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Etiqueta: dinero

Coacción y moneda fiat

En entornos liberales es habitual asociar la moneda fiat a la coacción estatal, y si bien yo me considero abiertamente libertario, creo importante hacer una breve reflexión sobre este asunto y matizar algunas cuestiones.

Aunque la moneda fiat podría entenderse según algunos autores como un token sin ninguna utilidad fuera de lo monetario y producido en cantidad más o menos limitada (irónicamente para los bitcoiners lo más cercano a esta definición sería Bitcoin), en este artículo me voy a enfocar en el funcionamiento de las monedas fiat actuales.  Es decir, aquella moneda que no es redimible por nada, y que los emisores se comprometen a emitir siempre contra un activo del mismo nominal. Por ejemplo $1.800 contra una onza de oro, o 300.000€ contra la hipoteca de una casa, y donde el emisor custodia el activo en su balance (no se lo gasta) adquiriendo el compromiso explícito o implícito de utilizar esos activos que custodia para acabar por recomprar esa moneda emitida.  Es decir, moneda irredimible, si, pero siempre respaldada. Una deuda monetizada.

Lo que quiero defender en este artículo es que técnicamente la moneda fiat no tiene por qué necesitar la coacción para funcionar si todos los activos que la respaldan son privados. Lo que necesita si o si la moneda fiat es seguridad jurídica, que es muy distinto. En este contexto teórico que planteo, las cuentas corrientes y depósitos de todos los bancos estarían respaldados por un conjunto de activos financieros como hipotecas, préstamos a empresas, papel comercial, etc. y, porqué no, también por algunos activos reales como podría ser oro u otras mercancías. Todo privado.

No creo que fuera imprescindible la existencia de un Banco Central para que esta moneda funcionara bien. Pero por no entrar en ese debate doy por hecho que el Banco Central sería necesario para amortiguar shocks de crédito inusitados. Eso sí, el Banco Central sería de titularidad privada, como en parte lo es hoy el Banco Central Suizo, y al igual que los bancos comerciales también se limitaría a emitir moneda contra activos privados sujetos a contratos voluntarios, Leyes y tribunales privados.

Reconozco que me queda la duda de si habría suficientes activos seguros y líquidos como para emitir la cantidad de moneda necesaria para mantener su estabilidad. No seré yo quien niegue que los bonos de un Estado servirían en cantidad y calidad, pues pueden llegar a ser muy seguros si el Estado es mínimamente diligente al cuadrar sus ingresos y gastos, pues sus ingresos están asegurados gracias a los impuestos, y aquí por supuesto sí que nos topamos con la coacción.  Ya se sabe que lo segundo más seguro después de la muerte, es hacienda.

Pero dicho lo anterior, vuelvo a insistir en que la coacción no es condición necesaria, ni muchísimo menos suficiente, para que una moneda fiat sea estable y por tanto ampliamente demandada por el mercado.  Yo sostengo que es muchísimo más importante la diligencia del emisor y su disciplina de mercado, que en cierta manera es, de hecho, lo contrario a la coacción, y tenemos abundantísima evidencia ante nuestros ojos. 

La primera evidencia es toda la masa monetaria emitida por los bancos comerciales contra activos cien por cien privados. Y en especial los dólares o euros emitidos por los bancos offshore que están totalmente fuera de la jurisdicción de la Reserva Federal o del Banco Central Europeo y que, por norma general, no suelen cotizar con descuento ni son menos estables que los dólares o euros emitidos dentro del sistema oficial.

Y la otra evidencia más contundente aún es la estabilidad y la amplia demanda de las monedas emitidas en países con buena seguridad jurídica, comparada con la estabilidad y demanda de las monedas emitidas por Estados donde la coacción campa a sus anchas. ¿Qué moneda fiat es de mayor calidad, la emitida por Suiza, Estados Unidos o Alemania, o la emitida por Venezuela, Cuba o Corea del Norte?

Traslademos este análisis a un mafioso violento vs. un comerciante honesto. Si un mafioso abusón y coactivo al que nadie le puede parar los pies emite más deuda de la que es capaz de pagar por muy violento que sea recaudando o si un comerciante pacífico se endeuda imprudentemente, la consecuencia acaba siendo exactamente la misma: El valor de sus deudas en el mercado se desploma.  El mafioso podría recurrir a la coacción para  intentar intervenir todos los precios, pero ya sabemos que a gran escala esto no funciona y el mercado más pronto que tarde castiga la moneda con la inflación correspondiente.

Sin embargo, si tanto el mafioso como el comerciante son diligentes, el valor de sus deudas será mayor y más estable. Que el mafioso tenga además la herramienta de la coacción no veo que sea necesariamente una ventaja, como demuestra el hecho de que la deuda de las empresas más solventes devengue sistemáticamente intereses menores que los de la deuda de la gran mayoría de los países del mundo, incluidos buena parte de los Estados occidentales democráticos.

A mi me parece totalmente evidente que la calidad de una moneda fiat, entendida como crédito, está directa y estrictamente correlacionada con la diligencia y disciplina del emisor, e inversamente correlacionada con la coacción. Incluso me atrevo a afirmarlo si la moneda fiat fuera un mero token sin ningún respaldo emitido en régimen de monopolio. ¿Cuál sería más estable, el token del emisor suizo o el del emisor venezolano?

Marx y el dinero (I)

El pensamiento monetario de Karl Marx es muy interesante y lleno de sorpresas. Para empezar, Marx seguía la teoría clásica del dinero (Glasner 2000) y era un gran crítico de la teoría cuantitativa del dinero, por lo que muchos teóricos monetarios todavía adheridos a esta incorrecta interpretación del dinero pueden aprender de Marx. Además, Marx era afín a la Escuela Bancaria, citando extensamente a Thomas Tooke y a John Fullarton, principalmente por su oposición a la teoría cuantitativa del dinero, aunque tenía ciertas discrepancias con estos (Lapavitsas 1994).

Marx analiza el dinero desde una visión general según su función y características. El interés del pensador sobre el área recae en que el dinero funciona como una parte esencial del sistema capitalista, es el engranaje que explica los procesos mediante los que los procesos productivos se ajustan y desacoplan entre el lado real de la economía y el lado monetario. Es decir, pensando en la ecuación cuantitativista del dinero, entre M (oferta monetaria) y V (velocidad de la circulación del dinero) con P (nivel de precios) y Q (nivel de producción). Estas relaciones sirven para explicar los cíclos económicos.

Marx inicia su estudio del dinero en la primera parte del primer volumen del capital donde realiza un análisis de este en términos generales, sin concretar cómo opera o qué papel tiene en una estructura capitalista de producción, para luego profundizar más sobre el dinero en un sistema capitalista. Marx decía que lo importante era en primer lugar entender el dinero en términos generales y la demanda de atesorarlo, para poder entender posteriormente el crédito, propio de un sistema capitalista. Marx (1978, 192) afirma que “este es el curso que ha tomado la historia: el dinero a crédito no jugó ningún papel, o al menos no uno significativo, en el período inicial de la producción capitalista.” Por esto Marx llega a criticar a Tooke y Fullarton, porque “ellos vacilan constantemente entre las formas abstractas del dinero que lo distinguen de la mercancía y aquellas formas bajo las que se ocultan relaciones concretas, como el capital, los ingresos, etc.” (Marx 1904, 191).

Marx explicando la circulación del dinero metálico como punto de parte de lo que es el origen de mercancías que funcionen como dinero. Marx enumera una serie de características físicas de los bienes, similares a las que menta Carl Menger (2009), como la divisibilidad y la homogeneidad de sus partes. Marx hace una reflexión muy cercana a la teoría orgánica mengeriana sobre el origen del dinero al afirmar que:

Los metales preciosos destacan por estas cualidades. Al no ser el dinero el resultado de un esquema o acuerdo, sino que se ha producido instintivamente en el proceso de intercambio, una gran variedad de mercancías más o menos más o menos inadecuadas han desempeñado sucesivamente sus funciones. (Marx 1904, 32)

De ahí que Marx considere que es el oro la mercancía que sirve para jugar el papel de dinero en relación con otras mercancías porque ya ha jugado el papel de mercancía en relación con estas.

Marx no solo en esto coincidía con Menger, sino también en su entendimiento del dinero en línea con la teoría clásica del dinero. Marx defendía que el movimiento de mercancías ocurre fuera de la esfera monetaria y que el movimiento de dinero en la mayoría de los casos venía determinado por los movimientos de las mercancías. Es decir, la demanda de dinero era un factor exógeno, determinado por los bienes en circulación, no endógeno y dependiente de la oferta de dinero como defiende la teoría cuantitativa del dinero. La oferta monetaria, para Marx, era un componente endógeno del sistema, porque esta se ajusta para satisfacer la ecuación cuantitativa. Además, Marx rechazaba la pretensión de los defensores de la neutralidad del dinero de que V sea constante. Que el dinero sea neutral implica que un aumento en la oferta monetaria altera los precios sin afectar a la economía real. No obstante, defender este concepto implica rechazar el funcionamiento de V como velocidad del dinero o, lo que es lo mismo, como la inversa de la demanda del dinero. Un aumento de M puede acarrear uno de V. Como vemos, Marx acepta y emplea la ecuación cuantitativa del dinero como una herramienta analítica, rechazando la teoría cuantitativa del dinero.

