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Etiqueta: Pensamiento liberal

La evolución del voto español al Parlamento Europeo

Después de las últimas elecciones al Parlamento Europeo, se ha hablado mucho del avance de la izquierda y del fin del bipartidismo. Para hacernos una idea clara de cómo ha evolucionado el mapa político español, veamos en un gráfico el reparto del voto en las sucesivas convocatorias electorales.

La tendencia más destacable es la consolidación del alto porcentaje de abstención, a pesar del continuo bombardeo de política al que estamos sometidos desde todos los medios de comunicación. Es de enorme relevancia que más de la mitad de la población española no considere su voto como una herramienta útil para mejorar su vida. Al menos, no lo suficiente para emplear una mañana de domingo en ir a votar.

La izquierda siempre ha estado fragmentada, sobre todo, cuando las cosas van mal y el PSOE defrauda a su sector más izquierdista. Tan solo hay que remontarse a las elecciones de 1994 para ver cómo, tras la debacle del PSOE de Felipe González, IU conseguía el voto del 7,91% del censo. Un porcentaje no muy diferente del 8,08% que ahora suman IU y Podemos. La novedad en esta ocasión es que parte de los votos que perdió el PSOE por la derecha han ido a parar a UPyD y C’s en vez de a la abstención, dejando al descubierto la composición ideológica de su electorado más activo.

Al otro lado del espectro político, el PP no siempre fue capaz de cosechar todo el voto del centro derecha no nacionalista. Un PP que, con Rajoy al timón, mostró la puerta a liberales y conservadores para abrazar una suerte de moderación socialdemócrata. Esta estrategia no parece convencer ni a los que se quejan de recortes en los servicios sociales ni a quienes se ven expoliados por las incesantes subidas de impuestos para pagar esos servicios, perdiendo votos por ambos extremos.

Haciendo una lectura nacional, la concentración del voto parece venir determinada por el deseo de evitar un mandato del signo opuesto. Pero, después de que Rajoy diera continuidad a la política económica de Zapatero, ni la izquierda considera el proyecto del PSOE una alternativa al actual gobierno ni los defraudados por el PP temen la vuelta de los socialistas al poder como en otros tiempos. Está por ver si en el futuronuevas caras consiguen volver a concentrar el voto en torno a un proyecto o contra él.

Falsa conciencia, golden age thinking y tecnofobia

Circula nuevamente por la red un vídeo, que ha sido viral, titulado Look Up. El vídeo nos invita a reflexionar sobre el aislamiento social que generan las nuevas tecnologías. Debo reconocer que contiene un mensaje bastante efectista: la cadencia cuasi poética del discurso unido a un juego de imágenes sobrio pero bien elaborado, junto con la dosis adecuada de emotivismo logra conmover. El vídeo fue creado por un joven director cinematográfico, Gary Turk (27 años), quien lo subió a la red el pasado 25 de abril. Fue trending topic y objeto de debate, especialmente en el mundo anglosajón; incluso llegó a noticia de análisis en la BBC. Ha sido visto más de 39 millones de veces y tiene una buena cantidad de “me gusta”: más de 300.000.

No quiero caer en la crítica fácil como sería, por ejemplo, la de subrayar algo que el propio creador reconoce: tener que usar la tecnología para difundir un mensaje crítico sobre el uso de la tecnología. Tampoco me detendré en el lamento muy común, también presente en el vídeo, de quien tiene centenares de “amigos” en Facebook (422, en el caso de Gary) pero se siente solo. Descuento que Gary entiende que la palabra “amistad” se dice de muchas maneras y que “tener amigos en Facebook” suele aglutinar un rango bastante amplio de relaciones: desde el típico “contacto de Facebook”, pasando por conocidos, compañeros, colegas del trabajo, contactos profesionales o de aficiones comunes, y llegando a los amigos más íntimos y familiares.

Deseo centrarme en lo que entiendo es el mensaje principal del vídeo. Aclaro que me resulta interesante ya que en buena medida sintetiza y transmite de un modo simple y con una buena dosis de pegada emotiva, una idea muy extendida sobre los peligros que esconde el uso de la tecnología en la vida actual. Estos peligros estarían vinculados al aislamiento y la soledad.

Desafortunadamente, creo que la perspectiva que se adopta es errónea fruto de apoyarse en presupuestos argumentales falsos. El vídeo enseña que, aunque resulte paradójico, las tecnologías de la información y de la comunicación aíslan a los seres humanos, encerrándolos en ellos mismos y alejándoles del mundo real. El mundo real sería el de la presencia y el contacto físico, el mundo donde se produce el encuentro de miradas, la caricia tierna y el abrazo cálido. Existe una brecha casi insalvable entre el mundo de la densidad y el encuentro con el otro y el de la pseudo-realidad etérea y lúdica, expresiva del mundo virtual. Al mismo tiempo, como consecuencia de lo anterior, el mensaje del vídeo conectaría con una intuición muy recurrente en estos casos: creer que el pasado reciente, cuando no estábamos tan invadidos por la tecnología, era un mundo mejor y más humano, de mayor contacto y diálogo personal.

Aunque el mensaje suene bastante sensato e incluso aleccionador –no en vano el vídeo ha sido viral–, se apoya en una evaluación errónea de la situación fruto de caer en lo que se conoce como falsa conciencia. La falsa conciencia –término popularizado por Marx y Engels (falsche Bewutseins) y cuyo contenido es difícil de asir– sirve para describir un entresijo importante presente en la psiquis humana. A continuación, intentaré explicar esto.

