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Etiqueta: Pensamiento liberal

Otto de Habsburgo

A comienzos de este verano pude leer una breve noticia sobre el fallecimiento de Otto de Habsburgo, hijo del último emperador Austro-Húngaro, Carlos I (1887-1922). Y me acordaba de que en febrero del año pasado les escribí sobre los Habsburgo, en aquella ocasión recordando la muerte de la que fue su mujer, Regina. Como entonces, me ha parecido razonable que en esta web, próxima a la Escuela Austríaca de Economía, hablemos un poco sobre aquella dinastía (tan cercana también a la historia de nuestro país).

Otto de Habsburgo-Lorena heredó la legitimidad dinástica a los cuatro años de la desaparición del Imperio Austro-Húngaro en 1918. Su vida estuvo marcada por el exilio, la oposición al nacional socialismo y una acendrada vocación europeísta. Fue diputado del Parlamento Europeo por la Unión Social Cristiana de Baviera (CSU) e impulsor del movimiento Paneuropeo. A sus funerales asistió una buena representación de la realeza europea (aunque desde España solo viajó la Infanta Cristina), ministros de varios países del extinto Imperio, y bastantes autoridades de Austria y Viena. De hecho, el cortejo fúnebre desde la Catedral de San Esteban hasta la Cripta de los Capuchinos (el famoso panteón de los Habsburgo) recibió los honores del ejército de la República austríaca y las salvas de cañón correspondientes a la dignidad real.

Tengo por casa un libro suyo: Europa en la encrucijada (1954), recopilación de varias conferencias dictadas entre 1951 y 1953, más un artículo de 1942 sobre una propuesta de "reconstrucción danubiana", todavía en medio de la II Guerra Mundial. Comenzando por este último, resulta llamativa la premonición que tuvo sobre las desastrosas consecuencias de Yalta, el expansionismo soviético y la ruptura de Europa en dos Bloques. Aunque en ese momento lo que más le preocupaba era no volver a caer en los errores de 1918 ("importa más ganar la paz que la guerra"), con aquella obsesión de los aliados por desmembrar la vieja Corona Austro-Húngara. Otto proponía volver a una confederación de los pueblos del Danubio que respetase todas sus peculiaridades, pero bajo una autoridad suficientemente asentada como la del Emperador. Frente al empeño de Versalles por crear naciones artificiales sobre un argumento lingüístico, recuerda que "existen otras fuerzas… no menos importantes que la lengua. Lo son por ejemplo la geografía, la seguridad, la religión, la economía, la tradición y la historia" (p. 160). E ironiza con el absurdo reproche que se le había hecho al emperador Francisco José de haber "tratado de resolver el problema idiomático por la mera inteligencia libre entre los pueblos. Dicho en otras palabras, se le acusó de haber sido excesivamente liberal" (p. 163).

Hay un capítulo interesante, "Fundamentos de la vida estatal", recopilatorio de varias conferencias del año 1951. Empieza con una defensa del ordenamiento medieval, en el que el hombre "gozaba de una serie de derechos que no podían ser violados por el Estado ni por la sociedad. Los fundamentos jurídicos eran claros, por lo menos en principio: no podía existir sanción sin delito, ni leyes de efectos retroactivos, ni tampoco responsabilidades colectivas ni de raza" (p. 105). Se queja de que "la mayor fuente de nuestra decadencia, y esto no vale solo para Europa, es la desaparición del sentido de lo jurídico"; y es que, con sus correspondientes matices, "durante el Medievo cristiano, el concepto de Derecho era generalmente aceptado, respetado y universal. Aunque los gobiernos no eran democráticos, en el sentido actual, los súbditos gozaban de mucha mayor libertad" (p. 108). Desde luego que esta frase escandalizará a muchos progres bienpensantes…; pero recordemos que Otto de Habsburgo escribía con la mirada puesta en los viejos países danubianos, entonces ya sí sometidos al totalitarismo comunista.

Todas estas reflexiones mantienen su actualidad en medio de nuestra Europa, unida en la crisis económica y en un multiculturalismo artificial como el que este verano estallaba en Gran Bretaña… En cualquier caso, su fuerte europeísmo descansa en unos valores de honda raíz religiosa ("es preciso volver a la idea de que Dios es la fuente del Derecho, y que el Estado viene obligado a atenerse a principios morales de orden general"; p.115), que hoy en día no siempre son bien comprendidos. A muchos laicistas militantes les molesta que se hable de "las raíces cristianas de Europa"; pero la Historia es como es. También a ellos les avisaría Otto sobre una exagerada profilaxis secularizante: "La colaboración entre las autoridades espiritual y temporal es hoy frecuentemente combatida por los partidarios de una separación entre la Iglesia y el Estado. Pero tal separación ya existe de hecho, puesto que las atribuciones de cada cual son de orden diferente. Ahora bien, si por separación se entiende que la Iglesia y el Estado se ignoren mutuamente, no hay duda de que esta solución no es sensata, ya que es impracticable en la realidad" (p. 124). Vuelvo a recordar que escribía cuando la libertad religiosa había sido suprimida en las "democracias populares" del Este. Por ello, sostendrá con fuerza que "la libertad religiosa es la fuente de la libertad en general".

Termino con unos estimulantes párrafos de contenido económico, y que me van a disculpar que los transcriba casi íntegros (recordando que son de 1951), porque no tienen desperdicio: "La política más peligrosa es sin duda la que hoy se sigue en la mayoría de los países, en el sentido de confiscar fríamente los bienes privados del pueblo mediante una continua desvalorización de la moneda… Estas desvalorizaciones deliberadas son pura y simplemente un robo… Otro peligroso paso hacia el totalitarismo es la aplicación inmoral e inmoderada de cargas tributarias…" (p. 127). Tienen un sabor a las críticas de Juan de Mariana al envilecimiento de la moneda; y dan muchas luces sobre la crisis del estado del bienestar a la que asistimos.

