Ir al contenido principal

Etiqueta: Guerra

El arte del gobierno económico y el orden mundial

En el arte del gobierno económico, la transición de poder que desde hace más de una década ha estado experimentando el actual sistema internacional, altamente globalizado e interdependiente, se ha diferenciado de otros periodos históricos de la historia universal en ciertos aspectos en lo referente a la dinámica misma de estos procesos y sus medios de lucha. Los antecedentes históricos nos demuestran que cuando un Estado-potencia en ascenso amenaza con desplazar a otro Estado o Estados-potencias dominantes, los miedos, malentendidos, amenazas y frustraciones, hacen que una guerra violenta sea altamente probable, si no inevitable.

Los registros históricos así lo confirman, el surgimiento de una nueva potencia ha llevado constantemente a conflictos librados a balazos, bombas y bayonetas. Hoy en día, las grandes potencias económicas y militares libran sus batallas, no con medios bélicos convencionales, sino con armas como las políticas comerciales, financieras, manufactureras, industriales y de inversión. Para competir por el poder, librando sin un disparo una guerra por la supremacía y delineación de un nuevo orden económico global.

Prohibición de venta de productos tecnológicos

Conocer cómo los Estados-potencias utilizan las armas económicas es esencial para comprender las transiciones de poder en la historia moderna y contemporánea de la humanidad. El registro histórico demuestra que cuando un Estado-potencia dominante está en declive y observa como una amenaza a un competidor en ascenso, buscará cortar el acceso de este último a los campos preponderantes del desarrollo hegemónico en los mercados globales, sean estos: logísticos, tecnológicos, comerciales, de materias primas, que son preponderantes para la supervivencia de su supremacía económica global.   

A título de ejemplo, podemos mencionar ciertos hechos históricos como el bloqueo británico de las rutas marítimas en el comienzo de la Primera Guerra Mundial a Alemania. Otro suceso histórico contemporáneo que sería relevante destacar es la prohibición de los Estados Unidos de las ventas de productos avanzados de tecnologías satelitales a Japón en la década de 1980, y de semiconductores a China en finales de la década de 2010. Igualmente, los EE.UU. adoptaron medidas restrictivas al acceso de tecnologías vitales para el desarrollo de la inteligencia artificial en años recientes, entre otro conjunto de restricciones tomadas contra China.

Siguiendo con este orden de represalias mutuas, los estados en ascenso han adoptado contramedidas para contraatacar y sostener su crecimiento. Alemania hizo su producción industrial más eficiente en el periodo arriba mencionado. Y China inició mejoras en  sus respectivas bases tecnológicas para eludir las restricciones de los Estados Unidos.

El arte del gobierno económico

Para librar estas guerras de manera efectiva, los Estados-potencias necesitan establecer políticas que incentivan a las empresas privadas dentro de su jurisdicción obligándolas a actuar de acuerdo con sus objetivos geopolíticos, y geoeconómicos, lo que Ling S. Chen y Miles M. Evers han llamado el arte de gobernar económico en su trabajo titulado Wars without Gun Smoke: Global Supply Chains, Power Transitions, and Economic Statecraft October 2023 International Security 48(2):164-204.

Ling S. Chen y Miles M. Evers aportan una visión novedosa de los determinantes de las relaciones entre empresa y Estado en un país, y sus implicaciones para el ejercicio del arte del gobierno económico; de lo que han sido las transiciones del poder internacional en la historia moderna. Marco dentro del cual las empresas se conciben como simples instrumentos supeditados a las directrices geopolíticas y geoeconómicas de sus respetivos gobiernos.

En este escenario del arte del gobierno económico, los Estados-potencia utilizan la interdependencia económica para competir sin llegar a un nivel real de enfrentamiento armado. Utilizan sólo mecanismos coercitivos de tipo económico contra sus rivales, a través del incremento de aranceles o las sanciones a las transacciones comerciales, entre otras medidas.

Estímulos fiscales

Siguiendo con este mismo orden de políticas, los poderes en conflicto suelen utilizar los estímulos fiscales para financiar el desarrollo de ciertos sectores que estos consideren vitales para el mantenimiento de su hegemonía global, a través, de la financiación de actividades como la investigación y el desarrollo (I+D) de tecnologías clave, y la promoción de actividades comerciales dentro de su territorio para reducir su dependencia externa según sea el caso, dentro de las complejas cadenas de valor globales.  

No obstante, a lo arriba mencionado por los citados autores y siguiendo sus líneas de análisis, es relevante destacar que la mayor actividad económica dentro del sistema internacional se lleva a cabo por empresas privadas, no por los Estados. Por ende, las empresas suelen toman decisiones relativamente autónomas sobre dónde comerciar, e invertir en respuesta a los incentivos del mercado y las respectivas oportunidades de inversión sujetas a la rentabilidad de las mismas. Muchas de estas empresas son multinacionales o corporaciones que han fomentado densas redes comerciales y financieras entre diferentes países. Esto las ha hecho altamente vulnerables y sensibles a los conflictos geopolíticos y geoeconómicos actuales.

Importancia de las empresas y las corporaciones globales

Es trascendental destacar que las transacciones de los actores privados globales pueden tener externalidades de seguridad que afectan al desempeño de los Estados-potencias emergentes, y principalmente el de los tradicionalmente hegemónicos. Estos tratan de mantener o preservar gran parte de su hegemonía geoeconómica y política a escala global, encontrándose aquí un punto de inflexión y de intereses contrapuestos que van a incidir dentro de lo que se ha denominado el arte del gobierno económico de los actores estatales: en la delineación en términos estructurales de un nuevo orden económico y político global en los próximos años.

Hay una capacidad de los agentes económicos privados en el marco de las sociedades democráticas como la estadounidense, la europea y más socios asiáticos del Orden Liberal Internacional, de influir a través de mecanismos democráticos sobre la elaboración e implementación de las políticas. Esta capacidad podría llegar a tener un efecto amortiguador de un potencial conflicto armado de gran magnitud y consecuencia, entre los Estados Unidos y sus aliados europeos y asiáticos y China principalmente. Todo ello en escenarios altamente sensibles como el del Asia-Pacifico.

En concordancia con lo antes expuesto, valdría la pena destacar que en el marco de la reciente visita del secretario de Estado norteamericano Antony Blinken a China, el mandatario Chino Xi Jinping, sostuvo que los Estados Unidos y China “deben ser socios, no rivales”. Pues a pesar de que China no es un país democrático, su régimen de gobierno no ha escapado de las presiones que sus propias empresas privadas o semiestatales ejercen sobre su respectivo gobierno con el fin de mitigar la guerra de sanciones económicas entre ambas potencias. Ello lo que refuerza la tesis de la relevancia de los actores privados globales en el proceso de transición hacia un nuevo orden económico y político global.

Conclusiones

Sin embargo, pese a todo lo arriba expuesto, es importante mencionar que tanto en el ámbito académico, como diplomático no existe un consenso sobre la validez absoluta de la tesis según la cual la interdependencia comercial amortigüe o inhiba conflictos armados internacionales. Este es un tema que tratamos en un artículo titulado La interdependencia y el libre mercado, ¿amortiguan los conflictos internacionales?, en septiembre 26, 2023, Instituto Juan de Mariana.

No obstante, sería un error subestimar la relevancia e influencia de los agentes económicos privados internacionales en la delineación del nuevo orden económico global emergente. Lo demuestran los autores arriba citados en su respectivo trabajo. Será el tiempo y la compleja dinámica entre estos actores estatales inmersos en este conflicto y sus respectivas corporaciones globales, los que determinaran la importancia de estas, en la transformación y modelación del nuevo orden global emergente en el actual proceso de mutación internacional.

Algunas cuestiones disputadas del anarcocapitalismo (XCI): el misterio del PIB de Rusia en guerra

Se han publicado recientemente datos sobre el crecimiento del PIB ruso que, aparentemente, muestran cierta solidez en su economía. Muestra valores positivos en su producción, algo que ha supuesto una fuente de regocijo para los partidarios de Rusia en esta guerra. Supuestamente, manifestaría una gran solidez de la economía rusa, a pesar de las durísimas sanciones a la que ha estado expuesta en los últimos años. Unas sanciones dirigidas tanto hacia sus empresas como hacia sus líderes políticos. Creo que esta aparente paradoja puede servir perfectamente para ilustrar algunos elementos de la economía de guerra. Esto incluye las sanciones y otras formas de economic statecraft, como de las estadísticas que usan los gobiernos bien sus propias necesidades bien para legitimarse tanto en en interior como en el exterior.

Evitar la inflación

Es justo, en primer lugar, reconocer que la economía rusa no se ha derrumbado como prevían algunos analistas. Es más ni siquiera es probable que lo haga a corto plazo. A ello ha ayudado y mucho, la política económica llevada desde el comienzo de la guerra por su banquera central, Elvira Nabiúllina. Ha conseguido por lo menos evitar la inflación que las economías en guerra suelen padecer como resultado de las expansiones monetarias usadas para financiar los costes bélicos.

Normalmente en estas ocasiones se prefiere la inflación a la imposición directa, pues esta última hace más visible a la población los costes de involucrarse en conflictos y los hace, por consiguiente, mucho más impopulares de lo que ya son, sobre todo a medio plazo. Al principio las contiendas suelen tener cierto apoyo si se ha hecho previamente un uso eficaz de la propaganda. Las subidas fiscales, a diferencia de la inflación, son más difíciles de ocultar, y sobre todo son mucho más difíles de eludir buscando algún chivo expiatorio externo al que culpar de sus males.

La “vinculación” del rublo con el oro

La señora Nabiúllina básicamente llevó a cabo una subida de tipos de interés para controlar la masa monetaria, al tiempo que permitió la flotación libre del rublo. Estas medidas son clásicas y convencionales. Pero llevó a cabo otra medida que, por lo menos, consiguió que los mercados le concediesen un cierto margen de confianza. Declaró la vinculación del rublo al oro. Digo declaración, porque tal vínculo nunca se concretó en nada. Lo único que se llevó a cabo fue una compra sostenida del metal precioso por parte del estado ruso. Pero bastó con esa declaración para dar una imagen de solvencia a la moneda que le permitió capear el temporal al principio de la guerra.

Ojalá lo hubiese hecho así. Una guerra contemporánea financiada en un entorno de patrón oro sería muy difícil de llevar adelante sin tener que incrementar la fiscalidad, o sin tener que desviar recursos esenciales para la producción a la industria de guerra con el consiguiente emperoramiento de las condiciones de vida del pueblo ruso.

Oro y guerra

Lo normal es que una guerra contemporánea se financie con inflación (impuesto encubierto), con bonos de deuda patrióticos o incluso con los recursos saqueados al enemigo. Lo relata Gotz Aly en La utopía nazi: cómo Hitler compró a los alemanes; no subiendo los impuestos de forma directa, pues esto aún haría más impopular la guerra.

Un mecanismo de patrón oro no impide la guerra, como bien nos muestra la historia bélica durante los siglos en los que permaneció vigente un patrón metálico. Pero sí que dificulta mucho su financiación en entorno en los que los gobernantes están sujetos, de forma dirtecta o indirecta a la voluntad popular. Los gobiernos que se meten en guerras saben que si pierden o ésta resulta en un deterioro notable de las condiciones de la población, es muy probable se vean obligados a abandonar el poder, por las buenas o por las malas. Los propios gobernantes rusos saben que su revolución se dio en un entorno de descontento popular en un escenario de guerra, aunque no fuese este el único factor.

Te sanciono y me sanciono

Además Rusia padece sanciones muy severas por parte de la comunidad internacional. Los estudios sobre guerra económica, como el clásico de David Baldwin Economic statecraft, inciden siempre en que las sanciones, si bien debilitan a la economía sancionada, también lo hacen con la sancionadora, como todo buen austríaco sabrá. Si las relaciones comerciales benefician a ambas partes, como se afirman los economistas austríacos, impedirlas por la fuerza ocasionará daño también a otras partes, sin que pueda determinarse a priori cual de las dos partes puede ser más dañada en sus sectores vitales. La guerra económica es por tanto una señal de que una de las partes está dispuesta a sufrir penurias para alcanzar algún fin político en el ámbito de las relaciones interestatales.