Los hombres muchas veces somos víctimas de nuestras inconsecuencias. En efecto, no siempre somos consecuentes entre las cosas que pensamos, lo que desearíamos ser, las cosas que decimos y las cosas que, finalmente, terminamos haciendo. La falsa conciencia muchas veces se ve potenciada por una errónea evaluación –a nivel teórico-conceptual– de la situación a la que uno se enfrenta. Ilustraré esto con un ejemplo. Imaginemos un alumno que estudia administración de empresas y cuya razón íntima por la que eligió esta carrera es su deseo de “ganar mucho dinero” y acceder a un “elevado nivel de vida” en el futuro. En un segundo paso suele comparecer el error a nivel teórico. En este caso el joven identifica que el deseo de ganar mucho dinero y acceder a un elevado nivel de vida se identifica con una orientación vital egoísta y moralmente censurable (hay que decir que las asignaturas de corte más humanista en las facultades de economía –ética empresarial, responsabilidad social, etc.– suelen ser dictadas de modo bastante sesgado, contribuyendo en buena medida a potenciar todo esto en el alumno) y no concibe que pueda ser posible jerarquizar fines vitales de un modo ordenado, contemplando los objetivos señalados sin que ello implique que uno deba caer en el egoísmo o la avaricia. De este modo, al mismo tiempo que reconoce íntimamente que su vida está orientada hacia fines egoístamente considerados, reconoce abiertamente que el egoísmo y la avaricia están a la base de los dramas humanos que vive la sociedad contemporánea. La falsa conciencia se refiere a estos escenarios de inconsecuencia vital y disonancia cognitiva.

Dando un paso más, se puede decir que las personas envueltas en este tipo de situaciones suelen seguir dos tipos de estrategias: en algunos casos se intenta dar un giro radical –en el ejemplo mencionado ello implicaría abandonar la carrera universitaria– y embarcarse en un proyecto vital que no sea percibido como egoísta por parte del agente. En otros casos, se intentan soluciones parciales o de compromiso –en el ejemplo citado esto vendría marcado por el intento de neutralizar o disminuir la brecha entre lo que se piensa y lo que se hace, dando más espacio a proyectos vitales no egoístas. Actividades como el voluntariado, la colaboración en ONGs y en diversas instituciones de ayuda al prójimo suelen ser los ámbitos que permiten canalizar esta decisión. Las diversas estrategias de responsabilidad social empresarial encuentran en este marco buena parte de su razón de ser.

Para hacer las cosas más complejas, muchas veces las inconsecuencias vitales se cierran en falso, es decir con una solución forzada y parcial. En efecto, las dos estrategias arriba señaladas pueden considerarse erróneas si son fruto de que el agente no ha sido capaz de articular una idea más madura y ponderada de la relación entre el legítimo deseo de progreso personal –y el papel que la obtención de dinero juega en ello– y el desorden moral que implican el egoísmo y la avaricia. Estas pseudo-soluciones, fruto de haber evaluado erróneamente el escenario, son vistas como las únicas soluciones posibles y suelen inspirar al agente que las ha encontrado a lanzarse al mundo con el fin de pontificar e iluminar a los demás, para que sigan el camino que él ha tomado. A la persona que es víctima de la falsa conciencia le resulta sencillamente inconcebible que las cosas puedan ser –y efectivamente lo sean para otras personas– percibidas y resueltas de otro modo. Como el adicto rehabilitado, que no concibe un modo no potencialmente adictivo de relacionarse con el alcohol, el tecnófobo, víctima de la falsa conciencia, no puede concebir una relación con la tecnología que no sea deshumanizadora.

A menudo la falsa conciencia suele combinarse vitalmente con el sesgo cognitivo del golden age thinking o efecto de retrospección de Rosy. En psicología los sesgos cognitivos constituyen un conjunto de efecto psíquicos que producen ciertas desviaciones en el proceso de percepción de la realidad. Como resultado de esto se producen juicios inexactos, valoraciones desajustadas e interpretaciones argumentalmente ilógicas. Constituyen un fenómeno muy presente en los casos de irracionalidad práctica. El sesgo de retrospección de Rosy designa la tendencia de los agentes a valorar los eventos y situaciones pasadas como mejores de lo que realmente han sido, y como cualitativamente mejores a los eventos del presente. Se trata de la memoria praeteritorum bonorum de los latinos, o lo que expresa el conocido refrán de que “todo tiempo pasado fue mejor”. Un sano remedio para evitar caer víctima de este sesgo consiste en no tomarse a uno mismo demasiado en serio. En primer lugar, que uno haya podido tener experiencias vitales plenificantes en el pasado –y, afortunadamente, un gran número de personas suelen tener un buen pondus de gratos recuerdos personales de lo vivido durante la adolescencia y juventud, al menos en cuanto a la salud y opciones vitales de una edad vital marcada por la apertura al futuro y a un gran abanico de oportunidades y decisiones por tomar– no significa que el tiempo histórico en el que uno vivió esas experiencias, entendido como un todo, sea cualitativamente mejor que la época presente.

En segundo lugar, siguiendo con el análisis, que se haga un uso infantil de la tecnología, que incluso sea percibido por uno mismo como un uso no virtuoso, no significa que sea el único modo posible de emplearla o que otras personas no estén usando la tecnología de un modo que permita ampliar y fortalecer las relaciones personales. Basta con conocer cómo utilizan el iPad las personas con visión muy reducida o los no videntes, o cómo han permitido los teléfonos móviles en África mejorar las condiciones de vida y potenciar la comunicación humana en multitud de contextos (en términos de asistencia sanitaria, información meteorológica, acceso a instrumentos de pago, educación, y un largo etc.) para tomar mejor conciencia de esto y reconocer fácilmente que la torpeza personal no está tan extendida como uno puede imaginar.

