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Etiqueta: Pedro Sánchez

Perro no come perro

De todos los descréditos a lo que Pedro Sánchez ha sometido el Estado de derecho, las instituciones o el mero poder estatal con tal de mantenerse en el poder, sin ninguna duda aquel que ha sido llevado al límite es el Tribunal Constitucional. No es que Radio Televisión Espantosa, la Universidad Complutense, Renfe o el Tribunal de Cuentas, por citar algunos, no hayan quedado a los pies de los caballos y vayan a necesitar décadas para empezar a volver a ser algo medio decente. Lo que decimos es que este Tribunal Constitucional ha llegado a un nivel de vileza del que es muy difícil que la institución pueda recobrarse.

En sus orígenes, la propia existencia de un Tribunal Constitucional, o de garantías constitucionales, es algo anómalo. En teoría, dicho tribunal, elegido enteramente por los políticos, tiene la noble causa de garantizar que los tribunales ordinarios no tengan la tentación de no cuidar los derechos constitucionales de los ciudadanos. Vamos: lo que viene siendo poner a la zorra a cuidar de las gallinas. Nos tenemos que creer que, después de tantos recursos, los jueces han dejado de lado los derechos fundamentales de los acusados y tiene que venir un grupo de magistrados muy obedientes al poder político para hacer que las reglas de juego se cumplan.

La suerte de tener una máquina borradora de delitos

Desde la última renovación del Tribunal Constitucional, la cuestión ha llegado, como decimos, a unos límites tan explicables como la propia existencia del tribunal, toda vez que se entiende para qué se creó. Con una ponencia de Inmaculada Montalbán, juez premiada por José Antonio Griñán en su día, el Tribunal Constitucional borró parcialmente los delitos de los expresidentes José Antonio Griñán, Manuel Chaves y Magdalena Álvarez.

El premio no puede ser más goloso: una causa que pasó por las manos de cuarenta jueces y en la que todos vieron prevaricación, los magistrados puestos a dedo por los políticos les exoneran de cualquier responsabilidad en el uso ilegítimo de fondos públicos en el denominado Caso ERE, esto es, el desvío de más de mil millones de euros para comprar una base electoral sólida en la que mantenerse en el poder.

La razón, como abducen los magistrados en la sentencia, estriba en que el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía tenía capacidad legal para cambiar el presupuesto sin tener que volver a pasar por el legislativo autonómico. Esto se desprende de una ley previa que así lo establecía y, dado que la oposición, esto es el PP, que siempre está para echar una mano y no precisamente para hacer el bien, no elevó un recurso de inconstitucionalidad por esta norma, se entiende que la norma es totalmente válida.

Restringir derechos no es suspenderlos, así que muy bien

Pero esto no es nada en comparación con el esperpento vivido recientemente, con un cambio en el criterio que estableció como ilegales los estados de alarma de 2020 y 2021. En una resolución que debería haber hecho caer al gobierno, el Tribunal Constitucional estimó parcialmente un recurso de Vox contra estos decretos que suspendían derechos fundamentales sin el paraguas legal para hacerlo. Pues bien, en otro recurso presentado también por Vox, sólo que esta vez contra una norma autonómica de Núñez Feijóo que obligaba a los no inoculados a permanecer en casa, entre otras situaciones.

El caso es que el Tribunal Constitucional, de forma absolutamente nueva y rompedora, ha creído conveniente cambiar una sentencia previa, pese a que en esta ocasión se tenía que pronunciar sobre otra situación distinta. Ahora dicen Conde-Pumpido y sus acólitos, que algún día recibirán un premio porque no ha habido gente más obediente en este país desde que Cortés tomó el Imperio Azteca en nombre de Carlos I, que restringir los derechos hasta el extremo es eso mismo, restringir, pero no suspenderlos, tal y como había señalado en la sentencia anterior.

Desde luego, con la presidencia de Cándido Conde-Pumpido en el Tribunal Constitucional, la seguridad jurídica en España ha alcanzado su clímax. La cuestión judicial más importante en este momento y que terminará por poner otro clavo en el ya fallecido Régimen del 78, la Ley de Amnistía, tiene una resolución judicial a nivel nacional, ya veremos a nivel europeo, que no admite duda ninguna: constitucional. No se puede negar, en ese sentido, que Conde-Pumpido no realiza más su trabajo. Ya se sabe: perro no come perro.

Ver también

Los planes de un pícaro. (José Antonio Baonza Díaz).

