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Etiqueta: historia

El Camino hacia el Anarcocapitalismo: Posibilidades, Realidades y Ejemplos Históricos

Introducción

El anarcocapitalismo, una filosofía política que propugna la abolición del estado en favor de mercados libres y propiedades privadas, ha sido un tema de debate y análisis en diversos círculos. Este post explora la viabilidad del anarcocapitalismo, analiza en qué regiones podría funcionar pacíficamente sin un estado y revisa ejemplos históricos de enclaves que se han acercado a este modelo.

Viabilidad del Anarcocapitalismo

Para entender dónde y cómo podría implementarse el anarcocapitalismo, primero debemos examinar sus principios fundamentales. En un sistema anarcocapitalista, las funciones típicas del gobierno, como la defensa, la justicia y la seguridad, serían proporcionadas por empresas privadas o acuerdos voluntarios entre individuos. La clave está en la creencia de que el mercado libre, guiado por la oferta y la demanda, regularía estas funciones de manera más eficiente y justa que un gobierno central.

Regiones Propicias para el Anarcocapitalismo

El anarcocapitalismo podría ser más factible en regiones con una fuerte cultura de autonomía personal, escepticismo hacia la autoridad central y un mercado ya activo y competitivo. Estas regiones podrían incluir áreas rurales con baja densidad de población o comunidades con un fuerte sentido de identidad y autosuficiencia. Además, las regiones con una historia de descentralización política y económica podrían ser más receptivas a este modelo.

Análisis Histórico de Enclaves Anarcocapitalistas

Aunque no existen ejemplos puros de sociedades anarcocapitalistas en la historia, hay casos que se han acercado a algunos de sus principios. Estos incluyen:

  1. La Islandia Medieval (930-1262): Durante este período, Islandia funcionó con un sistema de asambleas locales (thing) y un parlamento nacional (Althing), sin un rey o un estado central. La ley y el orden se mantenían a través de sistemas legales privados y el arbitraje.
  2. La Frontera Americana en el Siglo XIX: En sus primeras etapas, la frontera americana operó con un mínimo de intervención gubernamental. Las comunidades establecían sus propias normas y resolvían disputas a través de sistemas de justicia ad hoc.
  3. Zomia en el Sudeste Asiático: Zomia, una región que abarca varios países del Sudeste Asiático, ha sido históricamente un área de evasión estatal, donde sus habitantes han vivido durante siglos con sistemas de gobernanza no estatales y autónomos.

Desafíos y Consideraciones Prácticas

El principal desafío para el anarcocapitalismo es la transición de un sistema estatal a uno sin estado. Esto requeriría cambios significativos en la mentalidad social, estructuras económicas y sistemas legales. Además, existe el desafío de mantener la paz y el orden sin una autoridad central, especialmente en situaciones de conflicto o crisis.

El Rol de la Tecnología y la Innovación

La tecnología moderna, como blockchain y contratos inteligentes, podría facilitar la transición hacia un anarcocapitalismo funcional. Estas tecnologías ofrecen nuevas formas de organización y ejecución de acuerdos sin la necesidad de un ente centralizado, lo que podría ser fundamental en un sistema anarcocapitalista.

Conclusión

El camino hacia el anarcocapitalismo está lleno de complejidades teóricas y prácticas. Si bien existen ejemplos históricos que se acercan a algunos de sus principios, la implementación plena en la sociedad moderna presenta desafíos únicos. Las regiones con una fuerte cultura de independencia y autosuficiencia podrían ser más propicias para este modelo, y la tecnología moderna podría desempeñar un papel clave en su posible realización. Sin embargo, queda mucho por explorar y debatir sobre la viabilidad y las implicaciones de un mundo sin estado.

Don Miguel Anxo Bastos: Un Pilar del Anarcocapitalismo Contemporáneo

Introducción

En el ámbito del anarcocapitalismo, una filosofía política que aboga por la eliminación total del estado en favor de un mercado completamente libre, Don Miguel Anxo Bastos se destaca como una figura central. Este post se dedica a explorar su considerable contribución a esta corriente de pensamiento, destacando su influencia y aportaciones clave.

