El ser humano prefiere la seguridad antes que la verdad
Mario Sabán, filósofo y psicólogo
Una mentira es como una bola de nieve, cuanto más rueda, más grande se vuelve
Martin Lutero
Si bien es cierto que la mayoría de la población ya ha advertido el engaño que han supuesto las máscaras, muchos aún siguen aferrándose a ellas a pesar de que estudio tras estudio fracasan (te invito a llegar al segundo apartado de este artículo para demostrarte lo rayano en inexistente de la evidencia, incluso sorprendente para quien haya leído todos mis artículos previos). Lo cual sólo puede explicarse de un modo: el orgullo que imposibilita reconocer haber estado equivocado; incluso profundamente equivocado.
Así pues, los autodenominados expertos que en 2023 siguen defendiendo las políticas públicas de máscaras (aquí un ejemplo) son sin sorpresa alguna los que no han reconocido ni una sola equivocación o error por su parte, por ingente que se haya acumulado ya evidencia sólida en contra. Para aún más sonrojo y sorpresa, la administración Biden está aún en 2023 litigando para reimponer las máscaras en el transporte tras meses sin ellas (desde mayo 2022), y por supuesto, a pesar de que no se ha mostrado evidencia en su favor en este tiempo. Y en 2023 distritos escolares en EEUU, todos muy progresistas, están reimponiéndosela a alumnos sin evidencia.
Durante los últimos meses he intentado hacer una exposición tan minuciosa como clara sobre lo que la ciencia y evidencia dicen (1 y 2), analizar y refutar estudios ‘basura’ diseñados para decir lo que los autores (o autoridades) querían (3), así como mostrar que la imposición de máscaras siempre fue por doquier una medida estrictamente política y nunca científica (4).
Cochrane cierra el debate científico
Durante varios años, y aún persiste el problema, querer debatir siquiera sobre la efectividad y utilidad de las máscaras ha sido perseguido y censurado del mismo e idéntico modo que parece prohibido poder debatir sobre el llamado ‘cambio climático’, las actuales leyes de género, el modelo del Bienestar del Estado o la Guerra Civil Española. Hay asuntos que parecen tabú someterlos al debate mismo, pues ha parecido imponerse sobre ellos una verdad oficial incuestionable. Las máscaras han sido triste y clamoroso ejemplo de ello.
Por si aún quedaban dudas, en enero de 2023 el Cochrane publica un meta-análisis (considerado el patrón oro de la medicina basada en evidencias) sobre el uso de máscaras para virus respiratorios, considerándose la más sólida revisión científica probablemente hasta la fecha sobre este tema. En total se analizaron 78 estudios seleccionados de alta calidad que acumularon más de 600.000 participantes desde 2009 hasta 2022. Para casos de gripe y covid confirmada en laboratorio, los autores concluyen:
El análisis sugiere que llevar una máscara médica/quirúrgica probablemente marca muy poca o ninguna diferencia respecto a no llevarla.
Respecto a los estudios con N95/FPP2, los autores concluyen:
El análisis sugiere que llevar una máscara N95/FFP2 probablemente marca muy poca o ninguna diferencia
En la nota oficial de prensa de Cochrane sobre su meta-análisis, se afirma: “No existe certeza de que llevar una máscara N95/FPP2 ayude a reducir la propagación de virus respiratorios”
El Dr Vinay Prasad, oncólogo y hematólogo profesor de Medicina en el Departamento de Epidemiología de la U. de San Francisco fue de los pocos que desde el mismo inicio de 2020 estuvo en lo correcto al decir que no iban a servir de nada las máscaras para un virus. El Dr Prasad comenta el cierre del debate final del Cochrane aquí.
Recordemos y tengamos muy en cuenta este hecho: ninguna autoridad pública nunca pudo presentar ni tampoco realizó ningún estudio controlado para avalar su política pública de máscaras. Cuando aún no se había distorsionado la realidad científica, por ejemplo aquí en 2003 en plena epidemia del coronavirus SARS en Oriente, el The Sidney Morning Herald de Australia reportaba como las autoridades multaban a los fabricantes de máscaras que exageraban su utilidad. Incluso el rotativo australiano cita a médicos y expertos que afirmaron que una máscara sólo cumple su función durante no más de 15-20 minutos ya que al hidratarse con la respiración deja de servir.
Mascarillas en salas de operaciones: un uso meramente teórico (sí, has leído bien)
Hasta ahora siempre hemos hablado de la ausencia de efectividad y evidencia para máscaras contra virus respiratorios. En resumen, no son capaces de filtrar el tamaño de un virus aunque fueran selladas a la cara con cemento armado. Las máscaras quirúrgicas adquieren su nombre precisamente porque son tradicionalmente de uso en la sala de operaciones. Su finalidad es evitar que caigan microgotas de nariz o boca sobre heridas abiertas y generen sepsis (nunca se han usado para evitar contagios virales). Veamos pues si este uso quirúrgico realmente tiene una evidencia sólida o es meramente un beneficio teórico (parecería razonable en un acto quirúrgico extremar las precauciones incluso de beneficio hipotético).
· Ritter y otros (1975), estudio, “llevar una máscara quirúrgica no tuvo efectos sobre la contaminación ambiental en las salas de operaciones”
· Ha’eri y Wiley (1980), estudio en el que en múltiples operaciones de modo repetido impregnaron con microesferas de albúminas el interior de las máscaras de cirujanos para evaluar si éstas evitaban que se transmitieran al paciente. Los autores concluyen (negrita mía) que “hubo contaminación de partículas en heridas del paciente en todos los experimentos”
· Laslet y Sabin (1989), estudio de 504 operaciones de cirugía cardíaca con o sin uso de máscaras. “No hubo infecciones en ningún paciente con independencia de que se usaran o no máscaras”. Años después, en 2002, Sjol y Kelbaek revisan aquel estudio y en su revisión concluyen: “el uso rutinario de gorros y máscaras quirúrgicas no parece tener un impacto beneficioso en la incidencia de infecciones durante la cateterización cardíaca”.
· Tunevall (1991), estudio que analiza 1.537 cirugías con uso protocolario de máscaras quirúrgicas versus 1.551 cirugías sin ningún uso de máscaras. Las infecciones totales y porcentuales fueron mayores en el grupo que usó máscaras (4,7%) frente a los cirujanos que no las usaron en absoluto (3,5%).
· Skinner y Sutton (2001), revisión de la literatura y evidencia científicas sobre el uso de máscaras en el acto quirúrgico. “La evidencia para eliminar el uso de máscaras quirúrgicas [durante operaciones] parece ser más fuerte que la evidencia disponible para mantener su uso”
· Lahme y otros (2001), análisis de 72 operaciones con uso de máscaras por pacientes durante la anestesia. “El uso de máscaras por los pacientes durante la anestesia no produjo efectos sobre la contaminación aérea de bacterias. Por tanto, su uso es prescindible”
· Figuereido y otros (2001), análisis de 5 años de diálisis peritoneal en clínica sin uso de máscaras. No se hayan diferencias en infecciones frente a clínicas que usan máscaras durante el procedimiento.
· Bahli (2009) hace una minuciosa revisión de la literatura científica desde 1966 hasta 2007 en PubMed, Cochrane, Google Scholar o Medline sobre uso de máscaras en salas de operaciones. El autor afirma que “existe una controversia científica” sobre la utilidad de llevar máscaras durante el acto quirúrgico. Concluye que “no hay diferencia significativa en la incidencia de infecciones post-quirúrgicas observadas entre cirujanos con máscaras y cirujanos que no usan máscaras”
En 2010, la mayor institución médico-hospitalaria de los países nórdicos, el Karolinska Institute de Estocolmo de hecho modificó sus protocolos haciendo no obligatorio el uso de máscaras para los anestesistas. En la publicación científica al respecto afirman que “la evidencia científica para esta práctica es débil e insuficiente” y dicen que “reconocemos la falta de una evidencia científica sólida”.
La cuestión aquí, si incluso en su uso tradicional quirúrgico -contra gotas y microgotas incluso que sí pueden atrapar las máscaras- existe una controversia científica real sobre sus beneficios, ¿en qué punto íbamos a esperar que las máscaras tuvieran algún beneficio contra virus microscópicos decenas de veces más pequeños que el filtro de cualquier máscara?
Mascarillas: pocos o nulos beneficios, y múltiples perjuicios
De dramático a trágico se convierte el tema cuando descubrimos que las máscaras no sólo no son útiles para la salud pública, sino que de facto pueden llegar a ser bastante perjudiciales. Sin ánimos de ser exhaustivos, podemos citar algunos hechos establecidos:
· En cuanto a bacterias y virus se sabe de su potencial para aumentar el riesgo de infección. En 2022 se denominó efecto Foegen, por el que una máscara por la condensación que crean en la boca impide la expulsión de virus contribuyendo a mayor infección. Ya en 2020 un modelo animal con hámsteres halló mayor carga viral en los animales que tenían máscaras.
