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Etiqueta: Murray Rothbard

Viviendo en Ancapia

Este pequeño ensayo, trata de aclarar de forma resumida como una sociedad anarcocapitalista ofrecería los servicios que actualmente monopoliza el Estado.

Primero, se va a tratar de hacer una revisión rápida sobre qué es el anarcocapitalismo. El anarcocapitalismo es un sistema de organización social que se basa en la propiedad privada y el principio de no agresión. Dicha utopía no trata de evitar los problemas como el robo o la violencia, que por desgracia son algo intrínseco al ser humano, sino que busca formas de lidiar con ello en ausencia del Estado.

Como su propio nombre indica, anarcocapitalismo, es la ausencia de un Estado como ente regulador de la vida en sociedad. Al basarse en la propiedad privada, cada individuo es libre de hacer lo que quiera con su vida y con su cuerpo, siempre que dichas acciones que el individuo quiera realizar no atenten contra la propiedad privada de otros individuos.

Parece apropiado en este momento, decir que dentro de la propiedad privada se encuentra la propiedad del cuerpo de cada uno. Por lo que agredir a una persona físicamente significa agredir su propiedad, o, forzarla mediante la fuerza y la coacción a hacer algo que no desea también atenta contra su propiedad privada. Sin embargo, surge la pregunta de ¿Quién prestaría los servicios que actualmente presta el Estado?

El Estado no puede controlar la vida de las personas

Primero se realizará un inciso para explicar por qué el Estado no puede controlar la vida de las personas que viven en un territorio.

El principal argumento contra esto, lo da el premio Nobel de economía F.A. Hayek, con lo que se conoce como el problema de la información. Hayek, sostenía que ningún individuo o grupo de individuos posee toda la información económica necesaria para planificar centralmente un sistema económico (o potencialmente cualquier sistema social). Asumir esta pretensión de conocimientos, cometer la fatal arrogancia del constructivismo racionalista. Para funcionar de forma eficiente, los sistemas requieren de descentralización, en términos económicos, esto significa que los individuos tomen decisiones por si mimos y por su propio interés, intercambiando entre si productos y servicios para obtener un beneficio mutuo, en palabras de Adam Smith:

No es de la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero de quien esperamos nuestra cena, sino porque atienden a su propio interés. Nos dirigimos, no a su humanidad, sino al amor de sí mismos, y nunca les hablamos de nuestra necesidad, sino de sus ganancias.

Y dicho intercambio da lugar a los precios de mercado, que son una de las cosas que permiten el cálculo económico.

¿Servicios propios o exclusivos del Estado?

Bien, dichos servicios serían prestados por empresas privadas o particulares. Y se contratarían mediante la firma de contratos, contratos que se tendrían que firmar de manera voluntaria en ausencia de fuerza y coacción. Pues como se ha indicado previamente, el uso de la fuerza y la coacción van en contra de la propiedad privada y el principio de no agresión.

Ahora, se procederá a mostrar algunos ejemplos de cómo el libre mercado, mediante empresarios que utilizan su función empresarial creativa, podrían sustituir al Estado en la prestación de los servicios públicos.

Los servicios por los que se piensa que el Estado es imprescindible, y que no puede ser sustituido por el mercado son los siguientes: Seguridad, defensa del país, sanidad, justicia e infraestructuras.

Seguridad…

Vamos con el servicio de seguridad, con seguridad, se hace referencia a la policía. Actualmente, este servicio lo proporciona el Estado, y lo proporciona mediante las rentas que obtiene de los impuestos. Sin embargo, la seguridad que proporciona el Estado es arbitraria y deficiente. Para demostrar esto, véase el ejemplo que da Rothbard [Extraído de los capítulos 11 y 12 de For A New Liberty]:

Parte de la respuesta se hace evidente si consideramos un mundo en el que la propiedad de la tierra y de las calles es totalmente privada. Pensemos en la zona de Times Square, en Nueva York, una zona con mucha delincuencia en la que la protección policial de las autoridades municipales es escasa. Todo neoyorquino sabe que vive y camina por las calles, y no solo por Times Square, casi en un estado de «anarquía», dependiendo de la normalidad pacífica y la buena voluntad de sus conciudadanos. La protección policial en Nueva York es mínima, un hecho dramáticamente revelado en una reciente huelga policial de una semana cuando, ¡he aquí!, la delincuencia no aumentó en absoluto con respecto a su estado normal cuando la policía está supuestamente alerta y trabajando.

… privada

Ahora veamos que solución privada nos plantea Rothbard [Extraído de los capítulos 11 y 12 de For A New Liberty]:

Los comerciantes sabrían muy bien, por supuesto, que, si la delincuencia fuera galopante en su zona, si abundaran los atracos y los asaltos, entonces sus clientes se desvanecerían y frecuentarían zonas y barrios de la competencia. Por lo tanto, a la asociación de comerciantes le interesaría económicamente ofrecer una protección policial eficaz y abundante, para que los clientes se sientan atraídos por su barrio, en lugar de ser repelidos. Los negocios privados, después de todo, siempre intentan atraer y mantener a sus clientes.

Como vemos, el propio interés de los comerciantes o de las personas que viven en una zona es que dicha zona sea segura, para así poder desarrollar su vida con normalidad. Obviamente, surge la pregunta de quién proporcionaría este servicio. La respuesta a la pregunta es simple, una empresa de seguridad privada contratada por la asociación de vendedores, en el ejemplo de Rothbard, o los habitantes de una zona en concreto.

Con esto podemos concluir el apartado dedicado al servicio de seguridad.

Defensa nacional

El siguiente servicio que monopoliza el Estado y suele pensarse que no se podría suministrar de forma privada es la defensa del país. Actualmente la defensa del país está en manos del Estado. Estos servicios los proporciona, al igual que todos, gracias a las rentas que extrae a los ciudadanos mediante los impuestos. El tema de la defensa nacional es algo que se nos plantea desde el Estado como algo fundamental. Pero como todos los servicios que proporciona el Estado puede ser sustituido y suministrado por el mercado. Además, como dice el profesor Bastos, la defensa es un bien subjetivo. Es decir, para algunos puede haber mucha provisión de defensa y para otras personas hay muy poca. Por lo que en cuanto a la cantidad no es un bien público.

Por otra parte, no es un bien público en el sentido de que no todos los ciudadanos están igual de defendidos. Esto se debe a que la defensa es un bien geográfico. Por ejemplo, una persona que viva en primera línea del frente está peor defendida que una que viva más alejada del frente. Cuando se habla de frente, se habla de las zonas fronterizas del país.

De qué vale que el Estado provea defensa si hay sujetos que no están satisfechos con la cantidad de defensa que reciben. El mercado podría suministrar este servicio mediante mercenarios, que si hay conflicto bélico con un país que no es anarcocapitalista podría servir para la defensa del territorio anarcocapitalista.

Invadir un territorio anarquista

Sin embargo, conquistar militarmente un territorio anarquista es imposible, véase el ejemplo de Polonia en el siglo XVII (Tibor Machan, “anarchism minarchism”), cuando se encontraba en anarquía. Los suecos invadieron Polonia, cuando había aquella especie de anarquía, y no tuvieron nada que conquistar, simplemente vagaban por el país, nadie se les enfrentaba.

Un ejército entero no puede ocupar un país, lo que puede hacer es derrotar una cabeza. Por ejemplo, los nazis conquistaron Francia, conquistaron la cabeza y ellos se pusieron a la cabeza y ya dominan el país. Porque los Estados tienen una estructura muy jerárquica, por lo que basta con poner la cabeza, conservar a los funcionarios. Porque los funcionarios rápidamente cambian de bando. Solo depuran la cabeza y, policía, jueces, etc. Se mantienen los mismos.

Pero qué pasó en Polonia, que no pudieron conquistarla, daban vueltas por el país porque no había nada que conquistar. Y los civiles armados en guerrillas los iba hostigando.

Cuando se trata de conquistar un territorio anarquista por parte de un Estado, éste tiene que ir uno por uno, por lo que la conquista es larga y muy agonizante, en cambio cuando un Estado conquista a otro solo tiene que quitarle la cabeza y sustituirla por una nueva, la del invasor.

Como se ha mostrado, la defensa nacional de un territorio anarquista puede ser hecha por entidades privadas, ya sea mediante el contrato de mercenarios o por medio de la organización de guerrillas. Además, se ha dejado claro, que no se puede conquistar un territorio anarquista de otra manera que no sea yendo uno por uno, pues no hay nada que conquistar, no hay ningún poder que se robar u obtener.

Sanidad

El servicio de sanidad, generalmente se encuentra monopolizado por el Estado hoy en día. Y en los casos en los que no lo está, está muy regulado y controlado por el Estado. Al igual que todos los demás servicios esté es financiado mediante impuestos. Como todos los servicios públicos, se prestan de forma desigual y arbitraria, normalmente coincidiendo con los intereses de políticos o de lobbies que ejercen presión sobre los políticos para obtener ciertos privilegios, esto es lo que se conoce como captura de rentas.

Estos servicios podrían ser prestado por entidades privadas perfectamente, es más, sería prestado de una forma más eficiente y se adaptaría a las demandas subjetivas de los individuos. En un mundo sin Estado, este servicio se obtendría mediante la contratación de seguros de salud privados, en los cuales, el individuo contratante elegiría la póliza que más se adapte a sus necesidades y valoraciones subjetiva.

¿Y quienes no pueden pagarlo?

Pero ahora es cuando surge la pregunta; ¿Y qué pasa con las personas que no pueden permitírselo?

Pues en el caso de estas personas, podrían recurrir a sociedades de ayuda mutua. Dichas sociedades obtienen financiación de sus miembros y de donantes privados. Su función es la de ayudar económicamente a todos sus miembros en caso de necesidad. Un ejemplo sería el de dar subsidios por desempleo durante un tiempo limitado hasta que el beneficiario del subsidio encontrase trabajo, otro ejemplo podría ser el de pagar una cirugía necesaria a uno de sus miembros.

Se ha dicho que esto sería más eficiente que el servicio prestado por el Estado. Esto se debe a que al ser empresas privadas buscan su propio beneficio y para obtener dicho beneficio lo que tienen que hacer es ofrecer a los clientes un buen servicio. Además, debido a la competencia que se da en el libre mercado, los precios de los seguros y de los servicios sanitarios tenderían a bajar.

Justicia

La provisión del servicio de justica es otro de los tantos monopolios que capará el Estado. Y lo hace con la excusa de que es una justicia equitativa, pero la verdad es que hay personas que obtienen tratos de favor en los juicios, por ejemplo, los políticos y grandes empresarios. En muchos países, los políticos no son juzgados por tribunales civiles, sino que son juzgados por tribunales especiales. Lo cual ya rompe la equidad que se hablaba anteriormente. La justicia en un territorio sin Estado se aplicaría de forma privada, como ya se hizo en el mal denominado salvaje oeste. Allí se establecieron policía y jueces privados. (Para más información sobre el Oeste, véase el libro “El no tan salvaje oeste” de Anderson & Hill”).

La policía privada defiende unas leyes, detienen al delincuente y le aplican el castigo o sanción pertinente. Normalmente los castigos que se ponían era la expulsión del criminal del sitio y no permitirle la entrada en ese lugar. Actualmente, nuestra sociedad se basa en dos tipos de pena, la prisión o la multa. Pero el abanico de penas de estas sociedades es mucho más amplio.

El control por parte de la sociedad

Por ejemplo, la idea de la vergüenza, todos los escritos que hay sobre el orden en sociedades tipo favela, donde las leyes del Estado no rigen, aunque se esté dentro de un Estado. Para los delincuentes emplean la vergüenza. Por ejemplo, se empluma al delincuente y se le pasea en burro por la calle, con el objetivo de que éste sea avergonzado.

La figura del juez privado existió en muchas sociedades, en el islam, por ejemplo, tenían la figura del cadí. El cadí no es un juez que tenga el monopolio territorial como ocurre hoy en día. En estas sociedades había hombres santos, basados en leyes, que, en el caso de un conflicto entre dos partes, las partes escogían al cadí. Es decir, las dos partes escogerían de común acuerdo al juez que tenga mejor reputación. Por lo que hay un incentivo al juez a ser santo o a no ser corrupto.

Obviamente el juez puede ser corrupto, pero si el juez es corrupto, pierde fama, pierde el negocio ya que no lo quieren contratar después. Básicamente, en una sociedad sin Estado el papel de un juez sería el de arbitro, y dictaría la sentencia de acuerdo con la ley. Y la sentencia es acatada por la comunidad bajo pena de exclusión del que no cumpla con esa norma.

Infraestructuras

El primer punto que hay que platear es que la planificación central del transporte, al igual que todo tipo de planificación central, se encuentra con el problema de la información descrito al principio.

Las personas directamente responsables y afectadas por los proyectos deberían ser quienes los planificarán, no una entidad burocrática vertical y distante. Los costes de adquirir toda la información local necesaria para calcular una empresa tan complicada son insuperables. Tampoco debería permitirse que quienes invierten en el desarrollo de infraestructuras obliguen a todos los habitantes de una zona geográfica arbitraria (como Estados Unidos) a subvencionar su construcción y mantenimiento. ¿Por qué tienes que pagar por una carretera que nunca verás en San Agustín, Florida? ¿Un puerto en Galveston, Texas? Las personas que desean tal desarrollo deberían asumir el coste total de sus acciones y permitir a los consumidores apoyar o no sus planes en el punto de consumo (es decir, votar con el propio dinero).

Un ejemplo de construcción y financiación de las infraestructuras como las carreteras con inversión privada son las corporaciones de peajes que hubo en Estados Unidos. Los inversores siempre estaban dispuestos a invertir en ellas, aunque no recibiesen beneficios directos, pues recibían gran cantidad de beneficios indirectos como el aumento del valor de su propiedad.

John Majewski

Véase el siguiente ejemplo del historiador John Majewski:

Los accionistas esperaban obtener recompensas por su inversión no tanto a través de los rendimientos directos (como los dividendos y la revalorización de las acciones), sino de los beneficios indirectos (el aumento del comercio y el mayor valor de la tierra)”. Lo que es crucial señalar aquí es que la teoría moderna de los bienes públicos sugiere que sólo el Estado, en su obligación de proporcionar el “bien público” (la piedra angular de la teoría de la primera república de la que se deriva la teoría económica moderna), tiene algún motivo para construir cualquier cosa que proporcione sólo “beneficios indirectos” a una comunidad. El grueso de los economistas ignora abrumadoramente los hechos de la historia, que sugieren lo contrario.

La teoría misesiana de la razón

Sin embargo, el interés propio no era el único motivador detrás de la inversión privada en corporaciones de peajes no rentables. La gente también estaba incentivada por un interés en su comunidad. Es lo que Alexis de Tocqueville denominó “interés propio correctamente entendido”. La racionalidad económica perfecta puede exigir a los inversores que eviten suscribir corporaciones no rentables (como hicieron cada vez más los gobiernos estatales y locales, independientemente del “bien público” que proporcionaban las carreteras). Pero la visión de Mises de la racionalidad explica lo que la racionalidad neoclásica no puede. Para Mises, la “racionalidad” se refería al uso de la razón —o “raciocinio”— para decidir los medios más adecuados para un fin deseado, y el “fin deseado” no tiene por qué ser el beneficio económico.

Si el propósito de la teoría es explicar los fenómenos observables, la teoría misesiana de la racionalidad parece muy superior a la que se enseña en los cursos estándar de economía. A la pregunta de “¿Por qué la gente invirtió en empresas de peajes no rentables?” podemos deducir la respuesta que daría Mises: valoraban más los beneficios personales y comunales que proporcionaban las carreteras que los dividendos de una empresa rentable.

Conclusión

En resumen, el anarcocapitalismo propone una sociedad sin un Estado centralizado, donde la propiedad privada y el principio de no agresión son fundamentales. En esta sociedad, los servicios actualmente provistos por el Estado, como seguridad, defensa nacional, sanidad, justicia e infraestructuras, serían proporcionados por entidades privadas de manera voluntaria y competitiva en el libre mercado.

La seguridad se gestionaría mediante empresas privadas contratadas por asociaciones de individuos o comunidades. La defensa nacional podría realizarse a través de mercenarios o la organización de guerrillas, siendo más difícil conquistar un territorio anarquista. La sanidad se basaría en seguros de salud privados y sociedades de ayuda mutua para aquellos que no puedan pagarlos. La justicia sería administrada por jueces privados y las infraestructuras serían planificadas y financiadas por quienes se benefician de ellas, evitando la imposición de costos a quienes no las utilizan. En una sociedad anarcocapitalista, se buscaría la eficiencia y la adaptación a las necesidades individuales a través de la libre competencia y la cooperación voluntaria, sin la intervención coercitiva del Estado.

Ver también

Anarcocapitalismo y anarcocomunismo, las diferencias fundamentales. (Juan Navarrete).

Anarcocapitalismo, minarquismo y evolucionismo. (Francisco Capella).

