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Etiqueta: Innovaciones y nuevas tecnologías

La propiedad intelectual como “derecho social”

Jose Carlos Herrán defiende la existencia de un "derecho económico" derivado de la autoría de una idea: el autor tiene derecho exclusivo a lucrarse explotando su idea. En el liberalismo, sin embargo, no caben "derechos económicos" o "sociales" que no respeten la libertad y la propiedad de los demás, luego o bien este "derecho económico" sobre la explotación de una idea se sigue lógicamente del derecho de propiedad privada, o bien debe ponerse a la par con otros "derechos sociales" como el "derecho a una renta mínima" o el "derecho a no ser discriminado por razones de sexo, raza o religión".

La función práctica de la propiedad privada, y su necesidad en el marco de una ética que promueva el progreso y la convivencia humana, es la de evitar el conflicto en el uso de bienes o recursos que son de uso excluyente (o lo utilizo yo para un fin, o lo utilizas tú para otro o el mismo fin; no podemos utilizarlo ambos para nuestros fines respectivos). El derecho de propiedad determina quién tiene derecho a decidir sobre el uso del bien o recurso en cuestión. Cuando el objeto no tiene un uso excluyente o rival (por ejemplo, una fórmula matemática, una canción, una técnica empresarial, una idea de diseño o aplicación industrial etc.) el derecho de propiedad pierde su razón de ser, pues cualquiera puede hacer uso de ese objeto simultáneamente y para diversos fines.

El derecho de propiedad sobre esta clase de bienes de uso no excluyente (bienes no escasos) no solo no tiene sentido, sino que además no es lo que dice ser y entra en conflicto con el derecho de propiedad sobre bienes escasos. No es posible tener un derecho de propiedad sobre un objeto que no puedes controlar ni ejercer un poder de exclusión, y eso es lo que sucede con las ideas: una vez están en la mente de los demás no es posible impedir que piensen en ellas. Lo que sí es posible es impedir que las plasmen físicamente en un material, pero entonces ya no se está ejerciendo un control o derecho de propiedad sobre la idea sino sobre el uso que se hace de ese material (en particular, se impide a su propietario que lo use con el fin de plasmar aquella idea). Luego no hay tal cosa como "la propiedad sobre las ideas". Cuando se defiende la propiedad intelectual lo que en realidad se está justificando es un derecho de propiedad parcial sobre los recursos materiales de otra gente.

La propiedad intelectual simplemente estipula un principio de apropiación distinto y adicional a la apropiación original de raíz lockeana. No se sigue del principio de apropiación lockeano sino que está en contradicción con el mismo. Ahora los recursos ya no son solo apropiados por el individuo que los usa y les da utilidad en primer lugar, también son apropiados por los individuos que, sin haber tenido ningún contacto con el recurso, conciben una forma diferente de utilizarlo. Si alguien concibe una nueva forma de emplear varias piezas mecánicas y la patenta, yo ya no puedo utilizar mis piezas metálicas de esa manera. Por lo tanto se viola mi derecho de propiedad sobre las piezas metálicas, pues no vulnero la libertad de nade al combinarlas de una forma determinada.

La propiedad intelectual es intuitivamente razonable porque conecta con nuestro sentido del mérito. El inventor de un nuevo carburador debe tener derecho exclusivo sobre su explotación comercial porque el invento es fruto de su trabajo, de su esfuerzo intelectual, y merece ser recompensado por ello. No obstante, aunque el esfuerzo y el mérito están estrechamente vinculados a la apropiación y el enriquecimiento, el fundamento de la propiedad no es (como hemos visto arriba) garantizar a la gente una determinada recompensa. No nos apropiamos de algo por habernos esforzado en conseguirlo, sino por haberlo descubierto y usado en primer lugar o recibido de un tercero.

Cuando cultivamos un campo yermo éste pasa a pertenecernos no porque merezcamos una recompensa o nos hayamos esforzado, sino porque lo hemos labrado antes que cualquier otro individuo. Cuando nos toca la lotería nos enriquecemos legítimamente, y nadie puede decir que eso sea el resultado de nuestro esfuerzo o que nos lo merezcamos. Lo mismo cuando heredamos o recibimos un regalo. La vida, por otro lado, está repleta de ejemplos de esfuerzos no recompensados. Intentamos siempre obtener lo que creemos merecer (a menudo más), pero no podemos decir que sea ilegítimo que no suceda así todas las veces.

