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Etiqueta: Karl Polanyi

La gran contradicción en ´La gran transformación´ de Karl Polanyi

En el artículo anterior sobre Karl Polanyi, hemos demostrado el texto de La gran transformación es el testigo de un temor acallado. Las realidades del régimen estalinista le afectaron más profundamente de lo que expresó en su libro. Temiendo las consecuencias del ilimitado poder tiránico del Estado planificador centralizado, la principal preocupación de Polanyi pasa a ser cómo asegurar la libertad individual frente al poder preponderante del Estado. En relación con su nueva preocupación por el Estado represivo, Polanyi también replanteó su concepto sobre el papel de los mercados y su relación con la libertad humana en comparación con los capítulos anteriores.

Mercados, a favor y en contra

Polanyi hasta el último capítulo del libro, argumentaba que los mercados eran una institución sin alma, en la que el juego de la oferta y la demanda destruye las comunidades humanas y la estructura social. Así, siguiendo esta lógica, en el último capítulo en el que esboza su sociedad planificada compleja ideal, concede solo aparentemente un pequeño papel a los mercados haciendo incluso hincapié al papel de la fijación de precios para limitar el impacto de los mercados (pp.392-3).

Después de poner límites a los mercados, Polanyi afirma que “los mercados continúan asegurando de diferentes formas la libertad del consumidor, indicando cómo se desplaza la demanda, influyendo sobre los ingresos del productor y sirviendo de instrumento de contabilidad” (p.394). Esta afirmación es sorprendente porque contradice sustancialmente su posición anterior sobre el papel de los mercados en la vida humana.

De los productores y sus intereses, al consumidor y su libertad

La primera sorpresa es que Polanyi admite que los mercados garantizan la libertad del consumidor, lo que implica una nueva percepción. Hasta ahora se hacía creer a los lectores que los mercados aplastaban a los individuos. Esta vez, sin embargo, los mercados aparecen como garantes de la libertad del consumidor.  Es importante señalar que existe un asombroso parecido entre el concepto del “libertad del consumidor” y el concepto de “soberanía del consumidor” desarrollado por Mises (1940). El hecho de que Polanyi hable de consumidor también representa un cambio importante en comparación con su posición anterior, en la que sólo consideraba el interés de los productores.

A continuación, en la frase citada, Polanyi explica que los mercados son claves de la libertad del consumidor porque indican la evolución de la demanda. La exposición de esta relación causal es aún más sorprendente por parte de Polanyi porque ahora afirma que los mercados son vehículos de información que señalan a los productores los deseos de los consumidores.

La implicación de este nuevo planteamiento por parte de Polanyi es que la oferta y la demanda no son un mecanismo sin alma, como se había pintado antes, sino que existe una jerarquía, una conexión causal: es la demanda la que regula la oferta, y empuja a los productores a satisfacer la demanda de los consumidores. Aunque Polanyi no hace referencia, esta conexión causal es le clave de la teoría de valor subjetivo de Menger (1871). Esta afirmación también implica que el Estado planificador es ineficiente para calibrar la demanda de los consumidores.

Beneficio e interés del consumidor

La tercera parte de la frase al respecto de los ingresos de productores es aún más importante en evaluar la importancia del papel de los mercados in la vida humana. Polanyi afirma que la demanda de los consumidores en el mercado influye los ingresos de los productores. Hasta ahora, Polanyi consideraba que la producción movida por el lucro y este motivo es el principal mal de los mercados. Al contrario de su tesis anterior, ahora expone claramente que el beneficio de productores depende de la capacidad de los productores para satisfacer las necesidades de los consumidores.

Así pues, la fuerza motriz de los mercados es la demanda de los consumidores y la ganancia es la consecuencia del éxito en satisfacer esta demanda. Es importante señalar que esta concepción del beneficio fue desarrollada por Mises, aunque Polanyi no indicó su deuda intelectual. Había sido Mises (1940) quien teorizó que el mercado es un sistema de ganancias y pérdidas y que la clave de la ganancia es servir los deseos de los consumidores.

Karl Polanyi en el debate sobre el cálculo económico

La afirmación final y clave de Polanyi del concepto que se refiere a la libertad del consumidor es que los mercados son importantes porque sirven de instrumento de contabilidad. Esta afirmación también está relacionada con Mises (1920). Mises en el debate sobre el “cálculo” a principios de los años veinte, opinaba que era imposible calcular los precios y dar sentido a las pérdidas y ganancias sin mercado y sin propiedad privada de los bienes. Por esta razón, la economía socialista planificada de propiedad estatal conduce a la pobreza y al colapso de la sociedad, y no a la producción racional y a niveles de vida más altos.

El propio Polanyi (1922) también participó en el debate sobre el cálculo con el artículo La contabilidad socialista (Huerta de Soto, 2008). En el debate, Polanyi aceptó algunas de las críticas de Mises y, en lugar de continuar el debate, cambió su enfoque hacia nuevas áreas (Dale 2010, pp.81-2). En consecuencia, la descripción muy esquemática de la sociedad compleja planificada con varios mercados es, posiblemente, la consecuencia de este debate anterior en los años veinte en dos sentidos.

Por un lado, su percibida debacle en el debate influyó Polanyi para proporcionar solo un breve esbozo sobre algunos principios y no proporcionar un plan institucional detallado de la sociedad planificada en La gran transformación, a diferencia de lo que hizo en su artículo de 1922. Por otra parte, aparentemente, Polanyi aceptó algunos argumentos de Mises: la necesidad de tener en cuenta los deseos individuales de los consumidores y la importancia del funcionamiento del mercado para poder calcular los precios y obligar a los productores a buscar la satisfacción de los consumidores mediante la existencia de alguna forma de sistema de pérdidas y ganancias aplicada a través del mecanismo de mercado.