Aparte de que, como se sabe, este tipo de instrumentos de presión se burlan fácilmente mediante mecanismos de triangulación. España y otros países europeos siguen adquiriendo petróleo y materias primas rusas; incluso más que antes en algún caso como el español. Sólo que se compran a algún intermediario que previamente adquirió con descuento esos bienes.

A la inversa, las empresas rusas no se encuentran para nada desabastecidas de componentes. Esto inclye a aquellos componentes que son necesarios para la industria de guerra. (El análisis de algunos drones rusos capturados recientemente reveló que la immensa mayoría de sus componentes fueron fabricados en países occidentales). Simplemente, las empresas occidentales venden a algún país aliado de los rusos, normalmente algún páis de la antigua esfera soviética y los rusos se lo compran a este.

Así en la guerra como en la paz

Como se ve se sigue comerciando igualmente, sólo que al usar intermediarios los precios acostumbran a ser más altos para ambas partes. Algunos aprovechan la ocasión y se lucran en el intercambio. Entre ellos, en numerosas ocasiones, se encuentran los más firmes y radicales defensores de las sanciones. Esto es, pueden forzar mecanismos sancionadores para beneficiarse de ellos.

Aún recuerdo cuanto me sorprendió al leer el libro de Edmund Silberner, The problem of war in nineteenth century economic thought, las referencias que se hacían en él a varios economistas liberales que recomendaban mantener los principios de libre cambio incluso con el enemigo en una guerra abierta. Sus razonamientos pueden parecer extraños, pero son lógicos. Tener que comprar más caro en una guerra nos debilita, y en el peor momento. Sin contar que, como acabamos de ver, no suele valer de nada. Además, serviría de elemento pacificador. Revelaría la estupidez de la guerra y que muchos conflictos pueden arreglarse con el comercio libre.

Supongo que algún lector, bien imbuido de los principios de las escuelas de economía nacional o del socialismo bélico, pensará que estas son fantasías utópicas del liberalismo económico. Y bien pueden serlo. Pero lo cierto es que incluso en guerras totales como la primera o la segunda guerra mundiales, existieron siempre mercaderes de la muerte que vendían y se hacían ricos con el enemigo. (Algunos de ellos de familias cercanas al poder). Lo hacían incluso vendiendo el armamento y las municiones con los que mataban a sus compatriotas. Obviamente, se beneficiaban de las interdicciones al comercio, al subir el precio que obtenían de sus bienes. Se ha reeditado hace poco el célebre Los comerciantes de la muerte de Engelbrecht y Hanighen. Y no estaría de más volver a echarle un vistazo.

¿Por qué no cae el PIB?

Pero aún así sigue llamando la atención que el PIB ruso no sólo no se haya derrumbado sino que incluso crezca algo en los años que se lleva de guerra. Pues algo tendría que haberse notado. No sólo por las sanciones, sino porque todo ese gasto improductivo en destrucción aparte de la movilización de centenares de miles de jóvenes en plena edad productiva tendría que tener algún tipo de efecto sobre el discurrir económico.

Yo creo que la clave está en los procedimientos de medición del PIB. Miden la producción bruta de bienes y servicios, pero no tienen para nada en cuenta el uso que se haga de ellos o la satisfacción que obtenga la ciudadanía. La escuela austríaca afirma que el fin de toda producción es la satisfacción de alguna necesidad por parte del ciudadano consumidor. Su carácter subjetivo hace que sea muy difícilmente estimable y mucho menos medible con precisión. Esta una de las razones por las que no acaban de convencerles las estadísticas que elaboran los gobiernos. Aparte, claro está, de que sean una herramienta imprescindible para la intervención estatal en la economía o en la vida social.

Reorganización forzosa de la economía

A efectos de estimación del producto interior bruto es indiferente que la industria rusa cambie por decreto gubernamental de producir pacíficos tractores a producir tanques y helicópteros. Y según como se valores estos últimos por su único comprador, el estado ruso, estadísticamente podría resultar en una ganancia nominal en la producción nacional. Un obús o un misil que destruyan vidas y bienes materiales del enemigo puede ser tan valorado o más a estos efectos como un medicamento o cualquier otro bien que tenga algún beneficio para el bienestar o la felicidad humana.

Y es esto lo que ha acontecido en Rusia y explica este aparente misterio. El gobierno ruso, recuperando las viejas medidas de confiscación de bienes o de reorientación forzosa de la producción usadas por los países combatientes en las guerras mundiales, ha forzado a muchas industrias de capital privado a producir los artefactos e insumos necesarios para sostener una guerra a gran escala. Por ejemplo se ha reducido la fabricación de automóviles de uso particular y se han rediseñado sus fábricas de tal forma que ahora producen tanques. Al igual que muchas factorías químicas ahora producen explosivos.

Contabilidad pública y muerte

No es nada nuevo en la historia. Es más, algunos historiadores relatan que el modelo de control estatal en la industria usado en las grandes guerras fue la inspiración del comunismo de planificación central instaurado en la antigua URSS. Lo que no había en aquellos tiempos eran estadísticas de PIB, al menos como las conocemos hoy. Por lo que lo que sí es nuevo, y es buena prueba del a moral que rige en los estados, es que artefactos dedicados a la muerte y a la destrucción sean valorados de forma positiva por los encargados de contabilizar la producción. O, al menos, al mismo nivel que los que verdaderamente mejoran la vida humana.

Ver también

La economía nacionalsocialista y el supuesto milagro alemán. (Juan Navarrete).

Las guerras no son religiosas

Las guerras religiosas en el fondo son políticas y la política en el fondo es religiosa.

El Estado a menudo se compara con una banda criminal tanto en su definición como en su conducta. Los grupos criminales establecen relaciones mutuas por conveniencia y en el caso de los Estados, la legitimidad es un factor crucial. Un Estado adquiere su estatus principalmente porque otros Estados lo reconocen y validan. Esta legitimidad internacional casi automáticamente se traduce en legitimidad ante la población que está bajo su control.

La clase gobernante es consciente de que su narrativa de legitimidad se sustenta en su red de colaboración entre Estados. Los gobernantes se ven a sí mismos como iguales y se temen mutuamente. Las verdaderas amenazas para un gobierno provienen de grupos armados bien organizados o de otros gobiernos, que en esencia son otros tipos de organizaciones armadas. Esto se refleja en el derecho internacional, que es único en su flexibilidad y disposición para la negociación. Mientras que ciertas acciones están prohibidas para los ciudadanos dentro de un territorio, si un gobierno las lleva a cabo en otro territorio, la aceptabilidad por parte de la comunidad internacional de esas acciones depende de su posición geopolítica.

Los Estados se atacan a los pies

A nivel internacional los políticos se apoyan mutuamente, es cierto que se espían, se critican, se traicionan, pero también se perdonan, se dan asilo, se venden armas (para la defensa interna y externa), se reconcilian y se reconocen mutuamente. Cuando las mafias se enfrentan y su objetivo no es acabar por completa la una con la otra, no suelen atacarse a la cabeza porque eso escalaría el conflicto muy rápidamente. Así como cuando las bandas criminales se enfrentan y dejan 100 muertos, entre los que no se ubica ningún cabecilla de la organización, así se enfrentan los Estados, matando civiles de lado y lado y evitando orientar sus recursos o estrategias a atacar a los líderes principales con drones u otro tipo de artefactos.

Es bien sabido que los sistemas centralizados no se dominan hasta que no se tenga dominio de su líder o su centro de comando, pero la gran mayoría de las guerras, los líderes, ni siquiera se intenta atacar directamente. La guerra suele ser un campo de negociación, no un duelo a muerte entre político. Solo en situaciones donde el objetivo es la conquista, y no la presión política, se ven ataques directos entre líderes. Sin embargo, en la mayoría de los casos, incluso mientras sus tropas están en combate, los líderes de facciones enemigas suelen mantener relaciones diplomáticas y encuentros formales.

A nivel estatal los motivos no son religiosos

La clase política, si se enfrenta entre sí, por diversas razones tienen luchas de poder, pero no lo hacen por motivos religiosos. Esto lo creo por las siguientes razones:

  • Las victorias religiosas no son necesariamente victorias políticas, y viceversa. El político busca mantener su control y su poder, y aunque comete errores y puede poner en riesgo su poder por malas acciones, dudo mucho que tiendan a anteponer la religión por encima de sus intereses. Una buena estrategia puede ser compatibilizar sus intereses políticos con los intereses religiosos, ya sea para captar votos o justificar sus acciones, pero eso no quiere decir que sus motivos o justificación final sea religiosa.
  • Alianzas cambiantes: Los políticos buscan establecer lazos con Estados que les pueden beneficiar comercialmente o con quienes tienen una afinidad estratégico-política, de manera que, tiene mayor confianza relativa. Esto es, de hecho, una de las razones que hace que Israel sea el favorito entre los Estados, incluso algunos Estados musulmanes. El Estado de Israel es un agente más fiable y con el cual es más viable la cooperación que con Hamás en Gaza. Y esto se antepone a las presiones religiosas que reciben políticos.
  • Políticamente, las religiones más similares a la tuya pueden representar una amenaza mucho mayor que las religiones más diferentes. A nivel político la religión es una vía para generar un endogrupo. Es un instrumento identitario, un medio para establecer una categoría dentro de la población general o el electorado. Por lo tanto, las religiones más similares a la propia son más peligrosas identitariamente que las más diferentes. Esta situación se ve también con frecuencia en las ideologías políticas. Allí, el electorado de un partido de izquierda puede ser fácilmente captado por otro partido de izquierda muy similar.
  • Convivencia pacífica a lo largo de la historia: En muchas ocasiones las religiones han convivido pacíficamente, incluso dentro del mismo Estado. La multiculturalidad o multireligiosidad no es inherentemente conflictiva. Los juegos de suma cero como los que genera el Estado de Bienestar suelen hacer que los grupos entre en conflicto. Los grupos distintos que cohabitan un territorio y no compiten directamente tienden a desarrollar instituciones de cooperación, complementación y lazos identitarios.

La importancia de separar el motivo religioso

Al analizar conflictos bélicos, tanto nacionales como internacionales, atribuirles causas religiosas puede llevarnos a una comprensión limitada de su naturaleza. A pesar de esto, es común que muchas personas vean la religión como la causa principal de estos conflictos. Por ejemplo, algunos ateos argumentan que las guerras tienen motivos religiosos y eso evidencia que un mundo sin religión sería más pacífico. Por otro lado, hay creyentes que sostienen que el carácter religioso de las guerras demuestra la relevancia y permanencia de las religiones en el mundo contemporáneo.

Adicionalmente, puede resultar políticamente conveniente para los gobernantes que los ciudadanos perciban las guerras como conflictos religiosos. Esta percepción puede justificar la guerra a los ojos de la población, bajo la premisa de que la defensa de la religión es justa y noble. Ello gracias a que, si Dios existe, todo está permitido (aunque la afirmación contraria también puede considerarse verdadera). En este contexto, la guerra es vista como un conflicto inevitable, trascendental y de alta prioridad.

Conclusión

La religión y la guerra comparten el hecho de estar sometidas al interés político. La población civil suele entender las guerras como un conflicto religioso, étnicos o culturales, y a sus políticos como oportunistas de dichos conflictos.

Por ejemplo, varios colegas musulmanes me han expresado su descontento con algunos políticos. El motivo es que les ven como traidores por distanciarse del pueblo palestino y establecer relaciones con Israel. Sin embargo, sostengo que esta percepción de traición no es del todo certera. El conflicto en cuestión no se basa en diferencias religiosas, sino en fines políticos incompatibles.

Además, tengo la convicción de que un mundo más ateo o más creyente no determina necesariamente un mayor o menor grado de beligerancia. Tanto ateos como creyentes pueden ser profundamente leales a la religión del Estado, venerando a la nación a través de sus mapas, símbolos y representantes. Esta lealtad puede llevar a ver la defensa o la expansión de la nación. La secesión y la intervención extranjera se convierten en los mayores pecados o traiciones.

Ver también

Guerras y grupos. (Francisco Capella).

La tensión entre el libre comercio y la política de poder

La narrativa, comúnmente aceptada en Europa sobre la guerra en Ucrania, es que existe un paralelismo histórico evidente entre los acontecimientos políticos de los años anteriores al estallido de la Segunda Guerra Mundial y la agresión militar rusa contra Ucrania. Según esta narrativa, los movimientos de la Alemania nazi, bendecidos por la política de apaciguamiento de Occidente, para apoderarse de Austria y de los territorios de Checoslovaquia, predominantemente poblados por alemanes, solo sirvieron para alimentar los agresivos planes de Hitler para la conquista del mundo.

