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Etiqueta: Mercado de trabajo

¡No hay pan para tanto título!

Estos últimos meses no hemos parado de leer en los medios cosas como: “no hay suficientes camareros en Mallorca” o “la falta de transportistas va a provocar una crisis de suministros”. Noticias bastante sorprendentes teniendo en cuenta el elevadísimo nivel de desempleo que sufrimos. Muchos achacan estos fenómenos a la baja cualificación o a los bajos salarios, ¿pero realmente es así?

Respecto al primer punto, sería precisamente, al contrario, la excesiva cualificación. Y es que durante muchísimos años (y muchas veces aún hoy), en España todo lo que no fuese ir a la universidad era visto como un fracaso, lo que ha provocado unas tasas de estudiantes universitarios enormes y totalmente alejadas de la realidad del mercado laboral, creando verdaderas burbujas. Para que se hagan una idea, hace unos años, en España, se graduaban en derecho las mismas personas que en Francia e Italia juntas, un sinsentido a todas luces. Este hecho impulsado por la “titulitis” existente, nos ha dejado un panorama desolador, jóvenes con varias carreras y másteres en el paro o en el Burger King, mientras que trabajos esenciales se quedan sin cubrir por falta de personal.

Hace unos pocos años, un ministro de educación ya alertó sobre esta situación y llamó a reducir la tasa de universitarios en favor de otras opciones como la FP, pero fue tachado de querer acabar con la universidad y con la educación en general, (el populismo de siempre) por buena parte del lobby mediático y la idea fue abandonada. La realidad es que, ante el protagonismo de la universidad, el resto de opciones como la FP, han quedado siempre en un segundo plano, a diferencia de Alemania por ejemplo. Esto afecta notablemente no solo a su prestigio, sino seguramente también al nivel de estas.

En cuanto al segundo punto, los salarios, poco hay que decir, es simplemente la ley de la oferta y la demanda. Si en algunos sectores se empiezan a demandar trabajadores, por encima de la cantidad de estos, que ofrecen dichos demandados servicios, los salarios tenderán a subir hasta que la oferta toque con la demanda. El ejemplo que todos recordamos es el del boom de la construcción, cuando la demanda de peones, albañiles… superó con creces la cantidad de trabajadores que ofrecían esos servicios, y el sueldo de estos se disparó, hasta cifras impensables tiempo atrás.

Con todo esto y sin que el modelo educativo haya cambiado en absoluto, parece que en los próximos años no vamos sino a seguir observando este tipo de fenómenos, donde veamos a trabajadores sobre cualificados, en una cantidad totalmente inasumible por el mercado de trabajo y por tanto, o bien en paro, o bien con sueldos miserables. Mientras, los trabajos que antaño se veían como menos prominentes, véase fontaneros, electricistas… tendrán trabajo casi asegurado, con una remuneración muy alta, ante la gran demanda de ellos (cada vez somos menos “manitas”) y la poca oferta existente, haciendo incluso que muchas veces exista escasez de este tipo de trabajadores. 

En resumen, por si algún padre o madre nos está leyendo. El mundo laboral se ha dado la vuelta. Que su hijo le diga que no quiere ir a la universidad y que quiere estudiar una FP o algo del estilo, para trabajar en lo que los británicos denominan trabajadores “blue collar”, no debe de ser un drama, sino todo lo contrario. Ya que es muy probable que se enfrente a una vida laboral, hoy por hoy, bastante más esperanzadora que si le dijese que quiere ser abogado, periodista o economista.

¿Y los trabajadores? (I): El trabajador como empresario

El socialismo moderno nació como consecuencia de la preocupación de sus ideólogos por el destino de los trabajadores. Engels, en su libro El Estado de la Clase Obrera en Inglaterra (1845), sostuvo la idea de que el destino de los trabajadores en el capitalismo es el mismo que el de los esclavos: sus vidas están determinadas por la misericordia de los capitalistas que son los dueños de los medios de producción. Marx agregó dos teorías importantes. La primera se refiere al mecanismo de explotación. Según Marx (1858: 477) hay una explotación invisible en el proceso de trabajo capitalista. El valor de uso del trabajo es mayor que el valor de cambio del trabajo ya que un trabajador produce más durante las horas de trabajo que su salario, que es igual a la cantidad de dinero necesaria para reproducir la fuerza de trabajo de una persona. La diferencia entre los dos es el beneficio, que es la ganancia acumulada por los capitalistas. El concepto de clase trabajadora surge de la interpretación marxista del concepto de explotación. Los obreros tienen una relación antagónica con los capitalistas porque el lucro de los capitalistas es el resultado de la explotación de los trabajadores. La segunda contribución importante de Marx fue la teoría de la alienación, tesis reforzada por Polanyi (1944), que afirmaba que el capitalismo, además, destruye las comunidades y que los mercados son prisiones para los trabajadores.

