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Etiqueta: Confinamientos

La sorprendente confesión del New York Times sobre la respuesta sueca a la pandemia

John Miltimore. Este artículo ha sido publicado originalmente en FEE.

Hace un par de semanas, The New York Times publicó un artículo que habría sido impensable hace unos años. “¿Cómo acabó Suecia sin mandato con una pandemia tan media?”, se preguntaba el titular.

El escritor del Times David Wallace-Wells no acepta las afirmaciones de que Suecia -que suscitó intensas críticas por negarse a entrar en bloqueo en 2020- tuvo la tasa de mortalidad excesiva más baja de Europa, con sólo un 3,3% más de muertes de lo esperado, el porcentaje más bajo entre los países de la OCDE. Pero admite que “es difícil argumentar sobre la base de la experiencia epidemiológica de Suecia que su política fue desastrosa”.

Puede que esto no parezca una gran concesión, pero lo es.

Suecia no ha cumplido con las expectativas de mortalidad

La Dama Gris informó en 2020 de que “Suecia se ha convertido en el cuento con moraleja del mundo” por su respuesta al Covid, y al Times se unió un coro de medios de comunicación (y el presidente Donald Trump) que alegaron que Suecia había “chapuceado en la pandemia” y amplificado el virus.

Hoy sabemos que no fue así. Wallace-Wells parece envidiar a Anders Tegnell -el arquitecto de la política sueca- por dar una “vuelta triunfal a través de los medios”. Pero vale la pena señalar que el epidemiólogo recibió amenazas de muerte por su respuesta a la pandemia, que parece mejor con cada semana que pasa.

El éxito de la estrategia sueca sigue siendo objeto de debate. Wallace-Wells se muestra escéptico sobre las afirmaciones suecas de que el país tuvo el menor exceso de mortalidad de Europa. Dice que el conjunto de datos es imperfecto y no está ajustado a la demografía. Pero está claro que Suecia obtuvo mejores resultados que muchos países en aislamiento. Los datos de la Organización Mundial de la Salud a los que hace referencia muestran que los suecos tuvieron una tasa media de exceso de mortalidad de 56/100.000, mucho mejor que Italia (133), Alemania (116), España (111) y el Reino Unido (109).

Independientemente de los datos que se elijan, hay un hecho indiscutible: esto no es lo que predijeron los modelizadores.

40 millones de muertos (por ejemplo)

Es importante recordar que una de las razones por las que los países entraron en bloqueo fue que el Imperial College de Londres predijo que hasta 40 millones de personas morirían en nueve meses si no se controlaba el virus. Esos mismos modeladores predijeron que Suecia sufriría 96.000 muertes en julio de 2020 si la nación no cerraba.

Y no fue así. (El número real de muertes en julio de 2020 fue de 5.700).

Así pues, tanto si se acepta la afirmación de que Suecia tuvo el menor número de muertes excesivas de Europa como si simplemente tuvo un rendimiento “medio”, está claro que los modelizadores se equivocaron terriblemente.

https://twitter.com/miltimore79/status/1288125018564464650

Wallace-Wells no aborda estos errores de modelización, pero sí subraya la ineficacia de las normativas gubernamentales. Admite que “los mandatos pueden importar algo menos que el comportamiento social y la propia enfermedad, y seguramente menos de lo que queremos creer”.

Así en Finlandia y Noruega como en Suecia

La gente seguirá debatiendo sobre los confinamientos, por supuesto. Señalarán que países como Finlandia y Noruega tuvieron menor mortalidad por Covid que Suecia, ignorando que (como Wallace-Wells también señala) estos países en realidad tenían políticas menos estrictas que Suecia durante gran parte de 2020, según el Coronavirus Government Response Tracker de Oxford. (Al parecer, los vecinos se apresuraron a adoptar el enfoque de “toque más ligero” de Suecia).

Sin embargo, esto no significa que no tengamos respuestas claras. Al principio de la pandemia, formulé una pregunta proactiva: “¿podría funcionar realmente el enfoque sueco de laissez-faire frente al coronavirus?”.

Había otro sendero

Aunque Wallace-Wells no llega a responder afirmativamente, incluye una cita reveladora de François Balloux, director del Instituto de Genética de la UCL y profesor de biología computacional en el University College de Londres.