Desde esta perspectiva, cualquier política exterior de apaciguamiento frente a un gobernante autoritario se considera un error fundamental. Especialmente cuando el agresor alega que está protegiendo a la minoría étnica de un estado vecino. El compromiso está así prohibido y solo se permite la victoria absoluta sobre una reencarnación del malvado dictador que pretende revisar las fronteras.

Tú Chamberlain, yo Churchill

Esta postura se ha convertido en un absoluto moral, un absoluto que se ve reforzado por su conexión indirecta con el holocausto. Cualquiera que piense de un modo diferente quedará anulado. Esta anulación se ve reforzada por el hecho de que los políticos marginados, como Trump y Orbán, son vistos como las reencarnaciones actuales de Chamberlain, marionetas de Putin, mientras que su némesis asume el papel de Churchill. En este sentido, no niego que la “posición churchilliana” tenga y haya tenido méritos, ni que existan paralelismos válidos. Sin embargo, sostengo que la realidad del estallido de la guerra en Ucrania guarda un gran parecido con los acontecimientos que condujeron a la Primera Guerra Mundial. 

En aquella ocasión, la chispa fue el asesinato del príncipe heredero de la monarquía austrohúngara en Sarajevo, la capital de Bosnia, en el verano de 1914. Un complejo y aparentemente insoluble conjunto de problemas condujo al asesinato en sí y desencadenó una serie de acontecimientos en los que no se llegó a ningún compromiso, ya que cada participante en el conflicto estaba impulsado por una mezcla de miedo, ambición imperial y nacionalismo.

Hacia los cañones de agosto

La monarquía austrohúngara temía el ascenso de Serbia y Rusia y, por prevención, ocupó Bosnia en 1878, a pesar de que no tenía ni reivindicación nacional ni histórica legítima sobre este territorio multiétnico, poblado en parte por serbios. Los serbios estaban impulsados por su afán de unir y reunificar a los serbios y a toda la nación sureslava bajo dominio serbio cuya búsqueda amenazaba la existencia de Austria-Hungría, con su numerosa población sureslava. Serbia, por su parte, contaba con el apoyo de Rusia, que pretendía controlar los Dardanelos y la Península balcánica poblada, en su mayoría, por eslavos ortodoxos. Además, el paneslavismo ruso amenazaba la existencia de Austria-Hungría con su numerosa población eslava.

Austria-Hungría contaba con el apoyo de Alemania, que temía la rápida aceleración del desarrollo industrial ruso y la pinza potencialmente mortal de la recién creada alianza ruso-francesa. Al mismo tiempo, las élites políticas y empresariales alemanas albergaban diversas ambiciones imperiales a costa de sus rivales.

A su vez, ni Francia ni Inglaterra podían permitirse la derrota de Rusia, ya que inclinaría la balanza de poder en Europa hacia Alemania y significaría una amenaza directa para sus propios vastos imperios.

Así, no es de extrañar que los historiadores sigan discutiendo hasta hoy sobre la proporción de la responsabilidad de las grandes potencias ante el estallido de la guerra, mientras que no se discute quién disparó los primeros tiros.

El fin de la belle epoque

La terrible guerra fue la gran catástrofe del viejo mundo. Puso fin al periodo de la belle epoque de Europa, caracterizada por el aumento de la riqueza, la democratización y una larga paz. Uno de los legados de esta guerra fue la insoportable tensión surgida a raíz de los tratados de paz unilaterales dictados por los vencedores que dieron lugar a un sentimiento generalizado de injusticia entre los perdedores.  La guerra fue la causa directa del ascenso del comunismo y el fascismo y, en consecuencia, de la aún más terrible Segunda Guerra Mundial.

El actual conflicto sobre Ucrania es, probablemente también, una de las últimas consecuencias de estas dos guerras mundiales interconectadas, de su violento legado y de los acuerdos de paz entre los vencedores que, una vez más, volvieron a trazar las fronteras internacionales sin tener en cuenta las tradiciones culturales y la composición étnica de su población ni sus deseos.

Causas inmediatas y causas mediatas

En el caso de la guerra en Ucrania, al igual que en 1914, no hay duda sobre quién disparó el primer tiro. Ucrania fue atacada por Rusia. Y punto. Sin embargo, las causas subyacentes son complejas, al igual que en 1914. En el antiguo territorio de un imperio soviético fallido surgió un peligroso campo de minas tras la formación de nuevos estados intensamente nacionalistas con cuestiones de nacionalidad sin resolver. Una parte de la población de Ucrania es rusa o tiene simpatías rusas, mientras que la otra parte es fervientemente ucraniana y alberga fuertes sentimientos antirrusos que se vieron reforzados por los horribles crímenes del régimen estalinista. Al igual que en el periodo previo a la Primera Guerra Mundial, Ucrania, dividida internamente, también se convirtió en un punto de ignición entre las ambiciones de las grandes potencias. 

Rusia pretendía mantener a Ucrania en su órbita y apoyaba las reivindicaciones de aquella parte de la población ucraniana concentrada, sobre todo, en las regiones orientales de Ucrania que albergaba simpatías rusas. Las potencias occidentales prestaron su apoyo a los ucranianos que buscaban la inclusión de su país en la OTAN y la UE, lo que también significaba el total alejamiento de la influencia rusa.

Lucha sin renuncias

Otra complicación es que la guerra ucraniana también está vinculada a las luchas entre Estados Unidos y China, ya que Rusia volvió sus ojos hacia Oriente a medida que se distanciaba de Occidente.  En este sentido, al igual que en el período previo a la Primera Guerra Mundial, existe un conflicto más amplio de fondo entre Estados Unidos y China.

La guerra continúa … La situación es trágica. Trágica la pérdida de vidas y la destrucción material. El gran desafío, sin embargo, llegará cuando las líneas defensivas sean traspasadas por uno u otro bando. En ese caso puede darse incluso el peor de los escenarios, dada la determinación y el profundo compromiso emocional de los beligerantes con sus propios objetivos bélicos. Lo que está en juego es si puede evitarse otro enfrentamiento militar de la magnitud de una guerra mundial entre las grandes potencias con armamento nuclear.

En la actualidad, ambos bandos mantienen sus objetivos bélicos máximos y, por tanto, no existe ninguna posibilidad de compromiso entre ellos. Para poner fin a esta horrenda sangría, cada una de las partes beligerantes debe realizar el duro trabajo interno de examinar su propia posición y buscar una solución que no solo satisfaga sus propias necesidades mínimas, sino que también represente un arreglo aceptable para la otra parte. A largo plazo, solo un compromiso aceptado como legítimo de alguna forma por ambas partes conducirá a una paz real.

Comercio y paz

Una de las condiciones de la paz real, en mi opinión, es la reconstrucción de las conexiones comerciales normales en el mundo. En los albores de la civilización industrial moderna, Adam Smith y otros pensadores pro-mercado esperaban que el libre comercio condujera a la paz universal, ya que el libre comercio haría innecesarias las guerras por la propiedad exclusiva de los recursos. De hecho, en el propio continente europeo, las grandes potencias europeas mantuvieron durante el siglo XIX una política de libre comercio casi perfecta que provocó, o al menos coincidió, con un periodo inusualmente pacífico en la historia del continente.

No es de extrañar que el ruso Ivan Bloch, y el inglés Norman Angell, justo antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, sostuvieran que el daño de una guerra sería tan grande que ningún político en su sano juicio se arriesgaría a ella. Ambos afirmaban que la guerra era una acción suicida, ya que la economía europea se había interconectado y la prosperidad de las naciones se basaba en un comercio libre casi sin fricciones entre sí.

Ludwig von Mises y Richard Overy

Tenemos que decir, en retrospectiva, que las mismas potencias europeas incumplieron esta idea smithiana del libre comercio al perseguir un implacable sueño colonizador y construir imperios coloniales cerrados. Sin duda, los planes de expansión imperial contrapuestos fueron una de las causas de las dos guerras mundiales entre las grandes potencias. Ludwig von Mises, en su libro El Gobierno Omnipotente, sostenía que una de las razones más importantes del estallido de las guerras mundiales fue el cambio de política económica en los años setenta para restringir el libre comercio e introducir aranceles industriales y económicos. A falta de libre comercio, Alemania, industrialmente avanzada pero escasa de materias primas, optó por lanzar guerras de agresión.

Richard Overy, en su libro Blood and Ruins,The Last Imperial War, llegó a una conclusión similar, identificando la Segunda Guerra Mundial como la última gran guerra imperial por el dominio de las colonias. Overy argumentó que las políticas arancelarias defensivas de las antiguas potencias coloniales forzaron el impulso colonial de los nuevos estados industriales emergentes, ya que Alemania, Italia y Japón llegaron a la conclusión de que sólo construyendo un imperio podrían asegurar su supervivencia nacional.

Si el comercio es realmente libre, no utilizará ni la fuerza ni la coerción, ni se basará en la construcción de imperios. Pero si el comercio, relativamente libre, se combina con la construcción de imperios y la coerción, surgirá el miedo y un sentimiento de injusticia y crecerá un fuerte impulso para extender la influencia más allá de las fronteras propias. Así pues, parece claro que el principio del libre comercio no es suficiente para alcanzar la paz. Se impone la necesidad de buscar una política de paz.

Friedrich von Wieser

Por lo tanto, es muy importante preguntar a cada gobierno no solo si cumple el requisito de mantener el libre comercio entre países, sino si está dispuesto a renunciar a las ambiciones imperiales y a la construcción de una esfera de influencias que lo beneficie.

Friedrich von Wieser, uno de los alumnos más importantes de Carl Menger, se dio cuenta de la importancia de la política en 1924, tras el final de la Primera Guerra Mundial. Wieser era miembro del gabinete de guerra austriaco, por lo que tenía experiencia de primera mano sobre el poder y las ambiciones. En su libro La ley del poder, sostenía que las consideraciones políticas prevalecían sobre las económicas y establece que la cuestión más importante para los políticos es el poder y su inmensa capacidad de manipulación. Por este motivo es fundamental plantear qué límites se deben poner al poder político. Para llegar a una situación de paz, más allá de abogar por un comercio lo menos friccionado posible entre naciones, tenemos que observar cuáles son las lecciones políticas de las horribles experiencias de las guerras europeas modernas.

El poder destructor de una guerra

En primer lugar, debe quedar claro que la guerra es la peor solución para los conflictos interestatales y los choques de poder. Las guerras modernas, libradas por ejércitos masivos con una potencia de fuego devastadora son tan destructivas para todos los beligerantes que hay que aprovechar cualquier oportunidad para evitar la guerra.

La disuasión es importante para defenderse de una posible agresión. Pero la disuasión solo debe utilizarse como medio de defensa y hay que tener el mayor cuidado posible para garantizar que otro país no se sienta amenazado por una potencia competidora. Una sensación de amenaza por parte de un vecino o de una ideología intolerable cercana puede provocar una histeria política que desemboque en una guerra. Lo mejor es que cada parte siga una política de moderación, tenga en cuenta los intereses de la otra y evite la histeria política, el odio personal o la ideología dogmática para no caer en el círculo vicioso del alarmismo y el miedo real.

Autonomía cultural y territorial en un Estado multicultural

Es especialmente importante abordar la cuestión de las aspiraciones nacionales contrapuestas dentro de un Estado. Ludwig von Mises concluyó, a partir de las lecciones de la desintegración de la monarquía austrohúngara, que la solución al problema de los nacionalismos en conflicto reside en la garantía de la autonomía cultural y territorial en el marco de un estado multinacional. En última instancia, un referéndum en un territorio determinado también es concebible si no hay otra forma de evitar la guerra civil.

Pero, incluso con los referendos hay que proceder con la máxima cautela y moderación. Eso es porque sabemos que la disolución de un marco estatal puede ser un caldo de cultivo para nuevos conflictos internos, ya que es muy probable que los nuevos estados que se creen en el lugar del estado multiétnico en disolución estén compuestos, a su vez, de conjunto de nacionalidades, y es probable que surjan inextricables antagonismos nacionales. 

