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Etiqueta: Innovaciones y nuevas tecnologías

Ramoncín, al ataque

Otro ejemplo es la demanda contra la revista literaria Quimera por un artículo que les calificaba de corsarios, por ser piratas que nos roban gracias a que el Reino les ha legalizado el canon como si fuera una patente de corso.

Pero que una jueza madrileña haya dado la razón a Ramoncín es lo más preocupante. Es cierto que lo que se escribió en los foros de esa web era bastante insultante, especialmente la fotografía del rey del pollo frito con la cabeza cortada, que podía considerarse incluso como delito de amenazas. Pero la ley de Internet que aprobó el PP exime de responsabilidad a los propietarios de una página web participativa por lo que en ella puedan decir sus usuarios; se les obliga, eso sí, a que cuando se les sea comunicado por un juez retiren con rapidez los contenidos ofensivos.

En general, en Internet como en todos lados, la gente no quiere líos de juicios, de modo que lo normal es que se retiren contenidos ofensivos al advertir sobre ellos por correo electrónico. Si además se hace por burofax, los que llevan páginas web, sobre todo quienes no perciben ingresos por ellas, suelen darse mucha prisa por borrar todo lo que pueda provocar una demanda. Los que trabajan por amor al arte no están muy dispuestos a tener que pagar abogados por algo que, en definitiva, no deja de ser un hobby.

En este caso, Ramoncín (o sus representantes legales, que para el caso es lo mismo) no se pusieron en contacto con quien lleva la página, pese a que tenía su dirección de correo electrónico bien visible y la consulta con regularidad, algo que sé porque me contestó casi inmediatamente cuando le pregunté por diversos detalles del caso. Ramoncín contrató una agencia de detectives para localizarlo y ponerle la demanda. Es decir, no buscaba reparar el daño supuestamente causado por lo escrito en los foros de alasbarricadas.org, sino hacer un escarmiento que sirviera de advertencia para el resto de insensatos que albergan foros o blogs donde los usuarios escriben libremente.

La jueza le ha dado la razón, obligando al propietario de alasbarricadas.org a pagarle 6.000 euros al rey del pollo frito. Considera que, pese a ser cierto que el artículo 16 de la LSSI exime de responsabilidad al demandado, el artículo 10 de esa misma ley le obliga a incluir en la página web ciertos datos de contacto: nombre completo, teléfono, residencia, email y NIF; por tanto, Ramoncín no podía saber quién estaba detrás de la página, lo que significaba que el demandado incumplió el "deber de diligencia" al que le obliga la ley, lo que conlleva que dejen de tener consideración las protecciones de las que gozaba.

El razonamiento tiene tres puntos débiles. El primero es que la web no tenía publicidad, ni el clásico botón para que la gente le donde dinero ni una tienda que le pudiera otorgar beneficios; en definitiva, no ganaba un duro con ella y, según los términos de la LSSI, no estaba obligado a dar información de contacto ninguna. En segundo lugar, la ley no dice que las protecciones del artículo 16 desaparezcan por no cumplir con una obligación meramente administrativa que conlleva sus propias penas, en forma de multa. Por último, el "deber de diligencia" que impone la LSSI está perfectamente tasado a un caso particular: cuando un juez ordena que se retiren unos contenidos de una web. Alasbarricadas.org fue aún más diligente que eso, pues los quitó en cuanto tuvo conocimiento de la demanda.

El riesgo es que este tipo de decisiones se generalicen en los juzgados y los propietarios de las páginas web empiecen a sufrir las consecuencias en forma de demandas. No hace falta ser un lince para darse cuenta de que eso podría provocar un cierre generalizado de servicios que permitan a los internautas dar su opinión o, lo que es lo mismo, la desaparición en España de eso que se ha dado en llamar Web 2.0. Si eso ocurriera tendríamos que agradecérselo a Ramoncín, a la SGAE y a una jueza de Madrid.

