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Etiqueta: educación

Zapatero y la educación paterna

Sea como fuere, lo cierto es que el fracaso de la educación pública a la hora de transmitir los conocimientos básicos no hace sino confirmar que la revolución que ha experimentado la enseñanza española de la mano de la Logse y sus secuelas ha alcanzado sus objetivos.

En lo relacionado con la educación pública, el principal objetivo de los Estados antes del gran salto adelante impulsado por los psicopedagogos de nuevo cuño era fomentar la movilidad social. Lo que se pretendía era que, gracias a una educación de calidad, el talento y el esfuerzo, aquellos que menos tenían pudieran acceder a unos niveles de vida superiores a los que les auguraban sus condiciones familiares.  

Cuando la sociedad ha alcanzado unos niveles de bienestar que hacen innecesario el seguir procurando un servicio que ya prácticamente todo el mundo podría agenciarse por su cuenta, surge una nueva tendencia, debida a los burócratas (lo de que el órgano crea la función jamás fue tan cierto), según la cual la educación estatal es más necesaria que nunca porque de lo que se trata, ahora, es de formar buenos ciudadanos.

Sin embargo, la idea de buena ciudadanía que tienen los políticos y los burócratas no tiene por qué coincidir con la de quienes no están en el cotarro socialdemócrata. De hecho, en realidad son concepciones antitéticas, como lo prueba la contestación popular, cada vez mayor, a esa asignatura con la que se quiere adoctrinar en el socialismo a los escolares españoles: Educación para la Ciudadanía.

Las relaciones entre la escuela y la familia, y las responsabilidades inherentes a cada ámbito de la vida del niño, han cambiado por completo. Si tradicionalmente la escuela enseñaba y los padres educaban, ahora sucede todo lo contrario. No de otra forma cabe entender la última, digamos, reflexión de Z, según la cual el hecho de que el alumnado español esté rondando el analfabetismo estructural es principalmente culpa de los padres.

La situación de la educación pública, una auténtica vergüenza nacional, no parece incomodar en absoluto a nuestras autoridades educativas ni, mucho menos, a Z. Lo único que podría hacerles plantearse que quizá estén fracasando en sus objetivos sería que los niños españoles no estuvieran lo suficientemente sensibilizados con la agenda política de la izquierda. Pero, afortunadamente, nuestros estudiantes saben de sobra que el cambio climático está causado por la avaricia de las sociedades capitalistas, que los países ricos lo son porque roban a los pobres, que la identidad sexual es algo que se elige después de probar varias (si no todas) las posibilidades y que el socialismo es bueno porque busca la igualdad.

Mientras la escuela pública siga produciendo hornadas de ciudadanos adoctrinados en la ideología omnipresente del progresismo, cualquier informe técnico sobre las carencias detectadas en las materias clásicas no dejará de ser una anécdota que, por lo demás, cabrá achacar a los padres, por no desempeñar como es debido su labor. Que no consiste ya en transmitir a sus hijos un determinado sistema de valores morales, sino en hacer lo que la escuela pública dejó de hacer hace varias décadas: enseñar.

Política y bien común según Educación para la Ciudadanía

Una de las cosas que más molestan al Gobierno y a José Antonio Marina es que los críticos con Educación para la Ciudadanía digamos que la nueva asignatura adoctrina. El filósofo llama ignorantes a todos los que recelan de EpC, y la vicepresidenta del Gobierno se pregunta sorprendida qué habrá de malo en que los niños sepan qué es la democracia y alerta contra los oscuros designios de la Iglesia.

Tal vez algunos ejemplos sacados de los libros de texto de la asignatura sirvan para clarificar el asunto. Comencemos con Educación para la Ciudadanía ESO de Santillana, una obra colectiva dirigida por Estrella Molina Gete. En su página 78, la primera de la unidad La política y el bien común, las autoras ilustran el asunto con tres fotos: una manifestación de UGT, una declaración de Hacienda y un cartel en el que se lee "Cerrado por huelga general". Tras una somera descripción del sistema político español (sólo dos páginas de las 147 del libro), comienza la sección La participación en la vida política, donde las elecciones se solventan en un párrafo de 6 líneas (el resto de las dos páginas pertenece a los sindicatos y a los grupos de presión). Las fotografías tampoco tienen desperdicio: carteles de propaganda electoral en Irán contemplados por una niña velada, manifestación del partido troskista británico Socialist Worker’s Party,manifestación del 1 de mayo en París y sesión del Foro Económico Mundial. El resto de la unidad está dedicada a los impuestos, el derecho a la huelga (por si todo lo anterior no hubiera sido suficiente, dos páginas más), los derechos humanos (media página) y Amnistía Internacional (una página). Un concepto de democracia bastante extraño, a caballo quizá entre el nacionalsindicalismo falangista y la II Internacional.

