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Etiqueta: Pensamiento liberal

Un poco de autocrítica “austriaca”

La ignorancia de la comunidad financiera volvió a ser puesta de manifiesto en una desternillante anécdota. En un debate entre el historiador del Mises Institute, Thomas Woods, y un alto ejecutivo de ING, éste último –en un intento, además, de asestar el golpe definitivo a Woods– confundió la economía de la Escuela Austriaca con la economía de Austria, un error nada extraño, por otra parte.

Esta anécdota viene a reflejar una realidad de todos sabida: el desconocimiento que existe de gran parte del mundo económico y financiero acerca de la escuela austriaca. En efecto, esta corriente teórica apenas está presente en la academia ni en las aulas universitarias. Estudiada como una escuela más de la historia del pensamiento económico –como para los austriacos serían otras de las muchas escuelas alternativas que existen–, sus aportaciones no se suelen considerar relevantes para el día de hoy. De ahí que sus teorías del capital, de la competencia, o del ciclo económico sólo se estudien, en el mejor de los casos, como ideas del pasado.

Albert Esplugas se hizo eco de esta anécdota en su blog, y Kantor, en los comentarios, dio inicio a un interesante debate: decía que es cierto que la profesión económica sabe poco o casi nada acerca de economía austriaca, pero se planteaba la pregunta inversa: ¿y cuánto saben los austriacos de desarrollos económicos recientes de la teoría neoclásica avanzada?

Aunque es cierto que la gran mayoría de economistas austriacos han estudiado y conocen al mainstream, ¿qué garantías tenemos de que no se posee una visión sesgada o, de alguna manera, caricaturizada, de éste? A juzgar por opiniones de algunos autores que no comparten (por completo) el "paradigma austriaco" –si es que algo tal existe–, este sesgo y caricaturización existen.

En mi opinión, existe un sesgo a la hora de realizar simplificaciones: dependiendo de qué corriente teórica nos llame más la atención –en este caso la austriaca– les pasaremos por alto más errores, ambigüedades, o inconsistencias, y seremos más exigentes en cuanto a pedir que no se simplifiquen las ideas de esta corriente. Pedimos a los "adversarios" que antes de criticar a Hayek o a Mises se lean sus obras, mientras nos permitimos criticar a Keynes, a Friedman o a otros neoclásicos sin haberles leído y asimilado.

Nos permitimos tratar al mainstream en ocasiones con críticas caricaturescas, mientras que nos cuidamos de realizar ese mismo tipo de simplificaciones en relación con los pesos pesados austriacos. Introducimos matices en el pensamiento de estos últimos y en su evolución, pero no tenemos reparos en criticar a Keynes por su simplona idea de resolver todos los problemas económicos mediante el aumento explosivo del gasto público y la cantidad de dinero. Se trata al mainstream como un "stock de conocimientos homogéneo", sin tener en cuenta la heterogeneidad existente, los diferentes matices… La realidad es más rica de cómo la pintan los críticos.

Como dijo Mark Blaug en La Teoría Económica en Retrospección, los comentarios sobre los grandes libros son nítidos y consistentes, pero éstos no lo son, y están llenos de matices, ambigüedades, e incluso contradicciones. También dijo que "gran parte de lo que consideramos ciencia económica, tuvo su origen en respuestas intelectuales a grandes problemas políticos no resueltos", con lo que hay que ser cautos a la hora de interpretar a cada autor, dependiendo de su contexto político, social, personal y teórico. Este tipo de matices son los que a veces caen víctima de ese "sesgo simplificador".

En ocasiones puede que, al tratar sobre otras teorías, incurramos en un error que tenemos siempre presente, pero aplicado a otros: la "pretensión del conocimiento" (Hayek en su declaración de recepción del Nobel) y la fatal arrogancia de los burócratas y legisladores. Criticamos la economía matemática con conocimientos matemáticos superficiales o que quedan anticuados a la práctica actual y desarrollos más recientes –lo que, por otro lado, no niega la crítica al uso de las matemáticas en la ciencia económica–; o nos creemos los únicos que hemos anticipado y previsto la actual crisis y la anterior burbuja

Pero al fin y al cabo somos personas con un conocimiento intrínsecamente limitado, probablemente erróneo, que miramos e interpretamos la realidad con unas gafas particulares. Cada parcela del conocimiento, ya sea la disciplina económica u otro campo, es (al menos, prácticamente) inabarcable por cada ser humano. Por tanto, la simplificación y el sesgo son dos fenómenos muy difíciles de erradicar. Por ello precisamente, tal y como Hayek exigía humildad y reconocimiento de su ignorancia a los planificadores sociales, asimismo ésta debería exigirse entre los economistas, por supuesto también entre los austriacos.

No se trata de una defensa del mainstream, sino de poner de manifiesto la impresión de que en ocasiones se cometen simplificaciones de otras teorías y corrientes que no les hacen justicia, independientemente de que sigan estando equivocadas –siempre desde nuestro particular punto de vista. Para suavizar estos sesgos y vicios, ser más precisos en nuestras críticas y no caer descalificados a primeras de cambio, no se me ocurre nada mejor que mantener un diálogo abierto con los teóricos de las demás escuelas, para no caer en burdas caricaturas, tener una mejor comprensión de sus ideas, y salir del armario intelectual donde algunos puede que estén encerrados.