Otra semejanza entre Marx y los economistas de escuela austríaca es la manera que tiene de conectar la microeconomía y la macroeconomía. Por un lado, Marx conecta la microeconomía y la macroeconomía a través del comportamiento del dinero porque, según él, la existencia de dinero y la posibilidad de acaparamiento son condiciones previas para una crisis general de sobreproducción en una economía capitalista. Marx no hace distinciones entre los términos teóricos en los que discute la reproducción de bienes capitales particulares de los que discute la reproducción del sistema capitalista en su conjunto. Para Marx el análisis de cualquier nivel es fundamental estudiar cómo opera el dinero y qué movimiento sigue y resaltar la importancia de la calidad de este. Por otro lado, la escuela austríaca de economía también sigue un tratamiento similar de las distorsiones macroeconómicas que genera el dinero. Como dije Steven Horwitz:

Las perturbaciones de la oferta de dinero de dinero tendrán efectos sistemáticos de distorsión en todo el conjunto de los precios monetarios relativos, la “macroeconomía” puede entenderse como el intento de comprender las causas y las consecuencias de esos patrones sistemáticos, en toda la economía de distorsiones de precios y descoordinación microeconómica. […] Entender por qué las economías están están sujetas a fluctuaciones agregadas como las recesiones y la inflación requiere que busquemos un culpable sistemático de esos problemas “macroeconómicos” de toda la economía. Las explicaciones se encontrarán en la forma en que la picaresca monetaria distorsiona el proceso microeconómico de coordinación de precios. Este es el legítimo de la macroeconomía austriaca. (Horwitz 2020, 105)

Lo que hace que una mercancía llegue a ser dinero es que se considere socialmente válida como mercancía de equivalencia entre mercancías. Como para Marx el valor lo marca las horas de trabajo socialmente incorporadas en la producción de un bien, el dinero podría verse como un simple registro de los derechos adquiridos a cambio del tiempo de trabajo generado para la producción de otras mercancías. Para Marx, como para Menger, el dinero es una mercancía más, con la peculiaridad de que sus características le permiten cumplir mejor que otras las funciones del dinero. Por lo que será una mercancía más, pero una distinta del resto.

Estas funciones características del dinero según Marx son tres. En primer lugar, tenemos la función del dinero como una medida de valor. Siguiendo lo que se explica anteriormente de la relación del oro con el resto de las mercancías, Marx afirma que:

El oro se convierte en una medida del valor porque el valor de intercambio de todas las mercancías se mide en oro, expresada en la relación entre una cantidad de oro y una definida cantidad de una mercancía que incorpore las mismas horas de trabajo. (Marx 1904, 42)

Las mercancías entran en circulación con un precio y el dinero con un valor. El dinero se tiene que producir como una mercancía anteriormente. De tal forma, si el valor del oro (el tiempo socialmente incorporado en su producción) cambia mientras que el valor del resto de las mercancías se mantiene igual, entonces el nivel general de precios cambia. Si el tiempo de trabajo necesario para producir una cantidad de oro se dobla, el precio monetario de las cosas se reducirá a la mitad. Como medida de valor, el dinero tiene fines complementarios. Darle al oro un valor fijo sería igual a arrebatarle sus funciones monetarias como las de unidad de valor, su naturaleza como mercancía y especular ya que careceremos de la mercancía sobre la que todo el resto de las mercancías se miden. Si, por el contrario, tuviese precio en otra mercancía, el oro se convertiría en una mercancía más y perdería su carácter general como medio de valor. Marx critica a Ricardo porque para este es la invariabilidad del patrón monetario el que determina la naturaleza monetaria de una mercancía. Con esto y lo dicho anteriormente sobre la teoría marxiana del origen del dinero, podemos intuir que Marx sería también crítico con el cartalismo.

Cuando una mercancía funciona como unidad de valor, una específica cantidad determinada de esa mercancía o “precio monetario” empieza a funcionar como unidad de cuenta.

En el próximo artículo se analizará las dos otras funciones que cumple el dinero: el de ser un medio de circulación y un instrumento de atesoramiento.

Referencias

Glasner, David. 2000. “Classical Monetary Theory and the Quantity Theory.” History of Political Economy 32 (1): 39–59.

Horwitz, Steven. 2020. Austrian Economics: An Introduction. Cato Institute.

Lapavitsas, Costas. 1994. “The Banking School and the Monetary Thought of Karl Marx.” Cambridge Journal of Economics 18 (5): 447–61.

Marx, Karl. 1904. A Contribution to the Critique of Political Economy. Chicago, Estados Unidos: Charles H. Kerr & Company.

———. 1978. Capital: A Critique of Political Economy. Volume 2. Londres, Reino Unido: Penguin Books.

Menger, Carl. 2009. On The Origins of Money. Auburn, Estados Unidos: Ludwig von Mises Institute.

Gasto público y reformas monetarias en el Imperio Romano (I): Siglos I y II

El fenómeno de la devaluación monetaria y sus consecuencias es un proceso que no solo se verifica en la Modernidad, sino que tiene raíces mucho más profundas, que llegan hasta la Antigüedad. Con la descomposición de la República romana en el siglo I a.C. y el ascenso al poder del sobrino-nieto de César, Cayo Octavio, rebautizado como Augusto en el 27 a.C., el nuevo emperador puso en marcha una reforma monetaria de profundo calado al poco de llegar al poder, entre los años 23 y 18 a.C.

El viejo sistema republicano trimetálico de 9 numerales distintos de plata, latón y bronce se convirtió en un nuevo sistema cuatrimetálico de 9 numerales de oro (áureo y quinario áureo), plata (denario y quinario), latón (sestercio y dupondio) y cobre (as, semis y cuadrante). El denarius aureus o nummus aureus era la base estable de todo el sistema: de los 8,175 g. teóricos del áureo cesariano pasó a los 7,785 g. teóricos a partir del año 2 a.C., con un alto contenido de metal precioso del 98%. El denarius argenteus, en cambio, era el eje principal del nuevo sistema monetario imperial: de los 4,54 g. teóricos del denario republicano pasó a los 3,892 g. teóricos con Augusto, también con un alto contenido de metal precioso del 97-98%. El sestercio y el as, por su parte, funcionaron como monedas de uso habitual y como unidades de cuentas: el sestercio pasó de los 1,13 g. de plata en época republicana a los 27 g. de latón en época de Augusto, mientras que el as cambió de los 54,5 g. de bronce durante la República a los 11 g. de cobre en época augustea.

Estas rebajas de peso, de los numerales de oro y plata, y cambios de metal por unos más económicos, en el caso de las denominaciones de latón y cobre, unidos a la conquista de Egipto y a la pacificación de todo el Imperio romano, permitieron a Augusto unos niveles de gasto público “keynesiano” sin precedentes: se reformaron en profundidad la administración, la justicia, las finanzas, los cultos y el ejército imperiales, se llevaron a cabo nuevas y costosas conquistas por todo el orbe romano y se completó un nunca antes visto programa de obras públicas por todo el Imperio, tan ambicioso que Suetonio recuerda que “pudo con justicia jactarse de dejar Roma de mármol, habiéndola recibido de ladrillo” (Suet. Aug. 28.3.2-4). Su presupuesto anual medio ascendió a ca. 440 millones de sestercios, de los cuales ca. 273 millones (62,5%) financiaban al ejército y a los pretorianos, 55 millones (12,1%) iban a parar a la administración imperial, 60 millones (13,6%) a la subvención gratuita mensual de trigo a los romanos más desfavorecidos (annona), y tan sólo ca. 7 millones (1,7%) se destinaban a obras y juegos públicos.

Siguiendo el mismo esquema augusteo de devaluación o bajada de peso de la moneda y posterior inyección de gasto público en el mercado romano, sus sucesores en el trono imperial durante los siglos I y II d.C. llevaron a cabo hasta 12 devaluaciones de la cantidad de plata del denario en diferentes momentos históricos. El primer emperador en devaluar el denario tras Augusto fue Nerón, que lo rebajó a ca. 3,18 g. y 93,5% de plata entre los años 64 y 68 d.C. El excéntrico emperador, amante del arte, los viajes y los conciertos, necesitaba una notable inyección de moneda estatal para sus políticas de empleo público, de redistribución de grano, de celebración de nuevos espectáculos y, sobre todo, para sus faraónicos proyectos en Roma tras el incendio del año 64, que arrasó buena parte del centro de la capital: su más grandioso proyecto fue la Domus Aurea, un complejo palaciego de exacerbado lujo de casi 220 hectáreas en el corazón la Urbs.

En el 70 d.C. nuevamente Vespasiano redujo el denario al 90% de plata, para hacer frente a la crisis financiera que había devastado la economía romana tras la guerra civil del año de los 4 emperadores (69 d.C.). Y Domiciano, tras reestablecer temporalmente la ley del denario hasta el 98% en el 82 d.C., volvió a devaluarlo al 93,5% de plata en el año 85 d.C.: el aumento del stipendium militar, la construcción de la línea defensiva de los agri decumates y, sobre todo, las guerras en Britania y en el Danubio contra germanos y dacios, a los que tuvo que sobornar, vaciaron el erario imperial y le obligaron a volver a devaluar la moneda. Lejos de frenarse, en el siglo II d.C. continuaron las devaluaciones.

En el 107 d.C. el hispano Trajano rebajó nuevamente el denario hasta el 89,5% de plata para costear el aumento de las legiones y las victorias en Dacia y Arabia, entre los años 101 y 107, y para financiar las nuevas campañas en Armenia y Mesopotamia. Ni siquiera los inmensos botines de todas estas campañas consiguieron aliviar los, cada vez más grandes, costes del Estado romano: Trajano, de hecho, estableció ayudas públicas para los más necesitados (alimenta), condonaciones masivas de deuda en el año 102 d.C. y desmesurados nuevos proyectos en el centro de Roma, el más famoso de ellos, el Foro de Trajano, con su famosa columna historiada.

En el 148 d.C. Antonino Pío volvió a devaluar el denario hasta el 83,5% de plata, seguido en el 161 d.C. por Lucio Vero, que lo dejó en el 79% de ley. La paulatina ralentización y disgregación de la economía romana durante el siglo II d.C., comprobable sobre todo en las provincias, y el aumento cada vez más crónico del gasto público, no hicieron más que agravar la situación de las finanzas del Imperio: el presupuesto anual del Estado romano había pasado de 440 millones de sestercios del período augusteo a los 830-900 millones a mediados del siglo II d.C.

El último cuarto del siglo vio como el denarius argenteus cayó hasta casi la mitad de su valor original. Primero Cómodo lo devaluó adicionalmente hasta el 76% de plata en el 180 d.C. y luego, nuevamente hasta el 74% en el 186 d.C.: la caída de los ingresos por las pestilencias del 180 d.C., primero, y del 187-188 d.C., después, se sumaron a las continuas ayudas públicas, a los costes crecientes del ejército y al derroche en las fiestas y juegos públicos del estrafalario emperador, que se identificó a sí mismo como nuevo Hércules.

