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Etiqueta: Javier Milei

Argentina 2024: ajuste y ancla fiscal

La compleja herencia que recibió el gobierno de Javier Milei incluye un déficit fiscal y financiero del Tesoro Nacional del 6 %. El gobierno se ha comprometido con el FMI a corregir el mismo en 2024 -en sólo un año-, con una serie de políticas que vamos a describir a continuación. El objetivo es ambicioso, pues no sólo busca eliminar el déficit primario (2,7 % del PIB), sino también el financiero, pudiendo desde 2025 cubrir los intereses de la deuda con la recaudación tributaria, y sin acceso a nueva deuda, ni emisión monetaria.

Como bien señala Nadin Argarañaz en twitter, el

Ajuste fiscal de 2024

El siguiente cuadro resume la política reducción del déficit que incluirá en el primer año suba de impuestos (+2,9 % en la recaudación) y baja de gastos (-3,2 %), de acuerdo a los detalles del siguiente cuadro “oficial” presentado por el Ministerio de Economía (con pequeños ajustes).

AJUSTE FISCAL 2024                                         6.1 %
INGRESOS2.9 %
Impuesto País (17,5 % 12 meses)0.8 %
Retenciones adicionales (15 %)0.5 %
Normalización cosecha0.7 %
Reversión reforma ganancias0.4 %
BBPP + Moratoria + Blanqueo0.5 %
GASTOS3.2 %
Jubilaciones y pensiones0.4 %
Transferencias corrientes a Provincias0.5 %
Subsidios económicos0.7 %
Gastos de capital0.7 %
Programas sociales con intermediarios0.4 %
Gastos de funcionamiento y otros0.5 %
Fuente: Ministerio de Economía.

Los ingresos

Cabe aclarar que el Ministerio de Economía proyectaba un déficit de 5,2%, por lo que la nueva información con los datos cerrados de 2023 agrava la situación heredada. Al cuadro oficial se agregó la “normalización de la cosecha” (después de un año de sequía), lo que generaría ingresos tributarios adicionales para el gobierno en 0,7 % del PIB.

Por el lado de los ingresos:

1) el gobierno anunció un incremento en la alícuota del impuesto PAÍS que aplica a operaciones de compra de divisas. La alícuota se fijó en 17.5 % y tendrá una duración de 12 meses (boletín oficial, decreto 29/2023). La mejora en la recaudación se proyecta en 0.8 % del PIB.

2) también se incrementaron en un 15% las alícuotas de retención para las exportaciones. Excluye a varias economías regionales y las eleva del 31% al 33% para los derivados de la soja. También delega, al Ejecutivo, la facultad de modificarlas sin pasar por el parlamento. La mejora en la recaudación se proyecta en 0.5 % del PIB.

3) revertir la reforma del impuesto a las ganancias que Sergio Massa había logrado aprobar en el Congreso proyecta una mejora de recaudación en 0.4 % del PIB.

4) finalmente, la moratoria y blanqueo, proyectan incrementos de recaudación en 0.5 % del PIB.

Pendientes de la Ley Omnibus

De estos elementos descritos, cabe señalar que los puntos 2, 3 y 4 aún dependen de que el Congreso los apruebe bajo la Ley Ómnibus. De hecho, en la información que se filtra en los medios, el punto 2 está en discusión. Dicho eso, es posible que la pérdida de recaudación por dicho punto se compense con la mayor recaudación de una normalización en la cosecha mencionada más arriba, lo que agregaría a la proyección oficial un incremento en la recaudación del 0,7% del PIB.

Para cerrar el tema ingresos, también es importante destacar que el Presidente Milei señaló que estas medidas son transitorias dado el contexto de déficit, insistiendo que alcanzados los equilibrios macro Argentina deberá debatir su sistema tributario, simplificando el laberinto fiscal y reduciendo presión tributaria.

Los gastos

Por el lado del gasto,

1) Jubilaciones y pensiones es otro de los puntos que se está debatiendo en el congreso. La fórmula de actualización está en debate, y el gobierno asume que dicha partida tendría en 2024 un ajuste del 0,4 % del PIB.

2) Se cancelan para este año 2024 las transferencias discrecionales a provincias, lo que por supuesto no afecta las transferencias por coparticipación. Esta cancelación representa el 0,5 % del PIB.

3) Se recortan los subsidios económicos a empresas de servicios públicos, lo que tiene como contrapartida un proceso de incremento de tarifas que los compensen. El ahorro aquí se proyecta en 0,7 % del PIB, aunque el Presidente Milei afirmó que en caso de no salir la Ley Omnibus, podrá acelerar la reducción de subsidios para alcanzar el objetivo de terminar con el déficit fiscal.

Obras y programas sociales

4) se aplica un recorte de obras públicas, tanto en iniciar nuevas como en interrumpir las que aún no habían iniciado. En un futuro, las licitaciones tomarán un carácter “público-privado”, donde el gobierno definirá las obras y los privados las financiarán y concretarán, recuperando el capital con los ingresos que genera la actividad -como peajes-, como ya ha ocurrido en nuestro país en los años 1990, y también en otros países de la región. El ahorro aquí representa un 0,7 % del PIB.

5) la reducción de programas sociales con intermediarios se proyecta en 0,4 % del PIB, si bien debemos aclarar que se mantendrán los planes de ayuda estatal para desempleados (plan Potenciar Trabajo) de acuerdo a lo establecido en el Presupuesto 2023 y se fortalecerán las políticas sociales que son recibidas directamente por quienes las necesitan, como la Asignación Universal por Hijo y la denominada Tarjeta Alimentar, que permite comprar alimentos a los sectores más vulnerables.

6) el recorte de otros gastos de funcionamiento se estima en 0,5 % del PIB, lo que incluye la reducción del número de ministerios (de 18 a 9), de secretarías (de 106 a 54), de subsecretarías y direcciones nacionales. Esto permitirá una reducción del 50 % de los cargos jerárquicos en la Administración pública y del 34 % de los cargos políticos totales del Estado nacional.

Tampoco se renovarán los contratos laborales del Estado que tengan menos de un año de vigencia. Se trata concretamente de eliminar los nombramientos del pasado gobierno en la etapa de campaña. Se suspende por un año la pauta oficial, es decir la publicidad del Gobierno nacional en los medios de comunicación.

¿Acabar el año con déficit cero?

Resumiendo, el plan de ajuste que intenta el gobierno consiste en reducir el déficit fiscal con un 42 % del ajuste vía ingresos, y un 58 % vía gastos. Del total del ajuste, hay 1,8 % del PIB que dependerán del Congreso, sumando los puntos 2, 3 y 4 de los ingresos y el punto 1 de los gastos sintetizados arriba. ¿Es viable pensar en una Argentina que inicie el 2025 con déficit fiscal y financiero en 0%? En principio sí, aunque está claro que el actual debate parlamentario tiene una discusión determinante por delante.

El ajuste fiscal resulta esencial en el plan económico del gobierno, al que ha calificado de “ancla fiscal”, lo que permitirá no continuar monetizando el déficit, para alcanzar en consecuencia el ordenamiento monetario y cambiario.

Ver también

Reflexiones ante la carta de 200 economistas que se oponen a la dolarización. (Adrián Ravier).

Algunas cuestiones disputadas del anarcocapitalismo (LXXXIX): los desafíos de Javier Milei

La victoria electoral de Javier Milei en la Argentina ha colocado al mundo libertario, y muy especialmente a los ancap, en una situación inédita. Van a comprobar si sus medidas pueden o no ser llevadas a cabo desde una posición de gobierno. Por supuesto, se han abierto muchos debates al respecto. Los más posibilistas ven con buenos ojos el desmantelamiento de buena parte del aparato estatal desde el interior. Los más ortodoxos ven tal misión no sólo como imposible sino incluso como contraproducente.

Esta última postura afirma que el previsible fracaso de muchas de las medidas adoptadas por el nuevo presidente argentino afectarán al movimiento. Se asociará con él los hipotéticos malos resultados. Ello reforzará la postura de los críticos que enfatizarán una vez más en el utopismo de nuestras medidas o en su inviabilidad. Todo ello sin contar con que el presidente se reclama públicamente como ancap. Y yo creo que él por lo menos sí tiene interiorizada esta postura. Pero muchas de las medidas que está adoptando claramente no lo son, ni siquiera minarquistas,  aunque si serían válidas para un liberal clásico convencional. 

El programa de Javier Milei no es el del anarcocapitalismo

Es necesario por lo tanto distinguir el programa de Milei de un programa anarcocapitalista. Ese programa no se puede dar por vías políticas, sino que requiere de mucha paciencia y tiempo. Y sobre todo de una población, o por lo menos una parte sustancial de la misma, formada en estos principios y con voluntad de construirlos desde abajo. De la misma forma en que los constructores de catedrales sabían que muy probablemente no las verían terminadas, el ancap actual debe saber que tampoco verá en vida una sociedad de este tipo. Este debería ser su mérito y su satisfacción sólo debe ser la de contribuir a construirla.  Pero para nada esto resta valor a la labor del presidente Milei.

Primero porque contribuye a difundir el ideario, por lo menos en su aspecto teórico. Nunca antes de ahora los viejos economistas austríacos como Mises o los austrolibertarios de la escuela rothbardiana habían sido tan conocidos y discutidos. De hecho, ya comienzan a aparecer libros y ensayos académicos críticos con estas ideas. Ello prueba de que ya se ha pasado a un estadio en el que es necesaria la refutación. Y eso es buena cosa, pues los críticos se ven obligados a estudiar seriamente nuestras ideas, más allá del cliché. A su vez, nosotros podemos aguzar nuestros argumentos atendiendo a sus críticas, o corregirlos si fuese pertinente.

Posibles lecciones del gobierno de Javier Milei

El primer paso para construir una futura sociedad sin estado es que exista un grupo consciente y bien formado en nuestras ideas. Así, podrá difundirlas y prever los problemas que puedan surgir. Este grupo de personas constituirán los cuadros necesarios para ensayar propuestas a pequeña escala y para defenderlas de sus críticos a nivel más amplio que el actual. También las hará pervivir en el tiempo. Las políticas de Milei pueden traer alguna confusión sobre el ideario. Pero un debido conocimiento puede ayudar a diferenciar lo que tiene de coyuntural y pragmática la acción de gobierno de los verdaderos principios rectores.

El gobierno de Javier Milei puede servir para otra cosa. Podemos observar en qué medida los medios políticos, esto es el juego electoral democrático, puede servir para implantar determinadas medidas. Y comprobar las posibles resistencias que estas pueden tener, tanto a nivel popular como sobre todo en el ámbito del propio estado. O  mucho me equivoco, o es muy improbable que los actores estatales accedan a reducir el alcance de su poder sin presentar resistencia. Es la excepción que lo que pierdan por un lado puedan ganarlo por otro.

La resistencia de los intereses creados

Ya comentamos en artículos anteriores que el estado no sólo está compuesto por los actores políticos, los que surgen del proceso democrático. Existen otros actores que forman su núcleo duro, desde los jueces a los actores económicos, que obtienen rentas asociándose a él. El gobierno de Milei es también una ocasión de oro para que estos sean visibles. Para que podamos comprender sus modos de operar y cuales son sus verdaderos recursos. Porque si una cosa está clara es que de una forma u otra pronto van a manifestar su presencia. De momento estamos viendo cómo los jueces de la corte laboral ya han paralizado su reforma en estos ámbitos. También estamos viendo cómo sectores económicos beneficiarios de regulaciones ya están haciendo ver. Tienen el apoyo de sectores políticos afines.