“Lo que el ‘modelo sueco’ sugiere realmente es que las medidas de mitigación de la pandemia pueden aplicarse eficazmente de forma respetuosa y en gran medida no coercitiva”, escribe Balloux. Esto es lo más parecido a una admisión de “lo sentimos, estábamos equivocados” que es probable que veamos en el New York Times.

Declaración de Great Barrington

Después de todo, las medidas no coercitivas que menciona Balloux son precisamente las que los defensores del enfoque sueco, incluidos los firmantes de la Declaración de Great Barrington, habían defendido todo el tiempo. (Wallace-Welles tiene razón cuando señala que Suecia nunca adoptó un enfoque de “dejar hacer”, como muchos afirman).

Lamentablemente, la mayoría de los países adoptaron en su lugar medidas altamente coercitivas, incluso tiránicas, creyendo que tenían los conocimientos necesarios para planificar la sociedad. Al hacerlo, ignoraron la advertencia del Premio Nobel de Economía F.A. Hayek, quien advirtió que “si el hombre no quiere hacer más mal que bien en sus esfuerzos por mejorar el orden social, tendrá que aprender que en éste, como en todos los demás campos en los que prevalece una complejidad esencial de tipo organizado, no puede adquirir el conocimiento completo que haría posible el dominio de los acontecimientos”.

Ya lo dijo Hayek

Esta es la mayor lección de la pandemia: Los planificadores centrales no poseen los conocimientos necesarios para organizar eficazmente la sociedad, pero sí el poder para destrozar el orden social… rápidamente. Esta es precisamente la razón por la que Hayek dijo que era imperativo que los que tienen el poder aborden la sociedad con humildad.

Algunos parecen haber aprendido esta lección. Wallace-Wells dijo que “da humildad reconocer” que los mandatos simplemente eran incapaces de hacer lo que muchos creían que podían hacer. Esperemos que otros aprendan también esta lección y ofrezcan a los suecos y al Dr. Tegnell una merecida disculpa.

Cómo los confinamientos, y no el covid, marcaron a una generación

  • Los confinamientos y las restricciones han aumentado la pobreza, las carencias educativas y de desarrollo de los niños de todo el mundo.
  • Suecia, que mantuvo la normalidad, no aprecia ningún deterioro en la salud y desarrollo de sus niños.
  • Los niños nunca han sido un grupo vulnerable al covid, ni siquiera los niños inmunocomprometidos.

En la hora en que propios expertos de la OMS reconocen que las vacunas covid para niños y adolescentes no aportan beneficio reseñable (sí, como hemos leído, y todo esto más de 2 años después de promover lo contrario) por el simple hecho de su muy bajo riesgo (un estudio de enero de 2022 concluía que incluso en niños inmunocomprometidos el riesgo del covid seguía siendo bajo o muy bajo), es momento también de empezar a pedir cuentas por precisamente todo el impacto no del covid sino de la respuesta al mismo sobre la salud de niños y adolescentes.

El ejemplo de Suecia

En comparación con toda la inmensa mayoría de países embarcados en una tan extrema como experimental respuesta a una pandemia, en Suecia (el país donde jamás un niño llevó una máscara, jamás fueron confinados y jamás faltaron a sus clases), los estudios concluyen que los niños NO tuvieron ninguna falta de desarrollo y éste se produjo con plena normalidad. Repitamos: el país occidental sin mascarillas ni confinamientos vio a sus niños y adolescentes desarrollarse con plena normalidad. Tampoco se observó en la infancia sueca ningún aumento de la brecha educativa por rentas o clase social como en los demás países occidentales analizados. Y mientras casi todo el resto de Occidente veía cómo sus niños reducían en promedio un 20% su actividad física, en Suecia los niños no redujeron ésta lo más mínimo.