Estas continuas devaluaciones no fueron suficientes, pues el emperador se enfrascó también en constantes confiscaciones a privados y ventas de los cargos políticos, llegando a nombrar hasta 25 cónsules en el año 189 d.C. Su asesinato en el año 192 d.C. mejoró fugazmente las cosas. Pertinax, hombre de confianza de Marco Aurelio, trató de poner orden en la moneda romana revalorizando el denario hasta el 87% de ley en el 193 d.C., pero su negativa a aumentar el donativo de los pretorianos hizo que éstos lo asesinaran, sólo 87 días después de su nombramiento como emperador, y subastasen su posición entre Flavio Sulpiciano y Didio Juliano, quién ganó finalmente la subasta, volviendo a devaluar el denario hasta el 81,5% de plata.

La guerra civil que sucedió a su brevísimo reinado de 66 días, durante el año de los 5 emperadores (193 d.C.), vio como Septimio Severo, al mando de las legiones danubianas, se alzaba con el poder. Con este emperador comenzó el dominio casi absoluto del ejército romano en las finanzas del Imperio: el emperador africano aumentó el número de las legiones para sus campañas en Mesopotamia y Britania, incrementó la paga de los soldados de 1200 a 1600-2000 sestercios anuales y, sobre todo, instituyó la annona militaris, un impuesto especial para las necesidades del ejército.

Además, en campo social, estableció nuevas distribuciones gratuitas de grano y aceite de oliva en Roma, además de nuevas ayudas por valor de 880 millones de sestercios, entre ellas, medicinas gratuitas para los más necesitados, organizó nuevos y extravagantes juegos públicos, y, por último, emprendió nuevos programas urbanísticos en Roma y provincias: en la capital construyó un nuevo palacio imperial en el Palatino, adornó el extremo oeste del Foro romano con su arco e inició la construcción de un vasto conjunto de termas; en las provincias, por su parte, ejecutó un enorme programa de obras públicas en su ciudad natal, Leptis Magna, y gastó grandes cantidades en la reparación de carreteras, asumiendo también los costes del servicio postal. Para hacer frente a este exorbitado gasto público, devaluó hasta 3 veces seguidas el denario: primero hasta el 78,5% de plata nada más llegar al poder, en el 193 d.C.; después hasta el 64,5% un año después, en el 194 d.C. y, finalmente, hasta el 56,5% de ley en el 196 d.C.

El áureo, por su parte, aguantó mejor las devaluaciones a lo largo de los dos primeros siglos del Imperio: de los 7,8 g. de época augustea pasó a los 7,2 g. con Septimio Severo, con una reducción de la cantidad de oro del 98% hasta el 88-90% a finales del siglo II d.C. Así pues, constatamos como, en el Imperio romano, todas las devaluaciones se enmarcan en contextos de elevado gasto público: por motivos bélicos, por aumentos de las ayudas sociales, por entregas de efectivo a grupos concretos de presión con motivo de adhesiones o aniversarios imperiales, por nuevos proyectos públicos o para diversos tipos de extravagancias, según los caprichos del dirigente en cuestión. Las devaluaciones tendían a ir acompañadas de aumentos considerables de la actividad de la ceca, cuando había presiones por producir más monedas y financiar los diversos proyectos públicos.

Este exceso de liquidez producía un inmediato efecto Cantillon: del mismo modo que la miel de Hayek, los primeros que recibían esta nueva moneda devaluada, generalmente amigos y colegas del emperador, senadores, altos cargos o bien generales de alto rango o pretorianos, eran los más beneficiados en la cadena monetaria, a costa del resto de la población.

El aumento de la masa monetaria total generó inflación, que, si bien durante los dos primeros siglos del Imperio fue moderada, del 0,7% ca. de media anual, a partir de mediados del siglo III se convirtió en hiperinflación. Tales prácticas hicieron aumentar los pagos en especie y produjeron una ralentización y un deterioro crónico de las redes comerciales, que acabarían por desintegrarse totalmente en los siglos venideros.

Bitcoin, dinero y mercancías

En el artículo de hoy voy a tomar como punto de partida el debate ¿Puede el Bitcoin llegar a ser dinero? que mantuvieron Eduardo Blasco y Paco Capella en esta casa. Yo estoy en el bando de Paco pues creo muy improbable que Bitcoin llegue a ser dinero debido a su volatilidad. Además creo que esta volatilidad es inherente debido a su estricta inelasticidad, tal y como está explicado aquí y que no podría ser corregida con sustitutos monetarios por la razón que explica Paco, y es que daría lugar a una pirámide invertida donde el valor de su base es cada vez menor en términos relativos con respecto al resto de la pirámide, volviendola insostenible a medio plazo. 

Y digo que tomo el debate como punto de partida porque lo considero poco productivo por ya superado y creo que desde un punto de vista de teoría del intercambio sería más esclarecedor centrar el debate alrededor del carácter de mercancía de Bitcoin, y no en su posibilidad de ser dinero. La narrativa del “oro digital”, en el sentido del uso actual del oro que claramente no es dinero generalmente aceptado, ha estado presente desde el comienzo de Bitcoin aunque inicialmente tuviera menor peso que la narrativa de dinero. 

La narrativa de oro digital fue cobrando mayor relevancia según transcurrieron los años, enfrentándose a la narrativa del uso como dinero hasta que en 2017 llegó el cisma insalvable entre estas dos narrativas (Bitcoin vs. Bitcoin Cash) y se sometió al juicio del mercado. Los defensores de Bitcoin proponían que si en un futuro se utilizase Bitcoin como dinero, esto debería hacerse en capas superiores, tal y como anticipó Hal Finney aunque él no pudiera predecir en aquel momento un sistema como Lightning Network.  Los defensores de Bitcoin Cash proponían que debería ser en la capa básica aumentando el tamaño de bloque. 

Pues bien, a día de hoy Bitcoin Cash a pesar de tener bloques más grandes procesa menos de una cuarta parte de transacciones de las que procesa Bitcoin. ¡Y eso sin contar las transacciones en Lighting Network de Bitcoin!. Y teniendo en cuenta que Bitcoin es un activo de bajísima velocidad, que Bitcoin Cash tenga una velocidad aún menor es un fracaso sin paliativos. Como detalle adicional, si Bitcoin Cash tuviera adopción como dinero, es decir que muchísimas personas se hubieran lanzado a demandar un saldo de tesorería, eso debería haber sostenido su valor, y sin embargo el valor de mercado de Bitcoin Cash no llega ni al 1% del valor de Bitcoin. 

Además, Bitcoin Cash no soluciona el problema de la volatilidad. Tanto los proponentes de Bitcoin Cash, como aún muchos defensores de Bitcoin como el propio Eduardo Blasco (y en cierta medida yo mismo hasta hace no demasiado tiempo), creen que la adopción resultará en una volatilidad que podría ser inferior al oro o a las actuales monedas fiat. Esto está relacionado con un comentario en el turno de preguntas sobre la “confianza transversal”, que en mi opinión es un concepto profundamente equivocado que ya refutó Menger como explico aquí. El dinero no es dinero porque se llegue a algún consenso para aceptarlo y entonces adquiere las cualidades necesarias para ser dinero (invariante de valor, etc). Es totalmente al revés, se llega a utilizar generalizadamente porque el mercado descubre que tiene buenas cualidades para serlo.

La inelasticidad de Bitcoin, y más concretamente su oferta determinista, impide que sea estable. Da exactamente lo mismo que Satoshi hubiera decidido una emisión permanente del 2%, pues al ser información cierta se descontaría en el precio actual y estaríamos en las mismas. Satoshi ya reconoció expresamente que en ese sentido Bitcoin estaba desconectado de la realidad, pues no sabía como implementar de ninguna forma que el sistema obtuviera la información sobre las variaciones de la demanda, y que por eso se decantó por una oferta fija. Yo creo que hizo bien Satoshi porque era la opción más simple, y cualquier otra habría introducido más complicaciones para no solucionar nada.

Menciona Paco Capella a JP Koning. Un economista especializado en teoría monetaria muy interesante al que sigo en twitter y en su blog, y con quien he tenido la oportunidad de intercambiar opiniones. Creo que el enfoque de Koning es innecesariamente dicotómico en dos sentidos. En un primer sentido, no veo que haga falta un armagedón económico para que Bitcoin sea útil como activo de confianza minimizada (trust minimized). El coste de la confianza ni es cero ahora ni sería infinito en un armagedón, es un gradiente. Y en un segundo sentido, como Bitcoin no es dinero para Koning ni cree que pueda serlo por su volatilidad, ni tampoco tiene valor de uso, entonces considera que solo puede ser un activo especulativo o un juego tipo lotería o concurso de belleza keynesiano. Koning no entiende o no contempla la teoría de la mercancía de Menger donde el instrumento en cuestión pueda ser una mercancía, pero no la más líquida.

Quisiera además insistir en que la idea de mercancía surge para satisfacer la necesidad de intercambiar y se caracteriza por tener valor de cambio. No hay intercambio sin mercancías ni mercancías sin intercambio. Que el concepto de mercancía se descubriera históricamente sobre el soporte del valor de uso no cambia que lo esencial de la mercancía sea su valor de cambio, y por tanto el valor de uso sea accesorio o circunstancial. El valor de uso no es condición necesaria ni mucho menos suficiente para que una mercancía sea una mercancía.  

Por tanto, Bitcoin es una mercancía que además es un activo real. No es ningún activo financiero. Los activos financieros tienen algún riesgo de contrapartida al estar su existencia y valor necesariamente vinculada al comportamiento de una entidad, persona o grupo de personas muy concreto, y este no es el caso de Bitcoin. 


Por otro lado, la oferta determinista de Bitcoin supone una desventaja enorme para que pueda ser dinero, pero podría ser una ventaja para ser una mercancía de confianza mínima. Quiero enfatizar “podría”, en condicional, porque no tengo ni idea de si el mercado a la larga va a valorar esta oferta determinista. En el caso de que  esto fuera así, Bitcoin podría actuar como punto focal, que es un concepto distinto al de efecto red y al de first mover. Esto implicaría que cualquier oferta adicional sería rechazada a la larga, venga esa oferta adicional desde dentro de Bitcoin como propuesta de modificación de su emisión, o desde fuera en forma de otros activos reales digitales al portador. Carácter “real” que por cierto casi ninguna del resto de criptomonedas tiene, y que, sorprendentemente, y salvo contadísimas excepciones prácticamente ninguna pretende tener si nos ceñimos a los hechos. 