Los republicanos, tan tontos como el PP

Créanme, si la ley lo permitiera, aquí procurarían hacer exactamente lo mismo. Desgraciadamente, con lo que nuestros representantes en el Congreso aprecian a sus votantes y desprecian al lobby de los titiriteros, no sería de extrañar que en muy poco tiempo permitan a la SGAE y a las discográficas hacer lo mismo.

En todo caso, parece que en Estados Unidos las cosas no se diferencian políticamente mucho de lo que sucede aquí. Glenn Reynolds, autor del blog liberal más popular del mundo, volvía a clamar en el desierto hace unos días, pidiendo a los republicanos, como ya hiciera en el 2002, que se lo piensen dos veces antes de apoyar con sus votos a una industria que se ha ganado a pulso el odio de los norteamericanos. La razón: que los republicanos tienen entre sus prioridades para la ley de universidades publicar todos los años una lista con los campus que han liderado el ranking de incidentes con las redes P2P.

Mensaje a los republicanos: las industrias de entretenimiento son tu enemigo. Son una de las principales fuentes de dinero para los demócratas, y les dan además un buen montón de tiempo gratis en los medios. ¿Por qué ayudarles, especialmente cuando podríais conseguir unos cuantos votos de la juventud adoptando otra postura?

Es decir, básicamente lo mismo que llevo yo diciéndole al PP desde que escribo por aquí, o casi. Las recientes encuestas, como acaba de recordar Juan Carlos Girauta, muestran que el PP lo tendría todo para arrasar en las próximas elecciones si no fuera por el voto joven. Pero se ve que Rajoy anda demasiado ocupado dejando las decisiones sobre propiedad intelectual a Rodríguez Salmones o pensando que los jóvenes son todos calcos de Soraya Sáenz de Santamaría.

El PP empecerá a hacer las cosas bien cuando otorgue la responsabilidad de esta área a alguien que no conozca a ningún músico ni cineasta ni tenga amigos en la SGAE o en otras organizaciones del ramo, ni quiera tenerlos en la vida. Alguien que conozca bien Internet, lo suficiente como para darse cuenta de la innovación que supone en el área cultural y la cantidad de usos y costumbres del ramo que hace completamente obsoletos. Alguien, en definitiva, que no piense que esta canción de Al Yankovic, que les traduzco para que la disfruten quienes no hayan comprado el Autoinglés on the road, va en serio:

Puede que en algún momento sientas la necesidad
de romper las leyes internacionales del copyright
descargando MP3 de redes de intercambio
como Morpheus, Grokster, Limewire o KaZaA.

Pero muy dentro de ti sabes que la culpa te volverá loco
y la vergüenza te dejará una cicatriz de por vida
porque se empieza robando canciones y se acaba atracando tiendas de licores
y vendiendo crack y atropellando escolares.

Así que no descargues esta canción;
sabes que es a la tienda de discos donde debes ir.
Ve y compra un CD como sabes que deberías hacer.
Oh, no te descargues esta canción.

Oh, no te querrás meter en líos con la RIAA;
te demandará si te grabas un CD.
No importa si eres una abuelilla o una niña de siete años,
te tratarán como la escoria criminal que eres.

Así que no descargues esta canción;
no te pases todo el día pirateando.
Ve y compra un CD como sabes que deberías hacer.
Oh, no te descargues esta canción.

No nos quites dinero a artistas como yo
¿Cómo si no podría permitirme otro todoterrerno de oro macizo
y piscinas rematadas con diamantes?
Estas cosas no crecen en los árboles,
así que todo lo que pido es: "Venga, por favor…"

Así que no descargues esta canción  (no lo hagas, no, no);
Incluso Lars Ulrich sabe que está mal (se lo puedes preguntar)
Ve y compra un CD como sabes que deberías hacer (realmente deberías).
Oh, no te descargues esta canción.

Así que no descargues esta canción  (oh, por favor, no lo hagas)
o podrías acabar en la cárcel como Tommy Chong (recuerda a Tommy)
Ve y compra un CD (ahora mismo) como sabes que deberías hacer (ve y cómpralo).
Oh, no te descargues esta canción.

