Ir al contenido principal

Etiqueta: Individualismo

Por qué es importante defender el individualismo

La minoría más pequeña del mundo es el individuo. Aquellos que niegan los derechos individuales no pueden pretender además ser defensores de las minorías.

Ayn Rand

Esta cita de la filósofa Ayn Rand define a la perfección la doctrina individualista y se convierte en toda una referencia a la sociedad actual en la que nos encontramos, donde parece que hemos sustituido la democracia liberal (obviando que los derechos actúan de forma particular) por una oclocracia (gobierno de la muchedumbre, tiranía de la mayoría).

El individualismo se basa en la autoridad sobre las propias acciones, asumiendo que sólo uno mismo debe hacerse responsable de sus actos. El individualismo considera a cada persona como una entidad independiente y soberana que posee un derecho inalienable a su propia vida, un derecho derivado de su naturaleza como ser racional. Sostiene que una sociedad civilizada, o cualquier otra forma de asociación, cooperación o coexistencia pacífica entre los individuos, solo puede lograrse sobre la base del reconocimiento de los derechos individuales, y que un grupo, como tal, no tiene ningún derecho, sino los derechos individuales de cada uno de sus miembros.

Colectivismo

Lo contrario a una mente individual es un cerebro colectivo. El colectivismo en sus diferentes formas abunda a lo largo y ancho del mundo, ya sea en forma de populismo, socialismo o nacionalismo, cualquier estatismo o combinaciones de ellas, el individualismo se ha visto relegado a un segundo plano.

El colectivismo domina y reduce a un grupo de personas (da igual si es a una raza, clase o Estado) sosteniendo que el hombre debe de estar encadenado a la acción grupal y al pensamiento único con la excusa de que existe un bien común para toda la sociedad. Como consecuencia, el colectivismo es una herramienta para eximir de responsabilidades. Es un mecanismo para externalizar la culpa y halagar al presunto oprimido. Lo libera de cualquier deber personal, de cualquier compromiso personal ajeno al colectivo: toda responsabilidad se reduce a ponerse a las órdenes de quien manda.

El colectivismo sostiene que, en los asuntos personales (la sociedad, la comunidad, la nación, el proletariado, la raza, etc.) es la unidad de realidad y el estándar de valor. Desde esta perspectiva, el individuo sólo forma parte del grupo, y tiene valor en la medida que le sirve al grupo. Sostiene, así mismo, que el individuo no tiene derechos, que su vida y su trabajo le pertenecen a la tribu y la tribu puede sacrificarlo a su antojo para sus propios intereses.

En la práctica

Las consecuencias del colectivismo han sido devastadoras, especialmente durante el siglo XX donde podemos encontrar sucesos desagradables como: genocidios, hambrunas, represiones y delitos de lesa humanidad. Fascismo, nazismo y comunismo, no fueron cosas opuestas. Fueron bandas rivales luchando por el mismo territorio. Dichas variantes colectivistas se basaban en el principio de que el hombre es un esclavo del Estado, sin derechos algunos. La filosofía de estas tres variantes dio una visión del hombre como un incompetente congénito, una criatura impotente, sin mente, sin motivaciones. Hombres que debían dejarse engañar y ser gobernados por una élite especial que alega algún tipo de sabiduría superior.

El colectivismo no predica el sacrificio como un medio temporal para alcanzar algún tipo de objetivo deseable. Es la independencia del hombre, el éxito, la prosperidad y la felicidad lo que los colectivistas quieren destruir. Los partidarios de esta doctrina están motivados, no por un deseo de felicidad para los hombres, sino por el odio contra el hombre, el odio contra lo bueno por ser bueno y el foco de ese odio, el blanco de su furia apasionada, es el hombre de habilidad.

La principal consecuencia del colectivismo es que quienes lo aceptan plena y consistentemente son incapaces de tener un yo. En la medida en que una persona abandona su mente a los demás, abandona sus medios de decidir qué valor y qué hacer. Por esto mismo, este ensayo es un alegato claro al individualismo, a los derechos individuales, al libre mercado y a la propiedad privada, es decir, una defensa a la libertad.

El trabajo de personas independientes

La libertad se basa en el hecho de que el hombre es un ser productivo. El hombre no puede sobrevivir si no es a través de su mente. Por ello, es un atributo del individuo que no puede estar subordinada a las necesidades, opiniones o deseos de los demás. Otro hombre no puede arrebatársela.