Ninguna solución de poder puede sustituir el papel de la cooperación pacífica, la buena voluntad y la búsqueda de compromisos. Las élites políticas tienen la enorme responsabilidad de no manipular los sentimientos nacionales de la comunidad real o imaginaria en cuyo nombre actúan con fines políticos, sino de aplicar políticas moderadas y equilibradas. Podemos añadir que, salvo el engrandecimiento personal, el beneficio global se maximiza con una economía pacífica a favor del libre comercio y no con la especulación bélica.

Nuestra conclusión es que la mejor garantía de paz pasa por procurar el establecimiento de un comercio lo más libre posible y una política de moderación que incluya la renuncia a sueños imperiales y que se base en el ejercicio de la tolerancia y el compromiso.

Ver también

La interdependencia y el libre mercado, ¿amortiguan los conflictos internacionales? (George Youkhadar).

Fricciones europeas por la guerra de Ucrania. (José Antonio Díaz).

Algunas cuestiones disputadas del anarcocapitalismo (LXXXVII): sobre la guerra en Palestina

El historiador militar de la Universidad Hebrea de Jerusalen Martin van Creveld es célebre en círculos libertarios, aún sin serlo él del todo, por sus muy originales escritos sobre el ascenso y caída del estado moderno y por sus obras sobre la transformación de la guerra. Sin contar sus poco políticamente correctas obras sobre el feminismo, Sexo privilegiado, o sobre la cuestión de la igualdad. No me consta que ninguna de las grandes obras de Van Creveld esté traducida al castellano excepto su libro sobre Los abastecimientos en la guerra publicado por el Ministerio de defensa.

Martin van Creveld

La tesis principal de Martin van Creveld es que el estado nació a consecuencia de la guerra y que la transformación de la guerra lo transformará también a él hasta hacerlo desaparecer o mutar en otro tipo de forma política. Según afirma, los estados modernos están concebidos para defenderse o atacar a sus semejantes pero no están concebidos para otras formas de combate o para proteger a sus poblaciones de riesgos que no esten circunscritos a su espacio de  dominio. De la misma forma que no están bien concebidos para atender pandemias o riesgos existenciales, como el cambio climático (de serlo). tampoco se adecuarán a amenazas estas ya de corte militares que operen a otra escala o con otra forma.

Los ejemplos que ofrece el profesor Van Creveld son variados. La moderna piratería en el Índico es uno de ellos. No parece muy razonable enviar grandes buques de guerra para luchar contra piratas que se desplazan en pequeñas, pero muy veloces. El problema se solucionó en buena medida con la contratación de un par de soldados profesionales de las muchas empresas que existen al respecto, dotados de armamento automático perfectamente adaptado a este tipo de combate. Fue mucho más barato y eficaz dimensionar correctamente la fuerza defensiva a la naturaleza de la amenaza. Pero aquí se pudo comprobar la dificultad con la que los estados se enfrentan a nuevas amenazas. Y cómo tuvo que ser relevado de sus funciones por fuerzas privadas.

Las redes

Las modernas redes de terror en red sería otro excelente ejemplo de cómo evoluciona la guerra y de cómo los estados convencionales tienen dificultades para confrontarla. Redes del estilo de Al Qaeda, a pesar de que sus valores que defienden están muy anclados en el pasado, son el culmen de la modernidad organizativa en forma de guerras, como ya apuntó hace unos años John Gray en su célebre Al qaeda o lo que significa ser moderno.

Células de combatientes durmientes  en el interior del propio país, habitando en grandes ciudades ferales donde se pueden confundir con el resto de la población, coordinadas por medios telemáticos y que se activan o desactivan siguiendo instrucción de la jefatura del grupo son desafíos muy difíciles para un estado que está acostumbrado a combatir en frentes convencionales contra enemigos más o menos compactos. Los estados modernos  no pueden atacar o bombardear sus propios barrios por lo que estos activistas precisan de acciones quirúrgicas para ser neutralizados.

No sólo eso. El daño que un terrorista residente en el territorio del propio estado puede infligir es muy elevado en comparación con los costes que requieren sus atentados. Pensemos en los ataques en Francia hace unos años en los que poco más de una docena de terroristas, armados con armas ligeras de poco precio no sólo causaron más de un centenar de víctimas sino que paralizaron por unos días los transportes en todo el país, pues se cortaron autopistas y aeropuertos para poder neutralizar a los terroristas. Un atentado que costo unos miles de euros implicó costes de decenas de millones al estado y a los ciudadanos afectados.

Van Creveld: los estados no están preparados ante el terrorismo

Esto corrobora las teorías de Van Creveld según las cuales los estados modernos no están adecuados en forma y tamaño a los nuevos desafíos de seguridad. Es más, cuanto mayores son las dimensiones de un estado, en población y territorio, no sólo  el daño causado se multiplicará sino que le será más fácil a los grupos moverse y pasar desapercibidos.

Sin que pueda establecerse una ley general, el grupo atacante muy probablemente consiga más repercusión mediática y dañe más al estado atacando en Francia que en Islandia, usando iguales medios. También muy probablemente su libertad de movimiento sea mayor en el primer caso y su capacidad de detección y neutralización previa menor, pues habría que discutir donde es más fácil ocultarse si en un gran o pequeño estado y no digamos en una comunidad privada. Podrían darse pequeños estados proclives al terrorismo o incluso comunidades privadas, pero dudo que los demás tuviesen buenas relaciones con ellos o facilitasen su movimiento fuera de sus fronteras.

El atentado de Hamas

Volviendo al tema del análisis, lo cierto es que un grupo terrorista Hamas, llevó a cabo un atentado de gran crueldad y de una dimensión poco conocida en este tipo de actuaciones. No sólo el número de fallecidos es relevante sino también la forma en que se produjeron los asesinatos, que parece ser pensada para aterrorizar (fuentes de inteligencia han afirmado que los atacantes tenían instrucciones previas sobre la forma de  actuar, aunque las fuentes de Hamas lo desmienten).

Desde luego iban dotados de cámaras personales. Compartieron rápidamente el contenido de sus crímenes en las redes sociales. Se asemeja a la forma de funcionar del Daesh que guionizaba sus ejecuciones y luego las grababa haciendo alarde de grandes medios técnicos. Las llevaba a cabo usando cuchillos y con gran efusión de sangre. No buscaban aterrorizar por el número de ejecutados sino por la forma en la que lo hacían pensada para atemorizar a una población occidental que tiene aversión a la visión de sangre y a formas pretecnológicas y manuales de ejecución.

Este uso de la psicología les dió muchos réditos en cuanto a difusión de su causa. Intuyo que los terroristas de Hamas han aprendido de estas técnicas y buscaron la difusión global de sus crímenes, pensado más bien cara el exterior que hacia el interior. Recordemos que hasta hace poco este tipo de crímenes eran negados por sus autores culpando a la propaganda del enemigo y buscando confundir en cuanto al número de bajas. Recordemos el caso de Srbenica en la guerra de los Balcanes. En cambio ahora lo que se busca es exhibir la barbarie, muy probablemente como arma de guerra psicologica.

La estrategia de Hamas

A todos los efectos, como han manifestado varios especialistas en asuntos militares, se trataba de una provocación para condicionar la respuesta de Israel. Israel se involucró en una guerra de destrucción de los terroristas de Hamás en Gaza. Supongo que con la intención de romper los incipientes tratados de paz que Israel había comenzado a establcer con algunos países árabes, objetivo que los de Hamás consiguieron de momento, aunque no del todo.

Como vimos los ejércitos modernos no están bien dimensionados para el combate con estos tipos de grupos. Cuando se destruye a los terroristas, que además se camuflan en medio de la población civil, y combate en ocasiones sin uniforme y mezclándose después entre ella, tienen casi forzosamente que dañar infraestructuras civiles. También por desgracia acaban con muchos inocentes. No es ya que tengan que aguantar el dominio dictatorial de Hamas. Además, tienen que morir o resultar heridos, además de arruinados, por su culpa.

La posición de fuerza de Israel

Martin van Creveld, a pesar de son ser ni mucho menos un halcón, quiere a su pueblo. Por lo que escribe entiendo que le gustaría ver ganar la guerra a su país. Pero quiere que la gane no que se desangre en el proceso y por eso es cauto a la hora de afrontarla, pues una victoria que debilitase a su país en el proceso no sería buena para el país a medio y largo plazo.

De ahí que advierta sobre los riesgos de confrontaciones de este tipo y reclame una modulación de la respuesta. Digo victoria porque es indudable que la va a ganar. Y no sólo por la superioridad militar del ejército hebreo sobre una fuerza guerrillera, sino porque precisamente este tipo de guerra en condiciones modernas requiere del suministro constante de armamento y munición. Este suministro no puede mantenerse en una Gaza bloqueada por completo. Por lo tanto durará lo que le duren las reservas de material a los milicianos palestinos. De tener acceso a material de guerra no cabe duda de la que  el conflicto no sólo duraría mucho más sino que sería enormemente gravoso para la sociedad y la economía de Israel.

Diplomacia estadounidense

La guerra asimétrica no se trata tanto de victorias militares como de los costes en vidas y económicos que se le pueden infligir a la economía ya la moral de la población, y dado que la capacidad de sufrimiento de poblaciones occidentalizadas es mucho menor que la de sus rivales esta podría ser una de las principales causas de que las fuerzas regulares del estado israelí  no pudiera  conseguir sus objetivos últimos. De ahi que las milicias islamistas busquen abrir nuevos frentes al conflicto. Puede ser en el Líbano, en Siria, con la implicación abierta de Irán o otras ejércitos de la zona como los huthies del Yemen.

De momento parece que estas estragias no están teniendo éxito pues la diplomacia norteamericana parfece haber actuado para evitar la apertura de esos nuevos frentes y salvo que Israel cometa algún error grave de estrategia es muy improbable que se involucren de lleno en el conflicto más allá del uso de una retórica incendiaria.

El frente de la opinión pública

En el ámbito de la opinión pública tanto interna en Israel como mundial, tampoco parece que, salvo algunos países árabes y latinoamericanos que han roto relaciones, se de una internacionalización del conflicto que presione a Israel en su campaña. Recordemos que las nuevas guerras asimétricas hacen uso también de la debilidad relativa de unos de los contendientes para posicionar a la opinión pública a su favor. En este caso no se ha dado un viraje masivo, salvo repito algún error de Israel. La victoria militar de este aparece a día de hoy clara por los factores antes apuntados, pero sólo falta ver a que coste y comprobar en que medida las teorías de Van Creveld se cumplen o no.

El problema vendrá después y aunque es pronto para anticiparlo derivará con el destino futuro de la franja y de su población. Las intervenciones militares, con razón o sin ella , son intervenciones estatales y acostumbran a tener consecuencias inesperadas donde menos s elo espera. Esperemos que acabe pronto el conflicto y con la menor cantidad de sufrimiento posible.

Ver también

El día más negro de Israel. (David Goldman).

Israel, o la lucha contra la infamia. (Carlos Alberto Montaner).

El día más negro de Israel

David P. Goldman. Este artículo fue publicado originalmente en Law & Liberty.

Más de 1.000 israelíes murieron a manos de terroristas de Hamás el 7 de octubre, con diferencia el peor día de la historia de Israel, aproximadamente el triple que el día más sangriento de la Guerra de Yom Kippur de 1973. El ejército y la sociedad civil israelíes se vieron sorprendidos y respondieron con lentitud e ineficacia. El ataque de Hamás puso al descubierto profundos fallos en las capacidades tácticas de Israel, así como en su perspectiva estratégica. La existencia de Israel depende de la rápida corrección de estos fallos.

Fallo de inteligencia

El término “fallo de inteligencia” se convirtió en un cliché de la noche a la mañana. Hamás empleó ataques con drones emulando las tácticas empleadas con éxito por ambos bandos en la guerra de Ucrania durante casi dos años, destruyendo puestos de observación israelíes y al menos un carro de combate principal Merkava IV israelí lanzando granadas desde drones baratos. Israel introdujo los aviones teledirigidos en la guerra en el teatro de operaciones sirio en 1983 durante el llamado tiroteo del pavo en el valle de Beqaa, y su fracaso a la hora de adoptar contramedidas electrónicas ampliamente desplegadas en Ucrania implica una ventaja técnica fallida.