Quien esté libre de alguno de los "vicios" enunciados, que tire la primera piedra.

España, motor de la economía

La pasada semana, el Ludwig von Mises Institute de Estados Unidos celebró en Salamanca unas jornadas en las que conmemoraba el origen español de la ciencia económica y del liberalismo. Durante los cuatro días que duró el evento, co-organizado por el Instituto Juan de Mariana, los asistentes pudieron reflexionar acerca de las aportaciones teóricas de esos autores, sus recomendaciones políticas y la vigencia de sus diagnósticos y recetas económicas. Este grupo de pensadores es conocido mundialmente como la Escuela de Salamanca. Se trató de una nutrida comunidad de teólogos que en su intento por resolver cuestiones morales descubrieron el orden espontáneo del mercado y el daño que causa el intervencionismo político sobre la propiedad privada y los intercambios libres.

Aquellos escolásticos que rechazaron el dirigismo estatal sobre los precios, que solicitaban la eliminación de las barreras de entrada a todo tipo de mercados, que se oponían a la inflación monetaria, que exigían equilibrio presupuestario y que mantenían que una subida de impuestos sin el consentimiento del pueblo era un atraco, formaron la primera escuela liberal de la historia; escuela que tuvo que debatir sobre todos estos asuntos en unos años marcados por guerras, déficits presupuestario y crisis económica a gran escala.

Durante los días que duraron estas jornadas, los economistas allí reunidos estudiaron lo parecida que es la situación actual a la que los escolásticos españoles vivieron hace 400 años. Además, el evento sirvió para reivindicar la plena vigencia de las propuestas de solución que en su día dieron personajes de la talla de Diego de Covarrubias, Saravia de la Calle, Luis de Molina o Juan de Mariana. La reducción del gasto público y de los impuestos, la eliminación de barreras comerciales, la detención inmediata de las políticas inflacionistas y el mantenimiento de un equilibrio presupuestario conforman unas recetas que eran en su día tan válidas para Felipe III como lo son hoy para Zapatero.

San Esteban de Salamanca

Dentro de unos pocos días se celebrará en esa ciudad castellana una interesantísima reunión del Mises Institute, Salamanca, cuna de la teoría económica, de la que el IJM es coorganizador, y cuyas sesiones tendrán lugar en la sala capitular del convento de San Esteban. El evento también va a servir para conmemorar los 400 años de la publicación del Monetae mutatione de Juan de Mariana, así como para entregar el premio Schlarbaum 2009 al profesor Huerta de Soto. Me gustará compartir más adelante con ustedes los contenidos de las conferencias, pero antes quería ubicar históricamente este importante convento dominico.

San Esteban está en la parte baja de la ciudad, relativamente cerca del río Tormes, como subiendo hacia la Plaza Mayor a mano derecha. Tiene una enorme iglesia renacentista y un precioso claustro donde residen los frailes. Durante los siglos XVI y XVII vivieron allí maestros muy notables de la llamada Escuela de Salamanca, que iban a impartir sus clases en el paraninfo de la antigua universidad. Se conserva una capilla con las tumbas de los doctores más influyentes, como Francisco de Vitoria o Domingo de Soto.

Este convento tuvo además alguna relación especial con el Nuevo Mundo, pues allí solían alojarse los dominicos que iban y venían a los recién descubiertos territorios americanos. Es por ello que el Padre Bartolomé de las Casas residió en San Esteban, al igual que el maestro Vitoria. Uno y otro representan posiciones distintas respecto al hecho de la conquista y evangelización de las Indias. Es bien conocida la rigurosa denuncia sobre los abusos de los españoles que escribió De las Casas en su Brevísima relación de la destruición de las Indias (1552), que seguramente a pesar suyo ha dado lugar a uno de los tópicos más repetidos de la famosa Leyenda Negra sobre las atrocidades hispanas. Coincidiendo con una bien organizada campaña de propaganda política de los rebeldes holandeses contra Felipe II (algo en lo que, por cierto, el Monarca castellano fue más bien muy poco hábil), los textos del fraile dominico sirvieron para ilustrar unos atractivos libros y folletos que mostraban con todo colorido las barbaridades más increíbles de los conquistadores españoles.

Está claro que De las Casas tuvo bastante razón al recriminar ciertos abusos, pero desde luego que no fueron tan generalizados como se piensa; ni tampoco fueron menores a los cometidos en otras muchas partes del mundo, en tiempos antiguos y recientes, y por otros muchos países. La obra de España en América cuenta desde luego con luces y sombras, y no podemos eliminar ninguna de las dos realidades.

Seguramente De las Casas podría asemejarse con un cierto utopismo bienpensante que hoy en día es muy frecuente. Hablar de un mundo ideal, sin fricciones, con las culturas en una feliz alianza que apenas nunca ha existido. Pero, sobre todo, con ese papel director de los poderes públicos que tanto gusta. El propio fray Bartolomé obtuvo permiso de la Corona para poner en marcha una especie de experimento social de convivencia entre españoles y nativos en Verapaz (Guatemala), que al cabo fue un fracaso organizativo y una bancarrota económica. Tal vez por eso prefirió dedicarse a criticar los desmanes, por lo demás frecuentes a su alrededor.

