de la banca.

El primer error garrafal llegó cuando el presidente mandó a Soraya Sáenz de Santamaría a anunciar el 30 de diciembre de 2011 una brutal subida de impuestos para reducir el déficit. La subida del IRPF fue tan fuerte que nos colocó a la cabeza de la represión fiscal en Europa, desincentivando enormemente el esfuerzo adicional de nuestros trabajadores más competitivos, que era una de las claves en las que confiar la recuperación. Junto al mazazo de la renta vino el subidón en el impuesto sobre el ahorro y la inversión, que el gobierno situó en el 27%, espantando a ahorradores e inversores, nacionales y extranjeros. La alternativa a este intento de tapar el déficit asfixiando a las personas que aún producían valor era plantearle a la ciudadanía que había funciones de las que hasta ahora se ocupaba el Estado que no eran fundamentales que serían traspasadas a la sociedad civil. Todo el mundo hubiera entendido ese recorte vertical con podadora. Sin embargo, Rajoy se empeñó en prometer que el Estado seguiría desarrollando todas sus funciones actuales y que el equilibrio se lograría combinando recortes horizontales con tijerillas de uña y enormes vueltas de tuerca impositivas.

Para reactivar el crecimiento el Gobierno se limitó a realizar una reforma laboral que, si bien iba en la dirección correcta, no permitió el descuelgue automático de los convenios colectivos, el gran generador de rigideces en nuestro mercado de trabajo. Más allá de este intento de llevarse bien con ángeles y demonios, el Gobierno confió el crecimiento económico a las ventanillas de redescuento del Banco Central Europeo y a la labor de unos emprendedores que no necesitan más subvenciones del ICO sino menos trabas para lanzar y desarrollar sus ideas de negocio. Alternativamente, el Gobierno debió acometer, además de una reforma laboral más ambiciosa, una verdadera poda de restricciones a la creación y al funcionamiento de las empresas que protegen a grupos privilegiados, una reducción de tasas e impuestos a la inversión y una liberalización completa pero sencilla y rápida de mercados tan variados como el educativo y el energético. España no crecerá si no genera valor a ojos de los demandantes del mercado global y eso no sucederá hasta que mejoremos nuestra competitividad.

Por último, al Gobierno le quedaba reestructurar el sector financiero y evitar una liquidación desordenada de bancos y cajas insolventes. Aquí el Ejecutivo optó también por el continuismo, elevando poco a poco las exigencias de fondos propios y esperando a ver si las numerosas entidades zombies del sector financiero lograban recapitalizarse soltando lastre al tiempo que seguían financiando al Estado y usando los bonos como colateral para obtener nuevos préstamos del BCE con los que nuevamente comprar bonos. La esperanza parecía estar puesta en que mientras tanto se presentara el Ángel de la Guarda a darle más valor a los activos tóxicos. Así llegó el día en el que la contabilidad creativa de algunos bancos no dio para más y el Gobierno se vio en la necesidad de rescatarles. Sin embargo, el Estado no tenía recursos para hacerlo, por lo que pidió a la Unión Europea que le rescate para él poder rescatar al sector financiero.

En esencia, el rescate anunciado el sábado pasado consiste en que Alemania y otros países le prestan a España el crédito y la liquidez que nuestro país ya no tiene. Esa liquidez sería inyectada en los bancos con problemas para dotarles de un capital con el que reestructurar la entidad. De este modo se evitaría una quiebra desordenada. Sin embargo, de nada sirve la liquidez europea si no se ha solucionado el problema del crecimiento ni el del gasto público. España debe ahora más dinero por un préstamo recibido en buenas condiciones –pero cuya devolución requiere de una mejoría de la economía– para rescatar a una banca que a su vez está rescatando al Estado. En otras palabras, hemos intentado solucionar un problema de hiperendeudamiento tirando de más deuda sin tener claro cómo vamos a devolver ese préstamo ni todo lo que nos han prestado antes.

La alternativa era llevar a cabo una reestructuración del sistema financiero al estilo de las que se realizan en el resto de los sectores empresariales: en lugar de rescatarlas desde fuera, hacerlo desde dentro y así no incrementar la losa de la deuda.

El Gobierno podía haber exigido un canje de bonos y deuda de alto riesgo por acciones. Así, parte de la deuda de los acreedores de las instituciones financieras que están al borde de la quiebra se hubiera hubiera convertido en fondos propios de la entidad, saneando el balance sin afectar negativamente a la deuda pública ni al ráting y dejando a las instituciones en condiciones de reanudar sus labores crediticias.

