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Etiqueta: Pensamiento liberal

Jobs, el libertario

No en vano, era un admirador de Ayn Rand. Uno de sus discursos más famosos recuerda mucho al magnífico alegato final de Howard Roark en El Manantial, novela de esta brillante autora.

Y es que Jobs era un ferviente defensor de la creatividad humana, la esencia misma de la economía de mercado. "La creatividad es simplemente conectar cosas", básicamente, experiencias vitales. "La innovación no tiene nada que ver con la cantidad dólares que inviertas en I+D […] Se trata de personas". Como es lógico, también era un amante del individuo y crítico del colectivismo. "Soy optimista en el sentido de que creo que los humanos son nobles y honorables, y algunos de ellos son muy inteligentes. Tengo una visión muy optimista de los individuos. Como individuos, las personas son intrínsecamente buenas. Tengo una visión algo más pesimista de la gente en grupos".

Fundador de Apple y padre de la nueva era informática y digital, el gran éxito de Jobs radica en haber facilitado y mejorado la vida a cientos de millones de personas, una tarea que el mercado le ha sabido reconocer y compensar a través de la histórica revalorización bursátil de su compañía.

Sus palabras lo dicen todo. Así pues, que hable el maestro…

Jobs fue adoptado. Su familia de adopción se comprometió con su madre biológica a enviarle a la universidad cuando se hiciera mayor. Sin embargo, Jobs abandonó a los pocos meses de matricularse, ya que no sentía pasión por lo que estudiaba y pensó que no compensaba el coste económico que le estaba suponiendo a sus padres. "No sabía que iba a ser de mí, pero confié en que las cosas saldrían bien. Fue una de las mejores decisiones de mi vida […] Al no estar matriculado no tenía clases obligatorias. Dejé de ir a las clases que no me interesaban y empecé a ir las que me interesaban".

Pero su travesía estudiantil no fue sencilla. Dormía en el suelo de las habitaciones de sus amigos y recogía "botellas de Coca-Cola por 5 céntimos el envase para poder comer". Aún así, se dejó guiar por su innata curiosidad e intuición. Entre las distintas asignaturas que escogió se decantó por la caligrafía. Y aunque pensaba que difícilmente tendría una utilidad práctica para su vida, 10 años después aplicó ese conocimiento en el diseño de su famoso Mac, el primer ordenador que incluía una "bella tipografía", copiada posteriormente por su principal competidor, Microsoft.

"Tuve suerte. Pronto supe qué era lo que más deseaba hacer en mi vida". A la edad de 20 años creó Apple en un garaje. Una década después, la compañía contaba ya con 4.000 empleados y un valor estimado de 2.000 millones de dólares.

Pero, una vez más, la vida le guardaba una ingrata sorpresa. A los 30 años fue despedido de Apple, de su propia empresa, debido a las diferencias de criterio que mantenía con su Junta Directiva. "Fue devastador, pero aún amaba lo que hacía, así que decidí empezar de nuevo […] Fue lo mejor que me podía haber ocurrido. Me liberó para entrar en uno de los periodos mas creativos de mi vida". Efectivamente, en los años posteriores a su despido creó la empresa NeXT y luego Pixar, uno de los estudios de animación más exitosos del mundo… Y cosas que pasan. Apple compró NeXT y Jobs volvió a Apple. La tecnología que desarrolló durante ese periplo se convirtió en el nuevo corazón del gigante informático estadounidense.

"A veces la vida te da con un ladrillo en la cabeza. No perdáis la fe. La única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando. No os conforméis".

Jobs lo tenía muy claro. "Vive cada día como si fuera el último. Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder". Y sentenciaba: "Ser el hombre más rico del cementerio no me importa. Irse a la cama por la noche diciendo que hemos hecho algo maravilloso. Eso es lo que me importa". Jobs puede estar satisfecho. Ha muerto un empresario que pasará a la historia de la humanidad. Descanse en paz.

El separatista Naboulione Buonaparte

El pequeño corso Naboulione sentía un odio visceral hacia los franceses. Unos meses antes de venir al mundo, Córcega había sido vendida por la república de Génova a Francia como pago de una deuda a su aliada tras verse incapaz de sojuzgar a los ariscos isleños. Era el sino de esta isla. Durante su milenaria historia había sido gobernada por romanos, vándalos, sarracenos, pisanos, turcos, aragoneses, genoveses, para acabar finalmente en manos galas.

Sin embargo, antes de pasar definitivamente bajo soberanía francesa, Córcega, ante el menguante dominio final genovés, conoció un breve periodo de independencia entre 1755 y 1769 que dejó extasiado a todos los ilustrados del momento. Fue la primera revolución auténticamente burguesa de Europa contra el Antiguo Régimen que promulgó, antes incluso que los americanos, una constitución democrática. El héroe de aquella gesta emancipatoria fue Pasquale Paoli. Fue el ídolo indiscutible del joven Naboulione.

La familia Buonaparte era de origen toscano y llevaba más de dos siglos asentada en Córcega cuando se produjo su anexión a Francia. El padre de Naboulione, Carlo María Buonaparte, formaba parte de la aristocracia local con escasos recursos y participó activamente en la resistencia armada contra los nuevos invasores. Su esposa, Letizia Ramolino, también de sangre noble corsa pero con más posibles, contrajo matrimonio a los 14 años aportando una suculenta dote de 7.000 libras genovesas. Pese a las constantes luchas y huidas junto a su marido de los ocupantes, no cesó de parir y cuidar manu militari a sus trece hijos (de los cuales sólo sobrevivieron ocho, Naboulione entre ellos).

Las tropas coloniales de Luis XV sometieron al fin a los sublevados en la batalla de Ponte Nuovo imponiendo acto seguido las leyes y el idioma francés en toda la isla (la matriarca Letizia se negó a aprenderlo y no llegó a hablarlo jamás; menuda era la mamma). Con ello la independencia corsa quedó oficialmente finiquitada. Pese a aquella derrota, en el imaginario corso se forjó una aureola alrededor de su héroe independentista Pasquale Paoli, que huyó rumbo a Londres en espera de una mejor ocasión.

