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Etiqueta: Comercio globalización y desarrollo

Es hora de levantar el embargo

Han pasado casi cinco décadas desde que el gobierno de Estados Unidos impusiera a Cuba un férreo embargo comercial con el fin de provocar la caída de Castro. Lejos de precipitar el hundimiento del régimen comunista, el embargo ha contribuido a mantenerlo vivo sirviendo de chivo expiatorio de sus fracasos.

El embargo comercial es juzgado, como tantas políticas públicas, más por sus intenciones (y la imagen que proyecta de nosotros) que por sus resultados. El objetivo declarado de la Libertad Act es presionar al Gobierno comunista para que inicie la transición a la democracia. La suspensión del embargo está condicionada a la instauración de un régimen democrático que respete los derechos humanos, luego es indudable que el Gobierno cubano puede poner fin al embargo si tiene la voluntad de hacerlo. El embargo, además, satisface en la gente el reclamo moral de "hacer algo" contra la injusticia (la inacción estatal suele interpretarse como "no hacer nada") y está en sintonía con la actitud tipo "Harry el sucio" que nos gusta exhibir en este tipo de situaciones.

Desde un punto de vista ético el embargo es problemático por varias razones. El Estado obliga a todos los individuos bajo su jurisdicción a boicotear a Cuba, en lugar de permitir que el boicot sea voluntario y cada uno tome su propia decisión. Se arguye que en realidad no se está prohibiendo el "libre comercio con el pueblo cubano" sino el comercio con el Estado cubano, que controla casi toda la economía. Este argumento es descriptivamente cierto pero no resuelve la cuestión a favor del embargo. Para empezar, no comerciamos colectivamente como pueblo, comerciamos individualmente como consumidores y productores, lo que resulta en una gama heterogénea de relaciones comerciales: con respecto a un mismo país, algunas personas comercian con individuos y empresas privadas mientras otros tratan con empresas públicas o fuertemente subsidiadas. En Cuba el sector privado es muy pequeño (el Estado consume el 72% del PIB y emplea al 75% de la población), pero no es inexistente. Un embargo condena a todos por igual, imposibilitando los pocos intercambios voluntarios que pudieran tener lugar.

Por otro lado, la lista de relaciones comerciales corrompidas por la intervención del Estado es interminable. Si la gasolina de nuestro coche proviene de Saudi Aramco estamos financiando la dictadura de Arabia Saudita. Si compramos un ordenador Lenovo estamos financiando al Gobierno chino, principal accionista de esa compañía. En el día a día nos hemos resignado a convivir con esta imperfecta y penosa realidad (aunque a menudo somos libres de evitar este tipo de relaciones si queremos). El comercio con Cuba está lejos de ser puro e inmaculado, pero también lo están muchas otras relaciones comerciales que toleramos o incluso practicamos abiertamente.

El embargo, además, prohíbe a los ciudadanos y residentes estadounidenses viajar a Cuba (aunque sea para alojarse en casas privadas) y pone un tope a las remesas que pueden enviar los cubano-americanos a sus familiares en la isla. Los cubanos en Estados Unidos solo pueden visitar a sus parientes inmediatos una vez cada tres años. Tratar de justificar estas restricciones arguyendo que "el embargo no prohíbe el libre comercio" es aún más difícil.

El comercio (o su ausencia) con un país socialista también repercute en el población civil, aunque sea de un modo más indirecto (e ineficiente) porque casi todo pasa a través del Estado. De hecho, el embargo debe repercutir en la población civil si quiere cumplir su objetivo. La lógica implícita en los embargos comerciales con ánimo reformista es la siguiente: el embargo provoca carestía añadida de bienes y servicios, la sociedad sufre esa carestía y advierte que el Gobierno podría suprimirla si accede a las reformas, la sociedad presiona al Gobierno para que implemente reformas. Por tanto, el embargo solo ejerce presión sobre el Gobierno si la población sufre. Un claro ejemplo de la odiosa máxima de que el fin justifica los medios.

Algunos de sus proponentes replican que el embargo estadounidense no empobrece a los cubanos, porque Cuba puede comerciar con el resto del mundo. Si esto es así, entonces el embargo es inútil, y no hay razón para mantenerlo. Cuesta creer, no obstante, que el coste de oportunidad de no poder acceder a la inversión, a los productos y al turismo de la primera economía del mundo, que además está a dos pasos de la isla, sea insignificante.

Los defensores del embargo cubano deberían apoyar, si son coherentes, un bloqueo internacional de duración indefinida. En rigor deberían incluso oponerse a las excepciones que autorizan la importación de comida y medicamentos, pues alivian la carestía de la población y la presión sobre el Gobierno. Además, cabe preguntarse qué opinarían los cubanos de un embargo internacional que iba a sumirles aún más en la pobreza, y si sus valedores lo impondrían en contra de su voluntad "por su propio bien". Si uno está en contra de estas medidas tan drásticas (que más bien son una reducción al absurdo) debería oponerse también al embargo estadounidense, que es la misma política pero a una escala más reducida.

El embargo sin embargo no es la causa de todos los males de Cuba. Cuba es pobre principalmente porque es comunista. A Castro el embargo le ha servido para decir lo contrario: los males que padece Cuba son por culpa del embargo, y el comunismo funciona a pesar del embargo. Como la propaganda del régimen es la única versión que se tolera en Cuba, muchos cubanos se la han creído, y en lugar de presionar al Gobierno para que aplique reformas se han vuelto más anti-americanos y más castristas.

