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Etiqueta: México

Teuchitlán: el Auschwitz mexicano

El hallazgo el pasado 5 de marzo del “campo de la muerte” en un predio llamado Rancho Izaguirre, localizado en el municipio de Teuchitlán, Jalisco, propiedad supuestamente del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), ha significado un duro cuestionamiento al aún reciente gobierno mexicano, que se erige como una nueva amenaza a su credibilidad y legitimidad, además de las que ya viene padeciendo: en primer término, la de un veleidoso Donald Trump, y en segundo, la dificilísima situación económica por la que atraviesa el país, con una recesión de larga duración que apenas va iniciando, según todos los datos disponibles.

El horror ya se conocía: diversas autoridades en México y EEUU habían venido advirtiendo durante buena parte del gobierno anterior de la existencia de “campos de entrenamiento del crimen organizado”. Adicionalmente, desde 2009 se ha documentado el hallazgo de 5.600 fosas clandestinas y campos de exterminio en todo el país, donde “La Gallera” en Tijuana (2012) ocupa un lugar destacado: un predio donde se localizaron dos fosas que se calculó contenían alrededor de 17,500 litros de al menos 300 cuerpos humanos disueltos en sosa cáustica, ultimados por el llamado Cartel de Tijuana. Pero Teuchitlán lo ha hecho dramáticamente de primera plana y ocho columnas.

Otro hito del horror fue en 2017, en el predio conocido como El Arbolillo, en Colinas de Santa Fe, al norte del puerto de Veracruz, donde se localizaron cientos de cráneos y cientos de kilos de restos humanos, pertenecientes en apariencia a jóvenes, de ambos sexos, entre los 14 y los 24 años de edad, con una antigüedad de unos dos años. Este descubrimiento fue similar al de Teuchitlán, es decir, por grupos de familiares, buscado a sus desaparecidos, frente a la inacción y la despreocupación oficiales. 

El propio campo de Teuchitlán ya había sido detectado y asegurado por autoridades mexicanas en septiembre de 2024. Hoy sabemos que se aseguró pero que las autoridades locales no realizaron el trabajo de peritaje e investigación (a decir de la Fiscalía federal mexicana) y que la propia Fiscalía federal prefirió tampoco investigar, como era su obligación por mandato de ley, y que se mantuvo despreocupadamente al margen (sólo hasta hace unos días tomó posesión del predio y se hizo cargo de las investigaciones), aunque en su conferencia de prensa, un decrépito y agobiado fiscal federal tomó el camino de la no autoinculpación y mejor lavarse las manos y descargar todos los errores en las autoridades locales. 

El impacto del hallazgo ha sido mayúsculo, similar a Ayotzinapa en 2014 y quizá hasta mayor, en su repercusión y tal vez en sus consecuencias políticas. A dos meses de lo ocurrido en Ayotzinapa, ya había “unos 60 millones de personas vinculadas con mensajes sobre Ayotzinapa” a través de redes sociales. Una rápida búsqueda en Google arroja hoy sobre Teuchitlán o Rancho Izaguirre entre 8 y 12 millones de resultados. El analista Javier Tejado, señala que del 6 al 14 de marzo, hubo 479 mil menciones digitales con un alcance potencial de casi 600 millones de personas. Por su parte el reconocido periodista Raymundo Riva Palacio cuantifica así su impacto: “De acuerdo con los expertos, la conversación digital entre el 6 y el 17 de marzo ha tenido un millón 100 mil menciones procedentes de más de 170 mil fuentes, con un alcance potencial de mil 280 millones de personas, alrededor de una octava parte de la población mundial”. De tal tamaño es el horror del Auschwitz mexicano. 

Teuchitlán es un antiguo asentamiento prehispánico, a unos pasos de una importante zona arqueológica, cuyo nombre proviene de la voz náhuatl Teotzitlán o Teutzitlán, que significa “lugar dedicado a la divinidad”, “lugar del dios Tenoch” o “lugar dedicado al dios reverenciado”. Hoy es una población de unos 10 mil habitantes, a 50 minutos del centro de Guadalajara, en el trayecto de Guadalajara a Puerto Vallarta, un muy importante centro turístico, y es parte de la tercera zona metropolitana del país, que está entre las 100 principales zonas metropolitanas en el mundo, con más de 5 millones de habitantes. A pesar de esto y del intenso movimiento que supondría reclutar, aglomerar, mantener, vigilar y tal vez ajusticiar a cientos de personas, nadie, prácticamente nadie se dio cuenta de nada o si alguien advirtió algo extraño, prefirió no notificarlo, tal vez por desconfianza de las autoridades mexicanas.

