Ir al contenido principal

Etiqueta: Innovaciones y nuevas tecnologías

¿Qué neutralidad de red: la tuya o la mía?

Por su parte, algunos de los más prominentes agentes de internet, tipo Google, Amazon, eBay o Skype llevan un tiempo abogando ante los políticos de Estados Unidos y Europa, a favor de lo mismo, de la neutralidad de red. Que se ponga algo en la norma para garantizar la misma.

Es bien sabido que el gobierno encuentra su razón de ser en responder a los distintos grupos de presión para repartir la riqueza que nos extrae; dado que no puede seguir las señales del mercado, se tiene que guiar por otros indicios, cual es el fragor mediático. Lo curioso es que normalmente los grupos acuden con intereses contrarios: estos grupos, en ausencia de gobierno, deberían coordinarse por vías pacíficas y con mecanismos de libre mercado (esto es, ofreciendo los mejores servicios posibles a los congéneres). Es sólo por la existencia del Estado que optan por la vía cómoda de conseguir sus objetivos mediante coacción.

Por eso es llamativo que internautas y empresas de internet pidan lo mismo al gobierno. Imagínense que ocurriera lo mismo con fabricantes y usuarios de automóviles. ¿A qué es extraño?

Sucede que, aunque parece que piden lo mismo, no lo están haciendo. Cuando los internautas piden que haya neutralidad de red, lo que quieren es poder usar su conexión para los servicios y contenidos que deseen, sin injerencias de terceros. Específicamente, sin injerencias del gobierno, que es la gran amenaza para el uso de servicios P2P, como estamos viendo constantemente. No quieren que nadie esté vigilando lo que hacen por internet o lo que se descargan. En este sentido, la neutralidad de red se relaciona con la libertad de los individuos.

Y al respecto de esta neutralidad de red, sus principales aliados serán sus aparentes enemigos: los operadores de telecomunicaciones, que siempre han sido neutrales en los contenidos transportados y en el uso que cada cliente ha dado a su red. ¿Cuándo han querido los operadores controlar los contenidos de las llamadas telefónicas que circulaban por su red? ¿Cuándo los han bloqueado? Nunca, salvo si el gobierno o los jueces se lo han ordenado.

Por su parte, cuando Google y compañía piden neutralidad de red, quieren algo muy distinto. Lo que buscan es que los operadores de telecomunicaciones, los agentes que poseen las redes y dan los accesos a internet, vean limitado el libre uso de estos recursos de los que son propietarios. Quieren que no puedan gestionar su red como lo han venido haciendo desde siempre, porque asumen que entonces tendrán ventaja en el mercado. Quieren cortar las alas a algunos de sus competidores para mejorar su posición relativa ante el cliente sin necesidad de mejorar su desempeño.

Internautas y agentes piden "neutralidad de red", pero con significados muy distintos: los primeros quieren asegurar su libertad, los segundos quieren encadenar la de los operadores.

Que ningún internauta se engañe: el día que Skype o eBay (por variar, que siempre se machaca a Google) canten victoria en el tema de la neutralidad de red, será otra derrota para la libertad, y no la victoria que persiguen con su manifestación.

¿Bingo?

Bajo la idea de que alrededor de dos tercios de las personas que usan Google o Live Search los emplean para tomar decisiones, han decidido huir de la etiqueta de "buscador" para promocionarse como un "motor de decisiones". Pero, ¿realmente ha cambiado tanto el producto de Microsoft como para merecer semejante inversión?

Bing es notablemente parecido a Google, lo cual es bueno. Cuando un producto tiene un éxito tan abrumador, querer diferenciarse en exceso es un camino seguro al fracaso. A primera vista, lo que sorprende es que manteniendo la sencilla interfaz que se ha convertido en estándar, el buscador de Microsoft incorpora una fotografía de fondo que lo hace más atractivo, aunque también tarde algo más en cargar. Pero lo que importa, claro, son los resultados.

Aparte del cachondeo en la blogosfera a costa de los muy relevantes resultados de buscar vídeos de "porno" o "sexo", lo cierto es que Bing ofrece ­–a mi entender– resultados ligeramente peores que Google. También es verdad que es posible que se deba a que busco términos en español, apartado en el cual casi todos los buscadores lo hacen peor. En cualquier caso, el elemento diferenciador de Bing sólo está disponible en inglés y es la personalización de resultados dependiendo de los términos de búsqueda, especialmente si éstos se refieren a una compra.