El temor hacia las máquinas y, en general, hacia los objetos que permitan la innovación no es algo nuevo. El ludismo (luddism) fue un movimiento que entre 1811 y 1817 se caracterizó por asaltar las fábricas de la incipiente industrializada ciudad de Londres, con el objeto de destruir máquinas, telares mecánicos y demás aparatos, considerados responsables de los despidos y del desempleo creciente entre los trabajadores. El movimiento se extendió rápidamente a otras ciudades de Inglaterra. A medida que la revolución industrial se extendía a otras regiones de Europa, también lo hacía el ludismo. Sin embargo, el movimiento se desintegró en poco tiempo, a medida que la responsabilidad era transferida desde las máquinas hacia los propietarios, los capitalistas dueños de las fábricas. De hecho, el ludismo, dado el maniqueísmo simplista que implica, puede ubicarse en la prehistoria del análisis sobre el conflicto social. El marxismo, trasladando el eje del conflicto a la confrontación entre las clases sociales, y situando en la acción del explotador capitalista el origen de los males sociales en la sociedad moderna, ofrecerá un marco conceptual mucho más sólido y atractivo –aunque no menos falso– para la articulación de la identidad del movimiento obrero, durante los años de la revolución industrial. Actualmente, el neoludismo sirve para designar a quienes se oponen a las transformaciones causadas por las posibilidades que abren la tecnología y la informática.

Sería exagerado e injusto señalar que el mensaje del vídeo promueve el neoludismo. Sin embargo, identificar la causa de los fenómenos de aislamiento social contemporáneos en las transformaciones causadas por la tecnología y el mundo digital es de un simplismo sesgado muy próximo a lo que suscribiría cualquier neoludita. En todo caso, conviene prestar atención a fenómenos comunicacionales como el de Gary Turk –recurrentes en la actualidad–, ya que ponen de manifiesto la necesidad de que las personas fortalezcan su espíritu crítico. En efecto, resulta cada vez más necesario que los hombres puedan tener instrumentos de análisis que les permitan identificar situaciones de disonancia cognitiva. El sano espíritu crítico permite distinguir entre la empatía o sintonía afectiva que se puede experimentar ante la captación de un mensaje y la evaluación conforme criterios de razonabilidad que puede tener, o no, ese mismo mensaje. De alguna manera, el problema presente en el vídeo es sintomático de uno de los problemas centrales al que se deben enfrentar quienes intentan promover las ideas de la libertad en un contexto donde el discurso político y el análisis económico a menudo quedan fagocitados por los códigos de la cultura emocional imperante: la tiranía del pensamiento desiderativo o wishful thinking; es decir, la certeza de que un curso de acción queda legitimado por el simple hecho de desear que la acción genere lo que se espera alcanzar, y ello con independencia de la factibilidad real y la racionalidad en la relación medios-fin de la acción emprendida.

Schwartz y la Escuela de Salamanca

Como saben perfectamente los seguidores de nuestra web, hace unos pocos días se celebró la Cena de la Libertad con la entrega de octavo Premio Juan de Mariana, este año otorgado al profesor, economista, político y comunicador Pedro Schwartz Girón. En la convocatoria que pueden consultar aquí mismo aparece una biografía sumaria del personaje, desde su proyección académica a la interesante actividad política en los últimos años del franquismo y el comienzo de la democracia en nuestro país (una historia que parece empezamos a recordar con mayor interés, al hilo de acontecimientos tan recientes como la proclamación del nuevo rey Felipe VI o la cercana muerte de Adolfo Suárez).

A este respecto, permítanme un recuerdo personal de 1983 o 1984, cuando se celebraron las primeras elecciones para el Rector y el Claustro de la Universidad Complutense de Madrid. Yo estaba terminando la carrera en la Facultad de Filosofía B y, animado por algunos alumnos de Historia o Derecho (quiero recordar entre ellos a mi amigo Fernando Cillán y al que luego ha sido Ministro de Justicia, José María Michavila) organizamos una Candidatura de Estudiantes Liberales (pueden intuir que las siglas del acrónimo fueron poco afortunadas; como también lo fue nuestro resultado…). El caso es que con ese motivo fui a visitar a Pedro Schwartz a una oficina muy cercana al edificio del Congreso: no les puedo precisar el dato, aunque él por entonces participaba muy activamente en la política a través de aquel Partido Liberal o Unión Liberal con el que fue elegido Diputado. Creo que le íbamos a pedir unos altavoces para colocar en un coche (seguramente de otra compañera, Maite Cobo): no sé qué pensaría de aquellos jovencitos estudiantes… El caso es que nos los dejaron.

Pero bueno, de lo que en realidad quería escribirles es de su faceta más académica, y en relación al tema de los doctores de Salamanca. Algo que seguramente no estuvo entre sus primeros intereses: como "figura del liberalismo anglosajón ortodoxo", Schwartz tiene una destacada Tesis Doctoral sobre John Stuart Mill fruto de sus estudios en Inglaterra. Y aunque allí tuvo también oportunidad de conocer a Hayek, yo no diría que esa primera formación económica fuera de orientación austríaca… Pero pienso que, de alguna manera, "los principios de una sociedad de personas libres y responsables", en un entorno de orden espontáneo, sí han quedado reflejados en un pensamiento.

Como sigue diciendo la nota del IJM, al haber "comprobado que la política española no estaba preparada para el liberalismo práctico, volvió a las aulas y al departamento de Economía de la Complutense. Allí, en el seminario de doctoradoque dirigía, se formaron otros liberales españoles como Carlos Rodríguez Braun(premio Juan de Mariana 2013), Manuel Jesús González,Francisco Cabrillo (o Victoriano Martín, añado yo), y consiguió que el debate sobre los diferentes aspectos del liberalismo tuvieran cierto protagonismo en la vida académica española. Por ese seminario pasaron Karl Popper, Mario Vargas Llosa (premio Juan de Mariana 2012) y Marjorie Grice-Hutchinson". Fue precisamente en 1993 cuando la Complutense otorgó un Doctorado Honoris Causa a nuestra recordada historiadora de la economía. Y quiero pensar que con este motivo Pedro Schwartz le prestaría alguna mayor atención a los maestros de la School of Salamanca que con tanto empeño explicaba Grice-Hutchinson.