Estas afirmaciones creaban una clara base moral para las ideas socialistas cuyos ideólogos propagaban su preocupación por las masas explotadas y alienadas. Por todo ello, el marxismo ha llegado a ser una de las teorías más influyentes de la era moderna (Schumpeter 1943). El éxito del marxismo dio forma decisiva a la percepción de los trabajadores como miembros de la clase trabajadora explotada en el mercado.

Como consecuencia de la influencia del pensamiento marxista, los defensores de las políticas a favor del mercado libre quedaban negativamente estigmatizados por ser los ideólogos al servicio de los intereses del capitalista, de la minoría explotadora. El mensaje de que los empresarios y la competencia en un mercado sin trabas servirían mejor a los intereses de los trabajadores es una idea que, a veces, solo tiene efecto a largo plazo; por ello, es una argumentación demasiado complicada de defender y contra la que es fácil argumentar con historias basadas en experiencias cotidianas sobre la inseguridad, precariedad y bajos salarios en el mundo de la economía política popular, en el que los argumentos emocionales tienen mucho peso.

El objetivo de mi trabajo es aportar un nuevo punto de vista a los partidarios del libre mercado para perfilar una nueva perspectiva del trabajador. Por eso el artículo cuestiona la validez de la todavía influyente descripción marxista de los trabajadores como víctimas de los mercados y de la literatura pos-marxista que lamenta la disolución de la clase trabajadora debido al creciente individualismo. Como alternativa, ofrezco una descripción en la que los trabajadores aparecen como emprendedores de por vida que utilizan los mercados para sus propios fines, es decir, para mejorar sus propias oportunidades en la vida.

También propongo una interpretación más amplia del concepto de capital de Carl Menger con el objetivo de desmentir la teoría marxista según la cual los trabajadores no tienen capital en las economías de mercado. Mi proposición es que los trabajadores podrán usar su personal capital humano para mejorar su situación personal.

Emprendimiento en el pensamiento austriaco

La revolución marginal en la teoría económica anuló la teoría del valor de trabajo de Smith y Ricardo en la que Marx basaba su concepto de explotación y clase trabajadora. La teoría marginal identifica la fuente del valor como rareza (Walras 1874), escasez (Jevons 1871), o valoración subjetiva (Menger 1871). Böhm Bawerk (1896) expuso la contradicción en la obra de Marx entre El Capital I y El Capital III, demostrando que el mecanismo de explotación de Marx es una hipótesis insostenible. Böhm-Bawerk también demostró que Marx era consciente de esta contradicción, pero optó por ocultar la verdad. No obstante, el colapso de la teoría de la explotación de Marx había socavado su teoría de clases. Si no hay explotación oculta en el proceso de trabajo, no existe relación antagónica entre obreros y capitalistas, y como consecuencia, el mercado no solo existe para asegurar beneficios para los capitalistas.

El fuerte crecimiento de la clase media también ha cuestionado la concepción marxista de la sociedad en la que solo se contempla la existencia de dos clases, la obrera y la capitalista. De hecho, Marx ya había usado el concepto de clase media en su relato de los eventos de 1848 en París en la que, a pesar de su teoría sobre el papel histórico de la clase obrera, los verdaderos protagonistas eran los pequeños terratenientes y comerciantes y las clases medias urbanas. Asimismo, en El Capital III, escrito dos décadas más tarde, Marx sostuvo que la presencia de la clase media desdibuja la línea de demarcación entre las dos clases principales. Y en este punto Marx abandonó el manuscrito y dejó sin explicar las causas del crecimiento de la clase media frente a lo que había defendido en su teoría. Eduardo Bernstein, uno de los pensadores más importantes de la socialdemocracia alemana, una generación más tarde, expuso abiertamente que la profecía de Marx sobre las clases no llegó a materializarse. La clase media se desarrolló de manera evidente, en lugar de hundirse como había predicho en El Manifiesto Comunista. Según los cálculos de Bernstein (1899), la clase media se multiplicó por tres entre 1850 y 1880 en los países europeos. Además, la proporción de capitalistas también creció frente a lo que Marx había vaticinado. Por último, Bernstein apuntó que parte de la clase obrera se había integrado en la clase media.