Con la Iglesia se han topado

La impresionante reunión de peregrinos católicos de todo el mundo, congregados el pasado fin de semana en Madrid con motivo de la celebración en esa ciudad de una de las periódicas Jornadas Mundiales de la Juventud, va a traer sin duda muchas y profundas consecuencias. Por lo pronto, la Iglesia Católica ha demostrado una vez más que sigue siendo la organización religiosa más importante del mundo, exhibiendo sus extraordinarias dotes para convocar a millones de personas por encima de razas, lenguas y culturas diferentes en perfecta paz y armonía. Los cronistas del acontecimiento nos relatan el civismo de los asistentes, algo que, ciertamente, no resulta predicable en todos los casos que grandes multitudes se congregan para manifestarse en público. Sometidos a los rigores del bochorno que azota Madrid en verano, los peregrinos no perdieron la compostura. Algunos de ellos, incluso, demostraron que una tendencia natural impulsa a los hombres a aligerarse de ropa en esas condiciones, para escándalo de quienes ridiculizan a todos los católicos como mojigatos, sin observar antes la superposición de visiones sobre el cuerpo humano que los cristianos han legado a la cultura y al arte universales. Imaginen lo que ocurriría en la peregrinación a La Meca, si se produjera una situación así.

Desde una perspectiva humanista, sabemos que esas expresiones multiculturales no constituyen un hecho aislado. Desgraciadamente no he estado todavía en Jerusalén ni en Roma, donde cristianos de todo el mundo celebran pacíficamente sus actos de liturgia, entusiasmados por el marco incomparable que los acompaña. Sin embargo, hace tiempo tuve la ocasión de asistir a una misa en distintas lenguas en la catedral de Santiago de Compostela – lugar santo para los cristianos y, a la vez, simbólico para los españoles– y no dejé de maravillarme del profundo ambiente de hermandad que se respiraba allí. Sin duda uno de los aspectos más brillantes y conmovedores del cristianismo y que lo diferencian de otras religiones que no promueven el amor y el respeto al prójimo.

En sociedades plurales, obviamente, no cabe la unanimidad y pueden y deben encontrarse aspectos más sombríos que los felizmente resaltados el pasado fin de semana en la poliédrica trayectoria de la Iglesia Católica y otras confesiones cristianas. Podemos mencionar dos ejemplos donde su magisterio ha tomado partido por una postura estática y rígida sobre asuntos mundanos o en los que simplemente no ha empleado la diligencia debida para mantenerse coherente con sus propios postulados. Me refiero a la difusión entre los cristianos de la célebre “doctrina social” de la Iglesia expuesta en la Encíclica de León XIII “Rerum Novarum” en 1891. A pesar de algunos destellos atinados en la defensa de la propiedad privada como parte de la libertad de los hombres y de las actualizaciones posteriores como la encíclica “Centesimus Annus” de Juan Pablo II, tan elogiada por grandes economistas, la falta de comprensión de la dinámica del mercado –que es la humanidad entera– ha conducido a muchos católicos hacia opiniones anticapitalistas de forma innecesaria. No por casualidad el viaje intelectual de muchos socialistas comenzó con el aprendizaje de esa doctrina para a continuación dotar de una justificación cuasi religiosa a teorías erróneas como el marxismo. La Iglesia podría estimular el debate y la búsqueda de la verdad sobre estos asuntos y abstenerse de adoptar ninguna doctrina como oficial. Diríase, por lo demás, que la jerarquía católica se empeña en defender el Estado del bienestar por la mala conciencia de no haber resuelto su propia financiación al margen de los gobiernos de los países donde se vio forzada a transigir para subsistir.

El segundo tipo de carencias, aun admitiendo la dificultad para mantener la coherencia entre miles de millones de creyentes y las distintas iglesias nacionales, deriva de la tolerancia hacia determinadas actitudes de obispos que han utilizado dobles raseros para relativizar las claras prohibiciones del quinto y séptimo mandamientos (“No matarás” y “no robarás”) recurriendo sin ambages a polilogismos marxistas o nacionalistas. Pienso en este momento en el poco edificante ejemplo de algunos prelados católicos frente al terrorismo independentista vasco, pero podrían ampliarse los casos a otras partes del mundo.

No obstante, el argumentario esgrimido por los convocantes de las manifestaciones contra la visita papal y la celebración de esa reunión católica multitudinaria ya alcanzaba niveles pedestres de intolerancia y abierta manipulación de la realidad en los prolegómenos del acontecimiento. Chocante resultaba la súbita preocupación por sus impuestos, destinados según ellos a pagar la estancia de los peregrinos, o la indignación por las bonificaciones en los precios del transporte público mientras se prolongaran las jornadas, promovidas por el gobierno regional de Madrid.

El posterior desarrollo de los acontecimientos demostraría que esa vanguardia de choque goza del apoyo del gobierno actual, aunque algunos de esos defensores de la mugre no lo supieran, el cual les iba a prestar un altavoz callejero privilegiado para que dieran rienda suelta a las expresiones de odio que tuvieran a bien dedicar a los católicos. No de otra manera puede interpretarse el hecho de que se les permitiera circular por zonas aledañas a la Puerta del Sol donde se encontrarían algunos peregrinos, despreciando temerariamente la seguridad y la libertad de estos últimos. Nadie recordó que en 2003 – parece que ha transcurrido una eternidad–, con el entusiasta apoyo de los parlamentarios del PSOE, se tipificaron expresamente como delito (artículo 514.4 CP) este tipo de “contramanifestaciones”. Se pensaba obviamente en perseguir el acoso y las amenazas que sufrían los participantes en manifestaciones contra el terrorismo en el País Vasco. Sin embargo, antes al contrario, esa “ratio legis” no resta un ápice a su alcance general y universal, de manera que debería abrirse una instrucción judicial que esclareciera cómo fue posible que la policía desalojara de la Puerta del Sol, escoltándolos, a los peregrinos católicos frente a las coacciones e insultos (¿se pueden subestimar las intenciones de alguien que grita “os vamos a quemar como en el 36“?) de esa turba aparentemente desorganizada que no estaba autorizada a circular por allí. Luego vendrían las cargas policiales contra algunos de estos sujetos (…y las acusaciones de provocadores a los peregrinos por parte de elementos del PSOE) pero ello no puede servir para ocultar las responsabilidades del gobierno y su delegada y de los amedrentadores.