La suspensión del embargo no es la panacea, pero puede contribuir a la erosión del régimen. El comercio, la inversión y el libre movimiento de personas traerían más bienestar y nuevas ideas a la sociedad cubana. Habría más interacción entre estadounidenses y cubanos, y la interacción ayuda a cambiar mentalidades, que es lo que lleva a la población a exigir cambios. El bienestar genera una demanda de libertad política, mientras que las sanciones son utilizadas por el Gobierno para desviar las miradas y las críticas hacia los enemigos externos. Ahora que Castro ha cedido la jefatura a su hermano Raúl podría ser un buen momento para levantar el embargo, ya que el gobierno norteamericano puede salvar las apariencias más fácilmente. Aunque en realidad, como apunta David Henderson, siempre ha sido un buen momento.

Microsoft y la competencia

Diez años lleva contra la empresa de Gates y en octubre, tras sucesivos palos en forma de sanciones crecientes, ésta decidió rendirse y compartir su creación con un conjunto de rémoras. Pero como no lo ha hecho en la medida, en la forma y por el precio exigidos por la CE, y como la voracidad recaudadora de ésta no parece conocer el rubor, esta semana se ha producido una nueva sanción, de 899 millones de euros, a la que seguramente seguirán otras.

Más allá del desaforado apetito de las administraciones por lo ajeno, en este caso se ventilan dos concepciones de en qué consiste la competencia. La primera, en línea con la economía neoclásica, entiende que es una situación en que hay un gran número de oferentes con escasa diferencia entre ellos y sin un actor predominante. Como quiera que la realidad no es, precisamente, el punto fuerte de los modelos neoclásicos y los desmiente a cada ocasión, la respuesta habitual consiste en decir que lo que está mal no es la teoría sino la práctica. Y al grito de "te voy a dar yo a ti competencia", recomienda que sean las administraciones quienes hagan bueno el modelo, aunque sea pistola en cinto.

La otra no presupone un resultado final, porque entre otras cosas no ve la competencia, ni el mercado, como una situación, sino como un proceso. Un proceso de descubrimiento, como lo describió Hayek; un proceso abierto que no sólo no necesita intervención del Estado para funcionar, sino que tiene como condición sine qua non que el único papel del Estado sea proteger la propiedad y la libertad.

No podemos saber de antemano cuál será la forma óptima del mercado, el número de oferentes adecuado o su tamaño. Por eso resulta conveniente confiar en la verdadera competencia y esperar que la rivalidad y el deseo de generar nuevos beneficios expulsen a las empresas que no sirvan al consumidor. Claro, que la CE tendría menos tarea que hacer.

El monopolio de la sensibilidad sobre África

En el Tercer Mundo hay millones de personas muriéndose de hambre, y en Occidente seguimos haciendo el paripé. Los que se hacen pasar por líderes morales e intelectuales (estrellas del pop/rock, activistas de izquierda, multibillonarios y políticos de todo el espectro) continuan exigiendo más ayuda exterior, más millones de nuestros bolsillos para mandar a los gobiernos de los países africanos. Parecen no darse cuenta de que en más de 50 años, África no ha conseguido ningún progreso gracias a la ayuda exterior. De hecho, los pocos, aunque los esperanzadores progresos que se vislumbran (1 2), son a pesar de nuestra "peligrosa generosidad"; es decir, a pesar de los billones de ayuda gubernamental, que no llegan a los africanos necesitados, sino que se pierden misteriosamente en el camino, entre armamento y cuentas bancarias de dictadores desalmados. Y es que parece más cómodo y lenitivo darles el dinero, pensar qué buenos somos y luego olvidarnos del tema, y de las consecuencias que puede traer. Salvar el mundo puede ser perjudicial, dice Xavier Sala-i-Martin.

La ayuda exterior parece mucho más popular y cómoda que las medidas que realmente podrían aliviar a los países más pobres, esto es, eliminar toda clase de proteccionismo. Parafraseando un versículo bíblico: "engordó Occidente, y tiró coces (engordaste, te cubriste de grasa)".

A pesar de presiones fiscales intolerablemente altas, y quizás en parte incentivados por los fracasos gubernamentales, surgen iniciativas individuales muy interesantes; por poner dos ejemplos que defienden la economía de mercado: Umbele (futuro), fundada por Sala-i-Martin, o Enterprise Africa!, proyecto del Mercatus Center de la Universidad George Mason.

Estas organizaciones privadas demuestran que el ser humano tiene su parte altruista, en contra de lo que enseñan algunos modelos económicos, y de la creencia de que solo el Estado puede encargarse de la caridad (tanto dentro del país como en el exterior). No obstante, no hay que olvidar los casos de fraude de algunas ONG’s, que dañan muchísimo la imagen de las fundaciones honestas, haciendo que los particulares se piensen dos veces si colaborar con ellas o dedicar su dinero para otros usos.

