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Etiqueta: Izquierda

El gran problema de la derecha: salir del armario

Como cada mes, cuando me pongo a pensar sobre qué escribir en el IJM, los temas variopintos que se me ocurren están muy ligados a la actualidad política. Hoy he estado rumiando sobre los dislates que propugnaba en Twitter una ilustre diputada de ERC en el Congreso de los Diputados, Marta Rosique[1]. En este caso, abogaba por seguir asfixiando a los catalanes mediante el infame impuesto de sucesiones, siempre, claro está, so pretexto de atacar a los “ricos”, entre los cuales, una servidora debería incluirse, puesto que su salario anual es de 86.024,96€, con cero días cotizados. Creo que este tema, el impuesto de sucesiones, bien merece un artículo aparte.

Aun así, quien más hincapié está haciendo para volver a ser el foco de atención es Pablo Iglesias y su cruzada contra el ala “Yolandista” de la izquierda patria. Con las perífrasis a las cuales nos tiene acostumbrados, el brillante politólogo se ha lanzado a la contienda contra La Sexta, cadena que dio cobertura mediática a Podemos desde el momento de su creación y que, en buena medida, fue el pábulo con el que mantuvieron su discurso anquilosado en viejos dogmas del pasado. No obstante, la izquierda decumbente sigue teniendo una hegemonía cultural digna de ser estudiada e imitada. Y es precisamente en este punto donde quiero poner el acento ¡Démosle la vuelta a Gramsci!

Vamos a partir del esquema clásico de “izquierda” y “derecha” respecto a los partidos políticos que hoy tenemos en el Congreso, quizás el Gráfico de Nolan, Pournelle o la Brújula política sean más específicos a la hora de matizar sobre las posturas políticas, pero en aras de la simplificación vamos a obviar las corrientes heterogéneas y contradictorias que convergen en el seno de estas categorías. Para mí, no suele haber mucha discusión sobre dónde situar a conservadores y liberales, aunque estos últimos somos más difíciles de colocar, si bien es cierto, en el ámbito hispano no hay mucho que objetar. Digamos que ambas familias de pensamiento se encuadran dentro de la derecha – esto sin duda podrá suscitar las críticas de los conservadores, tradicionalistas, etc –, y empecemos a analizar cuál es el problema del ala liberal de la derecha. También sé que muchos liberales van a empecinarse en argüir que todos los partidos son, como mínimo, socialdemócratas, cosa que comparto, pero eso invalidaría este artículo, el cual no pretende ser de brocha fina, sino todo lo contrario.

La derecha, a grandes rasgos, suele ser más pragmática que la izquierda en términos económicos. Escuchando recientemente una conferencia de Agustín Laje, el filósofo argentino postulaba una metáfora que me pareció excelente para ilustrar lo mismo que aquí sostengo, y es que, la derecha se ha conformado con “las cuentas” y ha dejado de lado “los cuentos”. Cualquiera podría pensar que, mediante una buena gestión económica sería suficiente para gobernar ad infinitum o al menos tener hegemonía política durante muchos años. Abro paréntesis, en España, grosso modo, es difícil dirimir si PP o PSOE han aplicado algún conato de política liberal. Estoy pensando en el ministro de economía socialista, Miquel Boyer, o en la eliminación del impuesto patrimonial por parte del gobierno Zapatero. También cabe destacar que cuando ha gobernado el PP, la tendencia ha sido hacia la creación de empleo y reducción del déficit público[2].

Realmente, no ha habido en este país una mejora sustancial de los indicadores macroeconómicos cuando han gobernado unos u otros, ergo, la idea que la derecha gestiona mejor, también podría ponerse en duda. Ahora bien, aceptemos la premisa que el sector diestro del espectro político es realmente virtuoso en hacer próspera a una nación, ¿sería suficiente para garantizar su puesto de poder? Desde luego que no.

