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Etiqueta: Innovaciones y nuevas tecnologías

¡Que juzguen a Google y Yahoo!

En cuanto a la legislación, el artículo 17 de la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información y de Comercio Electrónico (LSSI) deja claro que no hay responsabilidad de los responsables de un sitio web por los contenidos a los que enlaza cuando "no tengan conocimiento efectivo de que la actividad o la información a la que remiten o recomiendan es ilícita o de que lesiona bienes o derechos de un tercero susceptibles de indemnización". Y se explica que se entiende que hay conocimiento "cuando un órgano competente haya declarado la ilicitud de los datos, ordenado su retirada o que se imposibilite el acceso a los mismos, o se hubiera declarado la existencia de la lesión, y el prestador conociera la correspondiente resolución".

Hasta donde se sabe, ningún "órgano competente" (que no es otro que un juez) ha declarado la ilegalidad de la página a la que enlazaba el sitio web del procesado, por lo que éste no podía tener "conocimiento efectivo" de que desde ella se podía acceder a los deleznables contenidos en cuestión. Para que la persona ahora juzgada tuviera alguna responsabilidad penal, previamente tendría que haberse dictado una sentencia, de la que el acusado tuviera conocimiento, declarando ilegal el sitio web al que se podía acceder desde el suyo por incorporar links a pornografía infantil. Y parece que esto no es así.

Pero vayamos al puro conocimiento de internet. Según la doctrina del ministerio público, que defiende que desde Chicaerotica.net facilitó de "alguna forma" el acceso a los contenidos de pornografía infantil, Google y Yahoo deberían ser juzgados por la misma razón. En ambos buscadores se puede acceder a la página por la que el procesado ha sido llevado ante los tribunales. Al fin y al cabo, enlazan a una página, que enlaza a una página, que enlaza a una página con contenidos delictivos. Ya puestos, no habría por qué romper la cadena de responsabilidades en el segundo enlace. De hecho, yo podría ser juzgado por enlazar a dos buscadores en los que se enlaza a una página que enlaza a una página… Y si a alguien se le ocurre incluir un vínculo a este artículo, pues lo mismo.

De hecho, seguramente el 99% de los sitios web de todo el mundo podrían ser juzgados. Al fin y al cabo, internet es una inmensa tela de araña en la que unas páginas enlazan con otras que al mismo tiempo ofrecen vínculos a terceras y así indefinidamente. Así que ya sabe el señor fiscal, ¡que juzguen a Google y Yahoo! Y después a todos aquellos que tengan alguna página en la que aparezca un vínculo a otra distinta.

Nace La Coalición

La fijación arbitraria de tipos de interés artificialmente reducidos durante los últimos años ha incentivado la adquisición de un elevado endeudamiento por parte de bancos, empresas y particulares.

En este sentido, el estallido de las hipotecas subprime en EEUU el pasado verano tan sólo constituye la punta del iceberg del particular castillo de naipes que, basado en la concesión del crédito fácil, ahora comienza a derrumbarse. Sin embargo, pese a las evidencias del diagnóstico, los expertos y, en general, los gobiernos de toda clase y condición, culpan nuevamente al libre mercado de la tormenta que ellos mismos han creado.

Pese a que la historia se ha encargado de demostrar una y otra vez que el desarrollo económico y el bienestar social tan sólo es posible bajo el paraguas de una economía de libre mercado, el sector financiero en su conjunto padece una regulación estatal extrema y se mantiene bajo el férreo control que ejercen desde hace décadas los bancos centrales. Un órgano planificador por excelencia que rige el destino del crédito, la moneda y el mercado bursátil del sistema financiero internacional.

El tipo de interés, al igual que la función que ejerce el precio entre la oferta y la demanda, constituye el principal indicador de referencia en el mercado de bienes presentes y futuros. Así, fija el precio que se ha de pagar para obtener hoy un número determinado de dinero con carácter inmediato a cambio de devolver una suma mayor en el futuro.

