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Etiqueta: Pensamiento liberal

Para salir de la crisis: El héroe discreto

Les voy a explicar primero el título de este Comentario, en el que mezclo una idea sobre la que llevaba queriendo escribirles desde este verano (a propósito de la crisis) con el título de la reciente novela de Vargas Llosa. Verán: estuve releyendo la Teoría de los Sentimientos Morales de Adam Smith con la intención de insistir en un argumento que -por evidente- parece que no acabamos de asumir: la causa principal de nuestros desajustes económicos es de índole moral. Y andaba con esta reflexión en la cabeza cuando dieron la noticia de la presentación de El héroe discreto, que ofreció Mario Vargas Llosa en la Casa de América el pasado 11 de septiembre. Quedé muy impactado por varias frases de nuestro Nobel: "La corrupción es un cáncer que socava las instituciones, que propaga el cinismo y una actitud despectiva frente a la legalidad", además de esa "idea profundamente destructiva de que todo el mundo es corrupto y si todo el mundo es corrupto ¿por qué no lo voy a ser yo también?". En contrapartida, el escritor peruano señalaba que las personas decentes suponen una "reserva moral para el futuro de un país" y "cuando un país pierde esa reserva moral entra en bancarrota aunque las cifras económicas digan que progresa".

¿Se estaba refiriendo a su país andino? Aparentemente podríamos suponerlo: la novela se desarrolla en la ciudad de Piura. Sin embargo, yo pienso en España, donde todavía es más lamentable esa corrupción cuando el país está en crisis, con millones de parados, empresas en quiebra y la deuda pública descontrolada.

También debo decir que su ánimo es mayor que el mío, porque sobre Latinoamérica explicaba que, aunque aún persisten graves problemas y desigualdades sociales, su impresión era que el Perú y otros países "están bien orientados", gracias fundamentalmente a un consenso social claro en favor de la democracia, de una política económica aperturista que defiende la iniciativa privada. Deseo de veras que su esperanza no se desvanezca.

(En todo caso, les recomiendo esta novela, de la que copio la presentación oficial: El héroe discreto narra la historia paralela de dos personajes: el ordenado y entrañable Felícito Yanaqué, un pequeño empresario de Piura, que es extorsionado; y de Ismael Carrera, un exitoso hombre de negocios, dueño de una aseguradora en Lima, quien urde una sorpresiva venganza contra sus dos hijos holgazanes que quisieron verlo muerto. Ambos personajes son, a su modo, discretos rebeldes que intentan hacerse cargo de sus propios destinos, pues tanto Ismael como Felícito le echan un pulso al curso de los acontecimientos. Mientras Ismael desafía todas las convenciones de su clase, Felícito se aferra a unas pocas máximas para plantar cara al chantaje).

Pero volvamos a la crisis moral. Les decía que estuve leyendo ese primer gran éxito editorial de Adam Smith que fue su Teoría de los sentimientos morales (1759), cuando era profesor en Glasgow. Y me llamaba la atención la rotundidad con la que se refiere a la Justicia: "Hay sin embargo otra virtud, cuya observancia no es abandonada a la libertad de nuestras voluntades sino que puede ser exigida por la fuerza, y cuya violación expone al rencor y por consiguiente al castigo. Esta virtud es la justicia. La violación de la justicia es un mal y causa un ultraje real y efectivo a las personas concretas" (Parte II, Sección II, Libro 1).

Por otra parte, y dejando de lado ese complejo problema sobre la coherencia entre el Adam Smith del interés propio (Riqueza de las naciones) y el de la benevolencia (Teoría de los sentimientos morales), lo cierto es que un recto orden social es indispensable para el objetivo que persigue nuestro autor. Considero que no es acertado atribuir al sistema de mercado descrito por Adam Smith el ingrediente del egoísmo y la vulneración de los valores morales para que funcione: antes al contrario, como señalaba al comienzo, una de las principales razones de las crisis económicas sería el abandono de tales valores. Así, un elevado nivel de corrupción necesariamente empeora las cosas en tiempos de recesión, como el que nos aqueja. En consecuencia, para reflotar nuestras maltrechas economías, aparte de los necesarios ajustes técnicos, es preciso también dotar a la sociedad de una sensibilidad ética que lamentablemente va perdiendo a raudales.

Recuperando a Smith, podríamos concluir que el sistema funciona porque los hombres buscan un interés propio que excede con creces la preocupación exclusiva por uno mismo, el egoísmo, la avidez y codicia. Uno actúa en interés propio tanto cuando busca, por ejemplo, una ganancia material inmediata, como cuando, también por ejemplo, busca mejorar el nivel de vida material, espiritual o cultural de sus conciudadanos. Como señala Rafael Termes, de los textos de Adam Smith se deduce que el individuo que sin pretenderlo contribuye a crear el orden espontáneo dentro del cual el sistema funciona, puede y debe ser una persona adornada de las más altas virtudes. Que no abundan por estos pagos.

El pacto de la Bernarda

El asunto del independentismo en Cataluña ha adquirido unas dimensiones que no se corresponden con su entidad real. Es lo que tiene tomarse en serio los delirios nacionalistas, como si fueran una cuestión de Estado a cuya resolución habría que supeditar el funcionamiento normal de las instituciones y la aplicación del ordenamiento jurídico. Pero como la clase política en su conjunto está encelada en el llamado debate soberanista y se ha tomado en serio el farol clamoroso de la independencia, ahora nos va a brindar un episodio grotesco de pactos y acuerdos, en el que el PP parece dispuesto a llevar la voz cantante. Todo para vulnerar la Constitución en alegre camaradería en lugar de hacerla cumplir a rajatabla, primera obligación del gobierno de España. Su estricta observancia habría cortado de raíz todo el follón montado por Mas, el presidente regional más mediocre de toda la historia del Estado Autonómico.

Salvo Ciudadanos, única formación con representación en el parlamento regional catalán que defiende la igualdad de todos los españoles, el resto de partidos oscila entre la ruptura abierta del orden constitucional o su transgresión vergonzante a través de acuerdos bilaterales para socavar aún más los principios de unidad y solidaridad fijados en la Carta Magna.

Mención aparte merece el PSC, supuesta filial del socialismo patrio, cuya traición a los votantes encuentra difícil parangón en cualquier democracia medianamente formada. Por otra parte lo más normal cuando la matriz sigue pregonando las bondades del Estado federal para remediar los males independentistas, con la única condición de que sea "asimétrico", aspecto éste que se cuidan mucho de no mencionar de manera expresa, aunque por los argumentos con que tratan de justificar este imposible metafísico resulta evidente que es la clave de bóveda de su programa para acabar con el problema de Cataluña.