· Las máscaras en sí mismas no son inocuas. En febrero de 2022, Nature publicó un artículo sobre la presencia de dióxido de titanio en muchas máscaras, el cual está clasificado como un carcinógeno B2. En dicho estudio, la máscara que analizan con menos nivel de dióxido de titanio supera 5 veces lo aceptable para la salud. Y en julio de 2022, Nature publica otro estudio en el que con un solo uso aparecen más de 1600 colonias de bacterias y hongos en las máscaras, varios de ellos patogénicos. Piensen en los niños (y ancianos) que han tenido que llevar durante meses durante más de 6 o 10 horas al día esto.
· El riesgo de acidosis por reinhalar tu CO₂ constantemente con una máscara siempre ha existido. Un estudio de abril de 2021 reporta efectos en el uso constante de máscaras como la reducción de oxigenación, dolores de cabeza, aumento de la temperatura medida en la respiración… y concluye que “el uso prolongado de máscaras por la población podría conducir a efectos relevantes y consecuencias en muchos campos clínicos”. La acidosis prolongada en el tiempo está asociada, recordemos a problemas cardiovasculares, deterioro neuronal y problemas inmunes y riesgo de cáncer.
En resumen, por desgracia, las mascarillas pasarán a la historia como una de las mayores afrentas e ignominias de las políticas de salud pública de la historia, sin ningún base; sin ciencia ni evidencia. La erosión de la confianza en unas autoridades públicas que han impuesto por decreto semejante pseudociencia es incalculable. Como Guadalupe Sánchez escribía al respecto:
Pero no hay relato capaz de ocultar que el uso obligatorio de las mascarillas en el transporte constituye una evidencia más de cómo este gobierno se ha excusado en la sanidad para obrar con arbitrariedad. La pandemia fue la ventana de oportunidad que les permitió testar la docilidad de la sociedad en situaciones de excepcionalidad: no hay injusticia que no podamos tragar si la presentan en forma de papilla avalada por «expertos». La alarma sanitaria habilitó a nuestro gobierno para usar las restricciones como el amo del perro tensa la correa para demostrarle al animal quien manda. Las mascarillas son un símbolo del rebaño que fuimos y que somos.
Era el 4 de marzo de 2020 cuando la autoridad reguladora de publicidad en Reino Unido, la ASA, prohibió dos anuncios de fabricantes de máscaras por decir que prevenían la propagación de virus. En efecto, es lo que decía toda la ciencia y evidencia existentes, pues uno tras otro todos los estudios controlados sobre gripe y virus respiratorios habían fracasado siempre en hallar utilidad a llevar una máscara (ver 1 y 2 artículos detallados). En 2013 la OMS en su Twitter oficial confirmaba que no eran útiles contra gripe y otros virus, e incluso fue más allá afirmando que “su mal uso podría aumentar el riesgo”.
Recientemente, el Dr Jha, asesor sanitario de la Casa Blanca reconocía que no hay estudio que muestre que las máscaras -refiriéndose a las de tela y quirúrgicas- funcionan contra virus, y veremos más adelante cómo el primer estudio controlado de máscara quirúrgica vs FPP2 frente a covid no halló diferencias estadísticas. También recientemente vimos cómo las muchedumbres de fans sin máscaras en el Mundial de Qatar indignaron a los chinos, igual que aquí pasaba unos meses antes, y eso sin embargo a que de nuevo no hay correlación: Qatar durante y tras el mundial tuvo contagios a la baja sin usar máscaras, al mismo tiempo que la enmascarada al 100% Hong Kong experimentó un ascenso de los mismos de modo semejante a Corea del Norte. Otro pretendido argumento curioso (por lo simple que es desmontar) es que en 2021 la gripe se desvaneció por el uso de máscaras, argumento chocante al menos por dos razones evidentes:
¿Si tan útiles eran esas máscaras por qué hubo en 2021 diversos repuntes de contagios de covid y niveles de transmisión importantes?
¿Si tan buenas eran esas máscaras contra la gripe por qué en 2021 tampoco hubo gripe en los países que no usaron máscaras? Veamos cómo Suecia, el país sin máscaras, vio desvanecerse la gripe al mismo tiempo que EEUU y poco después de por ejemplo Australia en el otro hemisferio.
Como más de dos años nos han mostrado, todas las olas y repuntes en todo el mundo observando regiones, estados, condados, países van y vienen sin la más mínima influencia del uso o no de máscaras.
A pesar de la evidencia, por desgracia sigue habiendo autoridades que la niegan como el departamento de salud del estado de Colorado, aunque incluso sus propios datos muestran nula diferencia entre condados con y sin máscaras. El nivel de negación de la realidad puede ser realmente preocupante por las propias autoridades sanitarias que se presumen informadas.
Rastreando el punto en que se empezó a negar la evidencia y crearse una ciencia creencia paralela, todo cambió en algún punto entre marzo y abril de 2020. En marzo de 2020, Anthony Fauci en EEUU decía en público que las máscaras no tenían sentido para el común de la población (aquí en el programa de máxima audiencia 60 Minutes), lo mismo que decía Fernando Simón en España. Es más, el propio Fauci reconocía que las máscaras no tenían utilidad cuando el 31 de marzo de 2020 dijo en correos electrónicos -revelados tiempo después- a gente de su confianza y departamento que no la usaran en su vida diaria. Era lo que en efecto decía la evidencia.
Antes de regresar a Fauci y su cambiante opinión, merece la pena saber que en verano de 2022 se publicó el probablemente mejor estudio observacional sobre máscaras y covid. Probablemente el mejor porque compara durante meses dos distritos escolares cercanos en Dakota del Norte con una política y uso real de máscaras diametralmente opuestas en escuelas, con casi idéntica población escolar (12.000 estudiantes por distrito) y misma distribución socio-económica y racial-cultural (80% blancos, 80% clase media y alta), incluso mismos alumnos promedio por clase (entre 19 y 23 según el curso). Hablamos de los distritos de Fargo y West Fargo. Es más, todas las demás posibles ‘medidas covid’ fueron idénticas en cuanto a tests, limpieza, reuniones y aglomeraciones, ventilación, cuarentenas…etc La única variable distinta, y radicalmente distinta, fue el uso de máscaras. En un distrito los escolares estaban obligados a usarlas, en el otro no. La Dra Tracy Hoeg y el profesor de políticas de salud pública Neeraj Stood de la U. de California del Sur junto con el analista de datos Josh Stevenson establecieron el uso real de máscaras por prácticamente el 100% en el distrito con obligación y no superior al 5% en el distrito sin obligación, entre inicio septiembre 2021 y final enero 2022. Recordemos que toda medida fue idéntica en distritos escolares perfectamente intercambiables, excepto el uso de máscaras. Parece el estudio observacional definitivo sobre máscaras ¿Cuál fue la diferencia entre que el 100% la usara versus que el 95% como mínimo nunca la usara? Éstos son los resultados brutos gráficamente.
En números acumulados totales, en un distrito hubo un 12,9% de contagios entre escolares, en otro un 13,0%. Es casi imposible números más iguales. Podemos ir un paso más allá que corrobora de nuevo el impacto e influencia cero de usar o no máscaras a la hora de contagiarse o no. A finales de enero el distrito escolar con máscaras obligatorias dejó de hacerla obligatoria. ¿Qué ocurrió? Pues los contagios empezaron a caer, exactamente igual que cayeron también en el distrito que nunca uso máscaras. Los autores, en las conclusiones, afirman: “Esto es consistente con la literatura científica”.
Así es, pues de hecho Journal of Infectionpublica en diciembre de 2022 un estudio sobre la ausencia de correlación entre uso de máscaras en escuelas y contagios. Más gráficamente aún, vemos incluso como en promedio todos los distritos escolares con máscaras obligatorias en EEUU tuvieron más contagios en 2020 y 2021, y no menos según la recopilación de datos de la doctora en economía Emily Oster de la Universidad de Brown.