Mientras estos proyectos son una realidad, personas interesadas dedican años de esfuerzo a estudiar in situ problemas que padecen los africanos (como esto) y gran cantidad de misioneros siguen ayudando y trabajando allí; mientras tanto, la izquierda parece tener el monopolio de la sensibilidad hacia los pobres. Su discurso de culpabilización del capitalismo y auto-flagelación de Occidente (ojo, tampoco hay que caer en el error de olvidar lo que Occidente ha hecho en esos países: llevado por el deseo imperialista de controlar el mundo conocido y sus recursos naturales, y de jugar con las fronteras africanas como si jugaran a un juego de mesa; pero no se puede explicar la situación actual de estos países por ese pasado, ya no cuela) sigue siendo el que cuenta con mayor aceptación en los medios.

Sin embargo, los países más pobres necesitan menos recetas socialistas, mucho más mercado y mucho más capitalismo. Y no es un capricho liberal, se trata de que millones de individuos salgan de la pobreza y dejen de morir de hambre. Se trata de que millones de personas puedan llegar a ser propietarios de los frutos de su trabajo y esfuerzo, que cuenten con seguridad jurídica y sean libres para contratar y comerciar con quien dispongan (esto se relata aquí con un caso real).

En Occidente nos podemos quejar de los atropellos que se cometen contra la libertad, de las actividades irresponsables y muy perjudiciales de los bancos centrales, etc., pero deberíamos mirar a lo que pasa en otros lugares, y sentirnos agradecidos de nuestra situación. Puede venir una grave crisis que podría haber sido evitada, y aunque hay que identificar las causas, analizar el tema y difundir las conclusiones (para eso ya está el Observatorio de Coyuntura Económica de este Instituto), estaría bien que abriéramos los ojos a otras realidades, para relativizar los sufrimientos de Occidente, y tener presente que mientras a muchos de nosotros nos sobra lo más necesario, otros mueren de hambre. Esto suena a autoflagelación anti-capitalista y de izquierdas, por eso decía que parecen tener el monopolio de la sensibilidad. Pero en realidad, creo que es un ejercicio sensato: apartar la mirada de nuestro ombligo y nuestros problemas.

Es así como experimentaremos el impulso vital que nos conducirá a una lucha auténtica contra las ideas y políticas, tan perjudiciales para aquellos a los que se pretende ayudar, de nuestro Occidente actual.

Riqueza y complejidad

Voy a hablarle de dos tribus. La primera es la de los Yanomami, una etnia americana que habita una parte del Amazonas, principalmente en Venezuela. La otra tribu es la de Nueva York. Del orden de diez millones de habitantes acogen un constante flujo de inmigrantes y visitantes, ven la llegada de las primeras tecnologías en cuanto nacen, comen en cocinas de todo el mundo y pueden acceder a una variedad de bienes inabarcable, inaprensible a la mente humana. Los neoyorkinos trabajan para empresas que sirven, a su vez, a todo el orbe.

Si, para comparar su riqueza, nos vamos al indicador de su renta media anual, resulta que los neoyorkinos, con 36.000 dólares al año, generan una renta 400 veces mayor a la de los Yanomami (90). Pero ¿reflejan esos cuatro centenares la relación de riqueza que hay entre esos dos mundos?

Los Yanomami, como los cuervos, no distinguen más que entre uno, dos y muchos. Nosotros tenemos un sistema numérico idealmente completo. Pero los de la selva americana tampoco necesitan mayor complicación. Beinhocker explica entonces un concepto que le permite acercarse a la idea de complejidad que quiere transmitir, y que es el número de tipos diferenciados de bienes, SKU, por sus siglas en inglés.

Los Yanomami tendrán, entre los bienes a que pueden acceder, a varios centenares. Probablemente alcancen el millar. ¿Y Nueva York? “Utilizando varias fuentes distintas, yo estimo grosso modo que ronda el orden de 10 elevado a 10”, es decir, diez millones de millones de millones. Unas mil veces más el número de especies sobre la Tierra. La relación de riqueza, así medida, entre las dos tribus, no es ya de uno a cuatrocientos, sino de uno a 10.000 billones, o de ese orden.

En verdad la cifra de SKUs en una sociedad avanzada es inconmensurable, por sus dimensiones. Pero da una idea de la relación entre riqueza y complejidad.

Libertad de horarios

Una de las discusiones que con más frecuencia se suele producir en el terreno de los establecimientos comerciales es la conveniencia o no de liberalizar su horario de prestación de servicios. De un lado se encontrarían los partidarios de eliminar cualquier restricción de tipo temporal que exista para su actividad pública. En el extremo opuesto se situarían los que piden que el Estado regule el tiempo que puede abrir cada comercio, de tal manera que esté prohibido abrir en determinados momentos.

Los que defienden las restricciones al horario de apertura aducen la indefensión que padecen los pequeños comercios frente a las denominadas grandes superficies. Según ellos, el pequeño comerciante partiría de una situación más desfavorable para competir, y si no se restringe de alguna manera las posibilidades del gran comerciante, las pequeñas tiendas acabarían por desaparecer. Por ello sería necesario que los horarios estuviesen perfectamente regulados por la administración, de tal manera que no sobrepasasen de manera ostensible la jornada de trabajo habitual. Para ello suelen pedir limitaciones de dos tipos: en el número de horas que se puede abrir a la semana, y en los días de apertura (generalmente obligando a cerrar los domingos y determinados festivos).

Los partidarios de la total libertad de horarios aducen que beneficia al consumidor, ya que éste puede comprar en el momento que mejor le viene, ya que muchas veces su horario habitual de trabajo coincide con el horario habitual de apertura de los comercios. De esta forma, si los comercios se encontrasen abiertos en otros horarios, podrían atender mejor a sus clientes.