Pongamos, por ejemplo, que buscamos un hotel en Nueva York. Tanto Google como Bing ofrecen anuncios, un mapa con varios hoteles señalados y luego el listado de enlaces. Sin embargo, el buscador de Microsoft permite encontrar ofertas e integra rankings, comentarios y otras formas de facilitar que tomemos una decisión. En general, cuando se compara uno con otro, es precisamente a la hora de buscar un hotel, un coche que queramos comprar o una película que deseamos ver donde Bing muestra sus mejores bazas. Desgraciadamente, y según los planes de Microsoft, puede que tardemos hasta año y medio en disfrutar de estas características en nuestro país e idioma, y quién sabe qué habrá hecho Google a esas alturas.

Pese a que su nueva apuesta es una mejora, y cuenta además con la ventaja de tener un nombre que no se asocia con su marca, el problema de Microsoft es vencer la excelente imagen de Google y doblegar la fuerza de la costumbre. Hoy día, y más en España, buscamos en Google. Y punto. Una investigación interna del gigante de las búsquedas mostró que los internautas, enfrentados a los resultados de otros buscadores, los preferían si se mostraban con el logotipo y la imagen de Google. Es curioso que incluso cuando la competencia está a un solo click de distancia, nuestro cerebro nos aleje aún más.

Internautas por la libertad en Cuba

Pedimos a todas las personas e instituciones defensoras de los derechos civiles en el mundo que contribuyan a esta movilización, y llamamos al gobierno cubano a:

  • Liberar a los presos políticos en Cuba
  • Levantar las prohibiciones que impiden a los cubanos entrar y salir de su país
  • Levantar las prohibiciones de acceso a Internet para los cubanos

La petición con la que arranca este artículo aparece hoy, 1 de junio de 2009, en cientos de bitácoras y otro tipo de webs en diversos idiomas. Esta jornada ha sido proclamada, sin que ningún gobierno ni organismo internacional intervenga en ella, como de "Movilización general web por los derechos y libertades de Cuba". Cubanos del interior de la Isla que, a pesar de las crecientes limitaciones al ya restringido acceso a internet en el país, se las arreglan de un modo u otro para mantener un blog y compatriotas suyos exiliados en Estados Unidos, España y docenas de otros países, así como personas de otras muchas nacionalidades se han puesto de acuerdo sin conocerse unos a otros para denunciar de forma conjunta a la tiranía castrista.

Internet lo ha hecho posible. Unos pocos blogs dedicados a la movilización, webs del exilio informando sobre ello, la noticia en algún medio digital generalista y un grupo en Facebook que resultó ser un éxito nada más crearse han demostrado la capacidad de movilización que ofrece la Red. Algo a lo que teme, y con razón, el régimen de La Habana. De hecho tiene tanto miedo a esta iniciativa que, de un día para otro, bloqueó cientos de direcciones de correo electrónico de cubanos del interior a las que se había enviado información sobre la jornada. Sin embargo, de una manera u otra, la información sobre este día habrá llegado a tiempo a muchos demócratas de la isla y antes o después otros tendrán noticias de lo que cientos de personas han hecho en numerosos países por la causa de la libertad en Cuba.

La participación de no cubanos es fundamental. Para todos los resistentes pacíficos a la dictadura que viven en la isla-cárcel supone un apoyo moral fundamental saber que no están solos. Les da ánimos para seguir adelante con su lucha, les da un impulso importantísimo ante el más que comprensible desaliento que surge ante la apariencia de que las cosas que no cambian. Y también hace temblar a los tiranos. A los dictadores de todo tipo les importa mucho la opinión pública del extranjero, saben que esta puede hacer recular a un Gobierno democrático a la hora de tomar medidas que favorecen a un liberticida. Por eso tratan de cuidar su imagen y ponen tanto esfuerzo en propaganda, algo en lo que siempre ha sido muy efectivo el castrismo.

Por todo ello, hoy 1 de junio de 2009 desde aquí nos unimos a internautas de todo el mundo para exigir libertad para los cubanos. No nos callamos ante la tiranía.

En efecto, PRISA no es La COPE

Todo arranca a raíz de un artículo bastante rudo del no menos montaraz crítico del periódico del grupo PRISA, en el que, en un arrebato de sinceridad, ponía a caldo la última película del intelectual manchego sin ahorrar epítetos a cual más desdeñoso.

Se queja Almodóvar de que en Francia le tratan mejor que en España. Hombre, creo que en España las instituciones no le tratan demasiado mal (sólo hay que echar un vistazo al memorial del trinque presupuestario que publica periódicamente el ministerio de kultur), otra cosa es que los espectadores tengan una opinión distinta al Gobierno y obren en consecuencia cuando van al cine. En todo caso, Almodóvar aún no ha acusado a Sarkozy de intentar dar un golpe de estado a la República, como sí hizo con Aznar, y por otra parte los franceses, a diferencia de los españoles, no le financian las películas con sus impuestos, datos ambos que tal vez contribuyan a explicar por qué en el país vecino la aceptación de su cine tiene carácter trasversal.