Más problemas del anarcocapitalismo. (Francisco Capella).

El anarcocapitalismo de Miguel Anxo Bastos. (José Augusto Domínguez).

El anarcocapitalismo pragmático: por qué Rallo y Capella tampoco tienen razón. (Eladio García).

Discurso de Javier Milei en la CPAC 2024: el fracaso del modelo neoclásico

Hola a todos. Yo soy el león. Yo también los amo. Viva la libertad, carajo. Parece que lo que decían como fenómeno barrial, se agrandó un poco el barrio. En primer lugar, muchas gracias por esta invitación, En cuanto a la conferencia, del día de hoy, dado el impacto de la Conferencia en Davos, en que señalé que Occidente está en peligro, dado el avance de las ideas estatistas, hoy haré foco en los fundamentos técnicos que sostenían dichas apreciaciones políticas, en aquella conferencia. Así, haré foco sobre cómo el modelo neoclásico y su visión de los fallos del mercado son funcionales al avance del socialismo y cómo eso destruye al crecimiento económico poniendo un freno a las mejoras contra el bienestar y la lucha contra la pobreza.

En cuanto a la génesis de este problema, el problema es un problema metodológico entre modelos vs. realidad. Dado que la realidad es siempre muy compleja de analizar se analiza con modelos, pero – en términos generales – cuando el modelo no mapea con la realidad un corrige el modelo, descarta el modelo y el problema con el mundo neoclásico es que frente a este problema, que el modelo no mapea con la realidad se enojan con la realidad, llamándola fallo de mercado.

El óptimo de Pareto

El origen de este problema tiene que ver cuando se pone a estudiar las cualidad normativas del equilibrio competitivo. Es decir que, mientras que el análisis se centraba en la existencia, en la unicidad y en la estabilidad, eso no constituía un problema grave, desde el punto de vista político. Y en rigor, el problema aparece cuando ingresa el análisis normativo de la mano del análisis de Pareto. Básicamente la idea del óptimo de Pareto es que yo no puedo mejorar a alguien sin empeorar a otro. Concretamente, si estoy en una situación, donde puedo mejorar a alguien y hago una mejora para alguien, sin empeorar a otro, eso se llama mejora Paretiana. Y obviamente, cuando esas oportunidades se agotan significa que estamos en el óptimo de Pareto.

Y es ahí, donde aparecen las definiciones de fallos de mercados, que tienen distintos nombres; uno es las no convexidades, es decir la existencia de rendimientos crecientes, o para decirlo más popularmente, estructuras de mercados concentrados y monopolios. Otros casos son las externalidades: los bienes públicos en formación asimétrica y el “Dilema de los Prisioneros”. Y en realidad, todas estas definiciones tan elegantes son todos elementos que habilitan la intervención del Estado y con eso el avance de los estatistas y los socialistas.

El mercado como proceso de cooperación social

Pero para que no quede tan en abstracto voy a hacer un ejemplo aplicado: supongamos que estamos en el momento en que nos alumbrábamos con velas y todavía no había llegado Ericsson; obviamente en el momento en que aparece Ericsson con la lamparita, todos los fabricantes de velas van a la quiebra. Naturalmente si le hubiéramos prestado atención a los intervencionistas, hoy, en lugar de tener esta hermosa conferencia, con todas estas luces, seguiríamos con velas; así es como los socialistas arruinan nuestras vidas. Por suerte descartemos el óptimo de Pareto y avancemos con el progreso tecnológico. (APLAUSOS).

Entonces lo primero que tenemos que entender es qué es el mercado, tener una buena definición de lo qué es el mercado. En este sentido, el mercado es un proceso de cooperación social, donde se intercambian derechos de propiedad, voluntariamente. De hecho – dado que los intercambios son voluntarios – no es posible hablar de fallos de mercado porque nadie estaría haciendo acciones auto flagelantes. Por lo tanto, cuando definimos bien mercado todas las definiciones de intervención se derrumban.

Las instituciones del mercado

Por otra parte, también es muy importante tener bien claro cuáles son las instituciones sobre las que se construye la idea del mercado. Dos instituciones muy importantes son la propiedad privada y los mercados libres de intervención estatal, porque – básicamente – si voy a estar intercambiando derechos de propiedad quiere decir que la propiedad privada es importante. Y si los intercambios no son voluntarios, no hay lugar para la presencia intromisiva y violenta del Estado. (APLAUSOS)

En este sentido, cuando se hace un intercambio y alguien entrega un bien, a cambio de dinero, eso fija un registro histórico, llamado precio. Y ese registro histórico, denominado precio es un mecanismo de transmisión de información, que además se transforma en un mecanismo de coordinación porque hace que – algunas personas –sean oferentes y otros sean demandantes.

Y como no necesariamente la cantidad demanda coincide con la ofrecida, cuando la demanda es mayor que la oferta, los precios suben y en su caso contrario bajan. Es decir, hay un proceso de ajuste. En definitiva, la propiedad privada y los mercados libres determinan el funcionamiento del sistema de precios y eso es lo que permite hacer cálculo económico. Y esto muestra por qué el socialismo en ninguna de sus vertientes puede funcionar, en el caso más extremo porque no hay propiedad privada, por lo tanto no se pueden hacer los intercambios que requiere el mercado. Y en segundo lugar, las versiones más light que permiten la existencia del sector privado, la intromisión del Estado mete ruido en el sistema de precios, y cuanto más Estado hay, más violencia hay, más distorsión hay y peor funciona el sistema.

La libre competencia

Otra de las instituciones importantes para los mercados es lo que se llama la libre competencia, pero no en el sentido neoclásico de la competencia perfecta, sino en términos de entrada y salida. Y por otra parte hay dos instituciones que son muy importantes que son la división del trabajo y la cooperación social. La división del trabajo quién mejor la explicó fue Adam Smith: una persona sola podía producir solamente 20 alfileres, pero si se partía en quince la tarea, cada uno podía producir 5 mil alfileres, estamos hablando de 75 mil alfileres, pero cuál es el problema si no hay demanda para 75 mil alfileres, no va a haber tanta división del trabajo.

Y esto combinado con la idea de combinación social, termina siendo absolutamente destructivo para las ideas socialistas. Una es: Yo podría estar odiando a él, pero necesito que el compre mi producto, por lo tanto, inexorablemente lo tengo que dar bien. Por eso, como decía Bastiat, “Donde entra el comercio, no entran las balas”. Y promover el libre comercio es promover la paz.

Y al mismo tiempo, del mercado como proceso de cooperación social es una tremenda bomba en contra del socialismo, porque si los intercambios son libres, eso significa que las dos partes que intervienen en el intercambio, ganan los dos. Por lo tanto, no hay lugar para la teoría de la explotación, no hay lugar para la plusvalía, no hay lugar para el marxismo y el socialismo.

El empresario como benefactor social

A su vez, es importante señalar, en la lógica del mercado, que un empresario exitoso es un benefactor social. Porque en el capitalismo de libre empresa solamente es posible ser exitoso sirviendo al prójimo con bienes de mejor calidad o de mejor precio. Y si ese empresario no lo está haciendo bien, podrá aparecer otro que pueda brindar el mismo bien a un mejor precio, o el mismo precio, mejor calidad, y eso va a llevar a la quiebra a los ineficientes y va a potenciar el bienestar; Y por ende, los empresarios, son benefactores sociales porque nos brindan bienes de mejor calidad, a un mejor precio, mientras que van creando puestos de trabajo y progreso en toda la sociedad. Por lo tanto, abracemos a los empresarios que son la base de la prosperidad.

Por lo tanto, dada esta introducción, vale la pena enfrentar, ahora, dónde está el dilema neoclásico. Esto dentro de la teoría del crecimiento económico y su evidencia empírica se llama: “El palo de hockey”. Si ustedes miran la historia, desde la era cristiana hacia adelante, el PBI per cápita entre el período en entre el año 0 y el 1800, prácticamente estuvo constante.

Murray N. Rothbard

Sin embargo, desde el año 1800 hasta aquí, se multiplicó por más de 15 veces, y en ese mismo período, la población en el año 1800 era de 800 millones de seres humanos, y hoy se ha multiplicado por 10. Es decir, que aumentó la productividad per cápita y, además, el PBI aumentó cerca de 150 veces, a punto tal que estamos en el mejor momento de la historia de la humanidad. Todo esto, a pesar de la existencia del Estado. Y en este mismo periodo de tan importante crecimiento económico, la pobreza extrema pasó del 95% de la población al 5%. Sin embargo, esta presencia de rendimientos crecientes significa que hay estructuras concentradas, es decir, que hay monopolios. Entonces, la pregunta es: si se generó tanto bienestar ¿Por qué la teoría neoclásica dice que los monopolios son malos, si nos trajo tanto bienestar y tanta caída en la pobreza?

Y en realidad, como diría Murray Newton Rothbard, el inventor del anarco capitalismo, el problema es que el análisis neoclásico está mal. Supongamos que tengo 10 empresas compitiendo por hacer teléfonos celulares, y una de ellas descubre una técnica para hacer un teléfono de mejor calidad a un mejor precio, naturalmente hay 9 empresas que van a quebrar. Sin embargo, ¿Alguno de ustedes se quejaría por tener mejores teléfonos a un mejor precio? Por lo tanto, fuera la teoría neoclásica.

Los errores del análisis neoclásico

Entonces, veamos dónde están esos errores de la teoría neoclásica. En la versión más simple es porque dicen que el precio del monopolio es mayor que el de la competencia y que la cantidad producida es menor que en competencia. Sin embargo, ese análisis es errado porque tiene varios problemas; en primer lugar porque es solamente un análisis de equilibrio parcial, solo considera el equilibrio en un solo mercado, y no considera el resto de la economía. Es decir, yo tengo el monopolio sobre Javier Milei y ustedes tienen el monopolio de ustedes mismos, sobre cada uno de ustedes, y eso no tiene nada de malo, afortunadamente somos todos distintos, gracias a Dios. Es más, festejamos nuestras diferencias porque no nos gusta la uniformidad gris del socialismo.

Pero no solo está mal por ser un análisis de equilibrio parcial que no considera el resto de los mercados, sino que, además, es tan burdo que no considera los efectos futuros, es decir, el impacto en el futuro de estas estructuras de mercado. De hecho, esto me hace recordar un hermoso libro de un economista y pensador americano, Henry Hazlitt, que se llama, La economía en una lección, que decía: “La diferencia entre un buen economista y el mal economista, es que el mal economista solamente mira el mercado en un período, mientras que el buen economista mira todos los mercados y no solo el presente, sino también el futuro”.

El equilibrio general

Por lo tanto, esto estaría mostrando que el análisis tradicional del monopolio y por el cual se los regulan, es parte de un mal análisis económico. Y si, además, tomamos el rol que toman las ganancias como elemento para generar crecimiento económico, además, meterse con los beneficios implica impactar negativamente sobre el crecimiento. Entonces, la pregunta es: ¿Cuál es la verdadera respuesta, o el verdadero fundamento de este análisis? Y en realidad la respuesta no está en el análisis económico, está en la estructura matemática que usa el equilibrio general. Básicamente, tiene que ver con el análisis del óptimo de Pareto y el problema de las no convexidades en el conjunto de producción.

El óptimo de Pareto, para que el equilibrio existente sea óptimo de Pareto, tanto los consumidores como los productores deberían estar maximizando. Y el problema es que cuando tenemos rendimientos crecientes tenemos funciones de producción convexas y el problema con esas funciones es que no se puede encontrar un máximo.

Modelo neoclásico: una visión mecanicista del hombre

Naturalmente, eso es un error matemático también porque si yo tengo rendimientos crecientes puedo encontrar un máximo si utilizo todas las dotaciones de la economía y entonces ahí aparecería otro problema que me quedaría una sola empresa; pero eso que parece algo empíricamente correcto también tiene otro error conceptual porque básicamente implica desconocer la naturaleza de la firma y entre otras cosas, deja de lado el hecho de que las firmas son manejadas por seres humanos y naturalmente cuando ustedes más quieran trabajar para producir más, el costo de oportunidad del tiempo libre crece fenomenalmente.

De qué le serviría un trabajo de que le ofrezcan 12 millones de dólares al año si ustedes tuvieran que trabajar los 7 días de la semana 24 horas. Se van a chocar contra su propia humanidad. Sin embargo, el análisis neoclásico trabaja a las firmas como si fueran máquinas y no como empresas que dependen, son de los seres humanos.

Finalmente, otras de las críticas que se le hacen a los monopolios es que generan menos cantidades producidas en la economía y eso también es falso porque ese dinero que ganan los monopolistas, evidentemente lo pueden volcar al consumo y generar producción y empleo en otros lugares de la economía.

Análisis neoclásico del monopolio

Ahora vamos a hacer un par de casos que irriten más a los keynesianos. ¿Qué sucede si esas grandes ganancias las ahorramos? Ese ahorro se transforma en inversión en otras empresas y eso genera crecimiento del producto y del empleo en otros sectores. No se pierde nada. O supongamos que este monopolista es tan ambicioso que quiere invertir todo en su propia empresa. Tal que todo su ahorro se transforma en inversión. Pero esa inversión significa más capital, más productividad, mayores salarios y al mismo tiempo más producción del bien, por lo tanto baja el precio, por lo tanto mayores salarios y menores precios, por lo tanto, todo ganancia de bienestar.

Es más, entonces como ya no le podemos encontrar más ataques al monopolista, ya que si consume genera bienestar, ya que si ahorra en el sistema financiero genera bienestar y si ahorra e invierte en sí mismo también genera bienestar. Ahora pensemos que pasa si el “maldito empresario” decide enterrar ese dinero. Así nadie puede acceder a ese dinero.

¿Qué es lo que va a ocurrir? Se va reducir la cantidad de dinero en la economía y van a bajar los precios beneficiando a toda la población. Y es más, este empresario tan malo a los que más va a beneficiar son a los que menos tienen porque son lo que se benefician de la deflación. Por lo tanto, todo lo que acabamos de ver es que todos los análisis que justifican la intervención lo único que hace es crear más Estado y mayor daño a la gente.

Intervención y destrucción

Por lo tanto, para cerrar esta presentación, voy a mostrar como la intervención socialista lo que hace es destruir la economía. Y básicamente este ataque que hacen los socialistas es básicamente desde dos puntos de vista. Por un lado está la regulación de los monopolios, que al regular los monopolios quiebra el efecto de los rendimientos crecientes y hacen que las economías se estanquen. Si se regulara bajo el ideal neoclásico la cuasi renta sería cero. Y por lo tanto estaríamos en un mundo de la competencia perfecta donde no hay incentivos a crecer.

En el fondo lo que hace es abortar el proceso de destrucción creativa a la Shumpeter. Porque estos procesos de destrucción creativa parten de la idea de resolver algunos problemas de la sociedad que les permite más dinero y eso es lo que genera el progreso tecnológico y el crecimiento. Por lo tanto, si regulo los beneficios, si regulo la ganancia, el problema que voy a tener es estancamiento. Al margen de que regular precios y cantidades implica destruir el derecho de propiedad.

La situación de Argentina

De hecho, les voy a contar un caso de un país que conozco, llamado Argentina. Un país que entró al siglo XX siendo uno de los países más ricos del mundo y que sin embargo hoy está 140 en el ranking mundial, con más de 50% de pobres y más de 10% de indigentes. Y cuando uno mira la cantidad de regulaciones, uno va a entender por qué.

Dentro de nuestros equipos de gobierno, hemos descubierto, por el momento, 380 mil regulaciones que traban el funcionamiento del sistema económico. Y de hecho, nuestras dos grandes pedidos de medidas, de reformas estructurales, el DNU y la Ley de Bases, propuestas que proponen darle más libertad a los argentinos, ir hacia estructuras de mercado más competitivas y sobre todas las cosas, eliminar la corrupción de la política, nos encontramos con grandes resistencias por parte de los beneficiarios de este sistema decadente, que empobrece a los argentinos de bien en favor de la casta corrupta.

Donde la casta corrupta se compone de políticos ladrones, que ponen sus privilegios por encima del bienestar de los argentinos, por empresarios prebendarios que hacen negocios con los políticos corruptos, por medios de comunicación corruptos que están muy enojados con nosotros porque les eliminamos la pauta oficial, también por los sindicalistas que se ocupan de sus negocios en contra de la gente, y además por aquellos profesionales que son funcionales a la religión del Estado que viven de defender a estos corruptos. Por lo tanto, tomarán conciencia de la gran pelea que estamos dando. Pero no nos vamos a rendir en volver a hacer Argentina grande nuevamente.

La justicia social es violenta e injusta

La otra gran amenaza por donde atacan los socialistas y el estatismo es básicamente la discusión entre eficiencia y distribución, donde ahí se señala al capitalismo como un sistema hiper individualista y se lo compara con el altruismo socialista con el dinero ajeno. Siempre con el dinero ajeno. Y esta aberración se lleva a cabo en nombre de la justicia social, donde Friedrich A. Hayek hablaba de las palabras comadreja. Donde cada vez que le ponían un adjetivo, significaba totalmente lo opuesto. De hecho como dice el gran Jesús Huerta de Soto, la justicia social es violenta e injusta, no es ni justa ni social ni nada, es una aberración.

