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Etiqueta: Dinero y sistemas financieros

Marx y el dinero (II)

El mes pasado publicaba sobre la teoría monetaria de Marx hablando sobre su teoría general y la primera de las propiedades que atribuye al dinero, la de unidad de valor. Continuando con estas, en segundo lugar, tenemos la función del dinero como medio de circulación. Para Marx, el dinero tenía que operar primero como unidad de valor para luego ser puesto en la práctica en su papel como dinero. Esta es la materialización de que un bien se ha establecido como dinero. Fijar los precios permite comparar el valor de las mercancías que van a ser intercambiadas, pero no garantiza que lo vayan a ser. Solo cuando tras esa fijación del precio lo han sido, es cuando para Marx esa mercancía se puede considerar dinero. La primera función es una condición necesaria de la segunda, y la segunda un complemento de la primera. La primera función del dinero tiene como condición la variabilidad de su valor en comparación con las mercancías intercambiables; la segunda implica la variabilidad de la cantidad que circula y que puede comprar estas otras mercancías.

Marx distingue entre la demanda monetaria y no monetaria del oro. Para este, como el oro tiene una demanda no monetaria, circulará más allá de su uso como oro, pero la cantidad de oro que funcione como dinero dependerá de los precios y del volumen y velocidad de las transacciones.

A pesar de las críticas a la teoría cuantitativa del dinero, en un primer momento Marx concuerda con David Ricardo cuando habla del valor del papel moneda para indicar que el valor de este sí que viene determinado por el volumen del papel moneda en circulación y el volumen de las mercancías a las que da acceso, es decir, la ley de oferta y demanda. Marx afirma que:

Mientras se observe una cierta proporción entre las necesidades de circulación y la cantidad de dinero emitido, ya sea papel, oro, platino o cobre, no se puede hablar de una proporción a observar entre el valor intrínseco (coste de producción) y el valor nominal del dinero. […] Ricardo comprendió tan bien la verdad que, después de basar todo su sistema en el valor determinado por el tiempo de trabajo, y después de decir: “El oro y la plata, como todas las demás mercancías, sólo tienen valor en proporción a la cantidad de trabajo necesaria para producirlos y llevarlos al mercado”. Añade, sin embargo, que el valor del dinero no está determinado por el tiempo de trabajo que incorpora su sustancia, sino únicamente por la ley de la oferta y la demanda. (Marx 1910).

El valor del papel moneda, al carecer de un valor intrínseco (coste de producción), según Marx es inversamente proporcional a su cantidad. Esto se debe a que la emisión de este no viene sujeto a su producción y, por tanto, no adquiere el valor de las horas de trabajo necesarias para su producción, sino de la cantidad emitida que viene determinada por el gobierno independientemente de los requisitos de circulación de este. Por tanto, con el caso del dinero de papel las “leyes inherentes de circulación” parecerían ser abolidas y la refutación marxista del cuantitativismo propio de Ricardo perdería su carácter general si se excluyera de ella el papel moneda.

No obstante, Marx cambia de opinión en El Capital diciendo que el valor de ningún dinero viene determinado por su cantidad y critica a Ricardo por su obsesión cuantitativista. Siguiendo a Tooke y Fullarton, Marx dice que Ricardo se equivoca distinguiendo entre los diferentes tipos de dinero y sus diferentes formas como el crédito. De todos modos, la postura original de Marx no merece ser rechazada del todo. Es cierto que lo que defiende en The Poverty of Philosophy está equivocado porque con las consecuencias de los cambios de valor del dinero se explican con el enfoque monetario de la balanza de pagos (Blasco 2022); por ejemplo, si la oferta monetaria nacional crece más rápido que la demanda de dinero, las reservas internacionales se reducen y el oro sale del país. Pero hay escenarios en los que la ecuación cuantitativa sí que se comporta como la describen los teóricos cuantitativistas. Si hubiese un monopolista de dinero fiat inconvertible a oro, ahí vemos como explica George Selgin (1987, 439–40), que la ley de compensaciones adversas no se daría. La ley de compensaciones adversas dice que cualquier banco que cree pasivos a la vista en cualquier forma por encima de la demanda de mantener dichos pasivos a un nivel de precios determinado se enfrenta a compensaciones adversas y, por lo tanto, a una pérdida de reservas de dinero de productos básicos igual a su exceso de emisión (Selgin 1987, 438). Selgin lo explica así:

Por lo tanto, en un sistema monopolizado la demanda de dinero a menudo debe ajustarse a la oferta, y no a la inversa. Ninguna regla predeterminada para la gestión monetaria puede permitir a los bancos de un sistema monopolizado encontrar los límites adecuados de la expansión del crédito. La monopolización de la emisión de moneda destruye el mecanismo de compensación adversa y, al hacerlo, crea un vasto problema de cálculo que ninguna fórmula a priori puede resolver. (Selgin 1987, 449)

Para Marx, el papel moneda estaba condenado a permanecer en circulación, siguiendo con la idea de que la ley de compensaciones adversas defendida por Selgin o la ley del reflujo de Fullarton defendida por David Glasner (1992) no se darían. Con un patrón de papel moneda, el estado podría emitir tanto dinero como quisiera aunque no podría sacarlo de la circulación. Pero aquí se equivoca por dos motivos. El estado podría sacarlo de circulación deteniendo su contante emisión—aunque carezca de incentivos para hacer esto—y aumentando impuestos, y también porque este puede ser atesorado por las personas. Marx rechaza esta opción porque sería contraria a su teoría del valor trabajo. Nadie demandaría algo que no tuviese valor incorporado mediante las horas trabajo socialmente necesarias para su producción. El papel moneda por tanto no puede reemplazar el oro, solo circular junto a él en cuanto opere como un sustituto monetario del oro.

Para Marx, por tanto, el papel moneda funciona como dinero en tanto que es un símbolo del oro, pero es un dinero falso porque no puede ser otra cosa salvo un sustituto condenado a circular eternamente. Dicho de otra manera, siguiendo la clasificación de Bondone (2012), los activos financieros de los bancos circulan sirven como moneda—conjunto de activos que circula a valor facial y sirve para satisfacer la demanda de liquidez de un país—siempre que sea convertible en un activo real, en este caso el oro. Aquí Marx se equivoca y es fácil actualmente ver por qué: el dinero fiat tiene valor para la gente, no únicamente valor de cambio sino también de uso en tanto que este dinero se atesora, es decir, lo siguen demandando como moneda para satisfacer su demanda de liquidez no solo para atesorarlo sino para transacción también (para Marx, para que algo tuviese valor de uso primero tenía que tener valor de cambio).

Marx decía que el oro operaba en primer lugar como medida de valor y que luego cambiaba su denominación según su convertibilidad en el papel moneda, y como instrumento para atesorar (tercera función que veremos en el siguiente artículo), pero que era el papel moneda el que circulaba y, por tanto, funcionaba como medio de intercambio, obteniendo su valor del oro al que daba derecho. En el momento del intercambio inicial es cuando con el dinero, como medio de intercambio, se puede establecer una ecuación del precio: X cantidad de una mercancía equivale a Y cantidad de dinero. Por lo tanto, el dinero obtendrá su precio cuando se intercambie por otros bienes ya que finalmente será posible establecer la fórmula de circulación simple: M-D-M (mercancía-dinero-mercancía).

Referencias

Blasco, Eduardo. 2022. “Una Alternativa a La Explicación Cuantitativa Del Mecanismo de Ajuste Internacional Del Oro.” Instituto Juan de Mariana, Enero 12, 2022.

Bondone, Carlos A. 2012. Teoría de La Moneda. Buenos Aires, Argentina: Publicado independientemente.

Glasner, David. 1992. “The Real-Bills Doctrine in the Light of the Law of Reflux.” History of Political Economy 24 (4): 867–94. https://doi.org/10.1215/00182702-24-4-867.

Marx, Karl. 1910. The Poverty of Philosophy. Chicago, Estados Unidos: Charles H. Kerr & Company.

Selgin, George. 1987. “The Stability and Efficiency of Money Supply Under Free Banking.” Journal of Institutional and Theoretical Economics 143 (3): 435–56. http://www.jstor.org/stable/40751005.

Bitcoin en perspectiva histórica

Cavilando sobre qué tema tocar en mi artículo mensual, he reparado en un hecho que a los humanistas nos pilla bastante lejos: las criptomonedas. Había pensado que era oportuno tratar la última polémica de Disney, la cultura de la cancelación, la revocación de la infausta Roe vs Wade o Israel, tema al cual me he dedicado largo y tendido en estos últimos meses. Sea como fuere, el caveat que lanzo al lector es: no he invertido en Bitcoin, de hecho, no sé ni cómo hacerlo. No soy un especialista en el tema y, a lo sumo, aquello que puedo ofrecer es una perspectiva histórica del dinero. Ergo, lo que busca este escrito no es más que un análisis desapasionado del “fenómeno cripto” alejado de los aspavientos de detractores y halagadores.

Sin más preámbulo, la primera pregunta que podría hacerse el interesado en el tema es si Bitcoin, per se, constituye una moneda o no. Basándome en el manual de “Principios de la Economía” (1997) de Gregory Mankiw, hay un notorio consenso entre los especialistas en que para que un ente sea considerado dinero debe de tener tres funciones: medio de cambio, unidad de cuenta y depósito de valor (podría añadirse una cuarta, patrón de pagos diferido). A lo largo de la historia ha habido activos que en un principio no eran dinero pero que se convirtieron en elementos monetarios.

Partiendo de ahí, se me antoja complicado afirmar, en la actualidad, cuál de las funciones cumple Bitcoin. Si su valor se hubiera mantenido estable y con un crecimiento exponencial como el que experimentó desde septiembre del 2020 (10.764$ por Bitcoin llegando a los 58.734$ – su valor más alto -, en apenas cuatro meses), podría considerarse un depósito de valor. El problema es evidente, dada la volatilidad que atesora, su valor desde marzo del 2021 hasta hoy ha sido más un electrocardiograma que un activo seguro. Esta subyugación a las fluctuaciones de precio relativos a la oferta y demanda que experimenta, hacen difícil que pueda cumplir el requisito mencionado.

