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Etiqueta: Parasitismo

El ciclo político es parasitario

El parasitismo puede ser entendido como una estrategia para obtener recursos (ganancias) o evitar pérdidas (costes) a costa de perjudicar a otros y suele ocurrir por medio del engaño, el robo y el inquilinato. El parasitismo puede ser temporal o permanente, en cuyo caso las estrategias varían ligeramente, un parasito temporal puede ser más destructivo que un permanente porque en el segundo caso el organismo parasitado debe sobrevivir y poder continuar obteniendo recursos sobre el cuales el parasito extraiga su parte.

El parasitismo no ocurre de manera aislada por lo que muchos otros elementos influyen sobre el sostenimiento de la relación parasitaria. Por un lado, el parasito puede ejercer influencia sobre el parasitado manipulándolo para que presente cambios que favorezcan al parasito y, por otro lado, el parasitado puede desarrollar mecanismos para defenderse ante el parasito, en cuyo caso ambos organismos entrarían en una competencia o carrera armamentista.

Fenotipo extendido

Un elemento interesante en el estudio de las estrategias en el marco del «fenotípico extendido» es que los parásitos pueden tener efectos sobre los genes del parasitado de la misma manera que el ambiente puede «moldear» evolutivamente al organismo. Sin embargo, no es necesario adentrarse en los cambios evolutivos que ocurren entre generaciones para entender que una estrategia parasitaria tiene un impacto complejo en el ambiente y el organismo.

Por ejemplo, el típico parasito intestinal puede afectar negativamente la salud, el desarrollo y la escolaridad de un niño, teniendo repercusiones importantes sobre su productividad e ingresos futuro, convirtiéndose en una variable que indirectamente lo mantienen en la pobreza y viviendo bajo condiciones insalubres que favorecen la propagación de parásitos intestinales.

A partir de la interacción compleja también es posible que una relación inicialmente parasitaria se transforme en una relación simbiótica, es decir, en algún punto de la parasitación los cambios que ocurren en los organismos o el ambiente permiten que el organismo que generalmente pierde o recibe muy poco de la relación pasa a recibir mucho más, de manera que le conviene la relación porque favorece su reproducción, adaptación o supervivencia.

Simbiosis

Este hecho nos permite entender las frecuentes simbiosis (ambos se benefician) entre los grandes empresarios y el Estado. Con frecuencia el Estado parasita a las empresas pequeñas y medianas imponiendo altos impuestos, documentos, permisos, cuotas, entre otro tipo de trabas burocrática, mientras que las empresas grandes suelen llegar a excelentes acuerdos con los políticos para obtener subsidio o protección frente a la competencia extranjera, nacional o frente la pequeñas y medianas empresas. En ese caso, entre el Estado y las grandes empresas hay simbiosis y entre el Estado y los autónomos, pequeñas y medianas empresas hay una relación parasitaria.

Cuando estudiamos las relaciones humanas, solemos enfocarnos en la forma en que el parasitismo constituye un obstáculo para el buen funcionamiento de los sistemas de cooperación, reciprocidad o mutualidad, por lo tanto, suele ser necesario que se identifiquen a los parásitos y tramposos con el objetivo de aislarlos, excluirlos o controlarlos. El problema se agrava cuando las personas con estrategias parasitarias emplean mecanismos políticos complejos para evitar ser excluidos o controlados y para obtener mayor poder sobre aquellos que parasita. Esto ocurre en la política actual, la cual se ha convertido en un campo de batalla en el que los parásitos buscan ganar más y retener a los parasitados, mientras que los parasitados buscan asilarse, excluir a los parásitos o poder generar simbiosis o sinergias sociales con ellos.

El Estado: el medio para parasitar

El Estado puede ser entendido como un parásito en sí mismo. Pero a los ojos de los votantes y grupos de presión parasitarios constituye el medio para conseguir sus objetivos. Así, al distribuir recursos desde quienes aportan más valor hacia quienes aportan menos, ejerce presión sobre los más productivos, generando que:

  1. Eviten formar parte de la clase parasitada, cambiando su comportamiento, evitando emprender, obtener mayores rentas, asumir riesgo que puedan traer potenciales beneficios, etc.
  2. Abandonen la relación parasitaria. Esta situación en ocasiones se sale de control dando rumbo a la migración de los individuos más talentosos, productivos, empresariales, trabajadores, planificadores, ambiciosos y flexibles del país.

