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América y las diez tribus perdidas de Israel

En una escueta mención en La Sinagoga Vacía (Premio Nacional de Ensayo de 1988), Gabriel Albiac daba cuenta de una insólita teoría sobre el origen de los nativos americanos. La tesis, comúnmente aceptada como historia verdadera en la Europa de los siglos XVI Y XVII, consistía en afirmar la ascendencia judáica de los amerindios, a los que se consideró los descendientes de las Diez Tribus Perdidas de Israel. Los indios habían considerado dioses a los españoles y los españoles, a cambio, asignaron a los indios una genealogía hebraica, en justa reciprocidad.

En tiempos recientes, el mexicano Enrique Krauze ha escrito algunas páginas acerca de esta singular historia, en varias de sus obras. Una historia que permite aproximarse y conocer mejor la mentalidad con que los españoles se acercaron a los amerindios para cristianizarlos e incorporarlos a la civilización, como súbditos de la Corona de España. 

Un enigma milenario

Al morir el Rey Salomón (1030-930 a. C.), su reino se dividió en dos: el Reino de Israel, con capital en Samaria, y el Reino de Judá, con capital en Jerusalén. En el de Israel vivieron las tribus de Rubén, Simeón, Leví, Dan, Neftalí, Gad, Aser, Isacar, Zabulón y José. En el de Judá lo hicieron las tribus de Judá y Benjamín, y una gens de la tribu de Leví, que quedó en Jerusalén por razón de que los “levitas” eran los responsables de atender el culto y el cuidado del Templo, que quedó en el reino de Judá. Ambos reinos serían finalmente destruidos y sus habitantes deportados.

El reino de Israel, cayó en el año 722 (a. C.), y su población fue llevada a Nínive; el reino de Judá despareció en el año 586 (a. C.), conquistado por el Imperio Babilónico, y su población conducida a Babilonia. Al caer el Imperio Babilónico, en el 539 (a. C.), ante los persas de Ciro el Grande (600-530 a. C.) los judíos de Babilonia, tribus de Judá, Benjamín y parte de los levitas, pudieron retornar a Israel. Pero los judíos deportados a Nínive, cuando ésta fue destruida en el 612 (a. de C.), se esfumaron para siempre dejando en el aire el enigma de su destino final.         

El descubrimiento de América abrió grandes debates en Europa. Los más importantes fueron los relativos a la condición de los habitantes del Nuevo Mundo: si eran humanos y, en caso afirmativo, cuáles eran sus derechos y cuál su condición de súbditos de la Corona. Cuestiones que abrieron el camino al moderno Derecho de Gentes y están en la base de la doctrina de los derechos humanos. Francisco de Vitoria (1483-1546), Bartolomé de las Casas (1474-1566) y Ginés de Sepúlveda (1490-1573), entre otros muchos, protagonizaron el inicio de estos debates. Pero no todo fue teología, derecho y filosofía. También se plantearon problemas antropológicos, lingüísticos, de ciencias naturales, etc.

El origen de los amerindios

El gran problema antropológico fue determinar la procedencia u origen de las poblaciones amerindias. Las informaciones sobre sí mismos de los indígenas no eran muy fiables. Los aborígenes, cuando eran interrogados sobre esas cuestiones, manifestaban ser descendientes del Sol, surgidos de la tierra por generación espontánea u otras explicaciones poco verosímiles. Pero la pregunta acerca de su origen pronto encontraría una primera respuesta.

En la época, los textos bíblicos gozaban de total autoridad, razón por la que los primeros autores buscaron explicaciones en la Sagrada Escritura. Las primeras hipótesis se abrieron rápidamente paso y se difundieron ampliamente. En 1535, se publicó en Sevilla la Historia General y Natural de las Indias, Islas y Tierra, Firme del Mar Océano, de Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1557), Primer Cronista Oficial de Indias, nombrado como tal por Carlos I de España. Oviedo fue el introductor de la tesis extra-americana, para explicar el origen de los pobladores americanos, idea finalmente acertada, aunque su acreditación definitiva requirió siglos de estudio.

La obra de Fernández de Oviedo disparó las hipótesis. Se consideró a los amerindios descendientes de los pobladores de la mítica Atlántida, o de los troyanos huidos de los griegos, o de los cartagineses, que así serían los primeros descubridores de América. Incluso se les hizo descender de los navegantes egipcios, hipótesis apoyada en las construcciones piramidales de mexicas, mayas y olmecas, que recordaban las pirámides de Egipto. Pero la hipótesis que se impuso durante los primeros ciento cincuenta años, tras la conquista, fue la que hacía de los indios americanos los descendientes de las diez tribus perdidas de Israel.

La hipótesis de los dominicos: el Códice Durán

El dominico Bartolomé de las Casas (1484-1566) alcanzó notoriedad por su polémica con Juan Ginés de Sepúlveda (1490-1573), a propósito de la conquista de América. Fue la llamada Controversia de Valladolid (1550-1551), sobre los derechos de los indígenas, en la que se debatieron los títulos de España para la conquista. Un debate algo tardío, pues los dos grandes imperios americanos, el Azteca y el Inca ya habían sido conquistados. También se atribuye a las Casas la autoría de la hipótesis hebraica para explicar el origen de los nativos amerindios.

La fama de las Casas, procede sobre todo de su Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias, publicada en 1553 y pieza fundamental de la Leyenda Negra anti-española. Obra llena de exageraciones, cuando no de datos erróneos y falsedades, dedicada al Príncipe Felipe (Felipe II), para el mejor gobierno de las Indias. La mayor parte de los datos de su obra son falsos o muy exagerados. Mas su gran autoridad -“apóstol” de los indios-, facilitó la difusión de la tesis del origen hebraico de los aborígenes, como refuerzo en defensa de los nativos. Aunque hay quien cuestiona que fuese Bartolomé de las Casas el principal inspirador de la hipótesis.

En la Historia de las Indias de Nueva España, o Códice Durán, del también dominico fray Diego Durán (1537-1588), se formuló expresamente esta hipótesis. La historia de Durán abundó en referencias a la Biblia en relación con los pobladores de México. Pero no trató de establecer una relación simbólica, metafórica o alegórica, sino histórica. Durán creyó que los indios de México eran de linaje hebráico. Durán llegó a México de niño en 1542, cuando aún estaban muy recientes las apariciones de la Virgen de Guadalupe al indio Juan Diego, en el cerro de Tepeyac, en 1531, hecho que acredita la conversión en masa de los nativos: Hernán Cortés conquistó México, en 1521, y 10 años después, los indios conversos tenían, apariciones de la Virgen.

Dificultades de la hipótesis hebraica

Análogo planteamiento se encuentra en el Origen de los Indios del Nuevo Mundo, obra del también dominico Gregorio García (1575-1627). Impresa por primera vez en 1607, la obra conoció varias ediciones. Aunque su estudio se dedicó a los indios del Perú, mencionó también la cultura mexica y agrupó a todos los pueblos precolombinos en una tesis unificadora. El Libro Tercero de su obra se dedica a probar “cómo los indios proceden de los hebreos de las diez tribus que se perdieron”. García estableció además las posibles rutas de acceso de las tribus perdidas, comparado su viaje a América con Moisés y el éxodo de los judíos de Egipto.

Durán y García no fueron los únicos autores que acudieron al Viejo Testamento para responder al misterio del origen de los indios. Con base en el libro I de los Reyes, alguno identificó a América con Ofir, el lugar bíblico del oro y las piedras preciosas. En 1656, en el Perú, el teólogo y jurista Antonio de León Pinelo (1595-1660), considerado precursor del “indigenismo”, abundó en el concepto al sostener que el Edén bíblico, el Paraíso Terrenal, se localizaba en las selvas peruanas, cuna de Adán y Eva. Surgía así una nueva hipótesis explicativa, pues el origen de la humanidad se situaría de este modo en América, y no en otros continentes, como hasta entonces. Una hipótesis que daría mucho de sí, al llegar los siglos XIX y XX, en el arranque del indigenismo.

Por el contrario, Fray Bernardino de Sahagún (1499-1590), misionero franciscano, en su rigurosa y fundamental obra sobre el México precolombino, Historia General de las cosas de la Nueva España, ni siquiera mencionó la hipótesis del origen hebráico de los indios. Frente a los dominicos, la genealogía histórica franciscana pasó en este punto de la duda a la refutación. En su Historia Eclesiástica Indiana, el franciscano Jerónimo de Mendieta (1525-1604), planteó la refutación de las tesis de los dominicos. Y los continuadores de la obra de Mendieta terminaron por refutarla.

Últimos fulgores y final del ensueño

La hipótesis del origen judío de los indios americanos se fue apagando durante el Barroco y empezó a decaer en el siglo XVIII, con la Ilustración. En su Idea de una historia general de la América Septentrional (1746), Lorenzo Boturini (1702-1755) sostuvo todavía que los indios eran descendientes de Noé, pero eso era muy genérico. Y en su Historia antigua de México (1780), el ilustrado jesuita novohispano Francisco Javier Clavijero (1731-1787), ni siquiera mencionó la hipótesis. Con todo, esta peculiar teoría llegó a plantearse hasta en los siglos XIX y XX, pues los mormones norteamericanos la retomaron, con éxito análogo al de los dominicos españoles.

Hoy, nadie sostiene la teoría del origen israelita de los indios americanos. La hipótesis “hebraica” ya sólo se manifiesta de vez en cuando en internet, con ocasión de la aparición de alguna nueva “pista” o “noticia” sobre el destino final de los judíos de las Diez Tribus Perdidas. Un asunto que, por el momento, parece que tendrá que seguir en el ámbito de lo enigmático del que quizá nunca debió haber salido.

Por qué los progresistas odian a Israel

Por Richard Samuelson. El artículo Por qué los progresistas odian a Israel fue publicado originalmente en Law & Liberty.

El odio a los judíos, al judaísmo y a Israel no es un fenómeno nuevo. Hay una razón por la que el odio a los judíos se llama a veces el «odio más antiguo».

Para el progresista, por tanto, el odio conservador o tradicional a los judíos necesita poca explicación. Un conservador es partidario de la tradición, y el odio a los judíos tiene una larga historia. Haga usted las cuentas. Desde la perspectiva de la mente progresista moderna, en cambio, el antisemitismo progresista se presenta como una paradoja. A los progresistas les gusta pensar que están a favor, bueno, del «progreso». Y el progreso tiene que ver con el amor, no con el odio, con la liberalidad, no con la intolerancia. De ahí que los progresistas, según su propia autodefinición, no puedan ser odiosos. Dada esa autoimagen, muchos progresistas, en particular los judíos con inclinaciones progresistas, se han sorprendido por el aumento, o más bien el retorno, del odio progresista de alto nivel hacia los judíos, el judaísmo e Israel. No debería ser así.

La premisa profunda, y rara vez discutida, de la ideología progresista es la creencia en el progreso integral. Desde el punto de vista progresista, existe, es más, debe existir un «arco de la historia» que lo abarque todo. Es lo que significa «progreso» en sentido enfático, ya que toda la humanidad avanza de lo inferior a lo superior. La diversidad no puede existir fuera de ese arco. Cualquier diversidad de este tipo es, por definición, errónea, está en el «lado equivocado de la historia».

Los judíos como problema de la Historia

Esta visión de la historia no es nueva en nuestra época. La versión actual se basa en la de la Ilustración. Aunque nunca pudieron ponerse de acuerdo sobre los detalles exactos de la historia, muchos filósofos no dejaron que esa realidad se interpusiera en la premisa de que existe tal historia. La versión de Condorcet de las etapas de la historia fue sólo una versión creada por un philosophe. Algunos desacuerdos sobre la verdadera dirección de la historia están permitidos en esta perspectiva, siempre y cuando la existencia de muchas visiones diferentes no se considere una prueba de que la premisa es errónea.

Desde al menos esa época hasta la nuestra, la perspectiva de que los judíos sigan siendo judíos dificulta ese argumento. Los judíos como pueblo antiguo eran fáciles de encajar en esa historia. Formaban parte de la historia antes de nuestra era. Pero los judíos como pueblo que aún camina por ahí, al menos si son más que un pequeño remanente, son un problema. ¿Qué hacen todavía aquí? Esa incómoda pregunta explica probablemente parte de la antigua animadversión secular contra los judíos y/o el judaísmo. En la cultura europea, esto podría verse como una variante de la creencia cristiana común de que los judíos estaban detrás del arco de la historia por no aceptar el nuevo Evangelio.

Odio ilustrado a los judíos

En la Ilustración, es notorio el odio de Voltaire hacia los judíos y el judaísmo. Otros destacados pensadores ilustrados, como Diderot, D’Holbach y Kant, expresaron opiniones igualmente hostiles hacia los judíos y/o el judaísmo. Algunos pensadores ilustrados que expresaron tales opiniones también se opusieron a la opresión de los judíos. Su esperanza, o tal vez su expectativa, era que una vez que los judíos dejaran de estar aislados de la corriente principal de la cultura europea, dejarían de estar deformados por el judaísmo; se volverían menos judíos y, en su opinión, más decentes.