Pero tenemos que esperar a 1999 para que nuestro galardonado publicase una conclusión de su pensamiento sobre los escolásticos. En un artículo sobre "La ciencia económica en la España del siglo XVI" ofrece un buen estado de la cuestión sobre el tema, a partir de las ideas de Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Martín de Azpilcuela, Tomás de Mercado, Luis de Molina y, por supuesto, Juan de Mariana. Destacaba del jesuita su "notable contribución a la teoría de la inflación" (De monetae mutatione, 1609), así como una "concepción democrática de la soberanía" expuesta en su libro De Rege et regis institutione (1598). Termina el artículo glosando las importantes formulaciones salmantinas sobre "el mercado libre", la teoría del valor de los bienes basada en "la común estimación", "la teoría cuantitativa del dinero" y "la teoría de la paridad del poder de compra en el cambio de las monedas", o su defensa del "libre comercio internacional". Aunque les reconoce "algunos errores analíticos, cual la calificación de la tasa como un precio justo", alaba finalmente su importante influencia en "las bibliotecas de los fisiócratas franceses y los moralistas escoceses" (gracias, como sabemos, al papel transmisor de Hugo Grotius).

Seguramente, de este acercamiento a los doctores de Salamanca surgió años después la composición de un libro en la colección Mediterráneo Económico (2006), con varios capítulos centrados en la economía de la Europa medieval y moderna (pueden consultarlo en http://www.publicacionescajamar.es). Destaco sobre todo el de Cecilia Font de Villanueva: "La racionalidad económica en la Escuela de Salamanca". A propósito de este texto, en la introducción general al libro, dice Pedro Schwartz que la Escuela de Salamanca aportó una consistente orientación moral y humanista, proponiendo una antropología bien distinta "de la que pasa con el nombre de homo oeconomicus". Pienso que esta es una de las claves para resolver la crisis económica y social que nos envuelve. Porque, en palabras de nuestro premiado, "lo ético es la sustancia de lo económico". 

Los temores del PSOE

Andan preocupados en la calle Ferraz por lo que pueda depararles el futuro. Curioso, cuando menos. En efecto, hace no mucho tiempo, de la mano de Rodríguez Zapatero rompieron consensos básicos como el relativo a la lucha contra el terrorismo de ETA o la organización territorial del Estado. En ambos casos, el objetivo era estigmatizar al PP y restringirle indefinidamente las opciones para gobernar.

Lo más grave de aquel modus operandi es que los socialistas lo trasladaron a la calle. ¿Quién no se acuerda de los gritos de "asesinos" dirigidos a los votantes del PP por el tema de Irak? Todo valía con tal de llegar al poder. Una vez en él, multiplicación de fuegos artificiales y medidas liberticidas que en un primer momento solaparon algo que ahora se hace obvio: que el socialismo español mostraba síntomas de división.

En efecto, la formación de UPyD supuso el primer ejemplo. Posteriormente, voces aisladas, como Joaquín Leguina, se encargaron de mostrar que en la dirección de Rodríguez Zapatero había más ruido que nueces. Aún con ello, las huestes gubernamentales preferían hablar del idilio con el PSC (subrayando la autonomía de éste como una gran aportación a la democracia), de la España plural (y sus diferentes naciones integrantes) o de la paz en el País Vasco (cuya traducción era la claudicación ante ETA).

Dentro de este modus operandi, resucitar a Franco ocupó un lugar destacado. Convocar las elecciones generales de 2011 un 20 de noviembre significó el último y desesperado intento de señalar a la derecha. A ésta, el sectarismo socialista sigue sin aceptarla como parte del sistema democrático español, de tal modo que cuando gobierna, parece más bien una concesión recibida de la bondadosa izquierda.

Con todo ello, en la actualidad el PSOE recoge lo que sembró entre 2003-2011. Sin embargo, no parece haber escarmentado a tenor de lo que alguno de sus futuribles secretarios generales espeta. Al respecto, nuevamente se baraja la alianza con la izquierda visceral (y radical) como herramienta, en lugar de buscar el consenso en determinadas materias con el principal partido de la oposición, al que opta por insultar, pese a que disfruta de la mayoría absoluta.

Por tanto, resulta probable que la pedante (y vacua) expresión "derecha extrema" reaparezca. Con ella buscarán tapar lo que realmente existe en España: una extrema izquierda tan peligrosa como callejera o mejor dicho, peligrosa precisamente por ser callejera, que se amamantó durante la hegemonía zapateril.

Esta extrema izquierda (a la que insistimos, gente del socialismo no hace ascos) es la encargada de expedir los carnets de demócrata y refleja una peculiar concepción de la libertad de expresión. Además, tiene un curioso modo de funcionar, en cualquier caso nada democrático, en el que sobresale la preferencia por el escrache y el acoso al disidente.

Nada diferente a las actuaciones que sufrieron en carnes propias tiempo atrás los Josep Piqué, Rosa Díez, Alejo Vidal-Quadras o Albert Rivera, cuyos actos eran boicoteados y su integridad física amenazada. En el colmo del surrealismo, Otegui fue presentado como un "hombre de paz", se menospreció a las víctimas del terrorismo poniéndose en cuarentena su dignidad o se pactó con ERC la gobernabilidad de España, nación que para Zapatero era "discutida y discutible". A nivel exterior, tampoco el panorama resultó ser mejor pues se combinó el rancio antiamericanismo con la visión paternalista de la dictadura cubana, al mismo tiempo que bajo el paraguas de la Alianza de Civilizaciones, el ejecutivo se dotó de una misión cuasi-mesiánica.