Apenas cuatro días después del no-rescate que desató la euforia entre los prestidigitadores de palacio, las agencias crediticias rebajan la calificación del Reino de España a un paso del bono basura y el rendimiento del bono toca el insoportable nivel del 7%, con un diferencial de 550 puntos básicos frente al bono alemán. Tras el no-rescate, que según De Guindos no era más que una generosa ayuda por la que debíamos dar botes de alegría y aplaudir con las orejas, España se encuentra al borde del colapso financiero, una situación que no puede entenderse sin los errores de Rajoy y su equipo. La nota positiva en medio de este oscuro panorama es que quizá aún estemos a tiempo de recapitalizar la banca con cargo a sus propios medios, liberalizar de un plumazo gran parte de la economía y recortar verticalmente el gasto público en un gran ejercicio de rediseño del Estado. Eso o la quiebra. Rajoy elige.

América Latina, cada vez más bipolar

Democracia liberal vs socialismo del siglo XXI. Esas parecen, actualmente, las etiquetas de los sistemas políticos latinoamericanos. En el medio existe un grupo de países (El Salvador, Honduras, Guatemala) que desea ver cómo su Estado de Derecho echa raíces, aunque para ello tienen que superar algunas deficiencias, casi crónicas, de naturaleza estructural.

Asimismo, de un tiempo a esta parte hemos visto como los integrantes del socialismo del siglo XXI no aumentan en cuanto a su número de integrantes. Son los mismos actores de siempre: Cuba y Venezuela de principales, con Bolivia y Nicaragua de "orgullosos" secundarios. Ecuador, en breve, será principal puesto que los pasos que viene dando Correa son de gigante, persiguiendo a la prensa y amedrentando a la oposición, sin olvidar que se ha convertido en el mejor embajador del Castrismo.

Sin embargo, este grupo, además de no haber logrado que otras naciones se sumen, se está encontrando con que los petrodólares de Caracas no llegan con la misma fluidez de antaño puesto que los problemas de financiación también asolan al mecenazgo chavista. Por ello, no debe sorprendernos que a partir de este momento, actores extra-regionales, caracterizados por su relativismo y por una curiosa concepción de la soberanía nacional, cobren protagonismo.

Uno de ellos es, evidentemente, China. Nada nuevo. Pekín desea afianzar su capitalismo de Estado o más bien, su capitalismo con pies de barro, más allá de Asia y de Asia Pacífico. Sin exigirle demasiado a cambio (en forma de respeto de los derechos humanos, por ejemplo), los gobiernos, no sólo de América Latina, quieren mantener lazos con Hu Jintao. Muchos no dudan en compatibilizar este deseo de alianza comercial con echarse las manos a la cabeza cuando se ven imágenes de cómo trata el comunismo a los monjes budistas…

Otro es Rusia. Durante la dictadura comunista (Stalin, Kruschev, Breznev, Chernienko, Andropov…) a la oposición se la silenciaba…ahora se la reprime por la fuerza. Entonces no había elecciones, ahora sí pero como diría un castizo "de aquella manera". Vladimir Putin lleva tiempo haciendo incursiones en América Latina, lo mismo que siendo interesadamente contemporizador con determinados regímenes liberticidas, como el sirio.

Finalmente, y no por ello menos importante, tenemos a Irán. Ahmadineyad ha encontrado un filón en el socialismo del siglo XXI con el que comparte desprecio hacia la democracia liberal y lenguaje anti-norteamericano. Además, los socios albistas de Teherán avalan su programa nuclear con la pueril justificación de que tiene derecho a llevarlo a cabo. Esta forma de pensar ha tenido sus recompensas. Así, el número 2 del gobierno iraní, Alí Saeidlo, visitó Cuba y Nicaragua hace escasas semanas, con la chequera dispuesta a repartir prebendas en La Habana y Managua.

Mientras todo ello acontecía, "la otra" América Latina, la que defiende la democracia, sin dar tanta publicidad, avanza a pasos agigantados. El último gran ejemplo es la Alianza del Pacífico integrada por Méjico, Colombia, Perú y Chile. Todos ellos son conscientes de que las "viejas organizaciones" de integración latinoamericana, especialmente MERCOSUR, atraviesan una parálisis con visos de ser crónica, sin olvidar que otras, como la OEA, se decantan más por los gestos que por la resolución de los problemas, como puso de manifiesto la última Cumbre celebrada en Cochabamba.

La importancia de esta iniciativa trasciende lo comercial, cuyo éxito parece asegurado, y enlaza directamente con un concepto que algunas naciones de América Latina han olvidado en los últimos tiempos: la seguridad jurídica. Perú, Colombia, Méjico y Chile son socios fiables en los que invertir, cuyos gobiernos no emplean las nacionalizaciones como herramienta de legitimación ante sus ciudadanos, lo que sin duda alguna repercutirá positivamente en su crecimiento frente a lo que viene sucediendo, y es probable que se acentúe, en Argentina, Bolivia, Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Cuba. Lo dicho: cada está más claro que hay dos Américas Latinas, con más diferencias que semejanzas.

¡Willkommen, Frau Merkel!

