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Etiqueta: Innovaciones y nuevas tecnologías

Los burócratas ansían Internet

No hay nada de malo que usted done dinero a una fundación. Tampoco importa en absoluto que usted haga la donación a una fundación con fines humanitarios (aunque probablemente se lo acabará quedando algún dictador), a una fundación que defienda una determinada postura ideológica, a la Iglesia… Al fin y al cabo, es su dinero, haga con él lo que quiera.

Pero sí que hay un problema cuando es el estado quien se dedica a hacer las donaciones. ¿Por qué? Porque evidentemente no es su dinero, sino que es dinero arrancado de forma ilegítima al pagador de impuestos. No importa a qué fines vaya a destinar el dinero del pagador de impuestos; ese dinero es dinero sucio; dinero que le han arrancado a usted y que dedicará a los fines que a él le convengan.

Tal vez usted sea “pro israelí”, o tal vez sea “pro palestino”, pero probablemente, sea del grupo que sea (si es que simpatiza con alguno) nunca le daría dinero a los que considera unos “enemigos”. ¿Acaso le ha preguntado el estado si le parece bien a usted que done su dinero a tal grupo o tal otro? No. El estado no respeta nada: ni su propiedad por arrebatarle el dinero, ni su libertad para hacer lo que usted quiera.

Pero más lejos de ahí, el estado, mediante las donaciones a fundaciones, se dedica a financiar sus propias organizaciones. Evidentemente todos los partidos llegan a rápidos acuerdos a la hora de cerrar este capítulo. Aquí van unos ejemplos con los nombres de las fundaciones, dinero que reciben y partidos afines a las que pertenecen:

– Fundación FAES: 2.128.755 euros de euros (PP).

– Fundación Pablo Iglesias: 2.085.437 de euros (PSOE).

– Fundación Rafael Campalanys: 350.558 euros (P. Socialista de Cataluña).

– Fundación por la Europa de los Ciudadanos: 177.145 euros (Izquierda Unida).

– Nous Horizons: 51.872 euros (Iniciativa per Catalunya-Verds).

– Fundación Ramón Trias Fargas: 138.434 euros (Convergencia Democràtica de Catalunya).

– Institut d’Estudis Humanistics Coll i Alentorn: 46.145 euros (Uniò Democratica).

– Josep Irla i Bosch: 144.089 euros (ERC).

– Sabino Arana: 93.007 euros (PNV).

– Galiza Sempre: 46.105 euros (BNG).

– Gaspar Torrente: 20.823 euros (Chunta Aragonesista).

En total se destinarán este año 2005: 5,28 millones únicamente a las fundaciones de los partidos. Algunos tal vez le digan que son migajas comparado con el total del presupuesto estatal, pero es que con esos cinco millones de euros se pueden hacer muchas cosas mejores. Ese dinero es suyo y el estado no tiene derecho alguno a sacárselo para beneficiarse. Si usted es del PP no le va hacer mucha gracia que su dinero se vaya al PSOE, y si usted es de ERC no querrá que su dinero se vaya a manos de los dirigentes del PP para que lo usen, todos ellos, en fines propagandísticos que usted muy probablemente no aceptaría.

Pero como he anotado antes, ese no es todo el dinero que el gobierno se dedica a regalar; y es que las ONG, cada vez más, se financian con dinero que el estado ha recaptado en impuestos. Lo de “NG”, “no gubernamental”, cada vez está teniendo menos sentido. Algunas ONG incluso han visto en la generosidad de los estados un medio perfecto para financiar sus grupos más radicales y armados. Cuando algo así sale en los medios de comunicación todo el mundo se escandaliza, pero ningún político hace nada.

La próxima vez que un político le diga que los “impuestos son buenos”, no se lo dice porque vaya a usar ese dinero en usted, sino porque se va a quedar con una generosa parte o porque se la dará a algún amigo suyo.

Porkbusters

Un buen ejemplo reciente son los 223 millones de dólares logrados por el representante republicano de Alaska para construir un puente para que las 50 personas que viven en un pueblecito cerca de la “ciudad” de Ketchikan, de 8.000 habitantes, se ahorren los seis dólares del ferry para viajar a ésta.