En primer lugar, es injusta porque implica un trato desigual frente a la ley y la redistribución que implica la justica social es robarle a uno para darle a otro. Lo que hace que la justicia social además de ser violenta sea injusta. En el mismo sentido, esto se agrava con la idea de la democracia ilimitada. Es decir, la democracia originalmente fue diseñada para respetar el derecho de las más pequeñas de las minorías, el individuo. Pero cuando ingresan las ideas socialistas e ingresa la idea de la democracia ilimitada, ingresa el populismo. Pero para que no quede en algo tan abstracto les voy a dar un ejemplo. Supongamos que se juntan cuatro lobos y una gallina. Ahora vamos votar por qué se come hoy a la noche. Se acaban de comer la gallina.

Israel Kirzner

En el fondo eso también es lo que pasa en la economía. La gallina de los huevos de oro es el segmento que genera riqueza, pero por la forma de la distribución del ingreso, el 80% de la población tiene un ingreso menor que el ingreso promedio. Y ahí es cuando aparece el político populista que dice que hay que sacarles a los ricos para darle a los pobres. No solo Venezuela, Argentina y todo el populismo latinoamericano.

Y cuando eso ocurre, se destruye los beneficios y se destruye el crecimiento económico. Si lo quieren en términos prácticos, Argentina es un país que produce alimentos para más de 400 millones de seres humanos y la presión fiscal sobre el sector productor de alimentos es del 70%. Es decir que el Estado se queda con el alimento de 280 millones de seres humanos. A pesar de ello, hay 5 millones de argentinos que no les alcanza para comer gracias al maldito Estado.

Otra parte que también discuten los socialistas y que tiene que ver con la distribución del ingreso, dicen que el sistema es injusto, hay un hermoso libro de Israel Kirzner, que se llama creatividad, capitalismo y justicia distributiva. Y ese libro parte de la hipótesis que Kirzner dice, el sistema capitalista es más productivo pero que si fuera verdaderamente injusto, no habría motivos para defenderlo.

El mercado como un proceso de descubrimiento

En ese sentido, trabaja sobre dos ideas, trabaja con el principio de apropiación de Locke, el que se lo descubre se lo queda. Si ustedes descubren algo, son los dueños de esos. Y la otra idea es la de Hayek, que es la de mercado como proceso de descubrimiento, que implica que no hay una torta para repartir, sino que esa torta se va creando cuando se va produciendo. Por lo tanto, si esa torta se va descubriendo mientras que ustedes van avanzando en el proceso productivo, por lo tanto, lo lógico es que esa torta sea apropiada por aquel que la fue descubriendo. Por lo tanto, ahora el sistema no solo que es más productivo, sino que además es el único sistema que es justo.

Y la verdad es que digamos todo esto a los socialistas los tenemos más que en jaque mate, ya les diría que… por eso les voy a dar una más, les voy a dar bis. Naturalmente cuando uno regula los monopolios, regula las empresas, lo que eran los procesos competitivos y al mismo tiempo introduce en concepto de la justicia social, evidentemente eso conduce al estancamiento.

El aborto

Y ese estancamiento dado el crecimiento de la población lleva al empobrecimiento paulatino de ese país, ¿Y cómo corrigen esto? lo corrigen con la agenda asesina del aborto. Una agenda asesina que podemos encontrar sus orígenes ya con los egipcios intentando exterminar a los judíos o con el caso de Malthus con su tratado sobre la población y la ley de hierro y salarios que promovía en control de la natalidad; o más cercano -a fines de la década del 60- el Club de Roma, donde el Club de Roma decía que como mundo se movía con energía fósiles y como esas energías no son renovables, predecían que en el año 2000 se iban a agotar esos recursos.

Y sin embargo, esa situación lo que iba a generar es que no hubiera alimentos para todos y que nos íbamos a morir y que solamente quedaríamos mil millones de personas en el planeta tierra. Y en base a eso, hoy habiéndose desclasificado los archivos de Nixon y Kissinger sabemos que propusieron esa agenda asesina del aborto; donde, por ejemplo, (INAUDIBLE) tiene más locales que McDonald´s en todo el mundo.

Julian Simon

Pero afortunadamente se equivocaron de nuevo porque hoy en mundo viven 8 mil millones de seres humanos. Sin embargo, no cesan esa agenda asesina, de hecho, el postmarxismo frente a su derrota en lo económico traslado sus batallas de lucha de clases a otros aspectos de la vida, por ejemplo, el ecologismo; donde plantea la lucha del hombre con la naturaleza, donde culpan al ser humano del calentamiento global, cuando esto ya ha pasado cuatros veces en la historia del planeta tierra y no vivía el ser humano, y donde para corregir este problema a los neomarxistas no se le ocurre otra cosa que exterminar a los humanos, si verdaderamente tuviéramos un problemas de recursos deberíamos estar esperando colonizar otros planeta, no condenarnos a la muerte.

De hecho, todos esos análisis en contra del crecimiento de la población son falsos, entonces le quiero dejar el caso de un economista muy optimista que se llamaba Julian Simon, que señalaba que el crecimiento de la población traía más progreso tecnológico, entonces, por ejemplo, señalaba que había crecimiento tecnológico impulsado por la demanda, donde básicamente al haber más personas y haber problemas de escases y demás eso afectaba al sistema de precios y generaba nuevas reformas y nuevos progresos tecnológicos para resolver dichos problemas, y por otra parte señalaba el progreso tecnológico impulsado por el lado de la oferta, donde -por ejemplo- las chances de que tenga Mozart es mucho más grande si vive 1 millón de personas que si viven 10.

Un mensaje optimista

En definitiva, el mensaje es el siguiente: no dejen avanzar al socialismo, no avalen la regulación, no avalen la idea de los fallos del mercado, no permitan el avance de la agenda asesina y no se dejen llevar por los cantos de sirena de la justicia social; yo vengo de un país que compró todas esas ideas estúpidas y de ser un país de los más ricos del mundo está en el lugar 140. Por lo tanto, no entreguen su libertad, peleen por su libertad, porque si no pelean por la libertad los van a llevar a la miseria.

Pero quiero dejarles también un mensaje de optimismo, Argentina parecía un país de ovejas condenado a la pobreza que nos marcan los socialistas y recuerdo cuando inicié mi carrera política para ser diputado Nacional dije: que yo no venía a guiar corderos, venía a despertar leones. Y fue así que cada día despertamos más leones y el mensaje de la libertad, no solo nos llevó a la presidencia a la Presidencia de la Argentina, sino que además estamos despertando a todo el mundo. Por lo tanto, no cedan frente a la lucha por la libertad, ¡viva la libertad carajo! ¡viva la libertad carajo! Muchas gracias.

Discurso pronunciado por el presidente de Argentina, Javier Milei, el 24 de febrero de 2024 en la CPAC.

Ver también

Javier Milei: la persuasión y la negociación median con el éxito. (George Youkhadar).

Los cien días de Milei (Cristóbal Matarán).

Las corridas de toros y el futuro de Argentina. (Santiago Dussan).

Las ideas importan, y mucho. (Mateo Rosales).

La hora de la verdad de Javier Milei. (Mateo Rosales).

Victoria de Milei: lo que puede aprender España. (Benjamín Santamaría).

Maradona, el asado y la libertad. (Alfredo Reguera).

Javier Milei, un libertario camino de ser presidente de Argentina. (Santiago Dussan).

Javier Milei y la bandera de libertad. (Mateo Rosales).

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina? (Fernando Vicente).

Milei, la opción liberal. (Mateo Rosales).

Milei logra el primer superávit en una década, y los medios lo silencian

Por John Miltimore. Este artículo ha sido publicado originalmente en FEE.

Los argentinos fueron testigos de algo asombroso la semana pasada: el primer superávit presupuestario del gobierno en casi una docena de años. El Ministerio de Economía anunció las cifras el viernes, y el Gobierno obtuvo un superávit de 589 millones de dólares.

El superávit de Argentina se produce tras los ambiciosos recortes del gasto federal impulsados por el recién elegido Presidente Javier Milei, que incluían la reducción de la burocracia, la eliminación de las campañas publicitarias del Gobierno, la reducción de los subsidios al transporte, la pausa de todas las transferencias monetarias a los gobiernos locales y la devaluación del peso.

Camino al superávit

Dice Daniel Di Martino:

El ministro de Economía de Javier Milei acaba de anunciar un “paquete de emergencia” de medidas para equilibrar completamente el presupuesto en 2024 equivalente a más del 5% del PIB. Esto equivaldría a un paquete de austeridad de 1,4 billones de dólares en un solo año en la economía estadounidense.

Las medidas incluyen: Despedir a todos los empleados públicos que lleven menos de 1 año contratados. Supresión de toda la publicidad gubernamental y del gasto relacionado con proyectos. Se recortan un 34% los cargos públicos. No más transferencias a los gobiernos locales. Suspensión y cancelación de todas las infraestructuras públicas (sujetas a mucha corrupción en el pasado). Reducción de las subvenciones a la energía y el transporte. Devaluación del peso de 350 a 800 pesos por dólar. Eliminación de las cuotas y licencias de exportación e importación. Aumento temporal de los impuestos no agrarios a las exportaciones e importaciones al mismo nivel que los agrarios para uniformizarlos. Ampliación temporal de las ayudas directas a través del subsidio familiar y la tarjeta de débito de ayuda alimentaria

Discurso en Davos

Las políticas de Milei, que él mismo ha descrito como una especie de “terapia de choque”, llegan en un momento en que Argentina se enfrenta a una crisis económica histórica alimentada por décadas de gasto público, impresión de dinero y peronismo (una mezcla de nacionalsocialismo y fascismo).

Estas políticas han hecho que la tasa de inflación en Argentina, antaño uno de los países más prósperos de América Latina, supere el 200%. Hoy casi el 58% de la población argentina vive en la pobreza, según un estudio reciente.

Y Milei culpa con razón a las retrógradas políticas económicas argentinas de su difícil situación, políticas que, señala, se están extendiendo por todo el mundo. Dijo Milei en un reciente discurso en Davos:

Los principales líderes del mundo occidental han abandonado el modelo de libertad por diferentes versiones de lo que llamamos colectivismo. Estamos aquí para decirles que los experimentos colectivistas nunca son la solución a los problemas que afligen a los ciudadanos del mundo, más bien son la causa fundamental.

El silencio de los medios

La revelación de que Argentina ha hecho algo que el gobierno de Estados Unidos no ha hecho en más de dos décadas -obtener un superávit presupuestario- parece un acontecimiento de interés periodístico. Sin embargo, para mi sorpresa, no pude encontrar ni una palabra al respecto en los principales medios de comunicación estadounidenses, ni en el New York Times, ni en Associated Press, ni en el Washington Post, ni en Reuters. (El New York Sun parece ser la única excepción). Tuve que buscar la noticia en los medios de comunicación australianos. (Para ser justos, la Agence France Presse también se hizo eco de la noticia).

Se podría argumentar que estos medios no están muy interesados en la política y la economía de Argentina, pero eso no es exactamente cierto. Associated Press ha cubierto ampliamente la política argentina y Milei, incluyendo un artículo reciente que informaba de cómo las políticas del nuevo presidente estaban induciendo “ansiedad y resignación” en la población. Lo mismo puede decirse de Reuters y otros periódicos. Un cínico podría sospechar que estos medios simplemente no desean informar sobre buenas noticias de Argentina, ahora que Milei es presidente.

De hecho, a raíz de la noticia de que las reformas de Milei ya habían dado lugar a un superávit presupuestario, tanto Reuters como AP publicaron artículos destacando un nuevo estudio bajo el titular “La pobreza en Argentina alcanza su nivel más alto en 20 años”. Resulta difícil responder a la pregunta de por qué los medios de comunicación estadounidenses optan por ignorar los logros presupuestarios de Milei y destacar el aumento de la pobreza en Argentina, que lleva décadas gestándose.

Captura mediática

La decisión podría deberse al hecho de que estos medios han descrito a Milei como un “libertario de extrema derecha” y una figura “similar a Trump” (aunque Trump, a diferencia de Milei, no es un libertario ni un liberal clásico). Otra posibilidad es que estas instituciones mediáticas estén sufriendo algo conocido como “captura mediática”.

La captura de los medios de comunicación puede adoptar diversas formas y tiene numerosas definiciones, pero el Centro de Asistencia Internacional a los Medios de Comunicación (CIMA) la define como

Una forma de fracaso de la gobernanza que se produce cuando los medios de comunicación promueven los intereses comerciales o políticos de grupos de interés especiales estatales o no estatales que controlan la industria de los medios de comunicación, en lugar de exigir responsabilidades a esos grupos e informar en interés del público.

Los ejemplos más obvios de captura de los medios de comunicación serían los medios que se niegan a cubrir historias debido a amenazas explícitas de represalias por parte de actores poderosos. Tal vez un patrocinador diga que retirará la publicidad si se publica un reportaje sobre los efectos secundarios de su producto, o tal vez un poderoso director de Hollywood amenace con represalias si se informa de sus abusos sexuales. Tal vez una determinada familia real amenace con cortar el acceso a su red si publica una entrevista con una víctima del tráfico sexual que dice haber sido víctima de un miembro de esa familia real.

Murray N. Rothbard

Todos estos son escenarios muy reales de medios capturados, y tales situaciones pueden tener un profundo impacto en el periodismo independiente. “Los medios capturados pueden pasar de vigilantes a desdentados aparatos de relaciones públicas, ignorando las noticias del día”, señala CIMA. Por eso el gobierno se interesa tanto por los medios de comunicación. El economista Murray Rothbard escribió célebremente que, dado que “su dominio es explotador y parasitario”, el Estado tiene un gran incentivo para moldear la opinión y la ideología, que son la fuente del poder.

Pocas herramientas son más eficaces para moldear el pensamiento que los medios de comunicación, razón por la que los mayores tiranos del siglo XX hicieron todo lo posible por controlarlos.

Los sistemas constitucionales, por supuesto, requieren más sutileza. Por eso, como escribió Rothbard, el Estado compra “la alianza de un grupo de ‘Intelectuales de la Corte’, cuya tarea es embaucar al público para que acepte y celebre el gobierno de su Estado particular…”. El Estado dispone de varios métodos para “comprar” la lealtad de los medios de comunicación y otras personas que pueden moldear la opinión, y algunos de ellos son francamente chocantes.

Periodistas al servicio del poder

En 1977, el legendario reportero Carl Bernstein publicó en Rolling Stone una serie de documentos que demostraban que la CIA había pagado durante años a cientos de periodistas estadounidenses para que trabajaran en nombre de la Agencia.

“Algunas de las relaciones de estos periodistas con la Agencia eran tácitas; otras, explícitas. Hubo cooperación, acomodación y solapamiento. Los periodistas prestaron toda una serie de servicios clandestinos”, escribió Bernstein, que junto con Bob Woodward destapó el escándalo Watergate.

Y continuó diciendo:

Algunos de los periodistas eran ganadores del Premio Pulitzer, distinguidos reporteros que se consideraban embajadores sin cartera de su país. La mayoría eran menos exaltados: corresponsales en el extranjero que descubrieron que su asociación con la Agencia ayudaba a su trabajo; colaboradores y freelancers que estaban tan interesados en las hazañas del espionaje como en escribir artículos; y, la categoría más pequeña, empleados de la CIA a tiempo completo que se hacían pasar por periodistas en el extranjero. En muchos casos, según demuestran los documentos de la CIA, se contrató a periodistas para que realizaran tareas para la CIA con el consentimiento de las direcciones de las principales organizaciones de noticias de Estados Unidos.

Carl Bernstein

Otras formas de captura mediática

Para que quede claro, no estoy sugiriendo que la CIA esté pagando a las organizaciones de medios de comunicación mencionadas para que no escriban historias halagadoras sobre Milei. La captura de los medios de comunicación, como ya se ha dicho, adopta diversas formas. Y mi corazonada es que normalmente implica presionar y ofrecer incentivos de forma más sutil que las contrapartidas manifiestas.

Lo que quiero decir es que ninguna institución es más eficaz en la captura de medios de comunicación que el gobierno, que tiene incluso más recursos y poder que los directores de Hollywood y las familias reales. Y la principal de las muchas agendas del Estado es su propia autopreservación. Esto pone al Estado en desacuerdo con los libertarios del libre mercado como Javier Milei, que desean crear una sociedad más próspera reduciendo (o eliminando) la influencia del gobierno en nuestras vidas. Y ésta es la razón por la que un éxito rotundo del libre mercado en Argentina es probablemente una noticia desagradable tanto para el Estado como para los intelectuales de la Corte a su servicio.

El poder del libre mercado

El problema es que la economía de libre mercado es la única fuerza que puede salvar a Argentina de una espiral de muerte económica.Un superávit financiero sólo dos meses después de una presidencia libertaria. Un milagro.