En noviembre de 2022 se publicó otro estudio, éste de referencia al ser controlado y el primero que se hizo de este tipo sobre efectividad de máscaras FPP2/N95 versus máscaras quirúrgicas frente al covid. Se intentó refrendar con un estudio de la mayor calidad posible en la vida real la creencia de que las FPP2 aportan una protección significativa superior a las quirúrgicas, tal como numerosas autoridades desde 2021 especialmente han asegurado. Aparecido en el Annals of Internal Medicine, el estudio llevado a cabo en 29 centros sanitarios de países como Canadá, Israel o Egipto entrenó a sanitarios para llevar o bien sólo y constantemente una máscara quirúrgica o bien sólo y constantemente una FPP2 perfectamente ajustada, controlándose cada grupo de sujetos durante 10 semanas con tests rutinarios de covid para evaluar incidencias de contagios. En total se controlaron a unos 500 sujetos con máscara quirúrgica y a unos 500 con FPP2. ¿El resultado final? 47 versus 52 contagios, es decir, ‘sin diferencia estadística’. En realidad, el resultado no debería sorprender ya que los mandatos de máscaras FFP2 que hubo en Baviera en Alemania y en Austria durante 2020-2021 nunca produjeron niveles de transmisión/contagios inferiores a regiones vecinas. Tampoco debería sorprendernos cuando al menos un estudio controlado en enfermeras halló incluso que no había diferencias de contagios de gripe entre usar FFP2 ajustada o no ajustada. Esto es, el ajuste es importante cuando el dispositivo puede filtrar virus, pero una FFP2 no puede hacerlo.
Volviendo a Fauci, recordábamos que afirmaba la inutilidad de las máscaras el 31 de marzo de 2020. Pues bien, la primera recomendación de Fauci para el enmascaramiento fue el 3 de abril, 72 horas después de decir lo contrario a gente de su entorno. ¿Qué cambió en esos 3 días? Precisamente el 23 de noviembre de 2022 Fauci testificó a puerta cerrada durante 7 horas en un caso abierto en los tribunales por los fiscales generales de los estados de Missouri y Luisiana a cuenta de la colisión de las tecnológicas como correas de transmisión de la administración Biden para suprimir la libertad de expresión. Y digo precisamente porque, aun siendo a puerta cerrada, tenemos la transcripción del testimonio de Fauci donde se le pregunta también sobre la política de máscaras.
Específicamente en el interrogatorio se le pregunta sobre su cambio de 180 grados con las máscaras casi en horas. Dice que habló con distintas personas. Pero no recuerda con quién. Se le pregunta si algún estudio le hizo cambiar de opinión. No puede citar ningún estudio en la respuesta. Ninguno. En este testimonio judicial Fauci estaba obligado a no mentir. Uno de los fiscales remarca el hecho de que no es capaz de citar ni un estudio para acabar recomendando a la gente a usar máscaras, y de que EEUU empezó luego a obligar a su uso sin un estudio claro de su utilidad. Aún más irracional todo, el 5 de abril de 2020, dos días después de iniciar su apoyo público a las máscaras, seguía recomendando no usarlas a su entorno, pues ese día se lo dijo por email a Sylvia Burwell, ex secretaria de Salud con Obama, información que hoy sabemos gracias a la desclasificación de sus mails en 2021. En una aún no censurada entrevista en Bloomberg meses antes, en 2019, Fauci afirmó sin dudarlo que usar máscaras no evita enfermedades de transmisión viral, y dijo literalmente: “hay que evitar estas cosas paranoicas” (aquí el extracto).
Para entender la inoculación en la sociedad de la post-verdad de las máscaras hay que entender el escenario de censura y miedo que se propició y alentó desde las instituciones.
En diciembre de 2022, la prestigiosa revista liberal-conservadora británica The Spectatorpublicó un artículo de investigación de alcance sobre Matt Hancock, el secretario de Salud de Reino Unido en marzo de 2020, que ha llegado a ser de los artículos recientes más leídos de esta revista. En él se expone negro sobre blanco cómo la imposición de máscaras fue una decisión exclusivamente política, nunca científica. Literalmente dice: “La gente tenía que llevar máscaras porque Cummings (asesor político de Boris Johnson) estaba obsesionado con ellas; porque a Nicola Sturgeon (ministra de Escocia) estaba a favor; y por encima de todo por el simbolismo que daba de una emergencia pública”. En febrero, se dijo a los ministros británicos que las máscaras no eran útiles y en abril de 2020 el Nervtag, un grupo asesor sobre virus respiratorios, les reiteraba lo mismo sin modificar semanas después dicho consejo científico. Como desvela The Spectator, fue la obsesión enfermiza del estratega de confianza de Boris Johnson, Cummings, quien logró inicialmente imponer su uso en espacios hospitalarios y posteriormente en locales cerrados. Incluso Chris Whitty, epidemiólogo en jefe del gobierno británico, seguía a final de primavera reiterándole en comunicaciones privadas al secretario de Salud Hancock que no tenía sentido obligar a todo el mundo a ponerse una máscara. La respuesta de Hancock fue francamente reveladora e inquietante: “No veo razón para no usar la fuerza del Estado para obligarla”.
Como en 2021 reveló el diario de referencia The Telegraph, la imposición de máscaras fue, según denunciaron decenas de psicólogos, parte de una estrategia de inoculación de miedo y pánico a la población para manipular su comportamiento e incrementar su obediencia a normas y restricciones. Como hizo público este diario en esa pieza, a final de marzo de 2020, el SPI-B, un grupo británico asesor sobre respuesta al covid escribió en un informe: “Un substancial número de personas no se sienten suficientemente amenazadas…necesitamos incrementar la sensación de amenaza entre aquellos que aún siguen relajados usando mensajes agresivamente emocionales.” Un miembro anónimo del SAGE (Grupo Científico Asesor para Emergencias del gobierno anglosajón) admitió al diario: “Los británicos han sido sometidos a un experimento psicológico no evaluado sin decírselo. Todo ha tratado sobre manipular el comportamiento en la dirección que unas élites han decidido, en lugar de decidir primero si eso era o no lo correcto”. Gary Sidley, psicólogo clínico retirado del británico Servicio Nacional de Salud, escribió junto con 46 colegas a la Bristish Phsychological Society preocupados por “las actividades de psicólogos contratados por el gobierno con la misión de obtener obediencia social”.
Que los noticieros y telediarios durante literalmente meses y meses ocuparan más del 70% de su tiempo con noticias del covid con imágenes y mensajes cada día más tremendos, más aterradores y con más camas y UCIs que curiosamente nunca habíamos visto por ejemplo para los miles de fallecidos de gripe cada año parece que no fue algo precisamente espontáneo de los medios, sino parte de una estrategia de comunicación pretendida por las instituciones y poderes políticos y fácticos. Hoy por ejemplo también sabemos gracias a la compra de Twitter por Elon Musk que esta red social censuró y bloqueó a médicos y doctores expresamente señalados por el gobierno de EEUU por no adherirse a una narrativa concreta respecto al covid. Es más, el gobierno llegó a pagar millones de dólares a las redes sociales para hacer efectiva dicha censura. Relea la última frase porque por impensable que parezca así fue.
En España, la ex portavoz parlamentaria de Sanidad en tiempos de Julio Anguita Ángeles Maestro en 2021 reveló cómo el Comité Asesor liderado por Fernando Simón fue desde marzo de 2020 informado que el carácter de toda decisión sobre el covid en España sería política antes que científica.
Hoy, gracias a la acción legal de ciudadanos, se han desvelado informaciones y datos también por ejemplo de las autoridades canadienses a la hora de imponer en 2020 el uso de máscaras. El grueso del debate interno entre los burócratas canadienses fue entre el 11 de abril y el 16 de mayo. Lo más llamativo de ese debate, ya no debería ser sorpresa, es que éste no trató de ciencia ni evidencias, sino fue puramente político. Barbara Raymond confirmó en abril de 2020 en mails con miembros del gobierno canadiense que “la evidencia sobre el uso de máscaras en espacios no hospitalarios es limitada en calidad y cantidad”. Es francamente difícil exagerar lo pseudocientífico, o podríamos decir más propiamente anticientífico, del uso de máscaras frente a virus. Lo más preocupante no es ya el hecho en sí de la imposición social y psicológica de estos artilugios sino la capacidad de la imposición de cualquier imaginable cosa por falsa o absurda que sea mediante el uso de la propaganda, la censura y el miedo.
El asunto de las máscaras, tratado con extensión en 2 partes aquí y aquí, parece que sigue siendo controvertido para algunos. Especialmente en el primero de los artículos expuse cómo se generaron estudios con diversas formas de manipulación y sesgos para forzar una ciencia que defendiera las máscaras contra virus, y ello a pesar de décadas de ciencia opuesta a ello.
Añadamos aquí algún otro sesgo como confirmación de dicha ciencia basura, que intentó desde 2020 contradecir la evidencia. Lo explica en este artículo titulado ‘Por qué las máscaras no funcionan en el mundo real’ el popular comentarista conservador Daniel Horowitz, quien comienza su artículo diciendo que ‘No hay un solo lugar en el planeta donde las máscaras hayan demostrado frenar la propagación. Y esto no debería sorprendernos’. Al margen, como comentamos en artículos anteriores, de que hasta la FPP2 no filtra lo suficiente para un virus. Aunque lo hiciera, el ajuste que siempre prácticamente es imperfecto la haría inútil.