Empeñado en eludir sus responsabilidades de gobierno y ajeno a razonamientos tan elementales, el Partido Popular se confiesa dispuesto a buscar un pacto con el PSOE, el PSC y la Unión Democrática de José Antonio Durán y Lérida, que ya es tener humor. Lo peor de todo es que, bajo el liderazgo de Alicia Sánchez Camacho, en el improbable caso de alcanzarse ni siquiera parecería un acuerdo contranatura.

Modernidad y libertad

El liberalismo y la modernidad comparten la misma edad del hombre, y tienen una vinculación con la Ilustración. La misma idea de la modernidad entronca con lo que puede entenderse que es un ideal propio del liberalismo. Con la modernidad, el individuo adquiere una nueva autonomía. El individuo adquiría su persona en función de la comunidad en la que vive, su sexo y edad, oficio y extracción social, y según un conjunto de usos muy definidos. El individuo, en la modernidad, ya no adquiere ese rol, sino que lo fija él mismo. Fija sus expectativas, que ya no le vienen dadas por su condición social y por las escasas posibilidades de salir de ella. Y no se guía ya por lo que le dictan las normas, sino por su propio juicio, guiado por la razón.

Esa razón se aplica a la naturaleza, tanto para conocerla como para manipularla. De ahí el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Esa aplicación de la razón a los recursos para satisfacer las necesidades del individuo, de la que se ocupa la ciencia económica, se da la mano con una experiencia histórica que se ha llamado capitalismo. El capitalismo contribuye al desarrollo de la modernidad, porque le ofrece al individuo más medios para construir su persona, para fijar nuevas expectativas.

Esa razón se aplica, también, al Estado. El Estado experimenta toda una transformación durante la aparición de la modernidad. En la era medieval, las relaciones entre personas (marcadas, como he recordado, por la posición que ocupan en la sociedad), están basadas en usos que se asemejan a contratos. Dado que tras el derrumbe de la antigüedad, el poder estaba muy difuminado, las instituciones que surgieron durante el medievo no llevaron inmediatamente a una tiranía tipo oriental, sino que llevaron (lo explica Powelson) a la creación de compromisos que evitaban el conflicto, y que tendían a repartir o, más bien, dividir el poder. Los reyes eran, muchas veces, primus inter pares, y su sucesión estaba abierta a la creación de diversas alianzas. Su poder sobre la gente era muy importante, pero estaba a su vez limitado.

La aparición del Estado moderno viene de que el comercio y las ciudades surten de medios económicos a la Corona, y ésta crea una nueva corte profesionalizada, y organizada en una combinación de la lógica del poder y la aplicación de la razón. El Estado, con la modernidad, pierde por un lado los lazos de dependencia con los grupos sociales: El Parlamento se ha convertido en un instrumento más del propio Estado, y la banca privilegiada o pública le ha dado nuevos medios financieros sin el control de la sociedad. Y por otro, se convierte en un instrumento más al servicio de las nuevas y crecientes expectativas del hombre moderno. No sólo quiere mantener a su familia, cumplir con las normas sociales y salvar su alma, sino que busca crear una sociedad perfecta y participar de ella. El Estado es la tecnología de esa pretensión. La modernidad, que ha ido de la mano del liberalismo, ha traído como uno de sus hijos al socialismo.

El liberalismo histórico ha sido agente de la modernidad y, por esa vía, ha contribuido al crecimiento del Estado: Le ha querido dotar de racionalidad, emancipación de las viejas servidumbres, sujeción a un conjunto de normas, sí, pero también actuación en función de un conjunto de objetivos acotados y definibles en el juego político.

La modernidad, en definitiva, ha permitido la emancipación del individuo, pero también ha permitido que se plantee la implantación de los sueños de la razón que, como decía el pintor, produce monstruos.

Cartas al director

Se atribuye a los liberales cierta incapacidad a la hora de transmitir sus ideas de manera tan efectiva como los intervencionistas. Ese amplio sector que incluye a socialistas de izquierda y derecha parece tener más éxito, y sus ideas parecen mayoritarias, al menos en España. Ya sea porque el liberalismo es anti intuitivo en algunos aspectos, como la economía, o porque su comprensión puede requerir cierto esfuerzo intelectual, o porque la educación recibida (pública en su mayoría y con criterios colectivistas) ha "impedido" que se aprendieran otras opciones distintas, lo cierto es que las ideas liberales no suelen ser mayoritarias, y cuando lo consiguen, no es extraño que sea circunstancialmente, no por convencimiento.

Saber cuáles son las ideas predominantes en la población es importante si queremos saber a qué nos enfrentamos y qué se puede esperar y qué no en caso de crisis o cambio. Una fuente, tan buena como otras, son las cartas al director de los periódicos. Es cierto que cada periódico tiene su tipo de lector, con cierta ideología y posición política, y que sus ideas suelen ir acordes con la línea editorial, especialmente en el caso de aquéllos que escriben cartas. Sin embargo, resulta interesante ver qué diferencias y qué parecidos hay entre unos y otros.

Para ello, tomaré algunas cartas publicadas en El País, El Mundo, ABC y La Vanguardia el día 4 de septiembre y que tratan desde noticias internacionales, como la guerra en Siria, a cuestiones muy locales, casi domésticas.

La política es la solución

Es una de las ideas más habituales. Alguien dijo que la política es el arte de hacer posible lo imposible. Como majadería no está mal, pero ha calado y seguramente porque favorece cierto comportamiento pasivo, contemplativo, reactivo, no proactivo. En la carta, "El remo y la política", publicada en El Mundo, el lector compara la clase política americana con la española a través de la metáfora de los regatistas. Mientras que los americanos, pese a sus diferencias, reman a la vez y en la misma dirección, los remeros-políticos españoles lo hacen cada uno en una dirección y cuando quieren, haciendo que la embarcación, o sea, el país, esté en una situación lamentable. ¿Y si el remo firme va en dirección al desastre, como Adolf Hitler condujo a Alemania desde enero de 1933? Casi prefiero dar vueltas en medio del lago. En "Síntomas de Esperanza", publicada en ABC, el lector asume que la reforma laboral del Gobierno y la Ley de Emprendedores han agilizado la creación de empresas y esto ha creado empleo. Es interesante porque considera ambas como dos acciones positivas, cuando en todo caso lo que ha hecho el Gobierno es quitar algunas barreras que impiden el crecimiento de la economía, pero dejando otras. Anima el lector a quitar la fiscalidad a los que creen empleo, como si los empleos fueran algo que tienen oculto los empresarios y que se guardaran. En todo caso, es el político en última instancia el que crea "economía".