Pero más allá de las imputaciones de nuestro Pedro al periódico El País sobre la falta de cariño hacia su ilustre persona y la saña con que le persigue su crítico cinematográfico, lo que más ha dolido al grupo PRISA es que Almodóvar le compare con la COPE.

La acusación no se sostiene porque esa radio, que yo sepa, ha glosado meritoriamente sus películas cuando los profesionales encargados del ramo lo han creído oportuno, y si ha realizado un pestiño se han limitado a constatarlo con grandes dosis de piedad como corresponde a un medio de la conferencia episcopal. Otra cosa es que el público que escucha la COPE se sienta aludido por el desprecio hacia la derecha sociológica del que siempre ha hecho gala el director manchego y, en consecuencia, prefiera no darle ni un euro más del que el Estado saca de sus bolsillos anualmente vía impuestos.

Por eso cuando el grupo PRISA protesta porque le igualen con la COPE tiene toda la razón. No hay comparación posible. Y entre el público de ambos medios mucho menos. Al menos de momento.

Zapatero y su economía insostenible

Es el nuevo chunda chunda intervencionista frente al cual la oposición caerá rendida por miedo a ser políticamente incorrecta. Según el propio líder de la banda, el estribillo tendrá tres ingredientes: sostenibilidad medioambiental, sostenibilidad social y sostenibilidad económica.

La sostenibilidad económica establecida por decreto es la vieja matraca de Zapatero y de todos aquellos que no entienden cómo funciona el mercado. La idea consiste en sustituir el modelo económico a la fuerza y sustituirlo por una economía del conocimiento y de la innovación.

En estos momentos, se trataría de cambiar la desmoronada economía del ladrillo por una economía altamente productiva fundamentada en la investigación y el desarrollo. El modelo resultante nos permitiría, supuestamente, afrontar con éxito los retos de la globalización.

Melodía obsoleta

A los quinceañeros la melodía puede que les engatuse pero a los que llevamos más tiempo en esto, la musiquilla suena a déjà-vu obsoleto. En el año 2004 Zapatero llegó al poder hablando de un gran cambio, una revolución, del modelo económico.

Cuando a finales de aquel año Pedro Solbes se presentó en Las Cortes con los Presupuestos Generales del Estado para 2005, dijo que con aquellas cuentas se iniciaba la transición hacia un “nuevo modelo de crecimiento” fundamentado en el incremento de la productividad. Miguel Sebastián, por aquel entonces fontanero de Moncloa, recitaba de memoria aquello del I+D+i y el esplendoroso futuro de la economía española cada vez que le ofrecían cantar el himno del gobierno.

Todos hemos podido comprobar en qué quedó aquel cambio de modelo productivo. Una torre de ladrillo hueco que se vino abajo en cuanto la ficción zapateril tuvo que enfrentarse a la realidad de los recursos escasos de la economía. Y es que en el fondo del fracaso socialdemócrata se encuentra el famoso pecado, que no es exclusivo de la izquierda española, consistente en pensar que se puede diseñar desde arriba un modelo productivo.

Es la fatal arrogancia de la que nos hablaba Hayek: pensar que unos seres elegidos pueden saber mejor cómo organizar la sociedad que el conjunto de los individuos interactuando libremente en función de sus preferencias y valoraciones subjetivas que el gobernante no puede conocer.

Por ejemplo, la arrogancia de Zapatero de creer que podía provocar una revolución energética verde condujo a una burbuja de renovables que no sólo han costado decenas de miles de millones de euros, sino que ha pinchado y ahora muestra a las claras la insostenibilidad económica de la ingeniería social, por verde que esta sea.

La verdadera sostenibilidad económica sólo puede surgir de los órdenes espontáneos y armónicos que surgen de las acciones voluntarias en el mercado a partir de las acciones concretas de individuos, que guiados por la consecución de sus metas personales, se ven impelidos a satisfacer los deseos de otros ciudadanos a los que ni siquiera tienen por qué conocer (mano invisible en desafortunada expresión de Adam Smith). La idea no gusta a los políticos porque reduce su función a la mínima expresión.

Cambio climático

La sostenibilidad medioambiental, por su lado, es el estribillo político irresistible de nuestro tiempo. Sin embargo, es más fácil mencionarla que cantarla sin desafinar. Para Zapatero esta forma de sostenibilidad consiste en promover la economía verde, construir un modelo productivo bajo en emisiones y conjurar las amenazas planteadas por el cambio climático.