Aun así, su precio ha ido manteniendo valores alcistas a lo largo del tiempo, excepto en la semana en la que escribo esto, hoy 26 de junio, su valor está en 20,494$. La historia muestra que, a la larga, las monedas tienden a devaluarse, un ejemplo es el dólar, puesto que en 100 años se ha devaluado (respecto a él mismo) en un 99%, en buena medida por la emisión a mansalva de la FED a lo largo del siglo. Es de menester postular que actualmente hay monedas que tampoco cumplen esta función, como podría ser el bolívar, el peso argentino o el rial iraní.

En cuanto a unidad de cuenta, esta característica está muy vinculada a la volatilidad mencionada y para identificarla en Bitcoin, sería necesario una unidad de cuenta estable. Por último, el medio de cambio tampoco lo cumpliría en la mayoría de bienes y servicios (exceptuando algunas empresas bohemias como Tesla – la cual no tardó en renunciar a él como método de pago-, escasas tiendas digitales e informáticas y ciertos lugares de ocio). Aún no es aceptado como medio para adquirir todo tipo de bienes, ergo difícilmente puede tener esta función.

Para identificar las propiedades de Bitcoin, se debe postular el marco de referencia económico del cual se parte, es decir, qué escuela de pensamiento o teoría monetaria se usa para analizarlo, puesto que, el chartalism (y el MMT) lo rechazaría como dinero porque el estado no acepta la criptomoneda como pago de impuestos. Menger y los austríacos pondrían en foco en la estabilidad relativa del valor (que podría derivar en considerarlo como moneda). Otros como el Nobel de economía, Robert Shiller, postulan la narrativa económica que subyace en las “criptos”, la cual no deja de ser un ataque frontal contra el estado. Desde su perspectiva, una criptodivisa puede funcionar como dinero siempre que las personas valoren los intercambios realizados a través de ella y la consideren válida para la compraventa o el ahorro (Shiller, 2019, pág. 3).

Otro punto serían las analogías históricas respecto a las innovaciones monetarias. Por ejemplo, las letras de cambio. Estos documentos provenían de la Baja Edad Media y estaban impulsados los por las vicisitudes del comercio a larga distancia. Se trataba de datos mercantiles (activos-pasivos financieros) muy vinculados a las transacciones comerciales puesto que, con ellas se proporcionaban medios de pago que superaban las rémoras físicas, temporales y se disminuían riesgos. Habría que destacar también que, esta innovación financiera era una promesa de pago entre los distintos agentes que operaban en los mercados, naciendo así de acciones privadas, en cambio, no hay endoso ni promesas de pago relativos al bitcoin.

Cuando un inversor en la actualidad vende un Bitcoin, no necesariamente debe haber un deudor, sin embargo, la letra de cambio plasmaba las distintas posiciones en el mercado financiero con indiferencia del número de endosos que se produjeran. Entonces, la letra de cambio permitió que se pudieran adquirir muchos bienes y servicios (especialmente en el comercio), sin embargo, esto por lo pronto no ha sucedido con el tema que nos incumbe, ya que se usa ínfimamente como medio de pago.

La relación directa este las letras de cambio y el Bitcoin podría ser en lo relativo a la innovación, puesto que las letras de cambio fueron innovaciones importantes que permitieron la expansión del comercio. Así podría suceder con la tecnología que hay detrás de las criptomonedas, como apuntan Massimo Amato y Luca Fantacci en un apartado del libro “Handbook of the history of money and currency” (2018), en el cual se postula que la novedad de las criptodivisas no recae en la lógica detrás de estas, sino en el hecho de la tecnología que usan. Las operaciones algorítmicas sustituyen a las de los bancos centrales, creando “competición” entre los “mineros”, etc. De ahí se deduce que su sistema de “blockchain” podría ser tan revolucionario como los descubrimientos matemáticos que han tenido lugar a lo largo de la historia (Amato & Fantacci, 2018, págs. 517-518).

Para ir cerrando el tema quisiera señalar que una de las grandes diferencias es la construcción de la narrativa económica que se ha hecho de la aparición de Bitcoin. Este se concibió como un activo real virtual. La moneda fiat como es obvio, no lo fue en sus inicios. Asimismo, Bitcoin se articula en contra de las instituciones financieras, no nace de ellas[1]. Los bancos emisores de los primeros billetes, generalmente, eran bancos centrales avant la lettre, y es precisamente ese, uno de los factores que provocó el surgimiento de las criptomonedas.

Cabe mencionar que, las criptomonedas, tienen tintes antiestatistas. En cambio, los billetes fueron emitidos por motivaciones bélicas y muy vinculadas al estado. También se ha planteado la posibilidad de evadir impuestos mediante esta tecnología, cosa que reforzaría la tesis de ir contra el aparato estatal. Bitcoin fue creado a priori por un ciudadano desconocido (Satoshi Nakamoto) que rompió con los burócratas sin imaginación de los propios bancos centrales que se dedican a emitir moneda, por lo tanto, si la masa monetaria producida por estas instituciones son la cumbre económica del sistema, Bitcoin se articula con premisas completamente distintas, puesto que, en el dinero virtual, todo el mundo puede comprar y vender (de ahí el pier-to-pier), sin embargo, en el dinero emitido desde dichas entidades, no.

Entonces, Bitcoin se articula en contra de esos principios inflacionarios de emisión de masa monetaria, de ahí sus escasas 21 millones de monedas, configurando un potencial patrón oro virtual que confrontaría directamente con la idea de instituciones que emiten billetes. Así pues, mientras que el dinero de papel puede causar inflación, a priori, Bitcoin, no (otra cosa es la fluctuación de su valor). Además, el fiat se impone de forma vertical, es decir, de arriba hacia abajo gracias al sistema monetario. Bitcoin justo lo contrario. Quién sabe qué deparará el futuro, pero, si hemos aceptado billetes hechos con papel transgénico como medio de pago, reserva de valor y unidad de cuenta, ¿por qué no podría aceptarse, a medio y largo plazo, Bitcoin como moneda?

Bibliografía

Amato, M., & Fantacci, L. (2018). Handbook of the History of Money and Currency. New York: Springer.

Mankiw, G. (2012). Principles of Economics. Harvard: Harvard University.

Shiller, R. (2019). Narrative Economics. Princeton: Princeton University Press.


[1] Shiller hace referencia al anarquismo del s.XIX (Shiller, 2019, pág. 6). Personalmente, veo más concomitancias con el libertarismo del s.XX articulado de la mano de Von Mises, Hayek y demás autores. Básicamente por las premisas y puentes que trazan con el patrón oro y el bitcoin.

Coacción y moneda fiat

En entornos liberales es habitual asociar la moneda fiat a la coacción estatal, y si bien yo me considero abiertamente libertario, creo importante hacer una breve reflexión sobre este asunto y matizar algunas cuestiones.

Aunque la moneda fiat podría entenderse según algunos autores como un token sin ninguna utilidad fuera de lo monetario y producido en cantidad más o menos limitada (irónicamente para los bitcoiners lo más cercano a esta definición sería Bitcoin), en este artículo me voy a enfocar en el funcionamiento de las monedas fiat actuales.  Es decir, aquella moneda que no es redimible por nada, y que los emisores se comprometen a emitir siempre contra un activo del mismo nominal. Por ejemplo $1.800 contra una onza de oro, o 300.000€ contra la hipoteca de una casa, y donde el emisor custodia el activo en su balance (no se lo gasta) adquiriendo el compromiso explícito o implícito de utilizar esos activos que custodia para acabar por recomprar esa moneda emitida.  Es decir, moneda irredimible, si, pero siempre respaldada. Una deuda monetizada.

Lo que quiero defender en este artículo es que técnicamente la moneda fiat no tiene por qué necesitar la coacción para funcionar si todos los activos que la respaldan son privados. Lo que necesita si o si la moneda fiat es seguridad jurídica, que es muy distinto. En este contexto teórico que planteo, las cuentas corrientes y depósitos de todos los bancos estarían respaldados por un conjunto de activos financieros como hipotecas, préstamos a empresas, papel comercial, etc. y, porqué no, también por algunos activos reales como podría ser oro u otras mercancías. Todo privado.

No creo que fuera imprescindible la existencia de un Banco Central para que esta moneda funcionara bien. Pero por no entrar en ese debate doy por hecho que el Banco Central sería necesario para amortiguar shocks de crédito inusitados. Eso sí, el Banco Central sería de titularidad privada, como en parte lo es hoy el Banco Central Suizo, y al igual que los bancos comerciales también se limitaría a emitir moneda contra activos privados sujetos a contratos voluntarios, Leyes y tribunales privados.

Reconozco que me queda la duda de si habría suficientes activos seguros y líquidos como para emitir la cantidad de moneda necesaria para mantener su estabilidad. No seré yo quien niegue que los bonos de un Estado servirían en cantidad y calidad, pues pueden llegar a ser muy seguros si el Estado es mínimamente diligente al cuadrar sus ingresos y gastos, pues sus ingresos están asegurados gracias a los impuestos, y aquí por supuesto sí que nos topamos con la coacción.  Ya se sabe que lo segundo más seguro después de la muerte, es hacienda.

Pero dicho lo anterior, vuelvo a insistir en que la coacción no es condición necesaria, ni muchísimo menos suficiente, para que una moneda fiat sea estable y por tanto ampliamente demandada por el mercado.  Yo sostengo que es muchísimo más importante la diligencia del emisor y su disciplina de mercado, que en cierta manera es, de hecho, lo contrario a la coacción, y tenemos abundantísima evidencia ante nuestros ojos. 

La primera evidencia es toda la masa monetaria emitida por los bancos comerciales contra activos cien por cien privados. Y en especial los dólares o euros emitidos por los bancos offshore que están totalmente fuera de la jurisdicción de la Reserva Federal o del Banco Central Europeo y que, por norma general, no suelen cotizar con descuento ni son menos estables que los dólares o euros emitidos dentro del sistema oficial.

