Ir al contenido principal

Etiqueta: Innovaciones y nuevas tecnologías

Obama, el spammer

Si consigue esto último, desde su equipo tratarán de venderlo como una victoria, pero será en realidad su primera gran derrota como presidente de Estados Unidos.

Antes incluso de conocer cuál será el resultado final, la gran apuesta de Obama le ha supuesto un gran coste en términos de popularidad. El actual inquilino del 1600 Pennsylvania Avenue de Washington DC ha descubierto que no tiene carta blanca para poner en marcha cambios radicales de lo que, más que el sistema político, muchos estadounidenses consideran su modelo de sociedad. En el caso de que fracase en su intento de reformar el sistema sanitario, el desgaste de su liderazgo será todavía mayor. Por eso él y su equipo han puesto toda la carne en el asador para lograr popularizar el proyecto. Y eso incluye, no podía ser de otro modo, el uso de la red.

Dentro del sitio de internet de la Casa Blanca se ha creado un apartado específico destinado a lograr adeptos a la reforma y dar argumentos a sus partidarios. Lleva por título el pretencioso nombre de "La Reforma del seguro médico: la realidad" e incluye una versión en español. Lejos de conseguir su objetivo, esta web ha logrado convertirse en un verdadero quebradero de cabeza para el equipo de Obama y, de paso, demostrar las malas formas de uno de sus miembros.

Desde la Casa Blanca se envían, se supone que sólo a quienes lo soliciten, correos electrónicos informando de las novedades del sitio dedicado a promocionar la reforma sanitaria. El problema es que muy pronto se supo que los mensajes también les llegaban a muchos que no habían dado su dirección de e-mail con tal fin. La primera reacción del equipo de Obama fue negar la realidad. Cuando, por fin, no les quedó más remedio que reconocer lo evidente se optó por culpar a unos terceros sin especificar y, de paso, atacar a quienes denunciaban el spam presidencial.

El encargado de ello fue el responsable de internet de la Casa Blanca, Macon Phillips, que lo hizo a través de la bitácora de dicha institución. La entrada en cuestión no tiene desperdicio. Además de culpar de los "correos basura" a unos misteriosos grupos "fuera de todas las líneas políticas", se dedica a insultar a quienes se oponen a la reforma. De ellos, Phillips dice que tienen como táctica el descrédito y los rumores online. De quienes denunciaron el spam, que invocan "siniestras teorías de la conspiración".

Si desde la Casa Blanca se hubieran limitado a pedir perdón desde el primer momento se podría confiar en su sinceridad. Sin embargo, la negativa inicial junto con los posteriores insultos y excusas poco claras hacen pensar que desde la Casa Blanca apostaron por el "correo basura" puro y duro. Obama se ha convertido en el primer presidente spammer de los Estados Unidos. Todo un logro negativo.

Lope de Vega se va a forrar

O así era antes. Gracias a la nunca suficientemente ponderada acción cultural de la SGAE, ahora todas ellas son un clamor en contra de la voracidad recaudatoria de la asociación de Teddy Bautista.

Decían que la SGAE lo que tenía era un problema de imagen, y vaya que así es. Pero sin duda es un problema que se han creado ellos solos. Entiéndanme; ninguna institución privada que tenga la capacidad legal de cobrar un impuesto será nunca demasiado popular. Pero las Cámaras de Comercio, por poner un ejemplo, no parecen recibir tantas iras de la plebe, es decir, de quienes pagamos a la casta dominante de políticos, sindicalistas, subvencionados y demás gente que vive a costa del prójimo. Quizá sea porque no se dedican a llevar a los tribunales a quienes los critican o porque no se dedican a intentar ampliar aún más sus privilegios, qué sé yo.

Así las cosas, ni siquiera se le da la razón cuando podría incluso tenerla. Parece que el alcalde de Zalamea –el de ahora, del PSOE, no el de Calderón– no dijo toda la verdad sobre que la SGAE le quisiera cobrar entre 12.000 y 14.000 euros por representar una obra cuyo autor murió en 1681, mucho antes incluso de que Bautista empezara a presidir la Santa y Gloriosa Asociación de Ética. En realidad, le quieren cobrar eso en total por todas las actividades culturales del consistorio, sí, pero sólo 95 euros por la obra en cuestión, debido a que usan una adaptación y no el libreto original, que debió pasar al dominio público antes incluso de que ese concepto existiera en nuestras leyes.