Constituye ya un lugar común decir que el actual gobierno español ha fomentado estas actitudes. Forman parte de sus “señas de identidad”, tal como recomienda el “deconstructor” de cabecera Juan Goytisolo, viejo inspirador literario del neosocialismo posmoderno español. Pero hay algo peor y más inquietante, de cara al futuro próximo, donde, probablemente, los católicos querrán olvidar los desagradables incidentes frente al éxito de las sucesivas reuniones presididas por el Papa. Aunque los grupos violentos son minoritarios, solo llevan hasta sus últimas consecuencias la feroz manipulación y propaganda guerra civilista y anticatólica que defienden muchos seguidores del gobierno.

Cameron frente a Zapatero: dos formas antagónicas de entender la política

José Luis Rodríguez Zapatero y David Cameron ya tuvieron un encuentro "casual" el pasado mes de noviembre con motivo de la Cumbre del G20, "esa reunión" por la que el político socialista tanto imploró en su día para que le dejaran tomar parte y luego vendió como un logro de su política exterior. Gordon Brown fue uno de los que más apostó porque Zapatero tomara parte en la misma, aunque los méritos recayeron especialmente en Sarkozy. Por tanto, no debe sorprendernos que, cuando la UE apercibía al gobierno español por las medidas económicas que adoptaba para atajar la crisis, siempre encontrara la palmadita de apoyo del que fuera Ministro de Hacienda con Tony Blair.

A pesar de que durante los años de gobierno zapateril la relación bilateral con Londres no alcanzó el grado de simbiosis de la época de Aznar-Blair, Rodríguez Zapatero sí fue bien acogido por Gordon Brown cuando se convirtió en Primer Ministro. Es más, en la Conferencia Anual del Labour Party de 2009 celebrada en Brighton, fue invitado a tomar parte en su clausura. Curioso, porque justo en ese momento, el Laborismo había dado por perdidas las elecciones que se celebrarían en mayo de 2010 y el objetivo era evitar un descalabro histórico, como el que sufriera en 1983 Michael Foot frente a Margaret Thatcher.

La retórica de Zapatero fue muy apreciada por el Brownismo, especialmente, la demagogia con la que analizaba la crisis o buscaba los culpables de la misma con un lenguaje de ultra-izquierda, sin olvidar una de las frases lapidarias del político nacido en Valladolid como "lo importante es ser fiel a los valores actuales de la izquierda". Esta afirmación es unejemplo de que las dos recientes legislaturas del PSOE tuvieron un fuerte componente ideológico, demagógico en ocasiones, pero escasamente práctico y productivo, pues apostó más por negar la realidad, en ocasiones recurriendo a la crispación y a la confrontación, que por afrontar los hechos con políticas realistas.

El modo de regir los destinos de Reino Unido empleado por David Cameron nada tiene que ver con el de Gordon Brown ni, consecuentemente, con el de Zapatero. El político tory desde el primer momento habló de la crisis económica y no lo hizo en abstracto, sino proponiendo soluciones concretas que pasaban, esencialmente, por recortes en el gasto público. Se trataba de las "medidas impopulares"… pero necesarias.

Obrar con esta suerte de frialdad le costó, además de algunas divisiones dentro de su partido, no obtener la mayoría absoluta en mayo de 2010. Aun así, una vez en el número 10 de Downing Street, ha seguido por la misma senda. Resultado: los tan nombrados "brotes verdes" ya se dejan sentir en la Islas, mientras que España está en cinco millones de parados.

En su reciente reunión de Londres, David Cameron fue un político largoplacista y habló del "problema griego", al cual también se refirió Zapatero, pero una vez más, desde esa perniciosa combinación de retórica con buenismo, de tal modo que espetó que "los mercados deben saber que el acuerdo sobre Grecia es un acuerdo sólido". Asimismo, Zapatero, en otro de sus alardes de "valentía", exaltó el euro y la zona euro ante un gobierno y ante un partido que son el emblema del euroescepticismo. Una vez más, el Presidente español optó por el titular impactante antes que por los hechos. Nada nuevo. Una reiteración de lo que ha sucedido en nuestro país desde el 14 de marzo de 2004.

Repertorio de autores escolásticos

Como resultado de un viejo proyecto de investigación, el profesor José Barrientos acaba de publicar un magnífico catálogo de autores escolásticos que escribieron sobre cuestiones de moral económica –Repertorio de moral económica (1536-1670). La Escuela de Salamanca y su proyección; EUNSA; 2011–.

En una apretada Introducción explica los orígenes de su tarea, que se remonta al Seminario sobre Historia del Pensamiento Económico de la Escuela de Salamanca, iniciado por la Fundación Duques de Soria en 1992 y bajo la presidencia de Ernest Lluch. Después de celebrarse tres reuniones (1992, 1993 y 1995), apareció un volumen introductorio sobre la Escuela de Salamanca (El pensamiento económico en la Escuela de Salamanca. Una visión multidisciplinar, Universidad de Salamanca, 1998), el primero de varios ambiciosos objetivos que se marcó ese grupo de trabajo. El segundo consistía en preparar un repertorio bibliográfico de los autores y sus obras; pero no llegó a culminarse, al igual que algunos más, debido entre otras razones al asesinato del profesor Lluch en el año 2000. De manera que Barrientos decidió realizar en solitario el citado repertorio dando lugar al libro que reseñamos.

La obra se puede dividir en dos apartados: un estudio previo sobre el sentido de la Escuela de Salamanca; y el repertorio de autores con su biografía básica, un catálogo de obras sobre moral económica y una referencia bibliográfica. La cifra total casi alcanza la centena, sumando a los diez autores "fundantes" de la Escuela otros ochenta y cinco profesores que manifiestan una influencia directa de los primeros, junto a un último académico de la Complutense, Juan de Medina, que merece consideración aparte.