Y la otra evidencia más contundente aún es la estabilidad y la amplia demanda de las monedas emitidas en países con buena seguridad jurídica, comparada con la estabilidad y demanda de las monedas emitidas por Estados donde la coacción campa a sus anchas. ¿Qué moneda fiat es de mayor calidad, la emitida por Suiza, Estados Unidos o Alemania, o la emitida por Venezuela, Cuba o Corea del Norte?

Traslademos este análisis a un mafioso violento vs. un comerciante honesto. Si un mafioso abusón y coactivo al que nadie le puede parar los pies emite más deuda de la que es capaz de pagar por muy violento que sea recaudando o si un comerciante pacífico se endeuda imprudentemente, la consecuencia acaba siendo exactamente la misma: El valor de sus deudas en el mercado se desploma.  El mafioso podría recurrir a la coacción para  intentar intervenir todos los precios, pero ya sabemos que a gran escala esto no funciona y el mercado más pronto que tarde castiga la moneda con la inflación correspondiente.

Sin embargo, si tanto el mafioso como el comerciante son diligentes, el valor de sus deudas será mayor y más estable. Que el mafioso tenga además la herramienta de la coacción no veo que sea necesariamente una ventaja, como demuestra el hecho de que la deuda de las empresas más solventes devengue sistemáticamente intereses menores que los de la deuda de la gran mayoría de los países del mundo, incluidos buena parte de los Estados occidentales democráticos.

A mi me parece totalmente evidente que la calidad de una moneda fiat, entendida como crédito, está directa y estrictamente correlacionada con la diligencia y disciplina del emisor, e inversamente correlacionada con la coacción. Incluso me atrevo a afirmarlo si la moneda fiat fuera un mero token sin ningún respaldo emitido en régimen de monopolio. ¿Cuál sería más estable, el token del emisor suizo o el del emisor venezolano?

Marx y el dinero (I)

El pensamiento monetario de Karl Marx es muy interesante y lleno de sorpresas. Para empezar, Marx seguía la teoría clásica del dinero (Glasner 2000) y era un gran crítico de la teoría cuantitativa del dinero, por lo que muchos teóricos monetarios todavía adheridos a esta incorrecta interpretación del dinero pueden aprender de Marx. Además, Marx era afín a la Escuela Bancaria, citando extensamente a Thomas Tooke y a John Fullarton, principalmente por su oposición a la teoría cuantitativa del dinero, aunque tenía ciertas discrepancias con estos (Lapavitsas 1994).

Marx analiza el dinero desde una visión general según su función y características. El interés del pensador sobre el área recae en que el dinero funciona como una parte esencial del sistema capitalista, es el engranaje que explica los procesos mediante los que los procesos productivos se ajustan y desacoplan entre el lado real de la economía y el lado monetario. Es decir, pensando en la ecuación cuantitativista del dinero, entre M (oferta monetaria) y V (velocidad de la circulación del dinero) con P (nivel de precios) y Q (nivel de producción). Estas relaciones sirven para explicar los cíclos económicos.

Marx inicia su estudio del dinero en la primera parte del primer volumen del capital donde realiza un análisis de este en términos generales, sin concretar cómo opera o qué papel tiene en una estructura capitalista de producción, para luego profundizar más sobre el dinero en un sistema capitalista. Marx decía que lo importante era en primer lugar entender el dinero en términos generales y la demanda de atesorarlo, para poder entender posteriormente el crédito, propio de un sistema capitalista. Marx (1978, 192) afirma que “este es el curso que ha tomado la historia: el dinero a crédito no jugó ningún papel, o al menos no uno significativo, en el período inicial de la producción capitalista.” Por esto Marx llega a criticar a Tooke y Fullarton, porque “ellos vacilan constantemente entre las formas abstractas del dinero que lo distinguen de la mercancía y aquellas formas bajo las que se ocultan relaciones concretas, como el capital, los ingresos, etc.” (Marx 1904, 191).

Marx explicando la circulación del dinero metálico como punto de parte de lo que es el origen de mercancías que funcionen como dinero. Marx enumera una serie de características físicas de los bienes, similares a las que menta Carl Menger (2009), como la divisibilidad y la homogeneidad de sus partes. Marx hace una reflexión muy cercana a la teoría orgánica mengeriana sobre el origen del dinero al afirmar que:

Los metales preciosos destacan por estas cualidades. Al no ser el dinero el resultado de un esquema o acuerdo, sino que se ha producido instintivamente en el proceso de intercambio, una gran variedad de mercancías más o menos más o menos inadecuadas han desempeñado sucesivamente sus funciones. (Marx 1904, 32)

De ahí que Marx considere que es el oro la mercancía que sirve para jugar el papel de dinero en relación con otras mercancías porque ya ha jugado el papel de mercancía en relación con estas.

Marx no solo en esto coincidía con Menger, sino también en su entendimiento del dinero en línea con la teoría clásica del dinero. Marx defendía que el movimiento de mercancías ocurre fuera de la esfera monetaria y que el movimiento de dinero en la mayoría de los casos venía determinado por los movimientos de las mercancías. Es decir, la demanda de dinero era un factor exógeno, determinado por los bienes en circulación, no endógeno y dependiente de la oferta de dinero como defiende la teoría cuantitativa del dinero. La oferta monetaria, para Marx, era un componente endógeno del sistema, porque esta se ajusta para satisfacer la ecuación cuantitativa. Además, Marx rechazaba la pretensión de los defensores de la neutralidad del dinero de que V sea constante. Que el dinero sea neutral implica que un aumento en la oferta monetaria altera los precios sin afectar a la economía real. No obstante, defender este concepto implica rechazar el funcionamiento de V como velocidad del dinero o, lo que es lo mismo, como la inversa de la demanda del dinero. Un aumento de M puede acarrear uno de V. Como vemos, Marx acepta y emplea la ecuación cuantitativa del dinero como una herramienta analítica, rechazando la teoría cuantitativa del dinero.

Otra semejanza entre Marx y los economistas de escuela austríaca es la manera que tiene de conectar la microeconomía y la macroeconomía. Por un lado, Marx conecta la microeconomía y la macroeconomía a través del comportamiento del dinero porque, según él, la existencia de dinero y la posibilidad de acaparamiento son condiciones previas para una crisis general de sobreproducción en una economía capitalista. Marx no hace distinciones entre los términos teóricos en los que discute la reproducción de bienes capitales particulares de los que discute la reproducción del sistema capitalista en su conjunto. Para Marx el análisis de cualquier nivel es fundamental estudiar cómo opera el dinero y qué movimiento sigue y resaltar la importancia de la calidad de este. Por otro lado, la escuela austríaca de economía también sigue un tratamiento similar de las distorsiones macroeconómicas que genera el dinero. Como dije Steven Horwitz:

Las perturbaciones de la oferta de dinero de dinero tendrán efectos sistemáticos de distorsión en todo el conjunto de los precios monetarios relativos, la “macroeconomía” puede entenderse como el intento de comprender las causas y las consecuencias de esos patrones sistemáticos, en toda la economía de distorsiones de precios y descoordinación microeconómica. […] Entender por qué las economías están están sujetas a fluctuaciones agregadas como las recesiones y la inflación requiere que busquemos un culpable sistemático de esos problemas “macroeconómicos” de toda la economía. Las explicaciones se encontrarán en la forma en que la picaresca monetaria distorsiona el proceso microeconómico de coordinación de precios. Este es el legítimo de la macroeconomía austriaca. (Horwitz 2020, 105)

Lo que hace que una mercancía llegue a ser dinero es que se considere socialmente válida como mercancía de equivalencia entre mercancías. Como para Marx el valor lo marca las horas de trabajo socialmente incorporadas en la producción de un bien, el dinero podría verse como un simple registro de los derechos adquiridos a cambio del tiempo de trabajo generado para la producción de otras mercancías. Para Marx, como para Menger, el dinero es una mercancía más, con la peculiaridad de que sus características le permiten cumplir mejor que otras las funciones del dinero. Por lo que será una mercancía más, pero una distinta del resto.

Estas funciones características del dinero según Marx son tres. En primer lugar, tenemos la función del dinero como una medida de valor. Siguiendo lo que se explica anteriormente de la relación del oro con el resto de las mercancías, Marx afirma que:

El oro se convierte en una medida del valor porque el valor de intercambio de todas las mercancías se mide en oro, expresada en la relación entre una cantidad de oro y una definida cantidad de una mercancía que incorpore las mismas horas de trabajo. (Marx 1904, 42)

Las mercancías entran en circulación con un precio y el dinero con un valor. El dinero se tiene que producir como una mercancía anteriormente. De tal forma, si el valor del oro (el tiempo socialmente incorporado en su producción) cambia mientras que el valor del resto de las mercancías se mantiene igual, entonces el nivel general de precios cambia. Si el tiempo de trabajo necesario para producir una cantidad de oro se dobla, el precio monetario de las cosas se reducirá a la mitad. Como medida de valor, el dinero tiene fines complementarios. Darle al oro un valor fijo sería igual a arrebatarle sus funciones monetarias como las de unidad de valor, su naturaleza como mercancía y especular ya que careceremos de la mercancía sobre la que todo el resto de las mercancías se miden. Si, por el contrario, tuviese precio en otra mercancía, el oro se convertiría en una mercancía más y perdería su carácter general como medio de valor. Marx critica a Ricardo porque para este es la invariabilidad del patrón monetario el que determina la naturaleza monetaria de una mercancía. Con esto y lo dicho anteriormente sobre la teoría marxiana del origen del dinero, podemos intuir que Marx sería también crítico con el cartalismo.

Cuando una mercancía funciona como unidad de valor, una específica cantidad determinada de esa mercancía o “precio monetario” empieza a funcionar como unidad de cuenta.

En el próximo artículo se analizará las dos otras funciones que cumple el dinero: el de ser un medio de circulación y un instrumento de atesoramiento.

Referencias

Glasner, David. 2000. “Classical Monetary Theory and the Quantity Theory.” History of Political Economy 32 (1): 39–59.

Horwitz, Steven. 2020. Austrian Economics: An Introduction. Cato Institute.

Lapavitsas, Costas. 1994. “The Banking School and the Monetary Thought of Karl Marx.” Cambridge Journal of Economics 18 (5): 447–61.