Inicios y Trayectoria Académica

Miguel Anxo Bastos es un académico español cuya carrera ha estado profundamente arraigada en el estudio de la política y la economía. Con un enfoque particular en la teoría anarcocapitalista, ha enseñado en varias instituciones prestigiosas, inspirando a innumerables estudiantes con sus ideas innovadoras y su enfoque crítico del papel del estado en la sociedad.

El Anarcocapitalismo: Una Visión de Libertad

Bastos ha contribuido significativamente a la promoción del anarcocapitalismo. Sus trabajos y conferencias han sido fundamentales para explicar cómo una sociedad sin estado podría funcionar, basándose en principios de libre mercado y propiedades privadas. Argumenta que en un entorno sin intervención estatal, las interacciones voluntarias y los contratos entre individuos serían la base de la organización social y económica.

Críticas al Estado y Defensa de la Libertad Individual

Una parte esencial del trabajo de Bastos es su crítica al estado y su defensa de la libertad individual. Argumenta que el estado, en todas sus formas, es inherentemente coercitivo y limita la libertad personal. Su visión es que la eliminación del estado conduciría a una mayor libertad, innovación y prosperidad, permitiendo a los individuos vivir en una sociedad regida por el libre acuerdo y la cooperación voluntaria.

La Teoría del Orden Espontáneo

Bastos es un firme defensor de la teoría del orden espontáneo, que sostiene que el orden en la sociedad puede surgir naturalmente sin la necesidad de una autoridad central. En sus escritos y conferencias, ha explicado cómo los sistemas de libre mercado pueden autorregularse y proporcionar soluciones más eficientes y justas que las impuestas por un gobierno central.

Impacto y Legado en el Pensamiento Anarcocapitalista

El impacto de Bastos en el pensamiento anarcocapitalista es considerable. Ha sido una voz influyente en el debate sobre el papel del estado, la economía y la sociedad. Su capacidad para combinar la teoría económica con la filosofía política ha hecho que sus ideas sean accesibles a un público amplio, extendiendo el alcance del anarcocapitalismo más allá de los círculos académicos.

El Futuro del Anarcocapitalismo

Mirando hacia el futuro, Bastos continúa siendo una figura clave en la evolución del anarcocapitalismo. Su trabajo no solo se centra en la crítica al estado, sino también en la exploración de alternativas viables y prácticas para sistemas sociales y económicos basados en principios anarcocapitalistas. Su enfoque en el análisis práctico y teórico sigue siendo esencial para el desarrollo de esta corriente de pensamiento.

Conclusión

Don Miguel Anxo Bastos ha jugado un papel crucial en la promoción y el desarrollo del anarcocapitalismo. Su enfoque en la crítica al estado y la defensa de la libertad individual, junto con su apoyo a la teoría del orden espontáneo y su impacto en la educación y el debate público, lo establecen como una figura imprescindible en este campo. Su legado y su trabajo continúan inspirando a aquellos que buscan entender y promover una sociedad basada en la libertad y la cooperación voluntaria.

Don Jesús Huerta de Soto: Un Faro de Libertad en el Pensamiento Económico

Introducción

En el mundo de la economía y el pensamiento liberal, pocas figuras brillan con tanta intensidad como Don Jesús Huerta de Soto. Este post se dedica a explorar su vasta contribución a las ideas de la libertad, destacando su pensamiento innovador y su influencia en la teoría económica y política.

Una Vida Dedicada a la Libertad Económica

Don Jesús Huerta de Soto es más que un economista; es un filósofo de la libertad. Su trayectoria académica y profesional está impregnada de un compromiso inquebrantable con las ideas del liberalismo clásico. Graduado de la Universidad Complutense de Madrid y Doctor por la Universidad Rey Juan Carlos, Huerta de Soto ha combinado la teoría con la práctica, llevando sus ideas más allá de las aulas universitarias.