Maggie Anders:

Un superávit financiero sólo dos meses después de una presidencia libertaria. Un milagro. Anteriormente, Argentina registraba déficits fiscales extremos, pasando la factura al argentino medio a través de los impuestos y de una inflación extraordinaria (más del 100% interanual). ¡Bravo, Milei!

Desde países como Hong Kong e Irlanda hasta países del antiguo bloque soviético como Estonia y más allá, los mercados libres han transformado economías en dificultades y empobrecidas con lo que Adam Smith reconoció hace mucho tiempo como la receta sorprendentemente simple para la prosperidad: “paz, impuestos banos y una administración de justicia tolerable”. Lo mismo ocurrirá en Argentina, si se da la oportunidad, lo cubran o no los medios de comunicación.

Crack-up Capitalism y los ‘renegados económicos’

Por Brian Domitrovic. Este artículo ha sido publicado originalmente en Law&Liberty.

En Crack-up Capitalism, Quinn Slobodian examina una característica esencial de la economía mundial moderna. Se trata de la existencia de “zonas” que ofrecen a los inversores y residentes acaudalados exenciones de impuestos, normativas e incluso la exposición a los problemas sociales de la región circundante. Algunos ejemplos son Hong Kong antes de las recientes medidas enérgicas, Canary Wharf en Londres, Liechtenstein, comunidades cerradas en Estados Unidos y enclaves privados en Sudáfrica y Centroamérica, Dubai y Singapur. Todos ellos son lugares comparativamente pequeños que permiten a los propietarios de bienes dentro de ellos, y a esas personas exclusivamente, mayores prerrogativas de las que podrían disfrutar fuera de la zona circunscrita.

El peligro del derecho policéntrico

En cuanto a dónde invertir, en Liechtenstein, el propietario de una fábrica puede obtener beneficios con una carga fiscal mucho menos onerosa que la que tendría que afrontar en la Unión Europea, al tiempo que importa trabajadores a los que no se ofrece la ciudadanía. En Singapur, los magnates comerciales pueden dotar de personal a los muelles con trabajadores que deben vivir ordenadamente en proyectos de vivienda pública cercanos, con el mínimo precedente de huelgas que los apoyen. Esto contrasta fuertemente con las condiciones cercanas en el sur de Asia.

En cuanto a dónde vivir, las comunidades cerradas (e incluso las asociaciones de propietarios) reflejan, según Slobodian explícitamente, teorías problemáticas de “derecho policéntrico” que hacen que “diferentes grupos lleven su ley consigo”, lo que puede llevar al “abandono de cualquier perspectiva de corregir la desigualdad mediante la acción colectiva”. A medida que las zonas de inversión y residenciales de diversa índole han proliferado en todo el mundo durante las últimas décadas, sostiene Crack-Up Capitalism, el espacio potencial de una democracia sólida ha disminuido proporcionalmente.

“Crea tu propio país”

Slobodian cita a un sudafricano con aptitudes para la zona:

Crea tu propio país. … Sudáfrica es enorme. Encuentra un terreno atractivo alejado de los centros urbanos, asegúrate de que tenga agua, construye una valla alrededor e invita a personas afines a vivir allí contigo. Pasa lo más desapercibido posible. Ten el menor contacto posible con la burocracia. Construye tu propia economía y tu propio sistema de gobierno. Ármate bien.

Slobodian comenta:

Una clara ventaja de este esquema de cantonización era que podía permitir la persistencia de patrones de poder económico racializado sin el estigma del apartheid formal. … Los ciudadanos-clientes votarían con los pies y ordenarían la población orgánicamente. … En una política reconcebida como una constelación de zonas, la redistribución ya no formaba parte del papel del gobierno.

Quinn Slobodian, Crack-Up Capitalism

El término “cantonización” es interesante. El ejemplo más notable de una nación formada por cantones es Suiza. Se trata de un país fuerte en crecimiento económico, con un enorme nivel de vida y estabilidad política. ¿Quién no querría ser Suiza? ¿O el Singapur de hoy o el Hong Kong de ayer?

Pensadores y activistas

El locuaz sudafricano es uno de los muchos defensores de la zona cuyas ideas y actividades constituyen la mayor parte del contenido de este libro. Murray Rothbard, Gordon Tullock, David Friedman, Paul Romer, el príncipe Hans-Adam II (de Liechtenstein), Peter Thiel, John Blundell, Michael von Notten, Balaji Srinivasan… cada una de estas figuras, tratadas extensamente, ha esbozado de algún modo notable la teoría de la zona o ha puesto en práctica una zona. A menudo es un poco de ambas cosas.

David Friedman, por ejemplo, escribió artículos académicos sobre los modelos jurídicos en la historia medieval, abordando temas como la forma en que el comercio y los modelos fiscales afectaban al tamaño y la forma de las unidades políticas, y cómo el sistema judicial en Islandia era en gran medida privado. Friedman participó en grupos de recreación medieval y fundó uno. Su hijo Patri llevó las cosas más lejos al desarrollar una empresa de “seasteading” para explorar la construcción de comunidades en el mar más allá de los límites de las autoridades nacionales.

Tapar con insultos la falta de ideas

Slobodian trata sus temas con suave condescendencia, presentándolos como nostálgicos, revanchistas y tontamente utópicos. Ni que decir tiene que la “comprensión de la Edad Media por parte de los Friedman y otros se basaba más en la imaginación que en un estudio académico riguroso”. El mundo medieval se reducía regularmente a unas cuantas viñetas”. El economista Tullock era “una urraca intelectual, que recopilaba y combinaba ideas de disciplinas muy diversas”. Para “los libertarios, Liechtenstein parecía un agujero de gusano de vuelta a una forma anterior de economía política global, libre de los tratados y regulaciones internacionales que parecían apretar … la integración que los libertarios temían que condujera a la redistribución y a las infracciones de la propiedad privada”.

Este tipo de lenguaje despectivo es una constante en Crack-up Capitalism. El autor no respeta a sus temas. Los pensadores y activistas que estudia son curiosos, aunque representativos de tendencias posiblemente peligrosas en nuestra sociedad, poseedores de un intelecto y un carácter problemáticamente formados y obtusos ante las exigencias de la justicia y los requisitos del bienestar de las masas.

Condescendencia, para no caer en el elogio

Crack-up Capitalism no expone ningún caso positivo. Toda su atención se centra en el escrutinio crítico de los teóricos y practicantes de las zonas. La condescendencia sirve por tanto a un propósito necesario. Si no fuera por la condescendencia, se podría considerar a los defensores de las zonas como un ejemplo notable de dinamismo intelectual y empresarial. Están construyendo ciudades en la arena, en las puntas de las islas, en el monte o en el océano, tras haber estudiado intensamente el asunto, utilizando sus ideas y proyectos para reunir a comunidades con un sentido y una perspectiva compartidos. Son el tipo de personas que normalmente se consideran renacentistas, una élite de vanguardia. Sin la condescendencia, Crack-up Capitalism correría el riesgo de convertirse en una hagiografía de estos hacedores libertarios.

Slobodian se cuida mucho de restar respetabilidad intelectual a los teóricos y practicantes de las zonas. Un buen ejemplo es el tratamiento que Slobodian da al economista Paul Romer. El libro habla de él extensamente, describiendo sus actividades en la creación de comunidades independientes en Honduras. No menciona que Romer ganó el Premio Nobel de Economía, un galardón que inexplicablemente no fue a parar a Tullock cuando su colaborador James Buchanan ganó el premio en 1986 (tampoco se menciona ese famoso descuido).

Lo más cerca que estamos de que Slobodian conceda algo de respetabilidad es enterarnos de que David Friedman publicó en “el prestigioso Journal of Political Economy”. En un santiamén, descubrimos que se trataba de una anomalía. La siguiente frase comienza: “Pero fue en 1978 cuando hizo su contribución más duradera”, en un artículo sobre Islandia en una revista de segundo nivel. La minimización es el método del capitalismo de Crack-up Capitalism.

Autoretrato del progresismo

Las críticas son tan continuas en Crack-up Capitalism que uno se pregunta si los teóricos y defensores de la zona, más allá de avanzar en sus ideas y proyectos incompletos, tocaron algún tipo de nervio en el académico Slobodian (que ocupa una cátedra en Wellesley College). Las constantes críticas sugieren que el enérgico dinamismo intelectual y empresarial libertario en sí mismo puede resultar problemático, quizá incluso ofensivo, para el académico establecido. La falta de un caso positivo en Crack-up Capitalism, en combinación con las incesantes críticas, fomenta la impresión de que Slobodian está convencido de que todas las cuestiones importantes están resueltas teóricamente y que el pensamiento y la actividad orientados a proyectos son indecorosos en la medida en que no se limitan a los estrechos mandatos de ideales progresistas bien establecidos.

Crack-up Capitalism, curiosamente, quizá sea más útil para revelar ciertos aspectos de la psicología de la clase académica dominante de centro-izquierda. Entre los académicos de nuestro establishment, nos permite especular el libro, se puede tener la sensación de que las cuestiones político-económicas como teoría han sido resueltas en gran medida durante generaciones. Simplemente sabemos, por ejemplo, que debería haber una participación creciente del gobierno en la economía, garantizando un nivel de vida y una distribución de la riqueza y el poder. La investigación que no parte de esta premisa es necesariamente una actividad de manivela.

“Los bastardos de Hayek”

Si la izquierda progresista, a la que claramente pertenece Slobodian, cree que ha resuelto las cuestiones básicas, la tarea actual de los mejores, incluido el profesorado universitario, es secundaria y burocrática. Se trata de limar detalles y pequeñas incoherencias, ayudar a poner en práctica la teoría progresista establecida e inculcar su espíritu entre la población. Perseguir cuestiones de primer orden -como parecen estar haciendo los teóricos de la zona- es decir que el actual consenso progresista es hasta cierto punto intelectualmente provisional y que la perspectiva de centro-izquierda carece de fundamento completo.

Cuando los pensadores exploran cuestiones de primer orden con ímpetu, incluso impulsándose en la transición a la praxis, como hacen los sujetos de Crack-up Capitalism, emprenden una actividad que ya no está permitida al pensador establecido. En una figura de este tipo se puede desarrollar una tristeza, dado que otros que no forman parte del grupo interno pueden atacar el “mar abierto” intelectual (en la frase de Nietzsche). En el caso de Slobodian, la tristeza podría haberse transformado en celos y manifestarse como condescendencia. El próximo libro de Slobodian podría llevar las cosas al siguiente nivel, el de la arremetida: su subtítulo contiene las palabras “Los bastardos de Hayek”.

Extraña división del trabajo

Una y otra vez en Crack-up Capitalism, leemos sobre los escenarios innovadores de Neal Stephenson y todos los demás en un lenguaje condescendiente, salpicado de referencias a “sueños febriles” y otros epítetos. Uno sólo puede hacer esto tantas veces sin protestar porque estas personas están viviendo en algún sentido importante la vida intelectual de su tiempo tal y como se supone que debe llevarse. Si a la humanidad le es dado en todas las épocas hacer teorizaciones de primer orden, sin importar el peso y la bondad de cualquier tradición, entonces los eruditos de primera fila actuales que se limitan a la crítica arrogante se lo están perdiendo.

Crack-up Capitalism es una de las muchas obras de los mejores eruditos y de la mejor prensa que aborda la cuestión de la derecha radical, los libertarios, los nacionalistas cristianos, etc., y sobre la base de esa erudición el autor ocupa un lugar augusto en el sistema intelectual actual. Se trata de una extraña división del trabajo. El pensamiento y la actividad vitales tienen lugar entre la gente lamentable, mientras que los mejores dedican su tiempo y energía a comentar a la gente lamentable.

En algún momento, sin embargo, el sistema tiene que cambiar. Si la erudición universitaria superior se ha convertido en comer y volver a procesar el polvo de los teóricos y profesionales de la vida real, que resultan no ser un fan del estado de impuestos y gastos, la demografía y, en última instancia, el prestigio van a redirigirse lejos del actual establecimiento académico hacia los profesionales listos.

Plantea una alternativa real, Slobodian

En cuanto a si hay algo malo en Dubai, los barrios cerrados, Singapur, Canary Wharf, las comunidades Bitcoin y todo lo demás, seguramente lo hay. Pero uno no puede, productivamente, ser sólo un crítico. Uno tiene que intentar plantear una alternativa real que sea prospectivamente beneficiosa y productiva. Si Slobodian quisiera defender los ideales de la Gran Sociedad de los años 60, o los compromisos más recientes de Europa occidental con el Estado del bienestar, debería hacerlo explícitamente y con intención. Sin duda, se interpondrían grandes obstáculos.

Deberíamos haberencontrado en este libro, pero no lo hicimos, el argumento de que las zonas de desgravación fiscal han redundado en beneficio de los sistemas de bienestar. Si un gran industrial puede ganar dinero en Francia, y contabilizar los beneficios no en ese país de altos impuestos, sino en alguna zona catalogada en los Papeles de Panamá, Francia, incluida su clase trabajadora y las comunidades marginadas, sale ganando gracias a la actividad económica que tuvo lugar en el país. Que la zona bien podría haber salvado las políticas de redistribución progresiva es una de las muchas cuestiones de primer orden que se quedaron por el camino en Crack-up Capitalism. Es hora de que nuestros augustos académicos hagan algo más que catalogar, repletos de desdén académico, las enérgicas ideas y proyectos libertarios que están explorando nuevas posibilidades para el futuro.

Ver también

Cantones, fueros y ciudades-estado. (Manuel Llamas).

Erigir ciudades libres, ¿es una buena herramienta para la libertad económica? (Thibault Serlet).

Ciudades-estado vs. Unión Europea. (Fernando Herrera).

Una solución medieval a la pobreza. (José Carlos Rodríguez).

Free charter cities. (León Gómez Rivas)

Más Adam Smith y menos Hans-Hermann Hoppe

Hans-Hermann Hoppe, en respuesta a una pregunta que le hicieron durante el evento que organiza con su Property and Freedom Society, dijo:

Es muy importante en estas réplicas a gente como Krugman que no nos metamos en detalles técnicos, sino que hagamos algunas preguntas casi como un niño. Explícame cómo es posible que el aumento de papelitos haga más rica a una sociedad. Si ese fuera el caso, explícame ¿por qué sigue habiendo pobreza en el mundo? ¿No son todos los bancos centrales del mundo capaces de imprimir tanto papel como quieran? Y ¿crees entonces que la sociedad, el mundo en su conjunto, sería más rico? Estoy seguro de que el tío no puede responder este tipo de preguntas, nadie puede responder este tipo de preguntas.

Hans Hermann Hoppe

Hoppe aquí se equivoca al menospreciar a Krugman. Tras estas declaraciones, me temo que podría dejarle muy mal parado en un debate y dejarle en evidencia y a la escuela austríaca de economía detrás. Y, en parte, con razón, pues gran parte de la escuela austríaca de economía sigue una rama de la teoría cuantitativa del dinero debido al legado intelectual de Ludwig von Mises, quien bebía a su vez de las ideas de David Ricardo.

Austríacos cuantitativistas

El principal problema de la teoría cuantitativa del dinero, que podemos observar ha mantenido gran parte de los teóricos monetarios de la escuela austríaca, es que asume que la demanda monetaria es constante. Podemos ver este error en la comprensión del dinero claramente expresado por Murray Rothbard (2009, 766) cuando dice que:

Por lo tanto, una de las leyes económicas más importantes es: Toda oferta de dinero se utiliza siempre al máximo y, por lo tanto, no se puede obtener ninguna utilidad social aumentando la oferta de dinero. (Énfasis en el original)

Murray N. Rothbard

Hoppe se equivoca al pensar que ningún “aumento en la impresión de papelitos” puede hacer a una sociedad más rica. Tendría razón si pensamos que estamos en una situación de equilibrio. Si en una economía la oferta de liquidez iguala la demanda de liquidez, cualquier expansión de la oferta es cierto que no generará riqueza, sino que aumentará los precios proporcionalmente a las unidades monetarias creadas. Pero las economías no se encuentran en situación de equilibrio y, de estarlo, ese estado no sería estático—algo que, irónicamente, explica muy bien la economía austríaca. Por tanto, la creación de sustitutos monetarios nos puede ahorrar tres tipos de costes.

Papelitos que crean riqueza

En primer lugar, si solo tuviésemos unas cantidades contadas de oro, digamos cincuenta monedas de oro para una economía de cuarenta millones de personas, muchos de los intercambios que los individuos querrían llevar a cabo no podrían realizarse. Pues cincuenta monedas no se mueven de una forma lo suficientemente rápida de mano a mano para que esos cuarenta millones de personas puedan hacer todos los intercambios necesarios. Por tanto, poder crear papelitos en esta ocasión generaría riqueza. La gente podría pagar a crédito y llevar a cabo más intercambios que si no pudiese imprimir estos papelitos.

