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Etiqueta: Nicolás Maduro

Maduro: gobierno de facto / juicios de facto

Así como Nicolás Maduro mantiene un gobierno de facto, luego del írrito y fraudulento acto mediante el cual simuló juramentarse el pasado 10 de enero de 2025, habiendo perdido penosamente las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, de la misma forma, el sistema de justicia venezolano ya no realiza procesos judiciales orientados por los derechos a la tutela judicial efectiva y al debido proceso (artículos 26 y 49 de la Constitución, respectivamente), con el objeto de aplicar el Derecho; sino que, todos los integrantes de dicho sistema (jueces, fiscales, defensores públicos, funcionarios policiales), ahora realizan -simple y llanamente- juicios de facto.

En efecto, los derechos y garantías constitucionales que guardan relación con los procesos judiciales -en especial, los procesos penales seguidos por motivos políticos- son una pura ilusión. Partiendo de tipos abiertos como los previstos en la Ley Contra el Crimen Organizado y Financiamiento al Terrorismo, la Ley Contra el Odio, o Ley contra el Fascismo, prácticamente cualquier conducta que a juicio del régimen madurista sea contraria a sus intereses, resulta que es terrorista, fascista o fomenta el odio. Dichas leyes, por cierto, aparte de ser abiertamente inconstitucionales y contrarias a los tratados internacionales en materia de derechos humanos, son un desvío de la aplicación del Código Penal y el Código Orgánico Procesal Penal, normas más transparentes, con tipos más claros, y con un procedimiento -en líneas gruesas- más garantista.

Secuestros y torturas

Y luego, por supuesto, viene la aplicación como tal de estos “monumentos legales”. En la Venezuela de Maduro, se puede secuestrar a una persona en la calle (sin flagrancia, sin orden de captura), por funcionarios vistiendo capuchas. Luego “ruletean” (i.e. -en la jerga venezolana- llevan de un lugar a otro) al detenido, sin conocimiento de sus familiares y/o allegados. El plazo constitucional de 48 horas para detenciones preventivas no se aplica y, llegado el caso, lo que tienen lugar son audiencias judiciales express, muchas veces ante tribunales incompetentes en zonas distantes, que, luego, terminan declinando la competencia en otro tribunal (todo con el propósito de “cumplir” con la presentación judicial del detenido). Dichas audiencias suelen celebrarse a altas horas de la noche, o fines de semana incluso, sin testigos, sin posibilidad de designar abogado de la confianza del reo. Puros y simples paredones judiciales.

Para finalmente llegar a los centros de reclusión: antros inseguros e insalubres, donde mezclan a presos políticos con presos comunes. Donde no hay comida, ni derecho a recibir visitas. Y- lo más destacado de la Era Maduro- donde se practican distintos y sofisticados métodos de tortura, siempre con un “comodín” o vía (supuestamente) escapatoria: grabar un video donde el detenido se autoinculpe.

Extorsión

Un vídeo en el que exprese que algún líder opositor le conminó a generar todo el mal en la Tierra. No olvidemos lo siguiente: mientras dura la privación de libertad, se extorsiona a presos y familiares permanentemente. Puede ser para cuestiones rutinarias como que “no les molesten” durante su reclusión, sea para lograr una excarcelación (los funcionarios del régimen tampoco son muy proclives a mantener sus promesas y hay todo incentivo posible para la corrupción y el fraude).

Grosso modo, es el juicio de facto que aplica el gobierno de facto.

Las democracias del mundo tienen el doble imperativo de ayudar a los venezolanos a detener esta pesadilla, así como de no incurrir jamás en estas prácticas abyectas en sus propios países, para no convertir su justicia también en una justicia de facto.

Ver también

La represión en la Venezuela socialista no tiene límites. (Sairam Rivas).

Crisis en Venezuela. (Miguel Anxo Bastos).

La represión de la Venezuela socialista no conoce límites

Por Sairam Rivas. El artículo La represión de la Venezuela socialista no conoce límites fue publicado originalmente en CapX.

Esa llamada me produjo escalofríos. Aunque sabíamos qué podía ocurrir, no es fácil levantar el teléfono y oír que tu compañero —en la vida y en la búsqueda de la democracia en Venezuela— ha sido detenido.

El 10 de diciembre, hombres encapuchados se llevaron por la fuerza a Jesús Armas de una cafetería de Caracas en una camioneta sin matrícula en plena noche. Irónicamente, han detenido a Jesús, un ingeniero de 35 años que desde sus días como dirigente estudiantil dedicó su vida a intentar restaurar la democracia y proteger los derechos de las víctimas de abusos en nuestro país, el Día de los Derechos Humanos.