Sectores conservadores

En el ámbito de la política, el primer desafío va a ser el de luchar contra las propias fuerzas y las aliadas. Javier Milei para gobernar tuvo que pactar con miembros de la vieja política. Se trata del centro derecha de Macri y Bullrich y con sectores peronistas de “derecha”. Además claro está de conformar un partido propio, La Libertad Avanza, con elementos de la derecha argentina no necesariamente de raiz libertaria o siquiera liberal.

Todo parece apuntar a que Javier Milei para preservar el componente libertario de su programa económico tuvo que sacrificar elementos de esta corriente en otros aspectos de la vida política. Así ha sido en el caso del poder policial o militar o la lucha contra las drogas. Aquí, el pensamiento liberal argentino es bastante claro. Sólo hay que leer el libro de profesor Benegas Lynch, uno de sus mentores más respetados, La tragedia de la drogadicción. Ahí comprobamos cuál es la postura de los liberal-libertarios argentinos sobre este tema. No es la que parece defender el gobierno de Milei, quizás como concesión a sus socios más conservadores.

Abrir las puertas del infierno

Todo apunta a que el poder del estado, si bien se reducirá en el ámbito económico, pude verse reforzado en los ámbitos más duros. La tentación está ahí y la propuesta de que le parlamento le delegue poderes legislativos durante un tiempo es una señal de ello. Es cierto que el presidente argentino quiere hacer reformas liberalizadoras. Es muy probable que encuentre resistencias en otros ámbitos del estado. Pero también lo es que la idea de habilitación legislativa y del uso del decreto no es nueva en la Argentina. Ya Néstor Kichner hizo uso abundante de ella.

Pero este tipo de legislación tiene precedentes inmediatos en la Venezuela de Hugo Chavez. Sin pretender para nada equipararlos, también lo tiene en la legislación habilitante ideada por el jurista del Reich, Carl Schimtt. El abrir este tipo de puertas para el bien también implica que un ulterior gobernante podría usarla para otros fines. Lo que muy probablemente estamos viendo es que Milei a cambio de tolerancia en sus reformas económicas, que para él parecen prioritarias, está dispuesto a ceder poder a otras fuerzas operantes dentro del aparato estatal aliadas a sectores de su propio partido. No quiero con esto criticarlo, sólo apuntar a que conseguir reformas en un sector prioritario de la vida social bien puede implicar cesiones en otro. Son los riesgos de intentar hacer reformas mediante medios políticos.

El caso de la regulación de la pesca

Aparte de las dinámicas de poder dentro de su propio partido el presidente argentino tendrá que lidiar con fuerzas aliadas pero de otros partidos que, si bien no han ganado las elecciones, sí que cuentan con apoyos en el Congreso y el Senado. Tienen, así mismo, gobernadores y alcaldes con apoyos territoriales. Aquí las cesiones ya tendrán que ser de otra índole. Aunque contrarios al peronismo hasta ahora imperante, no están imbuidos de su visión libertaria de mercado. Son una versión menos radical y más sensata del modelo económicos peronista.

Un debate que surgió recientemente en Galicia acerca de las nuevas políticas pesqueras propuestas por el nuevo gobierno lo pueden ilustrar bien. Sintetizando, Javier Milei en su decreto omnibus propone subastar los derechos de pesca al mejor postor y abandonar la política de preferencia nacional en la pesca  hasta ahora imperante. Esta política consistía en deducciones fiscales en los impuestos a la exportación a las industrias que transformasen el producto de la pesca en el territorio argentino. También se basa en la prohibición de capturas a empresas que no estuviesen radicadas allí. Muchas multinacionales de la pesca, varias de ellas gallegas, aceptaron el marco regulatorio, constituyeron sociedades en Argentina y establecieron plantas de procesado en el litoral.

Los intereses filtrados en los partidos

El nuevo marco regulatorio y fiscal las afecta negativamente. Ven cómo sus inversiones en plantas de procesado pueden quedar sin valor. Al tiempo, los sindicatos de tripulantes argentinos ven cómo su preferencia nacional también se esfuma. Quedarán sometidos a la competencia con tripulaciones de otros países, muy probablmente asiáticas. Estos actores hicieron presión sobre los gobernadores de las provincias, varios de los cuales pertenecen al partido de Macri y Bullrich. Y éstos se negaron a apoyar el decreto de Javier Milei. Además, anunciaron acciones parlamentarias contra el mismo.

En el momento de escribir esto no se sabe aún como terminará el conflicto, pero sólo es un ejemplo de lo difícil que es desmantelar un marco de regulaciones  que tiene beneficiarios bien organizados  políticamente y concentrados territorialmente (lo que facilita su actuación concertada) y es prueba de lo que muchas veces hemos expuesto de anarquía dentro del propio gobierno y de la coalición dominante. Es muy probable que el conflicto de la pesca no sea el único y podría extenderse perfectamente a otros sectores regulados.

Por supuesto además de las disputas de poder internas a la coalición de gobierno habría que contar con los conflictos con los actores políticos de la oposición, principalmente el hoy desnortado peronismo, y sus organizaciones afines, sean sindicatos o organizaciones sociales, lo mismo que con los otros actores del aparato estatal. Pero esto lo dejaremos para un artículo futuro en el que ya podamos ir comprobando los efectos de las medidas del nuevo presidente, al que deseamos suerte y veremos si triunfa la ética de la convicción o la de la responsabilidad, por seguir la vieja distinción de Max Weber.

Ver también

Rodos moros o todos cristianos. (Cristóbal Matarán).

Javier Milei: la negociación y la persuasión median con el éxito. (George Youkhadar)

Los cien días de Milei (Cristóbal Matarán).

Las corridas de toros y el futuro de Argentina. (Santiago Dussan).

Las ideas importan, y mucho. (Mateo Rosales).

La hora de la verdad de Javier Milei. (Mateo Rosales).

Victoria de Milei: lo que puede aprender España. (Benjamín Santamaría).

Maradona, el asado y la libertad. (Alfredo Reguera).

Javier Milei, un libertario camino de ser presidente de Argentina. (Santiago Dussan).

Javier Milei y la bandera de libertad. (Mateo Rosales).

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina? (Fernando Vicente).

Milei, la opción liberal. (Mateo Rosales).

Todos moros o todos cristianos

Tras su primer mes en el cargo, la presidencia de Javier Milei ha entrado en la batalla política por la consecución de las reformas que Argentina necesita como el comer, nunca mejor dicho. Superada la luna de miel, podría decirse, que supone la investidura y los primeros días en el cargo, el gobierno de coalición entre La Libertad Avanza y Juntos por el Cambio ha tenido que remangarse y empezar, de verdad, a poner sobre la mesa el cambio en la estructura productiva que necesita el país. Para ello, el gobierno de Milei presentó el pasado 20 de diciembre un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) por el cual acometía la primera parte reformista, tienen que venir más, del Estado. Entre otras medidas, se contempla la privatización de empresas estatales, como YPF y Aerolíneas Argentinas, así como el cierre de organismos tales como el Observatorio de Precios y Disponibilidad de Insumos, Bienes y Servicios y la eliminación de impuestos como el de Góndolas.

Echar sal en la herida de los intereses creados

Las reacciones no se hicieron esperar lo más mínimo. No había terminado Milei su discurso ante la nación anunciando las medidas cuando ya se convocaron manifestaciones por parte de la oposición y los sindicatos. De hecho, la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo ha suspendido cautelarmente la aplicación del decreto al no apreciar las dos condiciones que la legislación nacional impone: necesidad y urgencia. Pues bien, mientras esta situación se resuelve, hemos sabido que Alberto Fernández, Cristina Fernández de Kirchner y Sergio Massa han dejado el país con la nada desdeñable cifra de un 211,4% de inflación interanual, un 25,5% sólo en el mes de diciembre.

La justicia argentina, por tanto, no considera que la peor situación económica del país en un siglo sea suficiente motivo para emprender acciones legislativas directas. En su lugar, puede que Milei se vea abocado a un interminable trámite parlamentario, algo desesperante en un país como Argentina, lleno de gente a la que apenas le gusta enzarzarse en enfrentamientos dialécticos.

Revertir la situación y mover la ventana de Overton

Entre los liberales de este lado del Atlántico ha causado bastante debate sobre si es lícito que Milei emprenda una reforma legislativa de tanto calado por la puerta de atrás, sin llevar a cabo los trámites parlamentarios ordinariamente necesarios para ello. Pues bien, cabe recordar que esta misma herramienta fue impuesta por los gobiernos peronistas para, entre otras cosas, estatalizar YPF (luego le ha costado al Estado argentino una condena de 16.000 millones, cuando dijeron que iba a costar 5.000), imponer un arresto domiciliario (mientras CFK se iba de vacaciones en el avión oficial habiendo prohibido los viajes) o la creación de impuestos u organismos absolutamente inútiles.

Por tanto, a Milei no le debemos únicamente la cuestión de desregular la economía, sino la forma en la que lo está haciendo. Milei nos ha enseñado a equilibrar el tablero, a traer la ventana de Overton de nuevo a una posición más equitativa. Si los peronistas utilizaron el DNU para hacer crecer el Estado, es totalmente legítima, inclusive moralmente necesario, utilizar el mismo sistema para revertir la situación. No hay que tener miedo a jugar en el campo que ellos ensancharon.

Pedro Sánchez, campeón

En España, por nuestra parte, existe un mecanismo parecido: el real decreto ley. En casos de “extrema y urgente necesidad”, el ejecutivo puede tomar las funciones del legislativo y regular ciertas situaciones excepcionales. Ahora bien, el problema es que el Tribunal Constitucional, posiblemente el organismo más politizado ahora mismo de todo el Estado, ha ido permitiendo paulatinamente que por “extrema y urgente necesidad” se haya ido colando todo. La última ha sido un real decreto de medidas urgentes de 187 páginas y con algunas medias que no entran en vigor hasta centro de cinco meses.

El gobierno de Sánchez ostenta el récord absoluto: en su primera legislatura, de apenas unos meses, se fue a veinticinco. Pero eso no ha sido nada con la legislatura pasada que acabamos de superar: ciento veinticinco, récord absoluto. De esta forma, el ejecutivo usurpa las legítimas funciones del legislativo, manda a tomar viento fresco la separación de poderes y, lo que es peor, se convierte en una herramienta de chantaje político.

Por ello, si algo hay que pedirles a futuros gobiernos españoles es que no les tiemble la mano para utilizar la misma herramienta para devolver a la ciudadanía el poder que, a través de los reales decretos, se nos ha ido quitando. Ya lo dice el viejo proverbio castellano: todos moros o todos cristianos.

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¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina? (Fernando Vicente).

Milei, la opción liberal. (Mateo Rosales).

Argentina es un ejemplo de por qué el control de los alquileres es una mala idea

Por Ryan Bourne. Este artículo fue publicado originalmente en CapX.

En su ascenso a la presidencia de Argentina, Javier Milei se distinguió no sólo por su ideología libertaria, sino también por su enfoque pedagógico de la economía. En la campaña electoral, solía enunciar los principios básicos de la economía de mercado.

Ahora, en el Gobierno, la “terapia de choque” del ardiente libertario está convirtiendo esas lecciones en importantes estudios de casos. En el marco del Decreto 70/2023, “Bases para la Reconstrucción de la Economía Argentina”, Milei utilizó su motosierra con el control de alquileres y otras normativas sobre arrendamientos. El resultado ha confirmado la teoría económica: la oferta de viviendas de alquiler está aumentando y los alquileres se han desplomado.