Es importante comprender bien los criterios del profesor Barrientos en la definición de la Escuela de Salamanca y, por lo tanto, de sus miembros. La resume con dos palabras: teológica y tomista; precisando además una fuerte vinculación con el convento dominico de San Esteban de Salamanca. Ello nos permite comprender a los no expertos en filosofía o teología por qué no aparecen nombres extremadamente famosos en estos temas económicos, como por ejemplo Martín de Azpilcueta, Diego de Covarrubias o Juan de Mariana. La explicación descansa en el método seguido por Barrientos: discriminar los maestros que enseñaron en la facultad de Teología (o, de manera excepcional, en la de Artes), y que recogen en sus citas a alguno de los diez doctores que fundaron la Escuela.

Pero vayamos al punto que me interesa más como profesor de Historia del Pensamiento Económico. Desde la publicación de The School of Salamanca, un brillante estudio de la doctora Marjorie Grice-Hutchinson (1952), es reconocida la aportación seminal de los Maestros de Salamanca en varios aspectos fundamentales de la Economía: la teoría del precio y del valor de los bienes, la teoría cuantitativa del dinero, la paridad del poder adquisitivo, la fiscalidad o la injusticia del envilecimiento monetario. Pues bien, sabemos que todas estas intuiciones aparecieron dispersas, pero con una sorprendente continuidad a lo largo de siglo y medio, precisamente en los tratados sobre Moral Económica a los que nos referimos aquí. Seguramente, dicho sea de paso, el profesor Barrientos no coincida con la imputación a la Escuela de Salamanca de alguna obra referida por Grice-Hutchinson; pero ya hemos visto las razones.

Los diez teólogos fundadores de la Escuela son Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Melchor Cano, Mancio de Corpus Christi, Bartolomé de Medina, Pedro de Aragón, Domingo Báñez, Pedro de Ledesma, Basilio Ponce de León y Francisco de Araujo. De todos ellos, el profesor Barrientos nos ofrece una detallada descripción de sus enseñanzas en las cátedras de Teología y sus publicaciones relativas a la moral económica. Esta primera decena de autores se complementa con los ochenta y cinco continuadores, que según la metodología de Barrientos no se deben considerar propiamente miembros de la Escuela de Salamanca, sino proyección de ella: siempre ubicados en el campo de la teología y que en sus citas aparezcan los maestros fundadores. Aquí nos encontramos por ejemplo a un jesuita belga como Leonardo Lessio, al teólogo alemán Hermann Bussenbaum o al profesor Pedro de Oñate, del Colegio limeño de San Pablo. En el ámbito del pensamiento económico nos resultan conocidos los nombres de Luis de Molina, Juan de Lugo (del que recuerdo su frase: "Pretium iustum mathematicum licet soli Deo notum") o Melchor de Soria. Pero además encontramos otro buen elenco de nombres menos famosos, y que confirman la extraordinaria vitalidad de aquella doctrina escolástica referida particularmente a las cuestiones de moral económica.

No puedo evitar mencionarles aquí de nuevo esa estupenda iniciativa de la Universidad Francisco Marroquín en la que el Instituto Juan de Mariana también participa: el Sitio Escolástico, un espacio-web que también recoge, de una forma breve y menos erudita de lo que estamos tratando ahora, la biografía, escritos y aportaciones al pensamiento económico de la segunda escolástica hispano-americana. Creo que las investigaciones del profesor Barrientos pueden contribuir a enriquecer esa incipiente base de datos cibernética; algo que estoy seguro alegrará a Giancarlo Ibárgüen (impulsor de este proyecto junto a Gabriel Calzada), Rector de la Marro y flamante V Premio Juan de Mariana 2011.

Termino con una referencia a la serie editorial en la que se ha publicado este Repertorio: la Colección de Pensamiento Medieval y Renacentista que promueve la Universidad de Navarra a través del Proyecto Pensamiento Clásico Español. Dirigida por Juan Cruz Cruz y bajo la eficaz gestión de Mª Idoya Zorroza, ha editado casi 130 volúmenes con monografías o textos originales de inspiración escolástica. Para el ámbito de la economía podemos destacar por ejemplo el Tratado utilísimo y muy general de todos los contratos (1583) de Francisco García; el Tratado sobre la virtud de la justicia (1540) de Bartolomé de Carranza; Contratos y usura, de Francisco de Vitoria; La justicia en los contratos, de Pedro Fernández; El derecho y la justicia (1594) de Domingo Báñez o el Arte de los contratos (1573) de Bartolomé de Albornoz (en preparación; pinchar aquí).

El barón que democratizó la escritura

El bolígrafo es el descendiente simplificado de la pluma estilográfica. Poco se sabe de aquellos innovadores o diseñadores que alteran la manera de hacer las cosas en nuestra vida cotidiana. László Bíró y su hermano György patentaron en 1938 en su Hungría natal el bolígrafo moderno que contenía sus dos elementos esenciales: la punta en forma de bolilla metálica y una clase de tinta pegajosa que no se secaba en el tanque, pero que sí lo hacía en el papel. Judíos los dos, huyeron en abril de 1940 hacia la acogedora Argentina de entonces para escapar de la insania nazi. Allí montaron con un amigo también húngaro una empresa para perfeccionar y comercializar su invento, lo que entonces se conocía como birome.

Los hermanos Bíró recibieron en plena guerra mundial miles de pedidos para el esfuerzo bélico de los gobiernos británico y estadounidense. Su birome no goteaba en los aviones de combate a grandes alturas a diferencia de lo que sucedía con la estilográfica. Sin embargo, acabada la contienda, su empresa quebró por falta de financiación y una inadecuada gestión.

Comenzó entonces otra dura batalla, esta vez comercial, entre diversas compañías –mayormente norteamericanas- por hacerse con la primacía de la explotación del utensilio con la bola gráfica. Los primeros empresarios que se hicieron con su patente no lograron aumentar sus ventas debido a pequeños fallos en la producción de sus modelos y, sobre todo, por los altos precios de sus bolígrafos (llegaban a costar hasta 100 dólares por unidad), lo que los hacía prácticamente inaccesibles para la mayor parte de la gente.