Mayo del 45. Después de seis años de guerra, la más devastadora que jamás haya conocido la humanidad, el experimento nacionalsocialista llevado a cabo por un cabo austriaco iluminado ha concluido con las tropas aliadas ocupando el corazón del Reich de los Mil años, con Alemania dividida en cuatro zonas de ocupación, con las ciudades reducidas a escombros, con cientos de miles de refugiados. Alemania está postrada, arruinada… nunca ninguna sociedad había sufrido tal grado de devastación…

Cinco años después, Alemania del Oeste estaba en marcha, diez años después la RFA volvía a ser una gran potencia económica. Alemania resurgía de sus cenizas. Se había producido el Wirtschaftswunder: el "Milagro Económico Alemán".

¿Cómo fue posible? ¿Cómo la Alemania destrozada por la guerra pudo en el plazo de unos pocos años volver a ponerse en marcha? ¿Cómo se produjo el Milagro?

Para muchos, la respuesta radica en el Plan Marshall. Gracias a él, millones de dólares americanos se vertieron sobre la destrozada Alemania, un estímulo "keynesiano" que volvió a poner en marcha la economía… Sin duda, el perfecto ejemplo, un ejemplo que encaja perfectamente con las ideas "estatistas", planificadoras e intervencionistas, y que es el paradigma del éxito de la intervención del estado en la economía.

Así, la historia oficial nos cuenta cómo, después de haber dirigido el esfuerzo bélico aliado hasta la victoria, el General George Catlett Marshall, el "organizador de la victoria" como le denominó Winston Churchill, se puso a los mandos de un vasto plan de inyección de dólares en la arrasada Europa, que estimuló la economía y permitió a las sociedades europeas de este lado del Telón de Acero recuperarse.

(Excepto a una de ellas, que, debido a sus previas simpatías con el Eje, fue dejada de lado…).

Luego ¿qué es lo que hace falta para sacar a Europa, y muy concretamente a España, de la situación económica en la que estamos? Rubalcaba tiene la respuesta: Un nuevo Plan Marshall, pero esta vez pagado no con dólares americanos, sino por euros alemanes.

Realmente hay paralelismos entre ambas situaciones. Así, la devastación causada por los bombarderos de la VIII Fuerza Aérea o los saqueos por parte del Ejército Rojo puede ser comparable desde el punto de vista económico con las medidas tomadas durante los ocho años en los cuales el ahora líder socialista formó parte del gobierno de otro iluminado.

Y, lógicamente, un nuevo plan, en este caso un "Plan Merkel" sería la solución…

Pero se parte de un error de base… El Plan Marshall, salvando las distancias a su favor por basarse en moneda fuerte y ahorro real americano, en vez del nuevo plan, que se basaría en aumentar la deuda global europea…, NO funcionó.

El Plan Marshall no rescató a Europa, no relanzó la economía. Sin duda, la entrada masiva de leche en polvo americana vino muy bien a una población hambrienta…, pero lo que realmente volvió a poner a Alemania Occidental en pie fueron las medidas económicas que Adenauer y su Director de Economía, Ludwig Erhard, impusieron a Alemania. A saber, una moneda fuerte, liberalización económica, disciplina fiscal, en resumen, pura ortodoxia económica. Unas medidas que fueron duras, que contaron con el rechazo inicial de importantes sectores del pueblo alemán, que de hecho en una primera etapa vio cómo dichas medidas empeoraron su situación, pero realmente sanearon la economía y pusieron a Alemania a trabajar.

Porque los megaplanes, ya sean los quinquenales de Stalin, los cuatrienales de Hitler, el Gran Salto Adelante de Mao, la Gran Sociedad de Lyndon B. Johnson o, a un nivel más cutre y cercano el Plan E de Zapatero, siempre han sido desastrosos para sociedades donde se han puesto en práctica, generando, desde déficits astronómicos hasta hambrunas, desde bolsas de pobreza y marginación permanentes hasta asesinatos masivos…

Y la razón es evidente. Nadie sabe cómo manejar la economía de una sociedad compleja, un sistema caótico que se autorganiza mediante los miles de millones de decisiones individuales que todos y cada uno de nosotros tomamos persiguiendo nuestro propios, y únicos legítimos, intereses, basándonos en la única información real que tenemos, siempre incompleta que es el sistema de precios (y que el Estado se encarga de distorsionar y falsear…).

Marshall era un gran general… y fue capaz de cumplir un único objetivo, derrotar al Eje, mediante lo que, de nuevo, Winston Churchill denominó "la aplicación correcta de una fuerza arrolladora". Pero ni él ni nadie pueden aspirar a hacer lo mismo en un sistema, repito, inherentemente caótico e hipercomplejo…

Así que, en fin, mejor que vestirnos de toreros y bailaores de flamenco y preparar pancartas con "Willkommen, Frau Merkel". Quizá, de una vez por todas, los españoles deberíamos empezar a pensar en trabajar en serio.