Control de alquileres

En 2020 se introdujo en Argentina una forma de control de los alquileres, y a muchos progresistas británicos y estadounidenses les gustaría hacer lo mismo. La duración mínima de los contratos de alquiler era de tres años y los aumentos anuales permitidos se limitaban a una media ponderada de la inflación y el crecimiento salarial. Ambas medidas pretendían proporcionar a los inquilinos una mayor “seguridad” económica. Los propietarios seguían teniendo libertad para ajustar las tarifas entre contratos, pero era básicamente imposible poner fin a los arrendamientos antes de tiempo. Las fianzas se limitaron y los alquileres se pagaron en pesos.

La teoría económica nos permite hacer predicciones sobre estas normativas. El control de los alquileres y la duración de los contratos aumentan el riesgo de que los propietarios obtengan alquileres inferiores a los del mercado y de que se queden atrapados durante tres años con inquilinos problemáticos. Al margen, esto hace que sea más lucrativo vender propiedades para que las ocupe el propietario, incluirlas en sitios web de alquiler a corto plazo excluidos, como AirBnB, o incluso simplemente dejarlas vacías. Al reducir la oferta de viviendas de alquiler tradicionales, aumenta el nivel medio de los alquileres, incluso si su crecimiento está limitado por contratos de arrendamiento de duración mínima.

El papel de la inflación

Un entorno de inflación elevada agrava estos riesgos para los propietarios. Con el aumento de los precios, tiene sentido cambiar los niveles de alquiler con más regularidad. Esto permite a inquilinos y propietarios encontrar disposiciones contractuales que garanticen que los alquileres reflejan tanto la realidad del mercado como la capacidad de pago de los inquilinos (ya que el crecimiento salarial suele ir por detrás de la inflación). Sin embargo, esta normativa sólo permitía ajustar los alquileres una vez al año (o dos a partir de octubre de 2023). Así pues, una inflación elevada y volátil interactúa con esta normativa para aumentar el riesgo de alquiler y el riesgo de desocupación (dados los bruscos saltos en los alquileres). Por ello, los propietarios podrían protegerse contra la inflación cobrando en otra moneda, como el dólar. Pero esto también estaba prohibido.

Los resultados de todo esto eran previsibles. En torno a la introducción de la política, se estima que el 45% de los propietarios dejaron de alquilar para vender sus propiedades, entre otras cosas porque la mayoría de las ventas de viviendas se hacían en dólares. Muchos propietarios también cambiaron a alquileres a corto plazo en AirBnB. En 2019, Buenos Aires tenía 10.000 propiedades listadas en AirBnB; ahora son más de 29.500. Por lo tanto, no han cesado las historias sobre una crisis de vivienda de alquiler, con inquilinos incapaces de encontrar alojamiento de alquiler, a pesar de que el Financial Times informara a finales del año pasado que el uso de energía implica que “uno de cada siete hogares” en Buenos Aires, la capital, estaba vacío.

Control, escasez, precio

Esta escasez de oferta provocó un aumento de los alquileres. Bloomberg informó que los alquileres subieron bruscamente después de que se anunciaran los controles de los alquileres de arrendamiento, ya que los propietarios optaron por salir del mercado o anticiparon los aumentos de los alquileres para protegerse contra la inflación. Después de haber estado cayendo en términos reales durante 2018 y 2019, y siguiendo la inflación durante la mayor parte de la década anterior, los alquileres en Buenos Aires crecieron a 1,7 veces el ritmo de la inflación en 2020. Siguieron ampliamente la inflación en 2021 y 2022, y luego se aceleraron mucho más rápido que la inflación de nuevo en 2023. La tasa a la que los alquileres podrían aumentar dentro de los contratos de arrendamiento se ajustó aún más al menor de los crecimientos salariales o la inflación.

Como resultado, el alquiler promedio de un departamento de dos dormitorios en Buenos Aires se ha disparado de 18.000 pesos por mes a fines de 2019 a 334.000 pesos en la actualidad, muy por encima de los 210.000 pesos si los precios simplemente hubieran seguido la inflación general, como ocurría anteriormente. Esta suba de precios relativos obviamente perjudica más a los pobres, porque no pueden pagar fácilmente depósitos para comprar viviendas, o alquileres más caros en dólares a corto plazo.

Situaciones contradictorias

Los controles sobre los alquileres dentro de los arrendamientos también agriaron las relaciones entre propietarios e inquilinos, incentivando a los propietarios a renunciar a un mantenimiento costoso (permitiendo así que el valor de la propiedad cayera hacia su precio regulado o animando a los inquilinos a marcharse). La mala distribución de las propiedades era moneda corriente. Los informes de Buenos Aires describían a amigos que tenían que compartir pisos más alejados del centro de la ciudad, lo que implicaba condiciones de hacinamiento y desplazamientos más largos.

Con estos controles, las personas que disfrutan de alquileres inferiores a los del mercado se ven incentivadas a permanecer en propiedades inadecuadas para ellas, mientras que otras deben abandonar prematuramente propiedades que pueden permitirse cuando los alquileres se ajustan bruscamente antes de que aumenten sus salarios.

Desregulación

Uno de los primeros actos de Milei en su decreto suprimió estas normas perjudiciales para todos los nuevos contratos. A partir de ahora, los alquileres se decidirán en la negociación libre del contrato, lo que significa que se acabaron los índices del banco central que limitan los aumentos de los alquileres. También ha eliminado la duración mínima de tres años de los contratos y ha legalizado el pago de los alquileres en divisas (es decir, dólares), lo que ofrece a los propietarios una protección contra la inflación.

La reducción de los riesgos para los arrendadores ya está provocando un repunte de la oferta de alquiler. La correduría Soledad Balayan ha registrado un aumento del 50% en los anuncios de alquileres tradicionales desde la entrada en vigor del decreto. Otras fuentes, como la Cámara Inmobiliaria Argentina, han confirmado grandes saltos en la oferta. Como era de esperar, los informes muestran una caída de los precios de los alquileres nuevos de entre el 20 y el 30% hasta la fecha.

Los economistas han advertido con frecuencia contra los controles de alquiler tradicionales que aplican topes a los alquileres dentro y entre arrendamientos. Pero en los últimos años ha surgido una nueva corriente que aboga por ofrecer más seguridad a los inquilinos, controlando los alquileres dentro de contratos más largos y seguros. La experiencia de Argentina es un ejemplo de cómo esta política puede resultar contraproducente, y una fuente más de información para Milei.

Ver también

La aberración del control de alquileres. (Ignacio Moncada).

Control de alquileres, una nefasta idea. (Ignacio Moncada).

Los perversos efectos del control de alquileres en San Francisco. (Juan Ramón Rallo).

Discurso de Javier Milei en Davos: “Occidente está en peligro”

Buenas tardes, muchas gracias. Hoy estoy acá para decirles que Occidente está en peligro. Está en peligro porque aquellos que supuestamente deben defender los valores de Occidente, se encuentran cooptados por una visión del mundo, que inexorablemente conduce al socialismo, y en consecuencia, a la pobreza.

Lamentablemente, en las últimas décadas, motivados por algunos deseos bienpensantes de querer ayudar al prójimo y otros por el deseo de querer pertenecer a una casta privilegiada, los principales líderes del mundo occidental han abandonado el modelo de la libertad por distintas versiones de lo que llamamos colectivismo.

Nosotros estamos acá para decirles que los experimentos colectivistas nunca son la solución a los problemas que aquejan a los ciudadanos del mundo, sino que, por el contrario, son su causa. Créanme, nadie mejor que nosotros los argentinos para dar testimonios de estas dos cuestiones.

Argentina liberal

Cuando adoptamos el modelo de la libertad, allá por el año 1860, en 35 años nos convertimos en la primera potencia mundial, mientras que cuando abrazamos el colectivismo, a lo largo de los últimos 100 años, vimos como nuestros ciudadanos comenzaron a empobrecerse sistemáticamente hasta caer en el puesto número 140 del mundo. Pero antes de poder dar esta discusión, sería importante que primero viéramos los datos que sustentan por qué no solo el capitalismo de libre empresa no solo es un sistema posible para terminar con la pobreza del mundo, sino que es el único sistema moralmente deseable para lograrlo.

Si consideramos la historia del progreso económico, podemos ver cómo desde el año cero hasta el año 1800, aproximadamente, el PBI per cápita del mundo prácticamente se mantuvo constante durante todo el período de referencia. Si uno mira un gráfico de la evolución del crecimiento económico a lo largo de la historia de la humanidad, uno estaría viendo un gráfico con la forma de un palo de hockey, una función exponencial, que se mantuvo constante durante el 90 por ciento del tiempo y se dispara exponencialmente a partir del siglo XIX. La única excepción a esta historia de estancamiento se dio a finales del siglo XV, con el descubrimiento de América. Pero salvando esta excepción, a lo largo de todo el período, entre el año cero y el año 1800, el PBI per cápita, a nivel global, se mantuvo estancado.

Ahora bien, no solo que el capitalismo generó una explosión de riqueza desde el momento que se adoptó como sistema económico, sino que, si uno analiza los datos, lo que se observa es que el crecimiento se viene acelerando a lo largo de todo el período.

La eclosión del capitalismo

Durante todo el período comprendido entre el año cero y el 1800, la tasa de crecimiento del PBI per cápita se mantuvo estable en torno al 0,02 por ciento anual. Es decir, prácticamente sin crecimiento. A partir del siglo XIX, con la Revolución Industrial, la tasa de crecimiento pasa al 0,66 por ciento. A ese ritmo para duplicar el PBI per cápita se necesitaría crecer durante 107 años.

Ahora bien, si observamos el período entre 1900 y 1950, la tasa de crecimiento se acelera al 1,66 por ciento anual. Ya no necesitamos 107 años para duplicar el PBI per cápita, sino 66. Y si tomamos el período comprendido entre 1950 y el año 2000, vemos que la tasa de crecimiento fue de 2,1 por ciento anual, lo que derivaría en que en solo 33 años podríamos duplicar el PBI per cápita del mundo. Esta tendencia, lejos de detenerse, se mantiene viva aún hoy. Si tomamos el período entre el año 2000 y el 2023, la tasa de crecimiento volvió a acelerar el 3 por ciento anual, lo que implica que podríamos duplicar nuestro PBI per cápita en el mundo en tan solo 23 años.

Ahora bien, cuando se estudia el PBI per cápita, desde el año 1800 al día de hoy, lo que se observa es que, luego de la Revolución Industrial, el PBI per cápita mundial se multiplicó por más de 15 veces, generando una explosión de riqueza que sacó de la pobreza al 90 por ciento de la población mundial.

No debemos olvidar nunca que para el año 1800, cerca del 95 por ciento de la población mundial vivía en la pobreza más extrema; mientras que ese número cayó al 5 por ciento para el año 2020, previo a la pandemia.

El capitalismo acaba con la pobreza

La conclusión es obvia: lejos de ser la causa de nuestros problemas, el capitalismo de libre empresa, como sistema económico, es la única herramienta que tenemos para terminar con el hambre, la pobreza y la indigencia a lo largo y a lo ancho de todo el planeta. La evidencia empírica es incuestionable.

Por eso, como no cabe duda de que el capitalismo de libre mercado es superior en términos productivos, la doxa de izquierda ha atacado al capitalismo por sus cuestiones de moralidad, por ser, según ellos, dicen sus detractores, que es injusto.