De las Casas fue un dominico longevo, que tuvo una cierta influencia en la Corte de Carlos V y Felipe II, aunque menor de lo que hoy se suele creer. Los consejeros de Indias escucharon sus relaciones, como las de otros muchos religiosos y seglares que vieron los abusos que se cometían en América. El Gobierno español atendió a estos descargos, y fue introduciendo mejoras y controles en sus leyes y en sus representantes indianos. Virreyes y gobernadores fueron investigados por una especie de Tribunal de Cuentas que funcionó con enorme seriedad y eficacia. La tarea imposible habría sido desmontar por completo la nueva sociedad hispano-amerindia que iba conformándose poco a poco.

En este sentido Francisco de Vitoria fue un personaje mucho más realista y a la vez profundo. Se le considera iniciador de una Escuela de Salamanca que durante doscientos años generó ese importantísimo pensamiento filosófico, económico, jurídico, político y teológico, que al cabo de los siglos comienza a reconocerse.

Aunque nunca viajó al Nuevo Mundo, su Relección sobre los indios (1532) muestra una inteligencia y modernidad bastante sorprendente. Estudiantes y profesores, juristas, políticos y hasta el mismo Emperador Carlos escucharon sus clases con admiración. En algún sitio he leído que, estando enfermo o ya mayor, sus alumnos bajaban al convento de San Esteban para llevarle en volandas a su cátedra de Prima (no creo que esto ocurra en ninguna universidad del mundo…).

A Vitoria se le atribuye la concepción de los derechos humanos, como principios universales que todos los hombres –europeos o indígenas– compartimos, precisamente por esta condición personal. Por tanto, ese respeto individual debía garantizarse en las leyes, como sucedió en algunas revisiones legislativas de América. Y junto al respeto por la persona hay que defender el respeto por sus propiedades, actividades económicas e incluso su libertad de conciencia. Fue doctrina común que no se debía bautizar por la fuerza a los indios: la evangelización debería realizarse como un convencimiento persuasivo; adecuado, claro está, a los tiempos que nos ocupan y a la formación de unos pueblos históricamente enclavados en culturas casi neolíticas.

Vitoria escribió también sobre la guerra, analizando bajo qué causas legales podría producirse; sobre la necesidad de un comercio libre entre España y América; o sobre cuáles serían los Justos Títulos que permitían el gobierno español en las Indias. Su enseñanza trascendió las universidades hispanas, sirviendo de argumentario en los textos de filosofía o política que durante el siglo XVII iban a prefigurar una Ilustración secularizada en la Europa continental y anglosajona.

Down

Pablo Pineda, que padece el síndrome de Down, es conocido por su participación en algunas series recientes de TV, y tiene el orgullo de ser el primer enfermo de estas características que ha obtenido una licenciatura en Europa. Hay muchas noticias en la red que pueden ilustrarnos sobre este tenaz estudiante, quien a pesar de su aspecto físico no sufre todas las consecuencias del síndrome. Ahora ha sido galardonado con el premio del Festival de Cine de San Sebastián 2009 al mejor actor, por su interpretación en la película "Yo también" de Antonio Naharro.

Este premio ha recibido comentarios diversos, a caballo entre el reconocimiento por el esfuerzo en una persona de estas características y la crítica sobre la cualidad técnica de Pablo como actor (¿representaba a un personaje o se representaba a sí mismo?). Pero en realidad no me interesa demasiado esta cuestión, sino otra pregunta que llevo tiempo haciéndome: ¿por qué cada vez nacen menos niños con el síndrome de Down? Lo que aplicado al caso que comentamos tiene un corolario evidente, pero molesto para expresarlo en voz alta: dentro de unos pocos años apenas existirán otros Pablos Pineda, porque a la mayoría se les interrumpe su embarazo.

Considero que tiene interés actual esta reflexión, por el también reciente Proyecto de Ley sobre el aborto que ha aprobado el Gobierno de Rodríguez Zapatero. Y que, entre otras muchas reacciones, ha motivado la importante manifestación en favor del Derecho a Vivir de los embriones humanos (y no simplemente "seres vivos") que está convocada para el próximo sábado 17 de octubre.

Pero volvamos al caso Down. No hace falta ser un doctor en Lógica para sospechar que la actual ley del aborto permite una selección clínica del feto (lo que toda la vida se ha llamado eugenesia), por la que determinadas enfermedades justifican la eliminación del diminuto ser humano. Con un límite de ciertas semanas, hasta ahora, y mucho más amplio (progresista, dicen ellos) con la futura nueva Ley. De manera que no es casual la notoria disminución estadística de niños nacidos con determinadas malformaciones como el enanismo, Down, etc.

Así las cosas, resulta cuando menos paradójico que nuestra sociedad confortable y bienpensante se felicite por este logro de integración de un joven disminuido, al mismo tiempo que aprueba leyes que suprimen antes de nacer a estas personas; y todo ellos justificado por una parte importante de la opinión pública. Es de locos, la verdad.