Sin embargo, el precio del dinero no surge en este caso como consecuencia del libre mercado, basado a su vez en las oscilaciones entre ahorro y crédito, sino que responde a las decisiones políticas de los banqueros centrales. Los bajos tipos de interés, reducidos artificialmente, han impulsado un exceso de liquidez mediante la concesión de préstamos asequibles. La política de los bancos centrales ha reducido la percepción de riesgo que conlleva toda inversión, propiciando un excesivo apalancamiento en proyectos a largo plazo de dudosa solvencia. Los pinchazos de las burbujas inmobiliarias en EEUU, España o en el Japón de los años 90 son un buen ejemplo de ello.

Pero lejos de rectificar, los organismos reguladores del mercado financiero optan ahora por culpar a los agentes que sirvieron de meros transmisores de una política crediticia errática. Las agencias de calificación de riesgos (rating) han terminado por convertirse así en las cabezas de turco de la crisis subprime. No cabe duda de que han cometido errores, tal y como muestra la depreciación de activos que, recientemente, vienen aplicando a emisiones de deuda que hasta ahora contaban con la máxima calidad y garantía crediticia (AAA), pero los auténticos culpables de la situación (esto es, los bancos centrales) permanecen impunes.

Los anuncios de mayor regulación y transparencia financiera avanzan una nueva oleada de intervencionismo gubernamental sobre los mercados financieros. De hecho, el Gobierno de EEUU e, incluso, la UE, barajan incluso la posibilidad de restringir la inversión en el mercado bursátil de materias primas con el fin de atenuar el encarecimiento del petróleo y de los alimentos. Como si la imposición de un determinado precio máximo en ciertos productos lograra su abaratamiento por arte de magia. Pregunten si no al régimen comunista de Cuba o al de Venezuela.

Al igual que acontece con toda enfermedad, un diagnóstico correcto resulta crucial para recuperar la salud perdida. Atentos, pues, a todas aquellas voces que hoy increpan contra el "libre mercado", el "capitalismo salvaje" y el "liberalismo radical", ya que son las excusas bajo las que se esconderán los verdaderos culpables de la crisis económica, tanto de la actual como de las que tengan lugar en años venideros.

Piratas

Hay que transmitir muchas ideas con pocas palabras, y esa economía de las palabras fuerza a los hacedores de mensajes políticos a llenar de significados a las palabras o directamente a hacer de ellas un uso torticero. Ese cambio en la política es lo que va de Sagasta a Pepiño Blanco.

¿Cómo, si no, pueden convertirse los atentados de ETA en meros accidentes? Los grupos de presión conocen bien ese mecanismo y lo utilizan profusamente. Así, la violencia doméstica se convierte en "violencia de género" o "violencia machista" o incluso "terrorismo de género", con lo que la mitad de la población tiene en los genes un criminal en potencia. Los empresarios asentados hablan de "competencia desleal" para referirse a todo aquel que ose ofrecer un servicio mejor que ellos o que lo haga a mejor precio. Es decir, a todo el que compita en buena lid.

Son incontables los ejemplos, a cual más indignante. Quizás el que más éxito ha tenido es el de llamar "pirata" a quienes comparten una copia privada, un acto completamente legítimo pero muchos quieren convertir en el enésimo crimen sin víctima. Un pirata es un ladrón marino. Pero aquí no hay mar que valga ni robo ni violencia.

Lo más sorprendente de todo es que quienes más hablan de piratería son los que proponen un canon digital, que es un robo en toda regla; un atraco con todas las de la ley, con o sin pata de palo o parche en el ojo. No iré tan lejos como llamar "piratas" a quienes cobran ese canon, que además luego pasa lo que pasa, pero hay algo que debe quedar claro. Si un grupo recurre a retorcer el significado de las palabras para conseguir sus objetivos (y de paso una cuantiosa fuente de ingresos) es que no tiene siquiera la confianza en que le asisten la razón y el derecho. Será que en el juego de la política, que es el de las palabras, razón y derecho están de más.

Air.CAT

Por supuesto la "respuesta" de la propaganda nacional-separatista no se ha hecho esperar, asociando a la aerolínea con el régimen nazi.

Este tipo de denuncias relevan a la claras el objetivo central del nacionalismo, privarnos del uso de nuestras libertades tanto a los ciudadanos como a las empresas. Ya es escandaloso que compañías de nuestro país estén obligadas a traducir sus anuncios a un idioma determinado, corriendo encima ellas con los gastos, pero hasta los más miopes deberían ver que no es muy razonable, por decirlo suavemente, que se le pongan trabas en el terreno idiomático a una empresa extranjera que decide invertir en España.