El protagonista de la novela El manantial argumentó así ante el tribunal de defensa sus derechos inalienables:

Fíjense en la historia. Todo lo que tenemos, todos los grandes logros, han surgido del trabajo independiente de mentes independientes y todos los horrores y destrucciones, de los intentos de obligar a la humanidad a convertirse en robots sin cerebros y sin almas, sin derechos personales, sin ambición personal, sin voluntad, esperanza o dignidad. Es un conflicto antiguo, tiene otro nombre: lo individual contra lo colectivo.

En definitiva, el colectivismo es incompatible con una comunidad democrática. Nacemos libres e iguales, a pesar del empeño de sanguinarios y sibilinos, nuevos y viejos, por impedirlo. Es importante enseñar los valores occidentales de la Ilustración y el peligro de las políticas identitarias, para no caer en las trampas colectivistas, presentes en todos los ámbitos de nuestra sociedad.

Hay que afirmar y pelear por la libertad: un liberalismo que ha de ser beligerante o no será.

Ver también

Individualismo, payeses y Josep Pla. (Antonio Nogueira).

La economía a través del tiempo (II): individuo y colectivo, comunidad y sociedad

Puede que a algunos les parezca innecesario tener que detenerse en lo que voy a tratar de desarrollar. Sin embargo, he visto que en numerosas ocasiones – no tanto desde el ámbito académico, pero sí desde el informal – se suele caer en un análisis político e histórico que, a mi juicio, peca de reduccionista por emplear una dicotomía que no es realista. Estoy hablando de la popular disyuntiva de “individuo contra colectivo”.

De forma que se podría realizar una división entre autores “colectivistas” y autores “liberales” o “individualistas” que nos serviría para saber quiénes son los “buenos” y quiénes los “malos”. Evidentemente, estoy exagerando un poco para tratar de hacer ver al lector con claridad lo que estoy tratando de analizar. No obstante, estoy seguro de que numerosas personas sabrán detectar sin atisbo de duda y con bastante precisión el tipo de argumentario al que estoy haciendo referencia.

Ni reduccionismos ni anacronismos

Para generar debate y contraste he decidido traer otra disyuntiva que, a mi parecer, es más realista y nos ayuda mejor a entender los cambios y contextos históricos y las propuestas de los diferentes autores. Es decir, lo que estoy tratando de evitar es el obvio reduccionismo – y anacronismo– de decir que Platón en “La República” está siendo socialista. Desde luego, también quiero evitar la exaltación de personajes como Protágoras por interpretar que su concepto de “hombre-medida” es más individualista y, por tanto, está más acertado.

Voy a poner un ejemplo para que se pueda ver bien, pero no con autores sino con varios tipos de agrupaciones humanas. En una dicotomía que pretende contraponer al individuo y al colectivo, una familia en la que hay ciertas cosas comunes es susceptible de interpretarse como una idea colectivista. Voy más allá. Una comunidad de monjes en la cual hay determinados bienes que son de uso común puede entenderse como una “sociedad colectivista”. Está claro: en estos casos tanto determinadas propiedades como libertades se ceden en favor de un grupo de personas. Esto es lo que ha llevado a muchos a pensar que los cristianos primitivos –especialmente en la era apostólica – eran una especie de protosocialistas – algo que desmontamos en la conferencia “Cristianismo primitivo y riqueza” organizada por el Instituto Juan de Mariana –.

Desmond Morris y Ferdinand Tönnies

Para poder evitar caer en esos errores, como he dicho, me ha parecido que podría estar interesante traer a colación a dos autores que dicen una cosa muy parecida pero desde campos completamente diferentes. Estoy hablando de Desmond Morris en su obra “El zoo humano” y de Ferdinand Tönnies en “Comunidad y Sociedad”. El lector avispado podrá intuir en este punto cuál va a ser la propuesta que voy a plantear y de qué manera nos servirá para evitar llamar “socialista” a cosas que en realidad no lo son.