Daniel Bell, en su obra magna[3], explica que no es acertado analizar la sociedad de forma holística (de forma unificada) como ciertas familias de pensamiento habían hecho, especialmente el marxismo, el funcionalismo, etc. Sino que, hay tres formas axiales que constituyen la sociedad: la estructura tecnoeconómica (basada en la racionalidad funcional), el orden político (pacto social, uso legítimo de la violencia, etc) y la cultura (ámbito de las formas simbólicas basada en el “Yo”). Entre estas tres existen relaciones tensas, y a mi juicio, una puede imponerse por encima de las demás.

La cultura es la más nociva de las tres patas de la ecuación, puesto que su hegemonía es sibilina y no suele hacerse evidente para el gran público. Los dogmas de las izquierdas y derechas pueden instaurarse paulatinamente en la cosmovisión mayoritaria sin apenas ser perceptible. En la actualidad, el paradigma de pensamiento, en Occidente, está decantado hacia la izquierda. El ejemplo más claro concierne a cuestiones como: la mala prensa que tiene el capitalismo, la aceptación del aborto como “un derecho”, el ecologismo – una forma más de estatismo y colectivismo – como nueva religión política, el feminismo como igualdad entre sexos, el choque de civilizaciones/religiones contrarias a los valores occidentales, entre otros.

Y la pregunta es: ¿cómo ha cambiado el arquetipo? Según Taleb, en su libro “The skin in the game” (2017), explica que suele ocurrir que una minoría, muy estridente, se impone a una mayoría que simplemente no incurre en cuestiones políticas, ya sea por desidia, falta de cultura o una racionalidad excepcional, puesto que, el coste de oportunidad que pagamos los que nos dedicamos a estas cuestiones es muy elevado. Sea como fuere, la batalla de las ideas ha sido dejada en manos de una élite intelectual que vive en su torre de marfil y que pregona ideas que calan en la sociedad, lo que el sociólogo Alvin Gouldner llamó “self-barricaded intellectual ghettos” (Couldner, 1962, pág. 205). Esto no es nuevo, y es que, los intelectuales han tenido, da che mondo è mondo¸ una tendencia muy marcada hacia posiciones colectivistas.

Para más inri, a la derecha no suele preocuparle en exceso esta pérdida de terreno[4]. Tanto es así que vale la pena acercarse de vez en cuando a una facultad de ciencias políticas, sociología, historia, antropología, literatura, filosofía, psicología, educación, economía (aunque en esta, la tendencia está más equilibrada), para darse cuenta del excelso predominio de las izquierdas. Hablando recientemente con un amigo, de mi misma cuerda ideológica, me comentaba que, ¡cómo se me había ocurrido estudiar historia! Básicamente por las ínfimas salidas laborales. A pesar de que, como bien sabemos, un gigante del pensamiento liberal, Mises, quería ser historiador antes que economista, pero dedujo que para entender la historia primero había que comprender la economía.

Este planteamiento utilitarista es, en términos economicistas, excelente. Ahora bien, con mi experiencia dentro de la historiografía, puedo aseverar que es un terreno plagado por activistas sociales, comunistas, marxistas, y corrientes posmodernas de todo tipo. En mis cuatro años de carrera, nunca tuve un profesor liberal-conservador, pero en cambio, sí que tuve a profesores comunistas e incluso, estalinistas. Esto, per se, podría constituir una falacia de evidencia anecdótica, pero no lo es en absoluto si uno repasa los principales intelectuales de este sector o de muchos otros relacionados con las ciencias humanas y sociales. Los historiadores[5] de cabecera siguen siendo: Hobsbawm, Thompson, los hermanos Anderson, Hill, Fontana, Carr, etc. Todos ellos de un fuerte cuño marxista. Eso no quiere decir que no sean gigantes del campo y merezcan ser leídos con detenimiento y admiración. El gran problema es que no tenemos muchos de los “nuestros” entre el olimpo de los que tratan la historia, es decir, la memoria colectiva.