No obstante, aunque su relación con la verdad haya sido más bien infiel, el alcalde de Zalamea ha logrado inflamar los ánimos de Fuente Obejuna y Olmedo, que también sufren en sus carnes de la voracidad recaudatoria de las celestinas de la compensación por copia privada. De golpe y porrazo se han encontrado facturas de 31.000 y 6.000 euros, respectivamente, de los que una parte considerable –11.600 y 1.200 machacantes– se corresponde a los derechos por representar Fuenteovejuna y El caballero de Olmedo. Lope de Vega debe estar frotándose las manos en su tumba, si es que aún queda en ella algo a lo que se pueda llamar mano. Se va a forrar. Bueno, alguien va a hacerlo al menos. Muchos sospechan quién.

El caso es que, en estos tiempos de crisis, los inspectores de la Sagrada y Generosa Alianza de Exactores han decidido hacerles unas cuantas auditorías a otros tantos ayuntamientos para que paguen la parte que han dejado de recaudar por otros conceptos. Y nadie dentro de esa organización preclara e inteligentísima –pues se trata de nuestras gentes de la cultura, nada menos– ha pensado que quizá no sería muy conveniente para esa imagen que taaaanto nos estamos esforzando por limpiar centrarse en consistorios tan señalados.

Eso sí, luego el PP no llevará en su programa electoral la eliminación de estas canonjías. País.

La verdadera fuerza de la web

Pero se inventó el automóvil y los caballos desaparecieron. La incertidumbre, lo que el progreso todavía no ha creado, no entra dentro de los modelos predictivos del agorero.

Estoy muy dispuesto a aceptar que el calentamiento global es un problema real, pero soy escéptico respecto a las dimensiones del problema y, sobre todo, las soluciones propuestas por los ecologistas para combatirlo. Este escepticismo deriva de concebir el mercado como un proceso dinámico y descubridor, y de considerar la capacidad adaptativa del hombre y el coste de oportunidad de redirigir recursos escasos a faraónicos programas medioambientales de dudosa eficacia, aspectos que los ecologistas subestiman a la hora de hacer sus predicciones y recomendaciones. Numerosos ecologistas creen que el protocolo de Kyoto o las energías verdes están al margen del análisis económico y de las valoraciones subjetivas de la gente respecto a costes y beneficios futuros, y deben ser implementadas "a cualquier precio".

El cambio climático puede suponer un incremento de las temperaturas de algunos grados en el próximo siglo y un aumento del nivel del mar de menos de un metro (con perdón de Al Gore, ese gran autor de cine fantástico). Los efectos son negativos si vives en los trópicos o a pocos pies por encima del nivel del mar, pero son positivos si vives en Escandinavia o en Siberia. En balance las consecuencias son negativas sólo si asumimos que somos incapaces de adaptarnos al cambio. ¿Es realista esta premisa? Al fin y al cabo hay gente viviendo en Alaska y en Ecuador. Si la temperatura baja nos ponemos un jersey y si sube enchufamos el aire acondicionado. ¿Por qué no podemos adaptarnos al cambio climático? La adaptación se nos antoja ingenua porque pensamos en términos estáticos, extrapolando las circunstancias actuales a los problemas del futuro, pero las circunstancias futuras pueden ser muy distintas. Si el observador del siglo XIX viera que el hogar medio de hoy en día a menudo tiene aire acondicionado y calefacción, cuando no climatizador, quedaría sorprendido.

La acumulación de capital es la base del progreso. Cuanto más productivos y ricos seamos más fácil nos resultará adaptarnos a un eventual cambio climático. Podremos permitirnos tecnologías más avanzadas y limpias, explotar energías que antes no eran rentables, construir diques por una fracción del coste actual o darnos el capricho de sufragar voluntariamente proyectos de conservación. Después de todo, el ecologismo y el cuidado del medioambiente son un fenómeno propio de las sociedades ricas. Apenas hay ecologistas en Nigeria, la India o Perú, pues tienen otras prioridades, y no en vano las áreas más contaminadas del planeta corresponden a países en desarrollo.