Nuestra reacción a cuando somos víctimas de un robo puede ser similar a la de cuando nos copian un invento o una idea que nos ha costado mucho elaborar. Eso es porque en ambos casos se aprovechan de nosotros, pero no significa que en ambos casos nos estén robando o estén violando un derecho. Hay muchas formas legítimas de aprovecharse de la gente o de ofenderla (desde el adulterio al insulto pasando por la falsa promesa o el chantaje emocional), y es lícito intentar protegerse de ello pero no recurrir a la coacción.

Con todo, pese a la connotación negativa del término, con frecuencia "copiar" no tiene nada de indigno. Forma parte de la vida, copiamos comportamientos y tomamos ideas de los demás continuamente, y en la mayoría de casos ni sentimos remordimientos ni el que concibió la idea se siente traicionado. El progreso humano está basado en la copia, en la emulación de ideas que han materializado otras personas en el pasado, en la mejora competitiva de las creaciones ajenas, en la incorporación y combinación de diversas ideas con solo una pequeña aportación original propia.

En definitiva, la propiedad intelectual está en contradicción con la máxima liberal de que cada individuo tiene derecho a hacer lo que quiera con su cuerpo y con los recursos de su propiedad. El "derecho económico" del que nos habla Herrán es un llamamiento a redistribuir derechos sobre unos recursos, de los propietarios originales a los "inventores" que conciben una nueva manera de utilizarlos. Hay diversas formas legítimas de proteger las invenciones propias de la copia indiscriminada, ninguna de ellas pasa por la redistribución de derechos de propiedad, la violación del principio de apropiación lockeano y la concesión de privilegios que cercenan la competencia en el mercado.

La propina de Sarkozy

Acampar en un edificio público como la universidad es lo más apropiado en estos casos, aunque tal vez la protesta tuviera un mayor efecto si los defensores del derecho al autarquismo académico de los jóvenes españoles okuparan la vivienda del rector Gabilondo y el resto de miembros del claustro. En tal caso, las autoridades de la Autónoma estarían mucho más sensibilizadas con el drama de unos jóvenes que se ven obligados a dormir en tiendas de campaña para defender la universidad española de aquellos que la atacan allende nuestras fronteras.

De paso, el resto de estudiantes no se verían obligados a asistir diariamente a este festival solidario y a las abluciones mañaneras de unos ciudadanos con un ejemplar concepto de la higiene, como se puede comprobar echando un vistazo al reportaje de Libertad Digital Televisión.

El ejemplo de estos revolucionarios nos enfrenta una vez más a la figura clásica del solidario, dispuesto a sacrificar su bienestar en defensa de los derechos de todos. Porque es prácticamente seguro que todos los que acampan en los pasillos de la autónoma, flauta en ristre, son estudiantes de sobresaliente para arriba. Pues bien, aún así prefieren sacrificar su prometedora carrera en defensa de principios tan evidentes como el derecho a vegetar una década en el Alma Máter, sin la amenaza de que una empresa puntera reclame tus servicios para integrarte en la odiosa maquinaria capitalista, a mayor gloria de la burguesía.

Los perrillos que suelen llevar siempre de compañía, y que te miran como diciéndote "por favor, mátame", hoy se sienten legítimamente orgullosos de sus amos. Nosotros también. Si aún queda un gramo de justicia en el mundo, la mayoría de estos activistas acabarán de vicerrectores. Qué menos.

Reconversión también en internet

A principios de este semana, la empresa eBay ha anunciado en España un giro total en el modelo de negocio que venía desarrollando en nuestro país. Una reconversión pura y dura en el planteamiento que ideó su fundador, Pierre Omidyar, allá por el año 1995. La empresa ha lanzado un nuevo servicio de anuncios clasificados, lo que ha supuesto una renovación completa de su sitio web.

eBay ya detectó hace unos años que los anuncios clasificados suponían una amenaza para su negocio y por eso compró los portales de anuncios clasificados Kijiji o Loquo. Como ya había adquirido otras empresas como Skype o PayPal, el sector interpretó que eBay quería completar su servicio principal, el de la subasta. Pero los anuncios clasificados no son sólo un servicio de valor añadido para eBay, sino que han pasado a ser a partir de ahora su servicio principal, por lo menos en territorios como España.