El Austriacismo y la Escuela Austriaca de Economía

Una de las principales contribuciones de Huerta de Soto ha sido su firme defensa y expansión de la Escuela Austriaca de Economía. Abogando por una economía de mercado libre y una mínima intervención gubernamental, ha enriquecido el debate económico con obras fundamentales como “Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial”. Su enfoque en la importancia del empresario y la función empresarial en el mercado es un pilar en su pensamiento.

Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos

En su obra “Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos”, Huerta de Soto ofrece un análisis profundo de cómo las políticas monetarias y bancarias influyen en los ciclos económicos. Critica la expansión del crédito bancario no respaldado por ahorro real y cómo esto conduce a ciclos de auge y caída. Su análisis no solo es teórico; también ofrece soluciones prácticas para estabilizar la economía y promover un crecimiento sostenible.

Educación y Promoción de la Libertad

Además de su trabajo académico, Huerta de Soto se ha dedicado a la educación y promoción de la libertad económica. Como profesor, ha inspirado a generaciones de estudiantes a explorar y defender los principios del liberalismo. Su influencia trasciende las fronteras, siendo un conferenciante solicitado internacionalmente y un mentor para muchos jóvenes economistas.

La Libertad Más Allá de la Economía

El interés de Huerta de Soto no se limita a la economía. Ve la libertad como un principio que debe permear todos los aspectos de la sociedad. Desde la política hasta la cultura, aboga por un enfoque basado en la libertad individual, la propiedad privada, y la autonomía personal. Su visión de una sociedad libre es integral y abarca mucho más que la economía.

El Futuro de la Libertad Económica

En un mundo cada vez más globalizado y enfrentado a desafíos económicos complejos, las ideas de Huerta de Soto sobre la libertad y la economía son más relevantes que nunca. Su enfoque en la importancia de una política monetaria sólida, la necesidad de reformas bancarias y la promoción de un mercado libre son fundamentales para enfrentar los retos actuales.

Conclusión

Don Jesús Huerta de Soto es un verdadero campeón de la libertad. Su pasión por el liberalismo clásico, su defensa de la Escuela Austriaca de Economía, y su análisis profundo de la relación entre dinero, crédito y ciclos económicos lo convierten en una figura esencial en el pensamiento económico contemporáneo. Más allá de su legado académico, su compromiso con la enseñanza y la promoción de las ideas de libertad lo establece como un faro de inspiración para futuras generaciones. Su trabajo y su vida son un claro ejemplo del poder transformador de las ideas en la búsqueda de una sociedad más libre y próspera.

La memoria no puede ser democrática

¿Qué es la memoria? La memoria es el recuerdo subjetivo de lo vivido, que puede tener reinterpretaciones de manera voluntaria o involuntaria. Debemos tener presente que la memoria no siempre coincide con la «verdad» histórica, objeto de los historiadores, pero sí que nos puede servir como una importante fuente histórica. La memoria ha sido uno de los objetos de estudio más importante para los historiadores; la bibliografía sobre el tema es muy abundante, pero me gustaría señalar dos trabajos relevantes. En primer lugar, Los marcos sociales de la memoria de Maurice Halbwachs, obra en la que se define la memoria colectiva. Pero sin duda, la obra más relevante y el estudio de referencia sobre esta temática es el trabajo de Pierre Nora, Los lugares de la memoria, se analiza la relación entre memoria e historia, describiendo los espacios físicos y simbólicos donde se halla representada[1].

En nuestras sociedades, la ciudadanía y el Estado son quienes privilegian o marginan unas memorias u otras, dictaminan qué y cómo recordarlo. Es importante recalcar, que, pese a que se pueda hablar de «Memoria» como concepto histórico susceptible de estudio, a mi juicio, es conveniente hablar de «memorias» cuando hablamos de fuente histórica. No hay una única memoria, cada individuo tiene la suya propia, por lo tanto, es subjetiva. Es por ello por lo que establecer leyes de memoria en la que es el propio Estado quien dirime qué y como recordar algo es algo peligroso.