La viabilidad del concepto marxista se debilitó aún más por los cambios fundamentales provocados por la llegada de la sociedad de consumo en las últimas décadas del siglo XX. Los sociólogos de tendencia izquierdista han observado un cambio fundamental de actitud hacia el individualismo y la autonomía personal (Lawrence, 2013) que erosiona la cultura y la cohesión de las comunidades de la clase trabajadora (Charlesworth, 1999: 2). Uno de los teóricos clave de la fragmentación, Ulrich Beck, ha argumentado que el proceso de individualización ha desencarnado a los individuos de los roles sociales históricamente prescritos (Beck, 1992a: 128), y que se ha producido un cambio cultural general en la búsqueda de la autodeterminación, la autorrealización y la libertad de elección (Beck, 1998: 39-54). La clase a la que pertenece una persona ya no es un indicador preciso de su perspectiva personal, sus relaciones, su posición familiar o su identidad social y política (Beck, 1992a: 92). Beck afirma que, ante la descomposición de las clases, la seguridad del individuo en la sociedad contemporánea se consigue mediante el cálculo y la anticipación inteligente (Beck, 1992b). De manera similar, Zygmunt Bauman (2000) sostiene que vivimos en una sociedad líquida, tan cambiante que nada mantiene su forma por mucho tiempo. Las fuerzas del mercado junto con el consumismo individualista exigen que las personas cambien sus gustos, hábitos, identidades, afiliaciones e incluso sus ocupaciones, con subculturas y tipos de trabajos que surgen y desaparecen incesantemente. Para Bauman y Beck el individualismo y la incertidumbre son las consecuencias del periodo neoliberal del capitalismo. La nueva preocupación pasó a ser en la izquierda la situación precaria de los trabajadores en la era del neoliberalismo (Standing 2011).

Así, aunque la teoría marxista de la explotación fue refutada, y su profecía sobre el auge de la clase obrera no se materializó, su teoría sigue influyendo en el debate académico y público, unas veces en el viejo tono marxista y otras, como preocupación por la situación precaria de los trabajadores.

Sin embargo, en la realidad, tanto las aspiraciones personales de cada individuo como la inseguridad en la vida han formado parte del hombre a lo largo de su historia. Por eso, Carl Menger (1871) ya había basado su teoría económica en este principio de la aspiración personal en un contexto de incertidumbre que constituye una condición general de existencia para la humanidad.

Menger pensaba que la habilidad empresarial y la inherente capacidad de ampliar conocimientos son los dos rasgos más características del hombre. La palabra alemana Wirtschaftender, que Menger usó en su libro, se refiere al impulso inherente del ser humano por descubrir nuevos conocimientos en un entorno incierto y aplicarlos en el trabajo con el fin de crear una mayor seguridad y procurar más satisfacer mejor las necesidades. Para Menger la capacidad inherente de los humanos para descubrir conexiones causales y, por lo tanto, generar e implementar nuevos conocimientos en el trabajo es lo que asegura la satisfacción de diversas necesidades humanas y, al mismo tiempo, impulsa el progreso de la civilización. Menger consideró que todos los individuos son capaces de ser personas emprendedoras. Actuar implica planificar para un futuro incierto, así como calcular y especular. El individuo emprendedor puede no poseer un conocimiento perfecto, pero es capaz de aprender de sus errores y reflexionar sobre las relaciones causales equivocadas.

Menger explicaba que todos los individuos poseen de manera inherente la capacidad de ser emprendedores, pero que solo unos cuantos llegan a serlo. Lo que distingue al emprendedor es que tiene capital a su disposición para poder lanzar un proceso de producción. La oportunidad de acceder a los créditos del sistema capitalista aumenta la posibilidad de que un grupo más amplio de individuos con mentalidad empresarial se conviertan en emprendedores (Menger, 1871: 172).

Friedrich Wieser, quien fue uno de los miembros clave de la segunda generación de la tradición económica mengeriana, abandonó el concepto mengeriano de gente emprendedora. En el marco wieseriano, el emprendedor es un gran capitalista que representa la superioridad personal, lo que en la era de las grandes empresas le otorga un grado de poder. Él es el señor supremo de los tiempos modernos. Las masas solo son capaces de actuar a través de un líder que pueda unir a las multitudes en una unidad activa (Wieser, 1927: 319-28).