En segundo lugar, y adelantándome a la posible réplica de que también se podría crear riqueza minando más oro sin necesidad de imprimir papelitos, hay que remarcar que esta impresión requiere de menos recursos que la extracción de oro. En una economía con restricciones sobre el ejercicio bancario donde se obligase a la fuerza a los intermediarios financieros a operar con un coeficiente de caja del 100%, el coste anual de minar oro, según los cálculos de Milton Friedman (1960), serían del 2,5% del PIB. Si se estima que esa economía creciese al 3%, el 75% de su crecimiento sería dedicado a la extracción de oro.

Por otro lado, según los cálculos de Lawrence White (1999, 46-48), el coste de la producción de oro en una economía donde además se pudieran imprimir esos papelitos sería del 0,05% del PIB. Unas cuantas veces más barato. Por lo que, otra vez, esa creación de papelitos estaría volviendo a generar riqueza.

Flexibilidad en la creación de crédito

En tercer lugar, tenemos el hecho de que la creación y destrucción de estos papelitos es muy flexible y nos permite cambios en la oferta de liquidez ante movimientos de la demanda. Si la demanda de liquidez de los individuos de una economía aumenta (se reduce), que también aumente (se reduzca) la oferta monetaria es beneficioso, pues suavizará—o hasta evitará—las variaciones en el valor del dinero y así nos protegerá ante posibles inflaciones o deflaciones.

Una contracción de la demanda de liquidez sin su correspondiente disminución de la oferta provocaría inflación. Una expansión de la demanda de liquidez sin un correspondiente aumento de la oferta, deflación. Por esto mismo Antal Fekete dice (2017, 43) que un patrón oro que operase bajo un coeficiente de caja del 100% no era más que “una quimera”. Y es que para aumentar la oferta monetaria tenemos dos opciones: o solo oro u oro y papelitos. Como hemos visto, la primera es mucho más costosa que la segunda.

Incluso si se optase por una opción aún más drástica y se prohibiese además toda extracción de oro para no tener que destinar tanta parte del PIB en esta actividad y hasta si hubiese una cantidad aparentemente suficiente de monedas de oro que pudiesen circular en la economía (más de las cincuenta anteriormente mencionadas), se estaría dejando de crear riqueza si no se creasen papelitos para hacer frente a los aumentos en la demanda de liquidez. Esto se debe a que los cambios en el valor del dinero, tanto los aumentos como los descensos generalizados de precios, son costosos.

La inflación, pero también la deflación

Los austríacos esto lo tienen muy claro con lo que respecta a la inflación, pero parece ser que no tanto cuando se habla de deflación. Un sistema como el que Rothbard y Hoppe proponen es demasiado rígido y al no poder imprimir papelitos, se genera deflación. Si tenemos la ecuación cuantitativa en la cabeza (M*V=P*Q), un aumento en la demanda monetaria—la cual tiende a aumentar con el tiempo, debido a que con el aumento de sus ingresos reales la gente cada vez demanda más liquidez—sin aumentos en M, llevarán consigo disminuciones en P; es decir, deflación. Esta sería una deflación monetaria (por el lado monetario de la ecuación, M*V).

Un ejemplo de esto sería lo que Milton Friedman y Anna Schwartz (1963) llaman la Gran Contracción, los primeros años de la Gran Depresión. Para Friedman y Schwartz fue la mala gestión de la oferta monetaria por parte de la Reserva Federal de los Estados Unidos lo que exacerbó y prolongó la depresión. Según su análisis, la Reserva Federal no solo falló en prevenir la contracción de la oferta monetaria, sino que a través de sus políticas contribuyó activamente a ella.

La deflación real

No obstante, no sólo la deflación monetaria nos debería preocupar. También la deflación real; la causada por aumento de producción. La deflación real sigue siendo un problema pues aun así nos encontramos con diversos costes. Por un lado, los costes de carta. Estos son los costes asociados ya no solo a literalmente cambiar los precios en las cartas de los restaurantes, sino otros gastos como el tiempo dedicado a pensar cómo cambiar los precios, la información contable errónea o los costes de renegociación de contratos.

Por otro lado, la rigidez de los precios y en especial, del salario. Diversos estudios empíricos han demostrado que os individuos calculan en términos nominales (Hoffman 2019, 19-40). La deflación hace que los beneficios de las empresas disminuyan nominalmente, lo que aumenta el riesgo de quiebra si los salarios no disminuyen en consecuencia; los individuos, sin embargo, pueden mostrarse reticentes a negociar recortes salariales (pues calculan en términos nominales), lo que conduce a despidos que no reflejan la situación real de la economía. Y despedir a trabajadores productivos debido a la falta de flexibilidad de los precios genera ineficiencias. En este caso, también, con la creación de papelitos se crearía riqueza. ¿Entonces, tanto la deflación como la inflación tienen costes? Sí, por eso el ideal sería la estabilidad de precios.

Adam Smith

¿Se les pude culpar a Rothbard y a Hoppe de no saber que la creación de papelitos podía generar riqueza? Pues sí, porque esto es algo que ya sabía—y dejó escrito—Adam Smith.

Adam Smith, en su La riqueza de las naciones (1776), al hablar sobre el dinero en el y los sustitutos monetarios Libro II, capítulo 2, dice que:

Cuando el papel moneda reemplaza al oro y la plata, la cantidad de materiales, herramientas y subsistencias que puede suministrar todo el capital circulante puede aumentar por el valor total del oro y la plata que antes se empleaban en su compra. El valor de la gran rueda de la circulación y distribución se añade a los bienes que circulan y son distribuidos a través suyo. La operación se parece en alguna medida a la del empresario de una gran fábrica que, como consecuencia de alguna innovación mecánica, retira su vieja maquinaria y suma la diferencia entre su precio y el de la nueva a su capital circulante, al fondo del que provee a sus trabajadores con materiales y salarios.

Alas de Dédalo

Y que:

El dinero de oro y plata que circula en cualquier país puede muy bien compararse con una carretera, que aunque permite la circulación y el transporte hacia el mercado de todos los pastos y cereales del país, no produce nada de ninguno de ellos. La juiciosa acción de los bancos proporciona, si puedo emplear una metáfora tan violenta, una especie de carretera aérea, y permite que el país convierta una gran parte de sus carreteras en buenos campos de pastos y cereales, con lo que incrementa de forma muy considerable el producto anual de su tierra y su trabajo.

Debe advertirse, sin embargo, que aunque el comercio y la industria del país puedan ser algo mayores, jamás estarán tan seguros cuando viajan, por así decirlo, suspendidos por las alas de Dédalo del papel moneda, como cuando viajan apoyados en el sólido suelo del oro y la plata. Además de los accidentes a los que se hallan expuestos por la torpeza de quienes dirigen los billetes, corren otros muchos riesgos, de los que ni la prudencia ni la destreza de tales directores los pueden librar.

Construcción de carreteras

Es decir, leyendo a Adam Smith—que recomiendo hacer a través de mi artículo—podemos entender mejor cómo a veces la creación de sustitutos monetarios, esos papelitos que Hoppe decía, crean riqueza para la sociedad. Son como unas carreteras aéreas que sirven para transportar bienes. Es decir, estas carreteras son un bien de capital que produce servicios de liquidez y se sostienen sobre los papelitos creados. Al igual que las carreteras convencionales, las terrestres, construirlas puede generar riqueza. Puede conectar dos puntos, facilitando el transporte e iniciando nuevas rutas de intercambio. Con los papelitos igual.

También puede ser que estemos construyendo muchas carreteras. El mercado nos castiga con ello, salvo que operemos bajo restricciones presupuestarias laxas—como los bancos centrales—y estemos en pérdidas constantes refinanciados mediante una socialización de las pérdidas. No va a ser menos al construir demasiadas carreteras aéreas mediante papelitos, existen mecanismos en el mercado como el reflujo de Fullarton para evitar que esto pase.

Adam Smith disfrazado por Rothbard

Los bancos tampoco construirán demasiadas pocas de estas carreteras, porque entonces dejando de obtener los beneficios de ser el que ha creado los papelitos sobre el que las carreteras aéreas se sostienen. Con la disciplina del mercado, veríamos una tendencia hacía la creación de carreteras que más beneficio generase; y, con ello, mayor riqueza.

Estas carreteras no sólo crean riqueza al conectar dos puntos nuevos y permitir más intercambios, sino también al descongestionar las convencionales y estas podrán usarse para fines más deseados, igual que el oro que podrá emplearse como catalizador facilitando la acumulación de capital. Además, en caso de mayor tráfico, estas son más baratas de construir, por lo que no tenemos que dejarnos una gran parte del fruto de nuestra producción en construirlas. Gracias a estas carreteras, las economías pueden intercambiar más y fácilmente y así crecer más.

Igual si Rothbard no hubiera hecho una interpretación tan torticera de Adam Smith, más austríacos se atreverían a leerle y a aprender de él.

Referencias

Fekete, Antal E. 2017. Critique of Austrian Economics in the Spirit of Carl Menger. Aarschot, Belgium: Pintax cvba.

Friedman, Milton. 1960. A Program for Monetary Stability. Nueva York, Estados Unidos: Fordham University Press.

Friedman, Milton y Schwartz, Anna Jacobson. 1963. A Monetary History of the United States, 1867-1960. Princeton, Estados Unidos: Princeton University Press.

Hoffman, Michael. 2019. Monetary Kaleidics. Autopublicado.

Rothbard, Murray N. 2009. Man, Economy, and State with Power and Market. 2ª ed. Auburn, Estados Unidos: Ludwig von Mises Institute.

Smith, Adam. 1776. The Wealth of Nations. Londres, Reino Unido: W. Strahan and T. Cadell.

White, Lawrence. 1999. The Theory of Monetary Institutions. Malden, Estados Unidos: Blackwell Publishers.

Ver también

Teoría cuantitativa del dinero. (Jon Alekoa).

Rallo contra Mises. Una reconstrucción necesaria de la teoría monetaria. (Ignacio Moncada).

A vueltas con el positivismo jurídico (V): similitudes con algunas posturas liberales

En la última entrega (Los antecedentes en Comte y Kelsen), dejamos abierta, para comentarla más adelante, la “exigencia” de “previsibilidad” en el positivismo jurídico. Y en la anterior (Sus antecedentes filosóficos en Kant), nos habíamos comprometido a analizar la relación entre la concepción del hombre y de la libertad en el positivismo, en el iusnaturalismo y en el liberalismo; la defensa de la libertad. Vamos a tratar de hacerlo -o a, al menos, comenzar- en la presente entrega.

Afirma Hans Kelsen en su Teoría general del Derecho y del Estado, que:

 La justicia es un ideal irracional. Por indispensable que sea desde el punto de vista de las voliciones y de los actos humanos, no es accesible al conocimiento (…) Este cambio de significación del concepto de justicia corre paralelamente a la tendencia a sustraer el problema de la justicia del inseguro reino de los juicios subjetivos de valor, para establecerlo sobre la firme base de un orden social dado. “Justicia” en este sentido significa legalidad; “justo” es que una regla general sea efectivamente aplicada en aquellos casos en que, de acuerdo con su contenido, debe aplicarse. “Injusto” sería que la regla fuese aplicada en un caso y dejase de aplicarse en otro similar.

El Derecho como técnica social

Vemos, por tanto, que, como ya hemos adelantado en entregas anteriores, ha desaparecido por completo la dimensión ética del derecho. “El derecho (…) es independiente de la moral y de otros sistemas normativos semejantes”, que diría Kelsen. Ha quedado reducido a una mera técnica social (al reconocer al “derecho como la técnica social específica de un orden coactivo”, afirma Kelsen). En él, la validez queda determinada por la eficacia.

Una norma es considerada como válida sólo bajo la condición de que pertenezca a un sistema normativo, a un orden que, considerado en su totalidad, es eficaz. Así pues, la eficacia es condición de la validez, pero no la razón de la misma. Una norma no es válida porque es eficaz; es válida si el orden al cual pertenece tiene, en general, eficacia

Hans Kelsen. Teoría pura del Derecho

La seguridad jurídica es el objetivo al que se tiende: “Injusto sería que la regla fuese aplicada en un caso y dejase de aplicarse en otro similar”.

Un acto de voluntad, no un acto de pensamiento

Pero, precisamente por todo ello, el ordenamiento jurídico al que nos estamos refiriendo es, para los positivistas, una cadena de creación del derecho en el que la norma fundamental es el punto de partida de un procedimiento en el que las normas concretas del sistema jurídico no son deducibles mediante la lógica partiendo de dicha norma fundamental, esto es, de unos determinados principios. “Su creación necesita un específico acto impositivo, un acto de voluntad, no un acto del pensamiento” (que dirá Kelsen en su Teoría pura del Derecho).

¿Qué ocurre entonces con aquellas pretensiones no previstas en la norma jurídica? Para Kelsen está claro, tal y como expone en su Teoría pura del Derecho:

El ordenamiento jurídico no contiene sólo la norma según la cual es obligatorio realizar determinada conducta, al establecer la negación de esa conducta como condición de una específica consecuencia jurídica. También contiene la norma que proclama que los individuos son libres de hacer o de no hacer todo aquello a lo que no están jurídicamente obligados. Es esta norma negativa la que es aplicable siempre que se decide desestimar una pretensión dirigida a que se realice una conducta que no constituye un deber.

Hans Kelsen. Teoría pura del Derecho

El papel del juez

Los tribunales, por tanto, no deben, como en otras corrientes, “descubrir” normas ya existentes de antemano. Las normas jurídicas no se producen -según afirman- por la vía cognoscitiva. Los tribunales se limitan a aplicar, y para ello utilizarán procedimientos lógicos. Aun así, los propios positivistas son conscientes de las dificultades que supone su planteamiento. Y, a pesar de la presunta seguridad jurídica que veíamos como objetivo irrenunciable, la realidad acaba imponiéndose. En palabras sacada de su Teoría pura del Derecho, Kelsen afirma:

Entiendo por interpretación la fijación del sentido de la norma aplicable, el resultado de esa actividad es simplemente la determinación del marco que representa la mencionada norma y, por consiguiente, el conocimiento de las diversas posibilidades que se dan dentro de dicho marco. En consecuencia, la interpretación de una ley no tiene por qué conducir necesariamente a que se considere como correcta una única decisión, sino que posiblemente conducirá a varias, todas ellas con el mismo valor en la medida en que se ajusten a la norma aplicable, pero, sin embargo, tan solo una de ellas se convertirá en derecho positivo por medio del acto que dicte la sentencia judicial.

Hans Kelsen. Teoría pura del Derecho

No se puede conocer la justicia

Y es que, como vemos, no existe una idea de justicia objetiva a la que haya que tender. O si existe es inalcanzable -piensan- para la razón humana. Renunciamos a su búsqueda y nos centramos en la realidad de los hechos constatables en el derecho positivo emanado del legislador y de los tribunales. Diga lo que diga y siempre y cuando sea coherente con la norma originaria fundamental.

Y es que, como afirma Kelsen, para los positivistas, “si se pudiera conocer el orden absolutamente justo cuya existencia es afirmada por la doctrina del derecho natural, el derecho positivo resultaría superfluo, es más, no tendría ningún sentido”. El problema es que, para ellos, “la justicia es un ideal inaccesible al conocimiento humano”, como lo es la naturaleza humana.

Pero, además, como se ve, el acto que dicta la sentencia judicial es el último peldaño en la estructura jerárquica del derecho positivo. Para el iusnaturalismo, sin embargo, la jerarquía importante no se da en la artificial construcción de derecho positivo, en la jerarquía normativa, sino en los derechos.

Clasificaciones de derechos

Hay dos clasificaciones de derechos que debemos destacar:

  1. La distinción entre los derechos originarios, o que proceden de la naturaleza humana, propios de todo hombre en cualquier lugar, estado, momento histórico o situación. Esto se opone a las posturas positivistas, relativistas por principio. Y los derechos subsiguientes, que son los que dimanan de esa naturaleza humana en relación con las diversas situaciones, creadas por los hombres, y a las que este se enfrenta en su cotidiano vivir.
  2. La distinción entre los derechos naturales primarios y los derechos derivados. Los primeros son aquellos que representan los bienes fundamentales de la naturaleza humana y corresponden a sus tendencias básicas. Y los derivados son aquellos en los que se concretan -o que derivan de- los derechos primarios.

Derechos e historicidad

En ambos casos, la historicidad (las diferencias de tiempo histórico y de lugar) juega su papel, pero sólo en relación sobre todo a los derechos subsistentes y derivados. Según sea la situación histórica concreta creada por el hombre, así se concretarán y variará su extensión. Pero, en cualquier caso, en contra de lo que ocurre con el positivismo, dichos derechos -subsistentes y derivados- se deducen en cualquier caso de los originarios y primarios, los concrete o no el legislador en una norma. Y deben ser aplicables, en cualquier caso.