Como ejemplo de la desidia del gobierno mexicano, el hallazgo del lugar se dio gracias a una llamada anónima, supuestamente por parte de alguien que había logrado escapar del campo, a grupos de buscadores que buscan a algunos de los 120 mil desaparecidos en los últimos años; en filtraciones oficiosas en medios periodísticos se maneja la posibilidad de que tal llamada hubiera sido hecha por un cartel rival para exponer y delatar al CJNG. El colectivo de familiares buscadores localizaron y entraron al sitio, a pesar de ser un predio “asegurado” por las autoridades. Allí localizaron 1,300 objetos personales: playeras, pantalones, vestidos, ropa interior, cuadernos y cartas, además de restos humanos y tal vez restos calcinados y hornos muy rudimentarios; los familiares documentaron lo encontrado (lo que no había hecho la autoridad) y tomaron fotografías que dieron la vuelta al mundo. 

Es un tecnicismo entrar a la discusión que abrió la presidenta Claudia Shenbaum, sobre que es en realidad un “campo de entrenamiento” para sicarios reclutados por la fuerza por el crimen organizado, no un “campo de exterminio”, es decir, un espacio que el crimen organizado habría utilizado para asesinar y ocultar a decenas de víctimas; de éstos hay muchos otros documentados en el país, la mayoría descubiertos por los grupos de buscadores, no por el gobierno mexicano, a pesar de la enorme diferencia de recursos entre esos grupos y el gobierno. En realidad, la distinción de Sheinbaum parece más bien un intento oportunista de limar las duras aristas del acontecimiento, no una útil precisión o una real distinción “académica” si se quiere, además de que eso no modifica la enormidad del acontecimiento ni la complicidad de autoridades de todo nivel y pobladores vecinos para que algo así funcionara sin ser importunado. Adicionalmente, la presidenta entró a la discusión tratando de orientar las investigaciones y asentar una narrativa, cuando nada de eso le corresponde, ya que la autoridad responsable, la Fiscalía General, es constitucionalmente autónoma.

Lo importante sigue siendo, más allá de si fue un campo de entrenamiento o un campo de exterminio (lo que las investigaciones de las autoridades federales, ya bajo sospecha, quizá ayudarán a determinar), es que el problema de las desapariciones es un asunto que el gobierno mexicano ha dejado crecer exponencialmente sin justificaciones y de forma negligente y hasta criminal, y que la identificación de las víctimas y el castigo a los responsables, no es un asunto que realmente preocupe al gobierno de Sheinbaum, porque desde su perspectiva, avanzar en la investigación sólo acrecentará el problema y su notoriedad, dañando políticamente el “prestigio” y la “investidura” de la presidenta. Por eso una de las decisiones más condenables de su gobierno: un día después de su conferencia, el Fiscal general invitó a medios de comunicación y a grupos de buscadores a visitar el predio de Rancho Izaguirre, sólo para que éstos descubrieran que las evidencia que habían descubierto días antes, fueron decomisadas por la autoridad, el predio limpiado y enfrentaran una andanada del aparato oficialista para descalificarles e incluso llamarles mentirosos. 

En continuación a esto, sorprende que un régimen que ha abusado de los cambios constitucionales y legales para asentar y hacer inamovible su agenda partidista, incluyendo por ejemplo, inscribir constitucionalmente la prohibición del vapeo, ni siquiera haya tipificado como delito el reclutamiento forzado. Muestra del “Gran interés” que tiene en el tema de las desapariciones… 

Las más de 100 mil desaparecidos en México, un fenómeno sobre todo de los últimos siete años, cuestiona fuertemente la estrategia de seguridad de los dos últimos gobiernos mexicanos, cuya acción en la materia ha sido prácticamente nula. A la política de “abrazos no balazos” del ex presidente López Obrador con el crimen organizado, supuestamente para mantener bajo control la violencia en México y no se generalizara, siguió un “hacer y dejar pasar” sus crímenes y desapariciones (López Obrador incluso en algún momento jugó con la posibilidad de conceder una amnistía a narcotraficantes), tal vez con el propósito de no llamar demasiado la atención, y prevenir un escenario como el actual: de involucramiento y enorme presión por parte de EEUU.