Para ir concluyendo voy a analizar algunas cuestiones concretas que se comentaron en el debate:

“Bitcoin es un activo de confianza cero”. No creo que ningún proponente serio de Bitcoin sostenga tal cosa. En todo caso se puede decir que es un activo de confianza minimizada.  

“Bitcoin no escala”. Es cierto para la capa básica, pero no tanto para capas superiores. Independientemente de que igual no es necesario que escale demasiado, sí que puede escalar en capas superiores manteniendo razonablemente esa confianza mínima con protocolos tipo Lightning Network (LN). Para recuperar tu saldo de un canal LN no necesitas que participe el otro usuario. Otra cuestión es venderle algo y que no te pague. Pero eso no es un riesgo del instrumento en sí sino de los intercambios en general, que puede pasar exactamente igual en la capa básica de Bitcoin o al hacer un pago al contado con cash o con oro. 

“Bitcoin no es inconfiscable”. En esto sí estoy de acuerdo. Se podría decir que es difícil de confiscar debido a que, entre otras cosas, funciona al margen de los contratos y las leyes tradicionales, que actualmente controla el Estado. Las reglas de Bitcoin no se fundamentan en el uso de la fuerza, son más bien como las reglas que sirven para identificar el oro puro o sumar dos más dos, es extremadamente difícil que alguien las pueda manipular en su favor por muy poderoso que sea. 

Sobre la lentitud de Bitcoin, es importante tener en cuenta que el propósito fundamental de la cadena de bloques es enviar una señal honesta de tiempo y no tanto transmitir un flujo de transacciones. Por eso Satoshi utilizó el término Timechain, nunca habló de Blockchain. Mientras alguien no invente algo mejor, los bloques han de ser necesariamente pequeños para que la señal costosa y supuestamente honesta de la prueba de trabajo sea realmente una señal. Esto es así porque los bloques grandes limitarían el alcance de la señal a sólo personas que tengan equipos y ancho de banda muy costosos. Y si tú no puedes verificar la señal por ti mismo, ya tendrías que confiar en terceros que la verifiquen por tí. Y si tienes que confiar en terceros, pues para ese viaje no hacía falta tanta alforja.

Proof of Stake no solventa el problema, pues al tratarse de una garantía financiera no se trata de un coste inherentemente irrecuperable. El validador podría cubrir su posición con instrumentos derivados de manera que hacer trampas o molestar no tenga un coste para él. Además, los validadores que ya vendieron sus monedas pueden intentar un ataque del 51% arrancando una nueva cadena desde la fecha en que eran propietarios y por tanto el intento no puede tener ningún coste para ellos. Sería un ataque rechazable porque una nueva cadena muy retroactiva sería percibida como grotesca, pero dado el nulo coste del ataque podría perturbar mucho, y durante mucho tiempo, el funcionamiento normal de la red. Que Ethereum esté retrasando durante años y años su transición al Proof of Stake no es casualidad.

Por último, creo que tiene razón Paco al decir que algunos “hodlers” se comportan como una secta y además su discurso de no vender nunca es algo incoherente con su perspectiva de hiperbitcoinización. Ahora bien, se puede ser hodler con la simple perspectiva de que Bitcoin sea una mercancía valiosa, no necesariamente la más líquida. Creo que los hodlers fanáticos de la hiperbitcoinización no se dan cuenta que el hecho de que una mercancía sea dinero o no, no es necesario para que valga más. El oro no se desplomó, ni mucho menos, cuando dejó de ser dinero. 

Una alternativa a la explicación cuantitativa del mecanismo de ajuste internacional del oro

Quid non mortalia pectora coges, auri sacra fames Virgilio

El patrón oro es un sistema monetario en el que la unidad monetaria se define como una cantidad definida de oro. Durante un periodo de tiempo, la mayoría de las economías desarrolladas operaban bajo un patrón oro, y fijaban su moneda a una cantidad de oro. Los inicios del patrón oro mundial se retoman a 1717, cuando Isaac Newton, director de la Real Casa de la Moneda inglesa aquel entonces, define la ratio de conversión entre la libra y el oro y la plata de cierta manera que favorece el uso del oro sobre el de la plata.

Con esta acción se establece a todos los efectos un patrón oro en Inglaterra, que va desarrollándose y estableciéndose a lo largo del siglo XVIII, hasta que en 1797 Inglaterra entra en suspensión de pagos por las guerras napoleónicas mediante la Bank Restriction Act—se deja de convertir libras en oro—por lo que se suspende el patrón oro hasta 1821. Cuando Inglaterra retoma la convertibilidad, más países empiezan a adoptar un patrón oro, hasta que en 1870 una gran mayoría de países desarrollados y en desarrollo ya opera bajo este sistema. Aquí empieza lo que se le suele llamar el periodo del patrón oro clásico, que dura hasta 1914. La primera guerra mundial marca la muerte del patrón oro clásico. Los gobiernos se desvinculan del patrón oro para poder inflar su moneda y financiar la guerra. Algunos países hicieron amagos de volver al patrón oro, pero estos no fueron intentos sinceros porque no pretendían seguir las normas del patrón oro clásico. Por ejemplo, Churchill permitió la convertibilidad de libras en oro, pero solo para la compra de lingotes, por lo que solo aquellos que tuviesen tantas libras como para equivaler a un lingote podían hacerse con oro e impidiendo así el uso de monedas de oro, que solían circular durante el patrón oro clásico como medio de pago.

El hecho de que los países bajo un patrón oro no pudiesen devaluar su moneda a voluntad se debía a que mientras esta fuese convertible en oro, su valor dependía de las reservas de oro del país debido al mecanismo de ajuste internacional. Por tanto, el patrón oro funcionaba como un freno al gasto gubernamental desbocado—una de sus funciones más importantes. El mecanismo de ajuste internacional se tiende a explicar desde la teoría cuantitativa del dinero mediante el mecanismo de especie flujo-dinero, obviando la posible explicación, en mi opinión acertada, que podemos ofrecer desde el enfoque monetario de la balanza de pagos, o el Monetary Approach to the Balance of Payments (MABP). 

Para entender las diferencias, primero es necesario explicar qué es la teoría cuantitativa del dinero. Esta teoría defiende que la demanda monetaria es endógena y la oferta monetaria exógena. Existe cierta cantidad de dinero que viene dada por causas externas como la cantidad de oro producido, y toda cantidad de oro es óptima porque será la demanda la que se acople a esta en ausencia de intervención externa que altere esta demanda; es decir, en un libre mercado cualquier cantidad de dinero será óptima. Como decía Rothbard “cualquier oferta monetaria se utiliza siempre al máximo y, por lo tanto, no se puede conferir ninguna utilidad social aumentando la oferta de dinero.” Para Rothbard y otros cuantitativistas, en el mercado monetario libre se alcanzaba un equilibrio constante pues la demanda se acoplaba siempre a cualquier oferta. Los que atesoran dinero ostentan una demanda explícita de dinero en términos de saldos monetarios reales, es decir, la cantidad de dinero expresada en términos de una cesta de bienes. 

En nconsecuencia, en una situación sin imposiciones coactivas a las preferencias de los agentes, según los cuantitativistas no se producen desequilibrios monetarios sino que, dada la oferta nominal disponible de dinero en circulación, se alcanza el equilibrio monetario cuando esta oferta nominal de dinero al nivel de precios actual es coherente con los saldos monetarios reales deseados. Por tanto, las fluctuaciones del nivel de precios están causadas por las desviaciones entre el nivel deseado de saldos de tesorería y la cantidad real de dinero en circulación. La oferta, al ser exógena, varía por fenómenos como el descubrimiento de nuevo oro que generan un exceso de oferta monetaria y, por tanto, influyen en estas fluctuaciones del nivel de precios hasta que la demanda de dinero atesorado se ajuste espontáneamente.

Si el dinero en circulación excede los saldos de tesorería reales demandados, los agentes buscarán reducir estos aumentando su gasto, por lo que la velocidad aumentará hasta que el nivel de precios aumente lo suficiente como para que los saldos monetarios reales deseados sean coherentes con la oferta nominal de dinero existente al nivel de precios actual. Un exceso de oferta de dinero supone un aumento del nivel de precios y un exceso de demanda, un descenso. 

Por otro lado, tenemos la teoría clásica—según David Glasner—. Para esta, la oferta monetaria es endógena, sigue a la demanda de dinero, la cual es una demanda de saldos de tesorería nominales. Otros, la llaman la teoría cualitativa del dinero, porque se centra en la calidad de este y en su demanda como el activo que funciona el dinero y no la de sus sustitutos. Por eso, para la teoría clásica o cualitativa la oferta de billetes bancarios no influye en el nivel de precios. Cuando los bancos se exceden en la emisión de billetes, estos vuelven a los bancos para ser redimidos. Si aumenta la demanda de dinero de los agentes de una economía, por ejemplo, porque aumenta el nivel de renta medio y los individuos demandan mayores saldos de tesorería porque quieren que estos acompañen su aumento de productividad y por saciar necesidades de seguridad, los bancos estarán incentivados a emitir más billetes para saciar esta demanda. Puede haber una cantidad X de dinero en una economía, por ejemplo once onzas de oro, pero si estas onzas no son suficientes para permitir todos los intercambios que se quieren realizar y además proveer más liquidez demandada por motivos de seguridad a los individuos, los bancos emitirán dinero (es decir, la oferta endógena) para saciar esta demanda (exógena).

Bajo el patrón oro la moneda nacional se definía como tanta parte de una onza de oro. Para la teoría cuantitativa del dinero, los cambios en la oferta monetaria se traducen en cambios correspondientes en el nivel de precios para una determinada demanda monetaria; es decir, son los factores monetarios nacionales los que determinan los cambios en el nivel de precios. Para la teoría clásica es el mercado del oro el que determina el nivel de precios. Al ser internacional, la oferta y demanda de oro en el mercado determina el nivel de precios en cualquier país bajo un patrón oro. Por lo que para los teóricos cualitativistas los cambios en el nivel de precios se daban en todos los países bajo el patrón oro.