Marx, Karl. 1904. A Contribution to the Critique of Political Economy. Chicago, Estados Unidos: Charles H. Kerr & Company.

———. 1978. Capital: A Critique of Political Economy. Volume 2. Londres, Reino Unido: Penguin Books.

Menger, Carl. 2009. On The Origins of Money. Auburn, Estados Unidos: Ludwig von Mises Institute.

Gasto público y reformas monetarias en el Imperio Romano (I): Siglos I y II

El fenómeno de la devaluación monetaria y sus consecuencias es un proceso que no solo se verifica en la Modernidad, sino que tiene raíces mucho más profundas, que llegan hasta la Antigüedad. Con la descomposición de la República romana en el siglo I a.C. y el ascenso al poder del sobrino-nieto de César, Cayo Octavio, rebautizado como Augusto en el 27 a.C., el nuevo emperador puso en marcha una reforma monetaria de profundo calado al poco de llegar al poder, entre los años 23 y 18 a.C.

El viejo sistema republicano trimetálico de 9 numerales distintos de plata, latón y bronce se convirtió en un nuevo sistema cuatrimetálico de 9 numerales de oro (áureo y quinario áureo), plata (denario y quinario), latón (sestercio y dupondio) y cobre (as, semis y cuadrante). El denarius aureus o nummus aureus era la base estable de todo el sistema: de los 8,175 g. teóricos del áureo cesariano pasó a los 7,785 g. teóricos a partir del año 2 a.C., con un alto contenido de metal precioso del 98%. El denarius argenteus, en cambio, era el eje principal del nuevo sistema monetario imperial: de los 4,54 g. teóricos del denario republicano pasó a los 3,892 g. teóricos con Augusto, también con un alto contenido de metal precioso del 97-98%. El sestercio y el as, por su parte, funcionaron como monedas de uso habitual y como unidades de cuentas: el sestercio pasó de los 1,13 g. de plata en época republicana a los 27 g. de latón en época de Augusto, mientras que el as cambió de los 54,5 g. de bronce durante la República a los 11 g. de cobre en época augustea.

Estas rebajas de peso, de los numerales de oro y plata, y cambios de metal por unos más económicos, en el caso de las denominaciones de latón y cobre, unidos a la conquista de Egipto y a la pacificación de todo el Imperio romano, permitieron a Augusto unos niveles de gasto público “keynesiano” sin precedentes: se reformaron en profundidad la administración, la justicia, las finanzas, los cultos y el ejército imperiales, se llevaron a cabo nuevas y costosas conquistas por todo el orbe romano y se completó un nunca antes visto programa de obras públicas por todo el Imperio, tan ambicioso que Suetonio recuerda que “pudo con justicia jactarse de dejar Roma de mármol, habiéndola recibido de ladrillo” (Suet. Aug. 28.3.2-4). Su presupuesto anual medio ascendió a ca. 440 millones de sestercios, de los cuales ca. 273 millones (62,5%) financiaban al ejército y a los pretorianos, 55 millones (12,1%) iban a parar a la administración imperial, 60 millones (13,6%) a la subvención gratuita mensual de trigo a los romanos más desfavorecidos (annona), y tan sólo ca. 7 millones (1,7%) se destinaban a obras y juegos públicos.

Siguiendo el mismo esquema augusteo de devaluación o bajada de peso de la moneda y posterior inyección de gasto público en el mercado romano, sus sucesores en el trono imperial durante los siglos I y II d.C. llevaron a cabo hasta 12 devaluaciones de la cantidad de plata del denario en diferentes momentos históricos. El primer emperador en devaluar el denario tras Augusto fue Nerón, que lo rebajó a ca. 3,18 g. y 93,5% de plata entre los años 64 y 68 d.C. El excéntrico emperador, amante del arte, los viajes y los conciertos, necesitaba una notable inyección de moneda estatal para sus políticas de empleo público, de redistribución de grano, de celebración de nuevos espectáculos y, sobre todo, para sus faraónicos proyectos en Roma tras el incendio del año 64, que arrasó buena parte del centro de la capital: su más grandioso proyecto fue la Domus Aurea, un complejo palaciego de exacerbado lujo de casi 220 hectáreas en el corazón la Urbs.

En el 70 d.C. nuevamente Vespasiano redujo el denario al 90% de plata, para hacer frente a la crisis financiera que había devastado la economía romana tras la guerra civil del año de los 4 emperadores (69 d.C.). Y Domiciano, tras reestablecer temporalmente la ley del denario hasta el 98% en el 82 d.C., volvió a devaluarlo al 93,5% de plata en el año 85 d.C.: el aumento del stipendium militar, la construcción de la línea defensiva de los agri decumates y, sobre todo, las guerras en Britania y en el Danubio contra germanos y dacios, a los que tuvo que sobornar, vaciaron el erario imperial y le obligaron a volver a devaluar la moneda. Lejos de frenarse, en el siglo II d.C. continuaron las devaluaciones.

En el 107 d.C. el hispano Trajano rebajó nuevamente el denario hasta el 89,5% de plata para costear el aumento de las legiones y las victorias en Dacia y Arabia, entre los años 101 y 107, y para financiar las nuevas campañas en Armenia y Mesopotamia. Ni siquiera los inmensos botines de todas estas campañas consiguieron aliviar los, cada vez más grandes, costes del Estado romano: Trajano, de hecho, estableció ayudas públicas para los más necesitados (alimenta), condonaciones masivas de deuda en el año 102 d.C. y desmesurados nuevos proyectos en el centro de Roma, el más famoso de ellos, el Foro de Trajano, con su famosa columna historiada.

En el 148 d.C. Antonino Pío volvió a devaluar el denario hasta el 83,5% de plata, seguido en el 161 d.C. por Lucio Vero, que lo dejó en el 79% de ley. La paulatina ralentización y disgregación de la economía romana durante el siglo II d.C., comprobable sobre todo en las provincias, y el aumento cada vez más crónico del gasto público, no hicieron más que agravar la situación de las finanzas del Imperio: el presupuesto anual del Estado romano había pasado de 440 millones de sestercios del período augusteo a los 830-900 millones a mediados del siglo II d.C.

El último cuarto del siglo vio como el denarius argenteus cayó hasta casi la mitad de su valor original. Primero Cómodo lo devaluó adicionalmente hasta el 76% de plata en el 180 d.C. y luego, nuevamente hasta el 74% en el 186 d.C.: la caída de los ingresos por las pestilencias del 180 d.C., primero, y del 187-188 d.C., después, se sumaron a las continuas ayudas públicas, a los costes crecientes del ejército y al derroche en las fiestas y juegos públicos del estrafalario emperador, que se identificó a sí mismo como nuevo Hércules.

Estas continuas devaluaciones no fueron suficientes, pues el emperador se enfrascó también en constantes confiscaciones a privados y ventas de los cargos políticos, llegando a nombrar hasta 25 cónsules en el año 189 d.C. Su asesinato en el año 192 d.C. mejoró fugazmente las cosas. Pertinax, hombre de confianza de Marco Aurelio, trató de poner orden en la moneda romana revalorizando el denario hasta el 87% de ley en el 193 d.C., pero su negativa a aumentar el donativo de los pretorianos hizo que éstos lo asesinaran, sólo 87 días después de su nombramiento como emperador, y subastasen su posición entre Flavio Sulpiciano y Didio Juliano, quién ganó finalmente la subasta, volviendo a devaluar el denario hasta el 81,5% de plata.

La guerra civil que sucedió a su brevísimo reinado de 66 días, durante el año de los 5 emperadores (193 d.C.), vio como Septimio Severo, al mando de las legiones danubianas, se alzaba con el poder. Con este emperador comenzó el dominio casi absoluto del ejército romano en las finanzas del Imperio: el emperador africano aumentó el número de las legiones para sus campañas en Mesopotamia y Britania, incrementó la paga de los soldados de 1200 a 1600-2000 sestercios anuales y, sobre todo, instituyó la annona militaris, un impuesto especial para las necesidades del ejército.

Además, en campo social, estableció nuevas distribuciones gratuitas de grano y aceite de oliva en Roma, además de nuevas ayudas por valor de 880 millones de sestercios, entre ellas, medicinas gratuitas para los más necesitados, organizó nuevos y extravagantes juegos públicos, y, por último, emprendió nuevos programas urbanísticos en Roma y provincias: en la capital construyó un nuevo palacio imperial en el Palatino, adornó el extremo oeste del Foro romano con su arco e inició la construcción de un vasto conjunto de termas; en las provincias, por su parte, ejecutó un enorme programa de obras públicas en su ciudad natal, Leptis Magna, y gastó grandes cantidades en la reparación de carreteras, asumiendo también los costes del servicio postal. Para hacer frente a este exorbitado gasto público, devaluó hasta 3 veces seguidas el denario: primero hasta el 78,5% de plata nada más llegar al poder, en el 193 d.C.; después hasta el 64,5% un año después, en el 194 d.C. y, finalmente, hasta el 56,5% de ley en el 196 d.C.

El áureo, por su parte, aguantó mejor las devaluaciones a lo largo de los dos primeros siglos del Imperio: de los 7,8 g. de época augustea pasó a los 7,2 g. con Septimio Severo, con una reducción de la cantidad de oro del 98% hasta el 88-90% a finales del siglo II d.C. Así pues, constatamos como, en el Imperio romano, todas las devaluaciones se enmarcan en contextos de elevado gasto público: por motivos bélicos, por aumentos de las ayudas sociales, por entregas de efectivo a grupos concretos de presión con motivo de adhesiones o aniversarios imperiales, por nuevos proyectos públicos o para diversos tipos de extravagancias, según los caprichos del dirigente en cuestión. Las devaluaciones tendían a ir acompañadas de aumentos considerables de la actividad de la ceca, cuando había presiones por producir más monedas y financiar los diversos proyectos públicos.

Este exceso de liquidez producía un inmediato efecto Cantillon: del mismo modo que la miel de Hayek, los primeros que recibían esta nueva moneda devaluada, generalmente amigos y colegas del emperador, senadores, altos cargos o bien generales de alto rango o pretorianos, eran los más beneficiados en la cadena monetaria, a costa del resto de la población.