Resulta interesante observar que a pesar de las decenas de planes nacionales aprobados para convertir la economía española en la avanzadilla de un mundo libre de CO2, España sea el país que más incumple el fracasado Protocolo de Kyoto.

El último dato oficial es que nuestro país ha incrementado en más de un 52% las emisiones de gases de efecto invernadero cuando el compromiso era no pasar de un 15%. La verdad inconveniente es que EEUU, sin el racionamiento de Kyoto y con un modelo mucho más cercano al libre mercado que el español, ha logrado una tasa de incremento de emisiones muy inferior a la española y la mitad de la europea, desde que se firmó el protocolo.

Sólo la recesión económica permitirá a España dejar de distanciarnos del objetivo y acercarnos un poco dando la razón a quienes decíamos que cumplir el Protocolo de Kyoto supondría una enorme crisis económica para la economía española. No está claro a qué desafíos del calentamiento se refiere Zapatero (los milenaristas no suelen explicar las causas del apocalipsis).

Durante los últimos cinco años ha estado insistiendo machaconamente en el riesgo de la subida del nivel del mar hasta el punto de que su gobierno aconsejó a los españoles dejar de ocupar la primera línea de playa. Pero a los políticos hay que tomarles por lo que hacen con su dinero y no por lo que dicen. Y lo que Zapatero ha hecho con su dinero está muy claro: desoír sus pronósticos catastrofistas comprándose un chalecito en primera línea de playa.

Resulta muy improbable superar mediante planificación política el elevado nivel de sostenibilidad medioambiental que provee el mercado libre. El motivo es que los precios libres son el único indicador social de la escasez relativa de los recursos escasos y sólo en el mercado libre se tiende a evitar su despilfarro de manera eficiente.

La tercera y última rima que tararea Zapatero en la nueva ley es, cómo no, sostenibilidad social. En esta estrofa final, la Ley para la Economía Sostenible debe proveernos de empleo estable, cohesión social y un sistema de pensiones sostenible.

La estabilidad impuesta en el empleo no es algo que habitualmente pueda lograrse sin perjudicar la creación de empleo. Los funcionarios, por ejemplo, tienen un empleo estable pero en poco ayudan al crecimiento económico de este país.

La política laboral de este gobierno, con Caldera y Zapatero como ideólogos supremos, ya ha logrado el éxito de convertir a nuestro país en el campeón del desempleo entre los países desarrollados.

El empecinamiento en inflar con dinero de todos la burbuja renovable produce ahora decenas de miles de desempleados verdes y, aún si este no fuera el caso, el dinero que se detrae de otros usos y se dedica a sostener las energías que están demasiado verdes para funcionar de manera sostenible en mercado libre, provoca la pérdida de más del doble de empleos de aquellos que se generan con la subvención. Es la realidad económica del coste de oportunidad que los mercantilistas nunca han querido entender.

Pensiones y sistema de reparto

Por otro lado, pocas cosas pueden ser más insostenibles que el sistema público de pensiones de reparto, un sistema piramidal que hace que el timo de los sellos o el de Madoff parezcan juegos de niños. Por mucho que Zapatero nos cante la musiquilla de la sostenibilidad, su plan de pensiones es un puro timo que tratará de extender obligándonos a incrementar lo que aportamos y reducir lo que recibimos. Así Madoff también su hubiera salvado, por un tiempo.

En cuanto a la cohesión social, la cantinela no puede ser más errónea. Las sociedades se cohesionan de forma natural a través de la interdependencia propia de los intercambios voluntarios. La cohesión impuesta de Zapatero sólo puede acrecentar las disputas, dar rienda suelta a la envidia y multiplicar sin límite los agravios comparativos. En suma, la nueva canción de Rodríguez Zapatero combina la música melosa de la peor demagogia política con una letra que es la receta de un modelo socio-económico insostenible.

Feijóo el equidistante

Que la izquierda haya aplaudido con las orejas no debería ser algo demasiado sorprendente, ya que al fin y al cabo equivale a una subida de impuestos; que algunos liberales, sin embargo, hayan visto en esta eliminación el punto final a una discriminación fiscal que distorsionaba nuestra estructura productiva (algunos ingenuos, de hecho, la consideraban responsable de la burbuja inmobiliaria) ya empieza a ser más preocupante.