Anatomía del sanchismo. (Cristóbal Matarán).

Cinco casos que confirman que Sánchez gobierna a base de improvisación. (Antonio José Chinchetru).

Carta a Pedro Sánchez

Se ha dirigido usted a la ciudadanía mediante una carta bastante inusual. Como ciudadano le contesto con unos comentarios y preguntas, aunque no espero que tome usted un poco de su tiempo para leer estas líneas, y mucho menos contestarlas.

¿La gravedad de los ataques que están recibiendo usted y su esposa podría deberse a la gravedad de sus conductas, como sus constantes mentiras o “cambios de opinión”, sus alianzas con radicales de extrema izquierda, independentistas y herederos de terroristas, su sistemático desprecio y constantes ataques a quienes no sean de izquierda o extrema izquierda, y posibles actos delictivos de corrupción y tráfico de influencias investigados por la justicia?

¿Dirigirse directamente por carta a la ciudadanía a través de redes sociales, sin establecer ningún tipo de diálogo, sin contestar a preguntas o críticas, es más democrático que dialogar en el Parlamento ante los representantes electos de los ciudadanos? ¿No parece más bien una conducta poco institucional, típicamente populista y propia de autócratas y demagogos?

Asegura usted que Manos Limpias es una organización ultraderechista. ¿Eso es algo malo, ilegal, inmoral? ¿No tiene usted múltiples alianzas con grupos ultraizquierdistas? ¿Si su carta es para toda la ciudadanía, los ciudadanos de ultraderecha no son parte de la ciudadanía, o son una parte malvada a extirpar? ¿La derecha es el mal y la izquierda es el bien, y por eso usted es de izquierdas?

¿Por qué no menciona por su nombre a esas “dos cabeceras digitales que han venido publicando sobre este asunto”? ¿Que sean “medios de marcada orientación derechista y ultraderechista” los hace poco fiables, no veraces? ¿Solo podemos confiar en medios de marcada orientación izquierdista y ultraizquierdista?

Afirma usted que “Begoña defenderá su honorabilidad”. ¿Y qué pasaría si no la tuviera o esta no fuera intachable? ¿Es imposible que haya cometido ningún delito? ¿Usted es alguien especialmente honorable, y debemos creerlo y confiar en su palabra? ¿No nos ha mentido o faltado a sus compromisos nunca antes? ¿No tiene usted cierta reputación de mentiroso sin escrúpulos?

Dice que han desmentido las falsedades vertidas y que son “hechos tan escandalosos en apariencia, como inexistentes” y habla de “supuestas informaciones”, “falsedades”, “informaciones espurias”. ¿Si las apariencias engañan, por qué no esperar a que la justicia haga su trabajo y demostrar su inocencia? ¿No acaba de decir usted que confía en la justicia? ¿Los supuestos delitos de tráfico de influencias y de corrupción en los negocios de su mujer, seguro que solo son supuestos? ¿Seguro que son todo calumnias, difamaciones, injurias? ¿Nos lo asegura usted, y eso debería bastar?

Pasa usted en su carta de hablar de dos cabeceras digitales “de marcada orientación derechista y ultraderechista” a mencionar a una “constelación de cabeceras ultraconservadoras” y “una galaxia digital ultraderechista”. ¿Dos elementos son una constelación o una galaxia, o es que hay muchos más medios malvados que tampoco serán identificados? ¿Se trata de la fachosfera de la que usted se ríe y burla? ¿No merecen ser nombrados para que todos sepamos quiénes son?

Menciona usted una presunta estrategia y operación de acoso y derribo que está perpetrándose por la derecha y la ultraderecha, con dos nombres propios como los señores Feijóo y Abascal, “colaboradores necesarios”. Según la RAE perpetrar es “cometer, consumar un delito o culpa grave”. ¿Está usted acusando a Feijóo y Abascal de delincuentes como colaboradores necesarios de la comisión o consumación de un delito?

Critica usted a Feijóo y a Abascal por sobreactuar. ¿Esta carta suya no podría ser también una sobreactuación? ¿Tal vez está usted sobreactuando para hacerse la víctima y presentarse como el heroico salvador del pueblo perseguido por los malvados poderosos de la derecha y la ultraderecha?

Resume usted: “se trata de una operación de acoso y derribo por tierra, mar y aire, para intentar hacerme desfallecer en lo político y en lo personal atacando a mi esposa”. ¿En su “Manual de resistencia” no dejó usted claro que usted sabe cómo resistir y no desfallecer en lo político?