En concreto, un 3.2% de apertura en el ajuste la hace totalmente inservible (aun suponiendo que filtrara lo suficiente, que no lo hace). Como comenta el higienista industrial Petty, las micropartículas siempre van a viajar y dirigirse hacia el punto de escape. Un estudio alemán concluyó que sólo un 1% de apertura hace bastante inútil cualquier máscara. Un estudio americano determinó que cualquier ámbito de efectividad (y que nunca sería para virus) de una FPP2 se destruye al 88% con sólo un 1% de apertura.
En cualquier caso, el 2021 se estableció que no menos del 90% de partículas del covid son menores de 0,3 micrones, lo que significa más pequeños que la mejor máscara FPP2 sellada y pegada a la cara aun con cemento y pegamento. Además, dicho estudio establece que cuando la persona tiene mayor carga viral y es más infecciosa, se incrementan aún más las partículas más pequeñas: las máscaras son extraordinariamente inútiles cuanto más contagioso es alguien. En el gráfico inferior de dicho estudio vemos que siendo en el día 7 el pico de contagiosidad se incrementan aún más las partículas inferiores a 0,3 micrones (barra azul oscura). Ninguna premisa puede cumplirse: ni llevar una máscara te puede proteger a ti de otros, ni puede proteger a otros de ti.
Siendo el humo de tabaco un buen ejemplo para visibilizar el tipo de aerosoles contagiosos con virus, podemos ver aquí que una FPP2 correctamente puesta en cara y orejas deja salir perfectamente el humo del tabaco. Una máscara quirúrgica por estructura y tejido además siempre va a tener un desajuste aún mucho mayor por defecto. Un ajuste del 100% en el mundo real con cualquier máscara es prácticamente imposible, incluyendo una sofocante FPP3 que empezaría a mostrar cierta efectividad sólo si estuviera perfectamente sellada a la cara.
Pero no perdamos nunca de vista, insisto, que aún con el mejor sellado concebible hasta una FPP2 es básicamente inútil contra virus. El siguiente gráfico sobre el tamaño de aerosoles por respiración puede ser bastante ilustrativo. En la zona roja cae todo tamaño que puede traspasar perfectamente una N95 o FFP2 totalmente sellada, lo que supone la mayor parte de los aerosoles por respiración y como vimos no menos del 90% de partículas contagiosas de covid. ¿En qué parte del espectro de partículas de respiración una máscara de las que usamos puede ser efectiva? En el lado verde, ¡partículas tan grandes en las que los virus nunca están presentes!
Todos los estudios modelizados en laboratorio que nos bombardearon desde 2020 sobre las maravillas de las máscaras contra el covid eluden los inevitables desajustes. Todos esos estudios por tanto son, objetivamente, pura basura científica.
Y esto concuerda perfectamente con el hecho de que esos estudios tan prometedores sobre las máscaras son típicamente estudios mecánicos de laboratorio, en ciencia el tipo de estudio más sesgable y manipulable de peor calidad (sólo un artículo de opinión es científicamente más pobre que esto). Por el contrario, como ya expuse en artículos anteriores, los estudios controlados (el estudio DANMASK-2 de Dinamarca, probablemente el mejor y mayor hecho sobre máscaras) han sido siempre consistentes, concluyendo que las máscaras no funcionan para virus.
Aparte, pues, de eludir el problema de los desajustes inevitables que echa por tierra la efectividad de la mejor máscara posible, una manipulación claramente más burda la encontramos incluso en estudios promovidos por la autoridad sanitaria norteamericana, el CDC. Es el caso de este estudio promocionado por el CDC a comienzos de 2021 sobre la supuesta efectividad de llevar doble máscara y realmente cuesta creer una manipulación tan manifiesta. ¿De qué se trata? Teniendo el covid en aerosoles un tamaño predominante alrededor de 0,1 micrones (0,07 a 0,15), el CDC se quedó más ancho que largo con un estudio que medía la efectividad en un rango de 0,1 a (atentos) ¡7 micrones! Aún estamos por descubrir virus con ese tamaño que, en efecto, empezarían a ser visibles para el ojo humano. Y sin duda no tiene desperdicio esta afirmación del CDC en la que dicen que el covid tiene menos de 10 micrones, lo cual es como decir que tiene menos de medio kilogramo. Es difícil encontrar ejemplos tan llamativos de ciencia basura; inventarse el tamaño del virus para hacer que funcionen cosas que no funcionan.
Como era de esperar, pues, en EEUU que es un gran país de estudio por su diversidad entre estados tanto en política como uso de máscaras, que no se encuentra ninguna asociación entre mayor uso de máscaras en un estado determinado con la mortalidad por covid. Hay similar proporción de baja y alta mortalidad covid con uso elevado de máscaras, como alta y baja mortalidad covid con uso bajo de máscaras.
Sin embargo, sí hay una fuerte correlación entre mayor uso de máscaras y mayor nivel de desempleo.
Resulta francamente desesperante que artilugios clínicamente tan inútiles hayan tenido un impacto social tan negativo. El uso elevado de máscaras se ha correlacionado fuertemente con mayor sensación de pánico y terror al virus, mayor sensación de soledad y aislamiento y menos tiempo de interacción con los demás (curiosamente las personas que se creían más protegidas con sus máscaras son las que más han evitado mantener relaciones sociales).
“Si el adoctrinamiento está bien conducido, prácticamente todo el mundo puede ser convertido a lo que sea”.
Aldous Huxley, escritor
[Para esta serie de artículos se han empleado estudios publicados disponibles en PubMed, publicaciones de prensa referenciadas, documentos de la OMS o el CDC de EEUU, estadísticas oficiales publicadas por New York Times o OneWorldinData, o la información y gráficas del periodista Ian Miller en su obra “Unmasked”, entre otras fuentes]
En el artículo anterior, pudimos comprobar cómo las guías pandémicas de los principales organismos sanitarios habían rechazado el uso de máscaras hasta -mediados de- 2020, y que ello se basaba en las mejores evidencias publicadas. Los estudios randomizados, los mejores posibles, no avalaban su uso. Vimos también cómo se intentó forzar una ciencia contraria a las evidencias, no sin con ello tirar por la borda la integridad científica. Hagamos un último intento suponiendo que esa literatura científica estaba equivocada y por tanto el uso de máscaras tuvo un beneficio en el escenario del covid. Dado que medio mundo se embarcó involuntariamente en un estudio sobre máscaras desde primavera de 2020, sólo tenemos que acudir a los datos generados. Veremos qué resultados obtuvieron regiones o países comparables con una alta a muy alta adherencia al uso de máscaras frente a otros con un uso entre bajo y nulo, así como si se observan cambios en las imposiciones y en las retiradas de las mismas. No sin antes revisitar una cuestión, y no una cualquiera sino esencial: los aerosoles y la física.
4.- Una cuestión de Física
“La ciencia es hermosa cuando realiza explicaciones sencillas” Stephen Hawking, físico
En el artículo anterior habíamos establecido cómo el covid se contagia también a partir de aerosoles, no sólo por gotas o microgotas. Esto no es nada controvertido, ya en 2020 reportajes científicos como éste de El País aceptaban los casi microscópicos aerosoles como la vía principal de contagio. No obstante, es más que chocante que la OMS tardara largo tiempo (¡casi 2 años!) en aceptarlo.
Sin ser ningunos expertos en Física, todos podemos entender matemáticas simples de primer grado. Veamos. ¿Cuál es el tamaño de las partículas -infecciosas- de covid? Si bien hay cierto debate científico, en realidad éste se ciñe a qué franja de tamaños exacta puede abarcar el covid. Pero hay un consenso especialmente en que hay una predominancia de partículas que no superan alguna décima de micrón. Quedémonos con esta medida: micrón.
Por ejemplo, la Universidad de British Columbia ha establecido que el tamaño más común del covid es de 0,1 micrones, o una décima de micrón (la franja más consensuada viene a hablar de 0,08 a 0,125 micrones) Una bacteria, por ejemplo, tiene 2 micrones mientras una partícula de polvo tiene hasta 10, un tamaño 20 y 100 veces superior respectivamente. Un simple pelo humano tiene un diámetro hasta más de mil veces superior.
Hablando de medidas, resulta por ejemplo chocante que el propio CDC de EEUU alerte expresamente de la inutilidad de las máscaras de tela para protegerse del humo de incendios o por combustión de cualquier material. Por la sencilla razón de que este humo tiene entre 0,4 y 0,7 micrones, es decir partículas hasta 7 veces más grandes que el covid. Esto es, en pura lógica el CDC debería alertar 7 veces más sobre la misma inutilidad de las máscaras de tela frente al covid. Aquí por ejemplo puede verse una fotografía microscópica de una máscara de tela comparada con el tamaño de una partícula de covid. Un perfecto coladero sería una fiel descripción gráfica. Una máscara quirúrgica homologada y nueva, por cierto, puede dejar pasar perfectamente una bacteria. Como hemos visto antes, una bacteria es unas 20 veces más grande que el covid.