¡Viva el Estado!

En España los estatistas son mayoritarios. Creen que las instituciones estatales o supraestatales son necesarias. Cuando fallan (a diferencia del mercado, que cuando "falla" se pide su regulación-eliminación), es porque han perdido su objetivo inicial, hay corrupción (aunque la idea que la creó es válida) o tienen poco presupuesto, pero raramente se plantea si son o no adecuadas y qué incentivos crean. La ONU es la Superburocracia por antonomasia y la ONU es la que puede terminar con la guerra civil siria. En "¿Qué función tiene la ONU?", carta aparecida en El Mundo, el lector asegura que hay un juego de intereses entre Estados Unidos, China, Rusia e Israel y sus aliados, sin tener en cuenta la población civil siria. Sin embargo, el "problema de la megaburocracia no son sus ideas, sino que ha quedado desacreditada por sus actuaciones, no existiendo criterio efectivo que marque la intervención". Vamos, no dejemos que la realidad estropee una idea que no debía haber salido de la oficina donde se pergeñó.

Que lo solucione otro

El Estado de Bienestar ha dejado en manos del Estado, de gobernantes y funcionarios algunas cosas que hasta hace unas décadas nos teníamos que buscar y solucionar por nuestra cuenta. Una de ellas es hacer frente a las consecuencias de nuestros actos, a las famosas externalidades negativas. En "Dejadez en Llavaneres", el lector de La Vanguardia se queja de la escasez de papeleras en la localidad de Sant Andreu de Llavaneres, servicio que debe dar el Ayuntamiento de la localidad. De hecho, asegura que "en la avenida que llega hasta el colegio de primaria hay ausencia total de papeleras. Los niños tiran los papeles de la merienda en los parterres de las casas, ya que no tienen dónde tirarlos". Es curioso que el lector no se plantee que los niños podrían guardarse el papel en su bolsillo y esperar a llegar a su casa para tirarlos, que esa enseñanza es una labor de sus padres y que ellos son los culpables de esa suciedad. Es cierto que podemos quejarnos del uso alternativo de los presupuestos del Ayuntamiento, pero quién ensucia no es él.

¡Es que nadie piensa en los niños!

Y quien dice en los niños, dice en el medioambiente, en las minorías, en los pobres o en lo que se tercie. El caso es que no hay límite económico cuando lo que se plantea es, desde el punto de vista del estatista, crítico, esencial o que destruirá la estructura espaciotemporal del universo. En "Acabemos con los incendios forestales", el lector de El País está muy preocupado por los incendios forestales que afectan a España, provocados por "incendiarios o inconscientes criminales" y que no tienen los castigos adecuados. Como solución (que basa, quiero creer que entre otros criterios, en lo observado en series y películas americanas), propone "colgar un satélite en posición fija sobre Galicia, pero con cobertura de toda España". Asegura que es una "medida cara, sin duda, pero las enormes pérdidas materiales, en vidas humanas, animales y ecosistemas de alto valor, justificarían tal dispendio". No entro en la posibilidad técnica del sistema, que se me antoja menos eficiente de lo que el lector cree, pero sí en la cuestión del coste. En primer lugar, no me parecería mal que, por ejemplo, una empresa privada probara este tipo de vigilancia, pues es su dinero y su riesgo, pero no parece que lo hayan hecho ni en España ni en otros países. Pero en lo público, que es lo que vigila los bosques españoles, mantener un presupuesto disparatado supone detraerlo de otra partida, con lo que dicha partida quedaría malparada y otros afectados se quejarían de los recortes, o incrementar los impuestos, con lo que empobreceríamos a los españoles que no podrían gastarlo en otras necesidades. Claro, que si damos un valor infinito a los ecosistemas o a cualquier otro activo, es normal que pensemos en estos sistemas tan caros como solución. Y por qué no cien satélites y de los más costosos. Todo sea por el desmán de los Pirineos, que se lo merece.

Aún hay esperanza

Pero como todo no tiene por qué ser en esta línea, dos cartas pueden sorprender. En "Indignante anuncio" de La Vanguardia, una lectora muestra su desacuerdo con una campaña institucional de TV3 que, para incentivar los buenos hábitos, manda a acostar a los hijos para que el madrugón del cole no les pille de sorpresa. Se queja del gasto que esta campaña ha supuesto, pero sobre todo de que no es la televisión pública la que tiene que decir cuándo tienen que irse los hijos a dormir, lo cual es labor de los padres. Le parece intolerable que se considere a los ciudadanos (¿súbditos?) tan irresponsables e inmaduros. Por último, en "Pobrecitos políticos", publicada en El País, el lector nos recuerda que, además de los sueldos, los políticos reciben una serie de productos, servicios, algunos de ellos en los límites de lo moral/legal, y ventajas legales (no tienen multas, por ejemplo) que no computan como sueldo, pero que les permiten tener una situación muy distinta a la del ciudadano normal.

¡Qué tropa!

Por tercera vez consecutiva la candidatura de Madrid ha sido rechazada por los miembros del Comité Olímpico Internacional, y además de muy malas maneras, desempatando con Estambul en primera ronda para quedar apeada de la competición de forma incontestable. No nos entienden, viene a ser la razón primordial con la que los responsables pretenden justificar el desastre de haber sido relegados por las candidaturas de un país que ha padecido violentas revueltas ciudadanas por la deriva islamista de sus dirigentes y de otro que aún sigue intentando solventar las consecuencias de un terromoto y un tsunami que alcanzó de lleno a una importante central nuclear.

El funcionamiento interno del COI y los intereses concretos que mueven a sus dirigentes es algo tan bien conocido que resulta improbable que una candidatura seria no los haya tenido muy en cuenta a la hora de trazar sus líneas estratégicas. Especialmente Madrid, que gracias a la contumacia de sus dirigentes municipales ha intentado por tres veces conseguir convertirse en sede de los Juegos con un resultado cada vez peor que el anterior. Estos se presentan una cuarta vez y Madrid 2024 no pasa ni el primer corte.

