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Etiqueta: Innovaciones y nuevas tecnologías

¿Habrá tijeretazo?

En primer lugar, el conjunto de las Administraciones Públicas ha incurrido en uno de los mayores y más rápidos descuadres presupuestarios del mundo desarrollado, ya que el saldo de las cuentas públicas se ha desplomado en 13 puntos porcentuales (más de 130.000 millones de euros) en apenas dos años, al pasar de un superávit del 1,9% del PIB en 2007 a un déficit público que, según BBVA, rondará el 11,5% del PIB en 2009.

En segundo lugar, los planes de estímulo discrecionales aplicados hasta el momento y el sustancial aumento de las prestaciones sociales como consecuencia del paro han logrado que el gasto público se eleve hasta el 46,5% de la riqueza nacional. Ante tal situación, la entidad concluye que el Gobierno incumplirá con su objetivo de reducir el déficit al 3% del PIB en 2013, tal y como ha pactado con Bruselas.

Aunque la economía saliera de la recesión y los ingresos fiscales experimentaran cierta recuperación, la Administración Pública se verá abocada a poner en marcha un duro plan de ajuste centrado en recortar el gasto público hasta un 8,5% del PIB de aquí a 2013 o, lo que es lo mismo, unos 20.000 millones de euros anuales. Para ello, el peso del gasto corriente y de los sueldos de los funcionarios tendría que retroceder, como mínimo, hasta los niveles de hace 10 años, lo cual se traduciría en recorte de plantillas y salarios en el sector público, tanto a nivel estatal como autonómico o local.

De hecho, la entidad recomienda fijar un techo de gasto a las administraciones autonómicas, cuyo dispendio está siendo, en la mayoría de los casos, igual de alarmante que el protagonizado hasta ahora por el Gobierno central. No obstante, la mayoría de las comunidades autónomas registrará un déficit presupuestario en 2010 superior al límite del 2,5% del PIB fijado por el Consejo de Política Fiscal y Financiera el pasado año, según la agencia de calificación Fitch.

Si todo ello se llevara a cabo, es decir, si el Gobierno efectuara el tijeretazo necesario para regresar al 3% de déficit, la deuda pública ascendería al 73% del PIB en 2012, casi el doble que antes de la crisis. Y, de hecho, aún manteniendo el equilibrio presupuestario a partir de esa fecha, el nivel de deuda pública no regresaría al límite máximo del 60% del PIB que impone Bruselas hasta la siguiente década: 2021 ó 2024, según los analistas de la entidad.

Hasta aquí el panorama previsto siempre y cuando se hiciera lo que tiene que hacer. Sin embargo, mucho me temo que la realidad será muy distinta. ¿Se imaginan a Zapatero pactando con los gobiernos autonómicos un recorte salarial, aunque éste sea mínimo, a los más de 3 millones de funcionarios que trabajan hoy en España? ¿Se imaginan a Salgado presentando para 2011 una reducción presupuestaria equivalente al 2% del PIB, y así hasta 2013? ¿Y a las autonomías aceptando un techo de gasto público? ¿Y a los sindicatos apoyando que el salario de los empleados del sector privado se ligue a la productividad? Sinceramente, hoy por hoy, no me lo imagino. ¿Habrá, pues, tijeretazo? Lo dudo. El Gobierno mantendrá su política económica hasta donde le permitan los inversores o Bruselas. La única cuestión pendiente es, si llegado a ese punto, habrá posibilidad de retorno.

El gran golpe

Como es sabido, la Fed dirigida por Alan Greenspan colocó durante dos años los tipos de interés en el 1%, con lo que provocó una expansión del crédito sólo parangonable a la que desembocó en la Gran Depresión de los años 30. Para Bernanke, miembro de la Junta de Gobernadores de la Fed desde 2002, este impulso crediticio estaba perfectamente justificado porque en 2001, y especialmente tras la burbuja de las puntocom y el mazazo que supuso el 11-S, la economía estadounidense atravesaba por una pequeña crisis, que sólo se empezó a remontar ya bien entrado 2003.

En otras palabras, dado que Greenspan y Bernanke no podían aceptar que las malas inversiones acumuladas durante el ciclo económico anterior se liquidaran, prefirieron inyectar un chute crediticio que trocara los necesarios reajustes por nuevos desajustes. Así, como haciendo caso a las recomendaciones de Paul Krugman, la Fed trató de sustituir la burbuja tecnológica por la burbuja inmobiliaria.