Los políticos de Luisiana no son precisamente inocentes en esto. Pese a las quejas, tan generosa y acríticamente recogidas por nuestros medios de comunicación, de que Bush había recortado los fondos para las presas y por eso se había inundado Nueva Orleáns, lo cierto es que ese estado ha recibido durante el gobierno del republicano más fondos que nadie para infraestructuras; unos 1.900 millones de dólares, la mayoría de ellos para proyectos perfectamente calificables como pork.

En esto llegó Katrina, la devastación y la perspectiva de una costosísima reconstrucción. Bush aseguró que esto no implicaría un aumento de impuestos y que intentaría recortar gastos en otras áreas. Lo cierto es que su registro derrochador inspira poca confianza. Tan poca que la blogosfera se está organizando por su cuenta para presionar a los legisladores norteamericanos en un proyecto que han llamado Porkbusters liderados por Glenn Reynolds, el profesor liberal de derecho que posee la bitácora más influyente: Instapundit. La sociedad civil, aprovechándose de las facilidades de comunicación de la nueva era digital, está colaborando en la búsqueda del derroche en el presupuesto federal y la exigencia a sus representantes que renuncien a esos gastos en beneficio de los damnificados de Katrina.

El periodismo disperso tardará en Europa y España en tener el peso que tiene en la opinión estadounidense, si es que llega a tenerlo alguna vez, no por la diferencia de adopción de las nuevas tecnologías, sino por la diferencia entre una sociedad y otra. Aquí seguimos esperando que el Estado nos solucione la vida y quejándonos sin hacer nada. Allí trabajan tanto para labrarse su futuro como para ayudar a los demás. ¿Cómo no iba a ser más brillante y llena de iniciativas la blogosfera norteamericana?

Cincuenta años del cheque escolar (y 2)

Milton Friedman inventó el cheque escolar para dar una solución viable, que permitiera a las familias elegir la educación de los hijos. La educación pública es necesaria, siempre se ha dicho, porque de otro modo las familias más pobres no podrían acceder a una escuela. No solo no es así; es que no es lo mismo que el Estado pague un servicio y que se encargue él mismo de proveerlo. Friedman separa ambas cosas, y propone que el Estado pague la educación de las familias más pobres con cheques que solo se pueden gastar en colegios. Ellas pueden elegir los colegios, que ya no tienen porqué ser públicos. Los resultados de su esquema han sido tan positivos, que no admiten un pero.

En los Estados Unidos son variadas las experiencias con cheques escolares, aunque el más extenso es el de Milwaukee. Los resultados son habitualmente los mismos. Los padres se implican más en la educación que reciben sus hijos en las aulas. Ahora pueden elegir, y quieren que la decisión que tomen sea la más acertada. La actitud de los alumnos mejora, y los resultados académicos no tardan en aparecer. Los colegios, por su parte, comprueban que ya no es como antes; no da igual lo que hagan con el dinero de los contribuyentes, porque si no mejoran se quedan sin dinero. La poderosa fuerza de la competencia despierta el interés de los colegios por mejorar la educación que dan a los alumnos. Ahora sus padres tienen la capacidad de elegir a quién va el dinero, y no están dispuestos a recibir cualquier cosa a cambio. Las encuestas revelan que los padres están más contentos con la educación de los hijos con el nuevo sistema que con el que no podían elegir. La integración de los alumnos de distintas razas se ha hecho más fácil en las escuelas de Milwaukee y otras áreas que funcionan con cheques escolares, como Cleveland, Maine, Vermont… Y los valores cívicos de los alumnos han mejorado.

Cuando se extendió la educación pública en dicho país, el gasto dedicado a la burocracia comenzó a ocupar una parte creciente de los presupuestos. Exactamente lo contrario ocurre en las escuelas que están sometidas a programas de cheque escolar, que se han esforzado en reducir el gasto de gestión al mínimo, para poder aumentar la parte destinada puramente a la educación.