A propósito de estos hechos, en primavera de 2022 se produjo un episodio incluso cómico. El Departamento de Salud del Gobierno de EEUU solicitó a los estados que le remitieran noticias falsas o fake news con las que tuvieron que lidiar en relación al covid. Y la respuesta de las autoridades oficiales del estado del medio Oeste americano de Indiana, con 7 millones de habitantes, no tiene desperdicio. Pues es una recopilación de fake news sobre el covid propagadas por las propias autoridades sanitarias del país, y en una de ellas comentan:
“Contrariamente a lo que dicen algunas autoridades públicas sanitarias, la obligación de máscaras no ha sido efectiva para proteger a la mayoría de la población. El covid se contagia por aerosoles [..] y los aerosoles escapan a las máscaras sin sellar, a las de tela en particular e incluso una N95/FPP2 tiene una capacidad reducida con la respiración al hidratarse. No es sorprendente que la mejor evidencia científica -los estudios randomizados- tanto antes como durante la pandemia hayan encontrado que las máscaras son inefectivas en impedir la transmisión viral”
¿Cuánto puede por cierto filtrar una máscara N95/FPP2 totalmente nueva, perfectamente sellada y sin haberla hidratado aún por respiración? Como máximo, el consenso establecido en esas condiciones serían 0,3 micrones. Los propios fabricantes de estas máscaras que declaran su capacidad de filtración en los etiquetados lo dicen claramente, pueden filtrar más del 95% (por esto se llaman N95 también las FPP2) sólo de partículas superiores a 0,3 micrones. Dado que el covid sólo tiene 0,1 micrones, es irrelevante en efecto aquel 95%. Es como querer parar moscas con una red que es un 95% eficaz en capturar langostas. Como dice el Doctor en Medicina, profesor visitante de la John Hopkins de EEUU, profesor emérito de Salud Pública en la Autómona de Madrid, licenciado con 22 matrículas de honor y Premio Extraordinario de Fin de Carrera, el Dr Juan Gervás: “el furor enmascarador es sólo parte del teatro de la seguridad. Como muestran las revisiones del Cochrane, se demuestra la inutilidad de las mascarillas en los ensayos clínicos sobre la gripe y otras enfermedades respiratorias del estilo del coronavirus. Se comprobó en 2007 y se actualizó en 2011 y en 2020. Su imposición es una confrontación a la ciencia, que la gente termina asumiendo como un talismán”
Sobre esta misma cuestión de física y máscaras, en enero de 2022 testificó como experto ante la Comisión de Salud del Senado del estado de New Hampshire en EEUU el ingeniero forense e higienista industrial y ambiental graduado con excelencia en su promoción Stephen Petty, durante 26 años especializado en la prevención de riesgos asociados con bacterias, humos, virus e infecciones y ataques biológicos y profesor de ciencias ambientales en la Universidad de Franklin.
Aparte de mencionar toda la evidencia científica y estudios publicados y hablar de los resultados de los mandatos de máscaras, Petty se centró en su especialización: el nivel micro y físico. Según estableció una publicación de febrero de 2021, el 99,99% de partículas covid se transmiten por aerosoles, no gotas ni microgotas.
Una parte francamente interesante de su exposición es la dedicada a las máscaras N95/FPP2, para algunos refugio salvavidas frente a las de tela o quirúrgicas que desde 2022 hasta las propias autoridades cuestionan para los virus (tras 2 años diciendo lo contrario, véase aquí el ex directivo de la FDA el Dr Scott Gotlieb diciendo ‘las máscaras de tela no protegen mucho’). Según expone Petty, al menos el 60% de máscaras N95/FPP2 disponibles durante 2020 ni siquiera cumplían los estándares esperados. Pero, como señala, aunque los cumplan éstas no pueden filtrar nada por debajo de 0,3 micrones. La parte más llamativa quizás de su exposición es cuando cita con imágenes las instrucciones oficiales de uso de 3M, el mejor fabricante del mundo de las mejores máscaras N95/FPP2, sobre estos productos. Expresamente indica “no usar para aerosoles o asbestos” (ver diapositiva 43 de la etiqueta del fabricante 3M). El asbesto es entre 2 y 200 veces más grande que el covid y ni siquiera para esto el mejor fabricante del mundo lo recomienda como una protección. En 2018 por cierto la periodista Laurie Garrett (premio Pulitzer por una investigación sobre el ébola) daba una charla en la Academia Nacional de Ciencias de EEUU donde hablaba de la inutilidad de máscaras contra los virus e incluso en febrero de 2020 decía exactamente lo mismo para “la más sofisticada máscara N95/FPP2”. Para su desgracia, estos vídeos y declaraciones son públicas y digo para su desgracia porque Garrie hoy sí cree en las máscaras y es realmente fascinante que no puede aportar más que hipótesis, pero no evidencias. La única clara razón por la que Garrie ha virado su opinión es porque Garrie es una devota seguidora del Partido Demócrata. Y como veremos, por alguna razón, el uso de máscaras sin evidencia se ha convertido en uno de los mantras ideológicos del progresismo actual.
Para Petty, si ningún mandato de máscaras en más de 2 años ha funcionado, ni ningún estudio publicado randomizado ha mostrado efectividad de las máscaras es porque no pueden funcionar para este uso. Es, según él, una imposibilidad física.
Citando de nuevo al Dr Juan Gervás: “Se enmascara a la población como forma de superstición, un poco reminiscencia de las teorías miasmáticas que atribuían las infecciones a los olores. Cuando las autoridades trabajan bien, se renuncia a la magia. Sirva de ejemplo Dinamarca, en cuyas escuelas ni alumnos ni profesores llevan mascarillas. Enmascarar a niños y maestros es una crueldad con la que se pretende ocultar la incapacidad de los expertos”.
Ahora sí, veamos sobre la vida real qué resultados arrojan más de dos años de mandatos e imposiciones de máscaras. La verdad última estaría ahí fuera.
4.-California, ‘un ejemplo para el mundo’
‘’Para mí es muy interesante que hombres perfectamente honestos pueden engañarse a sí mismos por completo” Irving Langmuir, ingeniero y físico
Dentro de EEUU, particularmente la progresista California ha sido el laboratorio donde se han implementado con fruición y sin dudarlo prácticamente todas y cada una de las medidas prometidas desde 2020 para conseguir los mejores resultados covid. Confinamientos, cierres de escuelas, cierres de negocios, draconianos toques de queda, mandatos de máscaras en cualquier lugar… No sólo en sus vertientes más extremas en la primavera de 2020 sino también en todo el invierno de 2020-21, con lo que California se erigió en un referente en Occidente de las restricciones más duras. Su gobernador demócrata Gavin Newsom proclamó que California mostraría al mundo los beneficios de “seguir la ciencia”. A comienzos de mayo de 2020 casi todos los condados de California ya tenían mandatos de máscaras, cuando los contagios aún eran bajos, y a mitad de junio la obligación de llevarla fue un decreto en todo el estado. Así pues, California impuso las máscaras obligatorias en todo el estado con los contagios aún bajos, por lo que se esperaba que evitara picos u olas. No obstante, esto no evitó un apreciable incremento de contagios en julio, con lo cual el gobernador Newsom pensó que había que ir aún más allá, y las máscaras obligatorias se mezclaron con toda suerte de limitaciones a las reuniones y capacidades de los negocios y tiendas cuando no directamente su cierre. El resultado del ‘ejemplo para el mundo’ de ‘seguir la ciencia’ de California ya es historia: el estado demócrata fue desde finales de ese otoño ejemplo para todo el país de un de las peores olas en EEUU. Visto el fracaso de las severas restricciones, la única ocurrencia de Newsom fue llegar hasta el final y en diciembre California prohibió incluso la apertura de cualquier negocio de hostelería incluso para comer uno solo al aire libre. Huelga decir que jamás ninguna autoridad justificó con ninguna evidencia cómo el cierre brutal de su economía iba a solucionar algo cuando las severas restricciones con máscaras y limitación de todo aforo o reunión no hicieron absolutamente nada.
Veremos enseguida que las comparaciones son odiosas y California es un caso perfecto. Si tomamos dos estados vecinos de California como Nevada y Arizona podemos ver cómo las curvas de estos 3 estados contiguos se desarrollan casi a la par sin importar cuán estrictas o laxas sean las restricciones o la adherencia a las máscaras, tanto que la eliminación de máscaras en Nevada y Arizona fue seguida en ambos casos de un consistente descenso de contagios. La prensa siempre ha intentado en todo tiempo y lugar ignorar el fracaso de lo evidente, y en febrero de 2021 el progresista Los Angeles Timescelebró sin rubor que el cierre de la hostelería había funcionado, a pesar de la clamorosa evidencia en contra por simple comparación con los vecinos que no hicieron nada de eso.