Dicen que el capitalismo es malo porque es individualista y que el colectivismo es bueno porque es altruista, con la ajena. En consecuencia, bregan por la justicia social. Pero este concepto, que desde el Primer Mundo se ha puesto de moda en la última época, en mi país es una constante del discurso político desde hace más de 80 años. El problema es que la justicia social no es justa, sino que tampoco aporta al bienestar general. Muy por el contrario, es una idea intrínsecamente injusta porque es violenta. Es injusta porque el Estado se financia a través de impuestos y los impuestos se cobran de manera coactiva. ¿Acaso alguno de nosotros puede decir que pagan los impuestos de manera voluntaria? Lo cual significa que el Estado se financia a través de la coacción y a mayor carga impositiva, mayor es la coacción, menor es la libertad.

Israel Kirzner

Quienes promueven la justicia social parten de la idea de que el conjunto de la economía es una torta que se puede repartir de una manera distinta, pero esa torta no está dada, es riqueza que se va generando, en lo que por ejemplo Israel Kirzner llama un proceso de descubrimiento de mercado. Si el bien o servicio que ofrece una empresa no es deseado, esa empresa quiebra a menos que se adecúe a lo que el mercado le está demandando. Si genera un producto de buena calidad a un buen precio, atractivo, le va a ir bien y va a producir más.

De modo que el mercado es un proceso de descubrimiento, en el cual el capitalista encuentra sobre la marcha el rumbo correcto. Pero si el Estado castiga al capitalista por tener éxito y lo bloquea en este proceso de descubrimiento, destruye sus incentivos, y las consecuencias de eso es que va a producir menos y la torta será más chica, generando perjuicio para el conjunto de la sociedad.

El colectivismo, al inhibir estos procesos de descubrimiento y al dificultar la apropiación de lo descubierto. ata al emprendedor de las manos y le imposibilita producir mejores bienes y ofrecer mejores servicios a un mejor precio. ¿Cómo puede ser, entonces, que desde la academia, los organismos internacionales, la política y la teoría económica se demonice un sistema económico que no solo ha sacado de la pobreza más extrema al 90 por ciento de la población mundial y lo hace cada vez más rápido, sino que además es justo y moralmente superior.

Mejor que nunca

Gracias al capitalismo de libre empresa, hoy, el mundo se encuentra en su mejor momento. No hubo nunca, en toda la historia de la humanidad, un momento de mayor prosperidad que el que vivimos hoy. El mundo de hoy es más libre, más rico, más pacífico y más próspero que cualquier otro momento de nuestra historia. Esto es cierto para todos, pero en particular para aquellos países que son libres, donde respetan la libertad económica y los derechos de propiedad de los individuos.

Porque aquellos países que son libres son 12 veces más ricos que los reprimidos. El decil más bajo de la distribución de los países libres vive mejor que el 90 por ciento de la población de los países reprimidos, tiene 25 veces menos cantidad de pobres en el formato estándar y 50 veces menos en el formato extremo. Y por si eso fuera poco, los ciudadanos de los países libres viven un 25 por ciento más que los ciudadanos de los países reprimidos.

Qué es el liberalismo

Ahora bien, para entender qué venimos a defender es importante definir de qué hablamos nosotros cuando hablamos de libertarismo. Para definirlo retomo las palabras del máximo prócer de las ideas de la libertad de Argentina, el profesor Alberto Benegas Lynch (hijo) que dice: “el libertarismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión, en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad, cuyas instituciones fundamentales son la propiedad privada, los mercados libres de intervención estatal, la libre competencia, la división del trabajo y la cooperación social”, donde solo se puede ser exitoso sirviendo al prójimo con bienes de mejor calidad a un mejor precio.

Dicho de otro modo, el capitalista, el empresario exitoso es un benefactor social que, lejos de apropiarse de la riqueza ajena, contribuye al bienestar general. En definitiva, un empresario exitoso es un héroe.

Este es el modelo que nosotros estamos proponiendo para la Argentina del futuro. Un modelo basado en los principios fundamentales del libertarismo: la defensa de la vida, de la libertad y de la propiedad.

Ahora bien, si el capitalismo de libre empresa y la libertad económica han sido herramientas extraordinarias para terminar con la pobreza en el mundo, y nos encontramos hoy en el mejor momento de la historia de la humanidad, vale la pena preguntarse: ¿por qué digo entonces que Occidente está en peligro?

Occidente en peligro

Digo que occidente está en peligro justamente porque en aquellos países que debiéramos defender los valores del libre mercado, la propiedad privada y las demás instituciones del libertarismo, sectores del establishment político y económico, algunos por errores en su marco teórico y otros por ambición de poder, están socavando los fundamentos del libertarismo, abriéndole las puertas al socialismo y condenándonos potencialmente a la pobreza, a la miseria y al estancamiento.

Porque nunca debe olvidarse que el socialismo es siempre y en todo lugar un fenómeno empobrecedor que fracasó en todos los países que se intentó. Fue un fracaso en lo económico. Fue un fracaso en lo social. Y fue un fracaso en lo cultural. Y además asesinó a más de 100 millones de seres humanos.

El problema esencial de Occidente hoy es que no solo debemos enfrentarnos a quienes, aun luego de la caída del Muro y la evidencia empírica abrumadora, siguen bregando por el socialismo empobrecedor, sino también a nuestros propios líderes, pensadores y académicos que, amparados en un marco teórico equivocado, socavan los fundamentos del sistema que nos ha dado la mayor expansión de riqueza y prosperidad de nuestra historia.

El papel de la economía neoclásica

El marco teórico al que me refiero es el de la teoría económica neoclásica, que diseña un instrumental que, sin quererlo, termina siendo funcional a la intromisión del Estado, el socialismo, y la degradación de la sociedad. El problema de los neoclásicos es que como el modelo del que se enamoraron no mapea contra la realidad, atribuyen el error a supuestos fallos del mercado en vez de revisar las premisas de su modelo.

So pretexto de un supuesto fallo de mercado, se introducen regulaciones que lo único que generan es distorsiones en el sistema de precios, que impiden el cálculo económico, y en consecuencia el ahorro, la inversión y el crecimiento.

Este problema radica esencialmente en que ni siquiera los economistas supuestamente libertarios comprenden qué es el mercado, ya que si se comprendiera, se vería rápidamente que es imposible que exista algo así como un fallo del mercado.

El mercado no es una mera descripción gráfica de una curva de oferta y otra de demanda en un gráfico. El mercado es un mecanismo de cooperación social donde se intercambian voluntariamente derechos de propiedad. Por lo tanto, dada esa definición, hablar de fallo del mercado es un oxímoron. No existe fallo de mercado.

¿Fallos del mercado?

Si las transacciones son voluntarias, el único contexto en el que puede haber un fallo de mercado es si hay coacción. Y el único con la capacidad de coaccionar de manera generalizada es el Estado, que tiene el monopolio de la violencia. En consecuencia, si alguien considera que hay un fallo de mercado, les recomendaría que revisen si hay intervención estatal en el medio. Y si encuentran que no hay intervención estatal en el medio, les sugiero que hagan de nuevo el análisis porque definitivamente está mal. Los fallos de mercado no existen.

Un ejemplo de los supuestos fallos del mercado que describen los neoclásicos son las estructuras concentradas de la economía. Sin embargo, sin funciones que presenten rendimiento creciente a escala, cuya contrapartida son las estructuras concentradas de la economía, no podríamos explicar el crecimiento económico desde el año 1800 hasta hoy.

Fíjense que interesante. Desde el año 1800 en adelante, con la población multiplicándose más de 8 o 9 veces, el producto per cápita creció más de 15 veces. Existen rendimientos crecientes, eso llevó la pobreza extrema del 95% al 5%. Sin embargo, esa presencia de rendimientos crecientes implican estructuras concentradas, lo que se llamaría un monopolio.

¿Cómo puede ser que algo que haya generado tanto bienestar para la teórica neoclásica es un fallo de mercado? Economistas neoclásicos, salgan de la caja. Cuando el modelo falla, no hay que enojarse con la realidad, hay que enojarse con el modelo y cambiarlo.

Abrir las puertas al intervencionismo y al socialismo

El dilema que enfrenta el modelo neoclásico es que dicen querer perfeccionar el funcionamiento del mercado atacando lo que ellos consideran fallos, pero al hacerlo no sólo le abren las puertas al socialismo, sino que atentan contra el crecimiento económico. Ejemplo, regular monopolios, destruirle las ganancias, y destrozar los rendimientos crecientes automáticamente destruiría el crecimiento económico.

Dicho de otro modo, cada vez que ustedes quieran hacer una corrección de un supuesto fallo de mercado, inexorablemente, por desconocer lo que es el mercado o por haberse enamorado de un modelo fallido, le están abriendo las puertas al socialismo y están condenando a la gente a la pobreza.

Sin embargo, frente a la demostración teórica de que la intervención del Estado es perjudicial, y la evidencia empírica de que fracasó – porque no podía ser de otra manera- la solución que propondrán los colectivistas no es mayor libertad sino que es mayor regulación, generando una espiral descendiente de regulaciones hasta que todos seamos más pobres, y la vida de todos nosotros dependa de un burócrata sentado en una oficina de lujo.

Dado el estrepitoso fracaso de los modelos colectivistas y los innegables avances del mundo libre, los socialistas se vieron forzados a cambiar su agenda. Dejaron atrás la lucha de clases basada en el sistema económico para reemplazarla por otros supuestos conflictos sociales igual de nocivos para la vida en comunidad y para el crecimiento económico.

Guerra entre los sexos

La primera de estas nuevas batallas fue la pelea ridícula y antinatural entre el hombre y la mujer.

El libertarismo ya establece la igualdad entre los sexos. La piedra fundacional de nuestro credo dice que todos los hombres somos creados iguales, que todos tenemos los mismos derechos inalienables otorgados por el creador, entre los que se encuentran la vida, la libertad y la propiedad.

En lo único que devino esta agenda del feminismo radical es en mayor intervención del Estado para entorpecer el proceso económico, darle trabajo a burócratas que no le aportan nada a la sociedad, sea en formato de ministerios de la mujer u organismos internacionales dedicados a promover esta agenda.

Otro de los conflictos que los socialistas plantean es el del hombre contra la naturaleza. Sostienen que los seres humanos dañamos el planeta y que debe ser protegido a toda costa, incluso llegando a abogar por mecanismos de control poblacional o en la agenda sangrienta del aborto.

Lamentablemente, estas ideas nocivas han impregnado fuertemente en nuestra sociedad. Los neomarxistas han sabido cooptar el sentido común de occidente. Lograron esto gracias a la apropiación de los medios de comunicación, de la cultura, de las universidades, y sí, también de los organismos internacionales. Este último caso es el más grave, talvez, porque se trata de instituciones que tienen enorme influencia en las decisiones políticas y económicas de los países que integran esos organismos multilaterales.

El triunfo del colectivismo

Por suerte, somos cada vez más los que nos atrevemos a levantar la voz. Porque vemos que, si no combatimos frontalmente estas ideas, el único destino posible es que cada vez vamos a tener más Estado, más regulación, más socialismo, más pobreza, menos libertad, y, en consecuencia, peor nivel de vida.

Occidente, lamentablemente, ya comenzó a transitar este camino. Sé que a muchos les puede sonar ridículo plantear que Occidente se ha volcado al socialismo. Pero sólo es ridículo en la medida que uno se restringe a la definición económica tradicional del socialismo, que establece que es un sistema económico donde el Estado es el dueño de los medios de producción.

Esta definición debería ser, para nosotros, actualizada a las circunstancias presentes. Hoy los Estados no necesitan controlar directamente los medios de producción para controlar cada aspecto de la vida de los individuos.

Con herramientas como la emisión monetaria, el endeudamiento, los subsidios, el control de la tasa de interés, los controles de precios y las regulaciones para corregir los supuestos “fallos de mercado”, pueden controlar los destinos de millones de seres humanos.