La gran… contradicción

Esta frase, que hemos analizado detallado, representa el giro de 180 grados comparado con la gran narrativa de Polanyi y es la raíz de la gran contradicción de La gran transformación. Polanyi había construido su gran narrativa sobre la idea de que los mercados son fuerzas sin alma que imponen la dinámica de la oferta y la demanda; ahora reivindica el papel crucial y beneficioso de los mercados con conexiones causales opuestos de su planteamiento anterior.

Estas afirmaciones sobre el impacto positivo de los mercados fueron confirmadas aún más fuertemente unas páginas más adelante en las que declara

El valor económico asegura la utilidad de los bienes producidos. Debe existir previamente a la decisión de producirlos. Es un sello fijado a la división de trabajo. La fuente de valor económico radica en las necesidades humanas y en la escasez. Y, ¿cómo se puede esperar que no prefiramos unas cosas a otras? Cualquier opinión, cualquier deseo, nos convertirá, pues, en participantes de la creación de poder y de la constitución del valor económico y no es concebible ninguna libertad para poder actuar de otro modo

Karl Polanyi, La gran transformación, p. 403.

Teoría del valor subjetivo de Menger

Polanyi, con esas palabras realizó un resumen de la teoría del valor subjetivo de Menger (1871) sin hacer ninguna referencia a él. Con esta afirmación, refuerza de nuevo el rol principal de los individuos y sus deseos en la vida económica. También, refuerza, al nivel teorético, su anterior postura que la valoración y los deseos de los individuos impulsan las decisiones de producción.

Polanyi reitera aún con más fuerza que no hay libertad posible sin garantizar la existencia de la valoración individual. Así, la consecuencia practica de esta posición teorética es, que los mercados son necesarios para asegurar la libertad del consumidor en la evaluación y para obligar a los productores a satisfacer los deseos de los consumidores, como ya explicó anteriormente (ibid., p.394). Esta declaración es la opuesta a la que había utilizado en su gran narrativa, ya que los mercados destrozan a los individuos.

Karl Polanyi, seguidor de Menger y Mises

Polanyi, en el último capítulo del libro, adopta la teoría del valor subjetivo de Menger y Mises, y expresa el papel clave de los mercados que garantizan la libertad individual de deseo para obligar a los productores a satisfacer los deseos de los consumidores. La teoría de Menger y Mises adoptada por Polanyi da un nuevo significado a la búsqueda de la ganancia: el capitalista puede obtener beneficios inventando, anticipando y satisfaciendo las necesidades de los consumidores, y el beneficio del capitalista depende de su capacidad para satisfacer las necesidades de los consumidores.

Desde esta perspectiva, el mercado no es un mecanismo impersonal y antihumano, sino, como decían Menger y Mises, la forma más eficaz conocida de satisfacer las necesidades y los deseos de los consumidores. Es, de hecho, una garantía de libertad, como teorizó Polanyi. Esta nueva conceptualización de los mercados, basada en las teorías de Menger y Mises, contrasta fuertemente con su argumentación en los anteriores capítulos del libro, en los que Polanyi sostenía que, en el capitalismo liberal, los mercados se rigen simple y únicamente por la búsqueda de la ganancia, y que el individuo es vulnerable a las fuerzas ciegas y desalmadas de la oferta y la demanda desencadenadas por los mercados desenfrenados.

Los seguidores de Polanyi no le leyeron con suficiente atención

Esta reconceptualización del papel del mercado también supone una ruptura con su postura de 1922. Por aquel entonces, Polanyi imaginaba negociaciones de precios entre organismos corporativos de asociaciones de productores y consumidores. En las ultima páginas de La gran transformación, Polanyi claramente opina que el rol de los mercados es garantizar la libertad individual, porque las valoraciones y decisiones de los consumidores individuales afectan a los productores mediante el sistema de beneficios y pérdidas. [1]

Cabe señalar que la nueva apreciación del papel de los mercados era tan velada, que hasta ahora no fue detectado por admiradores de Polanyi. Esta nueva posición del autor sobre la importancia de los mercados, y la libertad individual revelan la unilateralidad con la que ha tratado la era del capitalismo liberal en sus capítulos anteriores, y revelan que Polanyi en realidad ha fracasado dibujar una gran narrativa que ayudara a los lectores encontrar un camino que no los lleva a la servidumbre. En la próxima entrega analizamos este gran fracaso de Polanyi.

Bibliografía

Bockman, J., Fischer, A. and Woodruff, D. (2016) ‘“Socialist Accounting” by Karl Polanyi: with preface “Socialism and the embedded economy”’, Theory and Society, 45(5), pp. 385–427.

Dale, G. (2010) Karl Polanyi: the limits of the market. Cambridge: Malden, MA: Polity Press

Menger, C. (1871) Principles of Economics. New York: New York University Press

Mises, L. (1920) Economic Calculation in The Socialist Commonwealth. 1990th edn. Auburn (Alabama): Ludwig von Mises Institute.Mises, L. (1927) Liberalism. Auburn: Mises Institute.

Mises, L. (1940) Nationalökonomie: Theorie des Handelns und Wirtschaftens. Unveränd. Nachdr. d. 1. Aufl., Genf 1940. Flörsheim: buchausgabe.de Kastner.

Polanyi (1922) ‘“Socialist Accounting” in.: Bockman, J., Fischer, A. and Woodruff, D. (2016) ‘“Socialist Accounting” by Karl Polanyi: with preface “Socialism and the embedded economy”’, Theory and Society, 45(5), pp. 385–427.