Esto iba a cambiar pronto. En 1950, Marcel Bich, un emprendedor italiano naturalizado francés e hijo de una baronesa, conocedor del invento de los hermanos Bíró, viajó hasta Argentina con el fin de comprarles su patente para Europa. Marcel tenía a la vez un refinado gusto aristocrático y un interés por todo lo tecnológico. Cerró el trato y empezó por su cuenta y riesgo a dotar al artefacto escribiente de una mayor agilidad y soltura.

Diseñó una punta cónica rematada por una bolita de carburo de tungsteno para regular el flujo de tal forma que acabara de una vez por todas con los típicos y molestos manchones. Lo presentó con un cuerpo hexagonal alargado de poliestireno transparente y, dentro, un tubito de plástico lleno de tinta acompañado de un sencillo tapón y una capucha de su mismo color. Estas mejoras, aparentemente nimias, le valieron su fama. En 1952, salió de su fábrica el primer bolígrafo con la marca BIC, derivada de la pronunciación de su apellido, al que le quitó la "h" final (más que nada para evitar la indeseable confusión fonética con la palabra inglesa bitch, esto es, zorra).

Enseguida los mercados europeos se le quedaron pequeños. En 1956 se dirigió al mercado mundial (es decir, al resto de los humanos) con su filosofía de "ofrecer el máximo de servicio al mínimo precio". Compró la compañía estadounidense de plumas Waterman y logró con su Bic imponerse en toda América, Australia y África. Ningún lugar del mundo se resistía a esa maravilla de simplicidad. Escribir nunca fue tan fácil, rápido y, sobre todo, barato. El barón logró popularizar el uso del bolígrafo, anhelo de los Bíró, al desarrollar un bolígrafo desechable de bajo coste. Ante el creciente aumento de las ventas, Bich consiguió que el precio bajara aún más. De los 100 dólares que podía costar un bolígrafo en 1945, Marcel los pudo ofrecer a 4 ó 5 dólares. Para 1960, los BIC ya costaban entre 29 y 69 centavos de dólar, dependiendo del modelo, y se impusieron como los preferidos en todo el mundo por su sencillez y por durar un año o el equivalente de dos kilómetros de escritura.

La producción inicial de 1.000 unidades diarias aumentó en tres años a 250.000 por día. Hoy los ordenadores y la era digital en la que vivimos puede que a muchos les haya apartado de este icono del siglo XX y sus hermanos de fatigas pero los datos nos dicen que cada vez se fabrican más estos chismes. Actualmente se venden la friolera de 15 millones de bolis Bic por día en 160 países del mundo. Las cosas que resuelven las necesidades humanas de forma adecuada permanecen en el tiempo.

En 1972 salió a bolsa (de París) su empresa. Fiel el barón a su lema de reinvertir los beneficios, se adentró en otros sectores con la idea de simplificar la vida a la plebe. Fue así como vio la luz el encendedor Bic en 1973 convirtiéndose en el primer encendedor de usar y tirar más utilizado del planeta. Luego, en 1975, plantó cara a Gillette y Wilkinson lanzando también con éxito la primera maquinilla de afeitar totalmente desechable (hoja y mango).

Cosechó empero un fracaso con los perfumes y está por ver si prende o no su incursión en el mundo de los deportes de agua o del móvil (Bic phone). Errar, no obstante, es algo asumido para una empresa que hace de la experimentación una de sus pasiones, si bien parece que se tiene claro el no correr riesgos para los que no hay dinero o colchón financiero suficiente.

Antes de dejar su cargo como presidente del grupo empresarial, viendo cercana ya su inevitable muerte, el Sr. Bich animó a sus socios a dar responsabilidad a los empleados de sus diversas compañías y les alertó muy seriamente sobre la creciente burocracia a la que calificó como la enfermedad de nuestro tiempo. Cosas de la aristocracia emprendedora…

El samaritano ecologista

Con este juego de palabras quiero hablarles de las dos últimas conferencias del Ciclo sobre Economía y Liberalismo que ha organizado el Centro Covarrubias en colaboración con el CEU y la ACdP (y del que ya hemos hecho aquí mismo algún comentario anterior).

Pues bien, a lo largo de este mes de junio tuvimos la ocasión de escuchar a dos grandes comunicadores de nuestro Instituto: Carlos Rodríguez Braun y Gabriel Calzada. El primero nos expuso, con ese estilo suyo tan ameno, una particular lectura de la conocida parábola del buen samaritano: desde una perspectiva liberal, explicaba los distintos personajes que aparecen en este episodio bíblico. La conclusión más interesante podría ser una nueva insistencia sobre la importancia que tienen las acciones individuales en la organización social. Más allá de estados providencias y bienestares sociales que se mantienen por una gestión pública tantas veces ineficiente (y hoy a punto de la bancarrota), Rodríguez Braun insistía en la vuelta a la responsabilidad personal como método más eficiente de cohesión social. El samaritano ayudó al herido por una decisión libre de su conciencia; cosa que, jugando un poco a la historia-ficción, hoy seguramente no pasaría porque todos pensamos que "ya habrá quien se ocupe de él". Es el efecto perverso de la beneficencia pública: que ahoga cualquier respuesta de solidaridad personal.

Sobre esta conferencia ha aparecido un excelente comentario en Religión en Libertad, donde también se recuerda otra brillante sugerencia hipotética de nuestro Catedrático: ¿qué hubiera pasado de haber un Centurión romano controlando la gestión sanitaria y el auxilio social?.. De nuevo, jugando a conjeturar, no cabe duda de que el pobre herido habría muerto abandonado a su suerte: a ver qué judío, samaritano o galileo, se iba a arriesgar al control de un estado invasor y biempensante.

Hablando más en serio, lo que sí podemos avalar históricamente es el gran desarrollo que siempre ha habido en las iniciativas de solidaridad individual. Las personas y las instituciones privadas han puesto en marcha a lo largo de los siglos increíbles ejemplos de hospitales, escuelas o asilos que se mantuvieron al margen del erario público gracias a una ayuda desinteresada. Hasta que el Estado, ese centurión socialdemócrata, las ha ido marchitando a través de leyes, desamortizaciones confiscadoras y todo tipo de intervencionismo (por ejemplo, el sistema actual de los conciertos educativos en España). Así nos va.