Todos sois colectivistas

Así es como llegamos al punto en el que, con distintos nombres o formas, buena parte de las ofertas políticas generalmente aceptadas en la mayoría de los países de Occidente son variantes colectivistas. Ya sea que se declaren abiertamente comunistas, fascistas, nazis, socialistas, socialdemócratas, nacional, socialistas, demócratas, cristianos, keynesianos, neo keynesianos, progresistas, populistas, nacionalistas o globalistas.

En el fondo no hay diferencias sustantivas: todas sostienen que el Estado debe dirigir todos los aspectos de la vida de los individuos. Todas defienden un modelo contrario al que llevó a la humanidad al progreso más espectacular de su historia.

Nosotros venimos hoy aquí a invitar a los demás países de Occidente a que retomemos el camino de la prosperidad. La libertad económica, el gobierno limitado y el respeto irrestricto de la propiedad privada son elementos esenciales para el crecimiento económico.

Este fenómeno de empobrecimiento que produce el colectivismo no es una fantasía. Ni tampoco fatalismo. Es una realidad que los argentinos conocemos muy bien de hace por lo menos 100 años.

El ejemplo de Argentina

Porque ya lo vivimos. Ya pasamos por esto. Porque como dije antes, desde que decidimos abandonar el modelo de la libertad que nos había hecho ricos, estamos atrapados en una espiral descendiente en donde cada día somos más pobres.

Eso es: ya lo vivimos nosotros. Y estamos acá para alertarlos acerca de lo que puede pasar si los países de Occidente, que se hicieron ricos con el modelo de la libertad, continúan por este camino de servidumbre.

El caso argentino es la demostración empírica de que no importa cuán rico seas, cuantos recursos naturales tengas, no importa cuán capacitada esté la población, ni cuan educada sea, ni cuantos lingotes de oro haya en las arcas del banco central.

Si se adoptan medidas que entorpecen el libre funcionamiento de los mercados, la libre competencia, los sistemas de precios libres, si se entorpece el comercio, si se atenta contra la propiedad privada, el único destino posible es la pobreza.

Los empresarios son los héroes de nuestro tiempo

Para finalizar, quiero dejarle un mensaje a todos los empresarios aquí presentes y a los que nos están mirando desde todos los rincones del planeta.

No se dejen amedrentar ni por la casta política ni por los parásitos que viven del Estado. No se entreguen a una clase política que lo único que quiere es perpetuarse en el poder y mantener sus privilegios.

Ustedes son benefactores sociales. Ustedes son héroes. Son los creadores del periodo de prosperidad más extraordinario que jamás hayamos vivido. Que nadie les diga que su ambición es inmoral. Si ustedes ganan dinero es porque ofrecen un mejor producto a un mejor precio, contribuyendo de esa manera al bienestar general.

No cedan al avance del Estado. El Estado no es la solución. El Estado es el problema mismo.

Ustedes son los verdaderos protagonistas de esta historia, y sepan que a partir de hoy, cuentan con Argentina como un aliado incondicional.

Muchísimas gracias y Viva la libertad, carajo!

Discurso pronunciado por Javier Milei en Davos, durante el World Economic Forum, el 19 de enero de 2024.

Ver también

Javier Milei: la persuasión y la negociación median con el éxito. (George Youkhadar).

Los cien días de Milei (Cristóbal Matarán).

Las corridas de toros y el futuro de Argentina. (Santiago Dussan).

Las ideas importan, y mucho. (Mateo Rosales).

La hora de la verdad de Javier Milei. (Mateo Rosales).

Victoria de Milei: lo que puede aprender España. (Benjamín Santamaría).

Maradona, el asado y la libertad. (Alfredo Reguera).

Javier Milei, un libertario camino de ser presidente de Argentina. (Santiago Dussan).

Javier Milei y la bandera de libertad. (Mateo Rosales).

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina? (Fernando Vicente).

Milei, la opción liberal. (Mateo Rosales).

Ayn Rand, la gran conversora

Vivimos tiempos peculiares, en los que un gobernante puede permitirse anunciar recortes drásticos de gasto público y no solo no ser abucheado, sino que además puede ser vitoreado. Es el caso de Javier Milei en Argentina. Podemos correr el riesgo de pensar que estas multitudes han perdido la cabeza, pero también podríamos ser más optimistas y verlo como la prueba de que se puede incursionar en la política con determinadas ideas y que, aunque estas estén muy alejadas de la discusión habitual, tienen la capacidad de imponerse y resultar exitosas en la contienda electoral.

Javier Milei y Ayn Rand

Lo que ha logrado Javier Milei en este tiempo es casi un milagro y buena parte de su éxito no podemos desvincularlo no solo de sus lecturas de Ayn Rand, sino de la aplicación de la doctrina randiana, tanto de manera explícita como implícita. En enero de 2018, cuando ni siquiera soñaba con iniciar la carrera política, Milei se mostraba ya partidario[i] de iniciar La rebelión de Atlas, afirmando que de un lado deberían estar “los defensores de la justicia social y los parásitos” y del otro “los que queremos vivir del fruto de nuestro trabajo”. Concluía, convencido, diciendo que “no importa qué parte del país nos den, la convertiríamos en un verdadero paraíso”.

Ya metido en la arena política, pese a que muchas de sus intervenciones estaban centradas en asuntos de raíz económica —Milei es economista de profesión—, no perdía oportunidad en sus apariciones públicas para reclamar la suya como una propuesta política de raíz moral, porque se apoya en valores. Aprovechaba así, muy a la manera randiana, para señalar a sus adversarios como basados en “valores inmundos”[ii], como la envidia, el odio, el resentimiento, el trato desigual frente a la ley, el robo y el asesinato. De ese conjunto de valores morales “nada bueno puede salir”, concluía.

Empresarios y empresaurios

En sus habituales clases al aire libre con las que fue sumando adeptos, Milei no buscaba conquistar a los asistentes tanto con cifras y porcentajes, sino con esta persuasiva manera de presentar sus ideas como mejores en términos morales. No se limitaba a decir que el capitalismo es un buen instrumento para generar riqueza o hacer crecer el PIB per cápita, sino que subrayaba que su mejor cualidad era que se trata de un sistema justo.

Por eso diferencia a los empresarios prebendarios, los “empresaurios” que solo viven de negocios que se sustentan en su capacidad de influencia sobre los políticos que regulan su sector, de los verdaderos emprendedores, los grandes productores, los creadores, los industriales, los científicos que hacen avanzar el mundo, porque estos son los grandes benefactores de la humanidad. En el sistema actual, a estos últimos se los castiga a través de impuestos siempre crecientes, mientras que a los primeros se los premia a través de concesiones administrativas y legislaciones que limitan la competencia.

La rebelión de Atlas

Cuando Ayn Rand publica La rebelión de Atlas en la década de 1950, presenta un escenario de un país al borde del colapso económico después de años de mal gobierno colectivista, donde los ciudadanos productivos e innovadores son explotados para sostener a aquellos que no trabajan ni producen. Como sabemos, la narración plantea la pregunta de qué sucedería si un día estos individuos decidieran dejar de cargar con el peso del estado sobre sus hombros, similar a la figura de Atlas cansado de llevar el mundo en sus espaldas.

¿No es esta la poderosa metáfora de que se ha servido Javier Milei para llegar tan amplio público? A diferencia de países como Estados Unidos, donde la de Ayn Rand es una obra imaginaria y ficticia, en Argentina, esta historia parece reflejar una realidad palpable, describiendo al país como una rueda atascada con un obstáculo: sin movimiento, o más bien mejor, retrocediendo cada año que pasa.

Corderos y leones

La conversión que Milei ha logrado en parte del pueblo argentino (la parte que produce, con independencia de su nivel de ingresos) podemos asemejarla a la conversión que Ayn Rand ha logrado de miles o millones de personas en todo el mundo a través de su obra literaria. Su constante apelación a los espíritus dormidos de la sociedad se sintetiza en su muy randiana frase “Yo no vengo a guiar corderos, vengo a despertar leones”. El rechazo frontal a la llamada justicia social que ha mostrado en su carrera política no es otra cosa que el mismo rechazo de Ayn Rand al altruismo y a la vez una vindicación del egoísmo virtuoso. “No con la mía”, afirma, en referencia a que con el dinero ajeno todos podemos ser muy generosos y que ese tipo de caridad carece por completo de mérito.

Frente a un lenguaje común que ve como algo malo el individualismo, Milei ha alzado la voz para decir alto y fuerte que lo malo no es el individualismo, sino el colectivismo. Del mismo modo, en un mundo donde las corrientes de pensamiento a menudo se centran en lo colectivo, Ayn Rand destacó en la defensa de la autonomía y la singularidad del individuo. Su enfoque claro y directo en la realidad y la razón resonó en el hombre común que buscaba no solo entender el mundo, sino también forjar su propio camino en él. Si vemos a Ayn Rand como un ejemplo de filósofa popular, al mantenerse como una figura influyente cuyas ideas continúan inspirando y desafiando las percepciones convencionales sobre la vida, la moralidad y la libertad individual, no podemos evitar reconocer a Javier Milei como uno de sus más notables epígonos.


[i] 5 de enero de 2018

[ii] 26 de marzo de 2021

Comienza una política de cielos abiertos en Argentina

Ya está en vigencia el decreto de necesidad y urgencia 70/2023, el que trabaja sobre múltiples áreas, pero contiene un eje común en la desregulación de los mercados. La posible privatización de Aerolíneas Argentinas (AA) como una aerolínea de bandera deficitaria corre por otro camino, mientras se abre la competencia para que ingresen al país algunas empresas low-cost.

Breve historia de Aerolíneas Argentinas

Fundada por un decreto de Juan Domingo Perón en 1950, Aerolíneas Argentinas dispuso hasta diciembre de 2023 de un monopolio en el país. AA ha mostrado en su historia una dinámica poco frecuente. En 1979 se transformó en sociedad del Estado. En 1990, en el marco de una ola de privatizaciones de aerolíneas en toda Latinoamérica, fue privatizada, reteniendo el Estado la deuda, y cayendo la empresa bajo el consorcio español Iberia. Más tarde, en 2001, comenzó un proceso de ampliación de la participación en manos de funcionarios españoles, traspasando finalmente la aerolínea al Grupo Marsans. Finalmente, en julio de 2008, AA fue parte de la ola de renacionalizaciones del gobierno de los Kirchner. Volvió a la administración pública.

Bajo la gestión de Mauricio Macri se impulsó el inicio de una política de cielos abiertos, habilitando el aeropuerto de El Palomar y permitiendo que empresas low cost, como Flybondi, fundada en 2016, compitieran con la aerolínea bandera, Aerolíneas Argentinas. Pero el proceso se interrumpió rápidamente con el gobierno de Alberto Fernández quien decidió cerrar aquel aeropuerto en 2020, lugar que utilizaban frecuentemente las aerolíneas de bajo costo y le dio prioridad a la aerolínea estatal. Fue durante su mandato también que LAN -una empresa que llegó a cubrir el 10 % de los vuelos de cabotaje en Argentina- abandonó el país.

Vuelta a los cielos abiertos

Los problemas sindicales continúan. Los crecientes subsidios a la aerolínea también. Los altos costos en este mercado siguen haciendo prohibitivo el acceso al servicio. La escasez de vuelos a los múltiples destinos y mala calidad de los viajes —representados en demoras y cancelaciones de vuelo— resulta en una consecuencia obvia.

