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Etiqueta: Ludwig von Mises

Una llamada a la acción: el resurgimiento del debate sobre el cálculo económico

En este año 2022 se cumplen cien años de la publicación del famoso libro de Mises (2012) Socialismo: un análisis económico y sociológico (1922). Esta obra tuvo una gran influencia en muchos economistas, como es el caso de F. A. Hayek, quien abandonó el socialismo fabiano tras leer a Mises. Originalmente, este trabajo fue un desarrollo de la crítica al socialismo y la planificación centralizada que Mises (1935) había delineado previamente, dos años antes, en un extenso artículo titulado El cálculo económico en la comunidad socialista (1920). A su vez, este mismo artículo fue escrito en respuesta a la propuesta que Otto Neurath realizó en 1919 en favor de la planificación central en especie (Neurath 1973). Este primer choque de posiciones entre Neurath y Mises es lo que dio lugar al famoso debate sobre el cálculo económico socialista.

A Neurath y Mises se unieron numerosos autores que prosiguieron con el debate durante parte de la primera mitad del siglo XX. Por un lado, economistas austriacos como F.A. Hayek y Lionel Robbins se sumaron a Mises en la crítica a la planificación central. Los argumentos se referían a la imposibilidad del cálculo económico racional bajo un sistema de planificación central (Mises) y a problemas de conocimiento e impracticabilidad del socialismo (Hayek y Robbins). Por otro lado, partiendo del esquema de equilibrio general, Frederic Taylor, Frank Knight, H.D. Dickinson, Abba Lerner y, de manera más relevante Oskar Lange, defendieron la idea de que la planificación central era posible de acuerdo a la teoría económica. El Estado solo tenía que resolver las mismas ecuaciones simultaneas que ya resolvía el mercado, se demostraba una similitud formal entre el sistema socialista y el capitalista.

La primera interpretación del debate por pate de la economía estándar concluía que los socialistas neoclásicos habían conseguido demostrar la viabilidad de la planificación central, declarando la victoria de los socialistas de mercado sobre los austriacos (Bergson 1948; Samuelson 1948; Schumpeter 2006). Sin embargo, años más tarde, Don Lavoie (1981; 1985) realizó una reinterpretación del debate argumentando que los economistas neoclásicos no lograron entender la posición austriaca. En realidad, los austriacos no negaron la posibilidad de que dada la información necesaria, bajo condiciones estáticas, el cálculo económico fuera posible mediante la planificación central. Esto podía resolverse como un ejercicio de optimización. Alternativamente, señalaban que dichos supuestos de información dada o condiciones estáticas no se correspondían con la realidad y, por ello, propusieron un enfoque dinámico. De esta forma, la posición austriaca dice que el cálculo económico no puede realizarse por un comité central en una economía dinámica donde la información no está dada, porque precisamente se va creando mediante un proceso empresarial descentralizado, bajo el contexto de instituciones como el dinero y la propiedad privada. Así, este análisis austriaco, de la mano del florecimiento de la ideología liberal con gobiernos como el de Reagan o Thatcher y la caída de la URSS, pareció quedar como conclusión final del debate sobre el cálculo económico. Al menos, para los austriacos.

No obstante, pocos años después de la obra de Lavoie, algunos autores socialistas identificaron este hueco, señalando que existía una “respuesta ausente” a este nuevo desafío dinámico austriaco. Entre estos autores destacaron Allin Cottrell y Paul Cockshott, que a finales de los 80 y principios de los 90 empezaron a trabajar en una nueva propuesta socialista, que sería presentada de forma más estructurada en 1992 con un libro llamado Towards a New Socialism (1992). Con el paso del tiempo, este nuevo enfoque ha pasado a conocerse como ciber-comunismo, y es que, una de las principales tesis de esta nueva perspectiva es que el avance tecnológico y la mayor capacidad de computación permiten la planificación central. Dicho así, parece no diferir demasiado de la propuesta de Oskar Lange sobre el uso de computadoras para hacer la planificación central (Lange 1967). Sin embargo, se puede encontrar una notable diferencia con respecto a este último enfoque por el hecho de que Cottrell y Cockshott rechazan el paradigma walrasiano y la teoría del valor subjetivo, abogando por el uso de la teoría del valor trabajo y la complejidad computacional. En consecuencia, esta nueva posición inaugura una nueva ronda del cálculo económico socialista.

La alternativa ciber-comunista no es la única en esta nueva ronda. Podemos encontrar otras visiones como la conocida planificación participativa (participatory planning, en inglés), en la que Adaman y Devine (1996; 2002) reconocen la importancia del conocimiento descentralizado y tácito, en línea con lo que planteó Hayek (1945; 1952), pero a su vez mantienen que el socialismo podría realizarse de manera descentralizada y participativa, aprovechando así el conocimiento descentralizado. En un artículo recientemente publicado, Emilio Carnevali y André P. Ystehede (2022) hacen una recopilación del estado actual del concepto de “socialismo” en economía en cinco puntos: (1) el socialismo como un esfuerzo voluntario y su ética; (2) el socialismo como proceso de democratización; (3) el socialismo, la eficiencia y la maximización del beneficio; (4) el nuevo debate del cálculo económico; y (5) el socialismo como un medio o un fin.

La novedad en esta nueva ronda del debate del cálculo económico socialista es que el bando socialista ha aprendido de los errores y ha mejorado considerablemente su teoría, tomando como referencia las críticas austriacas. De esta manera, por ejemplo, Cottrell y Cockshott (2007) consideran inválido el famoso “problema del conocimiento” hayekiano como imposibilidad para el cálculo socialista, dado que la información relevante y necesaria para llevar a cabo el plan central es objetiva y articulable en forma de, por precisar, coeficientes técnicos de producción (suponiendo que se usan tablas Input-Output como método para la planificación). Estos autores sostienen que no habría problema de información alguno en que empresas propiedad del Estado transmitieran continuamente información sobre demanda de consumidores y coeficientes técnicos de producción. Además, justifican la racionalidad del uso del valor trabajo en vez del valor subjetivo en base a teoría de Mises , solventando dos problemas que Mises identifica en el uso del valor trabajo: la no homogeneidad del trabajo y la imputación de valor de bienes no reproducibles. El partitipatory planning de Adaman y Devine es otro ejemplo de adaptación del argumento socialista a las criticas austriacas. Es decir, en el nuevo debate del cálculo económico es necesario que el bando austriaco repiense y refine sus argumentos si quieren verse involucrados de nuevo en el debate. Ya sea mejorando argumentos anteriores o ideando algunos nuevos, la cuestión fundamental es que no se puede tomar este debate como algo ya cerrado o sobre el que no hay que volver a pensar argumentos nuevos. Por el momento, los austriacos apenas han participado en esta nueva ronda, solo hay algunos artículos al respecto (Bylund and Manish 2017; Moreno-Casas, Espinosa, and Wang 2022). Es más, como he escuchado decir al propio Paul Cockshott, pareciera que los austriacos no hayan leído nada acerca de estas nuevas propuestas socialistas desde la obra de Lavoie. Por tanto, es imprescindible conocer todas las propuestas socialistas hechas desde Lavoie hasta hoy, si es que los economistas austriacos quieren tomarse en serio esta crucial y contemporánea ronda del debate.

El artículo citado previamente de Carnevali y Ystehede puede ser un buen punto de referencia para conocer el estado actual de los distintos desarrollos teóricos que tienen que ver con el socialismo. De ahí se puede partir, adentrarse en la literatura más reciente e intentar analizarla y/o criticarla. Sirva este artículo como una llamada a la acción: se necesitan economistas austriacos participando en este debate, con conocimiento sobre las posturas contrarias y con argumentos refinados y frescos. De otra manera, estaremos ante el riesgo de perder el histórico debate y que el socialismo triunfe, al menos, en el plano teórico-económico.