Polanyi, K. (1944) La Gran Transformación Critica del liberalismo económico. 2007th edn. www.quipueditorial.com.ar: Quipu editorial.


[1] Esta diferencia entre el artículo de 1922 y el concepto expuesto en el último capítulo de La gran transformación no fue detectada por Bockman (2016).

Ver también

Karl Polanyi entre los posliberales. (James Rogers).

Serie sobre Karl Polanyi

¿Cuáles han sido las grandes transformaciones de la humanidad?

Cómo considerar el trabajo una categoría ficticia: Carl Menger sobre Karl Polanyi

Socialismo: el temor acallado de Karl Polanyi

Socialismo: el temor acallado de Karl Polanyi

En el artículo anterior sobre Karl Polanyi, hemos demostrado que el autor de La gran transformación (1944) opinaba que las medidas del New Deal y del One Nation sirvieron adaptarse a la gran transformación (p.358), pero el fascismo y socialismo engendraron una especie de gran transformación de carácter claramente social, trascendiendo la esfera económica (p.375). De hecho, para Polanyi el socialismo representa la transformación completa. El estado final ideal es el socialismo con la propiedad comunitaria de los medios de producción y con la planificación estatal.  

Polanyi creía que es posible construir un Estado socialista planificador capaz de garantizar tanto la planificación como la libertad individual por medios democráticos. Para el, el socialismo fue „ante todo la tendencia inherente a una civilización industrial para transcender el mercado autorregulador subordinándolo conscientemente a una sociedad democrática” (p. 367).

Sin argumentos frente a Ludwig von Mises

Polanyi creía en el socialismo a pesar de que conocía muy bien los contraargumentos de Mises (1920), y de que en el debate sobre calculo con Mises sentía que no tenía argumentos suficientemente solidos para defender el proyecto socialista (Dale 2010, pp.81-2). También tenía amplia información sobre el terror del Stalin. Se sabe que Karl Polanyi y su hermano Michael discutían mucho entre ellos sobre el terror del régimen estalinista, sobre todo porque uno de sus familiares también estaba siendo objeto de persecución. Michael sentía una profunda indignación porque Karl defendía el sistema de justicia soviético en sus debates (Dale 2016, 90-91).

Los argumentos de Mises y los crímenes inhumanos del régimen estalinista no fueron suficientes para sacudir sus sueños socialistas ni para hacer que se opusiera abiertamente al régimen. Polanyi declaraba que “Rusia … apareció́ entonces como el representante privilegiado de un nuevo sistema que podía reemplazar a la economía de mercado.” (p.385) y el socialismo ruso era “una inspiración para los trabajadores de Occidente”.[1] Incluso escribió una frase condenatoria sobre los saboteadores antisoviéticos de Ucrania, calificándolos ellos como pseudo-revolucionarios fascistas (p. 373).

La quimera de la libertad en una economía planificada

Sin embargo, el texto de La gran transformación es el testigo de un temor acallado. Polanyi ha apuntado que las circunstancias especiales de Rusia hacían única la práctica del socialismo ruso (p.368). Esta afirmación es un velado distanciamiento del socialismo existente. Unas páginas más tarde, adopta un lenguaje más fuerte y señala que el socialismo es dictatorial en Rusia y que, aunque la Unión Soviética había implementado “la planificación, la reglamentación y el dirigismo, no ha puesto en práctica todavía las libertades prometidas en su Constitución y, según opinan los críticos, no lo hará́ posiblemente nunca.” (p. 400). A pesar de su cautela, finalmente, Polanyi dio su aprobación afirmando que oponerse a las reglamentaciones significa oponerse a la reforma (ibid. 1944, p. 400).

Polanyi, si hubiera sido honesto y fiel a su propio modelo teórico, habría tenido que poner a la Unión Soviética en la categoría del fascismo. Ya que, según él, el fascismo y el socialismo no están separados por cuestiones de gobernanza económica sino por la relación con la libertad (p. 403). Pero el régimen estalinista le afectó más profundamente de lo que expresó en su libro. El cambio velado en el marco interpretativo del capítulo final de La gran transformación sedebe probablemente a este temor acallado.

Reconoce el conflicto entre Estado y sociedad

Temiendo las consecuencias del ilimitado poder tiránico del Estado planificador centralizado, la principal preocupación de Polanyi pasa a ser cómo asegurar la libertad individual frente al poder preponderante del Estado. La misma preocupación que era la preocupación de los pensadores liberales clásicos en los siglos XVIII y XIX cuando enfrentaron con el absolutismo real. Ellos eran el blanco de las críticas de Polanyi hasta ese momento. Los más importantes cambios de pensamiento del Polanyi son los siguientes.

La característica más importante de la sociedad postcapitalista, analizada en el último capítulo del libro es que será una sociedad compleja, igual que el difamado capitalismo liberal. Así pues, el socialismo no restaura el orden social no complejo; la totalidad natural de la sociedad y la economía que había utilizado como punto de referencia en su crítica del capitalismo liberal del siglo XIX. Esto implica que el poder del Estado es, en cierto modo, diferente al de la sociedad, y que, en consecuencia, pueden producirse tensiones entre el Estado y la sociedad. Estas características no las había contemplado Polanyi en los capítulos en los que analizaba el papel del Estado hasta este momento.

Cuando despertó, el Estado seguía ahí

En segundo lugar, Polanyi replantea el papel del Estado intervencionista. Antes del último capítulo, imaginaba el Estado proteccionista como una institución beneficiosa. Protegía a las personas de los mercados y mantenía la estabilidad. No se planteó el papel coercitivo del Estado, lo que no es sorprendente dado que infravaloró el papel de la explotación y la servidumbre en las sociedades precapitalistas.