En lo que se refiere a internet los nacional-separatistas tocan en hueso, por ahora. Su primera "hazaña" tuvo lugar en septiembre de 2005, cuando el ICANN, el organismo que regula los dominios de internet, cometió el peligroso precedente de aprobar un nuevo dominio de primer nivel, el .cat. La argumentación oficial de la concesión de esta extensión de dominio es que su destino es la comunidad lingüística y cultural catalana, aunque nadie cuestionó el trasfondo político de esta concesión. Como bien dijo el editorial de Libertad Digital, "la aprobación por parte de la Asociación para a la Asignación de Nombres y Números (ICANN) de este dominio es anacrónico, pues no se corresponde con el espíritu de internet, y constituye un error garrafal". Justo eso, un anacronismo, volver a las cavernas; aunque estemos hablando de internet, el atavismo y el nacionalismo caminan juntos.

Cuando en esas fechas el consejero de Universidades, Investigación y Sociedad de la Información de la Generalitat, Carles Solá, declaró "la jornada de hoy es un día histórico comparable con aquel en el que se logró el permiso para que la selección catalana de hockey participase en competiciones internacionales", todos confirmamos el trasfondo político de la decisión, y que el acoso y derribo a la que sometió el lobby .CAT a la ICANN durante años no tenía otra intención que la política.

Hoy vemos cómo el director general de una aerolínea denuncia un acoso a sus libertades, y aunque internet sigue siendo un medio libre, los liberticidas nunca se darán por vencidos y nos atacarán sin cuartel. Debemos estar preparados, ya que la red será su próximo objetivo.

Millones, demandas y dinosaurios

Promusicae, que agrupa a 88 discográficas presentes en España, y las multinacionales Universal, Sony-BMG, Warner y EMI han demandado al programador Pablo Soto Bravo, al que reclaman 13 millones de euros por haber creado diversos programas de intercambio de archivos.

Los demandantes acusan al empresario y programador creador de Omemo, Blubster, Piolet y Manolito de actuar "con evidente ánimo de lucro" y con una "conducta parasitaria". En realidad, lo que buscan es impedir que los usuarios sigan utilizando estos programas y, de paso, asustar a cualquier informático que pretenda crear alguno similar en nuestro país. Es cierto que las redes de pares se usan con mucha frecuencia para descargar archivos con derechos de autor, algo que además en España no es delito si no hay ánimo de lucro. Pero también lo es que otros usuarios los usan para intercambiar archivos con licencias libres o sin derechos de autor de ningún tipo.

En realidad, los programas de intercambio de archivos no son más que herramientas neutras. Lo ilegal o legal está en el tipo de uso que se les dé, no en su creación. La demanda de Promusicae es equivalente a que alguien demande a un fabricante de navajas (que sirven para acuchillar a alguien pero también para pelar una naranja) como cómplice o inductor de asesinato. Y eso en el terreno de la legislación. Si vamos a la justicia o a la ética, estamos ante algo todavía más absurdo. El mero concepto de propiedad intelectual es más que discutible. De hecho en realidad se trata de un atentado contra la propiedad de terceros.

Un atentado que se materializa entre otras cosas en el canon digital, esa "compensación por copia privada" gracias a la cual las entidades de derechos de autor ingresaron el año pasado 84 millones de euros por no hacer nada. Cierto es que la cifra es menor que en 2006, pero no deja de ser una cantidad importante para unas organizaciones que para obtenerlo se han limitado a insultar y criminalizar a quienes les critican. Todo entra dentro del mismo fenómeno. Los grandes actores (Promusicae, SGAE, DAMA, CEDRO…) de un mercado que ha evolucionado a pesos agigantados no saben adaptarse a los nuevos tiempos y pretenden que el mundo se pare. Los dinosaurios no han entendido que ha llegado el tiempo de los mamíferos.

Twitter, o la banalidad en internet

Twitter es lo que los expertos denominan un "nanoblog". En un blog, el autor escribe ideas más o menos desarrolladas, y legibles; en un nanoblog, como el prefijo indica, la dimensión de las entradas se reduce, hasta ser meras frases.