Hace un siglo la gente se desplazaba a pie o a caballo, se comunicaba por telégrafo, sumaba con reglas de cálculo y podía morir de casi cualquier enfermedad. ¿Quién sabe lo que nos depara el futuro? Como especula David Friedman en su libro sobre el futuro de la tecnología y la libertad, en cien años a lo mejor estamos conectados durante horas a la realidad virtual y consumimos poca energía. O proliferan los viajes interespaciales de bajo coste y nos esparcimos por la galaxia. O reducimos el impacto del sol en la Tierra y la absorción de calor poniendo en órbita una serie de espejos gigantes. O mediante inteligencia artificial o ingeniería genética multiplicamos nuestro CI y concebimos soluciones antes impensables. O gracias a la nanotecnología introducimos células reparadoras en nuestro cuerpo que nos permiten adaptarnos al medio y curar cualquier tipo de enfermedad. Hoy suena a ciencia ficción, como hace décadas sonaba a ciencia ficción que pudiéramos cruzar el Atlántico volando en siete horas o poner un marcapasos para regular el ritmo cardíaco. Los cimientos de varias de estas tecnologías se están desarrollando actualmente y no es tan aventurado pensar que nosotros o nuestros hijos veremos cómo alguna de ellas se materializa.

También hay posibilidades menos halagüeñas: el avance de la biotecnología puede facilitar el diseño de enfermedades letales. La nanotecnología puede traer consigo la denominada "plaga gris": máquinas ensambladoras de tamaño molecular que se auto-reproducen y acaban consumiendo toda la materia de la biosfera. En estos escenarios más pesimistas el calentamiento global sería el menor de nuestros problemas.

Adiós a Bloglines

Pero el enorme crecimiento que experimentaron pronto hizo inviable ese sistema. Fueron el RSS y los lectores de RSS los que nos permitieron seguir al tanto de todo lo que nos interesaba.

RSS es un estándar creado en 1997 por Userland y Netscape, con el objeto de competir con los canales del Internet Explorer a través de su portal configurable "My Netscape"; permitía incluir contenidos de otros sitios web al portal personalizado de cada usuario. Pero cuando dos años después Netscape abandonó el proyecto, parecía que el estándar había muerto. Sin embargo, los blogs lo adoptaron como forma de compartir sus contenidos, y su impulso lo convirtió en un estándar universal, que emplean todas las publicaciones que actualizan frecuentemente sus contenidos, como Libertad Digital.

Originalmente pensado para que unos sitios web incluyeran contenidos de otros, empezaron a popularizarse unos programas llamados "agregadores RSS", que permitían a los usuarios suscribirse a los torrentes de noticias y anotaciones de blogs que les resultaban de interés. Eran programas para nuestros ordenadores, como puedan ser los clientes de correo electrónico Windows Mail o Thunderbird. Recuerdo que mi preferido, con notable diferencia, era FeedDemon. Aún sigue siendo utilizado por muchas personas, pero otros cuantos nos acabamos mudando a aplicaciones que hacían el mismo servicio desde la web, igual que pasamos de leer el correo desde un programa a hacerlo con Gmail. Ofrece la ventaja de poder emplearlo desde cualquier sitio –en casa, en el trabajo, en el móvil– manteniendo siempre la coherencia; es decir, que si leemos los titulares de un blog, aparecerán ya como leído nos conectemos desde donde nos conectemos.

El primer lector decente de este tipo fue Bloglines. Fue creado en 2003 por Mark Fletcher y comprado dos años después por el buscador Ask, cuando su liderazgo era indiscutible y estaba tan de moda como ahora pueda estarlo Twitter. Pero poco después de la venta apareció, primero de forma tímida y algo chapucerilla, una alternativa seria. Era Google Reader, que en septiembre de 2006 ya llevó a cabo su primera renovación y empezó a ofrecer cosas de las que carecía Bloglines. Este último intentó ponerse a la altura al año siguiente con el lanzamiento de una versión beta que igualaba, pero no superaba, las características que ofrecía Google. Y desde hace dos años sigue igual, en pruebas, mientras la versión oficial permanece sin cambios.

El problema es que Ask, después de gastarse 10 millones de dólares, no ha sido capaz de encontrar la forma de sacar dinero del servicio. Y lo ha mantenido con un personal mínimo y perdiendo clientes continuamente. Hasta tal extremo llegó la cosa que, en octubre del año pasado, tardaron una semana en solucionar un problema que convertía Bloglines en algo imposible de utilizar. Su fundador, Mark Fletcher, llegó a decir que pese a que naturalmente no quería hacerlo, le iban a terminar obligando a usar Google Reader.

