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Etiqueta: Intelectuales

Pedro Schwartz cumple 90 años: celebrando a un gigante de la libertad

Con motivo del 90 aniversario de Pedro Schwartz, el Instituto Juan de Mariana presenta tres obras de coleccionista con las que queremos celebrar la vida y obra de uno de los grandes referentes del liberalismo en España y el mundo. 

En primer lugar, y en colaboración con el Grupo Libertad Digital, presentamos una recopilación en la que se incluyen más de 50 artículos publicados por Schwartz en Libertad Digital, La Ilustración Liberal y Libre Mercado, entre los años 2001 y 2017. Además de esta colección de artículos, la obra incluye también valiosos documentos como el fragmento final de su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas o su intervención en la ceremonia en la que recibió el Premio Juan de Mariana de 2014. El volumen cuenta asimismo con un encomio de Mario Vargas Llosa, una carta de presentación de Carlos Cuesta, distintas entrevistas con el autor y la contribución especial de destacadas figuras del pensamiento liberal, como Carlos Rodríguez Braun, Francisco Pérez de Antón, Francisco Cabrillo, Manuel Llamas o Diego Sánchez de la Cruz. 

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En segundo lugar, y de la mano del Instituto Cato de Estados Unidos, editamos un volumen en el que se recopilan más de 100 artículos publicados por Pedro Schwartz en la web en español del think tank norteamericano, ElCato.org. Estas columnas, que las dos décadas comprendidas entre 2002 y 2022, ilustran a la perfección la brillante capacidad de Schwartz de analizar las controversias y asuntos de la actualidad cotidiana desde el enriquecedor prisma de las ideas y el pensamiento liberal. 

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Asimismo, y habida cuenta de la profunda impronta que ha tenido la trayectoria de Pedro Schwartz en el ámbito internacional, presentamos un tercer volumen, elaborado de la mano de Liberty Fund. La obra comprende los distintos artículos publicados por el autor en Library of Economics and Liberty, un recurso de indudable valía para el pensamiento liberal comúnmente conocido como EconLib. A través de estos escritos, que comprenden el periodo 2013-2020, Schwartz nos introduce en algunos de los asuntos clave de nuestro tiempo. 

Haga clic en este enlace para descargar la obra.

Este triple lanzamiento es tanto un tributo a Pedro Schwartz como un recordatorio de su brillante legado como incansable defensor de la libertad y la razón, en España y el mundo. Desde el Instituto Juan de Mariana deseamos que estas recopilaciones nos sirvan para seguir aprendiendo con las valiosas enseñanzas de un verdadero gigante de la libertad como es el profesor Schwartz.  

¡Feliz 90 cumpleaños, maestro!

Intelectuales y Estado, un perfecto match

La cuestión de los intelectuales y su relación con el Estado es un tema tratado desde la Grecia clásica y siempre expone los mismos problemas: ¿cuál es su naturaleza?, ¿tienen algún deber moral de participar en la vida pública? O la cuestión de si los intelectuales deberían formar parte del Estado. 

Muchas respuestas se han dado a estas cuestiones. En la República Platón abogaba por un gobierno de “sabios”, también durante la Edad Media la clase intelectual clerical se alió con en el Estado y su entramado institucional. Gramsci fue uno de los que trabajó más arduamente en establecer y dirigir la relación entre intelectuales y Estado, y con ayuda de sus escritos y como consecuencia de ello, las ideas comunistas arrasaron en occidente, alcanzando una clara hegemonía cultural en la intelectualidad de la época.

¿Pero qué dicen las voces críticas? Murray N. Rothbard es una de ellas, y se posiciona en una visión escéptica en cuanto a ambos entes y su vínculo entre ellos. En las siguientes líneas veremos cuáles son los argumentos que utiliza el economista americano y cuáles son las respuestas a todas estas cuestiones. 

Si un ladrón viniese a robarte arma en mano, lo más lógico sería que tratases de zafarte de él y si se diese el caso, combatirlo. Pero, ¿qué pasa si otros compañeros ladrones llegan y entre zarandeos comienzan a explicarte que en realidad te está robando por tu bien, y que tu deber moral es darle todo lo que tienes en los bolsillos? Pues si extrapolamos como es debido esta situación, nos encontramos con un Estado que expolia sistemáticamente a sus súbditos mediante el uso de la violencia y se sirve de sus “compañeros ladrones”, la casta intelectual, para legitimar y asegurar su intromisión o permanencia en el poder. 

Aquí es donde cabe preguntarnos, por qué existe tal relación entre casta intelectual y Estado. Pero sobre todo, de qué manera se perpetra dicha coalición criminal. La clave reside en un equilibrio, en una balanza exacta de poder e intereses. 