Este antisemitismo ilustrado no era desconocido en Estados Unidos. Aunque nuestro tercer presidente simpatizaba personalmente con los judíos, era hostil al judaísmo. Las opiniones de Jefferson se hacían eco de las de Voltaire. Los judíos, según Jefferson:

presentaban como objeto de su culto a un ser de carácter terrible, cruel, vengativo, caprichoso e injusto. … Moisés había atado a los judíos a muchas ceremonias ociosas, mimos y observancias, sin ningún efecto para producir las utilidades sociales que constituyen la esencia de la virtud … [e] inculcó en su pueblo el espíritu más antisocial hacia otras naciones. … [Jesús contendió con] los sacerdotes de la superstición, una raza sanguinaria, tan cruel y despiadada como el ser a quien representaban como el Dios familiar de Abraham, de Isaac y de Jacob, y el Dios local de Israel. Además, no cesaban de tenderle trampas para enredarle en la red de la ley.

Jefferson podía ser personalmente amistoso con los judíos, y simpatizaba con su difícil situación. Después de todo, Jefferson era un firme defensor de la libertad religiosa. Pero es casi seguro que Jefferson creía que el progreso implicaría que los judíos abandonaran el judaísmo. Nótese su enfoque en los judíos que rechazaban a Jesús. Eran moralmente atrasados porque eran históricamente atrasados.

Thomas Paine

Thomas Paine, que llegó a las colonias poco antes de 1776, expresó creencias similares. De vuelta en Europa a principios de la década de 1790 para trabajar con los revolucionarios franceses, escribió La edad de la razón, en la que expresaba sentimientos similares a los de Jefferson: «Los judíos no hicieron conversos: masacraron a todos». El principal objetivo de Paine era utilizar el judaísmo para atacar al cristianismo. Continuó: «La Biblia es el padre del [Nuevo] Testamento, y ambos son llamados la palabra de Dios. Los cristianos leen ambos libros; los ministros predican de ambos libros; y esta cosa llamada cristianismo se compone de ambos. Para Paine y muchos otros, la rabia era contra la religión en general, y el judaísmo en particular, culpando al judaísmo de lo que odiaban del cristianismo.

En otras palabras, estos ataques ilustrados contra el judaísmo no fueron ajenos a los ataques de Paine, Jefferson, Voltaire y otros contra el cristianismo tal como se lo conocía. El antijudaísmo de Jefferson, como el de otros pensadores ilustrados, probablemente estaba conectado con un gran proyecto de liberación de la religión tal como se había conocido en Europa y América antes de la Ilustración. Ecrasez L’infame (aplastad lo repugnante) era el lema de Voltaire al respecto. Condorcet lo había afirmado en una época anterior: «El triunfo del cristianismo fue, pues, la señal de toda la decadencia tanto de las ciencias como de la filosofía». El progreso sería, por tanto, un progreso alejado tanto del cristianismo como del judaísmo, y hacia un conjunto de creencias y un modo de vida más ilustrados.

Thomas Jefferson

Particularmente a medida que envejecía, Jefferson abrazaba cada vez más el Unitarismo que él creía que era la verdadera enseñanza de Jesús, y se convenció a sí mismo de que eso era lo que la historia pretendía. Y la historia, el creía, estaba de su lado. «Es demasiado tarde para que los hombres sinceros pretendan creer en los misticismos platónicos de que tres son uno y uno es tres; y sin embargo, el uno no es tres y los tres no son uno», escribió a John Adams en 1813.

Es importante destacar que el contexto de ese comentario es una discusión sobre un proyecto de ley que legalizaba la enseñanza antitrinitaria en Inglaterra. «Recuerdo haber oído decir al Dr. Priestly que si toda Inglaterra se examinara cándidamente a sí misma, y confesara, encontraría que el Unitarismo era realmente la religión de todos». De vuelta en los EE.UU., Jefferson afirmaría, gracias al disestablishment, «Confío en que no haya un joven que viva ahora en los EE.UU. que no muera siendo unitario».

En otras palabras, Jefferson creía que las verdaderas, suaves y unitarias enseñanzas de Jesús se habrían convertido en casi universales si los establecimientos y las corrupciones de sus enseñanzas no se hubieran interpuesto en su camino, un cambio que él esperaba que se produjera a medida que se eliminaran los establecimientos en Estados Unidos. En un mercado religioso libre, las buenas enseñanzas expulsarían a las malas, creando unos Estados Unidos en los que, en la práctica, todos serían unitarios. Esto abriría un mundo en el que la ciencia y la razón podrían contribuir al verdadero progreso global.

El progresismo

¿Qué significaban las ideas de Jefferson para los judíos? Podían asimilarse como estadounidenses si reconstituían el judaísmo siguiendo las líneas que algunos pensadores judíos ilustrados estaban empezando a describir. Y en cierto modo, el judaísmo reformista avanzó en esa dirección en el siglo XIX, con su rechazo de las leyes dietéticas y del sionismo y, lo que casi inevitablemente se derivó de ello, un debilitamiento del tabú contra los matrimonios mixtos.

Hoy la Reforma parece estar en el lado equivocado de la historia judía. Más del 60% de los niños judíos de la zona de Nueva York, por ejemplo, son ortodoxos. No es así como se supone que debe transcurrir la historia, según los progresistas. Entre los cristianos, se supone que el unitarismo sustituye al trinitarismo, y entre los judíos, una Reforma suave y cosmopolita (esencialmente un unitarismo judío), sustituye al judaísmo tradicional. Esta visión progresista está, en parte, detrás de la alianza que a menudo vemos hoy entre judíos y cristianos tradicionales. ¿Es esa alianza parte de un giro general o es temporal? Podría ser cualquiera de las dos cosas. Por ahora, parece ser una alianza sólida. Pero si existe un arco de la historia, sólo Dios conoce todos sus giros.

El giro progresista contra el judaísmo tradicional tiene un complemento internacional porque el judaísmo no es simplemente una religión. Es la religión de un pueblo concreto, el pueblo judío. Ser judío es formar parte de una antigua nación, o tribu, que tiene una patria particular de la que fue exiliada por los romanos. Esto también supuso un problema para la Europa ilustrada, ya que el sueño de la Ilustración era la paz universal. Incluso un pensador tan sobrio como James Madison mantenía la esperanza en ese objetivo visionario.

Moisés es culpable

En este contexto, obsérvese cómo Jefferson caracterizó a los judíos, culpando a Moisés de haber «inculcado a su pueblo el espíritu más antisocial hacia otras naciones». En otras palabras, los judíos se negaban a asimilarse; en la época de Jefferson, estaban dispersos entre las naciones. Dada su visión del judaísmo, es razonable concluir que cuando Paine dijo, en Common Sense, que «todos los europeos que se reúnen en América, o en cualquier otra parte del globo, son compatriotas» no tenía en mente a los judíos de Europa. En otras palabras, los judíos habían insistido en seguir siendo judíos durante unos cuantos miles de años, y esto era un problema para los partidarios del progreso y la emancipación universal.

El erudito Peter Onuf señala que, en la apología de Jefferson de los excesos de la Revolución Francesa, se ve la dimensión nacional en su visión del progreso: «La libertad de toda la tierra dependía del resultado de la contienda, y ¿alguna vez se ganó un premio semejante con tan poca sangre? Mis propios afectos se han visto profundamente heridos por algunos de los mártires de esta causa, pero antes de que fracasara, habría visto la mitad de la tierra desolada. Si sólo quedaran un Adán y una Eva en cada país, y fueran libres, sería mejor que como es ahora».

Un Adán y una Eva por cada país

Nótese que Jefferson habla de «un Adán y una Eva dejados en cada país», y asume que habrá países. Una pareja por país, no dos. Dos o más parejas rivales crearían precisamente el problema que preocupaba a Jefferson. Cierto sionismo estadounidense reflejaba una versión de esa idea. Los judíos pertenecen a su propio país, y no deben permanecer dispersos entre las naciones. Pero una vez que ese proyecto comenzó a convertirse en una realidad práctica, de judíos que realmente regresaban a Israel, se convirtió en un problema, ya que la tierra estaba entonces ocupada por descendientes de personas que a su vez se habían trasladado a la tierra y/o la habían invadido después de que los judíos hubieran sido exiliados.

Desde un punto de vista histórico que acepte que siempre existirán trágicas compensaciones, este problema no es ninguna sorpresa, sino uno más en una serie interminable de problemas humanos. El palimpsesto de pueblos en Israel no es inusual. Pero que un pueblo, una vez exiliado (al menos durante un tiempo), siga manteniendo que su verdadero hogar es su antiguo hogar, dificulta el progreso de quienes creen que la historia va de menos a más, ya que crea conflictos masivos y probablemente violentos.

“Colonialismo de colonos”

Y eso nos devuelve al odio progresista actual contra los judíos e Israel. La crítica actual a Israel es que representa el «colonialismo de colonos», una acusación mantenida por personas que no creen que todos los blancos deban abandonar las Américas, que debamos eliminar la herencia española que ahora es omnipresente en Sudamérica y Centroamérica, que los chinos continentales deban abandonar lo que solía llamarse Formosa o, para el caso, que los árabes deban abandonar Israel, que colonizaron hace siglos. Incluso los recientes movimientos tribales en Oriente Próximo se consideran legítimos. Parece que sólo el regreso de los judíos a nuestra patria es un problema. Que la mayoría de los residentes actuales sean descendientes de judíos y árabes que se trasladaron a la tierra después de 1800, también es irrelevante para esta narrativa que los progresistas pretenden imponer a la historia moderna.

Tanto en el aspecto nacional como en el religioso, la ideología progresista tiene muy poco espacio para que los judíos sigan siendo judíos. Que los judíos son un pueblo antiguo con el judaísmo como religión y, en cierto sentido, la Torá como su Constitución e Israel como su patria, no encaja en las cajas convencionales del análisis político y religioso. Dado que la mayoría de los actuales residentes judíos de Israel descienden de otras naciones de Oriente Próximo, no de Europa, decirles que «vuelvan a Europa» no tiene sentido. Y difícilmente pueden volver a los asentamientos de la diáspora que les echaron o, como mínimo, les trataron como ciudadanos de segunda clase.

Israel

¿Adónde pueden ir si no es a Israel? Pero eso también es inaceptable porque significa que dos pueblos tienen reivindicaciones históricas de larga data sobre el mismo pedazo de tierra, una realidad que se burla de los sueños progresistas de progreso y paz perpetua. Significa que siempre habrá conflictos políticos insuperables aquí en la Tierra.

En medio de las esperanzas de paz universal y perpetua, quizá siga siendo cierto que lo mejor que podemos hacer es minimizar la guerra reconociendo que la paz es un don que sólo puede mantenerse con dificultad, y que la justicia para uno será a veces injusticia para otro. La paz significará aceptar algunas injusticias como mejores que la guerra, y a veces los hombres, comprensiblemente, encontrarán ese intercambio inaceptable. Pero siempre habrá opciones trágicas. Como decía el Pobre Ricardo de Benjamin Franklin, «quien vive de esperanzas muere ayunando».

Desde esta perspectiva, el enfoque progresista sobre Israel es, en parte, un chivo expiatorio. No es que Israel/Palestina sea el único lugar con un conflicto extremadamente desordenado en la tierra. Pero es más fácil culpar a los judíos que reconocer que el progreso tiene límites radicales; si conflictos imposibles como el judeo-árabe en Israel no son atípicos, y nunca lo serán, el progresismo es un engaño. Es más fácil culpar a los judíos, recurriendo a menudo a viejos libelos de sangre y estereotipos de judíos codiciosos, que cuestionar la premisa central de la política progresista. Esta necesidad de que el progreso sea posible es uno de los factores que explican el auge de grupos de otro modo inexplicables como «Queers for Palestine». Se centra la atención en Israel por impedir el progreso en lugar de en el gobierno de Hamás que ejecuta a homosexuales.

Los judíos contra la ruptura radical entre pueblo y religión

Dicho esto, los judíos y el judaísmo presentan un problema distinto para la mente progresista postcristiana. Juzgado desde una perspectiva política, el cristianismo representó una ruptura radical entre pueblo y religión. Y eso es algo que los judíos, qua judíos, siempre han rechazado. En otras palabras, las enseñanzas religiosas de los judíos, a diferencia de las de los cristianos y los progresistas, representan concepciones inconmensurables del bien. Tanto cristianos como judíos buscan hacer el bien en el mundo. A veces, inevitablemente, esas ideas contrapuestas del bien entran en conflicto.

A veces parece haber múltiples arcos de la historia independientes, o aparentemente independientes. Cuando Leo Strauss dijo que los judíos «representan el problema humano», probablemente se refería en parte a este problema. Nuestra existencia continuada como pueblo distinto pone en tela de juicio la cuestión del progreso integral. Una vez introducida en la política práctica, la idea de una historia universal se convierte en un problema insuperable, a menos que, tal vez, exista realmente un progreso unificado y global que agrupe a todas las civilizaciones del mundo, y que podamos reconocerlo lo suficientemente bien como para que sirva de guía a la política. Si eso puede lograrse mediante un acto de voluntad humana, es un rechazo de Dios y de Su Providencia. Si es lo que Dios quiere de nosotros, se impone una cierta humildad en la forma en que la historia llegará hasta allí.