No descargues esta canción (no, no, no, no, no, no);
arderás en el infierno tarde o temprano (y te lo habrás merecido)
Ve y compra un CD (sólo cómpratelo) como sabes que deberías hacer (maldito bastardo).
Oh, no te descargues esta canción.

Radiohead en el Metropolitan

No estaría de más que se colgaran esos carteles en nuestros museos, para que la gente se diera cuenta de lo que cuestan las cosas. O, para el caso, de los centros de salud y hospitales.

Lo llamativo de todo ello es que, aunque puede uno entrar sin menear el bolsillo (yo mismo lo hice en una ocasión), la gente por lo general satisface el precio propuesto por el Met, lo que también he hecho yo en varias otras visitas. No es infrecuente el visitante que prefiere pagar más de los 12 dólares.

Ahora el grupo Radiohead ha decidido vender su último disco en su página web. Cualquier aficionado puede descargársela. Pero lo característico del caso es que, aquí también, el usuario elige el precio al que quiere comprar el álbum. Y la los fans están pagando por adelantado por el privilegio de poder descargarse en un próximo futuro las canciones sin tener que recurrir a los programas de descarga gratuita. Yo me he sumado a quienes ya lo han hecho, y he pagado la cantidad hasta la cual me compensa hacerme con sus nuevas canciones, que es algo menos de lo que cuesta habitualmente un disco en la sección de novedades.

¿Por qué lo hacemos? En el caso de Radiohead el comprador por Internet es más virtual que nunca, porque el disco aún no ha salido, si bien es cierto que podrá descargárselo más tarde sin hacer aportaciones voluntarias a las cuentas de estos artistas. Pero hay algo de reconocimiento, de demostración personal de que se valora lo que recibe, ofreciendo algo a cambio. El fundamento de la sociedad es el do ut des, la colaboración por el intercambio voluntario, la reciprocidad. Lo tenemos muy asumido y cuando se nos propone, aunque podamos sacar toda la ventaja, sólo queremos una parte.

Amazon contra Apple

Este nuevo servicio sólo tiene dos problemas. El primero es relativamente menor, y es el hecho de que sólo podremos descargarnos una vez nuestra compra, de modo que si perdemos el fichero tendremos que adquirirlo de nuevo. Habida cuenta de que serán archivos MP3 que se pueden copiar en múltiples discos y dispositivos sin restricción ninguna, no creo que eso suponga mucho dolor de cabeza para los consumidores. El segundo, en cambio, sí es más grave: su repertorio es más bien chiquitajo comparado con el de iTunes: 2 millones de canciones frente a los 6 de la tienda de Apple. Pero aún así supone un desembarco significativo en un mercado en el que el 80% de las ventas de música en formato digital se hacen en iTunes.

Lo más asombroso es que Amazon MP3 haya podido llegar a un acuerdo con las discográficas para vender a precios tan bajos música sin protecciones contra copia. Después de que EMI y Universal dieran su visto bueno a Apple para vender, más caro, sus respectivos catálogos sin el infausto DRM ahora han llegado a un acuerdo para que Amazon pueda ofrecer su música a un precio incluso menor que el que iTunes ofrece para descargas con protecciones, 99 centavos. Warner y Sony-BMG, las otras dos grandes discográficas, aún no se han animado. Pero podrían hacerlo antes de lo que parece. Edgar Bronfman, Jr., presidente y principal accionista de Warner Music Group, ha dicho a algunos inversores que está pensando en dar el paso, meses después de asegurar que jamás lo haría.

¿Qué razón puede haber llevado a semejante cambio de estrategia? Sin duda, el darse cuenta de que imponiendo restricciones de copia a las canciones vendidas estaban incitando a los clientes a descargárselas en las redes P2P es un motivo importante. Pero quizá tiene más peso lo que ha logrado Apple: que muchos aprecien más su iPod que la música de ningún artista en concreto, prefiriendo su aparato aunque tengan que renunciar a escuchar en él algunas de las cosas que les gustan. Eso conlleva una obligación: cualquier tienda online de música que quiera robarle algo del mercado a iTunes tiene que ofrecer música que pueda sonar en el iPod. Pero éste sólo acepta MP3 y música con Fairplay, el sistema de protección anticopia de Apple, que Steve Jobs mantiene en secreto y no licencia a nadie más.

