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Etiqueta: dinero

¿Son los dólares de la Fed un pasivo? (II)

En el artículo del mes pasado sobre si los dólares emitidos directamente por la Fed son una deuda o no, argumenté que sí lo son por la causalidad de su origen y valor.  Por poner un símil con otra industria, sería un disparate sostener que el origen o causa de los billetes de avión está en el sistema de emisión de billetes de la IATA, y no en los viajeros y las líneas aéreas. Los touroperadores y la central de reservas (bancos) y la IATA (banco central) son claras consecuencias que surgen de la demanda por parte del mercado de viajar en avión.

En el caso del dólar, su origen causal reside en la monetización de créditos de los agentes económicos y por tanto cualquier dólar emitido, no importa que lo emita un banco comercial o un banco mayorista (la Fed), tiene como causa original una deuda. Y la monetización de una deuda siempre será una deuda.

Para mi este es argumento suficiente para demostrar que tal y como funciona la Fed a día de hoy, los dólares que emite son deuda.  Pero como había prometido en el artículo anterior, quisiera analizarlo desde otros supuestos, aunque no se correspondan con el funcionamiento actual de la Fed, pero que podrían corresponderse en un futuro.  

Antes de analizar estos supuestos, cabría hacer un breve análisis aun dentro del supuesto actual sobre si una refinanciación indefinida implicaría que los instrumentos que se utilizan para dicha refinanciación dejan de ser deuda por el hecho de seguir siendo aceptados por el mercado aunque sea con descuentos cada vez mayores (inflación).

Una monetización más agresiva de deudas, por ejemplo la monetización de créditos de baja calidad o poca liquidez puede resultar en que la moneda emitida tenga menor valor, pero  esto no cambia la naturaleza de una deuda monetizada.  Todo deudor puede empeorar a voluntad la calidad de sus pasivos, y si el impago no tiene mayores consecuencias que una caída de valor de sus pasivos, no implica que sus pasivos dejen de ser pasivos. El riesgo, la pérdida de valor temporal o permanente son consustanciales a la naturaleza de cualquier deuda. 

Una sociedad mercantil al borde de la quiebra podría teóricamente refinanciarse indefinidamente si consigue vender más deuda en el mercado aunque sea con enorme descuento. Que esto suceda o no es una cuestión que decidiría el mercado, y si esa sociedad mercantil es un banco central, hay razones de peso para pensar que al mercado le puede interesar seguir refinanciandolo, eso si penalizando rigurosamente el valor de sus pasivos y siempre que el mercado no perciba que el banco central no se ha vuelto loco o ha perdido totalmente el control de la situación.

En el caso de total descontrol ya sí que pasaría lo mismo que en cualquier sociedad mercantil: Sus pasivos valdrían cero o cerca de cero. Es decir, hiperinflación o incluso repudio monetario total y eso es la desaparición o quiebra del banco central.  No es cierto que los bancos centrales no puedan quebrar.  Evidentemente pueden “resetearse” y comenzar la emisión de una nueva moneda con el mismo nombre o similar, pero decir que por eso no pueden quebrar es como decir que la General Motors no quebró en 2009.

Y la razón de peso para que el mercado refinancie a un banco central, es que mientras el banco central se comporte de manera mínimamente razonable y no se vuelva loco, sus pasivos seguirán siendo útiles y convenientes como moneda. Pero siempre desde su naturaleza de pasivo.  No hay razón ni necesidad alguna para plantearse que su naturaleza cambia por el hecho de perder valor. Ahora bien, ¿no podríamos considerar que un pasivo refinanciado indefinidamente en realidad es un pasivo no exigible?.  Es decir, que en lugar de una deuda sean participaciones que formasen parte de los  recursos propios o equity del Banco Central.

Esto plantea inmediatamente la pregunta de que si consideramos a los tenedores de dólares como accionistas del Banco Central, entonces, ¿qué son los dueños de los títulos que si están verdaderamente calificados como participaciones en el capital social del Banco Central?

Evidentemente, las implicaciones de poseer uno u otro instrumento son muy distintas. Son cualitativamente distintos en lo económico (Menger). Es importante aclarar que las cualificaciones jurídicas son consecuencia de las cualidades económicas. La diferencia económica más relevante es que el banco no se compromete con el accionista a recomprar las acciones a ningún valor, como es lógico. Y fuera de cualquier consideración jurídica, ser accionista en lo económico implica exactamente eso: Santa Rita Rita lo que se da no se quita, y el accionista lo sabe. Si el accionista quiere vender, tiene que buscarse la vida en el mercado secundario o convencer a la junta de accionistas del banco para que le recompre voluntariamente. Pero el banco no tiene ninguna obligación. 

Sin embargo, todo aquél que posee dólares da por sentado que la Fed si se los va a aceptar directamente si es un banco comercial o indirectamente a través de un banco comercial.  Vamos, que ni siquiera se lo plantea por lo obvio de la cuestión pues sería surrealista que un emisor de moneda rechace su propia moneda.  Por tanto los dólares son una obligación para la Fed, igual que lo es un depósito para un banco comercial en el sentido de aceptar sus propios depósitos como pago (no en el sentido de que sean redimibles por dólares de la Fed).  Y que la Fed, como cualquier deudor, pueda deteriorar el valor de sus pasivos es irrelevante para la naturaleza de obligación del dólar, siguen siendo una obligación, pues se obliga a aceptarlos sea cual sea su valor.