La editorial Algaida también tiene un libro de texto de EpC sólo para Andalucía, titulado Educación para la ciudadanía y los derechos humanos y coordinado por David Sánchez Rubio. La unidad 3, Comportamientos democráticos y ciudadanía, abre con la historia de la familia Gutiérrez, en la que las decisiones se toman por medio de una "asamblea familiar" en la que el voto del hijo de 12 años vale lo mismo que el de su madre. "La familia Gutiérrez era un ejemplo para los vecinos; por ello era muy respetada y admirada entre el vecindario. Verlos tan felices y responsables provocaba una adicional motivación en las personas…". La unidad continúa con una exposición de las raíces históricas de los sistemas democráticos, desde Grecia hasta "las democracias liberales y las reivindicaciones de la burguesía". A continuación, los autores abordan la representación y la participación, haciendo hincapié en la responsabilidad de los representantes políticos, y hablan de los votos y las manifestaciones, los movimientos sociales, los sindicatos y por último los partidos políticos. La unidad concluye con los problemas de la democracia: tiranía de la mayoría y "la capacidad que tienen los medios de comunicación para manipular y dirigir la opinión de las personas", un problema que "mucho tiene que ver la excesiva cultura consumista que se nos inculca. En vez de ser ciudadanos comprometidos por los problemas comunes, nos convertimos en personas preocupadas y obsesionadas por gastar y poseer más y más productos de consumo" (pura escuela de Frankfurt). Por último, "hay lugares donde la democracia es más difícil que llegue, como en el mundo económico o en el mundo de los negocios. Frente a ellos, hay quienes apuestan por entender la democracia (…) como un modo de vida y un proceso inacabado que hay que extenderlo por todos los sitios donde se desarrollan las relaciones humanas". Eso de que los precios se decidan por votación a mano alzada me parece un método un tanto extraño para alcanzar esa felicidad, ejemplaridad y responsabilidad logradas por los miembros de la familia Gutiérrez.

El tercer texto es de Anaya y se titula Educación para la ciudadanía. Está editado por Pablo Navarro y Capitolina Díaz. En la unidad Por qué es preferible la convivencia en democracia los autores afirman que el poder político es supremo y que "decide, de manera obligatoria para todos, lo que debe hacerse y lo que no". Su necesidad viene impuesta por su capacidad para "arbitrar los conflictos" e "imponer acuerdos" de forma no violenta. Lo que no aparece es una definición o explicación del concepto de poder. Estas páginas aparecen ilustradas con fotos de Bokassa, Hitler y Stalin como ejemplos de "imponer un poder político absoluto". Más adelante se describe la actitud democrática como una mentalidad caracterizada por la renuncia al uso de la violencia, la tolerancia y la disposición a negociar acuerdos. En cuanto a sus reglas, se opta por el enfoque pluralista que los defensores de la "democracia representativa" tildan de minimalista: gobierno de la mayoría, respeto a las minorías, respeto a la ley, representación, elecciones libres, etc. Este libro dedica mucho más espacio que los anteriores al sistema político español e incluso se habla de la nación española con citas textuales extraídas de la Constitución. Se hace hincapié en el Estado como "red de seguridad", aunque también se menciona su papel como "agente redistribuidor" que "hace posible el bienestar de todos y la justicia social". Entre los retos de la democracia, la diversidad ("todas las culturas tienen derecho a expresarse libre y pacíficamente (…) tienen la obligación de aceptar los valores democráticos…"), el desarrollo tecnológico y sus riesgos (la tecnología "nos ha hecho, en definitiva, más libres", aunque puede volverse peligrosa si se usa mal) y la amenaza del cambio climático (se extracta un artículo publicado en el diario El País dedicado al Panel Intergubernamental para el Cambio Climático). Por lo que respecta a "las causas de la riqueza o la pobreza relativa de los países", los autores señalan el aislamiento de ciertos países, la explotación irresponsable de las materias primas y la carencia de infraestructuras y preguntan al alumno: "¿Existe alguna relación entre progreso económico y democracia?". En general, este texto es más moderado y realista y menos buenista que los anteriores, huye de la simplicidad, proporciona más información y hace hincapié en la existencia de explicaciones alternativas y a menudo rivales para el mismo fenómeno.

En resumen, si usted desea que su hijo se eduque como un buen bolchevique, deberá pedir que el colegio adquiera el producto de Santillana. Si anda a caballo entre el corporativismo, y el neomarxismo y no le importa que sus retoños gestionen su nómina, su texto favorito será el de Algaida. Y si piensa que al fin y al cabo la democracia representativa es el peor de los sistemas si excluimos todos los demás, y además confía en el profesor, optará por el manual de Anaya como mal menor. Todavía no he leído el libro de Marina publicado por SM, que dejo para el próximo comentario por razones de espacio, pues éste comienza a exceder los límites de la buena educación. De todas formas, nada me gustaría más que conocer la opinión del profesor sobre algunos textos de la competencia. ¿Se atreverá a decir que no adoctrinan, o que son unos grandes demócratas? Lo dudo.

Notables para el PP

No hay duda de que el PP carece de la capacidad propagandística del PSOE. La idea de contratar a diversos intelectuales extranjeros para colaborar en la elaboración del programa electoral socialista es muy buena, pero no para mejorar éste, sino para hacerlo parecer mejor ante la opinión pública, que siendo española sigue creyendo que lo de fuera es necesariamente mejor. El PP no puede contraatacar haciendo lo propio, porque parecería un imitador barato, de modo que ha hecho un vídeo que parece realizado por la televisión local de Villatempujos de Abajo diciendo que todos somos “premios Nobel”. Oigan, estupideces progres igualitaristas, las justas. Yo no soy premio Nobel (y, si del de la Paz se trata, a mucha honra) y los protagonistas del vídeo tampoco lo son.