Referencias

Adaman, Fikret, and Pat Devine. 1996. “The Economic Calculation Debate: Lessons for Socialists.” Cambridge Journal of Economics 20 (5): 523–37. https://doi.org/10.1093/oxfordjournals.cje.a013632.

———. 2002. “A Reconsideration of the Theory of Entrepreneurship: A Participatory Approach.” Review of Political Economy 14 (3): 329–55. https://doi.org/10.1080/09538250220147877.

Bergson, Abram. 1948. “Socialist Economics.” In A Survery of Contemporary Economics, edited by Howard S. Ellis, Vol. 1, 412–48. Homewood, Ill: Richard D. Irwin.

Bylund, Per L., and G.P. Manish. 2017. “Private Property and Economic Calculation: A Reply to Andy Denis.” Review of Political Economy 29 (3): 414–31. https://doi.org/10.1080/09538259.2017.1352193.

Carnevali, Emilio, and André Pedersen Ystehede. 2022. “Is Socialism Back? A Review of Contemporary Economic Literature.” Journal of Economic Surveys, 1–32. https://doi.org/10.1111/JOES.12488.

Cockshott, Paul, and Allin Cottrell. 1992. Towards a New Socialism. Nottingham: Bertrand Russell Press.

Cottrell, Allin, and Paul Cockshott. 2007. “Against Hayek.” MPRA Paper No. 6062.

Hayek, Friedrich August. 1945. “The Use of Knowledge in Society.” The American Economic Review 35 (4): 519–30.

———. 1952. The Sensory Order: An Inquiry into the Foundations of Theoretical Psychology. Chicago: The University of Chicago Press.

Lange, Oskar. 1967. “The Computer and the Market.” In Socialism, Capitalism and Economic Growth: Essays Presented to M. Dobb, edited by Charles Feinstein. Cambridge: Cambridge University Press.

Lavoie, Don. 1981. “A Critique of the Standard Account of the Socialist Calculation Debate.” The Journal of Libertarian Studies V (1): 41–87.

———. 1985. Rivarly and Central Planning: The Socialist Calculation Debate Reconsidered. Cambridge: Cambridge University Press.

Mises, Ludwig von. 1935. “Economic Calculation in the Socialist Commonwealth.” In Collectivist Economic Planning, edited by Friedrich A. Hayek, 87–130. London: Routledge & Kegan Paul.

———. 2012. Socialism: An Economic and Sociological Analysis. Socialism: An Economic and Sociological Analysis. Indianapolis: Liberty Fund. https://doi.org/10.2307/2548660.

Moreno-Casas, Vicente, Victor I. Espinosa, and William H. Wang. 2022. “The Political Economy of Complexity: The Case of Cyber-Communism.” https://papers.ssrn.com/abstract=4012265.

Neurath, Otto. 1973. “Through War Economy to Economy in Kind.” In Empiricism and Sociology, 123–57. Dordrecht: Springer Netherlands. https://doi.org/10.1007/978-94-010-2525-6_5.

Samuelson, Paul A. 1948. Economics. 1st ed. New York: McGraw-Hill.

Schumpeter, Joseph A. 2006. History of Economic Analysis. New York: Routledge.

¿Es posible el ciber-comunismo?

De manera directa, me atrevo a afirmar que estamos ante una nueva ronda en el histórico debate del cálculo económico socialista. El clásico enfrentamiento que tuvo lugar en el siglo XX entre Mises, Hayek y Robbins, por un lado, y Lange, Taylor, Dickinson o Lerner, por otro, fue interpretado por el consenso científico en economía como una victoria para los socialistas neoclásicos (Bergson 1948; Schumpeter 2006; Samuelson 1948). Los socialistas demostraron que la planificación central era posible mediante un modelo competitivo de prueba y error, que emulara de alguna forma el funcionamiento del mercado. Sin embargo, los que estamos familiarizados con los trabajos del profesor Huerta de Soto (2010), sabemos que existió un nuevo análisis del debate por parte de economistas austriacos varios años después. Esta interpretación alternativa fue liderada por Don Lavoie (1985), quien planteó la idea de que el problema principal de la planificación central no es tanto la recopilación de la información sino su creación. Es decir, en tanto que la planificación central elimina la institución de la propiedad privada sobre los medios de producción, no se puede crear la información, en forma de precios, necesaria para poder asignar el capital en las líneas de producción que más lo demandan. De esta manera, Lavoie planteó que el debate no fue ganado por los socialistas sino por los austriacos. Posteriormente, el propio Huerta de Soto acuñó este argumento dinámico sobre la creación de conocimiento y la interpretación alternativa del debate.

Ni diez años después del trabajo de Lavoie, una nueva generación de socialistas quiso retomar el debate del cálculo económico y responder a los austriacos. Hablamos de Allin Cottrell y Paul Cockshott. Estos autores, en su famoso artículo Calculation, Complexity, and Planning: The Socialist Calculation Debate Once Again (1993), afirmaron que, desde Lavoie, nunca hubo una respuesta contundente a la nueva interpretación austriaca y que, por tanto, su principal cometido era intentar proveer esa respuesta. Para ello, plantearon el argumento socialista de forma distinta a cómo lo hicieron los anteriores socialistas neoclásicos. En este caso, Cottrell y Cockshott se basaron en la teoría del valor trabajo, rechazando la teoría subjetiva del valor que sí apoyaban los anteriores socialistas, y concluyeron que esta posibilita la planificación central, de la mano de los avances en la capacidad computacional de los ordenadores modernos. Es decir, que si sustituimos los precios de mercado por mediciones en horas de trabajo y nos ayudamos de computadoras, la planificación central es posible. Por tanto, dado que la planificación sería ahora cibernética, el sistema propuesto ha sido llamado ciber-comunismo.

En un reciente working paper (Moreno-Casas, Espinosa, and Wang 2022), Victor Espinosa, William H. Wang y el autor de esta pieza de opinión, analizamos la posibilidad del ciber-comunismo, tal y como ha sido planteado por Cottrell y Cockshott y, también, algunos de sus seguidores como Nieto y Mateo (2020). Lo hacemos desde la teoría de complejidad, aplicada a la economía en sus versiones dinámica y computacional (Rosser Jr. 2009).

En primer lugar, dejamos claro que la propuesta de Cottrell y Cockshott puede enmarcarse en la complejidad computacional, puesto que los autores se basan en conceptos como la tesis Church-Turing, la teoría de la información de Shannon (1948) o la teoría de la información algorítmica de Chaitin (1987), que constituyen las bases del enfoque computacional de la complejidad a la economía (Rosser Jr. 2009). En efecto, los ciber-comunistas sostienen que en su sistema socialista la planificación central es computable, por su grado de complejidad. Esto parece chocar, en principio, con algunas ideas que son ampliamente reconocidas tanto en la versión dinámica como la computacional aplicadas a la economía. Por un lado, la visión dinámica parte de la base de que no puede haber un explotador global de todas las oportunidades en un sistema complejo, que no se pueden alcanzar óptimos globales y, por tanto, la economía se encuentra siempre movida por dinámicas fuera de equilibrio (Arthur, Durlauf, and Lane 1997). Por otro lado, la visión computacional entiende directamente que el problema del cálculo económico es NP-complejo y los precios de equilibrio no son computables (Markose 2005; van den Hauwe 2011). ¿Cómo es entonces posible que Cottrell y Cockshott se posicionen en favor de la planificación central de la economía desde un enfoque de complejidad computacional?