El crecimiento económico de América Latina y Asia Pacífico: más cautelas que razones para el optimismo

Europa y la Unión Europea sufren. Paro, decrecimiento económico y ausencia de un modelo claro que seguir y sobre el que haya consenso son algunas de las características que sobresalen en los últimos años. La "Vieja Europa" se debate, en ocasiones contra sí misma, para mantenerse como un espacio competitivo y atractivo.

Mientras tanto, América Latina crece (si bien de forma desigual) y China se transforma en socio comercial prioritario de occidente. Ambas regiones hablan de que este es "su siglo", aunque tal afirmación se hace desde una órbita estrictamente comercial y que no difiere substancialmente de los objetivos perseguidos por organizaciones históricas que unen ambas orillas del Pacífico como la APEC.

En ningún caso queremos teorizar en las siguientes líneas sobre conceptos tan vacuos y retóricos como "nuevo orden mundial". El objetivo es más modesto: nos proponemos romper una lanza a favor de Europa, describiendo algunos hándicaps que sus rivales/socios presentan actualmente y que hace que ese crecimiento económico cuantitativo haya que ponerlo en cuarenta, especialmente si miramos a medio y largo plazo.

Con respecto a América Latina, la dualidad democracia liberal vs regímenes populistas se mantiene, pese a que éstos últimos no han crecido en cuanto a número de gobiernos (Cuba, Nicaragua, Ecuador, Bolivia y Cuba, a los que bien podría sumarse Argentina). En todos ellos, sus gobernantes atraviesan por problemas con aumento de los descontentos sociales puesto que, si por algo se caracteriza el populismo, es por generar elevadas expectativas de cambio en la sociedad que luego es incapaz de cumplir, debido la aplicación de recetas económicas fallidas (expropiaciones, monopolio del Estado) combinadas con amenazas a la oposición (dentro de la cual no se sólo se integran partidos políticos sino también organizaciones y movimientos que representan a la sociedad civil).

Venezuela es el gran ejemplo. Mecenas de todos esos regímenes liberticidas, al más puro estilo del comunismo soviético, la nebulosa se ha instalado alrededor de la salud de su presidente. Más rumores que hechos tangibles. El próximo 7 de octubre celebrará elecciones y la presencia o no de Chávez en las mismas condicionará el resultado final.

Esto demuestra el carácter personalista y caudillista que la política tiene en América Latina que más que ligada a un proyecto lo está a un nombre propio. Se trata de una afirmación plenamente fundamentada: los sondeos le son favorables al opositor Capriles Radonsky siempre y cuando su rival no sea el actual Presidente.

Por su parte, las democracias consolidadas en la región acometen retos, buscando la resolución de los mismos siguiendo los mecanismos del Estado de Derecho. Colombia y Perú afrontan la lucha contra el terrorismo de las FARC y de Sendero Luminoso respectivamente, cuya presencia es una amenaza para la estabilidad interna. Chile vive momentos de agitación con la comunidad estudiantil desafiando a Sebastián Piñera desde postulados de (ultra)izquierda que en última instancia buscan más desestabilizar que generar políticas productivas.

Estas democracias consolidadas han aumentado la intensidad de sus relaciones comerciales con los países de Asia y Asia Pacífico. Va a ser complicado, por no decir imposible, que Colombia, Brasil o Chile hagan objeciones a la forma bajo la que China o Birmania "gestionan" los derechos humanos. Tampoco es probable que enfaticen en exceso el rol que Corea del Norte juega en la región, más allá de declaraciones estrictamente genéricas.

En definitiva, se constata que Asia y particularmente Asia Pacífico, se están convirtiendo en el centro de gravedad de la economía lo que parece dejar en un segundo plano que realidad social y política de esos países presenta visibles anomalías estructurales, sin olvidar la pervivencia de conflictos históricos (India vs Pakistán) o que muchos de los países de la región están llevando a cabo agresivas políticas de rearme caracterizadas por su opacidad.

Una dictadura singular

El análisis de la historia y progreso modernos de Singapur es sorprendente. Pasó de ser una isla atrasada y sin apenas recursos en los inicios de los años 50 a convertirse en la actualidad en un importante centro industrial, comercial y financiero del sudeste asiático. Por ironías del destino, en el mismo año 1959, dos jóvenes abogados se hicieron con el gobierno de dos islas ubicadas entre sí en las antípodas: en febrero, Fidel Castro tomó las riendas de la próspera y extensa Cuba y en junio, Lee Kwan Yew, las de la subdesarrollada y pequeña Singapur. Ambos ejercieron el poder dictatorialmente pero con efectos dispares.