En Suecia es inconstitucional cerrar las escuelas. Anna Ekstrom, ministra de educación sueca explicó su decisión de no cerrar escuelas en 2020 no sólo por un derecho constitucional sino por el papel fundamental que juega la escuela en la vida de los niños. En toda Escandinavia se hizo un esfuerzo por interferir lo mínimo posible en la vida de los niños. Aunque Dinamarca decidió en marzo de 2020 cerrar las escuelas, en abril ya estaban reabriéndose con normalidad. Suecia, por cierto, no sólo nunca hizo enmascarar a ningún niño sino que tampoco recomendó nunca las vacunas covid para menores de 12 años (y para primavera de 2022 ya las desaconsejaba para menores de 18). En junio de 2022, el director del Instituto Nacional de Salud de Dinamarca afirmó “haber sido un error” haber recomendado las vacunas a los menores de edad.

Niños enmascarados

Aunque ya sabemos que las máscaras no sirven ni han servido contra virus, todos los estudios consistentes han mostrado que enmascarar a los niños no ha prevenido nada, ni estudios de España, de Finlandia o de Estados Unidos. Niños que se acabarán preguntando en un futuro por qué les hicieron taparse la boca durante 2 años o más para un virus que apenas les afectaba. Porque lo cierto es que los niños suecos tuvieron menos mortalidad que, por ejemplo, los confinados y enmascarados hasta la saciedad niños británicos.

Recordemos, igualmente, para mostrar comparativamente la pura experimentación (que consiguió China, que hiciéramos a su imagen y semejanza) en que se basó la respuesta al covid, que en 2017-18 Estados Unidos sufrió una de las más severas epidemias de gripe común de los últimos tiempos. Más de 80.000 estadounidenses fallecieron de gripe, entre ellos 180 niños. Y nunca se planteó ningún confinamiento, ningún cierre de escuelas, ningún enmascaramiento, ningún testeo masivo de la población.

Confinamientos y esperanza de vida

En países como EEUU por ejemplo se puede fácilmente comprobar cómo al menos un tercio de la pérdida de esperanza de vida en 2020 se debió a los confinamientos (que tampoco salvaron vidas). Y eso asumiendo que las muertes covid fueron correctamente contabilizadas, cuando la realidad es que muchos expertos apuntan a lo contrario, que hubo y hay una sobreestimación.

Ahora veamos la anormalidad en todos los países con imposiciones y restricciones a través de las consecuencias de éstas que la propia prensa reconocía.

Efecto sobre los niños

  • Daily Telegraph. El devastador efecto de los confinamientos en los niños británicos.

Comenta cómo muchos niños llegan a primaria sin saber pronunciar su propio nombre. En sólo un año entre 2019 y 2020, los problemas de adaptación al nivel escolar en Reino Unido aumentaron del 35% al 46%.

  • USA Today. Problemas de desarrollo cognitivos en bebés.

La denominada ‘generación covid’ tiene retrasos de desarrollo fuera de lo normal. Los niños de esta generación empiezan a hablar, caminar e interactuar más tarde. Sufren de mayor ansiedad y tendencia a la agresividad.

  • 20 Minutos. Se constata una pérdida del 35% de todo el aprendizaje de un año escolar.

La revista científica Nature Human Behaviour analizó datos de 42 estudios en 15 países, hallándose por ejemplo pérdida apreciable de capacidades que ya habían sido adquiridas y un aumento de la brecha educativa entre las clases altas y las bajas.

  • The Spectator. Datos sobre el impacto de los confinamientos en los niños.

Todos los parámetros de desarrollo infantil analizados en el estudio Early Chilhood Inequalities sufren un deterioro apreciable entre 2019 y 2021

  • NBC. Emplear más tiempo con hijos y nietos y sus gérmenes mejora nuestra respuesta al covid

Inmunidad cruzada

En diciembre de 2022, tras más de 2 años con restricciones, medios mainstream como la NBC nos vienen a decir gracias a dos estudios, justamente lo contrario de lo hasta entonces recomendado. El primer estudio en cuestión de verano de 2022 hablaba de una inmunidad cruzada de la que nos beneficiaríamos al interactuar con los niños. En concreto, el estudio halló una diferencia significativa de riesgo de hospitalización entre familias sin niños y familias con niños. Recordemos que en 2020, las autoridades difundieron el miedo anticientífico a los niños, que en lugar de supercontagiadores ahora se saben inmunizadores.