Por supuesto, son tiempos propicios para considerar la inversión en ladrillo como el origen de todos nuestros males. Cualquier movimiento político que trate de agitar esa bandera contará con el aplauso de las masas: "Que esta calamidad no vuelva a suceder". Y si a esto le añadimos que algunos ven la supresión de la deducción como un mecanismo para proceder a una rápida liquidación de todo el stock de viviendas que acumula nuestro país, la ocurrencia zapateril (en realidad, sebastianil) se torna una ponderada y sensata medida de política económica.

Sin embargo, no deberíamos ir tan deprisa. Ni la inversión en vivienda es una locura de juventud a la que haya que poner coto, ni la deducción causó la burbuja inmobiliaria, ni su eliminación contribuirá a la superación de la crisis.

La vivienda como inversión

Si durante el boom casi todo el mundo consideraba que la vivienda era la única inversión segura y generadora de riqueza –la bolsa era marginada como una suerte de casino que parecía generar inversiones que mejoraran la calidad de vida del potencial inversor–, ahora casi todo el mundo se afana por despreciarla. ¿Para qué comprar una casa, si se puede alquilar? ¿Acaso creemos que un país como España puede salir adelante cuando su primera industria es el ladrillo?

En realidad, ni los excesos laudatorios de ayer ni los excesos denigratorios de hoy tienen demasiado sentido. Obviamente, la vivienda es una inversión: quien adquiere un inmueble está trasladando parte de su renta actual al futuro (está capitalizando su renta). Las letras de la hipoteca que pagamos hoy permanecen en la forma de un bien inmueble que nos proporciona servicios de habitación, que podemos alquilar a otras personas para obtener nuevas rentas, que podemos vender por un monto elevado o legar a nuestros hijos para que tomen cualquiera de esas decisiones.

Otra cosa es que la vivienda sea una buena inversión. Eso dependerá de su precio (actual y futuro). En España era una inversión razonablemente buena en 1997, se convirtió en una razonable en el año 2000… y a partir de ahí debería haber perdido todo su atractivo frente a otros activos, como las acciones. Hoy, las tornas están cambiando, y cada vez va siendo menos infrecuente encontrar pisos a precios interesantes y que constituyan posibles buenas inversiones.

¿Se enriquece un país cuyo parque de viviendas no deja de crecer? Por un lado, está claro que los individuos necesitan vivir en algún sitio, que aspiran a emanciparse de sus padres y formar una familia, que desean disponer de uno o varios sitios de recreo en los que refugiarse durante su tiempo libre (segundas y terceras viviendas). Por otro, los inmuebles también son la base de la producción de la industria turística (hoteles y apartamentos) y de buena parte de las demás (necesitan tener oficinas, almacenes, locales comerciales…). Por consiguiente, la vivienda es un bien de capital bastante polivalente y reconvertible, que presenta una amplia demanda por parte de los individuos (demanda que, además, resulta bastante improbable que se extinga en el futuro).

Resulta poco dudoso que más viviendas significan más riqueza y más bienestar para los individuos. El problema no es tanto que la burbuja haya arrojado un exceso de viviendas cuanto que ese exceso se ha generado a costa del defecto de otros bienes de capital e industrias, que en estos momentos supondrían aún más riqueza que las nuevas viviendas (es decir, las viviendas son útiles, pero había otras inversiones más útiles que fueron desatendidas).

La deducción por vivienda como causa de la burbuja

Diversos analistas han sugerido que uno de los motivos principales que engordaron la burbuja inmobiliaria en nuestro país fue la existencia de la deducción por compra de vivienda. Dado que esta deducción nos permitía ahorrarnos –como mucho– unos 1.400 anuales en el IRPF por la compra de la vivienda habitual, había incentivos muy poderosos para que todo el ahorro se canalizara hacia los inmuebles.

Es un error, sin embargo, suponer que la legislación tributaria pueda generar burbujas. Desde luego, las figuras fiscales afectan a la estructura productiva, pero difícilmente podrán tildarse estos efectos de burbuja. Toda inversión se adopta (o se debería adoptar) por su rentabilidad financiero-fiscal (por su rentabilidad después de impuestos); por tanto, una fiscalidad favorable a un tipo de inversiones, como la efectuada en vivienda, sólo hará que la rentabilidad antes de impuestos de la vivienda sea menor que la de otros activos. Pero esto nada tiene que ver con una burbuja, que alude a que el valor presente de un activo se incrementa mucho con respecto a las rentas futuras esperadas, y que se produce como consecuencia de unos tipos de interés artificialmente bajos. Quien causó la burbuja inmobiliaria en España fue el sistema bancario (el Banco Central Europeo, con sus tipos de interés al 2%, y los bancos privados, con su estrategia de endeudarse a corto e invertir a largo), no la deducción.