Polanyi había descrito el crecimiento del poder del Estado intervencionista como un fenómeno claramente positivo en la segunda mitad del siglo XIX, mientras que culpaba a los mercados de todos los males de la sociedad. Esta percepción benévola del Estado apuntaló su búsqueda de un papel aún mayor para la planificación estatal. El punto final de su gran arco de progreso es la reinstalación del papel regulador integral del Estado.

Inesperadamente, sin embargo, el problema de la coerción aparece en el pensamiento de Polanyi justo cuando llega a su modelo ideal de Estado dominante socialista. El fenómeno de la coerción era un elemento que faltaba por completo en su gran narrativa esbozada en los primeros capítulos del libro. Esta vez, sin embargo, conociendo los horrores del estado planificador socialista estalinista, Polanyi no pudo evitar cuestionar que un estado omnipotente[2] puede ser enemigo de la libertad.

Una reconsideración del individualismo

En relación con su nueva preocupación por el Estado represivo, la principal preocupación de Polanyi pasa a ser la preservación y salvaguarda de las garantías de la libertad individual. Hasta el último capítulo, la principal acusación de Polanyi contra el capitalismo liberal era que destruye el arraigo de los seres humanos, y termina la vida y estabilidad comunitaria. La importancia de la libertad individual no se menciona en absoluto en el libro hasta el último capítulo. Por el contrario, el individualismo aparecía como una consecuencia negativa del capitalismo liberal. La posición de Polanyi era que la autonomía individual es incompatible con el bien mayor de una comunidad cohesionada y que la ganancia individual solo beneficia a los egoístas que viven una vida cómoda.

En el último capítulo, Polanyi no sólo evoca la importancia de la libertad individual y la teme frente a las injusticias del Estado coercitivo, sino que reconsidera el origen del individualismo y libertad individual. Polanyi revela que el nacimiento del individualismo, la unicidad del individuo está relacionado con las enseñanzas de Jesucristo y que el individualismo es la mayor y más importante herencia histórica del cristianismo (p. 404). También afirma que el individualismo avanzó con el Renacimiento y el protestantismo, antes del nacimiento del capitalismo liberal (p. 397).

La nueva posición del Polanyi es que el auge del individualismo y el debilitamiento de la vida comunitaria es una característica profundamente arraigada de la civilización europea, cuyas raíces se remontan a mucho antes de la era del auge de los mercados desenfrenados. En su nueva interpretación, admite incluso que el capitalismo liberal amplió positivamente la libertad individual (p. 397), una postura completamente nueva en comparación con capítulos anteriores, en los que solo pintaba una imagen negativa del capitalismo liberal y el individualismo. Claramente, esta nueva apreciación del individualismo está socavando su anterior imagen exclusivamente negativa del capitalismo liberal que culpaba únicamente a los mercados desenfrenados de la destrucción de la vida comunitaria.

Por último, declara que la sociedad socialista será también una sociedad industrial, y que es imposible volver al pasado. Lo es, aunque la humanidad aún no se haya acostumbrado del todo al mundo de las máquinas (p.391). En otras palabras, no es posible volver al mundo de una economía comunitaria autosuficiente e igualitaria. Esta había sido la vara de medir de Polanyi para criticar el capitalismo del siglo XIX hasta ese punto del libro. Ya no juega con la idea de que la extensa red de trueque sin contabilidad de los habitantes de las islas Trobriand pudiera ser siquiera un sustituto de la planificación estatal. Pero se le ocurre que sería un rival de la contabilidad del sistema de mercado más avanzado (p. 94).

Recuento de contradicciones

Con estas reinterpretaciones, Polanyi trastoca sus posiciones anteriores sobre la relación entre el Estado, las comunidades, los seres humanos y su libertad. Se encuentra en una posición nueva y radicalmente distinta de la que parecía profesar cuando esbozó su gran narrativa. Su nueva posición parte de las siguientes premisas:

  1. La vida comunitaria de las comunidades preindustriales de cazadores-recolectores son un pasado lejano, y las sociedades jerárquicas y la industrialización permanecerán con la humanidad, incluso en el socialismo.
  2. La libertad individual es un gran logro cuyo alcance fue ampliado positivamente por el capitalismo liberal.
  3. Por último, el poder omnipotente del Estado intervencionista es un peligro potencial para la libertad individual.

Polanyi también replanteó su concepto sobre el papel de los mercados y su relación con la libertad humana en comparación con los capítulos anteriores. ¡Y adoptó el modelo de mercado de Menger y Mises como garantía de la libertad! La importancia de este inesperado cambio en la posición de Polanyi vamos a analizar en la próxima entrega de esta serie.

Bibliografía

Dale, G. (2010) Karl Polanyi: the limits of the market. Cambridge: Malden, MA: Polity Press

Dale, G. (2016) Reconstructing Karl Polanyi: excavation and critique. London: Pluto Press.

Mises, L. (1920) Economic Calculation in The Socialist Commonwealth. 1990th edn. Auburn (Alabama): Ludwig von Mises Institute

Mises, L. (1944) Omnipotent Government. 2010th edn. Yale University Press.

Polanyi, K. (1944) La Gran Transformación Critica del liberalismo económico. 2007th edn. www.quipueditorial.com.ar: Quipu editorial.

Polanyi, K. (1944E) The Great Transformation. 2010th edn. Boston: Beacon Press.