Pero aquí nadie asume ninguna responsabilidad. Tampoco es que haga mucha falta, porque la mayoría de los medios de comunicación ha decidido que este tercer trompazo no acredita la profunda insolvencia de los responsables del proyecto madrileño, sino que todo es fruto de una vasta conspiración judeomasonicolímpica empeñada en arrebatarnos unos Juegos que por derecho correspondería organizar a la capital de España, porque, faltaría más, somos los más mejores del mundo mundial.

En los programas deportivos de la noche del desastre había quien sostenía que una de las causas principales de este nuevo bochorno era la corrupción, argumento de mucho peso, pues, como es bien sabido, los miembros del COI son un dechado de respeto al juego limpio y jamás se dejarían untar con sobrecitos. O sea que no nos han dado los juegos por lo de Bárcenas, no porque los que se han pulido un Potosí gestionando la candidatura hayan sido tal vez un poquito incompetentes.

Un papelón el de Buenos Aires, a pesar del excelente discurso del Príncipe (¡ay, si sólo hubiera hablado él!), con el que queda certificado que el sueño megalómano de Gallardón tenía poco recorrido. Sólo faltó que en la rueda de prensa posterior al naufragio Alejandro Blanco hubiera exclamado lo que Romanones cuando los miembros de la Academia vetaron su entrada en la institución a pesar de haberle prometido todos su voto. Qué tropa, sí. Y no sólo la del COI.

Students for Liberty, también en España

El movimiento liberal sigue expandiéndose en Europa. El 21 de agosto se celebró en la Theodor-Heuss-Akademie de Gummersbach en Alemania el curso de formación de los nuevos Coordinadores Locales de European Students For Liberty (ESFL), la sección europea de Students For Liberty, la mayor asociación de estudiantes liberales del mundo, con más de 1000 agrupaciones.

Asistieron más de 50 jóvenes de 28 países, superando las previsiones iniciales y los números de 2012. Estas personas serán las responsables de la expansión y consolidación de ESFL en casi todos los países de Europa trabajando por una sociedad más libre.

Además, durante este encuentro nació la primera asociación de ESFL de España, con mi nombramiento como Coordinador Local. El objetivo que pretendemos alcanzar con este proyecto es la creación de una decena de grupos en diversas universidades españolas, fomentando las relaciones entre los jóvenes liberales y aquellos estudiantes que se sienten interés en las ideas relacionadas con la libertad, pero no acaban de descubrir cómo llegar a ella. Asimismo, está prevista la celebración de un primer congreso estudiantil en Madrid en primavera de 2014 sin obviar las actividades que los diferentes grupos puedan organizar, y el viaje de un nutrido grupo de estudiantes a la European Students For Liberty Conference en marzo.

El programa que tuvo lugar en Alemania demuestra que son muchos los jóvenes de Europa y del mundo con el mismo entusiasmo por mejorar la sociedad desde unas premisas comunes: la libertad económica, social e intelectual de los individuos. Aprovechemos esta potente red.

ESFL ofrece formación a los estudiantes interesados en las ideas a favor del libre mercado para hacerlos nuevos líderes del movimiento por la libertad, así como da soporte a los grupos en la organización de sus actividades, proveyendo libros gratuitos (más de 300.000 en tres años) o aconsejando sobre las estrategias más efectivas para alcanzar al mayor número de estudiantes posible. Desde Islandia hasta Turquía, pasando por Portugal y los países bálticos, ESFL cuenta con grupos que divulgan las ideas de la libertad en entornos poco amistosos.

El acercamiento de las ideas por una sociedad más libre a los jóvenes es una necesidad imperiosa si queremos conseguir una nueva generación más responsable y consciente de cómo funcionan los mecanismos sociales, políticos y económicos. Establecer ESFL en España es un gran reto y abre una puerta a que los estudiantes que sienten solos en la defensa de esas ideas formen parte de una misma red estudiantil. Aprovechar las posibilidades que ofrece ESFL para los estudiantes es una oportunidad única para integrar el creciente movimiento liberal español en la esfera internacional.

Aquellos interesados en participar y colaborar en la creación de ESFL en España o en sus actividades pueden ponerse en contacto a través de la página de la red social Facebook o directamente conmigo en mbrena@studentsforliberty.org.

Ronald Coase: la información tenía un coste

Acaba de morir Ronald Coase a los 102 años. Envidiable longevidad y más envidiable erudición. Dos han sido sus grandes aportaciones a la Ciencia Económica y las dos están estrechamente vinculadas con los límites de la propiedad privada como mecanismo transmisor de información.

La naturaleza de la empresa

La primera de ellas, desarrollada cuando apenas tenía 27 años, la recogió en su seminal artículo La naturaleza de la empresa (1937). Coase trataba de responder a la pregunta de por qué existen las empresas, es decir, por qué surgen organizaciones estables de factores productivos aunadas mediante contratos a largo plazo. Al cabo, si como insistían los economistas, los precios son herramientas de coordinación entre los agentes económicos, un empresario lo tendría mucho más fácil limitándose a comprar cada día en el mercado aquellas cantidades de factores productivos que prevé necesitar sólo para ese día en lugar de colocarse a sí mismo en una situación de inflexibilidad firmando contratos de provisión a muy largo plazo. El caso de los contratos laborales es bien ilustrativo: ¿qué sentido tiene, en ausencia de regulaciones que lo prohíban, suscribir contratos indefinidos en lugar de contratos temporales a un día o a unas horas que vayan renovándose conforme se requiera?

La respuesta que ofreció Coase marcaría toda su obra intelectual ulterior: aunque existen costes asociados a la rigidez contractual, también existen costes vinculados a comprar continuamente en el mercado aquellos factores necesarios en cada operación. ¿Se imaginan tener que renegociar el salario por obra y servicio de cada trabajador cada vez que el empresario quisiera darle una directriz? No sólo se dispararía la incertidumbre de a qué precio podríamos cerrar en cada momento los salarios, sino que habría que destinar una gran cantidad de tiempo y de recursos a la mera tarea de buscar información y alcanzar acuerdos (verbigracia, los departamentos de recursos humanos deberían ser gigantescos). Coase, por tanto, descubrió que había costes derivados de realizar transacciones en el mercado; de ahí que posteriormente fueran denominados "costes de transacción".