El papel de la idea de progreso

El gran estudioso de la Filosofía de la Ilustración, Ernst Cassirer, (asesor de tesis de Leo Strauss, según recoge la historia), señaló que para la Ilustración la teodicea se convirtió en un problema político. Clásicamente, el problema consistía en explicar cómo, a la luz de las tragedias y los males del mundo, puede haber un Dios justo que sea el Creador. En la Ilustración, se presentó un desafío cuando los pensadores trataron de explicar por qué es posible el progreso integral, dados los antecedentes históricos.

¿Qué explica, si no la naturaleza humana o la condición humana, el sangriento registro de la historia? ¿Podemos diseñar un progreso integral? ¿Debe la guerra seguir formando parte de la existencia terrenal del hombre? Para los creyentes religiosos, la llegada o el regreso de un mesías podría ser necesaria para alcanzar ese fin. Pero los filósofos no pueden abrazar esa esperanza. Creen, en cambio, en medios de progreso meramente humanos. De ahí surgió la Cuestión Judía o el Problema Judío: ¿qué hacer con los judíos a medida que Europa se emancipaba? La opinión predominante entre los ilustrados era que los judíos debían dejar de serlo en un sentido robusto del término.

La intervención divina en la Historia

Para un progresista, el arco de la historia se toma como un universal empírico, aunque sea, de hecho, una cuestión de fe. Desde la perspectiva de Dios, es muy posible que exista tal arco, pero también es probable que cualquier pretensión humana de ver un arco universal de la historia sea, de hecho, un engaño. Lo que a uno le parece «avanzar» a otro le parece opresión. De ahí que la política siga ocupando un lugar central en nuestras vidas en la Tierra, ya que buscamos lo mejor posible, dada la inevitabilidad de las opciones trágicas. El lado sobrio de la Ilustración lo reconocía; el lado milenario, mucho menos. En ese sentido, la creencia moderna en el progreso no es más que otra de las interminables creencias religiosas que tratan de sustituir al judaísmo y a otras religiones.

La mera acción humana puede mejorar algo las cosas en una época, pero eso no es progreso en el sentido robusto del término. Los progresistas odian a Israel porque los judíos representan la realidad de que el verdadero progreso global sólo es posible con la intervención divina. Puede que haya algo bueno en esa limitación, ya que también significa que las buenas obras siempre serán posibles. Siempre habrá problemas reales que abordar, más que resolver, y trabajo importante que hacer. Mientras haya judíos sobre la tierra, no habrá una solución definitiva al problema humano.

Ver también

Claves para distinguir al antisemita actual. (Antonio José Chinchetru).

Antisemitismo, un odio profundamente antiliberal. (Antonio José Chinchetru).

Marx fue precursor del antisemitismo nazi. (Antonio José Chinchetru).

Sionismo y libertarismo: ¿contradicción o afinidad?

Murray N. Rothbard, uno de los más prolíficos y originales intelectuales de la Escuela Austriaca de Economía, abordó las ideas austriacas desde la perspectiva de los derechos naturales. Si bien los aportes de Rothbard enriquecieron inconmensurablemente el edificio teórico de la Escuela Austriaca, su crítica férrea a la existencia del Estado Judío de Israel desde su perspectiva libertaria ha conducido a algunos de sus seguidores a cometer la arrogancia intelectual de categorizar a los libertarios sionistas como falsos libertarios.

Walter E. Block vs. Hans-Hermann Hoppe

Walter E. Block, discípulo de Rothbard, ha sido un defensor de la existencia del Estado de Israel desde la perspectiva del liberalismo clásico. Y en el contexto de los ataques terroristas del 7 de octubre de 2023 perpetrados por Hamás, escribió junto a Alan G. Futerman un artículo publicado en el Wall Street Journal, que se titula: “El deber moral de destruir a Hamás”. En dicho artículo, Block es enfático en justificar el derecho a la autodefensa de Israel y su derecho a la lucha por la eliminación de la organización terrorista.

A raíz de las declaraciones de Block, Hans-Hermann Hoppe, discípulo también de Rothbard y coautor con Block de algunas publicaciones, le escribe una carta abierta con el fin de distanciarse moral e intelectualmente de él. Desde su interpreación libertaria-rothbardiana, considera ilegítima la existencia del Estado Judío, así como las represalias del Ejército de Defensa de Israel al ataque terrorista del 7 de octubre de 2023. En dicha carta, Hoppe ha calificado a Block de “colectivista desquiciado arrastrado por impulsos genocidas”. Sentencia que Block no es un verdadero libertario y le ejecuta una especie de excomunión del sistema rothbardiano.

Sin pretender entrar en la profundidad de las aguas tenebrosas en las cuales este milenario y aparente irresoluble conflicto yace, expondré por qué las conclusiones de Hoppe se derivan de puntos de partida erróneos y de análisis contextuales insuficientes.

Una parábola para comprender el surgimiento del “Estado Judío”

Para seguir el análisis, antes de entrar en discusiones históricas que no llevan a ningún puerto, vamos a conceder a Hoppe la premisa de que la relación entre el pueblo judío y la Tierra de Israel es para efectos libertarios insignificante, pues sólo el individualismo metodológico podría llegar a una conclusión válida en este sentido. Asimismo, para no utilizar la palabra “judío”, pues provoca en algunas personas emociones o prejuicios, diremos que estas personas que fundaron el Estado de Israel, son “pelirrojos” y que en vez de fundar el Estado Judío, fundaron el “Estado Pelirrojo”. Ese tipo de simplificación, ya utilizada en otros contextos por Rothbard, seguramente será bienvenida por Hoppe.

Resulta que en este mundo hipotético, por siglos los pelirrojos han sido víctimas de atropellos a sus derechos humanos más fundamentales. En determinados momentos históricos se han considerado ciudadanos de segunda clase, e incluso han se han catalogado como infrahumanos. Como es de esperar, los pelirrojos han sudrifo asesinatos, expropiaciones, difamaciones, expulsiones, experimentación humana, y un sinnúmero de violaciones.

Conscientes de que sus acciones por dejar de ser pelirrojos -como teñirse el cabello, depilarse o usar peluca- no bastan para que las sociedades los integren sin prejuicios ni violencia, los pelirrojos del mundo comienzan a dialogar y buscar soluciones al “Problema Pelirrojo”. Llegan a la conclusión de que la única manera de asegurar su supervivencia y una vida digna es mediante la creación de un Hogar donde puedan, antes que nada sobrevivir como individuos, y al mismo tiempo emanciparse como nación. Nace así su sueño de establecer el “Estado Pelirrojo”.

Soñadores pelirrojos

Algunas décadas después del “Primer Congreso de Soñadores Pelirrojos”, sucede que en la región del mundo dónde más pelirrojos habitan, se desata la guerra más masiva y sangrienta jamás ocurrida. Para no defraudar a la historia, esta vez los pelirrojos serían señalados por los males del mundo. Indefensos, se enfilaron a las cámaras de gas y paredones de fusilamiento. Dos terceras partes de los pelirrojos de Europa fueron asesinados.

Los supervivientes, sin más que con sus cuerpos enfermos y desnutridos, buscaron refugio por el mundo. Algunos lograron iniciar sus vidas en destinos distantes; otros se dirigieron a un sitio donde algunos soñadores pelirrojos habían emigrado antes de la Gran Guerra. Habían colonizado tierras y creado sociedades productivas. Los pelirrojos no estuvieron exentos de conflictos con las poblaciones que también habitaban esos territorios. A pesar de las adversidades y tensiones constantes, los pelirrojos deciden proclamar el “Estado Pelirrojo” en 1948. Acto seguido, los estados circundantes lanzan una guerra para eliminar a esta nación incipiente.

‘Guerra y culpa en Oriente Medio’

Hoy día, casi ocho décadas después, los pelirrojos continúan teniendo su estado. Los conflictos no han cesado, y el mundo todavía les exige cuentas sobre el acto originario que dio pie a la creación de su capricho emancipador.

¿Era realmente necesario la creación del “Estado Pelirrojo”? Muchos pensadores que en sus posiciones económicas, sociales y políticas se encuentran en las antípodas, coinciden en señalar al “Estado Pelirrojo” de agresor, colonialista, genocida, entre otros variados calificativos. Para muchos de estos intelectuales, este pequeño estado se ha convertido en su único punto de convergencia, y a veces, a los ojos de los pelirrojos del mundo, el “Estado Pelirrojo” se ha convertido para la esfera intelectual en una especie de obsesión.

Desde intelectuales socialistas hasta libertarios pelirrojos del mundo, han llegado a defender la idea de que el “Estado Pelirrojo” debería desaparecer y que los pelirrojos del mundo deberían pasar a ser nuevamente buenos ciudadanos del mundo y vivir en paz como, según estos intelectuales, siempre lo hicieron hasta la creación del “Estado Pelirrojo” (véase, por ejemplo, War and Guilt in the Middle East, de Murray N. Rothbard, 1967).

Hoppe: sobre el Estado Judío y el conflicto árabe israelí

Según Hoppe, el punto de partida para el análisis del conflicto árabe-israelí debe ser un diagnóstico de la institución de la propiedad privada de acuerdo a la doctrina libertaria. Concluye que lo judíos contemporáneos fallan en la reivindicación de su patria en Palestina, pues sólo mediante el abandono del individualismo metodológico se puede llegar a una conclusión semejante.

Referiéndose al conflicto árabe-israelí, dice Hoppe en su carta abierta a Block: “La piedra angular de la doctrina libertaria es la idea y la institución de la propiedad privada”. No hay dudas de que la propiedad privada es una institución fundamental según la doctrina libertaria. Es además un pilar del capitalismo y una institución ubicua en las sociedades abiertas y progresistas. Llamarla, por tanto, “piedra angular” no resulta exagerado.

Lo interesante del análisis de Hoppe, es que parece dar por sentado otro de los fundamentos del credo libertario, un derecho originario, subyacente, supremo, condición sine qua non para cualquier otro derecho: el derecho a la vida.

Los derechos a la libertad, propiedad, búsqueda de la felicidad y cualquier otro, sólo aplican para individuos en vida. Siendo esto así, tiene derecho un individuo a procurar su supervivencia aun si esto implica un atropello a los derechos de propiedad de un tercero. Si para efectos dialécticos, concedemos que los pelirrojos invadieron tierras de terceros para construir una fortificación para salvar sus vidas, ¿sería ello inaceptable según el credo libertario? Si un sediento en el desierto, a punto de desfallecer roba agua de un tercero para salvar su vida, ¿amerita una condena a muerte del mundo libertario? ¿Están los derechos de propiedad por encima del derecho a la vida?

El derecho a la vida

En el caso del “problema judío”, partir de que el derecho a la vida está dado y saltar de inmediato a la institución de la propiedad privada es un error analítico monumental. Para Hoppe, en síntesis, el problema árabe-israelí se reduce a un problema de ocupación injustificada de territorios por parte de judíos europeos de ideología sionista que desplazaron a sus habitantes árabes.

En su sesgado análisis histórico – un análisis completo de este conflicto es francamente imposible por su complejidad circunstancial y extensión temporal – Hoppe invalida la relación histórica entre la Tierra de Israel y el Pueblo Judío. Según Hoppe asociar una tierra a un pueblo es un argumento colectivista, pues sólo los derechos de propiedad demostrables y en manos de individuos tienen validez desde la perspectiva libertaria.

Hoppe parece desconocer el derecho fundamental de un conjunto de individuos históricamente oprimidos a establecer un hogar en donde lograr su autodeterminación y tener la oportunidad de ejercer su derecho a la autodefensa. En el caso del pueblo judío, naturalmente su hogar es Sión; esa tierra sagrada que ha sido el punto de referencia para sus rezos, pues ahí estuvieron sus templos destruidos, el primero por los babilonios y el segundo por los romanos. Esa tierra que en cada festividad que celebran los judíos de la diáspora desde hace dos milenios se menciona en esta frase: “L’Shana Haba’ah B’Yerushalayim” (el año que viene en Jerusalem).

Hoppe sobre el sionismo

Aunque Hoppe se aferre a la idea de que el vínculo de la Tierra de Israel con el pueblo judío carece de validez desde la perspectiva rothbardiana, en el contexto real de la historia, partiendo de un pueblo perseguido y errante, desligitimar la recolonización de de Sión por parte del pueblo judío, o bien negar su derecho a asentarse y autodeterminarse en su tierra histórica, no es otra cosa que quitarle la categoría de humano al judío errante, y condenarlo nuevamente a los progromos y genocidios.

Que Hoppe considere al sionismo como fuerza ocupadora y supremacista, contradice la postura de Teodoro Herzl, padre fundador del sionismo político moderno. Para él, el sionismo “es una respuesta al antisemitismo, pero también es una forma de amor hacia nuestra cultura y nuestra historia”, que “no busca la superioridad sobre otros pueblos, sino nuestra propia autodeterminación”.