[1] La traducción española del libro usa la palabra „una potencial mundial” (p. 368) en lugar de “inspiración”, la palabra que usaba Polanyi en la original versión Ingles (1944E, p. 243.)

[2] El adjetivo “omnipotente” fue tomado de Mises (1944) y no fue utilizado por Polanyi. 

Ver también

Karl Polanyi entre los posliberales. (James Rogers).

Serie sobre Karl Polanyi

¿Cuáles han sido las grandes transformaciones de la humanidad?

Cómo considerar el trabajo una categoría ficticia: Carl Menger sobre Karl Polanyi

¿Cuáles han sido las grandes transformaciones de la historia de la humanidad?

En el artículo anterior sobre Karl Polanyi, hemos demostrado que el autor de La gran transformación (1944) ha descartado de la importancia de la esclavitud y la servidumbre, y por consecuencia de la explotación en la era precapitalista. En este artículo vamos a analizar los cuáles han sido las grandes transformaciones de la historia de la humanidad.

El tema principal de La Gran Transformación de Karl Polanyi son las grandes transformaciones del desarrollo social europeo y la relación causal entre ellas. Según Polanyi, la primera gran transformación creó el sistema capitalista libre de “laissez-faire” a finales del siglo XVIII y principios del XIX (Karl Polanyi 1944, p.77, p.81, p.82, p.105). La segunda es la transformación revolucionaria de los años treinta, cuando se incrementó significativamente el papel de la planificación estatal en detrimento de los mercados (ibid 1944, p.55, p.66).

Tres fases

Karl Polanyi describe un arco de desarrollo en forma de V para interpretar la trayectoria histórica del desarrollo social de la humanidad. Esta trayectoria incluye tres fases:

Primera fase: desde los inicios de la historia de la humanidad hasta el siglo XVIII, cuando el mercado estaba bajo control comunitario o estatal y el papel de los mercados era mínimo e incidental en la vida económica.

Segunda fase: la era del capitalismo liberal del siglo XIX, en la que los mercados se desatan y funcionan sin control comunitario ni estatal.

Tercera fase: la era de las economías planificadas, surgida de la crisis mortal de la economía de mercado autorregulada de los años treinta, ejemplificada por el New Deal en EE.UU., el One Nation Government en el Reino Unido, el ascenso del fascismo y la colectivización de la agricultura en la Unión Soviética.

Según Polanyi, había dos grandes transformaciones: el primero fue la transición hacia liberal-capitalismo en los principios del siglo XIX, y la segunda es la transición hacia economías planificadas.

Una sociedad compleja

Polanyi vincula explícitamente la aparición de la sociedad compleja con el primero gran transformación hacia capitalismo liberal del siglo XIX. Polanyi no define qué es una sociedad compleja. Sin embargo, gracias a las frases dispersas que hay en el libro (1944), se deduce que una sociedad compleja posee las cinco condiciones clave siguientes:

  • Existe un orden político propio, distinto de la sociedad. El Estado dispone de medios de poder que utiliza para imponer su voluntad.
  • Existe cierto grado de desigualdad económica y política. 
  • Existe cierto grado de libertad individual y de individualismo.
  • Los mercados desempeñan cierto papel en la vida económica.
  • Existe una división avanzada del trabajo y productores produciendo mercancías, por lo que es necesaria la coordinación del mercado o la intervención y planificación del Estado.

Polanyi: ¿la gran contradicción?

Sin embargo, sus afirmaciones indican que los rasgos de una sociedad compleja ya habían aparecido antes del siglo XIX. La desigualdad económica y política nació con la división entre gobernantes y gobernados de las civilizaciones jerárquicas precapitalistas. La libertad individual y el individualismo se convirtieron en rasgos característicos del desarrollo de la sociedad siglos antes de la aparición del capitalismo liberal, como el mismo Karl Polanyi había afirmado. Y relacionado con las enseñanzas de Jesucristo.

Polanyi también describe el Estado de los Tudor como un Estado regulador intervencionista, que precede en unos tres siglos a la era del capitalismo liberal. Según él, el creciente papel del comercio, el desarrollo de los mercados nacionales, la profundización de la división del trabajo y el auge de las ciudades también precedieron a la era del capitalismo liberal.

Complejidad en las sociedades antiguas

Como consecuencia, frente a lo que postulaba Polanyi, la primera gran transformación no se produjo en el siglo XIX, sino que puede vincularse a la aparición, hace aproximadamente 6000 años, de las primeras ciudades-estado, estados e imperios (véase también: Graeber y Weingrow, 2021, Scott 2017). Estas fueron las primeras sociedades complejas, en las que la desigualdad y la explotación se convirtieron en la norma, el poder político y la comunidad se separaron, surgió el estado administrativo y regulador, las diferencias de estatus social, riqueza y estructuras de poder político se hicieron significativas y los trabajadores fueron suprimidos en diversas formas de servidumbre.

Se hizo ficticia la propiedad de los trabajadores sobre sus capitales humanos, sus capacidades inherentes, como hemos analizado. Los señores dirigían sus trabajos y disfrutaban de los frutos excedentes del mismo. Fue también en estas sociedades donde el comercio se hizo vital, y la división del trabajo se hizo considerablemente más compleja; mucho más allá de las prácticas de las tribus de cazadores-recolectores, donde predominaba el trueque. La aparición del dinero metálico también ocurrido en estos tiempos precapitalistas, señalando la importancia del comercio en estas sociedades (Spufford 1998).