La respuesta a la anterior pregunta la encontramos en dos partes. Primero, es lógico que Cottrell y Cockshott no compartan las características de un sistema complejo que proporciona la complejidad dinámica, puesto que ellos sostienen un enfoque computacional, que en muchas ocasiones rechaza la visión dinámica y el concepto de emergencia por ser demasiado general y poco preciso (Rosser Jr. 2009). Después, ellos mismos reconocen el problema de la computabilidad de los precios en el equilibrio Walrasiano (Cottrell and Cockshott 2007), en línea con los autores de la complejidad computacional, pero entonces demuestran que, si asumimos la medición en tiempo de trabajo, sí podríamos computar un plan central. De hecho, ponen el ejemplo del sistema nervioso de una mariposa para demostrar que un sistema de control puede computar un sistema de manera completa sin ni siquiera necesidad de recurrir a aritmética (Cottrell and Cockshott 1993). Aquí, el problema del planteamiento de Cottrell y Cockshott es que olvidan la cuestión central de la autorreferencia.

La autorreferencia se relaciona con un fenómeno por el que un elemento se refiere de manera directa a sí mismo, lo que puede conducir a paradojas. Koppl y Rosser Jr. (2002) estudian el fenómeno de la autorreferencia en economía en varios niveles. Uno de ellos es el juego Holmes-Moriarty planteado por Oskar Morgenstern, en el que la hipótesis de racionalidad perfecta lleva al juego a una paradoja “yo pienso que el otro jugador piensa que yo pienso…”. En paralelo a este razonamiento, en otro de los niveles, Koppl y Rosser Jr. concluyen que, en tanto que los planificadores tienen el mismo nivel de racionalidad y computación que los agentes en una economía, el control y la predicción es imposible puesto que conduce a paradojas derivadas de autorreferencias (“yo pienso que el otro agente piensa que yo pienso…”). Además, siguiendo la tesis de Wolpert (2001), esta paradoja no podría resolverse ni siquiera asumiendo que el problema (planificación central) es computable, incluso con la existencia de un hipercomputador, puesto que ningún computador dentro del mundo es capaz de predecir siempre de forma correcta lo que ocurrirá en el mundo antes de tiempo. Sería necesario estar fuera del sistema, como un observador con mayor grado de complejidad que el sistema observado, para poder anticipar y controlar su comportamiento.

El problema de Cottrell y Cockshott es que cuando hablan de la mariposa o su sistema de control, parecen asumir que este se encuentra fuera del sistema nervioso, como una entidad de complejidad superior que pudiera controlar y computar el sistema nervioso de la mariposa. La realidad es que no es así, y al encontrarse dentro del propio sistema, no podrá predecir ni explicar completamente su comportamiento (Hayek 1952). Aplicado a la planificación central, podemos decir que un gobierno no puede conocer ni predecir completamente la evolución de una economía que contiene el plan central dentro de ella misma (Rosser Jr. 2012). Como sugería el profesor Rallo en un comentario a nuestro working paper: “justamente un sistema ha de poder falsarse a sí mismo (¿cómo sé que estoy equivocado si he de decir yo si estoy o no equivocado?) y para eso hacen falta fuentes de falsación externas al plan [central]”.

Además de lo anterior, cabe cuestionar dos asunciones fundamentales que hacen Cottrell y Cockshott, a saber: (1) que una economía puede funcionar de acuerdo a la teoría del valor trabajo, y (2) que el bureau planificador cuenta con información sobre los coeficientes técnicos de producción o puede hacerse con la información relevante necesaria para elaborar el plan de producción. Estas dos suposiciones no las vamos a desarrollar en este artículo por motivos de extensión, pero recalcamos que también son criticadas en nuestro trabajo. Por ello, animamos a cualquier lector que se dirija a nuestro working paper, citado abajo, en caso de que quiera profundizar más en la crítica.

En conclusión, podemos decir que el ciber-comunismo diseñado por Cottrell y Cockshott no es posible, debido, entre otros motivos, al problema fundamental de la autorreferencia que hemos discutido en este artículo. También hay otros problemas, como las suposiciones acerca de la teoría del valor trabajo y la información, o también, si es posible la agregación de preferencias individuales en una preferencia social. Como nueva ronda en el debate del cálculo económico, el ciber-comunismo merece toda la atención posible por parte de los economistas, concretamente, de los economistas austriacos. Esto quiere decir que serán necesarios trabajos posteriores, cuantos más mejor, que puedan analizar la propuesta ciber-comunista desde distintos puntos de vista.

Referencias

Arthur, W. Brian, Steven N Durlauf, and David A Lane. 1997. “Introduction.” In The Economy as an Evolving Complex System II, edited by W. Brian Arthur, Steven N Durlauf, and David A Lane, 1–14. Reading: Addison-Wesley.

Bergson, Abram. 1948. “Socialist Economics.” In A Survery of Contemporary Economics, edited by Howard S. Ellis, Vol. 1, 412–48. Homewood, Ill: Richard D. Irwin.

Chaitin, Gregory J. 1987. Algorithmic Information Theory. Cambridge, UK and New York: Cambridge University Press.

Cottrell, Allin, and Paul Cockshott. 1993. “Calculation, Complexity and Planning: The Socialist Calculation Debate Once Again.” Review of Political Economy 5 (1): 73–112. https://doi.org/10.1080/09538259300000005.

———. 2007. “Against Hayek.” MPRA Paper No. 6062.

Hauwe, Ludwig M.P. van den. 2011. “Hayek, Gödel, and the Case for Methodological Dualism.” Journal of Economic Methodology 18 (4): 387–407. https://doi.org/10.1080/1350178X.2011.628045.

Hayek, Friedrich August. 1952. The Sensory Order: An Inquiry into the Foundations of Theoretical Psychology. Chicago: The University of Chicago Press.

Huerta de Soto, Jesús. 2010. Socialism, Economic Calculation and Entrepreneurship. Cheltenham: Edward Elgar Publishing.

Koppl, Roger, and J. Barkley Rosser Jr. 2002. “All That I Have to Say Has Already Crossed Your Mind.” Metroeconomica 53 (4): 339–60. https://doi.org/10.1111/1467-999X.00147.

Lavoie, Don. 1985. Rivarly and Central Planning: The Socialist Calculation Debate Reconsidered. Cambridge: Cambridge University Press.

Markose, Sheri M. 2005. “Computability and Evolutionary Complexity: Markets as Complex Adaptive Systems (CAS)*.” The Economic Journal 115 (504): F159–92. https://doi.org/10.1111/J.1468-0297.2005.01000.X.

Moreno-Casas, Vicente, Victor I. Espinosa, and William H. Wang. 2022. “The Political Economy of Complexity: The Case of Cyber-Communism.” https://papers.ssrn.com/abstract=4012265.

Nieto, Maxi, and Juan Pablo Mateo. 2020. “Dynamic Efficiency in a Planned Economy: Innovation and Entrepreneurship without Markets.” Science and Society 84 (1): 42–66. https://doi.org/10.1521/SISO.2020.84.1.42.

Rosser Jr., J. Barkley. 2009. “Computational and Dynamic Complexity in Economics.” In Handbook of Research on Complexity, edited by J. Barkley Rosser Jr., 22–35. Cheltenham: Edward Elgar.

———. 2012. “Emergence and Complexity in Austrian Economics.” Journal of Economic Behavior and Organization 81 (1): 122–28. https://doi.org/10.1016/j.jebo.2011.09.001.

Samuelson, Paul A. 1948. Economics. 1st ed. New York: McGraw-Hill.

Schumpeter, Joseph A. 2006. History of Economic Analysis. New York: Routledge.

Shannon, C. E. 1948. “A Mathematical Theory of Communication.” Bell System Technical Journal 27 (3): 379–423. https://doi.org/10.1002/J.1538-7305.1948.TB01338.X.

Wolpert, David H. 2001. “Computational Capabilities of Physical Systems.” Physical Review E 65 (016128): 1–27. https://doi.org/10.1103/PHYSREVE.65.016128.