No voy a hacer aquí una emotiva defensa de la enorme riqueza vital que aportan estas criaturitas Down en su entorno; ni el relato pormenorizado de la tenebrosa práctica abortiva en sus procedimientos cotidianos. Afortunadamente se puede encontrar muy buena información al respecto. Sin ir más lejos, buceando en los archivos de este Instituto he localizado varios artículos al respecto de Pablo Molina, Joaquín Santiago Rubio y José Carlos Rodríguez. Este último comenta con (triste) ironía una noticia de El País sobre la supuesta eficacia de la Ley del Aborto al haber reducido en un 30% el número de nacidos con esa anomalía: ¡valiente forma de curar una enfermedad ésa de liquidar antes de nacer a sus pacientes!

O, por ejemplo, no puedo evitar copiarles algunos párrafos que he encontrado en la siguiente web, y a los que apenas tengo nada que añadir. Gabie, su autora, que por cierto también ha recogido con pasmo la noticia que comenta José Carlos Rodríguez, escribe una reflexión más larga en la que explica cómo "está científicamente demostrado que la posibilidad de dar a luz un hijo con Síndrome de Down aumenta con la edad. Sin embargo en varios países de Europa se está dando una paradoja: la maternidad se retrasa pero la incidencia del Síndrome disminuye. En España se estima que en quince años se pasó de 1 caso cada 600 nacimientos a 1 cada 1000. La variación estadística, una disminución de alrededor del 30%, se explica en pocas palabras: son eliminados en el útero materno".

Y a continuación se hace todas estas preguntas: "¿Será mi hija una de las últimas de su especie? Si en países como España, con alta tasa de amniocentesis, cada vez hay menos chicos Downs; ¿que pasará cuando todo el mundo se haga el estudio y se pueda saber antes de la octava semana si el feto tiene algún problema? ¿Todos abortarán? ¿Algunos lo harán y otros no? ¿Como tomará Zoe, cuando tenga 20 años, que ya no haya personitas como ella? ¿Esto está bien? ¿Está esto mal? ¿Cómo se lo voy a explicar? ¿Lo entenderá? ¿Cuánto va a sufrir? ¿Tengo derecho a traer una persona al mundo, aunque la traiga por el amor más desinteresado que existe, para hacerla sufrir? ¿Si la naturaleza los crea no será por algo que no estamos pudiendo ver hablo más allá del amor, hablo dentro del esquema de la evolución? ¿Si me pasará lo mismo dentro de 20 años, la tendría? ¿Tenemos derecho a detener una vida? ¿Tenemos derecho a dar a luz a una persona que puede que sea única y diferente y a la que la sociedad dejará de lado? ¿Pero….. y si son estas personas únicas y diferentes las que pueden cambiar el mundo? ¿Podemos nosotros cambiar el mundo o definitivamente el mundo ya nos está cambiando? ¿Tengo que pensar desde la conciencia cristiana de la vida (y esencialmente de la católica), en las que últimamente he dejado de creer, o debo creer en la raza humana? ¿Debo creer en mí? ¿Debo creer en Zoe? ¿Debo creer en Dios o no preocuparme porque simplemente la vida sigue rodando más allá de nuestros deseos? ¿Alguien tiene respuestas…? ¿Alguien tiene otras preguntas…?"

Lo dejo encima de la mesa del lector. Desde luego que merecen mi respeto y admiración esos padres que cuidan con tanto cariño a sus hijos enfermos de Down. Luego, todos ellos dicen que reciben mucho más de lo que dan.

Neohistoria

Podría haber optado por "Pobre españolísima Sega", "Pobre españolísima Nintendo" o títulos idénticos con Virgin y Nokia, que no sólo los japoneses pretenden ser grandes bailadores de chotis, sardana o sevillanas a la hora de pedir subvenciones. También hay al norte de los Pirineos quienes con el mismo objetivo pretenden hacerse pasar por grandes cocineros de pulpo a feira, fabada, tortilla de patatas o papas con mojo picón.

El caso es que todas estas compañías, o sus españolísimas filiales, pretenden que parte de esa subida de impuestos que vamos a sufrir los ciudadanos en 2010 se dedique a mejorar su cuenta de resultados. En realidad, el incremento de la carga fiscal no tiene nada que ver. Si no fuera a producirse también reclamarían para ellos parte de ese dinero público, que "no es de nadie" según lamentable doctrina de una ex ministra de Zapatero. Los señores de la Asociación Española de Distribuidores y Editores de Software de Entretenimientos (aSeDe) han pedido que se subvencione la "producción local" de videojuegos.

Poco nuevo se puede decir sobre esto que no se haya dicho antes. Si los videojuegos españoles son realmente buenos (hay casos, como la ya mítica serie Commandos o los muy entretenidos títulos de Imperium), se venderán sin problemas por mucha piratería que exista. Eso hará innecesarias las ayudas. Si las subvenciones son necesarias es que estamos ante productos que aquellos que deben opinar sobre su calidad, el público, no consideran como suficientemente buenos como para invertir un duro. Por tanto, la inyección de dinero público no estaría justificada.