Yo, después de años de resistirme como gato panza arriba, más que nada por razones sentimentales, he terminado por rendirme a la realidad. Me he convertido en usuario de Google Reader. Creo que a estas alturas Enrique Dans debe ser ya el último de Filipinas. Lo que me da un poco de miedo es la gran cantidad de herramientas que dependen del gigante californiano. No es que crea que vayan a desatenderme como ha hecho Ask. Pero todo podría pasar.

Bruselas, una vez más contra la libertad

Gracias a un comunicado de la Asociación de Internautas nos enteramos de que los Veintisiete podrían abrir la puerta a que los gobiernos puedan bloquear a los ciudadanos el acceso a internet o a determinados servicios web. Nada sorprendente si se tiene en cuenta que es una propuesta de la Comisión Europea que bebe de una idea del Consejo de Ministros.

La amenaza viene de la propuesta de "compromiso" presentada por el Ejecutivo comunitario, a instancias de los gobiernos nacionales a través del Consejo de Ministros, para sustituir la enmienda 138 del llamado Paquete Telecom. Dicha enmienda tenía como objetivo proteger los derechos fundamentales de los ciudadanos en la red. Sin embargo, los cambios presentados por la Comisión significarían precisamente lo contrario. Eso sí, desde Bruselas se pretende hacer creer tanto a los ciudadanos como a los miembros del Parlamento Europeo que no es lo que parece.

Esta práctica de enmascarar la realidad bajo bonitas palabras, incluso llamando a las cosas justo de la manera opuesta a lo que son en realidad, es ya una vieja costumbre de los eurócratas. Y más en todo lo que tiene que ver con internet. No en vano desde Bruselas se refieren a la normativa de retención de datos, esa por la cual queda almacenado todo lo que hacemos por internet, como de "protección de datos". Ni los diseñadores de la neolengua de 1984 podrían hacerlo mejor.

Si en la Comisión se comportan de esta manera es debido a unas ansias de control sobre la sociedad cada vez más evidentes y a que, gracias al nada democrático funcionamiento de la UE, sus miembros saben que no tienen que responder de forma alguna ante la ciudadanía. Lo del Consejo de Ministros es todavía peor. Es el órgano por el cual los diferentes gobiernos convierten en comunitarias normas que si intentaran aprobar en su ámbito nacional generarían un lógico rechazo en la ciudadanía. Así se evitan problemas, pues pueden alegar que vienen impuestas desde Bruselas.

Si a todo lo anterior se suma un Parlamento Europeo que tiene una capacidad real de legislar muy limitada, y una todavía menor posibilidad de controlar lo que hace la Comisión, la fórmula para que desde los Veintisiete se violen las libertades de los ciudadanos de forma lenta pero constante es perfecta. Máxime cuando el funcionamiento de la UE es tan enmarañado que son muy pocos los europeos que logran comprenderlo. Y como todos aquellos políticos y altos funcionarios que desconfían de la libertad individual, los eurócratas ponen un especial interés en que los gobiernos se doten cada vez más de capacidad para controlar la red.

La falsa Declaración de Hamburgo

Pero se diga como se diga, lo cierto es que Google ha despreciado a los editores europeos y su pomposa Declaración de Hamburgo, en la que vienen a decir que hay que proteger mejor su propiedad intelectual y que no deben ser obligados a ofrecer gratuitamente sus contenidos.

El texto de la declaración no es el problema. En realidad, casi todo el mundo podría suscribirlo, que quizá es la razón por la que muchos lo están haciendo. Pero la intención y las declaraciones que lo acompañan son claras: quieren que los buscadores y agregadores de noticias como Google News les paguen. Como dice Josh Cohen, de Google, si nos ceñimos a la declaración en sí, lo cierto es que los editores ya tienen todo el control respecto a qué contenidos publicar gratis y qué contenidos hacer de pago, así como qué contenidos quieren que aparezcan en los resultados de los buscadores y cuáles no. Lo primero pueden hacerlo con un sistema de pago, como ya hacen muchos. En cuanto a lo segundo, se trata de dos simples líneas de código:

User-agent: *
Disallow: /

Existe un protocolo ya bastante antiguo que consiste en colocar un fichero llamado robots.txt que contiene una serie de instrucciones para permitir o impedir que los buscadores indexen todo o parte del sitio web. Pueden ustedes verlo aunque no lo entiendan; basta con que añadan robots.txt detrás del nombre del dominio; por ejemplo, http://www.libertaddigital.com/robots.txt. No existe ninguna obligación de seguir esas instrucciones, pero los buscadores las obedecen voluntariamente. Y si ese fichero tuviera sólo esas dos líneas, Google, Bing y demás compañeros mártires dejarían de indexar esa web.