En este sentido, las empresas serían organizaciones funcionales que permitirían minimizar los costes de transacción de un plan de negocios. O dicho de otro modo, las empresas nacían para economizar el uso de la información sustituyendo la toma de decisiones consensual por la toma de decisiones jerárquica. Para Coase, las empresas son islas de planificación central dentro de un océano de competencia (en el sentido hayekiano: proceso de descubrimiento). Como años más tarde descubriría Murray Rothbard unificando las aportaciones de Coase y de Mises, si la planificación central dentro de una empresa funciona –al contrario de lo que sucede con la planificación central dentro de un Estado–, es porque las fronteras de la empresa no son rígidas: cuando las jerarquías se vuelven demasiado grandes, los costes asociados a captar y gestionar la información dentro de una empresa se vuelven mayores que los costes de transacción fuera de la empresa, lo que llevará a una reorganización espontánea de la estructura de mercado. De ahí, por cierto, que las profecías marxistas del "monopolio único" carezcan absolutamente de sentido.

La teoría de la empresa de Coase, por consiguiente, nos ofrece una imagen bastante completa de por qué existen las empresas y no existen únicamente interacciones entre agentes autónomos dentro del mercado. Acaso sólo me permitiría añadir que Coase estudia la cuestión desde un punto de vista estrictamente productivo (activo empresarial) olvidándose de las consideraciones financieras (pasivo empresarial). Y es que las empresas también emergen porque son vehículos óptimos para la gestión patrimonial de los ahorradores: una compañía es un organismo vivo capaz de crecer y readaptarse dinámicamente a las circunstancias sin que cada accionista deba estar permanentemente gestionándola. Y, en este crucial sentido, las empresas también permiten reducir los costes de transacción de gestión intertemporal de nuestra propiedad.

El problema del coste social

La siguiente gran aportación de Coase consistió en estudiar cómo los costes de transacción también afectaban a la interacción conflictiva de derechos de propiedad: es lo que hizo en su artículo El problema del coste social (1960). Siendo la propiedad un fenómeno social, por necesidad muchas de las decisiones relativas a una propiedad individual terminarán afectando a otras propiedades. Es lo que los economistas llaman "externalidades": existes beneficios o costes "sociales" en el uso individual de la propiedad que deberían ser considerados de cara a lograr una adecuada coordinación económica. Por ejemplo, si una fábrica se instala cerca de una casa y emite polución, esa contaminación es un coste que la compañía "externaliza" sobre el propietario de la vivienda y que no puede omitirse del análisis.

Hasta Coase, las externalidades positivas o negativas eran vistas como una justificación de la actuación del Estado: ya fuera a través de regulaciones o de impuestos y subvenciones pigouvianos, el Estado debía intervenir en el uso privado de las propiedades para maximizar el bienestar social. Pero Coase cambió radicalmente esta perspectiva por cuanto consideraba que el Estado era incapaz de conocer cuáles eran los beneficios y los costes subjetivos asociados a cada externalidad (por los mismos motivos que una empresa gigantesca comienza a ser incapaz de planificar correctamente lo que sucede en su interior).

Así, en cambio, el británico demostró que, bajo ciertas condiciones, los propietarios afectados por una externalidad tenderían a alcanzar acuerdos mutuamente beneficiosos sin necesidad de que intervenga el Estado. Por ejemplo, si el propietario de la vivienda posee un derecho de propiedad preferente para decidir si la empresa puede contaminar o no (es decir, si la empresa puede invadir su vivienda con polución o no), la fábrica le ofrecerá al propietario una compensación económica para que le permita seguir operando y contaminando: si la compensación ofrecida supera los costes subjetivos de la contaminación, la compañía seguirá funcionando; si no lo hace, la compañía cerrará sus puertas. Y al contrario, si es la compañía la que tiene el derecho preferente a decidir si puede contaminar o no, el propietario de la vivienda le ofrecerá una suma de dinero para que deje de hacerlo: si esa cantidad supera los beneficios que la compañía obtiene por contaminar, detendrá sus operaciones; si no, las mantendrá.

La cuestión relevante es que bajo ciertas condiciones empresa y propietario se sentarán a negociar para alcanzar acuerdos mutuamente beneficiosos. ¿Pero cuáles son esas condiciones? La primera, evidentemente, que los derechos de propiedad estén bien delimitados. La segunda condición es la típica de la obra de Coase: que no existan elevados costes de transacción que frustren el proceso de negociación. Por ejemplo, si la empresa contamina no una vivienda, sino una ciudad entera, será muy complicado que el empresario pueda negociar con millones de propietarios particulares. En presencia de altos costes de transacción, por tanto, no habrá negociación ni acuerdos mutuamente satisfactorios; en cuyo caso, Coase proponía que los tribunales asignaran derechos de propiedad tratando de reproducir el proceso de negociación que habría tenido lugar en un mercado sin costes de transacción y que habría permitido maximizar el valor total de la producción.

En este último caso, sin embargo, Coase se desliza por la peligrosa senda de la ingeniería social. Al dar el paso desde sus descripciones a sus prescripciones, Coase cae en el mismo error que había tratado de criticar: asumir que los jueces sí pueden conocer cuáles son los beneficios y los costes sociales. No pueden y, aunque pudieran, debería resultar evidente que no es irrelevante quién posea los derechos de propiedad: si, en nuestro ejemplo anterior, los derechos preferentes los posee la empresa, el coste de evitar o de soportar la contaminación recae sobre el propietario de la vivienda; si los derechos preferentes los ostenta el propietario, es él quien se apropia de los beneficios de no ser contaminado o de ser compensado por la contaminación. Aunque en agregado el resultado pudiera ser el mismo sea cual sea la asignación de los derechos de propiedad (esto es lo que se ha conocido como "Teorema de Coase"), es evidente que un sistema de mercado donde el derecho de propiedad esté sometido a su "función social" no funciona del mismo modo que uno donde se respete absolutamente frente a cualquier arbitrariedad del poder. En este último caso, Coase no llegó a considerar los efectos de la degradación institucional que su propuesta terminaría acarreando: se quedó en un análisis estático que olvidó los esenciales efectos dinámicos.

Pero entonces, ¿es que en presencia de costes de transacción no hay forma de solventar el problema de las externalidades a través de un mercado libre? Sí la hay, y sólo tenemos que regresar al primer artículo de Coase: si las empresas, o más en general los sistemas de propiedad comunal, son mecanismos ideados para minimizar los costes de transacción, bastará con recurrir a ellas para terminar negociando acuerdos mutuamente beneficiosos para las partes. Por ejemplo, si una empresa contamina una urbanización privada (o una ciudad privada), nada tan sencillo como que los representantes de esa urbanización se sienten a negociar con la empresa y que luego repartan internamente los costes o las ganancias de su negociación.