La línea de pensamiento de Wieser influyó mucho en Joseph Schumpeter (Ebner, 2003: 137), a quien se le atribuye el descubrimiento del papel del empresario en la economía como agente de destrucción creativa (Schumpeter 1943). El héroe empresarial de Schumpeter es una persona valiente y heroica con una energía mental extraordinaria, capaz de concebir y llevar a cabo actos de destrucción creativa y promulgar el liderazgo social (Schumpeter, 2002). Para Schumpeter, este emprendedor es Homo Creativus, el Übermensch de Nietzsche (Anderson, 2009: 34).

Gracias a Ludwig van Mises, no se perdió por completo el concepto original mengeriano de persona emprendedora ordinaria, que no es un seguidor ciego de un héroe ni un miembro de una masa sin rostro. Mises (1949) reconstruyó la idea original mengeriana y colocó nuevamente al individuo actuando al frente y en el centro en su teoría económica. Pensaba que el hombre es un emprendedor que actúa para lograr una meta de acuerdo con sus valores y que alcanza un fin con ciertos medios en condiciones de incertidumbre. Mises propuso el uso del término “promotor” para las personas emprendedoras que también tienen acceso al capital. El promotor está preocupado especialmente por el éxito de sus negocios. (Mises, 1949: 229). Con este nuevo concepto, Mises construyó un puente que conectaba a Menger con Wieser y dentro del marco mengeriano creó un espacio para el capitalista exitoso que no es meramente un individuo emprendedor. El promotor es el impulsor del mercado cuya inquietud y afán por obtener el mayor beneficio posible garantiza una innovación y una mejora incesantes. En este sentido, el liderazgo no es menos importante en el mercado que en cualquier otra rama de la actividad humana (Mises, 1949: 255).
Friedrich Hayek hizo una importante contribución al concepto mengeriano del individuo emprendedor poniendo el énfasis en las especificidades del contexto y las condiciones locales como factores significativos en los que se configura la acción. El entorno del individuo es un mundo concreto en el que los actores suelen poseer un conocimiento disperso y, a veces, solo tácito. En este mundo descentralizado hay una división del conocimiento que es tan importante como la división del trabajo (Hayek, 1937).

Israel Kirzner y Ludwig Lachmann, discípulos de Mises y Hayek, hicieron importantes contribuciones al concepto de persona emprendedora. Kirzner introdujo el concepto de estado de alerta que es la capacidad inherente de un ser humano para percibir y su capacidad para transformar esa percepción en información y conocimiento. (Kirzner, 1973: 68). El concepto kirzneriano de alerta no es un proceso de destrucción creativa, a diferencia de Schumpeter, y no causa trastornos en el mercado; más bien crea un equilibrio dinámico que se logra mediante el descubrimiento de oportunidades hasta ese momento desconocidas, y que mejoran la coordinación y el bienestar de todos. El concepto kirzneriano de emprendedor-alerta se acerca al concepto de emprendedor de Mises: son personas capaces de descubrir oportunidades independientemente de la propiedad o del capital (Foss y Klein, 2012: 57).
Ludwig Lachmann avanzó aún más el concepto de subjetivismo mengeriano. Según Lachmann (1978), para comprender la acción humana se debe tener en cuenta la realidad tanto subjetiva como objetiva de los fines y los medios. A medida que se implementa un plan de acción, el actor interpretará el resultado de acuerdo con su interpretación personal de la realidad.

Jesús Huerta de Soto, en su obra Socialismo y el cálculo económico, ha recuperado el significado original mengeriano-misesiano del espíritu empresarial, que coincide con la acción humana de Mises. En este sentido, el autor menciona a modo de ejemplo, que un trabajador puede ser considerado emprendedor cuando está al acecho y toma decisiones como cambiar o no de trabajo. Si elige bien, encontrará un trabajo más atractivo que el que tendría en otras circunstancias. Si elige mal, sus condiciones de trabajo pueden ser menos favorables. En el primer caso, obtendrá beneficios empresariales; en el segundo, sufrirá pérdidas. Así, toda persona cuando actúa está empleando su espíritu empresarial en un contexto de incertidumbre sobre del futuro.