La clausura del referido Ciclo tuvo lugar el pasado martes, con una también entretenida sesión de Gabriel Calzada sobre Medioambiente, liberalismo y cristianismo. Aunque para nuestros lectores resultan bien conocidos todos esos argumentos que destapan la falacia del ecologismo intervencionista, siempre es bueno recordar tantos disparates que se han venido extendiendo a propósito del cambio climático, las alarmistas y rabiosamente equivocadas previsiones del Club de Roma, los errores sobre la deforestación y los parques naturales, o toda la cercana política sobre energías renovables, tan sectaria como engañosa. No hay que perder de vista que detrás de esa careta ecológica muchas veces encontramos un misticismo, bastante ridículo en sus planteamientos, de culto a la Pachamama y, por lo general, muy intolerante respecto de otras opiniones (no puedo dejar de citar aquí el reciente comentario de Pablo Carabias sobre las supersticiones contemporáneas).

Precisamente, Gabriel Calzada recordaría al comienzo de su intervención la postura más razonable que se propone desde la inspiración judeo-cristiana: tal como se explica en el Génesis, el hombre fue creado para "llenar la tierra y sojuzgarla". El rey de la creación adquirió el dominio sobre animales y plantas, para desarrollarse como criatura especialmente querida por Dios. Nada malo tiene, por tanto, transformar la naturaleza que está al servicio del hombre. ¿Cuidándola? Por supuesto: es lógico, y es también inteligente. Pero no parece que el Edén fuera un bonito jardín con el cartel de "no tocar"…

Y es que una ecología fundamentalista entra en contradicción con los principios más elementales de la Economía. Como recordaba Gabriel Calzada (citando a Mises), aquí es perfectamente aplicable esa reflexión sobre "la tragedia de los comunes": como ya señalaron nuestros doctores del Siglo de Oro (recogiendo una tradición escolástica anterior), "lo que es de todos no es de nadie". La naturaleza humana lleva a descuidar aquellas cosas que tienen muy difusos sus derechos de propiedad. Un ejemplo claro de cómo se pueden destruir los recursos compartidos es el caso de algunas especies en extinción, como los bisontes, búfalos o elefantes que, gracias a las políticas "liberales" de definición y reparto de derechos de propiedad en algunos países, no sólo subsisten, sino que crecen y se exportan a otros territorios. Al contrario de aquellos animales que quedaron sometidos a la vigilancia "paternal" del Estado; y que se han extinguido a pesar de algunas políticas verdaderamente desquiciadas (¡como la de ocultar francotiradores que disparaban contra los cazadores furtivos!).

Supersticiones anticrisis

Mediados del Siglo XIV. La Peste Negra asola Europa. Nadie parecía a salvo. Ciudadanos y campesinos, jóvenes y ancianos, sacerdotes, soldados… "Vemos la muerte que llega en medio de nosotros como un humo negro". Pero la sociedad bajomedieval carecía de los conocimientos para luchar contra ella… Algunos se volvieron a la Iglesia en busca de ayuda, convencidos de que la Peste era un castigo divino ante los pecados del hombre. Otros, al ver que dicha Iglesia no conseguía detener las muertes, decidieron apelar directamente a la divinidad. Dicho movimiento, los flagelantes, buscaba el perdón divino mediante el método de azotarse tres veces al día durante 33 días (un día por cada año de Cristo…). Así, iban de pueblo en pueblo, reuniéndose en grupos multitudinarios que entonaban canciones, himnos y salmos mientras se desollaban la espalda y renegaban del demonio… Y, de paso, saqueaban los hogares y negocios de los judíos, como siempre culpables de casi todo…, pues la piedad, ni antes ni ahora, está reñida con el sentido práctico.

Comienzos del Siglo XXI. España se debate en medio de la Crisis. Las empresas se cierran, el paro se dispara… No hay trabajo, la gente no puede hacer frente a sus hipotecas, los precios suben… La gente se vuelve hacia esos políticos que durante años han respondido a sus ruegos, con subvenciones, con cheque bebés, con ayudas sociales… Pero ahora no funciona. En una primera etapa, la decisión es volver a apelar a dichos "proveedores". Huelgas, manifestaciones, eslóganes coreados en grupo… En una segunda etapa, al comprobar que dichos políticos han perdido su "magia", que ya no responden, las multitudes deciden luchar directamente contra la Crisis…

Se juntan en plazas por toda la geografía española, montando tenderetes en los que escriben salmos anticrisis, tocan el bongo, hacen caceroladas, organizan asambleas de las cuales salen delirantes propuestas contra "el capital y los mercados"… Y, de paso, a falta de judíos a mano, asaltan algún hipermercado propiedad de una pérfida multinacional, también culpables de casi todo.

Muy eficaz todo ello… Tanto como desollarse el lomo a latigazos para luchar contra una bacteria transmitida por una pulga que infecta a las ratas.

En ambos casos estamos viendo las mismas respuestas de la psiquis humana ante lo desconocido. Murray Gel Man en su obra "El Quark y el Jaguar" nos explica las claves de estas respuestas.

Según el prestigioso físico estadounidense, el cerebro humano, y el de todo ser vivo por extensión, busca identificar pautas reconocibles en el caos de información que recibe para establecer esquemas mentales que le ayuden a procesar dicha información.

Pero en la elaboración de dichos esquemas es muy fácil cometer dos errores; el primero, identificar falsas regularidades en modelos aleatorios, y el segundo, su contrario, no aceptar regularidades reales. El primer caso se denomina superstición, y el segundo, negación de la realidad. De la interacción de ambos surgen "creencias", "religiones" que tratan de explicar lo que percibimos y que, si encima son compartidas por un grupo, nos dan un sentido de pertenencia muy reconfortante…

Por ello, volviendo a los ejemplos de comienzo del artículo, hace siete siglos, antes de que la ciencia hubiese entrado a formar parte del acervo cultural humano, se carecía de los conocimientos técnicos pero, sobre todo, de los esquemas mentales para tratar de buscar una respuesta no religiosa, no basada en las creencias grupales de la época, ante una situación desesperada como era la Peste Negra.