El aumento de la masa monetaria total generó inflación, que, si bien durante los dos primeros siglos del Imperio fue moderada, del 0,7% ca. de media anual, a partir de mediados del siglo III se convirtió en hiperinflación. Tales prácticas hicieron aumentar los pagos en especie y produjeron una ralentización y un deterioro crónico de las redes comerciales, que acabarían por desintegrarse totalmente en los siglos venideros.

Una alternativa a la explicación cuantitativa del mecanismo de ajuste internacional del oro

Quid non mortalia pectora coges, auri sacra fames Virgilio

El patrón oro es un sistema monetario en el que la unidad monetaria se define como una cantidad definida de oro. Durante un periodo de tiempo, la mayoría de las economías desarrolladas operaban bajo un patrón oro, y fijaban su moneda a una cantidad de oro. Los inicios del patrón oro mundial se retoman a 1717, cuando Isaac Newton, director de la Real Casa de la Moneda inglesa aquel entonces, define la ratio de conversión entre la libra y el oro y la plata de cierta manera que favorece el uso del oro sobre el de la plata.

Con esta acción se establece a todos los efectos un patrón oro en Inglaterra, que va desarrollándose y estableciéndose a lo largo del siglo XVIII, hasta que en 1797 Inglaterra entra en suspensión de pagos por las guerras napoleónicas mediante la Bank Restriction Act—se deja de convertir libras en oro—por lo que se suspende el patrón oro hasta 1821. Cuando Inglaterra retoma la convertibilidad, más países empiezan a adoptar un patrón oro, hasta que en 1870 una gran mayoría de países desarrollados y en desarrollo ya opera bajo este sistema. Aquí empieza lo que se le suele llamar el periodo del patrón oro clásico, que dura hasta 1914. La primera guerra mundial marca la muerte del patrón oro clásico. Los gobiernos se desvinculan del patrón oro para poder inflar su moneda y financiar la guerra. Algunos países hicieron amagos de volver al patrón oro, pero estos no fueron intentos sinceros porque no pretendían seguir las normas del patrón oro clásico. Por ejemplo, Churchill permitió la convertibilidad de libras en oro, pero solo para la compra de lingotes, por lo que solo aquellos que tuviesen tantas libras como para equivaler a un lingote podían hacerse con oro e impidiendo así el uso de monedas de oro, que solían circular durante el patrón oro clásico como medio de pago.

El hecho de que los países bajo un patrón oro no pudiesen devaluar su moneda a voluntad se debía a que mientras esta fuese convertible en oro, su valor dependía de las reservas de oro del país debido al mecanismo de ajuste internacional. Por tanto, el patrón oro funcionaba como un freno al gasto gubernamental desbocado—una de sus funciones más importantes. El mecanismo de ajuste internacional se tiende a explicar desde la teoría cuantitativa del dinero mediante el mecanismo de especie flujo-dinero, obviando la posible explicación, en mi opinión acertada, que podemos ofrecer desde el enfoque monetario de la balanza de pagos, o el Monetary Approach to the Balance of Payments (MABP). 

Para entender las diferencias, primero es necesario explicar qué es la teoría cuantitativa del dinero. Esta teoría defiende que la demanda monetaria es endógena y la oferta monetaria exógena. Existe cierta cantidad de dinero que viene dada por causas externas como la cantidad de oro producido, y toda cantidad de oro es óptima porque será la demanda la que se acople a esta en ausencia de intervención externa que altere esta demanda; es decir, en un libre mercado cualquier cantidad de dinero será óptima. Como decía Rothbard “cualquier oferta monetaria se utiliza siempre al máximo y, por lo tanto, no se puede conferir ninguna utilidad social aumentando la oferta de dinero.” Para Rothbard y otros cuantitativistas, en el mercado monetario libre se alcanzaba un equilibrio constante pues la demanda se acoplaba siempre a cualquier oferta. Los que atesoran dinero ostentan una demanda explícita de dinero en términos de saldos monetarios reales, es decir, la cantidad de dinero expresada en términos de una cesta de bienes. 

En nconsecuencia, en una situación sin imposiciones coactivas a las preferencias de los agentes, según los cuantitativistas no se producen desequilibrios monetarios sino que, dada la oferta nominal disponible de dinero en circulación, se alcanza el equilibrio monetario cuando esta oferta nominal de dinero al nivel de precios actual es coherente con los saldos monetarios reales deseados. Por tanto, las fluctuaciones del nivel de precios están causadas por las desviaciones entre el nivel deseado de saldos de tesorería y la cantidad real de dinero en circulación. La oferta, al ser exógena, varía por fenómenos como el descubrimiento de nuevo oro que generan un exceso de oferta monetaria y, por tanto, influyen en estas fluctuaciones del nivel de precios hasta que la demanda de dinero atesorado se ajuste espontáneamente.

Si el dinero en circulación excede los saldos de tesorería reales demandados, los agentes buscarán reducir estos aumentando su gasto, por lo que la velocidad aumentará hasta que el nivel de precios aumente lo suficiente como para que los saldos monetarios reales deseados sean coherentes con la oferta nominal de dinero existente al nivel de precios actual. Un exceso de oferta de dinero supone un aumento del nivel de precios y un exceso de demanda, un descenso. 

Por otro lado, tenemos la teoría clásica—según David Glasner—. Para esta, la oferta monetaria es endógena, sigue a la demanda de dinero, la cual es una demanda de saldos de tesorería nominales. Otros, la llaman la teoría cualitativa del dinero, porque se centra en la calidad de este y en su demanda como el activo que funciona el dinero y no la de sus sustitutos. Por eso, para la teoría clásica o cualitativa la oferta de billetes bancarios no influye en el nivel de precios. Cuando los bancos se exceden en la emisión de billetes, estos vuelven a los bancos para ser redimidos. Si aumenta la demanda de dinero de los agentes de una economía, por ejemplo, porque aumenta el nivel de renta medio y los individuos demandan mayores saldos de tesorería porque quieren que estos acompañen su aumento de productividad y por saciar necesidades de seguridad, los bancos estarán incentivados a emitir más billetes para saciar esta demanda. Puede haber una cantidad X de dinero en una economía, por ejemplo once onzas de oro, pero si estas onzas no son suficientes para permitir todos los intercambios que se quieren realizar y además proveer más liquidez demandada por motivos de seguridad a los individuos, los bancos emitirán dinero (es decir, la oferta endógena) para saciar esta demanda (exógena).

Bajo el patrón oro la moneda nacional se definía como tanta parte de una onza de oro. Para la teoría cuantitativa del dinero, los cambios en la oferta monetaria se traducen en cambios correspondientes en el nivel de precios para una determinada demanda monetaria; es decir, son los factores monetarios nacionales los que determinan los cambios en el nivel de precios. Para la teoría clásica es el mercado del oro el que determina el nivel de precios. Al ser internacional, la oferta y demanda de oro en el mercado determina el nivel de precios en cualquier país bajo un patrón oro. Por lo que para los teóricos cualitativistas los cambios en el nivel de precios se daban en todos los países bajo el patrón oro.

Mientras que la teoría cuantitativa explica el mecanismo de ajuste internacional empleando el mecanismo de especie flujo-dinero, los defensores de la teoría clásica abogan por el enfoque monetario de la balanza de pagos. La crítica al mecanismo de especie flujo-dinero se asienta en que un aumento de la oferta monetaria de un país no provoca un aumento de precios domésticos porque esto provocaría un incremento en la cantidad de billetes convertidos a oro. Es decir, un aumento de M, la oferta monetaria, provocaría un descenso de V, la velocidad del dinero o inversa de la demanda. Si se diera un aumento de la oferta del oro, se produciría un incremento del nivel de precios para todos los países del patrón oro, por lo que no habría cambios en los niveles de precios relativos y tampoco las fluctuaciones correspondientes en las exportaciones netas o en los flujos de oro.

Según el enfoque monetario de la balanza de pagos los mercados internacionales bajo un patrón oro están integrados y es mediante el arbitraje internacional como se garantiza que se mantenga la paridad del poder adquisitivo que los países del patrón oro compartan un nivel de precios mundial común y que los tipos de interés se determinen en los mercados internacionales. Otro de los elementos centrales de este enfoque es la importancia de la distribución natural del dinero para las reservas nacionales. Y con esto nos referimos a la distribución de oro que ocurre a través de los países según las autoridades monetarias, sean órganos centralizados como los bancos centrales o fuerzas descentralizadas competitivas como los bancos bajo una banca libre. Si la demanda monetaria crece más rápidamente que la oferta nacional, las reservas internacionales aumentarán y oro entrará en el país. Si la oferta monetaria crece más rápidamente que la demanda de dinero, las reservas internacionales se reducen y el oro sale del país. Por lo tanto, no era el cumplimiento de unas reglas del juego como postula el mecanismo de flujo dinero-especie el que determinaba el ajuste internacional del oro y los flujos de oro de las reservas nacionales, sino en parte las balanzas del sistema bancario según la preferencia de este por mantener oro en lugar de reservas de divisas y valores nacionales.

El dinero como tecnología y el Bitcoin como mejora (y II)

“Puede que tenga sentido comprar algunos por si [Bitcoin] se hace popular. Si suficientes personas piensan igual, se convierte en una profecía autocumplida.” Satoshi Nakamoto

En el artículo anterior, definía el dinero como una tecnología que sirve para transportar valor a lo largo del tiempo y del espacio sin riesgo de contraparte mediante. En este artículo, también defendía que lo que hace que un bien sea el dinero de una economía es que sea el medio de intercambio generalmente aceptado, siendo las funciones de depósito de valor y unidad de cuenta—las otras dos funciones típicamente asignadas al dinero—la causa y la consecuencia respectivamente de que un bien sea dinero, “no una parte esencial del concepto de dinero” (Menger 2007, 280).