El autor, además hace hincapié en que la imprecisión sobre el futuro abre el espacio a la energía creativa de todo ser humano. La clave del espíritu empresarial es la inherente disposición humana para buscar, descubrir, crear o identificar nuevos medios y fines para alcanzar un objetivo determinado o adquirir beneficios. Huerta de Soto distingue dos tipos de acciones emprendedoras: el arbitraje y la especulación. El arbitraje se produce cuando el emprendimiento se ejerce en el presente y hay que elegir entre dos opciones distintas; la especulación consiste en el ejercicio del emprendimiento en dos puntos diferentes en el tiempo y conlleva a la creación de nuevos conocimientos. Según su resumen, el conocimiento empresarial subjetivo y práctico tiene seis características básicas: 1) Es un conocimiento subjetivo y práctico más que científico. 2) Es un conocimiento exclusivo. 3) Es disperso. 4) Es un conocimiento principalmente tácito. 5) Es un conocimiento creado ex nihilo, de la nada, precisamente a través del ejercicio del espíritu empresarial. Y 6) Es un conocimiento que se puede transmitir, en su mayor parte, de forma tácita (Huerta de Soto 2010: 18-43).

En resumen, para Menger, Mises y Huerta de Soto el espíritu emprendedor de la gente común en el ejercicio de sus actividades económicas es clave para comprender el papel de los individuos en la economía. Aunque Menger usó el término emprendedor solo en el sentido de una persona de negocios que emplea capital, se sobreentiende que la capacidad emprendedora e innovadora es una característica inherente al ser humano. Mises fue un paso más allá al hacer una distinción entre el individuo emprendedor que actúa, y el promotor, que es el líder empresarial que utiliza capital y dirige una empresa con fines de lucro.

Sin embargo, el intento mengeriano-misesiano de conceptualizar a cada actor humano como una persona emprendedora, no ha gozado de popularidad en la literatura económica. El concepto schumpeteriano ha prevalecido.

La literatura académica sobre emprededores solo contempla a los empresarios que tienen algunas características psicológicas en concreto y aptitudes especiales como la facultad para emitir juicios, la valentía para aceptar riesgos o la innovación y la capacidad para que las cosas sean hechas. Por otra parte, hay otra literatura que analiza el mundo de los empleados a los que caracteriza como miembros de una masa pasiva sujetos al poder de los mercados.

En este artículo, se tratará de recuperar el marco original del pensamiento mengeriano-misesiano para dar un nuevo sentido al concepto de empleado ordinario como actor emprendedor. El artículo dota de un nuevo contenido al término empleado para poder reconocer en él a una persona emprendedora que utiliza el mercado en su propio beneficio, en lugar de ser un tomador pasivo de las condiciones del mercado. Utilizo el término “emprendedor de por vida” para referirme a este nuevo concepto.

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Contra la Ley Rider, en defensa del trabajador

A finales del pasado julio la plataforma de reparto de comida a domicilio Deliveroo anunciaba su marcha de España a falta de escasos días para que entrara en vigor la Ley Rider promovida por el Ministerio de Trabajo, dirigido por Yolanda Díaz. En la actualidad Deliveroo cuenta en España con más de 100 empleados contratados a tiempo completo y con más de 2.500 riders. Lo más probable es que la gran mayoría de integrantes de ambos grupos pasen, al menos en el corto plazo, a incrementar las cifras de desempleo en nuestro país. La empresa ha justificado su marcha de España en base a su falta de competitividad en el mercado nacional y al hecho de que sobreponerse a ello en las condiciones actuales requeriría una enorme inversión que no son capaces de acometer sin mermar recursos de otros mercados en los que opera bajo condiciones más favorables. 

Desde hace meses multitud de asociaciones de riders, como es el caso de la Asociación Profesional de Riders Autónomos (ARPA), han salido a la calle para manifestarse contra la ley de la Ministra Díaz, expresando su preocupación por el incremento de costes -muchas veces inasumible- y merma de flexibilidad que dicha ley supondrá para las empresas de reparto, lo que posiblemente contribuirá a causar mayores problemas laborales a muchos trabajadores del sector. 

Hace escasamente dos meses tuve la oportunidad de debatir en televisión, en el programa Playz de RTVE (ver aquí), sobre los efectos de la Ley Rider. No me llamó la atención ser el único de los cinco debatientes (siete, si contamos con los dos presentadores) que se mostrara contrario a la Ley Rider, sino el hecho de que todos ellos se mostraran tan inflexibles a debatir sobre los efectos de dicha Ley o rechazaran cualquier argumento económico en contra de esta haciendo una enmienda a la totalidad del sistema “capitalista explotador”. Es más, yo traté de mostrarme abierto a debatir con argumentos fácticos y a ser flexible en todo momento (siendo consciente de la ideología de los guionistas del programa en el que me hallaba).

