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Etiqueta: Imperio

¿Tienen sentido los imperios desde el punto de vista económico?

Por Kristian Niemietz. Este artículo ha sido publicado originalmente en el IEA.

¿Por qué empezó la Revolución Industrial en el noroeste de Europa? ¿Por qué Occidente se industrializó mucho antes que el resto del mundo? La mayoría de los economistas sostienen que esto ocurrió porque Occidente desarrolló un conjunto de instituciones excepcionalmente propicias para el crecimiento económico. Especialmente el Estado de Derecho, la seguridad de los derechos de propiedad, unos sistemas jurídicos imparciales y eficaces y la libertad contractual.

Se trata, por supuesto, de una explicación muy general y amplia, que aún deja mucho margen para el desacuerdo, por ejemplo, sobre el papel de los factores culturales, la geografía, los acontecimientos desencadenantes externos o las políticas económicas específicas. Pero es la explicación del mínimo común denominador.

¿Para qué estudiar historia si podemos decir que ha sido por el saqueo?

La explicación más de moda, sin embargo, es que Occidente se enriqueció gracias al saqueo y la explotación coloniales.

Como suele ser el caso, Owen Jones, en The Guardian, es quien mejor expresa la opinión de moda:

El capitalismo se construyó sobre los cadáveres de millones de personas desde el principio. […] El capital acumulado de la esclavitud […] impulsó la revolución industrial […]

[El dinero manchado de sangre del colonialismo enriqueció al capitalismo occidental. […]

Occidente está construido sobre la riqueza robada a los subyugados, a un inmenso coste humano”.

Esta idea no es nueva. Pero ha experimentado un renacimiento en los últimos dos años, a raíz del “Gran Awokening”. Fue, por ejemplo, el sentimiento que impulsó el derribo de la estatua de Colston en Bristol en 2020, como explicó más tarde uno de los organizadores:

Gran parte de la prosperidad de la que goza hoy el Reino Unido […] se debe a atrocidades históricas”.

Zarah Sultana, diputada por Coventry Sur (que, debido a sus opiniones anticapitalistas de moda, es también toda una superestrella en las redes sociales), también se hizo eco de esta idea:

La riqueza que enriqueció al Imperio Británico y lo estableció como superpotencia mundial significó el asesinato, la destrucción y la brutalización de personas en todo el mundo”.

Adam Smith contra el imperio

Uno puede entender por qué esta idea ha vuelto a despegar: se sitúa en la intersección de dos de las ideologías más en boga de nuestro tiempo, a saber, el progresismo woke y el anticapitalismo. Es una historia sobre gente blanca -hombres blancos, en su mayoría- oprimiendo a gente no blanca, que también se duplica como una historia de “pecado original” del capitalismo.

Pero, ¿es cierto que el imperialismo enriquece a los países? ¿Tiene sentido económico?

Esta cuestión ya se debatía acaloradamente en el apogeo del imperialismo. Adam Smith creía que el Imperio Británico no superaría una prueba de coste-beneficio:

Su pretendido propósito era fomentar las manufacturas y aumentar el comercio de Gran Bretaña. Pero su efecto real ha sido elevar la tasa de ganancia mercantil y permitir a nuestros comerciantes dedicar a una rama del comercio, cuyos beneficios son más lentos y distantes que los de la mayor parte de otros comercios, una proporción mayor de su capital de lo que habrían hecho de otro modo […].

Gran Bretaña no obtiene más que pérdidas del dominio que asume sobre sus colonias”.

Mejor disolverlo

Creía que Gran Bretaña estaría mejor si disolvía su Imperio:

Gran Bretaña no sólo se vería inmediatamente liberada de todos los gastos anuales del establecimiento de la paz en las colonias, sino que podría establecer con ellas un tratado de comercio que le aseguraría efectivamente un comercio libre, más ventajoso para la mayoría de la población, aunque menos para los comerciantes, que el monopolio del que disfruta actualmente”.