Mientras que la teoría cuantitativa explica el mecanismo de ajuste internacional empleando el mecanismo de especie flujo-dinero, los defensores de la teoría clásica abogan por el enfoque monetario de la balanza de pagos. La crítica al mecanismo de especie flujo-dinero se asienta en que un aumento de la oferta monetaria de un país no provoca un aumento de precios domésticos porque esto provocaría un incremento en la cantidad de billetes convertidos a oro. Es decir, un aumento de M, la oferta monetaria, provocaría un descenso de V, la velocidad del dinero o inversa de la demanda. Si se diera un aumento de la oferta del oro, se produciría un incremento del nivel de precios para todos los países del patrón oro, por lo que no habría cambios en los niveles de precios relativos y tampoco las fluctuaciones correspondientes en las exportaciones netas o en los flujos de oro.

Según el enfoque monetario de la balanza de pagos los mercados internacionales bajo un patrón oro están integrados y es mediante el arbitraje internacional como se garantiza que se mantenga la paridad del poder adquisitivo que los países del patrón oro compartan un nivel de precios mundial común y que los tipos de interés se determinen en los mercados internacionales. Otro de los elementos centrales de este enfoque es la importancia de la distribución natural del dinero para las reservas nacionales. Y con esto nos referimos a la distribución de oro que ocurre a través de los países según las autoridades monetarias, sean órganos centralizados como los bancos centrales o fuerzas descentralizadas competitivas como los bancos bajo una banca libre. Si la demanda monetaria crece más rápidamente que la oferta nacional, las reservas internacionales aumentarán y oro entrará en el país. Si la oferta monetaria crece más rápidamente que la demanda de dinero, las reservas internacionales se reducen y el oro sale del país. Por lo tanto, no era el cumplimiento de unas reglas del juego como postula el mecanismo de flujo dinero-especie el que determinaba el ajuste internacional del oro y los flujos de oro de las reservas nacionales, sino en parte las balanzas del sistema bancario según la preferencia de este por mantener oro en lugar de reservas de divisas y valores nacionales.

La necesidad de un banco central

“Nuestro sistema monetario está basado en prácticas que, si fuesen realizados por algún individuo o firma privada, llevarían a los perpetradores a la cárcel”

Antal Fekete.

La banca libre era, según Walter Bagehot (1999, 67), el sistema natural que emergería si el gobierno no interviniese en la banca. Los principales autores del fenómeno de la banca libre utilizan diversas características distintivas para clasificar un sistema bancario como de banca libre. Podemos resumir estas en cinco. Primero, una ausencia de un banco central (Smith 1936, 4–7; Dowd 1992, 2; White 1995, 1). Segundo, una multiplicidad de emisores de moneda (White 1989, 13; Dowd 1992, 2, 1993, 25). Tercero, un intercambio de moneda frecuente entre los emisores de estas (Dowd 1993, 25). Cuarto, la aparición de contratos de opción dentro de los contratos de convertibilidad de moneda (Dowd 1993, 25). Y, por último, la ausencia de regulación que obstaculice el negocio bancario.

Banco Central Europeo (Fráncfort del Meno, Alemania)

En este artículo nos vamos a centrar en la primera, en si es la ausencia de un banco central lo que determina que un sistema bancario sea libre o no. En primer lugar, tenemos que analizar si los bancos centrales nacen espontáneamente o no. Si lo hacen, en todo sistema de banca libre terminará emergiendo un banco central, por lo que, si es la característica definitoria, todo sistema de banca libre está abocado a la extinción.  El argumento para determinar si un sistema bancario es libre o no según la existencia de un banco central se basa en que de haber uno. Pero en la literatura económica tampoco hay un consenso claro sobre qué implica ser un banco central; si servir como un banco de bancos, como el monopolista de emisión de moneda, ser el prestamista de última instancia, regular a los bancos comerciales, o controlar la política monetaria. Independientemente de cuál sea la característica definitoria, podemos asumir que con que una institución cumpla alguna de las cinco funciones mencionadas, y, por ejemplo, el resto de los bancos tendrá prohibido la emisión privada de moneda, las actividades de los bancos comerciales serán reguladas, los mínimos legales de reserva se determinarán para todos los bancos o haya un control en la entrada de nuevos bancos, entre otros elementos que restringen el mercado e imposibilitan que se le pueda llamar libre, no habrá una banca libre. Es decir, donde hay un banco central hay una planificación centralizada en mayor o menor medida del negocio bancario, siendo una condición suficiente para que no se le pueda clasificar a ese sistema en ese momento de banca libre.

Charles Goodhart, profesor de la London School of Economics, en su libro The Evolution of Central Banks (1985) hace una defensa de los bancos centrales argumentando que estos surgen de manera espontánea en un sistema de banca libre y que, además, su formación es beneficiosa para la sociedad. Goodhart afirma que existe una tendencia centrípeta a la centralización de las reservas en el banco que ostente un crédito superior. Esta afirmación contradice a la historia bancaria de Escocia, Canadá, China, Australia, Suecia, Irlanda, China o Suecia, lugares donde no se originó un banco central de manera natural hasta que se impusieron leyes al respecto (Selgin 1993). El único ejemplo donde sin privilegios un banco alcanzó una posición crediticia tan superior a la competencia que actuaba como un banco central, manteniendo las reservas y liquidando billetes por otros bancos fue el del Suffolk Bank of Boston del 1825 al 1858.

Goodhart critica otros sistemas bancarios como el canadiense o es escocés diciendo que era oligopólicos, lo cual no era cierto—en Escocia hubo hasta 29 diferentes bancos emitiendo monedas a la vez y hasta 51 en Canadá—. Pero aún de haberlo sido, esto demostraría que el sistema natural en banca libre es el oligopolio, no el monopolio del emisor de moneda como Goodhart intenta defender.

Además de no ser un sistema natural de emergencia espontánea como Goodhart nos intenta hacer ver, este tampoco es necesariamente un sistema más beneficioso para los ciudadanos. En primer lugar, White (1995) demuestra que el sistema bancario escocés funcionaba mejor que el inglés en todos los aspectos importantes. Por ejemplo, las pérdidas totales per cápita de los depósitos y de los tenientes de moneda de los fallos bancarios escoceses eran menores que las inglesas, al igual que las crisis y suspensiones bancarias también eran menos frecuentes. En segundo lugar, Goodhart dice que un banco central ayuda al cliente, sobre todo al pobre, porque este puede reducir sus costes de transacción, como los relacionados con informarse sobre la calidad del banco emisor del billete que vaya a aceptar. Pero a esto se le puede contestar que el cliente solo tiene que igualmente confiar en un banco, en el suyo, y aceptar aquellos billetes que su banco acepte sin descuento (Selgin 1993). Por lo que este ejercicio de obtención de información recaería sobre el banco y no sobre los clientes.

Por lo tanto, como vemos los argumentos de Goodhart sobre la necesidad de los bancos centrales por su origen espontáneo en la banca libre y su beneficio a los clientes no son ciertos. Los bancos centrales solo nacen tras la intervención gubernamental, justificándolos en unos motivos u otros—sea el de actuar como banco de bancos o para evitar pánicos bancarios—. El banco central no es necesario ni deseable. Como en cualquiera otra área de la economía, un monopolio supone un problema de información, al obstaculizar la función empresarial que surge en competencia para descubrir los mejores modelos de negocio, en este caso del sector bancario, y problemas de incentivos, los cuales se ven agravados con los rescates aparentemente garantizados desde la banca central a los bancos comerciales, que generan incentivos perversos como el descalce de plazos sistemático y desmedido.

Referencias:

Bagehot, Walter. 1999. Lombard Street: A Description of the Money Market. Nueva York, Estados Unidos: John Wiley & Sons, Inc.

Dowd, Kevin. 1992. “Introduction: The Experience of Free Banking.” In The Experience of Free Banking, editado por Kevin Dowd. Londres, Reino Unido: Routledge.

———. 1993. Laissez-Faire Banking. Londres, Reino Unido: Routledge.

Goodhart, Charles. 1985. The Evolution of Central Banks: A Natural Development. Cambridge, Estados Unidos: The MIT Press.

Selgin, George. 1993. “The Rationalization of Central Banks.” Critical Review 7 (2–3): 335–54.

Smith, Vera C. 1936. The Rationale of Central Banking and the Free Banking Alternative. Indianapolis, Estados Unidos: Liberty Fund.

White, Lawrence H. 1989. Competition and Currency: Essays on Free Banking and Money. Nueva York, Estados Unidos: New York University Press.

———. 1995. Free Banking in Britain: Theory, Experience and Debate, 1800–1845. Londres, Reino Unido: The Institute of Economic Affairs.

¿Es Bitcoin irremediablemente volátil?

Una crítica habitual hacia Bitcoin es que es muy volátil. La volatilidad a lo largo de sus 12 años de historia es evidente, con subidas espectaculares y bajadas no menos espectaculares cercanas al 90% respecto al máximo anterior. Sin embargo, creo que sería un error extrapolar la volatilidad de Bitcoin hacia el futuro porque el precio de un activo tan disruptivo ha de ser necesariamente volátil en su fase inicial, pues hace falta un proceso complejo de descubrimiento de las propiedades del activo en cuestión, y también de su precio.

Pero que esta volatilidad pasada no sea extrapolable al futuro, no implica que Bitcoin vaya a ser tan estable como el oro, la deuda pública o la moneda fiat. En este artículo quiero dar un salto en el tiempo y analizar un hipotético escenario donde Bitcoin ya es ampliamente conocido y la demanda de Bitcoin se ha estabilizado en un porcentaje más o menos constante de la producción global. Recomiendo la lectura de un reciente artículo enfocado en este escenario, pues es muy breve y conciso, Fernando va al grano de la cuestión y se enrolla mucho menos que yo.