La teoría del cierre categorial y la economía IV: Del subjetivismo al materialismo, y de ahí a la historia

Mencionábamos en el anterior artículo un párrafo que, como un óvulo polifecundado, contiene ideas que luego se van a desarrollar luego completamente, y que están vinculadas unas a otras. De modo que lo vamos a citar de nuevo: “El materialismo filosófico entiende la idea de hombre como un conjunto de relaciones que constituyen el espacio antropológico a través de las cuales podemos entenderlo en sus determinaciones histórico-morfológicas”.

Más allá de que el materialismo entienda la idea del hombre, o no, lo pertinente aquí es que no se trata de cualquier materialismo, sino de este que se combina con el criterio de demarcación científica del cierre categorial. Un criterio que, a despecho de otros elementos, necesita categorías para construirse. Bien, cualquier ciencia, en cualquier sentido que le podamos dar al término, necesita de categorías. De otro modo no podría ni expresarse. A lo que me quiero referir es a que el materialismo de Gustavo Bueno y sus discípulos no buscan esas categorías en la acción del hombre.

Esto es lo que ha elaborado la Escuela Austríaca de economía, desde Menger. Actuar consiste en perseguir fines, y para ello recurre a medios. La consecución de los fines no es inmediata, por lo que la acción se desarrolla en el tiempo. Como la mente humana es creativa, tenemos la capacidad de proponernos nuevos fines más allá de lo que nos lo permiten los medios y el tiempo disponibles, de modo que se produce una escasez que es inerradicable. Como los medios son escasos, tenemos que elegir el curso de acción. Lo hacemos por aquéllos fines a los que otorgamos un mayor valor, que es la significación subjetiva que tienen para el actor. Ese valor que achacamos a los fines lo proyectamos sobre los medios. Como tenemos que descartar algunos fines, y estos también tienen un valor para nosotros, llamaremos coste al valor del fin descartado más apreciado. Acción, fin, medio, tiempo, escasez, valor, coste… Son categorías de la acción humana, a las que podríamos añadir otras: conocimiento, tecnología, incertidumbre, bien de capital, et al. 

El materialismo de Bueno no puede construir así la ciencia económica. Esas categorías no tienen una esencia material, sino puramente subjetiva. Es cierto que esas categorías, por medio de una de ellas, la acción, tiene implicaciones en el mundo y, por tanto, dejan una huella material. Eso es lo que parece interesarle a la escuela de Bueno. Y por eso el estudio del hombre es el de su huella, y en consecuencia el de su historia.

La Escuela Austríaca es dualista en el sentido hayekiano. Lo es necesariamente porque, aunque dentro hay posiciones filosóficas distintas, todos los autores reconocen un elemento esencialmente creativo en la mente humana. E incluso un autor que estudió en profundidad estas cuestiones, y que plantea una explicación de la mente en términos estrictamente materiales, como es Hayek, reconoce que nunca daremos con una explicación precisa de nuestras ideas en esos términos. 

Luis Carlos Martín evita todo esto. Nada de creatividad de la mente humana (todas nuestras acciones están determinadas, y no nos pertenecen; nos vienen dadas). Los individuos, no tenemos nada que decir ni sobre lo que decimos, porque nuestras acciones son espasmódicas, reacciones sin propósito ni voluntad propia, o acomodaciones a normas exteriores que nosotros no hemos diseñado. 

Insisto: dice en la página 130: “Como contrafigura a la idea espiritualista monadológica, le atribuimos un carácter corpóreo, operatorio, práctico, prudencial. De este modo, su esencia es proléptica, finalística, apotética”.

En su batalla contra el subjetivismo de la Escuela Austríaca, no deja prisioneros. Y hace bien, ya que ve en ella un inmenso error. Dice en la página 54: “Son las teorías subjetivistas del valor las que más confusión ofrecen. Por su metafísica mentalista reducen las categorías económicas a convenciones de los sujetos y toda la ciencia económica a juegos imaginativos. Anmarcocapitalistas que darán un nuevo auge a la praxeología de Mises, como Murray Rothbard; utilizan ‘experimentos mentales’ para entender un campo que se levanta desde el modelo de un Robinson que ahorra, representándose un fin mental que luego ejecuta”. Como cuando en Alicia se separan las partes del gato hasta quedarse en la sonrisa. 

Dice (página 55), que Ludwig von Mises es “tal vez del caso más desenfocado de la gnoseología económica, dado que el ‘individualismo metodológico’ como base del resto de ‘leyes económicas’ es justo el proceso contrario que sigue la cientificidad de una ciencia (pues sólo el grado en que se elimina a los individuos y sus operaciones del campo alcanza algún nivel de verdad). Tal ‘praxeología’ tendrá que anclarse a posiciones mentalistas del dinero que pese a su pretendida positividad le hacen perder de vista las unidades estatales monetarias”. 

Martín recoge, así, la misma posición que expresa Hayek sobre las leyes del mundo físico: Ahí la ciencia ha avanzado a medida que ha eliminado las observaciones subjetivas del hombre. La ciencia no exige que el científico diga que un cuerpo está caliente o frío, sino que recurre a un termómetro. Tampoco dice que un color es verde, sino que realiza una colorimetría con un instrumento (1). 

Lo que no advierte Martín, o más bien no comparte, es que como objeto de estudio, el hombre y el átomo, o el hombre y las placas tectónicas, ¡o el hombre y su cuerpo!, son objetos de estudio de naturaleza distinta. El propio Hayek reconoce que todo avance significativo en la ciencia económica procede del subjetivismo como método. Es más, y esto es fundamental para comprender las pretensiones de la escuela austríaca: a diferencia de la química o de la geología, en el caso de la economía como ciencia de la acción humana, el científico participa de la naturaleza del objeto de estudio. 

Por eso el economista sabe que el hombre tiene fines y acude a medios. Es más, no podría negarlos sin buscar un fin (negar la existencia de fines) ni acudir a un medio para lograrlo (expresar un conjunto de palabras).

Si el materialismo pudiera explicar nuestras acciones, todo lo que plantean los autores de la escuela austríaca sería farfolla. Pero el materialismo tiene el decoro de no intentarlo siquiera (2). Simplemente toma nota de sus huellas, forma categorías sobre su persistente pasado, e intenta construir desde ahí un edificio. 

Lo hace de forma arbitraria, lo cual le crea unos problemas enormes. El autor de El mito del capitalismo se ve obligado a luchar contra dos profesiones, economistas e historiadores, sobre la pertinencia de conceptos como dinero, mercado o comercio. Yo comprendo su desesperación, pero no veo cómo podría no caer en ella. 

Volviendo a las palabras de Martín, donde busca las categorías con las que elaborar una nueva teoría económica es en la historia. La escuela de Bueno le dedica una enorme atención a la historia, y es feraz en la creación de grandes interpretaciones del pasado humano. Son edificios atractivos, que nos ayudan a interpretar grandes procesos históricos, pero su construcción en ocasiones es forzada, y no logra levantarse sobre el suelo. Pero eso queda para un próximo artículo.

(1) Hayek, The Sensory Order. An Inquiry into the Foundations of Theoretical Psychology. University of Chicago Press, Chicago, 1976 (1952), pp 2-8.

(2) Ibid, pp 25-30 para un demoledor ataque al behaviourismo, que comparte un mismo fondo filosófico que el determinismo del comportamiento humano que aquí se observa.

Serie La teoría del cierre categorial y la economía

(I) El cierre categorial

(II) Monismo, dualismo y pluralismo

(III) El liberalismo como atomismo

Cinco etapas en la historia de la Escuela Austríaca

La Escuela Austriaca de Economía parece estar ganando espacio en la opinión pública. Esta nota ofrece un repaso histórico para conocer sus etapas, identificar a los personajes más importantes de su historia, y conocer algunas de sus contribuciones al pensamiento económico. Cierre con una reflexión sobre el presente de esta tradición.