La gente envía SMSs desde su móvil, o mensajes de e-mail, que se quedan registrados en una determinada página, a la que se supone que otros interesados pueden acceder. Supongo que habrá genios, estilo Oscar Wilde, que tengan de continuo ideas brillantes y cuyas páginas atesoren frases SMS. Pero la mayor parte de sus usuarios, básicamente, se dedican a mandar SMSs con lo que están haciendo en cada momento, donde están o lo que escuchan. Y a base de estas novedades se llena el nanoblog.

Así que, por un lado, tenemos aquellos usuarios que se dedican a informar al mundo de su paradero. Supongo que asumen que hay mucha gente a las que esto les puede interesar; vamos, que un poco de ego cabe esperar de su perfil.

Pero si bien puedo imaginarme a unas cuantas personas haciendo esto, tomándose la molestia de mandar un SMS en los ratos muertos del día, me cuesta mucho más identificar qué clase de personas pueden ser capaces de consumir las páginas que recolectan esta información. ¿A quién le puede interesar leer una serie de frases inconexas sobre lo que están haciendo o escuchando en cada momento del día otras personas, por muy amigos, conocidos o importantes que sean? Desde mi punto de vista, se trata de otra manifestación de la banalidad a la que parece asomarse nuestra sociedad, menos extendida, eso sí, que el Gran Hermano o el Chiquilicuatre.

Afortunadamente para los usuarios de Twitter y para sus creadores, esta es sólo mi opinión. Y por mucho que piense que es una asignación ineficiente de recursos, no se me pasaría por la cabeza proponer una intervención en el mercado de internet para prohibir esta clase de servicios por dicha razón.

Y es que internet es el fenómeno que es, precisamente porque la innovación no tiene en ella ninguna cortapisa. A cualquiera se le puede ocurrir prestar un servicio, y puede probar suerte. Nadie le va a prohibir que lo haga. Y aunque una gran mayoría de los ciudadanos podamos pensar que es una chorrada, a lo mejor encuentra unos cuantos que lo ven útil o simplemente entretenido. Sólo queda esperar que pueda seguir así por mucho tiempo, libre de intervenciones de iluminados.

Suena La cabalgata de las Valkirias, de Wagner. Adelante, Twitter.

Visualizando los apoyos a Rajoy

El objetivo, al parecer, era "visualizar los apoyos" a Rajoy. Es algo que sin duda han conseguido aún antes de inaugurar la web, pues los únicos con los que puede contar el gallego dentro del partido son precisamente ellos. Bueno, ellos y los medios de comunicación que siempre han sido contrarios a la derecha y que se frotan las manos ante la decisión de abandonar los principios.

El caso es que no parece que el grupo de fieles a Rajoy entienda muy bien en qué consiste esto de internet. Es normal, tratándose de hombres de partido, y partido español encima. Las iniciativas que funcionan en la red son las que parten de abajo a arriba, y no al revés. Son los votantes y afiliados populares que apoyan al todavía presidente del PP, que digo yo que alguno habrá entre quienes no tienen cargo que defender o al que aspirar, quienes podrían preparar una web de este tipo que pudiera interesar y congregar a quienes comparten con ellos ese interés común.

Eso hacía, por ejemplo, BlogsProRajoy, que recientemente anunció que cerraba "por lo evidente". Era una web en la que participaban decenas de personas voluntariamente, ya fuera agregando sus blogs o participando en la elaboración de alguna de sus secciones. Su objetivo era apoyar a Rajoy mientras fuera el candidato que mejor representaba los principios de la derecha social, y funcionaba bien de acuerdo con ese objetivo.

Sin embargo, los mandamenos del PP han decidido que internet funciona como los partidos españoles, de arriba abajo, de ahí que estén pergeñando una web a su medida, al estilo –supongo– del mitin de Valladolid, organizado también para intentar "visualizar los apoyos" a Rajoy, pero del que han destacado más las ausencias que las presencias, especialmente cuando poco menos que se obligaba a acudir a los altos cargos populares, y las incitaciones a "moverse" del aún presidente del PP a su énfasis en afirmar que "no ha cambiado".