El dinero en una economía surge a través de un proceso descentralizado mediante el cual aquellos que seleccionan el bien que mejor transporta el valor a lo largo del tiempo mantienen este valor y los que no, lo pierden. Se da una selección natural del dinero en el mercado. Por eso, aunque el proceso fuese aleatorio, como dinero emergerá un bien con las propiedades adecuadas para operar como un buen depósito de valor, porque solo los que puedan transportar el valor restante de su producción (o valor otorgado a estos mediante otros medios) podrán continuar operando e influyendo el mercado—no puedes intercambiar algo excepto si almacena valor. No obstante, este proceso no es necesariamente aleatorio y existen agentes más perspicaces que buscan el bien más vendible o líquido—es decir, aquel con el menor diferencial entre el precio pedido y el precio ofrecido—para reducir los costes de atesoramiento y desatesoramiento (White 2002). 

Los agentes que participan en el mercado, mediante procesos descentralizados, decide qué bien será el dinero. El dinero quiere ser uno. Mi tesis es que el Bitcoin es el bien que mejor cumple con las propiedades que según Menger (2009) aumentan la liquidez de un bien. 

En primer lugar, debido a su ratio de stock-to-flow, el Bitcoin presenta una gran liquidez intertemporal. Esta ratio mide el stock existente de un bien y lo divide por la nueva producción anual. El oro tiene una ratio stock-to-flow mayor que 1, igual que cualquier bien para poder llegar a convertirse en dinero. Por eso los cigarrillos pueden ser dinero en las prisiones, porque no puedes producir más dentro de la economía fácilmente. El valor de las cosas fáciles de producir desaparece fácilmente, por eso el dinero es uno bien difícil de producir. Bitcoin es costoso y lento de producir y la cantidad minada va decreciendo con el tiempo. El código programa la dificultad de la minería—la muestra de trabajo que tiene que haber hecho el minero mediante la resolución de ejercicios matemáticos—cada 2016 bloques (aproximadamente cada dos semanas) para que un nuevo bloque sea añadido a la cadena cada 10 minutos. El minero recibe una recompensa, la cual es actualmente de 6,25 Bitcoin. Esta recompensa se divide en dos cada 210.000 bloques, aproximadamente cada cuatro años. Este sistema fue diseñado para mantener una alta ratio de stock-to-flow y que así la nueva oferta monetaria no alterase el valor de los Bitcoin de manera significativa.

Pero ser escaso no lo es todo. Por ejemplo, la tierra también es escasa, pero no cumple con uno de los requisitos de la liquidez intratemporal: no es fácil de transportar. Bitcoin además presenta un bajo coste de almacenamiento, sino el más bajo para cualquiera con un dispositivo conectado a la red y que no necesite un desembolso adicional. Además, los costes de verificación de la red son ínfimos sino únicamente equivalentes al coste de transacción. No hay costes para verificaciones presentes, sino recompensas. Cualquiera puede verificar la red y todas las transacciones que se han dado en ella. Comparado con el oro, el Bitcoin también es un activo real, por lo que sirve como liquidación final de la deuda. Pero el Bitcoin es un libro mayor de registro verificado descentralizadamente de transacciones que existe en cualquier dispositivo conectado a la red, por lo que no requiere barcos para ser transportado o pruebas para comprobar su pureza. En estos aspectos es mejor dinero que el oro.

Que sea fácil de validar y, por tanto, difícil de falsificar son propiedades que aumentan la liquidez intratemporal de este. El Bitcoin está perfectamente estandarizado y es perfectamente divisible. Actualmente un satoshi equivale a 0.00000001 BTC, pero en caso de que se necesitase que un Bitcoin equivaliese a más satoshis, esto se podría hacer manteniendo si la mayoría de la red así lo quisiese porque en un futuro igual un Bitcoin almacena mucho valor. Además, los medios de transporte y mercados de Bitcoin son los dispositivos digitales y el Internet, los que se encuentran altamente desarrollados y solo pueden ir a más. Que las operaciones de Bitcoin se den en la red implica mayor liquidez intertemporal porque permite sobrepasar posibles restricciones al comercio de este.

El mayor problema que presenta Bitcoin como posible dinero es uno relacionado a su uso como medio de intercambio: sus costes de operación. No obstante, ya existen soluciones a este problema, principalmente la Lightning Network. Gracias a esta incorporación se pueden realizar transacciones en milisegundos sin coste, lo que aumenta significativamente la liquidez intratemporal del Bitcoin. 

A diferencia de otras criptomonedas que pueden presentar propiedades similares a las del Bitcoin, Bitcoin es única en varios aspectos. En primer lugar, fue la primera en llegar por lo que gana al resto en adopción de mercado. Si se fuese a presentar otra criptomoneda similar, se vería con la dificultad de sobrepasar a una que ya tiene mercado y cuyos usuarios han invertido trabajo en ella por lo que carecen de incentivos para moverse a otra red. Si la criptomoneda rival presenta características diferentes a Bitcoin, estas pueden ser peores o mejores. Si son peores, los agentes que apuesten por esta perderán valor con el tiempo y con cada transacción. Si aparentan ser mejores, entonces se encontrarán con otros problemas de adopción. En Bitcoin, todos los integrantes de la red son usuarios de esta, no hay administradores, sino que la red está controlada por las reglas inscritas en el código. En las otras criptomonedas sí. De hecho, estos se ven en una encrucijada: o bien los administradores las promocionan para hacerse notar entre las miles de otras criptomonedas alternativas a pesar de mostrar que son una red centralizada con gente al mando, o bien se desentienden y no consiguen compradores (Ammous 2018, 254). 

Lightning Network es solo una de las posibles mejoras que se le pueden hacer en capas secundarias a Bitcoin. En otros artículos he tratado otras opciones como las letras reales o el scrip. Esta es una de las razones por las que el Bitcoin mejora previas tecnologías de transporte de valor, es decir, anteriores dineros, por su mayor liquidez intra e intertemporal de diseño y por su capacidad para adaptarse a posibles alternativas secundarias en capas superiores. Es un bien que permite la existencia de un sistema monetario por capas, similar al oro siendo la capa principal y los billetes de banco una capa superior, solo que con mayor precisión, seguridad y opciones para los usuarios de este. 

Muchos rechazan la posibilidad de que Bitcoin llegue a ser un buen dinero por su volatilidad. Lo que no entienden es que Bitcoin todavía se encuentra en la primera de las tres fases de dinerarización—es decir, de que un bien llegue a convertirse en dinero. Primero, que el bien llegue a ser un buen depósito de valor. Segundo, que sus características le permitan funcionar como un medio de intercambio deseable. Y, tercero, que se confirme que llega a ser dinero mediante su uso como unidad de medida, es decir, que la gente fije los precios en este bien porque es el que prefieren recibir para almacenar valor.

Bitcoin todavía está afianzándose como depósito de valor. Por ahora es más bien una inversión que no mantiene bien su valor, aunque a favor de aquellos que apuestan por ella ya que presenta una clara tendencia alcista. Si, por ejemplo, la capitalización de mercado de Bitcoin alcanzase la del oro—es decir, se convirtiese en el activo refugio preferido por el mercado sustituyendo al actual—, el precio de un Bitcoin en dólares sería de 500.000 dólares según la oferta esperada de 2025. Para eso todavía queda, pero no creo que el momento sea tan improbable ni lejano. Cuando esto haya sucedido, si gracias a la mayor facilidad de intercambio que presenta el Bitcoin frente al oro y dificultad de confiscación más gente decide utilizarlo para transacciones, este empezará a convertirse además en el medio de intercambio comúnmente aceptado y entraremos en un patrón Bitcoin.

Referencias:

Ammous, Saifedean. 2018. Bitcoin Standard: The Decentralized Alternative to Central Banking. Hoboken, Estados Unidos: Wiley.

Menger, Carl. 2007 [1871]. Principles of Economics. Auburn, Estados Unidos: Ludwig von Mises Institute.

Menger, Carl. 2009 [1892]. On The Origins of Money. Auburn, Estados Unidos: Ludwig von Mises Institute.

White, Lawrence H. 2002. “Does a Superior Monetary Standard Spontaneously Emerge?” Journal Des Économistes et Des Études Humaines 12 (2).

El dinero como tecnología y el Bitcoin como mejora (I)

El dinero es una tecnología que sirve para transportar valor a lo largo del tiempo y del espacio sin riesgo de contraparte. Si tras un ejercicio de alteración de factores de producción el individuo A genera un valor igual a X y en t1 este solo quiere consumir un valor igual a Y (siendo Y<X), A intercambiará el valor restante, X-Y, por bienes y servicios que me le ayudarán a satisfacer sus necesidades. Para ello, la mejor opción de A es intercambiar el valor de lo que ha producido por dinero, para así poder transportar el valor de X-Y a lo largo del tiempo. Por otro lado, si A produce y quiere intercambiar los frutos de su producción por bienes y servicios, para acceder a la mayor cantidad de bienes es vender el valor de su producción por dinero. Es decir, el dinero vuelve a ser la mejor opción para intercambiar valor, esta vez a través del espacio.

Cuando un bien puede transportar valor a lo largo del tiempo, decimos que este funciona como depósito de valor. Cuando un bien sirve para transportar valor a lo largo del espacio, se le describe como medio de intercambio generalmente aceptado. Estas dos facultades, junto con la de unidad de cuenta son las tres funciones que típicamente se emplean para describir el dinero. No obstante, yo defiendo que la característica esencial y lo que determina si algo es dinero o no es si es el medio de intercambio generalmente aceptado (Salerno 1994, 75)

Todo dinero, como describo en el primer párrafo, funciona como una tecnología para transportar el valor a lo largo del tiempo. Pero esta característica, a pesar de ser necesaria, no es suficiente. Existen bienes que funcionan como depósitos de valor, pero no como medios de intercambio. Esto se debe a que las características que hacen que un bien sea una buena tecnología para transportar valor a lo largo del tiempo no son las mismas que lo convierten en una buena tecnología para hacerlo a lo largo del espacio. Carl Menger en On The Origins of Money (2009, 30–32) enumera estas características dividiéndolas entre los condicionantes para los límites espaciales de la vendibilidad—es decir, cuan buen medio de intercambio es o su liquidez intratemporal—y los límites temporales de la vendibilidad de un bien—es decir, cuan buen depósito de valor es o su liquidez intertemporal—. 