A Coase le faltó integrar su rico análisis dentro de un marco más amplio, considerando que no sólo la propiedad privada individual es un mecanismo de coordinación, sino también, según el contexto, la propiedad privada comunal (como sí haría otra Premio Nobel: Elinor Ostrom). En tal caso, habría terminado por cerrar un sólido sistema teórico donde el mercado en su acepción lata (interacción entre múltiples tipos de propiedad privada y de contratos voluntarios; de instituciones en el sentido mengeriano y hayekiano) permite solventar del mejor modo posible los inerradicables problemas de información propios de todo orden social complejo. Y no por un ingenuo idealismo de que el mercado sea perfecto, sino por un pragmático realismo de que el mercado es mucho menos imperfecto que el Estado.

Pero, en justicia, a los genios como Coase no debe juzgárseles por los hitos que no lograron sino por los que sí alcanzaron. Descanse en paz.

Volver a empezar

Se acaban las vacaciones y vuelve cada mochuelo a su olivo. Llega septiembre repleto de incertidumbre y tensión. Tras las culebras informativas de siempre (Gibraltar sigue siendo la reina), retomamos la preocupación por la recuperación económica. Los millones de personas que siguen en el paro, aquellas que ya no tienen subsidio, las familias en las que todos los miembros están sin trabajo, se enfrentan a un comienzo de curso escolar con muchos gastos, a un otoño enrarecido y a los rigores invernales, con la esperanza de que los supuestos buenos datos que llevan un tiempo anunciando nuestros gobernantes se traduzcan en una mejora de su situación.

Pero no nos engañemos. Los datos tan optimistas, que se celebran tanto porque estamos cansados de malas noticias, de esfuerzos y de apretarnos el cinturón, tardarán en permear el entramado económico y calar a los ciudadanos de a pie. Porque para que nuestros millones de parados encuentren empleo es necesario que se fortalezca el tejido empresarial, es necesario que el sistema financiero esté más fuerte, es necesario que el Estado no compita por financiación con las empresas, y es necesario que el lucro deje de ser un estigma para volver a ser considerado como siempre ha sido: un estímulo legítimo.

A finales de septiembre, las elecciones alemanas determinarán si Frau Merkel seguirá siendo quien tome las decisiones en su país y, sobre todo, en qué medida lo hará de manera autónoma o dependerá de extrañas alianzas. La importancia de estas elecciones para España es que ella representa la opción pro euro, dispuesta a seguir regando a golpe de manguera financiera a los países del sur, los que tenemos una economía más frágil, porque cree que es la forma en que Alemania sobrevivirá mejor. Y eso es, para muchos, equivocadamente, la panacea para España. Para otros, lo relevante no es el chorro de euros tanto como las condiciones que hay que cumplir para ser elegible para esas ayudas, y que inyectan un grado más o menos mayor de disciplina económica a los países afectados, para bien o para mal. Así que es probable que, ya sin la presión de la campaña electoral, y dependiendo de los resultados, aparezcan datos menos felices y noticias menos amables para la economía europea.

A esto hay que añadir los efectos que tiene en las economías europeas lo que suceda en Estados Unidos. La mejoría económica, ahora mismo pendiente de un hilo, también nos salpica. El conflicto con Siria, y en especial, la incertidumbre que inocula a los mercados, el posible gasto dependiendo de cómo se resuelva, y cómo afecte la actitud de Obama en su electorado, velan el futuro próximo tras la niebla de las consecuencias no queridas.

En ese caldo de cultivo es en el que el gobierno español ha de poner orden y sensatez, la que aún no ha puesto, en nuestro país. La viabilidad del sistema de pensiones, la flexibilización del mercado de trabajo, la reorganización del modelo de financiación autonómico y la recomposición de un modelo productivo que, de ninguna manera puede ser impuesto ni planificado de arriba a abajo, son los principales toros a los que ha de enfrentarse el gobierno de Rajoy.

Y, sin embargo, este gobierno está tocado por la lepra de la sospecha. El caso Bárcenas, las mentiras del presidente Rajoy, y la escasa capacidad para comunicarse con la ciudadanía del gabinete explica la cara de perplejidad de los españoles cuando se plantean los retos económicos que deben encarar este curso nuestros gestores.

Para completar la estampa, la oposición, que debería espolear al gobierno para lograr que haga algo, tampoco acompaña. En primer lugar, porque no está exenta de escándalos de corrupción, entre los que destaca, por la clamorosa indignación que provoca y lo que representa, el caso de los ERE’s. Pero además, porque la lucha interna y la ausencia de liderazgo desde hace ya mucho tiempo es un escándalo. Para compensar, la izquierda española, de manera irresponsable, emponzoña el ambiente disparando como puede, "a ver qué cae".

Volver a empezar no es fácil. Nunca lo fue. Pero es necesario. Precisamente ahora, cuando la confusión y la desesperanza flotan en el ambiente, hay que volver a empezar a construir, paso a paso, una senda diferente, sobre el suelo firme de los valores liberales, de la defensa a ultranza y sin concesiones de la libertad. No solamente porque esa sea la clave de la recuperación, que lo es. Sino porque es lo ético, son nuestros valores.

La novedad del Instituto Juan de Mariana es que nuestro presidente ya se ha incorporado como rector de la Universidad Francisco Marroquín. Quiero acabar mi primer artículo de este curso recordando a Manuel Ayau, fundador de dicha institución y Premio Juan de Mariana del 2008, quien, en su discurso de recepción del galardón, recordaba que la solución para salir del hambre, para escapar de las garras del marxismo, para mejorar la educación, etc., etc., era la defensa de la vida, la propiedad y los contratos. Y creo que esos tres pilares son los mismos en los que hay que centrarse aquí y ahora para emprender el camino de la recuperación, de la real, en España.

La Universidad de Navarra y la Escuela de Salamanca

Recordarán que en estos Comentarios ya les he escrito alguna vez sobre la Colección de Pensamiento Medieval y Renacentista que promueve la Universidad de Navarra a través del Proyecto Pensamiento Clásico Español; por ejemplo, el Repertorio de moral económica de José Barrientos o la edición (Idoya Zorroza) de los Contratos y usuras de Francisco de Vitoria. Se trata de la publicación de textos e interesantes estudios sobre los doctores de Salamanca, a los que añado ahora algunos títulos de otra destacable colección: Cuadernos de Pensamiento Español.