En su obra El Estado Judío, que sentó las bases ideológicas de lo que sería Israel medio siglo antes de su fundación, Herzl propone una sociedad donde “si se da el caso de que también vivan entre nosotros gentes de otra religión y de otra nacionalidad, les conferiremos protección e igualdad de derechos”.

Su diatriba en contra de Israel, en la que Hoppe acusa a Israel de cometer apartheid contra ciertos ciudadanos, no se fundamenta en elementos de la ideología sionista, y desde la realidad actual cabría preguntarse: ¿cómo se explica que ciudadanos árabes-israelíes, cristianos, drusos, beduinos, y tantos otros más, sean combatientes en el ejercito sionista y miembros de organizaciones políticas de Israel? ¿Cuál es entonces el factor que confirma ese supuesto apartheid?

Sobre la propiedad de la Tierra de Israel

Según la ética libertaria, en palabras de Hoppe:

En todos los casos de reclamaciones de propiedad en conflicto llevadas a juicio para que se dicte sentencia, la presunción es siempre favorable al poseedor actual del recurso considerado. Y la carga de la prueba en contrario recae siempre sobre el oponente del estado actual de las cosas y de las posesiones actuales. El oponente debe demostrar que, en contra de la apariencia prima facie, tiene un derecho mejor porque posee un título de propiedad más antiguo que el de su propietario actual y que, por lo tanto, su posesión es ilícita. Si y sólo si el oponente puede demostrarlo con éxito, la posesión cuestionable debe serle restituida como propiedad. Por el contrario, si el oponente no consigue demostrarlo, las cosas seguirán como están.

Hans-Hermann Hoppe. An open letter to Walter Block.

En lo referente al Estado de Israel, dice Hoppe:

En el mejor de los casos, sólo un exiguo 7 por ciento del actual territorio israelí fue adquirido o comprado regularmente por judíos antes de 1948 y, por lo tanto, podía reclamarse como propiedad judía legítima.

Hans-Hermann Hoppe. An open letter to Walter Block.

Se concluye por tanto, según la ética libertaria que las tierras de Israel le pertenecen a sus propietarios actuales y que únicamente aquellos despojados de su tierra y sus descendientes que puedan demostrar títulos de propiedad más antiguos que los de propietarios actuales de tierra, tendrían derecho a pedir compensaciones sobre sus tierras. Eso de ninguna manera significaría que el restante 93% de las tierras de Israel sean propiedad de individuos palestinos, pues antes debe demostrarse que durante Mandato Británico en Palestina esas tierras tenían propietarios genuinos de origen palestino.

¿Exigirá Hoppe que se compense a 800.000 judíos?

Como Hoppe propugna la igualdad ante la ley, debe exigir del mismo modo, que se compense a los descendientes de los más de 800 mil judíos exiliados de países árabes entre 1948 y 1952. Ellos pertenecían a comunidades mucho más antiguas que la misma existencia del Islam; sin embargo, se vieron obligados a abandonar estos países en expulsiones masivas después de la Declaración de Independencia del Estado de Israel, asentándose la mayoría en el incipiente país. Para contextualizar ese episodio, cabe mencionar que ese número de personas judías expulsadas de países árabes supera a los árabes palestinos que abandonaron o se vieron obligados a abandonar Israel en el momento de su fundación y quedaron confinados en campamentos de refugiados.

De forma similar, el profesor Hoppe debería estar abogando activamente por las compensaciones a los descendientes de los millones de judíos de Europa que fueron asesinados, expulsados y despojados de sus bienes materiales durante la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. Entre las anécdotas que el profesor Hoppe debería considerar al lamentarse sobre la existencia de Israel, está la de los casi mil judíos que lograron escapar del Holocausto en el transatlántico St. Louis y que al llegar a América no lograron desembarcar, ante la negativa de Cuba, Estados Unidos y Canadá de recibirlos. El barco regresó a Europa, donde 254 de sus pasajeros murieron asesinados en el Holocausto. Ciertamente los judíos no eran bienvenidos en casi ningún sitio. De hecho, los judíos sobrevivientes del Holocausto que ingresaron a Palestina no lo hicieron legalmente, sino que en condición de ilegales.

Un hogar para los judíos

La realidad, aunque algunos idealistas no la quieran ver, es que la existencia del “Estado Judío” da a los judíos de todas las latitudes la seguridad de tener un hogar, o un recurso de última instancia.

Israel ha sido el refugio judíos soviéticos afectados por el comunismo, de judíos etíopes afectados por guerras y rescatados mediante la Operación Moisés, de judíos expulsados de sus países en Medio Oriente y norte de África, de judíos argentinos afectados por las crisis económicas, de judíos franceses hoy día asediados por el antisemitismo, y muchos más. Esos judíos que lograron migrar a Israel conservan sus vidas y en gran medida su libertad y propiedad; y para muchos de ellos, a pesar de no haber llegado a Ancapia, Israel representa una mejoría inmensa en su bienestar.

Como se explicó, Israel fue la concreción de un sueño milenario, conseguido mediante migraciones voluntarias, sacrificio y trabajo intenso. Posiblemente no exista ningún otro caso en la historia de los estados en que la fundación de uno se haya dado de un modo tan consciente y anhelado por tantas generaciones. Quizá se podría decir que a pesar de que el Estado de Israel contemporáneo tenga los mismo defectos que cualquier estado, su surgimiento fue un orden espontáneo en el sentido austriaco.

Los ataques del terroristas del 7 de Octubre de 2023 y la respuesta israelí

El 7 de octubre de 2023, se dio en el sur de Israel la peor masacre de la historia del pueblo judío desde el Holocausto. Terroristas de la organización yihadista Hamás atacaron poblaciones civiles dejando un saldo de más de 1200 asesinados y 250 secuestrados. Lo ocurrido fue dantesco: decapitaciones, incineraciones de personas vivas, asesinatos y secuestros de bebés y ancianos, mutilaciones genitales, violaciones sexuales, por nombrar algunas de aberraciones cometidas por los terroristas.

Los terroristas festejaban sus asesinatos con llamadas a sus familiares contando sus “hazañas”, y cuando ingresaban a Gaza con los secuestrados: algunos muertos, otros moribundos y otros absolutamente perplejos, como la madre del bebé de 9 meses y el niño de 4 años que se aferraba a ellos del modo más desesperado -todos aún secuestrados o muertos-, los habitantes de Gaza festejaban la carnicería con júbilo intenso.

Ante tal situación de barbarismo, Block aseveró en su artículo que “es deber moral destruir a Hamás”, por lo que “Israel tiene derecho a hacer lo que sea necesario para desarraigar esta cultura malvada y depravada que reside junto a él”.

Conspiraciones judías

La aseveración de Block provocó el repudio de Hoppe, pues según este último, Block hacía un llamado a “la matanza indiscriminada de civiles inocentes”. Si bien Block fue ligero en su declaración sobre la necesidad de que las Fuerzas de Defensa de Israel exterminen a Hamás a toda costa, en ninguna parte del escrito de Block se propone una matanza indiscriminada o un genocidio.

Además de calificar duramente a Block, Hoppe agregó elementos conspirativos sin fundamento probado que sugerían que varios helicópteros del ejército de Israel habrían asesinado a ciudadanos israelíes. Además, que este incidente se utilizaría por Israel como un argumento para activar su imperialismo y regresar a su “supuesto tamaño bíblico original”.

Todo lo anterior parte de supuestos no demostrados. Sin embargo, lo más grave que menciona Hoppe en su carta es que el ataque de Hamás a Israel no fue “totalmente no provocado” por el liderazgo político israelí.

Ante tal aseveración no queda más que preguntarse: ¿fueron las víctimas de asesinato, secuestro y violación culpables de su destino? ¿Los jóvenes que celebraban en un festival por la paz merecían la muerte, aun suponiendo que el “liderazgo político de su país” fuera asesino? ¿Por qué Hoppe defiende al individuo gazatí, e incluso al individuo alemán de la Alemania Nazi, pero no al judío ciudadano israelí? ¿Por qué insinúa Hoppe que los ciudadanos israelíes deben pagar por los pecados de sus gobernantes? ¿Dónde quedó el individualismo metodológico de Hoppe?

Conclusión

En conclusión, parece ser que Hans-Hermann Hoppe, al igual que en su momento Murray N. Rothbard, mide al Estado de Israel con una vara distinta que con la que mide a sus enemigos. Al ser Israel un país progresista, abierto y con valores occidentales, debe compararse con un ideal libertario. Mientras que sus vecinos salvajes deben tratarse con consideración y aceptar sus pecados.

La Gaza subterránea es una red de túneles terroristas que conectan escuelas, mezquitas, hospitales y zonas residenciales con depósitos de armas. Esos túneles Se utilizaron para el ataque terrorista del 7 de octubre de 2023, y están siendo la vía para movilizar a los secuestrados, terroristas y armamentos.

La máxima autoridad de Hamás, Ismail Hainya, propone la destrucción de Israel gritando: “Palestina es desde el mar hasta el río, desde Rosh Hanikra hasta Rafah” y dice que la generación actual es “la generación del misil, el túnel y operaciones suicidas”.

Mientras Hamás se empeña en destruir a Israel por medio del terrorismo, Israel se empeña en recuperar a los secuestrados, destruir la red de túneles, y aniquilar a los mandos de Hamás y a los terroristas que participaron en la masacre.

Críticas al colectivismo bélico

Seguramente si se tratase de una guerrilla privada o un ejército de mercenarios, Hoppe aceptaría muchas de las acciones que ha emprendido el ejército de Israel; pero al tratarse del ejército de un estado, su condena es tajante.

La postura de Hoppe hace recordar la reacción de Rothbard ante la muerte del Che Guevara: ¡escribirle una elegía! Bastó para Rothbard compartir con el Che -un asesino comunista- el mismo enemigo.

¿Será que Rothbard, siendo el genio que fue, no se preguntó qué hubiese sido del mundo si las ideas del Che y de Fidel, de Marx y de Lennin, hubiesen triunfado? No se pregunta Hoppe: ¿Que sería de la Europa contemporánea si el Islam retrógrado desplazara a la cultura judeocristiana?¿Qué sería del mundo si las aspiraciones de califato de los trasnochados fundamentalistas musulmanes se hicieran realidad?

Sin menospreciar las críticas incesantes de Murray N. Rothbard y de Hans-Hermann Hoppe al colectivismo bélico; en el caso del conflicto árabe-israelí cobra cada vez más vigencia la frase atribuida a Golda Meir: “Si los árabes bajan las armas, se acaba la guerra. Si Israel baja las armas, desaparecerá Israel”.

Ver también

10 mitos sobre Murray N. Rothbard. (Adolfo Lozano).

En Navidad, Israel

A inicios de diciembre de este año, la revista británica The Economist publicó una encuesta[1] reveladora de la población estadounidense con relación al holocausto ocurrido en la Segunda Guerra Mundial. De la población joven (entre 18 y 29 años), 20% consideraba que el trágico suceso era un “mito” y 22% decía que el evento “ha sido exagerado”. Parece increíble que sólo 78 años después de uno de los mayores genocidios de la historia de la humanidad, y 75 tras la fundación del Estado de Israel, una quinta parte de la juventud norteamericana pueda pensar así.

Este tipo de opiniones no son producto de la casualidad, son el resultado de décadas de demonización hacia la única democracia de oriente medio, que, por “casualidad” es también el único estado judío en el mundo. Los últimos ejemplos de un antisemitismo cada vez más explícito los hemos visto en manifestaciones contra Israel a lo largo y ancho de occidente, y en la dificultad con la que, por ejemplo, los presidentes de algunas de las más prestigiosas universidades de Estados Unidos condenan actos abiertamente antisemitas.

El 7 de octubre

Esta realidad viene acompañada de un evento: el ataque del grupo terrorista Hamás a Israel el 7 de octubre. Una cruel arremetida contra inocentes en ciudades fronterizas a la Franja de Gaza donde resultaron muertas más de 1.100 personas, muchas de ellas quemadas, violadas y mutiladas. Esto lo sabemos porque los mismos perpetradores se encargaron de publicarlo en las redes sociales. Esto no es lo raro, lo extraño fue que el mismo día, salían voces que advertían a Israel sobre no tener una reacción exagerada ante lo sucedido. O sea, el mismo día que un país sufre el mayor ataque de su historia, ya se le advierte en que debe tener cuidado a la hora de defenderse. No vaya a ser que un país democrático asediado por un grupo terrorista se exceda.

Si bien es cierto entrar en la historia palestino-israelí es complejo y realizar una evaluación moral sobre los acontecimientos recientes será siempre polémico, hay algunas cosas ciertas. Primero, el mismo día que se funda Israel, varios países árabes le atacaron militarmente. Esa misma escalada bélica se ha dado por lo menos cuatro veces en las décadas posteriores. También en cierto que, en 2005, Israel abandonó Gaza y Hamás obtuvo el poder mediante elecciones (las únicas que han tenido). Sabemos además que la organización terrorista emplea escudos humanos al colocar sus arsenales, cuarteles militares y centros de acopio al lado de sitios como escuelas y hospitales. La organización ha sido acusada de desviar millones de dólares en ayuda humanitaria para enriquecerse, y se sabe que está apoyada por la República de Irán.