Lo que cuenta en su artículo es que cualquier activo cuyo valor sube en el tiempo ha de ser impepinablemente volátil. ¿Por qué? Porque un activo que tuviera hoy un precio de 4, y todos estamos seguros de que dentro de un año valdrá 5, entonces su precio hoy no podría ser 4, tendría que ser 5 o muy cercano a 5. Porque si no, alguien estaría haciendo el canelo vendiendo duros a 4 pesetas. Cuando una información es cierta, automáticamente se incorpora al precio, así funciona el mercado. Un ejemplo muy gráfico es cuando una empresa cotizada recibe una OPA, en cuanto el anuncio es oficial, el precio se ajusta inmediatamente al precio de la OPA. 

Por tanto, los activos alcistas van subiendo de precio a medida que la incertidumbre sobre su demanda se va despejando. Y si hay incertidumbre, sí o sí, hay volatilidad.

Que Bitcoin tenga una oferta totalmente fija facilita mucho este análisis. Porque si finalmente es útil para el propósito que sea, y su demanda se mantiene estable en relación a una producción global creciente, entonces la única forma de que su valor se mantenga estable es que su precio suba. 

Fernando hace una comparación muy certera con el oro. El oro es casi perfectamente elástico a largo plazo porque cuando su precio sube, es más rentable minar oro y por tanto aumenta la cantidad. Este aumento tan moderado de la cantidad de oro es lo que hace que su poder adquisitivo sea tan estable a largo plazo. Sin embargo, los mineros de oro no pueden responder rápido a aumentos de demanda repentinos, con lo cual el poder adquisitivo del oro a corto plazo podría no ser estable en esos casos.

Aun así, el oro puede estabilizarse gracias a la especulación en el tiempo gracias a su estabilidad a largo plazo. Por ejemplo, si el precio sube muy rápido y se aleja mucho de los costes de producción, un minero puede vender futuros del oro con vencimiento a un año a un precio muy superior a sus costes.  Estas ventas de futuros frenarían la escalada del precio manteniéndolo estable.

Con Bitcoin esta especulación estabilizadora no es posible, pues realmente no se puede aumentar la producción a ningún coste. Las unidades de Bitcoin simplemente se distribuyen, no se producen. Actualmente ya se han emitido el 90% del total, y en el año 2048 ya se habrá emitido el 99,9%. Esta especulación apenas es posible hoy porque el “coste de producción” está ligado al precio por protocolo, con lo cual el margen es siempre muy estrecho. Pero sobre todo es que en pocos años ya apenas se podrán “minar” unidades nuevas, y a partir del año 2140, ninguna.

Por tanto, tal y como sostiene Fernando, Bitcoin es inherentemente volátil a largo y a corto plazo, y la volatilidad supone tener que asumir un coste de atesoramiento importante, porque si necesitamos vender nuestros Bitcoin en un momento en que el precio está por debajo de nuestro precio de compra, nos toca incurrir en pérdidas.  Salvo que tengas suerte, ese riesgo de depreciación hay que pagarlo sí o sí. O bien pagas ese riesgo con un seguro contra la depreciación, o bien lo pagas con tiempo y angustia esperando a ver si se recupera, renunciando además a aquello que querías comprar con tus Bitcoin en ese momento.

He de decir que hasta hace no mucho y muy influido por los teóricos de la liquidez, yo pensaba que la inelasticidad de Bitcoin la podrían corregir los bancos emitiendo depósitos  denominados en Bitcoin. Por ejemplo, una gasolinera podría emitir una letra y descontarla en un banco, el banco le abonaría en su cuenta “vales por Bitcoin” porque ha analizado bien el negocio y sabe que la gasolina se convertirá en Bitcoin contantes y sonantes en pocos días o semanas, por tanto el riesgo es muy bajo. Y el mercado en general aceptaría los depósitos convertibles en Bitcoin emitidos por los bancos como si fueran Bitcoin verdaderos mientras los bancos no se dedicaran a hacer préstamos demasiado arriesgados. Si al banco le solicitan la conversión de sus depósitos a Bitcoin reales y tiene en su activo préstamos a deudores solventes, pues o bien tendrá un buen flujo de ingresos en Bitcoin, o bien podrá vender esos préstamos en el mercado sin apenas descuento.

Pero Fernando me chafó totalmente esta expectativa al hacerme ver que cada vez habría más deudas denominadas en Bitcoin mientras que la cantidad de Bitcoin reales se mantendría fija, hasta el punto que pasados unos años la cantidad de deuda denominada en Bitcoin comparada con la cantidad real de Bitcoin sería descomunal. Esto nos llevaría a un escenario parecido al que se produjo a finales de los años 60 con el oro en el marco de Bretton Woods. Todos los bancos centrales se dedicaron a emitir moneda que era directa o indirectamente convertible en oro, y a un ritmo muy por encima del crecimiento de la oferta de oro físico. Una receta infalible para que tarde o temprano acabara todo en impago, como así fue.

Con Bitcoin ni siquiera haría falta ninguna emisión exagerada o imprudente. El carácter fijo de la oferta de Bitcoin hace que cualquier crecimiento de la deuda acabe por resultar tarde o temprano en una cantidad de deuda mucho mayor a los Bitcoin existentes, dejando al sistema expuesto a un ataque del tipo short squeeze o estrangulamiento de posiciones cortas, similar al que se produjo en GameStop a principios de este año.  
Juan Ramón Rallo sostiene que un ataque de este tipo fracasaría si los bancos tienen sus préstamos bien garantizados y bien casados con los plazos de sus pasivos. Pero Fernando contraargumenta que el banco tendría que exigir demasiadas garantías a sus deudores para respaldar pasivos denominados en una unidad de cuenta que no es naturalmente estable y cuyo precio podría multiplicarse. Esas excesivas garantías harían el sistema inviable por caro y poco eficiente. Yo estoy con Fernando al 99,9%, pero por ese 0,01% de duda que aún me queda, me interesan los argumentos a favor de cualquiera de estas dos posturas.

El dinero como tecnología y el Bitcoin como mejora (y II)

“Puede que tenga sentido comprar algunos por si [Bitcoin] se hace popular. Si suficientes personas piensan igual, se convierte en una profecía autocumplida.” Satoshi Nakamoto

En el artículo anterior, definía el dinero como una tecnología que sirve para transportar valor a lo largo del tiempo y del espacio sin riesgo de contraparte mediante. En este artículo, también defendía que lo que hace que un bien sea el dinero de una economía es que sea el medio de intercambio generalmente aceptado, siendo las funciones de depósito de valor y unidad de cuenta—las otras dos funciones típicamente asignadas al dinero—la causa y la consecuencia respectivamente de que un bien sea dinero, “no una parte esencial del concepto de dinero” (Menger 2007, 280).

El dinero en una economía surge a través de un proceso descentralizado mediante el cual aquellos que seleccionan el bien que mejor transporta el valor a lo largo del tiempo mantienen este valor y los que no, lo pierden. Se da una selección natural del dinero en el mercado. Por eso, aunque el proceso fuese aleatorio, como dinero emergerá un bien con las propiedades adecuadas para operar como un buen depósito de valor, porque solo los que puedan transportar el valor restante de su producción (o valor otorgado a estos mediante otros medios) podrán continuar operando e influyendo el mercado—no puedes intercambiar algo excepto si almacena valor. No obstante, este proceso no es necesariamente aleatorio y existen agentes más perspicaces que buscan el bien más vendible o líquido—es decir, aquel con el menor diferencial entre el precio pedido y el precio ofrecido—para reducir los costes de atesoramiento y desatesoramiento (White 2002). 

Los agentes que participan en el mercado, mediante procesos descentralizados, decide qué bien será el dinero. El dinero quiere ser uno. Mi tesis es que el Bitcoin es el bien que mejor cumple con las propiedades que según Menger (2009) aumentan la liquidez de un bien. 

En primer lugar, debido a su ratio de stock-to-flow, el Bitcoin presenta una gran liquidez intertemporal. Esta ratio mide el stock existente de un bien y lo divide por la nueva producción anual. El oro tiene una ratio stock-to-flow mayor que 1, igual que cualquier bien para poder llegar a convertirse en dinero. Por eso los cigarrillos pueden ser dinero en las prisiones, porque no puedes producir más dentro de la economía fácilmente. El valor de las cosas fáciles de producir desaparece fácilmente, por eso el dinero es uno bien difícil de producir. Bitcoin es costoso y lento de producir y la cantidad minada va decreciendo con el tiempo. El código programa la dificultad de la minería—la muestra de trabajo que tiene que haber hecho el minero mediante la resolución de ejercicios matemáticos—cada 2016 bloques (aproximadamente cada dos semanas) para que un nuevo bloque sea añadido a la cadena cada 10 minutos. El minero recibe una recompensa, la cual es actualmente de 6,25 Bitcoin. Esta recompensa se divide en dos cada 210.000 bloques, aproximadamente cada cuatro años. Este sistema fue diseñado para mantener una alta ratio de stock-to-flow y que así la nueva oferta monetaria no alterase el valor de los Bitcoin de manera significativa.

Pero ser escaso no lo es todo. Por ejemplo, la tierra también es escasa, pero no cumple con uno de los requisitos de la liquidez intratemporal: no es fácil de transportar. Bitcoin además presenta un bajo coste de almacenamiento, sino el más bajo para cualquiera con un dispositivo conectado a la red y que no necesite un desembolso adicional. Además, los costes de verificación de la red son ínfimos sino únicamente equivalentes al coste de transacción. No hay costes para verificaciones presentes, sino recompensas. Cualquiera puede verificar la red y todas las transacciones que se han dado en ella. Comparado con el oro, el Bitcoin también es un activo real, por lo que sirve como liquidación final de la deuda. Pero el Bitcoin es un libro mayor de registro verificado descentralizadamente de transacciones que existe en cualquier dispositivo conectado a la red, por lo que no requiere barcos para ser transportado o pruebas para comprobar su pureza. En estos aspectos es mejor dinero que el oro.