Con Carlo María Buonaparte, lo que se forjó, sin embargo, fue un cambio de estrategia en la aproximación a los nuevos gobernantes galos para ganarse su confianza. Fue tan diestro en dicho empeño que consiguió labrarse una buena posición política como representante real por Ajaccio. Más tarde obtendría sendas becas costeadas por el erario francés para la formación de sus dos hijos mayores: el primogénito Giuseppe (el futuro Pepe Botella) se haría seminarista y Naboulione, militar. Pese a ello, este último siguió cultivando una intensa galofobia y no perdonó a su padre -antiguo secretario personal de Paoli- la traición acomodaticia que perpetró contra la memoria de su sufrido pueblo.

Naboulione partió, pues, a los diez años hacia la Francia continental. Dicha marcha la vivió como una deportación. Antes de ingresar en la escuela militar de Brienne debió aprender francés en un colegio jesuita, pues lo único que sabía era su dialecto natal. Hasta su muerte hablaría la lengua de sus opresores con un marcado acento italiano. Simultaneó su instrucción militar (completada por su paso por la Academia militar del Campo de Marte en París) con sus compulsivas lecturas y posteriores escritos acerca de las costumbres de Córcega, su idioma, su lucha por la libertad y su autogobierno. Parecía antes un hombre de letras que un militar. Apenas tuvo amigos por su carácter intratable, marca de la casa que le acompañaría toda su vida.

A los veinte años hizo la promesa al venerable Abad Raynal de escribir un libro sobre la historia de la indomable Córcega. Su rencor hacia Francia por haber ahogado la libertad de su nación era enfermizo; algún día merecería vendetta aquel ultraje. Un mes antes de que estallara la Revolución escribió a Paoli que temía que se le echaran encima los funcionarios opresores que gobernaban su isla por las ácidas críticas que les dedicaba.

Muerto su padre y siendo ya un oficial de artillería, se trasladó intermitentemente a su añorada Córcega desde la metrópoli gracias a numerosas (y descaradas) bajas por enfermedad en su servicio activo y que el Estado opresor tuvo siempre a bien concederle. Parecía no importarle que Francia estuviera ya en guerra contra media Europa. Se puso inicialmente a disposición del caudillo nacionalista Paoli, convertido entonces en un federalista girondino por conveniencia del momento. Desde que se supo que Luis XVI estaba considerando ceder la soberanía de la isla de nuevo al gobierno de Génova, la secesión estaba en la mente de todo patriota corso que se preciara. En la fratricida lucha de las diversas facciones locales, el enardecido Naboulione se enemistó con todos, incluido el mismo Paoli. Ante sus repetidos fracasos por hacerse con el mando insular, el joven oficial se decantó finalmente por los afrancesados favorables a la Convención republicana. Se produjo su conversión paulina al jacobinismo.

El progresivo deterioro de las relaciones de la saga Buonaparte con los paolistas llevó al cabeza del clan, Naboulione, a hacerse mediante intrigas, sobornos y secuestro incluido de un comisario, con la jefatura militar de la isla obteniendo 522 votos de un censo total de 492 votantes.Como solución final, salió de Bastia hacia Ajaccio con la intención decortar por lo sano y ametrallar a sus antiguos camaradas, devenidos contrincantes. Fracasó miserablemente. Después de aquello tuvo que huir con toda su familia para escapar al saqueo de su casa y al linchamiento por parte de sus sañudos compatriotas. Se refugiaron en Marsella para no volver jamás a su país. Corría el año 1793 y acababa de rodar la cabeza del monarca francés. Nuestro iracundo personaje llevaba siete años y medio en el cuerpo militar francés, de los cuales había estado de baja por vacaciones o simulando enfermedad un total de cinco años completos para poder participar en todas sus aventuras corsas.

En aquella nueva etapa pudo reconducir su ambición (ejercer el mando). Logró llamar la atención del benjamín de los Robespierre y fue nombrado capitán en el 4° regimiento de artillería de Niza. A la sombra de su otro protector providencial, el vizconde de Barras, empezó a labrarse una prometedora carrera militar en el seno del ejército francés. Su éxito bélico durante el sitio de Tolón –principal puerto de la marina de guerra francesa en el Mediterráneo–, tomado por las tropas británicas, le hizo merecedor de los galones de general de brigada. Fue su gran arranque. Le había tocado en Tolón luchar en el bando francés dadas sus circunstancias vitales pero nada le hubiese impedido hacerlo en el contrario, caso de que su difunto padre hubiese decidido acompañar a Paoli en su primer exilio londinense. Naboulione se consideró durante mucho tiempo un condottiero moderno.

Los íntimos anhelos de este antiguo separatista corso se verían sobradamente colmados a través de su oportuno afrancesamiento y de los medios que le proporcionaría su nueva nación adoptiva. El "général Bouona", como le denominaba la soldadesca revolucionaria, no tuvo más principios que luchar por el poder y una fortuna que amasar. Vaya si lo consiguió. El resto de las peripecias de este tirano es historia y mitología a partes iguales.

Parásitos cerebrales, memes y memos

Son el no va más de la parasitología, parásitos capaces de modificar el comportamiento de sus huéspedes tomando el control de sus cerebros y haciendo que sus víctimas se comporten de forma extraña y aberrante, actuando en contra de sus propios intereses biológicos.

Hay muchos ejemplos, desde grillos que deciden ahogarse para que un gusano parásito que crece en su intestino pueda pasar la siguiente fase de su desarrollo en el agua, hasta hormigas zombis que infectadas por un parásito se encaraman a la hierba para ser ingeridas por las vacas, que de este modo pasan a ser el siguiente huésped.

También hay un caracol que al ser parasitado por un gusano se expone a ser comido por los pájaros y de esta forma infectarlos, así como una araña que al ser parasitada por una avispa, no solo es devorada desde dentro por las larvas, sino que además construye una red especial para que las larvas asesinas cuelguen el capullo donde completar su desarrollo…

Finalmente, hay una especie de primates que cada cuatro años vota y elige a unos individuos de su propia especie que les quitan el fruto de su esfuerzo y su trabajo.

En todos los casos, el proceso es parecido. Es un proceso que se realiza a nivel instintivo en el cual una serie de conductas estereotipadas son modificadas levemente en sentido favorable al parásito.