Dentro del estado de California el condado de lejos más poblado es el condado de Los Angeles, el más poblado incluso de todo el país y una de las joyas de la corona del Partido Demócrata, el cual muchas veces fue aún más lejos que su estado de California en las prohibiciones. Los Angeles fue de las primeras zonas (si no la primera) de Occidente en obligar a usar máscara, a principios de abril 2020 incluso en exteriores. En julio cerraron toda la hostelería en exteriores y como nada de esto impidió una ola después del verano, sólo se les ocurrió añadir un toque de queda y decretar un confinamiento a final de otoño dos semanas antes que el resto de California. Nada, absolutamente nada de esto, previno la ola de contagios de aquel otoño-invierno en LA.
California en general y aun Los Angeles más en particular son un perfecto caso de estudio para ver el resultado de las medidas de mitigación y máscaras, pues pasaron casi todo el otoño invierno sin centros comerciales, sin parques temáticos, sin colegios ni eventos deportivos con público. El condado de Orange, cerca de Los Angeles, plantea otro contrapunto valioso. El primero optó por eliminar las máscaras durante todo el verano de 2020, Los Angeles las mantuvo a fuego. Y Los Angeles tuvo claramente peores datos tanto en verano como posteriormente.
Acumulando las cifras de mortalidad covid de 2020 y 2021, si Los Angeles se comparara con la media de los 52 estados de EEUU, lo que era un ‘ejemplo para el mundo’ que ‘anteponía la ciencia a la política’ acabó siendo el 5º estado/zona con mayor mortalidad covid de todo el país.
Nada del estrepitoso fracaso de California, tras haber asolado su economía durante meses, hizo a ninguno de los expertos mediáticos dudar un ápice de sus consejos. California era un ejemplo porque hacía lo que ellos decían que había que hacer. Los datos, la realidad misma, acabaron siendo una verdad demasiado incómoda que no podía desbaratar una teoría que parecía ‘plausible’.
Habíamos por completo entrado en todo el mundo en una nueva época: la épica de la post-verdad. Y de una nueva ciencia: la ciencia sin ninguna evidencia.
En realidad (aunque lo trataremos posteriormente), la aceptación totalmente acrítica del teatro de las máscaras no es nada chocante a la luz de la psicología social. Nunca subestimemos el poder hipnótico del teatro.
5.-Florida: sol, playa y muchos fachas
Florida fue sin dudarlo desde 2020 el objeto de la ira y el más severo escrutinio y crítica de dichos expertos mediáticos. Todo tipo de horrores y vaticinios de devastación en los medios se cernieron sobre el estado del sol, una de las plazas fuertes en el país en este caso del Partido Republicano. Florida, de la mano de su gobernador conservador Ron deSantis, fue el contra ejemplo de California. Se convirtió en el estado que más claramente rechazó las recomendaciones tanto del CDC como de la OMS.
Florida, con 22 millones de habitantes, jamás tuvo una obligación de máscaras desde el final del verano de 2020 y las muy puntuales restricciones que llevó a cabo las eliminó ya en septiembre de ese año, prohibiendo incluso que los negocios obligaran a llevar máscaras a sus clientes. Y al menos desde finales de 2021, Florida y su departamento de Salud incluso alertaron contra la falsa sensación de protección de las máscaras. Su responsable de salud el Dr Ladapo de Harvard dijo a sus ciudadanos que ‘las máscaras no han salvado ninguna vida de acuerdo a la mejor evidencia científica’ y su popular gobernador DeSantis en varias ocasiones dijo que llevar máscara ‘es ridículo’. Como era de esperar, Fauci se sintió ‘muy preocupado’ por la decisión desde el comienzo de Florida, y Michael Osterholm, epidemiólogo del CDC, vaticinó que Florida se convertiría en ‘un infierno’.
¿En qué se tradujo ese infierno? No sólo en contagios sino en exceso de mortalidad Florida obtuvo unos muy superiores resultados a California de manera consistente todo ese otoño e invierno de 2020-21. Además, ambos estados son muy buenos para comparar dada su semejante demografía, clima templado, estilo de vida y latitud. Otros ejemplos de seguir a rajatabla toda la retahíla de prohibiciones y obligaciones empezando por el enmascaramiento universal como el estado de Nueva York tuvieron datos mucho peores que Florida todo aquel 2020. Pero de nuevo, los datos no importaron a los medios cuando éstos no decían lo que tenían que decir. La narrativa debía permanecer intocable al margen de los hechos. Por cierto, hubo 3 condados en Florida que extendieron al final del verano de 2020 y al margen del resto del estado las máscaras en interiores varias semanas más (Martin, Nassau y Manatee). Si volvemos a creer que las recomendaciones oficiales acertaron, estaremos de nuevo equivocados. Los condados que mantuvieron más tiempo las máscaras tuvieron de media peores resultados que otros incluso con la densidad poblacional de Miami.
En febrero de 2021, Florida se convirtió en la sede de uno de los principales eventos del año, la final de la Super Bowl en su ciudad de Tampa. Tras la victoria de los Bucs, grandes masas de aficionados abarrotaron sus calles casi en su totalidad sin máscaras. Rápidamente, la maquinaria mediática inició la carga implacable con sus peores augurios contra Florida. ¿Recuerdan el sempiterno ‘ya verás en 15 días’? Casi unánimemente todos los medios que cubrieron la noticia remarcaron en titulares que esos aficionados no llevaban máscaras (maskless), desde el Washington Post, New York Times, Forbes y docenas otros. El británico The Independent les llegó a llamar ‘salvajes’ por ir sin máscaras. La CBS cubrió la noticia en directo con un reportero asegurando con indignación que eso sería un ‘evento super contagiador’ y esas personas serían las culpables. La también progresista CNN informaba en directo diciendo no dar crédito a que “la policía lo permitiera”. Todos los medios y expertos tenían una indubitable evidencia: aquello sumiría a Florida en una ola mortal.
Pero aquel evento que habían prometido por doquier que sería ‘super contagiador’ fue seguido de un constante descenso de contagios en todo Florida. Como siempre que los pronósticos de la pachanga cientifista y mediática no se cumplían, éstos buscaban otra historia u otro evento con tal de evitar reconocer lo evidente: eran sólo expertos en equivocarse y persistir constantemente en el error, eso sí aterrorizando a la gente que osaba saltarse sus sacrosantas recomendaciones oficiales, sus máscaras, sus limitaciones de reuniones y sus tests masivos.
En julio de 2021, el International Research Journal of Public Health halló ausencia de toda asociación entre obligación de máscaras y propagación del covid analizando todas las zonas de EEUU. A estas alturas, negar toda posible evidencia se había convertido casi en norma, y el teatro de máscaras debía continuar.
6.- Texas: sureños, y también fachas
Texas, con casi 30 millones de habitantes, centros urbanos tan densos como Houston o Dallas y uno de los estados más económicamente pujantes gracias a su política de bajos impuestos, es también un caso de especial interés. Uno de los bastiones de los conservadores en EEUU, fue otro estado que optó en gran medida por mantenerse al margen de las muchas recomendaciones de la OMS y el CDC y tomar una postura donde primaba la responsabilidad y libertad personales de modo en general semejante a su hermano Florida. Comparado con Florida, Texas durante 2020 no practicó unas medidas tan laxas, pero pronto en 2021 y a la vista de los resultados el gobernador Greg Abbott decidió levantar las restricciones que aún quedaban, entre ellas máscaras en determinados lugares interiores. Fue al inicio de marzo de 2021 y de nuevo la maquinaria mediática prorrumpió con los peores augurios para Texas, tanto más cuanto Texas permitió ya entonces eventos multitudinarios y masivos sin distancia alguna en estadios abiertos o cerrados y sin máscaras. Vanity Fair lo llamó un plan ‘para matar americanos’ y el gobernador de California dijo que era ‘absolutamente sin sentido’. El político progresista Beto O´Rourke llamó ‘culto a la muerte’ eliminar por completo las máscaras en Texas.
Todos los pronósticos de muerte, destrucción y castigo divino contra Texas se materializaron en que un mes después Texas tenía una tasa de contagios entre los estados con mejores datos, concretamente estaba en el 30% en la parte baja de la estadística.
Texas en conjunto con su política laxa y su temprana eliminación de máscaras tuvo datos mejores que California en todo 2020 y 2021. De nuevo los medios ignoraron el éxito de Texas sin máscaras ni restricciones.