Chile ha asombrado al mundo con una reforma de política económica con un éxito arrollador, que ha sido imitado en muchas partes del mundo: las pensiones privadas. Ese arrojo innovador lo ha llevado también a la educación; y ha adoptado un programa de cheque escolar que con el tiempo, a la luz de los resultados favorables, se ha ido extendiendo. Un ejemplo parecido es el de Nueva Zelanda. Enfrentada a una situación de crisis inició un programa de reformas que han asentado el éxito económico de las dos últimas décadas. El ímpetu reformador se ha trasladado también a las aulas, e introdujo el cheque escolar en 1985. En ese año los gastos burocráticos concentraban nada menos que el 70 por ciento de los presupuestos de las escuelas; en la actualidad es solo un tercio.

También se han desarrollado sistemas similares en Suecia y Dinamarca, aunque en este país con muchas rigideces. En Suecia los padres ven su recobrada libertad de elegir como un derecho, y un 60 por ciento de ellos observan que los profesores se empeñan más en sus esfuerzos con sus hijos. En Colombia se introdujo principalmente porque los recursos públicos de enseñanza secundaria no llegaban a todos los rincones del país. La iniciativa privada, con el apoyo del dinero público, lo ha hecho. La experiencia de Puerto Rico ha destacado, entre otros desarrollos típicos, porque incluso los colegios públicos que no forman parte del programa de cheques escolares se han visto forzados a tomar medidas y mejorar sus servicios.

Los resultados en España serían básicamente los mismos. Con una ventaja añadida, que por desgracia en nuestro país adquiriría una importancia crucial. La educación, especialmente en comunidades con gobiernos nacionalistas, está cada vez más condicionada por la propaganda política. Si los padres recuperaran poder de decisión, la incidencia del adoctrinamiento en las escuelas sería menos grave.

De protecciones inmorales a beneficios materiales

Los artículos de Albert Esplugas Boter y Carlos Rodríguez Braun lograron que tomara la decisión de unirme a los seguidores de Tucker en su posición contraria al derecho de la propiedad sobre las ideas. Más aún cuando esos derechos son disfrutados por terceras partes, ajenas a quien las creó. Su adquisición suele convertirse, en ocasiones, en una forma muy placentera de vivir del trabajo de los demás, como en algún momento sugiere el propio Esplugas. La legislación que regula la propiedad intelectual ofrece una sobreprotección extraordinaria tanto a los autores como a los titulares de derechos de creadores extranjeros; de tal forma que suelen partir con una ventaja más que suficiente cuando tiene lugar un conflicto de intereses y este es planteado ante un juez. Y es aquí donde surge otro inconveniente a los derechos sobre la propiedad intelectual, de carácter más práctico que los descritos por el liberal barcelonés.

El texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual no sólo protege los derechos morales y materiales de los autores o de quienes los han adquirido; sino que, de alguna forma, da amparo a prácticas que, en el mejor de los casos, pueden ser calificadas de abusivas, cuando no se convierten sencillamente en estafas. Según cuenta un abogado especialista en la materia, hay casos en que los titulares de derechos de autor proponen un precio para la fijación de una canción, supongamos, en un soporte audiovisual para un anuncio televisivo o para la producción de un documental. Si la tramitación de la autorización se prolonga más allá de la fecha de su entrada en vigor, el derechohabiente puede añadir los ceros que le plazca al precio acordado. A la otra parte no le quedará entonces otro remedio que buscar un acuerdo lo menos perjudicial posible para sus intereses, si no quiere encenagarse en un proceso judicial que perderá en el noventa y nueve por ciento de los casos.

No sé hasta qué punto soy capaz de explicar con este ejemplo que el excesivo celo en la protección de los intereses de los autores significa la desprotección de otros, claramente perjudicados por las buenas intenciones del legislador; y ello sin que nadie se preocupe de amparar sus derechos morales, y mucho menos los materiales. La Ley de Propiedad Intelectual provoca que las relaciones de personas o empresas con los titulares de los derechos de autor no sean las que tienen lugar durante la negociación de cualquier contrato en la economía de mercado, gracias a las prebendas concedidas por el legislador a una de las partes. Y aquí, como tantas veces, nos acordamos de todos los teóricos liberales que, desde las parábolas de Frederic Bastiat, han insistido en la necesidad de considerar los efectos menos visibles pero posiblemente más perjudiciales de las medidas adoptadas por los gobernantes.