En ella podemos encontrar monografías y también actas de congresos. Entre las primeras quiero comenzar por La interpretación de la ley según Juan de Salas, un autor menos conocido de aquellos imponentes De legibus, tan característicos de nuestros Salmantinos. La escribe Juan Cruz, por entonces director de la colección e impulsor entusiasta de todo este Proyecto. Además, hay un estudio sobre El albedrío de Walter Redmond, o una imprescindible Bibliografía suareciana por Jean-Paul Coujou.

Pero quería detenerme en las aportaciones de varios congresos y jornadas organizados por la Universidad de Navarra y la Católica de Buenos Aires, también alrededor de la Escuela de Salamanca. Sergio Raúl Castaño elabora una apretada síntesis de varios encuentros desde 2006 a 2009 en su Interpretación del poder en Vitoria y Suárez. Lo hace en torno a tres capítulos: "La naturaleza del poder político", "La legitimidad del poder político" y "Poder político y orden internacional". Aquí leemos algunas ideas que vengo destacando en estas columnas desde hace tiempo, como la necesidad de una legitimación social para el ejercicio del poder (Suárez: "populum consentientem"), o la responsabilidad que tienen los políticos de respetar la ley y el bien común. Hay también una referencia a Juan de Mariana que les copio: "Ahora bien, para Mariana el valor de lo político no se asienta meramente en la utilidad que reviste como medio para la satisfacción de necesidades materiales… Porque el acicate de las necesidades no es causa total de la constitución de la sociedad política, sino solo incoactivamente; pues según Mariana, el bien más preciado al que el hombre accede en la vida política es el de la amistad y la caridad". Mucho tienen que aprender nuestros políticos contemporáneos…

La ya citada Dra. Zorroza es la editora de otros dos Cuadernos: Proyecciones sistemáticas e históricas de la teoría suareciana de la ley y Causalidad y libertad. El primero corresponde a las "III Jornadas De iustitia et iure" celebradas en Buenos Aires el año 2006, y en la Introducción señala la importancia que tiene la Escuela de Salamanca como continuadora del pensamiento medieval y anticipadora de los desarrollos modernos. Destaco los trabajos de Juan Cruz: "Dialéctica ontológica del poder político", una excelente introducción a la teoría suareciana del poder; y de Sandra Brandi: "Suárez y Hooker, intérpretes de la noción tomista de ley", que nos recuerda la influencia de Suárez en el pensamiento político anglosajón. En esta misma línea escribe Hugo Luis Dalbosco "Los elementos del pacto en Suárez y Hobbes: una comparación", que comienza explicando la expresión suareciana "omnis potestas a Deo per populum libere consentientem" (todo el poder viene de Dios, a través del consentimiento libre de los ciudadanos"): a ninguna persona, física o moral, le viene inmediatamente de Dios la potestad civil, por naturaleza o por concesión graciosa; sino que al gobernante le viene la autoridad mediante el pueblo.

Pero, sobre todo, quería llamar la atención sobre varios estudios alrededor de la pervivencia de la filosofía política escolástica en el entorno de las Independencias americanas: en este caso, tenemos cuatro apartados referidos a la Revolución de Mayo de 1810 en el Río de la Plata. Y es que (ya lo he escrito en alguna otra ocasión) hay una continuidad innegable entre la doctrina suareciana y la justificación teórica de la Independencia, como ese principio de la retroversión de la soberanía al pueblo en el caso de un gobernante ilegítimo.

Claro, este es un tema discutido y que ha generado un fuerte debate en la nación argentina. Lo explica muy bien Martha Donicelli en su artículo "La influencia del pensamiento de Suárez en los actores de la Revolución de Mayo de 1810", que no les puedo resumir con detalle. El problema es que se produjo una excesiva polarización ideológica entre los partidarios de "la tradición" y "la modernidad" que, al cabo del tiempo, podemos considerar inútil. Donicelli propone un acercamiento desapasionado a las fuentes y "al modelo de organización nacional que se encontraba en la mente de los hombres de mayo".

Personalmente, he disfrutado recordando las ideas de los grandes maestros argentinos de mediados del siglo XX, hoy apenas conocidos en España: Guillermo Furlong, Ricardo Levene, Otto Stoetzer o Ricardo Zorraquín. Sin embargo, no comparto plenamente la conclusión de la autora, quizás supeditada a la opinión de otros importantes autores como Roberto Di Stefano o José Carlos Chiaramonte. Es cierto que la Argentina ha vivido una historia demasiado politizada durante gran parte del siglo XX, con gobiernos de discutible calidad democrática (cuando no claramente autoritarios); pero no acierto a comprender la relegación simplificadora de esos primeros maestros con una apelación al "imaginario colectivo de una nación católica en sus orígenes, netamente en consonancia con la tradición hispana". Pienso que conocer el pensamiento escolástico del Siglo de Oro no es un ingenuo y trasnochado empeño en "reivindicar la postura de la Iglesia" o en "devolver al clero y a la Iglesia católica en general el lugar de privilegio perdido durante la centuria anterior", como parecen concluir estos autores más actuales. Cabe perfectamente, como creo que se hace desde este Instituto, un acercamiento a la Escuela de Salamanca sin prejuicios ideológicos o religiosos: valorando simplemente el contenido de su pensamiento, y destacando la modernidad de algunas de sus conclusiones.

La comunicación honesta mediante señales costosas

Un animal puede beneficiarse si consigue engañar a otros y a su vez no ser engañado. La evolución produce una carrera de armamentos entre formas de engañar o manipular contra formas de detectar engaños o protegerse de ellos. Pero la evolución también genera mecanismos de comunicación que benefician al emisor y al receptor mediante señales informativas de alguna aptitud, característica o circunstancia real: las señales fiables distinguen o discriminan lo verdadero de lo falso, al honrado del tramposo, al sincero del mentiroso, al competente del incompetente.

Una señal valiosa y honesta se basa en una diferencia real entre sus posibles emisores, y puede ser difícil de falsificar si es cara o costosa. Toda señal de una determinada intensidad tiene un coste y puede implicar algún riesgo, pero estos pueden ser mucho menores (o los beneficios mayores) para el comunicador sincero. El emisor honesto puede permitirse algo que resulta prohibitivo para el tramposo. El coste de la señal no es sólo el de su producción física, sino que incluye también todas sus consecuencias potencialmente negativas: atraer algún peligro, servir para resaltar algún defecto o imperfección.

Una posible forma de señalar honestamente aptitud biológica (poder, salud, riqueza, fuerza, atención, compromiso) es algún rasgo (conducta o morfología) que suponga un handicap para su ejecutor o portador, que le implique algún coste, dificultad o problema que un individuo menos apto no puede asumir.