Tras su descolonización del imperio británico (1963) y ulterior anexión a la federación malaya, Singapur fue pronto expulsada de la misma al negarse Lee Kwan Yew a otorgar privilegios especiales a los malayos. El islote, al adquirir su independencia definitiva en agosto de 1965, tuvo que dotarse de unas fuerzas armadas propias y desligarse de la unión monetaria malaya. A diferencia de lo que pasó en Cuba, que apostó por la autarquía y por una relación privilegiada con un solo proveedor (la URSS), la pequeña ciudad-estado asiática no tuvo más remedio que, pese a su reciente soberanía, desechar el insensato proteccionismo y derribar unilateralmente cualquier barrera comercial frente a los demás países.

Desde entonces, su economía ha logrado grandes avances reconocidos por todos los analistas. Esta punta de la península malaya tiene sólo una superficie de 700 Km. cuadrados con 5 millones de habitantes, lo que da una gran densidad poblacional. En 1960 su ingreso per cápita fue de 428 USD; en 2011 ha superado los 50.000 USD (muy por encima del Reino Unido, su antiguo colonizador). Sin apenas agricultura ni agua potable, una feliz combinación de otros factores como seguridad jurídica, apertura comercial, impuestos livianos, bajo riesgo de expropiación, flexibilidad laboral, cumplimiento de contratos, cauta regulación gubernamental, estabilidad macroeconómica, sólidas políticas monetarias y avanzadas infraestructuras, ha desembocado en una eclosión de su productividad y competitividad. Su gasto público ronda sólo el 15% del PIB, menos de la mitad de la media de los países de la OCDE. En 2010 tenía una tasa de inflación del 3% y un 2% de tasa de desempleo.

La legislación en Singapur está además volcada para favorecer la actividad económica y el asentamiento de empresas extranjeras; ha sido un polo de atracción para multinacionales e inversores de todo el mundo. Existe una intensa competencia entre empresas patrias y extranjeras. Los puestos gerenciales son muy codiciados al estar altamente remunerados. Los funcionarios son generalmente cualificados; muchos de ellos son obligados a trabajar temporalmente en el sector privado. La corrupción política es perseguida con prisión, castigos corporales y confiscaciones junto a sueldos elevados de los funcionarios (bonus incluidos). La pena de muerte se aplica para delitos de homicidio y de tráfico de drogas.

La estrategia del gobierno ha sido implicarse desde el inicio en la promoción de inversiones en diferentes sectores -inicialmente intensivos en mano de obra y posteriormente en sectores más especializados y de mayor valor añadido- mediante la creación del Economic Development Board. Hoy cuenta con el aeropuerto más transitado y moderno de Asia, con uno de los puertos mercantes más activos del mundo y el tercer complejo de refinería más importante (buena parte del crudo proviene de Arabia Saudí). Es asimismo el centro financiero y bancario offshore más destacado de Asia (junto a Hong Kong). Desde 1985 adoptó un sistema monetario basado en el régimen de cambio de divisas, pero el dólar singapurense es una moneda fluctuante al son de lo que determine la Autoridad Monetaria de Singapur, que no manipula la tasa de interés pero sí impone el control cambiario.

La educación es una verdadera obsesión nacional. Todo el sistema educativo se basa en el mérito. Los alumnos pasan por rigurosos exámenes de ingreso en los diferentes niveles de enseñanza y son gradualmente discriminados según sus resultados y capacidades. Posee universidades y politécnicas de reconocido prestigio. Los profesores gozan de elevados salarios y consideración social, pero también son todos examinados periódicamente, siendo expulsados inmediatamente de la docencia si no pasan las evaluaciones. La abigarrada diversidad cultural, étnica y lingüística no ha sido óbice para que los poderes públicos desterrasen sin miramientos de la educación muchas lenguas vernáculas e implantaran coactivamente el inglés como lengua oficial (junto al malayo, el tamil y el chino mandarín, esta última, la dominante). El reverso de la escolarización compulsiva, es decir, el servicio militar obligatorio, es de dos años (lo mismo que en Cuba). El que intente eludir por cualquier medio la conscripción, además de imponerle una multa, pasará tres años entre rejas.

Cada año más de 7 millones de turistas acuden de visita a la isla, de los cuales casi un millón son por turismo sanitario. La primera impresión de Singapur puede parecerle al visitante una jungla urbanita, pero es una ciudad bastante ordenada, con eficientes autobuses y trenes públicos (Mass Rapid Transit). La abultada concentración de centros comerciales, tiendas de lujo, restaurantes y otros negocios se simultanean con avenidas y parques bien cuidados. Hay libertad comercial y de horarios irrestrictas. Tiene índices de criminalidad envidiablemente bajos; eso sí, el comportamiento extravagante o inapropiado no es tolerado en la sociedad de Singapur. Si uno cruza imprudentemente la calle, muestra signos de ebriedad o mera inclinación homosexual en público la policía lo arrestará sin dudarlo.