A partir de las ideas tratadas de eficacia positivista y de naturaleza humana (estrechamente relacionada con la libertad), dejamos la puerta abierta para comparar las posturas que estamos estudiando con diversas corrientes liberales (desde el liberalismo del “laissez faire” de Mises, hasta el iusnaturalismo agnóstico rothbardiano). Aunque ello deberá hacerse en una próxima entrega, no queremos terminar sin apuntar, aunque sea telegráficamente, la concepción que, sobre la libertad, subyace en todo el edificio kelseniano.

La libertad de someterse al proceso político

Y es que, para este autor:

Originariamente, la idea de libertad tiene una significación puramente negativa. Significa la ausencia de toda sujeción, de toda autoridad capaz de imponer obligaciones. Pero la sociedad implica el orden, y el orden supone ciertas limitaciones (…). La libertad natural se convierte en libertad política (…) La libertad que resulta posible dentro de la sociedad y, especialmente, dentro del Estado, no puede ser libertad de todo vínculo, sino libertad en relación con una especie particular de vínculos (…) Esa armonía entre la voluntad “colectiva” y la individual solamente queda garantizada cuando el orden social es creado por los individuos sujetos al propio orden. El orden social significa la determinación de la voluntad del individuo. La libertad política, esto es, bajo un orden social, es autodeterminación del individuo por participación en la creación del orden social. La libertad implícita en lo que llamamos libertad política es, en el fondo, armonía.

Hans Kelsen
Serie ‘A vueltas con el positivismo jurídico

(I) Las inconsistencias del iuspositivismo

(II) La idea clásica de la justicia, y su relación con el Derecho

(III) Sus antecedentes filosóficos en Kant

(IV) Los antecedentes en Comte y Kelsen

El lenguaje económico (XXXI): la eficiencia

La eficiencia es «la mejor combinación de medios para fines establecidos» (Rothbard, 2016: 1). Normalmente, decimos que una cosa es más eficiente que otra cuando su relación utilidad-coste es superior. Por ejemplo, la máquina «A» es más eficiente que «B» cuando, por unidad de input consumido, la primera obtiene mayor output que la segunda; o que «A» es más eficiente que «B» si, a igual rendimiento, la primera consume menos que la segunda.

En la técnica, eficiencia es sinónimo de rendimiento. En el ámbito social, sin embargo, la idea de eficiencia se torna problemática, pues tanto las utilidades como los costes son subjetivos y no son susceptibles de medida. Por extraño que pueda parecernos, «la economía cuantitativa no existe» (Huerta de Soto, 2004: 65). En las empresas, a través del cálculo económico, podemos averiguar si determinada acción ha resultado más o menos eficiente en términos monetarios, algo que llamamos «rentabilidad». Ya en el ámbito social «no puede haber ningún análisis válido o significativo sobre coste-beneficio en las decisiones legales o políticas» (Rothbard, 2016: 3) por las siguientes razones:

Fines diversos

a) Primero, tanto los individuos como los grupos tienen fines diversos y, a menudo, conflictivos entre sí. Por ejemplo, si la máquina «A» requiere la mitad de operarios que «B», sustituir una por otra será útil para la empresa y, tal vez, para ciertos empleados, pero nunca para quienes son despedidos. La «eficiencia social» una secuela del utilitarismo de Jeremy Bentham que ha desembocado en el espurio análisis de coste-beneficio: «En cualquier situación puede hacerse un cómputo de beneficios —unidades de placer—, compararlo con los costes —unidades de dolor—, y ver cuál de los dos supera al otro» (Rothbard, 2013a: 648).

Pero ni utilidad ni costes es mensurable y todo intento de matematizar un balance entre ambos es metodológicamente imposible. Volviendo al ejemplo anterior, ¿qué es socialmente más eficiente? ¿El aumento de la producción? ¿El (esperado) incremento salarial de los operarios? ¿O el desempleo temporal de los otros? La respuesta dependerá de quién sea preguntado.

Un concepto subjetivo de eficiencia

b) Segundo, ni siquiera las acciones individuales pueden ser definidas objetivamente como «eficientes»; por ejemplo, mediante la experiencia y la práctica, un trabajador va incrementando gradualmente su destreza y rendimiento de tal forma que hoy es más «eficiente» que ayer, pero las vicisitudes personales podrían invertir lo anterior. El concepto de eficiencia puede servirnos sólo cuando comparamos medios y procesos relativamente simples dentro de un sistema orientado hacia una misma finalidad. Una vez que abordamos los complejos e intrincados procesos sociales, resulta de todo punto estéril establecer juicios sobre la mayor o menor eficiencia de un sistema sobre otro; «la eficiencia es, por lo tanto, una quimera» (Rothbard, 2016: 1).

Dada la problemática apuntada, lo único razonable es permitir que cada individuo pueda expresar lo que subjetivamente considere más «eficiente» en cada circunstancia, momento y lugar, a través del proceso social del mercado (Huerta de Soto, 2012: 55). Solamente la libertad, en ausencia de coacción y fraude, puede aproximarnos a lo que habitualmente se entiende como «eficiencia o utilidad social», tal y como afirma Rothbard (2013b: 10):

Cuando la gente es libre de actuar, actúa siempre de una forma que cree que maximizará su utilidad (…) Si nos permitimos usar el término «sociedad» para describir el patrón de todos los intercambios individuales, podemos decir que el libre mercado «maximiza» la utilidad social, pues todos ganan en utilidad.

Murray N. Rothbard

Mercado y eficiencia

O como dice Huerta de Soto (2004: 57), refiriéndose explícitamente al vínculo entre libre mercado y eficiencia:

Tan sólo éste, y no otro, puede ser el criterio relevante de eficiencia económica. Un sistema será tanto más eficiente conforme más libremente actúe la función empresarial buscando oportunidades de beneficio (…) El fantasmagórico concepto paretiano de eficiencia es inútil e irrelevante, pues ha sido elaborado en el invernadero teórico de la escuela de los economistas del bienestar, y exige para su manejo operativo un entorno estático y de plena información que jamás se da en la vida real.

Jesús Huerta de Soto

El criterio de Pareto

Ilustremos nuestra crítica de la eficiencia social con un caso imaginario. Supongamos que mediante un trasplante de córnea una persona puede recuperar la vista. Si un vidente decide libremente donar (o vender) una de sus córneas a un ciego, ambos salen beneficiados del acto y no hay terceros perjudicados; en este caso, podríamos aseverar que la «sociedad» ha mejorado en su conjunto o que el resultado ha sido Pareto-eficiente.

Supongamos ahora que el gobierno, mediante un análisis de coste-beneficio, determina que es socialmente más eficiente que haya dos tuertos antes que un ciego y un vidente; ¿debería extirparse forzosamente (i.e. mediante sorteo) una córnea al número suficiente de videntes para erradicar la ceguera? Si entendemos por sociedad el conjunto de todos los individuos de una comunidad —y aquí la escala no es relevante— no es posible afirmar que la utilidad social aumenta cuando uno solo de sus miembros ha sido perjudicado.

Bibliografía

Huerta de Soto, J. (2004). Estudios de Economía Política. Madrid: Unión Editorial.

Huerta de Soto, J. (2012). “La esencia de la Escuela Austriaca y su concepto de eficiencia dinámica”. Revista de Economía ICE, marzo-abril 2012, Nº 865.

Rothbard, M. (2013a). Historia del Pensamiento Económico. Madrid: Unión Editorial.

Rothbard, M. (2013b). Poder y Mercado. [Versión Kindle]. Guatemala: UFM.

Rothbard, M. (2016). «El mito de la eficiencia». Recuperado de http://www.miseshispano.org/2016/04/el-mito-de-la-eficiencia/#_ftnref1

Serie ‘El lenguaje económico’

(XXX) Los fallos del mercado

(XXIX) Gasolineras

(XXVIII) Dad al César lo que es del César

(XXVII) Humanismo

(XXVI) Publicidad (II)

(XXV) Publicidad (I)

(XXIV) El juego

(XXIII) Los fenómenos naturales

(XXII) El turismo

(XXI) Sobre el consumo local

(XX) Sobre el poder

(XIX) El principio de Peter

(XVIII) Economía doméstica

(XVII) Producción

(XVI) Inflación

(XV) Empleo y desempleo

(XIV) Nacionalismo

(XIII) Política

(XII) Riqueza y pobreza

(XI) El comercio

(X) Capitalismo

(IX) Fiscalidad

(VIII) Sobre lo público

(VII) La falacia de la inversión pública

(VI) La sanidad

(V) La biología

(IV) La física

(III) La retórica bélica

(II) Las matemáticas

(I) Dinero, precio y valor

El lenguaje económico (XXX): fallos del mercado

¿Por qué se afirma que el mercado tiene «fallos»? Según Schumpeter, el origen reside en las exigencias del positivismo económico: «El ascenso general del rigor científico acabó por producir la sustancia, aunque no el término, de lo que hoy llamamos teoría de la competición pura o perfecta» (Schumpeter, 2012: 1059). Los economistas matemáticos se vieron obligados a trabajar con esquemas estrechos de la realidad, fácilmente manejables, hasta simplificar sus planteamientos drásticamente.

Falacia ‘nirvana’

El modelo de competencia perfecta, como ficción, no es problemático: «el sistema de investigación típico de la economía es aquél que se basa en construcciones imaginarias» (Mises, 2011: 288); tal es el caso de la economía de giro uniforme o la tan conocida ficción robinsoniana (Rothbard, 2009: 10). El argumento de los «fallos» del mercado ha sido acuñado como falacia «nirvana»: «En la práctica, quienes adoptan el punto de vista nirvana pretenden descubrir discrepancias entre lo ideal y lo real y si las discrepancias son encontradas, deducen que la realidad es ineficiente» (Demsetz, 1969: 1).

Hecha la comparación entre un mundo ideal y otro real, resulta irresistible concluir que el segundo tiene taras, que la realidad es imperfecta o que el mercado es ineficiente y posee fallos. Como afirma Coase (2011: 77): «En el fondo se precisa bien poco análisis para poner de manifiesto que un mundo ideal es mejor que un estado de laissez-faire». Veamos cómo Samuelson y Nordhaus (2006: 33-34) introducen la engañosa comparación entre lo ideal y lo real, entre el modelo de competencia perfecta y el mercado, tal cual es:

Una economía de mercado ideal es aquella en la que todos los bienes y servicios se intercambian voluntariamente por dinero a los precios de mercado. Este sistema extrae el beneficio máximo, los recursos existentes en la sociedad sin intervención del Estado. Sin embargo, en el mundo real, ninguna economía se ajusta por completo al mundo idealizado de la mano invisible que funciona sin dificultades. Más bien, todas las economías de mercado tienen imperfecciones que producen males como una contaminación excesiva, desempleo y extremos de riqueza y pobreza. Por este motivo, ningún Estado del mundo, por muy conservador que sea, mantiene sus manos alejadas de la economía (…).

Samuelson y Nordhaus (2006: 33-34)

Políticos “insensatos y presuntuosos”

Estos autores ponen en boca de Adam Smith algo que nunca afirmó, a saber, que la «mano invisible» fuera referida de algún modo a un mundo ideal. Al contrario, el escocés describe la cruda realidad: «No es la benevolencia del carnicero, el cervecero, o el panadero lo que nos procura nuestra cena, sino el cuidado que ponen ellos en su propio beneficio» (Smith, 2011: 46). Segundo, Smith (2011: 554) tampoco parecía tener demasiada fe en la labor beatífica del gobierno:

Nunca he visto muchas cosas buenas hechas por los que pretenden actuar en bien del pueblo (… ) El político que pretende dirigir a las personas privadas sobre la forma en que deben invertir sus capitales no sólo se carga a sí mismo con la preocupación más innecesaria sino que asume una autoridad que no debería ser delegada con seguridad en ninguna persona, en ningún consejo o senado, y que en ningún sitio es más peligrosa que cuando está en manos de un hombre tan insensato y presuntuoso como para fantasear que es realmente capaz de ejercerla.

Adam Smith (2011: 554)

Por un lado, resulta patente que la acción humana no es «perfecta». Por otro lado, el concepto de «eficiencia» es equívoco en el ámbito humano. Solamente el individuo está capacitado para valorar si su conducta ha sido acertada o errada, y en qué grado lo ha sido, lo que depende de factores que solamente él puede valorar (Hayek, 1945).

Pero aun admitiendo, a efectos dialécticos, que el mercado fuera ineficiente o que tuviera fallos, constituye un non sequitur afirmar que «el Estado puede contribuir significativamente a curar la enfermedad» (Samuelson y Nordhaus, 2006: 34). La teoría económica de la Elección Pública ha puesto de manifiesto que «los fallos o costes que genera la intervención del sector público en las decisiones de los agentes económicos pueden resultar superiores a los que provoca el mercado» (Lasheras, 1999: 25).

Economía metafórica

Lamentablemente, la elección de metáforas y analogías por parte de algunos economistas no facilita el análisis racional del problema. Por ejemplo, dan a entender que el mercado es el «enfermo» y el Estado, el «médico». Incluso aceptando la dudosa tesis de que el libre mercado «infraproduce» ciertos bienes (i.e. defensa), no se sigue que el gobierno deba intervenir: «La afirmación de que el gobierno se debería involucrar en la economía privada es una conclusión moral, que solamente puede alcanzarse si existen argumentos éticos en las premisas» (Block, 1983: 3).

Los defensores del intervencionismo, al atribuir al Estado una función reparadora, tácitamente asumen una (discutible) superioridad. Para ser justos, «uno debe comparar el mercado con el Estado, no como uno desearía que el Estado se comportase en un ambiente ideal, sino como debe comportarse en el mundo real» (Hummel, 1990: 101).

Para apreciar más claramente la falacia nirvana imaginemos que un grupo de «expertos» construye un modelo de matrimonio perfecto: las aportaciones de ambos cónyuges son similares, la pareja nunca discute, el amor mutuo es idéntico y constante en todo tiempo y lugar, los esposos conocen perfectamente sus expectativas, deseos y necesidades, etc. Luego, analizamos la realidad matrimonial: infidelidad, asimetrías en el amor y en los trabajos, egoísmo, incomprensiones, riñas, etc. Por último, comparamos el matrimonio nirvana con el real y alcanzamos dos conclusiones: 1) La institución matrimonial es «imperfecta». 2) Sus «fallos» deben ser subsanados mediante la intervención del Estado. Razonando de esta manera, no hay institución humana que esté a salvo de la tiranía.

Bibliografía

BLOCK, W. (1983): «Public Goods and Externalities: The Case of Roads». Journal of Libertarian Studies, vol. VII, n.o 1, primavera, pp. 1-34.

COASE, R. (2011): «El Problema del Coste Social». Madrid: CIP-Ecosocial.Recuperado de <http://www.fuhem.es/media/ecosocial/File/Actualidad/2011/Coasepdf>.

DEMSETZ, H. (1969): «Information and Efficiency: Another Viewpoint». Journal of Law & Economics, vol. 12, nº 1 (april), pp. 1-22.

HAYEK, F. (1945): «El uso del conocimiento en la sociedad». Estudios Públicos. pp. 157-169. Recuperado de <http://www.hacer.org/pdf/Hayek03.pdf>.

HUMMEL, J. (1990): «National Goods versus Public Goods: Defense, Disarmament and Free Riders». Review of Austrian Economics, vol. 4, pp. 88-122.

LASHERAS, M. A. (1999): La regulación económica de los servicios públicos. Barcelona: Ariel.

MISES, L.  (2011): La acción humana. Madrid: Unión Editorial

SAMUELSON, P. y NORDHAUS, W. (2006): Economía. Méjico: McGraw-Hill (18ª ed.)

SCHUMPETER, J. (2012): Historia del Análisis Económico. Barcelona: Ariel.

SMITH, A. (2011) [1776]: La Riqueza de las Naciones. Madrid: Alianza Editorial.

Serie ‘El lenguaje económico’

(XXX) Los fallos del mercado

(XXIX) Gasolineras

(XXVIII) Dad al César lo que es del César

(XXVII) Humanismo

(XXVI) Publicidad (II)

(XXV) Publicidad (I)

(XXIV) El juego

(XXIII) Los fenómenos naturales

(XXII) El turismo

(XXI) Sobre el consumo local

(XX) Sobre el poder

(XIX) El principio de Peter

(XVIII) Economía doméstica

(XVII) Producción

(XVI) Inflación

(XV) Empleo y desempleo

(XIV) Nacionalismo

(XIII) Política

(XII) Riqueza y pobreza

(XI) El comercio

(X) Capitalismo

(IX) Fiscalidad

(VIII) Sobre lo público

(VII) La falacia de la inversión pública

(VI) La sanidad

(V) La biología

(IV) La física

(III) La retórica bélica

(II) Las matemáticas

(I) Dinero, precio y valor

Lo que los libertarios podemos aprender del carlismo

Un libertario, según se ha entendido las últimas décadas de la política estadounidense, es aquel que va a defender la sociedad libre (fundamentada en la ley natural) y va a luchar contra el poder del Estado, al igual que hicieron ciertos liberales clásicos, como Lord Acton o De Tocqueville (contra el absolutismo), o anarquistas individualistas, como Lysander Spooner (contra la institución de la esclavitud). Pero la libertad no es suficiente para una sociedad libre, como decía uno de los fundadores del movimiento libertario estadounidense, Lew Rockwell:

Los conservadores siempre han argumentado que la libertad política es necesaria pero no suficiente para una buena sociedad, y están en lo cierto. Tampoco lo es para una sociedad libre. Necesitamos instituciones sociales y estándares que fomenten la virtud, y protejan al individuo del Estado.