Haría bien el PP en emplear la táctica habitual del PSOE, que consiste en identificar una verruga en un rostro por lo demás hermoso y enfocarla al máximo, mencionarla en todas sus declaraciones y sacar fotos ampliadas en diarios y televisiones. En este caso, aunque la mayor parte de los intelectuales escogidos tienen ideas más bien malas, la idea más fácilmente vendible a la ciudadanía es que el PSOE, al contratar a Wangari Maathai, demuestra estar de acuerdo con la defensa que ésta hace de la ablación del clítoris. Y decirlo cada dos por tres aunque hablen de otra cosa: “López Garrido, que defiende la ablación del clítoris”; “Caldera, que está muy a favor de la ablación del clítoris”; etc.

Pero no es mi intención hacerles la táctica mediática al PP, aunque buena falta les haga tener a gente competente en ese terreno, sino pensar quienes podrían haber sido unos buenos notables para el PP. Y no porque resulten publicitariamente vendibles, sino porque realmente puedan ayudarles en la elaboración de un programa electoral como Dios manda.

En temas ecológicos, podrían fichar a Bjorn Lomborg, que además de El ecologista escéptico ha publicado recientemente otro libro destrozando Kioto y el informe Stern. Lo tiene todo: no duda de la responsabilidad humana en el calentamiento global, pero propone medidas racionales, además de no considerarlo como “el gran problema mundial” (“sentirse mejor no siempre quiere decir estar haciendo lo mejor”, llega a escribir sobre el ecocatastrofismo). Incluso si quisieran cumplir con una cuota rojiverde podían hablar con James Lovelock, que les explicaría por qué hay que apostar por la energía nuclear según esa perspectiva.

En cuanto al tema educativo, pueden optar por dos vías complementarias. En primer lugar, una reforma de la enseñanza pública que elimine asignaturas no sólo adoctrinadoras sino que, además, hacen perder el tiempo de alumnos y profesores, y que recupere el esfuerzo y la recompensa de los méritos; Thomas Sowell sabe mucho sobre esto. Por otro lado, abrir vías para privatizar la enseñanza por medio de cheques escolares u otras alternativas. Posiblemente quien mejor pueda analizar el caso español y proponer mejoras sea Andrew Coulson, el experto del Cato en estas cuestiones.

A la hora de considerar el futuro de la seguridad social, ¿quién mejor que José Piñera, el responsable del exitoso tránsito chileno hacia un sistema de pensiones privadas? En cuanto al sistema sanitario, Arnold Kling ha demostrado ser capaz de ver más allá de la dicotomía público/privado para ver los problemas de ambos enfoques, dependiendo de cómo se regulen. Podrían adoptarse muchas otras medidas de liberalización de la economía, y seguro que Mart Laar, el exitoso primer ministro estonio que llevó a su país a tasa récord de crecimiento, podría explicar cómo se hace. También podría aconsejar a los populares sobre las ventajas del tipo único.

De los problemas de la inmigración descontrolada y las dificultades de integración de la minoría musulmana tiene mucho que decir la exiliada Ayaan Hirsi Ali. Sobre cómo ayudar a los países de origen a desarrollarse y dejar de exportar a sus mejores a los países occidentales, no se me ocurre nadie mejor que Johan Norberg. Y así podríamos seguir. Pero estoy seguro de que a nuestros lectores se les ocurrirán muchos más nombres, y seguramente mejores. ¿A quién escogerían?

Llega la ideología científica a las aulas

The Party and the Government are showing paternal concern for the strengthening and development of… our science
T. Lysenko, del informe ante la Academia Lenin de Ciencias Agrícolas de 7 de agosto de 1948

De tanto escrutar la Educación para la Ciudadanía (la edad de mis hijos les convierte en mamoncetes de la EpC) se me ha olvidado analizar el contenido de otra nueva asignatura que el Ministerio de Educación y Ciencia ha introducido en el bachillerato de tapadillo mediante Real Decreto. Con el rimbombante nombre de Ciencias para el Mundo Contemporáneo, esta asignatura, prevista ya en la Ley Orgánica de Educación (LOE), será común y obligatoria en el próximo curso escolar 2008-09 para todos los bachilleres, incluidos los de Humanidades, desde los 16 a 18 años, claros protovotantes.

Esta nueva planificación en la producción estatal de la enseñanza, que pretende cubrir las lagunas (más bien océanos) de la ESO, es el típico ejemplo de cómo una buena intención (ampliar los conocimientos científicos de los jóvenes estudiantes) puede desembocar en una intolerable manipulación de intenciones políticas cuando es manoseada por la gestión burocrática del Estado.

La nueva materia se organiza en seis bloques que pretenden ser la vanguardia de lo científicamente correcto. Con ello se pretende que los jóvenes manejen conceptos, leyes y teorías útiles para formarse opiniones en el ámbito científico, social… y político.