Hablando del medio Oeste americano, Arizona -vecino de Texas- fue el estado donde el CDC llevó a cabo un estudio que supuestamente demostraba que llevar máscaras en las escuelas reducía los contagios. Tan orgullosos estaban de tener los resultados que querían que su directora Rochelle Walenski lo citó en incontables ocasiones en los medios como otra prueba de su política de máscaras. Si han seguido con anterioridad en esta serie de análisis el modo de usar la ciencia por las organizaciones públicas con las máscaras desde 2020, no les sorprenderá saber que se trataba de un estudio diseñado con una fuerte manipulación. No lo digo yo, la prestigiosa revista de análisis fundada en Boston en 1857 The Atlantic le dedicó un reportaje entero a este estudio en su sección de ciencia titulado: “El caso sesgado del CDC sobre las máscaras en las escuelas”. Noah Harber, nada menos que coautor de una revisión publicada de estrategias de mitigación del Covid19 dijo de este estudio: “es tan fraudulento que no debería haber visto la luz pública”. También merece la pena mencionar en esta región del medio Oeste el singular caso de Kansas, al Norte de Texas, por la sencilla razón de que en cada condado del estado se permitió decidir desde 2020 qué política de máscaras establecer y fue bastante semejante el número de condados que impuso la máscara en interiores y el número de condados que no lo hicieron. Exactamente desde verano de 2020, 105 condados de Kansas la impusieron en interiores, y 85 condados no. Los resultados de los 3 primeros meses de política opuesta de máscaras merecieron un análisis y publicación en Febrero de 2022 en la revista Medicine. En resumen, ¿cuál fue el resultado? Cito el propio estudio: “Los resultados de este estudio sugieren de modo potente que la imposición de máscaras causó 1,5 veces más muertes, eso es que aumentó un 50% la mortalidad frente a no imponer máscaras”. Por cierto, cuando en marzo de 2021 Texas se dispuso a eliminar las máscaras de todos los lugares, Biden dijo que eso era ‘pensamiento Neanderthal’. Curiosamente todos los que siguieron el pensamiento Neanderthal, junto con Florida y Texas entre otros, empezaron a tener menores contagios que sus avanzados y progresistas vecinos enmascarados.
Es tan imposible sostener un impacto favorable de las máscaras, que ni siquiera haciendo una estrategia sesgada de cherry-picking (coger sesgada y selectivamente datos de modo que al presentarlos parezcan respaldar una idea) con los datos generados de más de 2 años de experimentación global podríamos lograrlo. Por ejemplo, aquí vemos niveles de hospitalizaciones en EEUU versus uso de máscaras. No sólo el aumento del uso de máscaras no se correlaciona (en realidad la correlación es casi tan nula como entre nieve y hamburguesas) con menos hospitalizaciones, sino que el descenso en su uso va seguido de descenso de las mismas y a la inversa.
Los casos exitosos en EEUU de Texas y Florida como estandartes de ínfimas restricciones y rápida eliminación de máscaras son aún mayores cuando los comparamos con sus modelos opuestos en el país. Igual que hemos visto el fiasco sin paliativos de California, el también progresista Nueva York es una bofetada en la cara de la estadística y, sobre todo, de la narrativa oficial. De hecho, Nueva York siempre despuntó por su nivel récord en el país de uso de máscaras junto con su colindante Rhode Island. Con todo y con esto durante todo el comienzo de 2021 ambos encabezaron en el país los niveles de mortalidad covid. Es más, durante todo este período los 10 estados americanos con mayor uso de máscaras tuvieron los peores datos de mortalidad. Los peores, sí. Aquí vemos en la primavera de 2021 los 10 estados con más alto uso de máscaras qué mortalidad per capita tuvieron frente a los 10 estados en azul con más bajo uso de máscaras. Recordemos que aquí no se habla solamente de obligación de llevarla, sino de uso real de las mismas.
– El efecto Foegen
Si hemos visto las cifras hasta ahora, podremos advertir recopilando los datos que no sólo las imposiciones de máscaras no han producido ningún beneficio. Sino que incluso las imposiciones de máscaras han tendido a producir datos ligeramente peores.
En realidad, que las máscaras contribuyan a aumentar los contagios como las cifras parecen indicar es una hipótesis científica establecida bajo la denominación de ‘efecto Foegen’, por su principal postulante el alemán Dr Zacharias Foegen. Y es una hipótesis que concuerda con los datos. De hecho su autor propuso la explicación tras analizar la efectividad negativa de los mandatos de máscaras. Tras como él lo explica en la revista Medicine:
“Una razón para el aumento de infecciones al exigir el uso de mascarillas es probablemente que los viriones que ingresan o los que se expulsan al toser en gotitas se retienen en el tejido de la mascarilla y, después de la rápida evaporación de las gotitas, de gotas hipercondensadas o viriones puros sin estar dentro de gotas, éstos [los viriones, que son los agentes infecciosos] se vuelven a inhalar desde una distancia muy corta durante la inspiración. Este proceso se denominará ‘efecto Foegen’.
En el ‘efecto Foegen’, los viriones llegan más profundamente en el tracto respiratorio. Así, se inhalan profundamente hasta los alveolos en lugar de los bronquios y se puede generar neumonía en lugar de bronquitis.
Además, el ‘efecto Foegen’ podría aumentar la carga viral general porque se vuelven a respirar los virones que deberían haberse eliminado de las vías respiratorias. La reproducción viral in vivo, incluida la reproducción de los virones reinhalados, es exponencial en comparación con la reducción lineal de gotitas inducida por la máscara.”
Esto es, dado que las máscaras no pueden bloquear viriones pero sí podrían dejar atrapadas microgotas con virones en el tejido, al dejarlas atrapadas favorecerían que al descondensarse estemos respirando más y más profundamente carga viral.
Además, Foegen cita como ulterior evidencia de su razonamiento que desde 2020 con la implantación de máscaras obligatorias se registró un aumento de contagios por rinovirus: el resurgimiento del rinovirus titulaba un estudio de una revista de enfermedades respiratorios del británico The Lancet.
Foegen además cree que el uso de máscaras ‘mejores’ como las N95/FPP2 sólo agravarían el problema al aumentar lógicamente la posibilidad de retener microgotas cuyos virones nos quedaremos largo tiempo reinhalando y lleguen así más fácilmente a los alveolos, favoreciendo un cuadro infeccioso potencialmente más grave.
Esto es, cuanto más ‘floja’ o menos filtrante sea una máscara tendremos menos probabilidades de estar reinhalando microgotas (algunas podrán tener viriones infecciosos), y por tanto al eliminar máscaras reduciríamos la probabilidad de infecciones más severas. Todo esto puede resultar casi herético en el mundo de post-verdad actual, pero el efecto Foegen concuerda con los datos que han producido dos años de mandatos de máscaras.
7.- Suecia: el país que dejó de existir. Un vistazo a Europa.
Adentrándonos en el continente europeo, y antes de abrir la caja de pandora sueca, veamos gráficamente qué curvas de contagios han generado los países europeos con sin o casi sin máscaras en rojo versus los que usaron masivamente mandatos de máscaras en negro.
Ahora sí, es el turno del caso de estudio europeo más fascinante, pues según todas las previsiones mediáticas estaba destinado de modo irremediable a ser el anti-ejemplo, el desastre irremediable. Suecia, desde el comienzo, fue un país diferente a la tónica dominante de ‘cuantas menos libertades, mejor’. En el fondo esto se explicaba fácilmente: su agencia de salud pública es por tradición en el sistema sueco una agencia desligada del Gobierno, completamente independiente. Tan independiente que no forma parte ni tiene que rendir cuenta alguna a la OMS ni participa directamente en la misma. Así que Suecia, por medio de sus decisores de expertos de salud pública, pensó que la respuesta el covid no pasaba por confinamientos, ni cierres de escuelas o negocios, ni controles de movilidad. Tampoco por máscaras. Particular fue la figura de Anders Tegnell, el anti-Fauci. Tegnell fue el máximo responsable de la agencia de salud pública de Suecia para la respuesta al covid. Ni que decir tiene que recibió toda suerte de furibundas críticas en los medios por su postura anti-restricciones. Pero Tegnell se mantuvo siempre firme citando evidencia científica para su postura.
Suecia siguió sosteniendo que toda la evidencia hasta 2020 sobre las máscaras seguía siendo válida y optó por nunca imponerlas en ningún lugar. Y ninguno significa ninguno (Suecia a lo máximo que llegó fue a una mera recomendación, durante unas solas semanas, sólo en el transporte público y circunscrito a las horas punta). Así pues, Suecia tuvo el menor uso registrado con diferencia en un país occidental de este artilugio o estrategia, pues las estadísticas mostraban un ínfimo 2% de uso en su población. Seamos conscientes de la situación: un 98% de suecos nunca o casi nunca uso una máscara en ningún lugar. Paseando por Estocolmo durante 2020 y 2021 uno podía identificar turistas por su uso de máscaras.