A principios del siglo XX, el gran torero Rafael el Gallo andaba en una de esas fiestas de Madrid donde se invitaba a la gente más selecta del país. Alguien con mucho humor tuvo la genial idea de presentarle a José Ortega y Gasset. El torero con modestia, decidió preguntar a qué se dedicaba ese tal Ortega, ahí fue cuando le dijeron que era un prestigioso filósofo. El torero respondió: “¿Filo qué, ezo qué e?”, algún amable acompañante tuvo la galantería de explicarle lo que significaba dicho palabro y ahí es cuando el matador pronunció la famosa frase “Hay gente pa’ to”. Más allá de la anécdota que quedará para los anales de la historia, con esto pretendo relativizar el aporte real de nuestros intelectuales a la sociedad, o como dice Rothbard ”el valor de mercado de lo que él aporta al proceso productivo es muy reducido”. 

Si nos situamos en un mercado más o menos libre donde la gente se ve retribuida según las preferencias de los agentes y lo que satisfacen a las necesidades de las demás personas, ¿vosotros creéis que Ortega y Gasset satisfizo en gran medida a Rafael el Gallo? Yo creo que no.

El mercado siempre tendrá graves problemas en crear y mantener una demanda de bienes intelectuales, sobre todo si hablamos del tipo de bienes intelectuales que suelen producir esta casta intelectual, que no suele ir más allá de piezas y sonetos para adular al gobernante de turno, y/o cábalas súper-ultra-metafísicas de difícil comprensión. Solo pues, el Estado mediante sus intervenciones arbitrarias en el mercado, consigue retribuir a dichos intelectuales con los frutos del expolio a los ciudadanos bajo el paraguas del interés común.

Este “fallo de mercado” que algunos lo llamarían, crea un gran pozo de frustraciones y ambiciones fracasadas. El intelectual que se pasa encerrado 8 horas al día entre metáforas y silogismos ve con rabia y envidia a ese camarero que con un simple bachiller consigue ganar probablemente el doble que él con sus artículos publicados en la revista universitaria de turno. La élite intelectual termina por despreciar a sus congéneres y se aleja de lo mundano, mientras flota en una ilusión de trascendencia y vive de los impuestos recolectados por papá Estado.

En conclusión, el intelectual se supeditará a las garras del estado por dos razones: el hambre voraz de poder, nutrido por su soberbia intelectual y aún peor si cabe, la necesidad de retribución de una actividad que, en manos de un mercado implacable, en pocas ocasiones le daría para llenarse el estómago.

Una coalición no se mantiene durante más de 2000 años si las dos partes no se ven beneficiadas. Esto quiere decir que el Estado, al igual que los intelectuales necesita de dicha alianza para su subsistencia. El Estado utiliza cantidades ingentes de fondos y energía en establecer un doble rasero para con la población, en legitimar su actividad criminal. Lo podemos ver cuando, por actividades que el aparato estatal, realiza de manera común como el asesinato o el hurto, todos y cada uno de nosotros pasaríamos una temporada bien larga entre rejas. Es el poder de la legitimación.

El Estado necesita crear una aureola de legitimidad que le permita realizar sus execrables actividades sin que sus súbditos se revuelen. Aquí es donde entran en juego nuestros amigos los intelectuales, estos mismos nutren el discurso legitimador a través de técnicas y contenido que adulen al emperador y sobre todo que calmen a las masas. Sin embargo, me gustaría recalcar que no estamos frente a una batalla entre intelectuales de izquierdas contra intelectuales de derechas, ni mucho menos, aquí se trata de cómplices del estado versus escépticos del estado. Solo te invito a esperar unos años a que giren las tornas políticas y verás de qué color se teñirá la Gala de los Goya.

La discriminación negativa y positiva existen, y no hay más que escuchar sandeces como las de que “la cuota de personas racializadas en Vikings deja mucho que desear” o que el súper villano de la última temporada de La Casa de Papel sea un militar, racista y homófobo. Esto solo es una pequeña demostración de que el Estado se sirve de la casta intelectual no solo para legitimar su existencia como ente opresor, sino para además, adoctrinar en la ideología que más le convenga para mantenerse en el poder. Aún me lloran los oídos escuchando a Leticia Dolera diciendo que la financiación pública de sus películas se devuelve con relato cultural. 

Sin embargo y por fortuna, no siempre es así, existen por todas partes gente pensante que alza la voz libre de sobornos y banderas. Gente que piensa a contracorriente y da la batalla por sus ideas propias. Los liberales no debemos dudar en participar en el mercado de las ideas, por muy intervenido que esté, y luchar hasta por la última parcela de libertad que nos quede por conquistar. De lo contrario nos convertiremos en tácitos y serviles mamporreros del Estado.