Una sociedad mercantil corriente también puede actuar de manera que el valor de sus pasivos se desplome en los mercados secundarios, y luego recomprar su propia deuda mucho más barata. ¿Implicaría esta maniobra que el pasivo deja de ser un pasivo? Pues no, simplemente el poseedor de la deuda considera que vale muy poco e implícitamente se resigna a ofrecerle una quita al deudor.

Por cierto, no vale contraargumentar que si por las leyes de curso legal todo acreedor está obligado a aceptar dólares como pago entonces es un pasivo de todo acreedor, o que serían pasivos para cualquiera que se obligue voluntariamente a aceptar dólares. No, esto no tiene ni pies ni cabeza. Solo es un pasivo tuyo si eres tú el emisor. Si lo miramos contablemente, si yo me veo obligado a aceptar un dólar en mi activo, este no se netea contra mi pasivo porque yo no emito dólares, mientras que para la Fed, sí que se netea.

Actualmente la Fed emite dólares contra activos de deuda con vencimiento, de manera que su compromiso de recompra va implícito en el vencimiento de dichos activos.  Pero podemos plantearnos el supuesto de que compra activos sin vencimiento como ETFs, oro o acciones. No es un supuesto descabellado, pues otros bancos centrales como el de Suiza o Japón lo están haciendo y este mismo año la Fed llegó a comprar ETFs puntualmente durante la crisis del covid.

Por simplificar el análisis de este supuesto, si todo el activo de la Fed fuesen instrumentos sin vencimiento, nadie tendría deudas con la Fed y por tanto la Fed no estaría obligada a aceptar dólares de nadie, pues nadie le debe nada.  En este supuesto extremo, que en absoluto es el actual ni como ha venido funcionando la Fed desde 1971, podríamos plantearnos que si bien los dólares no son participaciones en el capital social de la Fed, pues no confieren derechos de voto, ni derecho a cobrar beneficios, etc sí que podrían considerarse como un pasivo no exigible, un instrumento híbrido del tipo acciones preferentes. 

El problema es que este supuesto implica que la Fed estaría funcionando en el vacío, lo cual no es realista porque el resto de bancos sí que estarían obligados a aceptar los dólares emitidos por la Fed. A no ser que en este supuesto introdujeramos otras modificaciones, el sistema monetario seguiría funcionando como un todo en el sentido de que dólar es fungible lo emita quien lo emita, y si el dólar es una obligación de ese todo, en ese todo está incluida la Fed.

¿Son los dólares de la Fed un pasivo? (I)

Pagar con Bitcoin, en efectivo o con tarjeta

Saifedean Ammous, en Patrón Bitcoin, habla de los pagos en efectivo como aquellos que se llevan a cabo entre dos partes, inmediatos y finales, que no requieren un tercero para verificar la transacción a favor de alguna de las partes (Ammous 2018, 169). Bitcoin ha sido el primer sistema de pagos en hacer estos pagos de manera digital, sin que ambas personas estén presentes en ningún momento y sin un tercero para verificar, sino una prueba trabajo que los usuarios realizan a cambio de bitcoins. Consiguiendo que los pagos finales al mundo digital, Bitcoin ha creado el sistema de pagos finales más rápido del mundo (Ammous 2018, 207).

No obstante, aunque el Bitcoin pueda y vaya a mover muchas transacciones al mundo digital, no creo que vayan a ser todas. Estimo el surgimiento de un nuevo tipo de transacciones: pago en efectivo respaldado por Bitcoin. Desconozco si este mecanismo ya está puesto en marcha, pero me atrevería a decir que no tiene sentido que así sea hasta que el Bitcoin esté considerado dinero y este o los satoshis sean unidad de cuenta—es decir, el bien en el que los productores quieren que se les pague por sus bienes—. Algo similar a lo que propongo, se intentó con dispositivos con chips, similares a las tarjetas, para actuar como billetes con denominación en X Bitcoin (Benoliel 2018). Actualmente la empresa no produce esas tarjetas y tampoco sé si las ha llegado a producir. Pero esto, aunque un paso más hacia el aumento de dinerabilidad de Bitcoin, tampoco sería a lo que me refiero con pagar en efectivo respaldado por este.

El efectivo físico tiene ciertas ventajas sobre métodos de pago en efectivo digital, como los realizados típicamente por Bitcoin. En 2017, la Reserva Federal tuvo que enviar un jet lleno de efectivo porque el huracán María había destrozado los cajeros, dejado a muchos sin electricidad y también la imposibilidad de pagar con sus tarjetas de crédito (Levin 2017). Citando a Ryan McMaken (2017): “en un mundo sin efectivo, más nos vale rezar para no quedarnos nunca sin electricidad”. Este es un ejemplo de los problemas del dinero completamente digital. Como dice Dowd (2019):

“El dinero en efectivo es una forma muy eficaz de gestionar pequeñas transacciones. No tiene coste y es fácil de usar. Las transacciones en efectivo son inmediatas y flexibles. El efectivo es anónimo y, tradicionalmente, el anonimato que proporciona el efectivo se consideraba uno de sus mayores beneficios. El efectivo no necesita contraseña y, a diferencia de una cuenta bancaria, no se puede piratear. […] La utilidad del efectivo no depende de la tecnología que pueda fallar: la mayoría de nosotros hemos experimentado situaciones en las que tuvimos que recurrir al efectivo para pagar una factura en un restaurante después de una falla del sistema por parte de nuestro proveedor de tarjeta. Estos son los principales beneficios que se perderían si se aboliera el efectivo.”