La restricción de horarios comerciales no deja de ser una medida arcaica que resulta ser totalmente ineficaz en mercados en los que, cada vez más, van teniendo importancia distintos canales, como la venta a distancia e Internet. Además de que forzar a compradores y vendedores a realizar sus operaciones en el momento en que el legislador juzga conveniente, y no en el que a ambas partes acuerden, no deja de ser una restricción considerable en la libertad individual.

Si se quiere proteger al pequeño comerciante habría que preguntarse los motivos por los que se juzga necesaria tal medida. En una situación de libertad de horarios es precisamente el pequeño comerciante el que podría actuar con mayor flexibilidad. Esto se debe a que la mayor parte de pequeñas tiendas suelen ser de tipo familiar, y en ese caso, el apoyo de otros miembros de la familia le puede dotar al negocio de una flexibilidad superior al de las empresas de tamaño superior. Además, la cercanía de la cúpula de empresa al cliente le otorga una mayor velocidad de respuesta frente a las exigencias y cambios de gusto de la clientela.

No obstante, sí que es cierto que los pequeños comerciantes se encuentran con inconvenientes superiores que no tienen los de tamaño superior, y son los obstáculos de índole legal. Este tipo de traba se puede percibir en diversas operaciones, como por ejemplo, la contratación de personal a tiempo parcial. En una gran superficie si se desease aumentar en un 10% la plantilla, la operación no plantearía mayor problema, ya que dado su gran volumen de personal, este aumento se traduciría en la contratación de personal a jornada completa. No obstante, en el caso del pequeño comercio, realizar esta operación le supone recurrir a personal que trabaje a tiempo parcial, dada su reducida dimensión. Sin embargo, sus costes salariales no se van a incrementar en un la misma proporción que en la gran empresa, dado que la legislación laboral, con sus distintas cargas y gravámenes, penaliza la contratación de personal a tiempo parcial. Así, si el pequeño comercio desea incrementar su plantilla para permanecer abierto un mayor número de horas, se encontrará con una desventaja competitiva de índole legal que elevará sus costes por encima de la gran empresa.

Estas barreras no sólo se limitan al campo laboral, sino que existen en diversas áreas. De nuevo, para la compañía de gran tamaño superarlas no le supone un gran esfuerzo, ya que se puede permitir contar un departamento legal que analice todos estos requerimientos. Sin embargo un pequeño comercio no cuenta con un departamento legal, por lo que su capacidad competitiva se ve mermada.

A la hora de promocionar el pequeño comercio la respuesta no debería ser limitar la competencia, lo que siempre beneficia a las personas que ya están establecidas en el mercado, sino permitirle usar sus principales ventajas competitivas, la flexibilidad y la capacidad de adaptación a las necesidades del cliente, sin que el marco legal las limite. De esta manera competir con todas sus armas, respetando la libertad de compradores y vendedores.

La “gracia” de Bill Gates

Bill Gates no tuvo mejor idea que rodar un vídeo en tono supuestamente humorístico mostrando como será su último día de trabajo. Menos gracia no puede tener. En él vemos como este personaje se dedica a llamar a sus amigos para pedirles un nuevo trabajo, y como uno tras otro van dando larga a sus propuestas debido a su falta de aptitudes para el empleo solicitado. Suponemos que a cualquier persona que haya sido empleada de Microsoft y le hayan despedido, ya sea en Estados Unidos, España o La India, la película de marras le habrá hecho todo menos gracia.

El hombre más rico del mundo, o el segundo según que listados y en que año, se puede permitir la gracieta precisamente gracias a su inmensa fortuna y por ser un retiro voluntario. Debe resultarle muy difícil comprender no sólo las dificultades económicas por las que pasa alguien que se queda desempleado, tampoco debe de llegar a imaginar lo frustrante a nivel personal que resulta la situación para muchos. Sin embargo, él queda a salvo de la Inquisición de lo políticamente correcto y su video no es objeto de protestas por lo más granado de la progresía mundial.

El motivo es simple. Este multimillonario es uno de ellos (recordemos como se ciñó a un discurso multiculturalista para justificar la falta de libertad de expresión en el régimen comunista chino) y son algunos de los más destacados izquierdistas del mundo anglosajón quienes salen en el vídeo. Las amigos a los que Gates pide ayuda no son otros que el director de cine Steven Spielberg, el actor George Clooney, el cantante Bono, el eco-catastrofista y frustrado aspirante a presidente de Estado Unidos Al Gore y dos aspirantes demócratas a la candidatura para llegar a ser inquilino de la Casa Blanca: Barack Obama y Hillary Clinton. Una panda de lo que en España llamamos pijo-progres y en Francia definen con el divertido apelativo de bo-bo.

Todos los participantes en el video se definen claramente con su participación en el "humorístico" cortometraje. Dicen preocuparse por los más pobres, pero no dudan en reírse de la difícil situación por la que pasan quienes no tienen fortunas y contactos como las suyos y se quedan en paro. Como buenos pijo-progres les gusta demostrarnos que son solidarios y no dudan en recriminarnos por no actuar como a ellos les gustaría que hiciéramos (no suelen destacar por su respeto a la libertad individual) pero, como buenos bo-bos, desprecian a las personas.