De modo que la industria, si quiere buscar nuevas vías para vender en Internet descargas legales de música, tiene que hacerlo sin DRM, porque de otro modo estarían condenando a todas las alternativas al dominio de Apple a la insignificancia. Y dado que las discográficas están acostumbradas a tener el control y aborrecen estar perdiéndolo gracias a Internet, irán muy lejos con tal de no quedar atados con pies y manos a la compañía de la manzana. En definitiva, quieren que iTunes tenga competencia, porque eso les conviene también a ellos.

Curiosamente, son las autoridades encargadas de velar por la competencia y que han comenzado a vigilar y amenazar a iTunes las únicas que podrían destruir este proceso, obligando a Apple a licenciar su tecnología de protección anticopia. Pero es posible que ni en Bruselas puedan arruinar este proceso, que está minando poco a poco al otrora invencible DRM. ¡Larga y próspera vida al iPod y a Amazon MP3!

¿Sólo contra el canon “indiscriminado”?

Mitterrand carecía del más mínimo interés por la teoría política y económica; su programa consistía en todo aquello que le permitiese alcanzar y, más tarde, perpetuarse en el poder. Era, por decirlo así, un animal político puro, que procuraba no adherirse a ninguna idea, fuera de izquierda, de derecha o mediopensionista, que pudiera hacerle perder un voto.

La mayoría de los políticos, en cambio, realizan esos equilibrios sobre el alambre entre sus convicciones teóricas y los deseos de los votantes, que en los grandes partidos forman un grupo heterogéneo con algunas cosas en común, generalmente importantes, y muchos desacuerdos, que dejan a un lado porque el rival suele ser mucho peor. Por eso pueden llevar en su programa más o menos lo que quieran para intentar ganar votos siempre y cuando no afecten a aquello que su electorado considera crucial o que, sin serlo, lo une frente al partido de enfrente.

Somos cada vez más los convencidos de que Rajoy confía en exceso en la movilización que provoca la presidencia de Zapatero para hacerse perdonar las puñaladas en la espalda de los votantes que considera seguros y firmes. Debería recordar lo rasuraditas que les han quedado las barbas a Piqué y Matas y mirar al espejo lo lustrosa que tiene la suya antes de volver a reírse de quienes votan de acuerdo a principios y no a siglas, que es la mayor parte de su electorado. Porque entre las innumerables traiciones, pequeñas y grandes, hay que sumar una más: en el consejo asesor que elaborará el programa electoral y que dirige Juan Costa (sí, ese que considera el cambio climático como el mayor problema que debe abordar el PP, porque eso de España y ETA son minucias) hay otro nombre digno de mención: Beatriz Rodríguez-Salmones.

La diputada, más conocida como "la titiritera del PP", ha protagonizado desde su escaño una defensa encarnizada de los intereses del lobby de los artistas, olvidando que una de las cosas que más une a quienes la han votado para que disfrute de su sueldo y de su futura pensión millonaria es la defensa de ciertos valores frente a los ataques casi unánimes de quienes se autoproclaman "defensores de la cultura". Sus decisiones en el Parlamento han demostrado que no sólo es incapaz de atraer un solo voto a las candidaturas populares, sino que bien puede alejar unos cuantos. Por eso resulta incomprensible que Rajoy la ponga a redactar el programa electoral de su partido.

Un posible banderín electoral de enganche del PP, especialmente entre la juventud, hubiera sido la defensa de un modelo de propiedad intelectual que no se basara en conceder una patente de corso a la SGAE y sus asociaciones adosadas para que esquilmaran a los consumidores de productos tecnológicos. En definitiva, que se pusiera en contra del canon. Rajoy podrá anunciar ahora que pretende poner fin al "canon indiscriminado", pero eso no deja de ser un concepto vacío y poco atractivo. ¿Qué dejará de considerar "indiscriminado"? ¿Qué no se aplique a los móviles pero sí a las cámaras digitales? ¿En qué lugar va a colocar la línea? Porque con una frase no puede hacer olvidar ni que su partido apoyó en el Congreso la ley de propiedad intelectual que legalizó el canon ni que ha premiado a la diputada que encabezó esa postura colocándola a redactar su programa electoral, especialmente cuando el mismo Rajoy está reconociendo con ella que lo del canon, siempre que sea "discriminado", no le parece mal.