El efectivo es muy útil y no tendría por qué desaparecer, aunque su valor se asentase en la redimibilidad con un activo digital como el Bitcoin. Podríamos perfectamente ver un sistema en el que el efectivo circulase junto a los pagos digitales, como es el caso actual, pero en vez de tener un dinero fiat no redimible por nada y respaldado principalmente por la tarjeta de “quedas libre de la cárcel por ahora” que proporciona, podría cambiarse por Bitcoin al intercambiarlo en un exchange. Al ir al cajero, podrías sacar billetes denominados en bitcoins o satoshis, los cuales se restarían de tu cartera y pasarían a la reserva del exchange, la cual los transferiría ante otro cliente que deposite el billete en su banco.

Además de los beneficios anteriormente mencionados, también supondría un respaldo para las posibles víctimas de la hiperbitcoinización: escenario en el cual el Bitcoin se vuelve dinero y algunos individuos que no se hubiesen hecho con él con anterioridad tendrían dificultades de hacerlo por problemas relacionados con el valor de este o accesibilidad tecnológica como el elevado coste de minar, por ejemplo.

Esto también dificultaría a posibles reguladores que forzasen la transparencia de la cartera de sus clientes a exchanges para poder solicitar el pago de impuestos por estos bienes. Los exchanges podrían ser quienes tuviesen gran parte del Bitcoin mientras que el resto circula en forma de efectivo. Esto sería la antítesis de posibles monedas digitales de los bancos centrales (CBDC por sus siglas en inglés).

Una posible crítica sería que los exchanges no aceptarían los billetes de otros exchanges por lo que nadie aceptaría billetes emitidos por exchanges que no fuesen el suyo y esto reduciría la liquidez intratemporal del Bitcoin. No obstante, esta crítica también se le hace a la banca libre por la emisión privada de moneda. Lo que vemos es que los bancos tienen incentivos a pactar entre ellos para aceptarse los billetes y así que cada banco aumente la liquidez de sus activos financieros (White 1999, 14–16). Pongamos que hay cuatro exchanges. Si Ex1 no aceptase el efectivo emitido por Ex2, pero este último se comprometiese con Ex3 y Ex4 a aceptar los suyos, la liquidez intratemporal de los billetes emitidos por estos tres aumentaría en contraposición con la de Ex1, clientes del cual solo podrían intercambiar billetes por bienes a la par con otros clientes de Ex1. Es decir, existirían los incentivos adecuados para esperar que, como ha sido el caso en todos los periodos de banca libre, los bancos—o exchanges en este caso—aceptasen los billetes de otros y se formasen cámaras de compensación interbancaria para saldar pagos entre ellos.

Bajo un patrón Bitcoin el efectivo aún podría jugar un papel relevante y espero que el uso de efectivo digital no suponga el fin del efectivo físico como algunos vaticinan, el cual sigue teniendo ventajas ante el primero.

Referencias

Ammous, Saifedean. 2018. Bitcoin Standard: The Decentralized Alternative to Central Banking. Hoboken, Estados Unidos: Wiley.

Benoliel, Micha. 2018. “These Smart Banknotes Could Bring Crypto To The Masses.” Hackernoon, enero 24, 2018.

Dowd, Kevin. 2019. “The War on Cash Is About Much More than Cash.” Economic Affairs 39: 391–99.

Levin, Jonathan. 2017. “New York Fed President Sent Puerto Rico a Jet Filled with Cash.” Bloomberg, octubre 9, 2017.

McMaken, Ryan. 2017. “In a Cashless World, You’d Better Pray the Power Never Goes Out.” Mises Wire, octubre 10, 2017.

White, Lawrence H. 1999. The Theory of Monetary Institutions. Maiden, Estados Unidos: Blackwell Publishers.

¿Tipos de interés presos, efectivo sentenciado, confianza ciega de los particulares?

Apuntan desde las autodenominadas nuevas fuerzas del cambio a la desaparición gradual del efectivo en manos del público[1].

Entre los determinantes de la Oferta Monetaria, el dinero fiduciario que circula, con la reserva fraccionaria[2], la fracción de efectivo sobre depósitos, e = (Efectivo en manos del, público (EMP) / Depósitos bancarios (D) ), es un factor  en mano de los particulares que les da cierto protagonismo en la graduación de la intensidad del multiplicador monetario. Otros instrumentos o factores son los Coeficientes obligatorios de caja en manos del Banco Central Europeo (BCE), los coeficientes voluntarios en manos de las entidades financieras (bancos y cajas) y los cambios de la Base Monetaria (BM), mediante la creación de monedas y billetes o mediante operaciones de compraventa de mercado abierto. Los coeficientes conforman la fracción de los Activos de Caja (AC) sobre los Depósitos, (AC/D), existentes como eventual “salvaguarda’ de suficiencia de tesorería, dinero en las cajas bancarias, para que no cunda el pánico ante demandas de retirada de dinero por cualquiera de los motivos: transaccional, especulativo o precaucional por parte de los depositantes. Particulares, bancos y BCE, por tanto, tenemos protagonismo en la Oferta Monetaria.