Damniato memoriae

Si hay algo que tienen en común todos los Estados es que siempre han querido controlar el pasado; cuanto más totalitario es un Estado, más control quiere tener sobre la memoria. Los Estados utilizan la historia y la memoria para construir un discurso que legitime su poder. Seríamos muy ingenuos si pensáramos que lo hacen con buenas intenciones. La damnatio memoriae ha sido un elemento básico utilizado por los Estados para construir su historia nacional, el olvido y el recuerdo utilizados de manera arbitraria con fines meramente políticos.

Algunas políticas de memoria no son necesariamente negativas: la rehabilitación de un monumento, el homenaje a los caídos de una batalla importante o la identificación de las víctimas de una fosa común pueden ser buenas acciones. Pero la línea entre la divulgación histórica y la tergiversación de la memoria es tan fina que en ocasiones es muy difícil de percibir para el ciudadano común.

Ley de memoria democrática

La última ley relacionada con la memoria en nuestro país se decretó en el 2022, su título es bastante pretencioso: Ley de Memoria Democrática. La ley es sorprendente, ya no por lo mal redactada que está, algo a lo que nos tiene acostumbrados el Boletín Oficial del Estado, sino por el carácter liberticida y totalitario que tiene. Esta ley ha servido para establecer una memoria única; un relato histórico maniqueo de buenos y malos para legitimar una posición política hoy en día.

No expondré el contenido de la ley, ya que daría para otro artículo. Únicamente nos centraremos en el propio título de la ley, podríamos hacernos una serie de preguntas como: ¿Qué significa que la memoria sea democrática? ¿Puede llegar a serlo? ¿Si sólo es aceptable la memoria de lo llamado «democrático», es esa ley democrática? ¿Unas memorias valen más que otras o son más aceptables que otras?

Plural y subjetiva

La memoria, como la belleza, no es democrática. La memoria es subjetiva, cambiante, individual y colectiva, consciente e inconsciente y perecedera. Nuestra mente es muy caprichosa, en muchas ocasiones no podemos elegir qué y como recordar algo, es algo espontáneo y azaroso; jamás puede someterse al juego democrático. De igual modo, imponer desde un Estado una memoria oficial es todo menos democrático, se cae en una paradoja sin solución aparente.

Cuanto más alejado este el Estado de la Historia mejor nos irá a todos. El Estado no es objetivo e imparcial; lo forman personas con intereses, generalmente perversos. Dejemos la Historia a la sociedad civil, y sobre todo a los historiadores. Dejemos libertad para recordar un suceso de una manera u otra. Dejemos libertad para expresar nuestra opinión con respeto y educación. Dejemos que los historiadores tengan libertad para equivocarse.

La memoria es una fuente esencial para los historiadores. Todas las memorias son válidas, y todas deben ser sujetas a un estudio. La Historia se construye con todas las memorias, no sólo con unas pocas. Intentemos evitar la imposición de una memoria oficial. De lo contrario, cuando vayan pasando generaciones, no habrá vuelta atrás: nuestra libertad habrá sido arrebatada.


[1] Pasamar, Gonzalo y Ceamanos, Roberto. Historiografía, historia contemporánea e historia del presente. Madrid, Síntesis, 2020, pp. 183-186.

El Motín de Esquilache

En 1763 finalizaba la Guerra de los Siete Años de la que España había salido muy perjudicada. El monarca que reinaba en aquella época era Carlos III, hijo de Felipe V, que sucedió a su hermano Fernando VI en el trono en 1759. 