Bernanke, sin embargo, considera infundada la afirmación de que esa burbuja inmobiliaria fuera consecuencia de la política de la Fed de abaratar tanto como fuera posible el coste de los créditos. O sea, que Bernanke cree posible que el dinero barato estimule la cantidad de buenas inversiones necesarias para reanimar la economía pero ve complicado que las genere malas. Bien está, pues, que los tipos de interés dejen de desempeñar papel alguno en la coordinación intertemporal de los agentes económicos y pasen a convertirse en el juguete del burócrata de turno para inundar de maná nuestros hogares cuando lo considere pertinente.

Para el presidente de la Fed, hay cuatro argumentos que claramente demuestran que el banco central no fue el responsable, o al menos no el principal responsable, de la reciente burbuja inmobiliaria.

El primero sostiene que los precios de la vivienda venían subiendo de manera ininterrumpida desde 1990; de hecho, entre 1999 y 2005 lo hicieron casi todos los años por encima del 10%. ¿Es posible, se pregunta Bernanke, que la política monetaria que desarrolló la Fed entre 2002 y 2005 ocasionara ese brutal efecto acumulativo sobre los precios?

Bernanke parece ignorar, o querer ignorar, cómo surge y se desarrolla una burbuja. En general, una burbuja de precios no suele surgir aleatoriamente sobre cualquier activo, sino que se concentra en alguno que todos los inversores consideran que va a revalorizarse (porque sea relativamente escaso, por ejemplo). Es sobre esa subida original basada en razones fundamentales sobre la que se edifica una pirámide de naipes especulativa que termina desmoronándose tarde o temprano.

Por ejemplo, ¿era lógico que los precios de la vivienda despuntaran en España? Sí, porque teníamos la oferta limitada y tanto la población inmigrante como la de jóvenes en edad de emanciparse había crecido mucho. ¿Era lógico que crecieran tanto? No, pero ahí ya entró una demanda especulativa alimentada por el crédito barato. Pues lo mismo sucedía en Estados Unidos, donde los precios de la vivienda estaban condenados a subir desde comienzos de los 90.

Pero no estamos, o no deberíamos estar, discutiendo eso, sino sobre la razón de que se diera una burbuja en los mismos. Si en lugar de en los precios nos fijamos en otro indicador más relevante, la relación entre el precio de los pisos y el de los alquileres (también llamado "PER de la vivienda"), nos daremos cuenta de que esta ratio se mantuvo estable entre 1975 y 2000 en Estados Unidos: si otorgamos un valor 100 a la del año 2000, el valor más bajo fue el registrado en 1975: 90; y el más alto el de 1980: 105. ¿Qué sucedió con el PER a partir de 2001, justo cuando la Fed empezó a bajar tipos de manera alocada? Pues que pasó de 100 a 140. Ahí es nada: en apenas cinco años se infla más la burbuja que en 25. Pero la Fed no tuvo nada que ver en ello. Claro.

El segundo argumento que se saca Bernanke de la manga es un estudio econométrico que analiza precios de la vivienda en función de las condiciones macroeconómicas vigentes (PIB, consumo personal, inflación, desempleo, porcentaje de la construcción en el PIB y tipos de interés de la Fed). El modelo asume que la relación de los precios con todas estas variables es estable a lo largo de la historia, y por tanto que nos permite comparar el precio esperable de la vivienda según las regularidades históricas con el que realmente se dio. Los resultados de este estudio resultan bastante positivos para el banco central: aun con los tipos de interés en el 1%, no cabía esperar que los precios de la vivienda subieran tanto y por consiguiente que deben entrar otros factores en la explicación de la burbuja.

De entrada, no deja de ser llamativo que este estudio que exculpa a la Reserva Federal de su desastrosa política monetaria lleve el sello y esté financiado… por la Reserva Federal. Detalle que, convenientemente, Bernanke silencia en su discurso.

Sin embargo, lo grave, o lo más grave, no es esto, ya que hoy en día casi todos los economistas que realizan este tipo de estudios viven directa o indirectamente de los bancos centrales, sino la propia endeblez de los supuestos sobre los que se asienta el trabajo. Si el modelo econométrico empleado busca relaciones históricas estables entre los tipos de interés y el precio de la vivienda, ¿qué sentido tiene dar un valor esperado a los precios de la vivienda en función de unos tipos de interés que no se habían dado jamás en la historia? Mejor dicho: entiendo qué sentido tiene hacerlo desde un punto de vista matemático, en el que se supone que las relaciones funcionales entre dos variables son estables o cambian de una manera conocida, pero no desde un punto de vista económico, que debería tener presente que los tipos de interés se redujeron tanto como fue necesario para estimular una economía en recesión mediante la creación de una burbuja inmobiliaria. Si obviamos el hecho de que no todos los descensos de un punto en los tipos de interés estimulan tanto la demanda de endeudamiento y que la Fed colocó las tasas a unos niveles que le permitiera crear un boom crediticio artificial (fueran éstas cuáles fueran), entonces el estudio econométrico deviene pura filfa.