En definitiva, el cainismo está instalado en el PSOE, cuyos complejos a la hora de posicionarse hacia temas fundamentales sobresalen tanto como la demagogia conceptual practicada.

‘Podemos’ y la batalla de las ideas

Los resultados de las pasadas elecciones europeas dejaron, para sorpresa de propios y extraños, a un claro ganador: Podemos. Un partido político -aunque ellos prefieren denominarse plataforma de ciudadanos- de apenas cuatro meses de vida ha logrado ser la cuarta fuerza política con más de 1.200.000 votos y contando con apenas 110.000 euros de presupuesto para la campaña electoral. Podemos ha sabido capitalizar el malestar de una buena parte de la población, especialmente del movimiento ciudadano 15-M y sobre todo, ha sabido aprovechar el gran tirón mediático de su líder, el politólogo y tertuliano Pablo Iglesias.

Pocos días después de dichos comicios, los medios de comunicación comenzaron a desgranar el programa de Podemos y muchos fueron los que se llevaron las manos a la cabeza. No es para menos: sus propuestas, especialmente en materia económica, son liberticidas y empobrecedoras a partes iguales. Fuerte aumento del salario mínimo interprofesional y establecimiento de un salario máximo, renta básica universal, reducción de jornada laboral a 35 horas semanas y de la edad de jubilación a los 60 años, nacionalización de las telecomunicaciones, la energía, la alimentación, el transporte, la sanidad, la farmacia y la educación, prohibición de las empresas de trabajo temporal y del despido en empresas con beneficios o monetización de deuda por parte del Banco Central Europeo son sólo algunas de las perlas económicas que Podemos defiende a capa y espada. Socialismo del Siglo XXI puro y duro, al estilo de Venezuela. Por algo los ideólogos de Podemos (Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón) llevan años asesorando (y cobrando) del Gobierno de Venezuela. El modelo de Venezuela, esto es, un Estado onmipotente y fuertemente opresor, es el ideal (al menos en cuanto a dirección se refiere) para los dirigentes de Podemos.

Pero lejos de de ser una pésima noticia que en España un partido político como Podemos coseche semejante éxito, hay una nota positiva que no debemos infravalorar: el retorno de la batalla de las ideas a la esfera política. Algo que no se puede criticar a Podemos es de ser un partido político que tenga un programa oculto o que no tenga un ideario político claramente definido y con el que se sienta comprometido. La mayoría de partidos adolecen de esa transparencia ideológica, ya que intentan confundir al electorado sin definirse en multitud de cuestiones con la esperanza de no ahuyentar votos potenciales. Con el auge de Podemos, por primera vez en mucho tiempo no se debaten banalidades como quién miente más o quién es menos corrupto sino que se debaten ideas, la viabilidad de implantar un proyecto político y las consecuencias que esto tendría para el ciudadano. Y este hecho es motivo de alegría por dos motivos. El primero de ellos es que hasta ahora la batalla en la esfera política era básicamente populista, demagógica y vacía de contenido en cuanto a ideas se refiere. Como es evidente, esa batalla ha estado siempre perdida por parte de los liberales y los defensores de la libertad. El segundo motivo es que, en mi humilde opinión, tenemos muchas posibilidades de ganar dicha batalla ideológica ahora que hemos retornado a este escenario.

Los liberales tenemos un arma poderosísma cuando a la batalla de las ideas se refiere: argumentos. La ciencia económica ha demostrado a lo largo de la Historia en infinidad de ocasiones las consecuencias que determinadas políticas como las que defiende Podemos pueden provocar. Ahí está Venezuela, Cuba, Corea del Norte, la República Democrática Alemana o la difunta Unión Soviética. El socialismo es un sistema económico que es terriblemente dañino para el ser humano. A la hora de refutar malas ideas económicas, creo que los liberales tenemos las de ganar. Sin ir más lejos, Juan Ramón Rallo, el director del Instituto Juan de Mariana, lleva años escribiendo artículos que refutan prácticamente punto por punto todas y cada una de las principales propuestas en materia económica (aquí podéis leer una recopilación).

Alegrémonos entonces de este viraje hacia las ideas de la escena política en España y, ahora más que nunca, no nos relajemos y cojamos fuerzas para librar como nunca se ha hecho antes en España nuestra batalla, la de las ideas.

Los liberales hablamos marciano

Nunca falla. Si se juntan dos o tres liberales, o dos centenares como los que se reúnen cada año para la Cena de la Libertad, antes o después alguien se referirá a "los socialistas de todos los partidos". Puede que lo haga en un tono muy serio o, tal vez, con un toque de humor, pero alguno de los presentes citará la expresión contenida en la famosa dedicatoria del Camino de servidumbre de Hayek. En el caso español, como el de otros muchos países, la expresión no puede ser más acertada.

Todos los partidos que consiguen representación en cualquier parlamento (autonómico, Cortes Generales o Eurocámara) son en mayor o menor medida socialistas. Hasta los autodefinidos como liberales (por ejemplo, CDC) lo son. Esas cámaras legislativas son la plasmación electoral del "consenso socialdemócrata" del que también tanto nos gusta hablar.

Como cualquier otro grupo humano (ya sea profesional, ideológico, geográfico o de aficionados a determinada actividad), los liberales comparten entre sí una serie de expresiones, cuyo significado dan por sabido y que, además, consideran que responden a una realidad evidente. Ningún defensor de las ideas de la libertad pondrá en duda, por ejemplo, lo que se ha citado al arrancar este artículo: hay socialistas en todos los partidos (o incluso que todos los partidos, al menos los importantes, son socialistas) y existe un consenso socialdemócrata compartido por la inmensa mayoría de la sociedad.