No son sólo el BCE y los bancos los protagonistas en la Oferta Monetaria. Pues la Oferta Monetaria, el dinero que circula, resulta, en contextos donde opera la reserva fraccionaria, del producto entre el multiplicador monetario y el dinero legal (Base Monetaria) creado por el BCE.  Conformando su pasivo, la Base Monetaria, la suma del Efectivo en manos del público y los Activos de Caja, BM = EMP + AC. Una expresión simple del multiplicador monetario es: (e + 1) / (e + Coeficiente Caja). Si los particulares, decidiéramos subir (e),  crecería  la tenencia de efectivo y mermaría el peso de los depósitos debilitando ello el proceso dinámico de expansión múltiple de depósitos y de créditos[3] y, por tanto, circularía menos dinero, menor Oferta Monetaria. Igualmente, si el BCE o los bancos decidieran aumentar los coeficientes de caja mermaría la Oferta Monetaria. Si las decisiones fueran al contrario la oferta monetaria crecería.

La definición del dinero, como ” medio de pago generalmente aceptado’, como ‘depósito de valor’ y como ‘unidad de cuenta’ , en un sistema crediticio ampliado con Autoridad Monetaria (BCE), Bancos y ‘Cajas’ ya no es solo ‘el dinero legal’ creado por el BCE como Base monetaria; dinero es todo el Efectivo y los Depósitos generados por los procesos de expansión múltiple solo sustentados desde la confianza que exista en el dinero fiat (fiduciario, pues no hay aval real al pasivo del BCE, la Base Monetaria. El valor real efectivo del activo no avala ni sustenta al pasivo). ¡La confianza! ¡qué cosa tan buena y tan frágil! En casos de desconfianza total bien 1) porque los particulares no opten por depósitos en los bancos sino por efectivo en ‘casa’, o bien 2) porque los coeficientes de caja se eleven a tope, al 100%, en tales casos de total desconfianza por parte de la gente o bien por parte de la propia Autoridad Monetaria, el multiplicador monetario sería 1 y entonces Base Monetaria y Oferta Monetaria coincidirían y la reserva fraccionaria no tendría efecto. Los particulares pueden manifestar su desconfianza en el sistema crediticio ampliado con un cierto grado de libertad modificando e = EMP/D y la Autoridad Monetaria y los bancos también podrían reservarse la posibilidad de manifestar su nivel de desconfianza modificando motu proprio los respectivos coeficientes de caja. 

Las consignas políticas apuntadas por el PSOE y Podemos a los parlamentos sugiriendo intervenciones financieras pretendiendo forzar la desaparición del efectivo en manos del público (particulares) quita protagonismo a los particulares en la Oferta Monetaria y esta pretensión sería, creo, todo un atrevimiento que podría ser muy peligroso al cancelarse por esta vía la eventual reacción de los particulares ante situaciones de desconfianza e incertidumbre en el sistema financiero[4]. Esto es una pretensión peligrosa con eventuales efectos negativos sobre las defensas requeridas para el sostenimiento del mismo sistema financiero. Puede ser una tentación de dominancia en el control por la Autoridad Monetaria y los bancos sobre la oferta Monetaria para sujetar la inflación con ortodoxia monetaria o también puede ser una histórica tentación de control fiscal de la totalidad de las operaciones financieras. Efectivamente ello tiene su recorrido.

Pero el verdadero peligro donde quiero centrarme reside en que haya connivencia entre gobiernos intervencionistas que expanden los gastos y déficits públicos recurriendo a endeudamientos financiados por la compra del BCE de activos financieros y deudas soberanas a tipos de interés bajísimos por “trampa de liquidez”. Situación patológica, estudiada por el análisis económico, convertida en crónica y hasta deseada por los Estados mientras no se atisbe inflación en el horizonte. Estos bajos tipos de interés disuaden el ahorro, de ahí su peligro. La cuestión es[5]: ¿hay trampa de la liquidez porque los tipos de interés son bajos y la preferencia por la liquidez[6]opera? o, en cambio ¿los tipos de interés son artificialmente bajos propiciados por tal connivencia entre la Autoridad Monetaria, BCE, responsable de las políticas monetarias expandiendo Base Monetaria comprando deudas soberanas, y los Estados irresponsables en sus políticas crónicas, fiscales y presupuestaria, con recurrente vicio adictivo al endeudamiento?[7]

José Manuel González Pérez, ULL.

Referencias bibliográficas:

https://elpais.com/economia/2020-06-12/el-psoe-pide-en-el-congreso-eliminar-el-dinero-en-efectivo-de-forma-gradual.html.

https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=10158565558461926&id=63830851925
https://www.facebook.com/JuanRamonRallo/videos/404703997493613/ Sobre la condonación de deuda pública.

Herce José Antonio (2021), “De Tasa y tipos”. Véase blog ¡Viva la libertad y el desestanco!  https://www.jaherce.com/ 

Véase José Antonio Herce (2020) https://twitter.com/_herce/status/1271795716596301824 tweet 13.6

Herce José Antonio (2021) Tweet 6.7.

Rallo Juan Manuel (2020) “¿Por qué quieren eliminar el efectivo?” en YouTube, junio
https://youtu.be/QkTaLIqPA1o

https://www.elconfidencial.com/mercados/2021-07-10/el-bce-acapara-un-30-de-la-deuda-espanola-mientras-el-inversor-internacional-se-repliega_3175084/

https://www.expansion.com/economia/2020/02/16/5e4910b1468aebae218b45d1.html Sobre endeudamiento privado.

https://economipedia.com/definiciones/trampa-de-liquidez.html Sobre trampa de la liquidez.

González Pérez José Manuel (2005). Economía política, participación e interdependencia. Ed. GEU, Granada.