La comunicación puede referirse a oportunidades de cooperación (emparejamiento sexual entre machos y hembras, información sobre localización de alimento entre miembros de un grupo), posibilidad de competencia (relaciones adversarias entre depredadores y presas, advertencias en la competición por recursos) o necesidad de ayuda (crías que reclaman alimento y protección a los progenitores). La comunicación puede suceder entre colaboradores (para ser elegidos) o enemigos (para ser evitados), y entre miembros de una misma especie o entre animales de especies diferentes.

Algunos ejemplos de señales honestas costosas:

– La cola del pavo real macho desplegada y agitada ante las hembras como ornamento sexual: “estoy sano y bien alimentado, y no temo indicar mi localización a posibles depredadores”. Abundan todo tipo de cantos, bailes y otros rasgos (como olores, marcas que resaltan alguna parte del cuerpo, coloración conspicua, simetrías, construcciones) utilizados como señales en exhibiciones para atraer pareja.

– En algunos insectos, sustancias químicas tóxicas como las feromonas indican que su portador es robusto y puede aguantarlas y utilizarlas como veneno contra sus depredadores. Las amebas sociales utilizan moléculas específicas para agregarse en condiciones de estrés ambiental.

– Los brincos de las gacelas ante sus posibles atacantes: “te he visto y te demuestro que me sobran fuerzas para escapar de ti, no pierdas tu tiempo y tu energía persiguiéndome a mí, busca otra presa más débil”. Algunas aves cantan cuando están siendo perseguidas por un depredador; algunas bandadas realizan movimientos bruscos para conseguir que el miembro más débil sea rápidamente atrapado y ahorrarse así todos los demás una persecución prolongada.

– Los gritos de advertencia de algunas aves, que en realidad no son solo para sus compañeras, sino que sirven principalmente para informar al depredador de que ha sido detectado y no va a pillarlas por sorpresa: las señales son útiles tanto para la presa como para el depredador, que no malgasta su energía inútilmente.

– En los juegos infantiles de correr y pillar, los niños más rápidos no se molestan en alejarse inmediatamente del que debe pillar a otros: su cercanía indica que pueden escapar fácilmente; si son perseguidos pueden burlarse del perseguidor mientras corren.

– Algunos depredadores señalan su presencia a sus presas y amagan movimientos de ataque (como dos boxeadores tanteándose) para detectar cuáles son los puntos débiles de sus víctimas y elegir a las más fáciles.

– Los rasgos físicos llamativos que alertan de algún peligro o amenaza (aposematismo): colores brillantes de animales venenosos o de sabor desagradable.

– Las exhibiciones de fuerza y motivación para disuadir a los competidores (amenazas creíbles como sustituto de la agresión): postura confiada (aproximación chulesca exponiéndose al peligro, gestos de desprecio al enemigo), vocalizaciones graves que indican relajación y confianza, canciones rítmicas ordenadas o miradas fijas al rival que reflejan seguridad, determinación y concentración, muestras de indiferencia, combates rituales.

– Las señales de sumisión o reconocimiento de inferioridad o derrota ante rivales superiores: agacharse, humillarse, arrodillarse, apartar la mirada, exponer una parte vital del cuerpo (el lobo derrotado expone su cuello a las fauces del vencedor).

– Los avisos de crueldad de los combatientes para conseguir que los enemigos se rindan sin luchar (piratas que amenazan con castigar duramente a quienes opongan resistencia).

– Las señales de determinación indicando el coste que uno está dispuesto a asumir para conseguir algo: autoinfligirse algún daño. Los intentos de suicidio pueden ser peticiones extremas de ayuda.

– Las señales de estatus, dominación o prestigio: el consumo derrochador, extravagante y conspicuo de un rico (vehículos de lujo, mansiones, joyas, ropas a la última moda, símbolos de estatus social), o la generosidad pública ostentosa (ceremonia del potlatch). El altruismo puede practicarse de forma competitiva para alcanzar prestigio social y así tener mejores oportunidades de cooperación (en el emparejamiento sexual, en los negocios).

– La obesidad en las culturas en las cuales la obtención de alimento es problemática.

– Una educación certificada exigente de un trabajador que ofrece sus servicios en el mercado laboral.

– La realización de proezas deportivas o artísticas típicas de jóvenes para atraer pareja (señales de fuerza o habilidad).

– La fuerza de los lazos sociales (capacidad, interés y compromiso con una relación o grupo) puede comprobarse mediante imposiciones, forzando al individuo a asumir un coste, poniéndoselo difícil para ver cuánto aguanta. Muchas hembras exigen cortejos prolongados y regalos prenupciales, o tienen caprichos y cambios de humor aparentemente inexplicables. Algunos machos (en especies en las cuales aportan una alta inversión parental) agreden a las hembras durante el cortejo para comprobar su persistencia. Algunos animales se limpian y acicalan unos a otros mucho más que lo requerido por la mera higiene. Los grupos suelen exigir demostraciones de lealtad y conformidad: tatuajes distintivos, mutilaciones, ritos de iniciación humillantes, creencias fervientes absurdas, rituales religiosos.

– Las señales de cohesión y coordinación de un grupo: canciones, rituales o movimientos coherentes, armónicos, unificados.

– Los gritos de las crías en el nido para ser alimentadas por sus progenitores. Estos gritos son amenazas de perjudicarse a sí mismas porque las ponen en peligro de ser descubiertas por un depredador (como algunos aspectos llamativos de las crías de algunas especies). El miembro más débil de una asociación de pareja puede chantajear al más fuerte con amenazas de dañarse a sí mismo, si este último está interesado en el bienestar del otro. Esta conducta no es generalizada entre crías de animales porque sólo puede ser utilizada si el riesgo de gritar no es demasiado grande (de hecho las crías no gritan si saben que hay un depredador cerca).

La producción del lenguaje humano por lo general tiene costes muy bajos, por lo cual es fácil utilizarlo para el engaño y la manipulación. Es posible mejorar su fiabilidad incrementando los costes para los incompetentes, deshonestos o mentirosos: fijarse en lo que la gente hace, no en lo que dice (descontar su hipocresía y considerar sus intereses); en lugar de vagas promesas informales, usar contratos con cláusulas penalizadoras por incumplimiento, avales y garantías; en vez de mensajes hablados privados, emplear documentos persistentes, grabaciones, testigos; en lugar de ambiguas predicciones de presuntos expertos que no se juegan nada, recurrir a apuestas y mercados financieros.