Pero es que, aparte, los supuestos privilegios fiscales de la vivienda en España resultan cuando menos discutibles. Recordemos que la compra de vivienda de obra nueva está sometido al IVA (7%), y la de segunda mano al Impuesto de Transmisiones Patrimoniales (cada autonomía tiene el suyo, pero se mueve en torno al 7%), entre otros tributos. Dicho de otra manera: según estos analistas, la vivienda está tan fiscalmente favorecida en España porque comprando un inmueble nos podemos ahorrar como mucho unos 1.400 euros anuales en el IRPF… a costa de pagar de golpe 14.000 euros (y eso para una vivienda de 200.000 euros; si fuera de 400.000, rozaría los 30.000).

La supresión de la deducción como incentivo a la recuperación

Con independencia de que me parezca absurdo que políticamente se prime la adquisición de vivienda frente a otras formas de inversión y con independencia de que el origen de esta deducción se encuentre en el deseo de corregir los nefastos efectos de otras intervenciones (en esencia, la progresiva merma en la inversión en vivienda y el deterioro del parque de inmuebles derivados de la desprotección jurídica de los arrendadores), la deducción es, al menos, un incentivo fiscal al ahorro. Y para superar la crisis necesitamos más ahorro con el que poder sufragar la reconversión del tejido productivo español. Por supuesto, como digo, lo más inteligente sería mejorar la fiscalidad para todos los instrumentos de ahorro, de modo que las decisiones de inversión se basaran en las necesidades de los consumidores y no de Hacienda. Pero como esto no parece estar en la agenda ni del PSOE ni del PP, al menos que conserven la deducción por compra de vivienda.

Su eliminación sólo retrasará el necesario ajuste de precios hasta 2011 (ya que los promotores adquieren hasta esa fecha un mayor poder de negociación para negarse a corregir la sobrevaloración de los inmuebles), y a partir de ese año agravará la deflación de precios de la vivienda: dado que se encarecerán los precios después de impuestos, los precios antes de impuestos percibidos por los promotores tendrán que reducirse aún más. Así pues, el Estado se lucrará a costa de unos promotores que para entonces estarán aún más asfixiados que ahora.

Si esperamos edificar nuestra recuperación primando el consumo sobre el ahorro, tratando de evitar que se produzca el necesario ajuste de precios y esquilmando fiscalmente a las partes más debilitadas de la economía, es que todavía no hemos aprendido por qué se produjo la crisis y cómo hay que salir de ella. Que los políticos tropiecen en estas dos piedras es comprensible; que los economistas se caigan de morros por apoyar una inalcanzable neutralidad fiscal no lo es en absoluto. Aunque, viendo el deplorable estado de nuestra ciencia, va siendo cada vez más habitual.

PP 2.0

Las propuestas están bien presentadas en una "nube de etiquetas" y es más fácil navegar y encontrar material escrito y multimedia. Se ha eliminado la voluminosa morralla del anterior diseño que no hacía otra cosa que molestar y, como explica Elentir, unifica su imagen corporativa en internet, que ya hacía falta.

No obstante, la web no es perfecta, claro. Tiene fallos menores, pero que se deberían haber evitado, como incluir un enlace a la portada de Tuenti (si no tienes presencia en esa red social, no la enlaces) o poner tres enlaces separados a versiones para móvil, iPhone y PDA que llevan al mismo sitio. También se dan duplicidades un poco absurdas. Dado que uno de los dos objetivos de la web del PP –y la de cualquier otro partido político– debe ser hacer llegar su mensaje carece por completo de sentido que monten su propio sistema de vídeo online. ¿Para qué reinventar la rueda, cuando existe la alternativa de YouTube, que llega a mucha más gente? Además, los nuevos vídeos del PP no ofrecen opciones para compartirlos o integrarlos en otra web. Disponer de una plataforma propia de vídeo no ofrece ventajas a un partido político, y sí muchos inconvenientes.

En cambio, no veo que crear una red social propia sea una manera de torpedear la presencia en Facebook ni nada parecido. Facebook no es una herramienta que sirva de gran cosa a un partido político, salvo para chulearse de que sus cifras de amigos superan a los del rival y otras chorradas semejantes. Se utiliza para hacer activismo político, sí, pero sólo tiene cierto eco cuando no es partidista, como ha demostrado la reacción contra González Sinde. En cambio, una red social de afiliados y simpatizantes del PP tiene una utilidad extra. Es una evolución de los viejos foros en donde los votantes pueden expresar sus opiniones e ideas y donde se les puede organizar y educar para el activismo. Pero sólo tendrá utilidad si los dirigentes, y no sólo González Pons, se lo toman en serio y prestan atención a lo que se dice.