Primera etapa: La fundación (1871-1911)

La Escuela Austriaca se funda en 1871 con los Principios de Economía de Carl Menger, quien tuvo un importante debate con los historicistas alemanes pidiendo abandonar la búsqueda de regularidades y más bien buscando desarrollar leyes económicas de aplicación universal. También Menger fue crítico de la teoría del valor trabajo en la que se fundaba el pensamiento clásico, siendo parte de la revolución marginal.

Eugen Böhm Bawerk, por su parte, fue un estudioso de los aportes de Menger, pero llevó sus investigaciones más lejos, las que se pueden ver en su libro en tres tomos Capital e interés. Böhm Bawerk comprendió rápidamente que estas ideas podían utilizarse para mostrar las contradicciones del marxismo.

Segunda etapa: La consolidación (1912-1945)

En 1912 la Escuela Austriaca ingresa en su segunda etapa, la de consolidación. Allí aparecen los aportes de Ludwig von Mises, primero con su Teoría del dinero y del crédito, y luego con la conformación de un seminario privado donde forma importantes alumnos. En 1922 Mises publica Socialismo, un libro que anticipa el fracaso de este sistema alternativo.

Su más brillante discípulo, Friedrich Hayek es quien extiende las investigaciones de Mises. Sobre el socialismo, Hayek desarrolla su teoría del conocimiento; en la macroeconomía, agrega a la teoría austriaca del ciclo económico, una mayor profundización de la teoría del capital. Estas ideas resultan centrales en el debate de aquellos años sobre el cálculo económico frente a socialistas como Taylor y Lange, mientras que en el área macro, Hayek viaja a Londres para debatir con John Maynard Keynes y la Escuela de Cambridge.

Tercera etapa: El aislamiento (1945-1973)

Una sucesión de hechos rompe con el predominio de la Escuela Austriaca. 1. Los nazis atacan Viena y los miembros de la Escuela Austriaca deben dispersarse. Mises se establece aislado en Ginebra, mientras que Hayek lo hace en Londres. Poco tiempo después Mises tiene que abandonar Europa y toma un barco a Nueva York. Hayek poco tiempo después se establece en la Escuela de Chicago. 2. La economía se vuelve anglo-parlante en un momento en que todas las publicaciones austriacas estaban escritas en alemán. Mises y Hayek recién entonces empiezan a publicar sus contribuciones en inglés. 3. La economía también abandona la lógica verbal para fundarse en modelos matemáticos y de equilibrio que estaban muy lejos de la metodología austriaca. Destacados economistas mencionan lo difícil que era modelizar las ideas austriacas. 4. La revolución keynesiana genera un cambio ideológico que choca con ciertas ideas liberales austriacas.

En esta etapa de aislamiento, sin embargo, la Escuela Austriaca logra reconstruirse, de nuevo, sobre la base de los esfuerzos de Mises y Hayek. Mises publica en 1949 La Acción Humana, su Tratado de Economía, además de formar un nuevo seminario privado en la Universidad de Nueva York donde forma nuevos alumnos.

Cuarta etapa: El resurgimiento (1974-2000)

Con la estanflación de los años 1970, y siendo evidente el desenlace de la revolución keynesiana, la Escuela Austriaca logra su resurgimiento en paralelo con la contrarrevolución monetarista. La Academia Sueca advierte que Hayek había anticipado en los años 1930 los problemas de las políticas keynesianas y le otorga el Premio Nobel en 1974 por sus aportes a la teoría del capital y los ciclos económicos, y también por ofrecer un estudio multidisciplinar que enriquece los estudios económicos.

Un año antes, en 1973, el Institute for Human Studies organiza un seminario con la presencia de tres destacados autores austriacos: 1. Israel Kirzner, quien se doctoró bajo la tutela de Mises en Nueva York y desarrolló contribuciones a la empresarialidad; 2. Murray Rothbard, quien desarrolló un nuevo tratado de economía, una moderna explicación de lo ocurrido en la crisis del treinta y sus contribuciones a la ética de la libertad; 3. Ludwig Lachmann, quien amplió el estudio macro de Hayek conectando la teoría del capital con las expectativas subjetivas y nuevos aportes a los ciclos económicos.

Quinta etapa: Las oportunidades de la especialización (2000-hoy)

En el año 2000 la Escuela Austriaca entra en su quinta etapa, con oportunidades para la especialización. Fritz Machlup, o en Argentina Gabriel Zanotti ofrecen contribuciones con una nueva metodología para la economía política; Peter Klein y Nicolai Foss ofrecen aportes a la microeconomía que extienden los aportes de Kirzner sobre el proceso de mercado y desarrollan una nueva teoría austriaca de la empresa. Juan Sebastián Landoni es en Argentina el especialista en la materia; Peter Lewin amplía los aportes de Hayek sobre la teoría austriaca del capital, ofreciendo sus aportes a una teoría del capital en desequilibrio. El economista argentino Nicolás Cachanosky ha escrito trabajos en coautoría con Lewin en esta materia. Steven Horwitz ofrece contribuciones a los microfundamentos de la macroeconomía. Roger Garrison desarrolló aportes a la macroeconomía basada en el capital, la que se enfrenta a los modelos keynesianos, monetaristas e incluso a la nueva macroeconomía clásica. Aun en el área de pobreza y desigualdad, pueden verse los trabajos de William Easterly, consistentes con la línea austriaca, colocando a Hayek como un experto. Lo cierto es que cualquiera sea el área en la que los austriacos se introducen sus aportes parecen ser novedosos y reciben espacio en las revistas especializadas.

La Escuela Austriaca, sus compañeros de camino, y el ‘mainline economics’

La Escuela Austriaca, sin embargo, parece haber muerto, al menos en la forma en que existía décadas atrás. Ya no existe como un movimiento independiente en el que han contribuido Mises y Hayek y se enfrenta al resto de la profesión. Más bien, a partir del aporte de Peter Boettke, profesor en la George Mason University, los austriacos modernos comprendieron que pueden dialogar con otros teóricos de la economía y presentar un todo coherente para enfrentar a la economía neoclásica y sus modelos de estáticos de equilibrio.

¿Quiénes serían entonces estos compañeros de camino? Varios premios Nobel que por sus aportes multidisciplinares consistentes con la línea Hayek han ampliado los conocimientos de la nueva economía. Nos referimos a James M. Buchanan y la Escuela de la Elección Pública, quien junto a Gorgon Tullock y Jeffrey Brennan, entre otros, estudian la conexión entre la economía y la política; Ronald Coase y el análisis económico del derecho; Douglass North y la Nueva Economía Institucional; Elinor Ostrom y la Escuela de Bloomington; Vernon Smith y la economía experimental, que integra la economía con la psicología.

El ‘mainline economics’ es entonces la nueva economía de la que participa la Escuela Austriaca y que se propone hoy como un nuevo paradigma para dar respuestas a los problemas de siempre.

Es en este marco que la Argentina parece estar siguiendo un patrón a nivel mundial en defensa de la propiedad privada, la libertad individual, la economía de libre mercado y el gobierno limitado. Esta nueva manera de ver la economía enfrentará en lo que viene a las distintas formas de la economía dirigida, tanto socialista como intervencionista y populista.

La cuestión de las matemáticas en economía II: agent-based models

En el penúltimo artículo que escribí para esta casa abordé la clásica controversia dentro de la Escuela Austriaca sobre el uso de matemáticas para la formalización de teoría económica. Mi tesis se construyó sobre la comprensión de Weintraub (2002) acerca de la relación entre las matemáticas y la economía; a saber, que las revoluciones en la historia de la economía han seguido a las revoluciones en la historia de las matemáticas. De esta manera, cuando hablamos de matemáticas y economía debemos concretar a qué tipo de matemática nos referimos y qué enfoque económico estamos tratando. En ese sentido, puntualicé que las críticas de economistas austriacos al uso de matemáticas en economía son acertadas en tanto que una matemática algebraica resulta limitada para las explicaciones a las que aspira una economía realista y de complejidad. Sin embargo, también planteé la posibilidad, en línea con la propuesta de teóricos de complejidad como Brian Arthur (2021), de que se pueda construir teoría económica mediante otras alternativas matemáticas algorítmicas basadas en la computación. Quedaron sin resolver varias cuestiones al respecto: (1) la compatibilidad de los modelos computacionales con la metodología de la Escuela Austriaca; (2) saber si esta nueva técnica matemática puede descubrir conocimiento para la economía; y (3) si también es capaz de comunicar teoría de forma menos ambigua que el lenguaje verbal. A continuación, resolveremos estos tres puntos.