La tercera línea de defensa de Bernanke tiene más sentido: de acuerdo con el presidente de la Fed, el banco central sólo es responsable de las reducciones en los tipos de interés, pero no de todo el deterioro de los estándares crediticios que se produjo en la última década, y que es responsable de buena parte de la burbuja.

Obviamente, la Fed no obligaba a los bancos a conceder hipotecas sin entrada, a referenciar los tipos de interés al Libor o a prestar dinero a gente insolvente. Pero Bernanke no explica toda la realidad. Las torpes decisiones de los bancos privados eran perfectamente racionales si la economía hubiese seguido creciendo, si los precios de la vivienda hubiesen seguido subiendo y si el desempleo se hubiese mantenido en niveles bajos; esto es, si el boom artificial generado por la política de dinero barato de la Fed no se hubiese interrumpido en 2005. Los impagos a partir de 2006 se disparan no tanto porque los deudores de los bancos fueran subprimes, sino porque cuando la economía se estanca, los deudores marginalmente menos solventes son siempre los primeros en ahogarse.

Por consiguiente, aun sin quitar responsabilidad a unas prácticas bancarias desnortadas por treinta años de ingeniería financiera (cuestión distinta es a qué se debe la explosión de esa ingeniería financiera, y aquí sí podríamos buscar grandes responsabilidades dentro de la Fed y en su abandono del patrón oro), no debe olvidarse el espejismo de bonanza que generó la Reserva Federal y que llevó a los bancos privados a creer que todo el monte era orégano, hasta el punto de olvidar que no hay que prestar a quien va a dejar de pagar tan pronto como le vengan mal dadas.  

Por último, Bernanke se refugia en una correlación por países entre la laxitud de la política monetaria y el incremento de los precios de la vivienda. En ella se aprecia que, aunque ambas variables están relacionadas, el caso de Estados Unidos no es especialmente sangrante, ya que hay países –como Nueva Zelanda– con una política monetaria más estricta en la que los precios subieron mucho más y otros –como Grecia–con una política bastante más laxa en la que subieron bastante menos.

Aparte del hecho nada desdeñable de que el indicador empleado para medir el grado de laxitud o rigidez de la política monetaria es del todo inapropiado (pues arrojan resultados como que los paradigmas de la ortodoxia monetaria son Japón, con un tipos del 0%, o Alemania, con tasas del 2%), Bernanke debería saber que los bancos centrales pueden, en cierta medida, expandir el crédito, pero no pueden controlar dónde va a dirigirse. Como ya hemos comentado, las burbujas se generan si existen condiciones objetivas en los activos para que los precios suban, y por ello el hecho de que no en todos los países donde los tipos de interés bajaran, se produjeran automáticamente alzas en los precios de los inmuebles sólo demuestra que esas economías ya estaban relativamente saturadas de viviendas, o que sus ciudadanos ya estaban endeudados hasta las cejas y eran incapaces de demandar más hipotecas.

Así mismo, ni cabía esperar que las bajadas de tipos de interés de la Fed en 2001 y 2002 relanzaran la burbuja tecnológica cuando ésta ya había estallado y se había revelado un fiasco, ni que los actuales tipos al 0% revigoricen la burbuja inmobiliaria que pinchó en 2007. Pero esto no significa que la Fed no impulsara con anterioridad ambas burbujas abaratando el endeudamiento y generando un boom artificial en la economía.

Ya ve, Míster Bernanke: si quiere mentirnos como nos mintió en 2005 cuando negó que existiese una burbuja inmobiliaria, deberá buscarse falacias mejores. Ya estamos muy escarmentados del juego politiquero que practican los bancos centrales, empezando por el suyo.

Entre narcos y terroristas

Por el momento está dispuesto, como poco, a cambiar la Ley Orgánica del Poder Judicial para hacerlo. Y todo para crear un sistema rápido –del que tampoco sabemos lo suficiente como para estar seguros de que protege el derecho a la libertad de expresión– que lleve a la Audiencia Nacional a cualquiera que la futura comisión del Ministerio de Cultura considere que viola la propiedad intelectual con un sitio web.

Cierto es que, en principio, los planes que muchos se empeñan en atribuir a González-Sinde a pesar de que parezcan cosa del propio ZP eran mucho peores. Ahora al menos se pone a un juez, aunque por el momento no queda demasiado claro cuál será su función; eso se verá según se vayan presentando los cambios legislativos. Por el momento tan sólo nos queda claro que tener una web que alguien pueda considerar atentatoria contra los derechos de autor puede llevarle a uno al mismo sitio que a los narcos y terroristas: a la Audiencia Nacional.