Hemos visitado oficina tras oficina, centro de detención tras centro de detención, sólo para que nos digan que no está allí. Según el derecho internacional, esto constituye una desaparición forzada. Más de un día después, un alto funcionario confirmó en televisión que estaba detenido por el régimen de Nicolás Maduro, pero las autoridades no han permitido que su familia o su abogado lo vean.

El régimen ha acusado a Jesús de participar en actividades violentas contra el gobierno. ¿La supuesta fuente? Un «patriota cooperante» anónimo, un concepto inventado por el régimen de Maduro para fabricar expedientes penales contra opositores en un país donde el poder judicial, que es un apéndice del poder ejecutivo, se utiliza para procesar y detener injustamente a opositores.

Jesús Armas

La detención de Jesús está recibiendo una amplia condena internacional, dado sus múltiples vínculos con el extranjero, entre ellos haber estudiado en la Universidad de Bristol con una beca Chevening. Pero su caso dista mucho de ser excepcional. Es uno de los más de 1.900 presos políticos que hay actualmente en Venezuela. Mientras se pone a algunos en libertad, a veces condicional y aún sujetos a enjuiciamiento, otros permanecen detenidos. Ello contribuye a una puerta giratoria que lleva años girando.

Desde que la oposición ganó las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, a pesar de que no fueron libres ni justas, la represión se ha intensificado. Las autoridades han acorralado a críticos y opositores, han detenido a personas en la calle para registrar sus teléfonos móviles y comprobar si tienen chats de WhatsApp en los que apoyan a la líder opositora María Corina Machado, y han anulado pasaportes para prohibir a los críticos salir del país. Se somete a los detenidos a terribles condiciones y brutales abusos.

No nos rendiremos

Aunque la represión se ha intensificado en los últimos meses —y probablemente empeorará en vísperas del 10 de enero de 2025, cuando Edmundo González, el presidente electo, debe tomar posesión—, nada de esto es nuevo. De hecho, forma parte de un patrón sistemático de violaciones de derechos humanos que ha llevado a expertos independientes de la ONU a concluir que existen pruebas de que en Venezuela se están cometiendo crímenes de lesa humanidad y al fiscal de la Corte Penal Internacional a abrir la primera investigación sobre tales crímenes en América Latina. De hecho, en 2014, durante el primer pico de la represión bajo Maduro, estuve detenido 132 días por haber liderado protestas estudiantiles contra el gobierno. Sé perfectamente lo difíciles y brutales que son estas detenciones, y por lo que está pasando Jesús.

A pesar de los crecientes riesgos a los que nos enfrentamos quienes luchamos contra la dictadura de Maduro, no nos rendiremos. Los venezolanos nos movilizamos para votar por el cambio en julio, y merecemos ver a nuestro gobierno electo tomar posesión en enero, sin presos políticos en las cárceles venezolanas.

Estamos haciendo nuestra parte. Pero para que Jesús y todos los demás detenidos injustamente sean liberados, y para que Venezuela vuelva a la transición democrática, necesitamos que la comunidad internacional esté con nosotros. Esto significa ir más allá de las expresiones de preocupación y elevar el costo para el régimen de continuar por este camino brutalmente represivo – que sólo beneficia a un puñado de personas en el poder que hoy pueden sentir que tienen un cheque en blanco para consolidar una estructura criminal que ha contribuido a la mayor crisis migratoria en las Américas.

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Crisis en Venezuela. (Miguel Anxo Bastos).

El tropiezo del dictador

Hace unas semanas fue noticia en todo el mundo la XVI Cumbre de los BRICS (acrónimo en referencia a las iniciales de Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica), celebrada en la ciudad rusa de Kazán. El ruido incómodo que se produjo a propósito del acto se debió a una razón más pueril que anecdótica, la marginación del dictador Nicolás Maduro.

El tirano, pensándose fuerte a lado de aquellos a quienes puede considerar sus compañeros de viaje, aterrizó en la exótica ciudad rusa con una comitiva completa a su servicio para asegurarse un sitio privilegiado en el evento de países ‘no alineados’: tres aviones de la aerolínea estatal Conviasa –esposa incluida– a su disposición. El objetivo de semejante despliegue era su blanqueamiento en un contexto en el que su denostada imagen internacional busca sobrevivir tras el fraude electoral perpetrado por su gobierno en julio pasado.  