Nuestro país se convierte así en el primero del mundo donde eBay pone en marcha una estrategia de negocio basada en los anuncios clasificados, por lo que el sitio web queda dividido en cuatro partes principales. Una será eBay Classic, que es como se ha venido a llamar la actividad tradicional que hacia eBay hasta ahora. Las otras tres partes estarán destinadas a los anuncios clasificados, divididas en eBay Anuncios, eBay Coches y eBay Pisos. Esta nueva estrategia ha hecho que la compañía reestructure su personal, centralizando sus operaciones en Zúrich y Londres, minimizando la plantilla de las oficinas locales.

Es de admirar la "cintura" que tiene eBay para dar este giro en su negocio, no muchas empresas podrían hacerlo; pero me atrevo a decir que las compañías de internet tienen muchas más posibilidades de sobrevivir a cambios de estrategia. Lo que ya no sé es si será demasiado tarde para eBay, ya que en nuestro país empresas como Idealista o Segunda Mano llevan varios años liderando el sector de los anuncios clasificados.

Las elecciones 1.0 de PP y PNV

Curiosamente, abriendo la web del PP me encuentro con una fotografía y un texto correspondiente al cierre de campaña en Galicia. Buscando en portada encuentro, eso sí, un vídeo con las declaraciones de Rajoy del mismo 1 de marzo. Pero nada más.

Si se entra en el área de prensa, la cosa es aún peor. Las últimas notas de prensa son del viernes. Si busca vídeos o fotografías se encontrará con un interfaz incómodo y de la época del pleistoceno, hablando en términos de internet, en el que además no hay imágenes de la última campaña. Sin duda, un sistema pensado para los periodistas, que encontrarán de una utilidad superlativa encontrar fotos de hace cinco años pero no las del día. De hecho, el vídeo más moderno es el debate de los presupuestos del año pasado. Y el evento más reciente en la agenda es de octubre del año pasado. Unos hachas.

En los enlaces del menú superior, común a todas las páginas, nos encontramos con un enlace a las elecciones ¡de 2008 ! Una web, por cierto, en la que nada más entrar se escucha el himno del PP. Muy amables con todos aquellos que no volverán a visitarlos desde la oficina. Hasta existe un vínculo a algo llamado "PP en internet". Vamos a ver, majetes. Que estamos visitando PP.es. Es decir, ya estamos en "PP en internet".

Pero mucho peor ha sido lo del Gobierno vasco. Había transcurrido muy poco tiempo desde el cierre de los colegios cuando comenzaron a llegar resultados desde Galicia. En cambio, el muy transparente Ejecutivo del PNV, ese que lleva treinta años en el poder, decidió no dar una sola cifra hasta que compareciera Balza. Y a partir de entonces los datos se suministraron sólo a los medios; los ciudadanos que querían acceder a la web electoral se encontraron con las cifras siempre a cero.

La empresa Ibermática era la encargada de gestionar la noche electoral como ganadora de un concurso por el que se le ha pagado (o se le pagarán) casi dos millones de euros. Curiosamente, o no, al hablar con los responsables de prensa de dicha empresa y de la Consejería de Interior del Gobierno vasco se notan sutiles diferencias. La compañía asegura no poder dar algunos detalles pero dan una explicación técnicamente lógica y muestran preocupación por lo ocurrido. En el Gobierno vasco aseguran –fíjense– que el problema estuvo en las líneas de comunicación entre los servidores de la web y los usuarios, cuando el fallo no estuvo en que no se pudiera acceder a elecciones.net sino en que esta web no actualizaba los datos. Y todo esto después de intentar quitarse de encima a un compañero de Libertad Digital bajo la excusa de que "no quieren crear debate" sobre lo ocurrido. Pues deberían explicar, al menos, si esos cerca de dos millones se van a pagar íntegros o al menos descontarán una parte por no haberse ofrecido correctamente el servicio.

Circula por internet una versión sobre lo sucedido en el País Vasco que centra en Telefónica el problema, pues era la responsable de servir los resultados al público en general, mientras que esta empresa centra la responsabilidad en Akamai. Pero en cualquier caso es obligación del Gobierno vasco dar información sobre lo sucedido lo antes posible. De hecho, deberían hacerlo hecho mientras tenía lugar el fallo. Es lo mínimo que esperan los internautas.