En buena medida, esto se debe a la negligencia de las derechas y su cosmovisión utilitarista: si no tiene buen encaje en el mercado, es mejor no invertir en ello. Irremediablemente, esto conduce a una hegemonía cultural de las izquierdas, las cuales, siempre son más sensibles a las cuestiones culturales, aunque solo sea de forma instrumental. Cuando era marxista, mis compañeros de trinchera sentían un genuino interés por la cultura estricto sensu, en cambio, al acercarme al mundo liberal, mi percepción no fue la misma. Mientras unos construyen redes de solidaridad entre ellos (ya sea con dinero público o privado) y dan oportunidades a nuevas promesas de su ideología, otros se centran en meros argumentos utilitarios y dejan el terreno abonado para que surjan corrientes contrarias al liberalismo. Como vimos en 2016, saber de economía es más que insuficiente para ganar unas elecciones. Hoy gobiernan España unos partidos que han jugado muy bien sus cartas culturales, imponiéndose por encima de las economicistas.

Finalmente, hay que dar la batalla cultural, para que Occidente no cometa los errores de antaño, por trazar una analogía histórica, Venecia y el Papado en la segunda mitad del s.XV, viendo que Bizancio estaba siendo asediado por los musulmanes, decidieron hacer caso omiso y dejar en manos de la diosa Fortuna el último bastión del Imperio Romano de Oriente. Así que, hasta que los sectores de los politólogos, sociólogos, historiadores, criminólogos, antropólogos, etc, no tengan mejor cobertura en el mercado, siempre estaremos en los márgenes de la academia, de ahí la aparición de universidades como la Marroquín, la cual es una idea excepcional, pero hay que procurar no quedar excluidos de los grandes debates que están sucediendo en universidades “del sistema”, y, sobre todo, intervenir directamente en ellos, es decir, ¡salir del armario!

Bibliografía

Bell, D. (1996). The cultural contradictions of capitalism. New York: Basic Books.

Couldner, A. (1962). Anti-Minotaur: The Myth of a Value-Free Sociology. Center For Advanced Study in the Behavioral Sciences, 199-213.

Shields, J., & Dunn, J. (2016). Passing On The Right: conservative professors in the progressive university. Oxford : Oxford University Press.

Taleb, N. N. (2018). Skin in the Game. New York: Penguin Random House.


[1] https://twitter.com/MartaRosiq/status/1549016561918382081

[2]https://datosmacro.expansion.com/deficit/espana?anio=2020#:~:text=Sube%20el%20d%C3%A9ficit%20en%20Espa%C3%B1a&text=En%20t%C3%A9rminos%20absolutos%2C%20Espa%C3%B1a%20registr%C3%B3,euros%2040.040%20millones%20de%20dolares.

[3] Me estoy refiriendo a “The cultural contradictions of capitalism” (1976).

[4] Para muestra un botón, Rick Scott, gobernador republicano de Florida, hizo público su deseo de recortar el gasto en el sector de las Humanidades y las Ciencias sociales y destinarlo a cuestiones más “prácticas” (Shields & Dunn, 2016, pág. 212). Per se, el gasto en investigación suele ser ínfimo, ergo, para evitar que haya más profesores progresistas, la solución no pasa por cortar la financiación, puesto que esto sólo generará más malestar social y resentimiento, la solución pasa por conseguir que haya una derecha humanista preocupada por las cuestiones que aquí se están tratando.

[5] “Republicans are well represented in economics, but astonishingly scarce in sociology, history, and literature” (Shields & Dunn, 2016, pág. 94).

De la apología de la natalidad y la libertad a las guerras culturales y la política pop

Posiblemente llegue la última al debate que se generó recientemente por el discurso que la escritora Ana Iris Simón pronunció sobre el reto demográfico en la presentación de la cosa esa para el 2050 del dúo de trileros monclovita. Ya se sabe que cuando les atrapa el miedo, corren a encender fuego con madera mojada. Sánchez es lo peor que le ha pasado a España en mucho tiempo, conviene decirlo siempre que se tenga oportunidad, y la disertación de Ana Iris iba contra su propaganda, entre otras denuncias, gesto que lógicamente le fue aplaudido.