Así, por ejemplo, la araña parasitada tiene un programa de construcción de red que, digamos, se "encasquilla" en una de las etapas, de forma que un segmento de red que serviría de base para la construcción de la telaraña es repasado cientos de veces hasta que adquiere el grosor necesario para soportar el capullo del parásito.

Básicamente, el comportamiento de la araña está codificado en su ADN. El ADN del parásito lo que hace es producir sus propias proteínas que interfieren con las propias del huésped, modulando y alterando sus comportamientos instintivos.

En los primates que hemos mencionado el proceso es muy similar. Aquí también intervienen los instintos y las conductas estereotipadas que son aprovechadas por los parásitos para buscar sus propios fines.

Y es importante señalar que en ningún caso entra en juego el neocórtex, es decir, el pensamiento racional, sino que todo este proceso se da a nivel del sistema límbico.

Es decir, se utilizan sentimientos básicos, instintos primarios… algunos muy elevados como la solidaridad, el altruismo o la justicia, pasando por otros menos, digamos, nobles como la envidia, el miedo a lo desconocido y otros más o menos neutros como el sentimiento de identidad grupal.

Pero aquí no actúa el ADN biológico, no es una cuestión de genes. El primate al que nos estamos refiriendo es un ser altamente cultural y utiliza como sustrato de comportamiento los memes, unidades de información cultural que conforman los rasgos específicos presentes en el pool cultural de la población.

Y por supuesto, dentro de dicha población, el grupo de primates parásitos debe tener unos memes que puedan influir de manera positiva para sus intereses dentro de la propia población general parasitada, dándose un proceso de co-evolución, una carrera evolutiva en la cual ambos grupos de memes, tanto los de la población parasitada como del grupo parásito, se influyen mutuamente.

Un ejemplo. En las sociedades anglosajonas o escandinavas, sus rasgos culturales básicos, sus memes, contienen una programación básica que incluye el respeto a la propiedad privada, a la libre iniciativa, a la ley… El político que quiera vivir a costa de dicha sociedad ha de tener por tanto unos memes adaptados a dichas condiciones… Es decir, un mínimo de decencia…

En cambio en otras sociedades más cercanas, donde impera la cultura de la dependencia, de la corrupción, del estado omnipresente, los políticos y partidos que sobreviven y transmiten su memes son aquellos que encajan con la población parasitada… Es decir, los más demagogos, vacíos y corruptos.

En otras palabras, para que nos entendamos, existe una relación directamente proporcional entre el número de memos presentes en la sociedad y la posibilidad de que un memo llegue a presidente del gobierno…, como hemos podido comprobar.

Pero aun así, hay grados… Al igual que en los microorganismos parasitarios hay diferentes cepas más o menos virulentas, también las diferentes organizaciones políticas dentro de un país presentan memes más o menos dañinos para la sociedad, desde cepas portadoras de memes que pueden, en el mejor de los casos, significar un mutualismo simbiótico en el cual tanto la sociedad hospedadora como el huésped salgan beneficiados, lo cual no suele ser la norma, hasta cepas portadoras de memes deletéreos que acaben con la salud de dicha sociedad…

Y en un par de meses tenemos la oportunidad de librarnos de una de estas últimas cepas mencionadas…

Los invernaderos de El Ejido

Hayek, con la brillantez que le caracteriza, explica claramente cómo los resultados del proceso histórico son impredecibles para los individuos, y que, en consecuencia, es imposible atribuir los resultados observables a la razón. Se han de explicar, por el contrario, mediante procesos espontáneos en que confluyen las voluntades de muchos individuos. Lo contrario, esto es tratar de explicar un resultado histórico, exclusivamente en base a la razón, es lo que él llama "fatal arrogancia", que da título al tratado en que estos puntos se explican.

Cuando uno se asoma a las planicies de El Ejido, Almería, lo que ve es el plástico blanco de sus invernaderos. Sus productos son de fama mundial y el caso de desarrollo económico es también paradigmático. Viendo estos invernaderos uno puede caer en la fatal arrogancia de Hayek y asumir que era lógico y previsible que esto ocurriera, habida cuenta de las condiciones climatológicas del área.

Pero abandonemos las reflexiones individuales y asomémonos a la historia. Esta nos la contó Lola Gómez, de CLISOL, en una de las visitas guiadas a los invernaderos que esta empresa organiza, y que aprovecho para recomendar a todo el que visite el área, esté o no interesado en la agricultura (www.clisol.com).

La historia comienza con el viento y las viñas: el viento de El Ejido que malograba muchas veces el trabajo de los agricultores de la zona, y los viñedos, cuyo producto dejó de ser demandado en el momento en que empieza la historia. Estos últimos se cultivaban en El Ejido mediante una estructura elevada de postes.

A algún emprendedor de la zona se le ocurrió utilizar estos postes, ya abandonados, para instalar unos plásticos que protegieran su nuevo cultivo del viento. Su sorpresa debió de ser mayúscula cuando pudo comprobar que, gracias al calor acumulado por su precaria edificación, el ciclo de crecimiento de las hortalizas se aceleraba, dando lugar a un mayor número de cosechas al año.

Como se observa, el uso de invernaderos en El Ejido no obedeció originalmente a su función actual, sino a algo tan simple como la disposición de activos sin uso y al viento.

Los beneficios, casuales, obtenidos por el emprendedor inicial, llamaron la atención de sus vecinos, y poco a poco todas las tierras de El Ejido se fueron cubriendo de plásticos, llevándonos al paisaje actual.

En este ámbito tan competitivo, es lógico que se siga generando mucho conocimiento empresarial. Los vecinos y competidores luchan constantemente por perfeccionar sus técnicas y mejorar sus productos, y pueden proclamar con orgullo (¿o envidia?) que no reciben ningún tipo de ayuda pública.

El Ejido es pionera en muchas de las técnicas agrícolas innovadoras, según parece al menos a un completo desconocedor del tema, como un servidor. Por ejemplo, no utilizan pesticidas, si no métodos biológicos para aplacar las plagas: esto es, poner otros bichos en los invernaderos que se coman a los bichos malos.