Antisemitismo

Estos son hechos, no opiniones, y aunque hay muchos otros en esta complicada historia, no se puede negar que hubo un ataque bárbaro inicial el 7 de octubre por parte de un grupo terrorista a una democracia. Esto en sí mismo debería enfurecer a cualquier liberal, a cualquier persona que defienda el derecho a la convivencia democrática en sociedad. Y, aunque muchos expresaron su rechazo en un inicio, rápidamente eso fue difuminándose, y transformándose en acusaciones contra Israel.

Es innegable que Israel, como cualquier país, puede cometer errores y hasta crímenes de guerra a la hora de defenderse, es innegable que hay una crisis humanitaria en Gaza ahora mismo, y que miles de inocentes están muriendo día tras día, víctimas de un conflicto que no causaron. Pero ello no es excluyente con la realidad de que apenas una semana después del 7 de octubre, líderes mundiales, en España la propia vicepresidenta del gobierno decía que Israel estaba causando un genocidio. ¿Pasaría esto con otro país? ¿Seríamos tan rígidos con otra democracia asediada históricamente?

Mi respuesta personal es que no. Ello, como toda opinión, es debatible. Pero hay algo que es innegable, como sociedad occidental hemos avanzado mucho. Somos más tolerantes, luchamos contra odiosas realidades como el racismo, la xenofobia o la homofobia. Entonces, ¿por qué salen tantas personas con banderas LGBT en una mano y palestinas en otra? Eso parece un poco contradictorio. Me temo que hay algo detrás. Uno de los males más sutiles que permanece en nuestras sociedades: el antisemitismo.

Navidad

Ello no quiere decir que no se le puedan reclamar cosas a Israel, o que se tenga que estar de acuerdo con sus políticas, pero sí quiere decir que hay que observar la motivación con la cual se actúa, y lo que se puede esconder detrás de una noble causa como puede ser defender a civiles palestinos.

Estamos en diciembre, uno de los meses más importantes del calendario judeocristiano. Muchas familias este año en ambos lados de la frontera palestino-israelí pasarán unas fiestas muy amargas y el conflicto no parece que vaya a remediarse pronto. Entonces, convendría reflexionar, entender quiénes son las víctimas y quiénes los perpetradores, cómo hemos llegado a que una quinta parte de la juventud de la nación más poderosa del mundo niegue uno de los mayores genocidios de la historia y, sobre todo: cómo podemos desarrollar una opinión holística, más allá de titulares amarillistas y simplones.

Yo, por mi parte, pensaré en quienes son víctimas de una organización terrorista que gobierna con puño de muerte bajo preceptos inaceptables para cualquiera que ame la libertad. Pero también, en aquella nación fundada sobre más de 6 millones de víctimas inocentes que murieron por ser judíos, y que lucha por seguir siendo libre y democrática, aunque muchos nieguen hasta su propio origen.


[1] The EconomistOne in five young Americans thinks the Holocaust is a myth

Algunas cuestiones disputadas del anarcocapitalismo (LXXXVII): sobre la guerra en Palestina

El historiador militar de la Universidad Hebrea de Jerusalen Martin van Creveld es célebre en círculos libertarios, aún sin serlo él del todo, por sus muy originales escritos sobre el ascenso y caída del estado moderno y por sus obras sobre la transformación de la guerra. Sin contar sus poco políticamente correctas obras sobre el feminismo, Sexo privilegiado, o sobre la cuestión de la igualdad. No me consta que ninguna de las grandes obras de Van Creveld esté traducida al castellano excepto su libro sobre Los abastecimientos en la guerra publicado por el Ministerio de defensa.

Martin van Creveld

La tesis principal de Martin van Creveld es que el estado nació a consecuencia de la guerra y que la transformación de la guerra lo transformará también a él hasta hacerlo desaparecer o mutar en otro tipo de forma política. Según afirma, los estados modernos están concebidos para defenderse o atacar a sus semejantes pero no están concebidos para otras formas de combate o para proteger a sus poblaciones de riesgos que no esten circunscritos a su espacio de  dominio. De la misma forma que no están bien concebidos para atender pandemias o riesgos existenciales, como el cambio climático (de serlo). tampoco se adecuarán a amenazas estas ya de corte militares que operen a otra escala o con otra forma.

Los ejemplos que ofrece el profesor Van Creveld son variados. La moderna piratería en el Índico es uno de ellos. No parece muy razonable enviar grandes buques de guerra para luchar contra piratas que se desplazan en pequeñas, pero muy veloces. El problema se solucionó en buena medida con la contratación de un par de soldados profesionales de las muchas empresas que existen al respecto, dotados de armamento automático perfectamente adaptado a este tipo de combate. Fue mucho más barato y eficaz dimensionar correctamente la fuerza defensiva a la naturaleza de la amenaza. Pero aquí se pudo comprobar la dificultad con la que los estados se enfrentan a nuevas amenazas. Y cómo tuvo que ser relevado de sus funciones por fuerzas privadas.

Las redes

Las modernas redes de terror en red sería otro excelente ejemplo de cómo evoluciona la guerra y de cómo los estados convencionales tienen dificultades para confrontarla. Redes del estilo de Al Qaeda, a pesar de que sus valores que defienden están muy anclados en el pasado, son el culmen de la modernidad organizativa en forma de guerras, como ya apuntó hace unos años John Gray en su célebre Al qaeda o lo que significa ser moderno.

Células de combatientes durmientes  en el interior del propio país, habitando en grandes ciudades ferales donde se pueden confundir con el resto de la población, coordinadas por medios telemáticos y que se activan o desactivan siguiendo instrucción de la jefatura del grupo son desafíos muy difíciles para un estado que está acostumbrado a combatir en frentes convencionales contra enemigos más o menos compactos. Los estados modernos  no pueden atacar o bombardear sus propios barrios por lo que estos activistas precisan de acciones quirúrgicas para ser neutralizados.

No sólo eso. El daño que un terrorista residente en el territorio del propio estado puede infligir es muy elevado en comparación con los costes que requieren sus atentados. Pensemos en los ataques en Francia hace unos años en los que poco más de una docena de terroristas, armados con armas ligeras de poco precio no sólo causaron más de un centenar de víctimas sino que paralizaron por unos días los transportes en todo el país, pues se cortaron autopistas y aeropuertos para poder neutralizar a los terroristas. Un atentado que costo unos miles de euros implicó costes de decenas de millones al estado y a los ciudadanos afectados.

Van Creveld: los estados no están preparados ante el terrorismo

Esto corrobora las teorías de Van Creveld según las cuales los estados modernos no están adecuados en forma y tamaño a los nuevos desafíos de seguridad. Es más, cuanto mayores son las dimensiones de un estado, en población y territorio, no sólo  el daño causado se multiplicará sino que le será más fácil a los grupos moverse y pasar desapercibidos.

Sin que pueda establecerse una ley general, el grupo atacante muy probablemente consiga más repercusión mediática y dañe más al estado atacando en Francia que en Islandia, usando iguales medios. También muy probablemente su libertad de movimiento sea mayor en el primer caso y su capacidad de detección y neutralización previa menor, pues habría que discutir donde es más fácil ocultarse si en un gran o pequeño estado y no digamos en una comunidad privada. Podrían darse pequeños estados proclives al terrorismo o incluso comunidades privadas, pero dudo que los demás tuviesen buenas relaciones con ellos o facilitasen su movimiento fuera de sus fronteras.

El atentado de Hamas

Volviendo al tema del análisis, lo cierto es que un grupo terrorista Hamas, llevó a cabo un atentado de gran crueldad y de una dimensión poco conocida en este tipo de actuaciones. No sólo el número de fallecidos es relevante sino también la forma en que se produjeron los asesinatos, que parece ser pensada para aterrorizar (fuentes de inteligencia han afirmado que los atacantes tenían instrucciones previas sobre la forma de  actuar, aunque las fuentes de Hamas lo desmienten).

Desde luego iban dotados de cámaras personales. Compartieron rápidamente el contenido de sus crímenes en las redes sociales. Se asemeja a la forma de funcionar del Daesh que guionizaba sus ejecuciones y luego las grababa haciendo alarde de grandes medios técnicos. Las llevaba a cabo usando cuchillos y con gran efusión de sangre. No buscaban aterrorizar por el número de ejecutados sino por la forma en la que lo hacían pensada para atemorizar a una población occidental que tiene aversión a la visión de sangre y a formas pretecnológicas y manuales de ejecución.

Este uso de la psicología les dió muchos réditos en cuanto a difusión de su causa. Intuyo que los terroristas de Hamas han aprendido de estas técnicas y buscaron la difusión global de sus crímenes, pensado más bien cara el exterior que hacia el interior. Recordemos que hasta hace poco este tipo de crímenes eran negados por sus autores culpando a la propaganda del enemigo y buscando confundir en cuanto al número de bajas. Recordemos el caso de Srbenica en la guerra de los Balcanes. En cambio ahora lo que se busca es exhibir la barbarie, muy probablemente como arma de guerra psicologica.

La estrategia de Hamas

A todos los efectos, como han manifestado varios especialistas en asuntos militares, se trataba de una provocación para condicionar la respuesta de Israel. Israel se involucró en una guerra de destrucción de los terroristas de Hamás en Gaza. Supongo que con la intención de romper los incipientes tratados de paz que Israel había comenzado a establcer con algunos países árabes, objetivo que los de Hamás consiguieron de momento, aunque no del todo.

Como vimos los ejércitos modernos no están bien dimensionados para el combate con estos tipos de grupos. Cuando se destruye a los terroristas, que además se camuflan en medio de la población civil, y combate en ocasiones sin uniforme y mezclándose después entre ella, tienen casi forzosamente que dañar infraestructuras civiles. También por desgracia acaban con muchos inocentes. No es ya que tengan que aguantar el dominio dictatorial de Hamas. Además, tienen que morir o resultar heridos, además de arruinados, por su culpa.

La posición de fuerza de Israel

Martin van Creveld, a pesar de son ser ni mucho menos un halcón, quiere a su pueblo. Por lo que escribe entiendo que le gustaría ver ganar la guerra a su país. Pero quiere que la gane no que se desangre en el proceso y por eso es cauto a la hora de afrontarla, pues una victoria que debilitase a su país en el proceso no sería buena para el país a medio y largo plazo.

De ahí que advierta sobre los riesgos de confrontaciones de este tipo y reclame una modulación de la respuesta. Digo victoria porque es indudable que la va a ganar. Y no sólo por la superioridad militar del ejército hebreo sobre una fuerza guerrillera, sino porque precisamente este tipo de guerra en condiciones modernas requiere del suministro constante de armamento y munición. Este suministro no puede mantenerse en una Gaza bloqueada por completo. Por lo tanto durará lo que le duren las reservas de material a los milicianos palestinos. De tener acceso a material de guerra no cabe duda de la que  el conflicto no sólo duraría mucho más sino que sería enormemente gravoso para la sociedad y la economía de Israel.

Diplomacia estadounidense

La guerra asimétrica no se trata tanto de victorias militares como de los costes en vidas y económicos que se le pueden infligir a la economía ya la moral de la población, y dado que la capacidad de sufrimiento de poblaciones occidentalizadas es mucho menor que la de sus rivales esta podría ser una de las principales causas de que las fuerzas regulares del estado israelí  no pudiera  conseguir sus objetivos últimos. De ahi que las milicias islamistas busquen abrir nuevos frentes al conflicto. Puede ser en el Líbano, en Siria, con la implicación abierta de Irán o otras ejércitos de la zona como los huthies del Yemen.

De momento parece que estas estragias no están teniendo éxito pues la diplomacia norteamericana parfece haber actuado para evitar la apertura de esos nuevos frentes y salvo que Israel cometa algún error grave de estrategia es muy improbable que se involucren de lleno en el conflicto más allá del uso de una retórica incendiaria.

El frente de la opinión pública

En el ámbito de la opinión pública tanto interna en Israel como mundial, tampoco parece que, salvo algunos países árabes y latinoamericanos que han roto relaciones, se de una internacionalización del conflicto que presione a Israel en su campaña. Recordemos que las nuevas guerras asimétricas hacen uso también de la debilidad relativa de unos de los contendientes para posicionar a la opinión pública a su favor. En este caso no se ha dado un viraje masivo, salvo repito algún error de Israel. La victoria militar de este aparece a día de hoy clara por los factores antes apuntados, pero sólo falta ver a que coste y comprobar en que medida las teorías de Van Creveld se cumplen o no.

El problema vendrá después y aunque es pronto para anticiparlo derivará con el destino futuro de la franja y de su población. Las intervenciones militares, con razón o sin ella , son intervenciones estatales y acostumbran a tener consecuencias inesperadas donde menos s elo espera. Esperemos que acabe pronto el conflicto y con la menor cantidad de sufrimiento posible.