He de decir que no comparto ni una sola de las palabras que dijo la escritora, reconocidamente antiliberales pero también todas emitidas con la honrosa finalidad de señalar las carencias de este Gobierno de plástico. Por ello, tiene mi máxima admiración, porque hacerlo ahí, en la cara de cemento de Sánchez y frente a toda su cohorte, es de tener unos bemoles que denotan su pasta y de llevar mucho tiempo conteniendo una frustración, la de muchos jóvenes, la mía propia, que nos une en las mismas desdichas. Por eso, con ella, a pesar de tener ideas dispares, me sentaría las veces que hiciera falta a discutir, a transar, a negociar, a renunciar y a acordar, desde el pragmatismo, propuestas buenas para mejorar nuestro país y regenerar nuestra democracia, porque su valentía revela que ama España tanto como la amamos muchos, que no es poco en los tiempos que corren, convicción ésta primordial que necesitamos para salvarla.

Decía Gabriela Bustelo(1) el otro día en uno de sus artículos que “tras el 4-M la tribu madrileña, que venía obedeciendo desde marzo de 2020 las órdenes del bigobierno, ha superado sus últimos remilgos y se proclama ahora liberal de toda la vida, sin saber muy bien qué demonios quiere decir eso”.

Lo curioso del suceso de estos días es que muchos de los que abrazaron la libertad a la ayusiana el 4-M, aplaudieron de manera fervorosa el discurso de Simón, y esto, a mi juicio, engloba grandes injerencias que certifica lo dicho por Bustelo. Algunos asistimos maravillados a la convivencia sin sonrojo de estos alegatos dentro del marco liberal. Por un lado, libertad; por otro, el incentivo a la natalidad es la solución para la lucha contra la despoblación.

Es todo un poco pop, política pop, la versión evolucionada del populismo. Hay una izquierda reaccionaria que se toca en su extremo con una derecha neofalangista de la misma naturaleza y hay otros que se suman a la corriente por la embriaguez que les produce la papilla pop antes mencionada, vamos, el pop de toda la vida llevado a la política, es decir, un producto orientado al mayor beneficio, que suma simplemente aquello que ha resultado exitoso en otros momentos o contextos, fuertemente populista y diseñado para atraer a todos. De esto es experto Redondo. Ahora también el equipo de Ayuso que ha sabido encontrar la tecla con gran éxito y manera espectacular.

Pero no nos confundamos, el importador fue Zapatero, que inauguró la batalla cultural introduciéndola desde los EEUU, y abriendo y avivando todas las guerras identitarias posibles (la Guerra Civil y la memoria histórica, la sexualidad, el feminismo, el nacionalismo y todo el resto de colectivismos) intentado generar una moral única verdadera, buscada de manera premeditada como una herramienta política para polarizar a la sociedad y obtener ganancias en masa. La fuente de votos del obrero, que dejó la revolución porque la vida burguesa del estado del bienestar le proporcionaba más incentivos, se agotó; por tanto, había que buscar nuevos caladeros de votantes, y lejos de afrontar la nueva etapa desde el consenso social mayoritario y el fortalecimiento de las democracias liberales, las batallas culturales movilizaron los enfrentamientos que a día de hoy nos mantienen polarizados, agotando el pluralismo y condenando a aquellos que no participan de su moralidad, extrayéndola del ámbito de lo privado, de donde, a mi parecer, nunca debió salir, lo que supone un enorme peligro. Y esto nos ha llevado desde hace tiempo a que reaccionarios conservadores, también de izquierdas, que se ven representados por el discurso de Simón, no han querido seguir ignorando este escenario en el que entienden que se expulsa su estilo de vida fuera del Estado, de la educación, del arte, de la prensa y quieren ver ahora sus principios representados en el espacio público reafirmando tener unas concepciones hercúleas sobre cómo vivir u organizar la sociedad, dícese, la familia, la moral, la religión, la sexualidad. Provocando un acción-reacción a la usurpación de dicho espacio que, como digo, comenzó Zapatero.

Escribía Rafa Latorre (2) en uno de sus excepcionales artículos que “Ana Iris Simón escribió un libro muy apreciable, Feria. El problema llegó cuando quiso explicarlo, es decir, cuando dejó de hablar de su vida para hablar de la tuya”. Y continuaba: “El contraste brutal entre la calidad de su libro y lo precario de su discurso político se explica fácil. La nostalgia es muy literaria. Una mentira seductora”.