A pesar de las advertencias sobre la vulnerabilidad de la barrera de Gaza de algunos analistas de inteligencia militar israelíes, los combatientes de Hamás condujeron una excavadora a través de la valla de Gaza y cientos de asesinos de Hamás -cuyo número aún se desconoce- entraron en Israel en vehículos motorizados. Sabemos esto por los vídeos difundidos por la propia Hamás; no sabemos si la organización terrorista utilizó medidas de seguridad de las comunicaciones más sofisticadas para eludir la detección israelí.

La inteligencia de Hamás

Sin embargo, los detalles del fallo táctico de inteligencia importan menos que el autoengaño israelí. El gobierno de Netanyahu pensó que tenía todas las bases estratégicas cubiertas y que podía sobornar a Hamás para que se mantuviera al margen mientras negociaba relaciones diplomáticas con Arabia Saudí. Se adormeció en una bruma complaciente que ocultó los elementos recalcitrantes del mundo antiguo que se oponían al impulso modernizador de los Acuerdos de Abraham.

Como escribió Edward Luttwak en la revista Tablet, Hamás engañó a Israel proporcionándole información sobre los ataques con cohetes de su rival chií la Yihad Islámica. “Israel no tardó en corresponder al alto el fuego de facto de Hamás permitiendo que miles de gazatíes trabajaran en Israel: primero 17.000, luego 20.000, con la posibilidad de que fueran muchos más. Sus ingresos estaban cambiando la vida de 100.000 familiares, con la posibilidad de beneficios aún mayores. Lo que estaba ocurriendo sobre el terreno parecía abrir un camino hacia la tranquilidad para Israel y cierto grado de prosperidad para Gaza”.

El papel de Qatar

Mientras tanto, el gobierno de Netanyahu seguía animando a Qatar a financiar a Hamás. En 2020, el jefe del Mosad viajó en secreto a Doha para instar a Qatar a continuar con la financiación, que ascendió a más de 1.000 millones de dólares entre 2012 y 2020. El estado del Golfo Pérsico, el único partidario de la Hermandad Musulmana entre los Estados del Golfo, siguió enviando a Hamás 30 millones de dólares al mes, como observó Daniel Pipes el 8 de octubre en el Wall Street Journal. Qatar propone ahora mediar en un intercambio de prisioneros entre Hamás e Israel, como informó Reuters el 9 de octubre.

Qatar es un importante aliado de Estados Unidos fuera de la OTAN y el emplazamiento de su mayor base aérea extranjera en Al Udeid, que es también el cuartel general avanzado del Mando Central estadounidense (Centcom). Cuando el Centcom asumió la responsabilidad de la relación militar de Estados Unidos con Israel, en sustitución del Mando Europeo, las IDF creyeron que la inteligencia militar estadounidense les cubría las espaldas en la región. El atentado de Hamás fue también una humillación para la inteligencia estadounidense, con su insuperable capacidad de vigilancia electrónica. Hamás es, formalmente hablando, simplemente la rama palestina de los Hermanos Musulmanes, y la familia real qatarí ha sido el principal patrocinador de los Hermanos Musulmanes durante décadas.

Judíos expulsados del norte de África

Algunos medios de comunicación afirman que Irán ayudó a planear los atentados con Hamás. Irán es el principal proveedor de armas de Hamás, y los informes son creíbles. Puede que no sepamos pronto, si es que alguna vez lo sabemos, cómo se entrecruzaron y divergieron exactamente las políticas sectarias del islam radical entre el yihadismo suní encarnado en la Hermandad y el yihadismo chií patrocinado por Irán. Lo que el desastre de Gaza deja claro es que ni la inteligencia israelí ni la estadounidense comprendieron a la oposición. La Administración Biden cortejó a los iraníes con un rescate en efectivo de 6.000 millones de dólares por los rehenes estadounidenses, mientras que los qataríes financiaban a Hamás como si nada ante las narices de los militares estadounidenses.

Sobre todo, Israel malinterpretó completamente las implicaciones de las relaciones diplomáticas con Arabia Saudí para los palestinos. Ningún árabe se llamaba palestino antes de que Israel declarara su independencia en 1948. Cinco ejércitos árabes invadieron Israel con la intención de exterminar al recién nacido Estado judío. Unos 800.000 árabes huyeron o fueron expulsados del territorio judío en el transcurso de la guerra.

Poco después, unos 800.000 judíos fueron expulsados del norte de África, Irak e Irán. Los judíos de Irak y Persia, cuyos antepasados habían vivido allí desde el Primer Exilio en 586 a.C., se marcharon con lo puesto, junto con los descendientes de los judíos españoles expulsados en 1492. Israel los absorbió, y su población judía pasó de 630.000 en 1948 a 1,59 millones en 1955. Los Estados árabes se negaron a absorber a los 800.000 refugiados de la guerra de 1948 e insistieron en segregarlos como refugiados que debían regresar a Palestina tras la destrucción del Estado judío.

Palestinos

Los palestinos son el único grupo de población del mundo para el que el estatuto de refugiado es hereditario. El millón de griegos que habían vivido en Asia Menor durante 3.000 años fueron expulsados en 1922 y se convirtieron en ciudadanos de Grecia; los 3 millones de alemanes de los Sudetes que habían vivido en Bohemia durante siglos fueron expulsados en 1945 y se convirtieron en alemanes; el casi millón de judíos expulsados de países musulmanes después de 1948 se convirtieron en israelíes.

Excepcionalmente, los palestinos siguieron siendo refugiados por dispensa especial de las Naciones Unidas, con una agencia de la ONU separada para atenderlos.

Aproximadamente la mitad de los árabes que vivían en Palestina antes de la declaración del Estado judío eran emigrantes económicos que llegaron cuando los sionistas empezaron a reconstruir el país. No eran una nación, sino sólo rehenes de la negativa de los Estados árabes a aceptar la existencia de Israel. Del mismo modo, las relaciones diplomáticas entre Israel y el mundo árabe, y sobre todo con Arabia Saudí, guardián de los lugares más sagrados del Islam, eliminarían la razón de ser del estatuto de refugiado palestino. En efecto, los palestinos serían simplemente árabes sin Estado.

Los límites de la diplomacia económica

El ataque de Hamás contra Israel ha provocado una respuesta que costará muchas vidas árabes. En privado, los Emiratos Árabes Unidos (que mantiene relaciones diplomáticas con Israel) y los saudíes esperan que Israel destruya a Hamás. Los Hermanos Musulmanes son el enemigo mortal de las monarquías del Golfo, un partido totalitario moderno con credenciales islamistas que representa la mayor amenaza para el control del poder por parte de las monarquías. Públicamente, los saudíes no pueden mantener relaciones diplomáticas con Israel mientras haya árabes muriendo a manos de las FDI. Por el momento, la prórroga de los Acuerdos de Abraham está fuera de la agenda y, en ese sentido, la operación de Hamás debe considerarse un gran éxito.

Israel creyó que podía comprar a los árabes palestinos con beneficios económicos. Esto funcionó hasta cierto punto en Cisjordania. El PIB per cápita en Gaza era de sólo 3.664 dólares en 2021. Pero en las provincias cisjordanas de Judea y Samaria, donde Israel mantiene el control último, la renta per cápita era casi el doble, de 6.245 dólares. Esta cifra contrasta con los 3.019 dólares de Egipto, los 4.405 dólares de Jordania y los 4.208 dólares de Túnez.

Fuera de los países productores de petróleo, los residentes en Cisjordania son los árabes más ricos, mejor educados y más sanos del mundo, con 132.000 estudiantes universitarios. En el propio Israel, los árabes israelíes constituyen el 17% de la población estudiantil universitaria, casi la misma proporción que los árabes en la población general (21%). Pero los palestinos -como muchos otros pueblos- se niegan a ser disueltos en la sopa insípida de la modernidad.

La vulnerabilidad de Occidente

Hamás escenificó escenas de horror que no se veían en los países occidentales desde la Segunda Guerra Mundial: la exhibición del cuerpo desnudo de un turista alemán asesinado en la parte trasera de una camioneta de Gaza, el asesinato aleatorio de niños pequeños y ancianos, la violación de niñas, la profanación de cadáveres. Se trata de un instrumento de guerra deliberado, no de una mera erupción de rabia precivilizatoria.

Justo después de los atentados del 11-S, advertí de que el islam radical esgrimía un arma mortal contra Occidente que aún podría arruinarnos:

La gran vulnerabilidad de la mente occidental es el horror. Los nazis lo comprendieron y aplicaron una política de “des Schreckens” (causar horror) y “Entsetzens” (terror; literalmente, desalojo). El horror no era un mero instrumento de guerra en el sentido tradicional, sino una forma de teatro wagneriano, o guerra psicológica a gran escala. La ventaja táctica de Hitler residía en su capacidad para ser más horrible de lo que sus oponentes podían imaginar. Lo más horrible de todo es que bien podría haber triunfado de no ser por su propia propensión megalómana a extralimitarse.

Estados Unidos, como se burlaba Osama bin Laden esta semana, perdió en Vietnam. Pero no fueron los reveses militares, sino las horribles imágenes de civiles vietnamitas quemados por el napalm, lo que hizo perder la guerra. La experiencia de Estados Unidos en la guerra está consagrada en la cultura popular en la película Apocalypse Now, inspirada en el relato de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas. El funcionario de la compañía comercial belga, Paul Kurtz, se hunde en la bestialidad y muere con estas palabras: “¡El horror! El horror”. Era una película espantosa, pero una referencia inteligente. Al término de la Primera Guerra Mundial, T. S. Eliot subtituló su epitafio de la civilización occidental, Los hombres huecos, con una cita del relato de Conrad: “El Sr. Kurtz, ha muerto”.

Una decadencia militar

La actual generación de israelíes se ha vuelto blanda y complaciente. Su juventud no ha sido llamada a luchar desde que sus abuelos hicieron el servicio militar. Israel no ha librado una guerra terrestre desde el Líbano en 1982, y ningún oficial en activo de las IDF tiene experiencia de combate. El coronel (retirado) Eran Lerman observó esta semana:

Las IDF, que antaño eran un ejército bien entrenado y relativamente grande basado en sus formaciones blindadas de reserva, se han vuelto mucho más pequeñas, menos disciplinadas, menos entrenadas (ya que rara vez se llama a filas a los reservistas), mal preparadas para la guerra terrestre y las maniobras, y demasiado dependientes de los ataques aéreos, las municiones de precisión y la inteligencia altamente específica. Como resultado, había poco que pudiera compensar la falta de inteligencia el 7 de octubre.

El desorden civil que asoló Israel este año a causa de la reforma judicial también indica una debilidad en el tejido de la sociedad israelí. Esto alcanzó a las fuerzas armadas. Cientos de reservistas de las Fuerzas Aéreas declararon el pasado julio que no se presentarían a filas para protestar contra las reformas. Esta ruptura de la disciplina no tiene precedentes en un país en el que la tasa de presentación de los reservistas superaba anteriormente el 100% (algunos reservistas jubilados se presentaron aunque no estaban obligados a hacerlo). El deseo de los israelíes laicos de ser un país normal cuya actividad principal sea la búsqueda de la realización individual, en lugar de un Estado judío, contrasta terriblemente con el asesinato en masa de israelíes por el mero hecho de ser judíos.

El gran salto tecnológico de Irán

El objetivo a largo plazo de Hamás y otros yihadistas es hacer que Israel sea inhabitable para un gran número de sus ciudadanos, especialmente los jóvenes y seculares tecno-cognoscentes que podrían trabajar con la misma facilidad en Berlín, Budapest o Brooklyn. El terrorismo eleva el nivel de sacrificio necesario para mantener el Estado judío por encima del nivel de tolerancia de muchos ciudadanos israelíes. No está claro si los israelíes se unirán en torno al proyecto de un Estado judío y de qué manera lo harán.