Sin embargo, debemos observar aquí dos problemas diferentes: por un lado, el de su privatización o nacionalización. Ya forma parte de la agenda pública argentina de 2024 qué hará el nuevo gobierno con una empresa que hoy es financiada en una alta proporción por recursos tributarios, y no precisamente por los pasajeros que gozan del servicio. Javier Milei comentó en campaña y también ahora que entró en ejercicio su mandato la intención de reprivatizar la compañía, lo que también quedó planteado como una posibilidad -entre varias empresas estatales deficitarias- en el DNU.

Por otro, la apertura y desregulación del mercado. Que Aerolíneas Argentinas sea pública o privada resulta irrelevante, en comparación con la necesidad de desregular el mercado e ir hacia una política de cielos abiertos. Basta observar que tanto en EEUU como en diversos países de Europa se cuenta con aerolíneas estatales o de bandera y, sin embargo, el servicio es superior tanto en costo como en calidad.

Cielos abiertos y desregulación en los EE.UU, Chile, Gran Bretaña y Europa

Los mentores del actual Presidente de la Argentina, Alberto Benegas Lynch (h) y Martín Krause, dan en la tecla cuando afirman que “el cambio no se circunscribe a la venta de una empresa estatal ni a su paso a manos privadas, sino al marco regulatorio de la actividad que permite o restringe el funcionamiento del mercado. Es la competencia real o potencial la que incentiva a los agentes del mercado, en este caso las compañías aéreas, a reducir tarifas, ofrecer más servicios y mejorar la eficiencia. En la Argentina, en particular, por ser un país de grandes extensiones, las alternativas de transporte aéreo accesibles resultan de fundamental importancia”.

Los mitos en este campo son numerosos. La desregulación, para los mal informados, traería aparejado: 1) “el caos, la confusión y la incertidumbre”, 2) destruiría empleos, 3) resultaría en monopolios, 4) haría a los cielos menos seguros, 5) se incrementarían las pérdidas de equipaje, la sobreventa de asientos, las demoras en las salidas y llegadas de vuelos, 6) bajaría la calidad de las comidas y otros servicios en vuelo, y 7) habría una congestión en los aeropuertos.

El ejemplo de los Estados Unidos y Canadá

La evidencia empírica, sin embargo, contradice estas hipótesis. Herbert G. Gruble desarrolla precisamente un estudio comparado de la desregulación americana y la regulación canadiense, durante el período 1979 y 1988, y muestra sus conclusiones: “La performance comparativa de las aerolíneas de Canadá y EE. UU. entre 1979 y 1988 otorga una muy rara oportunidad de estudiar los efectos de los cambios en una política económica importante. Casi como un experimento de laboratorio, la industria de un país ha continuado operando en un entorno regulado, mientras que en el otro se enfrentó a políticas totalmente diferentes, […]

Los datos apoyan fuertemente el análisis teórico de los efectos de la desregulación. La mayor competencia en EEUU llevó a una notable reducción de los costos y tarifas en relación con los de Canadá. Tan espectaculares son los resultados que otras diferencias entre los dos países no pueden explicarlos. Generalmente, la desregulación aérea provee mayores beneficios a los consumidores”.

Chile y Europa

El caso chileno, también puede ilustrar la cuestión. Un trabajo de Jorge Asecio, publicado por el Instituto Libertad y Desarrollo, explica: “La incorporación de nuevas empresas prestatarias de servicios, así como la incorporación al mercado de nuevos y más modernos equipos de vuelo, que se adaptan mejor a los requerimientos de la demanda y presentan costos medios más bajos, aseguran un incremento de los niveles de demanda conocidos”. Además, agrega Asecio, “Las características del mercado llevaron a la autoridad a aplicar una política que permitiera generar condiciones de competencia, con lo cual se han obtenido incrementos de frecuencia, servicios a más bajo costo y una mayor cobertura aérea de nuestro país”.

En el caso de Inglaterra, la privatización de la British Airways es todavía recordada por el prestigio alcanzado en la calidad de sus servicios. El hecho de que las aerolíneas británicas compitan entre sí, como con aerolíneas extranjeras, dio como resultado que las tarifas de los vuelos que se originan en el Reino Unido sean, en general, más bajas que en los demás países europeos.

Por último, una mención especial merece el “Tratado de Cielos Abiertos para Europa”. Los 24 países miembros se resistieron durante un tiempo bastante prolongado a la desregulación, pero hoy disfrutan de los beneficios de una política de cielos abiertos entre Europa y EEUU, pudiendo volar libremente de un país a otro, y en muchos casos, a menores costos que en automóvil, autobuses o ferrocarril.

Primeros pasos en Argentina para la desregulación

El DNU 70/2023 abre el mercado nuevamente para la Argentina, derogando y modificando decretos y leyes para facilitar el ingreso de más líneas aéreas. Entre otros aspectos, el DNU modificó el código aeronáutico, por el cual se elimina el mecanismo de audiencia pública para otorgar rutas aéreas y se derogó el decreto 1654/2002 que permitía establecer bandas tarifarias. Al colocar precios mínimos, el gobierno de Alberto Fernández jugó en favor de Aerolíneas Argentinas y en detrimento de la existencia de empresas low cost.

La desregulación ya empieza a mostrar sus efectos. Con la entrada en vigencia del DNU 70/2023 el Ministerio de Infraestructura confirmó este jueves nuevas rutas aéreas que conectan destinos de la Argentina y otros países. JetSmart, Flybondi, Paranair y GOL son las primeras empresas low cost que entran en esta política de cielos abiertos, a las que se irán sumando otras nuevas, con precios accesibles y fomentando la competencia.

El nuevo gobierno informó que la primera empresa en aprovechar el nuevo marco regulatorio es Flybondi con vuelos de Aeroparque a Mar del Plata, que cuenta con el 90% de ocupación, con frecuencias los lunes, miércoles, viernes y domingo. Además, informaron sobre la ampliación de la oferta de esa misma empresa para conectar la Argentina con Brasil.

Por otro lado, desde de marzo JetSmart unirá Buenos Aireas con Concepción. Paranair volará desde Córdoba a Asunción del Paraguay, con frecuencias los miércoles, viernes y domingo. Gol, por su parte, iniciará el 1 de abril vuelos desde Ezeiza a Bogotá. Es apenas el inicio de una transformación del mercado aeronáutico argentino.

Ver también

Decálogo de un plan integral y urgente para Argentina. (Adrián Ravier).

Entreabriendo los cielos. (Francisco Moreno).

Por qué se puede (y debe) dolarizar Argentina en el 2024

Tras el flamante triunfo de Javier Milei en Argentina se ha abierto el debate sobre cómo podría dolarizar la Argentina. Y aunque haya sido la propuesta electoral más comentada, no ha nombrado en su discurso de asunción la dolarización ni se ha avanzado en el primer mes en esa dirección. Parece que son muchas las críticas y supuestas dificultades que se han presentado y que van alargando el proceso. 

Visto desde Ecuador, un país que lleva 23 años dolarizado, el debate parece un deja-vu, pues son casi los mismos los argumentos que se usan en contra la dolarización de Argentina los que se usaron dos décadas ha contra la dolarización de Ecuador. 

Lo llamativo es que la cuestión ya no es por qué dolarizar Argentina. La inmensa mayor parte de los argentinos lo desean, y así lo han demostrado con sus votos y con sus actos, acumulando billones de dólares en sus casas (casi el 50% del PIB, según algunos informes). Al igual que en Ecuador, la cuestión ya no es si dolarizar fue o no una buena decisión, pues es la política pública que suscita más consenso, manteniéndose con unos niveles de popularidad de entorno al 85% sostenidos, muy por encima de cualquier Presidente o cualquier otra política económica.  

Y teniendo en cuenta que nadie ha presentado aún un plan sólido para evitar el caos monetario que es la nación austral a día de hoy (y durante la mayor parte de su historia) que no sea dolarizar, la cuestión tampoco puede ser ya si se ha de dolarizar Argentina, sino cuándo se hará y a qué tipo de cambio. 

Libertad de elección de moneda

Dolarizar es permitir a los ciudadanos que intercambien en la moneda que deseen, es la libertad simétrica a la libertad fundamental de libre comercio: igual que tenemos el derecho de comprar lo que deseemos y acordemos, tenemos el derecho de pagarlo en lo que deseemos y acordemos. Por tanto, desde un punto de vista liberal, la argumentación ética a su favor es obvia. 

Muchos pensamos que la libre elección de moneda, una propuesta de Hayek y que está garantizada en la Constitución en Panamá, es una medida aún superior a la dolarización. Pero creo que es más fácil pasar de la situación actual en Argentina a una dolarización, y de la dolarización a una mayor libertad monetaria, que de la situación actual de Argentina a una libertad monetaria.

El Estado Argentino ha de elegir una moneda para convertir la masa monetaria en pesos, y además para operar pagando sus compromisos y cobrando impuestos. Y al ser el dinero un bien-red y tener el Estado un peso tal en la economía, esa elección afectará a la decisión de gran parte de los ciudadanos. Por tanto, a efectos prácticos la dolarización es más fácil y factible y no habría diferencias sustanciales con un sistema de libertad monetaria, pues la mayoría de los argentinos ya eligen el dólar para sus ahorros y es su principal moneda de transacción internacional. Eso sí, lo ideal sería acompañar la dolarización de una norma que permita el libre acuerdo de la moneda de intercambio entre los compradores y vendedores, así como la libertad para abrir cuentas bancarias en cualquier moneda acordada. 

Exceso de Leliqs

El primer supuesto gran problema es que existen demasiadas “LELIQs” y que, por tanto, primero hay que hacer una limpieza del balance del Banco Central para poder dolarizar. Y así, la primera medida que ha decidido el Ministro Caputo con respecto a su política monetaria ha sido dejar de renovar las LELIQs e incentivar a los bancos a comprar deuda del Estado. 

Aclaremos por qué esto no es ni el supuesto gran problema que tantos creen, ni mucho menos la solución. Las LELIQs son el resultado la pésima política monetaria argentina que provoca la inflación que es eminentemente fiscal. El Estado le pide dinero al Banco Central que es incapaz de decirle que no, por lo que le presta pesos (pasivos de su balance) a cambio de promesas de pago del gobierno de Argentina que acumula en el activo de su balance.

Como todos esos pesos creados ex nihilo se acumulan como masa monetaria que provoca inflación, el mismo Banco Central que los ha creado los intenta retirar de la circulación, cuan bombero pirómano. Y para sacar los pesos de circulación lo que hace es emitir LELIQS, que son préstamos en pesos que hacen los bancos comerciales al Banco Central a corto plazo, normalmente 28 días. Esos LELIQS siguen estando en el pasivo del balance del BCRA, sólo han cambiado una partida de pasivo por otra.

El sistema drena el crédito productivo

Alguien se podrá preguntar cuál es el plan para reducir la masa monetaria tras los 28 días en que se revierte la operación. Y la realidad es que ninguno. A los 28 días se suelen renovar las LELIQS a mayor tipo de interés en un proceso imparable. Los bancos comerciales, por tanto, toman los depósitos de los argentinos que les remuneran pues son útiles para retirar los pesos que crea el BCRA, gasta el gobierno argentino en todos sus programas populistas, entran a la economía argentina, y tienen que retirar de esta manera.

Pero la plata que toman con una mano, con la otra, en lugar de ejercer su función de mediador del riesgo y otorgar crédito al sector productivo, prestan ese dinero al Banco Central. Y lo prestan a tipos de interés de hasta el 160% anual, que siempre es menor que la inflación, pues la inflación la generan ellos mismos con este proceso de creación de masa monetaria.