  • Journal of Medical Ethics del British Medical Journal. No son éticos los mandatos de vacunas en centros escolares y universidades cuando el riesgo para estos grupos de los refuerzos de vacunas covid parece superior al beneficio

Pasaporte sanitario

La revista de ética médica del British Medical Journal exponen la dudosa ética médica de exigir pasaporte sanitario covid y vacunas en centros escolares y universitarios, como sucedió y aún sucede en algunos casos en Estados Unidos, por ejemplo.

  • Time. Las restricciones mundiales por el covid agravaron el trabajo infantil.

El reportaje trata el caso de Bangladesh, un país con un cierre de escuelas draconiano por lo prolongado desde 2020. Save the Children reporta la misma experiencia junto con el aumento al maltrato infantil.

  • BBC. 228.000 niños fallecieron en el sudeste asiático por las restricciones covid

El artículo de basa en cifras de la ONU. Por ejemplo, comenta cómo las restricciones, confinamientos, faltas de tratamiento adecuado por esas restricciones y el olvido de otras enfermedades han hecho aumentar en estos países los casos de tuberculosis, malaria o tifus.

  • RTVE. Las mascarillas impiden a los niños identificar emociones.

Abusos y pobreza

Lo más truculento de este reportaje de la cadena pública es que busca psicólogos que intenten minimizar los daños, asegurando que ‘ya recuperarán’ lo perdido en años posteriores. Según lo cual, todo deterioro al aprendizaje puede ser justificable y fácilmente solventable, como si nunca marcara a un niño estar dos años de su pleno desarrollo con importantes carencias.

  • BBC. Una pandemia de abusos infantiles

En este caso se centra en Filipinas a partir de los datos de Unicef y Save the Children donde “más de dos años de confinamientos y cierres de escuelas dejó vulnerables a los niños en casa con padres con necesidad de obtener dinero”.

  • UNICEF. 150 millones más de niños viven en la pobreza desde la respuesta al covid

Esto ha supuesto un aumento de al menos el 15% de niños en la pobreza. Henrietta Fore, directora ejecutiva de UNICEF reconocía la responsabilidad de los confinamientos.

Ahora la cuestión es, ¿realmente estamos dispuestos a olvidar todo esto? Y tan o más importante, ¿alguien alguna vez pagará por todo el daño tan innecesariamente hecho a los niños?

‘Lockdown files’: no volvamos a dejar que el Gobierno nos dé un susto de muerte

Laura Dodsworth. Este artículo ha sido publicado originalmente en CapX.

Sanobar y su hijo vivían en una habitación individual. El niño de nueve años estaba tan aterrorizado por el coronavirus que no quiso ir a la escuela durante el encierro, a pesar de tener derecho a ello como niño vulnerable. De hecho, no salió de la “frontera de las cuatro paredes” durante semanas y apenas abandonó la cama en la que dormía, comía y hacía los deberes. A los nueve años tomó una sobredosis para escapar del miedo.

Jane me contó que cuando empezó el encierro sintió que un “manto de ansiedad” se posaba sobre sus hombros. Veía las sesiones informativas de Downing Street y leía las noticias todos los días. Como ella misma dijo, “los titulares truculentos se sucedían con rapidez”. Todos los días se despertaba temblando de pies a cabeza, con ataques de ansiedad. Llegó a necesitar medicación para hacer frente a la ansiedad inducida por el alarmismo.

Susan, de 15 años, empezó a autolesionarse. Rosie, de 13 años, sufrió ataques de pánico. La madre de Jimmy lo encontró después de que atentara contra su vida. Los hombres me hablaron de TOC, ansiedad, agorafobia y TEPT. El aumento de muertes relacionadas con el alcohol, las recaídas en las drogas y el síndrome de ansiedad Covid están bien documentados.

Lockdown files

Estos son sólo algunos ejemplos de las víctimas ocultas de la pandemia que encontré mientras investigaba mi libro Un estado de miedo. Sus historias revelan el coste humano del uso por parte del Gobierno de la propaganda, la psicología conductual y la militarización del miedo durante la pandemia, expuestas de forma concluyente en los Lockdown Files de The Telegraph. Sin embargo, todavía hay quien decide no verlo.

A nadie le gusta creer que puede ser manipulado, y mucho menos que ha sido manipulado. Es más fácil creer que eran necesarias medidas no demostradas (y a veces inútiles) como llevar máscaras, pararse sobre puntos espaciados y quedarse en casa durante meses, que admitir haber sido estafado por unos niveles de miedo desproporcionados.