¿Cuánto de esto fue por un deseo legítimo pero pésimamente concebido de traer la paz al país, o una transacción del gobierno con los criminales, a cambio de que éstos siguieran apoyando económica y logísticamente a López Obrador y a la izquierda mexicana? Yo no tengo duda de que algún día lo sabremos, gracias por desgracia y precisamente a la notoriedad de estos casos, que no amainarán sino que seguirán descubriéndose y creciendo.

Hasta ahora, sólo la presión del gobierno y los medios de EEUU ha funcionado para hacer consciente al gobierno de Sheinbaum de que es observado, juzgado y puede enfrentar alguna sanción (en forma de aranceles comerciales, al menos), porque realmente la opinión pública y la oposición mexicanas no le representan un incentivo para actuar o contener al crimen, pese a que un gobierno como el suyo que no garantiza la protección de la libertad de todos mediante la ley, pierde su razón de ser e incluso pierde su derecho a gobernar. Pero eso no le preocupa realmente: en México los criminales y sus aliados gobiernan gobiernan un territorio minado de fosas clandestinas y ocupan todos los espacios de poder sustantivo, sin riesgo por ahora ni en un futuro cercano de ver castigado electoralmente por su mal proceder. 

Sheinbaum, terrorista

Gracias a una indiscreción del presidente colombiano Gustavo Petro, durante su visita a Ciudad de México hace unos días, los mexicanos nos fuimos enterando de que Claudia Sheinbaum, la nueva presidenta de México, había sido integrante del grupo terrorista colombiano M-19, al igual que Gustavo Petro. Ufano, Petro señaló en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) entonces ante medios colombianos que lo entrevistaban: “ahora el M19 ha dado dos presidentes en América Latina”. Y abundó: varios de los integrantes del grupo se resguardaron en México, donde recibieron ayuda de algunos nacionales, “entre esos, Claudia”.

El llamado Movimiento 19 de Abril (M-19), fue un grupo guerrillero que se formó en 1970. Buscaba imponer en Colombia sus ideas por la vía armada, pero que se diferenció de otras guerrillas de la época en varios aspectos: no era un grupo marxista, sino de izquierda nacionalista, y fue básicamente un grupo de guerrilla urbana, que apoyaba su ideología en tres conceptos clave: nacionalismo, socialismo democrático y justicia social.

Durante sus inicios, el grupo se caracterizó por el robo, el secuestro y el asesinato. Daba entrenamiento militar a sus miembros, dedicados básicamente a las actividades armadas, el secuestro de políticos, periodistas, diplomáticos y empresarios, y al reparto de propaganda en las ciudades y universidades. Gustavo Petro se afilió a el eme en 1978. Los años 80s fueron los de mayor actividad delictiva del M19 con ataques armados, atentados y más asesinatos.

Primeros actos terroristas del M-19

En 1980 precisamente, realizaron una de sus primeras operaciones y de las más llamativas: el asalto a la Embajada de República Dominicana en Bogotá, el 27 de febrero de 1980, para exigir la liberación de 315 de sus militantes, presos en las cárceles colombianas y el pago de un rescate por $ 5 millones de dólares. En la Embajada secuestraron a 15 personas, durante casi dos meses: hasta que el 25 de abril de ese año, cuando secuestradores y secuestrados volaron rumbo a Cuba. Allí liberaron a los rehenes, y los guerrilleros permanecieron refugiados, disfrutando de los $ 3 millones de dólares que obtuvieron de rescate.

Pero su hecho más notorio fue la toma del Palacio de Justicia en Bogotá, el 6 de noviembre de 1985, en donde retuvo a 350 rehenes, operación que se saldó finalmente con más de 100 muertos y desaparecidos, entre ellos 11 magistrados de la Corte Suprema, y la quema de 6000 expedientes judiciales, durante el intento de rescate por parte de las Fuerzas Armadas colombianas. Según algunas fuentes, el M19 realizó la operación con la financiación del Cartel de Medellín, de Pablo Escobar (quien supuestamente pagó al grupo $ 2 millones de dólares), para eliminar documentos incriminatorios y detener la aprobación del tratado de extradición de narcotraficantes a los EE.UU. Ese tratado se estaba discutiendo en la Corte Suprema de Justicia

“Colaboradora y militante del M19 en México”

En 1990, el gobierno colombiano y el M19 firmaron un acuerdo de paz, el primero entre un Estado y una guerrilla en América Latina. Los 10 puntos del acuerdo consideraron, entre otras cosas, su desmovilización, la renuncia a las armas y su incorporación a la vida política del país bajo el nombre Alianza Democrática M-19 (AD M19), que participó exitosamente en las elecciones para la llamada Asamblea Nacional Constituyente de 1991. Gustavo Petro fue uno de sus cofundadores. Y resultó elegido miembro de Cámara de Representantes en 1991. Hoy el eme está oficialmente desaparecido.