A día de hoy los bancos argentinos tienen 43 billones de pesos en depósitos y sólo 16 billones de pesos han prestado al sector privado (últimos datos disponibles del BCRA). El resto, al Estado. Este es otro de los efectos secundarios de vivir en un desastre monetario, que se drena el crédito productivo, por tanto, se descapitaliza la economía. 

Los argentinos tendrán que pagar por una de estas cuatro vías

Creo que hay que hacer hincapié en el nefasto papel que juegan los bancos en el proceso inflacionario de Argentina (tras el Gobierno y el Banco Central, pero estos son los primeros responsables), pues sin ellos nada de todo este proceso inflacionario se podría haber producido, y ellos no están cumpliendo con ninguna de sus dos funciones principales en un sistema económico sano, que son resguardar los depósitos de sus clientes y canalizar el crédito a los proyectos productivos más seguros y eficientes.

Una vez que entendemos que los LELIQS ya están creados y son cuasi-masa monetaria argentina, se entiende que al final del camino serán los argentinos quienes tendrán que reconocer y pagar esta realidad, les guste o no. Y sólo se puede hacer de cuatro maneras: o lo pagan todos los argentinos con impuestos; o lo pagan los argentinos con la quiebra de los bancos; o lo pagan los argentinos con un mayor tipo de cambio a la hora de dolarizar, o lo pagan los argentinos con más inflación. Pero al final del camino lo pagan los argentinos. 

La primera opción, esperar que el Gobierno de Argentina pague la deuda con el Banco Central de Argentina, es una fantasía, pues es evidente que el gobierno de Argentina es incapaz de cumplir con sus deudas y está en impago contable. Pero aún siendo así, eso sólo significaría que lo pagarían los argentinos con sus impuestos. Y no creo que haya capacidad de subir mucho más los impuestos, o de cargar a los argentinos del futuro con más impuestos. Y si se hiciese, los argentinos estarían descontentos con estas medidas económicas, pues supondría que pagarían más impuestos y recibirían menos servicios del Estado. 

Bail-in

La otra opción es no devolver las LELIQS; pero en ese caso los bancos comerciales tendrían graves dificultades, pues se quedarían con tan sólo papeles impagados para responder a los depósitos de sus clientes, por lo que quebrarían y entonces lo terminarían pagando los argentinos con sus depósitos en los bancos. Ahora bien, yo también creo, como dije anteriormente, que los bancos comerciales son en gran parte culpables de la situación que está atravesando el país. Por ello creo que lo justo sería hacer un “bail-IN”, esto es, no devolver LELIQS por valor del capital patrimonial de los bancos, pues ellos también han de pagar el riesgo tan irresponsable que están asumiendo prestando dinero a un Banco Central quebrado que responde a un Gobierno quebrado.

Esto permitiría dolarizar a un menor tipo de cambio. Creo que esta opción no tendría mayores problemas sobre su solvencia, pues lo más probable es que tras la dolarización se genere tal confianza en la economía argentina y su sistema financiero que todos esos dólares que los argentinos tienen guardados en sus casas aflorarán y se depositarán, recapitalizando así a los bancos. 

La tercera opción es que se cubran los LELIQS con las reservas internacionales que tiene el Banco Central, en este caso el tipo de cambio sería superior. Sería parecido al del tipo de cambio del dólar blue, que es el dólar libre, y que en el fondo no está sino reflejando exactamente esto, cuántos activos reales hay en el balance del Banco Central para respaldar los pasivos exigibles, que son la masa monetaria y la cuasi-masa monetaria. 

Vincular el pago a la dolarización

Creo que hacer el pago en el momento de la conversión al dólar es lo mejor con diferencia. En primer lugar pues es lo más rápido, y permite re-comenzar la economía argentina con valores reales y sin lastres. Pero es que además es cargar sobre la moneda un problema que es monetario, lo más lógico y simple, en lugar de hacerlo sobre lo fiscal o financiero. 

Lo que hay que entender es que la dolarización es, sobre todo, un proceso de sinceramiento de la economía. Y en ese sinceramiento hay que reconocer la realidad: los LELIQS son masa monetaria drenada temporalmente, o sea, cuasi-masa monetaria. Pero esa masa monetaria ya existe, ya se ha creado y no va a desaparecer. Por tanto, creo que el tipo de cambio al que se debe dolarizar debe contar con ellos, y eso hace que se acerque mucho más al tipo de cambio del dólar blue (que está ya por encima de los 1000 pesos por dólar) que del dólar oficial, así sea el anunciado por el Ministro Caputo (que ha sido de 800 pesos por dólar).  

Por dónde va el Plan Caputo

Me parece evidente que no se puede contar con que el Gobierno de Argentina cumpla con sus compromisos de pago. No lo creo yo, y no lo creen los acreedores internacionales que sitúan el riesgo país en torno a los 2000 puntos. Peor aún ahora que el plan de Caputo parece que es acumular como deuda propia toda la masa monetaria acumulada en las LELIQs, de tal manera que sólo se cargará con más deuda, esto es, más incertidumbre e impuestos futuros, una situación fiscal ya quebrada. 

Ahora bien, hay una diferencia radical entre un “default soberano” en un país con moneda propia y un “default soberano” en un país dolarizado. Pues en un país con moneda propia el Gobierno presionará al Banco Central para emitir moneda para poder pagar, de tal manera que la quiebra también la pagarán los ciudadanos con inflación y pérdida de poder adquisitivo. Algo que ya ha ocurrido en Argentina.

Sin embargo, en un país dolarizado, la quiebra del Estado no es la quiebra de los ciudadanos, ni de sus bancos, ni de sus empresas ni de su moneda. De tal manera que puede declarar un “default” el Estado, y eso simplemente implicaría que no pueda pedir prestado en los mercados internacionales, largos juicios de embargos internacionales o disputas. De hecho, los datos en Ecuador son muy dicentes a este respecto. Pues aunque ha subido el riesgo país hasta los 2000 puntos, la financiación de las empresas privadas no se ha visto apenas afectada. 

La dolarización es una quiebra

Claro que una declaración de quiebra tendría consecuencias sobre la financiación del gobierno de Argentina en el futuro, pero teniendo en cuenta que ya no tiene financiación alguna en mercados libres pues su credibilidad está por los suelos, y que el plan de Milei es reducir el tamaño del Estado para lograr un déficit cero, sería simplemente afianzar esa medida. 

Algunos dicen que Milei no puede dolarizar pues no cuenta con los dólares suficientes, lo cual es evidentemente falso. La cuestión de los dólares disponibles en la Reserva internacional lo que dilucida es a qué tipo de cambio se puede dolarizar, pero no si se puede o no. Y la respuesta es que sí se podría dolarizar al tipo de cambio del dólar blue. 

No hay panaceas, pero…

Y algunas voces arguyen que no se puede dolarizar pues cuenta con “reservas internacionales negativas”, lo cual es no entender qué es la dolarización. La dolarización se ha de plantear como la quiebra del banco central, y por tanto hay que analizar el balance del Banco Central partida a partida como una quiebra ordenada, qué partidas del activo hay disponibles para pagar qué partidas del pasivo en qué prelación. Y por eso tan sólo interesan tres partidas para la dolarización, en el activo las reservas internacionales, pues son las realmente disponibles. En el pasivo, la masa monetaria en pesos que hay que cambiar, y como ya hemos explicado anteriormente, las LELIQs.  Claro que el balance de un banco central es mucho más complicado que esto, pero éstas son las partidas fundamentales para llevar a cabo la dolarización. 

La dolarización no es una panacea, no es un milagro económico, no es la solución a todos los problemas de Argentina. La dolarización es una medida monetaria que permite solucionar de raíz el problema monetario que es la inflación. Que es, a día de hoy, el principal problema económico de Argentina.  

La dolarización no requiere de condiciones previas, no requiere de tener la economía saneada, ni requiere de tener equilibrio fiscal. La dolarización requiere tener los conceptos claros y voluntad para ello. 

Ver también

¿Cuánto cuesta dolarizar una economía? (Santos Mercado).

Dolarización venenosa. (Santos Mercado).

Reflexiones ante la carta de 200 economistas que se oponen a la dolarización. (Adrián Ravier).

Dolarizar Argentina es posible y deseable. (Adrián Ravier).

Dolarización en Argentina. (Santos Mercado).

Una propuesta para dolarizar la Argentina sin devaluación ni aumentar la deuda. (Adrián Ravier).

Respuesta a tres grupos críticos de la dolarización argentina. (Adrián Ravier).

La dolarización como herramienta de cambio: lecciones del milagro ecuatoriano. (Adrián Ravier).

En Argentina no basta con el equilibrio fiscal. (Adrián Ravier).

Dolarizar Argentina es posible e imprescindible. (Adrián Ravier).

Javier Milei: la persuasión y la negociación median con el éxito

La persuasión es definida como cualquier cambio, intencionalmente buscado, que ocurre en las actitudes de las personas como consecuencia de su exposición a una propuesta de persuasión

Richard E. Petty y John Cacioppo, 1981.

Si algo sería redundante de resaltar, es la importancia determinante que han tenido los contextos históricos, institucionales y psicosociales, que inexorablemente debe de enfrentar cualquier gobierno democrático cuando pretende realizar cambios estructurales de índole económica primordialmente, dentro de escenarios político-institucionales adversos, con un holgado, o cómodo, pero no preponderante, ni mucho menos avasallante apoyo o piso político para implementar sus políticas públicas.

En lo que respecta al marco institucional se puede destacar la importancia de contar con el apoyo de los órganos legislativos, por ser estos por excelencia los encargados de aprobar las leyes que requieren las nuevas políticas públicas a ser implementadas en cuestión. En lo concerniente al escenario de los poderes fácticos, entendido estos como aquellos sectores de la sociedad que actúan al margen de las instituciones políticas formales, entre las cuales se encuentran los sindicatos, partidos políticos, grupos empresariales, religiosos, ambientalistas, y los medios de comunicación, entre otros. Los cuales suelen ejercer sobre la dinámica política una gran influencia, basada en sus capacidades de desplegar presión, o influenciar las estructuras legales y regulatorias, por intermedio de su autoridad informal, o su poder de presión.

Poderes fácticos

Dicho esto, para los efectos del actual escenario político y económico argentino, dentro de su marco de poderes institucionales y fácticos existentes, el recién electo presidente de Argentina, Javier Milei, enfrenta, como ha sido reiteradamente destacado a nivel internacional, fuertes desafíos de tipo político, y económico principalmente, frente a un Congreso donde no cuenta con la mayoría mínima necesaria para aprobar sus paquetes de leyes, ni mucho menos con el apoyo de los gobernadores estadales de la nación sureña.

De igual forma, existen importantes poderes fácticos adversos a las propuestas económicas liberales de Milei. Y a los cuales, el recién electo mandatario argentino, ha denominado como las castas, grupos estos que han crecido y desarrollado a la sombra de toda una estructura económica y política de corte populista y clientelar, cuestionada por Milei, y la cual por razones obvias se opondrá a cualquier política pública que ponga en peligro sus intereses y relaciones clientelares y mercantilistas.

Para muestra un botón, la recién decisión de un Juzgado Federal de Argentina de admitir un amparo contra medidas de liberalización económica dictadas por Javier Milei. Recurso jurídico este interpuesto por un conjunto de organizaciones como: el Observatorio del Derecho, la Central de Trabajadores de la Argentina-Autónoma, el partido Unidad Popular y la Asociación Trabajadores del Estado (ATE). Organizaciones estas que conforman un amplio abanico de los poderes fácticos del espectro político argentino.