Los analistas israelíes llevan tiempo advirtiendo de que la ventaja tecnológica del país sobre Irán se estaba esfumando. En 2015, el jefe de inteligencia militar Herzl Halevi advirtió: “Si me preguntas si tendremos una guerra con Irán en los próximos 10 años, te daré una respuesta sorprendente: Ya estamos en guerra con Irán”, dijo Halevi. “Estamos teniendo una guerra tecnológica con Irán. Nuestros ingenieros están luchando contra los ingenieros iraníes, hoy en día, y cada vez es más significativo. Hoy tenemos ventaja. Irán se está acercando”. Desde la revolución de 1979, el número de universidades y estudiantes universitarios en Irán se ha multiplicado por veinte, frente a las tres veces y media de Israel.” La supervivencia de Israel puede depender de si su industria de alta tecnología prefiere diseñar dispositivos de interferencia para drones o aplicaciones de citas para el mercado estadounidense.

Las opciones de Israel a corto plazo son limitadas

Para desarraigar a Hamás de Gaza sería necesaria una incursión terrestre con un alto coste. No está claro hasta qué punto prevalecerá la ventaja tecnológica histórica de Israel. La guerra de Ucrania ha producido numerosas innovaciones en la guerra antitanque, incluido el uso de drones para destruir tanques. Hamás difundió un vídeo de un dron inutilizando un carro de combate principal israelí con una granada de la década de 1980. Rusia ha desarrollado eficaces herramientas de interferencia para inutilizar drones. Se desconoce si Israel dispone de una tecnología similar. La capacidad de Israel para organizar una operación terrestre en Gaza depende de factores sobre los que no se dispone de información. Los ataques aéreos son ineficaces contra un enemigo que ha tenido dieciséis años para construir túneles profundos.

Israel teme con razón una guerra en dos frentes, a saber, con Hamás en el sur y con Hezbolá en el norte. Hezbolá tiene entre 40.000 y 150.000 misiles, incluidos algunos sofisticados misiles maniobrables que la defensa antiaérea israelí Cúpula de Hierro no puede contrarrestar. Los misiles están en gran medida emplazados en poblaciones civiles. Para derrotar una andanada de misiles de Hezbolá, Israel tendría que atacar lanzaderas en zonas civiles densamente pobladas, con muchos miles de civiles muertos. Hezbolá es tanto una milicia local libanesa como un instrumento de la política iraní. Probablemente no lanzará un ataque contra Israel a menos que Israel ataque a Irán, lo que da a Israel una muy buena razón para dejar a Irán fuera de la guerra en un futuro previsible.

La leve capa de la modernidad

Por el momento, Israel mantendrá Gaza sitiada. Tiene un periodo de gracia debido a la repulsa del mundo hacia Hamás, pero esto no durará para siempre. A medida que en las próximas semanas circulen imágenes de gazatíes hambrientos, el sentimiento mundial volverá a volverse contra los israelíes. Si Israel no puede asestar un golpe mortal a Hamás sobre el terreno durante las próximas semanas, su posición estratégica quedará debilitada de forma permanente.

Los terribles sucesos de los últimos días dejan claro que los impulsos existenciales del mundo antiguo no pueden borrarse con la brocha suave de la modernidad, algo que ya aprendieron los serbios de Kosovo, los armenios de Nagorno-Karabaj y los ucranianos de Donetsk, Luhansk y Kherson. El siglo XX resolvió sus guerras étnicas mediante traslados de población, algunos ordenados, otros horribles. El conflicto árabe-israelí debería haberse resuelto a finales de la década de 1940 con una transferencia de poblaciones aproximadamente iguales. Los Estados árabes abortaron la transferencia encarcelando a 800.000 palestinos como refugiados permanentes e incubaron un monstruo.

Los dos Estados no son la solución

No habrá una solución de dos Estados en Israel; después de que Hamás indujera a los israelíes a la complacencia y luego cometiera actos horribles que recuerdan al Holocausto, Israel no tolerará, ni debería tolerar, la creación de un Estado palestino. De un modo u otro, el intercambio de población de 1948 se completará en algún momento de los próximos años. O bien Israel destruirá a Hamás y la población de Gaza disminuirá con el tiempo debido a la emigración, o bien un gran número de israelíes considerarán que el coste de una política judía es demasiado elevado y se marcharán a Europa o Estados Unidos. Esto puede parecer cruel, pero si los acontecimientos de los últimos días nos han enseñado algo, es que los monstruos del mundo antiguo todavía caminan a la luz del día, y no serán desterrados por las anodinas declaraciones de los diplomáticos.

Ver también

Israel es culpable. (Ramón Audet).

Israel, o la lucha contra la infamia. (Carlos Alberto Montaner).

Jerusalén, capital eterna del pueblo judío. (José Carlos Rodríguez).

La interdependencia y el libre mercado, ¿amortiguan los conflictos internacionales?

Los académicos suelen conceptualizar a un orden internacional, como un conjunto de reglas e instituciones que guían el comportamiento de los estados-naciones, principalmente. También al resto de actores no gubernamentales, sean empresas multinacionales, grupos ecológicos o actores políticos, entre otros, que gravitan sobre la dinámica misma del orden en cuestión. En este orden, ¿amortigua el comercio los conflictos internacionales?

Interdependencia y conflictos

Definido lo que grosso modo entenderemos como un orden internacional, valdría la pena destacar, lo que ha sido una suposición teórica e histórica de algunos defensores del libre mercado global de bienes y servicios. Según ésta, los altos niveles de interdependencia económica en sus vertientes comerciales y financieras, conllevan indefectiblemente a los Estados-naciones a reducir sus niveles de conflictividad. Esto puede ser a través de las negociaciones o resolución de sus conflictos por medio de instituciones previamente establecidas o acordadas entre el conjunto de países en cuestión, o a través de negociaciones directas.

Sobre estas premisas han sido, a grandes rasgos, los fundamentos sobre lo que se ha sustentado el Orden Liberal Internacional. La caída del muro de Berlín ha reforzado esas premisas. Hecho históricamente emblemático, que marcó “el fin de la guerra fría y el inicio de una nueva era para la humanidad”. Y Según las cuales el mundo iba a converger de manera casi inevitable a un orden internacional más democrático, donde los principios del libre mercado, fundamentados en la creciente globalización económica, y la democratización de las naciones, iban a hacer sus bases fundamentales.

Crear intereses comunes

Una de las presuposiciones básicas de estas visiones ha sido que la interdependencia, más allá de crear ciertos niveles de vulnerabilidad o exposición a los vaivenes de los mercados globales, había conformado un entramado de intereses y beneficios comunes de índole económica y principalmente comercial, donde el juego ha sido en mayor o menor grado de ganar-ganar y no, de suma-cero, entre los principales actores políticos y económicos globales.  

Es indudable que los fundamento teóricos y hasta empíricos en los cuales se ha sustentado los principios del libre mercado mundial, y sus consiguientes aportes al crecimiento económico global de los últimos 40 años, de los cuales hemos sido defensores, han servido dentro de algunos contextos históricos y políticos como un factor amortiguador de ciertos conflictos de orden geopolíticos principalmente.

Desorden global

No obstante, cuando el juego de equilibrio de poder geopolítico y económico se produce entre estados-naciones con regímenes políticos de diferente naturaleza, con valores y pretensiones políticas disímiles, aunque los mismos compartan ciertos intereses económicos comunes, como lo ha sido el caso de los Estados Unidos y sus aliados europeos y asiáticos, frente al creciente poderío económico de la China comunista principalmente. 

Los imperativos de orden geopolíticos y geoeconómicos, sustentados en principios de lo que las élites político-militares empiezan a percibir como un problema de seguridad nacional, son los que han solido imperar a la hora de comenzar a delinear las decisiones frente al surgimiento de un nuevo orden económico global. Para los efectos de lo antes expuestos, es pertinente citar al hoy en día ex-secretario de Defensa de los EEUU, James Mattis y el cual aseveró:

Nos enfrentamos a un creciente desorden global, caracterizado por el declive del antiguo orden internacional basado en normas. Donde la competencia estratégica interestatal, y no el terrorismo, es ahora la principal preocupación en la seguridad nacional de EE.UU.

Secretary of Defense James Mattis, “Summary of the 2018 National Defense Strategy of the United States of America” (Washington, D.C.: Department of Defense, 2018), p. 1.

Un nuevo orden

De la cita del hoy ex-secretario de Defensa estadounidense, se puede fácilmente inferir, que la interdependencia económica global no ha tenido el efecto amortiguador frente a los conflictos internacionales actuales, sino que demuestra que son los imperativos de índole estratégicos basados en lo que serían las nuevas amenazas a la seguridad nacional de los actores en cuestión y sus pretensiones geopolíticas y geoeconómicas los que marcaran la transfiguración del actual orden económico y político global.

Mas cuando se ha comenzado a emplear en el actual contexto internacional, la geoeconomía como un arma de lucha geopolítica, (véanse las guerras tarifarías y de políticas de nearshoring entre los Estados Unidos, y la Unión Europea, principalmente, frente a China, y la guerra de Ucrania y Rusia), pues al margen del alto grado de interdependencia económica existente entre estos Estados, han comenzado a percibirse, en mayor o menor medida, como enemigos existenciales.

Lo que ha colocado en entredicho la tesis antes expuesta, sobre el hipotético rol de amortiguación que la interdependencia económica como efecto subyacente de la libre movilidad de los factores de producción y servicios a escala global dentro del marco de la globalización económica, ha debido de tener en el actual escenario económico y político mundial. El cual está marcando un punto de inflexión en el nacimiento de un nuevo orden geopolítico y económico internacional, con sus consiguientes costos económicos para la población mundial.

¿Por qué resiste Ucrania? Por sus instituciones descentralizadas

Publicado originalmente en Disidentia.

Cumplido el primer aniversario de la invasión de Ucrania por Rusia, el país asaltado resiste. No es esto lo previsible. El presupuesto del estado euroasiático es un múltiplo del de Ucrania. Y su disposición a convertir a sus ciudadanos, especialmente a los díscolos, en carne de cañón, no conoce el adversativo. Y tiene reservas de carne casi sin límite: cerca de 68 millones de hombres; más que toda la población de Ucrania.

La economía de Rusia es más pequeña que la de Canadá o Italia, pero su Estado está dispuesto a destinar cantidades mucho mayores que la de estos países al ámbito militar. Más que dobla el presupuesto ucraniano. Rusia se llevó todo el arsenal nuclear soviético, que precisamente estaba en Ucrania. Pero este es un elemento que sólo tangencialmente tiene relación con lo que se plantea aquí.

Porque la cuestión es ¿por qué? O, más bien, ¿cómo? ¿Cómo ha hecho Ucrania para resistir el zarpazo del oso ruso, con una superioridad tan abrumadora?

Una posible explicación es la ayuda que ha recibido Ucrania procedente del exterior. Pero Ucrania sigue sin acercarse al volumen de hombres y armamento de su inamistosa vecina, a pesar de todos los medios prestados por las democracias occidentales. Y, en cualquier caso, la llegada de armamento y ayuda ha sido paulatina, y no se produjo en los primeros instantes, cuando se produjo la ofensiva, que es cuando la resistencia de Ucrania abrió los ojos al mundo. También se ha querido explicar la incapacidad de Rusia de hacer valer su superioridad militar en la rampante corrupción de sus instituciones, y en particular de su Ejército. Pero a este respecto, Ucrania no puede ofrecer una ventaja.

Cuatro autores han recurrido a una explicación diferente, y que podría ser más convincente de las que se han dado hasta ahora. Yahya Alshamy, Christopher J. Coyne, Nathan P. Goodman y Garrett Wood se han fijado en la estructura institucional ucraniana. Fruto de su investigación es su artículo conjunto Polycentric defense Ukraine style: explaining ukrainan resilience against invasion.

El estudio del policentrismo en las instituciones, y de su poder para dar una mejor respuesta que la preeminencia o exclusividad de una institución centralizada, lleva haciéndose un tiempo. Pero su aplicación a la defensa es relativamente escasa, dicen los autores.

El Maidán, la revuelta nacionalista, europeísta y anti rusa de 2014, dio paso a varias reformas del país de gran calado. Una afecta al Ejército ruso, y es pertinente que la recordemos aquí (no lo hace el artículo). El Ejército de los Estados Unidos ha estado adiestrando al ucraniano, que antes de ello era una réplica del de Moscú, como una muñeca de madera, ucraniana en este caso, dentro de otra muñeca igual, rusa. No sólo ha formado a mandos y tropa, sino que les ha transmitido tácticas y estrategias modernas, y ha transformado por completo sus doctrinas. Sin duda, una parte de la explicación de la resistencia ucraniana se apoya en esta realidad.