Estas certezas, y el modo de expresarlas, pueden suponer una traba importante a la hora de expandir nuestras ideas. Sin duda es cierto que el ministro de Hacienda español, con sus imparables subidas de impuestos y sus contantes búsquedas de métodos para seguir estrujando nuestras carteras y cuentas corrientes, es un socialdemócrata convencido. Pero haga usted la prueba de decir "Montoro es socialista" delante de alguien que no comparta las ideas liberales. No sólo no le van a enteder, sino que además puede incluso generarse una reacción de rechazo al considerar que quien pronuncia esas palabras es alguien desconectado de la realidad.

Cada vez hay más gente convencida de que vive inmersa en un modelo social y económico neoliberal, cuando no ultraliberal o sometido a la dictadura de los mercados y los poderes financieros. Defender ante quienes piensan así la existencia de un "consenso socialdemócrata" es, en la mayor parte de los casos, una tarea tan titánica como inútil. Una vez más, al usar esos términos tan del gusto de los liberales, se corre el riesgo de ser incomprendido y hasta generar rechazo.

No se trata tan sólo de la presencia en los medios de comunicación, sino incluso del día a día. Quienes defendemos las ideas de la libertad, y queremos expandirlas, hemos de hablar y de escribir de forma de que se entienda lo que queremos decir. Y que resulte atractivo. Lo queramos o no, para gran parte de la población un socialista sólo puede ser "de izquierdas", por ejemplo. Hay más casos, por citar uno más, lo "público" es percibido como un "patrimonio común" (como si cada español tuviera acciones de Paradores o de AENA, entre otras compañías estatales) en vez de como algo controlado por el poder político y con cuya propiedad en realidad nada tenemos que ver.

Al utilizar términos de uso corriente con un sentido, o una carga valorativa, diferente que el que le otorga la mayor parte de la población, nuestro mensaje pierde fuerza; o incluso parece que queremos decir una cosa distinta a lo que intentamos expresar. En realidad, muchas veces los liberales hablamos marciano, pero una variedad muy peculiar. Nuestros interlocutores creen entendernos pero no lo hacen; las palabras que usamos son las mismas, pero el significado es diferente. A ello hay que sumar que, en ocasiones, lo que decimos les suena a extraterrestre sin más.

Hemos de romper ese elitismo intelectual que, acertadamente, nos atribuye Mariano Rodríguez y tratar de ser capaces de hablar en un idioma comprensible para los demás. Debemos aprender, por ejemplo, de algunos de los últimos premiados por este Instituto Juan de Mariana, como Pedro Schwartz o Carlos Rodríguez Braún. Ellos, como varios más de los galardonados, llevan años siendo capaces de mantener el rigor en su defensa de la libertad al tiempo que saben traducir nuestro marciano a terrícola común.

Capitalistas ganadores

Jorge Otero escribió en publico.es sobre "Los capitalistas que siempre ganan". Su visión del capitalismo es tan generalizada como errónea.

Todo el artículo invita al recelo hacia unas personas poco recomendables:

España es una auténtica ganga para los grandes inversores. Todo el mundo sabe que los activos españoles están baratos. La crisis ha tirado los precios –y los salarios– por los suelos y siempre hay gente dispuesta a sacar tajada comprando barato para luego, en un futuro indeterminado, vender más caro.

¿Ah, sí? ¿Todo el mundo lo sabe? Pues si fuera verdad, entonces todo el mundo compraría, los activos dejarían de estar baratos y los precios y los salarios subirían. Nada de esto ha sucedido todavía, precisamente por un aspecto crucial del papel empresarial que el señor Otero ignora: la incertidumbre; porque los empresarios, como descubrió Richard Cantillon hace mucho tiempo, conocen el valor de lo que compran, pero nunca están seguros del valor de lo que pueden vender.

Según don Jorge, hay ricos riquísimos como Bill Gates, George Soros, Amancio Ortega, Warren Buffet o Carlos Slim que "siempre ganan cuando se trata de hacer negocios". Pues no es así, porque no todas sus inversiones han tenido éxito. Pero además nos cuenta el señor Otero que "Bill Gates, al que tampoco se le da nada bien perder dinero, adquirió el pasado octubre el 6% de la constructora de Esther Koplowitz" y "compró barato". ¿Qué pasa con la señora Koplowitz, una mujer muy rica? ¿Acaso es tonta, perdió dinero al vender barato al odioso extranjero?

Pues claro que no. La verdad es que don Jorge no sabe si Bill Gates ganó con esa compra y Esther Koplowitz perdió. Eso sólo lo puede decir el tiempo, porque, al revés de lo que dice su artículo, no es verdad que los capitalistas ganen siempre.

Otro error habitual es asociar las inversiones de los ricos a la malvada e improductiva especulación:

La economía productiva en España sigue bajo mínimos –26% de paro– pero la especulativa despegó en 2013.

Con ese argumento, cuando el paro estaba en el 8% en España no había "especulación", lo que, dada la evidencia de la burbuja inmobiliaria, es un apreciable desvarío.

Y, por fin, esta joya de la coherencia progresista:

El entusiasmo del Gobierno del PP es evidente, pero no puede ocultar una realidad: los magnates invierten en España, sí, pero una diminuta parte de sus enormes fortunas.

¿En qué quedamos, señor Otero? Si sus inversiones no son buenas, ¿para qué queremos que inviertan más?

Metodología en Cantillon

Como hemos dicho anteriormente, merece la pena prestar atención al Essai de Richard Cantillon por sus numerosas contribuciones a la ciencia Económica. Comentaremos, a continuación, el pensamiento metodológico de Cantillon mostrando algunos extractos de su obra. Hay que decir de antemano que Cantillon no habla directamente de metodología (en el Essai no hay una sección específica). Sus principales ideas metodológicas van apareciendo a lo largo de toda la obra.