Para Menger un bien será un buen medio de intercambio, es decir, podrá transportar el valor a través del espacio perdiendo poco o nada de este según cinco características. Las características que marcan los límites de la vendibildiad espacial—liquidez intratemporal—son cinco. Primero, el grado de la necesidad del bien pueda estar perturbado en el tiempo. Segundo, cuan fácilmente se pueden transportar los bienes y el coste de este transporte. Tercero, cuan desarrollados están los medios de transporte y comercios de este bien con respecto al resto. Cuarto, por la extensión local de mercados organizados y su conectividad mediante arbitraje del bien en un mercado al otro. Y quinto, por las diferencias en las restricciones impuestas al comercio con respecto a diferentes bienes.

Las características que marcan los límites de la vendibildiad temporal—liquidez intertemporal—son siete. Primero, si existe si la necesidad de estos se mantendrá en el futuro, es decir, si seguirán siendo bienes económicos: un bien cuyas cantidades son inferiores a las demandas de los individuos para satisfacer sus necesidades de este. Segundo, por su durabilidad, es decir, si la integridad del bien se mantendrá a lo largo del tiempo. Tercero, el coste de preservar y almacenar el bien. Cuarto, el tipo de interés. Quinto, la existencia de un mercado de este, es decir, no que empiece a ser superabundante (condición 1), sino que siga habiendo demanda de este—que los individuos sigan creyendo que este bien es útil para satisfacer alguna de sus necesidades. Sexto, que se desarrolle la especulación sobre el mismo, para poder coordinar los precios de este con su posible escasez. Y séptimo, las posibles restricciones a este bien que se imponen a través de medios políticos.

Como vemos, un bien podría cumplir una parte de las características y no otra. Todo bien, para llegar a ser el medio de intercambio generalmente aceptado, primero tiene que ser un buen depósito de valor. Todo bien, para poder transportar valor a lo largo del espacio primero tiene que hacerlo a lo largo del tiempo, porque entre cualquier intercambio siempre va a haber un periodo de tiempo que vaya a pasar entre t1 y t2. Todo bien podrá ser depósito de valor indefinidamente al menos para el depositante original del valor porque para él, al ser el valor subjetivo, este siempre puede mantenerlo. Pero por la misma naturaleza subjetiva del valor, nada garantiza a un individuo que este vaya a ser aceptado—otra manera de entender la liquidez intratemporal es la “aceptabilidad”, cuan generalmente aceptado por otros individuos es que ese bien tiene valor—por lo que un bien siempre puede ser depósito de valor para al menos una persona, pero, al requerir de la aceptación de otros para que algo sea un medio de intercambio, este no tiene por qué llegar a o continuar siéndolo.

Un ejemplo son los diamantes, que son un buen depósito de valor, pero un mal medio de intercambio. Una característica del buen dinero es que sea divisible. Diremos que un bien es perfectamente divisible cuando este no pierda porcentaje de valor equitativo al porcentaje de división de la unidad que sufre. Dos medias onzas de oro valen lo mismo que una onza, pero dos medias piezas de un diamante valen menos que una pieza entera. El oro, por esta y otras características fue un buen dinero: fácilmente maleable, divisible, muy durable, con un alto valor unitario—es decir, una unidad de onza de oro poseemucho valor, por lo que con poco movimiento transfieres mucho valor—, fácil atesorabilidad—se requiere poca seguridad y espacio para mantenerlo—, fraccionable y fácil de desatesorar—con alta demanda—.

Por tanto, defiendo la postura que la auténtica característica del dinero es que sea el medio de intercambio generalmente aceptable. Que sea un buen depósito de valor aumentará la liquidez del bien. Esto será una causa de que un bien llegue a ser dinero. El bien que emerge como dinero es aquel bien que sufra un menor decrecimiento en su utilidad marginal. La ley de utilidad marginal nos dice que un individuo valora con menor intensidad cada unidad adicional de un bien que ya posee (Huerta de Soto 1992, 50; Menger 2007, 125). El activo real—bien que no es el pasivo de otro agente—de cuya utilidad marginal mengue con menor intensidad, es decir, el que ostente una mayor liquidez intra e intertemporal, será el que mejor mantenga su valor y el que el mercado utilice como dinero (Menger 2009; Fekete 2017, 28). Por tanto, podemos definir dinero como ‘‘todo activo real que, debido a su superior estabilidad de valor, los agentes económicos emplean para intermediar entre el momento de venta y el momento de compra o entre el momento de compra y el momento de venta’’ (Rallo 2019, 108).

Que el bien con mayor liquidez opere como unidad de cuenta es la consecuencia de que este sea dinero: los individuos fijan los precios en ese bien porque quieren que se les pague en este, ya que es el bien que estiman les proporcionará mayor liquidez para transportar el valor. Esto hará que los agentes lleven su contabilidad en esta unidad. Pero esta “función” no es más que un indicador de qué es aceptado como medio de intercambio en una economía.

Volviendo al oro, este bien fue el dinero de la mayoría de las economías durante cerca de un siglo (1821-1914). Esto fue gracias a sus características entre ellas, además de las anteriormente mencionadas, su escasez natural. No obstante, el oro dejó de ser dinero, hasta nuestros días en los que nos encontramos huérfanos de un buen dinero mediante el que poder transportar valor entre nosotros y para nuestro futuro. Esto se debió principalmente a la intervención estatal. Los países que formaban parte del patrón oro clásico lo abandonaron principalmente para deshacerse la restricción que este ofrecía ante su capacidad de endeudarse y afrontar los coses de la Primera Guerra Mundial. Los estados eliminaron la convertibilidad de su moneda en oro, requisaron el oro en manos privadas y, aunque a veces intentaron volver, siempre fue con restricciones sobre las reglas clásicas. Esto, sumado a la capacidad de confiscación del oro y otras cualidades que hacen que lo alejan de lo que podríamos entender como un dinero perfecto, hacen que otros bienes, en este caso intangibles, como el Bitcoin, empiecen a ser mejores alternativas para el próximo buen dinero. 

En la segunda parte explicaré por qué el Bitcoin podría llegar a ser un bien que ostentase unas características que lo volviesen un bien más dinerable que el oro, tanto por el lado de la liquidez intratemporal, como intertemporal. Expondré cómo creo que esto podría ser posible, enumerando así algunas flaquezas que podría tener el Bitcoin que creo que están superadas y otras que creo que o se están superando o que lo harán.

Referencias

Fekete, Antal E. 2017. Critique of Austrian Economics in the Spirit of Carl Menger. Aarschot, Bélgica: Pintax cvba.

Huerta de Soto, Jesús. 1992. Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial. 5th ed. Madrid, Spain: Unión Editorial.

Menger, Carl. 2007. Principles of Economics. Auburn, United States: Ludwig von Mises Institute.

———. 2009. On The Origins of Money. Auburn, Estados Unidos: Ludwig von Mises Institute.

Rallo, Juan Ramón. 2019. Una Crítica a La Teoría Monetaria de Mises. Madrid, España: Unión Editorial.

Salerno, Joseph T. 1994. “Ludwig von Mises’s Monetary Theory in Light of Modern Monetary Thought.” The Review of Austrian Economics 8 (1): 71–115.

Teoría cuantitativa del dinero

En este articulo expondré las bases de la visión monetarista centrándome en los siguientes cuatro puntos:

• Los agregados monetarios: Qué miden y cuál es el mejor para medir la cantidad de dinero

• La falacia del multiplicador monetario• Circulación industrial y financiera

• El efecto real del balance1. Los agregados monetarios

Los bancos centrales clasifican y agrupan los diferentes activos financieros líquidos que puedan considerarse que cumplen una función monetaria. En la Eurozona podemos agruparlos de cuatro maneras diferentes:

– BM: Base monetaria, activos o pasivos del banco central formados por billetes y monedas en circulación mas las reservas que los bancos comerciales tienen depositados en dicho banco central. Estas reservas pueden ser obligatorias, dictadas respectivamente por el coeficiente de reserva; o excedentarias, reservas extra que el banco comercial decide depositar en el banco central por encima de las requeridas legalmente.

– M1: Monedas y billetes en circulación más los depósitos a la vista en los bancos comerciales.

M2: M1 más depósitos a plazo hasta dos años y depósitos rescatables con preaviso de hasta tres meses.

– M3: M2 más repos (repurchase agreement), participaciones en fondos del mercado monetario y títulos de deuda con vencimiento de hasta dos años.

Sabiendo ya que diferentes agregados monetarios existen surge la pregunta: ¿Cuál de estas tres cantidades es más apropiada para utilizar como referencia de la cantidad de dinero que circula en la economía?

La base monetaria no es una buena referencia de la cantidad de dinero porque sólo tiene en cuenta el dinero creado por el banco central mientras que la mayor parte de todo el dinero es creado por los bancos comerciales al momento de conceder nuevos préstamos como ya expliqué en un artículo anterior

Para el caso de M1, como M2 también incluye los componentes del agregado monetario M1 y, además, M2 añade componentes a plazo mientras que los componentes de M1 son componentes a la vista, los cambios en M1 puede no representar los cambios en la cantidad de dinero,sino que su cambio puede deberse al movimiento entre los diferentes componentes. Lo mismo ocurre con M2, como los componentes del agregado monetario M2 también están incluidos en M3 y, además, M3 añade otros componentes diferentes, las variaciones de M2 tampoco representan las variaciones de la cantidad de dinero, sino que su cambio puede deberse al movimiento entre los diferentes componentes que lo componen. Así, M3 al ser el agregado monetario más amplio del cual el banco central recoge estadísticas, es el mas representativo y cercano a la realidad en la estimación de la cantidad de dinero total que circula en la economía.

2. La falacia del multiplicador monetario

El concepto de multiplicador monetario asume que la ratio entre el dinero en sentido amplio, M3, y la cantidad de reservas que los bancos comerciales depositan en el banco central es constante. Es decir, el banco central es capaz de controlar la cantidad de dinero que crean los bancos comerciales simplemente ajustando el coeficiente de reserva legal. Sin embargo, esto no es cierto. Como he comentado antes, la mayor parte del dinero es creado por los bancos comerciales, no por el banco central, y son estos bancos comerciales los que en ultima instancia deciden en que cantidad se quieren endeudar y crear dinero. Actualmente los bancos comerciales tienen enormes excesos de reservas depositados en el BCE produciendo un descenso nunca visto en el multiplicador monetario.