La transformación planificadora

Esto también significa que la transición al capitalismo liberal fue, de hecho, la segunda gran transformación, y no la primera, como pensaba Polanyi. La esencia de la transformación liberal fue la extensión de la libertad individual a los trabajadores, dándoles plena propiedad sobre sus posesiones más importantes, sobre su propio capital humano; sobre su capacidad de pensar y trabajar. Así, contrariamente a la idea principal de Polanyi, la transición liberal acabó con la naturaleza ficticia del trabajo, y no la creó. No es extraño que Polanyi ni siquiera mencionara el fin de las diversas formas de servidumbre, y solo elogiara en el último capítulo la extensión de los derechos individuales, no mencionándola durante el esbozo de su gran narrativa.

En la interpretación de Polanyi sobre el progreso de la historia, su segunda transformación es la gran transformación hacia la era de la planificación estatal que comenzó en los años treinta del siglo XX. En realidad, esta transformación era la tercera gran transformación, según nuestro cálculo. Los ejemplos más importantes para Polanyi eran el New Deal estadounidense, el One Nation Government británico, el fascismo y la colectivización de la agricultura en la Unión Soviética.

Qué hacer con el fascismo

Según Polanyi, medidas del New Deal y del One Nation sirvieron adaptarse a la gran transformación (ibid. 1944, p.358), pero el fascismo y socialismo engendraron una especie de gran transformación de carácter claramente social, trascendiendo la esfera económica (ibid. 1944, p.375). De hecho, su principal preocupación es el fascismo y el socialismo y sus diferencias en los últimos capítulos del libro, en los que analiza la segunda gran transformación. El fascismo es la peor salida a la crisis de la economía de libre mercado.

Es antidemocrático (ibid. 1944, 380) y encarna la anti-libertad (ibid. 1944, 403). Para Polanyi el socialismo representa la transformación completa. El estado final ideal es el socialismo con la propiedad comunitaria de los medios de producción y con la planificación estatal: “Rusia … apareció́ entonces como el representante privilegiado de un nuevo sistema que podía reemplazar a la economía de mercado.” (ibid 1944, p.385).

Como sabemos por la perspectiva retrospectiva de la historia, Mises (1920) tenía razón, y no Polanyi: la planificación y el poder omnipotente en los socialismos conducen inevitablemente a la tiranía y causa de la pobreza de las naciones. La segunda transformación de Polanyi, que era en realidad del tercero, acabó en fracaso: socialismo ha naufragado y los pueblos del Europa de Este, cuando tenían libertad a optar, eligieron el modelo del liberal capitalista.

Bibliografía

Graeber, D. and Wengrow, D. (2021) The Dawn of Everything. London: Penguin Books.

Mises, L. (1920) Economic Calculation in The Socialist Commonwealth. 1990th edn. Auburn (Alabama): Ludwig von Mises Institute.Mises, L. (1927) Liberalism. Auburn: Mises Institute.

Polanyi, K. (1944) La Gran Transformación. Crítica del liberalismo económico. 2007th edn. www.quipueditorial.com.ar: Quipu editorial.

Scott, J.C. (2017) Against the grain: a deep history of the earliest states. New Haven: Yale University Press

Spufford, P. (1988) Money and its use in medieval Europe. Cambridge: Cambridge university press.

Serie sobre Karl Polanyi

Menger, Polanyi y el trabajo como categoría ficticia.

Cómo considerar el trabajo como una categoría ficticia: el punto de vista de Carl Menger sobre Karl Polanyi

La gran transformación de Karl Polanyi (1944) es unas de las narrativas más influyentes y citadas en el campo de las Ciencias Sociales que explica el desarrollo de la civilización. La tesis principal de Polanyi es que el capitalismo liberal contiene un fallo interno fatal. La gran transformación hacia el Estado planificador y abolición de la propiedad privada es la consecuencia y corrección de este fallo. Es un esquema similar al del marxismo. La diferencia es que, para Polanyi, la causa de la crisis fatal del capitalismo liberal es diferente a Marx.

Según Marx, el fallo fatal del capitalismo es la explotación de los trabajadores. La lucha de clases antagónicas que surge de esta explotación conduce a la revolución socialista, a la abolición del orden capitalista y al establecimiento del Estado socialista.

Karl Polanyi

Según Polanyi, la explotación no puede ser la causa de la crisis fatal del capitalismo liberal debido a que el nivel de vida aumentaba, los trabajadores de las fábricas tienen por término medio un nivel de vida sustancialmente mejor que antes, y desde el punto de vista de las rentas en dinero exclusivamente, se podría comprobar que la condición de las clases populares había mejorado (ibid 1944, p. 145), y, en general, el mercado autorregulador produjo un bienestar material hasta entonces nunca soñado (ibid 1944, p.27).

Polanyi teorizó que el fatal fallo del capitalismo de libre mercado es que los mercados no regulados convierten el trabajo, el dinero y la tierra en mercancías, siguiendo una idea de Marx (ibid 1944, p. 58). Pero Polanyi subraya que el trabajo, la tierra y el dinero no son mercancías, ya que no se producen para la venta. Por lo tanto, según él, son mercancías ficticias. Su tratamiento como mercancías, cuando no lo son, es el núcleo del fallo fatal del capitalismo (ibid. 1944, cap.6). 

Polanyi: el problema del trabajador

Así, para Polanyi la problemática relación del trabajador en la sociedad solo surge tras la instauración del libre mercado, cuando los trabajadores pasaron a estar sometidos a las ciegas fuerzas de la oferta y la demanda. Polanyi trata más extensamente el tema del trabajo dada su importancia, por lo que este artículo también investiga si el trabajo es mercancía y en qué condiciones es ficticio – desde de la vista Mengeriana.

La posición teórica de Menger (1871) era también que el trabajo no es una mercancía. Su argumento era el mismo que el de Polanyi: la capacidad de trabajar es una facultad inherente al hombre y, por tanto, no se produce para la venta.