Ningún votante tradicional del PP se alejaría del partido si Rajoy se pusiera radicalmente en contra del canon, indiscriminado o no, pues no sólo no afecta a las razones fundamentales de su voto, sino que además va en contra de un colectivo que lo ataca constantemente y lo tacha de fascista sin rubor alguno ni temor a perder algún día las subvenciones que le permiten sobrevivir. A cambio, muchos jóvenes hubieran podido ver que los populares apoyaban una de sus reivindicaciones, lo que les hubiera permitido pescar en un caladero que se les resiste.

Es más, si tuvieran algo de Mitterrand o de Karl Rove, talentosos ganadores de elecciones, comprenderían que pocas cosas puede haber más beneficiosas que obligar a los titiriteros a ponerse a trabajar para ganarse al público todos los días en lugar de disfrutar de las rentas y disponer así de tiempo libre en el que dedicarse a la política, casi siempre, invariablemente, en contra del PP. Pero se ve que lo único que han aprendido de los republicanos es a hacer convenciones con globitos y bloggers.

Se nos viene encima el canon

No es el único caso. También en lo que se refiere a las empresas, se considerará culpables de discriminación a las que no cumplan con las cuotas de sexos entre sus empleados mientras no demuestren lo contrario, algo prácticamente imposible, como demuestra la experiencia de Estados Unidos.

Parece que medio año después del previsto se va a aprobar la cuantía del canon y la identificación de los dispositivos en los que se va a aplicar. El objetivo final de la SGAE es cobrar cuatro veces por la misma descarga, con un canon a la conexión a Internet, otro por el disco duro donde se almacena temporalmente, otro por el dispositivo con el que se graba en un soporte óptico y, finalmente, el clásico canon a los CD y DVD. Y si las descargas se hacen en tiendas de música como iTunes, pues entonces ellos seguirán cobrando y, además, pagaremos directamente. Es que hay presunción de culpabilidad, ¿saben ustedes?

Finalmente, parece que la cuantía no será exagerada, al menos en lo que se refiere a los aparatos, y se situará entre el 2 y el 5% del precio, que es lo que pedía la industria. No se sabe nada (o, al menos, yo no lo sé) sobre los soportes digitales, donde ese porcentaje podía exceder la mitad del precio de los DVD. Otra cosa es la inclusión de determinados aparatos en la lista.

No me sorprende demasiado que se vayan a gravar los móviles. Cada vez es más frecuente que se pueda escuchar y descargar música con ellos, y no digamos nada cuando empiecen a proliferar iPhones y sus diversos clones. De hecho, cada vez es más desagradablemente habitual que muchos idiotas vayan escuchando música en el metro y en la calle en los altavoces de sus móviles, como si no existieran los auriculares y los demás tuviéramos la obligación de escuchar bachatas. Aunque, eso sí, cabría desear que se discriminara entre los aparatos que disponen de esa función y los que no.

Lo que, en cambio, no tiene ningún sentido, se pongan como se pongan, es al gravar las cámaras de fotos digitales, que todo el mundo sabe que se usan principalmente para almacenar películas y música. Tampoco las tarjetas de memoria, pues es evidente también que no es ese su propósito principal, ni siquiera según la teoría de la presunción de culpabilidad elaborada por el prestigiosísimo penalista José Luis Borau.

Como ven, he procurado ser de lo más razonable en este artículo. No he calificado de atraco a mano armada (la del Estado), el hecho de que se asuma que debamos pagar por obligación a una asociación especializada en la extorsión de los ciudadanos. No he hablado de la caradura de quienes quieren vivir de la sopa boba. He dado por supuesto que la implantación del canon es un hecho razonable, aunque no lo sea, y he seguido la lógica detrás del mismo para analizar lo que sabemos del canon que nos van a implantar. Y oigan, es que ni con esas.