La incapacidad del Ejército ucraniano de defenderse del ruso en 2014 se debió en parte a que la corrupción lo había convertido en una burocracia especialmente inoperante. Entonces, el sistema político ucraniano decidió descentralizar al Ejército; acabar con su carácter centralista, y recalar en las instituciones regionales y locales. Un dislate, si lo miramos desde un punto de vista tradicional.

Pero esto fue lo que se hizo. La llamada democracia ucraniana era una elección, sí, entre bandas criminales que aprovechaban unas instituciones centrales corruptas para enriquecerse y hacer lo mismo con las fuerzas que les apoyaban. En fin, era como cualquier otra democracia, pero en un grado sumo. ¿Era Ucrania, pues, el summum de la democracia? Lo dejo ahí y salgo corriendo ligero, porque es otra la cuestión que debemos atender.

De modo que no se podía confiar en el gobierno central. Por eso se introdujeron cambios. Se permitió descentralizar tanto las finanzas del Ejército como la organización y la reclutación de sus fuerzas. Los gobiernos locales (hromodas) eran más transparentes y responsables que el gobierno central. Esta localización del poder no ocurrió sólo con el Ejército.

Se realizó sobre órganos de autogobierno, más participativos, que favorecieron la creación de redes comunitarias. Se estrecharon los lazos con los vecinos y con el territorio. Además, las instituciones locales, y ocurre lo mismo con los batallones locales, se han sometido a las normas de control de la corrupción. Esto es importante, porque ha permitido que la confianza de la población local, y en consecuencia su disposición a aportar medios, sea mayor.

Sobre esa base, se crearon batallones de voluntarios que recibían una formación militar. Esos batallones tenían distintos tamaños. Pero diferían entre sí también en otros aspectos importantes, como su equipación militar, su estructura organizativa, sus tácticas, o su financiación. “Los batallones de voluntarios se formaron por diversas razones. Algunos se formaron para defender ciudades concretas, como Dnipro, Kviy y Kherson. Algunos se formaron para llevar a cabo una guerra de guerrillas como forma de venganza contra Rusia, como fue el caso de los batallones chechenos proucranianos. Otros se formaron en torno a individuos que buscaban hacer carrera política, y muchos se formaron en torno a ideologías políticas y religiosas distintas, como el etnonacionalismo o el cristianismo”, señalan los autores. Se da la circunstancia de que se ha creado una auténtica competencia entre líderes y grupos por organizar batallones más efectivos o mejor preparados que los demás.

Es una realidad militar muy abigarrada, pero no es del todo un sálvese quien pueda. Para formar parte del Ejército ucraniano, necesitan estar aprobados por el gobierno central. Éste les provee de medios logísticos y militares, de modo que hay un control político, incluso operativo, aunque no sea completo.

De hecho, en enero de 2022 el gobierno creó la Ley de Fundamentos de la Resistencia Nacional, que define las Fuerzas de Defensa Territorial (FDT) como una rama de las fuerzas ucranianas, e incluye a los batallones locales en esas FDT.

De modo que no es una sarta de ejércitos de Pancho Villa, pero tampoco es una organización al servicio de unos políticos dedicados a perfeccionar el pillaje. ¿Qué ventajas ha tenido esta estructura institucional en gran parte policéntrica?

Lo que señalan los autores es la primera de las ventajas es el uso del conocimiento local, o su coordinación. Como no hay que transmitir la información a un órgano central, en ocasiones alejado del terreno, y como quienes dan las órdenes participan del conocimiento del terreno y de las circunstancias de la guerra, las decisiones se toman de forma más ágil. El artículo cita la capacidad de los batallones del Donbás de adoptar medidas más rápidas y certeras que las del Ejército ucraniano en la defensa del territorio.

Según cuentan los autores, “ante la falta de dirección y recursos centralizados, los voluntarios de estos batallones empezaron a dirigir sus propias actividades y a buscar sus propios recursos. Se autoorganizaron en grupos separados para establecer puestos de control, patrullar, realizar escaramuzas y explorar, cubriendo las lagunas dejadas por el ejército ucraniano. Para superar la falta de armas y municiones suministradas por el gobierno ucraniano, recurrieron a armas de propiedad o fabricación privada y a armas capturadas a soldados rusos, dependiendo de lo que estuviera disponible localmente para los grupos autoseleccionados”.  Por otro lado, y contrariamente a lo que cabría pensar, hay una coordinación entre los distintos grupos, que están en comunicación.

Los donantes pueden elegir no sólo con qué medios apoyar el esfuerzo bélico, sino cómo y para qué propósito. Hay incluso páginas web que facilitan información sobre los diferentes fines a los que se puede aportar dinero, y vehiculan esos medios a tales proyectos.

En segundo lugar, y este es un efecto muy conocido del policentrismo, esta estructura institucional favorece la competencia entre grupos, ya lo hemos visto, así como la experimentación y la flexibilidad. Un ejemplo de experimentación es el uso de drones. A falta tanto de armamento convencional como de preparación, una parte de la sociedad ha optado por otras vías para contribuir al esfuerzo bélico. Y el uso de drones privados es un ejemplo. El Ejército ucraniano había creado un programa para la fabricación de drones bélicos, pero naufragó en un lodazal de corrupción. Por último, señalan los autores, la competencia ha forzado a que el uso de los recursos sea más eficaz.

La descentralización tiene otras ventajas, como la de reducir la incidencia de los puntos débiles. O favorece la participación voluntaria. Pero, sobre todo, favorece la identificación de la sociedad con el Ejército, y con la defensa de la propia comunidad y del territorio. Esto es lo fundamental.

Victor Davis Hanson ha demostrado que, en términos generales, los Ejércitos que se han impuesto son los que se identifican más con sus instituciones. De modo que cuanto más respetuosas han sido esas instituciones, más han hecho los hombres que se jugaban su vida por ellas. Seguro que este éxito de Ucrania no le resulta difícil de entender al gran historiador militar.

La advertencia de David Hume sobre las guerras permanentes

Daniel Klein. Este artículo fue publicado originalmente por Law & Liberty.

La propaganda se frena con el desafío abierto y la disputa enérgica. Pero es difícil discutir sobre el propio gobierno en tiempos de guerra, porque uno puede ser tratado como un apologista del enemigo, o incluso como un enemigo declarado. La propaganda es tal vez peor que en tiempos de guerra. Es entonces cuando es más probable que el gobierno destruya las preciadas libertades nacionales.

En cuanto al gobierno de Estados Unidos en la actualidad y su conducta en las intervenciones militares y en el extranjero, me atrevo a decir que dudo bastante de su sabiduría y virtud. En cuanto a la guerra de Ucrania y otras cuestiones relacionadas, me convencen voces como John Mearsheimer, los caballeros de The Duran y los sabios del canal de YouTube de Andrew Napolitano.

“Imprudente vehemencia”

La filosofía y la erudición proporcionan un respiro de lo terrible. Boecio escribió -en prisión, a la espera de su ejecución- sobre el consuelo de la filosofía. Yo encuentro consuelo en la lectura de textos demasiado antiguos para conocer los terribles acontecimientos de hoy. Pero a veces las conexiones son inevitables.

Participo regularmente en un grupo de lectura, y en este momento nuestro texto son los Ensayos de David Hume, que contienen Del equilibrio de poder. Termina con varios párrafos sobre la “imprudente vehemencia” de Gran Bretaña en sus numerosas guerras contra la Francia absolutista. Esos párrafos son notablemente relevantes para las cosas de hoy, tal como yo las veo. Al adentrarse en esos párrafos, uno se entera del pensamiento de Hume y de una forma de ver los acontecimientos de hoy.

Escuchando a Hume en 2023

Hume presenta a Francia como una amenaza real para Gran Bretaña. Habla de ella como “esta potencia ambiciosa”, una que es “más formidable [de lo que fueron Carlos V y los Habsburgo] para las libertades de Europa”. Parecía respaldar los esfuerzos de Gran Bretaña por “protegernos contra la monarquía universal y preservar al mundo de un mal tan grande”.

Es posible que esas declaraciones fueran sinceras, y es posible que fueran acertadas. Pero Hume era un escritor cauteloso, y sin duda escribía para persuadir a la clase dominante. Sin embargo, lo más notable de Del equilibrio de poder es cómo concluye. Hume dice que Gran Bretaña ha hecho la guerra “en exceso”, pide “moderación” y da sus razones. Si aplicamos esos párrafos a la actualidad, podríamos pensar en Estados Unidos en lugar de Gran Bretaña, y en Rusia o China (o ambas) en lugar de Francia. Ucrania, Alemania y otros países de la OTAN ocuparían hoy el lugar de los aliados de la Gran Bretaña de Hume.

El ensayo, que apareció por primera vez en los Discursos Políticos de Hume de 1752, comienza señalando que la frase “el equilibrio de poder” es nueva y ahora muy utilizada, y hoy en 2023 podemos confirmarlo (ver aquí). Hume se pregunta si es sólo la frase lo que es nuevo, o si el propio concepto de equilibrio de poder es nuevo.

El imperio romano y el de los Estados Unidos

La respuesta es clara: “En toda la política de Grecia, la ansiedad, con respecto al equilibrio de poder, es evidente, y se nos señala expresamente, incluso por los historiadores antiguos”. La gente en la antigüedad estaba realmente preocupada por el surgimiento de potencias rivales, y actuaban para preservar un equilibrio de poder. “Tucídides representa la liga, que se formó contra Atenas, y que produjo la guerra del Peloponeso, como debida enteramente a este principio”. Los atenienses eran entonces “el pueblo más bullicioso, intrigante y belicoso de Grecia”, que encontraba “su error en meterse en todas las disputas”.

Si eso no le hace pensar en Estados Unidos, quizá lo hagan las observaciones de Hume sobre Roma. El Imperio Romano se había vuelto tan dominante, como la antigua unipolaridad de Estados Unidos, que la idea del equilibrio de poder se volvió algo inapropiada. Los líderes de fuera de Roma percibían la creciente hegemonía romana, y consentían o apoyaban activamente a Roma. Hume menciona a Massinissa de Numidia, Atalo de Pérgamo y Prusias de Bitinia, hombres que, “al satisfacer sus pasiones privadas, fueron, todos ellos, los instrumentos de la grandeza romana; y nunca parecen haber sospechado que estaban forjando sus propias cadenas, mientras avanzaban en las conquistas de su aliado”. (Pienso en el actual Canciller alemán, Olaf “Actuaremos juntos” Scholz).

El equilibrio del poder

Hume destaca a un hombre atrapado en medio, en Sicilia, entre Roma y Cartago, Hiero de Siracusa, que actuó en ayuda de Cartago para preservar el equilibrio entre esas dos potencias. Hume cita al historiador griego, Polibio, diciendo que Hiero ayudó a Cartago “para que por la caída [de Cartago] el poder restante [Roma] pudiera, sin contraste ni oposición, ejecutar todo propósito y empresa. La [F]orza [nunca debe] ser arrojada en una sola mano, como para incapacitar a los estados vecinos de defender sus derechos contra ella”. Es raro que una gran potencia se parezca a un déspota benevolente.

Hume resume:

En resumen, la máxima de preservar el equilibrio de poder se basa tanto en el sentido común y el razonamiento obvio, que es imposible que haya escapado por completo a la antigüedad, donde encontramos, en otros particulares, tantas marcas de profunda penetración y discernimiento.

David Hume

Moderación

Llevando la discusión de vuelta a su propio tiempo, Hume pasa entonces a la principal preocupación de Gran Bretaña, que es Francia. Felicita a Gran Bretaña por estar “a la cabeza” contra Francia en una serie de guerras, diciendo que los británicos “están animados con tal espíritu nacional, y son tan plenamente conscientes de las bendiciones de su gobierno, que podemos esperar que su vigor nunca languidezca en una causa tan necesaria y tan justa”.

Pero la siguiente frase da un giro:

Por el contrario, si podemos juzgar por el pasado, su ardor apasionado [es decir, el de los británicos] parece requerir más bien cierta moderación; y se han equivocado más a menudo por un exceso loable que por una deficiencia censurable.

David Hume

Que el vigor de Gran Bretaña nunca languidezca, pero requiere moderación.