¿Qué es lo que pasa? Que los editores no son tan tontos. En realidad no quieren que se cumpla lo que dicen explícitamente en la Declaración de Hamburgo, sino que las autoridades hagan una ley que atienda las peticiones con que acompañan a la presentación de ese texto. Quieren el tráfico que viene de los buscadores y que además estos les paguen por enviarles clientes. Por seguir el estilo claro y didáctico del señor Andrews, pretenden que Google, además de puta, ponga la cama.

Estas pretensiones tienen poco que ver con la Justicia, que supone dar a cada uno lo suyo, sino con la redistribución forzosa de las rentas. No se diferencia en nada del impuesto que el Gobierno ha puesto a las televisiones privadas y a las operadoras de telecomunicaciones para pagar el despilfarro de RTVE. Tan sólo se diferencia el nombre del expoliado, en este caso Google, y el de los privilegiados por el poder político, que aquí serían los diarios.

No voy a engañarles, es posible que terminen teniendo éxito. No cometerán el error de otros y no intentarán sacarle las perras al blog que copie un texto, a no ser que ese blog pertenezca a una red profesional como Weblogs S.L. Es posible que ni siquiera vayan a por la fotocopiadora digital de los hermanos Rojo. Se limitarán a atacar a los grandes de internet, porque mientras lo hagan el europeo medio se sentirá satisfecho. Porque no cree que la Justicia sea dar a cada uno lo suyo, sino que se haga daño a quien ha tenido éxito.

El joven viejo político

La respuesta que obtuvo fue igual de contundente: "Cuando alguien se afilia, yo no le exijo que deje de pensar por sí mismo". La bitácora en cuestión sigue activa y mantiene el tono irreverente, y en ocasiones vulgar, que causó el enfado de ese político al que no le gusta que sus compañeros de partido opinen por cuenta propia.

Los dos protagonistas de la anterior conversación son una buena muestra de la forma en que afrontan la comunicación por internet todos los partidos españoles y de cómo deberían hacerlo en cambio. El primero de ellos es un joven viejo político, que pareciera tener el doble de años que su edad real. Pese a su juventud, sigue anclado en la concepción dominante en todas las formaciones políticas importantes del país. Esta es, además, un reflejo de cómo consideran muchos que deberían comportarse todos los militantes. Trata de llevar a la red el modelo clásico en el que los temas que deben tratarse y cómo hacerlo se deciden desde arriba. En este esquema, el afiliado tan sólo debe ser un altavoz que repita de forma acrítica lo que se le indique desde la cúspide.

El segundo es justo lo contrario. Para empezar, considera que afiliarse a un partido no significa sumisión ni renunciar a pensar por cuenta propia. Y esto tiene reflejo –no puede ser de otro modo– en la comunicación online. Los afiliados de su zona no están obligados a ser meros altavoces de la dirección nacional o territorial de la organización. Pueden, en sus bitácoras o cuentas de redes sociales, tratar los temas que prefieran, tengan que ver o no con la política, y además son libres de crear su propia forma de transmitir los mensajes. Se abre así un potencial creativo que puede ser utilizado tanto por otros miembros del partido como por los órganos de dirección del mismo.

En este modelo existe, es cierto, el peligro de que alguna persona haga vídeos de mal gusto (aunque, por ejemplo, esto último es marca de la casa en el caso de Juventudes Socialistas como organización) o transmita mensajes poco convenientes. Pero es un riesgo menor. El resto de afiliados sólo aprovecharán los videos, argumentos y similares que les parezcan adecuados. De esta manera se producirá un efecto viral que difundirá rápidamente lo bueno y descartará lo malo. Frente a esto, en el modelo anquilosado que trata de trasladar a la red los viejos esquemas, la dirección sólo está sometida a sí misma para ver lo idóneo o no de lo que se transmite. Y como quienes forman parte de ella son quienes han decidido de esta manera, por lo general pensarán que han acertado.

Cuanto más tarden los partidos españoles en aceptar que en la red no sirven los viejos esquemas, más tardarán en poder aprovechar el potencial que les ofrece. Tal vez el joven viejo político al que nos referíamos más arriba esté cómodo así y luche para que nada cambie. Si le hacen caso, habrá dañado a su formación. Antes o después el resto de partidos reaccionarán y ganarán varios puntos de ventaja sobre el suyo.