Pero lo más curioso es que están dejando de usar la tierra. Sí, parece que el agricultor moderno ya no planta en los tradicionales surcos. Ahora lo hacen en pequeños cubos de material neutro (lana de roca, le llaman) cuando no directamente en agua. Y son complejos ordenadores los que distribuyen a las plantas los adecuados nutrientes en los momentos oportunos. Todo ello se experimenta y explota, en su caso, en El Ejido, siempre buscando el mayor rendimiento para la escasa superficie de que disponen.

El lector atento se preguntará porque sigue siendo escasa la superficie, si ya no plantan en tierra. De hecho, el visitante del área podrá constatar invernaderos en los sitios más insospechados, con pendientes de imposible explotación. La cuestión es: ¿por qué no hay emprendedores que implanten estas técnicas en otras áreas más extensas, como las que proporcionan las Castillas?

No puede ser por la tierra, en El Ejido no se usa. ¿Será por el calor? Aunque no lo parezca, El Ejido no es especialmente cálido, si lo he de comparar con otras zonas de España. ¿Tal vez la abundancia de agua? Bueno, Almería es reconocida como una de las áreas más secas de España, y de hecho los emprendedores agrícolas dedican grandes esfuerzos a ahorrar en el líquido elemento, con datos de evolución en el consumo de agua espectaculares.

Desvelemos la razón: el viento. Efectivamente, el benéfico viento de El Ejido permite refrescar de forma natural el gran calor acumulado en los invernaderos, que podría llevar a la muerte a las plantas. De hecho, una parte importante de la labor del agricultor consiste en el juego de apertura y cierre de las ventanas de los invernaderos, en respuesta a las condiciones atmosféricas. Una vez más, se va sustituyendo el esfuerzo manual por el control computerizado.

El viento que impedía el cultivo hace unos años, es el factor diferencial por el que El Ejido mantiene su ventaja competitiva. El viento, que hizo necesaria la protección de la que surgieron los invernaderos, es el que en la actualidad hace viable la gran producción de El Ejido. Esta deliciosa paradoja, impredecible para la razón, hubiera deleitado a Hayek casi tanto como los pepinos con miel que nos ofrecieron al final de la visita.

Predicción económica: Empresario versus Científico económico

Conviene hacer una distinción entre la predicción que realiza el empresario y la que realiza el científico económico.

La predicción científica (cuantitativa) no es posible en el campo de la ciencia económica. La predicción en economía es de naturaleza distinta que la de las ciencias naturales. En Economía sólo es posible realizar predicciones cualitativas. Nunca las predicciones serán de carácter cuantitativo, es decir, predicciones concretas sobre hechos futuros.

Sin embargo, el empresario (y el ser humano en general) necesita trazar sus diferentes planes de acción continuamente. Necesita, por tanto, predecir la evolución de los acontecimientos. Para ello, además del conocimiento praxeológico, necesita la comprensión timológica. La compresión timológica es aquel conocimiento experimental sobre los fines y el contenido de los juicios de valor que han determinado y motivado las acciones y respuestas de los individuos en el pasado. Este análisis, por ejemplo, es primordial para el estudio de la historia. Nos informa de las valoraciones y preferencias que han provocado que un individuo (o grupo) actúe de una determinada manera para alcanzar ciertos fines. Esta compresión permite al historiador introducirse en el interior del individuo como método de conocimiento de sus valoraciones concretas. Esto es impredecible mediante la Praxeología y las demás ciencias. Además de por el historiador, el método timológico de comprensión (Verstehen) debe ser utilizado por el empresario, ya que como dijo brillantemente Mises: el empresario es aquél que mira al futuro con ojos de historiador.

Pese a que todo ser humano siempre se enfrenta a una incertidumbre inerradicable, el empresario puede realizar unas predicciones "más acertadas" que el científico económico. El conocimiento relevante para ejercer la función empresarial es de tipo práctico, no científico (según la distinción de Oakeshott). Es todo aquél que el actor va adquiriendo a través de la práctica, es decir, de la propia acción humana ejercida en sus correspondientes contextos. Se trata, como dice Hayek, del conocimiento relevante en torno a todo tipo de circunstancias particulares en cuanto a sus coordenadas subjetivas en el tiempo y en el espacio. En suma, estamos hablando de un conocimiento sobre valoraciones humanas concretas, es decir, tanto de los fines que pretende el actor, como de su conocimiento en torno a los fines que él cree que pretenden o persiguen otros actores. El empresario conoce las circunstancias concretas de la situación en la que se encuentra. Posee una mejor comprensión timológica debida a su experiencia, y por eso puede tener más éxito en las predicciones concretas que el científico económico.

La izquierda siempre encuentra culpables para tapar sus errores

España, durante estos 8 años de gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, poco se parece a la que heredó de José María Aznar. Durante este periodo desde las instancias gubernamentales se ha impulsado el enfrentamiento, la crispación y se han repartido credenciales de demócratas y de tirano. Pese a todo ello, lo único que realmente queda del zapaterismo es el paro.

Si por algo se ha caracterizado este gobierno socialista es por encontrar siempre a alguien a quien culpar de sus errores. Con respecto al paro ha seguido este modus operandi: los mercados internacionales (?) o, dicho con vocablos más mundanos, "el egoísmo y la avaricia de unos pocos". Nos hallamos, en consecuencia, ante un mensaje que hunde sus raíces en la lucha de clase, en un izquierdismo rancio, más propio de los siglos XIX o XX que del siglo XXI.

Asimismo, y en relación con la idea anterior, el zapaterismo fue incapaz de modernizar al PSOE de un modo similar a lo que hizo Blair con el New Labour o Schroeder con la socialdemocracia alemana. Especialmente, el político británico fue capaz de asumir como propio buena parte del credo económico de los conservadores así como determinados conceptos de raigambre tory, como la importancia de la seguridad o de la responsabilidad individual.

Rodríguez Zapatero obró de otro modo diametralmente distinto y ahora estamos recogiendo los resultados. Renegó del entramado de relaciones internacionales generado por Aznar, especialmente con Estados Unidos, logrando por ello la aclamación del izquierdismo más radical, aquél que boicotea actos universitarios donde toman parte políticos que no son de "su cuerda" o niega la libertad religiosa a los cristianos.