Y es que de manera desorientada, se ha venido diciendo estos días que había liberales oponiéndose a los vínculos familiares y a tener hijos. Esta es la falacia, ¿qué liberal se va a oponer a que el Estado salvaguarde el poder formar una familia, o tener hijos, u optar a un trabajo o vivienda digna, o tener las relaciones que uno desee? De dotar de esa opción, nace la libertad; y de su consecución, la justicia. Ahora bien, no hablamos de vidas deseables, hablamos de lucha contra la despoblación y es ahí donde el argumento es tramposo.

Ana Iris habla de un idílico mundo rural conservadoramente scrutoniano, y apela a que se potencien las políticas públicas, en detrimento de cualquiera otra -no lo digo yo, es que esto es el coste de oportunidad- y así, convertirlo en una arcadia próspera para los jóvenes, sin entender que para que los ruralitas podamos quedarnos en nuestros pueblos, no será por la vía del incentivo a la natalidad, sino generando nuevos modelos productivos para estas zonas, industrializándolas. Y para ello, deben desaparecer tal cual las entendemos nostálgicamente hoy. El futuro pasa por cambiar, ergo por destruir, lo actual hacia algo sustentable por sí mismo (pienso en ejemplos como Las Vegas de comienzos del s. XX o el Singapur de los años 60), no con la insufla del erario público. Sustentable y sostenible, porque ahí donde hay despoblación, hay una oportunidad de explotación de recursos de manera sostenible, no es necesario desindustrializar para volver a industrializar de manera “verde” ni realizar ninguna transición, pues nada o poco hay, está todo por hacer. El mismo término lo dice: “despoblado”, baja densidad demográfica, por tanto,  excedente de suelo. Ni podemos llegar a imaginar cuántas regiones y países, por decir uno: Holanda, darían lo indecente por tener excedente de suelo. Es un recurso muy valioso, entre otros, tremendamente desaprovechado en nuestro país.

Y ahora bien, para provocar esa mutación de los modelos, basta con apelar al mayor motor de evolución en la Historia de la humanidad: empresarios motivados. Justo lo contrario que encontramos en las zonas rurales, donde la función empresarial está desmoralizada por la rigidez de la economía, las excesivas regulaciones, los altos impuestos y la nula contención del gasto público. El paro juvenil en estas zonas supera el 40% pero se da la paradoja de que los empresarios no encuentran personas qué contratar. El joven medio o bien se marcha en cuanto puede o prepara oposiciones aspirando ser funcionario o vive de subsidios, en definitiva, quedarse pasa por vivir del Estado. La atrocidad llega el día que compruebas que los gobernantes no van a cambiar nada, porque en esta sociedad partitocrática, al poder no le interesa transformar esto, los jóvenes apesebrados viven de ellos, sin embargo, los libres harían decaer su privilegiado sistema sobredimensionado.

Las políticas para incentivar la formación de una familia debieran ser un sólo apoyo, un aderezo más, el problema no es la baja natalidad, es la falta de oportunidad. Sin industrialización sólo queda la despoblación. Y a partir de ahí podrán contarnos misa pero sólo con desarrollo, creación de riqueza y oportunidades, la familia y los niños vendrán, según la elección de cada cual y el proyecto vital que desee un individuo desarrollar. Y hasta aquí el análisis estratégico sobre el reto demográfico.

Pero ahondando algo en el plano moral que fue lo que desató el debate más airado la semana pasada, podemos introducir con lo que comentó Quintana Paz (3) en Twitter: “Frente al viejo eje izquierda-derecha, cada vez está más claro otro nuevo, que une a gente opuesta en el viejo: a un lado, los partidarios de vínculos (familiares, nacionales…); a otro, los partidarios de desvincular y meros principios abstractos (Libertad, Igualdad, Constitución…)”.

En el flanco opuesto, el humorista Nieto (4) le replicó: “La sociedad abierta exige principios abstractos, sin negar necesariamente los vínculos. Si ponemos delante los vínculos volveremos a la sociedad cerrada”. Ineludiblemente me identifico con Nieto. En algún otro lugar están los partidarios de que seas partidario de lo que te dé la gana y, así tus principios, defendiendo la no coacción a los demás, te dejen vivir en paz sin menoscabar tu elección.