Para las fechas de su actividad guerrillera, Claudia Sheinbaum recién terminaba su licenciatura en Física en la UNAM, tras una etapa de activista estudiantil (1986-1990) en el llamado Consejo Estudiantil Universitario. Era un movimiento político instrumentalizado para apoyar la candidatura presidencial del candidato de izquierda Cuauhtémoc Cárdenas en 1988. Y estudiaba la maestría en ingeniería energética en la propia UNAM. Época precisamente que coincide con lo señalado por Petro: “en su juventud primera”, Sheinbaum “fue colaboradora y militante del M19 en México”, país que dio cobijo a muchos guerrilleros perseguidos.

Hasta aquí lo conocido y solo Petro y Sheinbaum saben con precisión en qué se involucraron. Extrañamente, ningún periodista mexicano ha cuestionado a la nueva presidenta mexicana por este incidente, en sus conocidas conferencias matutinas de prensa, pero los mexicanos ya sabemos que lo que le preguntan está acordado previamente y “sembrado” entre dichos periodistas, cómodos para el gobierno. 

Sheinbaum no lo ha desmentido

Aunque la declaración de Petro fue desmentida por un ex mando del M19, nos habla de un pasado y una tradición común que comparten ambos mandatarios. Y nos permite atisbar que, al parecer, Claudia Sheinbaum en ningún momento sintió repulsión por apoyar a ladrones, asesinos y secuestradores, al grado de que hoy no ha desmentido, siquiera por una pretendida exactitud histórica, a su homólogo colombiano.

¿Cuál es ese pasado y tradición comunes ente Petro y Sheinbaum? Para decirlo llanamente: el del perfecto idiota latinoamericano, retratado por Carlos Alberto Montaner, Álvaro Vargas Llosa y Plinio Apuleyo. El de los políticos demagogos que abrevan de las ideas nacionalistas, populistas y violentas que dieron sustancia a Fidel Castro, Hugo Chávez y a otros políticos populistas y autoritarios, que han arrastrado al subcontinente hacia el fracaso y la polarización insalvable, por sus ideas en la revolución, la lucha armada, el estatismo y el espejismo de la “justicia social”. Y que han infantilizado a sus sociedades hasta hacerlas incapaces de corregir y aprender de sus errores.

Esto nos habla de lo equivocados que están sus voceros y normalizadores, que hoy le dicen a los mexicanos: “tranquilos, ella se va a moderar respecto a López Obrador: es científica y mujer, denle el beneficio de la duda”. A una semana de haber tomado el poder, Claudia Sheinbaum es solo la copia de López Obrador con voz y ropajes femeninos, pero sin ninguna diferencia realmente sustancial. Y es que después de conocer este episodio de hace 30 años, es muy difícil suponer que tendrá una mentalidad abierta, dialogante, respetuosa del Estado de derecho y la democracia. Todos sabemos que es imposible enseñar nuevos trucos a un perro viejo o bien que “gallina que come huevo, aunque le quemen el pico”.

Continuismo en el gobierno mexicano

Los populistas y autoritarios no cambian ni con la edad ni con los cargos: siguen siendo los intransigentes y violentos de siempre, caracterizados por el dogmatismo ideológico, la ceguera política y la vieja retórica. Son incapaces de comprender que la verdadera oportunidad de progreso para nuestros países no está en sus equivocados delirios juveniles, sino en la alianza de dos libertades, la política y la económica, procesadas con democracia, mercado y Estado de derecho.

Así que los mexicanos hacemos mal, esperando una corrección de lo mal hecho por el gobierno anterior. Veremos con Sheinbaum, por el contrario, su profundización; su misma desmesura y payasadas. Su delirio mesiánico y anacronismo. Y su alianza con el crimen organizado, así como la misma estrategia totalitaria y de indecencia amoral. 

Origen por desgracia es siempre destino entre populistas y totalitarios, para profunda desgracia de sus pueblos, como nos enseñan hoy Gustavo Petro y Claudia Sheinbaum.

Ver también

Por qué México va por el camino de servidumbre. (Sergio Martínez).