¿Como Begoña Gómez es su esposa, cualquier ataque contra ella debe ser algo personal contra usted, porque ella no puede hacer y no ha hecho nada ilegal, y los denunciantes lo saben, que usted puede leer sus mentes y nos informa de ello?

Después de hacerse la víctima en lo personal afirma usted que en realidad los ataques no son personales contra usted, sino contra lo que usted representa, “una opción política progresista, respaldada elección tras elección por millones de españoles, basada en el avance económico, la justicia social y la regeneración democrática”. ¿Las opciones políticas de la oposición se basan en el retroceso económico, la injusticia social (o la justicia antisocial, a saber), y la degeneración democrática? ¿Usted representa el bien, la verdad, la justicia, y la oposición es el mal, la mentira, la injusticia?

¿Ya que menciona los millones de votos de su opción política progresista, no hubo otra opción política conservadora que obtuvo también millones de votos en las últimas elecciones generales, y más que la suya? ¿Para permanecer en el poder no ha tenido que aliarse con algunas fuerzas políticas independentistas que no son precisamente progresistas sino más bien conservadores nacionalistas catalanes y vascos?

Dice usted que hace años defendieron “la autonomía política de la organización que mejor representa a la España progresista, el Partido Socialista”. ¿Quiénes amenazaban esa autonomía política? ¿Otros socialistas? ¿Oscuros poderes fácticos no identificados?

Menciona usted “el ignominioso grito de ‘que te vote Txapote’.” ¿Por qué sería ignominioso? ¿En la campaña electoral de las recientes elecciones autonómicas en el País Vasco, qué decían algunos socialistas sobre Bildu y su pasado etarra? ¿No acaban ustedes de decir que los votos de Bildu son de los suyos?

Dice usted que “en las elecciones generales del 23 de julio de 2023… el pueblo español votó mayoritariamente por el avance”. ¿Izquierda, ultraizquierda e independentistas son avance, algo bueno, y todos los demás son retroceso, algo malo?

Afirma usted que “La democracia habló, pero la derecha y la ultraderecha, nuevamente, no aceptaron el resultado electoral”. Luego insiste con que “no aceptan el veredicto de las urnas”. ¿La democracia habló tras ser informada en los debates electorales y en múltiples declaraciones de que no se cruzarían ciertas líneas rojas, que no habría alianza con partidos herederos del terrorismo ni con independentistas, y que no habría amnistía, algo que consideraban indeseable e inconstitucional? ¿Qué hizo usted tras las elecciones para mantenerse en el poder?

¿En qué sentido la derecha y la ultraderecha no aceptaron el resultado electoral? ¿Lo impugnaron ante los tribunales? ¿Dieron un golpe de estado? ¿Impidieron de algún modo la formación de su gobierno?

¿Cuando menciona usted que la derecha y la ultraderecha han “traspasado la línea del respeto a la vida familiar de un presidente del Gobierno y el ataque a su vida personal”, recuerda lo que han hecho usted mismo y muchos otros socialistas contra Isabel Díaz Ayuso y su vida personal y familiar? ¿Recuerda cuando amenazaba a Feijóo diciéndole que “hay más cosas de tu mujer”, cómo se reía y cómo aplaudían sus compañeros?

¿No es usted especialista en poner en marcha la máquina del fango sin ningún rubor, algo de lo que acusa a la oposición? ¿Sus acusaciones de corrupción en sede parlamentaria contra la presidenta de la Comunidad de Madrid y su hermano no consistían en “tratar de deshumanizar y deslegitimar al adversario político a través de denuncias tan escandalosas como falsas”?

Menciona usted “nuestro querido país”. ¿Usted lo quiere mucho, y por eso pacta con quienes quieren destruirlo, los indulta e intenta amnistiarlos?

En su peculiar, subjetiva y muy sesgada lectura de la situación aparece “una coalición de intereses derechistas y ultraderechistas que no toleran la realidad de España”. ¿No existe ninguna coalición de intereses izquierdistas y ultraizquierdistas actualmente en el gobierno? ¿Estos son muy tolerantes con todos los españoles?

¿Cuando menciona usted los “palmarios escándalos de corrupción” de derecha y ultraderecha, recuerda usted a Ábalos y Koldo, del PSOE, nombres muy de actualidad por alguna razón?