Sin embargo, ellos no apelan a la razón. Ellos acuden al nacionalismo paleto, que ya fue agitado a su favor en el Congreso de los Diputados. Son el sector del videojuego español, y por tanto todos los que vivimos en España tenemos la curiosa obligación de pagar parte del sueldo de sus trabajadores y directivos. Pretenden que, como ya ocurre en el cine, el mercado y la voluntad de los ciudadanos no vayan con ellos. Para rematar, y de ahí el título de este artículo, está la peculiar españolidad de gran parte de las empresas que piden estas ayudas. aDeSe agrupa, además de a algunas realmente españolas, a las filiales hispánicas de firmas como Microsoft, Sony, Virgin, Nokia, EA o Warnerbros, entre otras multinacionales. Y todas ellas, como sabemos, necesitan nuestra ayuda para sobrevivir.

Aunque todas las compañías fueran realmente españolas su reclamo sería igual de ilegítimo. Pero es que con pobres y españolísimas compañías estadounidenses, japonesas, finlandesas y de otras nacionalidades, encima suena especialmente a ganas de tomarnos el pelo.

71 costaleros, de momento

Con setenta y un costaleros, según señala el auto del magistrado Pedreira, se puede llevar el paso de la última cena de Salzillo de la Semana Santa murciana con dos equipos para ir relevándose, aunque la experiencia nos dice que cuando la justicia le pone la proa al Partido Popular, las consecuencias penales suelen ser raquíticas, y eso en el caso de que se sustancie alguna.

Porque lo cierto es que resulta difícil creer que setenta y un tíos y tías hayan estado trincando pasta ante las barbas apostólicas de Mariano Rajoy, pero sea como fuere, lo cierto es que ya están imputados, y eso, en España, es un baldón que se lleva para casi toda la vida, por más que al final te absuelvan con todos los pronunciamientos favorables.

El papelón más difícil de interpretar va a ser el de los que "pasaban por ahí" y han acabado imputados en el sumario, sin haber cambiado de jaguar ni haber comprado viviendas en las estaciones de esquí más afamadas. La justicia discriminará en su día los honestos de los corruptos, pero de momento todos van en la misma procesión. Y esa es una circunstancia bastante peligrosa, porque alguno de estos puede ponerse a contar cotilleos jugosos de los miles que surgen a diario en cualquier partido político y enredar la madeja todavía más de lo que ya está. Eso sin contar con la típica aparición de la mujer despechada, personaje clásico en estos sainetes, que acaba rematando la pieza y dándole mucha vidilla a todo el asunto.

El Gobierno está encantado con todo este follón, claro, porque es un argumento excelente para que los telediarios gubernamentales cierren el bloque de información nacional y los votantes olviden el desastre económico sin parangón en que nos ha sumido la ineptitud proteica de Zapatero. Entre uno que te roba a través del BOE y otro con la intervención de personajes como los protagonistas de la trama Gürtel, la gente acaba prefiriendo al primero, que además va rasurado. Es sólo cuestión de bigotes.

¿Neocones o neoprogres?

Pero hoy en día casi nadie se preocupa por el significado original del término "neoconservador" o "neocón", que se ha convertido en arma arrojadiza de la izquierda contra quienes no comulgan con sus ideas, especialmente los liberales. Algunos han reaccionado aceptando el epíteto como si fuera un piropo –declarándose liberales a fuer de neocones–, sin reparar en la grieta ideológica que separa el neoconservadurismo del liberalismo clásico. No en vano el grueso del movimiento liberal y muchos conservadores en Estados Unidos marcan claras distancias con los neoconservadores, a quienes acusan de haber traicionado los principios anti-estatistas y aislacionistas de la vieja derecha. El propio Kristol no se consideraba a sí mismo liberal, ¿por qué tendríamos que considerarnos neocones los liberales?

En el albur de la Segunda Guerra Mundial, Irving Kristol era de convicciones comunistas y se enfrentaba a la disyuntiva de cómo responder al pacto de Hitler y Stalin y a la ocupación de Europa por parte de dos regímenes totalitarios. El debate en el seno del principal grupo trotskista americano, el Socialist Workers Party, llevó a enfrentar a los trotskistas ortodoxos favorables a la Unión Soviética con los revisionistas, liderados por Max Shachtman y James Burnham. Esta segunda facción se escindió, Kristol se fue con ellos y otros le siguieron.

Kristol evolucionó a posiciones anti-comunistas, pero dentro de los parámetros de un progresismo centrista alineado con el Partido Demócrata. En 1965 fundó la revista The Public Interest, junto con Daniel Bell, que aglutinó a la que sería la primera generación de neoconservadores: Nathan Glazer, James Q. Wilson y Seymour Martin Lipset, entre otros. Norman Podhoretz, otro prominente neoconservador que venía de la izquierda, editaba por aquel entonces la revista Commentary.

Kristol acuñó la frase "un neoconservador es un progresista asaltado por la realidad". El economista Lester Thurow propuso una definición distinta: "un progresista asaltado por la realidad que decide no presentar cargos". El neoconservadurismo nació en parte como reacción al exceso de intervencionismo de la Great Society de Lyndon Johnson, pero en general se mostró complaciente con el Estado del Bienestar. Kristol señalaba en su libro Reflections of a Neoconservative que "un Estado del Bienestar, adecuadamente concebido, puede ser una parte integral de una sociedad conservadora". En su artículo The Neoconservative Persuasion, Kristol afirmaba que el crecimiento del Estado en el pasado siglo no produce alarma ni ansiedad a los neoconservadores, es visto como algo natural e inevitable. "Los ideales decimonónicos tan nítidamente expresados por Herbert Spencer en su The Man Versus the State son una excentricidad histórica". Calvin Coolidge y Barry Goldwater, probablemente el presidente y el presidenciable más liberales que ha tenido Estados Unidos en el siglo XX, no eran santos de su devoción. En materia de políticas sociales y culturales, Kristol apuntaba que los neoconservadores no son muy tradicionalistas pero encuentran más puntos en común con la derecha religiosa que con la derecha de corte liberal.