Desgraciadamente, los mínimos que todos esperamos en internet no se suelen cumplir cuando entramos en los pantanosos terrenos de la política. González Pons, que de otras cosas no sé, pero de esto sí que sabe, nos prometió un nuevo sitio web del PP que debería haber aterrizado hace semanas y del que aún no hemos tenido noticia. Esperemos que no esté al cargo el mismo equipo de funcionarios del partido que ha ido fracasando una y otra vez con cada sucesiva versión.

Propiedad intelectual

El hombre es dueño de sí, de las cosas sin otro dueño sobre las que pueda llegar a extender su dominio efectivo (los límites son discutibles), o de las que adquiera mediante pactos de transmisión firmados con sus legítimos dueños. El hombre es dueño de sus creaciones autónomas, logradas a través de acciones que involucran bienes o elementos sobre los que ejerce previo dominio. El hombre es dueño del fruto de las creaciones que llegue a realizar y comunicar socialmente, y merece pleno reconocimiento en cuanto a la autoría y el renombre respecto a las composiciones, ideas y demás creaciones de las que sea capaz.

Si consideramos semejantes aseveraciones como ciertas y fuera de toda duda (postura en exceso arrogante, por cierto), quizá logremos concluir algunos aspectos en cuanto a la posibilidad o imposibilidad de una propiedad de tipo intelectual.

Debemos desplegar el concepto en dos vías distintas, complementarias, pero autónomas: el derecho moral de todo autor de una idea original, por inaudita, a ser reconocido socialmente como padre de la creación. Ante la pugna entre aspirantes o el cuestionamiento de la autoría, en vida o una vez muertos uno o varios de los candidatos en lid, cabe el juicio imparcial y la resolución emitida por un tercero dotado de la suficiente autoridad.

Por otro lado podemos hablar de derechos económicos derivados de la presunta autoría. Una vez probada o no discutida aquella, entra en cuestión si la idea o receta, por intangible y reproducible o aplicable sin límite, puede ser tomada o puesta en práctica industrial por cualquiera con ánimo de lucro.

La disputa se complica y dudamos sobre el concepto mismo de lucro. La copia para consumo privado debe ser libre, en este sentido, pero no está tan claro que la puesta a disposición de dicha copia en una red estable de intercambios donde se espera que otros hagan lo propio con copias de otras creaciones no despliegue beneficios mutuos y conocidos o estimados a priori. Si esto es o no lucro solo puede resolverse a la luz de la definición que quiera darse de él; si es pecuniario y mercantil, obviamente no lo es.

Hecha la distinción se abre la controversia en cuanto al derecho del autor a extender su dominio sobre los rendimientos pecuniarios que genere su obra o creación. Siguiendo la lógica desarrollada al comienzo parece razonable que así sea. Sucede entonces que el autor se enfrenta a la difícil tarea de excluir y perseguir al explotador que no le transfiera una parte de los beneficios logrados. Si así fuera es de suponer que un tercero imparcial no censuraría la libertad de proceder a la obtención de rendimientos de la idea por un tercero cualquiera, pero sí que el reparto de los beneficios alcanzados no enriqueciera al padre de la creación. Coinciden en este caso tanto creaciones artísticas intangibles, literarias en sentido amplio (incluida la música), con las creaciones con aplicación industrial.

Surgen dos figuras contractuales que pretenden delimitar satisfactoriamente la exclusión, dotando a explotador y creador de las garantías y el sosiego necesarios: en el caso de la edición se pactan el número de copias, el ámbito territorial y el tiempo de oferta al público de las mismas. En cuanto al contrato de patente, el autor logra que el explotador admita la novedad de su creación y de igual modo se pacta la aplicación y el ámbito espacial y temporal de la comercialización. Aclaremos que las ideas patentables son aquellas caracterizadas por gozar de novedad, actividad inventiva y aplicación industrial.

Sucede entonces que a pesar de estas figuras contractuales terceros siguen explotando la creación de dos formas: bien reconocen al autor abonándole una parte de los beneficios unilateralmente fijada, o por el contrario, no reconocen al autor ni moral ni económicamente, o aun admitiendo la autoría, no comparten su beneficio derivado de la explotación de la creación.

Dada la conflictividad y las dificultades de exclusión efectiva surgen dos instituciones coactivas que procuran la constitución de un orden exigible erga omnes de reconocimiento y exclusión: como es obvio únicamente una estructura de dominación irresistible (Estado) puede instaurar un monopolio de este tipo.