Aquí van en cursiva algunos de los contenidos de estas modernísimas ciencias trufadas de ideología:

3. Vivir más, vivir mejor: "La salud como resultado de los factores ambientales y la responsabilidad personal, uso racional de los medicamentos" (ciertamente obviarán la necesidad de privatizar o liberalizar la sanidad), "transplantes y solidaridad" (comerciar con órganos de forma voluntaria será sin duda alguna demonizado, sólo va a caber solidarizarse en estos temas).

4. Hacia una gestión sostenible del planeta. Está servido en bandeja el plato más suculento para cualquier progre: "La sobreexplotación de los recursos: aire, agua, suelo, seres vivos y fuentes de energía. El agua como consumo limitado" (de seguro que se soslaya la necesidad de privatizarla como requisito imprescindible para su uso racional y no se denunciará el derroche actual fruto del sistema soviético de precios oficiales que padecemos), "Los impactos: la contaminación del aire y del agua, la desertización y el aumento de residuos, pérdida de biodiversidad, cambio climático, La intensificación de los riesgos naturales. Las catástrofes más frecuentes. La gestión sostenible de la Tierra. Principios generales de sostenibilidad económica, ecológica y social. Los compromisos internacionales. El principio de precaución y la responsabilidad ciudadana."

Tras engullir esta batería de medias verdades alarmistas, los adolescentes-electores solicitarán a gritos la presencia del Estado protector. Hablar entonces del poder creativo de las sociedades libres, como lo hiciera Hayek, será ya juzgado definitivamente como reaccionario. Sin duda, la nueva y falaz cara del comunismo campará por sus respetos en esta nueva ciencia para el mundo hodierno.

5 .Nuevas necesidades, nuevos materiales. "La humanidad y el uso de los materiales, control de los recursos (¿no se imaginan por quién?). El papel y el problema de la deforestación" (¿se explicará que la mejora de los bosques y su biodiversidad viene ligada a la extensión de los procesos de mercado?).

Apuesto a que este curso se complementará con el DVD a precio de amigo de Al Gore. No faltarán tampoco las manidas referencias al accidente de Bhopal, a las mareas negras (Exxon Valdez o Prestige), al colapso de Chernobyl, etc. Por el contrario, la idea de que el capitalismo está sustentando la mayor población humana jamás imaginada en nuestro planeta será tabú, una verdad incómoda que será convenientemente eludida.

Resalto como colofón, estos criterios que servirán de evaluación al educando: "el conocimiento de los principales problemas ambientales, como el agotamiento de los recursos, el incremento de la contaminación, la desertización y los residuos, o la intensificación de las catástrofes; el saber establecer relaciones causales con los modelos de desarrollo dominantes, y capacidad de predecir consecuencias y de argumentar sobre la necesidad de aplicar los modelos de desarrollo sostenible y mostrar mayor sensibilidad ciudadana para actuar sobre los problemas ambientales cercanos."

Ante este secuestro de la verdadera ciencia para fines ideológicos, de lo único que se afanan la mayoría de los profesores es por ver quién impartirá esta nueva asignatura de celofán verde (los de Filosofía, los de Física o los de Biología), es decir, quién se queda con más parcelas de poder; siempre mirando a la Administración educativa, nunca a las preferencias de los padres de los alumnos.

Esta nueva "maría" de contenido superficialmente científico no mejorará un ápice la incultura científica que asola nuestro país, pero moldeará las opiniones de los adolescentes con los prejuicios e intereses de nuestra casta política. El tándem Educación para la Ciudadanía para los peques y Ciencias del Mundo Contemporáneo para los jóvenes será letal para el espíritu emprendedor de venideras generaciones. La planificación y producción estatal del hundimiento de la educación tiene estas cosas.

Cada vez se hace más evidente la necesidad de implantar un cheque escolar para dar a ciertos consumidores de educación (no a sus productores) como paso intermedio para la definitiva separación de todas las escuelas de la mano visible del Estado.

Enseñar a su hijo es delito en España

El matrimonio tiene cuatro hijos que, aunque están matriculados en un colegio, no acuden a él. La razón es que sus padres, al ser maestros, tienen mucho tiempo libre y desean educar a sus hijos ellos mismos. Al centro sólo van a hacer los exámenes.

Tener la opción que cada familia pueda educar a sus hijos se le llama libertad, y por esa razón la administración está en contra. ¿Se imaginan un futuro de personas educadas previamente en la "escuela en casa" donde lo normal fuese la diversidad ideológica y que cada uno pensara algo radicalmente diferente a lo que dice la televisión, ordena el Gobierno o leemos en los manipulados medios de comunicación impresos? No controlar a los niños y dejar que sean las familias quienes decidan es algo que aterra a todo socialista, y al Gobierno en especial.

La administración tomó en monopolio la educación –como sector– y eso ha creado que los jóvenes cada vez sean más incapaces. Y es que el propio sistema docente está pervertido. En la vida real las personas aprenden de sus errores y necesitan tiempo. La vida académica hace lo contrario, pretende que alguien sepa de algo al momento sin cometer errores. A diferencia de la vida real, no les ofrece varias opciones y oportunidades, sino un examen cuyos contenidos, en el mejor de los casos, el alumno habrá olvidado en menos de un año. Por ejemplo, para destacar en una empresa no necesita empollar ningún libro ni creerse lo que le diga un profesor acreditado por el Estado, sino aprender de la empresa, del mercado y sus compañeros. Sólo a base de aprender de sus errores y de trabajar duro conseguirá el éxito.