American gangster

No quiere depender de otros proveedores, se modo que se desplaza al sureste asiático a adquirir la mercancía, que transporta a los EEUU gracias al tráfago militar desde Vietnam. Una vez en el Harlem, Frank explica que "yo soy dueño de mi propia empresa y vendo un producto que es mejor que el de la competencia, a un precio más bajo que el de la competencia".

La película ilustra cómo funciona la competencia y el verdadero carácter de quienes quieren controlarla. Frank desplaza del mercado a los otros oferentes, y en nombre de éstos le habla un mafioso italiano, Tosca, que le dice: "sabes que el precio que pagas por un galón de leche no representa su verdadero coste de producción. Está controlado. Fijado". Pero no es así. El precio se descubre en el libre juego del mercado, un proceso abierto y que se desvirtúa si se intenta controlar. Y no está marcado por los costes, sino por la concurrencia de compradores y vendedores en competencia. Por eso Lucas le responde: "fijo el precio que considero justo".

Tosca da entonces en el clavo. "Tus clientes están contentos, pero ¿qué hay de tus colegas? No estás pensando en ellos". Es aquí, de toda la conversación, cuando aparece el verdadero gangster, el que habla de precios justos, de pensar en el resto de oferentes antes que en los clientes, el que considera controlar, fijar el precio de los bienes al margen del libre juego del mercado.

Es posible que sus alegaciones al precio justo no conmuevan el corazón de Frank Lucas, de modo que Tosca le hace una mención a la posible reacción del resto de los productores, con graves consecuencias sobre su integridad. American Gangster, así, con mayúsculas, debiera ser el título de infinidad de historias, y no sólo la de la heroína en el Harlem de la era Woodstock.

Balance económico de Z

De las declaraciones realizadas choca que España, según el presidente, haya "evolucionado hacia un modelo más productivo" cuando el propio Trichet (presidente del Banco Central Europeo) calificó la productividad española de "muy insatisfactoria" en comparación el resto de miembros de la UE. Llegó a decir que no era representativa "de una economía industrializada". Palabras muy duras y poco usuales en un alto burócrata. De hecho, la productividad española crece a la mitad que la europea y está en cotas de hace 30 años.

También impactan los sesgados números de Zapatero cuando afirma que nuestro poder adquisitivo ha aumentado. Todo cuadra sabiendo que los estadistas del Gobierno no están incluyendo el precio de la vivienda y que muchos de los productos contabilizados en su IPC tienen un peso totalmente arbitrario en la ponderación. Desde la entrada del euro, nuestro poder adquisitivo no ha parado de decrecer. Gran parte de culpa ha sido de las autoridades monetarias, pero el Gobierno ha sido incapaz de paliar el problema.

En su discurso, es casi un chiste de mal gusto que Zapatero marque como un hito la reducción en la tasa de temporalidad laboral cuando España tiene la tasa de temporalidad más alta de toda Europa, casi el doble de la europea. Los últimos datos de diciembre publicados nos indican que casi el 90% de los contratos han sido temporales, cifra muy similar a la de noviembre. Efectivamente, la ley Caldera ha significado uno de los grandes fracasos de esta legislatura. Afirmaba el ministro, en una entrevista realizada en El País en el año 2004, que "bajar la temporalidad al 25% sería un éxito". A duras penas se ha reducido un 2,5% y se debe al propio crecimiento de la economía. Si la ley Caldera ha sido incapaz de conseguir ni su más mínimo objetivo en pleno crecimiento económico, ¿qué cree que ocurrirá ahora que la economía se está enfriando de forma significativa?

En algo tiene razón Zapatero. Es innegable el crecimiento económico que ha tenido España en estos años. Gran parte de éste es debido a la política monetaria expansiva del BCE, hacia la que España estaba altamente receptiva para impulsar su sector estrella, la construcción. Los indicadores macroeconómicos, sin embargo, no son un fin en sí mismos, sino un medio para llegar a fines reales como el de bienestar. En este país, casi el 20% del PIB se lo lleva el sector de la construcción, del que la vivienda es sólo una parte. Aunque en agregados la economía está en buena forma, no ocurre lo mismo con sus componentes aislados, especialmente el referido a la economía del ciudadano, que año tras año ha visto disminuir significativamente su poder adquisitivo debido a este artificial crecimiento levantado sobre la ilusión de la inflación crediticia. No es de extrañar que la situación económica esté preocupando más a los ciudadanos.

El año 2008 parece que se va a cebar, al menos hasta el primer semestre, en los precios; perderemos más poder adquisitivo. El IPC adelantado del 2007 ha sido el más alto de la última década. Uno de los principales problemas para el nuevo año podría ser el desempleo debido al enfriamiento del sector de la construcción, algo que se acaba de confirmar con más de 100.000 parados más que el año pasado. En este tiempo Zapatero ha perdido una oportunidad de oro para adoptar medidas que nos librasen de esta situación que ahora se avecina. En su lugar, se ha dedicado a hacer regalos con nuestro dinero y ahora este comportamiento irresponsable va a pasar factura. Si los ciudadanos apenas hemos notado este crecimiento en nuestros bolsillos, ¿qué pasará ahora que las cosas se ponen feas?