En política exterior, el principal objetivo de los neoconservadores durante la Guerra Fría era la eliminación del estalinismo, ahora enemigo mortal, por medios militares (algunos defendieron un ataque nuclear preventivo contra la Unión Soviética). Se distanciaron de Reagan en su segundo mandato porque se aproximó a Gorbachov. Es significativo que Kristol dijera que "para mí no hay ningún ‘después de la Guerra Fría’". Refleja el estado mental de "guerra permanente" en la que los neoconservadores parecen inmersos. Esta actitud agresiva en política internacional sería el rasgo definitorio del neoconservadurismo, que alcanzaría el cénit de su influencia durante la Administración de George W. Bush.

En contraste con el conservadurismo de la época de Robert Taft o el paleoconservadurismo actual, los neocones se caracterizan, pues, por defender una política exterior ambiciosa e idealista. Pero esta actitud no tiene raíces conservadoras sino progresistas. El movimiento progresista de finales del siglo XIX y principios del siglo XX simpatizaba con la expansión territorial y fue Woodrow Wilson el que inició la cruzada para "hacer un mundo seguro para la democracia". Como señala el historiador William Leuchtenburg, "pocas personas veían un conflicto entre las reformas sociales y democráticas en casa y la nueva misión imperialista". Eran dos caras de la misma moneda. La vieja derecha se oponía, en cambio, al intervencionismo militar ideológico, arguyendo que la guerra es la salud del Estado y el interés nacional exige una postura defensiva y prudente, no aventurista.

Justin Raimondo, una de las plumas más críticas con el neoconservadurismo, ha calificado la "revolución global por la democracia" de Bush de neo-trotskista, poniendo en relación el pasado de neoconservadores como Kristol y la visión de Trotsky sobre la necesidad de extender la revolución por el mundo en lugar de circunscribirla solo a Rusia. Quizás Raimondo se excede en su interpretación, pero su conclusión sí parece acertada: Irving Kristol y los demás neoconservadores contribuyeron a alejar el movimiento conservador de sus posiciones radicalmente anti-estatistas y a concentrarlo en torno a una actitud pro-activa en política exterior. Hay quienes se sentirán cómodos con este cambio, pero algunos preferimos el conservadurismo de antaño.

Encíclica Caritas in veritate

Casi coincidiendo con el inicio de las vacaciones (está fechada el 29 de junio, festividad de San Pedro y San Pablo), Benedicto XVI publicó su tercera encíclica sobre la caridad, "vía maestra de la doctrina social de la Iglesia". Se esperaba con interés este documento acerca de cuestiones económicas, sociales y políticas, después de dos cartas de mayor contenido teológico; y también después del intenso magisterio social desarrollado por Juan Pablo II (que conmemoraba en la Centesimus Annus un siglo de doctrina social desde la Rerum novarum de 1891, y que recuerdo ahora con permiso de Juan Ramón Rallo y sus dos interesantísimos comentarios al respecto).

No es posible resumir aquí todo su contenido, del que por otra parte ya se ha venido tratando este verano (recomiendo leer el comentario distendido de Carlos Rodríguez Braun en Actualidad Económica: 17-23/07), y espero que con el comienzo del curso volvamos a seguir analizando. Quizás la primera reacción ante la Encíclica ha sido conjeturar sobre el "grado de liberalismo" que muestre en ella el Papa, buscando también una mayor o menor condena del capitalismo salvaje (coincidiendo con estos tiempos de crisis); o bien alguna referencia a otras alternativas pseudo-socialistas… Pero ocurre que no es ése el objetivo de un escrito pontificio de teología moral, orientado a ilustrar a los fieles católicos (y a todos los hombres de buena voluntad) sobre su actuación y responsabilidad personal ante las realidades concretas de su vida en sociedad. Aquí no se trata de proponer sistemas o ideologías: como sus antecesores, Benedicto XVI insiste en que "la Iglesia no tiene soluciones técnicas que ofrecer"; sino de acuciar a cada persona individual para que resuelva en conciencia los pequeños asuntos de convivencia diaria con sus semejantes (o grandes: esto también atañe a los presidentes de los bancos, jefes de gobierno o directores de multinacionales).

En este sentido, la propuesta del Papa retoma algunos argumentos ya iniciados por Juan Pablo II en cuanto a las relaciones entre la caridad, la verdad, la fe y la razón. Desde la óptica cristiana, el amor necesita de un contenido verdadero para conocer la "sustancia de las cosas" y evitar así la "difundida tendencia actual a relativizarlo todo". Con esos cimientos se construye una doctrina social que, en palabras del Papa, "es indispensable para un verdadero desarrollo humano"; y que deberá responder al desafío de nuestra sociedad en vías de globalización desde los principios de la justicia y el bien común.