Tres argumentos

A continuación, Hume enumera tres argumentos a favor de moderar la belicosidad británica hacia Francia. En primer lugar, Gran Bretaña ha estado demasiado poseída por el “espíritu de celosa emulación, [más que] actuada por las prudentes opiniones de la política moderna”. El desafortunado espíritu de emulación se produce cuando “cada estado parece haber tenido más en cuenta el honor de liderar al resto, que cualquier esperanza bien fundada de autoridad y dominio.”

“Nuestras guerras con Francia”, escribe Hume, “se han iniciado con justicia, e incluso, tal vez, por necesidad; pero siempre han sido demasiado empujadas por la obstinación y la pasión.” A continuación, Hume enumera tres casos de hostilidades infructuosamente prolongadas:

  • “La misma paz, que después se hizo en Ryswick en 1697, se ofreció ya en [1692];”
  • “la concluida en Utrecht en 1712 podría haber sido terminada en tan buenas condiciones en Gertruytenberg en [1708];”
  • “y podríamos haber ofrecido en Frankfort, en 1743, las mismas condiciones que aceptamos con gusto en Aix-la-Chapelle en [1748]”.

Guerra de Ucrania

Hoy, ¿cuál es el objetivo realista en Ucrania? ¿Por qué aplazar las negociaciones y la resolución? Hume escribe que es “debido más a nuestra propia vehemencia imprudente, que a la ambición de nuestros vecinos” que hemos sostenido “la mitad de nuestras guerras con Francia, y todas nuestras deudas públicas.”

En segundo lugar, Gran Bretaña, siendo “tan declarada en nuestra oposición al poder francés,” se ha mostrado también “tan alerta en defensa de nuestros aliados.” ¿Cómo responden entonces los aliados de Gran Bretaña?

Siempre cuentan con nuestra fuerza como con la suya propia; y esperando continuar la guerra a nuestra costa, rechazan todos los términos razonables de acomodación.

David Hume

Si eso no le recuerda a Ucrania, considere lo siguiente sobre la aliada Hungría, frente a Prusia:

Todo el mundo sabe, que el voto faccioso de la Cámara de los Comunes, al principio del último parlamento, con el humor profeso de la nación, hizo a la reina de Hungría inflexible en sus términos, e impidió ese acuerdo con Prusia, que habría restaurado inmediatamente la tranquilidad general de Europa.

David Hume

En tercer lugar, “somos tan verdaderos combatientes, que, una vez comprometidos, perdemos toda preocupación por nosotros mismos y nuestra posteridad, y sólo consideramos cómo podemos molestar mejor al enemigo”. Hoy en día, molestar al enemigo llega hasta el punto de cambiar de régimen.

La deuda pública

Una preocupación para la posteridad -entonces como ahora- es la deuda pública: “Hipotecar nuestros ingresos a un ritmo tan alto, en guerras en las que sólo éramos cómplices, fue sin duda el engaño más fatal del que jamás haya sido culpable una nación con pretensiones de política y prudencia. Ese remedio de la financiación [deuda pública], si es un remedio, y no más bien un veneno, debería, con toda razón, reservarse hasta el último extremo; y ningún mal, salvo el mayor y más urgente, debería inducirnos jamás a adoptar un expediente tan peligroso”.

En el volumen de Hume de 1752 (al igual que en el volumen moderno), el ensayo Del equilibrio de poder fue seguido inmediatamente por De los impuestos y Del crédito público. En este último, Hume denuncia la acumulación irresponsable de deuda pública, escribiendo:

Cuando veo a los príncipes y a los estados peleando y riñendo, entre sus deudas, fondos e hipotecas públicas, siempre me trae a la mente un partido de garrotazos librado en una tienda de chinos.

David Hume

Deuda y dependencia

La deuda pública, explica Hume, se ha disparado como consecuencia de la guerra. Con una advertencia que prefigura las de Alexis de Tocqueville, escribe en Del crédito público:

Pero nuestros hijos, cansados de la lucha y encadenados por las cargas, pueden sentarse seguros y ver a sus vecinos oprimidos y conquistados, hasta que, al final, tanto ellos como sus acreedores queden a merced del conquistador.

David Hume

Pienso en el comentario de Adam Smith en sus Lecturas sobre Jurisprudencia: “Un país conquistado, en cierto modo, sólo cambia de amos”. En otro ensayo, Hume dice que “el pueblo” en los estados absolutistas europeos “eligió confiar a su príncipe ejércitos mercenarios, que fácilmente volvió contra sí mismo.”

El destino de las “monarquías enormes”

Volvamos a Del equilibrio de poder: Es en el espíritu de presentimiento tocquevilliano que Hume concluye. Hume invita a los británicos a pensar en sí mismos como oponentes necesarios de la imperial y despótica Francia, pero no de forma excesiva. En el último párrafo, lanza otra bola curva, sugiriendo que la propia Gran Bretaña está derivando hacia la arrogancia de Atenas antes de la Guerra del Peloponeso y del Imperio Romano. “Las guerras se desarrollan a gran distancia e interesan a una parte tan pequeña del Estado”. Hoy, muchos estadounidenses se preguntan: ¿Por qué nuestro gobierno está librando una guerra por poderes contra Rusia?

El mensaje de Hume en el último párrafo se resume en sus frases primera y última:

Las monarquías enormes son, probablemente, destructivas para la naturaleza humana; en su progreso, en su permanencia, e incluso en su caída, que nunca puede estar muy distante de su establecimiento. … Y el melancólico destino de los emperadores romanos, por la misma causa, se renueva una y otra vez, hasta la disolución final de la monarquía.

David Hume

Hume, dirigiéndose a la clase dirigente, les incita a preguntarse si se están convirtiendo en emperadores romanos arrogantes. Los gobernantes estadounidenses podrían preguntarse si su belicosidad se parece a la de la Gran Bretaña de Hume y, por tanto, a la arrogancia de Roma.

La Casa Blanca y el Pentágono están cerca del Monumento a Washington, pero ahora lejos de George Washington.

Fricciones europeas por la guerra de Ucrania

Desde enero de 2014, año en el que Rusia se anexionó ilegalmente la península de Crimea, Ucrania y los países de la Unión Europea se hallan ligados por un Convenio de asociación y libre comercio. En el momento que el gobierno ruso desató la guerra abierta el 24 de febrero de 2022, con la invasión de distintas partes de su país vecino, y reconoció como entidades independientes las regiones de Donetsk y Lugansk – parcialmente dominadas por  aliados armados suyos – aún no se habían desplegado plenamente sus efectos.

Libre comercio y libre movimiento

De forma consecuente, como parte de la natural respuesta de solidaridad ante una agresión tan injustificada, Parlamento y Consejo Europeo aprobaron un reglamento para levantar durante un año[1]casi todas las barreras aduaneras y contingentes a la importación que todavía se mantenían del lado comunitario. Por lo que vamos a comentar más adelante, reténgase que esas medidas precluirán el próximo 5 de junio, a no ser que las instituciones que las adoptaron prorroguen su vigencia o decidan anticipar los efectos del acuerdo comercial mencionado en primer lugar. Nótese, asimismo, que el complicado entramado de toma de decisiones permitiría a cuatro estados (de los 27 miembros) formar una minoría de bloqueo en el Consejo Europeo, dados los mecanismos de mayoría cualificada necesarios para manifestar su posición.

En paralelo, durante los primeros compases de la guerra se produjo también una decisión sin precedentes. A instancias de la Comisión de la Unión Europea, la mayoría de los países eliminó para los ciudadanos ucranianos los requisitos exigidos a los nacionales de países terceros para desplazarse por los países de la Unión Europea y los visados para la obtención de permisos de trabajo o residencia durante un periodo inicial de 3 años. Decisión muy acertada, pues facilitó la dispersión por Europa de estas personas según sus preferencias. En especial de ancianos, mujeres y niños, ya que el estado de guerra declarado y la ley de movilización forzosa, impiden, en principio, a los varones comprendidos entre los 18 y los 60 años salir de Ucrania, salvo si ocupan determinadas profesiones o concurren causas de exención del deber de alistamiento forzoso, como, por ejemplo, contar con más de 3 hijos dependientes o ser responsable único del cuidado de uno.

Irredentismo húngaro

Los iniciales cuellos de botella en el transporte hicieron pensar en un alojamiento prolongado en campamentos de refugiados en países fronterizos. A pesar de ello, lo cierto es que una parte apreciable de las personas desplazadas trabajan en empresas residentes en los países de acogida[2] o en otras que se han trasladado total o parcialmente de Ucrania.

Dicho lo anterior, la prolongación de la guerra en una situación de estancamiento de posiciones en los frentes de batalla, pone de manifiesto numerosas contradicciones en los países fronterizos de la Unión Europea. Conocida es la desconcertante equidistancia del gobierno húngaro de Viktor Orban, cuando no su afinidad con el régimen de Vladimir Putin anterior al conflicto, así como las trabas opuestas a ayudar al país agredido. Una posición estratégica que parece en parte relacionada con las apetencias territoriales sobre la zona fronteriza de Ucrania en los Cárpatos, donde se asienta una minoría húngara.  

Fronteras abiertas al cereal ucraniano

Menos conocida y, por lo tanto más sorprendente, ha sido la coordinada prohibición, a salvo, se dijo, de las operaciones en tránsito, de las importaciones de cereales y oleaginosas ucranianos por parte de los gobiernos polaco, eslovaco, húngaro, rumano y búlgaro, la cual comenzó el pasado Viernes Santo el primero de ellos, solo dos días después de la visita del presidente ucraniano Volodimir Żeleński a Varsovia.

Asumían, aparentemente, las reclamaciones de agricultores que denunciaban la afluencia masiva de cereales de esa procedencia que provocarían una competencia imbatible y el hundimiento de los precios. A la elección de la ruta europea no son ajenas las dificultades al transporte marítimo en el Mar Negro por el régimen ruso, pese al acuerdo tripartito de Estambul del verano pasado para desbloquear la exportación de cereales ucranianos a través del Mar Negro a países africanos y del Medio Oriente.

Pasión turca por Rusia

De hecho, el 25 de abril el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguei Lavrov, ejerciendo como presidente rotatorio del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, planteó crudamente que su país incumplirá esos acuerdos si las sanciones impuestas contra Rusia no se levantan. Por si los gobiernos europeos no se hubieran enterado todavía del tipo de aliado que tienen en la OTAN, el gobierno turco ya ha anunciado que, a partir del 1 de mayo, el arancel sobre las importaciones de cereales de Ucrania a Turquía será del 130 por ciento, en lugar de la exención actual.

La torpeza de los países orientales de la UE[3] contradice flagrantemente las competencias de la Unión para decidir la adopción de medidas excepcionales en contra de reglamentos comunitarios en vigor y la pretendida solidaridad a Ucrania de la mayoría de estos países. No en vano, a mayor aprovechamiento de la producción agrícola del país invadido, menor será teóricamente la ayuda presente y futura que deberán prestar los países europeos.

Política agraria común

Las reuniones que han convocado el vicepresidente de la Comisión y el comisario del ramo para disuadir a los cinco países mencionados de continuar con las sanciones a los productos agrícolas y ganaderos ucranianos, al tiempo que se ofrecen compensaciones de urgencia para los sectores afectados, e, incluso, equivocadamente, puntuales contingentes para la importación, no han concluido con los resultados apetecidos hasta el momento.

En conclusión, cualesquiera que sean las soluciones parciales y de compromiso a las que lleguen los países de la Unión Europea, y el devenir de la guerra, las miserias de la política agraria común y de los grupos de presión europeos han quedado expuestos a la luz. Obviamente, los agresores y dictadores circundantes las conocen e intentan sacar el máximo provecho de ellas.


[1] Desde el 4 de junio de 2022 hasta el 5 de junio de este año. Reglamento (UE) 2022/870 del Parlamento Europeo y del Consejo de 30 de mayo de 2022.

[2] Según la Seguridad Social polaca (ZUS) en febrero de este año cotizaban en Polonia 746.000 refugiados, aparte de otros ucranianos que ya lo hacían antes del estallido de la guerra.

[3] Nótese, por otro lado, que en este caso echar la culpa a la burocracia de Bruselas tiene un difícil encaje en la retórica victimista habitual, cuando el comisario de agricultura, Janusz Wojciechowski, fue designado precisamente por el gobierno polaco.