Otra cosa ha quedado también clara. O Francisco Caamaño ha mentido para tratar de confundir o sus nulos conocimientos de la Constitución deberían costarle no sólo el puesto de ministro sino también el doctorado en Derecho y la plaza de profesor de esta materia. El titular de Justicia ha dicho literalmente que están en conflicto "por un lado el derecho de propiedad intelectual, que es un derecho fundamental, y por otro, los derechos fundamentales a la libertad de expresión y a la información".

Por mucho que buscamos, no encontramos que la propiedad intelectual entre los derechos fundamentales reconocidos en la Sección I del Capítulo II de la Constitución Española. Dudamos de que, puesto que no figura en ninguno de esos artículos (del 15 al 29), un profesor de Derecho Constitucional y ministro de Justicia como Caamaño pueda creerse lo que ha dicho. Si se lo cree, resultaría que estamos ante un perfecto incompetente.

Tal vez, no cabe descartar lo que decíamos al iniciar este artículo, pretendan reformar la Constitución para incluir la propiedad intelectual entre los derechos fundamentales. Con este Gobierno todo es posible. Incluso juzgar entre narcos y terrorista a los responsables de una simple página web.

Mr. Bean y el XSS

Resulta difícil de entender para un lego, incluso para alguien que sabe algo de ordenadores pero no de seguridad informática, saber qué ha sucedido en realidad. Porque por mucho que el Gobierno insista en hablar de un "fotomontaje" son demasiados los que han visto directamente en su navegador la foto de Mr. Bean sustituyendo a la del presidente del Gobierno. Y sin embargo, es cierto que la seguridad de los servidores que alojan la web no ha sido comprometida. Pero ¿cómo se traduce este galimatías?

Normalmente se entiende como un ataque el uso de alguna técnica que permite a los malos entrar en el ordenador de otro como si fuera el propio o inutilizarlo de alguna forma. No es eso lo que ha pasado. Lo que se ha producido es un ataque empleando una técnica llamada cross-site scripting o XSS, información que imagino les habrá dejado igual de fríos. Mediante esta técnica pueden lograrse muchas cosas, entre ellas alterar un sitio web sin entrar en él, que es lo que han hecho en este caso.

Muchas veces, por ejemplo, haciendo una búsqueda en Google (por ejemplo, "ld"), podrán ver cómo la dirección de la web es un galimatías un poco incomprensible ("http://www.google.es/#hl=es&source=hp&q=ld&btnG=Buscar+con+Google&meta=&aq=f&oq=ld&fp=cd373de720a5339") en el cual se le envía al buscador un montón de información, entre la que destaca el texto que queremos encontrar en la web. En muchas páginas puede suceder que si en lugar de enviar un texto, digamos, normal, se envía código escrito en algún lenguaje de programación se consigue que éste se ejecute, lo que nos puede permitir, entre otros resultados, alterar el contenido que ven los usuarios.

Cuando ustedes accedían a la web por la dirección habitual, www.eu2010.es, veían la web en su estado normal. Sin embargo, el hacker en cuestión hizo circular una dirección similar a esos prodigios de arte abstracto que son a veces las direcciones de las páginas de los buscadores que hacía que la web de la presidencia española de la UE mostrara la imagen de Mr. Bean. No era un fotomontaje, no, pero tampoco fue un ataque clásico, de los que permiten a los malos hacerse con el control de la página. La web, vamos, no fue "hackeada", tal y como se suele emplear ese término.

Pero el problema es que da lo mismo si a esto se le llama técnicamente un ataque o no, porque el resultado que han visto los internautas ha sido equivalente a si lo hubieran hecho. Se trata de una imagen de notable incapacidad tecnológica la que ha dado este Gobierno del nuevo modelo de desarrollo productivo, basado en el I+D y no en el ladrillo, y todas esas monsergas propias de quien no sabe de qué habla. No es que no se lo merezca, claro.

Ni patronal ni sindicatos

No obstante, su liderazgo lleva en entredicho varios meses, tanto a nivel interno como externo. En concreto, desde que la crisis económica comenzó a aflorar las debilidades y posibles errores de gestión en sus empresas.

Los líderes sindicales, por el contrario, no se deben preocupar de este tipo de problemas, ya que desde hace décadas sus cargos no dependen en ningún caso del aumento de afiliados o la presentación de unas cuentas saneadas. Para inyectar dinero en UGT y CCOO ya está papá Estado, que bien se encarga de engordar año tras año las nada maltrechas carteras de los liberados sindicales gracias a los impuestos de los contribuyentes.