Hasta aquí un capítulo introductorio, más doctrinal, y que da paso a otras consideraciones en las que vemos la trayectoria académica del cardenal Ratzinger en su formación teológica: un repaso del mensaje de Pablo VI en la Populorum progressio (1967); una actualización de su análisis con la perspectiva del siglo XXI; y una propuesta de soluciones ante ese nuevo escenario en el que destaca el protagonismo de la técnica. Ya en el primer capítulo había señalado las limitaciones de una "ideología tecnocrática" que, por otra parte, no puede menospreciarse ni tampoco considerarla neutral respecto a la moral de las personas. Ahora insiste en esa idea, aplicada particularmente a los medios de comunicación y a la bioética. En ambos casos reclama la responsabilidad de adecuarlos a un desarrollo humano integral.

Frente a quienes esperaban alguna condena fulminante del liberalismo y la globalización, pienso que el mensaje pontificio sigue las coordenadas de Juan Pablo II al reconocer las ventajas del orden económico basado en la empresa, el mercado, la propiedad privada y la libre creatividad humana. Benedicto XVI también recuerda las ventajas del mercado, como lugar de libre intercambio de bienes entre los individuos (justicia conmutativa). Ahora bien, añade dos matices que tal vez puedan discutirse: el papel del Estado o la política (justicia distributiva) y el papel de la gratuidad o el don (justicia social). Esta última palabra me gusta menos, pues no creo tanto en la justicia de la sociedad sino en la de las personas individuales: desde esa perspectiva me gusta más apelar a la caridad desinteresada, como una forma espontánea de solidaridad. Que históricamente ha mostrado numerosos y eficientes ejemplos en los campos de la sanidad o de la educación, donde la iniciativa privada ha llevado adelante proyectos que ya quisiera el mejor de nuestro Welfare State. Y a este respecto, solamente señalar que las referencias de Benedicto XVI al Estado pueden dejar tranquilo a cualquier liberal, porque matiza claramente el papel subsidiario que tiene, allá donde no lleguen la "inalienable libertad humana" y la "autonomía de los cuerpos intermedios", frente a "cualquier forma de asistencialismo paternalista".

El colapso de la macroeconomía… y de Keynes

En lo que va de año, el precio del oro se ha incrementado un 13,6%. Su constante revalorización es una señal inequívoca del temor a una futura inflación como resultado de las inéditas políticas monetarias aplicadas por los bancos centrales para rescatar al sistema financiero internacional del "colapso".

El metal amarillo es el activo refugio por excelencia. El objetivo de todo inversor no sólo estriba en ganar dinero haciendo trabajar su capital sino, como mínimo, no perder poder adquisitivo, manteniendo en la medida de lo posible el valor de su inversión. Pues bien, la inflación es el gran enemigo del capitalismo. El miedo al aumento de precios o, lo que es lo mismo, la devaluación de la moneda, se refleja casi de forma automática mediante una subida en el precio del oro. Actúa a modo de chivato, como el canario enjaulado que se empleaba antaño en las minas de carbón para advertir de la existencia de gases tóxicos y mortales.

Y es que, el mismo día en que la onza de oro superaba la barrera psicológica de los 1.000 dólares, el dólar alcanzó su valor más bajo en lo que va de año. Así, el euro se revalorizó frente al dólar en el mercado de divisas de Fráncfort hasta marcar su nivel más alto desde diciembre de 2008. Hoy, la moneda europea se cambiaba a 1,4515 dólares.

En la dura crisis de los años 70, el oro llegó situarse en 850 dólares tras dispararse un 2.400%, en medio de un intenso aumento de precios. En la actualidad, el riesgo de que se reproduzca un proceso inflacionario en el futuro reside en el posible colapso del dólar, divisa sobre la que se sustenta el sistema monetario vigente desde el abandono de Bretton Woods, el último anclaje con el patrón oro.

Al carecer de respaldo real, el valor del dólar depende, en última instancia, de la capacidad del Tesoro de EEUU para colocar sus bonos y refinanciar su abultado endeudamiento. El Gobierno norteamericano y la Reserva Federal han puesto toda la carne en el asador con el fin de combatir la mayor crisis económica desde la Gran Depresión. Sin embargo, tales medidas de choque tienen graves efectos secundarios. El estallido de la deuda pública podría provocar el derrumbe del dólar.

Éste y no otro es el gran temor de China, principal acreedor de EEUU, desde hace meses. La monetización de deuda pública por parte de la Reserva Federal, empleando sus activos para comprar bonos del Tesoro, amenaza con desencadenar la caída del billete verde, por lo que China ha comenzado a reorientar su política de reservas en divisas extranjeras. El gigante asiático posee más de dos billones de dólares en bonos de EEUU.

Además de diversificar sus reservas en otras divisas, "el oro es definitivamente una alternativa, pero cuando compramos, el precio sube. Tenemos que hacerlo con cuidado para no estimular los mercados", según admitió recientemente un alto funcionario de la jerarquía comunista china.