132.000 razones para cesar a Regàs

Así pues, entre acusaciones al ministro de mirarla mal por ser mujer, que ya parece que el feminismo haya superado al nacionalismo entre la extrema izquierda como refugio último de los canallas y los incompetentes, no ha podido defenderse del motivo último de la pérdida de confianza del ministro Molina: seguir de vacaciones tras el robo de dos mapas incunables, ocurrido después de que Regàs tomara medidas para evitar que la Biblioteca pareciera "un recinto carcelario".

Aunque ese sea motivo más que suficiente para cesarla por incompetente, por poner la ideología buenista que tanto aprecia Zapatero por delante de su responsabilidad para con los fondos que tenía obligación de preservar, existían también razones relacionadas con Internet para haberla cesado hace mucho tiempo, por más que la Calvo, seguramente, ni siquiera sea capaz de deletrear correctamente el nombre de la red de redes. No obstante, no son las que detallaba Gabriel Albiac en su columna de La Razón el pasado viernes, cuando protestaba porque los fondos de la Biblioteca Nacional no estén ya disponibles en la web. El caso es que han comenzado ya a digitalizarlos, aunque sólo hayan completado parte de la hemeroteca, pues es cosa que lleva tiempo.

Cabría desear, eso sí, que en lugar de acometer diversos proyectos con muchas bibliotecas en los cuales debemos indagar, uno por uno, para localizar algo que luego seguramente no esté digitalizado, la Biblioteca Nacional debería aportar un interfaz único, consistente en algo que se ha convertido en parte del idioma de la web, en algo que no hace falta explicar: una simple y única caja de búsqueda. Así, entre otras cosas, se ahorraría sus complicadas instrucciones de búsqueda.

Además, debería considerar la apertura de sus contenidos a proyectos como Google Book Search o el Open Content Alliance de Yahoo!, que, dicho sea de paso, parece más bien parado. La web ofrece interfaces universales al conocimiento y a los libros; sería una sabia decisión que los contenidos conservados por nuestra Biblioteca Nacional pudieran accederse desde el lugar en que los internautas buscan lo que quieren encontrar. Que no es, con todos mis respetos, las anquilosadas web de vetustas bibliotecas. Ni siquiera se pueden buscar títulos de nuestro país en la European Library, que es una cosa estatal, de esas que molan a los socialistas de todos los partidos.

Pero ni siquiera ese es el defecto más significativo de la andadura de Regàs en lo que se refiere a las nuevas tecnologías; es sólo el más importante. No, lo más reseñable de su reinado sobre la Biblioteca ha sido el rediseño de la página web, asignado a dedo y que ha costado 132.000 euros del ala. Y todo para una auténtica porquería, que de aspecto parece una web del siglo pasado, y sobre cuya funcionalidad basta con dar un dato: su buscador está hecho con Google Custom Search, una utilidad gratuita de la empresa norteamericana cuya instalación en un sitio web puede llevarle, como mucho, una hora a un informático manco al que le duela la cabeza. También emplea el sistema de estadísticas del gigante de Internet que, sí, también es gratuito y aún más fácil de instalar. Lo sé bien porque una web mía utiliza ambos. Pero nadie ha cobrado 132.000 euros por ella. Es lo que tiene el dinero público, que no es de nadie, que diría la que nombró a Regàs. Hasta el mismo instante en que pasa a ser de alguien, claro.

Vuelve el canon

Lo que resulta realmente preocupante es mientras que la SGAE y demás sociedades de gestión sí conocen el contenido de la misma y lo están analizando, ninguna de las otras partes afectadas y activas en ese asunto han sido informadas. Por lo que se ve, ni el departamento de Molina ni el Ministerio de Industria consideran importante que las compañías afectadas o las organizaciones de usuarios de las tecnologías que se verán gravadas de esta manera sepan que va a ocurrir. De hecho, es posible que desde el Ejecutivo prefieran mantener a estos sectores en la ignorancia.