Dos estrategias

En el primer caso, cuando casi nadie quiere llevar a cabo la conducta que es parasitada, el sistema entra en crisis. En ese punto, los políticos suelen buscar nuevos culpables o chivos expiatorios, por ejemplo, parasitan brutalmente a los negocios de comida hasta llevarlos casi a su extinción y luego pasan a atacar a los negocios financiaros, vendedores de electrodomésticos, etc. Eventualmente, no queda ningún agente que pueda ser parasitado, el sistema entra en crisis.

En el segundo caso, queda en el país individuos que no son necesariamente parásitos, en cuanto a que no pretenden vivir a costa de los demás, pero que si pueden presentar características socioeconómicas e individuales particulares que influenciaron en su decisión migratoria de no salir del sistema. Los más «parasitables» han abandonado el sistema y solo quedan los menos «parasitables». Resultaría descabellado pensar que las crisis socioeconómicas como la de Venezuela o Cuba generan una emigración aleatoria de rasgos de personalidad o aptitudes, en realidad ocurre una fuga de talentos y de individuos que son más abiertos a la migración o que se sienten más presionados por el ambiente que se vive en su país.

Comienzo del ciclo político

Cuando el parasitismo ha expulsado a una porción crucial de la población o una proporción muy grande de individuos que parasitar, enfrenta su extinción temporal como estrategia. Podríamos decir que en ese punto se sincroniza el ciclo parasitario con el ciclo político, ¿cuál ciclo político? El de socialización progresiva, expansión del estado de bienestar, incremento de la carga fiscal y la hostilidad hacia las empresas, que llega a un punto de insostenibilidad y requiere de liberalizaciones radicales.

En el ciclo parasitario, el punto de quiebre ocurre cuando a las empresas e individuos más capaces los costos de permanecer en el entorno parasitario han superado los beneficios personales, sociales y económicos de permanecer en dicho entorno, por lo que deciden abandonarlo.

Gradiente de parasitismo

Con este análisis no pretendo sugerir que existen entre los ciudadanos dos clases opuestas y claramente delimitados entre parásitos y parasitados, pero sí que existe una gradiente progresiva entre quienes presentan un saldo positivo y quienes presentan un saldo negativo neto por ciertas políticas públicas y fiscales. Además, parte de las consecuencias no intencionadas de ciertas regulaciones e intervenciones económicas son los cambios en los inventivos que hacen desaparecer ciertos comportamientos dentro del grupo o cierto tipo de individuos abandonan el grupo.

Del mismo modo, cabe mencionar un último punto interesante, los países que se liberalizan radicalmente, aunque por lo general sólo pasan a permitir el capitalismo y no el libre mercado o la libertad política, se convierten en entornos de altos riesgos y beneficios potenciales que atraen a individuos con preferencia por este tipo de espacios. En ese caso, el ciclo parasitario no expulsa ni vuelve a capturar al mismo tipo de personas en un orden secuencial.

El socialismo expulsa rápidamente a los individuos más correctos, menos corruptos y oportunistas, favoreciendo a los más mafiosos o parasitarios; y la reapertura económica atrae inicialmente a los más audaces y tolerantes al riesgo y, en la medida en que se reconstruye un orden institucional seguro y confiable, puede reaparecer un mayor autocontrol, virtudes burguesas y buenas costumbres.

Un ciclo

El parasitismo social siempre existirá, pero los grupos deberán encontrar formas de lidiar con ellos o de transformar la relación en simbiosis social. Sin embargo, el Estado, que es en sí mismo un parásito y un medio para parasitar, es un agente con un poder extraordinario que limita significativamente la capacidad social de hacer frente a los parásitos. Esto provoca que la estrategia se descontrole y que el parasitado muera o se retire; que emigre. En ese momento la estrategia deja de ser viable. Así, el Estado puede pasar a parasitar a los restantes o puede producirse una crisis que provoque cambios políticos e institucionales que atraigan de nuevo a los emigrantes o que favorezca la reaparición de las conductas desfavorecidas por el parasitismo previo.

En consecuencia, analizado de este modo, el ciclo político de socialización progresiva, crisis y liberalización es el ciclo de parasitismo progresivo, descontrol (consecuencias no intencionadas y cambios extendidos en el entorno) y disminución radical o cambio de estrategia.