El problema es que China tendría que adquirir el mismo volumen de deuda estadounidense que el pasado año para que el Tesoro pueda colocar su emisión de bonos. Si las autoridades de Pekín comienzan a desconfiar del dólar el riesgo de impago (default) dejará de ser una mera especulación para convertirse en la peor de las pesadillas.

Si el origen de la actual crisis estriba en la expansión del crédito propiciada por la Reserva Federal, las recetas monetarias aplicadas por estos mismos organismos podrían dar al traste con la ansiada recuperación económica que ha comenzado a propiciar el mercado tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria en EEUU.

No obstante, tal y como advierte el profesor Jesús Huerta de Soto, "a partir de que la economía norteamericana saliera de su última recesión en 1992, la Reserva Federal comenzó a orquestar una tremenda expansión crediticia que ha hecho crecer la masa monetaria en forma de billetes y depósitos (M3) a un ritmo próximo al 10% anual (lo que equivale a duplicar en cada periodo de 6 a 7 años el volumen total de dólares que circula en el mundo)". Tal expansión, materializada en la concesión de crédito fácil, provocó un grave desequilibrio en toda la estructura productiva, dando origen a las famosas burbujas de activos.

Sin embargo, dándole al borracho que ya empieza a sentir la resaca más alcohol, "las probabilidades de caer en un futuro no lejano en una grave recesión inflacionaria aumentarán exponencialmente (este es el error que se cometió tras el crash bursátil de 1987, que nos llevó a la inflación de finales de los ochenta y terminó en la grave recesión de 1990-1992)". Y, en este sentido, cabe recordar que es la recesión inflacionaria, y no la deflación, el peor de los mundos posibles. Es por esto, y no por otra causa, que los principales gobiernos planean no sólo reformar el sistema financiero sino también el sistema monetario internacional, ante su posible quiebra.

Y el Gulag era un balneario

Eso sí, al mismo tiempo el partido proponía rebajar a 12 años la edad mínima para tener responsabilidades penales. Es decir, que puedes ir a un reformatorio –por llamarlo de algún modo que parezca punitivo– si cometes alguna de las múltiples barbaridades que actualmente cometen impunemente algunos niños, pero mientras juegas allí con la PlayStation 3 tendrás prohibido hacerte una cuenta en Tuenti.

Además, la alegre muchachada que quema comisarías en Pozuelo de Alarcón no podrá entrar en Facebook sin permiso de papá y mamá en caso de tener menos de dieciocho años. Eso sí, pueden tomar decisiones médicas de vida o muerte a partir de los dieciséis.

Está claro que el asunto de los menores de edad es algo en lo que difícilmente nos pondremos nunca de acuerdo, porque no puede resolverse en términos de lógica formal, de verdaderos o falsos, de ahora no y ahora sí. Una persona no puede ser completamente irresponsable y dependiente legalmente de sus tutores en todos los aspectos y al minuto siguiente pasar a ser una persona adulta, porque la realidad dista mucho de ser así. Vamos creciendo poco a poco en todos los sentidos y parece de sentido común que sea de la misma manera, gradualmente, la forma en que accedemos a la vida adulta para la Ley.

Este enfoque, aun siendo esencialmente correcto, no nos libra de problemas e incongruencias aun cuando lográramos eliminar el javierurrismo legislativo de considerar a los criminales jóvenes, sean menores o no, esencialmente como víctimas y no como lo que son, culpables; una idea grabada en piedra en la ley del menor. Es difícil trazar una línea, porque cada persona es única e irrepetible y accede a la madurez a su propio ritmo. El mismo proceso de aprobación de leyes llevará a que dependiendo de lo que piense la opinión pública en un momento determinado y de quien tiene la mayoría en las cámaras ese acceso a la edad adulta en determinados aspectos concretos sea antes o después. Así, podrían darse incongruencias como la posibilidad de que una cría de 16 años pueda decidir por su cuenta si aborta o no, pero no pueda votar, un acto con efectos sobre su futuro infinitamente menores.

Pero lo que no tiene sentido es que se piense, por un lado, que la irresponsabilidad legal de los menores se ha llevado demasiado lejos, como parece pensar el PP con su propuesta de reducción de la edad penal, y al mismo tiempo que acceder a una herramienta tan inocua en la mayor parte de los casos como son las redes sociales sea algo que debemos impedir a toda costa. Poco a poco, las redes sociales van formando parte de las relaciones entre personas tanto jóvenes como adultas. "¿Has visto el Feisbuc?" es una frase cada vez más repetida, que dependiendo de quién la pronuncie y de quién sea la persona a quien la dirige y el momento en que se dice significará cosas bien distintas. Hurtar a los menores por ley la posibilidad de acceder a ese mundo sería como prohibirles tener móvil, consola de videojuegos o acceso a internet; una intromisión en su presente y su futuro que sólo los padres –quienes los conocen de verdad– deberían poder hacer.

Ahora, según el muy conectado diputado Santiago Cervera , parece ser que todo ha sido un error de dar por bueno ante la prensa lo que era un borrador que no había sido aprobado ni previsiblemente lo iba a ser nunca. Es bueno saberlo, y mucho mejor ver a un político ensuciándose las manos en la blogosfera y reconocer un error. Aunque, claro, siempre sería mejor que no lo cometieran en primer lugar. El estigma de tecnófobos y represores que les ha salido será difícil de quitar.