La patentabilidad y la regulación de los derechos de propiedad intelectual en sentido amplio, previenen la incursión y la persiguen en su infracción. Sistemas de acceso al reconocimiento institucional, a través de registros con procedimientos tasados y requisitos de inscripción, garantizan el dominio del creador.

Tiende a ser estricto y constitutivo en el caso de creaciones con aplicación industrial, dejando al resto la posibilidad de registrar, por seguridad, pero sin carácter constitutivo. De igual modo la regulación restringe la reproducción y comercialización de la idea forzando a autor y explotador, en su caso, a cumplir la previsión contractual establecida en la norma pertinente. No existe ya la libre reproducción quedando a merced de un tercero imparcial la fijación de una parte específica del beneficio, o en su caso, a través de una transacción que zanje el conflicto.

Analizado el problema de este modo, resumo: existe la propiedad intelectual. Su existencia despliega complicaciones en cuanto a la exclusión. Espontáneamente surgen mecanismos morales y jurídicos para mejorar el dominio. La incursión del Estado, la pugna de intereses sectoriales o la coyuntural infracción masiva, empujan a la constitución de mecanismos de exclusión monopolísticos, y por tanto, estatales e "irresistibles". No existe, en todo caso, derecho del autor a lucrarse por el tráfico de copias privadas, e incluso, y así lo queremos ver, en situaciones donde existiendo lucro, el tipo de red de intercambios no guarda con exactitud los elementos propios del trueque: intercambio de un bien definido por otro igualmente definido, donde dos partes identificadas quedan satisfechas obteniendo un beneficio subjetivamente considerado.

La propiedad intelectual, con especial intensidad la considerada como industrial, ha sido extirpada del proceso social. El Estado, extendiendo su monopolio, impide el descubrimiento de nuevos, justos y eficientes mecanismos de definición y defensa de los legítimos derechos de propiedad intelectual. Su alternativa es estática e ineficaz. No sabemos qué formas de exclusión podrían surgir en un ambiente de libertad y competencia, lo que no debe llevarnos al argumento más sencillo: puesto que hoy por hoy resulta harto complicado no identificar propiedad intelectual con estatismo, neguemos su existencia en base a argumentos utilitaristas que ignoran por completo la naturaleza ética de la misma.

Los derechos de televisión, la “guerra” que no acaba

Desde hace varios años somos espectadores de lo que se ha denominado como "guerra del fútbol", la pugna de dos grupos de comunicación, Sogecable y Mediapro, por el monopolio de los derechos de retransmisión de los partidos de fútbol de la liga española. Aunque esta "guerra" debería tener el mismo interés que cualquier otra rivalidad empresarial, el debate está contaminado desde hace mucho tiempo por la implicación de los poderes públicos en el mismo.

Así, asistimos a la compra de derechos multimillonarios por parte de televisiones públicas, gracias a lo cual clubs como el Real Madrid o el FC Barcelona se embolsan entre 350 y 450 millones de euros por temporada. En esta compra no se salva nadie, ni TV3 ni Telemadrid, pues esta última ha comprado los derechos de televisión del Atlético de Madrid y Getafe a partir de la temporada 2009/2010, además de intentar adquirir sin éxito los del Real Madrid.

¿Necesitamos que las televisiones públicas pujen por los derechos deportivos? O como se preguntaba en un excelente artículo Ana Ortiz del GEES: ¿debe existir una televisión pública en la sociedad de la información? Muchos creemos que no, que no es necesaria una televisión pública y menos con el modelo actual, supeditado a los diferentes intereses políticos y a los que les rodean. Pero aunque muchos estemos en contra el problema no deja de existir, por lo que derechos deportivos y política estarán unidos por mucho tiempo.

Uno de los aspectos más interesantes de esta "guerra del fútbol" es como internet vuelve a colarse sin que, ni grupos de comunicación ni políticos, se enteren de que por el negocio por el que luchan puede llegar a desaparecer cuando se erija finalmente un vencedor. Mientras muchos hablan de "multiplex" o de televisión digital de pago, existen sitios web como Roja Directa que están poniendo a disposición de los usuarios todo tipo de emisiones deportivas de manera gratuita, por lo que están pasando por encima de cualquier operador que esté cobrando por estas emisiones.