Lew Rockwell.

Reaccionario

Como el término conservador ha quedado en parte indefinido (se llama conservador al socialdemócrata menos progresista que el oponente), es importante acercarse hacia algo más consistente y fundamentado, el tradicionalismo. Un buen defensor de la libertad no debe rendir culto a lo “nuevo”, sino ser prudente y defender las instituciones que se han desarrollado orgánicamente a lo largo de los siglos, como la Iglesia, la familia o la patria. Es evidente que el Estado surge y crece con las revoluciones.

También es evidente que el Estado intenta destruir los cuerpos sociales y las tradiciones, apropiándose de las religiones para perpetuarse: los matrimonios civiles, las procesiones a la libertad en la Francia jacobina o la insistencia en que los hijos denunciasen a sus propios padres en la URSS. Erik von Kuehnelt-Leddihn explicaba qué era para él ser reaccionario (no es el mejor término, pero quiere expresar lo mismo que los tradicionalistas), y no creo que ningún liberal clásico o libertario le pueda replicar nada:

(…) rechazo en esencia el nazismo, el fascismo, el comunismo y todas las demás ideologías relacionadas que son, en verdad, la «reductio ad absurdum» de las denominadas democracia y poder de la multitud. Me aparto de disparatadas suposiciones como el gobierno de la mayoría y el «hocus pocus» parlamentario; del falso liberalismo materialista de la Escuela de Manchester y del también falso conservadurismo de los grandes banqueros e industriales.

La importancia del cristianismo

Y el factor más importante para defender la libertad es el cristianismo. No es necesario explicar las ideas cristianas sobre la dignidad humana, que vienen de que somos todos hijos de Dios, o sobre el poder político, que dejaba de ser legítimo si se alejaba de la ley natural. Liberales clásicos como Lord Acton reconocían que la libertad no existía fuera de la Cristiandad y que ningún país (en sentido orgánico) podía ser libre sin religión. El propio fundador del libertarismo, Murray Rothbard, dijo:

Todo lo bueno de la civilización Occidental, desde la libertad individual hasta las artes, es debido a la Cristiandad.

Murray N. Rothbard.

Anarcosindicalismo y carlismo

Trasladándonos a nuestra patria hispana, hay bastantes pensadores tradicionalistas, y todos ellos defienden una fuerte descentralización de la administración pública, cuya justificación histórica se debe al principio de subsidiariedad católico. No hay que confundir tradicionalismo con carlismo; el carlismo se puede definir como un tradicionalismo político que sirvió como reacción contra las élites liberales de 1812.

El carlismo como movimiento político siempre se ha definido como el partido católico, yendo muy ligado al integrismo católico, aunque ha sufrido bastantes escisiones y disputas internas. Sus intelectuales, todos ellos tradicionalistas, han sido casi siempre teólogos. Pero no todos los tradicionalistas estuvieron ligados al carlismo. Los principales autores tradicionalistas por destacar son Jaime Balmes, Donoso Cortés, Antonio Aparisi y Guijarro y Vázquez de Mella. Se puede decir que Balmes estuvo un tiempo alejado de la cuestión dinástica, Vázquez de Mella fundó el “mellismo” en disputa con los carlistas y Donoso Cortés pasó de ser un liberal conservador a un tradicionalista, sin entrar nunca en círculos carlistas.

En el siglo pasado destacaron Álvaro D’Ors y Elías de Tejada, entre otros, y actualmente quedan algunos como Miguel Ayuso o Javier Barraycoa. Los cuatro primeros construyeron los cimientos del corpus teórico tradicionalista, y los posteriores lo fueron completando con críticas al Estado, a la democracia, al relativismo o sus defensas de los fueros, de la aristocracia, de la ley natural o del tiranicidio

Teología aplicada a la política

Para justificar su doctrina no partían desde el racionalismo, sino desde la teología. Vázquez de Mella buscaría la definición teleológica del hombre, el hombre es el efecto final de una causa creadora, asimismo dividiéndose en dos dependencias, la causa eficiente y la final. De ahí se puede trazar un triángulo que parte de Dios, el motor creador de todas las causas en donde causalidad y finalidad se identifican, que se unen al hombre mediante una escala de derechos y deberes, con una base igual de justicia. De ahí, redundantemente se extraen todos los derechos y deberes del ser humano, siendo el fundamento de aquel sistema de principios que para Vázquez de Mella exigiría todo orden social en su principio.

Todas estas relaciones corresponden al plan preexistente de la mente divina. De esa ley divina nace la ley natural, que es la parte del plan que le corresponde realizar al hombre. Vázquez de Mella seguía explicando las diferentes relaciones: de la relación de dependencia nacen los deberes teológicos de culto a la vez que el derecho de conciencia, de la relación de finalidad nacen los deberes de perfección y conservación a la vez que los derechos de propiedad y dignidad, de la relación de igualdad nacen los deberes de cooperación y mutuo auxilio a la vez que los derechos de independencia, pacto y asociación y de la relación de superioridad los fundamentos objetivos de la propiedad. Aparisi añadía

(…) de los deberes con Dios nacen sus derechos respecto del hombre… Autoridad, familia, propiedad, justicia y libertad son los elementos constitutivos del orden social.

Este esquema de derechos y obligaciones no es que sea compatible con la posición libertaria que fundamentó Murray Rothbard basándose en la ley natural, sino que es deseable.

Individualismo y cuerpos intermedios

Pero Vázquez de Mella no era individualista, el individualismo es una idea de origen protestante, él explicaba que la persona humana es el arquetipo de las personas colectivas. Las personas colectivas son los diferentes colectivos en los que se engloba el individuo: Iglesia, familia, municipio, región y nación. La Iglesia es una sociedad divina y su fin es sobrenatural, pero como no es un ensayo teológico solo hace falta mencionar lo escrito por Vázquez de Mella: que es una sociedad independiente que debe limitar al Estado y, por tanto, en sus relaciones tener total independencia económica, postura una vez más defendida por los libertarios.

Se puede decir que más que individualista era “familiarista”, declarando que el matrimonio es un vínculo de amor racional frente a los instintos zoológicos y que es la célula de toda sociedad en donde el individuo empieza a ejercer su personalidad, derivándose las demás sociedades civiles e infrasoberanas: universidades, empresas, escuelas, corporaciones, municipios… Puede ser discutible el aspecto jurídico, pero lo que no es discutible es que sea el matrimonio sea la célula principal de la sociedad, necesario para un funcionamiento ordenado, creando vínculos que debilitan al Estado y que aumentan la solidaridad, ese concepto defendido por Donoso Cortés, y disminuyen la preferencia temporal.

Principio de no agresión

También añadía que todas aquellas personas colectivas tienen el derecho de realizar su fin natural, por lo que el resto tienen la obligación de no interferir, de lo que se deduce algo similar al principio de no agresión.  El principio de no agresión únicamente consiste en que ningún individuo puede iniciar una agresión contra otro sin haber sido agredido antes, solo que los tradicionalistas lo defienden en principio en diferentes órdenes, no solo el individual como Rothbard. Aun así, esto no queda lejos de la idea de la persona jurídica, solo que extrapolado a otros niveles.

Pero es que tampoco es contrario al libertarismo la idea de que un grupo de individuos se asocien y formen un nuevo sujeto de derecho que interaccione con otros tipos de unidades jurídicas. Muchos libertarios estadounidenses defienden la idea de los “states rights” frente al gobierno federal, o se podría también plantear de manera temporal limitar el derecho a voto a las unidades familiares constituidas para eliminar el voto de hedonistas y cortoplacistas en las democracias actuales.

Fueros

A un mayor nivel se encuentra la región, que no deja de ser una ampliación de la familia y del municipio. Los tradicionalistas defendían la descentralización administrativa de los Austrias y se oponían a la centralización de los Borbones, fundamentándolo en el principio de subsidiariedad católico, que dice que cada región conoce mejor sus problemas y tiene más interés por resolverlos. La ley debe ajustarse al carácter del pueblo, oponiéndose claramente, por ejemplo, a que un vasco imponga su costumbre a un valenciano, o viceversa, defendiendo así la descentralización legal a un nivel superior al de los cantones suizos.

Los tradicionalistas eran conscientes de la existencia del Estado-nación, por lo que explicaban que las regiones debían estar totalmente descentralizadas para evitar el crecimiento de ese poder central mediante derechos y privilegios históricos, originándose su férrea defensa de los “fueros”. Los fueros eran normas jurídicas que contenían las costumbres, los usos y otros privilegios otorgados por el rey o por el señor feudal para un determinado territorio o lugar. Aportaban autonomía legislativa, de gobierno y el reconocimiento a los habitantes de sus propias instituciones histórico-culturales.

Uno de los más interesantes para los libertarios fue el del Coto Mixto, que se puede llegar a considerar que fue anárquico. Los liberales fueron los que eliminaron en la Constitución de Cádiz en 1812 los fueros, para favorecer la igualdad de los españoles. El libertario Hans-Hermann Hoppe recordó que el igualitarismo, en toda forma y tamaño, era incompatible con la propiedad privada. Por tanto, en España han sido mayoritariamente los liberales influenciados por el jacobinismo francés los liberticidas, y los tradicionalistas los defensores de la libertad. Respecto a los fueros, Jesús Huerta de Soto dijo sobre Rothbard

(Murray Rothbard) tenía un amplio conocimiento de la historia de España y el papel que jugaron los fueros y todo lo asociado en la formación de nuestra ley y en nuestra historia política.

Jesús Huerta de Soto

Una teoría de la secesión

Lo que no llegaron a formular los tradicionalistas fue una teoría sobre la secesión ya que pensaban que no tendría lugar en un sistema totalmente descentralizado. Por último, hablaban de la nación, que sería la unión política y cultural de las diferentes regiones, y de un Estado, pero no en el sentido liberal, sino como lo que Vázquez de Mella entendía como la representación de la nación sobre los intereses internacionales que mantiene el orden frente a injerencias externas. Aun así, defendían un gobierno orgánico encabezado por un monarca, mucho menos dañino que el concepto actual de Estado democrático. Erik von Kuehnelt-Leddihn citó explícitamente esa idea mientras defendía en 30 puntos la monarquía frente a la democracia:

Solo debido a que la monarquía enfatiza los elementos de continuidad, solidaridad y religión, es más fácil otorgar a la monarquía un estatus “orgánico” más que a cualquier otra variedad de gobierno.

Pilares: monarquía, aristocracia y catolicismo

Según los tradicionalistas, la cultura española se basaba en tres pilares: monarquía, aristocracia y catolicismo. Para explicarlo, Balmes empezaba diciendo que la base de la doctrina tradicionalista era la preponderancia de lo social sobre lo político, ya que la doctrina tenía que ir de abajo a arriba, siendo lo social lo esencial y lo político lo accidental. Para él lo social contemplaba esos tres pilares. Respecto al catolicismo, le atribuye los valores positivos de la civilización europea.

En referencia a la aristocracia, ponía de ejemplo sus beneficios como élite natural, ya que no disfrutaban de ningún privilegio ni había barreras sociales o políticas que les separasen del pueblo, además de haberse caracterizado siempre por su moralidad y alto nivel social y cultural. Respecto a la monarquía, explicaba que era el gobierno del pueblo, ya que las sociedades que primaban lo político sobre lo social, es decir, repúblicas y democracias, siempre tenían los ojos en el gobierno, igual sería que un empresario se dedicase únicamente a retocar la maquinaria en vez de cuidar las manufacturas.

Aparisi añadía que era la monarquía la única forma natural de gobierno, mediante la cual el pueblo había desplegado todas sus virtudes y desenvuelto todas sus grandezas. Lo único importante era sanear la institución, buscando a la persona adecuada, problema presente en nuestros tiempos. Seguía explicando cuál era la ventaja práctica:

(…) en una monarquía tengo un rey, en un gobierno parlamentario, siete, en una república, setecientos.

Ministerio real subordinado al pueblo

Y seguía añadiendo que el rey sabía que la realeza no era beneficio, sino ministerio, esa condición le imponía la obligación de respetar las leyes fundamentales del pueblo, que eran anteriores a él precisamente porque eran obra mixta de Dios y de los hombres. Aquí encaja todo lo desarrollado por Álvaro D’Ors sobre el tiranicidio. Cabe añadir que Aparisi, como todos los tradicionalistas, se oponía al absolutismo monárquico al igual que a la monarquía parlamentaria, ya que servir no era obrar por capricho, por eso defendía el Consejo castellano diciendo que un rey sin Consejo no era rey. Vázquez de Mella explicaba que la monarquía absoluta nacida con la reforma luterana era un error, y que ellos propugnaban la monarquía socialmente responsable:

Yo pido que el poder armónico se ejerza sin responsabilidad legal, pero con responsabilidad social… Es verdad que entre los reyes también se han dado monstruos… A los cuales la sociedad concluye por llamar al orden por medio de una revolución.

Por último, Vázquez de Mella mencionaba la democracia cristiana como algo positivo, que para él significaba únicamente la igualdad de nivel y la soberanía social de todos sus órganos. Esta democracia jerárquica era la antítesis de la democracia igualitaria, que no podía ni puede existir por las diferencias entre los individuos. No es que la monarquía sea ideal para un libertario, sigue siendo una forma de dominio, pero autores de esta escuela como Hans-Hermann Hoppe han recordado que se asemeja mucho más al orden natural que la democracia. Por norma general, el monarca va a ser más responsable y pensar más a largo plazo ya que responde con su patrimonio de la mal gestión política de la nación, al ser esencialmente un gobierno de propiedad privada.

Críticas hacia el liberalismo y socialismo

Después de introducir la doctrina, toca presentar sus críticas muy adecuadas en el momento histórico hacia el liberalismo (esencialmente se referían al democrático y jacobino, que era el predominante en España), el socialismo, el comunismo, al relativismo y al ateísmo. Balmes empezaba con una crítica demoledora a ese liberalismo explicando qué es el progreso social. Él definía el progreso social como el camino hacia la perfección del individuo, perfeccionando la armonía entre los valores de la inteligencia, del bienestar y de la moralidad.

Si no se desarrolla todo, no se obtiene un individuo perfecto, sino un monstruo. Por tanto, el verdadero progreso social es alcanzar el orden natural, que sería lo más parecido posible al orden divino y nunca podría ser igual por la existencia del pecado original. Lógicamente alcanzar la perfección poco tiene que ver con la democracia, y ese era el primer gran error de los liberales. Y obviamente la perfección se alejaba también de las soluciones represivas para combatir el liberalismo.

Para demostrar que los tres valores deben ir unidos, Balmes explicaba cómo el excesivo desarrollo industrial, es decir, bienestar, sin desarrollo moral e intelectual, acabó provocando la división de clases que mantenemos ahora. Se puede concluir que la ciencia y el libre mercado son beneficiosos, pero tienen que ir unidos al desarrollo moral. Vázquez de Mella anotaba correctamente que el capitalismo excesivo, en nuestro caso conocemos que es el consumismo fomentado directamente desde el Estado, se dirigía al vicio, a la inmoralidad, a la corrupción, al goce personal, con el desprecio de los necesitados, y estaba en oposición con los fundamentos de la propiedad y de la solidaridad.

Negación del pecado original

Para ese desarrollo moral Balmes se apoyaba en el catolicismo, que para él había sido el gran favorecedor de la civilización inoculando en las leyes y en las costumbres sus principios de amor y fraternidad universal.

El segundo error de los liberales es que negaron el pecado original, una herejía, colocando la fuente del mal en la ilegitimidad de los gobiernos y dando lugar al socialismo. Esta crítica se puede extrapolar a todos los liberales clásicos, no solo los demócratas jacobinos, que contribuyeron, de manera ingenua, a justificar la idea del Estado. Donoso Cortés explicaba:

(…) todas las cuestiones relativas al mal o al bien se resuelven en una cuestión de gobierno, y toda cuestión de gobierno en una cuestión de legitimidad.

Su optimismo en la razón hizo que la fe no fuese importante y la razón soberana, desembocando en que los progresos de la verdad dependiesen de los progresos de la razón, llegando a la inviolabilidad y la soberanía real de las asambleas deliberantes, es decir, de los parlamentos y gabinetes. Esas contradicciones hacen que el liberalismo acabe abdicando necesariamente en las escuelas católicas o socialistas, ya que el equilibrio entre socialismo y catolicismo es imposible. Donoso seguía:

(…) el socialismo no es fuerte sino porque es una teología satánica.