Tanto la Asociación Multisectorial de Empresas de Electrónica y Telecomunicaciones (ASIMELEC) como la Asociación de Internautas (AI) desconocían la propuesta del Ejecutivo cuando Molina hizo el anuncio. Mala señal. Que las entidades de gestión tengan varias semanas de ventaja para analizar el contenido antes de que llegue a quienes mantienen posturas contrarias a las de ellas demuestra una clara voluntad gubernamental de favorecer a quienes incrementan sus ingresos gracias al canon digital. Y la sospecha se incrementa cuando el pocas veces agradable Pedro Farré se felicita de que Molina "conozca tan bien este asunto y comprenda perfectamente su justificación".

Al menos una cosa consuela, que el mismo Farré se lamente de la existencia de una actitud "más comprensiva a sus demandas" (de ASIMELEC y, tal vez, de AI) por parte del Ministerio de Industria. De todos modos no debe de ser tan comprensiva cuando desde él no se han molestado tampoco en informar a la patronal tecnológica. En cualquier caso, esperemos que el departamento de Joan Clos ponga freno en algún punto a las intenciones de Molina. No sabemos todavía en qué consiste la propuesta gubernamental, pero el hecho de que sólo una de las partas haya sido informada resulta como poco sospechoso.

Otros datos nos hacen desconfiar. En su etapa como director del Instituto Cervantes, Molina firmó un convenio con CEDRO (una de las entidades que sacan tajada del canon) y destacó el "papel fundamental" de esta organización en la gestión de los derechos de autor. Por cierto, que otra entidad con la que firmó un convenio el Cervantes en la época del actual ministro de Cultura fue la SGAE. Por lo que vemos, el escritor metido a político mantiene desde hace tiempo buenas relaciones con aquellos que salen beneficiados del canon con el que se castiga a los consumidores de CD y otros soportes digitales.

Con un árbitro así nos podemos temer lo peor. Sería deseable que Molina recordara que su labor es gestionar cuidando de los intereses de todos los ciudadanos, no sólo de aquellos sectores a los que, como escritor y antiguo director del Círculo de Bellas Artes, está vinculado. Lo ocurrido hasta ahora apunta en sentido contrario. Esperemos que sepa rectificar.

No con mi dinero

Sin embargo, eso no justifica que el Gobierno decida gastar 1.560.000 (casi 260 millones de pesetas) en "estimular al tejido empresarial español para que disponga de una página web con dominio propio", por mucho que lo haga en colaboración con Telefónica, Nominalia y Recol.

No nos engañemos, este tipo de iniciativas consisten en gastar el dinero sustraído a los ciudadanos vía impuestos para que unos cuantos empresarios tal vez logren mejorar su cuenta de resultados gracias a las posibilidades de la Red. No tenemos nada en contra de que estos señores procuren mejorar sus resultados económicos. Todo lo contrario, es un propósito de lo más legítimo. Lo que no tiene legitimidad es que el dinero de millones de ciudadanos se ponga al servicio de los intereses particulares de estos señores. Además, muchos de ellos tal vez no tengan web debido a que esta no aportaría ningún beneficio a su actividad, o así lo creen ellos. El Gobierno no debería dedicarse a decirles como llevar su negocio.

Por otro lado, antes de empezar a gastar el dinero de los ciudadanos en que un grupo de personas mejoren su negocio, el Ministerio debería preocuparse por la calidad del trabajo de sus propios empleados. En concreto de su departamento de prensa. Ya no es que la redacción de la nota resulte en algún punto penosa. La frase que reproducíamos en el primer párrafo, por ejemplo, si se lee literalmente viene a decir que el objetivo es que el "tejido empresarial" tenga todo él una sola página web. Suponemos que en realidad querían decir que cada empresa disponga de la suya propia. Pero hay más aún.