Agent-based models (ABMs) y economía austriaca

La economía algorítmica o de computación a la que se refiere Arthur (2021) se ha materializado en los agent-based models (ABMs). Como el propio nombre indica, estos son modelos que empiezan con una población de agentes que interactúan entre sí en función de unas reglas de comportamiento especificadas por el modelador. Estas interacciones dan lugar a un comportamiento macro emergente (Axtell and Farmer 2021). Al contrario que los sistemas tradicionales de funciones usados en economía, los ABMs no preespecifican ningún nivel agregado, comportamiento macro o equilibrio. Más bien, el comportamiento del sistema en un nivel macro emerge de la interacción de los agentes (Hoefman 2020)

Los ABMs aparecieron como alternativa a los Dynamic Stochastic General Equilibrium (DSGE) models (Fagiolo and Roventini 2017). Estos fueron criticados por representar el mundo de forma irreal, como si fueran perfectos y estuvieran en equilibrio (Farmer and Foley 2009). A su vez, los ABMs fueron propuestos como alternativa al constituir una forma matemática menos restringida de explorar los fenómenos económicos, dando espacio al estudio de los procesos de mercado y las dinámicas fuera de equilibrio. Desde su origen hace veinticinco años, los ABMs se han aplicado a una gran cantidad de campos en la economía y las finanzas (teoría de juegos, organización industrial, empresas, macroeconomía, economía pública, etc.). Hay que tener en cuenta, tal y como hacen Axtell y Farmer (2021), que pueden existir hasta tres tipos de ABMs: (1) puramente teóricos, siendo modelos abstractos que ilustran algún hecho estilizado; (2) modelos que reproducen datos económicos agregados cuantitativamente; y (3) modelos basados en datos micro que pueden identificar cuantitativamente el comportamiento de individuos. Como bien destacan ambos investigadores, los del primer tipo, los puramente teóricos, son los que abundan en la economía en relación a los otros dos tipos. Esto será de especial relevancia cuando hablemos de la compatibilidad metodológica con la Escuela Austriaca, al referirnos a las pattern predictions.

Aunque los ABMs se usen cada vez más en ciencias sociales, es cierto que aún están lejos de convertirse en herramienta hegemónica o predominante. Esto es, precisamente, porque su uso desafía muchas de las suposiciones y fundamentos de la teoría neoclásica de equilibrio. Esta cuestión, al mismo tiempo, se convierte en un atractivo para corrientes de la economía que pretenden ir más allá del análisis de equilibrio. En este caso, varios autores han encontrado en la economía computacional de modelos basados en agentes una buena herramienta para la Escuela Austriaca (Vriend 2002; Nell 2010; Seagren 2011; Koppl 2006; Lavoie, Baetjer, and Tulloh 1990). De todos ellos, me gustaría centrarme en Seagren (2011).

En primer lugar, Seagren hace hincapié en que las características típicas de los ABMs, definidos por Epstein (2006), se solapan con los tres principios metodológicos fundamentales de la Escuela Austriaca: individualismo metodológico, subjetivismo y la noción de proceso de mercado (Boettke 1994). Además de eso, tanto los ABMs como los austriacos entienden la economía como un sistema complejo adaptativo (CAS, por su siglas en inglés). Por otro lado, Seagren (2011) argumenta que las simulaciones basadas en agentes pueden complementar la idea de orden espontáneo de Hayek e igualar al método compositivo de Menger. Precisamente, los ABMs capturan el proceso causal que va desde las acciones de los agentes a los fenómenos macro. Además, permiten introducir supuestos más realistas en los modelos y teorías. Aun así, parece que no existe tanta compatibilidad con la praxeología, otra de las ramas fundamentales de la metodología austriaca.

Seagren advierte que la praxeología, al estar compuesta de teorías universales y necesarias, puede rechazar el uso de ABMs por ser demasiado arbitrarios y empíricos. No obstante, también es cierto que Mises introduce suposiciones empíricas en sus teorías, como la idea de desutilidad del trabajo o la ley de asociación de Ricardo, para que las teorías correspondan con la realidad y la economía no se convierta en una mera gimnasia mental (Mises 1998). Consecuentemente, al introducir estas suposiciones empíricas, entramos en el terreno de lo que Selgin (1990) llama historia conjetural. Aquí es donde Seagren descubre una similitud con la praxeología. La historia conjetural son teorías económicas que toman la forma de construcciones imaginarias, donde es necesario el principio ceteris paribus. En este sentido, los ABMs pueden ayudar a la elaboración de construcciones imaginarias, puesto que permiten controlar y procesar más variables que la mente humana, relajando así la cláusula ceteris paribus.

En resumidas cuentas, podemos decir que el uso de ABMs es compatible con la metodología de la Escuela Austriaca y puede ser de utilidad en el nivel del método analítico-compositivo, para el estudio de los órdenes espontáneos. No puede remplazar a la praxeología, sino construirse sobre sus leyes universales y necesarias para luego obtener leyes contingentes que describan la causalidad de procesos emergentes complejos en la economía. Además, si es para la teoría económica, los ABMs pueden ayudar a la construcción de pattern predictions o hechos estilizados, es decir, patrones cualitativos. Alternativamente, los modelos que realizan estimaciones cuantitativas micro o macro pueden aplicarse para el estudio de la historia económica. Teniendo claro todo esto, solo queda resolver las otras dos cuestiones.

Nuevo conocimiento y ambigüedad

¿Descubren los ABMs nuevo conocimiento o son solo una traducción de algo que se desarrolla previamente a través de lenguaje verbal? ¿comunican conocimiento de forma más o menos ambigua que el lenguaje verbal?

Con respecto a la primera pregunta, podemos decir que los ABMs sí descubren nuevo conocimiento para la economía. En este caso, como hemos mencionado previamente, facilitan la creación de construcciones imaginarias a través del control de más variables, relajando así la cláusula ceteris paribus. Al contrario que con la matemática algebraica, que es una mera traducción de una lógica verbal previa (Rothbard 1956; 1976; 2009), los ABMs sí permiten alcanzar conocimiento que excede los límites de la capacidad cognitiva humana. De esta forma, la histórica posición austriaca con respecto a las matemáticas cambiaría. Ya sí se admitiría que una técnica matemática puede añadir conocimiento a la economía, por lo que las matemáticas sí podrían ser ahora aceptadas como herramienta de investigación para la ciencia económica.

Bien distinta es la cuestión de la comunicación de conocimiento. Los ABMs no suelen contener ecuaciones, aunque sí puedan ser expresados mediante tales (Epstein 2006). Así, los ABMs hacen gran uso del lenguaje verbal. Es más, una de las principales implicaciones epistemológicas de la complejidad es que es imposible modelar al completo el comportamiento humano en lenguaje físico, por lo que siempre hay lugar para el formalismo verbal en las explicaciones sobre fenómenos sociales y humanos (Koppl 2010). Entonces, los ABMs no desplazarían al formalismo verbal como herramienta de exposición y comunicación del conocimiento, algo que los austriacos han defendido con ahínco (Rothbard 1976). Así, los ABMs podrían ser usados por los austriacos coherentemente con su metodología, manteniendo también la claridad semántica (Boettke 1996; 1997) en la construcción de teoría económica.    