González Pérez José Manuel (2021), ¿Endeudarse cuánto? El dilema en la visión macroeconómica.  ¿Padecemos o provocamos la trampa de la liquidez? Artículo aceptado en las XIII Jornadas de Docencia en Economía (JDE). Alicante. Septiembre.

Eva Ugarte, Josefina León y Gilberto Parra (2017) LA TRAMPA DE LIQUIDEZ, HISTORIA Y TENDENCIAS DE INVESTIGACIÓN: UN ANÁLISIS BIBLIOMÉTRICO.   

https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0301703617300329 donde presentan el siguiente anexo: 

Los 12 artículos más citados sobre la trampa de liquidez

Autor(es)TítuloAñoCitas
Krugman, P.R.It’s baaack: Japan’s Slump and The Return of the Liquidity Trap.1998354
Christiano, L., Eichenbaum, M. & Rebelo, S.When is The Government spending Multiplier Large?2011208
Gertler, M. & Karadi, P.A Model of Unconventional Monetary Policy.2011205
Benhabib, J., Schmitt-Grohé, S. & Uribe, M.The Perils of Taylor Rules.2001168
Eggertsson, G.B. & Krugman, P.Debt, deleveraging, and The Liquidity Trap: A Fisher-Minsky-Koo Approach.2012138
Woodford, M.Simple Analytics of The Government Expenditure Multiplier.2011134
Svensson, L.E.O.Escaping from A Liquidity Trap and Deflation: The Foolproof Way and Others.2003109
Benhabib J., Schmitt-Grohé S. & Uribe M.Avoiding Liquidity Traps.200294
Hamilton, J.D. & Wu, J.C.The Effectiveness of Alternative Monetary Policy Tools in a Zero Lower Bound Environment.201274
Adam, K. & Billi, R.M.Optimal Monetary Policy under Commitment with A Zero Bound on Nominal Interest Rates.200668
Orphanides, A. & Wieland, V.Efficient Monetary Policy Design near Price Stability.200065
Cúrdia, V. & Woodford, M.The Central-bank Balance Sheet As An Instrument of Monetary Policy.201157

[1] Véase: https://elpais.com/economia/2020-06-12/el-psoe-pide-en-el-congreso-eliminar-el-dinero-en-efectivo-de-forma-gradual.html.

Véase:https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=10158565558461926&id=63830851925

Véase JM Rallo (2020): “¿Por qué quieren eliminar el efectivo?” en YouTube. Junio

[2] Véase Antonio España (2011)  Monetae Mutatione; https://blogs.elconfidencial.com/economia/monetae-mutatione/2011-10-04/acabemos-con-la-reserva-fraccionaria_437706/

[3] Véase González Pérez J.M. (2005) págs. 155-168. Consecuencias del sistema crediticio ampliado. Los procesos de expansión múltiple de créditos y depósitos se demuestran mediante la suma de los términos de una progresión geométrica.

[4] Hay también opiniones al margen del psoe y de podemos que apuntan a atenuar la verosimilitud de peligro por pérdida de libertad apelando a la rectitud.

Véase José Antonio Herce (2020)

https://twitter.com/_herce/status/1271795716596301824 tweet 13.6: “El verdadero último reducto de la libertad individual no es el dinero en efectivo. Es algo mucho más valioso e intangible: la rectitud. El dinero en efectivo solo es un medio de cambio y, como bien sabes, se usa para cambios degradantes, justamente aprovechando que no deja traza”. También véase José Antonio Herce (2021), “De Tasa y tipos”. Véase blog ¡Viva la libertad y el desestanco!  https://www.jaherce.com/ .

¡La Rectitud! y ¡La Confianza! Sin duda, ¡qué cosas más deseadas junto con La Libertad! La rectitud, la confianza y la libertad no creo se deban presuponer. Más bien son atributos que cuesta mucho alcanzar y, en cambio, con cuánta facilidad se pierden. La rectitud de las conductas son siempre un aspecto de calado en el fortalecimiento de la confianza mutua entre agentes económicos y de apelarse a ella como valor no conviene ser asimétrico en las exigencias entre las conductas del sector privado y las del sector público. La falta de rectitud suele ser descontada en la toma de decisiones y acuerdos en intercambios voluntarios de los mercados reales y financieros. “Cambios degradantes” públicos generadores de despilfarro con cargo a endeudamiento continuo y creciente financiándose los hay con evidencia. En este artículo me he alejado de estas disquisiciones de interés y he intentado ceñirme a la formalización simple del protagonismo de los particulares como determinante de la oferta monetaria mediante sus decisiones de mantener efectivo sobre depósitos. Esta opción que permite apreciar el eventual grado de confianza depositada en el sistema crediticio ampliado (BCE, Bancos y Cajas) es crucial cuidarla por el bien del propio sistema crediticio y de los agentes económicos.

[5] Cuestiones que también se plantean en González Pérez J.M. (2021) en la JDE, Alicante, septiembre de 2021.

[6] Hipersensibilidad de los demandantes de dinero a los tipos de interés, la demanda de dinero se ajusta con inmediatez a la oferta monetaria.