La debilidad de Díaz Ferrán, que la pasada semana protagonizó un amago de dimisión, es vista por sus opositores y el propio Gobierno como una oportunidad para deshacerse de una figura algo incómoda a la hora de pactar la más que necesaria reforma laboral. Su aspiración, colocar en la poltrona de la CEOE a alguien más afín a las posturas del Gobierno para facilitar un acuerdo que no soliviante a los sindicatos y así mantener la pax social –y el consiguiente rédito electoral– en un 2010 que se presenta difícil.

Sin embargo, la clave no radica en si Díaz Ferrán es o no la persona adecuada para representar a la patronal en la negociación colectiva que acaba de reiniciar con Ejecutivo y sindicatos. La raíz del asunto va mucho más allá, y consiste en la función misma que desempeñan este tipo de agentes llamados "sociales". "Mesa de Diálogo", "agentes sociales" o "negociación colectiva" son cruces de la misma moneda. A saber, el keynesianismo imperante en el Estado de Bienestar.

Patronal, sindicatos y administración pública cuentan con potestad para imponer por ley salarios y condiciones laborales a millones de empresarios y empleados en España. Constituyen un oligopolio con capacidad plena para imponer por la fuerza una determinada forma (arbitraria) de hacer las cosas. Por desgracia, el mercado de trabajo no existe en España porque el uso del término "mercado" carece de sentido en un ámbito en el que unos pocos privilegiados deciden por el resto.

Libertad es, en gran medida, poder o capacidad de decidir por uno mismo, y es evidente que tal concepto brilla por su ausencia en las interacciones que efectúan empleadores y empleados. La ley regula todos y cada uno de los aspectos de la relación laboral, imprimiendo una rigidez cuyos efectos ya conocemos: la tasa de paro más elevada de los países desarrollados.

La fuerza laboral no se rige por criterios de mercado. El salario y las condiciones de trabajo no son acordadas libremente entre empresario y trabajador, sino que son impuestas desde arriba. La ley universal de la oferta y la demanda ha sido borrada del mapa mediante una voluminosa regulación heredada del franquismo.

La reforma laboral que precisa España debería empezar por eliminar los privilegios legislativos que ostentan los "agentes sociales". El trabajo, al igual que cualquier otro recurso, debería regirse única y exclusivamente por la ley del mercado. De este modo, eliminando "salarios mínimos" y "convenios colectivos", los agentes individuales, auténticos protagonistas del proceso de mercado, podrían contar con una libertad de la que hoy carecen por completo.

Empleador y empleado son los únicos que deben decidir libremente el fondo y forma de sus relaciones contractuales. El estrangulamiento del mercado, como por ejemplo la fijación de precios por ley o la aplicación de una fiscalidad elevada, tan sólo crea distorsiones perversas que, siempre y en todo lugar, acaban por generara escasez, despilfarro de recursos y pobreza. Da igual el ámbito al que se aplique: alimentos, energía, trabajo… Limitar la propiedad privada y los acuerdos libres entre individuos siempre acarrea problemas. Por ello, ni patronal ni sindicatos son actores legítimos para decidir por nosotros.

La libertad no es negociable

Más de medio año ha transcurrido entre una declaración y otra, prácticamente idénticas, y lo único que hemos visto ha sido un intento gubernamental de proteger los intereses del lobby de los derechos de autor a costa de los derechos de los ciudadanos.

Una diferencia fundamental entre entonces y ahora es que su imagen está, por difícil que pareciera hace algo más de medio año, todavía más dañada que en aquellos momentos. Debe de ser un papelón para ella decir, como lo ha hecho, que el Gobierno está "muy satisfecho" con el "debate social" sobre los derechos de autor en internet. La revuelta "internáutica" le ha dejado maltrecha ante la opinión pública, pero ella debe salir a dar la cara en nombre de todo el Ejecutivo. El hombre que piensa que la Tierra es del viento no dará la cara y seguirá dejando que la ministra de Cultura cargue con una responsabilidad que es de él.

En cualquier caso, ni el presidente del Gobierno al que alguien debió traducir aquello de the answer is blowin’ in the wind ni la guionista metida a política quiere reconocer la verdad. Lo que desde el Gobierno no se quiere reconocer es que lo que ellos llaman "debate social", –la revuelta de miles de internautas contra un intento de meter de forma rastrera una norma contraria a la Constitución– fue un movimiento en el cual la sociedad defendió la libertad frente a los intereses de unos grupos afines al poder.

No está en juego aquí el equilibrio entre "todos los intereses" o los "intereses de todos". Muy al contrario, de lo que se trata es de la libertad de expresión, puesto que contra ese derecho tan elemental intentaban atentar al pretender crear una comisión con capacidad de cerrar sitios web sin intervención judicial, frente a los privilegios de unos pocos beneficiarios del actual sistema de propiedad intelectual. Y no cabe debate o negociación posible en esos términos.