Que sea fácil de validar y, por tanto, difícil de falsificar son propiedades que aumentan la liquidez intratemporal de este. El Bitcoin está perfectamente estandarizado y es perfectamente divisible. Actualmente un satoshi equivale a 0.00000001 BTC, pero en caso de que se necesitase que un Bitcoin equivaliese a más satoshis, esto se podría hacer manteniendo si la mayoría de la red así lo quisiese porque en un futuro igual un Bitcoin almacena mucho valor. Además, los medios de transporte y mercados de Bitcoin son los dispositivos digitales y el Internet, los que se encuentran altamente desarrollados y solo pueden ir a más. Que las operaciones de Bitcoin se den en la red implica mayor liquidez intertemporal porque permite sobrepasar posibles restricciones al comercio de este.

El mayor problema que presenta Bitcoin como posible dinero es uno relacionado a su uso como medio de intercambio: sus costes de operación. No obstante, ya existen soluciones a este problema, principalmente la Lightning Network. Gracias a esta incorporación se pueden realizar transacciones en milisegundos sin coste, lo que aumenta significativamente la liquidez intratemporal del Bitcoin. 

A diferencia de otras criptomonedas que pueden presentar propiedades similares a las del Bitcoin, Bitcoin es única en varios aspectos. En primer lugar, fue la primera en llegar por lo que gana al resto en adopción de mercado. Si se fuese a presentar otra criptomoneda similar, se vería con la dificultad de sobrepasar a una que ya tiene mercado y cuyos usuarios han invertido trabajo en ella por lo que carecen de incentivos para moverse a otra red. Si la criptomoneda rival presenta características diferentes a Bitcoin, estas pueden ser peores o mejores. Si son peores, los agentes que apuesten por esta perderán valor con el tiempo y con cada transacción. Si aparentan ser mejores, entonces se encontrarán con otros problemas de adopción. En Bitcoin, todos los integrantes de la red son usuarios de esta, no hay administradores, sino que la red está controlada por las reglas inscritas en el código. En las otras criptomonedas sí. De hecho, estos se ven en una encrucijada: o bien los administradores las promocionan para hacerse notar entre las miles de otras criptomonedas alternativas a pesar de mostrar que son una red centralizada con gente al mando, o bien se desentienden y no consiguen compradores (Ammous 2018, 254). 

Lightning Network es solo una de las posibles mejoras que se le pueden hacer en capas secundarias a Bitcoin. En otros artículos he tratado otras opciones como las letras reales o el scrip. Esta es una de las razones por las que el Bitcoin mejora previas tecnologías de transporte de valor, es decir, anteriores dineros, por su mayor liquidez intra e intertemporal de diseño y por su capacidad para adaptarse a posibles alternativas secundarias en capas superiores. Es un bien que permite la existencia de un sistema monetario por capas, similar al oro siendo la capa principal y los billetes de banco una capa superior, solo que con mayor precisión, seguridad y opciones para los usuarios de este. 

Muchos rechazan la posibilidad de que Bitcoin llegue a ser un buen dinero por su volatilidad. Lo que no entienden es que Bitcoin todavía se encuentra en la primera de las tres fases de dinerarización—es decir, de que un bien llegue a convertirse en dinero. Primero, que el bien llegue a ser un buen depósito de valor. Segundo, que sus características le permitan funcionar como un medio de intercambio deseable. Y, tercero, que se confirme que llega a ser dinero mediante su uso como unidad de medida, es decir, que la gente fije los precios en este bien porque es el que prefieren recibir para almacenar valor.

Bitcoin todavía está afianzándose como depósito de valor. Por ahora es más bien una inversión que no mantiene bien su valor, aunque a favor de aquellos que apuestan por ella ya que presenta una clara tendencia alcista. Si, por ejemplo, la capitalización de mercado de Bitcoin alcanzase la del oro—es decir, se convirtiese en el activo refugio preferido por el mercado sustituyendo al actual—, el precio de un Bitcoin en dólares sería de 500.000 dólares según la oferta esperada de 2025. Para eso todavía queda, pero no creo que el momento sea tan improbable ni lejano. Cuando esto haya sucedido, si gracias a la mayor facilidad de intercambio que presenta el Bitcoin frente al oro y dificultad de confiscación más gente decide utilizarlo para transacciones, este empezará a convertirse además en el medio de intercambio comúnmente aceptado y entraremos en un patrón Bitcoin.

Referencias:

Ammous, Saifedean. 2018. Bitcoin Standard: The Decentralized Alternative to Central Banking. Hoboken, Estados Unidos: Wiley.

Menger, Carl. 2007 [1871]. Principles of Economics. Auburn, Estados Unidos: Ludwig von Mises Institute.

Menger, Carl. 2009 [1892]. On The Origins of Money. Auburn, Estados Unidos: Ludwig von Mises Institute.

White, Lawrence H. 2002. “Does a Superior Monetary Standard Spontaneously Emerge?” Journal Des Économistes et Des Études Humaines 12 (2).

El dinero como tecnología y el Bitcoin como mejora (I)

El dinero es una tecnología que sirve para transportar valor a lo largo del tiempo y del espacio sin riesgo de contraparte. Si tras un ejercicio de alteración de factores de producción el individuo A genera un valor igual a X y en t1 este solo quiere consumir un valor igual a Y (siendo Y<X), A intercambiará el valor restante, X-Y, por bienes y servicios que me le ayudarán a satisfacer sus necesidades. Para ello, la mejor opción de A es intercambiar el valor de lo que ha producido por dinero, para así poder transportar el valor de X-Y a lo largo del tiempo. Por otro lado, si A produce y quiere intercambiar los frutos de su producción por bienes y servicios, para acceder a la mayor cantidad de bienes es vender el valor de su producción por dinero. Es decir, el dinero vuelve a ser la mejor opción para intercambiar valor, esta vez a través del espacio.

Cuando un bien puede transportar valor a lo largo del tiempo, decimos que este funciona como depósito de valor. Cuando un bien sirve para transportar valor a lo largo del espacio, se le describe como medio de intercambio generalmente aceptado. Estas dos facultades, junto con la de unidad de cuenta son las tres funciones que típicamente se emplean para describir el dinero. No obstante, yo defiendo que la característica esencial y lo que determina si algo es dinero o no es si es el medio de intercambio generalmente aceptado (Salerno 1994, 75)

Todo dinero, como describo en el primer párrafo, funciona como una tecnología para transportar el valor a lo largo del tiempo. Pero esta característica, a pesar de ser necesaria, no es suficiente. Existen bienes que funcionan como depósitos de valor, pero no como medios de intercambio. Esto se debe a que las características que hacen que un bien sea una buena tecnología para transportar valor a lo largo del tiempo no son las mismas que lo convierten en una buena tecnología para hacerlo a lo largo del espacio. Carl Menger en On The Origins of Money (2009, 30–32) enumera estas características dividiéndolas entre los condicionantes para los límites espaciales de la vendibilidad—es decir, cuan buen medio de intercambio es o su liquidez intratemporal—y los límites temporales de la vendibilidad de un bien—es decir, cuan buen depósito de valor es o su liquidez intertemporal—. 

Para Menger un bien será un buen medio de intercambio, es decir, podrá transportar el valor a través del espacio perdiendo poco o nada de este según cinco características. Las características que marcan los límites de la vendibildiad espacial—liquidez intratemporal—son cinco. Primero, el grado de la necesidad del bien pueda estar perturbado en el tiempo. Segundo, cuan fácilmente se pueden transportar los bienes y el coste de este transporte. Tercero, cuan desarrollados están los medios de transporte y comercios de este bien con respecto al resto. Cuarto, por la extensión local de mercados organizados y su conectividad mediante arbitraje del bien en un mercado al otro. Y quinto, por las diferencias en las restricciones impuestas al comercio con respecto a diferentes bienes.

Las características que marcan los límites de la vendibildiad temporal—liquidez intertemporal—son siete. Primero, si existe si la necesidad de estos se mantendrá en el futuro, es decir, si seguirán siendo bienes económicos: un bien cuyas cantidades son inferiores a las demandas de los individuos para satisfacer sus necesidades de este. Segundo, por su durabilidad, es decir, si la integridad del bien se mantendrá a lo largo del tiempo. Tercero, el coste de preservar y almacenar el bien. Cuarto, el tipo de interés. Quinto, la existencia de un mercado de este, es decir, no que empiece a ser superabundante (condición 1), sino que siga habiendo demanda de este—que los individuos sigan creyendo que este bien es útil para satisfacer alguna de sus necesidades. Sexto, que se desarrolle la especulación sobre el mismo, para poder coordinar los precios de este con su posible escasez. Y séptimo, las posibles restricciones a este bien que se imponen a través de medios políticos.

Como vemos, un bien podría cumplir una parte de las características y no otra. Todo bien, para llegar a ser el medio de intercambio generalmente aceptado, primero tiene que ser un buen depósito de valor. Todo bien, para poder transportar valor a lo largo del espacio primero tiene que hacerlo a lo largo del tiempo, porque entre cualquier intercambio siempre va a haber un periodo de tiempo que vaya a pasar entre t1 y t2. Todo bien podrá ser depósito de valor indefinidamente al menos para el depositante original del valor porque para él, al ser el valor subjetivo, este siempre puede mantenerlo. Pero por la misma naturaleza subjetiva del valor, nada garantiza a un individuo que este vaya a ser aceptado—otra manera de entender la liquidez intratemporal es la “aceptabilidad”, cuan generalmente aceptado por otros individuos es que ese bien tiene valor—por lo que un bien siempre puede ser depósito de valor para al menos una persona, pero, al requerir de la aceptación de otros para que algo sea un medio de intercambio, este no tiene por qué llegar a o continuar siéndolo.

Un ejemplo son los diamantes, que son un buen depósito de valor, pero un mal medio de intercambio. Una característica del buen dinero es que sea divisible. Diremos que un bien es perfectamente divisible cuando este no pierda porcentaje de valor equitativo al porcentaje de división de la unidad que sufre. Dos medias onzas de oro valen lo mismo que una onza, pero dos medias piezas de un diamante valen menos que una pieza entera. El oro, por esta y otras características fue un buen dinero: fácilmente maleable, divisible, muy durable, con un alto valor unitario—es decir, una unidad de onza de oro poseemucho valor, por lo que con poco movimiento transfieres mucho valor—, fácil atesorabilidad—se requiere poca seguridad y espacio para mantenerlo—, fraccionable y fácil de desatesorar—con alta demanda—.