3. Circulación industrial y circulación financiera

Existen dos circuitos diferentes por los que el dinero puede circular: el industrial y el financiero. El circuito industrial corresponde al modelo habitual del flujo circular de la renta que se manifiesta en la conocida expresión keynesiana PIB=C+I+G+X-M y se centra exclusivamente en la producción y la renta derivada de esta. Sin embargo, este modelo keynesiano no tiene en cuenta en absoluto el sistema bancario y financiero del cual forma parte todos los intercambios de activos reales y financieros. Además, en una economía moderna, el valor de todas las transacciones (de activos reales y financieros) puede superar en varias decenas el valor del PIB. Estos dos circuitos no están aislados el uno del otro, por ello, una pequeña fluctuación del flujo financiero hacia el flujo industrial puede producir un impacto mas que proporcional en la circulación industrial con los efectos que eso pudiese tener en la renta familiar.

Un simple ejemplo: Un inversor quiere vender una acción que posee. Alguien le compra dicha acción. El inversor, en vez de decidir invertir en otro activo diferente, decide irse de vacaciones y gastarse ese dinero que ha conseguido. Este es un ejemplo sencillo de cómo una cantidad de dinero que al principio estaba fluyendo en el circuito financiero se ha filtrado a la circulación industrial. Por ello, las variaciones de dinero pueden distorsionar los precios primero de los activos reales y financieros y posteriormente, en consecuencia, filtrarse a los precios de los productos, servicios y salarios generando inflación.

4. El efecto real del balance

Supongamos que inyectamos una cantidad extra de dinero en una economía y que en el transcurso de este experimento mental no se produce un aumento de la producción real. El agente que reciba el nuevo dinero verá que tiene más dinero en proporción a su renta y riqueza. Por ello, tenderá a gastar ese exceso de dinero en bienes y servicios. El nuevo receptor de ese dinero le ocurrirá lo mismo por lo que hará exactamente lo mismo que el primero. Así, poco a poco el nuevo dinero en circulación producirá un paulatino aumento de los precios hasta que el aumento del dinero real sea anulado por la subida del precio de los productos y servicios. Lo que este experimento mental ejemplifica es que cada individuo mantiene en equilibrio la proporción entre la cantidad de dinero real del que dispone y de la renta y riqueza real. Esta idea se puede extender junto a los conceptos anteriores de circulación industrial y financiera para seguir el rastro de cómo un aumento en la cantidad de dinero acaba produciendo un aumento de los precios de los activos reales y financieros en un lapso de entre 6 y 9 meses después de la expansión monetaria y posteriormente acaba ocasionando un aumento de los precios de los productos y servicios (inflación) en un lapso de entre 12 y 18 meses. 

A pesar de que he sido más extenso de lo que me había imaginado en un principio (pero demasiado breve como para explicarlo en profundidad), creo que estos cuatro puntos que acabo de exponer son un buen reflejo de la visión monetarista actual que se defiende desde, por ejemplo, el Institute of International Monetary Research de la Universidad de Buckingham. Quiero agradecer al profesor Juan Castañeda por los conocimientos sobre monetarismo que he aprendido que aunque no los comparta en su totalidad, me parecen interesantes.

Pagar con Bitcoin, en efectivo o con tarjeta

Saifedean Ammous, en Patrón Bitcoin, habla de los pagos en efectivo como aquellos que se llevan a cabo entre dos partes, inmediatos y finales, que no requieren un tercero para verificar la transacción a favor de alguna de las partes (Ammous 2018, 169). Bitcoin ha sido el primer sistema de pagos en hacer estos pagos de manera digital, sin que ambas personas estén presentes en ningún momento y sin un tercero para verificar, sino una prueba trabajo que los usuarios realizan a cambio de bitcoins. Consiguiendo que los pagos finales al mundo digital, Bitcoin ha creado el sistema de pagos finales más rápido del mundo (Ammous 2018, 207).

No obstante, aunque el Bitcoin pueda y vaya a mover muchas transacciones al mundo digital, no creo que vayan a ser todas. Estimo el surgimiento de un nuevo tipo de transacciones: pago en efectivo respaldado por Bitcoin. Desconozco si este mecanismo ya está puesto en marcha, pero me atrevería a decir que no tiene sentido que así sea hasta que el Bitcoin esté considerado dinero y este o los satoshis sean unidad de cuenta—es decir, el bien en el que los productores quieren que se les pague por sus bienes—. Algo similar a lo que propongo, se intentó con dispositivos con chips, similares a las tarjetas, para actuar como billetes con denominación en X Bitcoin (Benoliel 2018). Actualmente la empresa no produce esas tarjetas y tampoco sé si las ha llegado a producir. Pero esto, aunque un paso más hacia el aumento de dinerabilidad de Bitcoin, tampoco sería a lo que me refiero con pagar en efectivo respaldado por este.

El efectivo físico tiene ciertas ventajas sobre métodos de pago en efectivo digital, como los realizados típicamente por Bitcoin. En 2017, la Reserva Federal tuvo que enviar un jet lleno de efectivo porque el huracán María había destrozado los cajeros, dejado a muchos sin electricidad y también la imposibilidad de pagar con sus tarjetas de crédito (Levin 2017). Citando a Ryan McMaken (2017): “en un mundo sin efectivo, más nos vale rezar para no quedarnos nunca sin electricidad”. Este es un ejemplo de los problemas del dinero completamente digital. Como dice Dowd (2019):

“El dinero en efectivo es una forma muy eficaz de gestionar pequeñas transacciones. No tiene coste y es fácil de usar. Las transacciones en efectivo son inmediatas y flexibles. El efectivo es anónimo y, tradicionalmente, el anonimato que proporciona el efectivo se consideraba uno de sus mayores beneficios. El efectivo no necesita contraseña y, a diferencia de una cuenta bancaria, no se puede piratear. […] La utilidad del efectivo no depende de la tecnología que pueda fallar: la mayoría de nosotros hemos experimentado situaciones en las que tuvimos que recurrir al efectivo para pagar una factura en un restaurante después de una falla del sistema por parte de nuestro proveedor de tarjeta. Estos son los principales beneficios que se perderían si se aboliera el efectivo.”

El efectivo es muy útil y no tendría por qué desaparecer, aunque su valor se asentase en la redimibilidad con un activo digital como el Bitcoin. Podríamos perfectamente ver un sistema en el que el efectivo circulase junto a los pagos digitales, como es el caso actual, pero en vez de tener un dinero fiat no redimible por nada y respaldado principalmente por la tarjeta de “quedas libre de la cárcel por ahora” que proporciona, podría cambiarse por Bitcoin al intercambiarlo en un exchange. Al ir al cajero, podrías sacar billetes denominados en bitcoins o satoshis, los cuales se restarían de tu cartera y pasarían a la reserva del exchange, la cual los transferiría ante otro cliente que deposite el billete en su banco.

Además de los beneficios anteriormente mencionados, también supondría un respaldo para las posibles víctimas de la hiperbitcoinización: escenario en el cual el Bitcoin se vuelve dinero y algunos individuos que no se hubiesen hecho con él con anterioridad tendrían dificultades de hacerlo por problemas relacionados con el valor de este o accesibilidad tecnológica como el elevado coste de minar, por ejemplo.

Esto también dificultaría a posibles reguladores que forzasen la transparencia de la cartera de sus clientes a exchanges para poder solicitar el pago de impuestos por estos bienes. Los exchanges podrían ser quienes tuviesen gran parte del Bitcoin mientras que el resto circula en forma de efectivo. Esto sería la antítesis de posibles monedas digitales de los bancos centrales (CBDC por sus siglas en inglés).

Una posible crítica sería que los exchanges no aceptarían los billetes de otros exchanges por lo que nadie aceptaría billetes emitidos por exchanges que no fuesen el suyo y esto reduciría la liquidez intratemporal del Bitcoin. No obstante, esta crítica también se le hace a la banca libre por la emisión privada de moneda. Lo que vemos es que los bancos tienen incentivos a pactar entre ellos para aceptarse los billetes y así que cada banco aumente la liquidez de sus activos financieros (White 1999, 14–16). Pongamos que hay cuatro exchanges. Si Ex1 no aceptase el efectivo emitido por Ex2, pero este último se comprometiese con Ex3 y Ex4 a aceptar los suyos, la liquidez intratemporal de los billetes emitidos por estos tres aumentaría en contraposición con la de Ex1, clientes del cual solo podrían intercambiar billetes por bienes a la par con otros clientes de Ex1. Es decir, existirían los incentivos adecuados para esperar que, como ha sido el caso en todos los periodos de banca libre, los bancos—o exchanges en este caso—aceptasen los billetes de otros y se formasen cámaras de compensación interbancaria para saldar pagos entre ellos.

Bajo un patrón Bitcoin el efectivo aún podría jugar un papel relevante y espero que el uso de efectivo digital no suponga el fin del efectivo físico como algunos vaticinan, el cual sigue teniendo ventajas ante el primero.

Referencias

Ammous, Saifedean. 2018. Bitcoin Standard: The Decentralized Alternative to Central Banking. Hoboken, Estados Unidos: Wiley.

Benoliel, Micha. 2018. “These Smart Banknotes Could Bring Crypto To The Masses.” Hackernoon, enero 24, 2018.

Dowd, Kevin. 2019. “The War on Cash Is About Much More than Cash.” Economic Affairs 39: 391–99.

Levin, Jonathan. 2017. “New York Fed President Sent Puerto Rico a Jet Filled with Cash.” Bloomberg, octubre 9, 2017.

McMaken, Ryan. 2017. “In a Cashless World, You’d Better Pray the Power Never Goes Out.” Mises Wire, octubre 10, 2017.

White, Lawrence H. 1999. The Theory of Monetary Institutions. Maiden, Estados Unidos: Blackwell Publishers.