Hay una férrea censura en todos los medios de comunicación. Los partidos políticos deben pasar unos severos filtros gubernamentales y judiciales para poder acudir a las elecciones. No existe libertad de expresión. Hay acceso gratuito a Internet en toda la isla, pero el Estado vigila e impide la visita a determinados contenidos políticos, violentos o sexuales. Cualquiera que critique al gobierno habrá de hacer frente a denuncias por difamación con sanciones pecuniarias muy gravosas; si se carece de los recursos suficientes para hacer frente a las mismas, el paso siguiente será ir a la cárcel. En 1966 se declararon las huelgas ilegales y desde 1968 se aprobó una ley de empleo que prohibió desde entonces asociarse a los trabajadores. También se obliga a los empleados a invertir un cuarto de su salario en un rígido plan de ahorro nacional que es gestionado por el estatal Central Provident Fund Board. Se ha sometido ya a la población a diversas campañas de planificación familiar.

Hay muy poca transparencia en el ejercicio del poder en Singapur. Aunque existe pluralidad de partidos con elecciones recurrentes, el People’s Action Party (PAP) es el partido dominante y el que ha ocupado el poder de Singapur ininterrumpidamente desde la llegada de Lee Kwan Yew, con el inestimable apoyo de Goh Chok Tong, su mano derecha. Las elecciones de 2004 auparon a Lee Hsien Loong, hijo del primero, como primer ministro. Sus parientes y allegados están en los puestos claves del país. Existe un régimen de eficiente nepotismo que controla una sociedad bastante rígida (estructurada, Steve Wozniak dixit).

Desde hace años numerosos informes de libertad económica y empresarial de Heritage Foundation o del Fraser Institute sitúan a Singapur entre los primeros puestos del ranking de naciones. Los buenos índices de libertad económica son una parte esencial de la sociedad, pero no lo son todo. Las libertades políticas y civiles de los singapurenses están desde hace tiempo mediatizadas. Las autoridades de Singapur, pese a haber logrado sacar a su población de la penuria con sobresaliente, no entienden –no hablemos ya de las dictaduras de izquierdas- que la libertad no puede ser divisible. O es integral o no lo es.

De los orígenes de la ayuda exterior al desarrollo

En las últimas fechas se ha generado cierto debate en torno a la política de cooperación al desarrollo española. Los tijeretazos que ha sufrido la Ayuda Oficial al Desarrollo desde 2010, genera inquietud entre mucha gente, incluidos –por supuesto- los agentes que dependían de estos presupuestos.

Frente a la idea de reducir considerablemente la ayuda exterior, una respuesta común es que ¡por supuesto sería deseable que se acabara con ésta! Lo preferible sería un escenario en el que ésta no fuera necesaria por la ausencia de pobreza, pero –se dice-, mientras ésta exista, la ayuda exterior seguirá siendo necesaria.

Este argumento tiene algunos problemas. Primero, de incentivos: dado que la cantidad de ayuda que se necesitaría es directamente proporcional a la pobreza que existe, los incentivos pueden resultar perversos –que, por ejemplo, una organización reciba más subvención para resolver el problema X cuanto menos efectiva sea en su tarea-.

Después de más de 50 años desde que naciera el enfoque de la ayuda exterior, parece evidente que los problemas de incentivos han sido importantes de cara a explicar el fracaso de éste (fracaso se entiende a incumplir las expectativas que se tenían).

Consideremos lo que decía el economista Walt Rostow a comienzos de los 60, uno de los más influyentes y pioneros defensores de la ayuda exterior: "se requeriría un aumento de 4.000 millones de dólares en ayuda externa para levantar toda Asia, Oriente Medio, África, y Latinoamérica hacia el crecimiento regular". Afirmó también que esta ayuda tan solo sería necesaria en un primer estadio, y que luego, cuando ya hubiera cumplido sus objetivos, simplemente desaparecería.

Una vez que nos acercamos a los orígenes de este enfoque, por el cual los países ricos debían comprometerse a dedicar recursos hacia los países del entonces llamado Tercer Mundo, conviene adentrarse un poco más en cómo y por qué surgió.

Distintos especialistas coinciden en datar estos orígenes en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, época en la que apareció un nuevo orden internacional caracterizado principalmente por la Guerra Fría y el bipolarismo de las relaciones internacionales. En concreto, fue el punto cuarto del discurso inaugural del presidente estadounidense Harry S. Truman el 20 de Enero de 1949, lo que puso de manifiesto los principios fundacionales de lo que podría denominarse la filosofía de la ayuda occidental al desarrollo:

"debemos embarcarnos en un nuevo y atrevido programa… para la mejora y el crecimiento de las áreas subdesarrolladas […] Por primera vez en la historia, la humanidad posee el conocimiento y las destrezas para aliviar el sufrimiento de estas poblaciones (las que viven en condiciones cercanas a la miseria)".