Ya veremos en qué queda todo esto, o si finalmente deciden envainarse el proyecto de la web. Tras la noticia dada por El Mundo el sábado 24 de mayo, se sustituyó la portada en pruebas por un mensaje que explicaba que abrirían el lunes. El lunes decidieron retrasarlo al martes, además de impedir el acceso a la web en pruebas, cuya dirección había publicado Libertad Digital. Lleva desde el martes asegurándonos que "próximamente nos conocerás a todos". Ya será menos.

Habrá que ver, si finalmente deciden abrir un foro como parecía era su intención cuando la web estaba en pruebas, cuánto tardan en cerrarlo cuando vean que lo que prima no son precisamente adhesiones inquebrantables. Claro que puede que opten por una web que no sea participativa para evitar esos problemas, lo que dejaría claro que, efectivamente, "visualizar los apoyos de Rajoy" sólo se puede hacer en plan ordeno y mando desde arriba, porque las bases no están por la labor. Poco futuro parece tener el invento.

Un chiste de belgas

Estos chistes son muy injustos con la población objeto de mofa (al contrario de lo afirmado por cierto amigo porteño, en los vuelos de Iberia no dejaron de poner películas a causa de que los "gallegos se salían a fumar cuando estas terminaban"), pero no dejan de ser perfectamente aplicables a un cierto subconjunto de la misma.

Sin duda alguna, los belgas no son los tontos que presentan los franceses en sus chistes, pero sus editores de periódicos en francés y alemán sí lo son. Además de unos caraduras increíbles. Estos señores no han tenido una idea más brillante que demandar por segunda vez a Google, a la que reclaman una indemnización de 49 millones de euros, por llevarles tráfico a sus ediciones digitales. Bien es cierto que los demandantes no lo expresan de ese mero, sino que acusan a la compañía estadounidense de publicar contenidos suyos tanto en su buscador general como en Google News. Dichos contenidos no son otros que titulares, pequeños sumarios y fotos con el tamaño reducido; en todos los casos enlazando con la fuente en la que se puede leer la noticia o el artículo completos.

Para calcular la cifra de las supuestas "pérdidas" han contado todos sus contenidos enlazadas en el motor de búsqueda general desde 2001 y en el agregador de noticias desde febrero de 2006. El motivo que aluden es que Google se ha negado a negociar con ellos la cantidad que debe pagar después de que la empresa fuera condenada en 2007 por un juez belga ("¿cuántos jueces belgas hacen falta para cambiar una bombilla?") y esta empresa recurriera la sentencia. Tal vez se crean muy listos, puesto que si ganan sacarán un buen pellizco gracias a unas absurdas leyes de propiedad intelectual y el analfabetismo digital de algún togado. Pero no lo son.

Se arriesgan a que Google decida dejar de enlazar con los periódicos miembros de la asociación demandante. Y el precio podría ser muy alto para ellos. En unos años dejarían de recibir una cantidad de visitas nada despreciable, seguramente muy superior a la de los enlaces contados por ellos para presentar la demanda, con las consiguientes pérdidas de ingresos a través de la publicidad. Tal vez sea que cometer excesos en el consumo de mejillones al vapor con patatas fritas tiene como efecto secundario no conocido hasta ahora una disminución de la capacidad de razonar. De otra manera no se explica que no se den cuenta de ello.

¿Por qué los editores belgas de periódicos hacen un hoyo profundo y se meten dentro? Porque en el fondo no son tan tontos.

Libertad versus cultura

Tras haber fracasado en su intento de obligar a las operadoras a entregarle los datos de los usuarios de redes de pares, pretenden ahora que el Gobierno siga en esta materia el pésimo modelo de Nicolas Sarkozy, que no sólo en el tema de las descargas demuestra estar offline. Estos tipos pretenden que, al igual que ha hecho "Sarko", se imponga una norma por la cual las operadoras cancelen las conexiones de aquellos que utilizan las sistemas de intercambio de archivos para descargarse música.

El presidente de Promusicae, Antonio Guisasola, tiene la desfachatez de justificar su propuesta diciendo que "cortar las libertades siempre es molesto, pero hay que proteger la cultura". El argumento es falaz por los cuatro costados. No es una cuestión de molestia, sino algo bastante más peligroso. Puesto que hace unos meses publicó en El País un artículo titulado Libertad para elegir, me ha venido a la mente una cita del autor del importante libro de economía de igual nombre. Decía Milton Friedman: "Una sociedad que pone la igualdad por encima de la libertad acabará sin igualdad ni libertad". Cambien "igualdad" por "cultura" y la frase sigue siendo totalmente cierta.