[7] Véase Daniel Rodríguez Asensio (2021) “Los dos errores del golpe de timón del Banco Central Europeo”. Libre Mercado. “Era cuestión de tiempo que el Banco Central Europeo moviera ficha. Lo hizo la Reserva Federal hace unas semanas y Europa no se podía quedar atrás. Porque para quienes viven del intervencionismo monetario sólo habrá una solución para los problemas sea cual sea su naturaleza: intervenir. El movimiento del BCE es claro. Ha hecho el primer cambio en la estrategia de política monetaria desde 2003 para no tener que recurrir a algo impopular y que cada vez se hace más peligroso: retirar los estímulos. Concretamente, ha cambiado su objetivo fundamental (mantener la inflación en niveles cercanos, aunque por debajo¸ del 2%), y ha establecido el objetivo del 2%, permitiendo fluctuaciones al alza o a la baja transitorias. O, dicho de otra manera, ante el más que previsible repunte en la inflación durante este año (el consenso de analistas ya está en el 3% y subiendo), el BCE se asegura la capacidad de seguir manteniendo los programas de compra de activos y la capacidad de no tener que subir los tipos de interés”.

https://www.libremercado.com/2021-07-11/daniel-rodriguez-asensio-errores-banco-central-europeo-inflacion–6799510/

¿Es la confianza lo que confiere valor al dinero?

Una idea muy extendida acerca del dinero es que todos lo aceptamos porque confiamos en que a su vez los demás lo aceptarán por un valor igual o muy parecido al que nosotros lo adquirimos. Autores populares como Yuval Noah Harari con su libro Sapiens, han ayudado a divulgar esta idea. Esto se lo he llegado a leer o escuchar incluso a personas que conocen bien el pensamiento de la escuela austríaca como Francisco Capella o Alejandro Sala.

He de aclarar que me refiero a aquél dinero que no es a su vez un contrato con un tercero, es decir, que no representa la obligación de nadie porque en esos casos es evidente que necesitamos confiar en que el obligado cumpla con lo establecido en el contrato. Pero este tipo de confianza en el cumplimiento de obligaciones más o menos concretas no es a la que me quiero referir en el artículo de hoy, sino a la “confianza” entendida como expectativa en que el dinero vaya a ser ampliamente aceptado de forma voluntaria por los demás a un valor igual o muy parecido al que nosotros lo adquirimos.

Afortunadamente, Carl Menger nos ilumina al respecto de forma muy concreta en su libro El Dinero, dejando claro que esta supuesta “confianza” sería igualmente aplicable a cualquier otro bien que deseemos vender, y por tanto es un concepto totalmente inútil para distinguir el dinero de cualquier otro bien:

“Pero aquí se olvida el hecho de que esta no es, en absoluto, una característica peculiar del dinero. También el comerciante, el especulador, etc., adquieren los bienes que luego ponen en venta, únicamente en la «confianza» de que estarán después en condiciones de cederlos a otros, y para ellos es absolutamente indiferente (en el aspecto que es aquí decisivo) el que quienes en el futuro adquieran sus mercancías se propongan luego consumirlas o revenderlas. Lo mismo sucede con el dinero, que nosotros, precisamente como hace el comerciante con su mercancía, lo adquirimos (por lo general y no excepcionalmente) solo a causa de su valor de cambio; es decir, para poder cederlo de nuevo a otros.” (El Dinero, p. 102-103)

Cuando un inventor lanza un nuevo producto al mercado que no tiene ningún valor de autoconsumo para él, por ejemplo unas gafas graduadas, o cuando un intermediario compra una tonelada de cemento para luego revenderlo y que tampoco tiene ningún valor de uso para él, o cuando un productor de patatas pone a la venta las patatas que es incapaz de consumir por sí mismo, en cualquiera de estos tres casos estaríamos en la misma situación de “confiar” en que el bien en cuestión tendrá un determinado valor de cambio. Y como bien apunta Menger, al vendedor le importa bien poco que el comprador lo adquiera para posteriormente consumirlo o revenderlo, mientras lo valore lo suficiente para al menos uno de esos dos propósitos.

Hay algunos bienes que por ser duraderos, divisibles, fungibles, difíciles de falsificar, tener una oferta limitada, etc, son más demandados para pasar de mano en mano indefinidamente que por su valor de uso o consumo (¡si es que tuvieran alguno!). Y el razonamiento que expone Menger más arriba es extensible a este tipo de bienes. Lo que podríamos llamar mercancías “puras”. Es decir, este razonamiento no sólo es aplicable al dinero (generalmente aceptado), sino también a otros bienes económicos que tienen una facilidad de venta o vendibilidad relativa alta como para ser buenos medios de cambio pero sin llegar a ser generalmente aceptados. Y que podrían no llegar a serlo nunca quedándose en la categoría de medios de cambio “a secas” por distintas razones como puede ser demasiada volatilidad o cualquier otra cualidad que pueda limitar su vendibilidad (liquidez).

Por otro lado, es innegable que una amplia aceptación, el efecto red, realimenta la liquidez. De eso no hay duda. Pero como bien apunta Menger la costumbre o a la influencia de las autoridades aumentan la vendibilidad, pero posteriormente y como consecuencia de la vendibilidad original del bien, que a su vez se debe a sus cualidades intrínsecas (transportable, divisible, difícil de falsificar, oferta limitada, etc). El efecto red es una consecuencia añadida que puede conferir más estabilidad al valor, pero no una causa que lo origine.

Este efecto puede servir a una moneda establecida como defensa ante otra moneda aspirante si esta última no tiene unas cualidades significativamente superiores a la moneda ya establecida, pues el coste o molestia de cambiar de una a otra puede ser mayor que la mejoría que aporta la moneda aspirante, y por tanto no merezca la pena cambiar.  Sin embargo, creo que algunos economistas como George Selgin sobrevaloran el efecto red como barrera defensiva y malinterpretan a Menger al ponerlo por delante de las cualidades que confieren mayor vendibilidad a un bien.   