Rodríguez Zapatero cuestionó que España sea una nación y en su táctica de todos contra el PP, formó alianzas tan contra natura como la establecida en Cataluña con eco-neo-comunistas y nacionalistas-separatistas radicales. ¿No decía el marxismo que si había una doctrina antagónica al socialismo ésta era el nacionalismo? Los resultados del llamado gobierno "Tripartito" se vieron el pasado 28 de noviembre. Su apuesta por políticas identitarias y alejadas de las preocupaciones de la ciudadanía catalana provocaron el distanciamiento de ésta con respecto a su casta política.

El gobierno de Zapatero se apropió para sí de un vocablo tan fundamental como es "paz"… pero lo definió e interpretó a su manera, esto es, incorrectamente. En efecto, durante su primera legislatura insistió en que "buscaba la paz en Euskadi". Haciendo tal afirmación, un ciudadano que viviera en Melbourne podría pensar que en el País Vasco había una guerra. Nada más lejos de la realidad: en dicha comunidad autónoma existía (y existe, aunque travestido de partido político) un bando que amedrenta, extorsiona y amenaza en nombre de un nacionalismo étnico a todo aquél que no piensa como él. En la búsqueda de esa "paz", tan etérea como abstracta, Zapatero humilló a las víctimas del terrorismo y logró con su discurso pausadamente incendiario que en muchas partes de España las víctimas fueran convertidas en victimarios.

El listado no acaba aquí pero aun con todo ello, Zapatero y su equipo son gente con suerte. Cuando parecía que ya no disponían de más culpables a los que acusar de desestabilizar su macroproyecto político, su coro de danzas ha aparecido en escena de una forma peculiar: condescendencia hacia el gobierno y varapalos a dirigentes europeos como Ángela Merkel y Nicolás Sarkozy a los que acusan de ser el verdadero poder ejecutivo en España. Y para definir la situación, han acuñado un nuevo concepto: "pérdida de soberanía económica", que no es más una forma lírica con la que encubrir la ausencia de autocrítica. Así de simple.

Predican libertad y atacan la de los católicos

El laicismo, se nos dice, lejos de ser un arma contra tal o cual religión, es una garantía del respeto del Estado a la conciencia individual y es la base de una convivencia respetuosa con todas las creencias. Impecable su formulación teórica; veamos las obras de sus acólitos.

La tercera semana del pasado mes de agosto tuvo lugar en Madrid el encuentro internacional de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Numerosos jóvenes católicos de diversos países acudieron en peregrinación a dicha urbe para reunirse y escuchar al papa Benedicto XVI. Era la segunda vez que se celebraba dicho evento en una ciudad española.

Juan Pablo II instituyó la JMJ en 1985, coincidiendo con que la ONU lo proclamó Año Internacional de la Juventud. La iniciativa papal copió y mejoró una idea del lobby laicista. Cada cita ha ido logrando desde entonces un notable poder de convocatoria con resonancia mediática incluida. Había que reaccionar; era demasiado para los anticlericales de pro.

Las brigadas antipapistas se movilizaron para mostrar su desacuerdo y malestar por dichas jornadas (era su derecho de libertad de expresión) que tenían lugar en la capital, ciudad acostumbrada a ver manifestaciones de un sinfín de colectivos varios. La Puerta del Sol acabó siendo, empero, escenario de comisiones de delitos en cascada contra los pacíficos católicos allí reunidos. Sufrieron amenazas, vejaciones, insultos y agresiones, entre otros. Todo ese matonismo despreciable quedará impune pese a sus denuncias. El actual y exquisito Ministerio del Interior afirmó que investigaría si hubo excesos policiales contra los ciudadanos que protestaron contra la excesiva presencia de la JMJ en la calle.

Un Estado laico bien entendido implica la necesaria separación de cualquier iglesia con respecto a las instituciones estatales. Desde 1978 eso es lo que tenemos en la legislación española, con la peculiaridad de que es reconocido un peso específico de la Iglesia católica en nuestra sociedad. A los activistas anticatólicos esto les parece una afrenta. Se intentó cambiar el año pasado esta circunstancia con el guiso de una ley de libertad religiosa que acabó aparcada cuando los mercados despertaron súbitamente a ZP de sus caras ensoñaciones dogmáticas para devolverlo a la realidad y sus prioridades. Fue un fallido intento por relegar la religión católica al terreno meramente privado. La inquina contra dicha creencia llega incluso a considerar su manifestación pública como una verdadera provocación. Los campeones del laicismo exigen para sí la exclusividad del espacio público en nombre de la libertad.

A estos "frentistas" añorantes de la Constitución soviética del 36 (que promovía abiertamente en su art. 124 sentimientos antirreligiosos), además de recordarles la pésima imagen que han dado por su fanatismo, les recomendaría leyeran lo que escribieron Locke, Turgot, A. Chydenius o J. S. Mill acerca de la tolerancia. Si es pedirles mucho, al menos que lean el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (trufada, por lo demás, de ideología socialdemócrata y en cuya redacción nos quieren hacer creer que intervino su idolatrado e indignado Stéphane Hessel).

Por su parte, los sindicatos patrios dominantes y subsidiados (UGT y CC OO) convocaron para los días finales de la JMJ, y sin atenerse a los plazos previstos en la ley, una oportuna huelga en el metro y Aeropuerto de Barajas en protesta por incumplimientos del convenio colectivo y por los refuerzos que tuvieron que hacerse en dichos servicios durante las jornadas católicas.[ Su desenlace no pudo ser otro que su desconvocatoria por ser ilegal.

Finalizada la masiva asistencia de católicos a la misa en el aeródromo de Cuatro Vientos del pasado domingo 21 de agosto, nuestra pública TVE se centró en mostrar imágenes de las basuras y restos que quedaron y que tuvieron que ser recogidos por los servicios públicos de limpieza. Una forma peculiar y muy "neutra" de ver dicho evento. Otro modo –uno más- de atacar a la JMJ distinto al de los indigestos y consentidos del actual gobierno.

Como brillantemente nos ha recodado hace poco Domingo Soriano, ¿cuándo nos libraremos de la tiranía de obligarnos a pagar contribuciones para la propagación de opiniones en las que uno no cree? Léase actividades de oenegés laicistas, ecologistas, organizaciones tardo-marxistas, clanes caza-subvenciones, partidos políticos, sindicatos, patronales, cine español, cultura oficial, televisiones públicas, etc., etc., etc.