Esto nos lleva un paso más allá. ¿Por qué el Gobierno nos ha de imponer qué estudiar, qué no y cómo? El Gobierno no tiene incentivo alguno en que su hijo esté bien educado. El único incentivo que tiene es asegurar que su hijo sea un futuro esclavo del Estado y que le siga manteniendo y obedeciendo.

Tal vez hayamos olvidado que los niños son de sus padres y no del Estado. Los pequeños no tienen más "función social" que desarrollarse al principio como sus padres les indiquen y más tarde como ellos quieran, sin tener que sufrir los continuos bandazos políticos del Gobierno de turno. ¿Son cuatro burócratas demasiado bien pagados los que han de decidir lo que ha de estudiar su hijo? ¿Es Educación para la Ciudadanía la asignatura que usted habría querido para su hijo? Y ustedes, socialistas, si algún día el PP tomara el Poder e impusiera una educación conservadora, ¿no se alegrarían entonces de poder apartar a sus hijos de tales materias?

En España hay entre 1.000 y 2.000 familias en situación de "educación en casa". En este país varios jueces ya han dado sentencias favorables a aquellas familias a las que el Gobierno ha denunciado. Únase a ellos y visite centros como la Asociación para la Libre Educación donde le enviarán por correo un didáctico libro sobre las razones para educar en familia. Visite también la página Crecer Sin Escuela donde encontrará libros que comprar, experiencias, explicaciones de todo tipo, o visite la página de la familia Branson-Sánchez que le mantendrá al día de los diferentes acontecimientos que se van produciendo.

Los burócratas quieren ilegalizar la escuela en casa de forma rotunda. Lo están haciendo en varios países de Europa. En Alemania, por ejemplo, ya se ha prohibido y han encarcelado a varios padres de familia. Si toma parte activa aún puede evitar que buenos padres sean juzgados por querer lo mejor para sus hijos. Como dijo Henry Thoreau, "si la injusticia tiene un resorte, una polea, un cable, una manivela exclusivamente para sí, […] entonces yo le digo, incumpla la ley". 150 años después, su mensaje sigue igual de vigente.

África: una revolución educativa incipiente

Esta es una de las historias más tristes (y ya son unas cuantas) de nuestro tiempo. A saber, las tan perjudiciales "políticas del desarrollo" que llevan a cabo los gobiernos, no los individuos, del Primer Mundo. A los que les gustan las medidas demagógicas y dependen de ellas (¿adivinan quiénes son?), no dudan en seguir en el mismo camino infructuoso de las últimas décadas: aumentar la ayuda externa (entiéndase en situaciones de normalidad, no me refiero a catástrofes naturales) a los países subdesarrollados (no de su bolsillo, claro). El problema, para ellos, es la escasez de ayuda. Esta es la excusa de siempre: las cosas van mal, ergo necesitamos más dinero público. Y siempre lo será, hasta que nos demos cuenta que el problema no es la falta de inversiones y recursos públicos.

En un ámbito más particular, la ONU y otras organizaciones internacionales tratan de garantizar, marcándose ambiciosos objetivos que no cumplirán, la educación gratuita en los países africanos a través de escuelas estatales. Esto es muy loable, sí. Pero en este tema (como en algunos otros), hay que dejar de lado los sentimentalismos que impiden ver lo que realmente sucede. No se trata de dudar de sus buenas intenciones, sino de si los medios que proponen sirven para alcanzar el fin perseguido.

Y la respuesta es, rotundamente, no. Lo demuestra James Tooley en su artículo Backing the Wrong Horse: How private Schools Are Good for the Poor (Apostando por el caballo equivocado: cómo las escuelas privadas son buenas para los pobres). Él y su equipo hicieron un fantástico y revelador estudio de la situación de la educación primaria, en el que recorrieron algunos países africanos (Kenia, Ghana y Nigeria) y otros asiáticos. Querían averiguar si eran ciertas las afirmaciones de la ONU sobre este asunto: que apenas se ha avanzado y que la solución es la educación gratuita. A través de testimonios directos de alumnos, profesores y padres, y de sus propias observaciones, llegaron a las siguientes conclusiones:

Que se está experimentando una revolución en la educación, con un número creciente de escuelas privadas a las que acuden la mayoría de los niños africanos con menos recursos. Esto sucede a pesar de la existencia de escuelas estatales gratuitas, debido a la masificación en las aulas y la escasa calidad de estas últimas, en las que los profesores cobran salarios mucho mayores que en las privadas.

Sin embargo, estas conclusiones contrastan con opiniones que el mismo autor cita de miembros del Banco Central: "Nadie cree que las escuelas privadas [en estos países] ofrezcan educación de calidad" o de la directora de un colegio estatal de Nigeria, respondiendo a la insinuación de si la razón por la que los niños ya no iban tanto como antes a este colegio era porque los enviaban a escuelas privadas: "Son familias muy pobres… ¡No se pueden permitir la educación privada!" Parece que este mito no sólo está extendido en Occidente.