Decía Ana Iris que tenía envidia de la vida que tuvieron sus padres a su edad, paradójico, a mis padres le pasa lo contrario, siempre les ha dado envidia la vida que llevamos nosotros. También se ha podido escuchar que tenemos una crisis de los valores de Occidente, y que la baja natalidad es consecuencia de que las prioridades de la gente han virado hacia el deseo de querer acumular experiencias y bienes materiales. Según esto, el individualismo liberal sería una especie de disgregador de los vínculos humanos y asociativos que dan sentido a la vida humana, y nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que vivimos en la época de mayor empatía, donde el cuidado y la creación de legislación al servicio de mayores, de vulnerables, de personas con capacidades especiales, de niños, de enfermos de ER, de animales, se ha realizado como en ninguna otra época. La nostalgia de que cualquier tiempo pasado siempre fue mejor es atrayente, pero la realidad es que el capitalismo no es el causante del problema que nos ocupa, más bien al contrario, es la solución; y el mundo, también España, es hoy un lugar mejor que cuando nuestros padres tenían nuestra edad gracias al desarrollo capitalista. Ahora bien, lo que sí tenemos es poco adiestramiento a la tragedia, no es falta de valores, es escasa capacidad de sobreponernos a la frustración y al fracaso, o baja tolerancia al vértigo o al miedo a la hora de asumir responsabilidades que nuestros padres y abuelos.

La única manera de defender el valor institucional de la democracia es mediante el principio fundamental de que la libertad tiene una dimensión individual, la autonomía personal, y que no se puede perseguir a nadie por sus ideas, y estas ideas no deben afectar a ninguno otro. Por tanto, dentro del marco de derechos y libertades que han de ofrecer las instituciones liberales, no ha lugar a explicarlas apelando a un arquetipo de vida particular.

Referencias:

Gobierno de España, Presidencia del Gobierno (2021). España 2050. Fundamentos y propuestas para una Estrategia Nacional de Largo Plazo. Madrid.

Gobierno de España, Presidencia del Gobierno (2021). Fondos europeos para la recuperación: NextGenerationEU. Plan de Recuperación para Europa de la Comisión Europea. Mecanismo de Recuperación y Resiliencia de la Comisión Europea. Reglamento del Parlamento y del Consejo por el que se establece el mecanismo de Recuperación y Resiliencia. Madrid.

Gobierno de España, Ministerio de Hacienda (2021). Fondos Comunitarios: Periodo 2021-2027. Madrid.

Federación Española de Municipios y provincias (2017). La despoblación, en la agenda europea. REVISTADE LA FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE MUNICIPIOS Y PROVINCIAS. Carta Local nº 307, noviembre 2017.

Mill, J. S. (1859). Sobre la libertad. Título original: On liberty. Londres: John W. Parker and son, West Strand.

Barnes, J. (2007). El reparto de competencias en materia de urbanismo. El vicio de incompetencia. Madrid: Fundación Democracia y Gobierno Local.

DIRECTIVA 2003/4/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de 28 de enero de 2003 relativa al acceso del público a la información medioambiental y por la que se deroga la Directiva 90/313/CEE del Consejo. Publicado en DOUEL núm. 41 el 14 de Febrero de 2003. (2003).

Ley 11/2018, de 21 de diciembre, de ordenación territorial y urbanística sostenible de Extremadura.

Bustelo, G. (2021). El lobo conservador disfrazado de cordero liberal. El Español, 24/05/2021.

https://www.elespanol.com/opinion/tribunas/20210524/lobo-conservador-disfrazado-cordero-liberal/583561640_12.html

Latorre, R. (2021). Un salto al vacío. Opinión: Corre la milla. El Mundo, 25/05/2021.

https://www.elmundo.es/opinion/columnistas/2021/05/25/60abbd5e21efa0b3158b4635.html

Toscano, M. (2021). Vidas valiosas. Notas sobre el liberalismo y la vida buena. Letras Libres, 24/05/2021.