En definitiva, la nueva web del PP aprueba, y con nota. Evidentemente, es una web de partido, no un diario digital, así que el interés de la información que prestan es relativo. Aún así, es precisamente en esa información donde se encuentra el talón de Aquiles del esfuerzo digital del PP. Porque pese a que la renovación ha supuesto una gran mejora en todos los aspectos, se ve que lo único que no se ha renovado es al equipo encargado de subir contenidos. Como ya denunciara hace unos meses, lo "más reciente" resulta ya antiguo a la velocidad de internet. Cuando se inauguró la web, el lunes a las cinco de la tarde, estaban las fotos y los textos del acto de presentación de la candidatura europea, que tuvo lugar el domingo. Bueno. La cuestión es que hubo que esperar a la una del mediodía del martes, más o menos, para que subieran algo de información sobre el propio acto de presentación de la propia web.

A la velocidad a la que se mueve la información, no se puede esperar al día siguiente. No sé si los responsables de actualizar la web no son los mismos que quienes la han creado. Esperemos que no tarden mucho tiempo en darse cuenta de que en estas materias no se puede ser un funcionario del partido. Seguro que con el dinero que se ahorrarían eliminando el canal de televisión y subiendo todo a YouTube, podrían contratar a personal suficiente para tener la web actualizada al momento. Pero no sé si son esas las prioridades.

Obama contra internet en Europa

 Estos señores, a los que la mayor parte de los europeos no sienten como representantes y que apenas tienen una capacidad legislativa real, han aceptado que los gobiernos puedan desconectar sin autorización judicial a los internautas que se descarguen archivos protegidos por derechos de autor. Toda una victoria para Sarkozy… y Obama.

La combinación ha resultado demoledora. Por una parte tenemos a Sarkozy empeñado en poner los intereses de la industria cultural por encima de los derechos de los ciudadanos. Por otra, a una eurocracia que ha demostrado en repetidas ocasiones su poca simpatía por la libertad en internet. Junto a ellos, unos gobiernos que cada vez que quieren hacer algo impopular lo llevan a Europa para que parezca que nos viene impuesto desde Bruselas y así no asumir su responsabilidad ante los votantes. Y todo ello mezclado con las presiones de un presidente de Estados Unidos al que le encanta meterse en los asuntos internos de Europa pero tocado con un halo de beatitud menos que justificado (a Bush le hubieran llovido los insultos si se le hubiera ocurrido, como sí ha hecho Obama, decir a los europeos que tienen que aceptar como miembro de la UE a un determinado país) y que debe muchos favores al star-system de su país. Con todos esos elementos, era imposible pensar en un resultado diferente al que ha habido.

Tal vez sin la presión del cuerpo diplomático norteamericano en toda Europa el resultado habría sido diferente, pero la realidad de Obama es la que es. Los europeos vamos a pagar el interés del inquilino de la Casa Blanca por agradar a los progres millonarios de Hollywood y las discográficas, así como por proteger y aumentar sus privilegios. Zapatero no es el único que sufre pasión por el presidente de Estados Unidos, acabamos de comprobar que, por desgracia, éste es un mal que aqueja a demasiados políticos europeos.

De otra manera no se explica que los eurócratas hayan llegado a aprobar algo así con el argumento de proteger los derechos de autor. No se han atrevido a algo parecido ni tan siquiera cuando esgrimían las otras dos grandes excusas con las que han blandido cada vez que han ido a recortar la libertad en internet: el terrorismo y la pornografía infantil. Teddy Bautista sí tiene motivo para caer en la Obamamanía. El resto de los europeos, no.

Windows 7 y XP, amigos para siempre

Así que ha puesto la directa para lanzar este mismo año la nueva versión de su sistema operativo y conseguir que sea adoptado en los dos mercados que se han resistido al último Windows: los netbooks y las empresas.

Así, Microsoft ya ha prometido una versión específica para estos miniportátiles con poca potencia, que necesitan ante todo de un sistema operativo rápido y eficiente en el uso de los recursos. De rebote, esta mejora se traducirá en que también los usuarios de ordenadores más normales experimentarán una notable mejora en el rendimiento del sistema, lo cual es –creo– un hito en la historia de Windows, cuyas versiones siempre incrementaban los requisitos necesarios para hacerlo funcionar, en términos de microprocesador, memoria y disco duro. No obstante, la Starter Edition que se instalaría en los netbooks tiene una importante limitación que podría hacerla naufragar: sólo permite ejecutar tres aplicaciones a la vez, para que el rendimiento no decaiga.