Con esa gente, nunca se sabe

Dado que desde esta misma columna hemos denunciado en más de una ocasión las formas de actuar de esta "sociedad", en ocasiones me han llamado conocidos propietarios de comercios para comentarme el acoso al que les estaban sometiendo los empleados de la organización de "Teddy" Bautista.

Como la más conocida de las entidades de gestión ha actuado siempre con un sentimiento de total impunidad, han llegado incluso a acosar a destacados miembros del sector de la sociedad con el que la mayor parte de los españoles teme enfrentarse. Uno de esos comunicantes a los que me refería antes es un destacado político en su comunidad autónoma. Ante lo insoportable de la situación, él y su mujer desistieron de continuar con el establecimiento que tenían y lo dejaron totalmente en manos de su socio.

La prepotencia y los comportamientos poco dignos de imitación se han convertido en la marca de la SGAE. El acoso a pequeños comercios de todo tipo, desde bares a tiendas de informática, pasando por autobuses de transporte escolar; las múltiples declaraciones de sus representantes insultando a todo aquel que osa criticarles o, incluso, las amenazas al principal partido de la oposición con tomar "buena nota" por estar contra el canon, forman parte de su catálogo de actuaciones. Algunos de sus dirigentes llegan incluso a tener comportamientos menos gratificantes aún.

Hace algún tiempo, un columnista muy crítico con la entidad de Teddy Bautista recibió un curioso mensaje a través de un compañero de trabajo poco después de cambiar de empleo para ser jefe de prensa en un sector que nada tenía que ver con los derechos de autor. Lo que le dijo ese intermediario, que actuaba de forma inocente, fue algo parecido a esto: "He comido con un amigo que es directivo de la SGAE y me ha pedido que te diga que saben donde trabajas ahora". Desconocemos la identidad del autor del peculiar aviso. Su objetivo está abierto a interpretación, pero nos tememos que no era simplemente informativo. Por cierto, el periodista en cuestión sigue escribiendo artículos contra esta entidad cada vez que lo considera adecuado.

Lo que más teme la entidad de Bautista es que su mala imagen siga creciendo. Durante mucho tiempo consiguió mantener una sorprendente fama positiva, que comenzó a quebrarse con la extensión del canon a los CD y que ahora prácticamente ha desaparecido. Sin embargo, todavía no ha llegado a un punto de impopularidad tal que la defensa de sus intereses tenga un coste electoral para el PSOE. De hecho, este partido valora de forma muy positiva un apoyo de muchos cantantes y personajes del cine que podría desaparecer si pusiera los derechos de los ciudadanos por encima de la protección y ampliación de los privilegios de la SGAE y otras entidades de gestión.

Pero la mala fama de los privilegiados de los derechos de autor seguirá creciendo día a día. Antes o después el coste para el PSOE será mayor que los beneficios que obtiene del apoyo de ciertos cantantes, actores y directores. Ese día, si es que antes no se produce un cambio de gobierno que adelante los acontecimientos, se terminará el chollo de la SGAE.

Tropezón para el libro electrónico

Hasta qué punto ese error frenará el desarrollo del libro electrónico es algo que sólo el tiempo podrá decir, pero de que será durante un tiempo un factor que eche para atrás a posibles conversos no tengo ninguna duda.

¿Pero qué es lo que ha hecho Amazon? Destruir el contrato, no escrito pero sí sobreentendido, que venía a decir que los libros que compramos son nuestros y nadie nos los puede quitar. Al fin y al cabo, muchos de los volúmenes que adquirimos no van destinados sólo a la lectura, sino también a ocupar un sitio en nuestras estanterías, a ser conservados, a ser releídos, a ser prestados a familiares y amigos. Muchos conservamos libros que pertenecieron a nuestros padres y abuelos, y entendemos que así ha de ser con los que compremos en adelante, por mucho que sean digitales. Un salto de fe, que diría Indiana Jones, harto complicado de dar, pues el formato electrónico ya pone muchas pegas de por sí, pues no ofrece la misma sensación de posesión que un libro físico.