Motín de Esquilache, atribuido a Francisco de Goya 
(ca. 1766, colección privada, París)

Carlos tenía la firme decisión de implementar las ideas ilustradas que recorrían toda Europa a la monarquía hispánica, quería una reforma política, económica y social del país. Aunque si bien es cierto, la crítica francesa ilustrada a las instituciones del Antiguo Régimen encontró poco apoyo en España ya que tanto los gobernantes como el pueblo español seguían siendo profundamente católicos y fieles al absolutismo. Se buscaba, por lo tanto, un cambio en la administración, en la economía y en la educación, y no tanto de filosofía. 

Para esta tarea de modernización Carlos III optó por nombrar a ministros extranjeros, a los que tenía mucha simpatía, en particular a los italianos debido a su reinado en Nápoles y Sicilia. Los dos principales fueron el marqués de Grimaldi como Secretario de Estado, y nuestro protagonista, Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache, como ministro de Hacienda. 

Como hemos señalado anteriormente, la Guerra de los Siete Años había dejado una situación económica muy complicada a la monarquía hispánica, produciendo una alta inflación, que sumada a las malas cosechas provocó una subida generalizada de los precios. Sumado a todo ello, Esquilache elevó gran cantidad de impuestos, estas medidas provocaron un malestar generalizado en los súbditos de la Corona. 

La gota que colmó el vaso fue el intento de Esquilache de hacer cumplir una antigua ley que prohibía a los hombres llevar en Madrid sus chambergos de ala ancha y sus largas capas so pretexto de que eran una tapadera para el crimen ya que se podía esconder fácilmente un arma. Esto se vio como un ataque a una manera de vestir de pura tradición española, aunque paradójicamente esta moda había sido introducida apenas cien años atrás por el duque Schomberg y popularizada por Mariana de Austria en la capital. Esto provocó un episodio de revueltas y motines entre el 23 y el 26 de marzo de 1766 al grito de “¡Viva el rey! ¡Viva España! ¡Muera Esquilache!

En la capital se asaltaron las viviendas de los ministros italianos e incluso el propio rey se vio forzado a trasladarse a Aranjuez, tras varios días Carlos aceptó las condiciones impuestas por los insurrectos en humillantes condiciones, entre ellas estaba el destierro del marqués de Esquilache, revocación de la medida de los atuendos y la bajada de los precios de los alimentos. 

Según la versión oficial, estas revueltas no solo fueron un movimiento en contra de la imposición de Esquilache sino un intento de alterar la estabilidad del gobierno por vía insurreccional. La verdadera causa de las revueltas fue, como en casi todas las ocasiones, el hambre. Hay algunos historiadores que defienden que este motín fue motivado por grupos de nobles y eclesiásticos que deseaban expulsar a los ministros extranjeros y paralizar las reformas que querían imponer. Las dos versiones siguen hoy día a debate, V. Rodríguez Casado sostiene que las revueltas fueron planeadas con el consentimiento de los jesuitas, esta acusación pudo ser utilizada por el gobierno para expulsar a la orden un año después, en 1767. En cambio, también hay otros historiadores como C. Eguía en su obra Los Jesuitas y el Motín de Esquilache, que defiende que fue un movimiento espontáneo por parte de la población. 

Sea como fuere lo cierto es que este suceso es uno de los acontecimientos más significativos dentro de la política interior del reinado de Carlos III y deja vislumbrar la resistencia que había en el pueblo español a las ideas ilustradas y que cimentaría la resistencia contra los franceses en 1808.

¡Sacad vuestras manipuladoras manos de la Historia!

Seguro que hemos escuchado más de una vez la expresión ‘La Historia la escriben los vencedores’, que escribiera George Orwell en la revista británica Tribune. Es bastante probable que alguien que lea este artículo la haya usado con toda la intención del mundo, para rebatir algo o intentar poner fin a una conversación. Si son de este último caso, me van a perdonar que sea un poco duro con ustedes y con su autor, al principio. Es una frase que no tiene adscripción ideológica, pues se la he escuchado a liberales, socialdemócratas, conservadores y comunistas. Tampoco depende del nivel cultural, pues también la he oído de labios de gente de ‘ciencias’ y de ‘letras’, a personas que considero sabias y a otras cuya base cultural debería mejorar o al menos revisarse. Lo que tengo claro es que la Historia nunca la han escrito los ganadores, tampoco los perdedores, ni siquiera los que no han participado en ese supuesto juego de ganadores y perdedores, sino los historiadores.