Puestos a poner un nombre de dominio como ejemplo, deberían utilizar uno que pertenezca al Ministerio o que no pueda ser utilizado por un particular. Sin embargo no es así. El que los redactores de la nota han incluido es tunegocio.es. Es cierto que esta dirección no dirige a página alguna, pero al comprobar los datos de registro vemos que pertenece desde diciembre de 2005 a un particular residente en La Coruña. En algún despacho de Industria a alguien se le debería haber ocurrido comprobar algo tan sencillo. Por lo que se ve, no ha ocurrido.

Si la calidad en el desarrollo del programa NEW (Ninguna Empresa sin Web) –menuda cursilería– es similar a la de su promoción ante los medios nos podemos esperar la chapuza total. El Gobierno no sólo ha decidido gastar el dinero de unos españoles en beneficio de otros, que además en muchos casos disponen de una mayor renta que casi todos los que van a financiar involuntariamente la iniciativa. Además, no pone cuidado en la propia calidad del trabajo de sus empleados, cuyos sueldos también salen del bolsillo de los ciudadanos.

Ante esto, me gustaría decir aquello de "no con mi dinero". Pero no serviría de nada. Eso sí, al menos que no esperen que les aplauda. Todo lo contrario.

Lo que llaman vandalismo en Wikipedia

Estos días he recordado mucho esta frase a raíz de algunas reacciones a las noticias publicadas a raíz de la creación del WikiScanner, que permite examinar qué cambios se han hecho a la Wikipedia desde las direcciones IP que se le indiquen.

Una IP, para entendernos, es como el número telefónico de Internet, de modo que a partir de ella es posible en muchos casos saber, si no la persona, sí al menos la organización a la que pertenece. Así se han podido localizar numerosos ejemplos de empresas, organizaciones y gobiernos desde cuyos ordenadores se ha modificado Wikipedia para insultar a terceros o lavar su propia imagen. Desde la ONU hasta Fox News, casi desde todas las organizaciones imaginables hay quien ha colaborado de buena fe y quien se ha dedicado a "vandalizar" la Wikipedia.

El caso es que, ante un hecho que no debería sorprender a nadie, parece que muchos se comportaran cual vírgenes a las que se hace una propuesta indecente. Pero es que la Wikipedia es eso: una enciclopedia que cualquiera puede alterar, por cualquier motivo, bueno o malo, sea por amor a la verdad o por el bien de su ideología o su cuenta de resultados. Parece que hay un buen número de internautas dispuestos a creer en la bondad y perfección absoluta de la enciclopedia libre, y cualquier hecho que lo desmienta provoca un efecto de negación colectiva

Sin embargo, el mismo Virgil Griffith, creador del WikiScanner, reconoce que la Wikipedia es confiable… en los asuntos que no son controvertidos. A mí por poco me cuelgan del palo mayor por decir algo parecido; posiblemente haya sido el artículo que más polémica ha generado de todos los que he escrito. Wikipedia es una gran herramienta y un gran proyecto, pero quienes la emplean deben ser conscientes de sus fallos, y tomarse lo que dice en muchos asuntos cum grano salis. Ese es quizá el problema, que hay quienes se creen todo lo que viene allí, lo que permite crear una Wikirrealidad alternativa, que diría Stephen Colbert, poniendo datos falsos o eliminando los verdaderos de la enciclopedia.

Jimmy Wales ha declarado que la herramienta de Virgil podría inspirar cambios a la propia Wikipedia: "Cuando alguien pulse en ‘editar’, sería interesante que les pudiéramos decir algo como: ‘Hola, gracias por editar. Vemos que ha entrado desde el New York Times. Tenga en mente que sabemos eso y que es información pública’." Considera que así podrían "hacerles parar y pensar". Es posible. Sin embargo, quizá la conclusión a la que lleguen después de quemarse las neuronas es que estas cosas es mejor hacerlas desde casa, si se tiene una IP dinámica, que cambia cada vez que se conecta a Internet, o desde un cibercafé. Pero siempre es positivo poner en dificultades a quienes cambian la Wikipedia sin ánimo de mejorarla, aunque no se les pueda impedir que lo hagan. Porque it’s not a bug, it’s a feature.