Traté de explicar cómo una ley que regula -sin pensar en la transformación de la economía- un sector cuya demanda fluctúa por picos estacionales, diarios y horarios y en el cual sus trabajadores (riders) no quieren (por tener otro trabajo adicional por horas durante la mañana, por ejemplo) o no pueden dedicar ocho horas al día a un empleo que solo les ofrece trabajo durante determinadas horas (cuando hay demanda), simplemente redundaría en mayor rigidez, menor actividad y menor empleo en el sector. Aún así, en el programa (y fuera de cámaras) se me tachó de insensible, esclavista, explotador, etc. Ahora, cuando la Ley Rider entra en vigor, se comienzan a ver sus primeros tristes efectos, en la línea de lo que yo apuntaba que ocurriría tras la implementación de mayores rigideces en el sector y muy alejados de las predicciones de mis contertulios, asiduos al wishful thinking. 

Por ello, considero de gran relevancia destacar algunos de los principales aspectos de la Ley Rider y cuales podrían ser sus mayores efectos a corto y medio plazo. 

Para situarnos en contexto, veamos algunos de los principales cambios regulatorios que introduce la Ley Rider: 

• La ley reconoce a los repartidores de las plataformas digitales como asalariados, entendiendo que dichas plataformas dirigen y organizan directamente el trabajo de los repartidores, estableciendo sus condiciones a través de algoritmos, tratándose por tanto de empleados y no de trabajadores por cuenta ajena. 

• La ley obliga a las compañías a compartir con los sindicatos el funcionamiento de los algoritmos de las aplicaciones de reparto. Es decir, las empresas deben informar de los parámetros, instrucciones, funcionamiento interno, etc. de las aplicaciones a los sindicatos.

Aunque de manera extremadamente resumida, estos son los principales cambios regulatorios que establece la Ley Rider. Además, esta tendrá varios efectos indirectos sobre el sector, principalmente a causa del primero de los dos puntos, que fuerza a que las actuales empresas de reparto contraten como trabajador asalariado (y no como trabajador por cuenta ajena) a los repartidores en el ejercicio de su actividad actual. 

Estas medidas se han vendido por parte del Gobierno como un gran éxito en materia de derechos sociales y laborales, mientras la realidad es que el efecto más probable de dicha ley sea una sangría de empleos en el sector de los riders. Si las empresas han de mantener a todos sus repartidores en plantilla, esto hará que el volumen total de trabajo se concentre en un menor número de repartidores -aquellos con mayor disponibilidad horaria-, de modo que la demanda de empleo total en el sector se repartirá entre un menor número de personas, si contamos con que las horas de trabajo se mantendrán fijas (algo que no es seguro). Esto contribuirá a mejorar la situación laboral individual de algunos repartidores, quienes dispondrán de más horas de trabajo y una mayor remuneración, pero sin duda empeorará la situación de aquellos riders que utilizaban este trabajo como algo ocasional para completar sus ingresos o para complementar el sueldo de otro trabajo, quienes ahora verán sus ingresos mensuales mermados. 

Según una estimación de Adigital, tras la entrada en vigor de la Ley Rider, cerca del 80% de los riders actuales perderían su empleo, lo cual significaría que cerca de 23.000 personas perderían su empleo. La estimación de Adigital se basa en un caso similar al de España, el de Ginebra, donde en el año 2020 se aplicó una legislación similar, generando una notable perdida de empleo en el sector de los riders a causa de un mecanismo como el anteriormente comentado. 

Además, en este caso se está contando con que el nivel de demanda por los servicios ofertados por los riders de mantendría constante o incluso incrementaría, pero este no tiene por qué ser la situación, ya que existe la posibilidad de que el aumento de costes de reparto termine trasladándose al precio pagado por el consumidor y, por ende, reduciendo la demandad por estos bienes. Dicho aumento de costes, además, podría causar que determinados mercados -por ejemplo, por zona geográfica- dejen de ser rentables y, por lo tanto, la presencia de servicios de reparto e incluso su mera existencia en esos mercados se podrían ver afectados. Este sería el caso de municipios muy pequeños en los que el coste de mantener varios repartidores en plantilla sea superior a los ingresos derivados de operar en dicho mercado. En este sentido, Adigital estima que las empresas de reparto a través de apps dejarán de operar en poblaciones con menos de 100.000 habitantes. Todo ello, además, no solo afectaría negativamente a las empresas de reparto sino también a los restaurantes, tiendas, etc. cuya demanda depende, en parte, de aquellos pedidos que se realizan a través de aplicaciones como Deliveroo o Glovo. Al verse incrementados los costes de reparto, parte de esta demanda podría desvanecerse, afectando negativamente a los ingresos de bares, restaurantes y/o comercios. 