Como antesala orquestada para abonar el terreno días antes de su desembarco, había aterrizado en la misma ciudad Delcy Rodríguez, vicepresidenta de gobierno y una de las operarias más sanguinarias del régimen con la misión de convencer a los miembros de la organización de que Nicolás Maduro es un socio confiable, que la economía venezolana muestra signos de estabilidad y crecimiento, que lo que había ocurrido en julio tras las elecciones era cosa del pasado y que la persecución política registrada a día de hoy como consecuencia de aquel acontecimiento es solo una represalia menor que no amerita mayor discusión.

La estrategia del dictador

Para el dictador bolivariano formar parte de la alianza suponía una vía posible para sortear las sanciones internacionales, suscribir acuerdos de financiamiento que pudieran paliar el colapso económico de su país y emanciparse del lastre que arrastra tras su desvergonzado fraude y las consecuencias políticas suscitadas a propósito de ello: el mantra de las sanciones irá in crescendo sobrevolando su cabeza, padecerá las presiones regionales porque la migración no cejará, y su economía penderá de los hilos que se tejen en los sitios que él defenestra –el precio del petróleo lo marca el mercado imperialista–. Atrás quedaron los días de gloria del comandante.  

Maduro se había propuesto ingresar por la puerta grande y terminó sucumbiendo en una orfandad desangelada en su viaje de regreso a Caracas. Sin duda, se trata de un golpe duro para el dictador, que consideraba que podía salirse una vez más con la suya en un contexto, más bien, amigable donde la resonancia alrededor de la retórica putinesca cobra especial importancia y es el centro de atención.  

La alianza de los BRICS se concibió en sus inicios (2006) con la idea de que sus miembros fomenten entre sí acuerdos económicos y de comercio internacional. Se haría bajo el paraguas de una estrategia geopolítica: ejercer de contrapeso frente a un Occidente extenuante representado por el G7, y ser la fuente de referencia de lo que se ha definido como el ‘Sur Global’ para aquellos países que estiman que la actual arquitectura institucional multilateral no les toma en consideración.

No todos anti occidentales

El tufo autocrático se percibió en los pasillos de la Cumbre orquestada por el Kremlin. Pero sería un error pensar que esta organización se creó con el fin último de representar el anhelo anti-occidental de algunos. De Rusia, China e Irán cabe predicar antagonismo a Occidente. En cambio, para otros, como India como potencia al frente del bloque dialogante, se resiste cualquier encajonamiento ‘conmigo o contra mí’. El país del abrazador Narendra Modi es ‘no-occidental’, no ‘anti-occidental’.

La autoconfianza puede ser peligrosa cuando no se evalúa posibles daños colaterales, pues quizás lo más duro de canalizar en el fuero interno del dictador caribeño fue el veto tajante y explícito de Brasil a la propuesta de su gobierno para su adhesión a los BRICS. Es probable que, de no haber resultado esta adhesión por otras razones, se hubiese contado el resultado como una anécdota más del caudillo a quien los pájaros hablan. Pero el hecho de que fuese el país ‘amigo’ aquel que suplantó sus pretensiones eleva el coste político de sus consecuencias y ratifica el hecho de que el gobierno de Maduro carece de legitimidad, incluso entre quienes un día asumieron su defensa.

El aislamiento

El aislamiento no es un problema para los dictadores cuando se produce. Puede operarse a través de sanciones internacionales impuestas para frenar su comercio e intercambio, o por medio de su marginación de los grandes eventos de la política internacional y su influencia en ellos. El motivo es que Maduro emana hostilidad allí donde va. No puede considerarse un referente ideológico (nunca lo fue) ni práctico de una izquierda latinoamericana que busca a ciegas un soporte donde reclinar la cabeza, y que la repulsa que genera es solo una parte sustancial de lo que en fondo representa: uno de los autoritarismos más rancios del continente.

Su soledad se extenderá a lo largo del tiempo de forma indefinida. Maduro fue derrotado en las urnas y, a pesar no existe certeza alguna de lo que pueda ocurrir el 10 de enero, si insiste en asumir una presidencia ilegítima agudizará su persecución, lidiará con una crisis económica afligida por el intervencionismo, aceptando un destino labrado por él mismo y el séquito del hampa latinoamericano: Caracas se parecerá cada vez más a La Habana, a costa de la vida y la supervivencia de los venezolanos.

Ver también

Crisis en Venezuela. (Miguel Anxo Bastos).

No, Maduro no se hizo capitalista cuando convirtió en dictador. (Marcos Falcone).

Nicolás Maduro suma al menos 726 muertos en su balance como dictador. (Antonio José Chinchetru).