La libertad no es negociable. No existe legitimidad alguna para tratar de recortarla en defensa de intereses particulares. A no ser que quien tiene el poder se considere a sí mismo como un huracán arrasador o una benigna brisa y considere que "la libertad no pertenece a nadie, salvo al viento".

Facebook, Google y la intimidad

Facebook se ha ido convirtiendo en hegemónica en buena parte del mundo y como este tipo de herramientas son más útiles conforme más personas hay en ellas, cabe concluir que está aquí para quedarse, y sus decisiones sobre la protección de la intimidad de los usuarios hay que mirarlas con lupa. Según los internautas han ido entrando en esta red social, cada vez han aparecido más noticias del tipo "encuentra a su hijo perdido" o "le dan una paliza por subir unas fotos", lo que ilustra la importancia que puede tener el acertar con el grado

Hay que tener en cuenta que a Facebook, a igualdad de condiciones, lo que le interesaría es que hiciéramos público absolutamente todo el contenido que volcamos en sus servidores: los amigos, las actualizaciones de estado, las fotos… De este modo, quienes aún no están dentro podrían percibir mejor la utilidad del invento buscando por algún amiguete en Google u otro buscador. Sin embargo, esto es "a igualdad de condiciones", y eso no se da. La mayoría de los usuarios quieren mantener todo o casi todo lo más privado posible, y cualquier intento de Facebook de cambiar esto podría provocar una huida de muchos de sus usuarios o, al menos, una reducción de su presencia en la red social, cambiando los datos y poniendo otros falsos, eliminando amigos y fotos, etc. Es decir, todo lo contrario a lo que querrían Mark Zuckerberg y sus cuates.

Así, con este cambio, Facebook ha querido matar dos pájaros de un tiro. Por un lado, ha ofrecido mucho más control a sus usuarios, algo que estos agradecerán. Se pueden precisar unas políticas generales de privacidad más detalladas y más fáciles de modificar al estar todas ellas en una sola página. Y por otro lado, cuando se añade algo de contenido al perfil, se puede especificar quién queremos que pueda acceder a él. Podemos hacer listas de nuestros amigos en Facebook, por ejemplo "Compañeros de trabajo", "Pandilla", "Familia" o lo que sea y luego publicar las fotos de la última fiesta sólo a los amigos, por ejemplo, y dejar que en el curro y en casa sigan creyendo que somos una persona seria.

Pero también han sido un poco sucios a la hora de plantear estos cambios a los usuarios. Cuando se les ha presentado el resumen de las nuevas opciones han puesto cada una de las categorías ("información personal", "contacto", etc.) con dos opciones para escoger: lo que teníamos antes y lo que Facebook quiere que pongamos. Y esto último… ¡es lo que viene por defecto! Así, muchos usuarios pueden haberse fiado de la red social y ahora estar compartiendo con demasiada gente datos que quizá desearían que fueran más privados.

No obstante, al menos Facebook se preocupa por este asunto. Google ha demostrado que no. Su consejero delegado, Eric Schmidt, el "otro", el que no es ni Larry Page ni Sergey Brin, ha dicho que "si hay algo que no quieres que nadie sepa, quizá no deberías haberlo hecho en primer lugar". Resulta irónico, dado que Google ordenó a sus empleados que no hablaran con los periodistas de CNET después de que ese medio publicara todo tipo de información sobre Schmidt –salario, barrio en el que vivía, donaciones políticas– que había obtenido del propio buscador, como modo de dar la voz de alarma sobre la falta de privacidad que teníamos en internet. ¿Acaso le avergonzaba algo de lo que publicaron? No, claro. Pero a nadie le hace gracia ver su intimidad expuesta en internet, y a Schmidt menos que a nadie. Es un argumento tan estúpido como defender que quien se niega a que la policía entre en su casa sin orden judicial es que "tiene algo que esconder".

Google lleva muchísimo tiempo intentando convencernos de que son buenos y de que los datos que recopilan de nosotros los emplean para dar un mejor servicio, no para hacer cosas feas con ellos. Acaban de tirar a la basura años de declaraciones públicas. Al menos, ya sabemos a qué atenernos.

Las descargas son lo de menos

El último acercamiento al modo yanqui de hacer las cosas mal ha consistido en colar de matute en una ley "ómnibus" como la de economía sostenible una disposición que permite al Ministerio de Cultura cerrar sin intervención judicial las páginas de enlaces P2P.