Hoy en día la situación es parecida. Después de tantos años de hegemonía socialista en las mentes, en los cuales el socialismo se ha convertido en la nueva religión, con sus dogmas, con su panteón de santos encabezado por el "Che", con su promesa de un futuro paraíso, con su Dios en forma de un Estado omnipresente y salvador…, con sus demonios, los empresarios y especuladores y con El Capital como la encarnación del Maligno, es muy difícil para un importante sector de la población poder buscar respuestas no socialistas ante otra situación desesperada, la Crisis, y salirse de unos esquemas mentales que tiene grabados a fuego… y que son ampliamente compartidos.

Pues, aunque actualmente sí tenemos los conocimientos y las herramientas para poder entender la situación y tomar las medidas para salir de ella, dichos conocimientos están aplastados por toneladas de propaganda, de educación "social", de manipulación informativa, no siempre consciente… y sobre todo por el peso de la tradición cultural, una tradición contraria al libre mercado, a la iniciativa individual y a la libertad.

Y por supuesto, están los "sacerdotes y hechiceros", hoy en día los políticos, que siempre han sabido "colocarse" en dichos sistemas de creencias, reforzándolos, de paso, para combinar el liderazgo espiritual con beneficios materiales evidentes…

Eso sí, en un punto sí hemos progresado. En determinadas culturas primitivas, cuando por ejemplo catástrofes naturales como sequías o terremotos asolaban a la población y los hechiceros y sacerdotes eran incapaces de dar respuesta, ellos mismos eran los sacrificados como método de aplacar a la ira de los Dioses…

Aunque, ¿quién sabe? Quizá sea una pena que se hayan perdido dichas tradiciones…

5 de mayo, 22 de mayo y 27 de junio: algo más que fechas

Tories y liberales se jugaban mucho en la consulta del 5 de mayo, especialmente los segundos, quienes en un análisis más bien sesgado de la realidad política del país, culparon un año antes al sistema electoral de ser el responsable de que siguieran siendo la tercera fuerza política. Por lo tanto, en el Acuerdo de Gobierno de 2010, la celebración de un referendo para alterarlo fue su gran logro y la gran cesión hecha por los conservadores.

Conocidos los resultados, sacamos dos lecturas complementarias: que los británicos avalaron las tesis de David Cameron (contrarias al cambio) y que la tradición sigue pesando mucho en el elector de las Islas. Así, el 70% vs 30% final, no deja lugar a las dudas. A partir de aquí, y esta es la gran lección, la coalición gubernamental no ha mirado atrás y ha continuado trabajando de cara a la consecución de sus objetivos, los cuales tienen como centro principal, la recuperación económica del país, sin perder de vista la intervención en Libia o la presencia en Afganistán.

En efecto, tras el 5-M, David Cameron se reunió con Barack Obama, definiendo la relación, otrora calificada como "especial", de "esencial" y centrada más en los asuntos de seguridad que en los económicos. Igualmente, el próximo 27 de junio se verá con José Luis Rodríguez Zapatero. Será la primera reunión bilateral tras la victoria del británico en 2010. Este hecho contrasta con las relaciones cercanas mantenidas por el PSOE con Gordon Brown, especialmente cuando se convirtió en Primer Ministro.

En efecto, el escocés fue un modelo a imitar desde el punto de vista económico por los socialistas españoles, cuando ya escribimos en estas mismas páginas que no hizo más que repetir las fórmulas económicas del Laborismo de los años setenta, es decir, aquel partido y aquellas medidas que terminaron por arruinar las arcas del país, que sobredimensionaron el Estado y que, en última instancia, relegaron de la categoría de key player en la esfera internacional a Reino Unido.

Este dato es significativo pues más allá del color y credo político de sus partidos respectivos, Cameron y Rodríguez Zapatero han mostrado un actitud (y aptitud) bien diferente para encarar la crisis económica. Así, mientras el tory, aún a riesgo de perder votos, no dudó en hablar durante la campaña electoral de 2010 de la necesidad (como sinónimo de obligatoriedad) de introducir "medidas impopulares", esto es, recortes en los gastos sociales, cediendo así protagonismo su concepto de "big society" a los imperativos dictados por el escenario económico.

Frente a este modus operandi, el político español empleó una táctica diametralmente contraria en función de la cual, se auto-proclamó el "último defensor" del Estado de Bienestar y siguió con su política despilfarradora, pendiente de los conceptos grandilocuentes y de los titulares en la prensa y alejada, en consecuencia, de todo realismo.

Los resultados están ahí. Mientras Reino Unido cubre etapas en su recuperación y su gobierno (o por mejor decir, los conservadores) cuenta con un apoyo mayoritario de la opinión pública, el PSOE se hundió en las municipales y autonómicas del 22 de mayo, viviendo inmediatamente una no tan silenciada guerra civil para decidir quién era el sucesor de Rodríguez Zapatero. Todo ello sin olvidar las "recomendaciones" recibidas por parte de la Comisión Europea.

Desde la perspectiva del ciudadano español hay razones para la esperanza sin que esta afirmación suponga una contradicción con las ideas expuestas en los párrafos precedentes. ¿A qué nos referimos? Respuesta muy fácil: desde las actuales instancias gubernamentales, la principal acusación hecha al Partido Popular y a Mariano Rajoy es que en caso de ganar las próximas elecciones, aplicarán "la política económica Cameron". Al respecto, las críticas y reproches a las propuestas económicas del PP son un calco de las recibidas por parte del gobierno británico durante estos últimos meses y se resumen en el manido tópico (valga la redundancia) de querer desmantelar el Estado de Bienestar.

100 horas cargadas de adrenalina

A partir de hoy y a lo largo de cuatro jornadas, el Instituto Juan de Mariana comienza la celebración de una serie de eventos que reflejan de manera concentrada tanto la misión como la evolución de este proyecto en defensa de la libertad individual desde que fue creado, hace ya seis años. Hemos metido en una píldora de casi 100 horas de largo un congreso de economía, una tesis doctoral, una feria de libros, una gala en reconocimiento a uno de nuestros grandes héroes del liberalismo y una excursión. Quien sea capaz de engullir esta pastilla estará curado contra la depresión intervencionista durante al menos los próximos 12 meses.