La disonancia cognitiva se produce cuando nos encontramos con información que contradice nuestra percepción del mundo y no encaja con nuestra idea de la realidad”, explica el psicólogo Patrick Fagan. Las investigaciones demuestran que la actividad cerebral se dispara cuando se nos presenta algo que no tiene sentido y no encaja con nuestras expectativas. Modificar la idea de la realidad es doloroso y difícil. La mente sólo te deja ver lo que cree que puedes soportar. Es muy traumático darse cuenta de que te mintieron personas en las que confiabas e hicieron cosas perjudiciales. Así que adoptas mecanismos psicológicos de defensa, como la negación, la minimización, la racionalización y la proyección”.

“Proyecto miedo”

Desde que se publicaron los mensajes de WhatsApp de Matt Hancock la semana pasada, hemos visto cómo se han puesto en marcha algunos de estos mecanismos de defensa. Algunas personas niegan rotundamente la autenticidad de los mensajes, otras afirman que han sido “seleccionados” para crear una narrativa parcial. La gente racionaliza que la gravedad de la situación justifica la intención de Hancock de “asustarnos”.

Creen que el “Proyecto Miedo” formaba parte de una noble mentira por el bien común. (Aunque eso ignora lo que los mensajes también revelaron sobre la comprensión temprana de la estratificación del riesgo por edad y comorbilidad. Nunca tuvimos todos el mismo riesgo). Los periodistas se han vuelto contra Isabel Oakeshott y han hecho de ella la historia, en lugar de interrogar el contenido de los mensajes de WhatsApp – hace más fácil ignorar su fracaso a la hora de hacer las preguntas correctas en su momento.

Esta disonancia cognitiva fue, irónicamente, en parte una consecuencia ex post facto del propio encierro. Un estudio descubrió que la gente juzgaba el riesgo de Covid basándose en el hecho de que el Gobierno impusiera restricciones; en otras palabras, pensaban que debía ser realmente malo que el Gobierno hiciera algo tan drástico.

La pandemia como herramienta del poder

Lo que significa que ahora la gente simplemente no puede creer las pruebas que tiene delante de sus propios ojos. Me han preguntado muchas veces, ‘¿pero por qué iba el gobierno a asustarnos deliberadamente?’. La respuesta es sencilla: nos asustaron para obligarnos a cumplir el encierro. Todo empezó con las infames actas del SPI-B, en las que se afirmaba que “es necesario aumentar el nivel percibido de amenaza personal entre quienes son complacientes utilizando mensajes emocionales contundentes”. Esa fue la prueba A en la hipótesis de Un Estado de Miedo, que estableció una batería de armas desde estadísticas distorsionadas, multas exorbitantes, “codazos” y anuncios engañosos en la televisión nacional para controlar a la población durante la pandemia.

Las acusaciones más contundentes no provenían de mí, sino de personas con información privilegiada que rompieron su tapadera para compartir sus profundos recelos. Un científico del SPI-B advirtió del creciente autoritarismo en el gobierno: “la gente utiliza la pandemia para hacerse con el poder y llevar a cabo cosas que de otro modo no ocurrirían… Tenemos que tener mucho cuidado con el autoritarismo que se está introduciendo”.

Otro científico del SPI-B admitió su preocupación por el hecho de que “hemos permitido que nos gobiernen de esta manera… Está en el nombre de la unidad en la que estoy, es un comportamiento. Se podría llamar a la psicología ‘control mental’. Eso es lo que hacemos… Está claro que intentamos hacerlo de forma positiva, pero en el pasado se ha utilizado de forma nefasta. La psicología se ha utilizado con fines perversos. No quiero entrar demasiado en esto porque es distópico y es lo que me despierta a las 3 de la mañana”.

Una campaña para asustar al público

Otro describió la psicología como un “arma”. Sin una vacuna, la psicología es tu principal arma… La psicología ha tenido una epidemia realmente buena”. Cuando los psicólogos que asesoran al Gobierno describen lo que están haciendo como “totalitario” y “distópico”, deberías prestar atención.