William Easterly (en The White Man’s Burden) relaciona el inicio de la ayuda exterior con los anteriores intentos por parte de Occidente (principalmente, el colonialismo aderezado con dosis racistas) de transformar e influir sobre el resto del mundo. Persistió la fatal arrogancia de los países occidentales:

"Desde el principio, los intereses de los pobres tuvieron poco peso comparado con la vanidad de los ricos. La Carga del Hombre Blanco surgió de la fantasía autocomplaciente de Occidente de que "nosotros" éramos los elegidos para salvar al Resto (pobre)".

El enfoque de la ayuda externa que inauguró Truman tenía cambios en el lenguaje y en el pensamiento, pero mantenía las esencias principales de la anterior actitud –es decir, la vena paternalista y coercitiva-, sostiene el economista de la Universidad de Nueva York.

En realidad, los objetivos de Truman, como principal líder del bloque occidental en la época, estaban lejos de ser desinteresados. La ayuda pretendía ser un instrumento de la política exterior y de estrategia geopolítica de los Estados Unidos. La idea que estaba detrás era que de esta manera, los países pobres (muchos de ellos surgidos del proceso de descolonización) se servirían del apoyo del bloque occidental y permanecerían al margen de la influencia de la Unión Soviética. De alguna manera, la reducción de la pobreza era más un medio que un fin en sí mismo.

En este sentido, la opinión de la Red de Investigación y Observatorio de la Solidaridad (desde un prisma neomarxista), resulta interesante. Sostienen que, desde su nacimiento en los primeros compases de la Guerra Fría, la cooperación para el desarrollo ha servido en gran medida como instrumento de dominación política, soporte ideológico, instrumento para influir en las políticas de los gobiernos receptores, elemento de política exterior tendente a apoyar la seguridad del país donante o como una manera de canalizar productos del Norte hacia el Sur, dado que buena parte de estas ayudas obligaban a los países receptores a adquirir productos de los países donantes.

En la actualidad, se reconoce abiertamente que la política de cooperación para el desarrollo puede ser un arma importante de política exterior para los estados ("soft power"), lo que es totalmente consistente con los orígenes de aquélla.

Conviene tener esto presente para no caer en perspectivas ingenuas sobre la ayuda al desarrollo.

El triunfo del capitalismo

El Banco Mundial ha publicado este viernes el informe Indicadores Mundiales de Desarrollo 2012. La propia institución mira los datos que recaba en relación con lo que llamó, en su momento, los Objetivos del Milenio. Son ocho objetivos, el último de los cuales es crear un gobierno económico mundial, del que la propia institución, claro está, no quedaría muy lejos. El primero es el más importante: Reducir la pobreza extrema y el hambre. Y el BM marcó objetivos precisos en cantidad y plazo: reducir ambas realidades a la mitad desde el año de partida, 1990, y 2015.

El informe de 2012 sólo tiene datos hasta 2008, aunque cuenta con datos provisionales hasta 2010. Los datos son relevantes en sí mismo, ya que la reducción de la pobreza en el mundo es el primer problema al que nos enfrentamos. Y también son relevantes para observar en qué medida contribuye el capitalismo a la reducción de la pobreza. ¿Qué dicen los datos? Mirémoslos en conjunto. Trazada la línea de la pobreza extrema en 1,25 dólares al día (dólares constantes de 2005 y en paridad del poder de compra), en 1981 el 52,2 por ciento de la población quedaba por debajo de ese umbral. En 1990, que es cuando se fija el punto de partida de los objetivos del milenio, era ya nueve puntos inferior: el 43,1 por ciento de la población mundial. Cayó otros nueve puntos en nueve años (34,1 por ciento en 1999) y doce en los nueve siguientes (22,4 por ciento en 2008, último año para el que hay datos completos).

El Banco Mundial dice que “Medidos contra los puntos de partida de 1990, el progreso se ha acelerado en la última década, arrancando a millones de personas de la pobreza, llevando a millones de niños a la escuela y reduciendo drásticamente la pérdida de vidas humanas debida a causas que se pueden prevenir”. Lo cierto es que en 2008 casi se logra el objetivo de reducción de la pobreza extrema, que se esperaba para 2015. Pero además, “las estimaciones preliminares de 2010 muestran que la tasa de pobreza extrema cayó aún más, con lo que ha alcanzado el objetivo global (…) de reducir la pobreza mundial cinco años antes”.

Siempre se señalan otros aspectos de la vida que indican carencias. Son aspectos distintos de la pobreza, y a medida que ésta va remitiendo esos otros problemas también lo hacen. Por ejemplo, la mortalidad en los países en desarrollo ha pasado de 98 por mil nacimientos a 63 en 2010.