Asegura usted que derecha y ultraderecha quieren “esconder su total ausencia de proyecto político más allá del insulto y la desinformación”. ¿De verdad que no tienen proyecto político? ¿Sus votantes son tontos que no saben qué votan? ¿La izquierda y la ultraizquierda no insultan ni desinforman, no practican la destrucción personal y política del adversario valiéndose de todos los medios a su alcance?

Según usted la “coalición de intereses derechistas y ultraderechistas … se extiende a lo largo y ancho de las principales democracias occidentales”. ¿Esta conspiración mundial debería dar mucho miedo? ¿No hay ninguna coalición de intereses izquierdistas y ultraizquierdistas que se extiende a lo largo y ancho de las principales democracias occidentales, y quizás también por otros países no occidentales y no ejemplarmente democráticos?

Usted nos garantiza que responderá “siempre desde la razón, la verdad y la educación”: ¿es lo que ha hecho usted siempre hasta ahora, razonar, no mentir y ser exquisitamente educado? Se pregunta usted “legítimamente” (¿podría preguntárselo ilegítimamente?) si merece la pena todo esto. Usted sabrá, aunque parece que de momento no lo sabe.

Asegura que este ataque sin precedentes es grave y burdo. ¿No estará usted exagerando la gravedad del asunto para hacerse mejor la víctima? ¿Podría ser todo esto un órdago para mantenerse en el poder? ¿Una pataleta infantil? ¿Una artimaña? ¿Una llamada a los suyos a manifestar lealtad y cerrar filas en torno al líder supremo?

Tal vez lo grave es lo que ha hecho usted como político y como presidente del gobierno. Algunos rumorean que lo más grave podría estar por darse a conocer a la opinión pública, y que lo que está usted haciendo en realidad con estos extraños días de “reflexión” es ganar tiempo para negociar acuerdos para conseguir inmunidad o impunidad y que ciertas cosas no se sepan. ¿Quiere comentar algo al respecto? ¿Se trataría de bulos sin fundamento? Dice usted que además de político es una persona y que está profundamente enamorado de su esposa. ¿Tal vez quiere presentarse como alguien amable, sensible y vulnerable, en lugar del psicópata, narcisista y maquiavélico que sistemáticamente demuestra ser? ¿Acaso los políticos de la oposición a los que usted ataca en lo personal no son personas ni tienen sentimientos por sus seres queridos?

Continúa repitiendo múltiples veces el mantra de la “derecha y ultraderecha” y su fango y su maldad política. ¿Seguro que escribe usted para toda la ciudadanía, como servidor y representante de todos, o tal vez está intentando activar miedos y odios motivadores entre sus apoyos en la izquierda y la ultraizquierda?

Dice usted que necesita parar y reflexionar si debe continuar al frente del Gobierno o renunciar a este alto honor. Asegura que nunca ha tenido apego al cargo, “a pesar de la caricatura que la derecha y la ultraderecha política y mediática han tratado de hacer” de su persona. ¿Por qué debemos creerlo, cuando toda la evidencia apunta en la dirección contraria? ¿Si tuviera una enorme ansia por el poder, lo reconocería? Dice usted de sí mismo que tiene apego “al deber, al compromiso político y al servicio público. Yo no paso por los cargos, hago valer la legitimidad de esas altas responsabilidades para transformar y hacer avanzar al país que quiero.” Qué buena persona es usted, según nos informa usted mismo acerca de sí mismo. Qué malvados e ignorantes tienen que ser los ciudadanos que no lo aprecian o votan.

Ver también

Por qué Pedro Sánchez hace tantas concesiones a los nacionalistas catalanes. (Antonio José Chinchetru).

Anatomía del sanchismo. (Cristóbal Matarán).

¿Por qué ‘ganó’ tan fácilmente Pedro Sánchez? (José Antonio Baonza Díaz).

Las altas magistraturas pueden delinquir. (José Antonio Baonza Díaz).

Anatomía del sanchismo

Se ha repetido hasta la saciedad que Pedro Sánchez ha convertido el PSOE en una suerte de Partido Sanchista. Desde su segunda toma del poder partitocrático en 2017, Sánchez ha conseguido eliminar (políticamente) a todo aquel que pudiera hacerle la más mínima sombra en el partido; especialmente Susana Díaz. Pero moldear el partido a su antojo es únicamente la punta de lanza de una forma de hacer política que, pese a sus circunstancias y características propias, no deja de ser una forma de socialismo.