Aplicando este razonamiento del efecto red a una supuesta batalla entre Bitcoin y el dólar, y digo supuesta porque yo personalmente creo que no existe tal batalla pues todo apunta a que satisfacen necesidades distintas, Bitcoin iguala al dólar en muchos aspectos y lo supera también en unos cuantos. 

El “problema” de Bitcoin en esa supuesta batalla no creo que fuera el gran efecto red del que disfruta el dólar sino muy probablemente una de sus cualidades: La oferta fija.  Si bien es teóricamente una excelente propiedad como reserva de valor a largo plazo, puede que no lo sea tanto para un buen equilibrio entre oferta y demanda que confiera estabilidad de valor a corto y medio plazo, que es lo que hace falta para que un bien se utilice como dinero, incluso aunque esa estabilidad se produzca dentro de una clara tendencia a la baja.  Esto se ve claro en las monedas con una inflación moderadamente alta, como por ejemplo la peseta o la lira en su momento, que lejos de ser rechazadas seguían siendo ampliamente demandadas localmente para periodos cortos de atesoramiento porque a pesar de la inflación, a corto plazo seguían siendo razonablemente estables, y la erosión del valor por inflación para periodos cortos de tiempo era perfectamente tolerable, como por ejemplo los 4 o 5 días que pasan desde que cobras la nómina hasta que pagas la letra de la hipoteca.

Un argumento en contra de la vendibilidad, es que por lo general los individuos no hacemos sesudos análisis de las cualidades de los bienes para decidir si los queremos como dinero o no, sino que simplemente nos fijamos en la evolución de su poder adquisitivo. Y esto es cierto. Pero es que la evolución del poder adquisitivo o precio del dinero es la información que aglutina la valoración sobre la vendibilidad, y mientras no existan o se prevean problemas, es infinitamente más práctico y sencillo fijarnos en el precio. Pero cuando hay problemas es cuando buscamos otras alternativas, y entonces ya sí que rascamos con detalle las características de los bienes alternativos que adquirimos, sean dinero o no, para escapar de la inflación, la iliquidez o la incertidumbre.

En conclusión, no es necesario buscar razonamientos especiales o teorías ad-hoc para explicar el valor del dinero. La teoría del valor aplicable a cualquier bien es suficiente. Son las cualidades intrínsecas, que en el caso del dinero son las que afectan a su vendibilidad (ver capítulo V de el Origen del Dinero de Menger), las que determinan su utilidad, y por tanto su valor.

La función de unidad de cuenta del dinero

Cualquiera que se haya interesado por los aspectos económicos del dinero habrá leído en los libros de economía las tres funciones o características del dinero, a saber, medio de intercambio, reserva de valor y unidad de cuenta. Muchos autores, tanto seguidores de la Escuela Austríaca de Economía como de otras escuelas económicas, han dado extensas explicaciones sobre la adopción de estas características en un bien que se va monetizando, es decir, que se va convirtiendo en dinero. Sin embargo, desde mi punto de vista, la función de unidad de cuenta no suele ser analizada con la profundidad que lo son las otras dos. Se pasa a menudo de puntillas sobre esta como si fuese una característica trivial una vez un bien ya posee las otras dos. Mi intención con este artículo es plasmar por escrito una posible explicación de esta función principal del dinero.

Mi propuesta es: un bien adquiere la propiedad de unidad de cuenta cuando el precio de dicho bien consigo mismo es uno o lo más próximo a uno posible. ¿Cómo podría ser de otra forma? Déjenme explicarme. Tal y como Carl Menger explica en su genial libro “El Dinero”, los bienes no tienen un único precio si no dos, el precio de compra y el precio de venta, el bid y el ask. Además, también explica que la liquidez de un bien es tanto mayor cuanta menor diferencia haya entre estos dos precios. Cuando esta diferencia se hace mínima, un bien adquiere liquidez máxima. Así, cuando dicho bien tiene una amplia oferta y demanda, estos dos precios convergen y puede considerarse que este bien se está o se ha monetizado.

Los manuales clásicos de economía tratan los precios como una relación relativa entre los precios únicos de cada uno de los bienes sin profundizar en el hecho de que cada bien tiene dos precios en vez de uno. Por tanto, según la visión mainstream no tendría sentido comparar el precio de un bien consigo mismo ya que siempre será la unidad.

Resumiendo, un bien adquiere la función de unidad de cuenta cuando su precio de compra y su precio de venta son prácticamente el mismo. Esta función surge según este bien va adquiriendo liquidez en términos mengerianos. ¿Por qué esto es importante? Bien, en el caso de que vayamos a un mercado, si el vendedor de un puesto tuviese a la venta un producto con un precio de X unidades monetarias, si el precio de compra y de venta de las unidades monetarias no fuesen muy próximas, esa cifra “X” no nos serviría para hacer una conversión momentánea entre el precio de los bienes que demandamos y el precio de los bienes que nosotros ofrecemos. El precio sería diferente según la posición en la que nos encontramos, ya sea vendedor o comprador. La característica de unidad de cuenta, entendiendo la palabra “unidad” tanto como medio como valor unitario facilita enormemente el cálculo mental de la conversión de precios entre múltiples productos.

Es decir, la función de unidad de cuenta del dinero se produce por la convergencia entre el bid y el ask, o lo que es lo mismo, por tener un spread mínimo haciendo que, en los intercambios, nos sea irrelevante en qué posición del intercambio nos encontremos ya sea tanto comprador como vendedor.