Apoyo internacional a Colombia

Por su claridad, por su serenidad y por su contundencia frente al dictador Hugo Chávez, el discurso pronunciado por el presidente Álvaro Uribe Vélez desde la localidad de Calamar (Colombia) debe ser apoyado internacionalmente por las principales instituciones de la Unión Europea, de Canadá, de México y de los Estados Unidos de América y por todas aquellas naciones democráticas que defienden los derechos civiles frente al aplastamiento revolucionario de la libertad de los ciudadanos.

El apoyo internacional debería ser decidido y planteado seriamente para afianzar las democracias del Centro y del Sur de América mediante el fomento de su desarrollo socio económico por medio del libre comercio y de la firme colaboración entre las principales democracias del mundo.

Deben ser ayudados especialmente los países que, como Colombia, responden con democracia y con políticas de protección y defensa de los derechos y libertades de sus ciudadanos frente a una situación difícil de narcoterrorismo en sus selvas que sólo puede ser erradicada mediante una política lenta pero efectiva basada en los tres pilares del Gobierno Uribe, es decir, coincidentes con los tres deberes mínimos del Estado enunciados por Adam Smith en su famoso libro La Riqueza de las Naciones:

  1. Seguridad a los ciudadanos por medio de la acción decidida de la Policía y del Ejército protegiendo las poblaciones y sus principales infraestructuras.
  2. Administración de Justicia con la acción decidida de la Fiscalía, de la Procuraduría y de los Jueces.
  3. Realización de Infraestructuras que posibiliten y extiendan el desarrollo socio económico a todas las ciudades y departamentos.

El enfrentamiento entre el presidente Álvaro Uribe y el dictador Hugo Chávez es preferible que se produzca ahora y no dentro de varios años, cuando la financiación de acólitos socialistas pudiese haber incendiado aún más la región andina con nuevos países controlados por la revolución socialista bolivariana.

Sin embargo, el endurecimiento de las relaciones puede desembocar en un cierto desajuste económico en Colombia, ya que las importaciones desde Venezuela durante el año 2006 fueron de sólo 984 millones de dólares pero sus exportaciones fueron de 2.760 millones, convirtiéndose este país en el destino del 80% del comercio exterior de Colombia basado en alimentos, materias plásticas, productos químicos y automóviles. Por eso es muy importante el apoyo rápido y decidido a Colombia, la democracia más fuerte y pujante de la región andina, para detener el expansionismo liberticida de Chávez.

Si Europa y Estados Unidos desean de verdad ayudar enérgicamente al sostenimiento de la democracia en Colombia, deberían compensar con libre comercio los 4000 millones de dólares previstos para el año 2007 en exportaciones de las empresas colombianas hacia la cada vez menos productiva Venezuela, mermada económicamente por la planificación socialista implantada por Hugo Chávez y sólo compensada parcialmente por el elevado precio actual del barril de crudo situado ya cerca de los 100 dólares por barril.

Es un peligro real para las libertades en Colombia el más que probable apoyo financiero y político de Hugo Chávez a muchos políticos populistas y radicales como la senadora colombiana Piedad Córdoba o los miembros del Partido Comunista Colombiano integrados en el Polo Democrático Alternativo (PDA), que pretenden tomar el poder en Colombia para realizar cambios constitucionales e implantar la revolución bolivariana al igual que en Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua.

Mención aparte merecen los muy probables apoyos del presidente venezolano mediante entrega de armas, protección, adiestramiento, logística y financiación a grupos narcoterroristas como las FARC, que justifican sus extorsiones, secuestros y asesinatos masivos con la revolución comunista. Recientemente, la revista española Interviú ha desvelado los evidentes indicios de ayuda y colaboración del gobierno revolucionario de Venezuela con los cárteles del narcotráfico, mediante la cobertura de su marina de guerra a los cargamentos con droga de buques en aguas internacionales, al igual que ya hiciese anteriormente la revolución castrista para atacar las democracias occidentales.

En ese asunto, la irresponsabilidad del actual Gobierno de España, encabezado por José Luis Rodríguez Zapatero, es manifiesta. No hay que olvidar la construcción de cuatro fragatas y cuatro corbetas de guerra que la empresa pública española Navantia está realizando para Venezuela para contribuir a la desestabilización del Mar Caribe y del Golfo de México, donde con seguridad también intenta extender su revolución el dictador Hugo Chávez. Paradójicamente, existía la posibilidad de firmar dicho contrato de suministro de buques militares con la democracia colombiana, pero el irresponsable Gobierno de izquierdas de España prefirió reforzar la revolución bolivariana por medio de la primacía naval de Venezuela en el Mar Caribe.

Aún más desestabilizadora para todo el mundo civilizado es el incremento de relaciones entre la República Bolivariana de Venezuela y la República Islámica de Irán, dados los deseos ya expresados públicamente por el gorila rojo de desarrollar su propio programa nuclear en línea con la política belicista del presidente iraní Mahmud Almadineyad con miles de separadoras centrífugas en funcionando para producir uranio altamente enriquecido, cuya aplicación directa es la fabricación de bombas y misiles nucleares de largo alcance y no la producción pacífica de electricidad.

La pretendida mediación de Hugo Chávez para lograr la liberación de algunos políticos secuestrados por las FARC, como la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, buscaba la autopromoción del dictador y la publicidad de su movimiento revolucionario en Colombia, para facilitar la toma de poder por grupos de izquierda afines a su causa en las siguientes elecciones generales a celebrar en marzo de 2010.