Ponga un neoliberal en su vida

Para quien haya seguido durante estos meses las noticias sobre la crisis financiera y económica que padecemos, no habrá pasado desapercibido que los conceptos mercado y neoliberal se han usado con frecuencia y no pocas veces con desdén.

Desde que en el VI Congreso del Komintern Stalin estableció que fascismo y socialdemocracia eran lo mismo, fascista se convirtió en el peor insulto que te podían dedicar desde la izquierda. Su uso frecuente le hizo perder intensidad y necesitaba un recambio que llegó en la década de los 90: neoliberal. Cuando algo no está de acuerdo con un dogma izquierdista, basta con aplicarle el calificativo y pasa a formar parte del argumentario que hay que combatir.

El neoliberalismo es un concepto confuso que se usa según las circunstancias. Sirve tanto para un roto como para un descosido. Se puede aplicar a políticas públicas en las que efectivamente se reduce el papel del Estado en la economía y la sociedad. También se aplica cuando se produce una simple privatización de la gestión de ciertos servicios públicos, aunque éstos sigan ligados al Estado a través de permisos y licencias que la administración otorga a quien considere más adecuado para sus objetivos, o en sectores sobre los que ejerce una fuerte presión regulatoria. Según esta definición, la política latinoamericana de la década de los 90 fue básicamente neoliberal.

Sorprendentemente, es un concepto tan amplio que también incluye políticas intervencionistas, no de la izquierda política, pero que pueden ir acompañadas por un gran gasto público ligado, por lo general, a eventos singulares y extraordinarios como las guerras. Ejemplo de este último tipo sería la del presidente estadounidense George W. Bush, que no pocas veces ha sido tildado de tal, aunque con más frecuencia de neocon, de forma que en el imaginario izquierdista, estos términos pueden ser intercambiables.

Neoliberal es, por tanto, una categoría en la que caben acciones y actores, una etiqueta que favorece su manejo. O, como dice Enrique Ghersi, "una figura retórica por la cual se busca pervertir el sentido original del concepto y asimilar con nuestras ideas a otras ajenas con el propósito de desacreditarlas en el mercado político".

Durante las últimas semanas, en España nos hemos desayunado con una reforma de la Constitución española a la que nos obliga, según las malas lenguas, Bruselas y, según las peores, Berlín. Dicha reforma tiene, como no podía ser de otra manera, el sambenito de neoliberal, como indica el sociólogo José Luis de Zárraga. Paradójicamente, las muchas intervenciones que sobre la economía, la propiedad y la sociedad existen en nuestra Carta Magna no le llevan a referirse a ella como Constitución socialista o al menos intervencionista.

La izquierda más radical, que parece haberse aglutinado en torno al movimiento 15M, empieza a organizarse. Así, a las manifestaciones que convocaron los "indignados" el fin de semana del 28 de agosto, se han unido las movilizaciones que han anunciado los sindicatos UGT y CCOO en contra de los cambios constitucionales. Unos y otros los tildan de neoliberales y conservadores, dos calificativos que también suelen intercambiarse. A ello habría que unir la campaña que desde el mismo momento del anuncio de la reforma constitucional inició IU, que no ha dejado de culpar a los mercados y a la banca de una especie golpe al Estado Social[1].

Hay que reconocer que hay algo sorprendente en esta percepción del término mercado. Como por arte de magia, los mercados, que no deberían ser nada más que intercambios voluntarios entre partes, toman vida, se antropomorfizan (discúlpeseme el palabro), toman conciencia de sí mismos, obtienen un poder casi omnímodo de no se sabe dónde y sojuzgan a toda la humanidad al pedir que las deudas que los Estados han contraído sean pagadas en el plazo convenido o sean refinanciadas según el grado de riesgo de impago que consideren ambas partes. Ése es el totalitarismo del mercado, que se cumplan los acuerdos y contratos. Supongo que, según eso, todos hemos sido un poco totalitarios en nuestras vidas.

Pero como si de una religión habláramos, los ultraintervencionistas, además de temer a los demonios, adoran a sus ángeles. El Estado de Bienestar debe ser mantenido pese a quien pese, a costa de quien sea. Mientras el crédito se fue expandiendo como una explosión, la falsa sensación de riqueza se fue uniendo al populismo político y se pensó que cualquier cosa era posible, cualquier necesidad podía ser satisfecha por una administración enorme y corrupta. Las necesidades desaparecieron y fueron sustituidas por los derechos positivos, que se multiplicaron, siempre que las condiciones políticas fueran las adecuadas. La responsabilidad sobre nuestra propia vida, sobre nuestras acciones y sus consecuencias se diluye en el Estado del que dependemos cada vez más.

La justicia social, una sociedad justa, entendiendo por tal la que iguala resultados, es otro concepto idealizado por los ultraintervencionistas y, para conseguirlo, no dudan en promover leyes que vayan limando las aristas que más incomodan para que la materia prima se parezca cada vez más a su modelo.

En definitiva, ponga un neoliberal en su vida para poder echarle la culpa cuando las cosas vayan mal; demonice a los mercados, al capital, a los banqueros y empresarios que, con sus ansias de dinero y riquezas, impiden la llegada de la utopía; defienda el Estado de Bienestar, la igualdad de resultados, la justicia social; llore por todos los males que aquejan España y el mundo, preocúpese por las víctimas; señale acusadoramente con el dedo a los culpables y estará usted en el camino de lo políticamente correcto.



[1] Gaspar Llamazares escribía en Twitter que "Los mercados son voraces y no tontos. Saben que la reforma de la Constitución es un gesto político de sumisión y un recorte del Estado social".

Ciencia y opinión

No es muy común, aunque a veces suceda, que un opinador profesional, un lego en la materia con vagas nociones y poca profundidad en los conceptos, se aventure a comunicar una impresión, un mero juicio de valor, sobre conclusiones que sean propias de las ciencias naturales. Cuando esto sucede saltan todas las alarmas y el opinador, generalmente, es tachado de ignorante y poco riguroso. Esto, que es una consigna en el mundo de lo "natural", no es ni siquiera una regla de cortesía para con los estudiosos en el orbe de lo "social". De hecho, y dada la terrible confusión en la que se encuentra desde siempre el Hombre en su esfuerzo por comprender e interpretar los fenómenos sociales, pocos de los llamados científicos en este campo evitan confundir ciencia con opinión, distrayéndose de ese modo del que debería ser su principal empeño.