El IV Congreso de Economía Austriaca ha dado comienzo esta misma mañana y contará con la participación de ponentes de siete países. El nivel y la originalidad de muchas de las ponencias suponen una nueva cota en el intento del Instituto por atraer las aportaciones más novedosas en el debate de las ideas de esta escuela de economía y de sus críticos. La jornada de hoy miércoles se cerrará con la defensa de una tesis doctoral a partir de las 19:00. Mientras, la clausura de la segunda y última jornada del Congreso llegará con la presentación de un paper a cargo de Alejandro Chafuén sobre "Fe Cristiana y Economía Austriaca".

LIBERacción, la feria de libros liberales, desplegará a los amantes de la libertad nada menos que 18 presentaciones de las obras liberales publicadas en el último año. El público podrá conocer personalmente a sus autores favoritos o discutir ideas con otros lectores entre las 10:00 y 14:30 del viernes, 3 de junio. Un año más, el IJM hace un esfuerzo por acercar al público a unos autores que han puesto la libertad y la responsabilidad de los individuos en el centro de sus pensamientos.

La noche del viernes celebraremos la quinta edición de la Cena de la Libertad. Este año entregaremos el premio Juan de Mariana a Giancarlo Ibargüen, uno de los mayores campeones mundiales en la defensa y la difusión de las ideas liberales. La cena de este año supone un reto logístico para una organización como la nuestra. Más de 200 personas se darán cita en el Casino de Madrid para celebrar los logros de Giancarlo y de personas que, como él, inspiran a miles de individuos en todo el mundo con sus ideas y sus acciones.

Esperamos desarrollar toda esta actividad con enorme eficiencia energética para que el sábado todavía nos queden fuerzas para llevar al premiado y a quienes vienen de lejos a conocer la Universidad de Alcalá de Henares, cuna de la escolástica tardía junto a la Universidad de Salamanca.

Este despliegue de eventos en defensa de la libertad no sería posible sin el entusiasmo y el apoyo económico que nuestros 300 miembros nos transmiten cada día. Esperamos que lo disfruten.

Piratas

Coincidiendo con el estreno de una nueva entrega de la saga de los Piratas del Caribe, quería compartir algunas reflexiones de contenido económico-liberal que me suscitó en su momento la tercera parte (En el fin del mundo). Vaya por delante que no pretendo hacer ninguna crítica de cine a favor o en contra del capitán Sparrow, con esa peculiar actuación del actor Johnny Depp o el cambio de sus partners femeninas: Keira y Penélope…

En general, suelo digerir mal los libros y películas sobre piratas, que habitualmente dan una imagen ridícula de los gobernantes españoles de aquella época: tontos y a la vez autoritarios. Esa idealización del pirata me parece incorrecta: fuera de la ley, eran delincuentes violentos que no respetaban los derechos de propiedad ni el funcionamiento de las instituciones vigentes. En algunos casos, además, estaban financiados por los gobiernos de Francia y Gran Bretaña en una guerra sucia contra el poderoso imperio español transatlántico.

Junto a ello, también ha quedado una versión histórica a mi juicio desenfocada de los mecanismos del comercio de España con sus reinos americanos: la Casa de Contratación en Sevilla. Es frecuente leer sobre el monopolio de este organismo, cuando técnicamente no es del todo correcto. Simplificando, se trataba de una aduana centralizada, por donde debían pasar todas las transacciones mercantiles que los empresarios de la Corona realizaban libremente entre la Península y el Nuevo Mundo. Algo muy diferente de los verdaderos monopolios estatales de Holanda y Gran Bretaña: sus respectivas Compañías de las Indias Orientales (y Occidentales). A los que la interpretación histórica juzga con enorme benevolencia.

Sin embargo, cuando hace poco pusieron en la TV la tercera aventura de esta saga, En el fin del mundo, recordé algo que en su momento me llamó la atención de esa película: la oposición de los piratas al abusivo dominio de la ahora ficticia East India Trading Co. Así que, después de volver a verla varias veces, y gracias a la enorme paciencia de mi hija Rocío explicándome los pormenores, maleficios, trampas y alianzas de unos y otros, puedo finalmente explicarles ordenadamente aquella primera vaga intuición que les indicaba. En este caso, y sin que sirva de precedente, voy a defender y alabar a esa variopinta hermandad de corsarios.

Aquí va mi lectura: la actividad piratesca se venía desarrollando con los riesgos inherentes al estado y condiciones del mar, sometido a la diosa Calypso. Para tratar de controlar esto, los piratas apresan a la deidad, consiguiendo un -digamos- supuesto equilibrio general en la navegación para garantizar su desarrollo económico. Pero la East India se aprovecha de esta circunstancia para extender su monopolio, utilizando a su favor un elemento incontrolado, El Holandés, barco fantasma de Davy Jones. Es como si un todopoderoso estado del bienestar, además de monopolizar la gestión pública y privada, oprimiera a los ciudadanos con los movimientos antisistema… lo cual suena misteriosamente próximo… Total que los piratas se rebelan y su reina (Elizabeth Swann) les anima a enfrentarse contra los ingleses en nombre de la libertad. Previamente habrán redimido a Calypso, para recuperar las condiciones normales del mercado; lo que entre otras cosas les permitirá deshacerse del molesto y pulposo antisistema Davy Jones. De esta manera, podrán derrotar al buque insignia de la East India, el Endeavour (literalmente traducido: esfuerzo o empeño; aunque lo que verdaderamente parece movían a su Almirante, lord Beckett, eran "just business").

En fin, como suele decirse: la realidad supera a la ficción. Pero no se preocupen; aunque me he reconciliado parcialmente con los piratas, no voy a defender aquí al movimiento 15-M… ¿y si ellos son el Kraken., manejado por Davy Jones, manejado a su vez por la East India?