Menger, sin embargo, va más allá. La capacidad de trabajar es un bien, una acción humana útil. La utilidad del trabajo es su capacidad de producir bienes útiles para satisfacer las necesidades humanas. Los seres humanos pueden utilizar su capacidad de trabajo para producir para su propio hogar con el fin de garantizar su bienestar personal u ofrecer el servicio del trabajo para otros a cambio de algún tipo de compensación para poder adquirir indirectamente los bienes que consideran necesarios para sus comodidades.

Menger: el trabajo como bien

Un bien siempre es propiedad de alguien. Dado que la capacidad de trabajar es una cualidad inherente al ser humano, la capacidad de trabajar es propiedad personal inherente de la persona que realiza el trabajo. Por consiguiente, la capacidad de trabajar es el capital humano del individuo, inseparable de su cuerpo. Fue Adam Smith (1776, p.217) quien incluyó por primera vez la capacidad humana de trabajo entre los tipos de capital y reconoció que un individuo puede cultivar y explotar su propia capacidad de trabajo como capital trabajando con destreza y adquiriendo habilidades y conocimientos.

Si adoptamos la teoría de Menger de que el trabajo es un bien, la naturaleza ficticia del trabajo adquiere una nueva interpretación, diferente que Polanyi ha empleado.

El trabajo es ficticio cuando los trabajadores no tienen propiedad sobre sus cuerpos y/o sobre sus facultades de trabajar. Esta era la situación durante la época de las civilizaciones jerárquicas de la era precapitalista basadas en la esclavitud o la servidumbre de los productores y trabajadores. Los productores y trabajadores habían perdido la propiedad sobre sus cuerpos y sus esfuerzos laborales porque las decisiones eran tomadas por sus señores total o parcialmente dependiendo del grado de servidumbre y fueron explotados.

Karl Polanyi, servidumbre, esclavitud y explotación

Polanyi no problematiza ni la cuestión de la servidumbre, ni la explotación en las sociedades precapitalistas. El punto de partida de Polanyi es que el largo periodo precapitalista es una larga fase histórica unificada. Él ignoraba deliberadamente la distinción entre pequeñas comunidades homogéneas de tribus cazadoras y colectores y sociedades estructuradas jerárquicamente, entre comunidades basadas en la igualdad y sociedades divididas en señores y productores (trabajadores) en servidumbre, restando la importancia a la explotación. La causa para que Polanyi incluya estas sociedades tan diferentes en un mismo rango es que los mercados y la actividad económica están bajo control social/habitual/comunal/religioso o estatal. El papel de los mercados es mínimo y limitado en la vida de las personas.

Sin embargo, Polanyi tuvo que resolver un problema. El problema de servidumbre y explotación en sociedades precapitalistas. Por esta razón, Polanyi hizo un esfuerzo considerable para disminuir la importancia de la explotación de los productores por sus señores en las sociedades jerárquicas precapitalistas. Ni siquiera menciona la esclavitud durante la Antigüedad.

Explotación y quid pro quo

En su discusión sobre los grandes imperios de la Antigüedad solo menciona la redistribución, que configuró un papel importante por igual la vida de los constructores de pirámides y la vida en Roma (ibid. 1994, p.98. y 103). En cuanto a las sociedades feudales, admite la existencia de cierta explotación (ibid 1944, p. 98). Pero su énfasis estaba en que los gobernantes que explotaban a los productores proporcionaban una contrapartida compensatoria.

Como tal, Polanyi sugiere que había un quid pro quo, que beneficiaba a los explotados y contrarrestaba así la explotación. Por ejemplo, se refiere a los pastores nómadas de África que dominan a los agricultores y esperaban más de ellos que lo que ellos le dan a cambio. En este caso, para él lo importante era que esta relación desigual beneficiaba a ambos grupos gracias a la mejor división del trabajo (ibid. 1944, p.98). Incluso en la versión europea, que él considera como resultado de unas circunstancias excepcionales, en la que los dones se transformaron en tributos feudales, la explotación se equilibra con la protección, surgida de la necesidad del vasallo (ibid. 1944, p.99).

Sociedades jerarquizadas y sociedades igualitarias

Tras disminuir la importancia de la explotación en las sociedades jerárquicas precapitalistas y retratar estas sociedades como redistributivas, en las que se intercambian beneficios, Polanyi construye el puente que le permite tratar como una sola entidad a las tribus no jerárquicas, comunitarias y homogéneas y a los estados estratificados y jerárquicos divididos entre dirigentes y dirigidos, amos y esclavos o trabajadores en servidumbre.

Afirma que ha ignorado deliberadamente la distinción esencial entre estas sociedades muy diferentes, dado que ambos tipos se basan en la reciprocidad, la redistribución, la autosuficiencia y los mercados limitados. Así, considera que es legítimo ignorar las diferencias entre sociedades no jerarquizadas e igualitarias, y sociedades jerárquicas con explotación entre señores y siervos (ibid. 1944, p.99).

Costumbre y religión

Tras restar importancia a la explotación y servidumbre, Polanyi dio una aprobación moral a las sociedades precapitalistas porque, según él, la fuerza motriz de la actividad económica no es la búsqueda individual de beneficios, sino el comportamiento económico determinado por la costumbre, la religión y el derecho (ibid. 1944, p.102).