El científico natural presume porque sus hipótesis falsadas, normalmente, tienen una aplicación práctica demostrativa. No obstante, el mito de la exactitud de las ciencias naturales es mera apariencia. Fenómenos que son menos complejos permiten engañar a nuestra mente con notorios resultados prácticos, que en realidad esconden la evidencia de un conocimiento imperfecto, inexacto, del que surgen nuevos problemas, y en cuya profundización siempre crece la complejidad de los fenómenos observados, requiriéndose de un método mucho más amplio y cuidadoso. Las ciencias sociales tienen un objeto de estudio que es más complejo si cabe (Hayek), y no sólo eso, ya que al tratarse de asuntos sobre los que política y moral tienen tanto que ver, resulta dificilísimo deshacerse o evitar los juicios de valor, las opiniones y el dogmatismo.

Uno de los mitos que todavía muchos creen favorable al dominio de las ciencias naturales es la preeminencia del método inductivo. De acuerdo con esta opinión las teorías surgen tras la observación de unos hechos de los que llega a inferirse cierta regularidad. Tras comprobar las dificultades que surgen al aplicar este proceso al ámbito de lo social y la conducta humana, optan por negar la categoría científica a este tipo de estudios, considerándolos tan discutibles como opinables, y así, sometidos a los juicios de valor y el oportunismo político. O incluso peor: tratan de aplicar erróneamente el método que creen propio de las ciencias naturales a las sociales. Cuando en realidad, ni las ciencias naturales avanzan o se caracterizan por ser inductivas, ni lo social o lo conductual se manifiesta en una clase de fenómenos que impidan alcanzar un conocimiento científico sobre ellos, es decir, riguroso, controlable y verificable. El método científico, en cualquier caso, es de tipo deductivo (Popper). La hipótesis, fruto de la imaginación compositiva, de teorías previas, o del a priori consciente, es anterior a su confrontación con los hechos. Es más, la misma elección de hechos y circunstancias, o su relevancia en el proceso de falsación, responden a un criterio predeterminado por la visión previa de las cosas que adopte el investigador. Nuestra mente no puede operar de una manera distinta, ni siquiera cuando los hechos se nos presentan con aparente claridad, o las regularidades son externas, naturales, y creemos entreverlas con sencillez. La ciencia es ante todo una actitud, una manera de conjeturar, de criticar nuestros propios prejuicios, de mantener abierta la posibilidad de falsar incluso las conclusiones que nos resultan inamovibles.

De este modo se avanza tanto en el estudio de los fenómenos naturales como en el de los fenómenos sociales. La diferencia entre unos y otros radica en su grado de complejidad, en la profundidad de ésta y el punto en el que, en cada ámbito, los nuevos problemas exigen un tipo de investigación mucho más amplia y abstracta. Fantasía e imaginación en la dosis y en los cauces oportunos, así es como se expande el conocimiento científico (Einstein dijo algo parecido, y es el mejor ejemplo de cómo un científico natural, a pesar de mantener la actitud correcta y el rigor deseable en su ámbito de estudio, puede llegar a convertirse en un constructivista, defendiendo la posibilidad de centralizar la organización de la sociedad).

Las ciencias sociales se han ganado una merecida mala fama. La mayoría de los que dicen cultivarlas, o bien las niegan construyendo teorías imposible de controlar y falsar (Marx), y que son ajenas a la explicación de los fenómenos tal y como acontecen, o, en todo caso, caen en el complejo que les provoca el éxito técnico de las ciencias naturales, y pretenden aplicar una idea distorsionada del método que creen propio de este tipo de ciencias, utilizándolo como coartada de su contaminación ideológica respecto del objetivo constructivista/intervencionista que tratan de avalar (cientismo). En consecuencia, la opinión domina en el estudio de lo social. No existe opinador que no esté dispuesto a departir con vehemencia sobre estas cuestiones, incluso con el respaldo de lo que creen o defienden como ciencia económica aplicada. Cualquiera tiene una opinión al respecto; todo el mundo se enzarza en peregrinas discusiones que ignoran por completo el estado real del avance científico en la materia. Sirviéndose de las hipótesis que mejor conecten con sus ideas y valores morales o políticos, defienden la incontestabilidad de sus posiciones. Ignoran por completo la entidad de los fenómenos que dicen comprender, concluyendo auténticas entelequias y sofismas.

No se trata de batallar en el campo de lo científico con armas estrictamente ideológicas, porque al hacerlo lo normal es que el prestigio de las ciencias sociales acabe siendo el primer derrotado. A esto es a lo que nos hemos acostumbrado durante los dos últimos siglos, donde, sin embargo, multitud de pensadores han demostrado un ímprobo esfuerzo por conocer, por profundizar, por demostrar sus hipótesis y avanzar dentro de programas de investigación solventes y rigurosos. Lo triste, como decía, es que la controversia política y la opinión hayan despojado de su merecido reconocimiento a las ciencias sociales, centrando la atención prácticamente en exclusiva en quienes han sido y son capaces de justificar casi cualquier idea, apelando a una categoría epistemológica que debería negárseles por completo. De esta manera, al servicio de las ideas, de los movimientos políticos, de los valores y la moral, han quedado relegadas las ciencias sociales, volviéndose cada vez más superficiales, víctimas del complejo, el desprestigio y la manipulación (Keynes).

A la Chita callando

Ha sido una de las grandes películas del verano. El Origen del Planeta de los Simios, "precuela" de la mítica película protagonizada por Charlton Heston, nos explica cómo los simios consiguieron hacerse con el control del planeta y dominar a la raza humana.