Pues bien, un padre de los niños manifestó su opinión así: "Nosotros no queremos que nuestros hijos vayan a una escuela estatal. El Gobierno ofreció educación gratuita. ¿Por qué, en vez de eso, no nos dio el dinero para poder elegir dónde enviar a nuestros hijos?".

Citando a James Tooley,  "los pobres parecen tener sus propias ideas sobre cómo son mejor provistas sus necesidades educativas", y pasan por las escuelas privadas. ¿Cuándo escucharán a los propios padres africanos?

Una vez más, chochamos con la idea paternalista en la que los individuos (sean los pobres africanos o seamos los consumidores europeos) no saben lo que hacen, y hay que obligarles o prohibirles determinadas acciones. Pero lo mejor que podemos hacer es dejarnos de paternalismos estatalistas y celebrar y difundir estos pasos positivos que se están dando en estos países, y ayudarles a que pongan los cimientos de una sociedad libre, que, como ya sabemos, es la única vía para salir de la pobreza.

Al menos ya no proponen matar a Rajoy

Se quedaron muy a gusto con aquella primera incursión en la ciencia de Goebbels, pero como grandes artistas que son, ahora nos ofrecen una nueva performance que ayudará también a las generaciones venideras a comprender la psicología de las vanguardias progresistas de comienzos del siglo XXI.

En esta ocasión han decidido ofrecer un perfil más moderado y ahí radica precisamente la causa de que el mensaje no tenga la fuerza de otras ocasiones. Por ejemplo, presentan a un joven de derechas vestido con un jersey de marca (enorme el cocodrilo, para que nadie se quede sin captar la alegoría), haciendo un alarde gestual próximo al retraso mental severo, cuando estoy seguro de que lo que les pedía el cuerpo era vestirlo de falangista con un pistolón en el cinto y la cabeza sanguinolenta de García Lorca atada a la cintura a modo de trofeo.

Pero no es esto lo peor del video. Lo más indignante es la gravedad de los errores que comete la concursante progre al responder las preguntas del cuestionario. La "carta magna de principios y valores por la que se rige el estado español" no es la Constitución, como afirma la joven, sino la santa, única y verdadera voluntad de Rodríguez Zapatero. La Constitución española del 78 (si es que es esta a la que se refieren y no la del 31, que también podría ser) ya no está vigente para alivio de los pueblos de la península ibérica que van en busca de su emancipación. ¿Nadie le ha explicado a la mariprogre del video que la Constitución ya ha quedado superada por la fuerza normativa de los hechos? Y cuando le piden que nombre a una persona conocida mundialmente por su lucha por la paz y los derechos de los pueblos, la muy desvergonzada responde "Gandhi", cuando es evidente que quien más se ha significado en la Historia de la Humanidad por esos motivos ha sido Rodríguez Zapatero.

Con este video se pretende animar a los padres para que apunten a los chiquillos a la asignatura de Formación del Espíritu Progresista, pero muchos no estamos dispuestos a que se les mienta sobre la auténtica dimensión de nuestro presidente, así que me temo que el efecto de la campaña va a ser lo contrario de lo que se pretende.

Dice ZP que el video le parece muy simpático. Miente, aunque por talante no lo reconozca. Lo único que demuestra esta campaña es la catadura moral de los miembros de su Frente de Juventudes. Maricomplejines y encima traidores.

La Educación para la ciudadanía

El Consejo de Europa designó el año 2005 "año de la ciudadanía europea", cuyo fin, si hemos de creer la declaración institucional que acompañó a su nacimiento, es la defensa de la democracia y los derechos humanos.

Lo interesante de esta declaración está en la parte donde se resaltan los que, a juicio del consejo, son los déficits más importantes de las democracias actuales. El órgano de la UE se manifiesta en este a modo de manifiesto pro-democrático, hondamente "preocupado por el nivel creciente de apatía política y cívica, por la falta de confianza en las instituciones democráticas y por el aumento de los casos de corrupción, racismo, xenofobia, nacionalismo agresivo, intolerancia con las minorías, discriminación y exclusión social, que constituyen graves amenazas para la seguridad, la estabilidad y el desarrollo de las sociedades democráticas… Deseoso de proteger los derechos de los ciudadanos, sensibilizarlos con respecto a sus responsabilidades y reforzar la sociedad democrática."

Sorprende la escasa capacidad autocrítica de los miembros del consejo europeo en este texto, en el que mezclan los defectos de la democracia (motivo), con la apatía política y la falta de confianza en las instituciones democráticas que muestran los ciudadanos (consecuencia), sin poner de manifiesto esta relación de causa-efecto, pues entonces no tendrían más remedio que confesar que quienes necesitan educarse como ciudadanos son precisamente ellos, los políticos, y no los niños de 4º de la ESO, como pretende ZP siguiendo las directrices de la burocracia europea.