Por las anteriores amenazas, la democracia de Colombia merece el apoyo firme y decidido de la comunidad internacional y, muy especialmente, de la Unión Europea y de Estados Unidos. Si el apoyo político se realizase de manera inteligente, no debería bastar una mera declaración institucional políticamente correcta por parte del Departamento de Estado de Estados Unidos o por parte del Comisario de Política Exterior (PESC) de la Unión Europea. Es más, ambos lados del Atlántico deberían impulsar una estrategia de apoyo conjunto a Colombia.

Es decir, si los políticos quisiesen pensar sin intereses electoralistas, lograrían definir una estrategia de largo alcance que afiance las democracias frente a la revolución comunista, como mínimo concretando su apoyo a Colombia en los siguientes aspectos esenciales:

  1. Declaración institucional de apoyo a la democracia de Colombia por su defensa decidida de las libertades individuales de los ciudadanos frente al narcoterrorismo y frente al expansionismo liberticida de los movimientos revolucionarios como el socialismo bolivariano.
  2. Aprobación urgente de un Tratado de Libre Comercio (TLC), justo y equilibrado, entre la Unión Europea y Colombia para lograr impulsar el desarrollo económico del país andino, a fin de lograr limitar las derivas revolucionarias financiadas y alentadas por Hugo Chávez, gracias al fruto de las exportaciones de petróleo.
  3. Más urgente todavía sería la aprobación de un Tratado de Libre Comercio (TLC) entre los Estados Unidos y Colombia favorable para ambas partes, dada la importancia para la potencia norteamericana de lograr aliados duraderos entre las principales democracias de Sudamérica para frenar el expansionismo revolucionario de Venezuela.

Cualquier excusa y cualquier dilación en la consecución y firma de un TLC por parte de la UE y de EEUU no ayudarán más que a Chávez y mermarán las posibilidades de consolidación democrática en Colombia.

Los anteriores apoyos deberían ser reforzados con intensa colaboración económica, social, cultural, policial y militar y con medidas expresas de apoyo económico como las áreas de exención fiscal, los microcréditos y los créditos internacionales. El área de exención fiscal de los departamentos del Cauca y de Huila debería ser prorrogada, mejorada y extendida al mayor número de regiones posibles, ya que ha permitido la instalación de grandes empresas internacionales y ha creado tejido industrial y miles de puestos de trabajo y, por tanto, desarrollo socio económico en muchas poblaciones.

Por otro lado, los microcréditos permitirían ayudar a emprender negocios a las miles de personas desplazadas del campo a la ciudad por el narco-terrorismo presente en las zonas rurales más alejadas. Y esos microcréditos también permitirían el desarrollo de la población rural en las poblaciones cercanas a las principales infraestructuras viales aseguradas por el ejército colombiano.

Finalmente, los créditos internacionales contribuirían a acelerar la construcción de infraestructuras por medio de asociaciones público privadas que permitirían la realización, la explotación y la financiación de infraestructuras (carreteras, puentes, túneles, centrales eléctricas, hospitales, escuelas) por compañías privadas internacionales con pago del servicio prestado por medio de peajes durante 30 o 40 años y con retorno final de la propiedad a los ciudadanos colombianos.

Actualmente, la política colombiana está logrando la seguridad en el transporte urbano por medio de la Policía Nacional que protege con eficiencia medios de transporte como el autobús Transmilenio en Bogotá, el Megabus en Pereira y el Metro suburbano en Medellín. También la presencia del Ejército colombiano y de la Policía de Carreteras está dotando de seguridad el transporte interregional con vías construidas, explotadas y mantenidas en buen estado mediante peajes privados impulsados desde la Cámara Colombiana de la Infraestructura.

En definitiva, Colombia está logrando extender eficientemente el desarrollo socioeconómico a las regiones más pobladas del país, lo que permite afianzar la democracia y permite parar el hambre y la pobreza que generarían la planificación comunista que pretenden implantar las FARC, los grupos radicales de izquierda y el actual Gobierno revolucionario de Venezuela.

Ya se han extendido la revolución y los cambios constitucionales liberticidas hacia Bolivia, Ecuador y Nicaragua, logrando con petrodólares venezolanos y discursos populistas lo que la extinta Unión Soviética y el sátrapa Fidel Castro estuvieron impulsando y ansiando durante décadas.  Y, como ya ocurriera con el nacional socialismo de la Alemania gobernada por Adolfo Hitler, no sirven las actitudes tibias cuando hay que frenar las políticas liberticidas y el expansionismo de un régimen totalitario.

Por ello, con visión de futuro, los políticos de la Unión Europea y de Estados Unidos deberían dar pasos decididos para impulsar el desarrollo económico de las democracias de América, y muy especialmente de Colombia, mediante Tratados de Libre Comercio, que eliminen las políticas proteccionistas y permitan el flujo de bienes y servicios sin aranceles ni trabas legislativas. Sólo la firmeza política y la intensa colaboración comercial entre las naciones democráticas podrán parar la expansión de la revolución socialista en América Central y en Sudamérica.