Por tanto, defiendo la postura que la auténtica característica del dinero es que sea el medio de intercambio generalmente aceptable. Que sea un buen depósito de valor aumentará la liquidez del bien. Esto será una causa de que un bien llegue a ser dinero. El bien que emerge como dinero es aquel bien que sufra un menor decrecimiento en su utilidad marginal. La ley de utilidad marginal nos dice que un individuo valora con menor intensidad cada unidad adicional de un bien que ya posee (Huerta de Soto 1992, 50; Menger 2007, 125). El activo real—bien que no es el pasivo de otro agente—de cuya utilidad marginal mengue con menor intensidad, es decir, el que ostente una mayor liquidez intra e intertemporal, será el que mejor mantenga su valor y el que el mercado utilice como dinero (Menger 2009; Fekete 2017, 28). Por tanto, podemos definir dinero como ‘‘todo activo real que, debido a su superior estabilidad de valor, los agentes económicos emplean para intermediar entre el momento de venta y el momento de compra o entre el momento de compra y el momento de venta’’ (Rallo 2019, 108).

Que el bien con mayor liquidez opere como unidad de cuenta es la consecuencia de que este sea dinero: los individuos fijan los precios en ese bien porque quieren que se les pague en este, ya que es el bien que estiman les proporcionará mayor liquidez para transportar el valor. Esto hará que los agentes lleven su contabilidad en esta unidad. Pero esta “función” no es más que un indicador de qué es aceptado como medio de intercambio en una economía.

Volviendo al oro, este bien fue el dinero de la mayoría de las economías durante cerca de un siglo (1821-1914). Esto fue gracias a sus características entre ellas, además de las anteriormente mencionadas, su escasez natural. No obstante, el oro dejó de ser dinero, hasta nuestros días en los que nos encontramos huérfanos de un buen dinero mediante el que poder transportar valor entre nosotros y para nuestro futuro. Esto se debió principalmente a la intervención estatal. Los países que formaban parte del patrón oro clásico lo abandonaron principalmente para deshacerse la restricción que este ofrecía ante su capacidad de endeudarse y afrontar los coses de la Primera Guerra Mundial. Los estados eliminaron la convertibilidad de su moneda en oro, requisaron el oro en manos privadas y, aunque a veces intentaron volver, siempre fue con restricciones sobre las reglas clásicas. Esto, sumado a la capacidad de confiscación del oro y otras cualidades que hacen que lo alejan de lo que podríamos entender como un dinero perfecto, hacen que otros bienes, en este caso intangibles, como el Bitcoin, empiecen a ser mejores alternativas para el próximo buen dinero. 

En la segunda parte explicaré por qué el Bitcoin podría llegar a ser un bien que ostentase unas características que lo volviesen un bien más dinerable que el oro, tanto por el lado de la liquidez intratemporal, como intertemporal. Expondré cómo creo que esto podría ser posible, enumerando así algunas flaquezas que podría tener el Bitcoin que creo que están superadas y otras que creo que o se están superando o que lo harán.

Referencias

Fekete, Antal E. 2017. Critique of Austrian Economics in the Spirit of Carl Menger. Aarschot, Bélgica: Pintax cvba.

Huerta de Soto, Jesús. 1992. Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial. 5th ed. Madrid, Spain: Unión Editorial.

Menger, Carl. 2007. Principles of Economics. Auburn, United States: Ludwig von Mises Institute.

———. 2009. On The Origins of Money. Auburn, Estados Unidos: Ludwig von Mises Institute.

Rallo, Juan Ramón. 2019. Una Crítica a La Teoría Monetaria de Mises. Madrid, España: Unión Editorial.

Salerno, Joseph T. 1994. “Ludwig von Mises’s Monetary Theory in Light of Modern Monetary Thought.” The Review of Austrian Economics 8 (1): 71–115.

Teoría cuantitativa del dinero

En este articulo expondré las bases de la visión monetarista centrándome en los siguientes cuatro puntos:

• Los agregados monetarios: Qué miden y cuál es el mejor para medir la cantidad de dinero

• La falacia del multiplicador monetario• Circulación industrial y financiera

• El efecto real del balance1. Los agregados monetarios

Los bancos centrales clasifican y agrupan los diferentes activos financieros líquidos que puedan considerarse que cumplen una función monetaria. En la Eurozona podemos agruparlos de cuatro maneras diferentes:

– BM: Base monetaria, activos o pasivos del banco central formados por billetes y monedas en circulación mas las reservas que los bancos comerciales tienen depositados en dicho banco central. Estas reservas pueden ser obligatorias, dictadas respectivamente por el coeficiente de reserva; o excedentarias, reservas extra que el banco comercial decide depositar en el banco central por encima de las requeridas legalmente.

– M1: Monedas y billetes en circulación más los depósitos a la vista en los bancos comerciales.

M2: M1 más depósitos a plazo hasta dos años y depósitos rescatables con preaviso de hasta tres meses.

– M3: M2 más repos (repurchase agreement), participaciones en fondos del mercado monetario y títulos de deuda con vencimiento de hasta dos años.

Sabiendo ya que diferentes agregados monetarios existen surge la pregunta: ¿Cuál de estas tres cantidades es más apropiada para utilizar como referencia de la cantidad de dinero que circula en la economía?

La base monetaria no es una buena referencia de la cantidad de dinero porque sólo tiene en cuenta el dinero creado por el banco central mientras que la mayor parte de todo el dinero es creado por los bancos comerciales al momento de conceder nuevos préstamos como ya expliqué en un artículo anterior

Para el caso de M1, como M2 también incluye los componentes del agregado monetario M1 y, además, M2 añade componentes a plazo mientras que los componentes de M1 son componentes a la vista, los cambios en M1 puede no representar los cambios en la cantidad de dinero,sino que su cambio puede deberse al movimiento entre los diferentes componentes. Lo mismo ocurre con M2, como los componentes del agregado monetario M2 también están incluidos en M3 y, además, M3 añade otros componentes diferentes, las variaciones de M2 tampoco representan las variaciones de la cantidad de dinero, sino que su cambio puede deberse al movimiento entre los diferentes componentes que lo componen. Así, M3 al ser el agregado monetario más amplio del cual el banco central recoge estadísticas, es el mas representativo y cercano a la realidad en la estimación de la cantidad de dinero total que circula en la economía.

2. La falacia del multiplicador monetario

El concepto de multiplicador monetario asume que la ratio entre el dinero en sentido amplio, M3, y la cantidad de reservas que los bancos comerciales depositan en el banco central es constante. Es decir, el banco central es capaz de controlar la cantidad de dinero que crean los bancos comerciales simplemente ajustando el coeficiente de reserva legal. Sin embargo, esto no es cierto. Como he comentado antes, la mayor parte del dinero es creado por los bancos comerciales, no por el banco central, y son estos bancos comerciales los que en ultima instancia deciden en que cantidad se quieren endeudar y crear dinero. Actualmente los bancos comerciales tienen enormes excesos de reservas depositados en el BCE produciendo un descenso nunca visto en el multiplicador monetario.

3. Circulación industrial y circulación financiera

Existen dos circuitos diferentes por los que el dinero puede circular: el industrial y el financiero. El circuito industrial corresponde al modelo habitual del flujo circular de la renta que se manifiesta en la conocida expresión keynesiana PIB=C+I+G+X-M y se centra exclusivamente en la producción y la renta derivada de esta. Sin embargo, este modelo keynesiano no tiene en cuenta en absoluto el sistema bancario y financiero del cual forma parte todos los intercambios de activos reales y financieros. Además, en una economía moderna, el valor de todas las transacciones (de activos reales y financieros) puede superar en varias decenas el valor del PIB. Estos dos circuitos no están aislados el uno del otro, por ello, una pequeña fluctuación del flujo financiero hacia el flujo industrial puede producir un impacto mas que proporcional en la circulación industrial con los efectos que eso pudiese tener en la renta familiar.

Un simple ejemplo: Un inversor quiere vender una acción que posee. Alguien le compra dicha acción. El inversor, en vez de decidir invertir en otro activo diferente, decide irse de vacaciones y gastarse ese dinero que ha conseguido. Este es un ejemplo sencillo de cómo una cantidad de dinero que al principio estaba fluyendo en el circuito financiero se ha filtrado a la circulación industrial. Por ello, las variaciones de dinero pueden distorsionar los precios primero de los activos reales y financieros y posteriormente, en consecuencia, filtrarse a los precios de los productos, servicios y salarios generando inflación.

4. El efecto real del balance

Supongamos que inyectamos una cantidad extra de dinero en una economía y que en el transcurso de este experimento mental no se produce un aumento de la producción real. El agente que reciba el nuevo dinero verá que tiene más dinero en proporción a su renta y riqueza. Por ello, tenderá a gastar ese exceso de dinero en bienes y servicios. El nuevo receptor de ese dinero le ocurrirá lo mismo por lo que hará exactamente lo mismo que el primero. Así, poco a poco el nuevo dinero en circulación producirá un paulatino aumento de los precios hasta que el aumento del dinero real sea anulado por la subida del precio de los productos y servicios. Lo que este experimento mental ejemplifica es que cada individuo mantiene en equilibrio la proporción entre la cantidad de dinero real del que dispone y de la renta y riqueza real. Esta idea se puede extender junto a los conceptos anteriores de circulación industrial y financiera para seguir el rastro de cómo un aumento en la cantidad de dinero acaba produciendo un aumento de los precios de los activos reales y financieros en un lapso de entre 6 y 9 meses después de la expansión monetaria y posteriormente acaba ocasionando un aumento de los precios de los productos y servicios (inflación) en un lapso de entre 12 y 18 meses. 

A pesar de que he sido más extenso de lo que me había imaginado en un principio (pero demasiado breve como para explicarlo en profundidad), creo que estos cuatro puntos que acabo de exponer son un buen reflejo de la visión monetarista actual que se defiende desde, por ejemplo, el Institute of International Monetary Research de la Universidad de Buckingham. Quiero agradecer al profesor Juan Castañeda por los conocimientos sobre monetarismo que he aprendido que aunque no los comparta en su totalidad, me parecen interesantes.