No puedo entrar en los aspectos legales de sitios web como este, pero sí apuntar un dato, Roja Directa ha tenido en estos últimos tres meses más tráfico que los sitios web de Plus.es (Digital +) y LaSexta.com (Mediapro) según datos de Google Trends. Y este dato creo que arroja algunas reflexiones, por de pronto que los operadores tendrán que pensar en otros modelos de comercialización de las emisiones deportivas y que van a tener que ofrecer las emisiones de calidad en los nuevos soportes: internet, móvil, etc.

Bermejillo de Triana

El hecho cinegético propiamente dicho no es algo que preocupe al ministro, aunque éste se haya producido en compañías poco recomendables dada la relevancia institucional de su cargo. En cambio, lo de que le hayan pillado cazando en la comunidad andaluza sin la preceptiva licencia territorial le tiene desolado. No ha aclarado si la multa prevista para este tipo de delitos la pagará él de su bolsillo, correrá a cargo del Sazatornil que organizó el hecho cinegético o se sufragará con el presupuesto del Ministerio, pero dado lo abultado de su cuantía, que puede llegar a los 6.000 euros, tal vez lo más apropiado sería que las asociaciones españolas de caza hicieran una colecta para solventar el contratiempo de uno de sus más destacados compañeros de afición. Bermejo se justifica declarando que "se le pasó", algo que nos ocurre a todos a menudo en otros ámbitos de nuestra vida. A usted le para la Guardia Civil circulando por encima de la velocidad permitida y con decirle al agente "se me pasó mirar el cuentakilómetros" se supone que todo queda arreglado, como hace el ministro de Justicia, que de estas cosas sabe mucho más que un simple sargento de la Benemérita.

En su última comparecencia parlamentaria, en la que los diputados pidieron hasta cuatro veces su dimisión, Fernández Bermejo estaba sólo en la bancada azul, gesto insolidario dónde los haya por parte del resto de componentes del Consejo de ministros que a otro hubiera sumido en una cierta melancolía. Pero no a Mariano Fernández, el gran Bermejo, que después de redondear una faena de aliño fue despedido con aclamaciones de "torero, torero" por parte de los diputados socialistas, a las que se vio obligado a corresponder lanzando un beso al tendido como los grandes matadores en tarde triunfal. En próximas comparecencias no es descartable que desde la bancada socialista le lancen ramos de flores, una bota de vino o un conejo vivo al terminar su discurso mientras da la vuelta al hemiciclo, sobre todo si acierta con el estoque a una pregunta aviesa del grupo popular. Si se afeitara la barba y se hiciera una coletilla, Bermejo pasaría perfectamente por una gloria del toreo, como Antoñete o Curro Romero. Hasta los andares los tiene de artistazo el tío.

La inútil y dañina lucha contra el P2P

Pero al margen de esa discusión, a día de hoy puramente académica, lo que sí parece claro es que cuanto más abarque el Gobierno, más desatenderá aquello que le da razón de ser, la causa última de su existencia. De modo que tenemos embajadas regionales pagadas con dinero de los impuestos, pero los delincuentes campan a sus anchas y los procesos tardan años en dirimirse en los tribunales.

Un ejemplo bien claro de todo esto lo estamos viendo en internet. Tras largos años de preocupación por lo que la lucha contra el terrorismo podría hacerle a nuestras libertades y nuestra intimidad en la red, es la acción de un lobby la que más daño les está haciendo. Su último éxito es Irlanda, donde ha logrado que las operadoras se plieguen a sus intereses bajo la amenaza de obligarlas por la vía judicial. Ya no será un sistema de tres avisos, sino sólo de dos. Las discográficas ya han amenazado a la competencia, y es de esperar que ésta no tarde en unirse al acuerdo.

Aquí, en España, los rumores de un acuerdo entre Redtel y la SGAE son cada vez más insistentes. Sería un pacto evidentemente forzado por la amenaza latente de que el Gobierno de los titiriteros, aun prefiriendo no asomar demasiado la cabeza en este asunto, asumiría su responsabilidad para con los suyos si fuera necesario. Así, no sería de extrañar que en breve se anuncie un sistema similar al adoptado en cada vez más países de Europa.