Para apoyar decididamente un Tratado de Libre Comercio de EE.UU con Colombia, los políticos y los burócratas de Washington deberían viajar en coche, por ejemplo, por el valle del río Cauca desde la populosa Cali, con su enorme desarrollo económico y sus más de tres millones y medio de trabajadores, hasta la ciudad de Popayán para comprobar cómo la retirada forzosa de los narcoterroristas hacia territorios poco habitados y las nuevas infraestructuras aseguradas por el ejército impulsan el enorme desarrollo que está logrando Colombia. Una realidad derivada del espíritu emprendedor de sus ciudadanos, estimulada por la presencia activa de la policía en las ciudades y por la seguridad proporcionada por el ejército en sus principales vías de comunicación, todo ello consecuencia de la lucha decidida del gobierno de Uribe contra la delincuencia.

Con total seguridad los funcionarios de Bruselas dejarían de inventar excusas políticas y apoyarían el Libre Comercio de la UE con Colombia si viajaran y observaran de primera mano la seguridad jurídica y la gran vitalidad económica, social y cultural en las principales poblaciones donde viven una mayoría de 47 millones de colombianos.

Si no se produce el apoyo internacional durante los próximos años, la actual prosperidad socioeconómica de Colombia, con un incremento anual del Producto Interior Bruto (PIB) por encima del 4’5%, seguirá resistiendo en solitario la amenazada de la revolución socialista bolivariana impulsada por Hugo Chávez.

Debemos reclamar sensatez y seriedad de los políticos occidentales, para apuntalar con libre comercio la pujanza en la región andina de las democracias de Perú y Colombia y, así evitar mayores problemas futuros que podrían llegar a derivar en guerra e inestabilidad mundial ante el ansia expansionista del nuevo comunismo impulsado por el régimen venezolano.

Esperemos que la UE y EE.UU. no vuelvan a lavarse las manos ante los problemas de ciertas regiones del mundo, ya que la acción diplomática rápida e inteligente debe ser continuada con políticas de largo alcance de nuestros gobiernos democráticos, para evitar hipócritas lamentaciones futuras por lo que suceda en el continente americano en los próximos años.

La economía de juguete de Caldera

El ministro ha encontrado en esta medida una forma fantástica para comprar votos con nuestro dinero. Qué casualidad que las nuevas subvenciones al sector juguetero se vayan a cerrar el mes de las elecciones.

Como siempre, la excusa oficial para regalar nuestro dinero a los empresarios ha sido otra. Según el ministro de Trabajo, las ayudas serán para hacer frente a la competencia de los juguetes asiáticos, el cuento que no para de repetirse últimamente. Poco le importa a Caldera que esta medida perjudique directamente el bolsillo del ciudadano español, comprador o no de juguetes. Tampoco le importa a Caldera que esta extorsión al ciudadano lleve al sector del juguete a su tumba definitiva. Los bajos precios de la competencia son una señal del mercado, de la gente que actúa en él, para que el empresario cambie el chip ante las nuevas características de la sociedad.

Cuando la competencia aprieta, el empresario ha de tomar una decisión que no le expulse del mercado o de los deseos del comprador. Generalmente se dividen en tres: reducir costes, cambiar de sector y dedicarse a vender algo que la sociedad demande más urgentemente o  innovar, que es la más difícil de las labores del empresario. En cualquiera de las tres situaciones, y en condiciones de libre mercado, tanto oferente como demandante salen ganando. El primero aumentando ingresos y el demandante, la gente de la calle, en mejores precios o en nuevas líneas de productos o servicios.

Cuando artificialmente el Estado interviene en este proceso renovador sólo consigue dejar al sector fuera de las decisiones de las personas, llevándolo a una espiral de pasividad empresarial y elitista. En el ramo juguetero sólo permanecerá el puñado de empresas que viven de la subvención, que se dedicarán a trabajar para los requisitos que el burócrata impone y así poder recibirla. En este caso serán requisitos laborales que nada tienen que ver con mejorar la estructura de producción ni la innovación empresarial. El ciudadano –la demanda– pierde su poder sobre el mercado, que es traspasado a los oligarcas del Gobierno. Con el tiempo, el sector se volverá cada vez más incapaz de adaptarse a las volátiles y exigentes demandas del consumidor y más dependiente de las decisiones políticas, esto es, de la compra de votos y promesas de los políticos. ¿Se imagina que el Gobierno hubiese protegido los discos de vinilo para defenderlo de la competencia del CD? Si tal protección hubiese durado hasta hoy sólo tendríamos un sector que viviría de la caridad del Estado y no se correspondería en nada con los deseos del consumidor. Es caridad a punta de pistola, ya que el Gobierno obtiene el dinero sacándoselo a usted.

Como en tantas ocasiones, el sector del juguete español va perder el tren de la modernidad, quedándose obsoleto y viviendo de una ilusión a la que todos vamos a contribuir nos guste o no. La dura competencia asiática es una ocasión de oro para los empresarios. Han de replantearse sus tradicionales estrategias innovando en nuevos sectores y buscando nuevas oportunidades. Sólo así podrá sobrevivir de forma sostenible y honrada en el tiempo. La nueva compra de votos que ofrece Caldera a los diversos sectores empresariales está dejando la economía española en el pasado. De momento lo pagaremos a corto plazo mediante las transferencias no voluntarias del ciudadano al sector empresarial, pero con el tiempo lo pagará la economía entera cuando vea que es incapaz de hacer frente a cualquier innovación que nos venga de fuera por pequeña que sea.