Referencias

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La cuestión de las matemáticas en economía I

La cuestión de las matemáticas en economía

Recientemente, varios artículos en esta página web del Instituto Juan de Mariana han tratado la cuestión del uso de las matemáticas en economía. En el primero de ellos, el Dr. José Hernández Cabrera se posiciona en contra de su uso. En el segundo, el Dr. José Manuel González Pérez construye una réplica al artículo del Dr. Hernández Cabrera. En ambos artículos he podido leer argumentos interesantes y profundos sobre esta cuestión metodológica. Sin embargo, me da la impresión de que se trata de un debate clásico sobre el uso de matemáticas en economía. En consecuencia, me gustaría aportar un punto de vista más reciente sobre el asunto.

La discusión sobre el uso de matemáticas en economía entraña argumentos complicados. Desde luego, no es una cuestión sencilla. A mí me gusta empezar a abordar el tema teniendo en cuenta la tesis que plantea Weintraub (2002); a saber, que las revoluciones en la historia de la economía han seguido a las revoluciones en la historia de las matemáticas. ¿Cuáles son las implicaciones de esta idea?

Lo que supone la tesis de Weintraub es que no podemos hablar de matemáticas y economía en general, sino que tenemos que concretar: (1) tipo de matemática y (2) enfoque económico, puesto que tanto las matemáticas como la economía están en continua evolución. Teniendo en cuenta estos dos factores, es más sencillo abordar el clásico debate, todos los argumentos y, también, llegar a una conclusión más satisfactoria. Permítanme ilustrarlo con la siguiente argumentación.

Las criticas habituales de los austriacos hacia el uso de matemáticas en economía son: no existen constantes en el campo de la acción humana (Mises 1998); la representación funcional no permite descubrir la causalidad de los fenómenos económicos (Mayer 1994); al ser una copia de la física mecánica se centra solo en describir estados de equilibrio y no puede explicar los procesos dinámicos de mercado (Mises 1998); asume homogeneidad y continuidad en la acción humana, que precisamente es heterogénea y discontinua (Rothbard 2011); al contrario de lo que muchos sostienen, el lenguaje verbal puede ser igual de preciso que el lenguaje matemático (Rothbard 1976; Menger 2003); y, también, que no añade conocimiento nuevo (Mises 1998), sino que es una mera traducción de lenguaje verbal a matemático que viola el principio científico fundamental de la navaja de Ockham (Rothbard 1956; 1976; 2009). Desde mi punto de vista, la mayoría de argumentos podríamos encontrarlos ya en Carl Menger. Es cierto que hay algunos posteriores como el de la navaja de Ockham de Rothbard que me parecen muy interesantes y refinados. Aun así, vayamos un momento a Menger.

Carl Menger se diferencia de los otros dos marginalistas, Jevons y Walras, por no recurrir al lenguaje matemático, entre otras cosas (Jaffé 1976). Una gran cantidad de autores han estudiado la posición de Menger respecto a las matemáticas (Alter 1986; Barkai 1996; Blanco González 2007; Mensik 2015; Reiss 2000). Todos ellos concluyen que la insistencia de Menger en el descubrimiento de la esencia de los fenómenos económicos y la aspiración de explicarlos en toda su complejidad y realismo es lo que hace que el primer economista austriaco rechace las matemáticas como lenguaje. Aunque hemos de reconocer que Menger también admite que se pueden usar como herramienta subsidiaria o expositiva (Jaffé 1976). No obstante, aun a pesar de la posición de Menger con respecto a las matemáticas, varios de los autores mencionados arriba han afirmado que es posible la matematización de la teoría mengeriana; concretamente, su teoría del valor (Alter 1986) y su orientación exacta (Mensik 2015).

Mensik (2015) argumenta que, dado que la orientación exacta de Menger constituye un sistema cerrado, modular, axiomático y regular, esta llama al tratamiento matemático. Esto mismo plantea Moorhouse (1993) para el caso de Mises, entendiendo también la praxeología como un sistema cerrado, axiomático-deductivo. Por el contrario, la orientación empírico-realista, en tanto que se basa en conceptos que dependen en el entendimiento o el sentido común, que están abiertos a la interpretación humana y, a su vez, aspiran a explicar los fenómenos en toda su complejidad y realismo, se convierte en un sistema abierto imposible de formalizar como un sistema matemático axiomático (Mensik 2015). Esto lleva a Mensik a concluir que los austriacos han intentado conseguir una tarea mucho más complicada que los economistas matemáticos; que no es la teoría de Menger la que se encuentra poco desarrollada, sino que son las matemáticas, como herramienta, las que están insuficientemente desarrolladas como para poder cumplir el grado de explicación y comprensión de los fenómenos económicos al que aspiran los austriacos.

Con el caso de Menger podemos entender el argumento en el que queremos hacer hincapié en este artículo. Como decía antes, en función del enfoque (orientación exacta o empírico-realista) que se adopte, determinadas herramientas matemáticas serán idóneas o no. Por ello, si queremos estudiar fenómenos dinámicos que se encuentran fuera de equilibrio, la matemática algebraica, como bien han apuntado los austriacos, resulta insuficiente. Sin embargo, no solo existe la matemática algebraica, teniendo en cuenta que las matemáticas evolucionan. Como ejemplo relacionado tenemos lo que apunta Alter (1986). Según este autor, la teoría de Menger no podía formalizarse matemáticamente en la época debido a una insuficiencia del lenguaje matemático. Esto no cambiaría hasta cuarenta años antes del artículo de Alter, con el desarrollo de la programación lineal. De esta forma, una evolución en las matemáticas permite la formalización de teoría económica de acuerdo con las aspiraciones de los autores que originalmente formulan una teoría.

Más ejemplos podemos encontrar en Mises (1998), quien reconoce que su construcción imaginaria de la economía de giro uniforme, donde la economía se encuentra en equilibrio, puede ser representada mediante ecuaciones diferenciales y curvas; o en Rothbard (2009), quien emplea lenguaje matemático para explicar la relación entre el Producto Físico Marginal y el Producto Físico Medio, justificando su uso en que  se trata de una cuestión tecnológica, no humana, donde ciertas cantidades son causa de otras cantidades, algo que Rothbard considera susceptible de matematización. ¿Acaso muchos economistas matemáticos como Jevons o Schumpeter (Machlup 1951; Schumpeter 1933) no justificaban el uso de matemáticas en economía porque la entendían como una ciencia que trataba con cantidades (algo tecnológico)? De nuevo, la cuestión depende del enfoque económico y de la herramienta matemática que usemos.

Debe quedar claro que el enfoque austriaco aspira a comprender los fenómenos de forma dinámica, compleja y realista. Por eso rechaza el lenguaje algebraico; porque este no es capaz de alcanzar el grado de comprensión que buscan los austriacos. Sin embargo, teóricos de la complejidad como W. Brian Arthur (2021), que comparten la aspiración de comprender el mundo de forma compleja, han hecho la misma crítica que los austriacos a la matemática algebraica y han propuesto otra herramienta matemática que sí consideran capaz de reflejar la complejidad y el dinamismo de una economía real: los algoritmos.

De esta forma, la evolución de las matemáticas presenta una nueva forma de expresión a la teoría económica. Lo importante ahora es analizar si el lenguaje algorítmico permite formalizar teoría económica de acuerdo con las aspiraciones de los distintos autores. En este caso, de los economistas austriacos. También es importante analizar si esta herramienta permite descubrir nuevo conocimiento o acabar con la posible ambigüedad del lenguaje verbal, dos argumentos que habitualmente suelen presentar economistas matemáticos en favor del lenguaje matemático (Chiang and Wainwright 2005). Esto es algo que queda por estudiar.

En relación con esta última idea, me gustaría evaluar la capacidad de la matemática algebraica para representar sistemas cerrados o axiomáticos como la praxeología o la orientación exacta mengeriana, intentando comprobar si esta descubre conocimiento y reduce la ambigüedad.