El defensor liberal del libre comercio Richard Cobden estaba de acuerdo:

Nuestra fuerza naval, en la estación de las Indias Occidentales […], ascendía a 29 buques, con 474 cañones, para proteger un comercio que superaba los dos millones anuales. Esto no es todo. Una fuerza militar considerable se mantiene en esas islas […]

Añádase a esto nuestro gasto civil y los gastos de la Oficina Colonial […]; y encontraremos […] que todo nuestro gasto, en gobernar y proteger el comercio de esas islas, excede, considerablemente, la cantidad total de sus importaciones de nuestros productos y manufacturas”.

La política clientelar (Public Choice)

Si el imperialismo era una actividad deficitaria, ¿por qué Gran Bretaña y otros imperios coloniales europeos lo practicaron durante tanto tiempo? Smith y Cobden lo explicaron en términos de política clientelar (o economía de elección pública, como diríamos hoy). Obviamente, alguien se beneficiaba, aunque la nación en su conjunto no lo hiciera. Y los beneficiarios estaban mejor organizados políticamente que los que pagaban la factura.

Esta argumentación proto-pública contra el imperialismo no se limitaba a los liberales políticos. Otto von Bismarck, Ministro Presidente de Prusia y futuro Canciller del Imperio Alemán, odiaba a los liberales de la tradición Smith-Cobden, pero rechazaba el colonialismo en términos que casi le hacen parecer uno de ellos:

Los supuestos beneficios de las colonias para el comercio y la industria de la madre patria son, en su mayor parte, ilusorios. Los costes que implica la fundación, el apoyo y, sobre todo, el mantenimiento de las colonias […] superan muy a menudo los beneficios que la madre patria obtiene de ellas, aparte del hecho de que es difícil justificar la imposición de una carga fiscal considerable a toda la nación en beneficio de ramas individuales del comercio y la industria” [la traducción es mía]”.

Michael Parenti

En sus escritos sobre la economía del imperialismo, incluso Michael Parenti, un politólogo marxista-leninista (que es, por razones obvias, popular entre los hipsters de Twitter), suena casi como un economista de la elección pública:

Los imperios no son propuestas perdedoras para todos. […] Las personas que cosechan los beneficios no son las mismas que pagan la factura.

Las transnacionales monopolizan los beneficios privados del imperio mientras que asumen muy poco, o nada, del coste público. Los gastos necesarios […] los pagan […] los contribuyentes.

Así ocurrió con el imperio británico en la India, cuyos costes […] superaron con creces lo que ingresó en el tesoro británico.

No hay nada irracional en gastar tres dólares de dinero público para proteger un dólar de inversión privada, al menos desde la perspectiva de los inversores”.

Entonces, ¿quién tiene razón?

Esto nos lleva a una situación curiosa. Los progresistas woke de hoy no están de acuerdo con su camarada Parenti sobre la economía del imperio, pero sí lo están con los antiguos imperialistas británicos, que sostenían que el Imperio era vital para la prosperidad de Gran Bretaña.

Estoy terminando un artículo sobre la economía del imperio para el Institute of Economic Affairs, en el que examino datos históricos sobre los costes y beneficios del imperialismo. No creo que sea demasiado spoiler si digo que el bando Smith-Cobden-Bismarck-Parenti tenía razón. La mayoría de los proyectos imperialistas fueron, con toda probabilidad, deficitarios. El imperialismo fue una locura que Occidente pudo permitirse porque hizo bien otras cosas, pero una locura al fin y al cabo.

Ver también

El misterio de la revolución industrial. (Albert Esplugas).

El mito del ‘gran enriquecimiento’. (Fernando Herrera).

Los cercamientos y las revoluciones económicas. (José Carlos Rodríguez).

Algunas cuestiones disputadas sobre el anarcocapitalismo LIX: Lecturas para el verano de 2021

Como es habitual en los meses de verano propongo una unos libros para disfrutar a la sombra, armados con lápiz y papel, de lo que entiendo son buenas lecturas. Como es habitual, no propongo lecturas ni “ligeras” ni “refrescantes”, sino libros serios en el ámbito de las ciencias sociales, para gente que ame el trabajo duro intelectual, justo en el momento en el que se le pude dedicar más tiempo que son los meses de verano.