Bitcoin como medio de pago

En el análisis de hoy me gustaría centrarme en la función de Bitcoin como medio de pago y hasta qué punto esta función confiere valor a un activo.  Una crítica habitual hacia Bitcoin es que, después de más de diez años de existencia, no parece que se esté utilizando como medio de pago habitual online y menos aún en los supermercados o restaurantes.  Es más, alrededor del año 2015 varias empresas importantes como Dell, Microsoft o Expedia anunciaron que admitían Bitcoin como medio de pago online pero, con el paso de los años, algunas de estas empresas fueron eliminando esa posibilidad por falta de uso.

Hoy en día atesorar tu patrimonio en un activo que se negocie en un mercado financiero es algo relativamente fácil y accesible gracias a la tecnología.  Adquirir bonos, fondos de inversión, acciones, oro o Bitcoin desde tu móvil es un proceso cada vez más sencillo y barato.  Y podría ser más sencillo y barato aún si no fuera porque las regulaciones y la falta de competencia introducen multitud de trámites y costes burocráticos y fiscales que no son verdaderamente necesarios ni son parte de la naturaleza de la operación.  Por tanto, tener tu patrimonio atesorado, por ejemplo, en un fondo de inversión más o menos conservador y pasar al medio de pago habitual de tu país es una operación barata, sencilla y rápida.

Demandar un activo, sea dinero o no, consiste en mantener un saldo de ese activo durante un tiempo, es decir, atesorarlo.  Demandar algo para deshacerte de él inmediatamente no confiere valor al activo en cuestión.

Las monedas como el dólar o el euro no mantienen su valor por el hecho de ser medios de pago, sino porque sus emisores actúan con la suficiente diligencia para mantener su valor razonablemente estable y que por tanto sea racional mantener saldos de tesorería en esas monedas, por lo menos a corto plazo.   

La demostración clara de que ser medio de pago aporta bien poco, es que otros medios de pago que son moneda de curso legal o forzoso, como el Bolívar venezolano o el Peso argentino, no mantienen su poder adquisitivo incluso a pesar de que sus Estados fuerzan aún más si cabe su función de medio de pago mediante intervenciones agresivas como el control de capitales o incluso el control de precios.  De poco les sirve.  Más contundente aún es el hecho incontrovertible de que la práctica totalidad de las monedas que mueren por hiperinflación, lo hacen siendo medio de pago oficial.

Porque utilizar algo como medio de pago no es otra cosa que vender ese algo.  Y cuando tu vendes algo es porque tiene menos valor para tí que lo que estás comprando. Por tanto, si el que recibe un medio de pago lo hace por una mera obligación legal pero no quiere atesorarlo, intentará deshacerse de él inmediatamente. 

Carl Menger definió el dinero como aquel bien que todos queremos tener porque nos permite intercambiarlo por lo que necesitamos con la menor pérdida económica posible durante todo el proceso del intercambio, y esto incluye el tiempo de atesoramiento del medio de intercambio desde que lo adquieres hasta que lo transmites. 

En una situación normal de una economía moderna, todos “hacemos cola” para obtener dinero a cambio de nuestras mercancías o servicios, los clientes son auténticos tesoros y muchas empresas se gastan verdaderas fortunas en marketing para conseguirlos, para conseguir su dinero. Cuando sucede al revés, cuando los clientes hacen cola con medios de pago en su bolsillo para comprar pan o una nevera, entonces es que ese medio de pago ha dejado de ser dinero. Ya no es el bien más demandado o más líquido.  En este caso hasta la nevera es más demandada que el medio de pago en cuestión.

Bitcoin está en un proceso aún muy incierto.  Aunque con el paso de los años va demostrando que sus cualidades no son solo teóricas sino una realidad: Duradero, sin riesgo de crédito, sin riesgo de inflación, barato de almacenar y asegurar, difícil de confiscar, etc.

Su demanda aún está muy lejos de estabilizarse pues aun mucha gente desconoce las cualidades de Bitcoin, y otros muchos dudan que estas cualidades se vayan a mantener. Pero estas personas van cambiando de opinión. Quizá haya personas que nunca cambien de parecer y ese sería el techo de la demanda de Bitcoin, pero hasta llegar a ese punto los que se van incorporando y los que ya se incorporaron pueden ir demandando más cantidad de Bitcoin, aunque también vendiendolos asustados cuando corrige de precio.

Pero si en estos ciclos los incrementos de demanda fueran mayores que los retrocesos, a la larga la demanda seguiría su escalada al alza hasta encontrar un punto de equilibrio. Si llegáramos a ese punto, los últimos en incorporarse posiblemente no llegarán a realizar reflexiones demasiado profundas, simplemente observarán que tiende a conservar bien su poder adquisitivo, y listo.

En definitiva, lo relevante es si Bitcoin es un buen medio de atesoramiento.  Lo que los economistas suelen describir como “buen depósito de valor”. Ser medio de pago, o no, es muy poco relevante y menos aún en esta fase de descubrimiento. Primero tendrá que demostrar que sus cimientos son sólidos y solo entonces tendrá sentido plantearse construir las paredes y el tejado. 

“No creo que volvamos a tener un buen dinero hasta que se lo quitemos al Gobierno de las manos, es decir, no podemos quitárselo violentamente, todo lo que podemos hacer es introducirlo astutamente de tal forma que no lo puedan parar.”

F.A. Hayek, 1984