La corrupción, la xenofobia, el nacionalismo agresivo o la intolerancia con las minorías, que según el párrafo que hemos destacado son consideradas por los ideólogos del programa "graves amenazas para la seguridad, la estabilidad y el desarrollo de las sociedades democráticas", son problemas causados directa e intencionadamente por la clase política actual, especialmente los partidos nacionalistas, la misma que, al parecer, queda fuera de este programa de reeducación colectiva al que se quiere someter a la ciudadanía.

Por otra parte, la desconfianza hacia las instituciones democráticas y la decisión de no participar en las consultas electorales es un derecho de todo ciudadano que en nada califica su condición moral o ética. Se puede ser un excelente ciudadano (no sabemos tampoco lo que quieren decir con el concepto "ciudadano", aunque podemos intuirlo por oposición a lo que se denuncia en el texto) y mantener una higiénica distancia con el cotarro partitocrático limitando el contacto al mínimo imprescindible de pagar impuestos para evitar la cárcel.

La Educación para la ciudadanía, promovida por los políticos de Bruselas y recibida como mandato divino por los políticos nacionales, no puede ser otra cosa que adoctrinamiento político. Si se prescinde de su carácter ideologizante, sólo quedaría una colección absurda de vacuos consejos sobre civismo elemental (véase este excelente artículo de Joaquín Robles).

No sólo no es lícito que el Estado adoctrine a los niños en una determinada cosmovisión. Es que, además, la Educación para la ciudadanía es un imposible metafísico que debería haber hecho abandonar el proyecto, a poco que la clase política tuviera un mínimo de respeto por la inteligencia de los ciudadanos a los que quiere reeducar. Su objetivo, confesado entre líneas, es agrandar las tragaderas de los ciudadanos, cada vez más hartos de sus políticos, con el fin de que todo el cotarro no se venga abajo. El hecho de que países europeos dirigidos por partidos "conservadores" hayan dado su visto bueno a la asignatura lo confirma. Se trata, simplemente, de una simple cuestión de supervivencia.

Los más pobres se desprenden del Estado

Posiblemente uno de los comentarios más interesantes que hemos publicado en esta página ha sido La teoría del desprendimiento, de Toni Mascaró. En él explicaba cómo cada vez más a menudo en nuestras sociedades socialdemócratas los ciudadanos huyen de los servicios ofrecidos por el Estado y pagados con los impuestos y recurren a alternativas privadas con el escaso remanente que éste le deja. Es un cuestionamiento práctico de la falacia fundamental en la que descansa el sistema: puesto que los más pobres no pueden pagarse ciertos servicios básicos, el Estado los provee a todos los ciudadanos, que en su mayoría sí pueden costeárselos.

Lo curioso es que eso no sólo sucede en los países prósperos, según los ciudadanos van teniendo dinero suficiente para pagar el servicio público que no quieren y el privado que sí. También los más pobres de entre los pobres evitan en muchas ocasiones a un Estado que no responde. África es el continente que todos asociamos con la miseria. Y, curiosamente, muchas de las necesidades más básicas de sus habitantes no las cubren los gobiernos, sino el sector privado. Veamos tres ejemplos.

Alex Nash relata su experiencia visitando la ciudad keniata de Kisumu. Allí, un ingeniero decidió coger agua de un río cercano y tratarla con una pequeña instalación en su patio trasero. Pronto descubrió que sus vecinos querían comprársela. Ahora tiene una pequeña empresa con cinco empleados y es capaz de servir a 10.000 personas. Tiene camiones para llevar agua a los hoteles y porteadores para la gente pobre. El Estado no está ni se le espera.

James Tooley investigó sobre educación privada en África. Descubrió que, por ejemplo, en la ciudad nigeriana de Lagos, siendo gratuita la educación pública, los padres pagan por una educación privada, pese a que disponen de unos 50 dólares al mes, porque funciona mucho mejor. En la India, la puntuación media de los colegios privados es de 19 puntos en lengua y 17,9 en matemáticas, mientras que en los públicos es de 17,4 y 16,3, respectivamente.

El New York Times describe como en diversas zonas de África, los pobres, que no reciben asistencia sanitaria estatal, están creando pequeñas mutuas sanitarias con las que cubrir por muy poco dinero. Generalmente formadas por menos de 100 personas, negocian con una clínica local un buen precio. El Banco Mundial publicó un informe en el que asegura derribar tres mitos: que el sector privado es para ricos, que no está muy desarrollado y que la mayor parte del dinero dedicado a sanidad viene de fondos públicos. Llegó a la conclusión que los pobres empleaban intensamente los servicios privados de salud y que los públicos, de hecho, subsidiaban a los más ricos.

Sin embargo, muchas ONG tienden a preferir que sean los gobiernos las herramientas con las que solucionar estas y otras necesidades básicas de los más pobres. Oxfam, por ejemplo, asegura que gobiernos y Banco Mundial “obstaculizan el desarrollo impulsando soluciones mediante el sector privado que no benefician a los pobres”. Los pobres, en cambio, parecen pensar de manera diferente.

Los países pobres necesitan gobiernos que garanticen los derechos básicos: la vida, la libertad y la propiedad. Del resto podría encargarse el sector privado, si tuviera seguridad en que sus esfuerzos no van a ser baldíos porque no pueden confiar en que, a largo plazo, lo suyo lo siga siendo. Ahí es donde deberían centrarse nuestros esfuerzos.