En primer lugar me gustaría proponer un gran libro sobre población y recursos, temas que me interesan especialmente. Recomiendo en particular el libro del profesor Jesús Javier Sánchez Barricarte, El crecimiento de la población mundial: Implicaciones socioeconómicas, ecológicas y éticas, Tirant Lo Blanch , Valencia, 2008. Si bien la cuestión de los recursos ha merecido atención por parte de liberlaes y libertarios, la cuestión de la población ha sido mucho menos abordada y de ahí la pertinencia de  este trabajo. No me explico cómo no es más referenciado en nuestros ámbitos, dado su enorme interés. El estudio de la población, sus dinámicas y su relevancia económica es aquí bien abordado, muy en la línea de Julian Simon, Colin Clark o Esther Boserup, destacando las bondades del incremento de la población frente a los profestas neomalthusianos del estilo de Paul Ehrlich. Y es un tema muy pertinente que divide a la escuela austríaca, pues Mises, sin ir más lejos no era  muy partidario del incremento de la población mundial, como revela en su Acción Humana. Yo simpatizo más con las tesis del profesor Sánchez Barricarte y espero que con esta recomendación se despierte más interés entre nosotros por el tema y por la obra de este autor, que entiendo merece ser conocida y discutida.

Siempre me gusta resaltar la importancia que tiene el estudio de la historia para la adecuada comprensión de los fenómenos políticos, sociales y económicos de nuestro tiempo. De hecho buena parte de la mitología que rodea el discurso político deriva de una incorrecta compresnisón de la misma. Por ejemplo se apunta que los orígenes del capitalismo se deben a los poderes mágicos que derivan de la importación (o expolio) de unas piedras de color amarillo que, depositadas en Europa, hicieron el milagro de multiplicar varias veces su producción. O la idea de que los avances sociales y económicos de los trabajadores occidentales se debe a la lucha consciente de la clase obrera (Ojalá fuese así y con unas cuantas huelgas en Malí o el Congo esos desgraciados países  pasasen a tener el nivel de vida de los suizos). Buena parte del discurso histórico descansa en interpretaciones de este tipo que siguen condicionando el discurso actual.

Es por eso que recomeindo encarecidamente el estudio histórico a todos los interesados en nuestras teórias. Para ello nada mejor que este libro: Antonio Miguel Bernal, España, proyecto inacabado. Costes/beneficios del Imperio, Marcial Pons, 2005. Es una excelente historia económica del Imperio Hispano que deriva además de un excelente conocimiento histórico, de una buena comprensión de la teoría económica. Es muy raro ver citado a Rothbard, por ejemplo, en un estudio de este tipo pero nuestro autor lo hace (entre otros muchos autores claro está) lo que prueba que antes de embarcarse en estudios históricos ha querido entender bien fenómenos como la inflación, el comercio, la deuda pública o la intervención estatal en la moneda y el crédito. No me extraña que el libro haya sido premiado, es una excelente lectura para todos aquellos interesados en el Imperio español.

La teología no es una de las disciplinas que más se usan en nuestros ámbitos a pesar de existir todo un cuerpo teórico de teología crítica del poder estatal. Uno de estos teólogos es el anarquista cristiano William T. Cavanaugh, del que destaco uno de sus libros, El mito de la violencia religiosa, Nuevo Inicio, Granada, 2009. Es básicamente una crítica muy detallada a la idea de que las violencia padecida por Europa en la modernidad tiene una fundamentación religiosa. Nuestro autor culpa de ella sin ambages al poder político, enmascarado eso sí en causas religiosas. Es especialmente interesante como disecciona la Guerra de los 30 años, habitualmente presentada como una suerte de conflicto entre católicos y potestantes, cuando en realidad fue una lucha por la hegemonía europea entre el Imperio de los Habsburgo y sus enemigos. La prueba está en que había católicos y protestantes en ambos bandos, llegando alguno de ellos a pactar con musulmanes para desequilibrar la contienda. En conclusión un excelente trabajo de desmitificación acompañado por una muy dura crítica de la lógica estatal. Además es un texto muy útil para iniciarse en el mundo de la teología política, sobre la que algún día volveremos.