La Historia es una disciplina que tiene siglos, si no milenios, a la que se han dedicado innumerables personas con más o menos fortuna, tino, habilidad, información o conocimiento. Han sido personas que se han formado como tales o, por el contrario, otras que, desde otras disciplinas, han caído en este vicio que es el conocer y divulgar los pasos que ha dado la humanidad en su devenir. Es una frase que desprecia el esfuerzo de muchos por recopilar, analizar y entender las acciones humanas, tanto de gobierno, que suele ser lo más habitual y demandado por el gran público, como de convivencia en y entre sociedades, incluyendo enfrentamientos y colaboraciones. Es despreciar un trabajo que, algunas veces, se hace peligroso, si los gobiernos de los países donde se ejerce reaccionan de manera censora hacia el historiador cuando las conclusiones no son del gusto de los ‘analizados’.

Esta expresión es denigrante para los historiadores y su labor, ya que los identifica con los propagandistas de una causa o colectivo[1]. Y esta es la clave, porque entre historiadores de mejor o peor nivel, se han colado muchas personas que ejercen como tales, desde algún tipo de interés político, nacional, religioso o ideológico, reescribiendo[2] lo existente y trabajando en que su sesgo domine el relato oficial. Desgraciadamente, a lo largo de los siglos (como ocurre en otras disciplinas como la economía, la sociología, la psicología, la climatología, la ecología y tantas otras), personas con ideologías o creencias religiosas han intentado, con relativo éxito, cambiar el pasado para controlar el presente. La Historia, desgraciadamente, ha sido una de esas disciplinas que ha tendido a ser manipulada por personas e instituciones representantes de ideologías y gobiernos, por múltiples razones, desde justificar ciertas acciones a fundar Estados, pasando por implementar un espíritu nacional o de grupo.

Cuando, a mediados del siglo XIX, dos grandes naciones tomaban su lugar en el mundo, Alemania e Italia, algunos de sus historiadores y políticos, que también hacían su labor de propagandistas, acudían a la Historia conocida del Sacro Imperio Romano Germánico para desmembrarla, tomando parte de ella y construyendo una ‘Historia’ oficial que justificara su propia fundación. El nacionalismo estaba ligado al territorio y la etnia, siendo la lengua y la tradición común dos características que los definían, que daban identidad a italianos y alemanes[3]. El nacionalismo germánico quería un único Estado germano parlante, que en la medida de lo posible incluyera a los austriacos que usaran este idioma[4]. Tal unión no pudo culminarse y la guerra entre prusianos y austriacos ayudó en esta dinámica nacionalista.

Mientras tanto, los propagandistas alemanes reinventaron la Historia del Sacro Imperio con la intención de dar sentido a su propio imperio. Así, se interpretó la época de los Habsburgo como un declive; se huyó de lo romano por estar identificado con el papado; se inventó una relación entre lo griego clásico y lo germano; y se idealizó el Sacro Imperio medieval como un periodo armonioso. No muy lejos, el nacionalismo italiano tenía una visión muy distinta. Durante siglos, el norte de la actual Italia había sido parte del Sacro Imperio, pero Napoleón había conseguido que esta región se sintiera maltratada por los Habsburgo y pensara en una unión, en ese momento, bajo tutela del corso. Una vez que este desapareció, los movimientos nacionalistas, interpretaron su relación con el imperio en términos de abandono y restitución de otro pasado imperial, el romano, y promovieron la unión de toda la ‘bota’.