Ver también

El día más negro de Israel. (David Goldman).

Israel, o la lucha contra la infamia. (Carlos Alberto Montaner).

El día más negro de Israel

David P. Goldman. Este artículo fue publicado originalmente en Law & Liberty.

Más de 1.000 israelíes murieron a manos de terroristas de Hamás el 7 de octubre, con diferencia el peor día de la historia de Israel, aproximadamente el triple que el día más sangriento de la Guerra de Yom Kippur de 1973. El ejército y la sociedad civil israelíes se vieron sorprendidos y respondieron con lentitud e ineficacia. El ataque de Hamás puso al descubierto profundos fallos en las capacidades tácticas de Israel, así como en su perspectiva estratégica. La existencia de Israel depende de la rápida corrección de estos fallos.

Fallo de inteligencia

El término “fallo de inteligencia” se convirtió en un cliché de la noche a la mañana. Hamás empleó ataques con drones emulando las tácticas empleadas con éxito por ambos bandos en la guerra de Ucrania durante casi dos años, destruyendo puestos de observación israelíes y al menos un carro de combate principal Merkava IV israelí lanzando granadas desde drones baratos. Israel introdujo los aviones teledirigidos en la guerra en el teatro de operaciones sirio en 1983 durante el llamado tiroteo del pavo en el valle de Beqaa, y su fracaso a la hora de adoptar contramedidas electrónicas ampliamente desplegadas en Ucrania implica una ventaja técnica fallida.

A pesar de las advertencias sobre la vulnerabilidad de la barrera de Gaza de algunos analistas de inteligencia militar israelíes, los combatientes de Hamás condujeron una excavadora a través de la valla de Gaza y cientos de asesinos de Hamás -cuyo número aún se desconoce- entraron en Israel en vehículos motorizados. Sabemos esto por los vídeos difundidos por la propia Hamás; no sabemos si la organización terrorista utilizó medidas de seguridad de las comunicaciones más sofisticadas para eludir la detección israelí.

La inteligencia de Hamás

Sin embargo, los detalles del fallo táctico de inteligencia importan menos que el autoengaño israelí. El gobierno de Netanyahu pensó que tenía todas las bases estratégicas cubiertas y que podía sobornar a Hamás para que se mantuviera al margen mientras negociaba relaciones diplomáticas con Arabia Saudí. Se adormeció en una bruma complaciente que ocultó los elementos recalcitrantes del mundo antiguo que se oponían al impulso modernizador de los Acuerdos de Abraham.

Como escribió Edward Luttwak en la revista Tablet, Hamás engañó a Israel proporcionándole información sobre los ataques con cohetes de su rival chií la Yihad Islámica. “Israel no tardó en corresponder al alto el fuego de facto de Hamás permitiendo que miles de gazatíes trabajaran en Israel: primero 17.000, luego 20.000, con la posibilidad de que fueran muchos más. Sus ingresos estaban cambiando la vida de 100.000 familiares, con la posibilidad de beneficios aún mayores. Lo que estaba ocurriendo sobre el terreno parecía abrir un camino hacia la tranquilidad para Israel y cierto grado de prosperidad para Gaza”.

El papel de Qatar

Mientras tanto, el gobierno de Netanyahu seguía animando a Qatar a financiar a Hamás. En 2020, el jefe del Mosad viajó en secreto a Doha para instar a Qatar a continuar con la financiación, que ascendió a más de 1.000 millones de dólares entre 2012 y 2020. El estado del Golfo Pérsico, el único partidario de la Hermandad Musulmana entre los Estados del Golfo, siguió enviando a Hamás 30 millones de dólares al mes, como observó Daniel Pipes el 8 de octubre en el Wall Street Journal. Qatar propone ahora mediar en un intercambio de prisioneros entre Hamás e Israel, como informó Reuters el 9 de octubre.

Qatar es un importante aliado de Estados Unidos fuera de la OTAN y el emplazamiento de su mayor base aérea extranjera en Al Udeid, que es también el cuartel general avanzado del Mando Central estadounidense (Centcom). Cuando el Centcom asumió la responsabilidad de la relación militar de Estados Unidos con Israel, en sustitución del Mando Europeo, las IDF creyeron que la inteligencia militar estadounidense les cubría las espaldas en la región. El atentado de Hamás fue también una humillación para la inteligencia estadounidense, con su insuperable capacidad de vigilancia electrónica. Hamás es, formalmente hablando, simplemente la rama palestina de los Hermanos Musulmanes, y la familia real qatarí ha sido el principal patrocinador de los Hermanos Musulmanes durante décadas.

Judíos expulsados del norte de África

Algunos medios de comunicación afirman que Irán ayudó a planear los atentados con Hamás. Irán es el principal proveedor de armas de Hamás, y los informes son creíbles. Puede que no sepamos pronto, si es que alguna vez lo sabemos, cómo se entrecruzaron y divergieron exactamente las políticas sectarias del islam radical entre el yihadismo suní encarnado en la Hermandad y el yihadismo chií patrocinado por Irán. Lo que el desastre de Gaza deja claro es que ni la inteligencia israelí ni la estadounidense comprendieron a la oposición. La Administración Biden cortejó a los iraníes con un rescate en efectivo de 6.000 millones de dólares por los rehenes estadounidenses, mientras que los qataríes financiaban a Hamás como si nada ante las narices de los militares estadounidenses.

Sobre todo, Israel malinterpretó completamente las implicaciones de las relaciones diplomáticas con Arabia Saudí para los palestinos. Ningún árabe se llamaba palestino antes de que Israel declarara su independencia en 1948. Cinco ejércitos árabes invadieron Israel con la intención de exterminar al recién nacido Estado judío. Unos 800.000 árabes huyeron o fueron expulsados del territorio judío en el transcurso de la guerra.

Poco después, unos 800.000 judíos fueron expulsados del norte de África, Irak e Irán. Los judíos de Irak y Persia, cuyos antepasados habían vivido allí desde el Primer Exilio en 586 a.C., se marcharon con lo puesto, junto con los descendientes de los judíos españoles expulsados en 1492. Israel los absorbió, y su población judía pasó de 630.000 en 1948 a 1,59 millones en 1955. Los Estados árabes se negaron a absorber a los 800.000 refugiados de la guerra de 1948 e insistieron en segregarlos como refugiados que debían regresar a Palestina tras la destrucción del Estado judío.

Palestinos

Los palestinos son el único grupo de población del mundo para el que el estatuto de refugiado es hereditario. El millón de griegos que habían vivido en Asia Menor durante 3.000 años fueron expulsados en 1922 y se convirtieron en ciudadanos de Grecia; los 3 millones de alemanes de los Sudetes que habían vivido en Bohemia durante siglos fueron expulsados en 1945 y se convirtieron en alemanes; el casi millón de judíos expulsados de países musulmanes después de 1948 se convirtieron en israelíes.

Excepcionalmente, los palestinos siguieron siendo refugiados por dispensa especial de las Naciones Unidas, con una agencia de la ONU separada para atenderlos.

Aproximadamente la mitad de los árabes que vivían en Palestina antes de la declaración del Estado judío eran emigrantes económicos que llegaron cuando los sionistas empezaron a reconstruir el país. No eran una nación, sino sólo rehenes de la negativa de los Estados árabes a aceptar la existencia de Israel. Del mismo modo, las relaciones diplomáticas entre Israel y el mundo árabe, y sobre todo con Arabia Saudí, guardián de los lugares más sagrados del Islam, eliminarían la razón de ser del estatuto de refugiado palestino. En efecto, los palestinos serían simplemente árabes sin Estado.

Los límites de la diplomacia económica

El ataque de Hamás contra Israel ha provocado una respuesta que costará muchas vidas árabes. En privado, los Emiratos Árabes Unidos (que mantiene relaciones diplomáticas con Israel) y los saudíes esperan que Israel destruya a Hamás. Los Hermanos Musulmanes son el enemigo mortal de las monarquías del Golfo, un partido totalitario moderno con credenciales islamistas que representa la mayor amenaza para el control del poder por parte de las monarquías. Públicamente, los saudíes no pueden mantener relaciones diplomáticas con Israel mientras haya árabes muriendo a manos de las FDI. Por el momento, la prórroga de los Acuerdos de Abraham está fuera de la agenda y, en ese sentido, la operación de Hamás debe considerarse un gran éxito.

Israel creyó que podía comprar a los árabes palestinos con beneficios económicos. Esto funcionó hasta cierto punto en Cisjordania. El PIB per cápita en Gaza era de sólo 3.664 dólares en 2021. Pero en las provincias cisjordanas de Judea y Samaria, donde Israel mantiene el control último, la renta per cápita era casi el doble, de 6.245 dólares. Esta cifra contrasta con los 3.019 dólares de Egipto, los 4.405 dólares de Jordania y los 4.208 dólares de Túnez.

Fuera de los países productores de petróleo, los residentes en Cisjordania son los árabes más ricos, mejor educados y más sanos del mundo, con 132.000 estudiantes universitarios. En el propio Israel, los árabes israelíes constituyen el 17% de la población estudiantil universitaria, casi la misma proporción que los árabes en la población general (21%). Pero los palestinos -como muchos otros pueblos- se niegan a ser disueltos en la sopa insípida de la modernidad.

La vulnerabilidad de Occidente

Hamás escenificó escenas de horror que no se veían en los países occidentales desde la Segunda Guerra Mundial: la exhibición del cuerpo desnudo de un turista alemán asesinado en la parte trasera de una camioneta de Gaza, el asesinato aleatorio de niños pequeños y ancianos, la violación de niñas, la profanación de cadáveres. Se trata de un instrumento de guerra deliberado, no de una mera erupción de rabia precivilizatoria.

Justo después de los atentados del 11-S, advertí de que el islam radical esgrimía un arma mortal contra Occidente que aún podría arruinarnos:

La gran vulnerabilidad de la mente occidental es el horror. Los nazis lo comprendieron y aplicaron una política de “des Schreckens” (causar horror) y “Entsetzens” (terror; literalmente, desalojo). El horror no era un mero instrumento de guerra en el sentido tradicional, sino una forma de teatro wagneriano, o guerra psicológica a gran escala. La ventaja táctica de Hitler residía en su capacidad para ser más horrible de lo que sus oponentes podían imaginar. Lo más horrible de todo es que bien podría haber triunfado de no ser por su propia propensión megalómana a extralimitarse.

Estados Unidos, como se burlaba Osama bin Laden esta semana, perdió en Vietnam. Pero no fueron los reveses militares, sino las horribles imágenes de civiles vietnamitas quemados por el napalm, lo que hizo perder la guerra. La experiencia de Estados Unidos en la guerra está consagrada en la cultura popular en la película Apocalypse Now, inspirada en el relato de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas. El funcionario de la compañía comercial belga, Paul Kurtz, se hunde en la bestialidad y muere con estas palabras: “¡El horror! El horror”. Era una película espantosa, pero una referencia inteligente. Al término de la Primera Guerra Mundial, T. S. Eliot subtituló su epitafio de la civilización occidental, Los hombres huecos, con una cita del relato de Conrad: “El Sr. Kurtz, ha muerto”.

Una decadencia militar

La actual generación de israelíes se ha vuelto blanda y complaciente. Su juventud no ha sido llamada a luchar desde que sus abuelos hicieron el servicio militar. Israel no ha librado una guerra terrestre desde el Líbano en 1982, y ningún oficial en activo de las IDF tiene experiencia de combate. El coronel (retirado) Eran Lerman observó esta semana:

Las IDF, que antaño eran un ejército bien entrenado y relativamente grande basado en sus formaciones blindadas de reserva, se han vuelto mucho más pequeñas, menos disciplinadas, menos entrenadas (ya que rara vez se llama a filas a los reservistas), mal preparadas para la guerra terrestre y las maniobras, y demasiado dependientes de los ataques aéreos, las municiones de precisión y la inteligencia altamente específica. Como resultado, había poco que pudiera compensar la falta de inteligencia el 7 de octubre.

El desorden civil que asoló Israel este año a causa de la reforma judicial también indica una debilidad en el tejido de la sociedad israelí. Esto alcanzó a las fuerzas armadas. Cientos de reservistas de las Fuerzas Aéreas declararon el pasado julio que no se presentarían a filas para protestar contra las reformas. Esta ruptura de la disciplina no tiene precedentes en un país en el que la tasa de presentación de los reservistas superaba anteriormente el 100% (algunos reservistas jubilados se presentaron aunque no estaban obligados a hacerlo). El deseo de los israelíes laicos de ser un país normal cuya actividad principal sea la búsqueda de la realización individual, en lugar de un Estado judío, contrasta terriblemente con el asesinato en masa de israelíes por el mero hecho de ser judíos.