En el Essai, Cantillon desarrolla su pensamiento de una forma lógico-deductiva, a través de relaciones causa-efecto partiendo de principios autoevidentes. Pese a que actualmente las principales corrientes de la ciencia económica se centran en el método matemático para su desarrollo, esta fue una metodología seguida ampliamente por los primeros clásicos, especialmente J.B. Say y Nassau W. Senior.

Esta forma deductiva se observa en la misma estructura del Essai. Sus 35 capítulos, agrupados en 3 secciones, están perfectamente hilados y presentados de forma secuencial, teniendo cada uno relación con los anteriores.

Cantillon hace uso del supuesto ceteris paribus de forma reiterada para mostrar las principales tendencias económicas que se dan en el mercado.

"La Tierra pertenece a los propietarios, pero sería inútil para ellos si no se cultivase. Cuanto más se la trabaje, en igualdad de condiciones, mayor será la cuantía de sus productos; y cuando más se elaboran estos productos, siendo iguales todas las cosas, mayor valor poseerán como mercancías." Cantillon (1950), pp. 38. La cursiva es nuestra.

Pese a los intentos de mostrar a Cantillon como un positivista, la lectura atenta del Essai deja claro que para el irlandés, la pretensión de utilizar datos empíricos para la construcción de leyes económicas es un método erróneo. La comprensión de la experiencia empírica sólo puede existir si se posee una teoría previa lógico-deductiva.

"Sir William Petty, en un breve manuscrito del año 1865, estima esta paridad o ecuación de la tierra y del trabajo como la consideración más importante en materia de aritmética política, pero la investigación practicada por él, un poco a la ligera, resulta arbitraria y lejana de las reglas de la Naturaleza, porque no ha tenido en cuenta las causas y principios, sino tan solo los efectos, lo mismo que ha ocurrido con Mr. Locke, Mr. Davenant y todos los demás autores ingleses que han escrito sobre la materia." Cantillon (1950), pp. 36. La cursiva es nuestra.

La doctrina del positivismo fue combatida duramente por los integrantes de la Escuela Austríaca de Economía, en especial Ludwig von Mises, por negar la existencia de leyes necesarias y universales independientes de la historia. En este sentido, podemos observar en Cantillon el apoyo a esta idea:

"Tanto si el dinero es raro como si es abundante en un Estado, la proporción indicada no variará mucho, porque en los Estados donde el dinero es abundante, las tierras se arriendan a más alto precio, y a un canon más bajo allí donde el dinero es más escaso, regla ésta que siempre se revelará como válida para todos los tiempos." Cantillon (1950), pp. 87. La cursiva es nuestra.

También encontramos en el Essai la idea de que las predicciones en economía solo pueden ser cualitativas, nunca cuantitativas:

"Se comprende, así, que cuando en un Estado se introduce una respetable cantidad de dinero excedente, este dinero nuevo dé un nuevo giro al consumo, el incluso una nueva velocidad a la circulación, si bien no es posible indicar en qué medida." Cantillon (1950), pp. 116. La cursiva es nuestra.

Cantillon, Richard. (1950): Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general, México, Fondo de Cultura Económica. 

España y el atajo de la violencia

De acuerdo con el sociólogo alemán Franz Oppenheimer, sólo existen dos formas de obtener los medios necesarios para satisfacer nuestras necesidades y deseos. La primera es mediante nuestro propio trabajo y el intercambio voluntario con los demás miembros de la sociedad, forma a la que denominó “medios económicos”. La segunda consiste en la apropiación violenta de la riqueza de los demás, a la que por contraste denominó “medios políticos”.

El hecho de denominar “medios políticos” al empleo de la fuerza, a la extracción forzosa de recursos de las demás personas, no es casual. Una de las mayores fuentes de violencia en nuestras sociedades no es otra que su propio gobierno, su clase política. Como bien decía Ludwig von Mises en La Acción Humana, “conviene recordar que la interferencia del gobierno siempre significa acción violenta o la amenaza de dicha acción. Aquéllos que piden más interferencia gubernamental están pidiendo en última instancia más coacción y menos libertad”.

Lo que el liberalismo propone es minimizar el uso de la coacción en la vida en sociedad. Es sobre los pilares de la libertad y el respeto a la propiedad privada sobre los que deben descansar las relaciones humanas. Son, precisamente, los “medios económicos” que describe Oppenheimer, la libre cooperación social en el marco de la división del trabajo y el intercambio voluntario, el ideal que defiende el liberal no sólo desde el punto de vista ético, sino también desde una perspectiva práctica. Libertad y propiedad privada tienden a traducirse en prosperidad. Coacción y violencia, si bien pueden ser una gran tentación a corto plazo, a la larga siempre devienen en conflicto y miseria.

En España, una buena parte de la ciudadanía cada vez clama de manera más clara por una mayor coacción y menos libertad. El resultado electoral de las elecciones europeas es una buena muestra de lo poco que han calado las ideas liberales. El peso del liberalismo es cada vez menor dentro de los grandes partidos, y los pocos partidos minoritarios que han ofrecido una propuesta liberal han salido escaldados de las urnas. Una gran mayoría de la sociedad española está cada vez más lejos de creer que la mejor solución a los problemas sociales y económicos pasa por el camino de la libertad, por respetar la propiedad de los demás y permitir que sean los propios ciudadanos los que se organicen de la mejor manera posible para solucionar dichos problemas de manera pacífica.