La ciudadanía responde

El órdago de Mercedes Cabrera y Rodríguez Zapatero a los padres españoles ha tenido su primera reacción. Un grupo de padres andaluces ha llevado el tema de la asignatura Educación para la ciudadanía al Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Autónoma de Andalucía. Reclaman la libertad de educar a sus hijos como decidan y la libertad religiosa que nuestra constitución reconoce en sus artículos 16 y 27.

Desde mi punto de vista, es una buena noticia. Por fin alguien reacciona. La labor que, en este sentido, están haciendo asociaciones como el Observatorio para la Objeción de Conciencia (OOC) en su página objetamos.org, donde se explica a los padres qué pueden hacer, cómo han de hacerlo y qué razones les asisten, me parece notable. Es una iniciativa del Foro de la Familia, y están apoyados por otras organizaciones como ANDOC (Asociación Española por la Defensa de la Objeción de Conciencia), Profesionales por la Ética, el Centro Jurídico Tomás Moro, o la asociación Hazteoir.

Sin embargo, el asunto se está convirtiendo en un problema exclusivamente religioso. En la página principal del OOC los argumentos contra la asignatura son básicamente que:

A través de esta nueva asignatura, se pretende así educar a los alumnos en la peculiar ideología sobre la sexualidad, el matrimonio y la familia de los actuales gobernantes y en contra de la conciencia de muchísimos padres y madres españoles.

Y es cierto. Pero no me parece la única razón para rechazarla. Como ha mostrado el articulista de ABC, Álvaro Delgado-Gal, en su revisión de algunos manuales editados para Educación para la Ciudadanía el 5 de agosto (Guía de Perplejos) y el 12 de agosto (El código Marina), no sólo se trata de la educación religiosa, sino de la mentira flagrante, la manipulación histórica y el adoctrinamiento. Como, por ejemplo, comparar el capitalismo con la GESTAPO, mostrar a dos niños pijos que asumen que la miseria de muchos se debe a que tienen comodidades, o a otros dos niños ricos que afirman:

Lo bueno de la dictadura de mercado (en negrita) es que tiene lo bueno de los fascismos precedentes pero sin el mal rollo ese de los desfiles y las marchas militares.

La implantación de esta asignatura es equiparable a la medida que va a tomar Vladimir Putin en la moderna y democrática Rusia: cambiar los libros de historia para que los niños aprendan el patriotismo soviético. Tal y como cuenta El País, dado que la visión de la historia estaba manipulada por el dinero extranjero (las becas venían de fuera), el Kremlin ha creado una comisión para escribir un nuevo libro de texto de Historia, en la que hay un único historiador. Según esta versión de la historia rusa, Stalin es una figura contradictoria y, si bien tuvo sus fallos, hizo mucho por engrandecer la patria soviética. La Gran Purga se minimiza, no es necesario "autoflagelarse"; otros también hicieron barbaridades.

La Educación para la ciudadanía es una asignatura inmoral y tiene más trascendencia que lo referente a la libertad religiosa, como muy grave es que Putin trate de rehabilitar el sistema soviético.

Ya nos enseñó Ayn Rand hace mucho tiempo que el capitalismo es el único sistema económico moral porque defiende la libertad individual, y porque evita los dos errores que el socialismo y el sistema soviético implican y que son dos grandes injusticias de nuestra sociedad.

Primero, la moral de la tribu, que supone que la riqueza generada por cada individuo no es tal, sino que la riqueza es de un ente llamado tribu, comunidad, o lo que se quiera, cuando en realidad la riqueza es de alguien que se ha esforzado en crearla con su trabajo o sus inversiones, y el capitalismo crea riqueza, no la expropia. No existe tal cosa como el "bien común" ni el "excedente social", entendido como nos lo venden quienes lo utilizan para anular la iniciativa individual.

Segundo, el falso altruismo, que con las mejores intenciones quita a unos para dar a otros, por la razón de que éstos tienen menos, consiste, en realidad, en la esclavitud de quien produce, la servidumbre hacia quienes establecen el criterio de redistribución, y la promoción de una sociedad de vagos e irresponsables, acostumbrados a vivir del esfuerzo ajeno.

Para Rand, la base de la sociedad es la filosofía subyacente en ella, la filosofía de la libertad o la del siervo. Y la asignatura Educación para la ciudadanía inculca una filosofía contraria al individuo, a la persona, a la libertad. El sistema soviético que reivindica Putin, y que la propia Ayn Rand padeció, y el socialismo bajo el cual vivimos son el reflejo de la filosofía de esclavos en la que nos movemos y que no puede sino conducir a una menor riqueza y a la anulación de la libertad del hombre. Nos lleva a un sistema social inmoral en el que el laborioso es esclavo del indolente, los líderes manipulan a la gente con entidades irreales pero bien vendidas y la responsabilidad individual se difumina en institutos sociales estatales que malversan los fondos expropiados a las personas que trabajan honradamente.

Ese es el espíritu ciudadano de la asignatura. Va mucho más allá del atentado a la libertad religiosa. Por eso creo que hay que apoyar la insumisión civil y la respuesta ciudadana voluntaria.

Es lo único que nos queda.