Populismo, también

Los recursos jurídicos, como el arriba mencionado, serán un instrumento recurrente y además legítimo. El mismo sistema democrático y jurídico argentino les permitirá utilizarlos a estos grupos, para defender sus intereses, independientemente del matiz moral o ético de sus actos. Además, la capacidad de algunas de estas organizaciones, en especial, la de los gremios de empleados públicos para sabotear los procesos de implementación de las políticas públicas que el gobierno de Milei pretende llevar a cabo.

Hay un escenario de poderes institucionales y fácticos, mayoritariamente adverso de lo que pretende ser su gestión gubernamental, sustentada en los idearios políticos y económicos liberales, de la escuela austriaca de economía, principalmente. El presidente argentino de igual forma se verá obligado a enfrentar una larga y bien arraigada cultura de populismo político en la sociedad argentina, contraria por antonomasia a las propuestas liberales de Milei.

La administración de Milei tendrá que hacer frente a un teatro de operaciones político y económico complejo, no sólo por los elementos ya señalados. Pues, por un lado, tiene la obligación ideológica de gestionar su accionar político en el marco de valores éticos, morales e institucionales democráticos, so pena de ser señalado como un autócrata por sus adversarios y enemigos políticos, no solo internos, sino externos. Y por el otro, de llevar adelante una gestión marcada por la transparencia, y la no incidencia o práctica que pueda ser señalada como corrupta por sus adversarios.

Capacidad de persuasión y negociación

Por ende, uno de los recursos políticos, o tal vez el principal en cuestión, con el que cuenta el mandatario argentino, es el de su capacidad de persuasión política e inherentemente de su habilidad negociadora frente a sus adversarios. Si partimos del principio que define a la política en gran medida es persuasión, de tal manera que en una sociedad democrática, quienes desempeñan responsabilidades públicas y creen honestamente en los principios que defiende su formación política, utilizan la misma como herramienta para ganar seguidores, sin poner  en riesgo las libertades democráticas en existentes.

Atendiendo a los argumentos antes expuestos, el gobierno de Milei cuenta con ciertos aliados y sectores que han manifestado su apoyo a las propuestas liberales y de cambio estructural que este pretende llevar a cabo en la economía argentina, y que son pieza fundamental dentro de su ecuación política, para lograr sus objetivos de reformas económicas.

 La capacidad de Milei de mantener esta alianza y de lograr mayor adhesión y consenso en favor de sus propuestas, estará signada por su capacidad de persuasión política en el ejercicio de su acción gubernamental. Siendo este el factor que marque la diferencia, entre lo que podría ser el éxito o el fracaso de lo que pretende ser su gestión gubernamental.

Oportunidad histórica

Es importante señalar que la oportunidad histórica que le ofrece el gran desencanto que en términos generales existe en la sociedad argentina con el modelo económico que ha prevalecido en los últimos 20 años, y que ha llevado a esta nación, al estado de penuria socioeconómica que vive actualmente. Algo que el mandatario argentino ha recalcado insistentemente en su discurso tanto electoral como gubernamental, es un factor que juega a favor de la gestión de Milei. El aprovechamiento de ese desencanto en provecho de sus políticas, dependerá de su habilidad argumentativa, enlazada con un accionar político ético que lleve a generar mayor adhesión a sus programas de políticas públicas.

Por ende la estrategia de persuasión del gobierno de Milei debe tener como norte, hacerle ver a la sociedad argentina y en especial a las bases sociales y políticas, de los factores fácticos de poder que lo adversan, que el conjunto de medidas tienen como fin último el bienestar de los más desfavorecidos, lo cual   requiere que su discurso argumentativo enlace no solo la ética y el accionar político de su gestión dentro de valores democráticos, sino la capacidad de convencimiento del mismo en lograr la persuasión de esos segmentos adversos a sus propuestas, que ese compendio de reformas van en su beneficio socioeconómico.

La cura

Aunque en un principio estas políticas pudiesen tener efectos adversos, tal cual como un enfermo que ha padecido de múltiples dolencias por muchos años, y que ha sido sometido a diferentes tratamientos solo para aliviar sus dolencias, pero que nunca para ser erradicadas. Y el cual se ve obligado a someterse a variados y nuevos procedimientos médicos con efectos secundarios iniciales adversos, pero que al final, cuando los mismos comiencen a surtir efectos, la paciente vera los beneficios de los mismos al ver erradicas definitivamente sus dolencias. Solo así, Milei logrará la adhesión y consenso que necesita para lograr implementar con éxito sus propuestas de reformas económicas y sociales en Argentina dentro del desfavorable escenario político, institucional y fáctico que lo rodea.

De lo contrario, se perderá esta gran oportunidad histórica, no sólo en el seno de la sociedad argentina, sino a nivel internacional, de demostrar con hechos y no solo con argumentos teóricos y académicos, que el modelo económico y político liberal puede ofrecer mejores estándares de desarrollo socioeconómico que sus contrapartes izquierdistas. De lo contrario, tanto los adversarios existentes en lo interno de la sociedad argentina, como a lo externo de la misma, usaran como bandera antiliberal un eventual fracaso de la gestión del recién electo presidente argentino, Javier Milei.  

Ver también

Los cien días de Milei (Cristóbal Matarán).

Las corridas de toros y el futuro de Argentina. (Santiago Dussan).

Las ideas importan, y mucho. (Mateo Rosales).

La hora de la verdad de Javier Milei. (Mateo Rosales).

Victoria de Milei: lo que puede aprender España. (Benjamín Santamaría).

Maradona, el asado y la libertad. (Alfredo Reguera).

Javier Milei, un libertario camino de ser presidente de Argentina. (Santiago Dussan).

Javier Milei y la bandera de libertad. (Mateo Rosales).

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina? (Fernando Vicente).

Milei, la opción liberal. (Mateo Rosales).

Los cien días de Milei

El 20 de marzo de 1815, el prefecto de París (algo así como el alcalde), Conde de Chabrol, entonó un discurso de bienvenida al emperador Napoleón Bonaparte tras su triunfal regreso desde la isla de Elba, donde había sido desterrado por la coalición de potencias europeas. Napoleón había conseguido regresar de su exilio tras un periodo de apenas once meses, tiempo en el que se dedicó a conspirar sin descanso por su vuelta al poder. Francia volvió a la guerra contra toda Europa. Este período terminó abruptamente el 8 de julio de 1815 con la reinstauración en el trono francés de Luis XVIII. Sumando, obtenemos una cantidad de cien días. Precisamente el tiempo, cien días, que en la actualidad, suelen pedir los gobernantes para tomar sus primeras medidas y dejar claro cuál será su política a lo largo del mandato.

Ni cien segundos

Este mismo mes de diciembre, Javier Milei ha juramentado el cargo como presidente de la Nación Argentina tras su victoria en las elecciones presidenciales del pasado mes de noviembre. A Milei no es que precisamente le hayan dado cien días de gobierno de cortesía. Por ejemplo, los funcionarios de Banco Central de la República Argentina (BCRA), institución maldita para el nuevo presidente argentino, llevan en huelga desde antes de la celebración de las elecciones. No va a tener ni cien segundos por parte de sus enemigos. Es más, le van a culpar por todo lo que haya pasado en los cien días anteriores a su toma del poder.

De otra, los liberales tampoco le van a dar cien días. No le van a perdonar que Argentina no adelante a Luxemburgo en renta per cápita antes de que acabe el año. En un país que ha perdido poder adquisitivo en las últimas dos décadas de forma exponencial, la paciencia ante unas medidas tan duras como necesarias es vital para conformar en cuatro años una mayoría necesaria para continuar en la senda de la economía de mercado.

Tercermundismo e inflación

Porque lo que se encuentra Milei al tomar en poder no es que sea una herencia envenenada, es directamente un país del tercer mundo. Desde la llegada al poder de Néstor Kirchner en 2003, el peronismo ha gobernado el país dieciséis de veinte años, es decir, el 80% del tiempo. En esos momentos, Argentina salía del corralito y de las políticas de austeridad que asumió voluntariamente tras el rescate del FMI. En una primera fase, el gobierno Kirchner gozó de cierta estabilidad económica.

Sin ir más lejos, ya en 2011, tras tres años de gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, los argentinos tocaron techo en lo relativo al PIB per cápita, con $14.200, medido a precios constantes. Luego, las medidas de incremento del poder estatal sobre la vida de los argentinos han dado poco a poco sus frutos. De hecho, ya en 2023 van a cerrar con un PIB de $12.932,50, es decir, un 8,93% menos que el tope de 2011. Esto es, los argentinos se han dejado casi un 10% de PIB en una década.

Sin embargo, el gran problema que se encuentra Milei es, sin ninguna duda, la inflación. La subida de precios durante el mandato de Alberto Fernández, o Néstor Kirchner III, ha sido, simplemente, dramática. A una inflación interanual del 14,7%, entre octubre de 2022 y octubre de 2023, poco se le puede añadir. O que la inflación entre enero y octubre sea del 120%, con visos de acabar el año cerca del 200%, algo de lo que seguro culparán a Milei por asumir el cargo el 10 de diciembre. En 2022 la inflación se situó en el 69,7%, que, siendo alta, se queda a la altura del betún con la inflación de 2023.

Y acabar con el Banco Central

Por ello, la gran promesa de Milei durante su mandato pasa por la dolarización. No es que los argentinos no utilicen dólares, medio de cambio generalizado en estos momentos. La cuestión es convertir el dólar en moneda de curso legal, con lo cual se podrá pagar impuestos y llevar la contabilidad en dólares, además de terminar con el control de la política monetaria por parte del BCRA, institución que Milei se ha comprometido a cerrar.

Ahora bien, no puede haber dolarización sin cerrar el déficit público, del 17% del PIB este año. La razón es que un déficit público semejante con una dolarización implicaría un desequilibrio en la balanza de pagos tan traumático que la situación podría llevarse por delante cualquier atisbo de cambio. Pero no se podrá cerrar el déficit público sin recortar el gasto de forma espectacular. Milei ya ha anunciado que pretende recortar el gasto público un 5% del PIB en 2024, algo de momento insuficiente, pero desde luego en la senda correcta.

Sin embargo, corre el riesgo, y esta lección la tiene bien aprendida del gobierno de Macri, de que los recortes no sean suficientes. La solución pasa por un recorte del gasto público muy directo (la famosa motosierra). Pero, y aquí el gran problema, el Estado argentino tiene a la mitad de la población encaramada al presupuesto público. Recortar y eliminar paulatinamente los subsidios va a provocar dolor, miseria y hambre. Esto es, pagar los costes del estatismo.

Juntos por el Cargo

Para este fin, Milei tiene que apoyarse en la coalición Juntos por el Cambio, o, como él mismo los llamaba despectivamente, Juntos por el Cargo. En estos momentos, La Libertad Avanza tiene treinta y ocho diputados en la Cámara y siete senadores, una minoría exigua para llevar a cabo su programa de gobierno. Necesita sí o sí el apoyo de Juntos por el Cargo, el cual, con sus noventa y tres diputados y veinticuatro senadores, otorga a Milei una mayoría absoluta en la Cámara y un 43% de apoyo en el Senado (aquí todavía tiene que buscar más apoyos).

De ahí la razón de haber nombrado a Patricia Bullrich ministra de seguridad (lo que aquí equivale a ministro del interior) para atraer a su proyecto diputados de la derecha. La buena noticia es que esta coalición se trata de un grupo sin alma, sin interés por las reformas de calado ni ideología ninguna, que únicamente pretende manejar la ruina peronista de vez en cuando sin atacar los problemas fundamentales del país. (Por favor, que nadie compare esto con algún partido español).

Ver también

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