En definitiva, si realmente se pretende proteger al trabajador y, ante todo, su empleo, debemos oponernos a la Ley Rider por la tremenda ineficacia en la persecución de sus fines y los perniciosos efectos que esta ley tendrá sobre la vida de miles de riders. Tal y como expresé en su momento, lo más importante a la hora de analizar una política pública es no juzgarla por sus intenciones u objetivos, sino por sus efectos reales.

La mochila austriaca: una vieja y muy necesaria idea

En España llevamos casi una década hablando de la mochila austriaca y son ya varios los partidos que han llevado la implementación de dicho modelo en su programa electoral. Aún así, nunca ha existido consenso político suficiente para su introducción, y la dificultad que supondría la transición desde el sistema actual a la mochila austriaca, ha terminado por mandar la idea al cajón de varios ministerios. Hasta hace poco. Recientemente se ha vuelto a hablar de la mochila austriaca, los beneficios que esta supondría para el mercado laboral español e incluso algunas propuestas de financiación. Todo ello ha ocurrido a raíz del informe anual del Banco de España (2021) y la posterior defensa en el Congreso de los Diputados de la implementación del sistema de mochila austriaca, por parte de Pablo Hernández de Cos. Según el Banco de España, la mochila austriaca beneficiaría al 70% de los trabajadores de España y ayudaría a paliar en gran manera uno de los mayores problemas de la economía española: la dualidad en el mercado laboral. Para comprender los beneficios de la mochila austriaca primero hemos de comprender su funcionamiento. Vamos a ello.

La mochila austriaca, o su implementación, se trata de intercambiar el actual sistema de indemnizaciones por despido por uno de cuenta de despido individual. El funcionamiento de dicho sistema se basa en que, desde el inicio de una relación contractual entre empresa y trabajador, el empresario destina mensualmente dinero a un fondo que en caso de despido o jubilación puede ser reclamado de manera íntegra por el trabajador, siendo este fondo portable entre empresas, en caso de que el trabajador decidiera cambiar de empleador. Asimismo, la introducción de dichos fondos iría acompañada de una reducción sustancial e incluso eliminación de las indemnizaciones por despido, ya que el trabajador las recibiría directamente de su fondo individual al ser despedido.

Al ser personal, dicho fondo no se vacía al cambiar el trabajador de empresa. Si un empleado decide cesar su relación laboral con una empresa y moverse a otra, el nuevo empleador será el encargado de aportar mensualmente al fondo sobre lo aportado por la anterior empresa. Por lo tanto, el sistema favorece la movilidad laboral y geográfica dentro del territorio nacional. Esto facilita que las empresas, en caso de tener que reducir sus plantillas no se vean siempre forzadas a prescindir de aquellos trabajadores que menos tiempo lleven en la compañía (a causa de un menor coste de indemnización) y podría por lo tanto ajustar sus plantillas en base a la productividad de cada trabajador.

Por otro lado, los trabajadores no perderían derechos, ya que acumularían su derecho de indemnización de la misma manera, solo que, en lugar de producirse en un solo pago, se produciría a través de la acumulación de aportaciones periódicas al fondo, el cual podría ser liquidado por el trabajador bajo el supuesto de despido o jubilación. Respecto a este último punto, cabe destacar el hecho de que no sólo es que el sistema de mochila austriaca no reduzca ni los beneficios ni derechos de los trabajadores, sino que incluso añade algunos adicionales. En caso de llegar a la jubilación sin haber liquidado la totalidad del fondo, el trabajador puede recibir el valor de dicho fondo íntegramente, como si de un fondo de pensiones se tratase.

El sistema recibe el nombre de “mochila austriaca” a raíz de su implementación en Austria en 2003, donde parece que ha funcionado de manera efectiva, en base a los dos objetivos principales por los que se decidió introducir este sistema: facilitar la movilidad laboral, especialmente de aquellos trabajadores de mayor edad, contribuyendo  así a una reasignación más eficiente del factor trabajo, aumentando la productividad laboral y, construir una muleta adicional para el sistema de pensiones.