Si convenimos en el carácter ilegítimo de la protección de los derechos de autor, deberíamos pedir al legislador que buscara una forma menos injusta de garantizar una pensión de jubilación para los artistas.

Europa contra la cultura

El sistema de Apartheid está volviendo a imponerse en Sudáfrica. La nación más desarrollada al sur del Sáhara había abandonado el sistema que imponía el racismo desde el Estado en 1991, bajo el gobierno de Frédérik de Klerk, pero lo está volviendo a imponer ahora. Discriminación positiva, se llama. Es el racismo de izquierdas, que desprecia el ideal liberal de igualdad ante la ley supuestamente para beneficiar a grupos desfavorecidos. El gobierno de Thabo Mbeki está decidido a recuperar el viejo sistema, pero con los blancos en el otro lado.

Se trata, en teoría, de hacer una masiva transferencia de renta y riqueza no de ricos a pobres, sino de blancos a negros. Se comenzó intentando imponer, con escaso éxito, un sistema de cuotas que forzara a cada empresa a partir de cierto tamaño a ser “demográficamente representativa”. Como bajo el sistema racista anterior se expulsó a la población negra de acceso a una educación especializada, se ha acabado sustituyendo mano de obra experta por otra que no lo es en absoluto, con enorme daño para las empresas y para el empleo. Se ha hecho lo mismo con el Estado. Allí importa menos la cualificación de los trabajadores, ya que el mismo Estado es ineficaz, claro, pero no deja de proveer de servicios esenciales, como sanidad u obras públicas, que se resienten por la nueva política. El único camino que podría seguir, aunque lento, es el de mejorar los niveles educativos de toda la sociedad, especialmente de aquellos a quienes se les ha negado esa oportunidad. Pero el gobierno de Mbeki ha preferido de nuevo la discriminación positiva en el profesorado a los resultados, con gran daño para la población negra joven.

Otra vía para la transferencia de riqueza hacia la población negra es la ley que pide a los accionistas blancos de las empresas que vendan parte del capital de las mismas a ciudadanos de otra raza. Como las ventas eran lentas, se amenazaba a dichas empresas a no ser contratadas por el Estado. Entonces el intercambio empezó a ser más rápido, pero ahora a favor de los miembros del Congreso Nacional Africano. Ahora el gobierno quiere dar un paso más drástico: las expropiaciones de la propiedades en manos de blancos. No tenemos más que ver el ejemplo de Zimbabwe para saber a dónde llevan esas políticas. Al desorden económico, al abandono de los cultivos, al hambre de millones de personas, al reparto del pobre botín entre los miembros del régimen.

Si se quiere beneficiar a la población más pobre, ni la redistribución, ni el racismo institucionalizado de la discriminación positiva son el camino. Otros países pobres han optado por abrirse a la economía mundial y hoy se les llama los tigres asiáticos, con niveles de vida mucho más altos. Sudáfrica ha hecho todo lo contrario. Como explicaba el año pasado un artículo del New York Times, los sindicatos han logrado mantener los sueldos de los trabajadores muy altos en comparación con la productividad, para evitar que Sudáfrica, bajo el encanto de los costes laborales bajos, “se convierta en el taller de Occidente”. Tanto éxito ha tenido esa política, que la tasa de desempleo alcanza al 40 por ciento de la población y a más de la mitad de la que es de raza negra.

El orden espontáneo de la blogosfera

Níger se muere por inanición. Las cifras bailan, como el hambre en ese país, pero el número de malnutridos se cuenta por millones. Nuestros hogares sientan a un pobre en su mesa, vía televisión, con el mismo aspecto que el niño esquelético y barrigudo de la Etiopía de los 80’. La hambruna simplemente acaece. Salta de los poblados africanos a los teletipos mundiales sin que sepamos de dónde viene. Lo más que nos llega es alguna mención sobre cómo los agentes del capitalismo FMI y Banco Mundial han impuesto reformas pro-mercado que han llevado al país a dicha situación. Pero realmente, ¿qué ha pasado?