Teóricamente, la propuesta para acabar con estas web se iba a realizar antes de final de año tras el informe de una comisión ministerial que se conocería este mes de diciembre. Pero al igual que sucede en Estados Unidos, donde miles de medidas son aprobadas como añadidos a las leyes importantes para así ganarse el apoyo de congresistas clave, se han adelantado incluyéndolo en una ley que nada tiene que ver con internet ni con las descargas.

Además, esta disposición del anteproyecto de ley fue ocultada a la opinión pública cuando se aprobó en consejo de ministros y revelada unos días después, casualmente el mismo día en que se celebraba una manifestación de titiriteros pidiendo al Gobierno que impidiera las descargas P2P. La ley que pretende aprobar el PSOE lo convierte en policía, juez y fiscal a un tiempo, con facultades para cerrar toda página web que les moleste. Y eso no se puede tolerar, sea cual sea la excusa; no lo hace con páginas terroristas, pero pretende hacerlo con sitios web de enlaces que, con la legislación actual, ni siquiera cometen un delito, como han ido reconociendo en su mayoría los jueces que han examinado las denuncias de la SGAE y sus compis.

Naturalmente, está en juego algo mucho más importante que el destino de unos cuantos sitios web. No se puede conceder al Estado la potestad de cerrar a su libre albedrío un medio de comunicación, y los sitios web lo son. Con este arma, el Gobierno podría ordenar, por ejemplo, el cierre de Libertad Digital, y aunque previsiblemente un juez nos daría posteriormente la razón y nos permitiría volver a abrir las puertas, habría transcurrido mucho tiempo y el daño ya estaría hecho. La libertad de expresión es un derecho fundamental que está incluso reconocido en nuestra Constitución, que especifica que sólo una orden judicial puede ordenar "el secuestro de publicaciones, grabaciones y otros medios de información". Eso es lo que está en juego, y no el destino de unos sitios web con enlaces a descargas de canciones y películas.

Muchos internautas han protestado ante este atropello, y la ministra de Cultura ha hecho el paripé de sentarse a hablar durante un cuarto de hora con algunos de ellos, y Zapatero el de decir que "no se va a cerrar ninguna web". Pero incluso los más fanáticos defensores del presidente del Gobierno –y entre quienes se reunieron con Sinde hay unos cuantos– no deberían sino reconocer que la palabra de Zapatero no tiene ya a estas alturas valor alguno. Este anteproyecto ha sido aprobado en Consejo de Ministros y elaborado con la colaboración de varios ministerios; es responsabilidad, más de lo habitual, del Gobierno al completo y de quien lo preside. No es la ley Sinde, sino la ley Zapatero. Además, al no cesar inmediatamente a su ministra, ha asumido la responsabilidad. Es el presidente, por tanto, quien debe ser puesto en cuestión por este intento liberticida de querer convertirnos en China.

La red, campo de batalla

Las ha envuelto en su discurso almibarado y les ha colgado uno de los pocos carteles con enganche que no había utilizado: Ley de Economía Sostenible. Este es un hombre de grandes miserias, puestas a la venta con grandes letreros. Alianza de Civilizaciones, Educación para la Ciudadanía, Ley de Economía Sostenible… ¿Qué será lo próximo? ¿Una Ley de Libertad Religiosa?

Doscientas páginas tiene el anteproyecto, y entre un par de recomendaciones a los bancos de que hagan su trabajo, la amenaza de cumplir a medias su programa de 2004 sobre los sueldos de los directivos y demás, se ha colado en el texto el espíritu de las navidades futuras, esas en las que la SGAE va cerrando páginas. ¡Toma ómnibus!

Usted siempre se ha preguntado para qué queremos un ministerio de Cultura. Además de para repartir dinero a una clase de artistas adocenados y pastueños, claro está. Pues para censurar. La ley prevé que un grupo de aleccionados cierre páginas web, y sin control judicial. La idea no ha sido de Salgado (la ley ha salido de su Ministerio) ni de Sinde, sino de Zapatero. El corazón de la SGAE late en La Moncloa, y su pulsión de control de internet no se apagará jamás. La red, campo de batalla por la libertad.

Un grupo de bloggers, sí, se ha reunido con la ministra y ha expresado ante el Gobierno el modo de pensar de centenares de miles, de millones de internautas. Es decir, de ciudadanos. Y por el momento, el Gobierno ha rectificado. Es más, la comisión censora, al parecer, se ha quedado sin atribuciones. ¿Dónde está el Estado, con su poder y su aureola de autoridad? Es una filfa moldeable por unas cuantas pantallas de ordenador. Pero reaparecerá.

Cómo desenterrar el cable

“Al cierre del tercer trimestre, ONO presentó un beneficio neto de 41 millones, un 144,7% por encima a la cifra alcanzada en el mismo periodo del ejercicio anterior, a pesar de la caída en un 5% de los ingresos (1.100 millones). Gran parte del éxito radica en la optimización “de los procesos de la compañía”, con un severo recorte del 50% en las inversiones.”