Uno de los principales culpables de mejora en la eficiencia es el apartado gráfico, que ha sido optimizado sobre todo en lo que se refiere a las aplicaciones de escritorio más que en los videojuegos. Ahora se necesita mucha menos memoria principal, al mover todos los datos necesarios a la memoria de la tarjeta gráfica, lo que implica que puede funcionar de forma aceptable con 1 giga de RAM sin estar continuamente tirando de la memoria virtual del disco duro, que es lo que más ralentiza el funcionamiento de un ordenador.

Pero donde está poniendo toda la carne en el asador es en el apartado de las empresas. Microsoft se ha visto obligada a ir extendiendo el soporte técnico para Windows XP al negarse las compañías a actualizar sus sistemas informáticos a Vista, algo que ha sido visto por todo el mundo como un reconocimiento de su fracaso en el entorno empresarial. Dado que Windows 7 es, fundamentalmente, un Vista que funciona bien, Microsoft ha pensado que lo único que podría frenar su implantación en las empresas son los posibles problemas de compatibilidad con viejas aplicaciones pensadas para XP. Así que con las versiones para profesionales podremos instalarnos el "modo XP" que permite ejecutar esas aplicaciones sin problemas.

¿Cómo lo hace? Mediante una tecnología llamada virtualización, presente en casi todos los microprocesadores modernos, tanto de AMD como de Intel. Así, cuando queramos ejecutar una aplicación que no funcione en Windows 7 podremos arrancar una especie de mini-XP que permita hacerla funcionar sin problemas, al igual que hace en los ordenadores de Apple una aplicación llamada Parallels, que permite ejecutar programas de Windows desde un Mac. Es una vía que, de funcionar correctamente, permitiría que futuras versiones de Windows se crearan de cero, abandonando la necesidad de ser directamente compatibles con las anteriores.

Es posible que, pese a todo, algunas de las compañías más grandes sigan resistiéndose al cambio, porque un cambio de sistema operativo requiere un esfuerzo de adaptación notable, pero las mejoras del nuevo Windows –junto con, para qué engañarnos, el final del soporte para XP y de las licencias que permiten instalarlo aunque compremos Vista– seguramente lleven a la mayoría de pequeñas y medianas empresas hasta ahora reticentes a dar el salto. Y, con él, la recuperación aun en parte de los resultados de Microsoft. Un vistazo a las estadísticas muestra que sólo el 20% de los lectores de Libertad Digital emplean Vista, frente a un abrumador 75% que permanecen fieles a XP, pese a que hace ya más de dos años de su lanzamiento. Esperemos que Windows 7 mejore esos números, porque significará que es un sistema que se adapta mejor a las necesidades de los consumidores.

ZP in love

Sin duda algo de eso hay, pero la causa principal es otra. El presidente del Gobierno está deseando agradar a su admirado Obama. Y, como buen siervo ante el adorado señor, quiere mostrar avances cuando el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, llegue a España.

Tanto criticar la relación de Aznar con George W. Bush y ahora resulta que Zapatero está dispuesto a cabrear a media España con tal de contentar al actual presidente de Estados Unidos. Curiosa plasmación de esa coletilla tan repetida la anterior legislatura de la "vuelta al corazón de Europa". Debe reconocerse que si lo que busca el inquilino de La Moncloa es agradar a Obama, ha elegido una manera inteligente de hacerlo. Aunque su calidad artística suela ser muy superior a la de sus equivalentes españoles; los cantantes, actores y directores de cine norteamericanos suelen estar muy situados a la izquierda (con casos extremos como el del baboso castrista Oliver Stone y notables excepciones como Clint Eastwood). Y claro, han sido un apoyo fundamental para Obama. Como en su día lo fueron para los fracasados Gore y Kerry.

Pero como los de aquí, también deben de cobrarse ese apoyo. Allí el precio no es aumentar todavía más la protección de esa mentira llamada propiedad intelectual. No es necesario, en Estados Unidos no existe ni tan siquiera la copia privada y numerosos ciudadanos han sufrido los efectos de una legislación que permite condenar a multas de miles de dólares por la descarga de archivos. El pago que se le exigen a Obama es, por lo que se ve, la presión sobre los gobiernos de los países que en opinión de la industria del cine y la música no combaten lo suficiente el intercambio de archivos.

Ante un ZP in love –aunque no crea en los derechos de autor, exigiré que me paguen si deciden hacer una película con ese título protagonizada por un Bardem, Penélope Cruz y Matt Damon– para Obama debe de ser muy fácil presionar con el fin de contentar al artisteo norteamericano. Cuando un actor estadounidense presente una película en España no le crea si dice que le encanta este país. En un futuro podrían dejarle sin conexión a internet para cumplir con sus deseos.