Níger es miembro de un selecto club, el de los 38 países fuertemente endeudados con el exterior, y que de media han caído en renta per cápita un 25 por ciento. Níger supera esa cifra, y de 1980 a 2000 ha logrado que su producción anual caiga un 35 por ciento. Eran las mismas dos décadas en las que varios países del este de Asia decidieron no seguir el camino de la ayuda exterior y sí el de la apertura de sus productos al exterior. Estos países se han volcado hacia el capitalismo global y no solo no han vivido ningún episodio de hambre generalizada, sino que, de producciones per cápita no muy superiores a la de Níger u otros pueblos africanos, han pasado a integrarse en el primer mundo. Níger, como muchos vecinos, ha seguido la senda de los créditos del FMI y el BM, de las ayudas bilaterales de los países ricos, todo ello aderezado de regulaciones y socialismo. La receta ideal para extender la pobreza. Níger es solo un éxito más del socialismo.

La situación llegó a tal extremo, que los dirigentes iniciaron ciertas reformas en 2000. Pero, como explica Milton Friedman, la tiranía del statu quo todo lo puede. Los cambios no han logrado hacer del Níger una economía basada en un Estado de Derecho y abierta al exterior. Por el contrario, la sociedad de ese país sigue a merced de las ocurrencias de burócratas y políticos. Solo tenemos que seguir lo ocurrido de un año a esta parte.

En agosto de 2004, en lugar de empaparse de lluvias, como cada año, el país se queda mirando al cielo, sin respuesta. Muchas plantaciones se arruinan. La mayoría de los cultivos que han logrado salvar la sequía sucumben en los meses siguientes a la peor plaga de langosta en 15 años. El octubre la situación se revela con toda su crudeza y la comida no llega para más de tres millones de personas. El agro de Níger es uno de los menos capitalistas del mundo: tienen diez tractores por cada millón de habitantes y están a la cola en consumo de fertilizantes. Por tanto, es muy poco productivo y cualquier problema reduce la producción extraída de la tierra a la nada.

Todo ello no sería un desastre en una economía libre. Subirían los precios de los productos agrícolas, que atraerían la producción vecina y alentarían la propia. Pero el gobierno decidió en febrero de este año vender cereales a un precio por debajo del mercado, apoyado por el Programa Mundial de Alimentos. Estas ayudas atienden las necesidades básicas inmediatas, pero arruinan lo que reste de producción agrícola local. De nada sirven los créditos públicos a los agricultores, dictados por el gobierno este junio. Si el Estado acaba de arruinar los precios, el granjero no tiene la seguridad de que su producción no se arruinará una vez más. Ahora, Naciones Unidas se compromete a alimentar, ella sola, a dos millones y medio de personas.

En resumen, una economía asfixiada por las regulaciones y el socialismo se arruina definitivamente por la coincidencia de dos catástrofes naturales, la sequía y la langosta. La respuesta a la situación no se busca en el mercado, sino en más arbitrismo gubernamental, para acabar dependiendo de un organismo público exterior. Es el camino más seguro hacia las hambres generalizadas, como la que ahora padece Níger.

Periodismo disperso en Gran Bretaña

Scott Burgess disecciona habitualmente en su bitácora Daily Ablution la prensa británica de izquierdas; desde el prestigioso The Independent a The Guardian, órgano de agitación de la izquierda albionita. Un día lee un artículo de correctísima observancia progre, ya que reprendía a los lectores que se hubieran sorprendido por los bombardeos de Londres, ya que esa actitud “sugeriría que… ocurrieron sin ninguna responsabilidad por nuestra parte”. Las víctimas son culpables del crimen si pertenecen a Occidente, como manda la letanía izquierdista. Lo habitual. Los islamistas que, como los terroristas de Londres, llevan varias generaciones en Inglaterra, son de acuerdo con el autor, Dilpazier Aslam, “sassy” (impertinentes, descarados) con sus opiniones. Y pese a haber nacido en Inglaterra, su verdadera patria es el islam, a quien deben obediencia.