La primera característica definitoria del sanchismo es su control de los medios de comunicación. No es que únicamente el Partido Socialista haya llegado a un punto de control sobre los medios de comunicación estatales (RTVE y Agencia EFE) que no tenga parangón en la historia del presente periodo democrático, sino que, además, ha llevado a la oposición a una situación de puro arrinconamiento en el sector privado. Encontrar un periodista que sostenga una opinión mínimamente contraria a cualquier política del gobierno en una televisión generalista resulta un ejercicio de enorme dificultad. Ahí tenemos a Albert Castillón, periodista de Antena 3 despedido del programa matinal por leer una declaración durante una manifestación conjunta de la oposición en la Plaza de Colón. Los medios de comunicación críticos con el gobierno han quedado en alguna radio, algún digital y podcast o canales de YouTube. Absolutamente nada parecido a un Tucker Carlson español.

La segunda característica del Partido Sanchista sería su ataque, por no hablar de claro menosprecio, a los derechos fundamentales de los ciudadanos. El gobierno de coalición ha pilotado durante 2020 el mayor ataque a la libertad individual en décadas, con la constatación de un ilegal arresto domiciliario contra cuarenta y siete millones de españoles. Este ataque a los derechos fundamentales se vio rápidamente contrarrestado por algunas autonomías, especialmente Galicia, Comunidad Valenciana y Andalucía, con la cooperación necesaria de las salas de lo contencioso-administrativo de sus correspondientes tribunales superiores de justicia. Posteriormente, repetidas sentencias del Tribunal Constitucional han determinado la ilegalidad de los confinamientos generalizados, así como de las medidas de acceso a establecimientos y no digamos ya de los toques de queda dictados por aprendices de dictadores en algunas regiones.

Un corolario de esto es la situación de la seguridad ciudadana. Algunas ciudades y barrios españoles, especialmente Barcelona, están experimentando problemas de seguridad ciudadana que ya hemos observado en Francia o Bélgica, por citas algunos casos más conocidos. La respuesta ha sido la táctica del avestruz: esconder la cabeza sin atacar el problema de frente. Mientras tanto, la degeneración de ciertas ciudades sigue su curso, aunque bien es cierto que la política municipal tiene más que ver.

En cuanto a la política exterior, el sanchismo pasa por la asunción de cualquier política contraria a los intereses españoles sin siquiera pasar por el legislativo. Ahí tenemos el ejemplo del Sahara Occidental. Medio siglo de política exterior que no ha variado con ningún gobierno cambia de un día para otro sin que siquiera el presidente del gobierno lo consulte con sus propios socios. Ni el más mínimo resquicio puede escapar a la acción del sanchismo. No puede dejarse alguna votación de tal envergadura a un legislativo en el que no cuenta con la mayoría. Esperemos que algún día sepamos todos los detalles de semejante cambio en algo tan fundamental y que choca de frente con el propio programa electoral socialista.

En educación, especialmente en el ámbito universitario, la situación se agrava con el tiempo. Frente a unas universidades privadas que están comiendo la tostada a pasos agigantados a las estatales, el gobierno reacciona aumentando los requisitos para la creación de nuevas universidades y la acreditación del profesorado. Esta labor se realiza con la convicción de que las universidades privadas no podrán admitir exenciones para investigación tan enormes debido a que sus ingresos provienen, casi de forma exclusiva, de las matrículas de sus estudiantes. No es posible para una universidad privada descuidar la docencia si quiere sobrevivir.

Por último, el que puede que sea el rasgo más distintivo del sanchismo pase por el control de todas las instituciones estatales. No se trata únicamente de ocupar de manera mayoritaria el ejecutivo, con sus carteras más importantes. Los medios de comunicación, el Tribunal de Cuentas, el Tribunal Constitucional, el Bando de España, el Instituto Nacional de Estadística, el Consejo General del Poder Judicial y la Fiscalía tienen que ser correas de transmisión del partido. No puede existir la más mínima discrepancia o independencia. Bien es cierto que todos los gobiernos han intentado colonizar las instituciones en cierto grado, pero la característica fundamental del sanchismo es el nivel al que se ha llegado y la complacencia de los medios de comunicación para justificarlo.

En resumen, el poder del sanchismo va poco a poco acaparando medios e instituciones, no sólo durante el tiempo que estén en el gobierno, sino, y esto es lo más relevante, para las situaciones en las que no ostenten el poder. Habrán tejido para entonces una red de pleitesía y sumisión que será muy difícil desenredar. ¿Un gobierno presidido por Núñez-Feijóo capaz de deshacerlo? Permítanme que lo dude.