De hecho, Amazon ya ponía trabas a ese cambio de mentalidad mediante la inclusión de mecanismos de protección (DRM) en los libros electrónicos que vendía, que hacía más difícil considerarlos como propios. Pero el paso que dio el pasado viernes el gigante del comercio electrónico rompe por completo ese contrato intangible. Los lectores que habían comprado, de entre todos los títulos y autores posibles, 1984 y Rebelión en la granja de George Orwell se encontraron con que los libros habían desaparecido de su lector Kindle. Sin más. Es como si alguien hubiera entrado en su casa y se los hubiera robado.

La razón no está clara. Al principio parecía ser simplemente porque la editorial había pedido su retirada de la tienda de Amazon, pero luego porque resultó que dicha editorial no tenía los derechos para su publicación digital. Motivos suficientes para dejar de venderlos, pero no para hacerlos desaparecer de los lectores electrónicos de sus clientes. Por mucho que haya devuelto el dinero, Amazon ya no podrá devolver la sensación de seguridad que hasta ahora tenían sus clientes en aquello que compraban. La empresa ha prometido no volver a cometer este error, y probablemente la gente vuelva a confiar en ellos como antes. Pero aunque suene mal, ojalá no suceda y alguien tome el relevo, aunque retrase un poco la implantación del libro electrónico.

Como argumenté hace unos meses, Kindle es un camino equivocado. La forma de enganchar a los futuros usuarios de lectores electrónicos son precios bajos y la eliminación de restricciones. Si no, se acostumbrarán a buscar ilegalmente en internet lo que no se les ofrece legalmente en las tiendas. Seguramente Amazon haya seguido esa vía para convencer a las editoriales de dar el salto del papel al mundo de los bits, pero es un salto que tendrán que dar, quieran o no, en cuanto existan dispositivos que supongan una experiencia comparable, en términos de placer de lectura, con un objeto tan antiguo y refinado a lo largo de los siglos como es el libro. Porque si no lo hacen, se encontrarán en el incómodo papel de la industria discográfica, y no creo que nadie en el mundo quiera ese destino.

Dos tontas muy tontas

En realidad, tan sólo se han comportado como un par de perfectas tontas. Una de ellas suponemos que por mera inocencia, y la otra por tener más "mala baba" que conocimientos de internet.

La mujer del próximo director del servicio de inteligencia británico MI6, Sir John Sawers, no tuvo mejor idea que publicar en Facebook datos de tipo personal como la dirección postal o información de la amistad que ella y su marido mantenían con famosos del Reino Unido. Todo ello sin poner limitaciones sobre quién podía acceder a esa información. Sólo le faltó decir el horario de trabajo que va a tener Sir John cuando asuma la jefatura de los espías y la ruta que seguirá cada día para llegar a su oficina.

Cuesta creer que una persona sea tan poco inteligente como para cometer un error como este cuando su marido va a asumir un cargo que se caracteriza precisamente por requerir una gran discreción (por las necesidades del mismo, no para irse de caza o pesca a costa de los presupuestos públicos o utilizar agentes y medios materiales con fines privados). No resultaría, por tanto, en absoluto extraño que Miss Sawers no esté nada contenta con el futuro trabajo de su esposo y estuviera tratando de que el gobierno de Su Graciosa Majestad diera marcha atrás en el nombramiento.

El caso de la española resulta mucho peor. Trató de hacer mucho daño a una persona y a la hora de cometer sus deleznables acciones no tuvo en cuenta que casi todo lo que se hace en la red deja un rastro. La hijastra del alcalde de Zaragoza, que con 24 años ya tiene edad para saber que ciertas cosas no se deben hacer, se hizo pasar por un concejal del PP para crear un blog a su nombre y perjudicar su imagen. La chica, de nombre Beatriz Tirado, no fue lo suficientemente lista como darse cuenta de que al hacerlo desde el domicilio familiar la iban a descubrir enseguida.

La joven, que a pesar de lo que pretenda un viejo amigo de Belloch no es "una víctima del sistema", trató de hacer daño a un tercero suplantando su identidad. Por fortuna, la inteligencia que usó para planear su campaña de desprestigio no era lo suficientemente alta como para no ir dejando pistas. Una persona así merece ser descubierta.

Entre estas dos mujeres, prefiero a la primera. Ella no trataba de hacer daño a nadie, tan sólo pecó de inocente en un medio en el que muchos no saben ser lo suficientemente prudentes. La segunda me preocupa más, ya con la lección aprendida es capaz de volver a actuar tratando de no dejar rastro. Que no se extrañe ningún zaragozano si comienzan a verla en cibercafés o buscando redes WiFi en abierto con un portátil.