Y, aún así, no constituiría más que un pequeño bache para los internautas que sería solventado con la misma facilidad con que lo fue el cierre de Napster. Las últimas estadísticas muestran que el P2P se ha estancado debido al creciente auge de los servicios de descarga directa como Megaupload o Rapidshare y también a que parte de los contenidos que antes se buscaban en las redes de pares ahora están disponibles en la web de forma gratuita en forma de streaming, es decir, que se pueden ver pero no descargar. Para que luego digan que es imposible competir con lo gratis. Muchos usuarios parecen dispuestos a tragarse anuncios a cambio de la comodidad y facilidad de uso de estos servicios.

Además, el ataque contra las redes P2P lo único que conseguirá es que los usuarios pasen a alternativas que cifren los datos y "engañen" a las operadoras mediante la llamada ofuscación de protocolo, que hace ver que en lugar de bajarnos una peli porno por BitTorrent estamos leyendo El País.com, tarea tan progresista que sin duda hará pensar a las operadoras que estamos con Teddy y no somos de temer.

¿La vida seguirá igual, entonces? Bueno, para los lobbys sí. Después de intentarlo todo seguirán necesitando cambiar la manera en que se explotan los contenidos musicales y audiovisuales, algo que deberían haber hecho hace una década, cuando aún no estábamos acostumbrados a no pagar por nada. Pero no seguirá igual para internet. Las operadoras tendrán no sólo el permiso sino la obligación de husmear en nuestro tráfico. La relativa intimidad y anonimato del que disfrutábamos en internet habrá acabado. Parece un precio demasiado alto para no lograr absolutamente nada a cambio.

Las reglas las marcamos entre todos

Si toda subvención o prestación pública es una "ayuda", el debate sobre si es o no realmente una buena medida, una medida que "ayuda" a la gente, ha quedado zanjado antes de empezar. Como explica David Friedman, la práctica de reescribir las políticas de forma que asuman la conclusión hace innecesario tener que justificarlas y debatirlas.

Ésta ha sido la estrategia que ha seguido la nueva Administración Obama a la hora de vender a los ciudadanos y a los medios el paquete de 800.000 millones de dólares que supuestamente tiene que sacar a Estados Unidos de la crisis. Como no estaban Obama y su equipo con ganas de sufrir desgaste discutiendo con sus críticos sobre si esta gigantesca inyección de gasto público va a tener efectos positivos, decidieron llamarlo "estímulo" y neutralizar el debate. Cuando este fardo de gastos (que hace realidad las fantasías de los progresistas americanos de los últimos 40 años) era un "aumento del déficit público", entonces las voces críticas eran numerosas. Ahora que han pasado a llamarlo "estímulo" la medida es extraordinariamente popular. ¿Quién va a oponerse a un estímulo?

De nuevo, sus proponentes deberían demostrar la conclusión que están asumiendo. A saber, si estas medidas keynesianas van a estimular realmente la economía o van a consolidar las malas inversiones hechas durante el perídodo del "boom" y a retrasar los necesarios reajustes y la recuperación.

Otro ejemplo es el uso indiscriminado del término "polución" o "contaminación" (contaminación lumínica, contaminación térmica, contaminación visual, contaminación cultural, etc.). No es necesario investigar y demostrar que algo es dañino si recibe el nombre de "contaminación", pues la contaminación es obviamente mala. Todas las propuestas políticas girarán en torno a la reducción o prohibición de este fenómeno, ninguna sugerirá que su efecto quizás es positivo o inocuo, o que tratar de eliminarlo es contra-producente o demasiado costoso.

La manipulación retórica es efectiva porque la opinión pública está desinformada y la terminología tiene entonces una influencia desproporcionada. Como señala Ilya Somin, si la gente estuviera informada sobre los detalles y las implicaciones del paquete de gasto público de Obama probablemente no cambiaría de opinión por el simple hecho de que pase a llamarse "estímulo". No obstante, la retórica también explota y apela a nuestros sesgos y emociones, a nuestra irracionalidad, y en este sentido influye porque dice a la gente lo que quiere oír.

El uso de la retórica con fines políticos no es exclusivo de la izquierda intervencionista. En el tema del aborto, por ejemplo, ambos bandos encontrados se definen con términos que asumen la bondad de sus conclusiones: los "pro-choice" (pro-elección) y los "pro-life" (pro-vida). Ni el primero aceptará que es anti-vida, ni el segundo aceptará que está en contra de la libertad de elección.