La indignación de Burgess por el descaro del Guardian le llevó a investigar algo más sobre el joven articulista, y le encontró en Hitz Ut Tahrir, una secta islámica que se ha dedicado a prodigar el odio hacia los judíos, o a amenazar de muerte a líderes políticos, como el laborista George Galloway, acusándole de “falso profeta” y “apóstata”. Dilpazier Aslam apoya la creación de un Estado islámico mundial y justifica el uso de la violencia. The Guardian había contratado un miembro de una organización sectaria y que odia a los judíos como bandera, para volcar su ominosa visión del mundo, sirviéndole de portavoz. Pero, ¿sabía el diario de dónde procedía su joven promesa? Eso mismo le preguntó, sin respuesta, Scott Burgess.

Es un caso más, el último, en el que se pone de manifiesto que los medios de comunicación están vigilados por miles de personas que pueden poner en negro sobre blanco. El poder de los medios no es ya el de antes. Pero como en otros casos, lo descubierto por Burgess no ha adquirido relevancia hasta que es otro medio de comunicación, The Independent en este caso, quien recoge el hecho.

Los medios de comunicación no están todavía hechos a las servidumbres de convivir con un periodismo disperso, al cargo de muchos escritores y lectores, que ha convertido a la noticia en una conversación con múltiples voces. El propio Guardian siguió publicando sus artículos, mientras otros bloggers seguían el caso, aportando nuevos datos, o simplemente contando los detalles del caso. El asunto salta a los medios de comunicación y la situación de Dilpazier Aslam se ha hecho insostenible, hasta que ha sido despedido por el periódico. Scott Burgess adelantó que el editor de información del periódico, Albert Scardino, había dimitido por el asunto. El periódico ha reaccionado echando pestes de los bloggers, pero debería preguntarse cómo un grupo islamista radical ha podido colocarle un portavoz. Debería plantearse qué tiene su visión del mundo y de la corriente de la información para que pueda multiplicar la voz de un órgano de odio a los judíos y a Occidente.

El caso de Dilpazier Aslam es solo la última constatación de que el periodismo disperso ha diluido el poder de los medios. Pero hasta el momento a lo único que llega es a corregirles, no a acompañarles como fuente original de información. Quizás no sea esa su función, pero es posible que el periodismo disperso esté solo descubriendo a tientas su verdadero papel.

Ineficiencia estatal

Hubo un tiempo en que el socialismo tenía como principal reivindicación la propiedad pública de los medios de producción. Aunque cada uno pudiera poseer privadamente aquello que usaba y consumía, que era más bien poco, todo el tejido productivo debía ser propiedad del Estado. Así, se cumplía el sueño del totalitarismo perfecto pues, como recordó Trotski antes de que ciertos objetos incrustados en su cabeza le impidieran pensar con claridad, en el socialismo quien no obedece no come.

Una vez abandonada la vía a la sociedad perfecta, la de los cien millones de muertos, el socialismo ha decidido aceptar a regañadientes que han de ser las empresas quienes produzcan los bienes. Principalmente porque sus dictaduras se hundían y sus partidos no eran votados si se dedicaban sin demasiado disimulo al latrocinio descontrolado vía impuestos y nacionalizaciones. Sin embargo, nunca han dejado de demostrar a la primera oportunidad su poco amor por la propiedad privada, agitándose como la niña del exorcista cuando se menciona la mera posibilidad de eliminar el control estatal del agua, el suelo u otras parcelas que nuestros amables gobernantes tienen a bien gestionar en nuestro lugar. Quizá por eso, resulta realmente sorprendente el amor desmedido que muestra por un tipo concreto de propiedad privada como son los derechos de autor, a los que han dedicado una nueva canción de amor desesperada en el último consejo de ministros.

A falta de conocer con detalle el texto, parece que el Gobierno ha decidido obedecer a las entidades de gestión como el sindicato vertical SGAE y prohibir en la práctica la copia privada. Si se aprueba este proyecto de ley, dejará de ser legal intercambiar ficheros por Internet o de mano en mano y cada usuario podrá hacer sólo tres copias de aquello que legalmente posea, un número para el que no se ofrece justificación tecnológica pero que en lenguaje bíblico significa “unión con la divinidad”, lo que nos dice mucho de la exagerada opinión que tiene el socialismo de Teddy Bautista. Parece, por tanto, que la nueva ley convierte la copia privada en un concepto mucho más restrictivo que la copia de seguridad que se permite en las aplicaciones de ordenador. Sin embargo, al mismo tiempo, se amplía la ley para que los soportes digitales como CDs y DVDs paguen un canon a cambio de permitir el derecho de copia privada, que hasta ahora dependía de un acuerdo entre particulares que empezaba a ser cuestionado en los tribunales. Es decir, limitan un derecho y amplían el ámbito de cobro del mismo.