Pero no sólo es falaz por eso. También pretende identificar su negocio con la "cultura", cuando son dos cosas diferentes. Pero a ellos no les interesa. La propuesta que hace Promusicae al Gobierno es un claro ejemplo de lo que denunciaba otro importante economista, Thomas Sowell, cuando alertó de que "la política es el arte de conseguir que tus intereses egoístas parezcan intereses nacionales". Promusicae, al igual que DAMA, SGAE o la Academia del Cine, pretenden hacer creer que la defensa de sus intereses particulares (normalmente a costa del dinero o la libertad de los ciudadanos) es responsabilidad del conjunto de la sociedad.

También se ofende Guisasola, como ya lo han hecho otros, por el hecho de que se proteste por el canon digital. Critica que se discuta más sobre la "compensación por copia privada" que sobre "la protección de la cultura". Sobre esto último poco hay que discutir: no merece la pena protegerla de nada ni nadie, puesto que no está en peligro. Lo único que peligra aquí es un modelo de negocio obsoleto y la buena imagen que ciertos sectores no se merecen. Por continuar con las citas, con esta queja el presidente de Promusicae demuestra la veracidad de una sentencia del genial Frédéric Bastiat: "El Estado es la gran ficción a través de la cual todo el mundo trata de vivir a costa de todos los demás".

No es otra cosa lo que pretenden los Antonio Guisasola, José Luis Borau, Pilar Bardem, Teddy Bautista, Luis Cobos y compañía. Todos ellos quieren que el Estado les proporcione la forma de seguir ganando dinero a costa de la cartera y la libertad de los ciudadanos. Y si estos no dan su consentimiento, se les criminaliza, insulta o desprecia. Todo en nombre de la cultura.

¿Y ahora qué, Microhoo?

Básicamente, existen dos estrategias sólidas para invertir en bolsa, la de la escuela del valor y la de la escuela del crecimiento. La primera sostiene que debemos comprar acciones subvaloradas, y la segunda, que hay que adquirir acciones de empresas con un elevado potencial de crecimiento.

El padre de la escuela del valor fue Benjamin Graham, que en Security Analysis defendió invertir en empresas cuyo precio de mercado fuera inferior a su valor intrínseco, aquél que, en términos generales, venía justificado por los hechos, véase activos, ingresos, dividendos o perspectivas. Si el Sr. Mercado, decía, es tan alocado como para ofrecernos por 100 céntimos una acción cuyo valor intrínseco es de 120, a medio-largo plazo obtendremos una rentabilidad del 20%.

El propio Graham, sin embargo, era consciente de que supone un gran error creer que el valor intrínseco es una medida definida y determinada, como el precio de mercado. El inversor inteligente puede tratar de conocer cuál es el valor intrínseco de una acción, pero puede pagar los errores muy caros. Esta indeterminación del valor intrínseco llevó a Graham a elevar el "margen de seguridad" a concepto central de la inversión.

El margen de seguridad venía a ser una discrepancia lo suficientemente grande entre el valor intrínseco actual y el precio de mercado como para absorber los errores de estimación sobre los ingresos y las perspectivas de la compañía. Una forma relativamente sencilla de encontrar amplios márgenes de seguridad era recurrir a la ratio price-to-book, esto es, el valor de mercado de la empresa dividido entre su activo neto (activo menos intangibles y menos la deuda). Graham proponía invertir en firmas cuyo price-to-book fuera inferior a 0,66, de modo que si la compañía se disolviera en ese mismo momento (vendiera todos sus activos y amortizara sus deudas) recibiéramos un euro por cada 66 céntimos de inversión.

El padre de la escuela del crecimiento fue Philip Fisher, que en Common Stocks, Uncommon Profits defendió la inversión en aquellas empresas capaces de convertirse en los imperios económicos del futuro. El mejor margen de seguridad consistía en seleccionar bien las compañías, y para ello Fisher ofreció hasta quince criterios. El problema de estos quince puntos reside en la dificultad que tiene el pequeño inversor para acceder al volumen de información que contienen. Frente a la simplicidad cuantitativa de la regla de Graham, el método de inversión de Fisher puede parecer excesivamente farragoso. Por ello, casi 30 años después de la publicación de Common Stocks, Uncommon Profits, el hijo de Philip, Kenneth, desarrolló, en Super Stocks, una herramienta cuantitativa para seleccionar empresas con un enorme potencial de crecimiento: la ratio prices-to-sales.