La Historia es una gran fuente para la propaganda y eso lo sabemos bien los españoles. Mientras que la Monarquía Hispánica dominaba los mares, sus enemigos, en especial los ingleses, pero sobre todo los holandeses, crearon una serie de verdades a medias y mentiras descaradas con la única intención de dañar el honor y la fiabilidad de los españoles en sus extensas tierras, favoreciendo así los intereses de sus Estados (y de paso, de Francia). La famosa Leyenda Negra nos ha acompañado hasta la actualidad y aún tenemos que poner los puntos sobre las íes ante ciertas acusaciones que son claramente invenciones o exageraciones, que pueden tapar otras malas acciones de los acusadores. Sin embargo, corremos el riesgo de caer en el victimismo y crear, para contrarrestar esta visión claramente negativa, una Historia alternativa en la que se reinterpreten hechos en sentido contrario, magnificando unos, negando otros e, incluso, inventando algunos, intentando repetir la jugada. No podemos dejar de reconocer que la ‘Pérfida Albión’ no deja de ser la típica contrapropaganda.

La filosofía marxista, una de las más exitosas del siglo XIX, ha contaminado bastantes estudios y profesiones, con su visión de conflicto permanente entre clases o, más recientemente, entre grupos de diversa condición. La Historia no ha sido ajena a esta influencia y, de hecho, el marxismo ha sido uno de los sesgos que más profundamente le ha afectado. Aunque al principio el comunismo desdeñó la Historia existente debido, en buena parte, a que entorpecía la creación de la nueva sociedad, las circunstancias de la Segunda Guerra Mundial, a la que los soviéticos terminaron denominando la Gran Guerra Patriótica (y en la que ellos mismos empezaron en el bando germano), supuso una nueva reinvención de los mitos fundacionales de la Gran Rusia, con la intención de elevar el ánimo de los maltrechos ciudadanos soviéticos, incluso ensalzando figuras históricas cercanas a las odiadas clases nobles (como el general Kutuzov, que lucho contra Napoleón). El mismo papel de Stalin fue adaptado a un modelo heroico, borrando su derrota ante los polacos[5]. Algo similar harían los chinos comunistas con Mao, reescribiendo su papel en el triunfo final del partido comunista chino. La exaltación del líder choca con la visión comunista en la que no hay individuos, sino sólo colectivo.

Después de la Segunda Guerra Mundial, en plena Guerra Fría, las visiones de izquierda radical siguieron extendiéndose en el mundo académico occidental. La lucha de clases fue la dinamizadora de la Historia, lo que la convierte en un enfrentamiento continuo, en una guerra perenne. Con la desaparición del Muro de Berlín y del bloque soviético, el marxismo se reinventa hacia visiones identitarias como el feminismo, el indigenismo, ciertas visiones raciales de la sociedad o las identidades de género.

Cada una de estas identidades supone una revisión de la Historia para adaptarla a la nueva y parcial utopía. De esta manera, los indígenas crean un pasado, anterior a la colonización europea, propio de la tradición roussoniana del buen salvaje y el posterior se convierte en un enfrentamiento continuo lleno de genocidios y violencia gratuita, siempre como víctimas[6].

En el caso del feminismo, se desprecia el movimiento sufragista que había fuera de la izquierda, se absorbe a alguna de las líderes cuando son demasiado importantes para invisibilizarlas, se olvida que, por ejemplo, en España, el PSOE se opuso al voto femenino por puro cálculo electoralista[7] y se crea una nueva realidad donde el hombre ha nacido con el pecado original de la agresión hacia el sexo femenino o, por extensión, a cualquier identidad de género que no sea el heterosexual. De igual manera, se borran de la Historia aquellos hechos que suponen la persecución por parte de la izquierda marxista de homosexuales, desapareciendo, por poner un ejemplo, esas acusaciones de ‘vicio capitalista’ con el que los soviéticos describían las relaciones homosexuales o los campos de trabajo cubanos que Ernesto ‘Che’ Guevara creó para ellos.