En resumen, a usted y a mí nos seguirán cobrando un canon, ahora con mayor base legal, pero nos quitan el derecho a intercambiar música y películas sin ánimo de lucro. En vista de lo cual parece lógico concluir que los únicos que salen ganando son los bautistas. De donde se deduce el mandamiento único progresista sobre la propiedad: la propiedad es mala sí y solo sí alguien de derechas puede acceder a ella. Por eso todas las grandes multinacionales son malas, menos la de Polanco. La propiedad estatal es estupenda, siempre y cuando el gobierno sea de izquierdas. Y por eso es bueno extorsionar a los débiles para pagar a Ramoncín; si los titiriteros fueran mayoritariamente de derechas, otro gallo nos cantaría. Y podría hacerlo sin pagar canon.

Por un mercado libre de ideas

Como el aborto, la inmigración o los derechos de los niños, la propiedad intelectual es uno de los temas que más divide a los liberales. Algunos de sus valedores consideran, desde postulados iusnaturalistas, que las patentes y los copyrights son justos títulos de propiedad sobre inventos y creaciones, acordes con el principio lockeano según el cual los individuos tienen derecho a aquello que es fruto de su labor. Otros defensores de la propiedad intelectual, desde postulados utilitaristas, arguyen que es necesaria para fomentar el progreso, pues en ausencia de estos monopolios legales no habría incentivos para innovar. En contraposición, hay liberales que juzgan éticamente injustificadas las patentes y los copyrights, por considerar que están en contradicción con el derecho de propiedad tradicional y que como bienes no escasos las ideas no pueden ser objeto de apropiación. Al mismo tiempo cuestionan que sin propiedad intelectual el progreso se resintiera.

Supongamos que invento una nueva máquina para recolectar manzanas. La patente no me confiere un título de propiedad sobre este bien tangible en particular, sobre esta máquina en concreto, sino sobre la idea de la máquina, que puede plasmarse físicamente en la propiedad ajena. La patente impide que otro individuo pueda reproducir la misma máquina (la ha visto, imaginemos, y ha entendido cómo funciona y de qué se compone) con sus materiales, en su taller, sirviéndose de sus manos y sus herramientas, luego supone un derecho de control parcial mío sobre su propiedad: él no puede darle siempre y en todo momento el uso que estime oportuno, pues yo retengo un derecho sobre su propiedad tangible en lo tocante a la plasmación de esa idea. En el caso de una pieza musical, por ejemplo, el copyright dota al autor de la potestad para impedir que un individuo que ha memorizado su composición la toque con sus instrumentos en el local de su propiedad, con lo cual es aquí el artista y no el poseedor natural el que decide sobre dicha propiedad.

Por otro lado, las ideas no son un bien escaso en el sentido económico, no son de uso excluyente: si yo canto una canción ésta no se gasta, otro puede cantarla también (por el contrario, si yo me como un pastel nadie puede comer el mismo pastel; éste sería un ejemplo de bien escaso). La propiedad emana de la escasez: del hecho de que pueda haber conflictos sobre los usos alternativos de un bien surge la necesidad de unas normas éticas conformes con la naturaleza humana. Como las ideas no son bienes escasos carece de sentido aplicarles un derecho de propiedad.

Para determinar si la propiedad intelectual fomenta en realidad la innovación y el progreso habría que sopesar “beneficios” y “costes”, aquello que presumiblemente se produce debido a las patentes y a los copyrights y aquello que se supone que se deja de ganar. Hay gastos superfluos asociados a la propiedad intelectual (protección e inventos alrededor de la patente), hay incentivos para redirigir recursos de las áreas no patentables a las patentables, los monopolios legales pueden desincentivar la creación durante el lapso en el que se retiene el monopolio e impiden actuar a la competencia.