Otro libro que me gustaría mencionar es el  reciente de Andreas Malm, Capital fósil, Capitan Swing. Madrid, 2020. Supongo que podrá sorprender que situe un libro de un reputado eco-marxista en una lista de estas características, salvo que lo hiciese por su estilo literario. Es un libro marxista con buena prosa y claro en sus razonamientos, algo que por desgracia no abunda (aunque alguno hay) y dificulta el debate. Lo hago porque rara vez veo argumentos tan liberales en la pluma de un autor marxista, supongo que no de forma deliberada. Sólo Albert Otto Hirschman con sus Retóricas de la intransigencia puede  a mi entender igualarlo. Es un libro críticos con los combustibles fósiles como no puede ser menos en un ecologista marxista (para una defensa de los mismos este Instituto ha traducido el excelente libro de Alex Epstein, La cuestión moral de los combustibles fósiles).

La cuestión es que nuestro autor intenta explicar las razones por las que han triunfado lo fósiles sobre la energía hidráulica aparentemente la favorita en los comienzos de la Revolución Industrial. A pesar de su mayor desarrollo esta contaba con un gran inconveniente, el de  que su flujo no era regular, esto es una veces había demasiada agua y otras demasiado poca. Además la localización estaba supeditada a la proximidad de una corriennte de agua, a diferencia de la combustión fósil que podía ser instalada en prácticamente cualquier lugar. Y lo más curioso de todo es que nuestro autor culpa también del fracaso hidráulico a las leyes laborales del país que comenzaron a regular tanto salarios como la duración de la jornada laboral lo que le dió la puntilla final al desarrollo de la energía hidráulica. Creo que es muy tentador extraer conclusiones que son fácilmente aplicables a las modernas políticas industriales para la transición a una economía verde. Mucho me temo que podrían acabar igual que la energía hidráulica.

Catalogar a Wilhelm Ropke no es una tarea fácil. Algunos lo sitúan como uno de los padres del moderno neoliberalismo, otros como uno de los fundadores de la escuela Ordoliberal alemana, y otros como Randall Holcombe, como un miembro algo heterodoxo de la escuela austríaca. Todos tienen bastante razón aunque ninguna del todo. Por ejemplo, Ropke comparte muchos de los elementos de análisis austríacos, pero difiere en la cuestión del monopolio, causa legítima de intervención para Ropke y en algunos aspectos de política social.

Pero Ropke en algunos aspectos va más allá que los propios austríacos; sobre todo en las cuestiones que se refieren a los valores y al orden social. A Ropke le preocupan mucho más que a la mayoría de los austríacos los valores sobre los que se debe asentar una sociedad capitalista de libre mercado. De hecho el libro  suyo que recomiendo [Wilhelm Ropke, Más allá de la oferta y la demanda, Unión editorial, Madrid, 1996] bien podría ser situado en el canon de los mejores libros conservadores de todos los tiempos. No es, como indica su título, un libro sobre fundamentos de la economía sino un hermoso tratado sobre los principios que fundan y hacen prósperos a una sociedad, y estos se fundan en valores. Para que puedan existir mercados y capitalismo dignos de tal nombre es necesario ahorro derivado de valores frugales, confianza en la palabra del otro, laboriosidad etc. Sin estos valores el sistema capitalista no sólo no puede funcionar sino que ni siquiera habría surgido y la religión juega un papel fundamental en su preservación. Su crítica a la masificación urbana y su defensa de una vida de pequeños propietarios viviendo fuera de las grandes ciudades es ya mítica y supongo que discutible. Es este a mi entender el mejor de sus libros y aunque sus razonamientos económicos se aparten algo de la doctrina austríaca es sin duda uno de los pocos trabajos en nuestra tradición que pone el foco en los valores y la forma de vida propia de una sociedad liberal en el sentido clásico de esta palabra.