Lo realmente importante para él era que en estas sociedades la producción se regulaba en función de las necesidades de los productores (ibid. 1944, p.117). La posición de los productores era segura, ya que estaban integrados en la comunidad y la sociedad y “el interés económico del individuo triunfa raramente, pues la comunidad evita a todos sus miembros morir de hambre, salvo si la catástrofe cae sobre ella, en cuyo caso los intereses que se ven amenazados son una vez más de orden colectivo y no de carácter individual.” (ibid 1944, p.90).

Jerarquía y explotación

Polanyi deja claro que la vulnerabilidad clave e importante es la vulnerabilidad debida a la volatilidad del mercado que pone en peligro la seguridad de la posición establecida de los productores. Esto es lo que mueve su pluma cuando admira las sociedades precapitalistas, y este es el motivo moral que para él triunfa sobre los problemas morales relacionados con la servidumbre y la explotación, de tal manera que simplemente los pasa por alto.

Para él, la restricción realmente brutal de la libertad es la aparición del paro y la miseria en la era del capitalismo liberal (ibid. 1944, p.404) – aunque en esta frase Polanyi contradice a sus previas afirmaciones, como hemos visto antes, sobre el bienestar material hasta entonces nunca soñado en el capitalismo liberal (ibid 1944, p.27), y este bienestar nunca soñado es su argumentó para descartar la teoría de explotación de Marx

Aunque Polanyi restó importancia a la explotación y las diversas formas de servidumbre de las masas trabajadoras en las sociedades de los Estados jerárquicos precapitalistas, ambos servían para asegurar el bienestar y el consumo suntuario de las élites gobernantes. En otras palabras, también eran sociedades movidas por el deseo de ganancia individual, contrariamente a lo que afirmaba Polanyi.

Explotación y redistribución

La naturaleza jerárquica significaba, sin embargo, que solo una estrecha casta o estamento como la élite gobernante era capaz de actuar en interés de su propio enriquecimiento individual, mientras que la servidumbre de los trabajadores y de los productores les impedía utilizar sus capitales más importantes, sus capacidades de pensar y sus energías para trabajar para sus propios intereses. Los productores y trabajadores precapitalistas no eran más, que propietarios ficticios de sus propios capitales humanos y así, apenas sacaban más de lo que les bastaba para su mera supervivencia. El verdadero poder de disposición estaba en manos de sus amos.

La existencia de la explotación también significa que, aunque había una redistribución, su dirección era contraria a lo que Polanyi pensaba de estas sociedades jerárquicas. El objetivo de la redistribución era quitar recursos a productores y los trabajadores para enriquecer a la élite gobernante a expensas de los trabajadores sometidos a diversas formas de servidumbre (Oppenheimer 1908, Scott 2017).

El punto de vista de Carl Menger

El punto de vista Mengeriano arroja una luz completamente nueva sobre el giro liberal de los siglos XVIII y XIX. Al abolir diversas formas de esclavitud y servidumbre, se eliminó la situación en la que los trabajadores solo podían ser propietarios ficticios de su propio capital humano. A los productores y trabajadores se les concedió ahora la plena propiedad sobre sus propios cuerpos, ideas y capacidad de trabajo, lo que, hasta entonces, había sido privilegio de la élite gobernante.

No es casualidad que casi todos los inventores clave y los primeros industriales de la Revolución Industrial fueran artesanos, trabajadores cualificados y vástagos de familias trabajadoras o artesanos. Liberar a los individuos de la servidumbre les permitió utilizar su propio capital humano para buscar por fin lo mejor para sí mismos y, entre otras cosas, contribuir a la “riqueza de la nación” con sus inventos e innovaciones. Al mismo tiempo, estas innovaciones fueron la verdadera causa del aumento del nivel de vida de los trabajadores. No es de extrañar, pues, que el giro liberal de la época fuera acompañado del hasta entonces nunca visto aumento del bienestar material de los trabajadores, como el propio Polanyi subrayó en varias ocasiones.

Resumen

En resumen, la esencia de la transformación liberal fue la extensión de la libertad individual a los trabajadores y productores, dándoles plena propiedad sobre sus posesiones más importantes, sobre su propio capital humano, sobre su capacidad de pensar y trabajar. Así, contrariamente a la idea principal de Polanyi, la transición liberal acabó con la naturaleza ficticia del trabajo, y no la creó.

Basándonos en el concepto Mengeriano, se puede deducir que la idea de Polanyi sobre la naturaleza ficticia de la mercancía del trabajo era una idea dudosa y unilateral, que había sido creada para sustentar la marcha inevitable hacia la planificación estatal y el socialismo, después de Polanyi descartado la insostenible teoría de Marx sobre la explotación. 

Bibliografía

Menger, C. (1871) Principios De Economía Política. Available at: https://www.hacer.org/pdf/Menger00.pdf

Oppenheimer, F. (1908) El Estado. https://www.solidaridadobrera.org/ateneo_nacho/libros/Franz%20Oppenheimer%20-%20El%20Estado.pdf

Polanyi, K. (1944) La Gran Transformación Critica del liberalismo económico. 2007th edn. www.quipueditorial.com.ar: Quipu editorial. https://traficantes.net/sites/default/files/Polanyi,_Karl_-_La_gran_transformacion.pdf

Scott, J.C. (2017) Contra el estado. https://www.casadellibro.com/ebook-contra-el-estado-ebook/9788413641126/13530597

Smith, A. (1776) La riqueza de las naciones https://web.seducoahuila.gob.mx/biblioweb/upload/1%20La%20riqueza%20de%20las%20Adam%20Smith.pdf

Ver también

Karl Polanyi entre los posliberales. (James Rogers).

El sistema de pérdidas y ganancias y su impacto en el sistema político. (Andras Toth).

La teoría de Menger sobre la ganancia del empresario. (Andras Toth).