Parafraseando a Carlos Rodríguez Braun, quizás la propiedad intelectual sea impropia de una sociedad no intervenida. Un mercado libre de ideas, y no el monopolio de las mismas, es lo que demandan los principios liberales.

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Internet y Justicia

Es una idea comúnmente aceptada entre los izquierdistas que el terrorismo es un subproducto de la pobreza. En un canal de televisión de Cataluña una presentadora, y sus invitados, estaban convencidos que el terrorismo se debe a la pobreza. En la misma línea ha sido un artículo de ZP en el diario Financial Times señalando que la causa del terrorismo es consecuencia de las “enormes desigualdades”. Como siempre, los ungidos de la izquierda se equivocan.

Muchas evidencias nos dicen que los terroristas, por ejemplo, no tienen un nivel bajo de cultura. Según Nasra Hassan, actual directora del servicio de información de Viena de Naciones Unidas, que realizó varias entrevistas a 250 militantes en campos de entrenamiento palestino durante los años 1996 a 1999, todos ellos tenían algún tipo de estudio, la mayoría eran de clase media, vivían de un salario y dos de ellos eran hijos de millonarios.

Otro estudio de Alan Krueger de la Princeton University, y Jitka Malečková de la Charles University llegaron a conclusiones empíricas que muestran como el terrorismo no viene dado por la pobreza: “los hombre bomba palestinos provienen de familias económicamente aventajadas y tienen un nivel educativo relativamente alto”. Y por otra parte, “los activistas judíos que actuaron a finales de los años 70 y principios de los 80 tenían una muy buena educación y ocupaciones muy bien remuneradas”.

Es más, dirigentes como Ayman Al-Zawahiri, Osama Bin Laden, Abu Musab Al-Zarqawi, etc. no son en absoluto iletrados. Tienen carreras universitarias, grandes fortunas e incluso hablan, como mínimo, dos idiomas.

Si el terrorismo fuese la causa de la pobreza países como Malí, Mongolia, Haití, etc. tendrían los grupos terroristas más activos y violentos del mundo. Y si la pobreza es la causa del terrorismo tampoco se entiende por qué España, al que se considera un país rico, ¡tiene un grupo terrorista en activo e internacionalmente conocido en una de sus regiones más prósperas!

¿Y por qué la izquierda y el estado insisten en culpar a la pobreza del terrorismo?

La izquierda tiene un lema que nunca falla: “nadie es responsable de sus propios actos”. Esta visión masoquista, de “yo” soy el culpable de todas las desgracias que ocurren en el mundo, les llevan a posiciones absurdas e inconsistentes con cualquier test racional. Si alguien es pobre no es debido a su falta de sacrificio, esfuerzo, o a las ansias de mejorar su futuro personal; sino de la sociedad. Y la sociedad somos todos, es decir, la culpa es de usted. Si algún desequilibrado se divierte matando a niños la culpa no es del asesino, ¡el es un enfermo! La culpa es de la sociedad que lo ha hecho así, a saber, el culpable es usted otra vez. Y evidentemente, si un grupo de fanáticos se dedica a exterminar a cuantos más cristianos mejor, la culpa no es de los fanáticos, sino de usted también. Se lo mire por donde se lo mire, usted, hombre medio blanco judeo–cristiano es el culpable de todas las desgracias del mundo.

Esta visión es la que impulsan los estados para así poder tomar más control sobre el individuo y sociedad continuando con sus políticas de coerción: más presión fiscal, aumento del estado policial, prohibición de libros según la arbitrariedad del legislador, de periódicos, de partidos políticos, encarcelamiento de personas que no se ajusten a los gustos del estado pese no haber cometido ningún acto criminal. Y todo para financiar la corrupción política, costes de transacción estatales y la ineficiente burocracia.

Pobreza y terrorismo no se deducen la una de la otra. Si queremos eliminar la pobreza eliminemos las barreras al libre comercio, aranceles y empecemos a desmontar por completo el estado del bienestar. Y si queremos acabar con el terrorismo llevemos más allá la liberalización y acabemos con la intromisión internacional de los estados.