La Historia ha sido manipulada por religiones, ideologías, Estados o gobiernos para crear un relato adecuado y circunstancial que favorezca su moral, políticas e ideas. Así, los historiadores ven dificultada su labor, en tanto no sólo tienen que contar los hechos que ocurrieron, sino que algunas veces tienen que desmentir (o confirmar) y volver a analizar lo conocido, para eliminar sesgos que la contaminen. En este sentido, puedo entender que algunas personas desconfíen de lo que se lee y concluyan que los ‘ganadores’ dominan el relato. Sin embargo, este proceso propagandístico puede ocurrir en cualquier otra disciplina y despreciar, por ejemplo, la economía por estar en manos de economistas de ciertas ideas, la psicología o la sociología por tener un origen muy cercano a ideas de la izquierda, o las matemáticas, a las que ahora se quiere enseñar con perspectiva de género, lo cual no creo que sea una idea muy inteligente. Debemos optar por tener una mente abierta y crítica, que nos impulse a buscar fuentes diversas, a no tomar lo leído como la verdad absoluta y a pensar que adquirir conocimiento es un proceso que nos va a durar toda la vida.


[1] Es bastante posible que, conociendo algo la vida de George Orwell, esta fuera su intención: atacar a los propagandistas que usan la Historia. Sin embargo, creo que su aplicación se ha vulgarizado.

[2] Quiero hacer aquí una precisión. La Historia es susceptible de ser modificada, porque siempre se están averiguando nuevos hechos, material que hay que encajar en lo que ya se conoce. Además, tiene un elemento especulador. Por ejemplo, antes de que se inventara la imprenta, el número de documentos existentes es muy bajo y las fuentes no son tan precisas como a partir del siglo XV. Si nos remontamos a épocas en los que la arqueología es la principal fuente de información, esta especulación es más abundante, lo que no quiere decir que no dé lugar a un conocimiento firme, pues hay maneras de rellenar los huecos. Cuando me refiero a propagandistas, me estoy refiriendo a personas que, intencionadamente, no por una mala praxis, alteran los hechos, ocultando algunos, magnificando otros, e incluso se inventan cosas que pueden ayudar a su causa. Hay personajes que han ejercido y ejercen en ambos lados, y este es un hecho con el que hay que contar a la hora de creernos o no lo que estamos leyendo y buscar otras fuentes que confirmen o no lo que leemos. Incluso historiadores que se han visto influenciados y sus escritos están contaminados por los sesgos de moda en cada momento, sin que ellos sean demasiado conscientes de la situación.

[3] Los nacionalismos europeos habían despertado con Napoleón, que los explotó en su propio beneficio y, una vez derrotado, siguieron su propio camino.

[4] El nacionalismo alemán provocó el surgimiento de otros nacionalismos por una cuestión puramente defensiva. Los checos, ante la posibilidad de verse excluidos en un Estado alemán germanohablante, decidieron crear su propia Historia oficial y apostaron por el Imperio de los Habsburgo que, a diferencia del alemán, era plurilingüe. Además del alemán, el húngaro y el checo, junto a otras lenguas, coexistían sin problemas. De hecho, cabe decir que los imperios, en general, están caracterizados por tener varias lenguas y sistemas sociales y políticos, siempre que fueran fieles al emperador y al imperio, dentro de ellas. El Imperio oficialmente alemán era más una excepción que una regla general.

[5] Una de las manipulaciones más efectistas del régimen soviético y del estalinismo fue la de hacer desaparecer de las fotos a los rivales del régimen que iban cayendo en desgracia.

[6] En cierto sentido, lo que hacen los indígenas americanos, australianos y de otros lugares que fueron colonizados por europeos es similar a lo que hicieron alemanes e italianos con el Sacro Imperio al reinventar sus propias versiones de la Historia imperial.

[7] El PSOE consideraba que las mujeres, aleccionadas por la Iglesia católica, votarían masivamente a las derechas.