Y nadie puede decir que Suecia sea un país muy distinto de tantos otros occidentales, su capital Estocolmo tiene un millón de habitantes, es una de las capitales europeas del ocio nocturno y tiene una densa red de metro con 100 estaciones. La vida en Estocolmo es semejante a cualquier capital europea desde París a Londres. Además, la población del país se aglutina en el sur colindante con Dinamarca y Alemania.
Chequia, vecino de Alemania, ofrece un buen punto comparativo con Suecia. Son sociedades comparables pero que tomaron decisiones diametralmente opuestas respecto al covid. Chequia, quien no dudó en aplicar toda suerte de restricciones y una muy temprana imposición de máscaras, fue ampliamente elogiada. USA Today dijo que el país era un ejemplo para los norteamericanos sobre usar máscaras, y que eso les hacía posible conquistar la epidemia. Incluso Chequia desarrolló una iniciativa llamada Masks4All en la que se involucró la Universidad de Praga para universalizar su uso, con lo que su adherencia acabó siendo siempre superior al 80% de media nacional.
Aunque durante la primavera de 2020 parecía que Chequia tenía buenos datos, cuando llegó el otoño la situación cambió, y cambió dramáticamente. Cuando el país alcanzaba los mayores datos de adherencia al uso de máscaras, Chequia experimentaba su peor ola de contagios y un nivel de mortalidad creciendo en espiral. Suecia, que permaneció libre de máscaras y restricciones, tuvo un otoño e invierno con unos datos francamente mejores frente a los que palidecía Chequia. Cuando llegó la primavera de 2021 Chequia tenía la peor cifra de mortalidad covid del mundo, la peor del mundo, duplicando la de Suecia. Como bien ha reconocido en el caso español el catedrático de Parasitología de la Universidad de Valencia Rafael Toledo, las máscaras no han frenado ninguna ola en nuestro país. Igualmente, las máscaras en exteriores en España no se han correlacionado con menos contagios y mortalidad, sino con más.
No muy distinto escenario es el de Reino Unido. Éste empezó en julio de 2020 a imponer en escalada la máscara en más lugares y al final del verano ya estaba impuesta en cualquier lugar interior aún entonces con unas cifras de contagios muy bajas. Sin embargo, la llegada del otoño e invierno hizo sufrir a Reino Unido unas olas de contagio constantemente superiores a Suecia sin máscaras.
Alemania, vecino de los escandinavos, fue otro país ampliamente elogiado por su estricta respuesta al covid y con una casi universal adherencia a las máscaras y aun así con similares datos de mortalidad que Suecia toda la segunda mitad de 2020 y peores en todos los siete primeros meses de 2021. En este punto, las máscaras se habían convertido en una suerte de ‘nuevo comunismo’: no importaba cuantas veces fracasara su imposición usando cualquier métrica o comparación concebibles y en cualquier lugar del mundo, pues siempre se prometía que ‘esta vez’ iba a funcionar.
Suecia, por supuesto, se convirtió en esa verdad incómoda que había que ignorar. Realmente paradigmático fue que siempre toda suerte de horrores se le presagiaron a Suecia, y hasta tal punto se llegó a retorcer la realidad de los hechos que el país fue constantemente expuesto como ejemplo de lo que no había que hacer, ¡cuando sus resultados eran iguales o mejores! Para los anales de la desconexión con la realidad están por ejemplo las declaraciones del rey de Suecia en la Navidad de 2020 lamentando que su país no haya impuesto restricciones como las máscaras, ¡cuando el supuesto ejemplo alemán tenía la misma tasa de mortalidad entonces! ¿Qué beneficio que no obtienen los demás con una medida iban a obtener? Suecia se sacó del mapa, tanto así que raramente se hablaba de su caso en los medios, por no decir la televisión. Tan perturbador fue el buen desarrollo a largo plazo de Suecia que Tegnell, en vez de ser justamente reconocido, fue rechazado por la OMS cuando acabó su mandato sueco. Lo importante no eran pues los resultados, ni la mortalidad ni la salud, y la OMS demostró así que lo realmente importante para ella era el acatamiento acrítico. Recordemos que hoy la OMS es de facto una organización privada financiada principalmente no por los gobiernos sino por empresas privadas farmacéuticas y fundaciones como Gates Foundation del magnate Bill Gates.
Por cierto, en Suecia a través de su parlamento se estableció una comisión de respuesta al Covid alentada por quienes cuestionaron las medidas casi inexistentes del país. En sus conclusiones finales en 2022, esta comisión determinó: “La respuesta de Suecia fue en lo fundamental correcta”. Tanto que su modelo de mínimas restricciones, mínimas imposiciones y ausencia de máscaras lejos de producir la apoteosis predicha por los expertólogos en los tabloides se tradujo en la epidemia con menos exceso de mortalidad de toda la Edad contemporánea para Suecia.
Volviendo al escenario de su vecino Alemania, el de Baviera es un caso de análisis muy valioso. Por la sencilla razón de que éste fue un estado que obligó a usar máscaras N95/FPP2 o superiores, prohibiendo llevar cualquier otra supuestamente inferior incluso quirúrgicas, mientras que sus estados alemanes vecinos no hicieron tal cosa. El resultado comparativo de dos sociedades homogéneas bien con FPP2 bien cualquier otra de tela fue ni más ni menos como vemos: indistinguible, incluso con cifras ligeramente peores para el estado con FPP2 universal.
Austria, en enero de 2021, impuso también una obligación de portar N95/FPP2 o superior a nivel nacional y a final de aquel verano la endureció al máximo posible. Aun así, Austria llegó a los niveles más altos de contagios del mundo. Los más altos.
Otro caso comparativo europeo contundente de visualizar es el de dos regiones en Reino Unido con políticas de máscaras dispares. Inglaterra jugó varias veces desde el verano de 2020 a imponer y luego retirar máscaras de interiores. Su hermano británico Escocia nunca levantó su exigencia en este período. Como hemos estado constantemente viendo, Inglaterra no presenta cambios en correlación con que haya o no máscaras en interiores. Incluso más, en conjunto la progresista enmascarada Escocia tuvo mayores tasas de contagios sin el más mínimo levantamiento de las mismas.
En suma, Suecia fue un enorme grupo de control sin máscaras ni restricciones apenas, y al final de la historia Suecia tuvo una de las más bajas tasas de mortalidad covid europeas, por debajo de Grecia, Reino Unido, España, Italia, Portugal, Alemania. Es más, si buscamos la estadística, Suecia estuvo todo el 2020 y 2021 -exceptuando parte de la primavera del primer año- en niveles históricamente bajos de exceso de mortalidad, en 2020 redujo la mortalidad para todos los ciudadanos menores de 75 años, fue inferior a la de países comparables como Suiza, Holanda, Reino Unido, Francia o Austria que practicaron intensas restricciones, y ha ganado esperanza de vida cuando casi todos los demás países occidentales la han reducido.
Una sociedad sin máscaras no podía ser que tuviera menos mortalidad y contagios. El negacionismo, que fue constante, con las máscaras y las restricciones alcanzó aquí su epítome. Suecia, en resumen, había que expurgarla. En abril de 2022, el profesor de Microbiología Dr Beny Spira consiguió la publicación tras una revisión por pares de su estudio de todos los países europeos de más de 1 millón de habitantes entre octubre de 2020 y marzo de 2021 analizando tanto su política como su adherencia al uso de máscaras en relación con los niveles de contagios como de mortalidad covid. Spira llegó a dos conclusiones: 1) No se observa impacto en reducción de transmisión viral con mayor uso de máscaras y 2) Existe una moderada tendencia a mayor uso de máscaras y peores cifras de mortalidad covid por lo que ‘el uso de máscaras podría tener consecuencias no deseadas’. Recordemos el efecto Foegen de las máscaras que hemos mencionado anteriormente.
Hemos visto cómo no sólo la mejor evidencia publicada hasta 2020 y posteriormente no avaló nunca los mandatos de máscaras y sino cómo éstos han entrado de manera clara y rotunda en el libro Guiness de peores políticas globales de salud pública de la historia de la humanidad.
Nos quedan por comentar aspectos como el tremendamente doloroso de los niños tan severamente dañados en su desarrollo intelectual y emocional por unas políticas tan en el mejor de los casos totalmente inservibles para su propósito, intentaremos también comprender por qué el mundo tan acríticamente se ha sumido en el teatro de la obediencia hacia mandatos tan alejados de las evidencias y procuraremos descifrar cuáles pueden ser las razones de la imposición de políticas tan ineludiblemente fracasadas desde su comienzo.
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