Para Morris (1970) –un zoólogo que se puso a estudiar al Ser Humano siguiendo los mismos criterios que mantenía con los animales– una supertribu es una población en la cual las personas que conviven ya no conocen personalmente a cada miembro de la comunidad, lo que se consiguió mediante un proceso que comenzó con tribus, grupos personales, y desembocó en grandes grupos impersonales (p.8). Sin embargo, bajo la supertribu se mantendrían formas tribales que él llega a relacionar con equipos de fútbol o determinadas asociaciones, aunque la más intuitiva para nosotros puede llegar a ser la familia.

La etología como antropología

Dado que el autor interpreta que la configuración supertribal provoca comportamientos anómalos – entre otras cosas por la falta de empatía que surge ante el constante bombardeo de imágenes de personas que están por la calle y un contacto despersonalizado con ellas– sostiene que la legislación viene a corregir estas distorsiones. “De este modo, podemos considerar la ley como un instrumento equilibrador, tendente a contrarrestar las distorsiones de la existencia supertribal y que ayuda a mantener, en condiciones antinaturales, las formas de conducta social que son naturales a la especie humana” (pp.10-11).

De forma que la ley tendría, bajo estos supuestos, más fuerza sobre la población en aquellos sitios en los que la supertribu es más impersonal. Es decir, para Morris hay una causalidad entre la masificación y el intervencionismo.

Comunidad y sociedad

Dos conceptos parecidos a tribu y supertribu maneja Tönnies (1947) cuando habla de comunidad y sociedad:

La relación misma, y también la unión, se concibe, bien como vida real y orgánica —y entonces es la esencia (Wesen) de la comunidad—, bien como formación ideal y mecánica —y entonces es el concepto (Begriff) de sociedad (p.19).

Ferdinand Tönnes

En este texto es especialmente relevante el concepto “vida real” como forma de definir a la comunidad. La vida real vendría a ser lo que asimilamos, lo que percibimos, lo que conocemos. En la comunidad es donde nace la persona y mediante ella se define. En línea con lo que una vez escuché en boca del prof. Bastos: “Para la comunidad somos personas, nos conocen, saben nuestros defectos y virtudes… Para el Estado somos un número en el DNI”. En este caso, para Tönnies, eso que Bastos llamó Estado sería algo muy parecido a la “sociedad”.

Lo antiguo y lo nuevo

Pero como estamos hablando de historia, para saber la importancia que esto tiene y la razón que me ha llevado a dedicar este texto a ello, vamos a ver más diferencias que comunidad y sociedad tienen para Tönnies (1947):

Comunidad es lo antiguo y sociedad lo nuevo, como cosa y nombre (…) comunidad es la vida en común duradera y auténtica; sociedad es sólo una vida en común pasajera y aparente. Con ello coincide el que la comunidad misma deba ser entendida a modo de organismo vivo, y la sociedad como agregado y artefacto mecánico (p. 21).

Ferdinand Tönnes

El hombre en comunidad y en sociedad

Y es que teniendo esto claro, podemos entender que cuando nos referimos a eso que antes llamamos “colectivismo” estamos pensando en ese “agregado y artefacto mecánico”, esa masa bajo la que se diluye la individualidad y que a su vez destruye nuestros lazos –nuestra comunidad o tribu– dejándonos solos. Y cuando recuperamos aquel “individualismo” nos damos cuenta de que puede llegar a entenderse de dos maneras. Por un lado, un individualismo definido dentro de su contexto íntimo y cercano – que correspondería a un individualismo comunitario– y, por otro lado, un individualismo solipsista en el que ese contexto ha sido absorbido por la masa – que correspondería a un individualismo social–.

Ahora, después de lo visto, podemos llegar a aplicar estas ideas a nuestro análisis de forma que cuando lleguemos a grupos – o a sus defensores– que impliquen algún grado de vida comunitaria – especialmente propiedad comunal– podamos no caer en reduccionismos tales como asumir que esas ideas son “colectivistas”. La familia – o una comunidad de monjes– se diferencian del socialismo enormemente, pues este trata de darle a la sociedad características propias de la comunidad – o a la supertribu características tribales– y la familia mantiene su forma dando sentido a la existencia de la persona.

BIBLIOGRAFÍA

Morris, D. (1970). El zoo humano (2.a ed.). PLAZA & JANES

Tönnies, F. (1947). Comunidad y sociedad. Losada. (Original work published 1960)

Serie La economía a través del tiempo

(I) El estudio de la historia del pensamiento

(II) Individuo y colectivo, comunidad y sociedad