Esta ratio resulta de dividir el valor de mercado de la empresa entre sus ingresos, y nos da una indicación de cuántos euros estamos dispuestos a pagar por cada euro de venta de la compañía. Un price-to-sales de 2, por ejemplo, significa que compramos un euro de ventas a cambio de dos. La ventaja de esta ratio frente a otras alternativas, como el PER, es que las ventas tienen una estabilidad mucho mayor que los beneficios. De hecho, las ventas de una compañía pueden llegar a crecer mientras ésta pierde dinero: la clave está en el margen de beneficio por unidad vendida.

Fisher junior sostenía que si una empresa atraviesa por un bache, el precio de sus acciones caerá mucho con respecto a sus ventas; pero si luego es capaz de restablecer su margen unitario de beneficios, las ganancias del inversor pueden ser estratosféricas. Por ejemplo, un prices-to-sales de 0,33 significa que compramos 3 euros de ventas con un euro. Si al cabo de un año la empresa regresa a un margen unitario del 10% (diez céntimos de beneficio por cada euro de ventas), habremos comprado 30 céntimos de beneficios anuales con un euro (30% de rentabilidad). Un prices-to-sales de 0,33 con un margen del 10% equivale a un PER de 3,3; teniendo en cuenta que el PER suele situarse alrededor de 15, el precio de la acción tenderá a quintuplicarse. Así, Fisher recomendaba buscar acciones con un prices-to-sales inferior a 0,75, y en todo caso nunca superior a 1,5.

La existencia de estas dos escuelas de inversión no significa, con todo, que sus enseñanzas y estrategias sean irreconciliables. El mejor inversor de la historia, Warren Buffett, suele decir que su filosofía de inversión tiene un 85% de Graham y un 15% de Fisher.

Buffett comprendió la importancia de adquirir acciones con un margen de seguridad sustancial; pero, a diferencia de Graham, no buscaba sólo la subvaloración, sino que la empresa pudiera crecer a lo largo del tiempo:

Nuestro método es muy sencillo. Simplemente intentamos comprar a precios interesantes negocios con una situación económica subyacente buena o excelente y dirigidos por personas capaces y honradas. Ni más ni menos.

Graham quería comprar barato, Fisher quería comprar calidad; Buffett entendió que lo óptimo era comprar barata la calidad y se convirtió en el hombre más rico del mundo.

Buffett ilustra el enorme potencial que tiene el fusionar de manera adecuada la escuela del valor con la del crecimiento. De aquí parece desprenderse que la mejor estrategia de inversión posible pasa por buscar acciones con bajos ratios price-to-book y prices-to-sales.

El problema de utilizar el primero de manera aislada es que el valor de mercado de una empresa mediocre con un bajo price-to-book puede quedarse estancado a la baja de manera casi indefinida. Es un criterio conservador: probablemente no perdamos dinero, pero puede que tampoco lo ganemos. El problema de utilizar el segundo de manera aislada es que una empresa puede no alcanzar jamás un margen unitario de beneficios positivo, de modo que el valor de la acción podría incluso desaparecer por entero. Es un criterio arriesgado: puede que ganemos mucho dinero, pero es muy probable que perdamos también mucho. La combinación de ambas ratios, sin embargo, ofrece gran seguridad y grandes expectativas. El bajo price-to-book confiere a la empresa un "margen de seguridad" importante para mejorar y alcanzar un margen de beneficios positivo.

James P. O’Shaughnessy calcula, en su libro What Works on Wall Street, la rentabilidad media durante 45 años de las estrategias de inversión más populares en el índice compuesto de Standard and Poor’s. No es casualidad que la estrategia unitaria más exitosa sea comprar empresas con un price-to-sales bajo (rentabilidad anual del 16,09%) y un price-to-book bajo (rentabilidad anual del 15,05%).

La crisis puede ser tanto una época de penurias como de oportunidades. En buena medida depende de usted.