Hay que entender que una gran parte de la sociedad española está desesperada por el efecto de la larga depresión económica. No sólo porque el desempleo lleva años superando el 25%, los salarios están por los suelos y muchas familias están sumidas en la pobreza. Lo más desesperante para una buena parte de la población es la percepción de que no se ve luz al final del túnel, de que esto aún va a seguir así mucho tiempo. La gente, aunque escucha que estamos en el inicio de la recuperación, sigue viendo muy lejos un escenario en el que algo tan básico como encontrar un empleo para mantener a su familia no sea misión imposible.

El problema es que la desesperación es el caldo de cultivo para el surgimiento de movimientos populistas que aboguen por ofrecer a sus votantes soluciones inmediatas por medio de la fuerza. Es en este contexto en el que irrumpe en la escena política española un partido como Podemos. Más de 1,2 millones de ciudadanos han optado por respaldar con su voto a un partido cuyo programa es un completo disparate.

Uno de los problemas del programa de Podemos es que no se puede pagar. El partido dirigido por Pablo Iglesias propone una cantidad de gasto estratosférica. Además del deficitario Estado de Bienestar existente y toda su batería adicional de propuestas de gasto público, el plan estrella de Podemos consiste en el pago de una renta básica para todo el mundo, sea pobre o rico, a cargo de los presupuestos del Estado. Leyendo el programa queda claro cómo se pretende financiar todo este supuesto jardín del edén: impuestos desorbitados y, sobre todo, emisión de moneda por parte del banco central para pagar directamente los gastos del Estado. La hiperinflación, la pobreza y el caos social están garantizados.

Sin embargo, lo más preocupante no es que el programa económico no pueda pagarse, ni las nefastas consecuencias económicas de la propuesta política de Pablo Iglesias. Lo peor es que todo el programa rezuma violencia. Supone el auge de lo que Oppenheimer denominaba los “medios políticos”, es decir, el uso de la fuerza para obtener los bienes y servicios que demandamos. Es, en resumen, toda una negación de la libertad individual y del derecho de propiedad. Expropiaciones de viviendas, de hospitales y de tierras; planificación centralizada y control político directo sobre un sin fin de sectores, como la energía, la alimentación, el transporte, las telecomunicaciones, la sanidad, el sector farmacéutico o el educativo; creación de una banca pública al servicio de la política; fiscalidad confiscatoria e impuestos sobre la riqueza; prohibición de los despidos para las empresas con beneficios y fijación estatal de los salarios. No es una política simplemente equivocada. Es una política destinada a desatar la miseria y a provocar la ruptura de la cooperación social.

El ascenso de partidos como Podemos y otras fuerzas políticas que proponen similares soluciones puede explicarse por la desesperación de mucha gente que no ve salida a la crisis y por repulsa a la actual clase política. De esas entendibles causas, sin embargo, no sigue que el populismo estatista que se abre paso en España vaya a solucionar los problemas. Más bien, los agravaría. La única solución, ética y práctica, pasa por ir hacia un marco institucional basado en la libertad individual, la cooperación social voluntaria y el escrupuloso respeto a la propiedad privada. Ése es el único camino a la prosperidad. El atajo de la violencia que propone Podemos no lleva a otro sitio que a la catástrofe.

Venganzas, monopolios, derechos, delirios

Rafael J. Álvarez entrevistó a Lara Alcázar en El Mundo. La líder del grupo feminista Femen perpetró escalofriantes desvaríos, como, por ejemplo: "Nos toca la venganza histórica contra el genocidio de mujeres a lo largo de siglos". Me limitaré, empero, sólo a dos ideas económicas.

Aseguró la señora Alcázar: "Somos pobres porque los hombres tienen el monopolio de los negocios". Como resulta evidente que la pobreza en el mundo ha disminuido en el último siglo, entonces doña Lara se verá ante la incómoda tesitura de reconocer que o bien no somos pobres o bien los hombres no tienen el monopolio de los negocios.

En segundo lugar, Rafael Álvarez le hizo una pregunta pertinente y poco habitual. Le dijo que si fuera verdad que las mujeres cobran menos que los hombres por el mismo trabajo, entonces el paro femenino debería ser cero, porque los empresarios las contratarían siempre a todas. A eso doña Lara respondió: "Porque el hombre da menos problemas, según los empresarios".

Otra vez, aquí hay una nueva y desasosegante alternativa para la líder feminista. O bien la mujer no gana menos que el hombre por el mismo trabajo, o bien los empresarios son masivamente imbéciles y desaprovechan una obvia oportunidad de beneficio.

Es evidente que todos los hombres no son superiores a todas las mujeres. Lo probó el coordinador de Izquierda Unida en Andalucía, Antonio Maíllo. En declaraciones a Carlos Herrera en Onda Cero defendió a los okupas y aseguró:

La vivienda, o es un bien especulativo o es un derecho humano, y nosotros creemos que es un derecho humano.

Reveladoramente, ni se le pasó por la cabeza a don Antonio que la vivienda podía ser el derecho de quienes la adquieren. Eso nunca, porque eso es la propiedad privada, es decir, el fundamento de una sociedad libre. En vez de ello, el preclaro progresista sólo identificó dos opciones que niegan la propiedad privada. En un caso por ser "especulativa", y en otro caso por ser un "derecho humano", es decir, un extraño derecho que legitima al poder para que viole los derechos de los ciudadanos, puesto que, naturalmente, cuando el señor Maíllo dice que la vivienda es un derecho humano no está pensando en regalar libre y voluntariamente su propia vivienda al prójimo.

Asimismo, aseguró que la gente se suicida todos los días por culpa de los desahucios. Ante semejante disparate, Arcadi Espada le hizo la pregunta que Josu Mezo ha hecho famosa en La Brújula de la Economía"¿Y eso usted cómo lo sabe?". El inefable líder progresista respondió: "Está en los medios". No se refería al centro de las plazas de toros, añado.