Hofer et al. (2012) mostraron que el impacto sobre la movilidad laboral fue positivo, partiendo de niveles previos de movilidad laboral muy reducidos. Por otro lado, el rol del sistema de mochila austriaca como complemento adicional a las pensiones de jubilación habría sido algo más reducido, ya que para aquellos trabajadores que hubiesen liquidado el fondo a causa de despido en una o más ocasiones durante su vida laboral, la cantidad acumulada al llegar a la jubilación era menor (Koman et al. 2005). Aún así, dichos trabajadores seguían recibiendo íntegra su pensión estándar del sistema público, ya que la mochila austriaca no pretendía en ningún momento sustituir o modificar el sistema de pensiones, sino simplemente actuar como un complemento adicional. Algunos economistas como Kettemann et al. (2017) han extraído conclusiones más amplias sobre el sistema de mochila austriaca. Dichos investigadores afirman que la transición de un sistema de indemnizaciones por despido como el actual (presente en la gran mayoría de naciones del sur de Europa) a uno de mochila austriaca contribuiría a reducir la tasa de desempleo y la temporalidad del mercado laboral.

Un punto clave si realmente se pretende reducir la dualidad del mercado laboral con la introducción de un sistema de mochila austriaca sería el cierre de la brecha de costes de despido. Es decir, lo ideal sería que las aportaciones mensuales al fondo fuesen de la misma cuantía para trabajadores temporales e indefinidos. Aún así, en el proceso de transición, dichos aportaciones se podrían adaptar para cerrar la brecha de manera progresiva.

A pesar de todo, la implantación de un sistema “completo” de mochila austriaca resultaría muy complejo, al menos en la actualidad, por lo que seguramente habría que optar por un sistema parcial, en el cual el fondo y las indemnizaciones por despido supongan la mitad cada cual de lo recibido por el trabajador en caso de cese contractual. La cuantía seguiría siendo muy similar, pero con una distribución intertemporal de los costes diferente, lo cual permitiría a las empresas y trabajadores adaptarse paulatinamente al nuevo sistema.

Una de las mayores dificultades y trabas en la transición al sistema de mochila austriaca lo encontramos en el coste de dicho proceso de evolución del sistema actual a un sistema de cuenta de despido individual, independientemente de si este finalmente fuera completo o parcial. Para facilitar dicha transición, el Banco de España propone que el Estado aporte temporalmente a los fondos de los trabajadores españoles: 5 días por año trabajado en el primer año de transición, 4 días en el siguiente, 3 días en el tercero y 2 días en el último año que el Estado contribuiría a co-financiar el sistema de mochila austriaca, cubriendo la empresa el diferencial hasta alcanzar una cuantía similar a la del sistema actual pero pagada en forma de cotizaciones al fondo en lugar de un pago único por indemnización. El coste total de dicha co-financiación estatal de la transición del sistema actual al sistema de mochila austriaca ascendería hasta los 8.031 millones de euros, según los propios cálculos del Banco de España. El organismo propone asimismo financiar dicha cuantía con dinero procedente de los fondos europeos, lo cual es posible, ya que la CE autoriza a emplear dichos fondos para financiar reformas estructurales asociadas al mercado de trabajo, como sería la descrita.

Por lo tanto, la mochila austriaca contribuiría a incrementar la eficiencia y el dinamismo del mercado laboral español, a la par que promovería un posible aumento de la productividad laboral, a través de un incremento de la movilidad laboral y geográfica del factor trabajo. La mochila austriaca, además, no solo no mermaría los derechos a prestaciones e indemnizaciones de los trabajadores, sino que los aumentaría al ser este fondo acumulativo, portable y liquidable tanto en caso de despido como de jubilación.

REFERENCIAS:

Hofer, H., Schuh, U., & Walch, D. (2012). effects of the Austrian severance pay reform. Reforming Severance Pay, 177.

Kettemann, A., Kramarz, F., & Zweimüller, J. (2017). Job mobility and creative destruction: flexicurity in the land of Schumpeter.

Koman, R., Schuh, U., & Weber, A. (2005). The Austrian Severance Pay Reform: Toward a Funded Pension Pillar. Empirica32(3-4), 255-274.

Banco de España (2021). Informe anual 2020.