Cambiando un poco de tema vamos a referirnos ahora a un libro de otro austríaco más o menos heterodoxo, Oskar Morgenstern, alumno que fue del seminario de Ludwig von Mises en Viena. Los más leídos en ciencias sociales lo identificarán, junto con John von Neumann, como uno de los padres fundadores de la moderna y matemática Teoría de Juegos, que pasa por ser uno de los principales hitos de la economía y la ciencia social formalizadas. Si nos molestamos en investigar esta teoría, como hace la profesora Amadae en su Prisoners of reason, nos sorprenderá saber que no dejaba de ser uno de los muchos desarrollos teóricos que la ciencia social norteamericana, debidamente subvencionada, dedicó al combate cultural en los tiempos de la guerra fría.

Pero Morgenstern demostró en él un muy buen conocimiento de la ciencia matemática, conocimiento que va a usar en el libro que recomendamos [Oskar Morgenstern, Sobre la exactitud de las observaciones económicas, Tecnos, Madrid, 1970] para criticar las estadísticas que usan los gobiernos para intentar regular y controlar la economía y sin las cuales no podrían ni siquiera soñar hacerlo. Morgenstern ataca la propia base de las estadísticas económicas, esto es la corrección o no de los datos sobre los que trabaja. Nuestro autor afirma que muchos de los datos con que se opera, como por ejemplo los precios usados en los índices, no son correctos y si no lo son las medidas de política que se adoptan serán equivocadas ya desde sus inicios.  El problema no estaría en el tratamiento por parte de los profesionales de los datos, sino en la propia naturaleza de los mismos que, según Morgenstern, dejarían mucho que desear. Cuando leemos o interpretamos estadísticas damos por supuesto cierto rigor y que son objetivamente verdad. De hecho las usamos en discusiones y debates como prueba irrebatible de la solidez de nuestra posición como la quintaesencia de la verdad, debido a su supuesta objetividad. Más allá de que nadie se convence o cambia de opinión por una estadística pues siempre hay una contraria para rebatir, ¿que pasaría si estas son incorrectas? Este viejo libro abre muchos debates a los que sería buena idea volver.

El otro día leí unas declaraciones de un reputado polítco de la izquierda española en la que manifestaba su satisfacción por los servicios públicos que nuestro estado prestaba, según él, de forma gratuita. El estado sería así una suerte de Santa Claus o Reyes Magos que obtendrían sus recursos de la nada y los repartirían después entre la gente de buena voluntad. Entonces antes de que el estado los suplante como ha hecho con muchas otras instituciones tradicionales creo que sería buena idea conocerlos un poco. L. Frank Baum, Vida y aventuras de santa Claus, Valdemar, Madrid, 2005 es un buen comienzo. Baum fue un experto en marketing de finales del siglo XIX (cambió los diseños de los escaparates de los grandes almacenes de la época) y escritor infantil. Es muy conocido por su libro El mago del Oz en el que en una hermosa alegoría defiende el oro frente al inflacionismo de Bryan y los populistas. El libro de Baum sobre santa Claus es un hermoso relato sobre la infancia del bonachón personaje y sobre los valores de justicia social que las hadas con las que se crió le inculcaron. La descripción nos da un Santa Claus casi predecesor de Rawls con sus criterios de equidad y justicia a la hora de repartir los regalos. No se si es una buena lectura para inculcar valores a la infancia pero si es un hermoso libro.

Como contraparte tenemos a los viejos Reyes Magos que no le ofrecen al Niño Dios devaluadas letras reales ni papel del estado sino dinero sólido y duro, en forma de oro y mercancías de gran valor fácilmente negociables en la época como incienso y mirra. Recomiendo, por tanto, un olvidado libro de un olvidado autor (uno de mis favoritos sin duda) el siempre ortodoxo católico Michel Tournier, [Michel Tournier, Gaspar, Melchor y Baltasar, Edhasa, Madrid, 1997]. En el se nos recrean viejas leyendas sobre tan maravillosos seres, en una narración de gran belleza, como todas las de este autor que animo a redescubrir o a descubrir por quienes no lo conoczcan (recomiendo especialmente su  El Rey de los alisos).

Feliz verano