El gran salto tecnológico de Irán

El objetivo a largo plazo de Hamás y otros yihadistas es hacer que Israel sea inhabitable para un gran número de sus ciudadanos, especialmente los jóvenes y seculares tecno-cognoscentes que podrían trabajar con la misma facilidad en Berlín, Budapest o Brooklyn. El terrorismo eleva el nivel de sacrificio necesario para mantener el Estado judío por encima del nivel de tolerancia de muchos ciudadanos israelíes. No está claro si los israelíes se unirán en torno al proyecto de un Estado judío y de qué manera lo harán.

Los analistas israelíes llevan tiempo advirtiendo de que la ventaja tecnológica del país sobre Irán se estaba esfumando. En 2015, el jefe de inteligencia militar Herzl Halevi advirtió: “Si me preguntas si tendremos una guerra con Irán en los próximos 10 años, te daré una respuesta sorprendente: Ya estamos en guerra con Irán”, dijo Halevi. “Estamos teniendo una guerra tecnológica con Irán. Nuestros ingenieros están luchando contra los ingenieros iraníes, hoy en día, y cada vez es más significativo. Hoy tenemos ventaja. Irán se está acercando”. Desde la revolución de 1979, el número de universidades y estudiantes universitarios en Irán se ha multiplicado por veinte, frente a las tres veces y media de Israel.” La supervivencia de Israel puede depender de si su industria de alta tecnología prefiere diseñar dispositivos de interferencia para drones o aplicaciones de citas para el mercado estadounidense.

Las opciones de Israel a corto plazo son limitadas

Para desarraigar a Hamás de Gaza sería necesaria una incursión terrestre con un alto coste. No está claro hasta qué punto prevalecerá la ventaja tecnológica histórica de Israel. La guerra de Ucrania ha producido numerosas innovaciones en la guerra antitanque, incluido el uso de drones para destruir tanques. Hamás difundió un vídeo de un dron inutilizando un carro de combate principal israelí con una granada de la década de 1980. Rusia ha desarrollado eficaces herramientas de interferencia para inutilizar drones. Se desconoce si Israel dispone de una tecnología similar. La capacidad de Israel para organizar una operación terrestre en Gaza depende de factores sobre los que no se dispone de información. Los ataques aéreos son ineficaces contra un enemigo que ha tenido dieciséis años para construir túneles profundos.

Israel teme con razón una guerra en dos frentes, a saber, con Hamás en el sur y con Hezbolá en el norte. Hezbolá tiene entre 40.000 y 150.000 misiles, incluidos algunos sofisticados misiles maniobrables que la defensa antiaérea israelí Cúpula de Hierro no puede contrarrestar. Los misiles están en gran medida emplazados en poblaciones civiles. Para derrotar una andanada de misiles de Hezbolá, Israel tendría que atacar lanzaderas en zonas civiles densamente pobladas, con muchos miles de civiles muertos. Hezbolá es tanto una milicia local libanesa como un instrumento de la política iraní. Probablemente no lanzará un ataque contra Israel a menos que Israel ataque a Irán, lo que da a Israel una muy buena razón para dejar a Irán fuera de la guerra en un futuro previsible.

La leve capa de la modernidad

Por el momento, Israel mantendrá Gaza sitiada. Tiene un periodo de gracia debido a la repulsa del mundo hacia Hamás, pero esto no durará para siempre. A medida que en las próximas semanas circulen imágenes de gazatíes hambrientos, el sentimiento mundial volverá a volverse contra los israelíes. Si Israel no puede asestar un golpe mortal a Hamás sobre el terreno durante las próximas semanas, su posición estratégica quedará debilitada de forma permanente.

Los terribles sucesos de los últimos días dejan claro que los impulsos existenciales del mundo antiguo no pueden borrarse con la brocha suave de la modernidad, algo que ya aprendieron los serbios de Kosovo, los armenios de Nagorno-Karabaj y los ucranianos de Donetsk, Luhansk y Kherson. El siglo XX resolvió sus guerras étnicas mediante traslados de población, algunos ordenados, otros horribles. El conflicto árabe-israelí debería haberse resuelto a finales de la década de 1940 con una transferencia de poblaciones aproximadamente iguales. Los Estados árabes abortaron la transferencia encarcelando a 800.000 palestinos como refugiados permanentes e incubaron un monstruo.

Los dos Estados no son la solución

No habrá una solución de dos Estados en Israel; después de que Hamás indujera a los israelíes a la complacencia y luego cometiera actos horribles que recuerdan al Holocausto, Israel no tolerará, ni debería tolerar, la creación de un Estado palestino. De un modo u otro, el intercambio de población de 1948 se completará en algún momento de los próximos años. O bien Israel destruirá a Hamás y la población de Gaza disminuirá con el tiempo debido a la emigración, o bien un gran número de israelíes considerarán que el coste de una política judía es demasiado elevado y se marcharán a Europa o Estados Unidos. Esto puede parecer cruel, pero si los acontecimientos de los últimos días nos han enseñado algo, es que los monstruos del mundo antiguo todavía caminan a la luz del día, y no serán desterrados por las anodinas declaraciones de los diplomáticos.

Ver también

Israel es culpable. (Ramón Audet).

Israel, o la lucha contra la infamia. (Carlos Alberto Montaner).

Jerusalén, capital eterna del pueblo judío. (José Carlos Rodríguez).

Israel es culpable

Hablar sin tapujos de este pequeño país situado en la costa Levantina significa meterse en uno de los jardines más laberínticos que puedan imaginarse, y es que, Israel polariza, y mucho. El título incendiario que he escogido ha sido por acordarme de las palabras vociferadas por la joven neonazi, o musa falangista, como la llamó El Español, Isabel Peralta a principios del año pasado. ¿Y qué tendrá que ver el antisemitismo campante y rampante de una joven desnortada pregonando el vetusto libelo de los Sabios de Sion con el tema que nos atañe?1 Su casposo antisemitismo es compartido por sus homólogos en el otro espectro político.

Como he mencionado, este reducido país2 rodeado de una constelación de enemigos es sobre el que recaen las críticas más duras de toda la intelligentsia occidental y buena parte del mainstream ideológico actual3. Quien diría que en una zona donde imperan los emires4, los alatoyás (como la teocracia chií de Irán) o monarquías autoritarias de corte wahabita (como la sunita Arabia Saudita), entre otras formas de gobiernos totalitarios, el blanco de todas las críticas iba a ser hacia la única democracia parlamentaria de carácter liberal. Este pequeño refugio para el pueblo más perseguido de la historia de la humanidad, se ha convertido en la Caja de Pandora de todo lo que ocurre en la región.

Cada vez que hay tensiones políticas, territoriales o religiosas, la maraña de intelectuales que circundan por las facultades y medios de comunicación, no dudan un instante en dictaminar quién es el culpable. Cuando se menciona el “conflicto en Medio Oriente” suele venir a la mente la cuestión israelí-palestina, como si en una zona donde la correlación de fuerzas se dirime por la violencia y la coerción, fuere el único conflicto que ha habido y que hay. Se pasa por alto la guerra civil en Yemen y la confrontación con Arabia Saudita, la guerra civil en Siria que dura desde hace 11 años, u otros históricos como las tensiones del septiembre negro en Jordania (1970), la guerra del Dhofar (1962-1975) en Omán, la situación del pueblo kurdo (localizado entre Turquía, Irán e Irak mayoritariamente), o los catorce siglos de animadversión entre las dos ramas principales del islam (a la que también habría que añadir el jariyismo). Además, a esto hay que sumarle el resurgimiento del Daesh (2014) y todos los grupos terroristas que han aparecido en estos países. Por supuesto que, algunos de ellos, alimentados por la nefasta política exterior que Estados Unidos ha tenido siempre a causa de la rivalidad bipolar con la URSS durante la Guerra Fría, y posteriormente.

Sea como fuere, Israel es el culpable. Da igual que ya desde su independencia, en mayo del 1948, Egipto, Siria, Transjordania, Líbano, el Reino Hachemita de Irak, Arabia Saudita, el Reino de Yemen y la Liga Árabe le declarasen la guerra. A una gente que, vale la pena recordarlo, provenía en muchos casos de los campos de exterminio nazis y que, sin comerlo ni beberlo, tuvieron que enfrentarse a estados y ejércitos muy superiores numérica y armamentísticamente. Todo ello por el restablecimiento del estado judío en el sitio donde estos llevaban habitando, de forma ininterrumpida, desde hacía más de 3 milenios, a pesar de las numerosas guerras y expulsiones ocurridas en la región. Una de las más señaladas fue la I guerra judeo-romana que tuvo lugar en Judea, también conocido como West Bank (1950), y que finalizaron con la entrada de las legiones romanas de Tito y la destrucción de Jerusalén, su capital eterna, lo que conllevó una masiva expulsión judía. Sin embargo, aún quedaron judíos en la región renombrada por Tito bajo el neolatinismo Palaestina.

Delante de todas estas vicisitudes, el retorno de los judíos en masa a su tierra ancestral vino con una respuesta inmediata de repulsa por parte de sus vecinos. El día después de declararse su independencia, uno de sus líderes, Ben-Gurion, sabía que no estaban para celebraciones y que les tocaría defenderse de fuerzas muy superiores a ellos. El 15 de mayo los aviones egipcios surcaban el cielo del nuevo estado y se iniciaba un conato de invasión y bombardeo de Tel Aviv. Se estima que Israel perdió al 1% de su población en dicha guerra, unos 6.000 habitantes (el 6% de su población entre 17-20 años pereció) (Stein, 2009, pág. 66).

Las derrotas del ejército israelí a los ejércitos árabes, en la mayoría de los casos, han sido humillantes, ya desde 1948, pero también en el 1967 con la célebre Guerra de los Seis Días. No es menos cierto que en muchos casos, después de las experiencias y la destacada imposibilidad de hallar paz en dicho conflicto, Israel se ha defendido preventivamente. A mi juicio, el gran problema en la región es de reconocimiento; jamás han aceptado la presencia de dicho estado, cosa que Israel sí hizo y, esto intrínsecamente, significaba la creación de un estado árabe (Resolución 181 de 1947). La situación se fue agravando y ese nulo reconocimiento se hizo más explícito, si cabe, con la Resolución de Jartum (1967), la cual, en su artículo tercero, incluía los célebres “tres no”: no a la paz con Israel, no al reconocimiento de Israel, no a las negociaciones con Israel.

Luego, no importa lo que suceda, tampoco que la Franja de Gaza esté gobernada por un grupo terrorista5 que oprime sistemáticamente a su población y que practica el democidio6, tampoco que Israel se haya mostrado abierto a ceder territorios para lograr la paz (cosa que ha hecho en varias ocasiones), ni que en los países enemigos las mujeres sean meros objetos de sus maridos, que en muchos casos impere la Sharía, y que, para más inri, en una sociedad occidental en donde buena parte de la izquierda arguye y repite ad nauseam que la mujer está sometida por el hombre, se dediquen a atacar y desprestigiar a un país que ya en 1969 tuvo una mujer como primer ministro, Golda Meir (nunca recordada por dichos sectores) y que sin duda, es un ejemplo de tolerancia cívica, religiosa, política, económica y humana.

Los datos no mienten, un 21.1% de su población es árabe (la cual tiene representación en la Knesset), en 2008 un 44.06% de los habitantes habían nacido en Israel, un 26.6% en Europa y la antigua URSS, casi un 15% en África, más de un 10% Asia, y casi un 5% Oceanía7. Además de estas procedencias heterogéneas, los palestinos deben ser la única población en todo el mundo que puede apelar a la Corte Suprema de otro país en caso de necesitarlo, esto sería como si los sirios se pudieran acoger a la corte suprema del Líbano durante la guerra civil. Y a todo lo mencionado es a lo que algunos tildan de país “racista” o incluso, de Apartheid (este argumento lo han repetido hasta la saciedad autores como Ilan Pappé o activistas de primer nivel como Noam Chomsky, el cual, de joven, había estado incluso en los Kibutz israelíes). Más allá de eso, estamos hablando de una zona que tiene ínfimos recursos naturales y que cuando empezaron las Aliot coordinadas (del verbo hebreo subir o ascender, es decir, el retorno judío a su tierra, iniciadas en 1881) era un páramo desértico sin rastro de agua8, y a día de hoy han conseguido que sobre.

Un país líder en Start Ups, de ahí que se le conozca como la Start-up Nation (término popularizado por Dan Senor y Saul Singer), con un mercado interior muy reducido, con un bloqueo sistemático de sus vecinos, con amenazas de bomba constantes, con grupos terroristas asolando sus fronteras como Hezbollah, con una mala prensa que blanquea a las dictaduras de Medio Oriente, con todo esto y mucho más, Israel es un milagro hecho realidad. No solo en términos físicos, sino culturales, el empeño encomiable de supervivencia de dicho pueblo los llevó a recuperar una lengua prácticamente muerta como era el hebreo.