Pero la incidencia del capitalismo en la pobreza se ve aún mejor si miramos la evolución por regiones. La que más ha cambiado en las últimas décadas en el sentido de que es la que más ha abrazado el capitalismo es el extremo oriente (Asia oriental y Pacífico, en la terminología del Banbco Mundial). Y, congruentemente, es la región donde más ha descendido la pobreza: de cerca del 80 por ciento en 1981 (el 77,2) al 14,3 por ciento en 2008 (del 84,0 al 13,1 en China). La región más orillada por la globalización, la que más se ha mantenido al margen del comercio internacional, es el África Subsahariana. Más o menos hasta el cambio de siglo, a partir del cual África ha empezado a abrirse más rápidamente al mundo. El índice de pobreza es más alto en esta parte del mundo que en cualquier otro. E incluso aumentó del 51,5 por ciento en 1981 al 59,4 por ciento en 1993, y desde entonces ha ido cayendo, lentamente, hasta el 57,9 por ciento en 1999. Y desde entonces, más rápidamente hasta el 47,5 por ciento en 2008.

En definitiva, año a año se confirma que el capitalismo está rescatando de la pobreza a millones y millones de personas, y a una velocidad desconocida en la historia. La mejora es una aspiración legítima de la humanidad, y el progreso material no sólo es bueno por sí, sino que está asociado a otros bienes morales que también consideramos valiosos. El capitalismo, la economía de mercado, la producción libre y el libre intercambio, están en el centro de esa ingente transformación del mundo que se está produciendo tan lejos de donde vivimos.

El jamón selecto de Bosé

Hace pocos días leí una noticia sobre el cantante Miguel Bosé que me hizo reflexionar.

Se ha metido a empresario. Ha comprado un secadero de jamones y va a vender patas ibéricas de calidad superior. El trabajo que viene desempeñando como cantante a lo largo de su carrera se asemeja sólo en cierta manera a una actividad empresarial, más propiamente, a la de un autónomo. Ahora lo que acomete es una actividad alejada del “artisteo”, del copyright y de las subvenciones. Entre otras muchas cosas, va a tener que contratar personal diverso, tener un plan de negocios, instaurar controles de calidad, diseñar su estrategia de inversiones y, además, asegurarse que alguien gestione su negocio con criterios de eficiencia y rentabilidad si quiere que su proyecto sobreviva (más del 70% de las PYMES españolas desaparece antes de entrar en su quinto ejercicio fiscal).

En la entrevista que le dedicaba Expansión afirmaba que no habría creado la empresa si no hubiera detectado un nicho de mercado para ese producto. Dijo que lo que buscaba al montar su empresa era el beneficio. ¡Ay, el beneficio, el lucro! Acto seguido -creo yo para justificarse por tamaña osadía- confesó que le asombraba cómo incluso en época de crisis la gente siguiese buscando el lujo. No lo entendía en absoluto según su “mentalidad“.

Desconozco la ideología del Sr. Bosé, pero lo que sí sé es que la abrumadora mayoría de cantantes, actores, directores, bailarines y cómicos patrios manifiesta hostilidad hacia la actividad empresarial. Pese a que muchos de ellos son buenos profesionales y se ganan bien la vida, rechazan pública y ostentosamente el sistema capitalista al que le atribuyen todo tipo de injusticias y excesos. Sin embargo, en su modo de vida absolutamente todos le rinden tributo. Tal y como Mises dejó escrito, todas las personas, por muy fanáticas que puedan ser en sus diatribas contra el capitalismo, implícitamente le rinden homenaje al clamar apasionadamente por los productos que crea.

El actual sistema de producción preponderante no es perfecto -sobre todo porque lo que hay en los denominados países “libres” es un capitalismo fuertemente mediatizado, distorsionado e intervenido por el Estado- pero, con todo y con ello, mantiene una masa de población cada vez más numerosa sobre la Tierra. Esto es un hecho. Década tras década, y gracias al capitalismo y sus beneficios empresariales que se generan en cientos de millones de negocios repartidos por doquier, el porcentaje de pobres en el mundo va en retroceso. Los voceros anticapitalistas nos quieren convencer de lo contrario al traer a colación números absolutos de pobres de una demografía en permanente crecimiento en vez de fijarse en la tendencia decreciente de su porcentaje con respecto a la población total.

Pese a ello, a nuestra gente del espectáculo pareciera avergonzarle la persecución del lucro empresarial y no pierden ocasión para reclamar las bondades del intervencionismo de los poderes públicos. Ha de atarse en corto a la sociedad civil; si se dejara ésta en libertad con unas pocas reglas de juego bien definidas, sería un verdadero peligro y pasaje cierto para la autoextinción, según pontifica la doctrina hoy dominante con la que no comulgo.

Le deseo éxito al Sr. Bosé en su aventura empresarial y que obtenga cada vez mayores beneficios en ella porque querrá decir que está cubriendo adecuadamente las necesidades subjetivas de la gente, que es lo verdaderamente importante en estos menesteres (aunque nuestro cantante sea políticamente correcto y quiera hacernos creer que no lo entiende).