En un artículo de mea culpa publicado en UnHerd, el fundador de Nudge Unit, Simon Ruda, también lamentó el uso del miedo, e incluso Rishi Sunak declaró a The Spectator que lamenta el “mensaje del miedo”.

Y ahora, gracias a The Telegraph lo tenemos en las propias palabras de Matt Hancock: quería “asustar a todo el mundo” con la “nueva variante” que quería “desplegar”. En aquel momento, a algunos de nosotros no se nos pasó por alto que las variantes podían utilizarse para volver a infundir miedo. En mi libro advertí sobre las “variantes”. El profesor Hugh Pennington, de la Universidad de Aberdeen, acusó al Gobierno, en un artículo publicado en el Express en enero de 2021, de llevar a cabo una “campaña de propaganda” para asustar al público lo suficiente como para que siguiera las medidas de confinamiento. Es muy frustrante. En el fondo de mi corazón creo que hay una campaña de propaganda para asustar al público”.

Estado policial

Varios científicos pidieron calma, reiteraron que los virus mutan y que aún no había pruebas de que esta variante en particular fuera más transmisible o mortal. Sin embargo, el Gobierno dio un giro de 180 grados el 16 de diciembre de 2020 y cambió las reglas. La variante Kent parece haber proporcionado una justificación psicológica para las acciones que el Gobierno quería tomar de todos modos. Las variantes del virus suelen ser más infecciosas y menos peligrosas. Fue engañoso en extremo utilizar nuevas “variantes” para hacer que la gente se atrincherara más en casa.

Además de las variantes, es obvio que el Gobierno quería utilizar toda la fuerza de la ley y de la policía para asustar a la gente y hacerla obedecer. Los Lockdown Files han revelado que Hancock dijo a otros ministros que “se pusieran duros” con la policía. En lugar de oponerse a esta aparente interferencia operativa, la policía parece haberla tomado esto y le dio curso. Las protestas por los confinamientos fueron vigiladas con bastante brutalidad. Me amenazaron con detenerme cuando cubría una protesta, y un agente demasiado entusiasta y agresivo me quitó el carné de prensa y me pidió mi “contraseña” para la Asociación de la Prensa. Se imponían multas por sentarse en los bancos de un parque o dar un paseo con un amigo, que podían ascender a 10.000 libras. Era una locura autoritaria que dañará aún más la confianza en la policía de este país.

Las mascarillas como uniforme del miedo

Las comunicaciones privadas también confirman lo que ya he revelado: las mascarillas pretendían ser una señal, un signo visible de peligro. Los expertos nos dijeron desde el principio que no necesitábamos máscaras. Luego se impusieron las mascarillas a pesar de que no había nuevas pruebas. La revisión Cochrane de referencia, que concluyó que “el uso de mascarillas en la comunidad probablemente apenas influye en el resultado de las enfermedades similares a la gripe”, es el último clavo en el ataúd.

Nunca fue proporcionado ni ético asustar a la gente para obligarla a seguir las normas. He pedido muchas veces que el Gobierno investigue su propio uso de la psicología conductual y que se consulte al público. No existe ningún consentimiento público para la manipulación subliminal.

Sobre todo, no creo que nada de esto fuera ni de lejos necesario. La gente modificó su comportamiento por su cuenta antes de los cierres porque, de todos modos, las pandemias dan miedo. Las infecciones disminuyeron antes de los confinamientos. El primer consejo, que Covid no era una amenaza para la mayoría, debería haberse mantenido en lugar de exagerar el riesgo.

Esta semana me preguntan si me siento reivindicado por los Lockdown Files. No hay satisfacción en tener razón. Estos políticos y funcionarios se rieron de encerrar a la gente en cajas de zapatos en cuarentena. Decidieron despreocupadamente no reabrir las escuelas. Querían que la policía “se pusiera pesada”. No podían ver los inconvenientes de pedir a los alumnos que llevaran máscaras en las escuelas. Engañaron deliberadamente al país sobre los peligros de las variantes. Se creían con el derecho divino de asustar, avergonzar y culpabilizar a la gente para que hiciera lo que ellos querían. Y no tenían ni idea de lo que habían hecho a Sanobar, Jane, Susan, Rosie, Jimmy y todos los demás.