El liberalismo desemboca en socialismo

El socialismo llevó a las últimas conclusiones las premisas indecisas del liberalismo en donde Dios dejó de tener autoridad. Mientras que el liberalismo solo negaba el pecado original, el socialismo negaba la posibilidad de cometerlo, negando la libertad humana. Negada la libertad, se negaba la responsabilidad y, por un lado, la pena, llegando a parar en la negación del gobierno divino. Por el otro, la negación de la responsabilidad individual y social negaba la solidaridad en el individuo, en la familia y en la comunidad. Negada la solidaridad, únicamente se acababa en el nihilismo.

Ese nihilismo acababa tratando al hombre como un punto matemático llegando al intento de resolución de un problema que nunca va a tener solución, saber la distribución de la riqueza más equitativa. Como no lo podían ni pueden saber, el sistema socialista va siempre a parar en el monopolio más injusto y cruel posible por medio de la confiscación universal y el depósito de la riqueza pública en manos del Estado. Conocieron a Stalin medio siglo antes desde la teología. Donoso Cortés explicaba que la fatal arrogancia de los socialistas fue, y sigue siendo, buscar la distribución equitativa de la riqueza eliminando la caridad y la limosna cristiana. No eran austríacos, únicamente estaban influenciados por la teología de la Escuela de Salamanca.

Balmes volvía a explicar que el socialismo era la consecuencia lógica del liberalismo, siendo el primero una aberración de la mente humana, que ocurría cuando no estaba iluminada por la fe. Balmes explicaba:

(…) sin las luces de la revelación… No es posible explicar el cuento de verdad y de error, de bien y de mal, de grandeza y de pequeñez, de elevación y de vileza.

Cristianismo contra democracia

Solo el cristianismo, con su doctrina de la Redención y de la fraternidad de todos los hombres en Cristo, ofrecía una visión coherente de la situación real del hombre. Esa visión escolástica de Balmes le hacía criticar, por ejemplo, la teoría del valor trabajo diciendo que el valor de las cosas no dependía del trabajo, sino de la satisfacción subjetiva de nuestras necesidades. Con ello explicaba que el sentido común era lo que rechazaba toda clase de materialismo. Aparisi criticaba el concepto de libertad de los liberales demócratas, explicando que solo la religión había hecho iguales a todos los hombres, y que las desigualdades físicas e intelectuales eran de derecho natural. Explicaba:

La teoría democrática se estrellará contra este hecho porque lucha contra la naturaleza. Mentira es, por tanto, el sufragio universal como fuente de derecho o de gobierno, mentira la llamada ley de mayorías parlamentarias como criterio de verdad, mentira que la libertad del bien y del mal asegure la paz y favorezca el progreso en sociedades humanas…

Por el contrario, el catolicismo solo defendía la libertad absoluta para el bien, mientras que la libertad de los liberales era licencia, que traería de la mano la impiedad, engendrando brutales tiranías.

Optimismo político liberal

Respecto al optimismo político del liberalismo Vázquez de Mella hizo una crítica demoledora que sigue siendo válida actualmente. La Revolución francesa comenzó suprimiendo las instituciones mediadoras entre el individuo y el Estado, proclamando la emancipación social y religiosa del individuo, pero también la emancipación del Estado sobre la ley natural. Ya existente ese Estado absoluto en diversas partes de Europa, se emancipó del orden superior, convirtiéndose en el definidor supremo del derecho, regulador único de la sociedad y absoluto poder moderador de todas las fuerzas. Afirmando la autonomía del individuo y del Estado toda entidad colectiva solo existiría por concesión, por autorización o por tolerancia, como ocurre en el presente.

Ilegitimidad del Estado democrático

La escuela individualista después sostenía el derecho y la soberanía colectiva, siendo un tránsito que jamás pudo demostrar demócrata alguno. Y aun admitiendo la soberanía colectiva como agrupación de las soberanías individuales, jamás iba a poder justificarse la representación pública, la inventada transustanciación jurídica de los servidores del Estado. Y aunque se admitiese eso, menos iba a poder justificarse la legitimidad de las elecciones por su método de elección, votando confundidos los miembros de todas las clases, como si no existiesen categorías diferentes de intereses o todos pudiesen representarlos indistintamente.

La ilegitimidad de las elecciones suponía la ilegitimidad del parlamento, del gobierno y del Estado. El fallo fue mezclar la soberanía política con la social, juntándolas en una única Constitución y único poder, el Estado. Esa centralización iba a desembocar en la oligarquía de partidos, la corrupción administrativa, la desorientación de vocaciones y la inversión de la pirámide social. Respecto a lo último, el Estado liberal y democrático sacó al individuo de donde le correspondía, de su municipio, para convertirle en un número más de la maquinaria estatal. Finalmente decía Vázquez de Mella:

El municipio, la libre institución en que se deben congregar familias para administrar con independencia relativa, en el círculo de sus funciones, sus propios intereses, se ha convertido en una oficina, en una sucursal más de la administración pública.

Contra el relativismo

En conclusión, los autores tradicionalistas españoles, muchos de ellos carlistas en lo político, han aportado ideas que cualquier defensor de la libertad debe tomar por bandera. Muchos libertarios han entendido que la libertad no es suficiente para un orden pacífico y duradero en el tiempo y, para ello, se deben defender las instituciones sociales y las virtudes que lo hacen posible. Por último, todas las libertades que conocemos parten de una justificación objetiva de la ley natural, y eso no se debe a la Ilustración sino a algo más grande, el cristianismo. Joseph Ratzinger, difunto Papa Benedicto XVI, recordó:

Cuando el relativismo moral se absolutiza en nombre de la tolerancia, los derechos básicos se relativizan y se abre la puerta al totalitarismo.

En honor al profesor Miguel Anxo Bastos, premio Juan de Mariana 2023, que me recomendó leer a estos autores y profundizar en su obra.

Fuentes

Credo of a Reactionary. Erik von Kuehnelt-Leddihn.

https://rothbardrockwellreport.substack.com/p/the-case-for-paleolibertarianism

http://es.globedia.com/dios-patria-rey-fueros-mercados-origenes-autentica-derecha-espana_1

https://mises.org/es/wire/sociedad-civil-y-contrarrevolucion-contra-el-progresismo
https://www.jesushuertadesoto.com/wp-content/uploads/2014/04/18.-In-memoriam-of-Murray-N.-Rothbard.pdf
https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/ensayo-sobre-el-catolicismo-el-liberalismo-y-el-socialismo–1/html/fef056ea-82b1-11df-acc7-002185ce6064_1.html

Bastos, Miguel Anxo. 2013. Libertarismo y conservadurismo. Instituto Juan de Mariana.

Hoppe, Hans-Hermann. 2001. Democracy: The God that Failed.

Von Kuehnelt-Leddihn, Erik Ritter. 2007. Liberty or Equality. Mises Institute.

Santamaría, Benjamín y Velasco, Sergio. 2021. Tradicionalismo y libertad, ¿son compatibles? Instituto Juan de Mariana.

Vázquez de Mella, Juan. 1931. Obras Completas.

De Encinas, Joaquín. 1958. La tradición española y la revolución. Rialp.

Algunas cuestiones no disputadas del anarcocapitalismo (LXXIX): La desintegración de Rusia

Murray Rothbard cuenta en uno de sus ensayos cómo le gustaba observar el proceso de descomposición o desintegración de un estado. No vió muchos en su vida, pero recuerda especialmente el proceso de descomposición de Vietnam del Sur tras su derrota en la guerra por los guerrilleros del Vietcong y el ejército comunista norvietnamita.

No tanto porque se alegrase de su victoria como porque le permitía observar cómo los vínculos que unen a los miembros de los estados se descomponen y como todo su poder se descompone en instantes como un azucarillo en una taza de café. El fenómeno es fugaz y difícil de percibir porque en poco tiempo el estado descompuesto es sustituido por uno nuevo y no da tiempo a observar el fenómeno, pero los breves días que dura este proceso de descomposición le sirvieron para entender mejor los mecanismos sobre los que se funda un estado y que, desaparecidos, facilitan su extinción aunque sea de forma temporal.

Extinción de los Estados

Los estados, por tanto, pueden extinguirse, como bien ilustra el historiador Norman Davies en su gran libro, Los reinos desparecidos, por incorporación de los mismos a otros bien sea por conquista militar, por alianza matrimonial, por herencia o más escasamente por compra. Desde los comienzos de la edad moderna hasta finales del siglo XIX el proceso fue de incorporación y el resultado estados de mayor tamaño en población y territorio.

Este proceso comenzó a revertirse después de la primera guerra mundial y sobre todo con los procesos de autodeterminación que siguieron a la caída del comunismo. Se me podría decir que lo que resultó en ambos caso fue la sustitución de un estado por otro o por otros y que, por tanto, no hubo ningún tipo de desintegración de un estado existente, pero sí la hubo, aunque como en el caso del Vietnam, el intervalo de tiempo que discurrió entre la desaparición del viejo y la aparición del nuevo sea casi imperceptible para el observador.

Murray Rothbard, Peter Turchin, Alexander Motyl…

No sólo a Rothbard le interesa la decadencia y descomposición de imperios y estados, pues se ha conformado una pequeña rama dentro de las ciencias políticas dedicadas al estudio de estas cuestiones, con trabajos tan interesantes como los de Peter Turchin (Historical dynamics: Why states rise and fall) o los del especialista en política post soviética Alexander Motyl (Imperial ends) en los que se estudian las razones por las que los imperios o los estados totalitarios acaban sistemáticamente cayendo.

Podríamos sumar, ya desde el ámbito de las relaciones internacionales, a trabajos de gran calado como los de Paul Kennedy (Auge y caída de las grandes potencias) o el menos conocido, pero también de gran interés, sobre todo en su parte final, tratado de J.B, Duroselle (Todo imperio perecerá). La mayor parte, no toda eso sí, de los estudios históricos sobre la decadencia de los imperios, el hispano y el romano, son los que mejor conozco, indagan en todo tipo de causas, desde el carácter nacional hasta el clima, pasando por pestes y derrotas bélicas entre otras muchas causas, pero rara vez analizan la cuestión desde la teoría de la organización o la del cálculo económico en el interior de la misma, que es una derivada del viejo teorema de Von Mises sobre la imposibilidad del cálculo económico en una economía socialista.

Cálculo económico socialista

Pero estos estudios citados inciden precisamente en la cuestión desde perspectivas próximas a las de la teoría del cálculo. Motyl, por ejemplo, analiza, siguiendo estudios de burocracia, teoría de la organización y de la información, como los grandes estados e imperios colapsan en muchas ocasiones por problemas de coordinación y de falta de información en los centros decisores, problema que, como es sabido por los aficionados al estudio de la economía austríaca, es el mismo problema que caracteriza a una economía de corte socialista.

Por un lado, las órdenes y directrices no se transmiten bien hacia abajo, pues son distorsionadas por los distintos poderes locales y subestatales o bien por los escalones descendentes en la cadena de mando. Hacia arriba, al contrario, el problema es que toda la complejidad de la vida social y económica de un estado de estas dimensiones se ve severamente simplificada en el proceso, careciendo el decisor imperial de la información necesaria y sobre todo de la capacidad de dar una respuesta adecuada en tiempo real a los distintos cambios que se dan en el complejo entramado social y económico. Para Motyl, como acontece en las empresas, el exceso de tamaño es disfuncional y lleva a medio plazo al colapso imperial o estatal.

Toda esta introducción viene a cuento de algunas declaraciones de altos responsables de seguridad norteamericanos y del propio expresidente de la federación Rusia, Dimitri Medvedev, quienes apuntaron a una hipotética desintegración de Rusia en muchas unidades políticas en el hipotético caso de que esta saliese derrotada o severamente dañada de la actual confrontación con Ucrania.

Una derrota de Rusia

A comienzos del siglo XX, el líder nacionalista polaco y futuro primer ministro Josef Pilsudski planteó una doctrina, que lleva su nombre, encaminada a debilitar al enemigo secular de los polacos, el imperio ruso o su continuación, la URSS (que aún no se llamaba así) con el que Polonia libró una cruenta guerra por su supervivencia de 1919 a 1921.

Animado por un fiero anticomunismo, Pilsudski propuso crear una coalición de todos los pueblos no rusos, incluida Ucrania, pero muy especialmente los bálticos, de la nueva federación de repúblicas para levantarse al unísono contra su opresor, heredero del imperio zarista, independizarse y servir de tapón al expansionismo ruso. También propuso una federación de los nuevos estados del este de Europa, muchos resultados de la implosión del viejo imperio austro-húngaro, para bloquear el acceso de Rusia al resto de Europa, como estrategia para refrenar a tan temible enemigo. Como se puede observar, la idea de fragmentar Rusia no es una idea nueva fruto de la imaginación de los geoestrategas de la OTAN.

La idea que se plantea por estos últimos y que teme Medvedev es la de que una derrota rusa o una no victoria que no se puede vender internamente puede tener consecuencias letales para el propio estado ruso y poder, por tanto, asistir a la descomposición en directo de un estado, evento que es difícil de observar en nuestros tiempos y que para un analista especializado, especialmente si no es cruento como lo fue la descomposición de la vieja URSS, sería bien digno de estudiar.

Dinámica secesionista

No entra dentro de lo probable que este evento se produzca, pero tampoco es algo que se pueda descartar como imposible. Después de todo, nada es imposible en el ámbito de la política, como hemos podido contratar una y otra vez a lo largo de la larga historia del mundo. En caso de una derrota militar es muy probable que la élite dirigente rusa actual sea parcialmente depuesta por elementos emergentes dentro de la misma, aliados a grupos descontentos de fuera de ella, dándose muy probablemente divisiones dentro de la misma. Es conveniente recordar que la élite política que conforma un estado moderno sólo puede ejercer su dominio si opera de forma unificada para dominar a la población. Una división conflictiva dentro de la misma es la antesala de una revolución o una guerra civil.

A esto hay que sumar otro factor, que es el de que en el caso de una hipotética derrota militar en el frente ucraniano, el ejército ruso volvería seriamente dañado y con su capacidad de intervención en el interior del país muy mermada. Esto es, al igual que el ejército ruso no fue quien de ayudar a sus aliados armenios en su guerra con el Azerbaiyán y eso a pesar de estar ligado por tratados de asistencia mutua al estilo de la OTAN, es muy probable que careciese de capacidad de reprimir revueltas secesionistas en algunos de los muchos territorios de la actual Federación que pudiesen estar tentados de hacerlos. E incluso en territorios federados que en principio no han manifestado tales pulsiones, al igual que en la implosión de la URSS, muchas repúblicas simplemente se unieron a la dinámica secesionista simplemente por oportunismo por parte de sus élites dirigentes.

El caso checheno

El caso checheno podría ser un excelente ejemplo para ilustrarlo. Los chechenos libraron dos cruentas guerras por su independencia de Rusia sufriendo una severa derrota en la última de ellas , con miles de bajas y con la destrucción de su capital incluida. Desde entonces, no hace más de veinte años, parecen comportarse como súbditos leales del estado ruso, gobernados a través de líderes impuestos con la aquiescencia de Moscú.

Su lealtad puede comprobarse en la actual guerra de Ucrania donde sus experimentados soldados dirigidos por Ramzan Kadirov hijo a su vez de uno de los caudillos de la primera guerra de independencia, y actual presidente de la república chechena, combaten con fiereza a las órdenes del régimen de Putin y son una de sus principales fuerzas de ocupación, al margen del ejército regular.

La segunda guerra de independencia chechena fue ganada con gran esfuerzo y despliegue de medios por el régimen ruso, dudándose incluso a veces de su capacidad de doblegar a los señores de la guerra que combatían por su territorio. Esto es fue necesario un ejército operativo y grandes esfuerzos para poder derrotar a los insurrectos. La pregunta es si esta victoria podría llegar a repetirse en el caso de no contar con un ejército en buenas condiciones de moral y medios, en el caso de que Kadyrov decidiese imitar a su padre y cambiar de bando, abandonado a los hipotéticamente derrotados rusos.

Cortar los lazos

También cabría cuestionar la capacidad de un ejército en tal estado de lograr sofocar revueltas semejantes y, sobre todo, simultáneas en otros territorios desafectos al poder central ruso, quienes podrían, cómo no, aprovechar la oportunidad y declararse soberanos al igual que muchas repúblicas federadas lo hicieron hace treinta años. Evento este que sin duda apoyarían ucranianos y otros enemigos del actual régimen ruso. Todo ello son contar que en el espacio ruso existen varios territorios en una situación de soberanía suspendida, esto en una suerte de limbo jurídico mantenido así por el actual poder. Territorios como la Transnitria, kaliningrado, Osetia del Sur o Abjasia vería su status cuestionado en caso de derrota severa y serían probable presa de sus vecinos o cortarían los lazos con Rusia.

Este que hemos descrito es un escenario imaginado y sin visos de realizarse, aunque como vimos ya ha sido teorizado en el marco de esta guerra, pero que no para nada inimaginable y que podría ofrecer de nuevo la posibilidad de ver en directo la descomposición de un estado. No tengo duda de que el viejo Rothbard lo habría descrito con precisión.