Así pues, sin ánimo de alargarme mucho más, hay una izquierda que vocifera que Israel es culpable, pero que ellos no odian a los judíos a diferencia de la extrema derecha, sino que odian el sionismo9. Dicho concepto es poliédrico y tiene muchas acepciones, eligen escoger la que les interesa: sionismo como sinónimo de racismo. Se parapetan en la Resolución 3379 – no vinculante- de la ONU de 1975, donde se manifestó que se trataba de racismo y, para más inri, se equiparó al régimen sudafricano (casualidades de la vida, cuando se realizaron las votaciones, Sudáfrica se encontraba ausente en el hemiciclo). Todo ello con el aplauso de grandes democracias como: Afganistán, Arabia Saudí, Argelia, Baréin, Catar, Cuba, la URSS, Egipto, entre otras. Finalmente, en 1991, la Resolución 4686, aprobada por 111 miembros, revocaba aquella malintencionada pretensión que buscaba atacar deliberadamente a Israel.

Lo más curioso de todas estas difamaciones es que, en buena medida, no solo provienen del mundo árabe, sino que es una lacra heredada de la Guerra Fría, y especialmente, de la URSS. Esta tuvo un papel decisivo en la creación del estado de Israel, de ahí que el periodista ruso, Leonid Mlečin, pusiera de título para su libro “Por qué Stalin creó Israel”. Esto cambió ya a principios de los 50s y empezó una propaganda acérrima contra el sionismo tachándolo de burgués. Cientos de miles de medios de comunicación soviéticos representaron a los judíos como conspiradores mundiales buscando imponer su dominio global (solo 20 años antes, un tal Adolf Hitler vociferaba lo mismo, pero, los extremos no se tocan, eso lo dicen los cuñados); “Hundreds of articles, in magazines and newspapers all over the Soviet Union, portrayed Zionists (i.e. Jews) and Israeli leaders as engaged in a world-wide conspiracy, along the lines of the old Protocols of Zion” (Johnson, 1988, pág. 575).

El hecho que haya calado tan hondo en el imaginario colectivo que el sionismo es racismo y no un movimiento político que buscaba la creación de un estado para el pueblo judío a finales del s.XIX, es decir, en un contexto de auge de los nacionalismos y de antisemitismo acuciante en Europa, constituye un buen ejemplo de neolengua. Como postuló Goronwy Rees, la asociación internacional del sionismo con el racismo hubiera sido aplaudida con entusiasmo en los mítines nacionalsocialistas en Nuremberg durante los años 30s10.

Así pues, substituyamos “Israel es el culpable” por “el judío es el culpable”, como vemos, el sujeto cambia, pero el trasfondo es el mismo. De los 195 estados que hay en el mundo, resulta que, el más polémico y el que más molesta es el único que es judío. Eso no quiere decir que en las IDF se hayan cometido excesos deplorables, que en una guerra haya habido crímenes, que haya individuos que sobrepasen cualquier código moral (muchos de ellos juzgados en los tribunales israelíes) y que, en definitiva, sea agradable una situación de tensión permanente. Aun así, hay que tener en cuenta que la mayoría de imágenes que nos llegan del conflicto son precisamente de la Franja de Gaza, de la cual, no sale ninguna información sin la autorización del grupo terrorista que la gobierna manu militari. Son doctos en la creación de contenidos audiovisuales y ya se encargan muchos de sus estólidos en darle difusión en occidente, estoy pensando en Mehdi Hasan que, desde Al Jazeera, es decir, de un canal fundado en Catar y financiado por el gobierno catarí, se dedica a predicar sobre la falta de derechos humanos de los palestinos. Ver para creer.

Finalmente, el mito del palestino lanzando piedras hacia tanques israelíes (la propaganda soviética se encargó de popularizarlo11), es precisamente una forma de apelar a los sentimientos occidentales. Si la tónica dominante hubiera sido la de lanzar piedras, no hubiera hecho falta el desarrollo de la Cúpula de Hierro. Si lanzaran piedras y no se inmolaran indiscriminadamente contra población civil, tampoco harían falta los check-points ni los muros de contención (según Claudio Vercelli, estos han reducido en un 90% los atentados terroristas y los actos de violencia12), si Hamas no colocara sus bases de operaciones en hospitales, colegios, residencias o incluso guarderías, se evitarían muchas muertes de inocentes, como también lo haría el hecho de usar los recursos internacionales para cuidar a su población y no para lanzar cohetes a ciudades israelíes y excavar túneles con los que poder atacar al país vecino. Llegados a este punto hay que remarcar que no todo el que critica a Israel es antisemita, pero todo antisemita ataca a Israel.

Bibliografía

Beller, S. (2007). Antisemitism: A Very Short Introduction. Oxford: Oxford University Press.

Johnson, P. (1988). A History of the Jews. New York: Harper & Row .

Korey, W. (1995). Russian Antisemitism, Pamyat, and the Demonology of Zionism. New York: Routledge.

Pla, J. (2002). Israel, 1957. Barcelona: Destino.

Stein, L. (2009). The making of Modern Israel, 1948-1967. Cambridge: Polity Press.

Twain, M. (2007). The innocents abroad. New York: The modern library.

Vercelli, C. (2020). Storia del conflitto israelo-palestinese. Urbino: Editori Laterza.

1 Los protocolos de los sabios de Sion se publicaron en 1902 y buscaban justificar los pogromos recurrentes que se producían en la Rusia Zarista. Este texto sirvió de inspiración al propio Hitler, el cual, en su libro insignia, no solo los citó, sino que en buena medida muchas de sus premisas estaban en consonancia con los mismos. Uno de los postulados del Protocolo era que los judíos iban a usar el capitalismo y el socialismo para enfrentar al mundo y conquistarlo. Antes de la I Guerra Mundial, el libelo sólo estaba enfocado hacia una audiencia rusa, especialmente por el idioma, pero eso no fue problema para Occidente y la Europa Central a la hora de desarrollar sus propios alegatos antisemitas, por ejemplo, el célebre “Victory of Jewry over Germandom” (1879) de Wilhelm Marr, también tenía la misma pretensión de propagar la idea que vivían bajo una conspiración internacional judía (Beller, 2007, págs. 72-73).

2 De 20.770 km2, es el centésimo cuadragésimo noveno estado en superficie de 195.

3 Esto no quiere decir que por las dimensiones de un país no pueda ser criticado por sus acciones.

4 Arabia Saudita, Baréin, Catar, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Irán, Jordania, Kuwait, Líbano, Omán, Siria, Yemen, Turquía y Chipre. El concepto de Oriente Medio es confuso, por ende, hay países como Chipre que podrían estar fuera.

5 Y no es que lo diga yo, o Israel, o Estados Unidos, sino que la Unión Europea lo califica de ese modo. Es decir, no se trata de una burda etiqueta, por el contrario, es la definición exacta de lo que es Hamas. El problema, a mi juicio, es que occidente rara vez tiene en cuenta este hecho. Cuando Israel responde a los ataques de dicha organización, muchos se horrorizan. La vara de medir es exigirle a Israel un trato a sus vecinos como si de un estado europeo se tratara (en el sentido físico y geográfico), es decir, un país que lidiase con democracias como: Luxemburgo, Italia, Francia o Portugal, y no con quien realmente debe lidiar: Hamas, Hezbollah, Daesh, Irán, etc. Como no puede ser de otra forma, cuando hay abusos y crímenes injustificados por parte de las IDF, no solo son condenados por la mayoría de la población israelí, sino que existen procesos legales para poner coto a esos actos que ruborizan a cualquier ser humano.

6 Término desarrollado por R.J. Rummel, el cual se refiere a los asesinatos gubernamentales de opositores políticos y otros crimines de este estilo, siempre intencionados.

7 Datos extraídos del gobierno. Israel in Figures Selected Data From the Statistical Abstract of Israel: https://www.cbs.gov.il/he/publications/DocLib/isr_in_n/sr_in_n21e.pdf

8 En 1869, el escritor norteamericano, Mark Twain describió la zona de Palestina de la siguiente manera; “the further we went the hotter the sun got, and the more rocky and bare, repulsive and dreary the landscape became […]. There was hardly a tree or a shrub any where […], a worthless soil, had almost deserted the country” (Twain 2007, 731-732). Otro tanto sucede con el ilustre periodista palafrugellense, Josep Pla, quien a mitad de los años 50 del siglo pasado se preguntaba lo siguiente, “¿Cómo es posible que puedan vivir dos millones de hombres y mujeres en un espacio de tierra que durante dos mil años -y más- ha sido un desierto? (Pla 2002, 22).

9 Una cuestión que podría incurrir en contradicciones de todo tipo, puesto que es paradójico odiar el derecho del pueblo judío al autogobierno.

10 “There were ghosts haunting the Third Committee that day; the ghosts of Hitler and Goebbels and Julius Streicher, grinning with delight, to hear not only Israel, but Jews as such denounced in language which would have provoked hysterical applause at any Nuremberg rally” (Korey, 1995, pág. 31).

11 Véase, por ejemplo, el cartel de la PLO en el decimotercero World Festival of Youth and Students de julio de 1989 celebrado en Pyongyang, y diseñado por Emad Abdel Wahhab.

12 “L’intento dichiarato era quello de impedire l’ingresso di terroristi nello Stato ebraico, obiettivo raggiunto con una secca riduzione del 90% degli atti di violenza (Vercelli, 2020, pág. 205).

En busca de un titular

La descripción periodística objetiva de un hecho es imposible. Incluso cuando quien la realiza cree actuar desinteresada ydesapasionadamente (segunda la segunda acepción que de “objetivo, objetiva” da la RAE), esa descripción nunca es “independiente de la propia manera de pensar o de sentir” (primera acepción de la RAE), y está siempre condicionada, lo queramos o no, por la forma de ser, de pensar, de vivir y de entender el mundo de quien la realiza. Si ni siquiera es del todo objetiva una fotografía, que siempre recoge una muestra, por definición parcial, y dependiente del fotógrafo, de la realidad que pretende captar, qué no ocurrirá cuando para elaborar una crónica el periodista tiene primero que captar todo lo que pueda de esa realidad dinámica y, por definición, inasible en su totalidad (primer filtro), comprenderla y asimilarla a través de los conceptos y forma pensar propios (segundo gran filtro), y transmitirla a través de palabras, polisémicas y nunca biunívocas (tercer gran filtro). Así, cuanto más escueta esla crónica, más se simplifica esa realidad, y más patente quedan los prejuicios de su autor. En el titular de la noticia se llega al extremo.

En los últimos días estamos asistiendo a lo que parece una forma casi unánime de describir lo que está ocurriendo en Israel. Las crónicas -no digamos ya los titulares- de la práctica totalidad de los periódicos de nuestro país tienen el mismo enfoque: todos destacan el poder y la fuerza, aparentemente incontrolados e incontrolables, de Israel, el dolor y la muerte que está ocasionando en los palestinos, la debilidad e indefensión de éstos últimos, las decenas de niños y de mujeres palestinas fallecidas… en definitiva, la injusticia y la inmoralidad de la respuestajudía frente a los ataques.

No deja de llamar la atención esa forma coincidente, uniforme y sencilla de entender y describir unos hechos tremendamente complejos, que hunden sus raíces en circunstancias históricas, religiosas, políticas,ideológicas e incluso económicas profundos y difíciles de entender que deberían dar lugar a una gran diversidad de opiniones que no existen; asombra una crítica tan unánime y radical a la forma de actuar de un país democrático en el que rige el estado de derecho y en el que se respetan los derechos individuales y la libertad religiosa y de culto; un país que creció sobre los despojos del Imperio Otomano -no es el único-, tras una decisión de la ONU y apoyándose, al menos en parte, en los kibutz, el ensayo real más parecido que conozco al Walden Dos de Skinner, que tan caro debería ser para la izquierda; en el que, frente al lanzamiento indiscriminado de cohetes desde Gaza, se responde con intervenciones quirúrgicas que tratan de atacar exclusivamente a la infraestructura terrorista y a sus impulsores, aunque pueda ser más lento, menos efectivo y más arriesgado. Nadie parece necesitar explicar -quizás porque todos consideran igual de “irrelevante”- cuál es el origen del dinero con el que los palestinos han comprado todas esas armas a pesar de la situación en la que se encuentra su población; ni el porqué del ataque palestino; ni la forma en la que los terroristas palestinos esconden su infraestructura tras hospitales, colegios o edificios civiles; ni el uso que otros países hacen de la “reivindicación palestina”, y mucho menos de sus fines; ni la forma en que esa reivindicación ha evolucionado desde 1948, y especialmente desde 1964, y quiénes han sido sus impulsores y sostenedores y por qué…

Tiendo a pensar que hay una razón poderosa que explica esa casi unanimidad al enfocar la cuestión palestina. Pero de las ocho o diez que se me ocurren, ninguna me parece suficiente por sí sola, ni siquiera destacable sin todas las demás; quizás por eso me veoincapaz de resumirlas en un par de páginas, y mucho menos de ponerle título al comentario.Aún así, mis prejuicios me impiden pasar página y me obligan a seguir buscando esa causa principal y con mayúsculas, que condiciona la forma de pensar de tanta gente,a izquierdas y derechas, en idéntica dirección… seguramente para nada. Eso sí, que no me digan que esa unanimidad es prueba de objetividad, ni en este ni en ningún otro asunto: la objetividad es metafísicamente imposible en el ser humano, lo queramos o no.