¿Aprovechamos los liberales las posibilidades de la retórica de la misma manera? Mi impresión es que los liberales estamos a la defensiva en este aspecto, o somos poco creativos. Ya sería un avance que consiguiéramos que los intervencionistas no reescriban los nombres de las políticas incorporando la conclusión, y llamen las cosas por su nombre para que el debate pueda tener lugar. Los liberales nos sentimos cómodos en una discusión racional porque tenemos las de ganar, y ése es un terreno que los socialistas de todos los partidos intentan evitar con eslóganes emocionales y trampas terminológicas como las que hemos visto. Si el "estímulo" se llamara "aumento del déficit publico" o las ayudas se llamaran "subsidios" o "redistribución", sus proponentes tendrían que debatir con nosotros sobre si tienen efectos "estimulantes" o beneficiosos.

Dando un paso más allá, podríamos reescribir las políticas intervencionistas o las reformas liberalizadoras empleando conclusiones liberales. Por ejemplo, llamando a la flexibilización del mercado laboral (legalización del despido libre, abolición del salario mínimo etc.) "abaratamiento de la contratación" o "facilitación de la contratación" o "incentivos para el pleno empleo". O a los recortes de impuestos "ayudas para las familias" o "incentivos para la creación de riqueza". O a la abolición de subsidios a la agricultura como "reducción de precios para los consumidores" o "ayuda al Tercer Mundo".

También podríamos llamar "estímulo" para la economía a un recorte masivo de impuestos que financie la reestructuración de las distintas ramas productivas, una reducción pareja del gasto público para no hipotecar el futuro de nuestros hijos y una desregulación del mercado del trabajo para que los trabajadores se recoloquen rápidamente. Este "estímulo" también asume la conclusión de que es estimulante, pero a diferencia del de Obama, éste sería estimulante de verdad.

A los usuarios de Explorer 6

Cuando se intenta jugar en las ligas mayores con una plantilla más propia de tercera regional –en tamaño, que no en calidad–, lo que sucede cuando hay un proyecto importante es que los mismos que nos dedicamos a mantener la web día a día debemos preparar al mismo tiempo ese gran salto. Adivinen a costa de qué.

No obstante, cuando uno es desarrollador web, periodista y columnista esto del pluriempleo se lo toma con una cierta e imprescindible filosofía. Lo cual no quita que haya labores que debiendo ser innecesarias quitan un tiempo precioso y producen una irritación creciente entre los que nos dedicamos a hacer sitios web. Seguro que mis compañeros de profesión ya saben de qué estoy hablando. Sí, del navegador Microsoft Internet Explorer 6, conocido en el gremio como IE6.

Actualmente, un 26% de los lectores de Libertad Digital visitan esta web con Explorer 6, un producto lanzado el 27 de agosto de 2001. Aunque en su día fue un programa extraordinario, sin rival a su nivel, no sólo está anticuado a estas alturas con respecto a lo que ofrece cualquier navegador moderno, sino que tiene más errores que un auto de Garzón. Así, es habitual que después de la laboriosa tarea de montar una web que se vea correctamente en Firefox, Safari, Chrome y Explorer 7, los desarrolladores contemplemos con horror que en IE6 desaparecen imágenes, se descolocan textos y, en definitiva, la página nada tiene que ver con lo que queríamos que se mostrara.

Casi todos esos problemas pueden ser solventados con bastante trabajo y un montón de horas desperdiciadas en repetidos procesos de prueba y error. No todos, sin embargo. Si usted está leyéndome con Explorer 6, no estará viendo algunas de las características del nuevo diseño de Libertad Digital, como las transparencias sobre las imágenes. También echará de menos algunos elementos eliminados, como los botones de ampliación y reducción del texto, labores ambas que los navegadores decentes ya pueden hacer ellos solitos. Y según pase el tiempo, cada vez menos desarrolladores web se preocuparán por usted, el hombre literalmente desactualizado, y crearán páginas que directamente no se verán en Explorer 6.

No voy a decir que me dé lo mismo que se cambie usted a Explorer 7, Firefox, Opera o Chrome, porque no es así. Al contrario que tantos otros, no le tengo inquina a Microsoft, lo que no quita para que reconozca que en materia de navegadores haya alternativas mucho mejores. Pero comparado con el abismo que hay entre Explorer 6 y cualquier otra cosa, el que se limite a actualizar a la versión 7 del mismo navegador es un problema menor, muy menor.

Haga su buena acción del día. Dele una alegría a su vecino, que se dedica a estas cosas de la web. Actualícese.