Según la peli de marras, un avieso chimpancé, usado como conejillo de indias en un tratamiento para el Alzheimer, obtiene una inteligencia superior gracias a dicho tratamiento y, a renglón seguido, ofuscado por la maldad que aprecia en la especie humana e indignado ante el trato que los humanos dan a sus congéneres, exhibiéndolos en circos y zoos, maltratándolos con la excusa de la ciencia, lidera una rebelión, una revolución que acaba con la dictadura humana y da el poder a lo simios…

Pero, seamos serios, ¿cómo una banda de monos, por muy mal encarados que fuesen, podía imponerse a humanidad por las bravas? Sí, reconozco que la escena de los simios campando a sus anchas por San Francisco y liándola parda en el Golden Gate, al más puro estilo Fidel Castro entrando en La Habana, destila pura épica revolucionaria… pero no fue así.

Fue un proceso lento, paulatino, gradual. Los monos no se hicieron con el poder, fuimos nosotros, los humanos, los que fuimos degenerando poco a poco, paso a paso, a la chita callando, hasta que, cuando quisimos darnos cuenta, vivíamos como monos, nos comportábamos como monos… éramos monos. Y una vez llegados a este punto, los chimpancés, bonobús, orangutanes y gorilas demostraron tener todas las de ganar.

Cuentan los más viejos que todo empezó en un sitio llamado España, donde mandaba un tal ZP… Allí, decidieron que los simios tenían los mismos derechos que los seres humanos y bajo el nombre "Proyecto Gran Simio" pusieron a nuestros primos peludos en un plano de igualdad…

Los monos fueron sacados de los zoos, de los circos, de los laboratorios… Se les enseñó el lenguaje de los signos y se les integró en la sociedad. En primer lugar, se dieron papeles para todos, tarjetas de la seguridad social, viviendas sociales, sueldos de emancipación. En Andalucía incluso tuvieron acceso al PER… y se generó un efecto llamada que en pocos años disparó las poblaciones simiescas, libres de predadores y con acceso a la medicina moderna.

Lógicamente hubo que integrarlos en las escuelas. Y aunque sin duda su aportación fue muy beneficiosa para las notas de gimnasia, el nivel educativo de los humanos, ya bastante tocado por la LOGSE, se desplomó, pues compartir pupitre con un gorila o un orangután no era precisamente el mejor camino hacia la excelencia académica.

El proceso continuó en la Universidad con una Ley de Igualdad y un sistema de cuotas que garantizaba la presencia de orangutanes, gorilas, bonobos y chimpancés en proporción a su creciente peso demográfico, de forma que coparon las diferentes ramas (lógicamente) del conocimiento, con consecuencias devastadoras…

Paralelamente, y gracias a las leyes paritarias, entraron en todos los sectores económicos del país, con presencia tanto en consejos de administración como en los órganos de gestión de los diferentes sectores industriales. En los sindicatos, su presencia venía de antiguo, pues, como liberados y piquetes informativos, ya habían participado en anteriores huelgas generales… Todo esto se tradujo en una importante merma de la productividad, calidad y competitividad de la industria patria en general, aunque, como excepción que confirma la regla, el cine español no se vio afectado y siguió manteniendo idénticos estándares de calidad.

A nivel político se les concedió el voto, incluso el Tribunal Constitucional avaló la presencia en las instituciones de agrupaciones simiescas que no condenaban la violencia…

Pero el impulso definitivo fue el control de la calle, de los espacios públicos. Los simios descubrieron que la sociedad humana les permitía hacerlo y obraron en consecuencia. Asociándose a un grupo de humanos con los que descubrieron que, aparte de los parásitos, compartían muchas cosas en común, fueron ocupando plazas, calles y, preferentemente, parques…Los asaltos a hipermercados, con una clara fijación hacia la sección de frutería, proliferaron…Y en las asambleas que controlaban dicho movimiento, nuestros primates descubrieron que su condición de cuadrumanos les daba ventaja a la hora de votar mediante el ingenioso sistema de agitar las manos…

Llegaron las siguientes elecciones…Y los votantes, en parte soliviantados por un atentado de la ultraderecha justo antes del día de las votaciones, cuyos autores fueron descubiertos gracias a las pruebas que encontraron en una furgoneta Kangoo, dieron la mayoría al bloque de progreso antropoide.

A renglón seguido, se constituyó un gobierno paritario al 50% simios, 50% humanos con seis ministros de cada y con María Teresa Fdez. de la Vega en vicepresidencia. Ya no había vuelta atrás…

Y, si bien las medidas económicas tomadas por el nuevo gobierno siguieron la línea marcada por el anterior gobierno formado exclusivamente por humanos, la situación no hizo más que empeorar.

Pero España fue solo la avanzadilla. Gracias a la Alianza de Civilizaciones el fenómeno se extendió por todo el mundo. En Europa, en América, en todo el mundo se produjo un fenómeno similar. Orangutanes en Asia, chimpancés en África, macacos en Japón, gorilas rojos en Venezuela…

Los organismos internacionales pasaron a ser dominados por la nueva mayoría antropoide. Las instituciones monetarias, ahora más "monetarias" que nunca, Reserva Federal, Banco Central Europeo, FMI, dejaron de actuar como si estuviesen dirigidas por monos y pasaron a estar dirigidas efectivamente por ellos, continuando las políticas de gasto público desmesurado y emisión de deuda sin control…

Como consecuencia de ello, una institución tan profunda y exclusivamente humana como el dinero perdió todo su valor. Y con él otras instituciones que, repito, son exclusivas de la humanidad, como el comercio, la industria, el ahorro y la acumulación de capital, así como la propiedad privada.

Finalmente las predicciones de Marx se habían hecho realidad. Se había llegado al paraíso socialista. Ya no hay clases sociales, no hay trabajadores explotados, no hay empresarios explotadores, no hay plusvalías…

En su lugar, tenemos hordas, clanes y bandas de gorilas, chimpancés, orangutanes, humanos, macacos. Hemos vuelto a una sociedad de cazadores recolectores…

Y ¿saben? En el fondo no está tal mal. Nos aburrimos como monos, pero tenemos cosas buenas como no tener que pagar hipoteca, aunque a cambio tengas que pelearte con un gorila por una rama para pasar la noche… Y se han conseguido reducir las emisiones de CO2.

Aunque, en el fondo, ¡a ver si llega Charlton Heston y, como presidente del NRA, pone un poco de orden en todo esto!