El párrafo que transcribo de una noticia leída no hace mucho, quizá llené de alegría a los accionistas de ONO. Debería ser una alegría justificada, tras tantos años de sufrimiento; por fin sus expectativas se ven reconocidas con un, aparente, retorno para su inversión. ¿O no?

ONO es el principal operador de cable en España. Eso significa que, junto con Euskaltel (en el País Vasco), grupo R (en Galicia) y Telecable (Asturias), es el único operador que dispone de infraestructuras de telecomunicaciones fija, aparte del antiguo monopolista. Como su propio nombre indica, dichas infraestructuras consisten de cable coaxial, que permite el suministro de todos los servicios de telecomunicaciones, con una capacidad bastante superior a la que permite el par de cobre propiedad de Telefónica. De hecho, usando dicho cable, ONO es capaz de prestar servicios de acceso a Internet a 50 Mbps, mientras que sobre el cobre las ofertas comerciales alcanzan únicamente los 20 Mbps.

En la actualidad, ONO puede suministrar servicios con su propio cable a más de siete millones de hogares. Ello es resultado de mucho tiempo y muchas inversiones, consumidas básicamente haciendo zanjas, enterrando cable y negociando con las comunidades de vecinos para que le permitieran poner cable en sus edificios. Es lo que se llama en el argot económico “inversiones hundidas”, pues dan lugar a infraestructuras que difícilmente son reciclables hacia otras áreas. Son difícilmente convertibles, o, siguiendo a Rothbard, específicos.

En estas condiciones, resulta que el futuro de la mayor parte de los activos que posee ONO está estrechamente ligado al éxito que puedan tener en el mercado los servicios de telecomunicaciones, esto es, a lo que estén dispuestos a pagar los clientes por dichos servicios. Si los clientes no aceptan pagar lo suficiente para compensar las inversiones, el negocio será inviable y los accionistas tendrán que abandonar el mercado con pérdidas.

Si estuviéramos hablando de una pastelería vendiendo ensaimadas, la solución sería relativamente sencilla. Una vez agotadas las ensaimadas, el pastelero trataría de vender otros dulces. Y si tampoco funciona esto, dejaría el mercado, por ejemplo, traspasando el local o dedicándolo a otros menesteres. Pero, ¿qué puede hacer ONO si el negocio no va cómo esperaba? No se trata aquí de un local fácilmente convertible, sino de un montón de cable enterrado para el que resulta complicado buscar otro uso.

Lo lógico parece que se siga vendiendo mientras se pueda (lo mismo que hace el pastelero con las ensaimadas mientras la quedan), pero deje de enterrar dinero en forma de cable (como el pastelero, que ya no compra más ensaimadas). Para un observador externo, lo que pasará es que repentinamente ONO obtendrá beneficios: está vendiendo e ingresando dinero por sus servicios, pero ya no “compra” recursos para proporcionarlos.

Todos sabemos que al pastelero este chollo le durará poco, lo que le duren las ensaimadas. A ONO, evidentemente, le durará más. Ha “enterrado” mucho más dinero en cable que el pastelero en ensaimadas. Pero, en todo caso, el chollo se acabará, y ONO desaparecerá.

Por eso mismo, no creo que la noticia que da comienzo a este comentario sea una buena noticia. En el fondo, supone la capitulación de los accionistas de ONO ante el mercado, y la constatación del fracaso. Sí, obtienen beneficios, pero a costa de recortar las inversiones un espectacular 50%. Los inversores han decidido no enterrar más dinero y empezar a desenterrar el cable en forma de dinero.

Todos los bienes de capital tienen una vida y exigen un mantenimiento constante. Incluso la vara de madera que Robinson Crusoe usa para coger bayas, requiere una decisión explícita de ahorro para mantenerse útil. Crusoe necesita dedicarle un tiempo al día, sea para pulirla o para ir preparando su sustituta cuando se rompa. En el momento en que deja de invertir ese tiempo, vive mejor, pero se va a quedar sin la vara.

Los inversores de ONO han decidido no ahorrar en el mantenimiento de su red. La están liquidando. Y en el momento en que la red se agote, ONO dejará de prestar servicios. Es la forma que han encontrado de desenterrar el cable.

Más grave sería constatar las razones por las que esto ha ocurrido. Pero eso ya no sería teoría económica, sino comprensión histórica. Y para una vez que me sale algo sin echar la culpa a la regulación y la intervención estatal, no quiero estropearlo (¿o arreglarlo?) en el último párrafo.