A primera vista, diría que el argumento de Rothbard sobre la navaja de Ockham es bastante sólido, al igual que su cita a Karl Menger, donde el matemático enfatiza la igual capacidad de precisión del lenguaje matemático y verbal. Aun así, puedo llegar a entender el razonamiento de la navaja de Ockham de forma inversa, es decir, no desde el punto de vista del emisor de teoría, el que la formula, sino de todos aquellos que reciben la teoría y la interpretan. El principio de la navaja de Ockham en este caso sería, no que el descubridor de teoría (emisor) formulara la teoría para él de la forma más simple, puesto que él ya conoce la interpretación que hay que hacer de su teoría, sino que lo expresase de la forma más simple para todo el mundo científico. En ese sentido, la matemática algebraica permite reducir la ambigüedad y hacer simple la teoría (Debreu 1986), al hacerla entendible para todo el campo científico. De esta manera, si entendemos que la ciencia es un proceso eminentemente social, incluso, un orden espontáneo, cobra especial relevancia la idea de tener un lenguaje eficiente, que reduzca al mínimo posible las ambigüedades, facilite la comunicación y, por tanto, la creación de conocimiento, entendido a nivel social (como un proceso social de aprendizaje). Si adoptamos este punto de vista y asumimos que la matemática algebraica permite alcanzar mayor precisión que el lenguaje verbal para expresar teoría estática, puesto que es el lenguaje común de todos los economistas, el uso de matemáticas estaría justificado y no se violaría el principio de la navaja de Ockham, dado que este lenguaje permitiría expresar teoría económica de la forma más simple y eficiente para todos los economistas, no solo para el descubridor/emisor de la teoría. Si el lenguaje verbal tuviera el mismo nivel de precisión que el matemático y permitiera comunicar teoría económica de manera igualmente eficiente que el lenguaje matemático, entonces la conclusión sería la opuesta.

Referencias

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Mises no comprendió a Menger III

El objetivo de mi comentario en el instituto Juan de Mariana es hablar de Bitcoin desde la perspectiva de lo que puede aportar para nuestra libertad. En ocasiones anteriores he tratado cuestiones sobre teoría monetaria y sobre teoría del intercambio porque considero que son cruciales para poder entender Bitcoin.  

Más concretamente analicé el encaje de Bitcoin con la teoría monetaria dominante en la tradición austriaca, que es la teoría de Ludwig von Mises, y que la verdad, tiene un encaje bastante malo. La teoría de Mises no explica bien Bitcoin; Bitcoin es real, y una teoría que no explica bien la realidad no es una buena teoría.

Uno de los problemas de la teoría de Mises es que, como ya he comentado en ocasiones anteriores, no presta demasiada atención a la teoría de las mercancías. Es decir, a los bienes que utilizamos como medios de intercambio pero que no son dinero. Mercancía es todo lo que cada uno de nosotros producimos o adquirimos que no es para nuestro autoconsumo sino para obtener algo a cambio, que en una economía altamente especializada tiende a ser prácticamente la totalidad de nuestra producción.

Por ejemplo, un abogado puede que alguna vez se preste servicios a sí mismo, pero la mayoría de sus servicios los realiza para obtener algo a cambio. Es decir, sus servicios prestados a terceros son para él un medio de intercambio, una mercancía. 

No voy a negar que el significado popular de mercancía no cuadra demasiado con lo que digo en el párrafo anterior, pues por mercancía solemos entender un bien tangible que además puede consumirse. Y de hecho este significado es el que utiliza Mises en su teoría.

Sin embargo, Carl Menger utiliza un significado radicalmente opuesto a la acepción popular, y tiene muy buenas razones para hacerlo. Para Menger un bien es una mercancía en tanto en cuanto sólo tiene valor de cambio para su propietario. Es decir, el propietario no tiene ninguna intención de consumir el bien sino de volverlo a vender. Y en el momento que este propietario o el siguiente consumiera el bien, entonces dejaría de ser una mercancía.

Por tanto, según esta definición utilizada por Menger es fácil concluir que el dinero es siempre una mercancía, pues los propietarios no lo poseen con intención de consumirlo sino con intención de intercambiarlo más tarde o más temprano. Y los bienes que no se pueden consumir, como la moneda fiat o Bitcoin, son mercancías en estado puro. Una mercancía es además dinero cuando su vendibilidad es muy alta, cuando es generalmente aceptada para los intercambios.

Como Bitcoin es una mercancía o medio de cambio pero no es generalmente aceptado, necesitamos una buena teoría de las mercancías para poder explicarlo. Y la más rigurosa y acertada en mi opinión es la teoría de Menger que le dedicó el capítulo VII entero en sus Principios de Economía política. Cabe destacar el siguiente comentario de Menger en este mismo capítulo:

“Como en otras cuestiones, también en este punto mantiene Schmalz una teoría muy peculiar. Confunde en su obra (Staatsw. in Briefen, 1818, I, pág. 63), a consecuencia de su errónea concepción de la relación entre el dinero y las mercancías, la idea de mercancía con la de bienes de uso en el estricto sentido de la palabra y llega, por tanto, a una definición científica de las mercancías radicalmente opuesta a la que hemos ofrecido más arriba.”

Este comentario es directamente aplicable a Mises, que por mercancía entiende bien de uso o consumo, justo lo contrario que Menger. En la teoría de Mises no cabe la posibilidad de que un bien tenga valor solo por ser única y exclusivamente un medio de cambio. Para Mises, el bien tiene que ser de consumo, o al menos tiene que tener una relación de convertibilidad histórica anterior, directa o indirecta, con un bien de consumo. Por tanto la teoría de Mises no puede explicar Bitcoin, pues Bitcoin es un medio de cambio “puro” desde que se inventó.

Satoshi Nakamoto intercambió su esfuerzo y su electricidad a cambio de unidades de Bitcoin, y basta observar como bautizó a su criatura, leer su whitepaper o sus comentarios en diversos foros para llegar a la conclusión más que razonable de que él valoraba más esas unidades de Bitcoin que su esfuerzo y su electricidad porque consideraba que Bitcoin podría llegar a ser demandada como medio de cambio en el futuro, y no por ninguna otra razón. 

Se podría decir que ese “podría llegar a ser” es un futurible, una utilidad especulativa y por tanto no es una utilidad real.  Creo que esto es irrelevante, pues eso pasa con cualquier otro invento nuevo, no es especial de los bienes que solo sirven como medio de cambio.  Cuando alguien inventa algo nuevo siempre lo hace de manera especulativa, no tiene la certeza de que los demás lo vayan a demandar. Y además esto pasa también con bienes que no son nuevos.  ¿Cuántas veces un comerciante se tiene que “comer” su mercancía (ropa, alimentos, etc) porque no consigue venderla?

Toda acción humana mira siempre hacia el futuro, especula con el futuro y conlleva más o menos incertidumbre. Bitcoin, por supuesto, no estuvo exenta de esa incertidumbre en su concepción, ni tampoco lo está ahora por mucho que ya se esté utilizando como medio de intercambio. 

En conclusión, observar el carácter de mercancía de Bitcoin, siempre según Menger, nos permite entenderla y explicarla mejor.  No tiene demasiado sentido pretender encajarlo en la teoría del dinero cuando todavía no lo es, y además podría no llegar a serlo nunca.  Esto no quiere decir que no pueda ser útil como mercancía, pues podría cumplir funciones complementarias a las del dinero como por ejemplo intermediar intercambios a más largo plazo, de forma análoga a como el oro las cumple actualmente a pesar de no ser dinero. 

No creo que volvamos a tener un buen dinero hasta que se lo quitemos al Gobierno de las manos, es decir, no podemos quitárselo violentamente, todo lo que podemos hacer es introducirlo astutamente de tal forma que no lo puedan parar.”

F.A. Hayek, 1984

Mises no comprendió a Menger I

Mises no comprendió a Menger II